30 noviembre 2007

Gödel, Escher, Bach


Douglas R. Hofstadter.
Gödel, Escher, Bach.
Un eterno y grácil bucle.
Traducción de
Mario Ansaldo Usabiaga y Alejandro López.
Fábula. Tusquets. Barcelona, 2007.


La Ofrenda musical que compuso Bach por encargo de Federico el Grande es uno de los mejores ejemplos de la lógica de las construcciones autorreferenciales. Sus improvisaciones y variaciones son paralelos a los grabados de Escher y al teorema de la incompletitud de Gödel.

El paralelismo oculto entre los grabados de Escher y la música de Bach, su relación con las paradojas clásicas de los sofistas y el teorema de Gödel, que conmovió los pilares de la lógica matemática y el pensamiento científico del siglo XX es el punto de partida y el objeto de este clásico en que se ha convertido el ensayo Gödel, Escher, Bach. Un eterno y grácil bucle, que publicó Douglas R. Hofstadter en 1979.

La primera traducción que se hizo de este libro,
que había obtenido el Pulitzer y se había convertido en un fenómeno de ventas en Estados Unidos, fue la traducción al castellano que hizo en 1982 Mario Usabiaga en México.

La editorial Tusquets, que publicó en 1987 la traducción de Mario
Usabiaga, que ya había fallecido, revisada por Alejandro López sobre la versión anotada de esta obra, la reedita ahora en su colección Fábula.

En este ensayo los sistemas formales se convierten en objeto de estudio y centro de una propuesta que analiza significado y forma en Matemáticas, las sonatas de Bach y la relación entre fondo y figura en la pintura de Escher.

Sumado eso a l
a recursividad de la fuga y el canon bachiano, los patrones lingüísticos, las estructuras geométricas, las funciones matemáticas y los programas de ordenador completan una red de relaciones que permiten unir en una realidad similar las creaciones de Gödel, Escher y Bach. Y no sólo eso: esos tres constructos se relacionan con procesos mentales, sistemas de computación y pensamiento artificial que describen bucles de recursividad y son ejemplos de entrecruzamientos de sistemas que se vuelven autorreferencialmente sobre sí mismos.

Para no ser una excepción, este libro, esta obra de arte escrita por un sabio, acaba deviniendo en un bucle en el momento en que el capítulo final vuelve al comienzo de la obra para conectar otra vez mediante el esquema de la autorreferencialidad la música de Bach, la pintura de Escher y el teorema de Gödel.

Entre los diversos capítulos en los que se aborda la inteligencia humana o la artificial, los sistemas formales y sus limitaciones, las paradojas del lenguaje y el pensamiento, el isomorfismo y los problemas de filosofía de la ciencia o el debate sobre el significado, los diálogos tomados de Lewis Carrol o imitados de ese modelo funcionan como contrapunto ilustrativo de las tesis de cada apartado.

Con todo ello se crea en conjunto una atmósfera de racionalidad mágica que envuelve al lector de estas páginas de gran inteligencia creadora.

Luis E. Aldave

29 noviembre 2007

El enigma de la luz


Cees Nooteboom.
El enigma de la luz. Un viaje en el arte.
Traducción de Isabel Clara Lorda-Vidal.
Siruela. Madrid, 2007.

Cees Nooteboom realiza en El enigma de la luz, que acaba de publicar Siruela, un viaje hacia la belleza y el misterio de la pintura, un diálogo con el arte y consigo mismo en el que la mirada del escritor se detiene en la imagen con emoción, nostalgia, admiración o placer.

Transeúnte de la belleza y viajero constante, Noteboom ha escrito un ensayo en varios capítulos sobre la percepción del mundo en la pintura, una manifestación del enigma y la incertidumbre. Y lo ha hecho con una mirada intensa y profunda, limpia de apriorismos, una mirada que desde la inocencia y el despojamiento va más allá de la superficie del cuadro y no sólo mira, sino que escucha las historias que cuentan las pinturas: los enigmas de la luz en Hopper y Vermeer o de los grabados y los frescos de Tiépolo con su teatralidad, su delirio rococó y su técnica sin misterio, la naturaleza de Leonardo da Vinci y su agua sólida, el milagro de la pintura de Piero della Francesca en Arezzo, el autorretrato de Rembrandt, los interiores de Vermeer, los paisajes de Brueghel, los rostros sin ojos de Chirico y su autorretrato en La incertidumbre del poeta, el lado oscuro de la pintura en Friedrich en su cárcel autista y sus laberintos de niebla o las soledades urbanas de Hopper, uno de esos pocos pintores que inventan su propia luz.

El enigma de la luz es la narración de un viaje en busca de la revelación de la belleza por museos, iglesias y palacios de todo el mundo, en ese lugar intermedio donde confluyen la mirada del escritor y la del pintor, un lugar donde se oye en un cuadro de Vermeer, La lección de música interrumpida, la voz de una muchacha holandesa.

Porque la pintura tiene en Nooteboom una consistencia narrativa y propone un relato con argumento, personajes, ambientes y situaciones que no son el resultado del análisis técnico, sino el de la intuición del voyeur que ha escrito en estas líneas la clave del libro:

Un poeta que ama a un pintor no puede remediar ver los cuadros de este como seres vivos, como personas incluso, o, cuando menos, como objetos con un universo propio que el cuadro permite visualizar.

Santos Domínguez

27 noviembre 2007

Cuando fuimos los mejores


Aixa de la Cruz.
Cuando fuimos los mejores.
Almuzara. Córdoba, 2007.


Está siendo una de las novelas más comentadas en la red y en los foros adolescentes y va camino de convertirse en una referencia de la generación emergente de escritores jóvenes.

Se titula Cuando fuimos los mejores, como una canción de Loquillo, y la ha escrito Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988), que compagina la afición a la música con la literatura y no es -como asegura un curioso bulo- un seudónimo de Loquillo.

Aixa pertenece a la quinta promoción de jóvenes creadores de la Fundación Antonio Gala, que la seleccionó por su novela inédita Tempestad. Lectora madura e inquieta, ha leído mucho y reconoce influencias tan variadas como la novela romántica del siglo XIX o escritores latinoamericanos como García Márquez o Vargas Llosa.

Este Cuando fuimos los mejores es su opera prima desde un punto de vista estrictamente editorial, aunque la soltura de su prosa, el manejo de las distintas voces en los diálogos, con una convivencia de estilos que encauzan la caracterización de los personajes, revelan a una narradora con cierta experiencia y con unas lecturas y unas vivencias bien asimiladas.

Con una frescura estilística propia de su edad y una hondura sorprendente en alguien tan joven, esta prometedora novela es también una reflexión compleja y desolada sobre un mundo y unos personajes problemáticos, contradictorios y vivos.

Con esta novela la editorial Almuzara abre la colección dedicada a la Fundación Antonio Gala, en la que irán apareciendo las obras más notables de los escritores de cada promoción.

La del año 2005, por lo que se ve, ha dado sus primeros frutos, sorprendentes, frescos y prometedores.

Santos Domínguez

25 noviembre 2007

El carnaval de la tecnociencia



Antonio Lafuente.
El carnaval de la tecnociencia.
Gadir. Madrid, 2007.


Como el diario de una navegación entre las nuevas tecnologías y los nuevos patrimonios ha definido en el subtítulo Antonio Lafuente, Doctor en Físicas e Investigador del CSIC, El carnaval de la tecnociencia, un libro que reúne una selección de los mejores post publicados en su blog Tecnocidanos.

Con propósito divulgativo, sin banalizaciones y con rigor en sus análisis, este es un libro dirigido a cualquier ciudadano de a pie, a los muchos tecnocidanos que han frecuentado su blog y a aquellos otros que, interesados en cuestiones de ciencia, tecnología y sociedad, lo conozcan ahora en este libro editado por Gadir.

La proximidad al lector en el tratamiento de temas científicos y en sus repercusiones en la sociedad hará fácil el acceso a un volumen que admite dos lecturas: la convencional, para lo que el libro se ha articulado en tres partes con breves capítulos (los post), y la consulta como un prontuario de actualidad científica, para lo que se ha elaborado un útil índice analítico de conceptos y temas.

Nuevos actores, nuevos procesos y nuevas prácticas se abordan en torno a tres ejes: las nuevas tecnologías, los nuevos patrimonios y las nuevas formas de ciudadanía con un sesgo divulgativo que los hace asequibles a un público amplio.

Porque este libro no sólo trata de la actualidad científica y su repercusión en la sociedad, sino que contiene una propuesta nueva: el derecho y la necesidad de participación del ciudadano en la ciencia, para “sacudirse el estigma de la modernidad que les condenó a ser el otro de la ciencia: la representación pública de los que no saben.”

El carnaval de la tecnociencia organiza sus argumentos en tres etapas:

1.-La participación ciudadana en la ciencia con la puesta en valor del conocimiento amateur y profano.
2.- Una segunda etapa sobre la importancia del experto en la gestión del mundo actual y las presiones que debe soportar.
3.- Por último, la tecnociencia y su capacidad para alterar el entorno compartido y las bases de nuestra vida en común.

Antonio Lafuente ha escrito un libro de crítica de la ciencia, con el convencimiento de que la ciencia no es un asunto exclusivo de científicos y para científicos. Lo que plantea el libro es un acercamiento de la ciencia al ciudadano común con un léxico comprensible, una invitación a la participación para evitar la privatización del conocimiento.

Quizá no se hubiera podido elegir un momento más oportuno, pues probablemente estemos ante la oportunidad de una nueva Ilustración a través de la revolución del conocimiento de Internet, la Wikipedia o los blogs. Y posiblemente las nuevas formas de transmisión del conocimiento tengan como primer y más decisivo efecto lo que el autor llama con brillantez y acierto la democratización de la mirada sobre el mundo, un conocimiento ni minoritario ni jerarquizado y una opinión no corporativa.

El libro es también, como indica su título, la crónica de un carnaval y un espectáculo en el que sin embargo – y voces como las de Lafuente lo demuestran de forma palmaria- no todo el mundo quiere hacer del conocimiento científico un negocio, un reducto de poder o un lugar reservado a una selecta minoría de tecnócratas que cultivan la oscuridad y el secreto.

Sus artículos cortos, directos y jugosos abordan todo un universo de cuestiones que suscita la reflexión sobre ciencia, tecnología, conocimiento y sociedad: la revolución de la escritura y las bibliotecas digitales, el altruismo y los números primos, la web y las radiaciones electromagnéticas, la genética recreativa o el Sida.

Temas muy variados, como se ve, pero con un factor común: su interés en la repercusión social de la ciencia y en su dignificación a través de las nuevas formas de acceso al conocimiento.

Luis E. Aldave

24 noviembre 2007

La razón y otras dudas


José Mateos.
La razón y otras dudas.
Pre-Textos. Valencia, 2007.


Como un raro híbrido que escapa a las clasificaciones se puede definir La razón y otras dudas, el último libro de José Mateos que publica Pre-Textos en su colección Textos y pretextos.

Hay en él algo de novela, de ensayo fragmentario, de literatura aforística y de diario, y tiene su indisimulado modelo en el machadiano Juan de Mairena. Y de la misma manera que no se debe confundir un heterónimo con un seudónimo, tampoco se debe identificar sin más matices a José Mateos con don Juan Espectro ni con don Eugenio Liendres, los dos heterónimos que vertebran este libro.

Un libro hecho con anotaciones y pensamientos que son la crónica del extravío de quien está solo y fuera del mundo, en un edificio que es la sede de la Escuela Popular de Docta Ignorancia que recuerda aquella Escuela Popular de Sabiduría Superior que según Mairena debería tener sólo dos cátedras: la de Sofística y la de Metafísica. De la actividad de esa Escuela de Docta Ignorancia proceden estas páginas que anotan, a través de sus decires y desdecires, recogidos por un discípulo suyo, y de las divinanzas escogidas de entre sus papeles dispersos, lo que dice la voz heterónima de Don Juan Espectro sobre el manicomio de las ideas modernas.

Una institución pedagógica destinada a combatir todas las soluciones y respuestas indudables frente a las falsas ilusiones de la razón.

Una verbena del no saber, una travesía por la perplejidad y la duda en la que lo importante es el desarrollo de la aptitud para el asombro, la curiosidad y la ignorancia a través de disciplinas como Lecturología, Física de lo imposible, Lenguas mudas y sobre todo Interrografía y Dudología para cultivar el rechazo del dogmatismo, pero también del relativismo y del escepticismo, porque unos y otros renuncian a la búsqueda que forma el espíritu humano.

Con los apuntes de sus clases y, después de su muerte en 1985, con las anotaciones de su diario y con los aforismos de las divinanzas, a lo largo de esas páginas se va desarrollando el pensamiento conservador y disperso de un antimoderno (Juan Espectro), un laberinto de incertidumbre donde existe la sed pero no el agua, y hay preguntas pero no respuestas.

Desconciertos y paradojas que recorren el libro desde el título al nombre de la institución de la docta ignorancia, escuela erigida por Don Juan Espectro, profesor de Metafísica, como Abel Martín, el maestro de Juan de Mairena.

Es la fe en la duda, la defensa de la capacidad creadora de la paradoja, o la duda como forma paradójica de la fe, de clara estirpe unamuniana en este heterónimo que es una síntesis de Mairena y San Manuel Bueno y tiene sus demonios intelectuales en los padres de la modernidad, en los filósofos de la sospecha, en Schopenhauer, Nietzsche, Freud o Cioran. Y hasta un antagonista un tanto simplón en ese Joaquín Metomentodo, condiscípulo del autor y caricatura gruesa del pensamiento progresista.

En una segunda parte paralela aparecen los decires y desdecires del señor don Eugenio Liendres también recogidos por un discípulo suyo y seguidos de las divinanzas.

Y así como Mairena superaba a su maestro Abel Martín, así también el lector encuentra la segunda parte, centrada en las reflexiones sobre poesía y arte de Don Eugenio Liendres, profesor de literatura y discípulo de Espectro, más interesante que la primera.

Las reflexiones sobre literatura, arte y poesía de este escritor regular y fino, pintor aficionado, quizá sean lo más fresco y apreciable del libro, lo más libre de apriorismos. Y sobre todo el donoso y polémico escrutinio que refleja las opiniones de un lector y lo retrata también como escritor.

Santos Domínguez

23 noviembre 2007

Noches áticas


Aulo Gelio.
Noches áticas. Antología.
Edición de Francisco García Jurado.
Alianza Editorial. Madrid, 2007.



En su biblioteca temática dedicada a los clásicos grecolatinos, el Libro de Bolsillo de Alianza Editorial publica una antología de las Noches áticas de Aulo Gelio, una miscelánea escrita en el siglo II.

Fueron muchas las noches invernales que Aulo Gelio dedicó a leer y escribir estos textos, muchos sus capítulos y sus páginas. Lo que ofrece esta edición preparada y traducida por Francisco García Jurado es una selección breve y enjundiosa de unos escritos nocturnos y áticos que anticipan, catorce siglos antes, algunas claves del género ensayístico de Montaigne, uno de los fundamentos de la modernidad literaria.

Precursores del ensayo moderno, de los jardines de flores curiosas renacentistas y de silvas como la de Pero Mexía, las Epístolas familiares de Guevara o el Sobremesa y alivio de caminantes, sus veinte libros reúnen los saberes escritos y orales de su época en un libro de libros.

Aulo Gelio vivió en una época de crisis del sistema de valores del Imperio y fue contemporáneo de Luciano y de Apuleyo. Sus Noches áticas reúnen en su título un tiempo, el de la vigilia lectora de la elucubración, y un lugar, Atenas, que era sinónimo de la inteligencia y el saber de la antigüedad.

El recuerdo a veces cómico de la vida y las ideas de los filósofos, la filosofía práctica en forma de diatriba cínico-estoica, la nostalgia de los maestros, un esbozo de historia y crítica de libros y poetas, una exploración de las etimologías o un recorrido por la vida cotidiana, por los prodigios y las adivinaciones.

Esos son los temas que recorren la biblioteca en la que Gelio reunió sus lecturas en forma de citas y paráfrasis para que las utilizara la literatura posterior. Cortázar lo aprovechó en ese otro libro de libros que es Rayuela, y Borges, que se olvidó sistemáticamente de citarlo, aprendió de él el arte de incorporar citas y pasajes ajenos.

Bioy Casares imitó el modelo de Gelio en De jardines ajenos y en Descanso de caminantes, y escribió este elogio de las Noches áticas:

Es uno de los libros que estimulan nuestra inteligencia, nuestra imaginación o nuestras ganas de vivir.

Santos Domínguez

22 noviembre 2007

Voces de humo


Pablo Andrés Escapa.
Voces de humo.
Páginas de Espuma. Madrid, 2007.


Escribir cuentos, como escribir poemas, es un trabajo delicado que no debe proceder nunca con prisas ni incurrir en traiciones a ese mundo que previamente se ha forjado el escritor.

Esa reflexión de Pablo Andrés Escapa (León, 1964), que forma parte de la Poética recogida en el colectivo El arquero inmóvil, resume las claves de su literatura, que se habían concretado hasta ahora en un primer libro de relatos de altísima calidad, Las elipsis del cronista (Páginas de Espuma, 2003).

Tanto en aquel libro como en estas Voces de humo, que acaba de publicar Páginas de Espuma, la palabra de Escapa tiene la consistencia y el peso específico de la palabra poética. Y esa virtud, que suele ocasionar un indeseable efecto antinarrativo, es aquí un elemento fundamental que hace del cómo (el tono, el enfoque, la voz narrativa) la materia esencial del cuento.

De esa manera en Escapa la escritura depurada es la consecuencia de otra depuración, la de los acontecimientos, a través de una progresión de borradores que acaban fundiendo ficción y realidad, espacio real e imaginario territorio mítico en una acabada forma literaria. Una escritura que arranca de la emoción y busca emocionar al lector con unos relatos de intensidad, tono y tiempo comunes con el poema.

El lector entra así en unos textos que le provocan una intensa fascinación verbal, a través de una palabra puesta al servicio de la sugerencia y la concentración expresiva, esa tensión del arco en la que Escapa ha metaforizado la virtud máxima del cuento.

En estas Voces de humo el autor convoca en sus catorce relatos a unas voces huidizas como el humo del ferrocarril que recorre la vía entre Ponferrada y Villablino por un territorio mítico, la Badabia/Babia, en el Noroeste de León, más allá del Bierzo. De ese espacio, que es tanto un territorio como una divagación melancólica sobre el paraíso perdido y la edad de oro, escribía Escapa en Las elipsis del cronista:

Badavia: Territorio fugitivo de los mapas que el sabio Alfonso mandó poblar en mil doscientos setenta y al que concedió un fuero. La manifestación visible de la Badabia coincide con una comarca montañosa al noroeste del antiguo reino de León. Abunda esa geografía evidente en montañas, hierba, ríos y rebaños. El viajero de paso por este terreno suele retener el color verde en la mirada y alguna parsimonia de esquilas en los oídos. De forma adicional sufre de melancolía a medida que se aleja del paisaje. La porción invisible de Badabia es inexplicable y motivo de beatitud secreta. Corrientes ocultas distraídas de las fuentes, o de las hojas de los árboles que el viento hace sonar, van ganando la imaginación del pasajero de la Badabia y precipitándolo a evasiones sosegadas y a ensueños de tranquilidad. Los límites de esta divagación, que unas veces se pierde como un humo azul monte arriba, otras se disipa en un horizonte de nubes, y alguna vez se ahonda y gira en un remanso del río, son desconocidos, pero se sabe que obran infatigablemente, al menos desde los tiempos del caballo Babieca. Los habitantes de la Badabia tienen la mirada evadida y son propensos a entretener en círculo las noches invernales. En esos concilios aquietados por la nieve, prospera la hermandad del fuego y la fabulación.

Espacio y tren se convierten en nexos de unión de estos relatos, que son una demostración de virtuosismo narrativo en su variedad de voces, tonos y enfoques por un territorio de leyenda, una geografía que inventa el ensueño con el humo de los trenes. Y a la vez que el paisaje, los personajes se elevan evocados por la palabra precisa y la intensa prosa de un escritor excepcional.

Coleridge definía la poesía como el resultado de las mejores palabras en el mejor orden. A ese planteamiento parece responder la prosa de Pablo Andrés Escapa, su buen oído y el ritmo armonioso de una frase limpia y natural de tan trabajada, las metáforas que crean un mundo animado por la mirada emocionada del caminante y habitado por personajes que saben lo difícil que es contar el mar y comprender al pájaro, descifrar la espiga y asentar el oro.

Una prosa tan deslumbrante como esta revitaliza y enriquece la larga tradición de narradores del noroeste, como Valle, Cunqueiro, Pereira o Aparicio. Y nos transporta a un valle de saberes ancestrales, a las tradiciones milenarias y a los relatos orales de una tierra de carbón y castaños, robles y filandones. Y una emoción constante recorre, como el viajero, esas vías y esos relatos para llegar al lector de este libro excepcional y contagiarle esa emoción del paisaje y de las noches del lobo, de sombra de las nubes sobre la hierba del valle o las galerías subterráneas del carbón cuando la noche parece inventada sólo para oír historias a la luz de una hoguera.

Cuando se habla de libros de una prosa tan acabada, al lector experto podría asaltarle la duda de la inconsistencia de lo narrado o la endeblez de los personajes. Nada de eso. Escapa nos deja aquí personajes inolvidables y profundos como Ezequiel el recadero, el minero José Puga o Don Laureano el maestro. Y relatos tan memorables como De los mares en calma, Memoria de las virutas rubias, Cielo distante o Ida y vuelta.

Con una cuidada estructura que dota al libro de un equilibrio y una armonía paralelos a los de su prosa, de una belleza inusual, las cuatro secciones del volumen quedan subrayadas con cuatro versos de El mixto, un poema que Antonio Pereira incluyó en el Cancionero de Sagres.

Si su primer libro, Las elipsis del cronista, fue la revelación de una de las voces de más calidad de la narrativa española actual, Voces de humo es no sólo una confirmación de la importancia de Escapa, sino un escalón más en un camino de perfección que maravillará a cualquier lector que se ponga ante estos textos escritos con la verdad de la buena literatura:

Hoy, sobre los raíles de plata, ha ocurrido un milagro. Y yo voy tropezando voces, asentando palabras blancas como sendas de vapor nacidas para quedarse.

Santos Domínguez