15 septiembre 2010

La busca


Pío Baroja.
La busca.
Edición de Juan María Marín Martínez.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2010.


En 1891, en una de las páginas de su Cuaderno de notas, escribía Anton Chéjov: Si la humanidad ha llegado a concebir la historia como una serie de batallas, es porque antes consideró que la lucha es esencial para la vida.

Pocos años después, Pío Baroja empezaba a escribir La busca, la primera novela de la trilogía La lucha por la vida, título tomado de esa misma idea darwinista.

Es una de las novelas fundamentales de Pío Baroja y la primera que planeó como parte de una trilogía. La publicó por entregas desde principios de marzo a finales de mayo de 1903 y apareció en libro en 1904, el mismo año en que escribió Mala hierba y Aurora roja, las otras dos novelas de La lucha por la vida.

La busca aparece ahora en Cátedra Letras Hispánicas con un extenso y pormenorizado prólogo de Juan María Marín Martínez que sitúa la obra en el conjunto de la novelística barojiana y de su técnica narrativa (los personajes, las descripciones, el estilo) para centrarse en otro centenar largo de páginas en el estudio de la trilogía y en el análisis específico de La busca (la estructura, el protagonista, el espacio suburbial del Madrid de finales del XIX).

Novela de aprendizaje, acercamiento narrativo a una antropología de la pobreza, mirada darwinista a la realidad, La busca contiene ya las claves del mundo barojiano, de su pesimismo y su piedad, de su capacidad descriptiva en el tratamiento de los personajes, del conflicto entre indolencia y acción y del estilo vigoroso y la agilidad narrativa de un Baroja que estaba iniciando su mejor década como novelista.

Santos Domínguez

13 septiembre 2010

Tolstói. Memorias






Liev Nikoláievich Tolstói.
Memorias.
Infancia-Adolescencia-Juventud.

Traducción de J. Santos Hervás.
BackList Contemporáneos. Barcelona, 2010.

El 20 de noviembre de 1910, tras huir de su casa, Tolstói moría en la estación de Astápovo después de una peripecia y una crisis personal que hubieran merecido un relato.

No era la primera vez que en el ruso se mezclaban radicalmente vida y literatura, experiencia y ficción. Más de medio siglo antes, entre 1851 y 1857, había ido redactando estas Memorias de infancia, adolescencia y juventud que dejó sin concluir y que recupera ahora BackList en su serie Contemporáneos.

En realidad, las fue completando en el resto de su obra: en Guerra y paz, y sobre todo en el Levine de Anna Karénina, Tolstói proyectó su autobiografía en los personajes de sus novelas y en sus cuentos.

Es un curioso camino de doble dirección, porque el narrador-protagonista de estas Memorias es Nicolás Petrovitch Irteneff, otra contrafigura del autor, que evita el tono confesional y hace que en esta obra la voluntad narrativa prevalezca sobre el planteamiento estrictamente memorialístico, que reaparecerá disimulado bajo la máscara de los personajes de sus novelas mayores.

Las cosas no podían ser de otra manera con una personalidad tan fuerte y tan pasional como la de Tolstói, en cuya obra dialogan constantemente la memoria y la ficción, la ética y la estética.

En todo caso, estas Memorias son fundamentales en la formación del escritor, que hizo en sus páginas un ejercicio literario decisivo para de cimentar su obra posterior. Está madurando aquí el narrador que maneja con destreza la técnica del retrato en la caracterización de personajes, la exactitud descriptiva de los ambientes y la profundidad moral del enfoque narrativo.

En la primera parte, centrada en la infancia y publicada en 1852, aparecen ya las figuras memorables del preceptor Ivanovitch (en quien no por casualidad se centra el primer capítulo) o del vagabundo Gricha el Inocente sobre el fondo de la vida familiar y social del niño que vive entre Yásnaia Poliana y Moscú.

La muerte de la madre, la amistad y el amor, los fracasos escolares y sentimentales son experiencias cruciales en la formación del personaje y se desarrollan en las otras dos partes de las Memorias –Adolescencia (1854) y Juventud (1857), que van ampliando el campo de observación más allá de lo doméstico: transcurren sobre el telón de fondo de una época y una sociedad enjuiciadas por Tolstói con más voluntad moral que intención documental.

Al final de estas Memorias, en las últimas líneas de Juventud, Tolstói prometía una segunda parte que nunca escribió como memorias explícitas. En una nota añadida por el editor se aclara que el lector encontrará la continuación en Anna Karénina. Nicolás Irteneff es allí Constantino Levine, que tiene un hermano que se llama Nicolás.

Santos Domínguez

10 septiembre 2010

El árbol rojo


El árbol rojo.
Selección de Andrés Rubio.
Demipage. Madrid, 2010.

Versos para ceremonias laicas es el subtítulo que resume el contenido de El árbol rojo, una suerte de devocionario laico que publica Demipage y en el que Andrés Rubio ha reunido a cuarenta poetas de todas las épocas con más de sesenta textos para ser leídos en voz alta en los distintos ritos de paso.

Así lo explica el antólogo: En una sociedad en la que la fiesta forma parte muy importante de las relaciones, faltan apoyos simbólicos en el proceso de secularización en el que vivimos. Una carencia que este libro intenta subsanar con la mejor herramienta posible: la literatura, y en especial la poesía.

Con una notoria presencia de Whitman, un poeta hímnico y celebratorio, un partidario de la felicidad (Durante cuánto tiempo nos engañaron), la selección de Andrés Rubio convoca textos memorables de Marco Aurelio y Claudio Rodríguez, de Nicanor Parra y Séneca, de Rilke y Juan Ramón, de Kavafis y Cummings.

Palabras afirmativas, celebratorias y consoladoras. Adioses que son un hasta luego, cantos de bienvenida y despedidas profanas como el Blues del funeral, la elegía que W.H. Auden dedicó a su amante muerto. La recordarán quienes vieron Cuatro bodas y un funeral. Esta es la versión de Jordi Doce:

Detened los relojes, descolgad el teléfono,
Haced callar al perro con un hueso jugoso
Y silenciad los pianos; con tambor destemplado
Salga el féretro a hombros, desfilen los dolientes.


Den vueltas los aviones con vuelo inconsolable

Y escriban en el cielo las nuevas de su muerte,
Que lleven las palomas crespones en sus cuellos
Y los guardias de tráfico se enfunden negros guantes.

Era mi Norte y Sur, mi Oriente y Occidente,
Mi día laborable y mi domingo ocioso,

Mi noche, mi mañana, mi charla y mi canción;

Pensaba que el amor era eterno; fui un crédulo.


No queremos estrellas; apagadlas de un soplo;
Desmantelad el sol y retirad la luna;
Talad todos los bosques y vaciad los océanos;
Pues ya nada podrá llegar nunca a buen puerto.

Una reivindicación del espacio laico y de las ceremonias civiles a través de la poesía. Al final del volumen, una selección de piezas musicales clásicas que podrían ser la banda sonora de esos ritos. De Bach a Wagner, de Schubert a Haendel, ese apéndice propone el fondo musical de estas celebraciones de la palabra y la recitación.

Santos Domínguez

08 septiembre 2010

Chéjov. Cuaderno de notas


Anton Chéjov.
Cuaderno de notas.
Traducción y posfacio de Leopoldo Brizuela.
Introducción de Vlady Kociancich.
La compañía / Páginas de Espuma. Madrid, 2010.

Narrador de voz baja, Anton Chéjov construyó su universo literario con lo fugaz y lo secundario. En sus relatos abiertos conviven misteriosamente la levedad y la intensidad, la emoción y la distancia, se armonizan la ironía y la piedad, el humor y la tristeza.

Es la vida con minúsculas en una literatura de sobreentendidos que requiere la complicidad del lector para asumir ese mundo que está en sus relatos, en su teatro y en los Cuadernos de notas que Chéjov escribió entre 1891 y 1904.

Una selección de ese material lo coeditan La compañía y Páginas de Espuma con introducción de Vlady Kociancich y traducción de Leopoldo Brizuel, que escribe en el posfacio:

Escritos durante los últimos trece años de vida de Chejov, al pie o al margen de sus grandes cuentos y piezas teatrales, estos Cuadernos de notas son, en verdad, únicos en su género. No se trata de un "diario íntimo": los pasajes autobiográficos o confesionales son escasísimos y, por lo común, están velados por el uso de una tercera persona y de iniciales, que vuelven casi imposible afirmar la identidad. El lector encontrará a Chejov mucho menos en los deliciosos hechos narrados que en la mirada que supo entender su importancia más allá de la nimiedad aparente, y en la voz -ese tono inconfundible- que los pone en palabras.

Anotaciones de ideas, registro de anécdotas y esbozos de proyectos, conviven en estas páginas la vida y la literatura, las impresiones del viajero que inicia el 17 de marzo de 1891 un viaje en tren que le llevará a Viena, Venecia y Roma, las reflexiones éticas o la lista de compras y gastos.

Y en torno a tres ejes –pensamientos, imágenes, anécdotas- se suceden los esbozos de personajes, los esquemas narrativos, los fragmentos de diálogos que luego aprocvechará en sus cuentos o en sus obras de teatro, las impresiones de la vida cotidiana, los detalles pequeños que tendrán tanta importancia en su mundo literario.

O ácidas reflexiones morales de mayor calado:

Los hipócritas ordinarios aparentan ser palomas; los hipócritas de la política y de la literatura, águilas. Que su aire aquilino no te intimide. No son águilas, solo ratas, o perros.

Al fondo siempre está la mirada crítica, humorística y aguda de Chéjov, su sonrisa triste en relámpagos como estos:

Rusia es una inmensa llanura por donde pasea un maleante.

Envidia tanto que bizquea.

La universidad desarrolla todas nuestras capacidades, incluso la idiotez.


Santos Domínguez

06 septiembre 2010

Ramón Gaya. Obra completa


Ramón Gaya.
Obra completa.
Edición de Nigel Dennis
e Isabel Verdejo.
Prólogo de Tomás Segovia.
Pre-Textos. Valencia, 2010.

Cuando está a punto de cumplirse el centenario de Ramón Gaya -nació un 10 de octubre de 1910-, Pre-Textos reúne en un amplio y cuidado volumen la totalidad de sus escritos, salvo su correspondencia, a la que se dedicará un segundo volumen. Se completa así con un abundante material inédito, como señalan los editores Nigel Dennis e Isabel Verdejo, una tarea iniciada en 1990 para dar a conocer la obra escrita del pintor.

La buena fe titula Tomás Segovia el prólogo que ha escrito para presentar esta Obra completa de Ramón Gaya, un abundante conjunto de textos que fijan la memoria personal de quien se definía a sí mismo como un pintor que escribe.

Una escritura que, como señala Tomás Segovia, no es un complemento de su creación plástica, sino otra de sus caras, reflejo y suma de experiencias e ideas sobre la pintura, la literatura y la creación a través de títulos como El sentimiento de la pintura, Velázquez, pájaro solitario, Cuaderno de viaje, Milagro español o Diario de un pintor.

Ensayos, artículos, aforismos, cuadernos de viaje, diarios o sonetos son los moldes variados en los que Gaya vierte su reflexión central sobre la pintura y la creación artística, que culmina en su último libro, Naturalidad del arte (y artificialidad de la crítica).

Atraviesa toda su obra escrita una constante fe en el arte y en la realidad, una vinculación ejemplar entre vida y obra, entre ética y estética, un esfuerzo por captar lo invisible y explicar lo inefable, para ir siempre más allá de los sentidos, de los sentimientos y de los límites de la realidad.

Porque en todos sus libros, Gaya no se limita al ámbito de la pintura en su reflexión sobre la creación artística, que debe ser comprendida en su oscuridad, y relaciona a Velázquez con Cervantes, con el último Juan Ramón o con Mozart. Y a través de las páginas de su Obra completa se suceden las ciudades vividas o evocadas, los libros y los cuadros, la memoria y el presente, la palabra y la mirada en la prosa de un artista que se entendió siempre mejor con los escritores que con los pintores y que deja aquí su ideario artístico y vital, su concepto del arte y su visión del mundo.

Su papel en estos textos no es el del crítico -que entiende de una cosa que no comprende-, pero la postura de Ramón Gaya, una de sus lecciones fundamentales podría resumirse en una de sus anotaciones: La crítica no debe tener seguridad, sino confianza en lo que dice.

Santos Domínguez

03 septiembre 2010

Prefiguraciones



José Manuel Caballero Bonald.
Prefiguraciones.
Círculo de Bellas Artes. Madrid, 2010.


Summa vitae

De todo lo que amé en días inconstantes
ya sólo van quedando
rastros,
marañas,
conjeturas,
pistas dudosas, vagas informaciones:
por ejemplo, la lluvia en la lucerna
de un cuarto triste de París,
la sombra rosa de los flamboyanes
engalanando a franjas la casa familiar de Camagüey,
aquellos taciturnos rastros de Babilonia
junto a los suntuosos barrizales del Éufrates,

un arcaico crepúsculo en las Islas Galápagos,
los prolijos fantasmas
de un memorable lupanar de Cádiz,
una mañana sin errores
ante la tumba de Ibn' Arabi en un suburbio de Damasco,
el cuerpo de Manuela tendido entre los juncos de Doñana,
aquel café de Bogotá
donde iba a menudo con amigos que han muerto,
la gimiente tirantez del velamen
en la bordada previa a aquel primer naufragio...

Cosas así de simples y soberbias.

Pero de todo eso
¿qué me importa
evocar, preservar después de tan volubles
comparecencias del olvido?


Nada sino una sombra
cruzándose en la noche con mi sombra.


Es el último de los poemas que leyó José Manuel Caballero Bonald en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en la primavera de 2008. Un texto que resume la trayectoria vital y literaria de uno de los escritores fundamentales de los últimos cincuenta años.

Memoria y poesía que se funden en su obra y se recogen en el volumen Prefiguraciones, que contiene el casi medio centenar de textos de aquella lectura memorable de la que deja testimonio también el CD que se encarta con el libro, que se completa con una entrevista inédita realizada por Anna Caballé en la que Caballero Bonald habla de su obra “entre la reflexión y la melancolía.”

En la entrevista y en la presentación de la lectura, el poeta repasa las lecturas que conformaron sus inconfundibles modales expresivos: Cernuda, Lorca, Vallejo, Neruda, los superrealistas, los poetas barrocos y los metafísicos ingleses forman parte de ese itinerario formativo que delimita una voz personal a partir de Descrédito del héroe.

Por eso la mayor parte de los poemas que leyó aquella tarde pertenecen a ese libro y a los posteriores Laberinto de Fortuna, Diario de Argónida y Manual de infractores.

Es el Caballero Bonald dueño de una voz propia que concibe la poesía como acto de lenguaje que construye o inventa una versión de la realidad. Porque en su obra la memoria es el desencadenante del poema, la materia prima que se elabora a través de la indagación verbal. Es, pues ,una experiencia creadora en la que confluyen el lenguaje y la vida en un trasvase continuo hacia una nueva forma de conocimiento:

Sólo es verdad –escribe en Las horas muertas- lo que aún no conozco.

En esa capacidad indagatoria del lenguaje reside el sentido de una actividad poética que se convierte en revelación, en texto que genera su propia verdad.

Además de la exquisitez de la edición, poder oír esos poemas tan representativos en la voz del autor no sólo justifica la publicación de un volumen como este, también lo hace sumamente recomendable.

Santos Domínguez

01 septiembre 2010

El pensamiento vivo de Séneca


María Zambrano.
El pensamiento vivo de Séneca.
Cátedra. Colección Teorema. Madrid, 2010.

Un cuarto de siglo cumple este volumen que María Zambrano dedicó al estoico cordobés y que reedita Cátedra en la serie menor de su colección Teorema. Lo tituló reveladoramente El pensamiento vivo de Séneca, porque es una indagación en la actualidad de un clásico popular que se ha convertido en un arraigado referente cultural incluso para aquellos que nunca se acercarán a su obra ni leerán una sola línea de las que escribió.

Y es que la actualidad de Séneca nace no de su pasado, sino de nuestro presente, como explica María Zambrano: Séneca vuelve sencillamente porque le hemos buscado, y no por la genialidad de su pensamiento, ni por nada que tenga que ofrecer al audaz conocimiento de hoy. Vuelve porque le hemos descubierto como en un palimpsesto debajo de nuestra angustia, vivo y entero bajo el olvido y el desdén.

Actual y universal, su figura cercana y familiar tiene también una seductora aura de misterio que convive con esa proximidad casi conversacional de sus escritos. Porque Séneca fue más un mediador que un filósofo, un meditador sin sistema más que un pensador orgánico.

Ese papel mediador entre la alta filosofía y la vida humilde es el que desempeña Séneca, un curandero de la filosofía que busca, más que la persuasión intelectual, el consuelo y el alivio ante el desvalimiento del hombre.

El pensamiento de Séneca desempeña la función de un puente tendido ante la debilidad del hombre. Ante el desamparo y el miedo de lo que María Zambrano llama la razón desvalida, sus textos proponen no sólo la resignación, sino también la fortaleza como respuesta, como modelo para quien viene de regreso de la esperanza por el camino del desengaño.

La razón senequista no es dogmática y se emparenta en sus actitudes con lo socrático. Por eso, acceder a su pensamiento es aproximarse a su personalidad, que representa en la imaginación española y en la cultura popular la figura del sabio, que tiene como atributos esenciales la quietud y la impasibilidad.

Séneca es un sabio a la defensiva del tiempo y del poder, dueño de una sabiduría amarga, de un saber vivir y un saber morir que asume el fracaso como esencia de la vida y como clave de su actitud estoica y su agudo sentido del tiempo.

En su ética de la desposesión y la renuncia, Séneca acabó mirando el mundo desde la orilla de los muertos y se anticipó en muchos siglos al quietismo de Molinos y a la discreción de Gracián. Fue el último sabio antiguo y el primer intelectual que anticipa la modernidad, un maestro en retiradas que transformó la moral y la dignidad en estilo de vida, hizo de la ética una estética y evitó en su elegancia que su suicidio pudiera entenderse como un acto de protesta.

Una selección abarcadora de los más significativos escritos de Séneca centra la segunda parte del volumen. Las consolaciones a Polibio, a Helvia o a Marcia, los tratados sobre la tranquilidad del ánimo o la brevedad de la vida, sus reflexiones sobre la vida bienaventurada o la clemencia y sobre todo sus magníficas cartas a Lucilio contienen frases como estas:

¿Ignoráis que vivís huyendo?

Todas las cosas nos son ajenas, solamente es nuestro el tiempo.

Me preguntas qué es lo que principalmente debes evitar -le escribe a Lucilio en la epístola VII-. La multitud (...) La conversación de muchos nos es dañosa.

Y aparece en ellos también el Séneca cercano que se queja del ruido de los vecinos de abajo o hace su particular elogio del vino.

Sus textos confirman estas palabras de María Zambrano: su figura tiene la corporeidad de una estatua; y su pensamiento el dibujo preciso de un estilo.

Santos Domínguez