26/3/21

Francisco Brines. Desde Elca


 
 
Francisco Brines.
Desde Elca.
(Antología)
Selección e introducción de Francisco Brines.
Prólogo de Fernando Delgado.
Pre-Textos. Valencia, 2021.

“Aún con emoción y enorme gratitud recibo la noticia de haber sido reconocido recientemente con el Premio Cervantes 2020, aquí, en Elca, donde transcurrió lo mejor de mi infancia, desde el lugar donde me dispuse a contemplar con sosiego y temblor la vida, y que para mí ha llegado a simbolizar el espacio del mundo. El sentido que le he dado a la vida y a la función que la poesía ha ejercido sobre mí lo aprendí aquí, a través del amor que inundaba las estancias de esta casa”, escribe Francisco Brines en la introducción a Desde Elca, la antología que ha preparado de su obra para la colección La Cruz del Sur de la Editorial Pre-Textos.

Elca es en la poesía de Francisco Brines el nombre del paraíso, el lugar de la felicidad y de las pérdidas, la casa donde se cruzan, entre la contemplación y la evocación, el presente de la celebración y el pasado de la evocación, la realidad y el sueño:

Yo sé que olí un jazmín en la infancia una tarde, y no existió la tarde.

Es la Arcadia evocada por El niño perdido y hallado (en Elca), como titula uno de los poemas de esta selección que se cierra con La última costa, el poema que cerraba también su último libro:

Mi madre me miraba, muy fija, desde el barco,
en el viaje aquel de todos a la niebla.

Y aunque el título aluda a ese espacio de la casa, es el tiempo el eje de referencia de estos poemas, muestras significativas de esa extensa elegía que es la obra poética de Brines, que reúne en Elca tiempos y personas que han marcado la biografía del poeta, sus esperanzas y sus decepciones, su amargura y su sosiego, como en El extraño habitual, que comienza con estos versos:

La casa, blanca y grande, vacía de su dueño,
permanece. Silban los pájaros; las tapias, un olor.
Quien regresa se duele del destierro de la casa.
Aquí descubrió el mundo; lugar para morir.

Porque -explica Brines en su introducción, “El poema como instrumento ético”- “un territorio se convierte en lugar en el momento en que le otorgamos unas posibilidades afectivas, y ese proceso siempre reclama a la mirada del otro. Desde Elca aprendí a reflexionar conmigo mismo, a leer sin prisas y escribir con tiempo. Elca, el lugar donde se han cruzado todas mis edades.”

Elca pasa así de ser un territorio a ser un lugar, el escenario de tardes y jardines que da coherencia a la poesía elegíaca de Brines y la integra en un común marco emocional o meditativo y en la línea continua de una temporalidad convocada y negada en el espacio del poema, como en este Reencuentro, el inédito que abre la selección:

He bajado del coche
y el olor de azahar, que tenía olvidado,
me invade suave, denso.
He regresado a Elca
y corro,
            no sé en qué año estoy
y han salido mis padres de la casa
con los brazos abiertos,
me besan,
les sonrío,
me miran
              –y están muertos–,
y de nuevo les beso.

Santos Domínguez