30/11/07

Gödel, Escher, Bach


Douglas R. Hofstadter.
Gödel, Escher, Bach.
Un eterno y grácil bucle.
Traducción de
Mario Ansaldo Usabiaga y Alejandro López.
Fábula. Tusquets. Barcelona, 2007.


La Ofrenda musical que compuso Bach por encargo de Federico el Grande es uno de los mejores ejemplos de la lógica de las construcciones autorreferenciales. Sus improvisaciones y variaciones son paralelos a los grabados de Escher y al teorema de la incompletitud de Gödel.

El paralelismo oculto entre los grabados de Escher y la música de Bach, su relación con las paradojas clásicas de los sofistas y el teorema de Gödel, que conmovió los pilares de la lógica matemática y el pensamiento científico del siglo XX es el punto de partida y el objeto de este clásico en que se ha convertido el ensayo Gödel, Escher, Bach. Un eterno y grácil bucle, que publicó Douglas R. Hofstadter en 1979.

La primera traducción que se hizo de este libro,
que había obtenido el Pulitzer y se había convertido en un fenómeno de ventas en Estados Unidos, fue la traducción al castellano que hizo en 1982 Mario Usabiaga en México.

La editorial Tusquets, que publicó en 1987 la traducción de Mario
Usabiaga, que ya había fallecido, revisada por Alejandro López sobre la versión anotada de esta obra, la reedita ahora en su colección Fábula.

En este ensayo los sistemas formales se convierten en objeto de estudio y centro de una propuesta que analiza significado y forma en Matemáticas, las sonatas de Bach y la relación entre fondo y figura en la pintura de Escher.

Sumado eso a l
a recursividad de la fuga y el canon bachiano, los patrones lingüísticos, las estructuras geométricas, las funciones matemáticas y los programas de ordenador completan una red de relaciones que permiten unir en una realidad similar las creaciones de Gödel, Escher y Bach. Y no sólo eso: esos tres constructos se relacionan con procesos mentales, sistemas de computación y pensamiento artificial que describen bucles de recursividad y son ejemplos de entrecruzamientos de sistemas que se vuelven autorreferencialmente sobre sí mismos.

Para no ser una excepción, este libro, esta obra de arte escrita por un sabio, acaba deviniendo en un bucle en el momento en que el capítulo final vuelve al comienzo de la obra para conectar otra vez mediante el esquema de la autorreferencialidad la música de Bach, la pintura de Escher y el teorema de Gödel.

Entre los diversos capítulos en los que se aborda la inteligencia humana o la artificial, los sistemas formales y sus limitaciones, las paradojas del lenguaje y el pensamiento, el isomorfismo y los problemas de filosofía de la ciencia o el debate sobre el significado, los diálogos tomados de Lewis Carrol o imitados de ese modelo funcionan como contrapunto ilustrativo de las tesis de cada apartado.

Con todo ello se crea en conjunto una atmósfera de racionalidad mágica que envuelve al lector de estas páginas de gran inteligencia creadora.

Luis E. Aldave

29/11/07

El enigma de la luz


Cees Nooteboom.
El enigma de la luz. Un viaje en el arte.
Traducción de Isabel Clara Lorda-Vidal.
Siruela. Madrid, 2007.

Cees Nooteboom realiza en El enigma de la luz, que acaba de publicar Siruela, un viaje hacia la belleza y el misterio de la pintura, un diálogo con el arte y consigo mismo en el que la mirada del escritor se detiene en la imagen con emoción, nostalgia, admiración o placer.

Transeúnte de la belleza y viajero constante, Noteboom ha escrito un ensayo en varios capítulos sobre la percepción del mundo en la pintura, una manifestación del enigma y la incertidumbre. Y lo ha hecho con una mirada intensa y profunda, limpia de apriorismos, una mirada que desde la inocencia y el despojamiento va más allá de la superficie del cuadro y no sólo mira, sino que escucha las historias que cuentan las pinturas: los enigmas de la luz en Hopper y Vermeer o de los grabados y los frescos de Tiépolo con su teatralidad, su delirio rococó y su técnica sin misterio, la naturaleza de Leonardo da Vinci y su agua sólida, el milagro de la pintura de Piero della Francesca en Arezzo, el autorretrato de Rembrandt, los interiores de Vermeer, los paisajes de Brueghel, los rostros sin ojos de Chirico y su autorretrato en La incertidumbre del poeta, el lado oscuro de la pintura en Friedrich en su cárcel autista y sus laberintos de niebla o las soledades urbanas de Hopper, uno de esos pocos pintores que inventan su propia luz.

El enigma de la luz es la narración de un viaje en busca de la revelación de la belleza por museos, iglesias y palacios de todo el mundo, en ese lugar intermedio donde confluyen la mirada del escritor y la del pintor, un lugar donde se oye en un cuadro de Vermeer, La lección de música interrumpida, la voz de una muchacha holandesa.

Porque la pintura tiene en Nooteboom una consistencia narrativa y propone un relato con argumento, personajes, ambientes y situaciones que no son el resultado del análisis técnico, sino el de la intuición del voyeur que ha escrito en estas líneas la clave del libro:

Un poeta que ama a un pintor no puede remediar ver los cuadros de este como seres vivos, como personas incluso, o, cuando menos, como objetos con un universo propio que el cuadro permite visualizar.

Santos Domínguez

27/11/07

Cuando fuimos los mejores


Aixa de la Cruz.
Cuando fuimos los mejores.
Almuzara. Córdoba, 2007.


Está siendo una de las novelas más comentadas en la red y en los foros adolescentes y va camino de convertirse en una referencia de la generación emergente de escritores jóvenes.

Se titula Cuando fuimos los mejores, como una canción de Loquillo, y la ha escrito Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988), que compagina la afición a la música con la literatura y no es -como asegura un curioso bulo- un seudónimo de Loquillo.

Aixa pertenece a la quinta promoción de jóvenes creadores de la Fundación Antonio Gala, que la seleccionó por su novela inédita Tempestad. Lectora madura e inquieta, ha leído mucho y reconoce influencias tan variadas como la novela romántica del siglo XIX o escritores latinoamericanos como García Márquez o Vargas Llosa.

Este Cuando fuimos los mejores es su opera prima desde un punto de vista estrictamente editorial, aunque la soltura de su prosa, el manejo de las distintas voces en los diálogos, con una convivencia de estilos que encauzan la caracterización de los personajes, revelan a una narradora con cierta experiencia y con unas lecturas y unas vivencias bien asimiladas.

Con una frescura estilística propia de su edad y una hondura sorprendente en alguien tan joven, esta prometedora novela es también una reflexión compleja y desolada sobre un mundo y unos personajes problemáticos, contradictorios y vivos.

Con esta novela la editorial Almuzara abre la colección dedicada a la Fundación Antonio Gala, en la que irán apareciendo las obras más notables de los escritores de cada promoción.

La del año 2005, por lo que se ve, ha dado sus primeros frutos, sorprendentes, frescos y prometedores.

Santos Domínguez

25/11/07

El carnaval de la tecnociencia



Antonio Lafuente.
El carnaval de la tecnociencia.
Gadir. Madrid, 2007.


Como el diario de una navegación entre las nuevas tecnologías y los nuevos patrimonios ha definido en el subtítulo Antonio Lafuente, Doctor en Físicas e Investigador del CSIC, El carnaval de la tecnociencia, un libro que reúne una selección de los mejores post publicados en su blog Tecnocidanos.

Con propósito divulgativo, sin banalizaciones y con rigor en sus análisis, este es un libro dirigido a cualquier ciudadano de a pie, a los muchos tecnocidanos que han frecuentado su blog y a aquellos otros que, interesados en cuestiones de ciencia, tecnología y sociedad, lo conozcan ahora en este libro editado por Gadir.

La proximidad al lector en el tratamiento de temas científicos y en sus repercusiones en la sociedad hará fácil el acceso a un volumen que admite dos lecturas: la convencional, para lo que el libro se ha articulado en tres partes con breves capítulos (los post), y la consulta como un prontuario de actualidad científica, para lo que se ha elaborado un útil índice analítico de conceptos y temas.

Nuevos actores, nuevos procesos y nuevas prácticas se abordan en torno a tres ejes: las nuevas tecnologías, los nuevos patrimonios y las nuevas formas de ciudadanía con un sesgo divulgativo que los hace asequibles a un público amplio.

Porque este libro no sólo trata de la actualidad científica y su repercusión en la sociedad, sino que contiene una propuesta nueva: el derecho y la necesidad de participación del ciudadano en la ciencia, para “sacudirse el estigma de la modernidad que les condenó a ser el otro de la ciencia: la representación pública de los que no saben.”

El carnaval de la tecnociencia organiza sus argumentos en tres etapas:

1.-La participación ciudadana en la ciencia con la puesta en valor del conocimiento amateur y profano.
2.- Una segunda etapa sobre la importancia del experto en la gestión del mundo actual y las presiones que debe soportar.
3.- Por último, la tecnociencia y su capacidad para alterar el entorno compartido y las bases de nuestra vida en común.

Antonio Lafuente ha escrito un libro de crítica de la ciencia, con el convencimiento de que la ciencia no es un asunto exclusivo de científicos y para científicos. Lo que plantea el libro es un acercamiento de la ciencia al ciudadano común con un léxico comprensible, una invitación a la participación para evitar la privatización del conocimiento.

Quizá no se hubiera podido elegir un momento más oportuno, pues probablemente estemos ante la oportunidad de una nueva Ilustración a través de la revolución del conocimiento de Internet, la Wikipedia o los blogs. Y posiblemente las nuevas formas de transmisión del conocimiento tengan como primer y más decisivo efecto lo que el autor llama con brillantez y acierto la democratización de la mirada sobre el mundo, un conocimiento ni minoritario ni jerarquizado y una opinión no corporativa.

El libro es también, como indica su título, la crónica de un carnaval y un espectáculo en el que sin embargo – y voces como las de Lafuente lo demuestran de forma palmaria- no todo el mundo quiere hacer del conocimiento científico un negocio, un reducto de poder o un lugar reservado a una selecta minoría de tecnócratas que cultivan la oscuridad y el secreto.

Sus artículos cortos, directos y jugosos abordan todo un universo de cuestiones que suscita la reflexión sobre ciencia, tecnología, conocimiento y sociedad: la revolución de la escritura y las bibliotecas digitales, el altruismo y los números primos, la web y las radiaciones electromagnéticas, la genética recreativa o el Sida.

Temas muy variados, como se ve, pero con un factor común: su interés en la repercusión social de la ciencia y en su dignificación a través de las nuevas formas de acceso al conocimiento.

Luis E. Aldave

24/11/07

La razón y otras dudas


José Mateos.
La razón y otras dudas.
Pre-Textos. Valencia, 2007.


Como un raro híbrido que escapa a las clasificaciones se puede definir La razón y otras dudas, el último libro de José Mateos que publica Pre-Textos en su colección Textos y pretextos.

Hay en él algo de novela, de ensayo fragmentario, de literatura aforística y de diario, y tiene su indisimulado modelo en el machadiano Juan de Mairena. Y de la misma manera que no se debe confundir un heterónimo con un seudónimo, tampoco se debe identificar sin más matices a José Mateos con don Juan Espectro ni con don Eugenio Liendres, los dos heterónimos que vertebran este libro.

Un libro hecho con anotaciones y pensamientos que son la crónica del extravío de quien está solo y fuera del mundo, en un edificio que es la sede de la Escuela Popular de Docta Ignorancia que recuerda aquella Escuela Popular de Sabiduría Superior que según Mairena debería tener sólo dos cátedras: la de Sofística y la de Metafísica. De la actividad de esa Escuela de Docta Ignorancia proceden estas páginas que anotan, a través de sus decires y desdecires, recogidos por un discípulo suyo, y de las divinanzas escogidas de entre sus papeles dispersos, lo que dice la voz heterónima de Don Juan Espectro sobre el manicomio de las ideas modernas.

Una institución pedagógica destinada a combatir todas las soluciones y respuestas indudables frente a las falsas ilusiones de la razón.

Una verbena del no saber, una travesía por la perplejidad y la duda en la que lo importante es el desarrollo de la aptitud para el asombro, la curiosidad y la ignorancia a través de disciplinas como Lecturología, Física de lo imposible, Lenguas mudas y sobre todo Interrografía y Dudología para cultivar el rechazo del dogmatismo, pero también del relativismo y del escepticismo, porque unos y otros renuncian a la búsqueda que forma el espíritu humano.

Con los apuntes de sus clases y, después de su muerte en 1985, con las anotaciones de su diario y con los aforismos de las divinanzas, a lo largo de esas páginas se va desarrollando el pensamiento conservador y disperso de un antimoderno (Juan Espectro), un laberinto de incertidumbre donde existe la sed pero no el agua, y hay preguntas pero no respuestas.

Desconciertos y paradojas que recorren el libro desde el título al nombre de la institución de la docta ignorancia, escuela erigida por Don Juan Espectro, profesor de Metafísica, como Abel Martín, el maestro de Juan de Mairena.

Es la fe en la duda, la defensa de la capacidad creadora de la paradoja, o la duda como forma paradójica de la fe, de clara estirpe unamuniana en este heterónimo que es una síntesis de Mairena y San Manuel Bueno y tiene sus demonios intelectuales en los padres de la modernidad, en los filósofos de la sospecha, en Schopenhauer, Nietzsche, Freud o Cioran. Y hasta un antagonista un tanto simplón en ese Joaquín Metomentodo, condiscípulo del autor y caricatura gruesa del pensamiento progresista.

En una segunda parte paralela aparecen los decires y desdecires del señor don Eugenio Liendres también recogidos por un discípulo suyo y seguidos de las divinanzas.

Y así como Mairena superaba a su maestro Abel Martín, así también el lector encuentra la segunda parte, centrada en las reflexiones sobre poesía y arte de Don Eugenio Liendres, profesor de literatura y discípulo de Espectro, más interesante que la primera.

Las reflexiones sobre literatura, arte y poesía de este escritor regular y fino, pintor aficionado, quizá sean lo más fresco y apreciable del libro, lo más libre de apriorismos. Y sobre todo el donoso y polémico escrutinio que refleja las opiniones de un lector y lo retrata también como escritor.

Santos Domínguez

23/11/07

Noches áticas


Aulo Gelio.
Noches áticas. Antología.
Edición de Francisco García Jurado.
Alianza Editorial. Madrid, 2007.



En su biblioteca temática dedicada a los clásicos grecolatinos, el Libro de Bolsillo de Alianza Editorial publica una antología de las Noches áticas de Aulo Gelio, una miscelánea escrita en el siglo II.

Fueron muchas las noches invernales que Aulo Gelio dedicó a leer y escribir estos textos, muchos sus capítulos y sus páginas. Lo que ofrece esta edición preparada y traducida por Francisco García Jurado es una selección breve y enjundiosa de unos escritos nocturnos y áticos que anticipan, catorce siglos antes, algunas claves del género ensayístico de Montaigne, uno de los fundamentos de la modernidad literaria.

Precursores del ensayo moderno, de los jardines de flores curiosas renacentistas y de silvas como la de Pero Mexía, las Epístolas familiares de Guevara o el Sobremesa y alivio de caminantes, sus veinte libros reúnen los saberes escritos y orales de su época en un libro de libros.

Aulo Gelio vivió en una época de crisis del sistema de valores del Imperio y fue contemporáneo de Luciano y de Apuleyo. Sus Noches áticas reúnen en su título un tiempo, el de la vigilia lectora de la elucubración, y un lugar, Atenas, que era sinónimo de la inteligencia y el saber de la antigüedad.

El recuerdo a veces cómico de la vida y las ideas de los filósofos, la filosofía práctica en forma de diatriba cínico-estoica, la nostalgia de los maestros, un esbozo de historia y crítica de libros y poetas, una exploración de las etimologías o un recorrido por la vida cotidiana, por los prodigios y las adivinaciones.

Esos son los temas que recorren la biblioteca en la que Gelio reunió sus lecturas en forma de citas y paráfrasis para que las utilizara la literatura posterior. Cortázar lo aprovechó en ese otro libro de libros que es Rayuela, y Borges, que se olvidó sistemáticamente de citarlo, aprendió de él el arte de incorporar citas y pasajes ajenos.

Bioy Casares imitó el modelo de Gelio en De jardines ajenos y en Descanso de caminantes, y escribió este elogio de las Noches áticas:

Es uno de los libros que estimulan nuestra inteligencia, nuestra imaginación o nuestras ganas de vivir.

Santos Domínguez

22/11/07

Voces de humo


Pablo Andrés Escapa.
Voces de humo.
Páginas de Espuma. Madrid, 2007.


Escribir cuentos, como escribir poemas, es un trabajo delicado que no debe proceder nunca con prisas ni incurrir en traiciones a ese mundo que previamente se ha forjado el escritor.

Esa reflexión de Pablo Andrés Escapa (León, 1964), que forma parte de la Poética recogida en el colectivo El arquero inmóvil, resume las claves de su literatura, que se habían concretado hasta ahora en un primer libro de relatos de altísima calidad, Las elipsis del cronista (Páginas de Espuma, 2003).

Tanto en aquel libro como en estas Voces de humo, que acaba de publicar Páginas de Espuma, la palabra de Escapa tiene la consistencia y el peso específico de la palabra poética. Y esa virtud, que suele ocasionar un indeseable efecto antinarrativo, es aquí un elemento fundamental que hace del cómo (el tono, el enfoque, la voz narrativa) la materia esencial del cuento.

De esa manera en Escapa la escritura depurada es la consecuencia de otra depuración, la de los acontecimientos, a través de una progresión de borradores que acaban fundiendo ficción y realidad, espacio real e imaginario territorio mítico en una acabada forma literaria. Una escritura que arranca de la emoción y busca emocionar al lector con unos relatos de intensidad, tono y tiempo comunes con el poema.

El lector entra así en unos textos que le provocan una intensa fascinación verbal, a través de una palabra puesta al servicio de la sugerencia y la concentración expresiva, esa tensión del arco en la que Escapa ha metaforizado la virtud máxima del cuento.

En estas Voces de humo el autor convoca en sus catorce relatos a unas voces huidizas como el humo del ferrocarril que recorre la vía entre Ponferrada y Villablino por un territorio mítico, la Badabia/Babia, en el Noroeste de León, más allá del Bierzo. De ese espacio, que es tanto un territorio como una divagación melancólica sobre el paraíso perdido y la edad de oro, escribía Escapa en Las elipsis del cronista:

Badavia: Territorio fugitivo de los mapas que el sabio Alfonso mandó poblar en mil doscientos setenta y al que concedió un fuero. La manifestación visible de la Badabia coincide con una comarca montañosa al noroeste del antiguo reino de León. Abunda esa geografía evidente en montañas, hierba, ríos y rebaños. El viajero de paso por este terreno suele retener el color verde en la mirada y alguna parsimonia de esquilas en los oídos. De forma adicional sufre de melancolía a medida que se aleja del paisaje. La porción invisible de Badabia es inexplicable y motivo de beatitud secreta. Corrientes ocultas distraídas de las fuentes, o de las hojas de los árboles que el viento hace sonar, van ganando la imaginación del pasajero de la Badabia y precipitándolo a evasiones sosegadas y a ensueños de tranquilidad. Los límites de esta divagación, que unas veces se pierde como un humo azul monte arriba, otras se disipa en un horizonte de nubes, y alguna vez se ahonda y gira en un remanso del río, son desconocidos, pero se sabe que obran infatigablemente, al menos desde los tiempos del caballo Babieca. Los habitantes de la Badabia tienen la mirada evadida y son propensos a entretener en círculo las noches invernales. En esos concilios aquietados por la nieve, prospera la hermandad del fuego y la fabulación.

Espacio y tren se convierten en nexos de unión de estos relatos, que son una demostración de virtuosismo narrativo en su variedad de voces, tonos y enfoques por un territorio de leyenda, una geografía que inventa el ensueño con el humo de los trenes. Y a la vez que el paisaje, los personajes se elevan evocados por la palabra precisa y la intensa prosa de un escritor excepcional.

Coleridge definía la poesía como el resultado de las mejores palabras en el mejor orden. A ese planteamiento parece responder la prosa de Pablo Andrés Escapa, su buen oído y el ritmo armonioso de una frase limpia y natural de tan trabajada, las metáforas que crean un mundo animado por la mirada emocionada del caminante y habitado por personajes que saben lo difícil que es contar el mar y comprender al pájaro, descifrar la espiga y asentar el oro.

Una prosa tan deslumbrante como esta revitaliza y enriquece la larga tradición de narradores del noroeste, como Valle, Cunqueiro, Pereira o Aparicio. Y nos transporta a un valle de saberes ancestrales, a las tradiciones milenarias y a los relatos orales de una tierra de carbón y castaños, robles y filandones. Y una emoción constante recorre, como el viajero, esas vías y esos relatos para llegar al lector de este libro excepcional y contagiarle esa emoción del paisaje y de las noches del lobo, de sombra de las nubes sobre la hierba del valle o las galerías subterráneas del carbón cuando la noche parece inventada sólo para oír historias a la luz de una hoguera.

Cuando se habla de libros de una prosa tan acabada, al lector experto podría asaltarle la duda de la inconsistencia de lo narrado o la endeblez de los personajes. Nada de eso. Escapa nos deja aquí personajes inolvidables y profundos como Ezequiel el recadero, el minero José Puga o Don Laureano el maestro. Y relatos tan memorables como De los mares en calma, Memoria de las virutas rubias, Cielo distante o Ida y vuelta.

Con una cuidada estructura que dota al libro de un equilibrio y una armonía paralelos a los de su prosa, de una belleza inusual, las cuatro secciones del volumen quedan subrayadas con cuatro versos de El mixto, un poema que Antonio Pereira incluyó en el Cancionero de Sagres.

Si su primer libro, Las elipsis del cronista, fue la revelación de una de las voces de más calidad de la narrativa española actual, Voces de humo es no sólo una confirmación de la importancia de Escapa, sino un escalón más en un camino de perfección que maravillará a cualquier lector que se ponga ante estos textos escritos con la verdad de la buena literatura:

Hoy, sobre los raíles de plata, ha ocurrido un milagro. Y yo voy tropezando voces, asentando palabras blancas como sendas de vapor nacidas para quedarse.

Santos Domínguez

21/11/07

El Greco o el secreto de Toledo


Maurice Barrés.
El Greco o el secreto de Toledo.
Noche española. Almuzara. Córdoba, 2007.


Almuzara recupera en su serie Noche española un clásico de la literatura europea de viajes por España: El Greco o el secreto de Toledo (1912), de Maurice Barrès. No es la única recuperación que ofrece el libro, que rescata también la traducción de Alberto Insúa en 1914 y el prólogo, que aparece aquí como posfacio.

Místico y exaltado, morboso y decadentista, Barrès fue un antimoderno al que admiraron Ortega o Marañón. Zuloaga y Azorín le deben mucho a aquel escritor coetáneo de sensibilidad semejante al que rindieron homenajes diversos.

El Greco y Toledo son en Barrès dos claves españolas que se explican mutuamente en una visión que se va decantando en su obra a lo largo de veinte años.

El estrépito plebeyo de un baile agrio y popular, casi solanesco, y el Entierro del Conde de Orgaz, la España negra y el Toledo levítico parado en el tiempo se suceden en la visión de una ciudad católica, islámica y semítica, vista con afecto e ironía por un Barrès que la entendió como pocos.

En capítulos breves que son cuadros que hablan de los cuadros del Greco y de una ciudad dormida en aquel tiempo en que la pintó el artista, Barrès aborda las vistas y descripciones de Toledo desde muy distintas perspectivas: desde la panorámica lejana al interior de la catedral, para acabar contemplando la mezcla constante de tres religiones y tres culturas, en los edificios, en el trazado de las calles, en las mezquitas, sinagogas e iglesias y en el aspecto físico de los toledanos con los que se cruza el viajero.

Y en el capítulo final, El Greco, un pintor del alma, poco valorado hasta entonces, le revela el secreto de Toledo: su impulso místico, que hace que la suya sea una pintura complementaria de la poesía de San Juan de la Cruz y los tratados de Santa Teresa.

La edición se completa con las páginas de tema español que aparecieron veinte años antes en De la sangre, de la voluptuosidad y de la muerte (1893). Un Toledo exultante y austero, El Escorial como un estado de ánimo, la Granada de los gitanos y el Albaicín, la voluptuosidad de Córdoba... Y Sevilla, con cigarreras alegres que le provocan tristeza, una visita a don Juan de Mañara, Valdés Leal y el Hospital de la Caridad o una inevitable y sangrienta corrida de toros. Todos esos elementos, pintorescos y tópicos, se suceden en unos textos que están entre el relato y el artículo o el reportaje.

Una visión arquetípica y superficial de España y Andalucía que está muy lejos no sólo de la comprensión de la realidad sino del mejor Barrès, el más profundo, el que utilizó Toledo como refugio y proyección de su sensibilidad decadente.

Los ha traducido Yolanda Morató, autora del texto Toros, hembras, vírgenes y santos, el oportuno epílogo que cierra esta tan cuidada como necesaria edición.

Santos Domínguez

20/11/07

Mi mundo no es de este reino


João de Melo.
Mi mundo no es de este reino.
Traducción de Rebeca Hernández.
Linteo Narrativa. Orense, 2007.


En las Azores, donde se escenificó uno de los episodios más vergonzosos de la historia contemporánea, transcurre Mi mundo no es de este reino, la novela del portugués João de Melo que publica en español Linteo con traducción de Rebeca Hernández.

João de Melo (San Miguel, Azores, 1949) es uno de los novelistas portugueses más interesantes de la actualidad y publicó la primera parte de esta obra, potente en su crítica y de una vehemencia encauzada en su prosa torrencial, en 1983. Casi veinticinco años después, con el añadido del relato La divina miseria (1987), y con una revisión que terminó en 2006, se edita la traducción al español de una novela en la que se funden lo lírico y lo narrativo, la tradición oral y la escrita, lo autobiográfico y lo testimonial para construir un espacio mítico y real a la vez, como los territorios imaginarios de Yoknapatawpha, Celama o Macondo.

Narración mágica que se remonta a los orígenes de la aldea de Nuestra Señora del Rozário de Achadinha, en la isla azoriana de S. Miguel:

EN AQUELLOS TIEMPOS, EL PUEBLO DE NUESTRA SEÑORA DEL ROZÁRIO DE ACHADINHA NO ERA MÁS QUE UNA CAGALUTA DE MOSCA, A LA QUE LE ESTUVIESE APUNTANDO UN DEDO

por encima del dorso casi siempre verdoso del Atlántico, y la memoria de los pobladores resbalaba aún del basalto de las calzadas y de los musgos marinos. Las casas mugrientas del litoral, con sus techos de paja y adobe de una argamasa muy semejante al barro amasado con sangre, descendían en tres hileras hasta el fondo del valle. Ahí se enlazaban unas con otras, a lo largo de cañadas tortuosas, a través de las cuales sería un milagro el paso de una yunta de bueyes enganchada al tiro de las carretas. Los primeros machos habían sido domesticados a la fuerza, unos con el bozal, otros con la inexorable castración, y cargaban ahora a pelo escasas moliendas de haba y maíz, con destino a las aceñas de Achada y de Salga. Tenían el mirar blando y afligido de toda naturaleza condenada a la servidumbre de los hombres. Su heroica y húmeda tristeza animal no tardaría en pegarse también a la pared de las cosas. Y, pegada a la pared de las cosas, progresó en su humedad, atravesó incluso la respiración de las piedras y comenzó a devorar el paisaje.

La esencia de ese espacio, mítico y real a la vez, la constituyen el paisaje y los personajes que lo habitan. Por eso, además de un texto de notable calidad literaria, Mi mundo no es de este reino es una denuncia de los abusos del poder y una protesta contra la humillación. Personajes como el padre Governo, un verdugo que representa a la Iglesia en una farsa religiosa que se utiliza para apoyar la injusticia, para ejercer la complicidad con el intervencionismo americano y para proteger la impunidad de gobernantes brutales como Goraz.

Frente a ellos, João María, un hombre íntegro que se degrada en la resignación desolada y el conformismo, o João Lázaro, un apóstol de la rebeldía que viene del futuro para mostrar otros mundos y otros modos de pensar y de actuar.

O el narrador, que entrecruza -en un diseño casi musical- su potente voz, abundante en metáforas y caudalosa en léxico, con la de los personajes en una novela cuya base ideológica es el existencialismo, con Nietzsche, Schopenhauer o Heidegger al fondo. Un existencialismo que no impide la determinación de la protesta y la posibilidad de la esperanza en la justicia.

Santos Domínguez


18/11/07

El horror ilustrado


Joseph Conrad.
El corazón de las tinieblas.
Ilustraciones de Ángel Mateo Charris.
Traducción de Sergio Pitol.
Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores.
Barcelona, 2007.


Las últimas palabras de Kurtz en El corazón de las tinieblas (¡El horror! ¡El horror!), tan misteriosas y ambiguas como quien las pronuncia antes de morir, son el testamento moral de aquella sombra que Marlow sólo recuerda como una voz que sube de la pesadilla y de la niebla de su propia conciencia.

A indagar en esas sombras y a hacer visible la oscuridad se ha dedicado Ángel Mateo Charris, que ha ilustrado la obra de Conrad con 28 óleos. Es el espléndido homenaje que ha preparado Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento del autor con la traducción canónica de Sergio Pitol.

"La tarea que intento llevar a cabo, gracias al poder de la palabra escrita, es haceros oír, haceros sentir..., es, antes que nada, haceros ver."

Esas palabras, que Conrad escribió en el prólogo que redactó para El Negro del Narcyssus, adquieren un nuevo sentido a la vista de esta edición ilustrada de El corazón de las tinieblas, en la que Conrad denuncia las consecuencias del colonialismo salvaje de Leopoldo II de Bélgica en el Congo, una cárcel gigantesca que le dejó herido el cuerpo de malaria y el espíritu dañado con secuelas psíquicas que no superó nunca.

Y el ilustrador ha entrado también en el tenebroso corazón de la novela y del África colonial y ha ido pasando de un cromatismo marcado por la intensidad de la luz y el sol africanos a la tonalidad de las tinieblas que narra Conrad.

Hay, pues, en esas ilustraciones no sólo el relato de un viaje fluvial, sino sobre todo un recorrido literario y moral a través de la novela y la realidad. Un periplo de enorme impacto visual que al principio tiene la gama cromática (verdes, violetas, dorados, añiles) de los viejos cromos coloreados de los años veinte y treinta o de los libros ilustrados de exploraciones y aventuras africanas y que poco a poco va ensombreciendo su paleta para subrayar gráficamente el itinerario moral, la bajada al fondo del corazón del hombre, que es El corazón de las tinieblas.

Una invitación a releer esta bajada a los infiernos de la barbarie colonial mientras subimos por el río Congo acompañados por Marlow, un Virgilio moderno que nos guía hasta la figura ambigua de Kurtz, una sombra más oscura que la sombra de la noche, y ahora también con la iluminación que proyecta Ángel Mateo Charris sobre la zona más oscura del hombre y sobre la presencia perturbadora del blanco en el África Negra.

Santos Domínguez

17/11/07

Ramón Gaya de viva voz


Ramón Gaya de viva voz.
Entrevistas (1977-1998).

Selección y presentación de Nigel Dennis.
Pre-Textos. Valencia, 2007.

A Ramón Gaya, un pintor que escribe, según se definía a sí mismo, dedica Pre-Textos una de las zonas más interesantes de su catálogo, desde el bellísimo Velázquez, pájaro solitario, a la edición de su obra completa.

Con selección y prólogo de Nigel Dennis y recordando el Juan Ramón Jiménez de viva voz de Juan Guerrero Ruiz, Pre-Textos publica este volumen que recoge veinticinco entrevistas a Ramón Gaya, un complemento a los cuatro tomos de sus obras completas.

Un premio, una exposición, un libro, la casualidad o la curiosidad son las excusas para las entrevistas y para evocar ahora la palabra viva de Ramón Gaya como destaca Nigel Dennis en su presentación.

A través de una enorme variedad de temas y enfoques, que van desde lo biográfico a Velázquez, pasando por la visión crítica de la vanguardia o un repaso a la literatura de la Edad de Plata, se entrecruzan vida y pensamiento en estas entrevistas que abundan en lo autobiográfico y en cierta manera llenan el hueco dejado por sus truncadas memorias (La vida entrecortada).

Memoria personal de Ramón Gaya y memoria colectiva del 27, el 36 y el exilio, expresadas en sus experiencias y en sus ideas sobre la pintura, la literatura y la creación. Porque siempre hay una vinculación ejemplar entre vida y obra, entre ética y estética en este Gaya oral que es complementario de sus textos ensayísticos. Así lo anuncia Dennis en su presentación:

No sería exagerado decir que en estos casos las reflexiones surgidas en el marco de una conversación vienen a complementar lo que dejó dicho en sus diversos ensayos. Es decir, que el lector atento sabrá reconocer enseguida que existe un vínculo inquebrantable entre lo escrito y lo hablado: todo brota de la misma fuente, de la misma inteligencia y sensibilidad, del mismo espíritu, en definitiva.

Ordenadas cronológicamente, casi todas estas entrevistas las revisó Gaya cuando se estaba preparando esta edición, consciente de que al publicarse en libro iban a convertirse en un tomo complementario, con insistencias, reafirmaciones o matices, de su obra publicada.

De las muy variadas entrevistas que se recogen en este volumen, nos gustaría destacar algunas:

Inédita, fundamental y de más de un centenar de páginas, la de Elena Aub traza su autobiografía artística, intelectual y literaria, con especial atención a su exilio mexicano.

Intensa y muy elaborada la de Juan Manuel Bonet, en la que Gaya habla entre otras cosas del envejecimiento rápido de las vanguardias frente al valor presente de Velázquez y Las Meninas (infinitamente más moderno que todo lo que acabo de ver en París).

La extensa y muy interesante que le hicieron para la revista Letras Tomás March, Santiago Muñoz y Luis Massoni.

La conversación profunda e inédita hasta ahora con Nigel Dennis en 1983. Y otras dos, las amplias y documentadas entrevistas abarcadoras de Trapiello en 1988 y la de Manuel Borrás y Arturo Ramoneda en 1992.

Otras, más circunstanciales, más improvisadas, completan la imagen viva de un Gaya que se entendió siempre mejor con los escritores que con los pintores y que deja aquí su ideario artístico y vital, su concepto del arte (para mí, el arte verdadero no es cultura, es naturaleza); su desinterés por la abstracción en pintura y por unas vanguardias anticuadas de las que salva a Picasso y a Klee como excepciones; sus ideas sobre la creación y la modernidad (Lo que no es tradición no es que sea plagio, es que no es absolutamente nada), o su admiración por Juan Ramón Jiménez, Velázquez, Mozart o Picasso.

Las opiniones de un pájaro solitario (No creo que el artista tenga que actuar dentro de un regimiento. Por eso las tendencias, los ismos, los movimientos, o como quieras llamarlos, no me interesan nada), sobre Juan Ramón Jiménez (descomunal), Machado (no es más que un poeta honrado, un poeta menor), Cernuda (una de esas personas que no crecen, que sólo crecen como poetas, pero no como personas), Picasso (la genialidad; no era genialidad artística, estética, sino viva), Stravinsky (un creador verdadero), Gómez de la Serna (un escritor espléndido), Solana (el mejor pintor moderno español), Alberti (un poeta vacío) o Caravaggio (un pintor muy mediocre).

O esta declaración, que resume los fundamentos de su concepción artística:

El artista es alguien de quien yo me fío poco, parece que tiene que ver más con lo decorativo, mientras que el creador es alguien que pretende darle caza a ese algo misterioso del espíritu que percibe, y le da cuerpo; entonces lo convierte en una escultura, en una sonata, o en un cuadro.


Santos Domínguez


16/11/07

¿Estáis locos?



René Crevel.
¿Estáis locos?

Traducción, introducción y notas de
Adoración Elvira Rodríguez.
Cabaret Voltaire. Barcelona, 2007.


Hijo de un impresor suicida y de una madre beata que le obligó a contemplar el cadáver ahorcado de su padre y su propio ataque de histeria, René Crevel (1900-1935) fue uno de los activistas más radicales del surrealismo, un tirador de élite de aquel movimiento encabezado por Breton.

Cabaret Voltaire publica por primera vez en español su ¿Estáis locos?, una de las joyas del surrealismo, con traducción, introducción y notas de Adoración Elvira Rodríguez.

Crevel creció en un ambiente asfixiante que le acabó recluyendo en la lectura y en una rebeldía radical que cuestiona toda clase de principios. Cuando conoció a Bretón encauzó su lucha contra las tradiciones y las convenciones burguesas en la escritura y en el campo de batalla del surrealismo.

Practicó la rebeldía con una coherencia tan acabada que no quiso asumir la ortodoxia surrealista y fue un heterodoxo dentro de aquel movimiento heterodoxo. No creyó en la escritura automática ni en el automatismo síquico de los sueños porque la irracionalidad del subconsciente no podía expresarse con autenticidad mediante la lengua convencional.

Fue la oveja más negra del surrealismo. Homosexual heterodoxo, propenso a enamorarse también de las muchachas, alcohólico, drogadicto, siempre en fuga de la realidad, René Crevel publicó en 1929 ¿Estáis locos?, un soliloquio visionario y desolado, en el que las preguntas y las respuestas intentan dar cuenta de una personalidad compleja y problemática:

Hay carnicerías, panaderías, charcuterías, tiendas de comestibles, tintorerías. Pero no hay pensadorías. Perezoso. Claro, que podrías decirme que el destino está escrito en las estrellas, mucho más arriba del quinto piso de la Rosalba. Vale, sólo soy una mota de polvo. ¡Pero eso no justifica que hagas el pánfilo desde el uno de enero hasta el día de Noche Vieja! Venga, hombre, haz un esfuerzo. Podrías, por ejemplo, armarte con la espada de tu abuelo, que fue un valiente coronel bigotudo. Fíjate en el mapa del mundo. Está lleno de pueblos que esperan bajo las palmeras, en las islas, tras las dunas, que venga alguien a partirles la cabeza. Recuerda cuánto te gustaba aquella canción titulada Fanfan la Tulipe, en aquellos tiempos de las estampas de Epinal. Eras entonces un angelito sin mácula, con ese buen olor a tierra de Francia. Por la noche, arropado en tu camita, soñabas apaciblemente que acababas de cortarle las orejas al rey de Dahomey. Tu mamá las sazonaba con vinagreta, y toda la familia las degustaba. Eras un amor de niño, sin una pizca de egoísmo. Hoy, sólo piensas en ti. Detestas tu pasado como si se tratara de un hermano mayor. Sólo te gusta esta hijaputa de ciudad, que te está chupando la mocedad y la salud. Aunque no sean todavía las cuatro de la tarde, ya estás pensando en quién conocerás a media noche. Todo esto pondría colorado a un mono verde. A ti, ni siquiera te avergüenza.

Para entonces ya le habían diagnosticado una tuberculosis avanzada y en ese libro escribió un testimonio estremecedor sobre la enfermedad, el amor, la muerte y el sexo con un lenguaje que prescinde del automatismo y recurre a la imagen, a la metáfora y a la comparación para reconstruir un mundo onírico sorprendente, absurdo y mágico.

Con su publicación, tan cuidada en su forma y en su presentación como es habitual en esta editorial, Cabaret Voltaire sigue en su empresa admirable de editar en español la mejor literatura francesa de entreguerras.

Santos Domínguez

15/11/07

Dios, patria, riqueza


Massimo Gaggi
Dios, patria, riqueza
Lengua de Trapo. Madrid, 2007.


Massimo Gaggi, corresponsal del Corriere della Sera en Nueva York, ha escrito un libro (publicado por la editorial Lengua de trapo) vertebrado en torno a las tres grandes obsesiones de los Estados Unidos: la religión, el patriotismo y la riqueza. Sorprendentemente los tres ejes del libro se mezclan y se cruzan en los treinta capítulos que en forma de crónicas nos desvelan historias, situaciones y personajes tan atrayentes como inquietantes.

Un predicador cuyo verdadero apellido es Dollar, que presume de éxito en los negocios (al comienzo de cada una de sus misas analiza los resultados económicos de su Iglesia-empresa), viaja en coches de lujo y en aviones privados, y que después de oficiar el sábado en Nueva York (en el Madison Square Garden) se sube a su jet para al día siguiente predicar en Atlanta en su megaiglesia. En esa misma ciudad pretende construir una iglesia todavía más grande, con capacidad para sesenta mil fieles. Predica el éxito empresarial, ostenta su riqueza y no se avergüenza del lujo. Él mismo lo ha dicho: “es la teología de la prosperidad”.

Grupos de lunáticos dispersos por todo el país proyectan y construyen parques “didácticos” en los que figuras de humanos y dinosaurios comparten espacio y tiempo. Son los creacionistas, con la buena nueva del diseño inteligente, enmienda del darwinismo, perpetrada para mayor gloria de Dios. Lo peor no es que esos pirados, amarrados a la lectura más literal del Génesis, proyecten esos parques temáticos, lo peor es que los visitan cientos de miles de personas. En el país que es la mayor potencia científica del planeta, más de la mitad de la población no cree en el evolucionismo y hacen caso de perturbados cuya formación científica se basa en su adicción infantil a los dibujos animados de Los Picapiedra.

Una población convencida de que el capitalismo es simplemente perfecto, incapaz de ver las consecuencias negativas de la enorme eficiencia de su industria alimentaria capaz de ofrecer por unos pocos dólares hamburguesas dobles envueltas en cuatro lonchas de panceta y trufadas con tres láminas de queso fundido, todo entre dos rebanadas untadas generosamente con mayonesa, hasta totalizar casi 1.500 kilocalorías. Con el país lleno de personas obesas y con sobrepeso, aún muchos estadounidenses dudan de que el Gobierno deba intervenir de alguna manera, porque eso sería limitar la libertad económica.

El estado más rico de la tierra tiene a 46 millones de sus ciudadanos sin seguro médico, y en él se producen situaciones surrealistas, como la del cirujano que está implantando una bomba mecánica provisional para mantener con vida a un paciente que espera un transplante de corazón, cuando ya en el quirófano y con el paciente anestesiado, recibe una llamada de la aseguradora del enfermo que le comunica que según la póliza “nosotros pagamos el transplante del corazón, pero no la bomba provisional”.

Un sistema sanitario privado desorganizado, cargado de denuncias, costoso y muy burocratizado para al final ofrecer una asistencia médica de calidad inferior a la que tienen varios países europeos. Y más del 10 % de la población dependiendo de la caridad.

El libro de Gaggi ofrece en forma de reportajes breves, pero precisos, una visión compleja de los Estados Unidos, un país optimista, patriota, orgulloso de sus éxitos económicos y tecnológicos, pero a la vez frágil y obsesionado. Un libro que se lee al borde de la sonrisa, siempre y cuando seamos capaces de olvidar que trata sobre la única superpotencia mundial y que la seguridad del planeta depende del buen juicio de sus dirigentes.

Esperemos que Dios vuelva pronto de sus vacaciones.
Jesús Tapia

14/11/07

La pulga de acero



Nikolái Leskov.
La pulga de acero.
Traducción del ruso de Sara Gutiérrez.
Introducción de Care Santos.
Ilustraciones de Javier Herrero.
Impedimenta. Madrid, 2007.


La tradición crítica – escribía Italo Calvino en el prólogo ya clásico de Cuentos fantásticos del siglo XIX- ha considerado la literatura rusa del siglo XIX bajo la perspectiva del realismo, pero de igual modo el desarrollo paralelo de la tendencia fantástica de Pushkin a Dostoievski se advierte con claridad. Precisamente en esta línea, un autor de primera fila como Leskov adquiere su plena proporción.

Nikolái Leskov (1831-1895), al que Chejov reconoció como maestro y al que elogiaron Tolstoi y Gorki y despreció Nabokov, es uno de los narradores más genuinos de la literatura rusa.

Viajante de comercio por la interminable estepa, su relación tardía con la literatura tuvo mucho que ver con las largas travesías por Rusia, con la observación de tipos y la necesidad de entretener el tiempo con relatos imaginativos que combatieran la monotonía.

Original pese a sus raíces tradicionales, es un narrador eficiente y artesanal (La composición escrita no es para mí un arte liberal, sino una artesanía -escribió), de técnica emparentada estrechamente con la tradición oral.

Sus relatos se levantan siempre, lo destacaba Calvino, como el resultado de la voz del narrador. Un narrador que no enjuicia los comportamientos ni se aventura en la psicología de unos personajes a los que construye con una técnica mostrativa que reproduce sus gestos y transcribe sus palabras. Y precisamente esa ironía distanciada que suele practicar Leskov ha provocado opiniones encontradas y perplejidades de la crítica, desorientada con frecuencia ante la postura del autor.

La pulga de acero, que acaba de publicar Impedimenta, es una de sus obras más divertidas e interesantes. Es un cuento sobre un artefacto minúsculo, un autómata microscópico, y sobre un artesano zurdo y bizco de Tula que demuestra a los ingleses hasta dónde son capaces de llegar los rusos. Posiblemente no sea el personaje más acabado del texto. Hay en ese relato otra figura en cuya caracterización se dan cita las claves cómicas de la narrativa de Leskov: Platov, un cosaco del Don, que fuma sin cesar en el lecho del despecho después de haber sido acompañante y consejero del zar.

Walter Benjamin, que tomó como referente de su ensayo sobre El narrador la producción de Leskov, escribía acerca de este relato:

En su solapada e insolente historia «La pulga de acero», a medio camino entre leyenda y farsa, Leskov rinde homenaje a la artesanía local rusa, en la figura de los plateros de Tula. Resulta que su obra maestra, La pulga de acero, llega a ser vista por Pedro el Grande que, merced a ello, se convence de que los rusos no tienen por qué avergonzarse de los ingleses.

Y añadía: la mitad del arte de narrar radica precisamente en referir una historia libre de explicaciones. Ahí Leskov es un maestro. Lo extraordinario, lo prodigioso, están contados con la mayor precisión, sin imponerle al lector el contexto psicológico de lo ocurrido. Es libre de arreglárselas con el tema según su propio entendimiento, y con ello la narración alcanza una amplitud de vibración de la que carece la información.

La edición que ha preparado Impedimenta tiene el valor añadido del inteligente prólogo en el que Care Santos hace una certera aproximación al mundo narrativo de Leskov, cuya tendencia al juego de palabras y a la creación neologista hace especialmente meritoria la traducción de Sara Gutiérrez.

Santos Domínguez

12/11/07

El arte de conversar



Oscar Wilde.
El arte de conversar.
Traducción y edición de Roberto Frías.
Atalanta. Gerona, 2007.


Óscar Wilde nació en Dublín en 1854. Murió en el Hôtel d’Alsace, en París, en el año 1900. Su obra no ha envejecido; pudo haber sido escrita esta mañana.

Las palabras, escuetas y definitivas, son de Borges, que le profesó fidelidad literaria durante toda su obra y secreta envidia durante toda su vida. Las traigo aquí a propósito de la admirable edición que ha publicado Atalanta del Wilde más brillante, el Wilde conversacional, agudo y ocurrente. Yeats o Gide fueron algunos de los oyentes que apuntaron aquellos relatos orales, aquellas frases epigramáticas y fulgurantes, a menudo superficiales, que fueron la particular demostración de la agudeza y arte de ingenio de Wilde.

Se ha ocupado de esta edición, que incorpora 28 relatos inéditos y abundante material gráfico, Roberto Frías, que ha traducido los relatos y los aforismos de El arte de conversar, ha escrito la introducción y un estupendo epílogo (Casi una autobiografía), que hace un recorrido por la biografía de quien (con)fundió como pocos literatura y biografía y entendió su vida como la mejor obra de arte que dejaría a la posteridad.

En torno a esos relatos inéditos y a los aforismos se organizan las dos partes de este libro, cuidado hasta el menor detalle, como es norma de esta editorial que ha hecho de la elegancia y el buen gusto uno de sus signos de identidad.

Wilde, que fue un conversador ingenioso, deslumbrante y provocador, como su literatura, no limitó su fulgor al ámbito privado y efímero de la conversación. Muchos de sus epigramas ocurrentes y brillantes los fue esparciendo en sus obras de teatro, en su narrativa, en sus ensayos. Y de esos textos proceden la mayor parte de sus aforismos, organizados en el libro alrededor de unos cincuenta ejes temáticos relevantes, que son los que configuran su amplio universo literario.

Los cazadores de perlas tienen aquí el botín asegurado. Entre la literatura y la vida, la política y el genio, la sociedad y sus dos juicios, todo un repertorio de citas sobre los más variados asuntos. Y, sobre todos, al final, el que es el tema vertebral de la obra de Oscar Wilde: Oscar Wilde.

Vuelvo a Borges, que aludía a la eterna juventud literaria de aquel seductor (otra vez vida y literatura) que escribió El retrato de Dorian Gray:

Observa Stevenson que hay una virtud sin la cual todas las demás son inútiles; esa virtud es el encanto. Los largos siglos de la literatura nos ofrecen autores harto más complejos e imaginativos que Wilde; ninguno más encantador. Lo fue en el diálogo casual, lo fue en la amistad, lo fue en los años de la dicha y en los años adversos. Sigue siéndolo en cada línea que ha trazado su pluma.

Santos Domínguez


11/11/07

Un enemigo del pueblo


Henrik Ibsen.
Un enemigo del pueblo.
Traducción de Max Lacruz.
Postfacio de Laura López Sánchez.
Funambulista. Madrid, 2007.

Funambulista publica, con traducción de Max Lacruz, una de las obras fundamentales de la literatura del siglo XIX: Un enemigo del pueblo.

Es la más obra más controvertida del noruego Henrik Ibsen, un clásico que sigue planteando problemas al lector o al espectador de la historia protagonizada por el doctor Stockmann, que empieza denunciando la corrupción de las aguas en un balneario y acaba comprobando que esa corrupción es una metáfora de la sociedad.

El 21 de junio Ibsen le contaba en una carta a su editor, Frederik Hegel:

Ayer concluí mi nuevo trabajo teatral. Se titula Un enemigo del pueblo y tiene cinco actos. No sé todavía si llamarla comedia o drama, puesto que tiene muchos elementos propios de una comedia, pero a la vez una base muy seria.

La ambigüedad genérica de Un enemigo del pueblo es tal vez la menor dentro de una obra conflictiva, en la que se unen realismo y simbolismo y chocan los principios morales del individuo con los intereses de una sociedad degenerada por la corrupción del poder, la mentira y la manipulación de la realidad en los medios de comunicación.

Las virtudes intemporales y universales que caracterizan a los clásicos se manifiestan en la vitalidad de un texto como este, que sigue planteando, igual que el teatro griego, los grandes temas conflictivos que siempre están de actualidad: el poder y la libertad, la verdad y la manipulación, la conciencia y los intereses, el individuo y la sociedad.

Un enemigo del pueblo
es, entre otras cosas, un texto de teatro político y moral lo suficientemente complejo como para permitir lecturas encontradas o interesadas, la coartada ideólogica de las dictaduras a través de la justificación del despotismo de los mejores y una descalificación explícita del sufragio universal.

Reflejo de la complejidad psicológica de su autor, la integridad del texto ibseniano en esta edición permite ahondar en los conflictos entre el hombre y su entorno, en las contradicciones entre la teoría política y la práctica ética.


Santos Domínguez

9/11/07

Jaikus de Kerouac



Jack Kerouac.
Libro de jaikus.
Traducción y prólogo de Marcos Canteli.
Bartleby Editores. Madrid, 2007.



Lo que está sucediendo en este lugar, en este momento.


Eso es el jaiku para Basho (1644-1694), padre y maestro de un género que va más allá de los límites de la poesía para convertirse en una forma de conocimiento inspirada en la filosofía zen.

Como Kennet Rexroth y otros poetas de la generación beat, Jack Kerouac se acercó a la sabiduría oriental a través del pensamiento y la poesía zen y escribió cerca de mil jaikus. Bartleby publica, en edición bilingüe con traducción y prólogo de Marcos Canteli, una selección de algo más de quinientos jaikus procedentes de su Libro de jaikus y del material desperdigado en cuadernos de notas, novelas y cartas. Ese material, que editó en 2003 Regina Weinrich en Book of Haikus, ha sido el punto de partida de esta traducción.

Kerouac publicó, que yo sepa, tres libros de jaikus: American Haiku (1959), The Northport Haikus (1964) y Book of Haikus (1968), pero gran parte de estos textos estaban inéditos en español.

Allen Ginsberg, otro beatnik, decía de Kerouac que era el único que sabía escribir jaikus en Estados Unidos, porque esa era su forma natural de hablar y de pensar: la sencillez expresiva, la sobriedad estilística, la síntesis de un pequeño cuadro que contiene una historia grande y extensa comprimida en tres versos breves, con una imagen de intensidad visual o emocional.

Kerouac no respetó, en su propuesta y en la práctica de un jaiku americano y occidental, las diecisiete sílabas que tiene el género en su modelo japonés, aunque sí el esquema de los tres versos y el espíritu zen de esos textos, en los que practicó el minimalismo y la concentración de un destilado poético que toma como punto de partida la intuición y la contemplación:

Cuanto más te acercas –escribió una vez- a la auténtica materia, a la piedra y al aire y al fuego y a la madera, el mundo resulta más espiritual.

De esa manera se salta del instante y el detalle a la revelación del mundo mediante una poesía que es una liberación de los límites simbólicos del lenguaje. Porque lo más importante en el jaiku, su mayor carga comunicativa reside más en lo que calla que en lo que dice, más en la intuición de lo invisible que en la percepción de lo visible. Como en la mejor poesía, en definitiva, de lo que se trata es de comunicar lo incomunicable, de expresar lo inefable.

Ese es el alto propósito, no siempre conseguido, de estos textos, que muchas veces tienen intuiciones hechas desde la melancolía:

Luna de primavera-

¡Qué lejos ya

Aquellos pétalos de naranjo!

Y otras no van más allá de una ocurrencia trivial:

LA BOMBILLA
DE REPENTE SE APAGÓ-

DEJÉ DE LEER


O una mera simpleza:

Falló la patada
a la puerta de la nevera

Igualmente se cerró.

Y gatos, ardillas, flores, árboles, lluvias y lunas en un paisaje habitado por el poeta y su mirada y recorrido por Mao y por el delicado espíritu oriental, pero también por Cochise, Custer o Jerónimo.

No hace falta ser muy avispado para saber que será uno de los libros de poesía que más se van a vender en los próximos meses.

Santos Domínguez

8/11/07

La glorieta de los fugitivos

José María Merino.
La glorieta de los fugitivos.
Minificción completa
Páginas de Espuma. Madrid, 2007.


José María Merino acaba de reunir en La glorieta de los fugitivos, que publica Páginas de Espuma, su minificción completa: los relatos que ya aparecieron en Días imaginarios (2002) y en Cuentos del libro de la noche (2005), más algunos inéditos y dispersos que se recogen en la primera parte, Ciento once fugitivos. A ellos se añaden en una segunda parte los veinticinco textos de La Glorieta miniatura, que fueron su aportación – teórica y práctica a la vez- al IV Congreso Internacional de Minificción que se celebró en Neuchátel hace ahora casi un año.

No es José María Merino un recién llegado al género de la minificción, que por otro lado es tan antiguo como el impulso narrativo del ser humano y empieza por manifestarse en las historias cortas, en las leyendas o en las fábulas orales:

La ficción –escribe Merino en uno de los textos reflexivos del libro- fue la primera sabiduría de la humanidad, el jardín literario en donde está la verdadera historia de la humanidad.

Y allí, en uno de los extremos de ese jardín literario, lindando con los alcorques de la leyenda, los macizos de la fábula, los parterres y pabellones de la poesía y las praderas del cuento, se halla la Glorieta Miniatura. Hay muchos que al llegar allí quedan desorientados, porque los relatos diminutos no les permiten ver el inmenso bosque de la ficción pequeñísima.

Las leyendas medievales, el Patrañuelo, la Sobremesa y alivio de caminantes de Timoneda o algunos pasajes cervantinos dan razón del antiguo origen de una modalidad que para muchos escritores es un género de llegada, una meta que alcanzan algunos narradores privilegiados como Merino cuando descubren la capacidad expresiva del minicuento, en el que se condensa la quintaesencia de la narratividad con la intensidad de unas pocas líneas.

Un género que desde el chispazo de la intuición inicial, desde la inspiración y la subjetividad que relaciona el microrrelato con el poema, requiere la elección de un título atractivo pero que no dé pistas sobre un desenlace a menudo inesperado, en el que caben el humor y la ironía de la última frase, el ritmo del relato y la imprescindible tensión narrativa que distingue el minicuento de la mera ocurrencia chistosa.

Por eso al microrrelato le exige Merino que sea pequeño pero que sea volátil, que desaparezca enseguida de nuestro campo de visión, pero que nos deje una intensa imagen de ese mundo paralelo, certero, hecho sólo con palabras que tiene que suscitar la narrativa verdadera.

José María Merino viene reivindicando a través de toda su obra narrativa, larga o corta, la tradición de la literatura fantástica que tiene uno de sus referentes en Hoffmann y en sus narraciones inquietantes, pero también en una tradición española que está ya en Don Juan Manuel y en los libros de caballerías y que fue arrasada por la labor inquisitorial de la iglesia tridentina y por una crítica posterior no menos inquisitorial, encabezada por Menéndez y Pelayo con las perniciosas secuelas que aún hoy pueden leerse en los suplementos periódicos de los diarios nacionales.

Tal vez sea en esta recopilación, al ver reunidos estos textos, en donde se puede rastrear con más nitidez la intensa reivindicación de lo fantástico que conecta a Merino también con un larga tradición de relatos hispanoamericanos, de Borges a Cortázar.

Cuentos nocturnos en los que la fragilidad de límites entre el sueño y la vigilia, la metamorfosis y la identidad, lo fantástico y el misterio del tiempo, los espejos y las simetrías, la muerte o el terror apenas sugerido en el acecho invisible de lo cotidiano, que son algunos temas fundamentales de su universo narrativo, aquí se abordan con el rigor y la depuración que exige el género.

El fulgor breve pero intenso de estas narraciones, la elipsis de los datos o la inquietante e invisible fauna doméstica que las habita, producen en los lectores un vértigo pendular que les lleva de la ficción a la realidad, de la orilla de la vida a la de la muerte y de un tiempo a otro, con la conciencia de vivir un sueño o una pesadilla como parientes próximos de Kafka, uno de los padres del microrrelato contemporáneo.

Acabamos con un ejemplo modélico, porque resume los temas, la tonalidad y la concentración estilística de estos textos:

A las doce, hora de límites, el tiempo separa cada jornada con su peligrosa cuchillada. Es la hora en que, a veces, se reúnen. Hablan en voz muy baja, con murmullos tenues, pero desde la cama, forzando mi atención, puedo advertir esos cuchicheos, sus risas, el tintineo de los vasos. Varias noches me he levantado con sigilo para intentar sorprenderlos. Camino a tientas por el pasillo, abro despacio las puertas, enciendo de repente la luz del salón. Ya no están, nunca están cuando llego. ¿Que si dejan rastros? Una vez, mi gato tenía en el cuello un lazo verde. Otra, había un clavel sobre la mesa. Ayer, una postal de un templo hindú cuyo destinatario no soy yo, con una letra poco inteligible que, al parecer, habla de calor y recomienda no olvidarse de los peces.

Santos Domínguez


6/11/07

El paseante solitario


W. G. Sebald.
El paseante solitario.
Traducción de Miguel Sáenz.
Siruela. Madrid, 2007.


W. G. Sebald publicó en 1988 este homenaje en recuerdo de Robert Walser, una auténtica joya que acaba de editar Siruela con traducción de Miguel Sáenz.

Robert Walser fue el más solitario de los escritores solitarios, huyó de todo vínculo con el mundo, de toda posesión que lo atara a algún sitio de la vida o la literatura. Paseó mucho, compulsivamente, siempre en huida, pero se esforzó en no dejar más huellas que las de sus pisadas en la nieve poco antes de morir y las más persistentes, las de su literatura.

Y estas últimas no se borraron porque Carl Seeling, que lo acogió en su casa y preparó su biografía, recopiló sus textos, los mostró en antologías y conservó parte de su legado. Sin él el recuerdo de Walser se hubiera deshecho como la nieve de aquel 25 de diciembre de 1956 en que unos niños encontraron su cadáver semienterrado.

De la estirpe de Gogol, Kafka o Benjamin, todo en su literatura es rápido y fugaz como sus pasos, desde los personajes a los paisajes. Todo menos la admiración constante y creciente de muchos escritores por su obra.

A la lista de autores que lo admiraron se suma la figura de Sebald, que hace un recorrido comprensivo por la literatura de Walser, por su vida y por algunas de las fotografías que resumen su personalidad y su evolución.

Extraño, inquietante, ausente del mundo, de los hombres y de sí mismo, su biografía es tan opaca que -como señala Sebald- forma parte más de la clandestinidad y de la leyenda que de la historia.

Este excelente ensayo da una imagen certera y global de aquel ser misterioso y es una buena ocasión de visitar a Walser en el único territorio que acogió a aquel escritor "helvéticamente retraído", como lo definió Sebald: el de la literatura.

Santos Domínguez


5/11/07

Historia de Cardenio


William Shakespeare y John Fletcher.
Historia de Cardenio.
Traducción e introducción de Charles David Ley.
Edición de José Esteban.
Breviarios Rey Lear. Madrid, 2007.



Ni Homero conoció a Virgilio ni Virgilio acompañó a Dante a otro lugar que no fuese el de la literatura inolvidable. La coartada en ambos casos era el tiempo, un argumento que no puede utilizarse para descartar el encuentro de Shakespeare y Cervantes, antes de una muerte que el capricho y el azar de los diversos calendarios sitúan el 23 de abril de 1616.

Astrana Marín y Anthony Burgess fantasearon sobre un encuentro de Cervantes y Shakespeare mucho antes de ese reciente disparate cinematográfico sin ritmo ni sentido que se tituló Miguel y William.

Lo que sí parece que hubo fue un texto teatral escrito por Shakespeare y John Fletcher sobre la Historia de Cardenio, un episodio de la primera parte del Quijote, que tradujo al inglés John Shelton en 1612 y que al parecer leyó con interés Shakespeare.

La obra fue representada en un par de ocasiones por los Hombres del Rey, la compañía de Shakespeare, en 1613. Poco después, un incendio en el teatro del Globo hizo que se la diese por desaparecida. A partir de ese momento la historia de texto es incierta. Hay una noticia del texto en 1656, cuando un editor pide permiso para publicar la Historia de Cardenio, por Fletcher y Shakespeare; y otra en el siglo XVIII, cuando Lewis Theobald dice que ha escrito su Doble falsedad como una refundición parcial del texto original de Shakespeare y Fletcher, que había adquirido con mucho esfuerzo y adaptado con no menor trabajo.

La inconsistencia de esos datos relegaron la Historia de Cardenio a las estanterías imaginarias de las obras perdidas o a la leyenda de los textos que nunca existieron.

Hace sólo unos meses, la Royal Shakespeare Company ha autentificado una de las versiones y con ese motivo Rey Lear reedita la traducción y el prólogo de Charles David Ley que publicó en 1987 José Esteban, que la editó entonces y se ha ocupado de esta nueva edición. Para ella ha escrito una introducción que expone la ajetreada historia textual de esta obra (la historia de uno de los descubrimientos bibliográficos más apasionantes de los últimos años), y rinde un homenaje de amistad al desaparecido Charles David Ley, que escribía estas palabras en 1951, antes de encontrar la Historia de Cardenio:

Lástima el que se haya perdido esta obra; pero es casi seguro que la intervención de Fletcher sería mucho mayor que la de Shakespeare, como efectivamente pasa en Los dos nobles parientes y Enrique VIII. Es más, su participación en Los dos nobles parientes y Cardenio no mereció que los editores, muy cuidadosos, los incluyeran en el primer Folio, lo cual nos hace sospechar que estimaban en poco su contribución en estas obras. (Yo he leído en alguna parte la insinuación de que Cardenio no existió jamás, y que fue mencionado en una lista de obras varias de la época puramente por un error de copia).

Por lo demás, y a pesar del meritorio trabajo del traductor y el encomiable empeño de los editores, la obra parece menos de Shakespeare que de Fletcher. Nada que recuerde ni remotamente al autor maduro y final del Cuento de invierno o al escritor que acababa de estrenar por entonces ese testamento luminoso que es La tempestad.

Santos Domínguez

4/11/07

Teoría King Kong


Virginie Despentes.
Teoría King Kong.
Traducción de Beatriz Preciado.
Melusina UHF. Barcelona, 2007.


“La diva destroy punk de las letras francesas, escritora de novelas en las que las protagonistas ocupan posiciones tradicionalmente reservadas a los hombres (sangre, sexo y rock-and-roll) y de la controvertida y censurada película Fóllame (2000), nos ofrece un ensayo en primera persona en el que se ataca a los tabúes del feminismo liberal: la violación, la prostitución y la pornografía. La transformación de los viejos modelos del género y de la sexualidad está en marcha. Imprescindible y terapéutico.”

Con esas palabras define Beatriz Preciado, su traductora al español, a Virginie Despentes, que en Teoría King Kong ha unido la experiencia autobiográfica y la voluntad ensayística para acercarse a una serie de temas polémicos con una mirada provocadora que pone en cuestión las bases del feminismo conservador:

El feminismo es una revolución, no un reordenamiento de consignas de marketing, ni una ola de promoción de la felación o del intercambio de parejas, ni tampoco una cuestión de aumentar el segundo sueldo. El feminismo es una aventura colectiva, para las mujeres pero también para los hombres y para todos los demás. Una revolución que ya ha comenzado. Una visión del mundo, una opción. No se trata de oponer las pequeñas ventajas de las mujeres a los pequeños derechos adquiridos de los hombres, sino de dinamitarlo todo. Y dicho esto, buena suerte chicas y mejor viaje...

Despentes fue prostituta y desde su provocador Fóllame, que fue llevado al cine y editó en España Mondadori, se ha convertido en una referencia del postfeminismo:

Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro, porque ser Virginie Despentes me pa-rece un asunto más interesante que ningún otro. Me parece formidable que haya también mujeres a las que les guste seducir, que sepan seducir, y otras que sepan casarse, que haya mujeres que huelan a sexo y otras a la merienda de los niños que salen del colegio. Formidable que las haya muy dulces, otras contentas en su feminidad, que las haya jóvenes, muy guapas, otras coquetas y radiantes. Francamente, me alegro por todas a las que les convienen las cosas tal y como son. Lo digo sin la menor ironía.

Teoría King Kong se publicó el año pasado en Francia y vendió más de 50.000 ejemplares con un libro escrito con la fuerza de la primera persona y un estilo muy directo. Un libro que empieza hablando de las tenientas corruptas y se plantea una revisión radical del feminismo y el papel de la mujer en la sociedad occidental a propósito de cuestiones como la violación, las mujeres objeto, el matrimonio y la prostitución o el modelo de las chicas King Kong:

Siento lo mismo como mujer: no siento ninguna vergüenza de no ser una tía buena. Sin embargo, como chica por la que los hombres se interesan poco, estoy rabiosa, mientras todos me explican que ni siquiera debería estar ahí. Pero siempre hemos existido. Aunque nunca se habla de nosotras en las novelas de hombres, que sólo imaginan mujeres con las que querrían acostarse. Siempre hemos existido, pero nunca hemos hablado. Incluso hoy que las mujeres publican muchas novelas, raramente encontramos personajes femeninos cuyo aspecto físico sea desagradable o mediocre, incapaces de amar a los hombres o de ser amadas. Por el contrario, a las heroínas de la literatura contemporánea les gustan los hombres, los encuentran fácilmente, se acuestan con ellos en dos capítulos, se corren en cuatro líneas y a todas les gusta el sexo. La figura de la pringada de la feminidad me resulta más que simpática: es esencial. Del mismo modo que la figura del perdedor social, económico o político. Prefiero los que no consiguen lo que quieren, por la buena y simple razón de que yo misma tampoco lo logro. Y porque, en general, el humor y la invención están de nuestro lado. Cuando no se tiene lo que hay que tener para chulearse, se es a menudo más creativo. Yo, como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss. Yo soy ese tipo de mujer con la que no se casan, con la que no tienen hijos, hablo de mi lugar como mujer siempre excesiva, demasiado agresiva, demasiado ruidosa, demasiado gorda, demasiado brutal, demasiado hirsuta, demasiado viril, me dicen.

Cuestiones problemáticas que son enfocadas por Virginie Despentes ( que ha incorporado una cita de referentes feministas como Virginia Woolf, Simone de Beauvoir o Angela Davis al frente de cada capítulo) con crudeza combativa y con una claridad expresiva y una determinación ideológica que romperá muchos esquemas, incluso entre las lectoras femeninas y será un revulsivo para todos.

Con este título, la editorial Melusina inaugura su sello UHF (Ultra High Frequency), una serie que acogerá los títulos más radicales e iconoclastas en su análisis de la realidad actual.


Luis E. Aldave

3/11/07

El ataque contra la razón


Al Gore
El ataque contra la razón
Debate. Barcelona, 2007

El ataque contra la razón, escrito por el antiguo vicepresidente de Estados Unidos y publicado en España por Debate, es fundamentalmente una crítica y dura descripción de la situación política de los Estados Unidos bajo el gobierno de George W. Bush, quien derrotó a Gore en las elecciones presidenciales del año 2000.

Para Gore los años de gobierno tras los atentados del 11 de septiembre han supuesto un enorme deterioro de la situación interna y exterior de su país. El senador acusa a Bush de rodearse de un conglomerado de neocons, evangélicos integristas, directivos de multinacionales petroleras y otras gentes de mal vivir que han conducido a los Estados Unidos a una dramática realidad política.

Empieza Gore culpándoles de fomentar el miedo al terrorismo entre los estadounidenses con la única intención de mantener a la población sumisa (“el miedo es el enemigo más poderoso de la razón”) ante cualquier decisión gubernamental. El objetivo de este miedo inoculado a través de los medios de comunicación no sería otro que conseguir mayores parcelas de poder para la presidencia, que con la excusa de la guerra contra el terrorismo amordaza a cualquier tipo de oposición (mediática, política o ciudadana), tachándola de antipatriótica.

En este contexto destaca la promulgación de la Patriot Act, ley que autoriza al gobierno a prácticas abiertamente anticonstitucionales como las escuchas telefónicas indiscriminadas, la lectura de correos electrónicos o registros domiciliarios sin autorización judicial.

Al Gore acusa sin rodeos a Bush de sobreactuación al exagerar la amenaza terrorista para alterar los equilibrios constitucionales en favor del poder ejecutivo, que durante su presidencia ha ninguneado al Congreso y al Senado y ha amenazado la independencia judicial. Y todo ante la apatía del electorado, que entre el miedo y la resignación ha aceptado la devaluación del régimen político y los recortes de libertades individuales.

Pero además la actuación internacional de la administración Bush, basada en el unilateralismo más flagrante, que ha llevado a Estados Unidos a promover la legalidad del ataque preventivo, al menosprecio de la ONU y a la violación de numerosos tratados internacionales como la Convención de Ginebra o los acuerdos medioambientales de Kyoto, han desacreditado la imagen internacional de su país de una forma que hoy parece irreparable.

Gore se pregunta por qué evidentes mentiras como la posesión de armas de destrucción masiva por Irak, o la colaboración entre Saddam Hussein y Bin Laden pudieron llegar a ser creídas por la mayoría de sus compatriotas (sorprende que incluso hoy, cuando los que las urdieron han reconocido tácitamente su falsedad, casi el 40 % de los norteamericanos sigue pensando que los que tripulaban los aviones del 11 de septiembre eran iraquíes y que Saddam tenía armas atómicas).

Decisiones tomadas por incompetentes, expertos que son apartados cuando sus informes no coinciden con los deseos de sus superiores, asesores de medioambiente que trabajan para corporaciones petroleras y gerentes que anteponen sus creencias religiosas a los intereses públicos, son algunos de los síntomas del ataque contra la razón al que alude el título elegido por Al Gore.

El panorama que describe este libro, a mitad de camino entre el ensayo político y una dramática jeremiada, es deprimente: el electorado estadounidense, alejado de las urnas y terriblemente desinformado, las elecciones decididas con anuncios televisivos, los medios de comunicación cada vez más concentrados (ni la CNN, ni la CBS, de la Fox mejor no hablemos, alzaron su voz contra las mentiras de la guerra contra Irak) y maniatados, configuran un escenario perfecto para que un grupo de lunáticos gobierne el país a su antojo. Y como se trata de un país que es la única superpotencia mundial, y cuyos líderes dicen estar en guerra contra el terrorismo en un conflicto que durará generaciones, esto deja en manos de su presidente, comandante en jefe de su gigantesco ejército, los destinos del mundo.

Cuando estas cosas las escribe Chomsky o las filma Michael Moore, siempre es fácil pensar que son exageraciones apocalípticas. Pero cuando las firma alguien que es miembro desde la cuna de la élite estadounidense es tiempo de asustarse.

Lo que queda meridianamente claro tras la lectura del libro es que media un abismo intelectual y moral entre aquellos ilustrados que fundaron los Estados Unidos de América (como Jefferson, Madison y Hamilton, citados profusamente en el libro) y las personas que han dirigido la Casa Blanca los últimos años.

También parece ya evidente que cuando en noviembre de 2000 los norteamericanos, por medio de unas elecciones muy reñidas (de hecho Gore sacó un puñado de votos más que Bush), con unas papeletas impropias de una potencia tecnológica y con un conteo de votos que apestaba a pucherazo, al final se quedaron con el tonto.
Jesús Tapia