22 mayo 2026

Rafael Cadenas. Este vivir en vilo

  


Rafael Cadenas.
Este vivir en vilo.
Antología poética.
Edición de Ángel Esteban y Yannelys Aparicio.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2026.

“Reconocer el trabajo literario de Rafael Cadenas no es solo un acto de justicia con la calidad de una obra, sino también un recado para todos aquellos que buscan en la palabra un compromiso, una lucidez, una reflexión, una constatación y un cotejo de la realidad que les acomode solidariamente en una actitud ante el mundo y ante sí mismos, como personas y como artistas, poetas, pensadores, intelectuales o simplemente interesados en las relaciones entre el lenguaje, la vida y el placer estético. Nada de lo que cuenta el venezolano nos deja indiferentes, porque el poeta emprende con cada pieza un repliegue sobre su propia subjetividad, una meditación sobre el lenguaje, las palabras y los actos que ellas vaticinan, poniendo al lector contra las cuerdas, obligándolo a enfrentarse con el mundo con los cinco sentidos. Sus poemas breves, mínimos, son dardos, y sus poemas dilatados son materiales para la contemplación, el estudio, una lluvia que cala y empapa hasta los tuétanos”, escriben Ángel Esteban y Yannelys Aparicio en la Introducción de Este vivir en vilo, la antología poética de Rafael Cadenas que publica Cátedra Letras Hispánicas. 

Una amplia antología que reúne una muestra generosa y significativa de la poesía del autor venezolano. Una poesía de la indagación con la que ha explorado verbalmente el misterio del mundo y del hombre durante más de seis décadas con textos como este:

Yo pertenecía a un pueblo de grandes comedores de serpientes, sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer de amor. Pero mi raza era de distinto linaje. Escrito está y lo saben —o lo suponen— quienes se ocupan en leer signos no expresamente manifestados, que su austeridad tenía carácter proverbial.

Era el comienzo de Los cuadernos del destierro (1960), un  subyugante poema narrativo dotado de una magia que no está sólo en las palabras, sino en una tonalidad en la que lo mágico y lo sobrehumano se expresan en un tono de exorcismo aterrador por medio de una voz que no es sólo la voz personal del poeta, sino la de un mundo que se expresa a través de él.

Entre el inicial Poemas de Trinidad (1954) y las glosas a otros autores de Contestaciones (2018), esta antología ofrece un pormenorizado recorrido por la creación poética de Cadenas, que, desde Falsas maniobras (1966), experimentó una modificación sustancial de su tono, que pasó de la incursión en lo telúrico, lo mágico y lo desconocido a una tonalidad verbal más cercana y a la preocupación por la desnudez del lenguaje, a la claridad aérea de la dicción y a la transparencia de su estilo -“Ya el delirio no me solicita”, escribió en Intemperie (1977)-, al verso más que corto escueto, al tono menor y a un cambio aún más transcendente en el sujeto lírico: desde el hechicero al hombre corriente y a la memoria, como en estos versos de Gestiones, uno de los libros que mejor resumen esa nueva poética del autor:

Ocurre que después del laborioso forcejear 
el poema
está donde menos se esperaba, 
donde nadie lo buscó, 
donde no se ve, 
en el rincón más apagado.

Vino a dar ahí
burlando al que escribía, al lector, a la página. 
Se deslizó hasta ese lugar
donde de pronto
es descubierto. 
Aquí, 
dice una voz queda.
Oculto 
como un niño 
en un cuarto 
donde se guardan viejos muebles,

Esa nueva deriva hacia un tono bajo y cercano se había sustanciado ya en 1963 en Derrota, un poema algo anterior a Falsas maniobras. Un poema central en su obra, del que los editores destacan “la relevancia que ha tenido en el contexto de su obra literaria completa” y que seguramente es el más conocido y antologado de su autor. Comienza con estos versos:

Yo que no he tenido nunca un oficio 
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida 
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución) 
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos 
que me arrimo a las paredes para no caer del todo 
que soy objeto de risa para mí mismo 
que creí que mi padre era eterno 
que he sido humillado por profesores de literatura 
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada 
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida 
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo 
que tengo vergüenza por actos que no he cometido 
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle 
que he perdido un centro que nunca tuve 
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo 
que no encontraré nunca quien me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo

Años después, con Intemperie, se radicalizaba la evolución de Rafael Cadenas hacia la eliminación del yo, hacia una disolución que se convierte en desistimiento en estos versos:

Vida,
arrásame, 
barre todo, 
que sólo quede 
la cáscara vacía, para no llenarla más, 
limpia, limpia sin escrúpulo 
y cuanto sostuviste deja caer 
sin guardar nada.

Precedido de un magnífico estudio introductorio que recorre la vida y la obra de Rafael Cadenas y las conecta entre sí,  Este vivir en vilo ofrece una panorámica significativa de su itinerario poético.

Un itinerario poético que se concreta en evolución creativa para reflejar la actitud humana y verbal, ética y estética, de Rafael Cadenas ante el mundo, ante el lenguaje y ante sí mismo. Una actitud  de “asceta en busca de una centralidad esencial”, como señalan los antólogos, que queda resumida en este poema:

 ARS POETICA

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa 
ni añadir brillos a lo que es.        
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad. 
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras. 
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso 
mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restrégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio. Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.


Santos Domínguez 



20 mayo 2026

Pepo Paz Saz. Comenzar el olvido

  


Pepo Paz Saz.
 Comenzar el olvido.
 Reino de Cordelia. Madrid, 2026.


Pedro se detuvo en el vano de la puerta. Afuera, en la negrura del descampado, un ejército de grillos entorpecía la calma vespertina. A lo lejos se adivinaba el balanceo de un farol en el bar de Juvi. Aguzó el oído por si todavía llegara el rescoldo de la música. Buscó, en el bolsillo de la camisa, el tabaco y los fósforos. Chasqueó una cerilla en el revestimiento de hojalata de la chabola. Le pareció escuchar voces, en la distancia. Después el viento le trajo un ladrido. El fulgor del mixto iluminó su rostro un momento. Visto desde otro ángulo, Pedro era ahora solo la brasa del pitillo que rasgaba, con cada calada, el sopor del tardío crepúsculo estival.

Con ese párrafo, que tiene ecos en su mirada cinematográfica, en su ritmo sintáctico y en su lenguaje impresionista de las mejores obras de Jesús Fernández Santos y de Ignacio Aldecoa, inicia Pepo Paz Saz su primera novela, Comenzar el olvido, que publica Reino de Cordelia.

Construida en tres partes (Muñecas de cera, La obediencia y Comenzar el olvido), subdivididas en breves capítulos y unificadas narrativamente en torno a la figura autobiográfica de Manu, que se mezcla con otras voces presentes en el texto, Comenzar el olvido proyecta una mirada crítica a la Transición a partir de dos muertes femeninas violentas: la de Natividad Romero, cuyo cadáver estrangulado aparece en una tinaja en el poblado chabolista de Las Cárcavas de Hortaleza en agosto de 1969, y la de Mariluz Nájera, muerta en Madrid, en la calle Libreros, esquina a Gran Vía, por el impacto de un bote de humo en febrero de 1977, en una manifestación por la amnistía.

 La cierra un Epílogo, La vida rota, que concluye con estas líneas:

De repente un grupo de chavales de unos trece años atravesó la escena entonando el Cara al sol. Levantaban el brazo emulando el saludo romano, los rostros desencajados. Anabel y Manu se miraron sobresaltados y la fatiga de cincuenta años se reflejó de golpe en la desazón de sus ojos.

Como en los relatos de Las demás muertesla colección de cuentos que publicó en 2018, memoria y autobiografía son los ejes de esta novela que confirma la solvencia narrativa de Pepo Paz y su eficaz manejo del punto de vista y el tempo del relato, su capacidad para expresar el peso determinante del pasado en el presente y para involucrar al lector en la materia argumental de la novela y en el trepidante ritmo de los acontecimientos evocados, reconstruidos y narrados.

Con la guerra de Vietnam y los estertores del franquismo al fondo, entre los suburbios de Hortaleza, Fuenlabrada y Cuatro Caminos, de la Ciudad Universitaria y las cargas de la policía a la redacción de un periódico y el terrorismo, una crónica doble que tiene menos de testimonio del pasado que de reivindicación de la memoria de la infancia y la adolescencia. 

Una crónica que adquiere la forma de una reconstrucción novelística dictada por el recuerdo personal y matizada por la perspectiva vital e ideológica del presente, porque -como reconoce la Nota del autor que remata el volumen- “casi todo lo que se cuenta en esta novela es una ficción…¿Acaso la memoria no es eso, ficción?”


Santos Domínguez 

18 mayo 2026

Dardo Scavino. Curso de filosofía

  


Dardo Scavino.
Curso de filosofía.
 Anagrama. Barcelona, 2026.


En abril de 2001, una productora de televisión me propuso rodar catorce episodios de una serie basada en esta pregunta: ¿Qué es la filosofía? Yo tenía que encargarme del guion, y ellos buscarían a un director para llevarlo a la pantalla. Se trataría de un documental, evidentemente. Aunque habría también teatralizaciones de hitos de la historia de esta disciplina interpretadas por actores. La idea me encantó y propuse una sola modificación, menor, del proyecto: en lugar de preguntarnos qué es, ¿qué tal preguntarnos qué hace la filosofía? Ningún problema, me dijeron. Al principio no llegaba a imaginarme por dónde podría empezar, pero me fui entusiasmando y me pasé unos cuantos meses escribiendo hasta reunir una centena de páginas de borradores. Antes de que pudiera enviarles los primeros esbozos del libreto, una crisis financiera arrasó la economía argentina y sucedió lo que sospechaba: todo quedó en agua de borrajas. Así que deposité el texto en un cajón de mi escritorio y me olvidé del asunto. O no tanto, porque la carpeta naranja permaneció ahí durante años sin que me atreviera a tocarla para no revivir mi decepción. Ignoro por qué dos décadas más tarde me vinieron ganas de echarle de vuelta una ojeada. Los borradores estaban plagados de nombres propios, frases sueltas, citas de filósofos, indicaciones someras. Pero a pesar de los años, volvieron a mi memoria algunos de los episodios que hubiese querido filmar.

Así evoca Dardo Scavino (Buenos Aires, 1964), profesor universitario en Pau, la génesis de su Curso de filosofía que acaba de publicar Anagrama en su colección Argumentos.

Aquel guion arrancaba con una escena en la que un hombre peregrinaba en el siglo V a.C. desde Atenas hasta Delfos para consultar a la joven pitonisa que revelaba los oráculos délficos en aquel santuario. La pregunta era esta: «Dime, ¿hay en el mundo alguien más sabio que Sócrates?» La hacía el peregrino Querefonte, amigo personal de Sócrates. Y la respuesta de la muchacha en trance fue que no había nadie más sabio que Socrates. 

Si había alguien consciente de su propia ignorancia, ese era Sócrates, precisamente. A tal punto que, durante años, había recorrido las calles de la ciudad interrogando a otros acerca de los asuntos que supuestamente conocían. Al militar le preguntaba qué era el coraje. Al magistrado, la justicia. Al político, el gobierno. Y así sucesivamente. Esperaba que estos especialistas lo instruyeran acerca de esas cuestiones. Pero cuando empezaba a pedirles aclaraciones acerca de sus respuestas, saltaba a la vista que tampoco conocían muy bien el tema. Sócrates comprendió entonces por qué la pitonisa había respondido que era el más sabio de los hombres. No porque supiera más que los demás sino porque, a diferencia de ellos, conocía su ignorancia. El famoso «Solo sé que no sé nada» proviene de esta misma historia: los hombres se la pasan diciendo que tal acto de gobierno es justo o no; tal general, astuto o incompetente; tal persona, bella o fea. Discuten, se pelean, recurren incluso a la violencia si alguien ofende sus creencias. Y resulta que son perfectamente incapaces de definir cosas como la justicia, la astucia o la belleza. No hay ningún otro animal que posea esa capacidad de expresarse en un lenguaje articulado. Aunque, por regla general, no sepa muy bien qué dice. Ni qué ideas defiende. Así y todo, se muestra a veces dispuesto a matar y morir por ellas.

Esa escena, inspirada en la platónica Apología de Sócrates, sirve también de punto narrativo de arranque de este apretado e intenso Curso de filosofía, que en los catorce capítulos, que reproducen y evocan el plan de la serie documental frustrada, recorre los asuntos centrales de la historia del pensamiento filosófico con una perspectiva actual y una mirada cercana.

Una mirada que conecta el mundo socrático con la actualidad y los sofistas con porque en una democracia que, como se había platón, estaba siempre en un equilibrio inestable entre la tiranía y la demagogia, “los sofistas habían encontrado otra solución al problema: había que elaborar discursos persuasivos para las masas que gobernaban la polis. Una arenga convincente no tiene por qué basarse en un argumento irrebatible, y un discurso seductor no debe ser necesariamente racional. Así, en lugar de enseñarles a los políticos cómo demostrar lógicamente una tesis, los sofistas les enseñaban cómo cautivar a las masas. Y los políticos los remuneraban muy bien por este valioso servicio, como lo harían más tarde con los especialistas del marketing y la comunicación. Imagínense ustedes una ciudad en la que las mayorías deciden cuáles son las leyes justas y las medidas benéficas: ese poder de persuasión es un poder enorme. Y a Platón esto le molestaba, porque los sofistas no sabían qué era la justicia, la valentía o la belleza. Sabían solamente proferir discursos sugestivos, y en vez de apoyar a las personas idóneas para gobernar la polis, los ciudadanos apoyaban a quienes los hechizaban con palabras. Y al arte de estos hechizos Platón lo llamaba psychagogia: la conducción de las almas.”

Desde el método socrático de la mayéutica y el arte de las parteras de Spinoza a Kant y la relación entre la esencia y la existencia, del “Sólo sé que no sé nada” al heraclitiano “Conócete a ti mismo”, con Platón y Sócrates como hilos conductores, “filosofar -explica Scavino- no consiste en elaborar grandes teorías acerca de lo divino y lo humano. Consiste en extraer los saberes tácitos de algún discurso, poco importa si se trata de una opinión sin sustento o de una ciencia muy fundamentada. Los filósofos, por supuesto, siempre teorizaron, y todavía hoy siguen haciéndolo, como lo hacían también los presocráticos, a quienes la tradición incluye en el conjunto de los «filósofos», aunque todavía no hicieran lo que haría, justamente, Sócrates. En vez de dedicarse a observar los fenómenos naturales, él escuchaba a sus compatriotas.”

Y así estas páginas son un recorrido desde la Política de Aristóteles a la “sapienza volgare” de Vico, de Al-Kwarismi a Hegel, de la mayéutica a la fenomenología, del razonar al contar, de los ríos a los sueños, de Platón a Heidegger, del realismo al nominalismo, del círculo hermenéutico a la voluntad nietzscheana, de Hume a Bachelard, de la razón cartesiana a la lógica de los límites de Wittgenstein, del pensamiento político de Hobbes a la teoría crítica de Walter Benjamin.

Un recorrido que explora la relaciones entre el lenguaje y la filosofía, lo mismo y lo otro, la multiplicidad del ser, el conocimiento y la paradoja y que culmina en un último episodio, que compara a Sócrates con Cristo a propósito de un diálogo entre Jesús y Nicodemo en el que recurre a la idea socrática del parto del espíritu, porque “aunque uno apostara por la razón y el otro por el amor, Sócrates y Jesús tenían un objetivo común: la redención de sus congéneres” y ambos “pagaron con sus vidas esa pretensión de cambiar las otras y de introducir una ruptura entre lo viejo y lo nuevo. Al ateniense se lo acusó de haber tratado con impiedad y perversión a los jóvenes. Y las acusaciones contra el nazareno no fueron muy diferentes.”

Este es el último párrafo del libro, que vuelve a su punto de partida y a su escenario inicial en el templo oracular de Delfos con la visión de una joven que inevitablemente evoca a la sibila. Una muchacha a la que -inevitablemente también- le dirige una pregunta socrática:

Mientras me paseo por el antiguo templo de Delfos, diviso entonces a una joven con una gran capelina y un vestido claro y largo, que también camina entre las ruinas, indiferente a los turistas, los arqueólogos y el suplicio del calor. Sospecho que se trata de una estudiante de Historia Antigua o Lenguas Clásicas que habría venido a visitar los restos de este santuario después de haber escuchado una adaptación moderna de los Himnos délficos a Apolo. Me sorprende, en todo caso, que pase entre los vestigios con una elegante soltura a pesar de ir tecleando a toda prisa un mensaje en su smartphone. Y también que ande descalza sin temor a los restos de latas y botellas encasquilladas entre las rocas. Cuando paso junto a ella, me atrevo a dirigirle la palabra: «Buen día, disculpa que te moleste, ¿te parece que hay una ciencia más importante que la filosofía?». Se sobresalta, me mira como si yo fuera un extraterrestre y empieza a reírse a carcajadas. Y yo con ella.


Santos Domínguez 

15 mayo 2026

Rilke. Poesía. Obra temprana

 


Rainer María Rilke.
Poesía. 
Obra Temprana.
Traducción de José Luis Reina Palazón.
Introducción de Antonio Colinas y Manuel Ramos.
Linteo Poesía. Orense, 2026.
 
Poesías tempranas es el título bajo el que Rainer María Rilke (Praga 1875-Montreux, 1926) reunió en 1909 la versión muy revisada de su Celebración de mí mismo y La princesa blanca, dos obras que había publicado diez  años antes, en 1899. Y ese adjetivo es el que ha elegido Ediciones Linteo como título del volumen que, cuando se cumple el centenario de la muerte del poeta, agrupa en una monumental edición bilingüe los ocho primeros libros de Rilke con traducción de José Luis Reina Palazón y sendas introducciones de Antonio Colinas y Manuel Ramos.

Ofrenda a los lares, Coronado de sueños, Adviento, Celebración de mí mismo, La princesa blanca, La tonada de amor y muerte del corneta Christoph Rilke, El Libro de horas y El Libro de las imágenes son las obras reunidas del primer Rilke en este volumen de la imprescindible colección Linteo Poesía.

La etapa praguense de la obra de Rilke abarca cuatro años, de 1894 a 1897: desde los insinceros y convencionales textos sobre la Praga de su infancia de Ofrenda a los lares a la poesía intimista, la reflexión existencial y artística de Coronado de sueños y al seminal Adviento, que explora ya algunos temas como el  silencio, la espiritualidad, el paisaje invernal y navideño como espejo del estado de ánimo del poeta o la soledad y que convierte el primer poema de Ofrendas, la primera sección del libro, en un programa vital y poético que irá cumpliendo en libros posteriores:

Ésta es mi osadía:
al anhelo delicado
ir divagando por todos los días.
Después, fuerte, ampliado,
con miles de raíces extendidas
en lo profundo agarrar la vida —
¡y por el sufrimiento madurar 
de la vida madurar la partida,
amplia desde el tiempo!

Cuando Rilke se instala en agosto de 1898 en la periferia de Berlín, en Villa Waldfrieden, muy cerca de donde vivía Lou Andreas-Salomé, se inicia una etapa de dos años fecundos e inspirados en los que escribe los noventa y cinco poemas de la Celebración de mí mismo, que anticipan el tono, la mirada impresionista y simbolista a la naturaleza y la vaga religiosidad de fondo de El Libro de horas, además de los poemas de la primera parte de ese libro -la titulada El libro de la vida monástica-, a la que pertenece este conocido texto:

¿Qué vas a hacer, Dios, cuando yo muera? 
Yo soy tu cántaro (¿cuando me rompa?)
Yo soy tu bebida (¿cuando me corrompa?)
Soy tu vestidura y tu cometido,
conmigo pierdes tu sentido.

Ya no tendrás casa, si me voy, 
en la que palabras te hayan saludado 
cálidas, cercanas. Cae de tus pies cansados 
la sandalia de terciopelo que yo soy.

Tu manto inmenso te deja descubierto. 
Acoge como una almohada 
mi cálida mejilla a tu mirada 
que vendrá, me buscará, largo por cierto, 
y reposará al ocaso
de unas piedras extrañas en el regazo.

¿Qué vas a hacer, Dios? Estoy incierto.

A la tercera parte -Libro de la pobreza y de la muerte- de ese Libro de horas, el tríptico poético que culmina su primera época literaria y es su obra más extensa con diferencia, pertenecen estas estrofas:

Tú eres el pobre, el de recursos falto, 
eres la piedra que no tiene oquedad, 
tú eres el leproso alejado del asfalto, 
con su carraca en redor de la ciudad.

Pues nada es tuyo, como no lo es del viento, 
y apenas cubre tu desnudez la celebridad; 
el trajecito de un huérfano sin lucimiento 
es más espléndido y como una propiedad.

Tú eres tan pobre como la fuerza de un embrión 
en una muchacha que ocultarlo quisiera 
y en su embarazo aprieta las caderas 
para ahogar su primera respiración.

Y tú eres pobre: como lluvia en primavera, 
que feliz en los tejados cae de la ciudad, 
como el deseo que unos presos tuvieran 
en una celda sin mundo en la eternidad. 
Y como enfermos, que cambian de postura 
y son felices; como las flores entre las vías 
tan tristes de los viajes en el viento de locura; 
y como la mano, tan pobre, en que se lloraría...

Aquellos veinticinco meses que marcaron la transición de un siglo a otro fueron tiempos de escritura febril en los que Rilke compuso además el poema escénico y lírico sobre la vida y la muerte que tituló La princesa blanca, La tonada de amor y muerte del corneta Christoph Rilke, un poema nostálgico ambientado a mediados del siglo XVII, que escribió de un tirón en una “tormentosa noche de otoño”, y una treintena de los textos que formarían parte de El libro de las imágenes, el último de los que recoge este volumen. Lo cierran, muy significativamente, el Réquiem a Clara Westhoff y este sombrío Fragmento final:

La muerte es grande.
Somos sus bocas rientes.
Cuando en medio de la vida creemos estar,
ella se atreve a llorar
en medio de las gentes.

“Entre el idealismo de El Libro de horas y el realismo de El libro de las imágenes -escribió Antonio Pau en su admirable biografía Vida de Rilke. La belleza y el espanto- se podría pensar que ha transcurrido una década en la vida de su autor, y son, sin embargo, dos obras rigurosamente contemporáneas.”

Porque con El libro de las imágenes y su mirada a temas como el amor y la muerte, el tiempo, la naturaleza o la belleza, Rilke pasó del panteísmo místico y la subjetividad primordial del Libro de horas a una transición hacia la poesía objetiva que caracterizaría años después su segunda etapa, la de los poemas-cosa que recogió en sus Nuevos poemas en 1907.

En los lieder de Las voces, situados al final del Libro de las imágenes (la canción del mendigo, la del ciego, la del suicida, la de la huérfana o el leproso), Rilke es todavía un poeta tardorromántico que va construyendo una voz propia, algo insegura aún y todavía en crecimiento, que culminaría en la poesía visionaria de su tercera etapa. 

Una voz en construcción que se nutre de un poderoso universo simbólico al que dedica Antonio Colinas el texto introductorio “Los símbolos del origen”, en donde alude a esos símbolos “que pasarán con el transcurso del tiempo a ser cardinales en el resto de sus obras. Así el del ángel, la casa, la noche, la infancia o las estaciones del año.” 

Y a reconstruir todo ese proceso evolutivo de la creación rilkeana dedica Manuel Ramos el segundo texto introductorio, “Rilke. Vida y obra poética”. Dedicado a la memoria del traductor, José Luis Reina Palazón, fallecido en septiembre de 2025, es una visión panorámica de la vida y la obra de Rilke, desde los años praguenses de infancia y formación hasta la escritura portentosa de los Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo, sus últimos años de vida y la rosa de su epitafio, una rosa que tiene existencia plena y una voz propia, como el poeta. [...] Nos quedará siempre -concluye Ramos- su Obra y el legado que esta encierra.”

La de esta Obra temprana es una voz admirable que aún no alcanza las cimas sobrehumanas de las Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo, pero ya estaba en el camino. Era el comienzo imprescindible de su ascensión sostenida, de la que este volumen es una espléndida muestra.


Santos Domínguez 


13 mayo 2026

Manuel Rivero Rodríguez. Felipe II

  

Manuel Rivero Rodríguez.
Felipe II.
 El libro de bolsillo.
Alianza Editorial. Madrid, 2026. 


“La pregunta que hoy nos hacemos es si es necesario escribir otra biografía del «gran hombre», señalando sus aciertos, sus fracasos, y emitiendo un juicio sobre él y su legado. Creo que no, porque para eso tenemos las excelentes biografías que ya hemos mencionado.
Planteamos esta biografía desde una perspectiva distinta. Invitamos al lector a viajar a ese país extranjero que es el pasado, donde encontrará elementos que, aunque parezcan familiares, resultan profundamente ajenos. Para empezar, deberá situarse en un mundo sin Estado, sin identidad nacional, sin democracia ni dictadura, sin libertad de opinión ni de credo. Un tiempo regido por estructuras que hoy consideraríamos arbitrarias o inaceptables, dominado por la intransigencia, la jerarquía, el patriarcado y la servidumbre. Ninguno de los valores contemporáneos -independientemente de nuestras ideologías o creencias- tenía cabida en aquella Europa del siglo XVI. Por eso, aunque hablemos de nuestros antepasados, son más «ellos» que «nosotros»”, escribe Manuel Rivero Rodríguez, catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Madrid, en la Introducción con la que presenta su Felipe II, que acaba de publicar Alianza Editorial en su colección de bolsillo.

Apoyada en un amplio repertorio de fuentes y bibliografía, esta nueva biografía del rey prudente, concebida con una óptica renovadora, se aleja por igual de la hagiografía y del juicio condenatorio para abordar en profundidad su personalidad y la dimensión pública de su figura histórica, porque, como señala su autor en el Balance de un rey y de un reinado que remata el libro, “la gran mayoría de biógrafos de Felipe II se han inclinado por concluir con una valoración o un juicio sobre el soberano, como si se hubiera ido revelando su personalidad en el curso de la vida y, una vez despejada, se pudiera entender a la persona. Como ya he señalado en páginas anteriores, esto es imposible y no me parece que este sea el trabajo de un historiador.”

Persona y personaje histórico, pues, se estudian en profundidad en estas páginas desde una perspectiva que contempla la complejidad de su psicología y de su comportamiento y la extraordinaria dificultad del mundo político y cultural al que tuvo que hacer frente durante su reinado. Y por eso en su ya citado Balance final, Rivero reconoce que concuerda parcialmente “con el que nos ofrecen las biografías de Felipe II actualmente accesibles al público, que coinciden en ofrecer una imagen compleja de un monarca que fue tanto un defensor incansable del catolicismo como un administrador meticuloso, pero también un gobernante cuyas decisiones a menudo estuvieron marcadas por la inflexibilidad y la imprevisión.”

Y con esa perspectiva discurren los siete capítulos que presentan cronológicamente a Felipe II en su marco vital e histórico: desde la juventud del príncipe, heredero del imperio creciente de su padre, en una sociedad vertical y dinástica de príncipes, hasta su vejez y muerte en El Escorial, con un itinerario sinuoso por tiempos agitados de paz y de guerras, por la configuración imperial de la monarquía universal que convirtió al segundo de los Austrias en soberano del mayor imperio del mundo, aunque “como hombre del siglo XVI, la nación y lo nacional no tenían para él valor alguno.” Y es que “vivió en un tiempo en el que el Estado era propiedad del soberano, y si resucitase ahora se encontraría en un mundo en el que esa relación se había invertido: los pocos soberanos que hoy quedan en Europa son servidores del Estado. Soberanos que deben lealtad a una nación y no a su linaje, así que no le sorprendería tanto la pérdida del imperio como el que los soberanos actuales no se cuidasen de engrandecer su patrimonio contrayendo matrimonios con otros príncipes para acrecentar su poderío.” Porque en los comienzos de la Edad Moderna el sistema político “se organizaba según los intereses patrimoniales y familiares” de cada dinastía, normalmente de carácter internacional y sin mucho arraigo nacional. 

La contención emocional de su temperamento flemático e inaccesible, la imperturbable frialdad de su carácter enigmático y hermético, su capacidad analítica -no siempre acertada- y el ejercicio obsesivo del poder, la tendencia a la desconfianza y al aislamiento personal, la confianza en la actividad diplomática, la defensa del catolicismo, no sólo por razones espirituales sino por estrategias políticas, dinásticas y sucesorias, como las que guiaron sus cuatro matrimonios; la contradicción entre su imagen pública de hombre austero y su agitada vida amorosa, las relaciones con sus hijos, entre la severidad y el afecto, y la figura problemática del príncipe don Carlos; su papel histórico en el apogeo del Imperio español, que se extendía por los cuatro continentes conocidos entonces; los conflictos interiores con los moriscos y en Aragón, la conexión política con Mateo Vázquez y Antonio Pérez, su estoicismo ante el sufrimiento, la crisis de los Países Bajos o el triunfo de Lepanto y el fracaso de la Armada Invencible como acontecimientos simbólicos que resumen las ambiciones y las limitaciones de Felipe II son algunos de los aspectos que aborda esta magnífica biografía, cuya dificultad resume Manuel Rivero en estos términos: 

Desentrañar la esencia de Felipe II no solo como gobernante, sino como hombre atrapado en las tensiones de su tiempo, es una tarea compleja y casi inabarcable. Lejos de ser un monarca unidimensional, fue un hombre atrapado entre las exigencias de un imperio mundial, las ambiciones dinásticas, las complejidades de la corte y sus propias emociones. Su personalidad se forjó en un entorno de expectativas dinásticas y ausencias familiares.

Y concluye así el ensayo biográfico: 

Su muerte en El Escorial, soportando un sufrimiento físico atroz con un estoicismo admirable que él atribuía a una prueba divina, sintetiza la paradoja de su vida: un rey poderoso, prisionero de sus convicciones y limitaciones.

Santos Domínguez 


11 mayo 2026

Virginia Woolf. Violet

  


Virginia Woolf.
Violet.
Edición, prólogo y notas de Patricia Díaz Pereda.
Ilustraciones de Andrea Reyes.
  Páginas de Espuma. Madrid, 2026.
 
Cuando estaba buscando las memorias de Violet Dickinson acerca de la infancia de Virginia Woolf y la familia Stephen, la profesora de la Universidad de Tennesee Urmila Seshagiri encontró en 2022 en el archivo de Longleat House tres cuentos inéditos que la autora de Miss Dalloway había escrito en 1907 y revisado meticulosamente en 1908, cuando los mecanografió en tinta violeta. 

Son tres cuentos “de tono lúdico y divertido”, como resalta Patricia Díaz Pereda en el prólogo -“Hallazgos felices”- que ha puesto al frente de la espléndida traducción anotada de Violet, que publica Páginas de Espuma en una memorable edición ilustrada por Andrea Reyes que llega hoy a las librerías.

Galería de amistades, El jardín mágico y Una historia para hacerte dormir son los títulos de estos tres cuentos que se publican por primera vez en español, después de aparecer en inglés en octubre de 2025. 

Virginia Woolf, que tenía 25 años cuando los escribió casi como una broma privada, había empezado a colaborar en la prensa con reseñas y artículos unos años antes y se había integrado ya en el círculo artístico de Bloomsbury, pero todavía pasarían casi diez años hasta que publicó su primera novela, Fin de viaje, en 1915.

Era todavía una escritora en ciernes la que compuso estos cuentos primerizos de carácter fantástico y humorístico, protagonizados por la desafiante giganta Violet Dickinson, lectora de Shakespeare, Keats y Wordsworth y dueña de un jardín mágico, que derrota a unos simbólicos monstruos marinos que representan las tradiciones y las convenciones sociales. 

Los escribió como una celebración de la amistad y en homenaje a su poco convencional amiga Mary Violet Dickinson, diecisiete años mayor que ella y con quien la unió una “amitié amoureuse", en palabras de la traductora. 



Así relataba esa relación Quentin Bell en su biografía de Virginia Woolf: “Las numerosas cartas de Virginia a Violet se han conservado y en ellas resulta claro para el lector moderno, aunque no fuera en absoluto claro para Virginia, que estaba enamorada y que su amor era correspondido. Son cartas apasionadas, encantadoras, divertidas, embarazosas cartas llenas de bromas privadas y de “palabras cariñosas, cartas en las que Virginia inventa motes para sí misma, se imagina como un animalillo tímido y medio salvaje, un cachorro que hay que mimar y acariciar, son cartas en las que intenta hacer surgir una imagen del destinatario. 
Era ciertamente una mujer muy buena, dotada de humor, inteligencia y paciencia. «Me recuerdas a Mrs. Carlyle», le dijo Virginia, y pasó a aconsejarle que no se arriesgara a tener el destino de aquella mujer, lanzándose con un corazón demasiado ardiente a cuidar de sus cachorros. Atraía a Virginia, presumo, porque era muy distinta a ella, puesto que tenía una seguridad airosa y masculina, un animado equilibrio imperturbable: era una altísima, poderosa y tranquilizadora torre. Pero debió de tener algo más que fuerza, cierta real grandeza de mente y de carácter.” 
 
Aquella incipiente Virginia Woolf que agrupó estos cuentos de hadas como una biografía en clave fantástica y en un mundo mágico bajo el título The Life of Violet era todavía una narradora en formación, pero ya asoman en este tríptico narrativo las semillas de algunos de los que serían rasgos característicos de su literatura: la mirada femenina y autobiográfica, el ingenio, la reivindicación emancipadora para las mujeres de una habitación propia (“la mujer debe tener dinero y un cottage propio”, dice aquí), la voluntad experimental, la conexión entre el género novelístico y el de la biografía o entre realidad y fantasía y la imaginación fabuladora, que anticipan la magistral madurez de Orlando. Una biografía, la novela que aparecería veinte años después, en 1928, y con la que estos cuentos guardan una evidente conexión, como subraya Patricia Díaz Pereda en su entusiasta prólogo.

Esta excepcional edición ha tomado como referente las ediciones británicas de principios del siglo XX con una encuadernación en tapa dura al cromo, con la portada estampada en negro sobre un papel símil tela azul en el que se ha colocado un cromo, una lámina adhesiva con la ilustración Observación para entender el mundo, de Andrea Reyes, autora también de las siete láminas interiores en color.

“El interior -como explica la editorial-, fiel a la época e inspirado en la colección Little Britain de A&C Black, se ha impreso sobre dos tipos de papel diferente que contrastan al tacto y a la vista: un papel couché para las láminas a todo color (las “plates” de la época) se imprime por una sola cara, como se hacía entonces, para destacar el valor artístico de cada una de las obras; el texto del libro se imprime sobre un grueso papel volumen, ligero y de alta calidad al mismo tiempo. En él se cuidan, a su vez, las proporciones de márgenes y espacios que se acostumbraba (que en decir de los impresores, respetaba la proporción áurea y el descanso de los pulgares), y la tipografía continúa la tradición, al usarse la fuente Caslon Antiqua y sus florituras, en una fiel reproducción (hasta envejecida) de los tipos de plomo que los propios Woolf usaron en sus talleres.”


Santos Domínguez 

08 mayo 2026

Un estallido. Antología de la poesía española 2000-2025

 

Un estallido.
Antología de la poesía española
2000-2025.
Edición de Raúl Molina Gil 
y Álvaro López Fernández. 
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2026.

En cuatro cartografías temporales, en tres derivas estéticas y en cinco tensiones temáticas articulan Raúl Molina Gil y Álvaro López Fernández la introducción de su Antología de la poesía española 2000-2025 que publican bajo el significativo título Un estallido en Cátedra Letras Hispánicas.

Entusiasta y profusa, así comienza esa introducción: “La poesía española contemporánea ha sido sacudida por un estallido. Durante los últimos años no han dejado de publicarse poemarios, estética y temáticamente muy plurales, que han renovado las expectativas de lectura y los registros expresivos del hecho poético. Este estruendo no ha sido demasiado ruidoso, pues bien sabemos que la poesía no suele estar en la primera línea del debate público, que ahora esté recibiendo más atención de lo que se hubiera podido concebir hace no tanto tiempo.”

Pluralidad, ruptura, fracaso del modelo generacional en una generación sin centro y en campo abierto, hibridez… Esos son los rasgos característicos -nada excepcionales por cierto si se comparan con los de cualquier otro momento- que los antólogos perciben en la poesía de este primer cuarto de siglo, en el que a menudo la confusión crítica es síntoma y consecuencia de la falta de perspectiva y distancia suficientes para analizar el panorama de conjunto.

Un panorama que, como ha ocurrido siempre, se mueve entre la continuidad y la ruptura, entre la renovación y la persistencia, entre la experimentación neovanguardista y la línea figurativa, entre “la vanguardización de lo figurativo y la figurativización de la vanguardia” para abordar la usual variedad temática que refleja la poesía desde sus orígenes. 

Variedad de temas que Molina y López organizan en torno a cinco tensiones temáticas en la obra de “la mayoría de los y las [sic] poetas”: la cuestión del género y las retóricas de la corporalidad, los discursos críticos y sociales, los nuevos diálogos culturales de la posmodernidad, la espacialidad y la (auto)reflexión sobre el lenguaje. 

Veinticinco años y veinticinco autores (María Salgado, Ben Clark, Lola Nieto, Elena Medel, Javier Vicedo, Bibiana Collado, Martha Asunción Alonso, Unai Velasco, Ángelo Néstore, Ángela Segovia, Berta García Faet, Luna Miguel, Ruth Llana, Álvaro Guijarro, Cristian Piné, Gema Palacios, Xaime Martínez, Mayte Gómez Molina, Pablo Baleriola, Rodrigo García Marina, Andrea Abello, Juan Gallego Benot, Rosa Berbel, Laura Rodríguez Díaz y María de la Cruz) nacidos entre 1984 y el año 2000, representados por un máximo de ocho poemas o trescientos versos por autor. 

“Para la selección -explican los antólogos- se ha atendido a criterios combinados de representatividad, versatilidad, interés estético y formal, trayectoria y reconocimiento, siempre supeditados al empeño de ofrecer a través de las composiciones una muestra de la pluralidad de derivas estéticas y tensiones temáticas que atraviesan el campo poético de los últimos años.”

Una antología, tan discutible como cualquier otra propuesta, a la que en esta ocasión no pondrán muchas objeciones las reivindicativas partidarias de la igualdad, aunque esta vez la nómina ofrezca un notable desequilibrio en favor de los nombres femeninos (15/10). 

Aunque, ahora que lo pienso, tal vez sea por eso mismo. 
    
                                                                                                                 Santos Domínguez 
                                              

06 mayo 2026

Atilano Sevillano. Vislumbres

  


Atilano Sevillano.
Vislumbres.
Vitruvio. Madrid, 2026.


“Los escritos que integran este libro bien podrían incluirse en la tradición literaria aforística. Aquí, sin embargo, preferimos hablar de "vislumbres", ya que el aforismo busca la claridad y la precisión y, en consecuencia, sentencia; el vislumbre cultiva la ambigüedad y la apertura y, por ende, sugiere, insinúa o plantea preguntas. Así pues, venimos a entender los vislumbres como conjeturas, barruntos o atisbos de pensamientos. Se trata de apuntes, anotaciones, intuiciones, elucubraciones, fragmentos o pensamientos suspendidos. Tiene que ver con un decir tentativo, de sospechas e intuiciones, ideas o presunciones que, en ocasiones, se presentan de forma rápida y espontánea en la mente, y que invitan a la reflexión.”

Ese iluminador párrafo, con el que Atilano Sevillano abre el Prefacio de su Vislumbres, resume con precisión la amplia reunión de sus aforismos, chispazos de intuiciones y fragmentos de conciencia, meditaciones interrogativas desde la intemperie de la existencia, destellos en la oscuridad y reflexiones abiertas a la duda, la conjetura y la sospecha, porque “todo vislumbre cual  relámpago ilumina porque dura poco.”

La memoria y la identidad, los sueños y la soledad, la conciencia del tiempo y el sentido de la vida, la nostalgia y la muerte, la reflexión sobre el lenguaje, la lectura y la escritura, la mirada al espejo y la incursión en laberintos recorren estas iluminaciones aproximativas, estos merodeos, entre filosóficos y poéticos, por la observación y la meditación, por la percepción del instante y las cavilaciones profundas, no concluyentes ni sentenciosas, sino abiertas, provisionales y fragmentarias reflexiones en la voz baja de la incertidumbre.

Ese “decir tentativo”, emparentado con la razón poética de María Zambrano en su actitud receptiva y en su voluntad indagatoria se hace ahora decir transitivo en las páginas de este libro que propone un diálogo cómplice con el lector a través de más de un millar de aforismos como estos:

Las palabras son la luz del pensamiento.

La esperanza: la mentira necesaria.

Las apariencias no siempre engañan.

La vida es una lucha diaria contra la propia estupidez.

Somos unas criaturas supuestamente inteligentes que nos comportamos como necios.

La memoria es lo que nos defiende, pero es subjetiva o ilusoria y en constante transformación.

Hay vacíos que sólo el silencio sabe nombrar.

Santos Domínguez 
 

04 mayo 2026

Atlas de islas remotas

   


Judith Schalansky.
Atlas de islas remotas.
Traducción de 
Isabel G. Gamero y Marta López García .
Capitán Swing y Nórdica Libros. 
Madrid, 2026.

Cincuenta y cinco islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré, aclara Judith Schalansky en el subtítulo de este Atlas de islas remotas, que coeditan Capitán Swing y Nórdica Libros, dos sellos hermanos que han unido esfuerzos y talento editorial para publicar la nueva edición, revisada y ampliada, de un libro espectacular con la estupenda traducción de Isabel G. Gamero y Marta López García.

La abre un prólogo escrito para esta nueva edición -“Isolario. Ratones mutantes, canarios silenciados, islas oscuras”-, en el que la autora explica que “el deseo de volver a dedicarme a mi Atlas de islas remotas me invadió en un momento de aislamiento involuntario -un concepto derivado de isola, palabra latina para «isla», que no significa otra cosa que «aislamiento»- que transformó gran parte de las regiones habitadas del mundo en islas con hogares. Incluí en mi colección otras cinco islas cuyas historias nos llevan al centro de la naturaleza híbrida de las islas, aunque puedan ser geográficamente remotas: se encuentran entre lo salvaje y lo cultivado, entre lo abandonado y lo conectado, entre la ilusión y la desilusión.”

En esta segunda edición, junto con ese nuevo prólogo, se incorporan cinco nuevas islas -Isla de Gough, Sentinel del Norte, Agalega, Nukulaelae y las Islas Midway- a las cincuenta que ya figuraban en la primera edición, que apareció en 2013.

Entre el Ártico y el Antártico, entre el Atlántico y el Pacífico pasando por el Índico, Atlas de islas remotas es un libro que tiene más de proyecto poético que de manual de geografía. Y por eso, entre la promesa y el misterio, entre la exploración y la imaginación que convierte a una isla en metáfora del individuo –porque un hombre es una isla, pese a John Donne-, en imagen de la utopía, en lugar del no lugar, cincuenta y cinco islas remotas que justifican el título del prefacio a la primera edición: "El Paraíso es una isla, el Infierno también".

Porque desde la ártica Soledad, de frío polar y deshabitada, a la antártica e inaccesible Isla de Pedro I, aquí no hay solamente islas paradisíacas y espacios de libertad, sino también islas sombrías y siniestras, recintos para la reclusión y el crimen, lugares de destierro o colonias penitenciarias, ámbitos de la desolación y el escorbuto o destinos de experimentos nucleares.

Mundos en miniatura, continentes reducidos que se describen en este libro que “no muestra –avisa Judith Schalansky- el Jardín de las Delicias; el Paraíso puede parecer idílico, pero no resulta nada interesante.”

Cada una de estas cincuenta y cinco islas remotas, habitadas o desiertas, no sólo quedan representadas por un mapa que las ilustra meticulosamente. A cada una de ellas le dedica Judith Schalansky una apretada página de texto que es una invitación al viaje, al naufragio y al sueño, porque cada uno de esos textos contiene un relato prodigioso o propone un itinerario imaginativo que no figura en el catálogo de las agencias de viaje. 

Porque una isla no puede reducirse a sus coordenadas geográficas, a su clima o a su historia. Y la imagen gráfica o textual de una isla no está completa si no se recogen en su descripción las propuestas narrativas que ha suscitado. Por eso, la autora recrea en estas páginas narraciones ajenas, tomadas por derecho de conquista, como las islas eran tomadas por sus descubridores. 

Reales y distantes, inalcanzables todas, imposibles de abarcar, porque una isla  no es solo un accidente físico o geológico, sino la idea de una isla. Y el atlas no es más ni menos que otra metáfora, una representación imaginaria que crea la ilusión de simular a escala el dominio de lo inabarcable.

A medio camino entre las descripciones ptolemaicas y las de las ciudades invisibles que imaginó Italo Calvino, este libro borra sin dejar huellas los límites que separan la realidad y la ficción a lo largo de un viaje fascinante que termina en la Antártida y que es más imaginario que real y más narrativo que espacial, porque –explica de nuevo la autora- “los mapas pueden o bien despertar ansias por viajar y conocer países nuevos, o bien apaciguar este deseo, especialmente cuando la satisfactoria experiencia estética de recorrer un mapa con ojos y dedos logra reemplazar el viaje real. Pero consultar un atlas supone mucho más que cualquier viaje: todo el que abre sus páginas no se contenta solo con observar lugares exóticos y aislados, sino que desea traer el mundo entero ante sí, de una vez y sin limitaciones.”

Un ejemplo: el comienzo y el final de la descripción de la isla Robinsón Crusoe. Islas de Juan Fernández (Chile):
  
El diario de Robinsón está en Berlín, “en una estantería olvidada de la Biblioteca Nacional del Legado Cultural Prusiano”, según declara David Cadwell, del Museo Nacional de Edimburgo. [...] Se escuchan susurros en la sección de revistas de la Biblioteca, y por la tarde, cuando las hileras de mesas se van iluminando, pueden verse páginas bailando a través del gran ventanal de la fachada principal. En la sección de manuscritos están haciendo inventario. El 4 de febrero de 2009, una portavoz aclara lo siguiente: "En los pasados días hemos consultado todos los catálogos y no ha habido suerte. El diario de Selkirk no está aquí. Lo podemos asegurar con completa certeza.” La vida de los escritores parece ser más fácil que la de los buscadores de libros perdidos.



Otro, el comienzo del capítulo dedicado a Floreana. Islas Galápagos (Ecuador):

Dramatis Personae: Dore Strauch, una profesora de instituto que sueña con una vida más emocionante que su matrimonio con el director del centro que le dobla la edad, y el doctor Friedrich Ritter, un dentista berlinés de frente arrugada y las pupilas brillantes que desea cartografiar el cerebro humano y que siente que la civilización no tiene nada nuevo que ofrecerle. En 1929 ambos abandonan a sus respectivos cónyuges para escapar a Floreana, un lugar sin estado, donde solo gobierna la ley de la necesidad. // El escenario de la trama: una isla solitaria que nunca llegó a ser colonizada. Aquí, en el cráter verdoso de un volcán extinto, Friedrich y Dore establecieron su hogar: la granja Frido, una cabaña de chapa y acero inoxidable, y empezaron a cultivar esta tierra prometida, sin pensar en el pasado ni en el futuro.

Es una nueva ocasión de disfrutar de un espléndido libro ilustrado. Un libro que contiene mapas que no son los de la Isla del tesoro de Stevenson, pero a cambio ofrece un tesoro en cada una de sus cincuenta y cinco islas. Sus maravillosas páginas reivindican la cartografía como género literario en el que las islas remotas favorecen los espejismos y dibujan la topografía de los sueños o de las pesadillas.
 
Santos Domínguez



01 mayo 2026

Ser

  


Rubén Martín Díaz.
Itziar Mínguez Arnaiz.
David López Sandoval.
Aurora H. Camero.
Ser.
Tres Hermanas. Madrid, 2026.



LA CACERÍA

Vivo desde hace tiempo en una cacería. 
Del alba hasta la noche escapo de su sombra. 
Me espera en el final de cada pensamiento 
cuidando que no olvide a qué le debo el alma.

Sé que, si cambio el juego, podré salvar la vida 
y que, si soy la flecha, nunca seré cazado.
Pero ya no recuerdo qué clase de hombre era 
antes de ser la presa de sus verdades únicas.

No puedo detenerme. No sé hacer otra cosa. 
El sonido del cuerno desgarra el horizonte.

Ese espléndido poema de David López Sandoval es uno de los que inauguran la nueva colección Rhēma de poesía de la editorial Tres Hermanas, en un libro colectivo titulado Ser.

Hace 2600 años, Parménides de Elea escribía los hexámetros de su Poema del Ser, un texto que indaga en la verdad y el conocimiento, a medio camino entre la poesía y la filosofía, entre la intuición y la meditación.

Dos milenios y medio después, otras cuatro voces poéticas -Rubén Martín Díaz, Itziar Mínguez Arnaiz, David López Sandoval y Aurora H. Camero- conjugan el verbo y abordan el sustantivo desde el ser y el estar, entre la esencia y la circunstancia, la reflexión y la emoción, el presente y la memoria, entre el impulso simbólico y la evocación de lo fragmentario .

Cuatro miradas sobre el ser y el estar en el mundo de cuatro poetas: entre la invocación de Rubén Martín Díaz a la naturaleza y a la memoria cósmica del origen (“Desnúdate de ti, y entrégate a la sola / razón de lo posible”) y la amorosa corporalidad doméstica de Aurora H. Camero en la que “se humedecen los moluscos”; entre la intensidad emocional de Itziar Mínguez ante la tumba de la joven Pompeia veinte siglos después “de ese breve descanso eterno / que es la muerte” y la afirmación de la identidad de López Sandoval, del ser a toda costa frente a las destrucciones del tiempo, y la reivindicación del momento presente en la espera de la llegada de las sombras

Cuatro maneras de ser y de estar, de percibir y recordar, de pensar y emocionarse de voces diversas en enfoques y en tonalidades poéticas, y en estilo y en ritmo expresivo: desde la solemnidad del alejandrino al versolibrismo sincopado, desde la levedad del verso corto y la flexibilidad clásica del endecasílabo.

Abre el volumen, espléndidamente editado, un prólogo en el que el director de la colección, Jesús Castro Lago, señala que “la intención es que cada volumen, bajo el mismo título, reúna a cuatro autores con registros distintos, cuyas voces dialoguen entre sí para potenciar todavía más la fuerza de sus poemas.”

Santos Domínguez 


29 abril 2026

Manuel Cañada. Pablo Guerrero

  


Manuel Cañada.
Pablo Guerrero. 
Porque amamos el fuego.
El Viejo Topo. Madrid, 2026.

“La idea de este libro nace tras una entrevista a Pablo Guerrero para El Salto-Extremadura, que se publicaría en ese medio digital el 4 de septiembre de 2019. A Pablo le gustó y me propuso que hiciéramos un libro de conversaciones. Ni que decir tiene que a mí me hizo mucha ilusión, me parecía un honor y un regalo extraordinario, aunque desde el primer momento le advertí de mi abrumadora ignorancia musical. Empezamos a trabajar en la idea del libro. A principios de enero de 2020 le envié un ambicioso cuestionario tal y como habíamos quedado, pero se echó encima la pandemia y lo cambió todo. A finalesde mayo Pablo me dice que no es capaz de escribir nada y me propone que, en lugar de un libro de conversaciones, escriba una biografía. Intuyo que esto supondrá muchísimo más trabajo y así se lo hago saber pero, a pesar de todo, acepto el cambio. El regalo se había transformado en reto, porque aunque mi conocimiento del género biográfico era –y sigue siendo– muy escaso, sospechaba que supondría una enorme dedicación”, escribe Manuel Cañada en los preliminares de Pablo Guerrero. Porque amamos el fuego, que publica El Viejo Topo.

De esa dedicación de varios años surgen las páginas de este recorrido por la vida y la obra, la discografía y los libros de Pablo Guerrero. Páginas que dibujan también en primer plano un retrato humano del poeta y el cantautor comprometido con su tiempo y con su mundo, de su fragilidad y su timidez, de su bondad sin fondo, tímida y afectuosa.

Unas páginas trabajadas y atravesadas por la admiración, el afecto, el respeto y la discreción con que las ha elaborado Manuel Cañada tras una ardua tarea de documentación a partir de la lectura de su obra poética, de la audición atenta de sus canciones, de las entrevistas con Pablo Guerrero y las conversaciones con sus familiares o con quienes tuvieron una relación cercana con él, entre la amistad y la colaboración, y conocen de cerca su perfil personal y su mundo artístico, de Luis Mendo a Enrique Cidoncha, de Luz Casal a Ismael Serrano o a Olga Manzano.

 Y así se remonta a las raíces -el paisaje campesino de la Siberia extremeña, la infancia del asombro y el descubrimiento del mundo en las primeras lecturas con el telón de fondo de la posguerra y la emigración, el bachillerato en el seminario de Badajoz, la primera guitarra a los 16 años y los estudios de Magisterio en Sigüenza y de Filología Hispánica en Madrid, al concierto del Olympia en 1975- y a las etapas de su evolución musical: desde Amapolas y espigas, en el festival de Benidorm de 1969, hasta el último disco Y volvimos a abrazarnos, desde la irrupción de los cantautores y A cántaros al hallazgo de una línea poética y musical propia, apoyada primero en Suso Saiz y luego en Luis Mendo y Nacho Sáenz de Tejada, con hitos como Plata, Luz de tierra, Mundos de andar por casa o la recopilación doble de Lobos sin dueño. 

Los últimos apartados del libro describen la trayectoria de la poesía de Pablo Guerrero, cada vez más desligada de su actividad musical, y su poética de la contemplación y la escucha, recogida en la edición de su Poesía completaa cuya reseña, que se reproduce también en el libro, me remito.

Con la visión panorámica que completa este volumen, profusamente ilustrado y con una amplia y documentada bibliografía y discografía de Pablo Guerrero , Manuel Cañada reivindica desde la cercanía la vigencia, la proximidad y el valor humano de “Pablo Guerrero, poeta-esencia, maestro de dignidad, surtidor de esperanza” y de su obra poética y musical, “que ha estado marcada por la búsqueda y la renovación permanente, que no se ha acomodado y que ha combinado sencillez y experimentación. Que no ha tenido miedo en meterse por trochas nuevas, que ha buscado la armonía de la emoción y el pensamiento, que ha fundido como nadie la ternura y la rebeldía. La ternura no como una coartada para el escapismo ni el solipsismo. La rebeldía, sin caer en el panfleto, en la politiquería, ni en los reclamos publicitarios. Pablo Guerrero ha sido un aerolito libre, un lobo sin dueño, que ha preferido estar en los márgenes antes que claudicar ante el poder.”

Santos Domínguez

 

27 abril 2026

Juan Arnau. Ātman

  


Juan Arnau.
 Ātman. 
Presencia del origen.
Atalanta. Gerona, 2026.

El origen está siempre presente. Esa es la solución india. Honrar el presente, que es la sede del origen. El ahora es lo divino. La nostalgia del pasado y el proyecto de futuro, el logro y la frustración, lo eclipsan. Impiden sumergirse en la presencia viva del ahora. Pero lo divino está siempre ahí, discreto, a la espera de reconocimiento. Una presencia unificadora y creativa, que se recrea con nuestra atención, que mantiene la ilusión cósmica, el pulso del mundo, el juego de la existencia.

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La palabra ātman tiene su origen en las palabras sánscritas para «aliento» y para «corazón». Puede significar «esencia», «naturaleza», «carácter». En las upaniṣad pasa a significar el espíritu inmanente: el Sí mismo, que reside en el interior de cada ser. El ātman es el núcleo de la persona, aunque no puede identificarse con el cuerpo ni con la mente. El ātman no se ve afectado por el placer ni por el dolor, tampoco por el pecado o la virtud, la alegría o la tristeza. El ātman no es ni siquiera el alma, que es la que disfruta o carga con los efectos de las acciones pasadas. El ātman está ahí, y, aunque no es posible conocerlo, sí se puede vivenciar. Esa es la respuesta india al enigma de la existencia.

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La India ya lo ha pensado todo, pero nosotros debemos seguir nuestro propio camino. Eso decía Borges. Otro poeta, T. S. Eliot, tuvo una intuición parecida. La tradición es un organismo vivo y mutante. El arte despierta emociones, y muchos creen que estas se originan en las experiencias o la personalidad del artista. Se equivocan. Hay un efecto pernicioso en la emoción: nubla la vista. Ahora bien, solo quienes tienen personalidad y emociones pueden liberarse de ellas. Eliot habla como un hindú cuando dice que el arte es un despojarse de la emoción, y entonces «la experiencia personal se amplía y consuma en lo impersonal». El Sí mismo está en todas las cosas (individualidad), pero todas las cosas están en el Sí mismo (incorporación al Uno). Eliot pasa dos años estudiando sánscrito en Harvard y un tercero dedicado a los Aforismos del yoga, de Patañjali. Queda en un estado de «iluminada perplejidad». Buena parte del esfuerzo por entender ese otro mundo, explicará más tarde, consiste en deshacerse de las categorías del pensamiento occidental. Por eso el conocimiento de la filosofía europea es un obstáculo. Además, la influencia védica en Schopenhauer, Hartmann y Deussen se ha dado a través del malentendido romántico. Penetrar en ese mundo supone dejar de «pensar y sentir como europeo y americano». Un paso que, por razones prácticas y sentimentales, Eliot no está dispuesto a dar. Como en el caso de Octavio Paz (otro americano europeo), el vértigo y la lealtad le obligan a hacerse a un lado. Sin embargo, las ideas de la literatura sánscrita seguirán nutriendo la poética de Eliot. El presente desnudo exige distanciarse de las propias emociones. Las emociones pertenecen al ego (al alma, si se quiere), pero el espíritu es capaz de verlas desde fuera. Esa es la médula de la enseñanza de Kṛṣṇa a Arjuna. Eliot lo sabe sin saberlo, y lo menciona en «The Dry Salvages». No se trata tan solo de actuar en cada momento sin pensar en el futuro (de buscar un presente sin deudas con el pasado), sino de que «ser consciente es no estar en el tiempo».

Son tres fragmentos del Preludio con que Juan Arnau abre Ātman, que acaba de publicar en Atalanta con el subtítulo Presencia del origen, que establece un diálogo entre la cultura oriental y la occidental en torno a la conciencia trascendente y expansiva, entre la contemplación y la creación, la identidad del yo profundo y su naturaleza esencial, la relación con el cosmos, la identificación entre la mente y la conciencia, la experiencia del tiempo y del espacio, los sueños y las intuiciones, la vinculación entre el sujeto y el objeto a través de la vía del conocimiento y la de la devoción, la meditación y el regreso al origen o la indagación del yo pensante y el yo vivencial que ha descuidado el pensamiento occidental, de Hume a Schopenhauer.

Y a partir de ese diálogo contrastivo entre la cultura oriental y la occidental a través de la filosofía y la literatura, de Kant a Borges, de la deriva occidental a la solución india, este ensayo elabora una propuesta sugerente para abrir el yo profundo y la mente a otros mundos y explorar los límites, para incorporar otras miradas a la percepción, otra sensibilidad y otra conciencia del tiempo, del espacio y de la propia identidad. Porque, concluye Juan Arnau,

la seducción entre Oriente y Occidente sigue siendo un tema fascinante. No se trata de un asunto de persuasión intelectual. Las diferencias van mucho más allá de lo lingüístico y lo discursivo. Una buena opción, en estos casos, es ofrecer las dos caras de un problema en lugar de resolverlo. Asumir la ambigüedad. Ese compromiso es preferible al dogmatismo científico o filosófico. En el mejor de los casos, la solución india podrá ser asumida por individuos aislados, porque la sociedad occidental se traicionaría a sí misma si la adoptara. Sería una falta de cortesía con el universo, con la localidad de los dioses. 
Mientras esbozo estas líneas finales, hago una lista mental de cosas irrenunciables de nuestra cultura: los presocráticos, la Academia de Platón, la música sinfónica, la literatura rusa, la pintura y escultura del Barroco, el Siglo de Oro, el empirismo británico, el expresionismo alemán, el cine americano de los años cincuenta, la luz del Mediterráneo… Me detengo. La lista es interminable. Todo ello no impide que incorporemos a nuestras vidas elementos de la cultura mental hindú, del antiguo ideal brahmánico, de su búsqueda radical de lo absoluto. Todos ellos no pueden sino despertar nuestra más profunda admiración.

Santos Domínguez