09 noviembre 2008

Empédocles y la tradición pitagórica


Peter Kingsley.
Filosofía antigua, misterios y magia.
Empédocles y la tradición pitagórica.
Traducción de Alejandro Coroleu.
Atalanta. Gerona, 2008.


Peter Kingsley, doctor en Filosofía, ha centrado su labor investigadora en estudios clásicos, antropología, filosofía y antiguas civilizaciones. Una de sus obras, En los oscuros lugares del saber, la dio a conocer en español Atalanta en 2006.

Empédocles y su relación con el pitagorismo es el objeto de este nuevo libro de Kingsley que acaba de incorporar Atalanta a su catálogo con traducción de Alejandro Coroleu. Un libro que apareció originalmente en 1995 y que su autor organiza en tres partes, Filosofía, Misterios y Magia.

En la introducción Kingsley fija el punto de partida de su interés por la figura de Empédocles, el filósofo griego errante que nació en Sicilia en el siglo V a.C., uno de los pensadores más influyentes en la génesis de la cultura occidental:

Aunque abarque un ámbito espacial y temporal muy amplio, este libro toma como punto de partida a un hombre que vivió hace más de dos mil años. Un hombre llamado Empédocles.

Empédocles nació probablemente a principios del siglo V antes de Cristo. Aunque procedía de la colonia griega de Acragante -la moderna Agrigento-, en la costa sudoccidental de Sicilia, buena parte de su vida parece haber transcurrido de modo errante, tal como correspondía en el mundo del Mediterráneo y del Próximo Oriente antiguos a «videntes» como él. La fecha, el lugar y las circunstancias de la muerte de Empédocles nos son, en cambio, desconocidas. Pese a ello, ese mismo hombre, cuya vida constituye todavía un misterio para nosotros, estaba destinado a desempeñar un papel sin par a la hora de sembrar la semilla de la evolución posterior de la cultura occidental. Formulada de acuerdo con patrones intelectuales posteriores dados a definir y clasificar diferentes campos de interés y ramas de conocimiento, la influencia de Empédocles se dejó sentir en la filosofía, la retórica, la medicina, la química, la biología, la astronomía, la cosmología, la psicología, el misticismo y la religión. La teoría de los cuatro elementos, enormemente influyente y que Empédocles fue el primero en exponer en la literatura occidental, no es sino un ejemplo muy claro de dicha impronta.

Tomando como punto de partida los cuatro elementos raíces que aparecen en los textos de Empédocles y la sorprendente identificación de Hades con el fuego, Kingsley aborda la relación del filósofo presocrático con el pitagorismo y su influencia en los mitos platónicos. Es la primera parte (Filosofía) de un estudio que intenta superar los malentendidos e interpreta los fragmentos empedocleos a la luz de la filosofía de su época:

El libro que el lector tiene en sus manos quiere demostrar cómo el mayor obstáculo para una correcta comprensión de Empédocles no ha sido (como frecuentementese afirma) el carácter fragmentario de sus escritos, sino un acercamiento erróneo a dicho corpus textual.

El de Empédocles es un pensamiento que tiene poco que ver con la tradición canónica de la filosofía griega. Su mundo es el de la poesía, la leyenda y el esoterismo. Por eso, la triple relación filosofía-mito-magia es la clave desde la que Kingsley propone una reinterpretación de Empédocles, cuya obra ha sido tergiversada por el pensamiento racionalista aristotélico:

Aristóteles y la escuela aristotélica no sólo incurrieron en la malinterpretación de los postulados básicos del pensamiento presocrático, sino que también abusaron, de manera sistemática, del malentendido y la tergiversación para silenciar así las aportaciones de sus predecesores. En otras palabras, Aristóteles y Teofrasto no resultan ser en absoluto guías infalibles para nuestra interpretación de los presocráticos. De hecho, cuanto más nos remontamos a las corrientes de la «tradición antigua», con mayor nitidez advertimos su parcialidad, prejuicios y su más absoluta mala voluntad.

La segunda parte del libro, Misterios, que arranca de una introducción a Sicilia, tierra de volcanes, analiza la geografía, fuentes y estructura del Fedón platónico, la topografía de los infiernos y su relación con lo órfico, destaca que Empédocles y los pitagóricos hablaron del fuego en el centro de la tierra mucho antes que Aristóteles.

Magias, la tercera sección, aborda las relaciones entre magia, ciencia y religión en la antigüedad y fija la línea de pensamiento que arranca de Empédocles y la tradición pitagórica para llegar hasta el sur de Egipto y el Islam y rastrea la continuidad de la filosofía griega, las teorías alquímicas, el sufismo y la mística medieval.

Kingsley realiza en esta parte una espléndida aproximación a las tradiciones que hablan de Empédocles como un mago con poderes sobre el viento y la lluvia, de su capacidad nigromántica para conseguir que alguien regrese del mundo de los muertos en el ámbito de los cultos mistéricos y los rituales órficos.

Quizá las mejores páginas del libro sean las de esta tercera parte, en la que se hace un análisis de las tradiciones y leyendas sobre la muerte de Empédocles y su salto al fondo del Etna. La simbología mágica y ocultista de la sandalia de bronce - el metal de los muertos y los infiernos- vincula entre otros datos el episodio de la muerte de Empédocles con las tradiciones esotéricas de la Italia meridional y particularmente de Sicilia.

No es la única aportación de este documentado ensayo, que plantea la necesidad de revisar las interpretaciones del pensamiento de Empédocles, de hacer una relectura de los fragmentos a la luz de su contexto histórico, lo que permitiría una nueva interpretación de los presocráticos que a su vez servirá para mostrarnos cuánto podemos todavía aprender acerca no sólo de Empédocles, sino también de la tradición pitagórica y el trasfondo de los mitos platónicos.

Luis E. Aldave

08 noviembre 2008

Obra Completa en verso de Muñoz Rojas



José Antonio Muñoz Rojas
La alacena olvidada.
Obra Completa en verso.
Estudio y edición de Clara Martínez Mesa

Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales.
Pre-Textos. Valencia, 2008.



Como un puente tendido sobre el abismo definió Luis Rosales la poesía de José Antonio Muñoz Rojas (Antequera, 1909).

Para celebrar los 99 años de este magnífico poeta, un clásico contemporáneo y discreto, Pre-Textos y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales publican La alacena olvidada, un volumen que reúne su Obra Completa en verso, autorizada y revisada minuciosamente por el autor.

La edición y el estudio inicial son de Clara Martínez Mesa, que se ha ocupado por extenso de la organización y el estudio de la poesía de Muñoz Rojas en su reciente tesis doctoral, leída en la Universidad de Granada.

Como resultado de años de trabajo y revisión de los archivos de Muñoz Rojas, además de sus libros de poesía, entre Versos de retorno (1929) y La voz que me llama (2005), se incorporan en esta edición varios textos inéditos y otros poemas sueltos, aislados y olvidados que aparecieron en revistas o en publicaciones de difícil acceso.

A lo largo de ochenta años de actividad literaria, Muñoz Rojas ha ido construyendo una obra caracterizada por la variedad de temas y de registros estilísticos: la poesía religiosa, los sonetos de amor, la melancolía y la contemplación de la naturaleza, la reflexión metafísica y metapoética en una constante interrelación de vida y escritura, lo que le da a su obra un característico tono confesional.

Como Miguel Hernández, y más claramente que otros miembros del grupo del 36, Muñoz Rojas ocupa un lugar de transición entre el 27 y la poesía arraigada de la posguerra. Hay en sus primeros libros algo de epigonal: en el toque lorquiano de los Versos de retorno, en el juego de neopopularismo y ultraísmo de Ardiente jinete y Canciones, en la influencia de Aleixandre y Góngora.

Ya en la posguerra vino la colaboración con la revista Escorial, la poesía arraigada de Al dulce son de Dios y la sonetería inevitable y apócrifa de los Sonetos de amor por un autor indiferente.

A partir de Abril del alma y de Consolaciones, Muñoz Rojas, traductor -es decir, lector privilegiado- de los metafísicos ingleses, de Wordsworth, Eliot o Dylan Thomas, empieza a levantar una obra de voz personal, en la que se funden lo coloquial con lo metafísico, el lirismo y la meditación, lo tradicional y lo moderno, lo humorístico con lo religioso para expresarse desde una palabra sobria en su levedad estilística, en su aparente naturalidad.

El campo, el mes de abril, Rosa, la Alhajuela son algunos de los cimientos de su mundo poético y el objeto de una contemplación de la realidad exterior y del complejo mundo interior de los sentimientos o los recuerdos.

Con los Cantos a Rosa, una de sus obras más conocidas, culmina lo que Muñoz Rojas ha denominado su etapa optimista, que quizá tenga una continuidad en el excelente Lugares del corazón.

Luego, la perplejidad, el desengaño de Oscuridad adentro, Objetos perdidos o La voz que me llama, en los que el mundo es misterio y fascinación, una mezcla de luz y sombra y la poesía es salvación del presente que cristaliza en la revelación de la belleza, en unos textos que tras su aparente sencillez admiten varios niveles de lectura, en la búsqueda de la palabra verdadera y de la autenticidad poética:

Jugando con palabras siempre estoy
sin saber dónde terminan por llevarme,
sabiendo que son nada y en nada quedan
salvo que la verdad, que es suya, las pronuncie.

Como si Soto de Rojas hubiera leído a Keats, hay en Muñoz Rojas un sentimiento del paisaje que enlaza con la poesía barroca granadina y antequerana, como en esta Elegía de La Alhajuela, de La voz que me llama:

y el ruiseñor en la breña, y el culantro
que huele todavía en el agua corriendo.


Con la poesía de Muñoz Rojas se inició la espléndida colección de poesía Ciudad del Paraíso, que publica el Ayuntamiento de Málaga. Era la primera recopilación seria, editada y prologada por Cristóbal Cuevas, de la obra de un clásico contemporáneo entre 1929 y 1980, es decir, hasta Oscuridad adentro. Con ese libro empezó a rescatarse su obra, a sacar del olvido el abundante material inédito que Muñoz Rojas no había publicado.

Y ahora, con La alacena olvidada, el primer volumen de la nueva colección Clásicos contemporáneos, culmina el proceso de edición y recuperación de la obra de Muñoz Rojas por parte de Pre-Textos de la mano de Manuel Borrás y Manuel Ramírez. Es la primera parte de la edición de su obra completa, a la que seguirá un segundo tomo con libros de prosa tan destilada como la de Las cosas del campo, Las musarañas o Las sombras.

Santos Domínguez


07 noviembre 2008

Abadía Pesadilla


Thomas Love Peacock.
Abadía Pesadilla.
Prólogo de Carlos Pardo.
Traducción de María Cuenca Ramón.
El olivo azul. Córdoba, 2008.


Una noche en la sátira titula Carlos Pardo el prólogo que ha escrito para Abadía Pesadilla, el antimanual satírico del Romanticismo que publica El olivo azul con traducción de María Cuenca.

Abadía Pesadilla es una parodia en clave de los temas y los autores de aquel movimiento que inauguró la sensibilidad contemporánea. Se pasean por su páginas, no siempre bien tratados, Percy y Mary Shelley, Byron y Coleridge, Wordsworth y el mismo Peacock, apenas encubiertos bajo nombres grotescos, como Lugubrino o Ceñudo, Marionetta Languídez, Hilarántez o Terríblez.

Se reúnen en una mansión en ruinas para recitarse poemas, para practicar ensoñaciones evasivas y viajes imaginarios a Grecia, para protagonizar un enredo amoroso en torno a las jóvenes Celinda y Marionetta.

Lo pintoresco, las ruinas, las desgracias amorosas y la desilusión sentimental, el culto a los muertos, las abadías medievales, los fantasmas y las calaveras, los pájaros nocturnos, la exaltación libertaria, la nostalgia de los oscuros tiempos feudales idealizados, lo exótico y los impulsos suicidas que constituyeron el universo temático del imaginario romántico son el objeto de la ironía de Peacock, uno de esos raros escritores capaces de reírse de sí mismos.

Con la literatura epistolar y Las penas del joven Werther al fondo, entre la mística y la nigromancia, con citas integradas en el texto y diálogos teatrales de tono exaltado y retórica hueca, Abadía Pesadilla es una autocrítica ingeniosa, una incursión en el tópico y una ridiculización del exceso gesticulador, la fantasmagoría y las grandes palabras en las que acabó embarrándose aquel movimiento radical y renovador:

- ¿Qué son los pantanos comparados con el amor?, ¿qué son los diques y los molinos comparados con Marionetta?, dice Lugubrino/Shelley.
- ¿Y qué es el amor, hijo, comparado con un molino?, le contesta su padre, Don Cristóbal Ceñudo.

Santos Domínguez

05 noviembre 2008

Autobiografía de un novelista


Philip Roth.
Los hechos.
Autobiografía de un novelista.

Traducción de Ramón Buenaventura.
Seix Barral. Barcelona, 2008.


Los hechos nunca se limitan a sucederle a uno, sino que los va incorporando la imaginación, fruto de las experiencias previas. Los recuerdos del pasado no son recuerdos de los hechos, sino recuerdos de tu imaginación de los hechos.

En 1988, cuando salía de una depresión que le puso al borde de la disolución física y mental, Philip Roth publicaba The Facts: A Novelist’s Autobiography, que acaba de editar Seix Barral en su Biblioteca Philip Roth con traducción de Ramón Buenaventura.

Enmarcada entre el preámbulo de una carta dirigida a Zuckerman, su alter ego novelístico, y otra carta de Zuckerman que es una respuesta demoledora a la versión de los hechos, la autobiografía de Roth es menos una reflexión que la purga rigurosa de su corazón y un ajuste de cuentas con su pasado:

La persona a quien he pretendido hacerme visible aquí es, sobre todo, yo mismo.


Y esa revisión pasa por una serie de relaciones y hechos decisivos: la infancia en los años cuarenta, marcada por la figura del padre, la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, la adolescencia en el instituto y el barrio de Newark; los años cincuenta y su paso por la universidad de Bucknell, su formación lectora y su admiración por Salinger, Capote o Saul Bellow, sus clandestinidades sexuales, su relación tormentosa con aquella Josie divorciada e irascible, delirante por dentro y rubia por fuera, la realidad conflictiva de un judío estadounidense acosado por otros judíos que lo consideraban un traidor...

No hace falta seguir. Más que del relato de esos hechos de lo que se trata en esta autobiografía es de fijar las claves vitales de la literatura de Roth, de explicar la génesis de muchos episodios novelados en El mal de Portnoy, La contravida o en Mi vida como hombre.

Los adictos a Philip Roth y a su literatura, que son muchos, celebrarán este juego de espejos en el que el autor se confunde con Zuckerman en la autocrítica feroz de la carta final del personaje a su autor:

No lo publiques; te sale mucho mejor escribir sobre mí que informar “escrupulosamente” sobre tu propia vida.


Santos Domínguez

03 noviembre 2008

Vacío perfecto


Stanislaw Lem.
Vacío perfecto.
Biblioteca del siglo XXI.
Traducción de Jadwiga Maurizio.
Introducción de Andrés Ibáñez.
Impedimenta. Madrid, 2008.

Es casi un tópico decir que se escriben aquellos libros que a uno le gustaría leer. Creo que era Juan Rulfo quien declaraba que escribió Pedro Páramo porque la tarde que lo quiso leer no lo encontró en las estanterías de su biblioteca.

Lo que hace Stanislaw Lem en Vacío perfecto es algo parecido, aunque de alcance más limitado: escribir una colección de quince reseñas de libros imaginarios que adquieren consistencia en este volumen que publica Impedimenta con traducción de Jadwiga Maurizio e introducción de Andrés Ibáñez.

Se trata de un espléndido experimento literario en el que el autor polaco, gemelo aquí de Borges, pasa revista a quince obras que no se han escrito, pero que toman carta de naturaleza cuando se reseñan y se analizan hasta en los más intrincados detalles.

Como un espejo dentro del espejo, la colección se abre con una reseña de Vacío perfecto en la que Lem se mira a sí mismo con distancia crítica:

"La crítica de libros inexistentes no es una invención de Lem. Encontramos intentos parecidos no sólo en un escritor contemporáneo como J. L. Borges (por ejemplo, Examen de la obra de Herbert Quain, en el tomo Ficciones), sino en otros mucho más antiguos, y ni siquiera Rabelais fue el primero en poner en práctica esa idea. Sin embargo, Vacío perfecto constituye una especie de curiosum, por cuanto la intención del autor es presentarnos toda una antología de esta clase de críticas. ¿Cuál fue su propósito? ¿El de sistematizar la pedantería o la broma?"

En esa reseña inicial que funciona como prólogo y como declaración de intenciones, el imaginario crítico que la escribe, con un criterio que lo pone en desacuerdo con el propio Lem, divide los textos en tres grupos:

-Parodias, pastiches y burlas, como Les Robinsenades, sobre la vida social de Robinson en una isla atestada de gente; Gigamesh, una parodia de Joyce y de la epopeya de Gilgamesh, o Sexplosion,
sobre los efectos del Nosex.

-Apuntes y borradores de novelas embrionarias, como Gruppenführer Louis XVI o Idiota.

-Los libros imaginarios cercanos a la ciencia ficción o a la argumentación científica, como La Nueva Cosmogonía o La cultura como error.

Vacío perfecto
es un libro que contiene muchos libros y muchos puntos de vista. Es una parodia, pero también una celebración de la imaginación creadora. Tiene mucho de burla metaliteraria, pero también es una proyección -irónica y distante en ocasiones, melancólica y seria en otras- de las preocupaciones ideológicas y vitales de Lem. Y con ese peso de la nostalgia, es también un libro sobre los sueños inalcanzables y sobre la imposibilidad del deseo.

Un libro en el que hay explosiones de humor como esta:

"Joachim Fersengeld es un alemán que ha escrito su Perycalypsis en holandés (lengua que conoce muy poco, como él mismo confiesa en el prólogo) y la ha publicado en Francia, país conocido por lo descuidado de las correcciones. El que escribe estas líneas tampoco está muy ducho en holandés; pero, orientado por el título del libro, la introducción inglesa y lo poco que pudo deducir del texto, se considera apto para llevar a cabo su crítica."

Es la primera entrega de la Biblioteca del Siglo XXI de Lem. A Vacío perfecto le seguirán Magnitud imaginaria, otra colección de reseñas sobre libros imaginarios, y Golem XIV, un trasgresor tratado sobre la inteligencia artificial que se editará por primera vez en castellano.

Santos Domínguez

01 noviembre 2008

La roca


Wallace Stevens.
La roca.
Traducción de Daniel Aguirre.
Lumen. Barcelona, 2008.



En edición bilingüe y con traducción de Daniel Aguirre, Lumen publica La roca, la última entrega poética de Wallace Stevens (1879-1955), en la misma colección en que aparecieron hace seis años sus Aforismos completos.

Poeta de estirpe lucreciana, como Shelley y Whitman, Wallace Stevens se ha ido consolidando entre la crítica y los lectores como el más importante de los poetas norteamericanos del siglo XX, por encima incluso de Pound o Eliot.

Maestro del matiz, irracionalista y visionario, su vida transcurrió en Hartford, en el nordeste industrial, donde ejerció de agente de seguros para el ganado. Entroncado con el Romanticismo inglés, con el Simbolismo francés y con la pintura impresionista y cubista, fue un poeta que fundió lo universal y lo local, la palabra y la mirada, lo concreto y lo abstracto, lo sensorial y lo intelectual para hacer visible lo oculto y ocultar lo visible, para descubrir que el mundo es más amplio en verano o que sin duda vivimos más allá de nosotros mismos en el aire.

Su poesía abstracta (lo que él llamaba el poema de la mente), influida por sus lecturas filosóficas y por sus intereses plásticos, es la expresión de las relaciones entre el hombre y el mundo, de un acuerdo con la realidad del que surge la visión del paisaje, la verdad poética. Lo explicó Wallace Stevens en los ensayos que dedicó a reflexionar sobre la poesía.

Insiste en ello en uno de los poemas más intensos del libro, Largos y tardos versos:

Qué poco importa, pasados con mucho
los setenta, dónde uno mire, uno ya ha estado allá.

(...)

Vagabundo, esta es la prehistoria de febrero.
La vida del poema en la mente aún no ha comenzado.

Aún no habías nacido cuando los árboles eran cristal
ni has nacido ahora, en esta vigilia dentro de un sueño.

En La roca, que se publica por primera vez íntegro en castellano, reunió sus últimos poemas, intensos y otoñales, unos poemas casi póstumos, escritos con una mirada que se sitúa más en la otra orilla (vigilia dentro de un sueño) que en esta para transmitir una imagen del mundo como meditación y como realidad imaginada, como descubrimiento de la realidad revelada en el poema:

cuando los establecimientos
de viento y luz y nube
esperan que alguien llegue,

algún lector del texto,
algún lector sin cuerpo
que lea silenciosamente

Santos Domínguez

31 octubre 2008

Maneras de no leer



Pierre Bayard.
Cómo hablar de los libros que no se han leído.
Traducción Albert Galvany.
Anagrama. Barcelona, 2008.


Jamás leo los libros que debo criticar, para no sufrir su influencia.

Con un título tan provocador como esa cita de Wilde que lo encabeza, Cómo hablar de los libros que no se han leído, el libro de Pierre Bayard que publica Anagrama, es una parodia de manual de autoayuda, un elogio irónico de la impostura y sobre todo una aguda aproximación a la actividad lectora.

Wilde recomendaba seis minutos como tiempo máximo para leer un libro antes de comentarlo y la práctica de la reseña como la forma más adecuada para hablar de uno mismo. No es el único ejemplo. El bibliotecario de El hombre sin atributos de Robert Musil explicaba su estrategia para controlar los miles de volúmenes de la biblioteca: ¿Desea saber cómo me las arreglo para conocer todos los libros? Se lo puedo comunicar ahora mismo: ¡no leyendo ninguno!

Porque la cultura, añade el bibliotecario, es una cuestión de orientación que depende de la mirada sobre el conjunto, no se trataría de leer libros sino de entender el lugar que ocupan en el panorama de la cultura.

Dado que imparto clases de literatura en la universidad, me es imposible escapar a la obligación de comentar libros que la mayoría de las veces ni siquiera he abierto.

Para orientarse en esa terra incognita, el mapa que diseña Bayard plantea diversas maneras de no leer. Y a cada una de ellas se alude con un conjunto nuevo de abreviaturas eruditas que acompañan a op. cit. e ibid.: LD: libros desconocidos, como los del bibliotecario de Musil; LH: libros hojeados, con Valéry como modelo; LE: libros evocados, de los que se ha oído hablar, como el códice aristotélico que descubre Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa; LO: libros olvidados, como los que lamenta Montaigne. Eso no debería evitar sin embargo un juicio no fundamentado que se movería entre la opinión positiva o muy positiva (+/++), negativa o muy negativa (-/--).

En función de las distintas situaciones de discurso (en la vida mundana, frente a un profesor, ante el escritor o con el ser amado) se proponen las estrategias adecuadas para acabar aconsejando las conductas que conviene adoptar: no tener vergüenza, imponer las ideas propias, inventar los libros como el gato de la novela de Sosêki o hablar de uno mismo como lo hacía Wilde.

Alguien que no es Bayard, profesor de literatura francesa en la Universidad de París VIII y psicoanalista, explica en el prólogo que nació en un ambiente en que se leía poco, que él mismo no tiene ningún aprecio por la lectura y que, de todos modos, tampoco tiene tiempo para ello.
Aprender a hablar de libros no leídos - explica en el epílogo- es ya una primera forma de encuentro con las exigencias de la creación.

Evitaré la broma fácil de decir que no he leído el libro. No es verdad. Y es que como libro de autoayuda, el tomo es un timo. Para poder hablar de él he tenido que leerlo. No me arrepiento. La diversión ha sido constante.

Está ocasionando ya reacciones escandalizadas entre quienes, además de carecer de sentido del humor, hablan del libro sin haberlo leído, claro está.

Ellos se lo pierden.
Santos Domínguez

29 octubre 2008

La palabra quebrada


Martín Cerda.
La palabra quebrada. Ensayo sobre el ensayo .
Introducción de Andrés Fisher
In/mediaciones. Editorial Veintisiete Letras. Madrid, 2008.


Prácticamente a la vez que en Chile aparece un tercer volumen recopilatorio de sus artículos- su papelería dispersa- la Editorial Veintisiete Letras publica por primera vez en España un libro del ensayista chileno Martín Cerda (1930-1991).

La palabra quebrada es un ensayo sobre el ensayo, una poética de ese género fragmentario y un recorrido por su evolución histórica desde Montaigne hasta la contemporaneidad. Se publicó en 1982 y es una lúcida reflexión sobre ese género interrogativo, el mejor cauce para la indagación de la realidad desde la libertad del pensamiento.

Y es que, como señala Martín Cerda, “desde Montaigne, en verdad, el ensayista no ha hecho otra cosa que (re)comenzar un libro imposible, donde lo esencial es siempre la pregunta, el gesto interrogante, la búsqueda, la brazada del náufrago.”

Teoría y práctica, deberíamos añadir, porque se ensaya sobre el ensayo con los instrumentos propios del género, con la capacidad interrogativa y el fragmentarismo característicos del ensayo que Martín Cerda cultivó durante toda su vida:

Escribir sobre el ensayo exige siempre escribir ensayísticamente, es decir, de manera fragmentada, discontinua y exploratoria.

A su muerte dejó escritos sólo dos libros. La Casa de Huéspedes del Instituto de la Patagonia, en Punta Arenas, donde residía y trabajaba, sufrió un incendio que destruyó su biblioteca personal y el material preparatorio de tres libros que tenía casi ultimados. La pérdida de varios años de trabajo le ocasionó una desolación insuperable y una enfermedad cardiaca que lo llevó a la tumba.

Entre los ensayos que destruyó el fuego uno estaba dedicado a Montaigne y otro a Barthes, dos referentes, junto con Ortega, Sartre, Lukacs, Benjamin o Adorno, de la sólida formación intelectual de Martín Cerda. Unos referentes que recorren las páginas de La palabra quebrada, que alude en su título a la discontinuidad de lo fragmentario y se organiza en cuatro partes. La teoría del ensayo, la historia de su evolución, la casa como espacio de la escritura y la lectura y las variantes del discurso autobiográfico son los ejes de cada una de ellas.

Sus páginas son una reivindicación del pensamiento disidente hecha por quien fue antes que nada un lector atento y constante del pensamiento contemporáneo, un difusor del ensayo europeo en Chile y finalmente, como escribe el propio Martín Cerda en el epílogo de La palabra quebrada, “un hombre a la intemperie, perdido entre los escombros de un mundo histórico y los restos de una visión arrogante de sí mismo.”


Santos Domínguez

28 octubre 2008

Reyes Mate. La herencia del olvido



Reyes Mate.
La herencia del olvido.
Ensayos en torno a la razón compasiva.
Prefacio de Catherine Charlier.
Errata naturae. Madrid 2008.



Adentrarse en la lectura de los diez ensayos recogidos en La herencia del olvido, que publica Errata naturae, no es una tarea exenta de riesgos. Uno de ellos no es, desde luego, el que pueda provenir de la dificultad de su lectura sino todo lo contrario. Aunque la escritura del autor es siempre densa, y más en estos ensayos en los que está contenido, para quien lo conoce, gran parte del pensamiento de Reyes Mate, el placer de la lectura está asegurado. Su estilo tiene la claridad que, como cortesía del filósofo, preconizaba Ortega y Gasset. La brillantez del autor y su capacidad para transmitir su convicción y su implicación personal en las ideas que defiende pueden ser fascinantes.

El riesgo no proviene por tanto de la dificultad de la lectura sino de todo lo contrario. Llevados por una argumentación tan convincente, y fascinados por un autor cuya trayectoria vital es absolutamente coherente con su obra, podemos tardar en darnos cuenta de que se nos va a terminar llevando a plantearnos cuestiones, como el papel de Dios o la religión, que sólo parecen estar de moda en nuestros días entre los cultivadores del pensamiento fundamentalista. Un posible lector, no advertido, que esté instalado cómodamente en su laicidad, y no digamos si forma parte del denostado laicismo excluyente, experimentará según progrese en la lectura de La herencia del olvido sucesivos sobresaltos. El autor, pese a ser persona tolerante, e incluso experto en tolerancia, no está dispuesto a tolerar una lectura curiosa o indiferente. Sólo permite una lectura comprometida. El riesgo en el que incurrimos, por tanto, es el de tener que pensar.

De los diez ensayos que integran la obra, son los siete postreros los que recogen el pensamiento fuerte del autor dado que los tres primeros están dedicados a relatar su experiencia iberoamericana, una experiencia que dada la profesión del autor es una experiencia filosófica. Su lectura bien merece la pena no sólo por lo que tienen de entrañables recuerdos personales sino porque al aparecer la memoria de la América precolombina y de la conquista con su carga de atrocidades y olvido ofrecen los primeros atisbos de cómo en el pensamiento de Reyes Mate están siempre presentes "los olvidados" de antes, y los de ahora como los que dan título a la película de Buñuel, pensamiento que se desarrolla en profundidad en los siete ensayos siguientes.

En estos tiempos en que se trata de recobrar la memoria de unos muertos en un tiempo y en un espacio tan delimitados como el de la guerra y la posguerra civil española, se nos propone un programa tan ambicioso que puede llegar a ser estremecedor. La memoria que hay que recobrar es la de todos los vencidos de la historia. El sufrimiento infinito de tanto inocente debe pesar sobre nuestras espaldas y obligarnos a preguntarnos por su razón.

El sufrimiento de los vencidos no pertenece sólo a una historia lejana. El sufrimiento de tanto inocente queda bien escenificado en el siglo XX, y adquiere con el exterminio del pueblo judío un carácter tan atroz que obliga a preguntarse por la razón de tanto sufrimiento, y sobre todo qué hacer con él salvo que se opte por encogerse de hombros y pasar página.

Y es en este punto del relato cuando el posible lector, que hasta aquí no había cuestionado los valores de la ilustración, la razón y el progreso en los que probablemente se ha educado, y que se declara laico y por tanto partidario de que la religión se desenvuelva en el ámbito privado, experimentará el primer sobresalto.

Reyes Mate, y con él un grupo, nada desdeñable en cantidad y calidad, de filósofos y escritores que ha reflexionado sobre el totalitarismo nazi, el antisemitismo y los campos de exterminio, muchas veces desde su experiencia personal, coinciden no sólo en la crítica a la ilustración sino que la hacen responsable directa o indirectamente del fracaso que para la humanidad representa el genocidio. Y al hilo de la argumentación que sustenta esas afirmaciones el lector es invitado “a repensar a la laicidad”, dado que “en Auschwitz se hace visible la laicidad”, para a continuación enfrentarle con temas que ponen en relación " fascismo y ajusticiamiento de Dios", "Auschwitz y la fragilidad de Dios", o tratan "del lugar de la religión hoy" o en los que se habla de "redención" o "mesianismo"

Decir que los planteamientos citados son sugerentes sería casi una frivolidad. Son planteamientos que exigen una respuesta comprometida en el acuerdo o en el desacuerdo. Negarse a dialogar con Reyes Mate al compás de la lectura de sus ensayos es negarse a hablar de los condenados de la tierra. En cualquier caso un punto de acuerdo es siempre posible. La razón compasiva en torno a la que giran estos ensayos puede muy bien tener raíces cristianas pero ha podido ser asumida comprometidamente por lo mejor de una izquierda que no ha renunciado a ser laica y progresista.

José Torreblanca

27 octubre 2008

El país del miedo


Isaac Rosa.
El país del miedo.
Seix Barral. Barcelona, 2008.



En un artículo que publicó en la prensa en 2005, denunciaba Isaac Rosa el alejamiento de la sociedad por parte de una narrativa evasiva que había renegado del realismo:

Predomina una narrativa acomodaticia, miope, desentendida de los problemas (que existen, aunque no sean nombrados), y donde las pocas muestras de realismo derivan en un flojo costumbrismo, inofensivo. La responsabilidad del autor se considera algo obsoleto, y el compromiso suele ser una etiqueta comercial antes que una actitud. Al parecer los lectores son mayoritariamente de clase media o clase alta, y los autores les ahorran saber no sólo acerca de los problemas de las clases inferiores, sino también los de su propio grupo social.
Si alguna vez se consideró que la literatura tenía un valor de representación de su tiempo, eso quedó atrás. Dentro de varios siglos, un historiador, un arqueólogo, podrá hacerse una idea aproximada de los conflictos, intereses y actitudes del siglo XIX a través de un buen número de novelas de su tiempo. Sin embargo, poco podrá saberse sobre la realidad de nuestro tiempo a través de unas obras que presentan una visión dulcificada, aproblemática de nuestra convivencia.

Bien lejos de esa posición estética e ideológica, Isaac Rosa ha dado muestras de su compromiso con la realidad en La malamemoria, El vano ayer y Otra maldita novela sobre la guerra civil.

Como en las pesadillas infantiles, como en los cuentos, Carlos, el protagonista de El país del miedo, que publica Seix Barral, tiene miedo. ¿A qué, a quién? A las noches, ya hemos visto.

A las noches, como los niños, y a muchas más cosas. La novela es un catálogo de los miedos y sus lugares, un mapa de terrores y peligros. El miedo al otro y a lo otro, al inmigrante y al pobre, al que es distinto, al joven, a las armas, al mundo exterior, a sus fantasmas.

Es un miedo contagioso, una enfermedad que se transmite, una sensación que se aprende. El miedo del triángulo familiar Carlos-Sara-Pablo (los padres y el adolescente acosado en el instituto) los paraliza y los hace ciudadanos dóciles e infantiles.

El miedo, en su dimensión individual y colectiva, en sus formas domésticas y en sus manifestaciones sociales, el miedo ante el peligro real o imaginario, es una patología de la sociedad actual, el resultado del diseño perverso de una construcción política, de una ingeniería del poder que provoca efectos de dependencia y necesidad de protección y un retraimiento enfermizo:

En cuanto a la calle, apenas la pisan, y se excusan en el frío para moverse en automóvil, del garaje de casa al garaje del centro comercial.

Como en sus novelas anteriores, Isaac Rosa combina un doble enfoque en El país del miedo: la narración y la reflexión se van alternando en secuencias que abordan lo sicológico y lo social, lo individual y lo colectivo, la acción externa y la introspección para hacer un análisis de los miedos contemporáneos, generados o amplificados por los medios de comunicación, interiorizados por los personajes en una espiral de miedos asumidos que se alimentan de su misma materia, de más miedos, de otros miedos.

El país del miedo es además de una buena novela (de terror y sobre el terror) una alegoría, una denuncia moral y el diagnóstico lúcido de una sociedad enferma, de una dictadura global. La terapia no es tarea de la literatura, sino del ejercicio de la ciudadanía: un hombre asustado es un hombre inseguro, un ciudadano controlado que ha renunciado a ejercer como tal.

Pocos autores – escribía Isaac Rosa en el discurso de aceptación del Premio Rómulo Gallegos- tienen el coraje de acercarse lo suficiente a la realidad como para iniciar una colaboración con ella.

Él, evidentemente, es uno de esos pocos autores comprometidos con la función ética y política de la novela.

Santos Domínguez

25 octubre 2008

Poesía completa de Sylvia Plath


Sylvia Plath.
Poesía completa.
Edición de Ted Hughes.
Traducción y notas de Xoán Abeleira.
Bartleby Editores. Madrid, 2008


La luna no tiene por qué entristecerse.
Está acostumbrada a ver este tipo de cosas.

Oculta bajo su capuchón de hueso,
Arrastrando sus vestiduras crepitantes y negras.

Así termina Límite, el último texto que escribió Sylvia Plath (1932-1963). Es un poema fechado el 5 de febrero de 1963, seis días antes de suicidarse. Con él se cierra la edición de la Poesía completa de Sylvia Plath, que publica por primera vez en español Bartleby Editores con traducción y notas de Xoán Abeleira.

El amplio volumen, en edición bilingüe y espléndidamente anotado, tiene como base la edición que Ted Hughes, el marido de Sylvia Plath, publicó en el volumen Collected Poems en 1981, de la que se reproduce también el prólogo original.

La poesía completa de Sylvia Plath recoge una secuencia numerada de 224 poemas escritos entre 1956 y 1963 y añade en apéndice una selección de otros cincuenta textos anteriores a la fecha inicial, lo que dibuja en definitiva una evolución que atraviesa tres fases creativas:

Una etapa inicial, hasta finales de 1955, con los poemas de la adolescencia formativa. Una segunda fase, entre 1956 -el año de su boda con Ted Hughes- y 1960, en la que Sylvia Plath empieza a encontrar un universo temático propio y una voz personal. En esta fase, naturalmente, junto con los restos residuales de la primera época aparecen tanteos que anticipan su obra más importante, la que desde 1960 y hasta su muerte elabora las versiones corregidas definitivamente de sus textos.

Unos textos que, más allá de su mero valor confesional, adquieren una transcendencia que está por encima de las limitaciones temporales, geográficas o individuales para conectar con el lector en un lugar del sentimiento, de la inteligencia o de la vida. En un lugar hondo y secreto, como estos poemas en los que se desnudó una persona que de alguna oscura manera revive en carne propia la figura dramática y atormentada de Medea y tiene mucho que ver con sus lectores, que por eso la seguimos viendo como a una joven a la vez frágil y fuerte y leyéndola con emoción.

Marcada por la fractura de la infancia que supuso la muerte de su padre y por la separación de Ted Hughes, murió con treinta años y con una madurez creativa sorprendente para su edad. Y aunque había llegado al límite de su resistencia, estaba lejos de llegar al límite de sus posibilidades poéticas.

La poesía de Sylvia Plath es una conversación entre las ruinas que está atravesada por el tema de la muerte y por la afirmación de la propia identidad. Confesional y visionaria, transciende su propia experiencia biográfica para ir más allá de la anécdota personal y dar carácter universal a lo que escribe, a su poesía interrogativa y desolada frente a un paisaje sombrío y amenazador.

Y es que, como señala Xoán Abeleira en su irónica y apasionada nota introductoria sobre Sylvia Plath y su leyenda, su poesía está muy por encima de su mito. Cuando el editor desmiente la calumnia de que la fama de la Plath se debe a las circunstancias de su muerte, inevitablemente recuerda el lector la calumnia paralela que vincula la estima de Lorca a su asesinato. No es más que una segunda manera insidiosa de matar a estas dos criaturas tan desgraciadas como admirables, unidas por una potencia expresiva semejante, por la misma mezcla de experiencia y creación verbal, de naturalidad y capacidad visionaria.

Si lo acostumbrado es hacer un regalo a quien cumple años, en esta ocasión se invierten los términos y es la editorial Bartleby, que cumple diez años, la que nos regala esta espléndida colección de poemas.

Santos Domínguez


24 octubre 2008

Antiguos imaginarios



Francisco García Jurado.
Marcel Schwob. Antiguos imaginarios.
Biblioteca ELR Ediciones. Madrid, 2008
.

“Mostrar cómo Schwob ha contribuido a la creación de un nuevo imaginario de la Antigüedad en la estética moderna” es el propósito declarado de Francisco García Jurado en Marcel Schwob. Antiguos imaginarios, un ensayo creativo que convoca un mosaico de autores y de voces.

Entre la recreación y la invención, Marcel Schwob fue un hacedor de vidas imaginarias, el fundador de una imagen simbólica de la Antigüedad que ha perdurado en la estética moderna y ha sido continuada por Borges, Arreola o Tabucchi.

Como Gustave Moreau en pintura, como Browning en poesía, Schwob fue un inventor de imágenes y de voces, un autor al margen, dotado de un inusual talento para ocultar o para olvidar su vida detrás de las vidas que imaginó, para vivir en la literatura más que en la realidad.

Además de los clásicos, Villon y Stevenson, que representan el paseo por la historia y la geografía del paraíso fueron las referencias vitales y literarias sobre las que proyectó su escritura. Esa doble evasión –en el tiempo y en el espacio-, junto con su apego a la fantasía, está en la raíz de su escritura metaliteraria y de una imaginación que nace en las bibliotecas y se alimenta de ellas.

A medio camino entre la ficción y la filología, Schwob partió de la anécdota mínima, del hecho trivial y los trató con sutileza para construir una representación imaginaria de los poetas antiguos, para reinventar sus biografías y recrear las voces de Séptima, la hechicera, de Petronio el novelista, de Lucrecio el poeta o de Clodia, la matrona impúdica.

Entre el monólogo dramático en primera persona que aprende en Browning y utiliza para construir La cruzada de los niños y la tercera persona de las Vidas imaginarias, Marcel Schwob organiza su mundo literario con una mezcla de terror y piedad, las dos pasiones extremas que debía equilibrar el alma humana. En el fondo, con esa recuperación de la vieja antítesis de Aristóteles, que en su Poética enfrentaba la Historia al Arte, lo general a lo individual, Schwob traza un relato fantástico y verosímil de la Antigüedad.

Si, como señalaba Borges, su más importante heredero, cada escritor crea sus precursores, Schwob está en el origen de la Historia universal de la infamia, pero también –a través del argentino- en la raíz del Confabulario de Arreola, de las Falsificaciones de Denevi, las Fabulaciones de Perucho y los Sueños de sueños de Tabucchi, recreadores de vidas y de voces.

Confiesa García Jurado que mientras escribía este ensayo, ha vivido otras vidas y ha descubierto como lector la secreta red de relaciones que tejen esa trama invisible que se llama tradición y que por encima del tiempo une a unos autores con otros y a estos con los lectores en un movimiento perpetuo y circular que va del pasado al presente y de este a aquel.

Haber sabido transmitir ese disfrute entusiasta de la literatura y haber afrontado con rigor la actualidad de la tradición en Schwob y sus seguidores son los méritos más destacables de este libro.

Santos Domínguez

22 octubre 2008

Pavese, ensayista


Cesare Pavese.
La literatura norteamericana y otros ensayos.
Prólogo de Italo Calvino.
Traducción de Elcio Di Fiori.
Lumen. Barcelona, 2008.



Tras su suicidio en agosto de 1950, los compañeros de Cesare Pavese en la editorial Einaudi encontraron en su casa una carpeta con el rótulo Escritos literarios. Italo Calvino se encargó de ordenar aquel material y de editarlo al año siguiente precedido de un prólogo en el que analizaba la labor ensayística de Pavese y la ponía en relación con su obra de creación.

Lumen publica ahora para inaugurar la Biblioteca Pavese aquel volumen, La literatura norteamericana y otros ensayos, con la introducción de Calvino, un amplio conjunto de reflexiones sobre narrativa y poesía norteamericana, sobre la función social de la literatura y el papel del escritor, sobre la creación poética, sobre el oficio de narrador y el oficio de poeta.

Lector y traductor al italiano de autores ingleses y norteamericanos, de Dickens a Joyce, pasando por Melville, Dos Passos o Faulkner, la narrativa es el eje de diversos ensayos en los que Pavese hace un recuento de afinidades y rechazos. Pero una parte fundamental y muy brillante de su labor crítica se proyectó en la poesía de Withman, al que dedicó su tesis, o en Lee Master y su Antología de Spoon River, de la que hace un inteligente análisis en tres artículos que se recogen en este volumen.

Son textos de crítica literaria hecha desde la postura de un escritor y sus planteamientos humanistas, que resume en la idea que recorre todos estos ensayos: “que somos hombres y que un hombre nos habla.”

Escritos entre 1930 y 1950, resumen veinte años de reflexión crítica sobre la literatura propia y ajena de un Pavese lector y escritor. Una reflexión inseparable de su labor creativa y su trabajo como traductor. El descubrimiento de América y de los escritores ingleses, Literatura y sociedad y El mito son las tres partes en las que se organiza un libro que Calvino define como la más rica y explícita autobiografía intelectual de Pavese.

A lo largo de esos veinte años de actividad crítica se va produciendo una evolución de los intereses del escritor, que se refleja aquí cuando, junto con el aprecio por gran parte de la literatura en inglés, muestra su desinterés por Joyce, su rechazo de Faulkner, su desprecio por Gertrude Stein, su decepción ante el agotamiento de la capacidad renovadora de la literatura norteamericana:

“Se han acabado los tiempos en que descubrimos América”, escribe con desilusión en un artículo de 1947.

Santos Domínguez


21 octubre 2008

Abejas y ballenas en la serie animal de Melusina


Claire Preston.
Abeja.
Traducción de Ana Nuño López.
Serie animal de Melusina. Barcelona, 2008.






Joe Roman.
Ballena.
Traducción de Carlos Fernández y Victorio Hernández.
Serie animal de Melusina. Barcelona, 2008.

Entre la fascinación por la capacidad social y arquitectónica de las abejas y el asombro ante las ballenas, los animales más grandes sobre la tierra, Melusina publica dos nuevas entregas de su magnífica Serie animal. Con estos dos volúmenes, la serie sigue proyectando sobre el mundo animal una mirada insólita que combina el enfoque de la zoología con la antropología cultural o la literatura en textos muy cuidados y generosos en ilustraciones.

En el primero de ellos Claire Preston aborda la simbología de la abeja, imagen de virtudes cívicas, como clave de las analogías políticas que justificaban la organización de la monarquía renacentista o como modelo de soledades silenciosas en la armonía bucólica del retiro. Abejas biológicas, cautivas, piadosas o perversas, útiles o estéticas, folclóricas y cinematográficas que son objeto de un recorrido lleno de civilización e inteligencia, como el de la propia abeja,

colona más osada que el hombre,
con quien llegó de oriente surcando el mar.

La ballena, su iconografía real y fantástica, su suerte literaria entre Leviatán y Moby Dick, es el animal tratado por Joe Roman. Desde Jonás a Melville, un itinerario por su asociación a lo monstruoso, por la proyección del imaginario de los hombres en sus representaciones literarias y plásticas, en las leyendas y en el cine para abordar la figura del animal mitológico o el pez real. Y frente a la ballena, los balleneros, neolíticos, espectrales o heroicos, a la caza de aquel animal codiciado del que dicen

que no se alimenta de otra cosa que de oscuridad y de la lluvia que cae en el mar.




Luis E. Aldave

20 octubre 2008

Rayuela



Julio Cortázar.
Rayuela.
Edición de Andrés Amorós.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2008.


Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinarnos. Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y sufrientes que acechan en las ventanas jugando con una rama seca. Ardiendo así sin tregua, soportando la quemadura central que avanza como la madurez paulatina en el fruto, ser el pulso de una hoguera en esta maraña de piedra interminable, caminar por las noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego.



Así comienza el capítulo 73 de Rayuela. Así comienza Rayuela en uno de los itinerarios de lectura.

Julio Cortázar escribió los últimos capítulos de esa novela capital que aparecería en 1963 atrapado en el torbellino de la creación, poseído de forma absoluta por la escritura, en un estado hipnótico que lo mantenía olvidado del mundo y del tiempo, con un trabajo constante que no le permitía distinguir el día de la noche.

Eso ocurría en su casa de París, una casa que era como él, alta, estrecha y repleta de objetos, fotografías, libros y discos de jazz.

Como su antecedente, El perseguidor, el espléndido relato protagonizado por Johnny Carter (Charlie Parker), Rayuela es un libro compuesto con el ritmo de jazz que posiblemente sonaba al fondo de su escritorio. Esa era la prueba de calidad que Cortázar le pedía a su prosa, que descartaba si no tenía ese swing que el argentino buscaba deliberadamente.

Jugarreta novelesca, jugada metafísica, juguete lírico, en palabras de Saúl Yurkievitch, que destacó su carácter órfico y su comercio con el misterio, Rayuela es una ruptura con la novela tradicional, una alteración de los roles clásicos del autor y el lector, una negación de la realidad cotidiana.

Cortázar, como Oliveira, como Morelli, como Johnny Carter, ve el otro lado de las cosas y abre nuevos caminos para la novela, crea un artefacto que permite la optatividad, le pide al lector otra mirada y le incita a un papel activo en la narración a través de los 56 capítulos del lado de allá y de acá y los 99 restantes y prescindibles de otros lados.

Oliveira, Morelli, La Maga, Rocamadour, Talita, Traveler... forman parte del mundo de los lectores de Cortázar y son inseparables de esa imagen de París como un laberinto.

Rayuela traza una frontera definitiva en la literatura en español entre lo viejo y lo nuevo. Tal vez por eso, para asombro del propio Cortázar, un autor siempre joven, sus mejores lectores siguen siendo los jóvenes de todas las edades.

Cátedra la incorporó al catálogo de Letras Hispánicas, su colección de clásicos, con prólogo y notas de Andrés Amorós. Fue hace 25 años, casi coincidiendo con la muerte de Cortázar.

¿Encontraría a la Maga?

Santos Domínguez

19 octubre 2008

La Revolución Wikipedia


Pierre Gourdain, Florence O'Kelly,
Béatrice Roman-Amat, Delphine Soulas,
Tassilo von Droste zu Hülshoff.
La revolución Wikipedia.
Prefacio de Pierre Assouline.
Traducción de Magalí Martínez Solimán.
Alianza Editorial. Madrid, 2008.


Si Wikipedia suscita tantas pasiones, rechazos y entusiasmo, es porque este proyecto pone en juego conceptos tan fundamentales como el de la democracia del conocimiento, de la pericia o de la libertad. También hace que se tambalee el imaginario del enciclopedista con peluca y pluma de oca que más o menos está latente en cada uno de nosotros.

¿Es tan fiable como rápida la Wikipedia? ¿Quiénes controlan sus contenidos y validan los artículos? ¿Se puede entrar en ella y escribir los disparates que a uno se le ocurran?

Sobre la revolución que significa una enciclopedia colaborativa que surge de las cenizas de las enciclopedias tradicionales - la Britannica, la Larousse, el Espasa- en la que el conocimiento se comparte y se democratiza el acceso a la información, La revolución Wikipedia, que publica Alianza Editorial, es el resultado de una investigación periodística realizada en el marco del master de la Escuela de Periodismo del Instituto de Estudios Políticos de París durante el verano de 2007.

Y en conjunto es un análisis global y colectivo de la repercusión de Wikipedia en los modelos y procesos educativos, los entresijos de su funcionamiento, el control de las modificaciones y los errores, las discusiones y los filtros que se establecen sobre su contenido.

Análisis de un fenómeno muy ligado al desarrollo de internet y a la revolución del conocimiento que ha significado la globalización de la red y el acceso a sus contenidos, este estudio es una descripción de las ventajas y los inconvenientes de la Wikipedia, del avance que representa y de los riesgos que entraña.

Aunque aún es un borrador de enciclopedia que exige capacidad de discernimiento y sentido crítico, se trata de uno de los grandes avances del siglo XXI, de un proyecto antielitista, de una utopía que es ya la mayor enciclopedia del mundo, con diez millones de artículos, siete millones y medio de páginas en doscientas cincuenta lenguas. Su presencia global y su desarrollo imparable obligará a replantearse de raíz la concepción y el funcionamiento de las enciclopedias clásicas.

Habrá que mejorarlo, pero es inútil oponerse o ignorar su existencia expansiva. La cuestión es qué hay que hacer para que la Wikipedia se convierta en una enciclopedia fiable y de calidad.

Lo primero, tomar conciencia de las virtudes y las debilidades de una enciclopedia colaborativa sometida a las aportaciones, pero también expuesta al vandalismo o a mentiras, manipulaciones y bromas, como la muy reciente y desafortunada que mataba al último Nobel de Literatura de un ataque al corazón cuando se enteraba de la concesión del premio. Lo que se expone aquí también es cómo llegar a ser wiki-inteligente.

Escrito con frescura periodística y con claridad expositiva, este es un libro imprescindible y riguroso para comprender ese fenómeno de nuestro tiempo que es la enciclopedia en línea, para conocer unos procesos que marcarán el mundo del conocimiento en la sociedad global. Habrá que esperar algún tiempo hasta que el sistema educativo asimile las posibilidades y los límites de las herramientas que proporcionan las nuevas tecnologías de la información y el acceso al conocimiento.


Luis E. Aldave

18 octubre 2008

Libro de amor de Murasaki


Libro de amor de Murasaki.
Ed. de Alberto Silva.
Pre-Textos. Valencia, 2008.



En el lago sin nubes
del estanque, la imagen
capaz de superar
diez mil generaciones
sin deteriorarse.

Es uno de los tankas que canta un personaje del Genji Monogatari, los cuentos de Genji que escribió Murasaki Shikibu en el Japón del siglo XI, en los que se integran con naturalidad relatos y poemas tradicionales.

En su discurso de aceptación del Nobel, Kawabata resaltaba la importancia de este libro, la cumbre más alta de la literatura japonesa. Y añadía que era “una profunda y amplia fuente de alimento para la poesía, para las bellas artes, para la artesanía y hasta para la jardinería ornamental.”

Sobre esa escritura femenina o escrita para que la canten mujeres, como gran parte de la lírica popular de Oriente y Occidente, sobre esa poesía de Murasaki y el libro de amor que escribió hace mil años en la Historia de Genji trata este volumen que publica Pre-Textos. En él Alberto Silva, que ya editó y comentó en esta misma editorial Alada claridad, de Yosa Buson, traduce una selección de los poemas amorosos de la historia de Genji en una edición comentada.

El verso, que fue la raíz de otras formas literarias, se mezcla de manera fluida y constante con la prosa para hacer del Genji Monogatari una exploración del complejo y delicado universo emocional de los personajes, esas variadas experiencias del afecto a las que se refiere Alberto Silva en su espléndida introducción.

Los más de ochocientos tankas de la novela, de los que aquí se ofrece una selección significativa, reflejan la ética y la estética del asombro ante la fugacidad de la vida, los ciclos estacionales y el goce del presente en una integración de luz y sombra, amor y rechazo, vida y muerte o en una insistencia constante en el tema del carpe diem, que antes de ser un tópico en la literatura occidental, lo fue en la tradición oriental, como demuestra su aparición constante en la poesía china de hace treinta siglos.

Los cinco versos del tanka son aquí el cauce para expresar el misterio del origen del rocío, el sentido de la vida, el dolor de la separación o la luna que ilumina el deseo.

Ese diálogo de la palabra poética con la naturaleza está en la base de esta lírica en la que el humo y el rocío o la espuma del agua son variantes de todo lo que se desvanece, como la luz de la hora violeta que ilumina el libro y lo tiñe de melancolía.

Los comentarios de Alberto Silva, hechos con sensibilidad y talento, precisos e impresionistas a la vez, indagan el complejo mundo poético de estos textos, levantados sobre la connotación, las sugerencias y el simbolismo de la naturaleza, o explican su función en la secuencia argumental de la novela y en el proceso de construcción de los personajes. Además de todo eso, lo que ofrece Alberto Silva en las introducciones de cada sección es un análisis profundo y lúcido del Genji Monogatari, reconocido ya como la primera novela de la historia.

Santos Domínguez

17 octubre 2008

Buscando a Marilyn


Ignacio Carrión.
Buscando a Marilyn.

Rey Lear. Madrid, 2008.


En julio de 1987, cuando estaban a punto de cumplirse 25 años de la muerte de Marilyn Monroe, Ignacio Carrión empezó a publicar en Diario 16 una serie de reportajes en los que reconstruía la peripecia vital de uno de los iconos de la mitología contemporánea.

Aquellos artículos eran el resultado de una tarea de investigación, de un recorrido por la América profunda y de las versiones del primer marido de Marilyn y de gente más o menos famosa que la conoció o conoció a los que la conocían.

Entre ellos, claro, la nómina de sus amantes, entre los que algunas fuentes incluyen a Einstein:

¿Por qué no? –escribe Ignacio Carrión- El padre de la teoría de la relatividad compartiendo sus átomos con la hija de la teoría absoluta, de forma totalmente científica y horizontal. Precioso.

Rey Lear recopila ahora en Buscando a Marilyn aquel material periodístico y fungible para demostrar entre otras cosas la actualidad del mito, inmune al olvido y rodeado de especulaciones sobre su figura y su muerte.

Truman Capote -para quien bailó desnuda porque, como se sabe, Dios le da pañuelo a quien no tiene mocos- destacó su complejidad, su carácter contradictorio que tan pronto podía ser el de una cocinera como el de un ser etéreo.

Como todos los mitos, Marilyn está por encima del tiempo. Eso explica por qué un calendario de 1949 sigue sin pasarse de fecha.

Santos Domínguez

15 octubre 2008

Memorias de Philippe Sollers


Philippe Sollers.
Una verdadera novela.
Memorias.

Traducción de Mauro Armiño.
Páginas de Espuma. Madrid, 2008.


Alguien que más tarde dirá yo entró en el mundo humano el sábado 28 de noviembre de 1936, a mediodía, en los suburbios inmediatos a Burdeos, junto a la ruta hacia España. No tengo razón alguna para no creerlo.

Philippe Sollers (1936), novelista, filósofo, impulsor de la revista Tel Quel, que reunió en sus páginas lo mejor de la cultura francesa de la segunda mitad del siglo XX, es uno de los intelectuales más prestigiosos e inquietos de la cultura europea contemporánea.

Sus Memorias, que se publicaron el año pasado en Francia con enorme éxito, y publica Páginas de Espuma con traducción de Mauro Armiño, llevan como título Una verdadera novela.

Lo explica Sollers con estas palabras profundas e irónicas:

Toda mi vida me han reprochado escribir novelas que no eran verdaderas novelas. Aquí hay una por fin. “Pero si se trata de su vida”, me dirán. Desde luego, pero ¿dónde está la diferencia? Seguro que van ustedes a explicármela.

Una verdadera novela va más allá de la autobiografía de Sollers, de su memoria personal e intelectual. El papel relevante que tuvo su autor en el panorama intelectual europeo hace que este libro sea no sólo la novela de una vida contada por su protagonista, sino un paseo por la memoria cultural contemporánea, entre el existencialismo, el marxismo y el estructuralismo. Mauriac, Barthes, Lacan, Foucault, Derrida, Robbe-Grillet, Quignard, Houellebecq, Jonathan Littell.... son algunos de los referentes de ese recorrido que se inicia cuando descubre la lectura en la niñez:

¿Mi primer recuerdo? Cuando a los cuatro años mi madre me dijo un día: “Bien, ahora ya sabes leer.” Me veo salir corriendo sin rumbo, enloquecido, por el parque frente a la casa familiar, caer de rodillas en alguna parte y quedar allí, extasiado ante esa realidad embriagadora: ¡ser capaz de leer! Creo que en ese momento comprendí el significado de la palabra libertad.

Novela familiar, de infancia y mujeres, del alumno de los jesuitas, novela de formación del adolescente que descubre a la vez el sexo y la literatura, memoria de Tel Quel y su subtítulo jerarquizado: Literatura. Filosofía. Arte. Ciencia. Política. Esa ordenación de intereses define probablemente la prioridad de intereses del universo intelectual de Sollers, que como editor ha estado muy vinculado a Gallimard, para la que dirige la revista L’Infini.

Sus libros, su relación con Julia Kristeva, la conmoción de mayo del 68, la admiración, compartida con Malraux, por la China de Mao, son algunas de las líneas maestras que sustentan estas memorias, entre el análisis intelectual de la realidad contemporánea y la evocación narrativa del siglo XVIII, Venecia, Mozart o Sade.

La vertiente creadora de Philippe Sollers está también muy presente en estas páginas, por ejemplo en la sutileza de sus reflexiones sobre la técnica narrativa o sobre la importancia del tono en los comienzos de las novelas.

Hay también ausencias y silencios notorios. El lector está avisado desde la advertencia inicial:

Aquellos y aquellas cuyos nombres no aparecen en estas Memorias pueden considerar que, en general, es por su bien.

Santos Domínguez

14 octubre 2008

Malas


Malas. Relatos de mujeres diabólicas.
Edición y prólogo de Marta González Mejía.
Traducción de Marta González Mejía y Marta Vela González.
Rescatados Lengua de Trapo. Madrid, 2008.

Con edición y prólogo de Marta González Mejía, Malas, la antología de relatos que publica Rescatados Lengua de Trapo sobre mujeres diabólicas, recoge diecisiete relatos de terror protagonizados por mujeres malvadas y transgresoras.

Entre el Romanticismo y el Naturalismo, de Hoffmann a Zola, de Mary Shelley a Bram Stoker y de Bécquer a Emilia Pardo Bazán, esta selección de cuentos de los autores más representativos del siglo XIX recorre casi cien años (de 1816 a 1914) de literatura protagonizada por mujeres diabólicas.

Son relatos que convocan la emoción más primaria: la del miedo a lo desconocido, a la muerte, al misterio del más allá. Cuentos que conectan con pulsiones ancestrales que nos acompañan desde la infancia, con el mundo del inconsciente, con el sueño y la ansiedad de las pesadillas.

Fantasmas y resucitados, vampiros y criaturas de la noche, apariciones y tumbas forman parte de este tipo de narrativa fantástica en la que es esencial el juego equilibrado del suspense y la verosimilitud, la creación de atmósferas de misterio y la inquietud que provocan los finales abiertos, los desenlaces ambiguos que dejan intrigado al lector.

Técnicamente son relatos muy variados que recurren al narrador omnisciente o al más efectivo narrador protagonista o testigo para hablar de las zonas de contacto entre la vida y la muerte, entre lo conocido y lo desconocido, entre la realidad cotidiana y el misterio.

Ambientados en bosques umbríos o en mansiones con pasadizos secretos, en cementerios lúgubres o en lugares solitarios, es muy frecuente que los relatos de terror estén protagonizados por mujeres bellas y transgresoras, atractivas y malvadas a un tiempo.

Herederas de una antigua tradición que se remonta a Eva como fuente del pecado, protagonizan estos cuentos de erotismo soterrado o explícito. Son mujeres vigorosas y maléficas, inteligentes y decididas. Malas según la visión tradicionalmente masculina que ha transmitido la literatura. No puede ser una casualidad que de los diecisiete relatos de la colección sólo dos hayan sido escritos por mujeres. El predominio de esa visión, habitualmente misógina y conservadora que condena a la marginalidad o al silencio a las mujeres que transgreden las normas de los políticamente correcto, es la que explica el título de esta selección de relatos.

Una breve nota introductoria antes de cada cuento da noticia de cada autor y sitúa el texto en su contexto histórico y bibliográfico. La edición en Rescatados de Lengua de Trapo ha sido cuidada en todos los detalles, desde la tipografía a la acertada selección de textos, entre los que no podía faltar una obra maestra como Ligeia, de Poe.

Mayra Vela

13 octubre 2008

La conciencia de Zeno


Italo Svevo.
La conciencia de Zeno.
Traducción de Carlos Manzano
Posfacio de Mario Lavagetto
Gadir Ficción. Madrid, 2007.


Publicada en 1923, La conciencia de Zeno es una novela fundamental para entender la renovación literaria de principios del siglo XX, una de las creaciones más importantes de la narrativa del siglo XX. James Joyce, amigo y conciudadano de Svevo en Trieste, fue su gran valedor.

Escrita como una autobiografía irónica y distante de un personaje que no es Svevo, como parte de una terapia psicoanalítica con la que el protagonista, Zeno Cosini, intenta superar su adicción a la nicotina y curar sus neurosis. Pero es más que eso: una visión problemática del hombre contemporáneo y el acta de defunción de un mundo y unos valores que desaparecían en la Europa de entreguerras.

La nueva edición que publica Gadir aporta dos novedades reseñables: la traducción de Carlos Manzano, revisada y mejorada veinticinco años después de la que preparó para Bruguera, y un posfacio (La novela de después del fin del mundo), en el que Mario Lavagetto, uno de los mejores especialistas en Svevo, hace una lectura profunda del sentido de esta novela esencial.

La conciencia de Zeno es un libro que siempre releo – escribió Bioy Casares- y a Svevo lo siento como a un hermano. (...) Ese libro espléndido me enseñó a no ser pretencioso.


Santos Domínguez

11 octubre 2008

Poesía completa de González Pedraza


Francisco González Pedraza.
Poesía completa.
Miguel Gómez Ediciones. Málaga, 2008.

Francisco González Pedraza (Málaga, 1943) pertenece al grupo de poetas y tipógrafos que continuaron en Málaga la labor poética y editorial de la imprenta Sur o de la revista Litoral de Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Su amistad con Bernabé Fernández-Canivell, Alfonso Canales, María Victoria Atencia y Rafael León, Rafael Pérez Estrada, Pablo García Baena y Vicente Núñez le familiariza con una brillante tradición a la que González Pedraza ha sumado varios títulos que se recogen en la Poesía completa que publica Miguel Gómez Ediciones en su ya nutrida y brillante colección Capitel.

Desde Por el Limonar, con su tono neopopularista, al verso enamorado de los poemas corporales de Íntimas palabras o la suave melancolía elegiaca de El viento en las palabras, los azules, el viento y la arena, los cuerpos amorosos y el tiempo en fuga por las playas de Málaga se convierten en constantes vitales y poéticas de una obra que tiene como referencia constante el sur y lo mediterráneo.

En los poemas de González Pedraza, luminosos, crepusculares o nocturnos, el amor y el olvido, la plenitud solar y marina, la evocación nostálgica o la celebración del cuerpo y la luz de la naturaleza entroncan directamente con la tradición poética malagueña, pero también en un sentido amplio con una estética y una ideología vital propia de un Sur que no es sólo un espacio geográfico, sino una concepción de la realidad que enlaza también con Cavafis, a quien dedicó en 1995 una bella Evocación.

Notario marinero y observador de ultramares y estrellas lo llamó de manera gráfica Rafael Pérez Estrada, tal vez pensando en versos como estos en los que

el pájaro sencillo
confunde sus alas
con el aire.


Santos Domínguez