04 octubre 2017

Javier Marías. Berta Isla



Javier Marías.
Berta Isla.
Alfaguara. Madrid, 2017.

Durante un tiempo no estuvo segura de si su marido era su marido, de manera parecida a como no se sabe, en la duermevela, si se está pensando o soñando, si uno aún conduce su mente o la ha extraviado por agotamiento. A veces creía que sí, a veces creía que no, y a veces decidía no creer nada y seguir viviendo su vida con él, o con aquel hombre semejante a él, mayor que él. Pero también ella se había hecho mayor por su cuenta, en su ausencia, era muy joven cuando se casó.

Así comienza Berta Isla, la nueva novela de Javier Marías que publica Alfaguara en su colección Narrativa Hispánica.

Dos narradores, Berta Isla y un anónimo omnisciente, dos perspectivas, la de la primera y la de tercera personas, muestran las vidas de unos personajes que están y esperan: la de Berta Isla, de simbólico apellido, una Penélope aislada y en aguardo a ciegas de su marido, Tom/Tomás Nevinson, medio inglés medio español, reclutado para el servicio secreto británico por el profesor Peter Wheeler por su facilidad para los idiomas y para las imitaciones.

Dos protagonistas, dos voces narrativas, dos países y tres décadas -entre 1969 y 1995- en una novela vinculada con el ciclo de Oxford no sólo por el espacio en el que se sitúa, sino por la reaparición de personajes de Tu rostro mañana como Wheeler y Bertram Tupra, que desempeñan aquí papeles fundamentales.

Con el amor y el espionaje como ejes, con relatos como El regreso de Martin Guerre o El coronel Chabert como referencias de fondo, Berta Isla es una absorbente novela sobre la espera y la soledad, la duda y el secreto, sobre las desapariciones y la vida de quien acaba siendo casi un fantasma tras veinte años de ausencia, “un espectro que va y viene y se aleja y vuelve.”

“Cuánto riesgo en cualquier cosa”, advierte el narrador antes de evocar el noviazgo de los dos adolescentes a mediados de los 60. Y a partir de ahí un crimen dudoso que precipita los acontecimientos, el error y la traición, la culpa y la incertidumbre, la identidad y la máscara, las relaciones opacas con los demás y con uno mismo articulan una narración inquietante sobre el destino y la espera, sobre las zonas de oscuridad en el conocimiento de sí mismo y de los otros, porque “uno no sabe nunca cuánto tiene que ocultar”. 

En Berta Isla asistimos con creciente intensidad a un ejercicio de vidas ficticias que da lugar a “una convivencia confusa y oscura, plagada de silencios y engaños y ausencias, o de medias verdades en el mejor de los casos y extensísimas zonas de sombra.”

Y como contrapunto de la trama, los versos de uno de los Cuatro cuartetos de Eliot -The Little Gidding- dan la clave del sentido de la novela: 

Nacemos con los muertos:
ved, ellos vuelven, y nos traen con ellos.

Santos Domínguez

03 octubre 2017

Gastón Segura. Un crimen de estado


Gastón Segura. 
Un crimen de estado. 
Prólogo de Rafael Fraguas.
Drácena. Madrid, 2017. 

El 15 de junio de 1947 Alfredo Martínez Nadal, un funcionario de Correos, era asesinado en un frontón de Barcelona por la policía franquista.

Era hermano de un conocido exiliado, Rafael Martínez Nadal, que había tenido una intensa relación amorosa con García Lorca y editaría El público en Londres en 1973. En los años 40 era comentarista político en el diario británico The Observer, trabajaba en la BBC y daba clases en el King’s College de Londres.

A partir de esos hechos y su transfondo histórico, Gastón Segura construye Un crimen de estado, una novela que publica Drácena precedida por un prólogo en el que Rafael Fraguas destaca que “Gastón Segura recobra en su novela un espacio y un tiempo, sociales, donde comparece la España que durante tantos años casi nadie de aquí quiso ver, salvo quienes desde la clandestinidad o el exilio pugnaban por abrir paso a la racionalidad, a la dignidad y el respeto hacia nuestro dolorido pueblo.”

Aquel asesinato de un hombre anodino el año de la visita de Eva Perón fue una venganza. Sus claves hay que buscarlas en una situación histórica determinante de aquellos hechos: la fracasada visita de Carrero Blanco a don Juan para que asumiera la Ley de Sucesión promulgada por un régimen acorralado tras la derrota de sus amigos del Eje, la publicación del Manifiesto de Estoril y de la entrevista que Rafael le hizo en The Observer fueron los detonantes de una venganza absurda en la persona del hermano de quien había entrevistado por entonces a los líderes republicanos y monárquicos exiliados en París.

Organizada en dos partes, tras el planteamiento de los hechos y los antecedentes –“A hurtadillas de la historia”-, el núcleo del relato es el “Trivio del día de autos”, la parte más potente de la novela desde el punto de vista literario. En ella el narrador cede la voz a Segis para presentar a varios personajes -Ricardo Portela, Jacinto el Balilla o Elvira- que fueron testigos de aquellos acontecimientos. 

Santos Domínguez




02 octubre 2017

Luis Alberto de Cuenca. Elsinore. Scholia. Necrofilia


Luis Alberto de Cuenca.
Elsinore. Scholia. Necrofilia.
Edición de Jesús Ponce Cárdenas.
Reino de Cordelia. Madrid, 2017.

Diez años largos, los que pasan entre 1972 y 1983, abarcan los dos libros –Elsinore y Scholia- y la plaquette Necrofilia que se recogen en el volumen que acaba de publicar Reino de Cordelia en su colección La Biblioteca de Luis Alberto de Cuenca.

Tres títulos que conforman, como explica Jesús Ponce en la amplia introducción de más de cien páginas con la que se abre su edición, “un singular tríptico de tinieblas, pues en sus versos se concentra el ciclo hermético más amplio de toda su producción.”

Un tríptico homogéneo por la convivencia temática de amor y muerte, de palabra e imagen, de vida y literatura a través de la transformación de las referencias literarias en espejo autobiográfico, en proyección cultural del yo y su circunstancia a partir de la intertextualidad de muchos de estos poemas, exponentes de lo que el editor llama “genealogías de la oscuridad.”

Oscuridad que predomina en esta primera fase de la poesía de Luis Alberto de Cuenca, atravesada por la influencia de Pound y de Gimferrer, antes de que La caja de plata supusiera en 1985 un giro definitivo hacia la línea clara que caracterizaría a su poesía desde entonces.

Y si la voz poética de Elsinore proyectaba en la fusión de sus mitos heterogéneos –artúricos, clásicos o contemporáneos, literarios, pictóricos, musicales o cinematográficos- la propia desolación para construir un libro en el que el mundo es una catedral helada, las veinte glosas de Scholia, escritas entre 1972 y 1978, funden la crisis posmoderna de la originalidad con el culturalismo, que aún da muestras tan brillantes como este elíptico y delicado Tres momentos en la vida de Nino, príncipe de Asiria:

Pequeñas digresiones o naufragios. 
Plegad, plegad las velas. 

Un arpa de oro, incienso, lodo negro. 
En Egipto: la cima del sol, la lluvia roja. 

Babilonia. Semíramis. 
Los onagros en celo de tu vestido de agua.

Santos Domínguez

29 septiembre 2017

Robert Frost. Poesía completa



Robert Frost.
Poesía completa.
Edición bilingüe.
Traducción, introducción y notas 
de Andrés Catalán.
Linteo Poesía. Orense, 2017.

“A mis ojos, y también a mi oído, la poesía americana constituye un discurso implacable y continuo sobre la autonomía humana; por así decirlo, la canción del átomo que desafía la reacción en cadena. El tono general de esa poesía es de resistencia y entereza, como si se obligara a mirar todo lo malo sin pestañear. En efecto, mantiene los ojos abiertos de par en par, aunque no por asombro o a la espera de una revelación, sino avizorando el peligro. Es parca en consuelo (diversión principal de mucha poesía europea, sobre todo la rusa); rica y en extremo lúcida en detalles; libre de nostalgia de alguna supuesta Edad de Oro; grande en audacia y capacidad de superación. Si hubiera que seleccionar una divisa para ella, yo sugeriría el verso de Frost en A Servant of Servants (Servidora de servidores): «The best way out is always through» ("La mejor forma de escapar es persistir").”

Esas líneas forman parte del memorable ensayo Del dolor y la razón que Joseph Brodsky dedicó a la obra de Robert Frost (1874-1963), uno de los padres de la poesía norteamericana del siglo XX, de quien Harold Bloom dijo que “cuando está en forma, lo que es frecuente, rivaliza con Wallace Stevens por el puesto de gran poeta americano” del siglo pasado.

Heredero de Emerson y poeta imprescindible pese a su irregularidad, prototipo del poeta americano con cimas de intensidad lírica, su poema más famoso, El camino no elegido, termina con estos versos:

Seguramente esto lo diré entre suspiros
en algún momento dentro de años y años:
dos caminos se abrían en un bosque, elegí …
elegí el menos transitado de ambos,
 y eso supuso toda diferencia.

Linteo Poesía acaba de publicar un voluminoso tomo que recoge su Poesía completa en una cuidada edición bilingüe, con traducción, introducción y notas de Andrés Catalán, que ha dedicado años a su preparación y destaca que Directriz  –el poema de poemas de Frost, según Bloom- es “una verdadera obra maestra /…/ que puede usarse como mapa para la lectura de todos los poemas de Frost.”

Termina con estos versos admirables:

Es a la vez tu destinación y tu destino
un riachuelo que fue el agua corriente de la casa,
frío como un manantial aún cerca de su fuente,
demasiado elevado y reciente para embravecerse.
(Sabemos de las corrientes del valle que al excitarse
dejan sus harapos colgando de espinas y de púas).
He mantenido oculto bajo el arco del pie
de un viejo cedro junto a la orilla del río
un viejo cáliz quebrado parecido al Grial
bajo un hechizo para que no lo halle quien no debe,
y así no encuentre salvación, como dice San Marcos.
(El cáliz lo robé de la casa de juegos de los niños).
Aquí tienes tus aguas y aquí tu abrevadero.
Bebe y vuelve a estar completo, libre de confusión.

 Santos Domínguez



28 septiembre 2017

Amalia Iglesias. La sed del río


Amalia Iglesias.
La sed del río.
XIX Premio de Poesía Ciudad de Salamanca.
Reino de Cordelia. Madrid, 2016.

“El río te atraviesa / y vuelve muchas veces”, escribe Amalia Iglesias en los versos iniciales de La sed del río, el libro con el que obtuvo el XIX Premio de Poesía Ciudad de Salamanca que publica Reino de Cordelia.

Y a remontar las aguas del río de la vida que vuelve traído por la memoria para desmentir a Heráclito, a nadar contra la corriente del tiempo y del olvido se orientan los poemas de este libro que recupera la memoria de la infancia.

Memoria del paisaje y de la nieve, conciencia de la herida y de la pérdida en “la inquietud sin la respuesta, / el río /.../ La sed del río / y la inquietud sin cauce.” 

Entre el poema que se convierte en su obertura -Del río, la sed- y el que cierra el libro y le da título –La sed del río- estos versos convocan la memoria infantil de los pájaros o el río, de la piedra y el barbecho antes de la nieve y de los ritos del tiempo, antes de la deriva y del naufragio. La palabra que salva del olvido: “La sed del río, / el poema de ser / contracorriente.”

Una poesía tan transparente y tan fluida como las aguas de ese río de la memoria que atraviesa las páginas de este libro y sacia la sed del presente con el agua del pasado que regresa.

Santos Domínguez

27 septiembre 2017

Emmanuel Bove. Armand


Emmanuel Bove.
Armand.
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia 
y Amaya García Gallego.
Hermida Editores. Madrid, 2017.

Tras la publicación de sus espléndidos relatos, Hermida Editores sigue recuperando la perturbadora obra narrativa de Emmanuel Bove (1898-1945).

Publicada en 1926, Armand, que aparece con la solvente y ágil traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego, fue su segunda novela, pero ya está perfilado en ella el mundo inconfundible de Bove, la hondura en el trazado psicológico de los personajes y la sutileza con la que analiza sus comportamiento.

Narrada por el protagonista en primera persona, lo que le otorga una fuerza especial, una intensa corriente subterránea se agita por debajo de la superficie leve de su trama. El encuentro fortuito de Armand con su viejo amigo Lucien provoca la conflictiva vuelta del pasado que retorna para cuestionar la insatisfacción del presente y un problemático triángulo amoroso.

En el fondo, la infelicidad y el deseo, el interés y la soledad, la imagen amarga de la vida recorren esta novela en la que Bove practica el arte del matiz con un estilo eficaz y directo para dibujar un mundo sombrío y unas relaciones humanas opacas y problemáticas que quizá expliquen la influencia que ejerció en Camus o en Nathalie Sarraute o la atención que suscitó en Handke y en Ashbery, que tradujeron a Bove y de esa manera reivindicaron su forma de narrar y de mirar el mundo. 

Como en el resto de su obra, el aislamiento y la infidelidad, la dificultad de las relaciones humanas y de pareja, la sensación de fracaso, son algunos de los hilos conductores de una historia en la que lo importante no es su línea argumental, sino el fondo que la sostiene: las difíciles relaciones del personaje con un mundo opaco, con los otros y consigo mismo, con una verosímil proyección del propio mundo interior de Bove en el protagonista.

Santos Domínguez

26 septiembre 2017

Historias de cine


Historias de cine.
Relatos que inspiraron grandes películas.
Edición y prólogo de Juan Antonio Molina Foix.
Siruela. Madrid, 2017.

En su colección Libros del Tiempo Siruela publica, con edición y prólogo de Juan Antonio Molina Foix, Historias de cine, una selección de once relatos que inspiraron grandes películas.

Ordenados cronológicamente por la fecha de la película, estos once relatos – de Maupassant a Joyce, de Isak Dinesen a Dostoievski- van precedidos de una introducción que contiene una breve sinopsis de la película, un comentario del texto narrativo en el que se basa y unas notas sobre la adaptación cinematográfica, en la que “la imagen reinventa las palabras” –escribe Molina Foix- porque “el distinto poder evocador de las palabras y de las imágenes es lo que diferencia principalmente los respectivos discursos compositivos de la literatura y del cine.” 

Así explica Molina Foix el sentido de la selección de estos once relatos que sirvieron de base a películas memorables como Cuentos de la luna pálida, Testigo de cargo, El hombre que mató a Liberty Valance, Los pájaros o Dublineses. 

“El objeto de esta antología es recoger algunos de estos textos notables que han dado lugar a indiscutibles obras maestras del cine. Por razones obvias, no pretende ser completa ni objetiva, pero sí al menos representativa. Entre otras cosas por la lógica limitación de la extensión de los textos y por la dificultad que a veces implica la consecución de los debidos permisos. Asimismo me he visto obligado a prescindir mal de mi grado de títulos bastante conocidos. Por lo tanto, se trata más bien de una selección sujeta estrictamente al criterio personal del antólogo, sin más requisitos que los de poseer en sí mismos una ejemplar calidad y haber dado pie a películas que se me antojan memorables. He procurado abarcar una gran variedad de géneros (hasta un musical y un western) y no incluir dos films de un mismo director, aunque sin duda echarán en falta a algunos de los grandes (Von Stroheim, Eisenstein, Murnau, Dreyer, Lang, Lubitsch, Bergman, Buñuel, Ozu, Godard, Kubrick, Tarkovski, Angelopoulos...), cuya ausencia solo se justifica por las limitaciones de espacio. Desde luego no están todos los que son, pero son todos los que están.”

Santos Domínguez


25 septiembre 2017

Henryk Skolimowski. Filosofía viva

            

Henryk Skolimowski.
Filosofía viva.
Traducción de Francisco López Martín.
Atalanta. Gerona, 2017.

“La ecofilosofía es como un árbol. De las raíces de la ecocosmología crecen el tronco y las ramas de la ecofilosofía; todas las partes se encuentran orgánicamente vinculadas entre sí”, escribe Henryk Skolimowski en Filosofía viva. La ecofilosofía como un árbol de la vida, que publica Atalanta con traducción de Francisco López Martín.

Desde una nueva perspectiva ética medioambiental, que tiene como  objetivo último “redescubrir el sentido de lo humano, que a su vez guarda una relación íntima con el sentido del universo” a través de “una visión en la que el cosmos y la especie humana pertenecen a la misma estructura”, Skolimowski propone una nueva visión, ecológica e integral, del mundo, y una filosofía de la vida, porque una nueva forma de vivir implica también una nueva forma de conocer, de concebir el entorno y de relacionarse con la naturaleza.

La ecocosmología debe entenderse así como una reconstrucción metafísica y cultural que supere las limitaciones del humanismo mecanicista y de sus consecuencias perniciosas y destructivas, como una reinterpretación del universo, la naturaleza y el hombre que debe estar en la base de una nueva forma de relacionarse con la realidad.

Cimentada en componentes éticos y alejada tanto del sesgo especulativo o conjetural que la cosmología ha tenido no sólo cuando nació a la vez que la filosofía, en el momento en que los presocráticos desecharon el pensamiento mágico, sino también en su actual soporte astrofísico, la nueva cosmología debe dar respuestas al deterioro medioambiental y promover un cambio de patrones de comportamiento en relación con la naturaleza.

Y el resultado debería ser un nuevo humanismo en el que, tras la conciencia religiosa y la conciencia tecnológica, la conciencia ecológica se afirme como una nueva fase de la evolución del hombre, porque, concluye Henryk Skolimowski, “estamos librando una batalla crucial para la supervivencia de la especie. Necesitamos ideas que nos hagan más poderosos, que nos den impulso, que nos afirmen. La especie humana estaba destinada a cometer errores, sobre todo cuando se entregó con el poder de las nuevas tecnologías y de la razón misma. Pero no debemos contemplar la especie humana desde la perspectiva de su periodo más destructivo.”

La ecocosmología asume de esa manera una reinterpretación integral de la relación del hombre con el universo en propuestas que conjuguen conocimiento y valores y sustituyan el humanismo arrogante por un nuevo humanismo ecológico.


Santos Domínguez

22 septiembre 2017

Derek Walcott. Otra vida

Derek Walcott.
Otra vida.
 Edición bilingüe de Luis Ingelmo.
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2017.

Verandas, donde las páginas del mar
son un libro que un maestro ausente dejó abierto 
en mitad de otra vida:
aquí vuelvo a empezar,
comienzo hasta que sea este océano
un libro cerrado e, igual que en una bombilla, 
mengüen los filamentos de la blanca luna.

Empiezo en el ocaso, cuando un brillo
que contenía el clarín de unas cornetas bajó
las lanzas de los cocoteros de la ensenada, 
y el sol, harto del imperio, declinaba. 
Hipnotizaba como un fuego sin viento,
y al tiempo que su ámbar trepaba
los óvalos como jarras de cerveza
del fuerte británico sobre el promontorio,
el cielo se emborrachaba con la luz.

Así comienza Otra vida, un extenso poema narrativo de más de cuatro mil versos de Derek Walcott que publica Galaxia Gutenberg  en su imprescindible colección de poesía con una magnífica edición bilingüe que se abre con un amplio y orientador estudio introductorio en el que Luis Ingelmo destaca Otra vida como “un referente esencial en la vida literaria y personal de Walcott.”

De fondo autobiográfico y tono épico, es su poema más largo y ambicioso y está organizado en cuatro libros -El niño dividido, Homenaje a Gregorias, Una simple llama El ancho mar- y veintitrés capítulos, que -en palabras del editor en el prólogo- se presentan “al ojo lector como un estudio filosófico –gnoseológico, principalmente, pero también estético, político y ético- envuelto en un manto épico.”

Experiencia y memoria se transforman en arte en este poema monumental que Walcott compuso a lo largo de siete años, entre abril de 1965 y abril de 1972 y en el que la palabra del poeta traza su autobiografía como respuesta a la historia: entre la celebración y la elegía, entre la historia y el paisaje caribeño, entre la poesía y la pintura.

Sus versos son una mirada que busca explicarse a sí mismo a través de un arte que trasciende la vida, la experiencia y la memoria y a través de los demás: Harry, el maestro de pintura; Gregorias, el amigo pintor, o Anna, el amor adolescente.

Con un sostenido tono épico y con la fuerza plástica de sus imágenes, Otra vida reúne la experiencia y el paisaje, la vida y memoria, la naturaleza y la historia en una reescritura de sí mismo y de su formación artística en torno a los tres ejes fundamentales que destaca Luis Ingelmo como vertebradores del poema: el arte, el amor y la muerte, que aparece en el paisaje marítimo –propicio a las despedidas de Harry, Gregorias y Anna- de la parte final, El ancho mar:

Generaciones de olas,
generaciones de hierba, como espuma
deshojada y mustia en un instante.
 /…/
Desde viejas verandas vi
verandas, veleros, el eterno mar del estío
como un libro que un maestro ausente dejó abierto.
¿Y qué si todo ha desaparecido...?

Con la exuberancia formal que parece ser un rasgo estilístico común a los poetas caribeños, a su paisaje natural y a su mundo multicultural –ahí estuvieron antes Saint John Perse en francés y Lezama Lima en castellano-, la potencia verbal y metafórica de Walcott sostiene una poesía de los sentidos y de la inteligencia en la que conversan las razas, las épocas y los espacios.


La escritura de Walcott, potente y vital, marítima y terrestre, poblada de luminosas metáforas, hace el milagro de aniquilar las edades y las fronteras para convertir lo fugaz en eterno y lo local en universal, para construir otra vida de la mano del arte. 
Santos Domínguez


21 septiembre 2017

Paul Valéry. Narciso


Paul Valéry.
Narciso.
Edición de Pedro Gandía.
Hermida Editores. Madrid, 2017.

‘Paul Valéry o el artista en su reflejo’ titula Pedro Gandía el espléndido prólogo  con el que presenta su traducción de Narciso en la edición bilingüe que publica Hermida Editores.

Esa introducción hace un recorrido por la presencia fecunda en la literatura del mito de Narciso y de su muerte ahogado, por la simbología moral y cósmica de un mito que Valéry evocó e invocó repetidamente en su poesía durante más de medio siglo: desde Narciso habla (1890) a la Cantata del Narciso (1941), pasando por los Fragmentos del Narciso (1919-1923).  

Y es que -señala Pedro Gandía- “como ninguna otra obra del autor, los versos que Valéry compone con la temática de la muerte de Narciso reflejan el desarrollo de sus teorías poéticas y demuestran que un poema nunca se termina salvo por accidente.”

El reflejo en el agua, el espejo como imagen de la reflexión sobre la propia identidad, la soledad como condena y como salvación convierten el mito de Narciso en símbolo de la meditación sobre la poesía, sobre la conciencia y la vida y sobre sí mismo:

¿Sabe este cuerpo puro que puede seducirme?
¿Con qué profundidad sueñas tú instruirme, 
Habitante abismal, huésped tan especioso 
De un cielo oscuro abajo, lanzado de los cielos?

Como en El cementerio marino, un meditado sistema de correspondencias y contrastes desarrolla la tensión sostenida entre contrarios: el fondo y la forma, el tiempo y la eternidad, la tierra y el cielo, el cuerpo y el alma, el ser y la nada.

¡Ay, cuerpo miserable, es el tiempo de unirse!...
Inclínate... Y bésate. ¡Tiembla en todo tu ser! 
El inasible amor que tú me prometiste 
Pasa y, en un temblor, quiebra a Narciso y huye ...

Santos Domínguez