23 mayo 2009

La frente pensativa

Juan Ramón Jiménez.
La frente pensativa.
Edición crítica, introducción y notas
de José Antonio Expósito Hernández.
Linteo Poesía. Orense, 2009.

Linteo publica en su colección de poesía La frente pensativa de Juan Ramón Jiménez, un rescate que se suma al de otros dos libros juanramonianos en esta misma editorial: Ellos (2006) y Libros de amor (2007).

La frente pensativa, uno de los libros amarillos de Juan Ramón Jiménez, lo escribió en una época de intensa actividad creativa en Moguer. Seis años soñando a la sombra del pino de la Corona dieron para mucho: para once proyectos de libro, uno de los cuales es
La frente pensativa. Quedó parcialmente inédito y sin embargo es un texto fundamental para entender la evolución de Juan Ramón desde la etapa modernista de los borradores silvestres a la época intelectual de la poesía pura.

Está organizado en tres partes -La frente pensativa, Canciones y Ceniza de rosas- y en torno a ellas 113 poemas en los que la música interior sustituye a la musicalidad modernista y la melodía ocupa el sitio de la armonía, desde el ¡Quién sabe del revés de cada hora! del primer verso hasta esa verdad serena e infinita con que se cierra el libro.

Con el mismo diseño que en Ellos y Libros de amor, La frente pensativa incorpora en apéndice un álbum con fotografías y documentos que reproducen los manuscritos de Juan Ramón. Por cierto, la viñeta que se ha elegido como motivo de la portada es el boceto que el propio poeta había dibujado para la cubierta de un proyecto de edición del libro.

De la edición crítica se ha responsabilizado José Antonio Expósito, que explica en la introducción la importancia de este libro escrito entre 1911 y 1912, en el que Juan Ramón quería reunir los poemas más reflexivos - de ahí la metonimia del título- para construir con ellos un libro ideológico que apuntaba ya hacia una superación de la época sensitiva, unos poemas en los que la inteligencia introspectiva se impone a la sensorialidad y la influencia de la poesía inglesa se superpone a la del simbolismo francés.

A través de la exploración de diversas formas métricas y de nuevos temas y tonos, La frente pensativa significa un cambio crucial en la relación entre el poeta y el mundo. La fluidez de la sintaxis y la silva romance en esta lírica meditativa y confesional apuntan ya hacia la desnudez y la levedad e inician la transición hacia la segunda etapa de la creación juanramoniana.

Está aquí ya el Juan Ramón dueño de una voz propia que ha ido madurando a lo largo de tres lustros aunque no ha encontrado aún el tono inconfundible y renovador del Diario de un poeta recién casado, que cambiaría el rumbo de la poesía española contemporánea.

Santos Domínguez

22 mayo 2009

Paradigmas de la guerra absoluta


Nil Santiáñez.
Goya/Clausewitz.
Paradigmas de la guerra absoluta.
Alpha Decay. Barcelona, 2009.

Carl von Clausewitz fijó por primera vez el código y el concepto de la guerra absoluta. Escrito entre 1832 y 1834, su tratado Vom Kriege (De la guerra) se adentra en la formulación intelectual de un fenómeno nuevo que había aflorado en las guerras napoleónicas. El general prusiano estableció en ese libro la gramática de la guerra absoluta, su lógica y su dialéctica.

Si ese tratado establece el marco teórico de la guerra absoluta, Goya propone en Los desastres de la guerra su representación plástica, su iconografía definitiva a partir de su experiencia como testigo de aquellos acontecimientos bélicos.

No terminan ahí las relaciones entre ambas obras. Póstumas una y otra, son obras abiertas que han suscitado desde su publicación interpretaciones encontradas que son las que mejor avalan la vigencia de sus análisis.

Y a describir esos dos paradigmas culturales de la guerra absoluta, el paradigma teórico de Clausewitz y el paradigma artístico de Goya, a analizarlos con rigor y a compararlos en contrapunto, se dedica el excelente ensayo de Nil Santiáñez que publica Alpha Decay.

Sus abundantes e imprescindibles ilustraciones conectan por ejemplo el grabado 37 de Goya con un dibujo de Moreau de 1917, con una perturbadora fotografía de Capa fechada en 1937 en Teruel, en plena guerra civil, y con un cuadro sobre Hiroshima de Masato Yamashita, pintado hacia 1974.


Luis E. Aldave

20 mayo 2009

Quédate donde estás


Miguel Ángel Muñoz.
Quédate como estás.
Páginas de Espuma. Madrid, 2009.

Estar aquí, pero formar parte del sueño, escribe en lo que podría ser todo un resumen de la poética del cuento, el narrador de Quiero ser Salinger, el texto que abre el segundo libro de relatos de Miguel Ángel Muñoz.

Quédate como estás es el título de este volumen que confirma la calidad literaria y la pericia técnica que evidenció en El síndrome Chejov, publicado -como este- en Páginas de Espuma.

Como en su primera colección, aunque con mayor madurez, dueño ya de una voz propia, Miguel Ángel Muñoz vuelve a explorar con su mirada personal ese territorio de frontera que es el relato. Entre la vigilia y el sueño, entre la realidad y la fantasía, entre lo conmovedor y lo irónico, los cuentos de Quédate como estás contienen una marca de agua, un sentido oculto que los enriquece e invita a una segunda lectura.

El monólogo actual y casi profético de una mujer sola de Ropa de verano, en el que el relato va surgiendo desde el interior del personaje; la insoportable gravedad del ser en el cuento que da título al libro; las pesadillas kafkianas del inquietante Vitruvio o el espléndido Los niños hundidos –dos textos centrales en este libro- podrían mostrarse como pruebas de la diversidad de enfoques, de la versatilidad técnica y la destreza narrativa de su autor en el uso de distintos tipos de narrador.

Quizá ninguno más inolvidable que Quédate como estás, en el que la creciente intensidad opresiva del relato es el resultado de una técnica que con la eficacia del flashback crea la sensación de que el horror está instalado en los pliegues de la felicidad cotidiana.

Con una estructura equilibrada en la que se van sucediendo el relámpago del relato breve de una o dos páginas y el cuento de mayor tamaño y ritmo más sostenido, los trece textos del volumen están llenos de guiños literarios y son un constante homenaje a los maestros del cuento contemporáneo: Chejov, Carver, Salinger, Ford.

Y sobre todos ellos Kafka, una sombra persistente a la que se rinde homenaje no sólo en un relato explícito ( Hacer feliz a Franz), sino en muchas de las páginas de libro. Una presencia con la que Miguel Ángel Muñoz comparte la fuerza persuasiva de la primera persona, la invasión de la pesadilla en la realidad, la presencia de la fantasía en los mundos triviales de cada día o el sarcasmo de un texto como Profesor Armine.

Cierra el libro un breve y potente Banda ancha, que contiene un aleph de realidad virtual, la misma que crea para sumergirnos en ella el que cuenta historias, el que mantiene encendido el fuego del relato, el que sabe que contar un cuento es guardar un secreto, el que guarda el secreto: Miguel Ángel Muñoz.

Santos Domínguez

18 mayo 2009

Leopardi. Diario del primer amor

Giacomo Leopardi.
Diario del primer amor.
Traducción de César Palma.
Prólogo de Rafael Argullol.
Errata naturae. Madrid, 2009.

Errata naturae inaugura nueva colección, La mujer cíclope, que se acoge a un apócrifo de Pausanias, el geógrafo siciliano que añadía a la trinidad de Hesiodo la figura de un cuarto cíclope “con los senos y la belleza propios de una hembra” y cuyo culto, por razones desconocidas, fue prohibido hasta entre aquellos impíos corintios a los que San Pablo escribió una muy comentada carta.

Bajo el auspicio de ese patronazgo apócrifo, femenino y verbal, la colección se inaugura con una delicadeza literaria, el Diario del primer amor, que Leopardi escribió en unos pocos días de fiebre amorosa provocada por la dama adriática de Pésaro. Es el Leopardi juvenil -¿dejó de serlo alguna vez?- que a los diecinueve años se enamora de una mujer casada, casi diez años mayor y prima de su padre. Fue una experiencia efímera que sin embargo marcó decisivamente la educación sentimental del poeta.

Las noches en vela para poner en orden los sentimientos y los pensamientos ante un amor imposible buscado como novedad y experiencia de amargura, el "querido dolor" son las claves que poco después concretaría poéticamente en su Canto del primer amor.

En ese diálogo interior, afrontado con sutileza introspectiva y con la contención expresiva característica de la reflexión leopardiana, el pensamiento analítico se impone a la melancolía.

Traducido por César Palma y prologado por Rafael Argullol, que escribe sobre la ironía melancólica del solitario de Recanati, el volumen – cuidado con el mimo que merece la fragilidad de Leopardi- se completa con los Recuerdos de infancia y de adolescencia, las notas introspectivas que escribió dos años después, en 1819, como preludio del Zibaldone dei pensieri.

Santos Domínguez

16 mayo 2009

Ánima mía


Carlos Marzal.
Ánima mía.
Tusquets. Barcelona, 2009.


Desde la invocación inicial a la inspiración en el poema que da título al libro, la mirada de Carlos Marzal en Ánima mía, que acaba de publicar Tusquets, se proyecta hacia fuera y hacia dentro, hacia el pasado y hacia el presente y se convierte en palabra de melancolía y esperanza, en elegía y oda para lamentar el atardecer o la larga noche del insomnio y para celebrar el amanecer.

Y también, y sobre todo, para convertir la escritura en una forma de conocimiento:

Si sé lo que escribir, jamás escribo.
Si escribo es por saber lo que sabré,
aquello que aparece al descubierto,
mientras uno lo escribe (...)
Si sé lo que decir, no digo nada.

Con una palabra recortada que aspira a la exactitud del concepto, Marzal convoca emociones y pensamientos, vivencias y recuerdos en un conjunto de poemas recorridos por el fluir de la temporalidad, que está en la base de la celebración o del lamento.

En todos los textos de libro hay un diálogo del poeta con la realidad, un debate con el mundo para salvarse en él, para inventarse en él:

Soy yo quien es feliz. Yo quien se salva,
después de su diluvio, en el diluvio.

Esa conversación provoca el constante juego de espejos de estos poemas, la geometría verbal que da lugar al juego de palabras o a la paradoja.

Como en otros libros de Carlos Marzal, la poesía se convierte en Ánima mía en un puente de palabras sobre el abismo, en una afirmación de la vida, en una actividad curativa frente a la desdicha:

Me curo de vivir en lo que escribo
(...)
si el ángel del poema se me anuncia.


Santos Domínguez

15 mayo 2009

Al final del mar


Gabriel Sofer.
Al final del mar.
Prólogo de Luis Alberto de Cuenca.
El olivo azul. Córdoba, 2009.



Rodeado de misterio en torno a su autor, El olivo azul publica Al final del mar, un volumen de relatos prologado por Luis Alberto de Cuenca y firmado por Gabriel Sofer, hijo de norteamericano y española y residente en Brooklyn, madrileño de 1973 o 1970, que en esto no se ponen de acuerdo la nota editorial y el prologuista.

La solapa biográfica, que elude la imagen del autor y la sustituye por una suerte de retrato robot, avisa de la tendencia de Sofer a cambiar de casa y de nombre cada dos años. Si lo primero le es completamente indiferente al lector, lo segundo le inquieta sobremanera y le suscita unas cuantas preguntas. No sabe, por ejemplo, si se trata de su primer libro -no lo parece-, si lo ha leído con otra firma, cuánto lleva con este nombre o cuánto le falta para sustituirlo por otro.

La nota editorial indica que este es el primer libro que publica en España. Al menos –supone el lector- con ese nombre, porque este no parece el libro de un principiante. Al contrario, los relatos que forman parte de Al final de la tarde muestran una pericia envidiable y una soltura narrativa impropia de un escritor bisoño.

Sin efectismos fáciles, sin trucos industriales de primer curso de taller de escritura, los textos de Al final del mar son mecanismos de precisión – bombas de relojería los llama Luis Alberto de Cuenca en su prólogo- en los que cada pieza cumple su función exacta para conseguir la intensidad y la unidad de efecto que le pedía Poe al relato.

En estas narraciones llenas de sutilezas, homenajes y guiños literarios para iniciados, la variedad geográfica (de Marsella a Liverpool, de San Sebastián de los Reyes a los Balcanes, del Madrid actual a la Sevilla andalusí, pasando por China, Roma, la mar océana entre Cádiz y La Habana, Viena o Grecia) contrasta a veces con textos que suceden en el interior de un cuarto y en todo caso plantea un territorio incierto que es paralelo al dinamismo temporal que nos lleva del presente a la Edad Media o a la Ilustración, y de ahí al XIX o a la época clásica.

Es verdad que se trata de un conjunto desigual, en el que no faltan errores sintácticos y deslices léxicos que serán la alegría de cierta crítica. Y aunque es probable que no se le pueda celebrar por su nombre verdadero, hay en el volumen varios relatos memorables: El incendio de Homero, por ejemplo, es uno de los mejores cuentos que han caído en mis manos en los últimos meses. Pero otros rayan a la misma altura sorprendente. Es el caso de la excelente Historia de un autor de libros, o de la Memoria del Inquisidor Guevara.

O del inmejorable epílogo, Hechos de un hombre, la biografía azarosa y desordenada de Rafael Matías (1762-1835), que a su muerte deja un folio en el que se puede leer esta frase, que podría atribuirse el propio Gabriel Sofer: “pues ni mi nombre es mío.”


Santos Domínguez

13 mayo 2009

El padre Sergio

Lev Tolstói.
El padre Sergio.
Traducción de Bela Martinova.

Rey Lear. Madrid, 2009.


En su colección Breviarios, Rey Lear recupera El padre Sergio, una novela corta que Tolstói terminó en 1898 aunque no apareció hasta 1911, al año siguiente de la muerte del novelista. Reeditada ahora con una traducción directa del ruso de Bela Martinova, es una de las cimas creativas del autor, un texto que sintetiza en menos de cien páginas muchas de las claves temáticas, estéticas e ideológicas de un Tolstói poderoso y contenido.

Es un resumen del Tolstói de la segunda época, que ha hecho de la narrativa una forma de reflexión moral, un reflejo del estado de ánimo atormentado y dubitativo del novelista que había alcanzado la fama y con ella la desazón existencial. Por eso, se puede hacer una lectura del itinerario vital e ideológico del autor en la figura del príncipe Kasatski, retirado del mundo en un convento donde emprende una nueva vida

El padre Sergio es el relato de una búsqueda interior, el reflejo de las contradicciones de un autor famoso y problemático, en constante debate existencial entre razón y fe, entre moral y vida, en busca del sentido de la vida.

Cada vez más lejos de una intelectualidad desorientada en medio de la crisis de la literatura, la ciencia y la conciencia de aquellos años finales del XIX, Tolstói creyó haber encontrado el sentido de la vida entre los humildes.

Como el padre Sergio, que alcanza a entenderlo al final de la novela, después de la revelación de un ángel y antes de una huida radical del mundo ascético hacia la solidaridad, que parece presagiar la del propio autor, que asume la voz del personaje:

Ahora sé lo que significaba mi sueño. Páshenka representaba aquello que yo hubiera tenido que ser y no fui. Yo vivía para la gente con el pretexto de vivir para Dios, mientras que ella vive para Dios con el pretexto de vivir para la gente.

Santos Domínguez