21 septiembre 2009

Haroldo Conti. Sudeste


Haroldo Conti.
Sudeste.
Prólogo de Ana Basualdo.
Bartleby. Madrid, 2009.

Año y medio después de publicar los Cuentos completos de Haroldo Conti, uno de sus aciertos más reconocidos por los lectores y la crítica, Bartleby recupera la primera novela del argentino.

Sudeste se publicó en 1962, uno de los años cruciales en la renovación de la narrativa argentina y latinoamericana – el año de Sobre héroes y tumbas, Historias de cronopios y de famas, Bomarzo- y desde entonces ha ido creciendo en lectores, provocando adicciones y elogios y generando una amplia bibliografía.

Entre lo cartográfico y lo mitológico, Sudeste es el relato del viaje fluvial de su protagonista, el Boga, a bordo del viejo bote que antes había sido del viejo Bastos. Un viaje fluvial de los que –además de otros antecedentes como el Misisipi de Twain o el Congo de Conrad- abundan en la narrativa hispanoamericana desde su mismo origen, desde que la fundan los cronistas de Indias que incurrieron y recorrieron el Paraná o el Amazonas.

Documental y lírica, local y universal, realista y utópica, Sudeste es una novela de sorprendente fuerza que presenta en esta edición Ana Basualdo con un prólogo certero que remata con este párrafo:

Novela de aprendizaje o de iniciación, existencialista, alegorizante, objetivista, documental, lírica, de aventuras, de utopía, de paisaje, de vagabundeo… Obra maestra, de lectura inagotable.

El viaje del protagonista es –como todo viaje verdadero- un itinerario existencial en busca de la utopía, entre lo local y lo universal, entre la voluntad documental y el impulso poético de un texto intenso e indagatorio, un texto de engañosa facilidad, lleno de zonas oscuras –como el paisaje, como el personaje-, de despliegues metafóricos – el más evidente la equiparación del río con el fluir de la vida- y de cargas de profundidad en su corriente insondable.

Entre el Pajarito y el río abierto, curvándose bruscamente hacia el norte, primero más y más angosto, casi hasta la mitad, luego abriéndose y contorneándose suavemente hasta la desembocadura, serpea, oculto en las primeras islas, el arroyo Anguilas. Después de la última curva, el río abierto aparece de pronto, rizado por el viento. A pesar de su inmensidad, allí las aguas son muy poco profundas. Desde la desembocadura del San Antonio hasta la desembocadura del Luján es todo un banco. El Anguilas vuelca en la mitad de ese banco, entre una llanura de juncos. Según se mire, el paraje resulta desolado y en un día gris de mucho viento, sobrecoge a cualquiera.

A partir de ese comienzo intenso cuyo último sentido se entiende después de leer la novela, el enigma del paisaje, las crecidas y las bajantes del Paraná, sus corrientes rápidas se compenetran con unos personajes que forman parte del paisaje, cambiante y oscuro.

Su morosidad en el tratamiento del tiempo es un reflejo de la lentitud fluvial del viaje a través del paisaje del Delta del Paraná. Un paisaje que se confunde metonímicamente con los personajes:

El río es espléndido y el hombre se siente misteriosamente atraído por él. Esto es todo lo que se puede decir. Ese hombre se detiene junto a sus aguas y observa la susurrante vastedad con cierta nostalgia, como si hubiera extraviado algo muy querido y absolutamente prmordial en medio de este río semejante a la eternidad. (...) Sus hombres, los hombres de este río, este hombre que ahora observa las aguas con sus ojos de pez moribundo suspendidos sobre ellas como dos espejuelos suspendidos del aire, son en todo semejantes a él. Por eso todavía sobreviven. Por eso parecen tan viejos y lejanos y solitarios. No aman el río exactamente, sino que no pueden vivir sin él. Son tan lentos y constantes como el río. Y, sobre todo, son tan indiferentes como el río.

Concebido en principio como un guión cinematográfico y organizado en secuencias separadas por espacios en blanco, en Sudeste se podrían distinguir cuatro partes que tienen su eje en el hallazgo del Aleluya, un viejo cúter desarbolado y bajo de borda, un barco que no va a ninguna parte, sino que se aleja de todo, arrastrado por la brisa leve del sudeste que sopla sobre el río y recorre lento y constante la novela hasta el epílogo sobre la derrota.

En esa aceptación final del fracaso se unen el personaje y el barco, el espacio y el tiempo:

Ahora no sentía el cuerpo para nada, ni siquiera como un peso, sino más bien al barco. Él y el barco, este triste Aleluya, eran ahora una misma cosa que muere con el día. Las viejas maderas y las viejas historias se quejaron a través de él.

Santos Domínguez



18 septiembre 2009

La luz en las palabras de Aníbal Núñez


Aníbal Núñez.
La luz en las palabras.
Edición de Vicente Vives Pérez.
Cátedra. Letras Hispánicas. Madrid, 2009.

Cátedra Letras Hispánicas reúne en La luz en las palabras una muestra amplia y significativa de la poesía de Aníbal Núñez (Salamanca, 1944-1987). La generosa selección de textos realizada por Vicente Vives -autor de un amplio estudio introductorio que fija sus rasgos formales, sus claves temáticas y evolutivas y aborda la recepción crítica de su obra, entre la insuficiencia y la reivindicación- propone un recorrido por veinte años de escritura entre los 29 poemas que publicó en 1967 y Cristal de Lorena, que apareció el mismo año de la muerte del poeta.

Entre esos dos libros, doce títulos más –varios de ellos inéditos en vida de Aníbal Núñez- que se han venido publicando desde entonces y se reunieron en los dos tomos de Obra poética hace ya casi quince años, marcan una trayectoria que atraviesa tres etapas.

La poesía crítica de los primeros libros, caracterizados por su combatividad política, con títulos como Fábulas domésticas, es la que más ha sufrido los estragos del tiempo, quizá porque desde el momento de su escritura había algo de anacrónico o de excesivamente circunstancial en aquellos textos.

La crisis del realismo social que da lugar a la posmodernidad es la que incorpora a Aníbal Núñez a un contexto más amplio en el que surgen sus respuestas más personales y su exploración estética como base de un espacio moral Porque aunque la poesía de Aníbal Núñez tiene una justificada fama de independiente, comparte con sus coetáneos novísimos y con los poetas mayores como Caballero Bonald, Gil de Biedma o Valente esa conciencia de la crisis de la modernidad y la práctica de la ironía como respuesta.

Lo que la diferencia parcialmente de otras poéticas es la alternativa estética, de la que surge una etapa de transición: una indagación metapoética en la que Aníbal Núñez reflexiona sobre sus propios límites y los de las palabras, sobre La inutilidad del poeta didáctico, como tituló uno de los poemas de Definición de savia.

Expresión de las limitaciones que afectaban a la capacidad de la poesía no ya para transformar la realidad, sino incluso para expresarla, la poética posmoderna de Aníbal Núñez se desarrolla en unos cuantos libros de esta segunda etapa en la que la función social ha sido desplazada por la exploración del lenguaje. Es lo que anuncia el fundamental Definición de savia y confirman títulos como Taller del hechicero o Cuarzo, cercanos en su contención y en su logocentrismo hermético a la poética del silencio, o el oscuro y laberíntico Alzado de la ruina, que presagia la tercera etapa de su poesía.

Refractaria a la confesionalidad, la poesía de Aníbal Núñez tiene uno de sus ejes en la desolación ante el paso del tiempo y su secuela de ruinas. Lo ejemplifican textos memorables como este Síntomas de vejez, de Taller del hechicero:

Ya el poeta no hace como antes
boceto de sus lágrimas
ni refunde su canto hasta el poema

Ahora directamente como el liquen
sobre la piedra inerme
dispone las palabras a sabiendas
de que el tiempo ha dispuesto el cañamazo

de lo que va a escribir para el olvido.


Pintor además de poeta, Figura en un paisaje –uno de sus mejores libros- prefigura la mirada poética en la que acabará culminando años después la obra de Aníbal Núñez: una fase de poesía contemplativa en la que la síntesis de palabra y pintura es fuente de conocimiento y base de la elaboración verbal de la realidad. Esa poesía, más discursiva y de más aliento rítmico, es la de Clave de los tres reinos, la de Primavera soluble, la de Cristal de Lorena.

Distanciada e irónica, exigente y autocrítica, plástica y meditativa, la voz de Aníbal Núñez crea una de las obras poéticas más secretas en su recorrido y más singulares en sus propuestas del último cuarto del siglo XX. Y en esta amplia antología tiene el lector una privilegiada manera de acercarse a ella.

Santos Domínguez


16 septiembre 2009

La sima


José María Merino.
La sima.
Seix Barral. Barcelona, 2009.

José Mª Merino funde en La sima, que publica Seix Barral, memoria y narración, presente y evocación en busca de la identidad propia y colectiva, de la memoria histórica sobre el fondo cainita y fratricida de las guerras civiles. Entre el día de Inocentes de 2005 y la mañana de Reyes de 2006, Fidel -el narrador/protagonista- vuelve al pueblo donde están sus raíces familiares para redactar su tesis sobre la primera guerra carlista. En esos días se superponen los recuerdos de la última guerra civil y lo que iba a ser una tesis acaba pareciéndose más a una novela. Una novela de ideas. Una novela de tesis, naturalmente, como afirma el irónico narrador en la última línea del libro.

Una leve trabazón argumental le sirve a José Mª Merino para hacer una reflexión honda y sostenida sobre el cainismo español y para escribir una novela sobre la concordia, la necesidad de la tolerancia y la justicia de la memoria histórica para cerrar las heridas abiertas y enterrar decentemente a los muertos.

Crítica comprometida del revisionismo y de las actitudes manipuladoras de la derecha, La sima es en el fondo una declaración de fe en la posibilidad de superar esa historia de enfrentamientos. Frente a la resignación fatalista del narrador sobre la larga historia de confrontaciones entre españoles, Merino, como Verástegui, el director de la tesis de Fidel, niega el cainismo como destino y cree en la posibilidad de superar esa atávica tendencia a la confrontación violenta.

La tesis sobre las guerras carlistas finalmente no se escribe, pero el proyecto da lugar a que el protagonista reconstruya su propia memoria y rememore sus recuerdos personales y familiares y su historia amorosa sobre el fondo de un paisaje familiar dotado de alto contenido simbólico, un paisaje marcado por dos claves reales y metafóricas: la sima de la represión y la niebla del olvido.

De esa manera se aborda una larga historia de simas desde Atapuerca hasta hoy, pasando por otras guerras civiles como la que duró ocho siglos y a la que la propaganda de los vencedores llamó Reconquista.

Porque para José Mª Merino escribir es una forma de conocer y los personajes y los lugares funcionan a la vez como realidad y como representación, más allá de la dimensión individual y de las circunstancias concretas de la trama, la materia narrativa articula una reflexión sobre la realidad del presente y el pasado, de modo que la historia personal o familiar es contrapunto y reflejo de una realidad más amplia.

Santos Domínguez

14 septiembre 2009

Un armario lleno de sombra


Antonio Gamoneda.
Un armario lleno de sombra.
Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.
Barcelona, 2009.

No sé si la voluntad de escribir sobre mi infancia – de escribir mi infancia- tiene alguna causa. El olvido progresa en mí y se hace parte de un silencio intelectual que, fugazmente, me proporciona algo parecido a un bienestar. Un bienestar vacío.

Así comienza Un armario lleno de sombra, la memoria de la infancia de Antonio Gamoneda que publica Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Dos años después de la muerte de su madre, el poeta abrió el armario en el que se almacenaba el pasado en forma de objetos y olores:

Las manos de mi madre eran grandes. Las ponía en mi frente queriendo medir una fiebre que quizá no existía y yo me acostumbré a sentir reunidos el olor a lejía y la ternura. Las manos fueron grandes en años lejanos; no más tarde, cuando descansaron frías sobre la manta roja que envolvía sus piernas. Las venas, gruesas en otro tiempo, se habían unido en una blancura hasta entonces inexistente.

También era difícil reconocer sus ojos, que habían sido ágiles aunque pareciesen siempre cristalizados en el cansancio. Se hicieron más grandes (se había dilatado su iris o se habían retirado sus párpados) y no había en ellos oscuridad ni señales de pensamiento. Tras la córnea, inexplicablemente azul o carente de color, no lo sé bien, permanecía una mirada interrogante y quieta. Había desaparecido la precisión de la pupila pero no la mirada. La transformación de sus manos y sus ojos duró cinco años, quizá más. Murió suavemente, dejando caer con cuidado la cabeza sobre la clavícula izquierda. Estábamos en la galería y el sol se retiraba ya del frontón blanco de las casas vecinas. Yo estaba dándole de comer.

No son unas memorias al uso, sino una incursión inmisericorde en la sombra, en lo turbio. Para rescatar esa memoria herida, Gamoneda evoca su vida hasta los catorce años en un ejercicio de prosa que quiere evitar las trampas que inventa la memoria y proyecta una luz potente sobre buena parte de su obra poética, marcada por esos años cruciales.

Un armario lleno de sombra escribe la memoria de la infancia con intensidad poética que se superpone a la voluntad narrativa en una serie de secuencias en las que las sensaciones, mezcladas sinestésicamente, se convierten en la base del recuerdo:

Ahora, cuando los gritos vienen a mi memoria, se manifiestan como visiones. En mi cerebro se pronuncian cuchilladas amarillas. Los gritos eran y son amarillos. Sucede. No sé por qué.

El pasado tiene en este libro la forma de los sonidos de la casa familiar y de la calle. Es el recuerdo construido con la materia elemental de la percepción de los olores o los sonidos, con su existencia anterior al pensamiento, porque la vista, el oído o el olfato generan las percepciones primarias que crean la memoria y preparan la comprensión de lo sórdido, lo oscuro, lo vergonzoso, la enfermedad o la pobreza.

Tras la experiencia de la brutalidad, el sadismo y la pederastia frailunas en un colegio de agustinos, desviaciones elevadas a práctica pedagógica habitual en los colegios religiosos de la posguerra inmediata y las décadas posteriores, el libro se interrumpe cuando el niño va a dejar de serlo, pero las experiencias decisivas en su relación con la palabra se han producido ya. De una de esas experiencias escribe el poeta:

En mi vida de adulto, no he encontrado nada más decisivo en relación con la palabra poética. Aquel niño deslumbrado me dejó claro para siempre que el lenguaje de la poesía se sabe y entiende (...) en el exterior del lenguaje conversacional o informativo.

No son unas memorias convencionales, sino una exploración radical en un pasado doloroso del que surgiría el presente del hombre y el poeta. Muchas de las claves de su obra, de su relación con la realidad, de sus imágenes y su trato con la palabra tienen su origen en ese pasado infantil y por eso, al hilo del relato, se evocan algunos fragmentos de su poesía en este libro que ilumina muchas zonas oscuras de la poesía de Antonio Gamoneda.

Santos Domínguez

11 septiembre 2009

Antología poética andaluza



Entre el XX y el XXI.
Antología poética andaluza (II)

Edición de Francisco Morales Lomas.
Carena. Barcelona, 2009.


Como una antología integradora, ajena a capillas literarias y a conflictos literarios pasajeros defiende Francisco Morales Lomas la selección de poetas andaluces actuales cuya segunda entrega acaba de publicar Ediciones Carena.

Se reúnen aquí, como en el primer volumen, que apareció en 2007, muestras de diez poetas que representan la diversidad de voces y tendencias del panorama poético andaluz en la transición del siglo XX al XXI: Luis García Montero, Antonio Enrique, Aurora Luque, Domingo F. Faílde, Antonio Jiménez Millán, Rosa Romojaro, Alberto Torés, Álvaro García, José Sarria y Fernando de Villena.

Diversidad tan natural como la heterogénea calidad de los textos aquí reunidos, porque -como puede suponer el lector- cuando se selecciona a veinte poetas lo inevitable es que esas diferencias emerjan para hacerla discutible. ¿Y qué sería una antología si no generara polémica, si no contuviera nombres difícilmente justificables?

Cada uno de los poetas ha preparado una Poética que resume sus ideas o sus propósitos estéticos. Y también en ese plano, como era de esperar, los textos evidencian la distancia entre la ambición y la vacuidad, entre la autocrítica y la conciencia creativa.

En cualquier caso, y pese a la profusión de nombres que tiene el peligro de ser menos una selección que un censo, Morales Lomas propone un panorama creíble de la poesía que se escribe en Andalucía en la actualidad.

Como en toda antología, la relación de nombres se mueve entre lo obvio y lo discutible sin escalas intermedias con una ordenación ininteligible que subraya involuntariamente la muy distinta calidad de la obra y los poemas.

Y es que, se quiera o no, una antología contiene un canon más que la sugerencia de un panorama y aunque el propósito no vaya más allá de una instantánea del paisaje, no dejarán de ser discutibles el enfoque o el ángulo elegidos.

Ya saben el lector y el antólogo que ese panorama se podía haber fotografiado desde otros puentes y otras perspectivas no menos creíbles.

Santos Domínguez

09 septiembre 2009

Un reptil por habitante



Théo Ananissoh.
Un reptil por habitante.
Traducción de Robert Juan-Cantavella.
Alpha Decay. Barcelona, 2009.


Con una eyaculación precoz y un coitus interruptus provocado por una llamada telefónica comienza Un reptil por habitante, una novela doblemente negra: por su trama y por estar ambientada en el África negra.

Escrita por el togolés Théo Ananissoh, la edición original la publicó Gallimard hace un par de años y ahora la publica Alpha Decay con traducción de Robert Juan-Cantavella en su colección Alfaneque, dedicada a la narrativa africana.

Como toda novela de este género, al principio hay un cadáver, el del Jefe de Estado Mayor adjunto del ejército de Togo y un móvil desconocido para el crimen, cometido en casa de su amante. A partir de ahí, con un ritmo trepidante, se suceden los acontecimientos con eficaces dosis de intriga, sexo y humor.

Humor negro, naturalmente, para hablar no sólo de la elucidación del crimen, sino de la realidad social y política de todo un continente.

Santos Domínguez

07 septiembre 2009

El cuento de siempre acabar


Medardo Fraile.
El cuento de siempre acabar.
Pre-Textos. Valencia, 2009.

Autobiografía y memorias es la doble matización que ha elegido Medardo Fraile como subtítulo de El cuento de siempre acabar, el volumen que publica Pre-Textos en su colección Narrativa Contemporánea.

En él, Medardo Fraile aúna soltura narrativa y verdad, dos de las bases de su literatura. Escritura y verdad había titulado sus Cuentos Completos en Páginas de Espuma y Cuentos de verdad era el título elegido para la selección que hizo Pilar Palomo de sus relatos en Cátedra.

Entre la autobiografía personal y la memoria de un tiempo y un espacio compartidos con los demás, en la reconstrucción del pasado por parte de Medardo Fraile se unen la capacidad narrativa en la evocación y la ironía comprensiva de raíz cervantina, el homenaje y la risa burlona para dar cuenta de diversos tiempos y lugares y de una abundante fauna urbana o rural, civil o militar, universitaria o iletrada, intelectual o ágrafa.

Antes de la conciencia del tiempo, sus páginas reconstruyen los espacios de la memoria: las sucesivas casas madrileñas donde vivió antes, durante y tras la guerra civil, los veranos infantiles en Úbeda o el ir y venir por las calles de Madrid.

Rostros, nombres y fotografías pueblan las primeras evocaciones del entorno familiar del niño (su temprana orfandad, sus tías, un hermano muerto a los cinco meses, su padre) que poco a poco va abriéndose al mundo, a las calles de la guerra, a la escuela y el instituto, a la realidad de la posguerra.

La virtud narrativa de Medardo Fraile evoca aquellos años de infancia con trastienda en los amenes de un reinado y en los años republicanos que están en la raíz de muchos de sus relatos, de resonancias proustianas y con un juego de sobreentendidos y guiños que exigen, como este magnífico volumen memorialístico, la complicidad del lector. Muchos de sus cuentos surgen de situaciones cotidianas transformadas en materia narrativa y dotados de una fuerte capacidad de sugerir a partir de lo aparentemente trivial.

Inevitable y felizmente, esa misma técnica es la que aparece en estas páginas en las que conviven relato, tiempo y una abundante baraja de personajes que forman parte de sus recuerdos: El juguete más apasionante para mí ha sido la gente que me rodeaba.

Y así, con esa mezcla de autobiografía y memoria, la historia personal de Medardo Fraile se recorta sobre el telón de fondo de aquella España de la posguerra en la que se inició en el periodismo y en el teatro, hizo las milicias universitarias y se fue convirtiendo en miembro destacado del grupo de narradores del medio siglo.

Aquellos narradores que se dieron a conocer en la Revista Española de Rodríguez Moñino, Aldecoa, Fernández Santos, Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite son, junto con los dramaturgos Alfonso Sastre, Paso y Buero, algunas de las presencias más repetidas en unas páginas ágiles en las que lo estrictamente autobiográfico se funde con la memoria de un tiempo duro y crucial en la sociedad y la literatura de la posguerra.

Tal vez por eso, la memoria abandona la melancolía y se hace más crítica con aquella fauna ibérica que Medardo Fraile conoció en los años universitarios o en las tertulias literarias. Algunos de aquellos ejemplares salen de estas páginas con heridas serias. Sus nombres los encontrará el curioso lector en el amplio índice onomástico que cierra el volumen.

Santos Domínguez

01 septiembre 2009

Juan Belmonte, matador de toros


Manuel Chaves Nogales.
Juan Belmonte, matador de toros.
Su vida y sus hazañas.
Edición y prólogo de Mª Isabel Cintas.
Ilustraciones de Andrés Martínez y Salvador Bartolozzi.
Biblioteca de la Memoria. Renacimiento. Sevilla, 2009.

Juan Belmonte, matador de toros es una de las mejores biografías que se han escrito en español. Una narración de forma autobiográfica en la que la eficiente ocultación de la voz de Chaves Nogales tras la de Juan Belmonte es su mejor virtud literaria.

Periodista de oficio y dueño de una de las prosas más fluidas y limpias de su época, Chaves Nogales, que había publicado poco antes El maestro Juan Martínez que estaba allí, poseía además un inusual talento narrativo. Por eso intuyó que la superposición del biógrafo y el biografiado en una sola voz sería la clave de su eficacia.

Nunca fue a una corrida de toros. Lo que le interesa a Chaves Nogales en este libro, más que exaltar a una figura del toreo, es retratar al hombre hecho a sí mismo desde la quincallería de la calle Feria y las noches de luna y cerrado en Tablada hasta la plenitud triunfal, anterior y posterior a la muerte de Joselito en Talavera, y coronada por un cortijo con parrales en Utrera.

Juan Belmonte, matador de toros narra en primera persona la forja de un torero que revolucionó el toreo y es la memoria de un tiempo conflictivo y una España problemática escrita en los agitados años finales de la Segunda República.

Pero el libro, además de una incursión en la personalidad y la memoria de Juan Belmonte, además de la memoria de una época, es también una teoría de Sevilla que se inicia con un niño atónito que se asoma a la calle Feria, una calle que es el mundo, una de esas quince o veinte calles del mundo–afirma Chaves Nogales- propicias para la formación de la personalidad:

Los niños que nacen en estas calles se equivocan poco, adquieren pronto un concepto bastante exacto del mundo, valoran bien las cosas, son cautos y audaces. No fracasarán.

A partir de ese momento se inicia un recorrido vital, espacial y temporal por la construcción de un mito viviente que en 1935, cuando se publicó esta biografía, tenía 43 años y seguía en activo, convertido en el espejo en el que se reflejaban el patetismo y los deseos de los demás.

Llevaba por entonces más de veinte años de ejercicio como el presunto y frustrado cadáver próximo que había predicho Rafael Guerra en fallida profecía y había transformado el toreo en un ejercicio espiritual alejado de la disciplina física, en la versión olímpica de un estado de ánimo.

Un estado de ánimo cambiante, asaltado con frecuencia por la duda y el cansancio. No falta en el libro una premonición que anticipa lo que ocurriría treinta años después:

No sé por qué me asaltó aquella monomanía, pero lo cierto es que, a veces, me sorprendía en íntimos coloquios conmigo mismo, incitándome al suicidio. Tenía en la mesilla de noche una pistola, y muchas veces la cogía, jugueteaba con ella y la acariciaba, dando por hecho que de un momento a otro iba a disparármela en la sien.

Este asombroso Juan Belmonte, matador de toros, que acaba de reeditar Renacimiento, es el resultado de muchas horas de conversación del torero y el periodista. Antes que en libro, apareció por entregas en veinticinco capítulos entre junio y diciembre de 1935 en la revista Estampa.

Aquellas entregas semanales iban profusamente ilustradas con 98 fotografías, 98 apuntes de Martínez de León y 20 dibujos de Salvador Bartolozzi que se recuperan en esta edición preparada y prologada por Mª Isabel Cintas.


Santos Domínguez

28 agosto 2009

El día que mataron a Manolete


Tico Medina.
El día que mataron a Manolete.
Almuzara. Córdoba, 2009.


A Manolete lo matamos entre todos, pero él solo se murió, escribe el periodista en este volumen que publica Almuzara, un acercamiento al hombre frágil que está tras el mito en que se convirtió con su muerte.

Más que una biografía de Manolete, El día que mataron a Manolete es una indagación de primera mano sobre las circunstancias que rodearon al torero en sus últimos días y que provocaron su muerte en la plaza de Linares el 28 de agosto de 1947.

Las entrevistas a la madre de Manolete, a Lupe Sino, su novia, y a testigos de la cogida y la muerte como Camará, su apoderado, Canito, que fotografió la cogida y el cadáver, Álvaro Domecq o Luis Miguel Dominguín, que toreaba con él aquella tarde, son algunas de las fuentes de información de un libro que busca la cara oculta del mayor mito del toreo, como indica el subtítulo.

La base fundamental, sin embargo, es el testimonio del propio torero en una entrevista que concedió al Caballero Audaz en julio de 1947. En las declaraciones de aquel Manolete convaleciente de una grave cornada en Madrid hay una confesión a corazón abierto que fija la imagen más certera del torero.

Este es el rescate esencial de un libro escrito desde el dolor del reportero, “no en estado de gracia, sino de desgracia”, que tiene algo de purga y penitencia porque a Manolete “lo mataron –afirma el autor- sí , pero todos, todos hundimos con él el estoque hasta los gavilanes, incluso los que no le conocimos. Todos estábamos deseando beber su propia sangre, arruinada, vieja, porque no fue una fuente lo que salió de su herida aquella tarde, sino más bien un grifo.”

Desgarrado entre su imagen pública y su vida privada, entre su imagen y su intimidad, entre lo que representaba como símbolo de la España franquista y sus relaciones con el exilio en Méjico, entre una madre absorbente y dominante y el amor de una mujer liberada, hubo en las circunstancias de su muerte algo de rito sacrificial, de muerte que consagra al héroe.

Moría el hombre y nacía un mito, un símbolo para la España de la posguerra hecho con los restos dramáticos de quien se había convertido en un juguete roto y en una víctima de las circunstancias familiares, sociales y taurinas que provocaron su desaparición.

“No había cojones para cortarle una pierna a Manolete – declara uno de los entrevistados-. ¿Y sabe usted por qué? Porque nadie se imagina a Dios con una pierna menos.”

Hubo quienes lo vieron muerto mucho antes de la feria de Linares. Manolete, cuestionado por el público y parte de la crítica y con ganas de retirarse, era en aquellos últimos tiempos un hombre agotado físicamente y amargado que había perdido el favor del público: “El público sólo está contento conmigo cuando me ve camino de la enfermería.”

Su figura y su muerte generaron una bibliografía tan desmesurada que sólo en los meses finales de 1947 alcanzó los treinta libros y que desde entonces no ha dejado de crecer. Lo que aporta esta nueva aproximación a Manolete es que se basa en fuentes directas y que sitúa su figura en su contexto problemático a través de perspectivas muy distintas, pero cercanas.

Santos Domínguez

01 julio 2009

Vida veneciana de W. D. Howells




William Dean Howells.
Vida veneciana.
Prólogo de Henry James.
Traducción de Nuria Gómez Wilmes.
Edición de Francisco Javier Jiménez.
Páginas de Espuma. Madrid, 2009.

Posiblemente ninguna ciudad haya generado tanta literatura, tanta pintura o tanto cine como Venecia. Y posiblemente Vida veneciana, del estadounidense William Dean Howells, sea el punto de partida de los libros de viaje que tienen como centro y destino la ciudad de los canales.

Se publicó en 1866 y es la autobiografía veneciana de William Dean Howells, que vivió en la ciudad cuatro años como diplomático, y al que Henry James calificó en el artículo que figura como prólogo del libro como uno de los escritores americanos de mayor encanto y sin duda como uno de sus viajeros más eficientes.

Esa eficiencia nace, antes que de la buena prosa de Howells, de su capacidad observadora, de su mirada aguda y minuciosa, dedicada -como él mismo explica- a observar esta VENECIA, que muestra, con respecto a otras ciudades, la misma grata inverosimilitud que el teatro muestra hacia la vida diaria.

Con la suma de esa mirada atenta a los detalles menores y a los hechos triviales, que son los que de verdad definen el espíritu de la ciudad y el tono de la vida veneciana, y con el indiscutible mérito literario que James elogia en el diplomático, Howells escribe un magnífico texto que va más allá de las convenciones y limitaciones de un libro de viajes. Recuerda su llegada a la ciudad, evoca el invierno veneciano y el comienzo del calor, nos invita a un paseo al amanecer, a la ópera y al teatro, nos introduce en las cenas venecianas y en sus peculiares comensales, habla de un balcón sobre el Gran Canal o de las islas de las lagunas o narra sus visitas a las iglesias y describe sus pinturas.

Y a medida que pasa el tiempo y avanzamos en la fluidez del texto, el viajero va ahondando en el conocimiento de la realidad social veneciana, en el análisis del carácter de sus habitantes, con las peculiaridades de los armenios y los judíos de Venecia, muestra los ciclos festivos de la ciudad, las celebraciones navideñas, los rituales de las bodas o los entierros, antes de cerrar los más de veinte capítulos del libro con el recuerdo de su último año en Venecia, recordado siete años después.

Explicaba Henry James que con las dotes de su autor este libro no tenía muchas probabilidades de estar mal escrito. Ahora lo pone al alcance del lector español Páginas de Espuma en una cuidada edición, traducida por Nuria Gómez Wilmes y anotada oportunamente por Francisco Javier Jiménez.

Santos Domínguez

30 junio 2009

Onetti. Obras completas III



Juan Carlos Onetti.
Obras completas III.
Cuentos, artículos y miscelánea.

Edición de Hortensia Campanella.
Prólogo de Pablo Rocca.
Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.
Barcelona, 2009.


Majestades, excelentísimos señores académicos, dignísimas autoridades, señoras y señores:
Yo nunca he sabido hablar ni bien ni regular. La elocuencia, atributo muy hispánico, me ha sido vedada. Hablo mal en privado, por eso hablo poco en las pequeñas reuniones de amigos, y hablo peor en público, por lo cual sería mejor para ustedes que no les dijera nada.

Así comenzaba Juan Carlos Onetti el único discurso que pronunció en su vida (Montevideo, 1909- Madrid, 1994). Lo leyó el 23 de abril de 1981 en Alcalá de Henares en la recepción del Premio Cervantes y es uno de los textos que recoge el tercer tomo de sus Obras Completas en Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.

Con estos Cuentos, artículos y miscelánea, en edición de Hortensia Campanella y con un muy interesante prólogo de Pablo Rocca sobre los límites de la representación narrativa de la realidad, culmina la publicación de las obras completas de Juan Carlos Onetti en Galaxia Gutenberg, tras los dos tomos anteriores, que recogían sus novelas y que se publicaron en 2006 y 2007.

Una tarea iniciada hace seis años y que se cierra con este tercer volumen que aparece en la fecha exacta del centenario de Onetti. Ha sido el tomo de elaboración más complicada, porque reúne por primera vez en un volumen decenas de artículos, un ingente material periodístico disperso y misceláneo. A la dificultad de reunir ese material se une la de organizarlo, pero el resultado está lleno de hallazgos y recuperaciones que justifican el arduo trabajo y compensan el esfuerzo de los editores, con Hortensia Campanella a la cabeza.

Poco hay que decir de nuevo de los cuentos de Onetti, uno de los maestros reconocidos del género en lengua española. Por cierto, una de las novedades que incorpora esta edición es El último viernes, un cuento inédito hasta hace unos días. Aparece -con varios relatos inéditos- junto con El infierno tan temido o Bienvenido, Bob, obras maestras de un género en el que Onetti estuvo a la misma altura, por lo menos, de sus mejores novelas.

Como las novelas, sus cuentos viven en la frontera difusa del mundo real y la ficción, entre el discurso y la historia y exploran la realidad a través de unos personajes de perfiles borrosos y comportamientos complejos.

Los artículos periodísticos, que escribió durante toda su vida, desde la época en que firmaba como Periquito el aguador hasta los veinte años españoles, establecen conexiones constantes con los relatos y las novelas, porque definen el marco de referencia de su mundo literario y abren distintas líneas de reflexión sobre su propia escritura.

Esos artículos no sólo fueron su campo de aprendizaje y de práctica de la prosa. En muchos de ellos recoge sus reflexiones de lector, expresa sus admiraciones y traza un mapa literario con nombres fundamentales para entender su escritura: Faulkner, Proust, Celine, Mann, Cortázar o Rulfo.

La tercera sección recopila, bajo el rótulo Miscelánea, un material tan inclasificable como interesante. Rarezas y rescates en formas variadas: prólogos, autorretratos y autoentrevistas, conversaciones, algún que otro poema o la única conferencia que dictó en 1974, Por culpa de Fantomas, excepcional no sólo por única, sino porque está llena de claves que iluminan su narrativa.

Por eso, los cientos de textos reunidos en este espléndido tomo forman un todo coherente en el que se perciben constantemente líneas de conexión entre cuentos, artículos y esos textos misceláneos, entre lectura y escritura, entre creación, método y reflexión.

Completa la edición un abundante aparato de notas sobre la génesis, la difusión, la recepción y el sentido de estos textos magistrales. En uno de ellos, Retórica literaria, un artículo que publicó en Marcha el 28 de julio de 1939, hace ahora setenta años, definía Onetti su proyecto literario, que no había hecho más que comenzar:

Durar frente a la vida, sosteniendo un estado de espíritu que nada tenga que ver con lo vano e inútil, lo fácil, las peñas literarias, los mutuos elogios, la hojarasca de mesa de café.
Durar en una ciega, gozosa y absurda fe en el arte, como en una tarea sin sentido explicable, pero que debe ser aceptada virilmente, porque sí, como se acepta el destino. Todo lo demás es duración física, un poco fatigosa, virtud común a las tortugas, las encinas y los errores.



Santos Domínguez

29 junio 2009

Los héroes griegos

Karl Kerényi. 
Los héroes griegos. 
Prólogo de Jaume Pòrtulas. 
Traducción de Cristina Serna. 
Atalanta. Gerona, 2009.

Atalanta edita un estudio ya clásico sobre la profunda huella que han dejado las leyendas heroicas de la Grecia clásica no sólo en la configuración de prototipos literarios o éticos, sino en la formación del pensamiento occidental. 

 Lo publicó el húngaro Karl Kerényi en 1958, lo dedicó a los poetas del futuro y es el complemento imprescindible de una mitología para adultos cuyo primer volumen estaba dedicado a los dioses griegos. 

Como en aquella primera entrega, se trata de una narración continua que prescinde del análisis erudito y se construye como una presentación descriptiva puesta en boca de un narrador inventado por Kerényi: un griego isleño de nuestro tiempo que cuenta esos mitos y leyendas heroicas desde dentro, como parte de su propia realidad. 

 Con esa voluntad narrativa, se asume así un único punto de vista omnisciente que recorre una parte fundamental de nuestro inconsciente colectivo para hablar de unas historias que abarcan desde los relatos de Cadmo y Harmonía a las consecuencias de la guerra de Troya y se desarrollan entre la desembocadura del Guadalquivir y el Cáucaso. 

 Elemento central de la triple división que propuso Píndaro en su segunda Olímpica entre los dioses, los héroes y los mortales, en la figura del héroe se funden la literatura, la religión, la antropología y la historia del pensamiento en un enfoque complementario de la mitología de las divinidades, porque –como explica Kerényi- los dioses reclaman a los héroes y estos forman parte de la mitología. Desde allí pasaron a un tiempo que ya no trata de “historias”, sino de “historia”. 

 Por eso los héroes viven como unos antepasados prestigiosos en las fronteras que separan mitología e historia, en una forma especial de casi-existencia cuya solidez y centralidad inmutable comparten con los dioses. 

 Combinando las fuentes de la tradición escrita y las imágenes de la cerámica y el arte sepulcral, Kerényi organiza la narración en tres libros. El primero, que arranca de las leyendas tebanas, habla de los Dioscuros, de Perseo, de Edipo o Atalanta; el segundo se centra en la figura de Heracles y sus doce trabajos y la tercera, por fin, se centra en los héroes atenienses. En todo ese recorrido queda abierta la posibilidad de un segundo sentido que, más allá de la mera narración literal y externa, concierne a una zona profunda de nuestra mentalidad individual o colectiva. 

 La edición incorpora una abundante serie de láminas que reproducen escenas heroicas en cráteras y vasos, una cerámica modesta y portentosa, como la denomina Jaume Pòrtulas en su excelente prólogo.

 
Santos Domínguez

28 junio 2009

Un médico rural y otros relatos pequeños


Franz Kafka.
Un médico rural y otros relatos pequeños.
Traducción de Pablo Grosschmid.
Impedimenta. Madrid, 2009.


Para cerrar una temporada llena de aciertos en forma de recuperaciones y de descubrimientos, Impedimenta publica Un médico rural y otros relatos pequeños de Kafka. Más de treinta textos que formaron parte de dos colecciones de cuentos del autor de La metamorfosis, en una nueva traducción de Pablo Grosschmid y en una cuidada edición que incorpora abundantes y significativas ilustraciones fotográficas y documentales -como la esquela que avisa de su muerte el 3 de junio de 1924- sobre Kafka y su mundo en página completa.

Un médico rural,
el libro del que toma título este volumen, lo publicó en 1920, tres años después de haberlo terminado. Está ya en él, sintetizado y complejo a la vez, el Kafka canónico y maduro, el escritor nocturno que cuestiona angustiosamente el mundo, el oscuro oficinista que se desdibuja en máscaras irónicas o se atrinchera en el interior de sí mismo y anticipa en Ante la Ley una semilla de El proceso o deja en sus páginas varias parábolas inolvidables (Chacales y árabes, Un mensaje imperial o Informe para una Academia) sobre el sinsentido y los límites de la expresión, sobre la crisis de la identidad y la razón.

El otro, Percepciones, fue el primer libro que publicó Kafka. Apareció en 1912, poco después de haber escrito La metamorfosis, y contiene textos menos conocidos, pero igualmente memorables, como El deseo de ser piel roja o el excelente Para reflexión de jinetes.

El destino de Kafka – escribió Borges – fue transmutar las circunstancias y las agonías en fábulas.

¿Un pequeño Kafka? No. No hay un Kafka pequeño. Con estos textos, breves pero no pequeños, estaba inaugurando una de las direcciones fundamentales del cuento contemporáneo.


Santos Domínguez

27 junio 2009

La aldea de sal



Lêdo Ivo.
La aldea de sal.
Traducción de Guadalupe Grande
y Juan Carlos Mestre.
Calambur. Madrid, 2009.


Con selección y traducción de otros dos poetas, Guadalupe Grande y Juan Carlos Mestre, Calambur publica La aldea de sal, una amplia antología bilingüe del brasileño Lêdo Ivo (1924), uno de los poetas más importantes en lengua portuguesa.

Ivo es autor de una amplia obra que no se limita a la poesía y se desarrolla en otros géneros como la novela y el ensayo. Y sin embargo ha sido muy poco editado en España. Aparte de los textos aparecidos en revistas y antologías, la agencia española del ISBN sólo registra un título de Lêdo Ivo, La moneda perdida, que apareció hace veinte años en Olifante y circuló de forma muy restringida.

La poesía de Lêdo Ivo plantea un constante duelo entre la inspiración y el diccionario, equilibra conciencia ética y ambición expresiva, compasión y potencia visionaria. Entre dos títulos significativos, Las imaginaciones (1944) y Requiem (2008), transcurre una poesía construida sobre la capacidad verbal de las imágenes y la dimensión telúrica de la mirada, una poesía planteada como actitud solidaria y como exploración de lo inefable, como conocimiento de lo que vive sólo en el poema y como diálogo imaginativo con la realidad. En forma de elegía o de oda, de lamento o celebración de la vida y la ruina del tiempo, sus textos oscilan entre la iluminación y la búsqueda del sentido, con referencias constantes a la memoria, el mar, la infancia, la fugacidad o la soledad.

A su primer libro, Las imaginaciones, pertenece este poema memorable en el que aparecen ya muchas de las claves de toda su obra:

Vals fúnebre de Hermengarda

Aquí estoy, junto a tu sepultura, Hermengarda,
para llorar tu pobre y pura carne que ninguno de nosotros vio pudrirse.
Otros vendrán lúcidos y enlutados,
pero yo vengo bebido, Hermengarda, yo vengo borracho.
Y si mañana encontráramos la cruz de tu fosa tirada en el suelo,
no fue la noche, Hermengarda, ni tampoco fue el viento.
Fui yo.

Quise amparar mi embriaguez bajo tu cruz
y rodé hacia la tierra donde reposas
triste, aunque cubierta de flores.

Aquí estoy, junto a tu tumba, Hermengarda,
para llorar nuestro amor de siempre.
No es la noche, Hermengarda, no es el viento.
Soy yo.


Los poemas de Lêdo Ivo están llenos de ventanas abiertas al mundo, de descubrimientos y de revelaciones a través de una mirada que se hace palabra y conciencia del lenguaje, de su capacidad creativa y sus limitaciones. Lo explica en uno de sus textos más justamente famosos:


Mi patria

Mi patria no es la lengua portuguesa.
Ninguna lengua es una patria.
Mi patria es la tierra tierna y untuosa donde nací
y el viento que sopla en Maceió.
Son los cangrejos que corren en el lodo de los manglares
y el océano cuyas olas continúan mojando mis pies cuando sueño.
Mi patria son los murciélagos colgados de la techumbre de las iglesias carcomidas,
los locos que danzan al atardecer en el hospicio junto al mar
y el cielo encorvado por las constelaciones.
Mi patria son las bocinas de los navíos
y el faro en lo alto de la colina.
Mi patria es la mano del mendigo en la mañana radiante.
Son los astilleros podridos
y los cementerios marinos donde mis ancestros tuberculosos y palúdicos no
paran de toser y temblar en las noches frías
y la fragancia del azúcar en los almacenes portuarios
y las tencas que se debaten en las redes de los pescadores
y las ristras de cebolla enroscadas en la tiniebla
y la lluvia que cae sobre los corrales de peces.
La lengua de que me valgo no es ni nunca ha sido mi patria.
Ninguna lengua engañosa es una patria.
Tan sólo sirve para que celebre mi gran y pobre patria muda,
mi patria disentérica y desdentada, sin gramática y sin diccionario,
mi patria sin lengua y sin palabras.

Lêdo Ivo, con su voz cercana y su mirada creadora y piadosa, es uno de esos pocos poetas con los que el lector tiene la impresión de que la poesía es una actividad indispensable, que está ahí, descendiendo sobre los hombres.


Santos Domínguez

26 junio 2009

Romanticismo


Rüdiger Safranski.
Romanticismo.
Una odisea del espíritu alemán.

Traducción de Raúl Gabás.
Tusquets. Barcelona, 2009.


Una odisea del espíritu alemán es el elocuente subtítulo de Romanticismo, el magnífico estudio que Rüdiger Safranski publicó hace dos años y que ahora edita Tusquets en su colección Tiempo de Memoria con traducción de Raúl Gabás.

Suma de historia de las ideas, análisis filosófico y narración intrahistórica, Rüdiger Safranski ha organizado sus dieciocho capítulos en dos partes: El Romanticismo, que es una aproximación al movimiento romántico alemán de principios del siglo XIX, a las circunstancias históricas en las que surge y a sus claves estéticas, filosóficas o literarias. La segunda sección – Lo romántico- se centra en sus repercusiones ideológicas, en sus persistentes efectos en la configuración de lo contemporáneo.

Lo explica su autor en estos términos: Este libro trata del Romanticismo y de lo romántico. El Romanticismo es una época. Lo romántico es una actitud del espíritu que no se circunscribe a una época. Ciertamente halló su perfecta expresión en el periodo del Romanticismo, pero no se limita a él.

Poliédrico y contradictorio, pero fundamental en la formación de la mentalidad y la sensibilidad contemporáneas, el Romanticismo es la consecuencia cultural de la Revolución Francesa y promovió su propia revolución en el terreno estético e ideológico. La ruptura de lo clásico, el triunfo de lo individual sobre lo colectivo, la exuberancia del corazón en el sentimiento desbordado, el exceso del yo frente al fracaso de la sobria razón ilustrada son algunas de las claves de un movimiento que, más allá de las modas fugaces, contempla el mundo como obra de arte, reivindica el misterio nocturno y la rebeldía y expresa el malestar del artista que ha sido desplazado a los márgenes de la actividad social.

En último extremo, el Romanticismo en sus planteamientos ideológicos y artísticos es no sólo una reacción irracionalista dentro de los movimientos pendulares de la historia de la cultura, sino la extremada protesta de quienes renegaban del Antiguo Régimen, pero no encontraban su lugar en la nueva organización de la sociedad industrial que los relegaba a una situación irrelevante.

De ese cambio de posición del artista, el escritor y el intelectual en la nueva situación social surge la emancipación del pensamiento filosófico, la subjetividad vitalista y antinormativa de la creación literaria, musical o pictórica, pero también el desasosiego que está en la raíz de muchas actitudes románticas.

La persistencia de esas actitudes en todo el siglo XIX, en los movimientos de vanguardia del siglo XX, su repercusión en el nacionalsocialismo (la pesadilla febril del sueño romántico, que engendra sus propios monstruos) o su reaparición en el espíritu juvenil del 68 son el objeto de la segunda parte del volumen. Porque la crisis que empezó a manifestarse en el concreto periodo cultural que llamamos Romanticismo en autores como Herder, Fichte, Schelling, Hoffmann, Hölderlin o Schiller se agudizó con Niezstche o con Hofmannsthal, se prolongó en la poesía de Rilke o en la filosofía de Heidegger y manifestó su vigencia en Thomas Mann o en las teorías de Jung.

Como en otros libros de Safranski, el rigor se compagina en Romanticismo con la capacidad narrativa y la solidez intelectual nunca es un obstáculo para la amenidad en la descripción de un movimiento que estrictamente duró tres décadas, pero tuvo consecuencias que se prolongan en la actualidad a través de una serie de cruciales estaciones de paso que se llamaron Wagner, Nietzsche o Rilke, tan intermedios como determinantes de todo lo que vino después de ellos y llega hasta hoy.

Santos Domínguez

25 junio 2009

Equipaje de vacaciones. Viajes


Henri de Régnier.
Venecia.
Traducción de
Juan José Delgado Gelabert.
Cabaret Voltaire. Barcelona, 2009.


Cabaret Voltaire publica Venecia, una colección de prosas de Henri de Régnier (1864-1936), con traducción de Juan José Delgado Gelabert y con treinta y cuatro espléndidas fotografías. Elogiado por Remy de Gourmont y admirado por Proust, tan cercano a su sensibilidad decadentista, Régnier vivió y escribió venecianamente. Venezianamente visse e scrisse, dice la lápida que honra su memoria en el Palazzo Ca’Dario, su lugar preferido, el sitio donde pasó algunas temporadas y escribió la mayor parte de estos textos en los que está no sólo el espíritu de quien los escribió, sino el alma de la ciudad misteriosa que recorrió como un flâneur.





Cees Nooteboom.
Tumbas de poetas y pensadores.
Fotografías de Simone Sassen.
Traducción de María Condor.
Debolsillo. Barcelona, 2009.

Visitamos a unos muertos a los que conocemos mejor que a la mayoría de los vivos. Porque en gran medida la literatura es una conversación con los muertos, Cees Nooteboom visitó durante años decenas de tumbas de poetas y pensadores. De esa experiencia surgió este libro que ahora aparece en formato de bolsillo, ilustrado con las espléndidas fotografías en blanco y negro que hizo Simone Sassen. Un viaje inducido por la lectura y que invita a la relectura, porque el que visita la tumba de un poeta emprende una peregrinación a sus obras completas.





Guillaume Apollinaire.
El paseante de las dos orillas.
Traducción de Elena Fons
y Jèrôme Gauchet.
Epílogo de J. Ignacio Velázquez.
El olivo azul. Córdoba, 2009.

El olivo azul inaugura la colección Errantes, dedicada a los viajes y a los viajeros que los narran. La primera entrega es El paseante de las dos orillas, de Guillaume Apollinaire, un libro con el que su autor se incorporaba a la tradición del flâneur, que implica antes que el viaje físico una actitud, una forma de mirar y de estar en el mundo. En él, Apollinaire propone un recorrido por las dos orillas del Sena, un collage con abundantes fotografías de la época, con caricaturas de escritores y caligramas. Librerías, escenarios de crímenes, personajes extravagantes y escritores de comienzos del XX salen a nuestros encuentro en este paseo por los muelles del Sena, esa deliciosa biblioteca pública, en palabras de Apollinaire, que no llegó a verlo publicado.





Julio Camba.
Un año en el otro mundo.
Prólogo de Ignacio Carrión.
Rey Lear. Madrid, 2009.

Nueva York no es una ciudad. Es un sistema, una teoría, escribe Julio Camba en La ciudad teoría, uno de los artículos que forman parte de la recopilación de las crónicas que escribió como corresponsal de ABC en 1916. Un año en el otro mundo fue el libro que consagró a Camba como escritor cuando Azorín comparó su humor con el del Viaje sentimental de Sterne. La campaña electoral de las presidenciales, la entrada en la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, las postales descriptivas del espíritu americano vistos con el humor ácido y la distancia crítica de quien sabía que lo fundamental en un escritor y en un periodista es saber mirar y comprender –como señala Ignacio Carrión en su inteligente prólogo- que es la mirada la que escribe.





Alberto Vigevani.
Verano en el lago.
Traducción de Francesc Miravitlles.
Minúscula. Barcelona, 2009.

Algo más de medio siglo tiene este espléndido texto de Alberto Vigevani que acaba de publicar Minúscula. Ambientado en los años treinta, Un verano en el lago recupera la memoria melancólica de un adolescente milanés de vacaciones en el lago de Como. Una refinadísima novela de formación que contiene dos viajes: el espacial y el temporal. La entrada en la madurez a través de la experiencia de la belleza en una narración en la que se combinan la elegancia descriptiva, la delicadeza en la percepción de los estados de ánimo y la melancolía en la evocación del pasado. La traducción de Francesc Miravitlles, inmejorable.


Alineación al centro


Alfred Kazin.
Un paseante en Nueva York.
Traducción de Juan Castilla Plaza.
Barataria. Barcelona, 2009.

Cada vez que regreso a Brownsville es como si jamás me hubiera marchado. Así comienza el primer capítulo de Un paseante en Nueva York, la memoria que escribe en 1951 Alfred Kazin de un paisaje -el de su barrio neoyorkino- y de un tiempo – el de su niñez y su adolescencia en un barrio judío y pobre de Brooklyn. Del metro a la sinagoga es el primero de los cuatro capítulos de un paseo que es más interior que exterior y que culmina en El verano: de camino a Highland Park.

Santos Domínguez

24 junio 2009

Equipaje de vacaciones. Ensayo


Adolfo Castañón.
Algunas letras de Francia.
Prólogo de José de la Colina.
Veintisieteletras. Madrid, 2009.

Veintisieteletras reúne en Algunas letras de Francia un amplio conjunto de artículos y ensayos sobre literatura francesa del escritor mexicano Adolfo Castañón. En orden alfabético, y precedidos de una carta-prólogo de José de la Colina, desfilan por estas páginas Voltaire (el hombre libre y el hombre libro), Chamfort (que siempre hablaba para el más inteligente), un Schwob risueño y genial, Le Clézio y la huella de los sueños, Saint-John Perse con sus composiciones rigurosas y clásicas, o José Mª de Hinojosa (el poeta-cartógrafo). Una espléndida colección de textos que son la invitación a la relectura ofrecida por un lector lúcido que escribe en ellos su autobiografía espiritual.




María Zambrano.
Las palabras del regreso.
Edición de Mercedes Gómez Blesa.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2009.


Cátedra recupera los artículos periodísticos que María Zambrano publicó en diarios españoles a la vuelta de un largo exilio de más de cuarenta y cinco años. Estas palabras del regreso, organizadas en diez capítulos temáticos, son una biografía del exilio de su autora y el testimonio intelectual de una pensadora fundamental en el panorama filosófico español del siglo XX. Aparecidos entre 1985 y 1990, son un exponente de la última etapa del pensamiento de María Zambrano, la que se desarrolla en torno a lo simbólico y a la idea de razón poética. Una de sus claves, la fenomenología del exilio y la identificación de la autora con la figura de Antígona.





Edna O'Brien.
Byron enamorado.
Espasa. Madrid, 2009.

En quien fue el más extravagante, atractivo y paradójico de los hombres de su tiempo convivieron muchos hombres. Contradictorio y creativo, intelectual y frívolo, son muchos los asedios que se han realizado a la figura desconcertante de Lord Byron. Ninguno consigue agotar todos sus matices, y eso justifica la aparición de un libro como este, una nueva biografía que insiste en el claroscuro poliédrico de su deslumbrante personalidad. Para escribirla, Edna O'Brien frecuentó durante años los doce tomos de diarios y cartas de quien hizo de su vida su mejor obra.




Antonio Fernández Ferrer.
Ficciones de Borges.
En las galerías del laberinto.
Cátedra. Madrid, 2009.

Un análisis múltiple y completo de los relatos que Borges agrupó en el volumen Ficciones. La génesis y las características de cada uno de los textos que forman lo que el comentarista llama impar artefacto borgiano. Sinopsis, comentarios y lecturas alternativas de las narraciones de un libro que es un laberinto en un jardín de senderos que se bifurcan en otras narraciones. Antonio Fernández Ferrer explica aquí la estrategia sutil de esos cuentos memorables y recopila además una gran cantidad de ilustraciones que trazan el plano de la biblioteca de Babel o proponen el rostro inverosímil de Funes el memorioso.



Karl Kerényi.
Los héroes griegos.
Prólogo de Jaume Pòrtulas.
Traducción de Cristina Serna.
Atalanta. Gerona, 2009.

Atalanta publica un estudio ya clásico del húngaro Karl Kerényi sobre la profunda huella que han dejado las leyendas heroicas de la Grecia clásica no sólo en la configuración de prototipos literarios o éticos, sino en la formación del pensamiento occidental. Con una voluntad más narrativa que analítica, se asume en él un único punto de vista, el de un narrador inventado, para recorrer una parte fundamental de nuestro inconsciente colectivo y para hablar de unas historias que abarcan desde los relatos de Cadmo y Harmonía a las consecuencias de la guerra de Troya y se desarrollan entre la desembocadura del Guadalquivir y el Cáucaso.





Luciano.
El bibliómano ignorante.
Traducción de Helena González.
Estudio introductorio de Iván de los Ríos.
Errata naturae. Madrid, 2009.

Dos textos irónicos y lúcidos sobre la banalización de la cultura en el siglo II. El bibliómano ignorante es el alegato contra un hombre rico que comparte su afición a los jovencitos y los chaperos con una bibliomanía superficial de la que espera obtener prestigio social e intelectual. El segundo, Si busca la vida buena, ¡compre uno de nuestros estilos filosóficos!, está organizado como un diálogo y recrea una subasta en la que filósofos como Sócrates, Pitágoras, Diógenes o Heráclito son sacados a subasta y ofrecidos a los compradores que aspiran a llevarse a su casa a un pensador de renombre. Dos textos actuales de aquel Luciano de Samósata que vivió hace casi dos mil años y parece nuestro contemporáneo. La traducción de Errata naturae va precedida de una espléndida introducción de Iván de los Ríos: Seis notas infames sobre las cosas de siempre o cómo esquivar a Luciano sin ser descubiertos.



Santos Domínguez