Rosa Leveroni y Elizabeth Bishop, H. D. y Wislawa Szymborska, Sharon Olds y Djuna Barnes, Amelia Roselli y Alessandra Merlo, Blanca Varela y Linda Pastan…
Son algunos de los nombres de mujeres poetas que figuran en el catálogo de Ediciones Igitur. Junto con muchos otros, los evoca Rosa Lentini en su doble condición de traductora y editora como reflejo del compromiso que tuvo con la poesía escrita por mujeres la editorial que fundó y codirigió con Ricardo Cano Gaviria entre 1997 y 2024.
Ese artículo -'Algunas anotaciones sobre el catálogo de poesía femenina en Ediciones Igitur'- abre la primera parte de Leer hacia dentro. Mujeres y poesía, que publica la editorial Cántico.
Organizado en dos partes, la primera, De lo que vuelve, tiene como eje temático la traducción y la poesía escrita por mujeres y reúne varios artículos sobre la influencia de la traducción en la modificación de la tradición poética, sobre la eclosión de la poesía femenina norteamericana desde Emily Dickinson hasta Louise Glück, sobre la imaginación visionaria de Linda Pastan, la capacidad transgresora de la obra de Sharon Olds o el arte del palimpsesto en la Poesía con mayúsculas de Alejandra Pizarnik.
La segunda parte, De lo que viene (Poéticas) recoge siete textos que tienen como hilo conductor la reflexión sobre la poesía de una autora que añade a su labor de editora, traductora y crítica su actividad como poeta consciente que reflexiona sobre su propia creación y hace una lectura desde dentro de su propia escritura y de la intrahistoria personal de su memoria vital, lectora y creativa, de su espacio y su tiempo.
Del más largo de estos artículos, el inédito 'Desde el hueco de la escalera', es este significativo párrafo, que ilumina el mundo poético de Rosa Lentini:
El tiempo de la poesía, el tiempo en la poesía sigue siendo un interrogante. Desde dónde escribimos, qué país, qué género, qué lugar, pero también desde qué tiempo posible. Poética del reconocimiento que permite las cuentas con lo que ha habido, pero también con lo perdido. La primera acepción se abre a un futuro incierto que cuenta con lo que hubo, el segundo se abre a la elegía. Si uno ha sido expulsado de aquello que en principio nos debe construir, la sensación de expulsión solo se conjura reconstruyendo lo que podríamos llamar un hogar a través del lenguaje. Y todo impele a valorar, no solo a revalorar, la condición de supervivencia, y, menos dramático, la condición misma de la vivencia. Ese continuum en el que aún estamos.
Santos Domínguez