11 noviembre 2015

El círculo de agua clara


Gavin Maxwell.
El círculo de agua clara.
Traducción de Manuel de la Escalera.
Hoja de Lata. Gijón, 2015.

Como un Thoreau del siglo XX, retirado a un paraje deshabitado de la costa occidental escocesa, entre las Highsland y las Hébridas, Gavin Maxwell publicó en 1960 El círculo de agua clara, un libro que llevaba muchos años descatalogado en España y que acaba de recuperar Hoja de Lata con traducción de Manuel de la Escalera.

La libertad, la soledad, la relación con la naturaleza, la descripción de un paisaje agreste y lejano recorren un libro que, en palabras de su autor, trata sobre mi vida en una casita solitaria de la costa nordeste de Escocia, de los animales que la compartieron conmigo y de los que fueron mis únicos vecinos en este paisaje rocoso y marino.

La Bahía de los Alisos, en una costa rocosa llena de cavernas de una belleza profunda y primaria anterior a la civilización es el paisaje en el que Gavin Maxwell, con un perro y una nutria como únicos compañeros, sitúa esta espléndida obra.


Un elogio de la vida retirada con una capacidad evocadora y una facilidad para transmitir en sus descripciones la visión plástica del paisaje que envuelven al lector en una vivificante experiencia de lectura.


Santos Domínguez

10 noviembre 2015

Shestov. Apoteosis de lo infundado


Lev Shestov.
Apoteosis de lo infundado.
Traducción y notas de Alejandro Ariel González.
Hermida Editores. Madrid, 2015.


Intento de pensamiento adogmático subtitula Lev Shestov (Kiev, 1866-París, 1938) su Apoteosis de lo infundado, un conjunto amplio y hondo de aforismos que publica Hermida Editores con traducción y notas de Alejandro Ariel González.

Adogmático y -habría que añadir- asistemático, porque se trata de un conjunto de pensamientos sueltos, de aforismos y reflexiones certeras como dardos que van directamente al núcleo de las preocupaciones morales, estéticas y literarias de Shestov, que decidió escribir un prólogo para justificar el uso de este género extraño en la tradición rusa, pero que representa uno de los precedentes de la modernidad, que hace del fragmento uno de sus cauces de expresión y de la variedad de asuntos uno de sus signos de identidad.

Con la libertad del pensamiento que fluye incluso contradictorio y que es consustancial al género, el tanteo en lo incierto, lo subjetivo, lo fragmentario, lo infundado es el campo de interés de estos textos porque las reflexiones inacabadas, desordenadas y caóticas que no conducen al objetivo previamente planteado por la razón, contradictorias como la vida misma, ¿no son acaso más próximas a nuestra alma que los sistemas -no importa su grandeza-, cuyos creadores procuraban no tanto conocer la realidad como “entenderla”?

Y porque además el orden con el que sueñan los filósofos existe sólo en las aulas, que tarde o temprano el hombre deja de hacer pie en el terreno firme y que tras ello, pese a todo, sigue viviendo sin terreno o sobre un terreno siempre vacilante, y que entonces deja de considerar los axiomas del conocimiento científico como verdades que no requieren demostración, que deja de considerarlos verdades y los llama mentira. Y que la moral, siempre que sea posible llamar moral su relación con el mundo y con las personas sin jugar con las palabras, considera el saber por las causas como el más imperfecto. Su lema: la apoteosis de lo infundado…

El aforismo es, por tanto, la manera de abordar un mundo fragmentario y vivo al que aludió Heine en la cita que abre la primera de las dos partes en las que se organiza el volumen, porque ¿cómo se puede exigir precisión y claridad en los juicios a aquellos a quienes la curiosidad ha condenado a errar por los arrabales de la vida?

Tolstoi y la ociosidad libre y consciente de la inacción, el hombre superfluo de Turguénev, el secreto de la armonía interior de Pushkin, Sócrates y Platón, Kant y Nietzsche, Gogol y Dostoievski, Shakespeare y Chéjov son referentes constantes en estas páginas, proclives a la ironía, como en estos dos ejemplos: 

Como se sabe, la coherencia es obligatoria sólo para los discípulos, no para los maestros.

La literatura trata siempre las cuestiones más complejas e importantes de nuestra vida, y sobre esa base los literatos se consideran las personas más relevantes. Con la misma razón los asistentes de un banquero, que siempre están dando vueltas alrededor del dinero, podrían considerarse millonarios. La importancia de las cuestiones incomprensibles e insolubles debería más bien desacreditar a los escritores ante nuestros ojos, pero estos saben hablar tan bien de sí mismos y de su elevada misión que, al fin y al cabo, terminan convenciendo a todos y -lo principal- también a sí mismos.

Unas páginas en las que Shestov denuncia la impostura de los tartufos:

Cuando el hombre advierte en sí  mismo un defecto del que no puede librarse por ningún medio, no le queda más que declararlo una virtud. Y cuanto más serio y grave sea el defecto, más imperiosamente se manifiesta la necesidad de ennoblecerlo. De lo ridículo a lo majestuoso también no hay más que un paso.

O se sitúa frente al dogmatismo: 

Las personas morales son las más vengativas y utilizan su moral como la mejor y más refinada herramienta de venganza. No se contentan simplemente con despreciar y condenar a sus prójimos; lo que ellas quieren es que su condena sea universal y obligatoria, es decir, que junto con ellas todo el mundo se pronuncie contra el condenado para que incluso la propia conciencia de este quede de su lado. Sólo entonces se sienten plenamente satisfechas y se tranquilizan. Salvo la moral, nada en el mundo puede producir resultados tan brillantes.

En la segunda parte -Sólo para los que no sufren de vértigo- Shestov ofrece aún una mayor amplitud de campo de interés, un rasgo que caracteriza la dispersión temática del género aforístico y la libertad de las deambulaciones del pensamiento. Una enorme variedad de temas sobre literatura y filosofía que apuntan finalmente a un mismo centro: la ética individual y la actitud del hombre ante la vida.

Dos ejemplos, dos exponentes del estilo de Shestov, de su capacidad para el análisis y de su ironía en relación con la creatividad literaria:

No sabemos formar poetas y decimos que poeta se nace. Desde luego, si obligáramos a un niño a estudiar diferentes modelos literarios, empezando por los antiguos y terminando en los modernos, no haríamos de él un poeta; de igual modo, nadie nos oiría en América por más fuerte que gritáramos en Europa. Para hacer al hombre poeta no es preciso “desarrollarlo” en el sentido habitual de la palabra. Quizás hasta convenga ocultar los libros de él. Quizás haya que realizarle alguna operación que a nuestros ojos nos parece peligrosa, funesta; por ejemplo, fracturarle el cráneo o arrojarlo desde un cuarto piso. Entiendo muy bien que estos métodos son arriesgados, y no tengo la menor intención de recomendarlos para su uso público en lugar de los viejos procedimientos pedagógicos. No se trata de eso. Lean la historia de los grandes individuos y poetas. Salvo John Stuart Mill y otros dos o tres pensadores positivistas cuyos padres eran letrados y cuyas madres eran virtuosas, ningún personaje notable puede jactarse, o mejor, quejarse de haber recibido una educación correcta. En su vida, el papel decisivo lo ha desempeñado casi siempre el azar, azar que nuestra razón no dudaría en calificar de absurdo si la razón se atreviera a levantar su voz incluso cuando se halla ante el éxito evidente. Algo al estilo de un cráneo fracturado o un salto desde un cuarto piso -no sólo en el sentido figurado, sino a menudo en el literal de estas palabras-: ese suele ser el comienzo, a veces admitido pero en general ocultado, de la actividad de un genio. 

El escritor que no sabe mentir con inspiración -y sólo hay que mentir con inspiración, habilidad que a no todos ha sido dada- gusta de fanfarronear de su franqueza y sinceridad. No le queda más remedio.

Santos Domínguez

09 noviembre 2015

Historia de la canción protesta


Dorian Lynskey.
33 revoluciones por minuto.
Historia de la canción protesta.
Traducción de Miquel Izquierdo.
Malpaso. Barcelona, 2015.

“Las canciones protesta se ven perjudicadas tanto por sus valedores incondicionales como por sus críticos más feroces. En tanto que los detractores desechan todo el muestrario como didáctico, tosco o simplemente aburrido, los entusiastas tienden a comportarse como si las buenas intenciones no precisaran un mínimo de calidad musical, cuando todo amante de la música sabe que la gente hace malos discos por razones encomiables y buenos discos por razones deleznables. El propósito de este libro consiste, ante todo, en tratar la canción protesta como una forma de música popular”, escribe Dorian Lynskey en el prólogo de 33 revoluciones por minuto. Historia de la canción protesta, un monumental volumen centrado sobre todo en el ámbito anglosajón que publica Malpaso con traducción de Miquel Izquierdo.

Desde Strange Fruit, de Billie Holiday, que Time proclamó en 1999 la canción del siglo, y su denuncia de los linchamientos de los negros, la extraña fruta ahorcada que colgaba de los árboles, al American Idiot que Green Day dedicó a Bush con motivo de la invasión de Irak, un recorrido por la historia, la política, la sociedad y la cultura de las últimas décadas a través de 33 canciones –33 biografías de canciones, como ha señalado Lynskey– en las que Bob Dylan, Víctor Jara, The Clash, U2, Public Enemy, o Rage Against the Machine proyectaron su responsabilidad ética como agitadores de conciencias; usaron las canciones como armas arrojadizas contra la injusticia, las guerras, la pobreza o las dictaduras y pusieron letra y música a su compromiso, sus convicciones y actitudes a la espera de que alguien, explicaba Woody Guthrie, "tendrá tu mensaje en la cabeza, le dará vueltas y se dará cuenta.”

“No todas las canciones que aparecen en las páginas siguientes -advierte Lynskey- son artísticamente valiosas, pero muchas lo son, ya que el pop se crece ante la contradicción y las tensiones. El hueco que se abre entre la ambición y el logro, el sonido y el sentido, la intención y la recepción, se ve recorrido por una corriente de electricidad crepitante.”

Pero, añade, “casi todas las canciones que aparecen en este libro nacen de la preocupación, el enojo, la duda y, casi siempre, de la emoción sincera. Algunas son un derroche espontáneo de sentimiento, otras son panfletos elaborados con esmero; algunas son claras como el agua, otras cautivan por su ambigüedad; algunas son una respuesta, otras plantean preguntas imprescindibles; algunas fueron fruto de una valentía extraordinaria, otra se beneficiaron de una coyuntura excepcional. Hay tantas maneras de escribir una canción protesta como de escribir una de amor.”

This Land Is Your Land, de Woody Guthrie, una canción escrita en un hotel de mala muerte; la defensa de los derechos civiles por Pete Seeger en We Shall Overcome; el aire espectral de relato gótico de Masters of War, de Bob Dylan; Mississippi Goddam, de una Nina Simone ácida y llena de furia; el orgullo negro y coral de Say It Loud - I'm Black and I'm Proud, de James Brown; la autocelebratoria y pacifista Give Peace a Chance, de Lennon y la Plastic Ono Band, las últimas horas de Víctor Jara y Manifiesto, su canción inacabada...

Y así hasta Green Day y American Idiot, una canción en la era de la paranoia antiterrorista, al final de un recorrido que nos devuelve una imagen del mundo contemporáneo, porque, afirma Dorian Lynskey, “las mejores canciones políticas son periscopios que nos permiten ver una parte de la historia.” y "abren una puerta por la que se cuela el mundo exterior"

Y ante estas canciones surgen una serie de preguntas que plantea el propio autor de este volumen:

“¿Una canción protesta da mayor vigor tanto a lo político como a lo musical o sólo lo trivializa? ¿Pueden separarse sus méritos musicales de su significación social o esto último distorsiona y oscurece a los primeros? ¿Tiene de verdad el poder de cambiar mentalidades, por no hablar de decisiones políticas? ¿Expone con eficacia una cuestión vital ante un público nuevo o sólo la desvirtúa reduciéndola a unas pocas líneas, adaptándola a una melodía para ser interpretada ante personas a las que quizá les importe un rábano? ¿Se trata, ante todo, de una forma artística apasionante y necesaria o sólo de arte malo cuyo objetivo es distraer?”

Santos Domínguez

07 noviembre 2015

Rubén Martín Díaz. Arquitectura o sueño


Rubén Martín Díaz. 
Arquitectura o sueño.
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2015.

Escribo porque pienso que es la forma más humana y sincera de vivir conmigo mismo. Escribo deshaciéndome en paisajes, retorciendo sueños, por un amor sin condiciones a la vida, afirma Rubén Martín en uno de los textos de Arquitectura o sueño, que publica La Isla de Siltolá.

Las prosas de este libro, organizado en cuatro partes, trazan el itinerario de un viaje que tiene como referente París, su paisaje urbano, sus edificios y sus monumentos, su río y sus museos, sus cementerios, sus tardes o sus árboles.

Pero ese viaje exterior, como suele ocurrir, dibuja el mapa de un múltiple viaje interior hacia el amor, hacia la escritura, hacia la conciencia creativa, hacia el centro. Un camino de perfección, un viaje a la armonía y al fondo de sí mismo a través de la arquitectura interior o del sueño creativo que ordena el mundo.

Es la escritura que propone el orden dentro del desorden, la fusión de los contrarios -dentro y fuera, noche y día, realidad y ficción, lucidez y sueño, porque ¿acaso la vida no obedece siempre a esta mecánica donde acaba el sueño y da comienzo la arquitectura que obra el día y su lucidez?

Y hay también mucho de fusión en la variedad de estos textos que van de las notas de lectura a los poemas en prosa, del aforismo a la anotación de dietario; de la reflexión sobre pintura y poesía a las evocaciones autobiográficas, pero siempre en una dirección: la que busca el propio centro en un orden sin orden /.../ Y es entonces cuando el hombre /.../ debe acometer fielmente su tarea: armonizar tal desorden. Esto es, fluir con la luz y hacia la luz.

Santos Domínguez

06 noviembre 2015

Poesía actual en lengua catalana


Alfons Navarret (ed.)
La necesidad y la esperanza.
Poesía actual en lengua catalana.
Antología bilingüe.
Libros del Aire. Madrid, 2015.

En su colección Jardín Cerrado, Libros del Aire publica La necesidad y la esperanza, una panorámica de la poesía actual en lengua catalana que muestra la voz de dieciséis poetas a los que une –señala el editor Alfons Navarret en el prólogo-  “el deseo de buscar una voz propia, y a la vez la esperanza de llegar a unos lectores que parecen cada día más escasos /.../ Y es que lo que en los años setenta y ochenta fue abundancia ahora se ha vuelto escasez: los autores actuales, los que vemos en la presente muestra poética y muchos otros, se han visto obligados a sobrevivir a la crisis económica que se ha cebado duramente con el mundo de la cultura. La poesía ya no da prestigio y tampoco genera grandes beneficios, y esto ha supuesto un cambio de orientación de los nuevos editores, que se han refugiado en la edición de premios y en los valores seguros, siempre a partir de ediciones de pocos ejemplares, cosa que ha supuesto una dificultad añadida para todos aquellos que continúan intentando dar a conocer su propuesta estética y su voz.”

El responsable de la edición, Alfons Navarret, que se ha ocupado también de la traducción de los textos, se declara consciente de que “toda antología, por muy extensa que se pretenda, deberá por fuerza hacer una reducción de la realidad a unas dimensiones que permitan controlarla y darnos una perspectiva de conjunto” y reconoce que “escoger es descartar, dejar a un lado, obviar las complejidades que una literatura guarda en su seno” y que por tanto “tradicionalmente, los criterios de inclusión habían sido muy subjetivos y en su totalidad dependientes de los gustos estéticos del realizador de la misma y de los distintos compromisos y amistades a las cuales debiera responder. Esto ha motivado que, muy a menudo, nos encontremos con acusadas ausencias y con presencias que no llegan a aportar gran cosa al conjunto.” 

Por eso ha querido fijar un criterio de selección claro: son los propios poetas los que se han responsabilizado de la selección: los poetas de esta antología cuentan con el apoyo de otros poetas mediante un sistema de votación que recoge aquellos mejor valorados por sus coetáneos. Y ese criterio se combina con el de la paridad de género, de manera que se incluyen aquí el mismo número de mujeres que de hombres.

Se completa así una antología cremallera, con ocho mujeres y ocho hombres, nacidos entre 1970 y 1986, no sólo en Cataluña, también en Valencia, Baleares, París o Italia, autores de una poesía que tiene en común la utilización del catalán.

Hay entre ellos una notable y enriquecedora variedad de tendencias, de temas, de estilo y de métrica. Entre lo confesional y los reivindicativo, entre el intimismo del sentimiento y la memoria de la niñez, cada poeta aporta cinco textos de diversa extensión, poemas en los que la reflexión sobre la palabra y la poesía convive con la meditación existencial.

Poemas directos y figurativos o elípticos y abstractos en los que los poetas fijan  su lugar en el mundo y perfilan su identidad en los espacios abiertos de la ciudad o en el ámbito cerrado de lo doméstico; en las estaciones de metro o en las sucesivas estaciones del año.

Una muestra significativa de la poesía que se está escribiendo ahora mismo en catalán, semejante –y ese es junto con el cuidado del lenguaje su rasgo más significativo- a la que se está escribiendo en otras zonas de Europa y América.

Un ejemplo, La mesa, después, del castellonense Josep Porcar:

Ahora la mesa limpia, triste, reseca, 
resaca del marasmo, como un cálculo 
de evasivas después de un teorema, 
infinita, de tan vacía, evanescente 
y brutal como una ecuación errónea 
que apenas vibra del haber 
al debe, del rocío al pozo, de mí a ti,
como una exclamación que fue plena 
en melodías, afinidades y decepciones.
Ahora la mesa limpia, expectante, este decir, 
un decir qué, un decir cómo, a qué islas, 
a qué fulgor encomendar la sal
que ha dejado de temblar, como yo, 
como todo, en el remanso de la ola.


Santos Domínguez

05 noviembre 2015

Cinco llaves del mundo secreto de Remedios Varo


Cinco llaves del mundo secreto 
de Remedios Varo
Atalanta Imaginatio Vera. Gerona, 2015.

Como una revelación y a la vez como un misterio define la pintura de Remedios Varo Alberto Ruy Sánchez en el prólogo –“Cinco pájaros salen del hielo”- que abre el espectacular libro Cinco llaves del mundo secreto de Remedios Varo con el que Atalanta aborda el universo creativo de Remedios Varo (Gerona, 1908-México, 1963) a través del enfoque multidisciplinar que sustenta los textos de Tere Arcq, Fariba Bogzaran, Peter Engel, Walter Gruen, Janet A. Kaplan y Sandra Lisci.

Cinco llaves para entrar en un mundo secreto y mágico: la llave esotérica que nos abre un nuevo modelo visual del universo; la llave arquitectónica que da paso a sus moradas del inconsciente y a su escenografía onírica; la llave literaria con la que accedemos a una pintura esencialmente poética y narrativa; la llave surrealista que nos permite entrar en los símbolos de este entramado pictórico y la llave onírica con la que penetramos en el fondo psicoanalítico de muchos de estos desconcertantes y magnéticos cuadros, herméticos y turbadores, que provocan en el espectador tanta inquietud como fascinación.

Una pintura en la que lo delirante forma parte de un sistema coherente de símbolos y formas, de manera que su discurso plástico, como señala Alberto Ruy Sánchez, “establece una rigurosa lógica del sinsentido” a partir de un complejo sistema conceptual y simbólico cuyas claves se explican detalladamente en este libro a partir de decenas de espléndidas ilustraciones que reproducen la parte fundamental de la obra pictórica de Remedios Varo.

Depurada técnicamente y sometida a una enorme precisión constructiva, en su pintura coexisten una inusual fuerza expresiva y una delicada fragilidad de formas y trazos y se conjugan la sensibilidad y la inteligencia, lo sensorial y lo conceptual para construir “un delirio que se vuelve lenguaje”, la expresión de una búsqueda abierta y paradójica llena de incertidumbre y de iluminaciones hasta encontrar en su etapa mexicana un lenguaje plástico propio que le permitió acercarse a otra realidad que está más allá de la percepción. 

Estas cinco llaves nos permiten acceder a un mundo tan potente como asombroso, “uno de los más grandes e inquietantes logros del arte moderno” en palabras del prologuista. Un mundo en el que una difícil combinación de coherencia y delirio -"pinta lentamente rápidas apariciones", decía Octavio Paz- genera una pintura en la que se desborda la imaginación pero que nunca deja de ser rigurosa y exigente consigo misma. 

Cinco claves que desentrañan los múltiples sentidos, las múltiples lecturas de estos cuadros enigmáticos, llenos de secretos y de iluminaciones, reflejos de una búsqueda espiritual que va más allá de la lógica y que concibe el arte como medio de conocimiento de lo invisible a través de la fusión de influencias diversas: arte y filosofía, ciencia y religión, alquimia y literatura, arquitectura y poesía.

Y como resultado de esa búsqueda, Remedios Varo funda una iconografía propia y la sitúa en medio de un universo que responde a leyes físicas y lógicas distintas de las racionales, en un espacio multidimensional que evoca la cuarta dimensión a la que sólo puede aspirar la pintura con su descomposición del espacio y la superposición de perspectivas.

Pero además dota a esta pintura de un evidente carácter narrativo: sus cuadros están concebidos como relatos desde su imaginería hermética y su simbología literaria para construir una obra que se alimenta de un fondo conceptual y onírico, visionario y poético, que va de los cuentos de hadas a las correspondencias órficas de Baudelaire, de Bretón a Péret, de la influencia del Bosco, el Greco o Goya al surrealismo como estímulo creativo y a los sueños alquímicos de transformación que están en la raíz de su iconografía fantástica. 

Un volumen cuidado hasta el último detalle para ofrecer al lector un recorrido visual por la pintura mágica y turbadora de Remedios Varo a través de decenas de ilustraciones a toda página que reproducen unos cuadros sobre los que flota un silencio misterioso y solitario.

Santos Domínguez

04 noviembre 2015

Lo que dicen los dioses


Alberto Ávila Salazar.
Lo que dicen los dioses.
Versátil Ediciones. Barcelona, 2015.


La fusión de géneros, la hibridación de subgéneros y la integración de niveles estilísticos son algunos de los rasgos fundamentales de la posmodernidad artística y una de las tendencias más significativas de la narrativa posmoderna.

Lo confirman entre nosotros las últimas novelas de Muñoz Molina y Javier Cercas y también Lo que dicen los dioses, en la que Alberto Ávila Salazar funde subgéneros narrativos como la novela negra o el relato gótico de fantasmas que tiene en el Henry James de Otra vuelta de tuerca o El altar de los muertos su modelo más acabado.

En torno al eje de unos crímenes cometidos en el Madrid de la primera posguerra por Rosendo, un carnicero asesino de niñas, obseso sexual convencido de ser un instrumento al servicio de seres superiores, esa fusión se prolonga en la superposición de tiempos y espacios, en un eficaz diseño en el que se complementan dos investigaciones: una policial en los años 50, llevada por el comisario Iríbar, y otra periodística, de la mano de la joven periodista Mariana, que retoma el caso en el 75.

Sobre la estructura policiaca básica de Lo que dicen los dioses se levanta otra trama relacionada con la literatura de fantasmas. Y las dos quedan conectadas por un personaje crucial: Serena, la medium italiana que se convierte en una sensitiva cuando enviuda y en 1954 ve a cuatro o cinco chicas muy jóvenes y vestidas de novia una vez que el asesino ha huido a América. 

Y a partir de ese planteamiento se da una vuelta de tuerca al género: desde las primeras páginas se sabe quién ha sido el asesino, cuáles han sido sus móviles, se descubren los cadáveres de las cinco niñas e incluso el carácter de iluminado de Rosendo, que tiene una experiencia epifánica ante la estatua de Cibeles el día que las tropas franquistas la dejan al descubierto tras la guerra civil.

Ante la presencia de la estatua, a la altura del Ministerio del Ejército capta a su primera víctima, una niña de diez años con la que esa misma noche, creyéndose impulsado por fuerzas sobrenaturales, comete su primer asesinato.

Si el interés del lector crece vertiginosamente en lugar de desinteresarse de la intriga, es un mérito que habla de la capacidad narrativa de Alberto Ávila Salazar, que ya había dado muestras de su solvencia en Todo lo que se ve, del sólido trazado de los personajes, del manejo eficaz de varios tiempos y diversos espacios, de su soltura en la técnica del flashback, de la agilidad en el ritmo del relato y de su mirada cinematográfica, de la que ha dado muestras en la realización de algunos cortometrajes.

El presente y el pasado, los dioses y los hombres, lo público y lo privado, lo visible y lo invisible, lo natural y lo sobrenatural, lo aparente y lo oculto, la cordura y la demencia acaban difuminando sus fronteras y construyendo una imagen de indeterminación de la realidad que como señala en su prólogo el editor, David G. Panadero, da la clave de la intriga desde el título.

Hablaba al principio de la fusión de subgéneros en Lo que dicen los dioses. Pero no es lo fundamental ese carácter híbrido, sino el acierto con que las peculiaridades narrativas de esos modelos genéricos se ponen al servicio del interés de la historia, sostenida por unos personajes complejos, llenos de matices y con un comportamiento nada plano.

Por eso Madrid, a través de distintos tiempos y lugares, acaba desempeñando un papel central en la novela, en la que hay una ciudad visible y otra oculta donde en plena posguerra nacional católica persisten los cultos paganos y los crímenes rituales consagrados a Cibeles, una diosa cruel ávida de la sangre de los sacrificios. 

Santos Domínguez


03 noviembre 2015

Goya Gutiérrez. Grietas de luz



Goya Gutiérrez.
Grietas de luz.
Vaso Roto. Madrid, 2015.

Una mirada hacia la casa:
sus cuadros enmarcando
los signos a la umbría de siluetas informes,
albergue de lo apenas intuido, lo que se desconoce,
lo no concebido, lo no nato, lo que aún no se descarna,
lo que aún no sucumbe, lo empezado a mermar.
Lo no renovado, lo aún no regresado hacia sí mismo,
lo no ausente, lo ya comenzado a abrir la noche
colgando en las paredes del tiempo que habitamos,
del resto de lo que nos faltaba por vivir.

Con esos versos comienza Desde la oscuridad, el primero de los poemas con que Goya Gutiérrez construye Grietas de luz, que edita Vaso Roto. 

Y desde esa mirada inicial hacia el pasado, desde esa oscuridad y desde ese aún, las tres partes de este libro trazan un itinerario emocional que va de la ausencia al con-vivir que cierra el último poema, del dolor a la promesa, de la pérdida al encuentro.

Los textos de Grietas de luz desarrollan una concepción de la poesía como consuelo y como refugio, como conocimiento pero sobre todo como salvación del náufrago en tierra firme. Poesía que explora la memoria y sana las heridas y levanta un antorcha de esperanza para iluminar en lo oscuro y se proyecta en el paisaje con palabras que levantan el vuelo y abren grietas de luz en la sombra.

Desde el interior opaco a la luminosa transparencia del aire, desde lo subterráneo al alto vuelo del ave, estos textos describen -como los pájaros que los sobrevuelan- vuelos circulares: todos sus poemas llegan al último verso para volver al título, tomado de ese verso de cierre que es también de esa manera su apertura, porque en su principio está su fin como en un eterno retorno:

un retorno sin fin hacia otra boca, 
hacia otro orden

 Santos Domínguez

02 noviembre 2015

Mihai Eminescu. Cezara


Mihai Eminescu. 
Cezara.
Traducción de Doina Făgădaru.
Ardicia. Madrid, 2015.

Era una mañana de verano. El mar extendía su azul infinito y, paulatinamente, el sol ascendía en la profunda serenidad celeste. Tras el largo sueño de la noche, las flores despertaban lozanas. Las rocas negras exhalaban vapor a causa del rocío, tornándose grises poco a poco; de vez en cuando, pequeñas lascas de arena se desprendían de ellas perezosamente.
Hacia el oeste, entre unos picos, se erigía el antiguo monasterio. Semejante a una fortaleza, se encontraba por completo rodeado de zarzas, detrás de las cuales apuntaban las copas verdes de algunos chopos y castaños. Los puntiagudos tejados de tejas mugrientas, la parda cúpula de la iglesia, la muralla derruida e invadida en su abandono por las malas hierbas,  las rojas  hormigas que colonizaban cada rincón en largas procesiones -avanzando bajo el sol con enorme parsimonia-, el secular portalón de roble, las escaleras de piedra, rotas y desgastadas de tanto trasiego... Todo  hacía pensar que aquello era, más que una vivienda propiamente dicha, un montón de ruinas por las que andar curioseando.

Así comienza Cezara, una novela corta del rumano Mihai Eminescu (1850-1889) que Ardicia publica por primera vez en español con traducción de de Doina Făgădaru.

Más conocido por su obra poética, considerado el padre de la literatura rumana, fue un romántico tardío, exaltado y bohemio, que contribuyó decisivamente a la creación de una identidad nacional que se concretó en la unificación política de Rumanía en 1877.

Un año antes había publicado esta novela en la que reunió los rasgos característicos de un romanticismo que aquellas alturas del siglo había sido superado en la mayor parte de la literatura europea: el amor pasional de Cezara y el satanismo de Ieronim, la naturaleza como reflejo de los sentimientos, las ruinas y la muerte, el ensoñamiento y la evasión, el irracionalismo y una mezcla de hastío y exaltación que se acaba proyectando en el estilo algo grandilocuente de su constante voluntad descriptiva.

Con un aire narrativo que se mueve entre la leyenda y el cuento de hadas, la edición de Cezara se completa con El pobre Dionis, una narración anterior que comparte con ella ese mismo aire de fábula sentimental al servicio de una meditación casi metafísica sobre el destino y la identidad, el tiempo y el espacio, el sueño y lo demoniaco o la transmigración de las almas. Un paseo por las zonas oscuras a través de un relato fantástico en el que la reflexión tiene como fondo una escenografia inconfundiblemente romántica y como apoyo un fragmento de una carta de Téophile Gautier que corrobora la tesis misteriosa del relato.

Santos Domínguez

30 octubre 2015

Pablo García Baena. Antología poética (1946-2006)


Pablo García Baena.
Mientras cantan los pájaros.
Antología poética (1946-2006).
Edición de Felipe Muriel.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2015.

“Poeta de ascendencia platónica, concibe la poesía como rapto, como fuego que consume y se adueña del espíritu, como un don. A pesar de la fuerza numinosa que le anima a escribir -Viene cuando ella quiere- es un poeta que domina su oficio. Del grupo Cántico es el más preocupado por la palabra exacta, el modulado del verso y el ritmo. /.../ Como los románticos ingleses, García Baena encuentra la inspiración inicial en la realidad visible. Las impresiones sensoriales espolean el poder de la imaginación, que proyecta su luz mágica sobre las cosas resignificándolas”, escribe Felipe Muriel en el extenso estudio introductorio que abre la edición de Mientras cantan los pájaros, una amplia antología de la poesía de García Baena que publica Cátedra Letras Hispánicas.

Pablo García Baena (Córdoba, 1921) es uno de los poetas españoles fundamentales de la segunda mitad del siglo XX. En 1947, junto con Ricardo Molina, Julio Aumente y Juan Bernier, fundó la revista Cántico, de importancia capital en la renovación de la poesía española contemporánea. En torno a esa revista se organizó un grupo de escritores andaluces que practicaban una poesía de gran exigencia estética y recuperaban la brillante tradición culta del 27 que había interrumpido la guerra civil.

Alejado por igual del oficialismo madrileño del grupo Garcilaso y de la fría luz leonesa de la reivindiicativa Espadaña, el grupo Cántico fue una realidad literaria equidistante del preciosismo retórico de unos y del tremendismo negro y solanesco de los otros. Frente a la poesía arraigada y a la del desarraigo, Cántico creó un oasis de calidad en la poesía española de los años cuarenta y cincuenta.

De todos los poetas del grupo, Pablo García Baena es el de obra más sólida y dilatada. La publicación de sus libros se ve marcada por un prolongado silencio central. Al comienzo edita con evidente continuidad Rumor oculto (1946), Mientras cantan los pájaros (1948), Antiguo muchacho (1950), Junio (1957) y Óleo (1958). Hay luego un largo paréntesis hasta que en 1971 Almoneda recupera la voz de García Baena, que tiene una de las cimas de su segunda madurez en Antes que el tiempo acabe (1978). Y tras recopilar en Recogimiento su obra escrita entre 1940 y 2000, en 2006 añadió a su bibliografía poética un libro mayor: Los Campos Elíseos.

Marcada por la influencia del simbolismo juanramoniano, de Cernuda y los metafísicos ingleses, de Góngora y Aleixandre, la poesía de Pablo García Baena, de palabra estilizada y exuberante, es a la vez meditativa y sensual. Su tono elegiaco ante el tiempo y su marcado pesimismo de fondo no ocultan una celebración constante de la vida, la belleza y la naturaleza.

Cuerpo y espíritu, ascetismo y sensualidad, paganismo y religiosidad se funden con naturalidad en la poesía de Pablo García Baena, un tapiz tejido con la reunión de palabra, mirada y música sobre la que se levanta el conjunto de su obra.

Así en este Viernes Santo:

Y está el Pretorio frío con el alba,
jaspes yertos, columna,
y desnudo, desnudo hasta la sangre,
nos desnudamos, rito, sobre el lecho, cordeles lacerantes
de los besos, caricias aprietan,
tiran, tinta la res del sacrificio,
soldados, carcajadas, extinguidas antorchas humeantes,
oh, qué hambrienta vesania, brasas, bocas
ardiendo, crepitantes leños rojos,
la túnica de loco arrodillado busca,
ya no blanca, ni grana, ni violeta,
sí rígida por las costras,
por el rayo fulmíneo que derriba
y no apagues la luz quiero verte los ojos.

Misterio y precisión son dos de las claves creativas de una poesía que surge de un conocimiento transfigurado y de la mirada elegiaca ante lo que fue –las palabras son del propio García Baena- gloria momentánea: canción, carne, perfume. Dos claves de una poesía de la mirada que culmina en Los Campos Elíseos, donde se vuelven a fundir el misterio y la precisión que reivindica en el primer texto de ese libro, El concierto, un poema en el que se dan cita esas dos claves de toda la poesía de Pablo García Baena:

El joven violinista del cabello revuelto,
la mano del arco en el regazo amado
dice: tal vez sea la música,
igual a esa palabra almenada,
sólo misterio y precisión.

Precedida de un estudio sobre las ideas estéticas y la concepción de la poesía en García Baena y con un análisis minucioso de cada uno de sus libros y de comentarios sobre sus textos más significativos, esta generosa antología recoge más de la mitad de su obra publicada, además de un inédito de 2009 –El verano – y tres poemas no incluidos en ninguno de sus libros.

Con esta antología el lector tiene una muestra inmejorable de la poesía - esa arpa tensa ansiosa de vibrar entre los dedos solemnes de la noche del monumental Llanto de la hija de Jephté- de García Baena, puede acceder a las claves de su intensidad emocional y comprobar su tensión verbal, recorrer las constantes temáticas y tonales que atraviesan sus libros o conocer la importancia de las artes plásticas y la asimilación poética y vital del universo clásico en la configuración de su estética.

Santos Domínguez