15 junio 2009

Poesía y edición en el Siglo de Oro


Ignacio García Aguilar.
Poesía y edición en el Siglo de Oro.
Calambur. Biblioteca Litterae. Madrid, 2009.


En su Biblioteca Litterae, Calambur publica Poesía y edición en el Siglo de Oro, de Ignacio García Aguilar, un acercamiento riguroso y documentado a los libros de lírica culta y profana del Siglo de Oro.

Un acercamiento, añadamos, imprescindible porque se realiza desde una perspectiva inédita: la que conecta el proceso creativo de escritura con la recepción de la lectura a través del factor mediador de la edición. Son los tres vértices de una realidad literaria que no puede ser entendida en su totalidad si no se tiene en cuenta ese triángulo formado por el poeta, sus lectores y el editor-impresor-librero.

El volumen fija su marco temporal en la plenitud del Siglo de Oro, entre 1543, fecha de la primera edición de la poesía de Garcilaso, y el Parnaso español de Quevedo, que apareció en 1648. Son unos años cruciales en los que la poesía desborda los espacios cortesanos y amplía su ámbito potencial a un grupo menos restringido de lectores.

Ese salto cualitativo con el que la literatura culta pasa de la Corte a la ciudad repercute en todo el proceso de creación, transmisión y recepción de la poesía. Tiene mucho que ver, por ejemplo, con el paso de la poesía manuscrita a la impresa, con el momento en que desde el poema suelto se pasa a la edición del poemario y con la configuración de un nuevo público que determinará cambios sustanciales en la concepción de la obra, en el estilo o en la distribución de la obra. En esos cambios están las claves de los nuevos modelos poéticos y editoriales que se imponen desde entonces.

Los textos y los contextos urbanos en los que se desarrolla la poesía española de ese siglo, los nuevos modos de producción y transmisión de la poesía, las vías de circulación del libro, la importancia de las licencias, tasas y privilegios, los formatos y la tipografía, los diseños de las portadas, la representación visual del autor, el mapa que fija la coherencia estructural del libro a través de los índices, tablas y grabados o la disputa por la autoría entre el autor y el impresor en los paratextos son algunos de los elementos con los que se construye esta magnífica historia interna de la lírica impresa del Siglo de Oro para la que su autor ha manejado un corpus textual de 193 poemarios.

Desde la certeza de que el libro impreso es una realidad compleja en la que confluyen elementos no sólo literarios, sino mercantiles, ideológicos, jurídicos, tipográficos, políticos, Ignacio García Aguilar elabora una historia que se mueve entre la poética y el mercado para adecuarse a la peculiar relación que hay entre poesía e imprenta, tan diferente de la que tienen otros géneros como la novela o el teatro.

Entre Amberes y Valencia, de Madrid a Sevilla, de Garcilaso a Quevedo pasando por Herrera o la mercantilización masiva de la poesía con Lope, los formatos, modos de producción, canales de difusión y peculiaridades de la recepción son las claves de este estudio, generoso en ilustraciones e iluminaciones, que se convertirá desde ahora en una referencia ineludible en cualquier análisis global de la poesía áurea española.

Santos Domínguez

13 junio 2009

La noche no tiene paredes



José Manuel Caballero Bonald.
La noche no tiene paredes.
Seix Barral. Barcelona, 2009.




La edad me ha ido dejando

sin venenos, malgasté en mala hora

esa fortuna,

¿qué más puedo perder?


Tres años después de su memorable Manual de infractores, José Manuel Caballero Bonald reúne en La noche no tiene paredes (Seix Barral) un centenar largo de poemas recorridos por un tono semejante y por la presencia de una serie de temas característicos de su literatura y su mitología personal.


Abandonada ya la prosa narrativa y memorialística, la última entrega poética de Caballero Bonald se mueve entre la celebración y la elegía, entre lo lírico y lo narrativo, entre la incertidumbre de la noche oscura de los místicos y los sufíes y la insumisión de las clandestinidades (la noche es un remedo veraz de insumisión), en una constante reivindicación de la rebeldía y la duda ( y nunca hablas de nada que no sea de dudas). El silencio, la memoria del hueco y el vacío surgen en la noche de este libro, que es la noche de los cuchillos y también la noche mística de la dejación y el quietismo de Ibn Arabi y Miguel de Molinos.


Caballero Bonald ha defendido siempre la relación de la poesía con la música y las matemáticas, la fusión de la armonía sonora y el rigor expositivo. Por eso somete su expresión al ritmo clásico del endecasílabo y el alejandrino o deja que fluya libremente el versículo de tono oracular o visionario para construir estos poemas, potentes en su vocación memorial y ambiciosos en su exploración del lenguaje.


Los textos de La noche no tiene paredes son un viaje nocturno en el que se aborda la realidad como un enigma opaco en el que se superponen memoria y experiencia, sueño y vigilia, realidad y figuraciones en una incesante paradoja de recuerdos y olvidos. Y surgen las preguntas (Cada día me visitan más preguntas), las dudas y las denuncias de un tiempo de devastaciones en unos poemas que habitan en esas fronteras significativas de la expresión que constituyen el ámbito literario de su autor.


Hay en esta última entrega poética de Caballero Bonald mucho de mirada rememorativa, de recuento poético y existencial, de testimonio de últimas voluntades vitales y literarias, de recolección memorial levantada sobre la imagen y la paradoja.


Como en el resto de su obra, la memoria se convierte en palabra para recorrer los viejos temas del tiempo y el amor, del mar de Argónida tan central en la mitología atlántica de su autor, que escribe este libro entre la sustancia póstuma del recuerdo y la celebración de estar vivo, en un tiempo en el que se constatan las últimas devoluciones de la vida o se aspira la mezcla de fango y jazmín en la Casa del Navazo.


Santos Domínguez

12 junio 2009

Venecia


Henri de Régnier.

Venecia.

Traducción de

Juan José Delgado Gelabert.

Cabaret Voltaire. Barcelona, 2009.


Cabaret Voltaire sigue recuperando en sus cuidadísimas ediciones a una serie de autores que componen un catálogo de exquisiteces al que se acaba de incorporar Venecia, una colección de prosas de Henri de Régnier (1864-1936), con traducción de Juan José Delgado Gelabert y con treinta y cuatro espléndidas fotografías.


Si Stendhal se sentía milanés, su compatriota Henri de Régnier encontró en Venecia su patria adoptiva, su paisaje personal y el espejo en el que reflejó gran parte de su sensibilidad y su amplia obra.


Narrador, poeta y ensayista, Régnier descubrió Venecia en 1899 y desde ese momento frecuentó la ciudad en busca de la calma melancólica de sus callejas y sus canales de aguas turbias. Allí encontró los temas que inspirarían la poesía simbolista y decadente de La ciudad de las aguas y la prosa de los cuentos y los artículos que publicó en Esbozos venecianos (1906) y en Cuentos venecianos (1927).


Esos dos títulos son los que recoge esta edición de Venecia, un conjunto de veintinueve textos en los que proyectó su imagen y su experiencia de la ciudad adriática, de la que escribe en El aparecido, el primero y más extenso de los cuentos, casi una novela corta con evidentes rasgos autobiográficos:


mi amor por Venecia fue siempre un amor sano y sencillo, un amor familiar exento de esnobismo y esteticismo, exento también de romanticismo, realista si se puede decir y hecho de conveniencias a un tiempo espontáneas y reflexivas. Venecia me gusta infinitamente. Me gusta su clima, su color, su luz. El tipo de vida que permite e impone se adapta a mis gustos. Allí gozo de un bienestar particular en medio de las cosas que ocupan agradablemente mi vista y mis pensamientos.

Alineación a la derecha


En los Esbozos venecianos, que ocupan la segunda parte del volumen, un tintero veneciano del XVIII o un jardín extravagante, un cuadro, una taza o unas máscaras componen la viva imagen de una Venecia refinada y melancólica, de canales y palacios propicios para el misterio.


Elogiado por Remy de Gourmont y admirado por Proust, tan cercano a su sensibilidad decadentista, Régnier vivió y escribió venecianamente. Venezianamente visse e scrisse, dice la lápida que honra su memoria en el Palazzo Ca’Dario, su lugar preferido, el sitio donde pasó algunas temporadas y escribió la mayor parte de estos textos en los que está no sólo el espíritu de quien los escribió, sino el alma de la ciudad misteriosa que recorrió como un flâneur.


Santos Domínguez

10 junio 2009

Papeles inesperados de Julio Cortázar


Julio Cortázar.
Papeles inesperados.
Alfaguara. Madrid, 2009.

Hasta que el fondo documental en manos de Aurora Bernárdez no fue estudiado en detalle, se preveía incorporar en las obras completas —a modo de apéndices de los volúmenes dedicados a cuentos, poesía, obra crítica y la llamada “prosa varia”— los textos publicados por el autor pero no recogidos en libro, así como los que conservó inéditos con indicación de que podían aparecer póstumamente. Sin embargo, el descubrimiento de tal cantidad de materiales nuevos aconsejaba una reformulación de la idea original: los textos dispersos, más otras hierbas que irían encontrándose al extremar los cuidados (“Es sabido que toda atención funciona como un pararrayos”, se lee en Último round), darían lugar a un nuevo volumen, muy visible; este que, usted que tan gentilmente lee estas líneas, tiene ahora entre las manos.


Veinticinco años después de la muerte de Julio Cortázar, estos Papeles inesperados que recupera Alfaguara en una edición preparada por Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga – que explica el proceso en prólogo al que pertenece el párrafo de arriba- recogen en medio millar de páginas una apreciable colección de textos inéditos y dispersos escritos por Cortázar a lo largo de su vida: desde cuentos desconocidos a historias inéditas de cronopios y de famas, pasando por nuevos episodios de Lucas o un capítulo desgajado del Libro de Manuel.


Es casi una tautología añadir al nombre de Cortázar el adjetivo inesperado. Lo vuelven a confirmar estos textos que permanecían en una cómoda de cinco cajones de su casa en París. Revelan un Cortázar plural en temas, técnicas, épocas e intenciones. Un Cortázar inesperado e inclasificable, sorprendente siempre, el escritor total y polifacético que, además de la narración, explora terrenos tan diversos como el artículo sobre arte y literatura, el análisis político, la crónica de viajes o el poema.


Los textos del volumen han sido organizados en torno a tres bloques - Prosas, Entrevistas ante el espejo y Poemas- que respetan aproximadamente una cronología interna.


La parte más amplia, las Prosas, se ha organizado internamente por afinidades temáticas y genéricas: la narrativa breve inédita de “Historias”, “Historias de cronopios” y “De un tal Lucas”, con el añadido de un capítulo que se dejó fuera del Libro de Manuel. Los de “Momentos” y “Circunstancias” son textos de emergencia, mientras que en las secciones “De los amigos” y “Otros territorios” se ofrecen los que llama el editor textos-palmada-en-la-espalda. La última sección de Prosas presenta bajo el expresivo rótulo “Fondos de cajón” las páginas más inclasificables –otra vez la redundancia- de este escritor inclasificable.


Cuatro autoentrevistas –Entrevistas ante el espejo- y trece poemas desconocidos hasta ahora completan este volumen que será una fiesta para los cronopios. No sé qué dirán los famas. En cualquier caso, el libro está lleno de iluminaciones y chispazos del mejor Cortázar. Y la discusión sobre la oportunidad o el oportunismo debería cancelarla este párrafo del prólogo de Carles Álvarez Garriga:


Editar textos póstumos trae a la memoria de todos el episodio Kafka/Brod y las dos corrientes de pensamiento que se enfrentan al respecto: los “lectores-héroe” quieren leer hasta las notas para el panadero, mientras que los “lectores-vinagreta” tienen una imagen fija del escritor —al que no necesariamente frecuentan— y consideran una traición a su memoria ¡y un abuso! darles más lectura. (…) En este caso concreto no hay lugar para el debate porque el testamento de Cortázar atribuye a Aurora Bernárdez, de un modo muy claro, la potestad de seleccionar y decidir, y así lo ha hecho.



Santos Domínguez

08 junio 2009

Tratado sobre los Vampiros


Augustin Calmet.
Tratado sobre los vampiros.
Traducción de Lorenzo Martín del Burgo.
Prólogo de Luis Alberto de Cuenca.
Reino de Goneril. Madrid, 2009.

Reino de Goneril, la nueva editorial que quiere especializarse en libros de viajes y gastronomía, publica su primer título, el Tratado sobre los vampiros, que escribió el monje benedictino Augustin Calmet a mediados del siglo XVIII.

Traducido por Lorenzo Martín del Burgo y espléndidamente ilustrado, lleva un amplio prólogo de Luis Alberto de Cuenca en el que relaciona este primer libro sobre los vampiros con la obra de otro ilustre benedictino, el padre Feijoo, un contemporáneo de Calmet, al que leyó y sobre el que escribió unas reflexiones críticas en una de sus Cartas eruditas y curiosas.

El
Tratado, que arranca de un capítulo inicial con la idea de que la resurrección de un muerto es obra exclusivamente de Dios, concluye en la imposibilidad moral de que los revinientes salgan de las tumbas. Eso sí, después de analizar resurrecciones y peregrinaciones de cadáveres y de plantearse cuestiones tales como si un hombre realmente muerto puede aparecerse con su propio cuerpo o si se descomponen los excomulgados en la tierra.

Santos Domínguez

06 junio 2009

La isla tuerta



La isla tuerta.
49 poetas británicos (1946-2006).
Selección, traducción, prólogo
y notas de Matías Serra Bradford.
Lumen. Barcelona, 2009.

Porque hay vida después de Eliot, Auden o Larkin, Lumen ofrece en La isla tuerta un posible canon poético inglés de la segunda mitad del siglo XX. Cuarenta y nueve poetas nacidos entre 1902 y 1974, traducidos y anotados en una espléndida edición bilingüe; cuarenta y nueve propuestas que recogen una muestra significativa de los últimos sesenta años de poesía en Gran Bretaña en una generosa antología bilingüe que ha preparado Matías Serra Bradford, autor además de un inteligente prólogo en el que traza las coordenadas de una estimulante y arriesgada hoja de ruta.

Para Novalis- recuerda Matías Serra en el prólogo- cada inglés es una isla, y una isla con pasado bucanero no puede ser sino tuerta.

El prólogo no sólo explica el título, también fija las claves de una antología que refleja, además de la tradición más reciente, la obra de aquellos poetas menos conocidos fuera de la isla. La diversidad de voces organizadas en siete grupos
(Adelantados, Árbitros, Excursionistas, Boreales, Desertores, Indocumentados y Tipógrafos) que asumen, enriquecen o contestan la herencia de los maestros en un álbum privado de figuras intermedias.

Sin orden temático ni jerárquico ni cronológico, los cuarenta y nueve poetas se agrupan en esas siete familias poéticas y los poemas seleccionados son una puerta de entrada, una invitación y una sugerencia de lectura.

Como es natural, son muy variados los tonos, las voces y los temas representados en esta antología en la que la poesía urbana convive con la tradición de la naturaleza en la poesía inglesa, lo visionario con la evocación, la pintura con la música o la literatura.

Intimista y confesional, anclada en el yo o en el nosotros o proyectada hacia el exterior del neón o los viajes, las más de quinientas páginas del volumen reflejan la memoria de las piedras o los jardines, los paisajes exteriores y los interiores, unidos por una vieja melancolía de bibliotecas o claustros.

Las últimas páginas recogen las vidas breves de los cuarenta y nueve poetas en una aguda síntesis de los rasgos de cada poeta y cada poética, en una aproximación que a menudo sugiere su mundo cotidiano. Unas muestras:

Le obsesionaban la religión y la caridad meteorológica.

Fue expulsado de la universidad por tener profilácticos entre sus pertenencias.

A la hora de salir le costaba encontrar sus sombrero y los zapatos correctos.

Trabajó en su jardín hasta el último día. Cultivaba raras especies de manzanos.

Aficionado a los crucigramas.


Santos Domínguez

05 junio 2009

Crónicas del linfoma


José Comas.
Crónicas del linfoma.
Prólogo de Ana Lorite.
Epílogo de Amalia Sánchez Sanpedro.
Rey Lear. Madrid, 2009.


La escritura como resistencia. Cuando a José Comas, corresponsal del diario El País en Berlín, le diagnostican una modalidad muy agresiva de cáncer en la sangre, decide no rendirse y utilizar su oficio de periodista como arma de resistencia y de batalla.

Y así escribe entre diciembre de 2004 y febrero de 2008 las crónicas de su enfermedad, dirigidas desde Alemania al Cuerpo Místico, crónicas que enviaba por correo electrónico a sus amigos y compañeros de profesión. Con una estremecedora lucidez que combina valor y distancia, ironía y vitalidad, humor y emoción, el periodista cuenta en tercera persona la peripecia de su lucha contra un enemigo brutal, el No Hodgkin:

Los médicos han diagnosticado en Berlín que José Comas, de 60 años, corresponsal en Alemania del periódico español EL PAÍS, padece un linfoma de tipo maligno que responde al nombre de No Hodgkin. Se trata de "una afección en la cual se forman células cancerosas en el sistema linfático", según la definición del National Cancer Institute de Estados Unidos.
Tanto Comas como No Hodgkin se encuentran en perfecto estado de ánimo y dispuestos para darse de hostias en una pelea a muerte con incierto desenlace. Se trata de un combate en el que vale todo, sin que tengan vigencia las normas de la Convención de Ginebra. Por este motivo, Comas está dispuesto a atacar a No Hodgkin con armas químicas.


El oficio periodístico le proporciona las armas con las que enfrentarse al mal:

Me encuentro fuerte y tranquilo. Afronto la situación con lo que yo defino como «mentalidad periodística» y lo aplico al caso. Se trata de imbuirse de la posición del espectador no involucrado. Con esta mentalidad me aproximé siempre a los temas ya fuese en Kosovo, Haití, las guerras en Nicaragua, El Salvador o Macedonia, los bombardeos en Belgrado, el terremoto de México o lo que fuera. Yo era un espectador y no me podía pasar nada. Por eso creo que nunca sentí miedo. (…) Bueno, pues afronto el No Hodgkin con la misma dosis de esquizofrenia o de mentalidad periodística. Me siento espectador de mi propio mal y espero poder mantener esta posición hasta donde sea necesario.

Y como en un campo de batalla se suceden las escaramuzas, cambia la línea del frente y con los retrocesos y la pérdidas queda afectada la moral del combatiente:

Yo estoy dispuesto a pelear, pero a veces me vengo abajo.

Ana Lorite recuerda en su prólogo cómo surgieron estas crónicas que ahora salen a la luz en Rey Lear como homenaje a su ejemplo y porque la memoria siempre es tan frágil como la vida.

Alineación a la derechaSantos Domínguez