11 enero 2010

Giacomo Casanova. Historia de mi vida




Giacomo Casanova.
Historia de mi vida.
Traducción y notas de Mauro Armiño.
Prólogo de Félix de Azúa.
Atalanta. Memoria mundi. Gerona, 2009.

En 1767 una lettre de cachet de Luis XV expulsaba de Francia al abate Giacomo Casanova (1725-1798). En casi toda Europa le había ocurrido lo mismo a aquel veneciano que ya se había convertido en la imagen tópica del libertino.

Pero esta vez era peor. Casanova había entrado en una edad en la que la Fortuna desprecia a los hombres. Tenía 42 años y la saturación de experiencias de una vida vertiginosa. Llevaba a sus espaldas la tristeza por la muerte de algunos amigos y protectores, la muerte reciente de su bella amiga Charlotte. Y solo le quedaban por visitar sin prohibiciones dos países excéntricos, España y Portugal.

Con ese equipaje de malos augurios y muertes recientes inicia el viaje y atraviesa en mulo los Pirineos. No había malos caminos. No había caminos. Las penosas comunicaciones de las que hablan otros viajeros de la Ilustración no le importan demasiado. Las asume como una prolongación de su decadencia, como una proyección de su desgracia.

Y pasa sus días madrileños con ilustrados de la corte de Carlos III, con libertinos ibéricos ajenos a todo refinamiento. Fue una víctima indirecta de aquel vergonzoso motín de Esquilache en el que unieron sus fuerzas (no era la primera vez y no sería la última) la delincuencia común y el clero.

Ha perdido el abate energía sexual y ya no le hacen demasiado caso las mujeres. Las conquistas son cada vez más escasas y penosas. Con amarga ironía reconoce Casanova que alguna mujer ha hecho en la cama lo que ha querido y él lo que ha podido. Así es que en España se dedica sobre todo a hacer informes reformistas, a pretender un cargo y a reunirse con librepensadores. La última (o la penúltima) aventura de un Casanova para el que el mundo no es ya más que un recuerdo en el que se confunden las luces y las sombras.

Como una obra maestra literaria, un relato que conmueve, exalta, divierte, inspira, solaza y excita tanto la lujuria como el raciocinio define Félix de Azúa la Historia de mi vida de Giacomo Casanova en el prólogo que ha escrito para la espléndida edición que publica Atalanta en su colección Memoria mundi con traducción y notas de Mauro Armiño. Hasta la edición alemana de 1960, sólo se publicó en versiones mutiladas y esta es la primera vez que se publica en versión íntegra en español, en dos volúmenes anotados y con un imprescindible índice de nombres y lugares.

Redactada en francés, su segunda lengua, en un francés oral y cercano, casi actual, la Histoire de ma vie, que convirtió a Casanova en uno de los autores más leídos del XVIII, dedica una parte sustantiva a ese viaje a España que lo llevó de Madrid a Valencia y luego a Barcelona para dar con sus ajetreados huesos en la cárcel de la Ciudadela.

Giacomo Casanova, el libertino ilustrado, el intelectual vitalista y masón encarcelado por el Santo Oficio veneciano, escapó de la cárcel en 1755 y recorrió las principales ciudades de Europa. De Venecia a París, de Praga a Dresde o Viena, introdujo la lotería en Francia, se relacionó con Rousseau, discutió con Voltaire y colaboró con Mozart. Fue un anti-Don Juan, como explica Félix de Azúa en el prólogo, frecuentó la alta sociedad, pero también a aventureros, depravados o marginales como él.

Violinista discreto y poeta ocasional, seminarista escéptico y militar a tiempo parcial, alquimista y espía, el Casanova que rememora su vida no tenía nada más que tiempo y memoria de las tabernas y las cárceles, de los palacios y los burdeles. Munich, Constantinopla, Barcelona o Madrid fueron algunas de las estaciones de paso de una vida errante y errática antes de quedarse como bibliotecario en el castillo del conde de Waldstein, en Bohemia. Allí escribió estas memorias a lo largo de siete años, entre 1791 y 1798, para recuperar lo que se había llevado el tiempo: Al acordarme de los placeres que he experimentado, los revivo y gozo con ellos por segunda vez, y me río de las penas que ya he sufrido y que ya no siento.

Unas memorias que contienen una detallada descripción de la Europa anterior a la Revolución Francesa, además de la memoria personal de un hombre contradictorio y cínico, apasionado y racional, vitalista y autodestructivo a un tiempo. Como un clásico incómodo definió Ángel Crespo a aquel hombre múltiple y crucial para entender el siglo de las luces, que resume en Casanova sus propias contradicciones.

Aquel ser refinado y grosero, superficial y lúcido que no quiso ser nada ni nadie escribió estas memorias desde el fondo de la desolación, pero sin renunciar a la provocación ni al descaro como última venganza ante un mundo que ya no era el suyo.

He sido, durante toda mi vida, víctima de mis sentidos. Me he complacido en descarriarme - escribe en el prefacio. Y esa arrogancia con la que se ufana de sus aventuras está en las antípodas de la actitud confesional de Rousseau. No son estas las confesiones de un penitente arrepentido. Están escritas con la distancia satírica de quien ya no se reconoce sino como personaje que vive en el pasado y en la literatura.

Tras la lumbre apagada del conquistador, quedaba el rescoldo del recuerdo. Y a esa luz construye Casanova el simulacro de la realidad en la memoria, en un intento inútil de reavivar la llama en el siglo de las luces que se han ido apagando. Declaró que no le gustaban las novelas, pero esta narración de su vida, un relato que mezcla verdades y ficciones, es probablemente la mejor novela del siglo XVIII.


Santos Domínguez


08 enero 2010

París Francia


Gertrude Stein.
París Francia.
Traducción de Daniel Najmías.
Editorial Minúscula. Barcelona, 2009.

Lo único que interesa a todo el mundo, es decir, a todo el mundo que escribe, es vivir dentro de sí mismo para contar lo que hay dentro de sí mismo. Esa es la razón por la que los escritores tienen que tener dos países, el país del que son y el país en el que realmente viven. El segundo es romántico, es algo aparte, no es real pero está realmente ahí. Los victorianos ingleses lo hicieron con Italia, los norteamericanos de principios del siglo XIX lo hicieron con España, los norteamericanos de mediados del siglo XIX lo hicieron con Inglaterra, mi generación la generación norteamericana de finales del siglo XIX lo hizo con Francia.

La autora de ese párrafo, la estadounidense Gertrude Stein (1874-1946) vivió en París desde 1903. Allí convirtió su casa en un lugar de reunión de la vanguardia artística y literaria. Renovadora de la literatura memorialística, mucho antes de instalarse en Francia había publicado un artículo en la Psychological Review sobre la escritura automática. Era 1896 y Gertrude Stein se anticipaba así en un cuarto de siglo lo que iba a ser la propuesta central del Primer manifiesto superrealista de 1923. Protectora de pintores como Picasso, Braque, Matisse o Gris, fue también una figura clave en el impulso a las vanguardias literarias y en la consolidación de la que ella misma bautizó despectivamente como generación perdida. Contribuyó de forma decisiva a convertir París en la capital cultural del mundo. Apoyó o protegió a Joyce, a Scott Fitzgerald, a Ezra Pound, a T.S. Eliot, a H.D., y tuvo una relación tormentosa con Hemingway, que se vengó de ella en París era una fiesta.

Cuando escribía intentaba hacer en prosa lo que Pîcasso en pintura, quería conectar los hallazgos del cubismo y la abstracción con la experimentación verbal. Despreciaba las comas, ese punto pobre que más que un signo de puntuación era un error existencial que interrumpía la fluidez del presente continuo que aspiraba a crear en su literatura. Una literatura que vive más en el párrafo que en el capítulo, lo que le permite innovar la sintaxis o el ritmo de su prosa libre.

París Francia, el libro que publica Minúscula en su colección Paisajes narrados, apareció en 1940 y coincidió con la entrada de los nazis en París, que ya no era lo que había sido. Gertrude Stein resume en él su visión de la ciudad en descripciones que juegan con el punto de vista y arrancan de los recuerdos infantiles de una primera visita:

París, Francia es emocionante y tranquilo. Solo tenía cuatro años la primera vez que estuve en París y allí hablé francés y allí me sacaron fotos y fui al colegio y desayuné sopa y almorcé pierna de cordero con espinacas, siempre me han gustado las espinacas, y un gato negro trepó de un salto a la espalda de mi madre. Eso fue más emocionante que tranquilo. No me molestan los gatos pero no me gusta que se me suban a la espalda. Hay montones de gatos en París y en Francia y pueden hacer lo que se les antoje, sentarse encima de las verduras o entre los comestibles, quedarse en casa o salir. Considerando los muchos gatos que hay es extraordinario que se peleen tan poco.

Y a partir de ahí se suceden la gastronomía y los perros callejeros, los cuadros y la historia, Zola y Sarah Bernhardt, Satie y la guerra, el superrealismo y las relaciones familiares para completar un panorama plástico e inédito de París en un momento en el que Inglaterra y Francia, los países a los que dedica el libro Gertrude Stein, tienen que asumir el papel de civilizar el siglo XX.

Santos Domínguez

04 enero 2010

La casa de cartón


Martín Adán.
La casa de cartón.
Prólogo de Vicente Luis Mora.
Barataria. Barcelona, 2009.

Mi primer amor tenía doce años y las uñas negras. Mi alma rusa de entonces, en aquel pueblecito de once mil almas y cura publicista, amparó la soledad de la muchacha más fea con un amor grave, social, sombrío, que era como una penumbra de sesión de congreso internacional obrero. Mi amor era vasto, oscuro, lento, con barbas, anteojos y carteras, con incidentes súbitos, con doce idiomas, con acecho de la policía, con problemas de muchos lados. Ella me decía, al ponerse en sexo: Eres un socialista. Y su almita de educanda de monjas europeas se abría como un devocionario íntimo por la parte que trata del pecado mortal.

Así comienza La casa de cartón, del limeño Martín Adán (1908-1985), impulsor de la vanguardia peruana, poeta y bohemio algo anacrónico, una llamativa mezcla de apariencia estrafalaria y prosa admirable.

Publicada en 1928, cuando su autor aún no había cumplido los veinte años, La casa de cartón representa en la prosa peruana lo que Trilce en la poesía: la irrupción de una vanguardia que, pese al ninguneo o las descalificaciones de la crítica oficial, acabaría con el regionalismo indigenista de las novelas de la tierra.

La casa de cartón, una novela de aprendizaje y de iniciación erótica adolescente, una novela lírica y descriptiva que refleja la capacidad poética de su autor y la intensa elaboración metafórica de su estilo, acaba de reeditarse en Humo hacia el Sur, la nueva colección de bolsillo que Barataria dedica a las vanguardias latinoamericanas.

Aparte de las virtudes literarias de su prosa excepcional, La casa de cartón contiene los rasgos formales y las actitudes que caracterizan a la literatura vanguardista: la provocación y el escándalo, la subjetividad, el fragmentarismo caleidoscópico y el esbozo, la discontinuidad espaciotemporal, las secuencias de escenas yuxtapuestas, la disonancia, el culto a la imagen, el juego metafórico, el humor, el mundo urbano, la exaltación de la velocidad, que contagia el ritmo de la frase:

Pero todavía es la tarde —una tarde matutina, ingenua, de manos frías, con trenzas de poniente, serena y continente como una esposa, pero de una esposa que tuviera los ojos de novia todavía, pero... Cuenta, Lucho, cuentos de Quevedo, cópulas brutas, maridos súbitos, monjas sorprendidas, inglesas castas... Di lo que se te ocurra, juguemos al sicoanálisis, persigamos viejas, hagamos chistes... Todo, menos morir.

El despliegue verbal e imaginativo de las descripciones, la anulación de la trama o el estilo envolvente que desplaza de su lugar tradicional a los personajes y se convierte en primer protagonista de la descripción de la vida en el barrio limeño de Barranco, son la antítesis de lo que proponía el costumbrismo mundonovista que constituía el canon de la novela hispanoamericana en el primer tercio del siglo XX.

Novelas como La casa de cartón rompieron ese canon indigenista y fueron preparando el terreno y ampliando horizontes que hicieron posible la aparición de la gran novela latinoamericana de la segunda mitad del siglo. Además de su valor estético, novelas como esta cumplieron ese decisivo papel histórico.



Santos Domínguez

30 diciembre 2009

La máquina de languidecer

Ángel Olgoso.
La máquina de languidecer.
Páginas de Espuma. Madrid, 2009.


En la imprescindible Antología del nuevo cuento español que publicó hace ya unos años Páginas de Espuma en la serie Pequeñas resistencias y en la muy reciente segunda entrega de Sea breve, por favor, aparecía el nombre de Ángel Olgoso representado por una breve muestra que permitía entrever una poderosa voz narrativa.

No es por tanto un recién llegado. Tras editar desde 1991 sus libros de relatos en editoriales de escasa difusión, acaba de publicar en Páginas de Espuma La máquina de languidecer, un espléndido conjunto de cien microrrelatos que confirman la calidad de un escritor que trabaja sus textos con la intensidad del poeta y la precisión del narrador eficiente.

Una muestra, el relato que titula Il giardino segreto:

Bajo la breve tarde de invierno todo mueve al silencio en el patio del convento de clausura. Arriates entre blancos muros, el verdor del huerto y, al fondo, la antigua cripta rodeada de plantas medicinales. Huele a incienso olíbano y ciprés. Dos gatos se pasean despreocupadamente sobre las enormes losas pulidas. En esto, las monjas salen de sus celdas, van desnudas a excepción de la toca que cubre sus cabezas, y en un rincón del patio, cerca de la galería porticada, atrapan a los gatos, que maúllan y chillan enloquecidos durante un corto tiempo. Como ménades de un rito siniestro, degradado, los desentrañan y comienzan a devorarlos. Oscurece. Los lienzos blancos de sus tocas y de sus carnes refulgen con la luna. La glicinia trepa por el muro.

La propuesta narrativa de Ángel Olgoso en estos relatos es la incursión en lo fantástico, una exploración iluminadora de otros mundos ocultos tras la apariencia y la rutina, en lo que sigue la inagotable vía abierta por Poe, Kafka o Cortázar, lo que José Mª Merino propuso como fin y método de la literatura: hacer una crónica de la extrañeza.

Muchos de los microrrelatos de La máquina de languidecer hablan de la intromisión del misterio en lo cotidiano, manifiestan una voluntad visionaria que los hace ir más allá de lo visible, iluminan las zonas de sombra de la realidad con una mirada que viene de los maestros del XIX y que persiste en Arreola, Marco Denevi o José Mª Merino, referentes fundamentales en el cuento contemporáneo en español.

Pero lo que más llama la atención en estos textos breves de Ángel Olgoso es el difícil equilibrio entre una forma trabajada palabra por palabra y la potencia imaginativa que despliegan los relatos para darnos una perspectiva inédita del mundo. De esa mezcla de lo fantástico y lo poético habla Fernando Valls en el prólogo sobre lo microfantástico en Ángel Olgoso, que en una poética explícita declaró que prefería las miniaturas a los frescos monumentales, las ascuas a las hogueras, los dardos a los cañones o las luciérnagas a las supernovas.

Concentración narrativa, pues, imaginación desbordante y contención verbal en unos textos depurados y pulidos hasta conseguir el deslumbramiento que producen en el lector. Deslumbramiento que procede por partes iguales de la presentación extrañada de la realidad y de la brillantez de un estilo en el que todo es exacto, matizado y preciso, todo cumple una misión crucial en el ajustado mecanismo del relato.

Ese es el mayor mérito de estos relatos breves de Ángel Olgoso, que resuelve la difícil tarea de equilibrar fondo y forma y funde tensión narrativa y tensión estilística, imaginación y experiencia, vida y literatura, con una inusual capacidad para contar esas historias de frontera entre la realidad y el sueño con densidad y exigencia verbal sin caer en los peligros de la prosa poética.

Santos Domínguez

28 diciembre 2009

Guía de mística oriental para occidentales


Ramiro Calle.
Guía de mística oriental
para occidentales.

Arcopress. Córdoba, 2009.


Una de las diferencias sustanciales entre la filosofía occidental y la oriental es que en esta última la teoría va indisolublemente unida a la práctica y el pensamiento se proyecta en la vida, en una perspectiva existencial.

Los hombres siempre se han planteado una serie de interrogantes que no encuentran respuesta en la mente racional. Pero el hombre no se ha resignado a la ignorancia de estas cuestiones trascendentales y se ha esforzado por encontrar una respuesta más allá de las limitaciones del análisis intelectual. Algunos se preguntaron: ¿No habrá un mensaje en la misma esencia de las cosas? ¿No existirá una verdad ignota tras las burdas apariencias? ¿No habrá una realidad invisible más allá de la realidad visible?

Son palabras de Ramiro Calle, pionero de la enseñanza del yoga y divulgador de la sabiduría oriental en España, que publica en Arcopress esta Guía de mística oriental para occidentales, un recorrido panorámico por las diversas corrientes de la filosofía oriental y las distintas técnicas de meditación en esas culturas.

Tras un planteamiento general sobre las filosofías orientales y su común atención a la evolución interior, el libro desarrolla una serie de capítulos específicos sobre la espiritualidad india, el brahmanismo y el yoga, el camino de la renuncia, el budismo o el tantrismo para acabar con un acercamiento a dos formas espirituales muy relevantes: la espiritualidad japonesa y la tibetana.

En conjunto, una exploración descriptiva de los diversos métodos con los que el hombre camina hacia las esferas de la luz, hacia la sabiduría, la paz interior y las verdades esenciales que el hombre debe buscar en el fondo de sí mismo.


Luis E. Aldave

24 diciembre 2009

Rupay


Luis Rossell, Alfredo Villar y Jesús Cossío.
Rupay.
Violencia política en Perú (1980-1984).

La oveja roja. Madrid, 2009.

¿En qué momento se jodió el Perú?, se preguntaba Santiago Zavalita al comienzo de Conversación en la catedral. Y sobre el Perú posterior habría que añadir una pregunta paralela: ¿Cuándo comenzó la guerra que enfrentó a Sendero Luminoso con el Estado peruano?

La fecha oficial es el 17 de mayo de 1980, cuando Sendero Luminoso quemó las actas electorales de Chuschi, una pequeña población de Ayacucho. Era la chispa que debía encender la llama de la revolución en todo el país, pero la mecha se había encendido mucho antes, el 21 y 22 de junio de 1969 y eran otros los lugares: Huanta y Huamanga.

Y de ese incendio trata Rupay – que significa fuego en quechua- , el comic que publica La oveja roja sobre nueve episodios reveladores de la violencia política que asoló Perú y ocasionó cerca de 70.000 víctimas. Basándose en relatos extraídos de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Luis Rossell, Alfredo Villar y Jesús Cossío han elaborado este texto que combina imagen y palabra para intentar recuperar parte de la memoria de aquel momento trágico y bárbaro que los vencedores no han dejado de reescribir.

Y es que ni los políticos ni la Iglesia reconocieron sus responsabilidades por aquella espiral de violencia que enfrentó a unos pobres contra otros y se extendió sobre el pasto de la desigualdad, la impunidad y la injusticia, por una guerra sucia que fomentó la administración Reagan, que la llamó conflicto de baja intensidad y en la que se enfrentaron el terrorismo de Sendero Luminoiso y el terrorismo de estado entre 1980 y 2000 con una secuela dramática de variantes de la barbarie: ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, torturas, masacres y violencia sexual.

Los autores de Rupay no han querido hacer una historia maniquea de buenos y malos, pero no podían dejar de señalar los orígenes profundos del conflicto: las de viejas luchas sociales, el racismo, la injusticia social, la impunidad de los grupos antisubversivos, la relación de esta lucha con las estrategias de la famosa Operación Cóndor, la denuncia de complicidades de medios e intelectuales, como en el cuestionado informe de la Comisión Vargas Llosa.

De ahí la importancia de su contribución a la memoria popular y a la verdad de los hechos.


Luis E. Aldave

22 diciembre 2009

Navidades 2009. Regalo


Giacomo Casanova.
Historia de mi vida.
Atalanta. Gerona, 2009.

Con traducción y notas de Mauro Armiño y prólogo de Félix de Azúa, Atalanta acomete la labor de publicar íntegras por primera vez en español, en dos voluminosos y cuidados tomos, las memorias del libertino ejemplar que fue Giacomo Casanova. La Historia de mi vida es un clásico de la literatura universal, la obra de uno de los mejores escritores de su tiempo, un hombre cultivado, erudito, seductor y divertido al que Philippe Sollers definió como un filósofo en acción. Es, como ha destacado su editor, el retrato más ameno, veraz y completo que se ha escrito sobre el siglo XVIII, una época en la que estaba el germen de la modernidad. Me he complacido en descarriarme, avisa en el Prefacio el escritor de talento que fue Giacomo Casanova, que afrontó la tarea de escribir estas memorias cuando sabía ya que eran la única posibilidad de derrotar al tiempo.




Carlos Barral.
El azul del infierno.
Seix Barral Únicos. Barcelona, 2009.

Hace ahora veinte años, en noviembre de 1989, Carlos Barral empezó a escribir una novela corta, El azul del infierno, que tomaba como referente un cuadro de Patinir, El paso de la laguna Estigia. Sólo un mes después, el 12 de diciembre, murió y dejó este texto sin terminar. Ahora lo recupera en edición limitada y en su colección Únicos Seix Barral, con unas palabras preliminares de Mario Vargas Llosa. Además de los tres capítulos que dejó escritos, el volumen contiene las anotaciones del diario de Barral que desde el 3 de noviembre hacen referencia al proceso de composición de la obra y un facsímil del diario que recoge notas y dibujos para El azul del infierno. En la última página, dos dibujos fechados el 5 de diciembre. Cierra la cuidadísima edición un epílogo de Malcolm Otero Barral, que recuerda que cuando murió Carlos Barral, se le puso una moneda en la boca para pagar la travesía a Caronte, el barquero del cuadro.





William Faulkner.
Cuentos reunidos.
Traducción de Miguel Martínez-Lage.
Alfaguara. Madrid, 2009.

Los Cuentos reunidos de William Faulkner, en la selección que preparó él mismo en agosto de 1950, dos meses antes de recibir el Premio Nobel. Los cuarenta y dos relatos los organizó en seis secciones que contienen textos imprescindibles como Una rosa para Emily o Todos los pilotos muertos. No son los cuentos completos, que exigirían otro tomo tan voluminoso como este, ni contiene tampoco los relatos que formaron parte de colecciones como Gambito de caballo o Desciende, Moisés. Una espléndida selección que de ninguna manera puede considerarse una parte menor de la obra de Faulkner, sino una de sus obras mayores, un libro capital en el canon faulkneriano o un muestrario de su arte narrativa, en palabras del traductor Miguel Martínez Lage.





Gerald Martin.
Gabriel García Márquez.
Una vida.

Traducción de Eugenia Vázquez.
Debate. Barcelona, 2009.

Muchos años después de comenzar a elaborar este libro, Gerald Martin publica en Debate Gabriel García Márquez. Una vida. Han sido casi veinte años de trabajo que dieron como resultado un borrador de tres mil páginas que finalmente se redujeron a la cuarta parte pero que más allá de la anécdota hablan muy claramente de la complejidad del personaje. Escribe lo que veas; yo seré lo que tú digas que soy, le dijo García Márquez al autor de esta ambiciosa biografía, escrita con una notable capacidad narrativa y en la sólida tradición de biógrafos ingleses, verdaderos maestros del género que inventó Boswell con La vida de Samuel Johnson. Del ingente trabajo de Gerald Martin dan cuenta dos datos reveladores: las más de trescientas entrevistas que sostuvo con García Márquez y con su círculo de familiares y amigos, y las siete páginas de agradecimientos que abren esta obra, cuya primera edición apareció en el Reino Unido el año pasado. La traducción al español la firma Eugenia Vázquez Nacarino.



Libropesía y otras adicciones.

Prólogo de Alberto Manguel.
Libros del silencio. Barcelona, 2009.

Con prólogo de Alberto Manguel -¿Por qué leer?- y una antología de textos de Luciano de Samosata, Niccolò Franco, Francisco de Quevedo, Gustave Flaubert, Kurd Laßwitz, Leopoldo Lugones y Virginia Woolf, Libropesía y otras adicciones es la carta de presentación de la nueva editorial barcelonesa Libros del silencio. Ficción, ensayo y poesía reunidos en este regalo a quienes - las palabras son de los editores- leen más allá de las palabras, pero leen también las palabras. Junto con el conocido alegato de Luciano de Samosata, un diálogo inédito en español de Niccolò Franco, una leyenda urbana barcelonesa contada por Flaubert o el relato de Kurd Laßwitz que inspiró la Biblioteca total de Borges.



Robert Louis Stevenson.
Cuentos completos.
Traducción de Miguel Temprano García.
Ilustraciones de Alexander Jansson.
Grandes Clásicos Mondadori. Barcelona, 2009.

Todos los cuentos de Stevenson reunidos por primera vez en español con una nueva traducción de Miguel Temprano en un volumen enriquecido con las ilustraciones espectrales del sueco Alexander Jansson, que resalta las claves mágicas y oníricas del mundo de Stevenson. Jekyll y Hyde, los mares del sur, un diablo en una botella, un club de suicidas, el pabellón de las dunas o la isla de las voces, Markheim... pueblan estos cuentos admirables. Como "cierto amigo muy querido que la literatura me ha dado" lo definió en el prólogo del Elogio de la sombra Borges, que en otra ocasión dijo de la literatura de quien fue parcialmente su maestro que no contenía ni una sola página descuidada.



Clara Obligado (ed.)
Por favor, sea breve 2.
Antología de
microrrelatos.
Páginas de Espuma. Madrid, 2009.

Casi doscientos textos de la era de la hormiga ha reunido Clara Obligado en la segunda entrega de su ya clásico Por favor, sea breve. Aquella primera Antología de relatos hiperbreves, un referente de la minificción en castellano, tiene ya su segunda parte en la antología de microrrelatos Por favor, sea breve 2. Entre hormigas y dinosaurios, como explica Clara Obligado en la introducción, el nuevo volumen que publica Páginas de Espuma con un prólogo de Francisca Noguerol agrupa lo más representativo y lo más reciente del género. Es decir, además del canon del microrrelato en español (Pereira, Merino, Mateo Díez, Ana Mª Shua, Hipólito G. Navarro o Juan Pedro Aparicio), se presta una especial atención a aquellas voces que no aparecieron en la primera entrega o que han surgido en estos últimos años.




Richard Ford.
Comidas y vinos de España.
Traducción de Enrique de Mesa.
Edición y prólogo de José Esteban.
Paladares de Goneril.
Reino de Cordelia. Madrid, 2009.

Fue, si no el mejor de los viajeros ingleses del XIX, quien mejor narró sus viajes por España. Richard Ford (1796-1858) recorrió el país buscando lo pintoresco, con una indumentaria excéntrica que se pretendía castiza, y dejó su testimonio escrito también en un pintoresco estilo en libros como Las cosas de España. De ese libro, que tradujo Enrique de Mesa, está extraído el material de este Comidas y vinos de España que publica Reino de Goneril en su colección Paladares de Cordelia con edición de José Esteban. La olla y la tortilla, el pisto y el pollo con arroz, la ensalada y el gazpacho, el jerez y la manzanilla en el paladar experto y entusiasta de aquel viajero inglés, un precursor de la Guía Michelín.


Javier Marías.
Tu rostro mañana .
Alfaguara. Madrid, 2009.

Con Tu rostro mañana Javier Marías ha ido levantando un formidable monumento narrativo, la que seguramente es la novela más completa y ambiciosa del mejor novelista español vivo. Jacques o Jaime o Jacobo Deza, el narrador y protagonista que viene de Todas las almas y articula el diseño de Tu rostro mañana, es un intérprete de rostros, un personaje que se convierte cada vez más en un traductor de vidas. Ese es su trabajo prospectivo en el grupo dependiente del MI6 británico: prever lo que la gente hará en el futuro, conocer hoy cómo serán sus rostros mañana; saber cómo somos pero, sobre todo, cómo seremos. Y con la benéfica sombra de Shakespeare planeando sobre el conjunto de la obra (Tu rostro mañana es la traducción de una cita literal de la Segunda parte de Enrique IV), la traición y la violencia se acaban revelando como el verdadero rostro de los demás. Un proyecto al que Marías dedicó casi nueve años, la que el propio autor cataloga como su mejor novela y que reúne en un solo tomo la editorial Alfaguara.


Charles Dickens.
Para leer al anochecer.
Historias de fantasmas.
Traducción de Marian Womack
y Enrique Gil-Delgado.
Impedimenta. Madrid, 2009.


Ningún momento mejor para leer a Dickens que estos días finales de año, propicios para la melancolía y para el misterio. Además de cuentos de tema navideño para los almanaques, Dickens escribió muchos cuentos de fantasmas. Impedimenta cierra el año con este espléndido regalo de Para leer al anochecer, con trece historias de fantasmas en una nueva traducción al castellano. Todos los ingredientes fundamentales del cuento gótico (tormentas, espectros, venganzas y suspense) enriquecidos por el talento narrativo de un escritor tan irrepetible como Dickens.



Juan Pablo Fusi
y Francisco Calvo Serraller.
El espejo del tiempo.
Taurus. Madrid, 2009.

La historia y el arte de España en cincuenta capítulos que toman como punto de partida una imagen que resume de manera elocuente la situación de una época. Desde el siglo XV cifrado en el Santo Domingo de Silos, de Bartolomé Bermejo al Retrato imaginario de Goya de Antonio Saura, la pintura y el relato histórico se conjugan en la colaboración ejemplar de Fusi y Calvo Serraller para dar una nueva perspectiva a la narración de la realidad histórica. Historia escrita con palabras e historia representada en la pintura para ofrecer una versión unitaria, una lectura coherente de las épocas sociales, políticas, culturales y artísticas de España. Porque este volumen también es eso: un recorrido por la evolución de los estilos artísticos que se desarrollaron en cada momento histórico. Sincronía y diacronía, presente y pasado, palabra e imagen en un diálogo fluido y enriquecedor, del que surgen propuestas como la que cierra el libro: la solanesca Visita del obispo, una pintura de 1926 que es casi un tratado de historia social.



Italo Calvino.
Por qué leer los clásicos.
Traducción de Aurora Bernárdez.
Biblioteca Calvino.
Siruela. Madrid, 2009.

Siruela presenta la nueva edición revisada de Por qué leer los clásicos, un clásico de Italo Calvino sobre aquellos libros que provocan la admiración de los lectores y fijan el canon estético. Pero los clásicos son más que eso: obras abiertas que plantean un reto constante, porque su sentido no lo agotan las distintas lecturas que han generado. Por encima del tiempo y del espacio, un clásico es un libro total, una simulación del universo. La Odisea de Homero o las Ficciones de Borges, el Dickens de Nuestro común amigo o La cartuja de Parma de Stendhal son algunos de los casi cuarenta libros en los que Calvino cifró su cifra canónica de los clásicos, esos equivalentes del universo que nos hablan, nos preguntan o nos contestan. Y una respuesta definitiva a la pregunta del título: leer a los clásicos es mejor que no leerlos.




Mariano José de Larra.
Obras completas.
Tomo I. Artículos.
Tomo II. Novela. Poesía. Teatro. Varia.
Biblioteca Avrea Cátedra. Madrid, 2009.

Para culminar la conmemoración del bicentenario de Larra, Cátedra publica dos tomos con sus Obras completas con edición, introducción y notas de Joan Estruch Tobella. Un primer tomo de artículos ordenados cronológicamente, lo que permite comprobar su evolución ideológica y vital, su progresivo desengaño, desde el primer impulso modernizador –más ilustrado que romántico, más social que individualista, más regenerador que rebelde- hasta el desasosiego amargo de la sátira ácida. En el segundo tomo, su novela histórica, sus dramas en verso, su esporádica poesía , su epistolario, las traducciones y adaptaciones teatrales de aquel escritor complejo y contradictorio que murió de viejo a los veintiocho años y hoy nos sigue pareciendo un contemporáneo. Pasó en pocos meses de la crítica constructiva a la desesperación del suicida ante un carnavalesco desfile de máscaras, la alegoría siniestra de este viejo país.



Luis Bagaría.
Caricaturas republicanas.
Edición y prólogo de José Esteban.
Rey Lear. Madrid, 2009.


En una edición prologada y realizada por José Esteban, Rey Lear rescata una selección de las mejores Caricaturas republicanas de Luis Bagaría, el más destacado dibujante de prensa de la República. Con ilustraciones en color y blanco y negro y textos de Unamuno, Baroja, Azorín, Juan Ramón, Pérez de Ayala o Gómez de la Serna, el volumen recoge, además de abundantes textos, sus Autocaricaturas y una amplísima selección de sus caricaturas de escritores, artistas y políticos en El Sol y La Vanguardia. Expresionista y crítico, sus dibujos forman una parte imprescindible de la memoria española anterior a la guerra civil. De su alta aspiración estética habló Ortega. Bagaría elevó la caricatura a la categoría de lo artístico. Bagaría ha dejado al aire e incandescente el hilo de platino de la caricatura, escribió de él Gómez de la Serna.



Santos Domínguez