24 junio 2014

Equipaje de vacaciones. Ensayo




Clara Janés. Sarantis Antíocos.
El Greco. Tres miradas:
Cervantes, Rilke, Antonio López.
Vaso Roto Arte. Madrid, 2014.

Ocho magnificas reproducciones -siete de cuadros del Greco y Cabeza griega y vestido azul, de Antonio López- abren El Greco. Tres miradas: Cervantes, Rilke, Antonio López que han escrito Clara Janés, responsable también de la edición, y el poeta griego Sarantis Antiocos.

Lo publica Vaso Roto en su colección Arte y está organizado en tres secciones: Los ojos de Rilke, de Clara Janés, Talleres colindantes: Cervantes y El Greco, de Sarantis Antiocos, y Las notas del Greco a la Arquitectura de Vitruvio, que recoge un diálogo de los coautores del volumen con el pintor Antonio López.

Este libro delicado y admirable, un prodigio de inteligencia creativa y de sensibilidad artística, quedará como una de las aportaciones más destacadas en este año conmemorativo del cuarto centenario de la muerte del Greco, contemporáneo de Cervantes, que le sobrevivió solo dos años.

Por eso si Clara Janés se centra en el deslumbramiento que la pintura del Greco provocó en Rilke, que vio en sus cuadros el istmo que comunica lo visible y lo invisible, Sarantis Antíocos explora los vínculos ideológicos y estéticos que permiten relacionar al pintor con Cervantes en un juego especular que sitúa frente a frente a los dos artistas a través de sus textos: los cervantinos del Persiles, el Quijote y algunas novelas ejemplares, y las notas que El Greco dejó manuscritas en su trabajado ejemplar de la Arquitectura de Vitruvio. Ese es el punto de partida del diálogo vivo y hondo entre los dos escritores y Antonio López.



Leonardo da Jandra.
Filosofía para desencantados.
Prólogo de Guillermo Fadanelli.
Atalanta. Gerona, 2014.

Las preguntas que se hace la Filosofía son lenguaje, pero las respuestas sólo las puede dar la experiencia. La medida de la verdad la da la experiencia, no la lógica, escribe Leonardo da Jandra (México, 1951) en Filosofía para desencantados, un breve pero intenso volumen que publica Atalanta con prólogo de Guillermo Fadanelli, que destaca la resistencia de este autor para no ceder a las tentaciones de la decepción contemporánea.

Tras fijar su objetivo en el capítulo preliminar, Cuestiones de método, al que pertenecen las frases transcritas, Da Jandra analiza tres momentos en la evolución de la conciencia y los comportamientos: desde la animalidad pura de la conciencia egocéntrica al sociocentrismo, que plantea la sociabilidad como una consecuencia de la imposibilidad del individuo para sobrevivir aislado en su desencanto: Lo último que nos queda cuando ya no creemos en nada es el falso consuelo de la razón desilusionada, de la fría y desolada intemperie del escepticismo.

Y finalmente, la conciencia cosmocéntrica, la apertura a una perspectiva integradora  en un futuro en que se superarán dualismos como los que confrontan espíritu y materia o cultura y naturaleza.



Claude Lanzmann.
La tumba del sublime nadador.
Traducción de Gabriel García Santos 
y José Miguel Parra.
Confluencias Editorial. Almería, 2014.

Antes de ser el cineasta reconocido desde 1985 por esa cumbre del género documental que es Shoah, una película de casi diez horas sobre el holocausto, el francés Claude Lanzmann (1925) fue un periodista con oficio que abordó la realidad desde múltiples ópticas, denunció los restos del colaboracionismo y la represión contra los argelinos o analizó el fenómeno de las bandas marginales de jóvenes que sembraron el terror en París.

A mediados de los cincuenta, Sartre lo incorporó a la redacción de Les Temps Modernes, de la que acabaría siendo director, pero su firma fue habitual en cabeceras tan distintas como Le Monde, Libération o Elle, donde publicó artícuilos en los que brillaron por igual su prosa y su independencia.

Hace dos años, Gallimard publicó una amplia selección, hecha por él mismo, de sus textos periodísticos que ahora edita en español Confluencias con traducción de Gabriel García Santos y José Miguel Parra: crónicas y relatos, análisis críticos y polémicos, textos en torno a Shoah, homenajes y necrológicas y sobre todo una espléndida sección de retratos que Lanzmann publicó en Elle y que trazan un panorama completo de la cultura francesa de los decisivos sesenta.

En  el espléndido Prefacio que escribió para esta muestra de lo que él mismo llama sus artículos alimenticios, Lanzmann habla del bellísimo monumento funerario griego del siglo V a.C. cuyo techo representa a alguien que salta en el vacío. En esa imagen, que sugiere la del nadador que da nombre al monumento y al libro, ve Lanzmann la metáfora exacta de su vida y su escritura.



Darian Leader.
El robo de la Mona Lisa.
Lo que el arte nos impide ver.
Traducción de Elisa Corona Aguilar.
Sexto Piso. Madrid, 2014.

El lunes 21 de agosto de 1911 Vicenzo Perugia, pintor de brocha gorda, robaba del Louvre el retrato de la Gioconda, la obra más reproducida de la historia de la pintura.

En los días posteriores se formaron largas colas para contemplar el hueco que había dejado en la pared del museo el cuadro robado. Kafka y Max Brod estaban entre aquel gentío que acudía a contemplar no la obra de arte, sino su ausencia. Algunos de ellos no habían visto el cuadro antes de aquel suceso que otorgó a la Gioconda un valor icónico añadido a su valor artístico.

¿Qué buscaban aquellas personas –sería impropio llamarlos espectadores- que esperaban pacientemente para ver el vacío? Esa es la pregunta inicial que se plantea Darian Leader en este ensayo de interpretación psicoanalítica del arte que sigue el camino abierto por Freud y desbrozado por Lacan. Y luego van surgiendo otros interrogantes: ¿Por qué miramos un cuadro?, ¿qué esperamos encontrar en la contemplación de una obra de arte?,  preguntas que plantean la relación entre el espectador y el cuadro, entre el sujeto y el objeto, entre el hombre y el mundo, entre la mirada propia y la mirada del otro, esa mirada de la que Perugia quiso preservar a la Mona Lisa durante los dos años y medio que la tuvo escondida en su casa.



Ricardo Piglia.
El último lector.
Debolsillo. Barcelona, 2014.

Un espléndido relato metafórico con ecos de Borges y Cortázar abre El último lector, un conjunto de ensayos breves en los que Ricardo Piglia hace una interpretación de la figura del lector.

Enmarcados entre ese prólogo y el epílogo, seis capítulos integran el ensayo en un tono narrativo para abordar la función del lector dentro del libro, el cambiante papel que de él refleja la literatura. Y muestran a un Kafka que en las cartas a Felice busca una lectora más que una amante, a un Borges que concibe la ficción como teoría de la lectura, o hablan del papel del lector en la novela negra, de Robinson y  la lectura como salvación, de la lectura creativa como fuente de sentido y como impulso de la vida activa en el Quijote o como expresión de la interioridad en Hamlet.

Como ellos, los lectores imaginarios, Che Guevara, Anna Karenina y su linterna, Cortázar o el Ulysses proponen respuestas diferentes a la pregunta esencial del libro: ¿Qué es un lector? Esa pregunta es el motor de estas reflexiones y el título de su primer capítulo, pero es también y sobre todo la pregunta fundamental de la literatura, la que en su respuesta contiene el sentido de la escritura. Esta es la que propone Piglia:  Un lector sería entonces  el que encuentra sentido en un libro y preserva un resto de la tradición en un espacio donde impera otra serie (el terror, la locura, el canibalismo) y otro modo de leer los signos.

Junto con Crítica y ficción y Formas breves, recuperados también ahora por Debolsillo, El último lector forma una suerte de trilogía  reflexiva de Piglia. Como en esos libros, también aquí el autor establece una estrecha relación entre la lectura y la vida que le lleva a cerrar así el epílogo: Este libro es acaso el más personal y el más íntimo de todos los que he escrito.

Santos Domínguez

23 junio 2014

Equipaje de vacaciones. Narrativa



Fernando Aramburu.
Ávidas pretensiones.
Seix Barral. Barcelona, 2014..

Unas jornadas literarias patrocinadas por un gobierno regional en un convento de monjas son el punto de partida de Ávidas pretensiones, una novela en clave, la sátira de un zoológico lírico reconocible que el autor –poeta él también- conoce de primera mano.

Intrigas y discusiones, envidias y rencores en una feria de vanidades y egos literarios, en un baratillo poético con dos docenas largas de figurones mediocres – metafas o realitas- en busca de notoriedad y polvos y radicalmente ajenos a la poesía.

Hay de todo entre ellos: banderías irreconciliables de la experiencia y el silencio, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, heterosexuales, homosexuales y bisexuales, peleas y borracheras, polvos de diverso tipo y hasta un inverosímil concurso interno.

Divertida aunque previsible, excesiva hasta la caricatura y el acartonamiento, algo deshilvanada a veces, se lee sin embargo con facilidad y con gusto. Con esta obra, esperpéntica o costumbrista, según se mire, ganó Fernando Aramburu el Biblioteca Breve de novela que publica Seix Barral.


Manuel Longares.
La vida de la letra.
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2014.

Galaxia Gutenberg reúne por primera vez en un volumen La vida de la letra, de Manuel Longares, que explica en el prólogo de esta edición definitiva que estas tres novelas no forman una trilogía ya que no comparten argumento ni temática. Les une su vocación experimental por la fusión de géneros, porque en La novela del corsé la narración participa del ensayo y en Soldaditos de Pavía y Operación primavera, de las formas novelescas y teatrales.

Tres novelas en las que Manuel Longares no pone letra a la vida, como en la literatura realista, documental y hasta fantástica, sino que da vida a la letra. Y es que este ciclo se levanta no sobre la realidad, ni siquiera sobre la imaginación o la fantasía, sino sobre textos literarios o subliterarios previos: la novela sicalíptica de comienzos del XX o los libretos de zarzuelas o de óperas.

Por eso en el fondo de lo que tratan las obras de La vida de la letra es de la relación entre la literatura y la vida tomando como punto de partida la primera, no esta última, que era lo que hacían Galdós, Baroja o el realismo objetivo o social de mediados del XX.

Este es también el ciclo más experimental de la novelística de Longares, que explora aquí las posibilidades expresivas de la fusión con otros géneros: el ensayo en La novela del corsé, el género chico en Soldaditos de Pavía o el formato operístico en Operación Primavera.


Anne Douglas Sedgwick.
La inquietante Hester.
Traducción de Susana Carral
Rey Lear. Madrid, 2014.

«Supongo que la he odiado desde el primer momento en que la vi», se oyó decir a sí misma Monica Wilmott, al recordar a Hester tal y como la había visto la primera vez, sentada en la ventana abierta del salón de la casa de Chelsea, recortándose contra el río; extraordinariamente tranquila, muy segura de sí misma, con sus cejas oscuras y una ligera capa negra forrada de rojo.

Así comienza, en la traducción que Susana Carral ha preparado para Rey Lear, La inquietante Hester, de la estadounidense Anne Douglas Sedgwick (1873-1935), una autora admirada por Henry James y con una trayectoria vital y literaria que se asemeja asombrosamente a veces a la de Edith Warthon. Afincada como ellos en Inglaterra y escritora de éxito, su narrativa refleja la crisis general que culminó en la Primera Guerra Mundial con su consiguiente cambio de valores sociales y culturales.

La inquietante Hester, una novela de 1929 que como toda su obra permanecía inédita en español hasta ahora, fue una de las obras más vendidas en su momento y refleja con la fuerza de sus diálogos y las nítidas caracterizaciones  de sus personajes la desorientación de entreguerras tras el vértigo del conflicto bélico, las secuelas síquicas de quienes lo vivieron en las trincheras o sufrieron sus consecuencias  en la retaguardia.


Victor Hugo.
Historia de un crimen.
Prólogo de Jaime Fernández.
Hermida Editores. Madrid, 2014.

En 1851, Marx publicaba una de sus obras esenciales, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, en la que relacionaba el reciente golpe de estado en Francia con el que Napoleón había perpetrado en noviembre de 1799.

Y algo muy parecido hizo Víctor Hugo con esta espléndida Historia de un crimen, que está a la altura de sus mejores obras. Historia de un crimen es una denuncia implacable del sangriento golpe de estado que Luis Bonaparte dio el 2 de diciembre de 1851. Víctor Hugo, que lo vivió en primera persona y fue una de sus víctimas, tuvo que exiliarse en Bruselas y empezó a escribir inmediatamente con su prosa potente esta declaración de un testigo que sin embargo no publicó hasta 1877, cuando  unas circunstancias muy parecidas devolvieron esta crónica a la actualidad y hasta la hicieron urgente: Este libro es más que actual; es urgente.

De la oportunidad de aquella edición habla muy claramente el enorme éxito de ventas del libro, que se vendía a un ritmo de diez mil ejemplares diarios y colapsó las imprentas, que no tenían tiempo ni de satinar el papel a aquel ritmo.

Tan oportuna aquella primera edición de 1877 como esta cuidada traducción de Juan Samit Martí que acaba de publicar Hermida Editores con un estupendo prólogo de Jaime Fernández Martín. Una aportación más a la consolidación de esta editorial joven, pero con una clara y admirable apuesta por la calidad literaria.


Daniel Guebel.
Genios destrozados.
Vida de artistas.
Eterna Cadencia. Buenos Aires, 2013.

Eterna Cadencia publica Genios destrozados, un conjunto de treinta y tres relatos en los que el argentino Daniel Guebel difumina los límites de la realidad y la ficción, de lo trágico y lo cómico para construir la verdadera historia del arte a través de las vidas de artistas reales o imaginarios.

Treinta y tres relatos por los que circulan las figuras y los cuadros de Rembrandt y Picasso, de Renoir y Grunewald, de Mondrian o Gauguin junto con otros nombres que están a medio camino entre las Vidas imaginarias de Schwob y la Historia universal de la infamia de Borges.

Hay entre ellos referencias menos ilustres, como las de las caras de Belmez, que nunca formarán parte de una historia académica de la pintura y que le sirven a Daniel Guebel para hacer una irónica reivindicación del humor y del arte en El acto estético a propósito del Ecce Homo restaurado en Borja, en tanto clásicamente peor, modernamente mucho mejor. (...) Aquel que tenga la fortuna de observar la nueva versión no podrá menos que reconocer en esa borroneada cara de simio angustiado una evocación del grito de Edward Munch y una anticipación tardía de las deformidades de Francis Bacon. Con esta intervención plástica, doña Cecilia Giménez Zueco se inscribe en la gran historia del arte y deja por el piso las acciones blandamente irreverentes con las que los farsantes de Dalí y Duchamp engañaban a los tarados.



Álvaro Do Carvalhal.
Los caníbales.
Traducción de Enrique Moya Carrión.
Prólogo de Fernando Iwasaki.
Ardicia. Madrid, 2014.

El mismo año de su muerte prematura en Coimbra, Álvaro Do Carvalhal (1844-1868) se publicó ya póstumo un volumen con sus cuentos. El más largo de ellos, Los caníbales, una nouvelle, acaba de publicarlo Ardicia por primera vez en español con traducción de Enrique Moya Carrión y prólogo -La maestría grotesca de Álvaro Do Carvalhal- de Fernando Iwasaki.

En ese ámbito grotesco de la conciencia, donde se cruzan la risa y el horror en una mueca que los mezcla de manera variable, se desarrolla este texto atravesado por el humor negro de un narrador que está a la vez fuera y dentro del relato, en una distancia irónica que a veces se convierte en sarcasmo y que cuestiona la materia narrada o se ríe entre bastidores hasta el final de cadáveres que cierra la obra.

Discípulo de Hoffmann y de Poe –al que se tradujo al portugués un año antes que en España-, en el origen de Los caníbales parecen estar pesando El extraño caso del señor Valdemar y El hombre de arena.

Pero hay también, de forma patente, una parodia grotesca del donjuanismo satánico en el triángulo amoroso que componen el misterioso Vizconde de Aveleda, Margarida, la mujer fatal que se enamora de él, y Don João, el pretendiente despreciado y resentido.


Jacques Abeille.
Los jardines estatuarios.
Traducción de Lluís Maria Todó.
Sexto Piso. Madrid, 2014.

Vi grandes campos de invierno cubiertos de pájaros muertos.
Sus rígidas alas trazaban en el infinito surcos indescifrables. Se hizo la noche.
Había entrado en la provincia de los jardines estatuarios.

Tras ese comienzo alucinado (“Creí haber escrito el relato de un loco”, declaró Abeille a propósito de esta obra), al lector de Los jardines estatuarios le espera una de las experiencias más turbadoras: la que le abre las puertas a un mundo extraño, a otra dimensión de la realidad de la mano de una novela impresionante de Jacques Abeille, que acaba de publicar Sexto Piso con una admirable traducción de Lluís Maria Todó.

Como el viajero que llega a esa región de jardines estatuarios de la mano de un guía que le orienta como a Dante en su viaje al inframundo, el lector se incorpora a ese juego de espejos que le plantea el narrador desde la primera línea y asume a partir de ese momento que de su mano entrará él también en ese territorio misterioso donde sus habitantes practican una agricultura mineral en la que se cultivan y se injertan estatuas.

Los jardines estatuarios resume varios modelos narrativos: es un libro de viajes, una intemporal fábula alegórica, un relato filosófico, una novela que recoge la mejor tradición de la novela de la Ilustración y de Swift, un texto en el que la imaginación no es un mecanismo de evasión, sino un procedimiento metafórico cargado de potencia por la magnífica prosa de Abeille y por su mirada inteligente a la sociedad y a la condición humana.  Porque hay otras regiones por venir. Habrá países.

Santos Domínguez

20 junio 2014

Octavio Paz. Obra poética


Octavio Paz.
Obra poética 
(1935-1998).
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. 
Barcelona, 2014

El hombre y la galaxia regresan al silencio.
¿Importa? Sí -pero no importa:
sabemos ya que es música el silencio
y somos un acorde del concierto.

Esos cuatro versos de un poema fechado en México el 20 de abril de 1996, el último que escribió probablemente, cierran la última sección de la poesía original –luego hay otra de poemas colectivos- de Octavio Paz en la edición que Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores recoge en un tomo que acaba de publicar con el título Obra poética (1935- 1998). Una edición, conmemorativa del centenario de Paz, que sigue la que fijó el poeta en sus Obras completas con la exclusión de las traducciones, que se pueden leer en el volumen exento Versiones y diversiones.

Entre 1935 y 1996, Paz desarrolló una de las aventuras literarias más ambiciosas y duraderas de la literatura contemporánea en español. Poesía y ensayo, intuición y reflexión, conocimiento y sensaciones, ambición expresiva y hondura indagatoria se unen en una obra que se mueve siempre entre la tradición y la modernidad, entre lo clásico y la vanguardia, en un debate que comparte con el grupo del 27 porque Octavio Paz forma parte de la misma cultura, de la misma lengua y casi del mismo momento histórico.

Desde la tensión entre escritura e historia de la poesía comprometida a un enfoque más abstracto y conceptual, entre el testimonio y la revelación, entre la ética y la estética, Paz construyó un mundo poético potente e inconfundible, un universo literario arrancado a la nada de esta noche, / a pulso levantado letra a letra, / mientras afuera el tiempo se desboca / y golpea las puertas de mi alma / el mundo con su horario carnicero, como escribió en Piedra de sol, un poema central en su trayectoria creativa.

Desde un primer ciclo que se resume en Libertad bajo palabra, al que luego seguirían otras direcciones y tentativas, como él mismo las llama, Paz es autor de una poesía cambiante en la metamorfosis del clavel y la roca y atravesada siempre por la profunda conciencia autocrítica del creador que es dueño de su mundo y que ejerce una influencia decisiva en la poesía en español.

Entre lo fugaz y lo perpetuo se alza, como señaló Saúl Yurkievich, la verticalidad de su palabra contra el tiempo horizontal, una integración ejemplar de espíritu y forma, de memoria y presente, de lo intelectual y lo sensorial, de lo racional y lo onírico, del ritmo interior y la imagen externa.

En su evolución de la soledad a la comunión con el mundo y con el otro, en su paso de lo personal a lo universal, la poesía de Paz, mutante y autorreflexiva, sometida a un movimiento de rotaciones y traslaciones, obedece al acorde de la conciencia de un creador que proyecta constantemente su reflexión crítica -la escritura sobre la escritura- sobre una poesía como la suya, que indaga en el vínculo esencial que define cualquier obra: el que se establece entre el poeta, la palabra y el mundo. Lo resumió así en Nocturno de San Ildefonso:

Entre el hacer y el ver,
                                       acción o contemplación,
escogí el acto de palabras:
                                              hacerlas, habitarlas,
dar ojos al lenguaje.
                                   La poesía no es la verdad:
es la resurrección de las presencias,
                                                             la historia
transfigurada en la verdad del tiempo no fechado.

Instalada en la tradición de la ruptura propia de la poesía contemporánea, la poesía de Paz es una integración de tradiciones (occidental, azteca, oriental, la poesía contemporánea, sobre todo del superrealismo), de lo mágico y lo conceptual, del lenguaje y el conocimiento, del tiempo histórico y el tiempo sin tiempo del mito, porque dentro del tiempo / hay otro tiempo quieto: / Es la transparencia.

De la soledad a la trascendencia, en una suma de conciencia e inspiración, la reflexión sobre el lenguaje y su nexo entre lo tangible exterior y lo inefable interior es la base de Trabajos del poeta, uno de sus textos imprescindibles, incorporado a ¿Águila o sol?

Poemas cortos, elípticos y sincopados, o poemas largos de vocación narrativa, discursivos o abstractos como Blanco, quizá la cima de su segunda etapa y de toda su poesía, se combinan en una poesía que busca el punto de encuentro entre el mundo y la conciencia: aprender a ver oir decir / lo instantáneo / es vuestro oficio, porque la escritura poética es /aprender a leer / el hueco de la escritura / en la escritura.

Instalada en un presente perpetuo, en su tiempo circular, la poesía de Octavio Paz es una honda exploración incansable en la identidad y en la realidad, en la naturaleza y en la temporalidad, en la palabra y el silencio, en los límites de la escritura y el conocimiento, a través de un proceso de abstracción que culmina en Salamandra y que en Ladera Este se resuelve en un cambio de actitud intelectual y sensorial ante la palabra y el mundo, que suma la contemplación y la reflexión, porque un poema no tiene más sentido que sus imágenes y el poeta no quiere decir, dice.

En el texto preliminar que escribió para la edición del segundo tomo de su poesía completa, Octavio Paz explicaba así en 1996 su concepción de la poesía:

La poesía, el arte de escribir poemas, no es natural; a través de un proceso sutil, el autor, al escribir y muchas veces sin darse cuenta, se inventa y se convierte en otro: un poeta. Pero la realidad de sus poemas y la suya propia no es artificial o deshumana; se ha transformado en una forma a un tiempo hermética y transparente que, al abrirse, nos muestra una realidad más real y más humana. Los poemas no son confesiones sino revelaciones.

Santos Domínguez

18 junio 2014

Mientras nieva sobre el mar


Pablo Andrés Escapa.
Mientras nieva sobre el mar.
Páginas de Espuma. Madrid, 2014.

Entre un Robinsón inicial y un Náufrago final, los catorce relatos que Pablo Andrés Escapa reúne en Mientras nieva sobre el mar (Páginas de Espuma) construyen un conjunto variado en tonos, temas, registros, puntos de vista y técnicas narrativas, pero unido por distintos procedimientos de coherencia.

Si en Robinsón el narrador levanta en nueve meses un faro en medio de llanuras de trigo distantes quinientos kilómetros de la costa, reubica allí una biblioteca en espiral y sobre aquel horizonte de espigas ocurre el milagro del mar creciente, en Náufrago se produce su continuación argumental con la llegada del personaje que presagiaba una botella en la playa al final del primer relato.

Ese último texto recoge los temas que se han ido sucediendo en las doce narraciones centrales, vinculadas por los dos hilos conductores que de distintas y sutiles maneras aparecen en todos los relatos: la nieve y el mar que anuncia el título y que está también circularmente en la última frase del libro:

Y por primera vez desde que ocupo el faro, vi la pureza de la nieve que, al calor de una voz casi blanca, empezaba a derramarse sobre el mar.

Y el prodigio, que recorre estas páginas desde el principio hasta el final, en un tiempo sin tiempo o en un recorrido que se mueve entre lo contemporáneo y lo bíblico pasando por el XVII o el XIX.

En la delicadeza neotestamentaria de Figuras, como recién salidas de un cuadro de Murillo, en un Juan Ramón entrevisto en la memoria, en una carta del Conde de Gondomar, embajador de Felipe III en Londres, en el comedor de un barco en la nochebuena de 1900 o en el diario del barón de Büssenhausen, la mirada serena y profunda de Pablo Andrés Escapa va siempre un poco más allá y más hacia el fondo con la brújula admirable de su espléndida prosa. 

Eso es lo que se va a encontrar quien tenga la fortuna de leer estos relatos de Mientras nieva sobre el mar: la afirmación de la fábula que alcanza a la propia realidad, la celebración de la literatura y la reivindicación de la imaginación y del prodigio que enriquece la realidad con esa mirada capaz de descifrar el orden secreto de las cosas, porque sabe que esa una de las misiones más altas e irrenunciables de la escritura.

Santos Domínguez


16 junio 2014

Manuel Longares. La vida de la letra


Manuel Longares.
La vida de la letra.
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2014.


El 31 de diciembre de 1979, Carmen Martín Gaite saludaba en Diario 16 la aparición "de un libro realmente espléndido", La novela del corsé, de Manuel Longares. Era la primera obra de quien habría de revelarse con el tiempo como uno de los narradores más sólidos de los últimos treinta años. Dos títulos posteriores -Soldaditos de Pavía (1984) y Operación Primavera (1992)- completarían el ciclo novelístico que su autor denomina La vida de la letra y que Galaxia Gutenberg reúne por primera vez en un volumen presentado por un prólogo en el que Longares explica que estas tres novelas no forman una trilogía ya que no comparten argumento ni temática. Les une su vocación experimental por la fusión de géneros, porque en La novela del corsé la narración participa del ensayo y en Soldaditos de Pavía y Operación primavera, de las formas novelescas y teatrales.

Tres novelas en las que Manuel Longares no pone letra a la vida, como en la literatura realista, documental y hasta fantástica, sino que da vida a la letra. Y es que este ciclo se levanta no sobre la realidad, ni siquiera sobre la imaginación o la fantasía, sino sobre textos literarios o subliterarios previos: la novela sicalíptica de comienzos del XX o los libretos de zarzuelas o de óperas. 

Por eso en el fondo de lo que tratan las obras de La vida de la letra es de la relación entre la literatura y la vida tomando como punto de partida la primera, no esta última, que era lo que hacían Galdós, Baroja o el realismo objetivo o social de mediados del XX.

Este es también el ciclo más experimental de la novelística de Longares, que explora aquí las posibilidades expresivas de la fusión con otros géneros: el ensayo en La novela del corsé, el género chico en Soldaditos de Pavía o el formato operístico en Operación Primavera.

La novela del corsé es una obra atípica. Metanovela y artefacto narrativo han sido algunos de los términos utilizados para clasificarla. Inútilmente, porque este es un libro que escapa a cualquier clasificación convencional.

Tomando como base el auge de la novela erótica en España entre 1890 y 1930, Manuel Longares mezcla en ella el talento y la inventiva, la documentación y el humor para construir un texto que participa de la novela y del ensayo, con sus consiguientes notas y bibliografía, hasta el punto de que recuerdo haberlo visto citado alguna vez como el mejor análisis de aquellas novelas que eran los sinapismos del priapismo en una España sórdida y rijosa, con doble moral y adulterios, con fetichismo y ludibrio. Una sociedad de pornógrafos y orquíticos que se pirraban por lo verde.

Si en La novela del corsé los modelos objetos de parodia eran los de la novela sicalíptica de comienzos del XX, Soldaditos de Pavía se centra en el mundo de la zarzuela, en el género chico, para reflejar el sainete que es la historia de España desde Felipe V hasta la posguerra.

A través de diversos libretos y de distintos tonos (desde el goyesco al costumbrista pasando por el romántico), la excepcional potencia estilística e imaginativa de Manuel Longares da voz a una crítica de la realidad histórica y social que, a pesar de los años pasados desde su primera edición, mantiene su actualidad y su vigor expresivo.

Una estética de la parodia y el desgarro que tiene su origen en el humor amargo de Quevedo, en el esperpentismo de Valle y en la pintura de Goya, una de las miradas superiores y distantes que contemplan a los personajes como marionetas en esta novela y en la que cierra el ciclo, Operación Primavera.

En ella el disparate expresionista de las situaciones sigue reflejando, ahora ya en los primeros años de la democracia, la vida española con una mirada cenital y distante, similar a la del esperpento, única estética posible para reflejar con su matemática de espejo cóncavo la deformada realidad carpetovetónica.

Ópera degradada en sainete y lastrada por trepas, advenedizos reconvertidos, radiografía satírica y retrato esperpéntico de la política cultural de los ochenta en una corte de los milagros posmoderna y venal, Operación Primavera, con su humor desengañado y a ratos amargo, muestra ya a un Longares dueño de su mundo y con una altura estilística que hace de su lectura un gozoso ejercicio. Dejo aquí solo un ejemplo, aunque de cada página podrían extraerse varios párrafos memorables:

Por el desmantelado bulevar donde jugó de niña aúlla la sirena de un coche celular. Otros como él ocupan la glorieta de Bilbao donde se ha convocado una manifestación universitaria sin el preceptivo permiso. Los estudiantes forman corrillos y sólo caminan a requerimiento de la policía. Al grito de reivindicación coreado, los estudiantes invaden la calzada. Cesa el tráfico de automóviles y a los balcones asoman curiosos. Vuelan panfletos, vibra un silbato. Desenfundando las porras desmontan los guardias de sus vehículos. Atropelladamente se dispersan los jóvenes por las bocacalles de la plaza. Quiebra la luna de un escaparate, una panadería echa el cierre y el can de un ciego denuncia provocaciones. Entre Luchana y Sagasta, una chica besa el suelo alfombrado de octavillas. Caen sobre ella los agentes y la martirizan , con sus defensas. El espectáculo alarma a la que volvía de la compra: Informada del terror rojo, desconocía la injusticia del orden.

Está aquí ya presente, además del novelista creador de mundos y ambientes, el excelente prosista que es Longares, su dominio excepcional de la frase, su altura estilística inusual en una obra primeriza como esta, la calidad de una prosa que sólo alcanzan unos pocos privilegiados como él.

Es una magnífica idea la de Galaxia Gutenberg de ofrecer en un volumen la edición definitiva, revisada y corregida, de este ciclo inicial de la narrativa de Manuel Longares, aunque incoativo aún, apuntaba con precisión la admirable altura literaria de su obra posterior: las portentosas Romanticismo, Nuestra epopeya, Las cuatro esquinas o la reciente Los ingenuos lo han ratificado como uno de los escritores fundamentales de las últimas décadas. 

Santos Domínguez

13 junio 2014

Adonis. Singulares


Adonis.
Singulares.
Introducción y traducción 
de Trino Cruz y Khalid Raissouni.
Linteo Poesía. Orense, 2005.

"Reivindico toda la herencia mediterránea, pero además formo parte integrante de la cultura universal, de Oriente hasta Occidente. La única especificidad que me reconozco es mi lengua y mi subjetividad. Pero, por medio de ellas, trato de abrirme a lo universal", explicaba Adonis a propósito de su obra poética.

Sirio de nacimiento y libanés de elección, Alí Ahmad Said Esber (Qassabin, 1930) explicaba el sentido del seudónimo que utiliza: “Al cambiar un nombre muy musulmán –Ali– por otro sin relación con el Islam –Adonis–, asumía y reivindicaba una trayectoria hacia lo universal. Al firmar así, salía de una tradición petrificada y accedía a una libertad más amplia.”

Adonis es uno de los renovadores de la poesía árabe contemporánea, a la que ha puesto en contacto con la poesía occidental. Poesía de la encrucijada, del mestizaje cultural de dos tradiciones: la grecolatina y mediterránea y la árabe pagana y clásica en una fusión que se expresa en la asimilación de los lenguajes poéticos más renovadores del siglo XX, del expresionismo al superrealismo, que se integran en una nueva forma que aprovecha los esquemas métricos y rítmicos de la poesía oral árabe.

Singulares, uno de los libros centrales en su trayectoria, se publicó en 1977 en Beirut y fue en 2005 uno de los títulos iniciales de la imprescindible colección de poesía que dirige Antonio Colinas en la editorial Linteo.

La infancia y la memoria, el amor y la expresión de esa alma cósmica resumida en su poesía y en ese nombre literario, Adonis, abierto a lo universal, recorren estas páginas en las que se manifiesta la multiplicidad de lo real y del ser, la asunción de una identidad proteica y la integración de tradiciones a través de unos textos en los que – como señalan Trino Cruz y Khalid Raissouni en la introducción de su traducción- “se funden todos los tiempos, todas las vidas. Estas son las palabras de un joven poeta que acaba de cumplir cinco mil años.”

Está aquí, en el centro del libro, el amor entre la genitalidad del deseo y la espiritualidad mística, en una inmersión profunda en el carácter sagrado de la palabra poética como medio del conocimiento abismático y del rescate de la memoria en las cuatro secciones del libro:

Génesis en que Qassabin / sube como una marea y se apodera del tronco de las olas, Historia de cuando la tierra no era un cuerpo, sino una herida que se convierte en patria, Cuerpo que desborda el espacio que lo contiene y Alquimia con la que el poeta alcanza al espacio, / vive la vida de las nubes y alcanza cimas como esta:

Sé el lugar donde no hay más lugar 
el tiempo que vence al tiempo
sé el deseo, el deseo, el deseo
crea el cuerpo
y llámalo Profeta
y el Portavoz.

Santos Domínguez

11 junio 2014

Hugo Mujica. Ensayos


Hugo Mujica.
Del crear y lo creado. 2
Prosa selecta. 
1: Ensayos.
Vaso Roto Esenciales Prosa. Madrid, 2014.

Como una forma complementaria de acompañamiento de su escritura poética concibe su prosa Hugo Mujica, que en este volumen que publica Vaso Roto habla de esta zona de su obra como glosa de las intuiciones a las que la poesía me llevó, los relámpagos que me mostró.

Del crear y lo creado. 2 reúne tres ensayos de Hugo Mujica: Origen y destino (1987), La palabra inicial (1995) y Flecha en la niebla (1997), claramente vinculados los dos primeros, que comparten tono y enfoque y tienen como referencia común los acercamientos de Heidegger al hecho poético como forma de conocimiento, como medio de revelación de lo oculto.

Porque Origen y destino analiza el paso desde el momento matinal de la poesía en el horizonte precomprensivo, el horizonte mítico del “Oficio de poeta” en la Grecia presocrática a la poética de Heidegger, que reivindica la recuperación del pensamiento original a través de la poesía entendida como revelación, como expresión de la esencia tonal de la Verdad.

El poeta se convierte así en intermediario con los dioses, en ser inspirado y en hombre iniciado en una forma superior de conocimiento. Entre la memoria del poeta presocrático y la esperanza del poeta en Heidegger, Mujica reflexiona sobre la relación entre la poesía y la realidad, entre el crear y lo creado, entre el ser, la conciencia y el lenguaje que transforma la noche purgativa en una iluminativa aurora.

Y en La palabra inicial se analiza la mitología del poeta en la obra de Heidegger a través de un análisis de su pensamiento mítico y poético, originario y original en el que el poeta nombra lo sagrado en la noche de los dioses.

Flecha en la niebla es muy distinto en método y en tono. Sus textos están más cerca del chispazo intuitivo e iluminador del relámpago poético que del pensamiento articulado y sistemático propio del ensayo. Como en los presocráticos, cuyos textos viven en una zona intermedia entre la poesía y la filosofía, como en el Hölderlin más desestructurado y más genial, como en Jabès, la tonalidad y el procedimiento de Mujica en Flecha en la niebla son propios de la poesía. 

No hay en ellos conclusiones ni propuestas, sino búsquedas; no el sistema, sino la intuición; no la meta, sino el camino. Se trata de fragmentos, señales, vestigios: primacía de la palabra sobre la escritura, de la intuición sobre la razón. Del camino sobre el sistema. Del sentido sobre el significado.

Esos eran el tono y el método que propugnaba Heidegger y que un poeta como Hugo Mujica lleva a una práctica brillante y llena de iluminaciones en Flecha en la niebla, el más intenso, personal y creativo de los ensayos de este magnífico volumen. 

Santos Domínguez

07 junio 2014

Valéry. El cementerio marino


Paul Valéry.
El cementerio marino.
Traducción de Héctor E. Ciocchini
y Héctor Blas González.
Linteo. Orense, 2001.

Ese techo tranquilo que surcan las palomas,
Entre Pinos palpita, entre las tumbas;
¡Mediodía, el justo, recrea allí con fuegos
El mar, el mar, siempre recomenzado!
¡Oh recompensa tras un pensamiento,
Contemplar largamente la calma de los dioses!

Así comienza, en la traducción para Linteo de Héctor E. Ciocchini y Héctor Blas González, El cementerio marino, una cima del simbolismo y de la poesía pura levantada sobre la música y sobre la imagen, esos dos pilares fundamentales de la expresión poética.

Fue al principio sólo una figura rítmica vacía y obsesiva, un molde musical decasilábico en el que Valéry proyecto luego su mundo espiritual a partir de la imagen luminosa del cementerio de Séte colgado sobre el Mediterráneo.

En el paso de la contemplación a la creación, Valéry construyó sobre ese planteamiento un poema de estructura musical, compuesto como una partitura con tema y variaciones según un meditado sistema de correspondencias y contrastes que desarrollan la tensión sostenida entre contrarios: el fondo y la forma, el tiempo y la eternidad, la tierra y el cielo, el viento y el mar, el ser y la nada.

Es la poesía como revelación creadora de sentido, como ese medio de ampliacion del campo de lo posible que aparece en la cita de Píndaro que aparece al frente de esta obra mayor de la poesía del siglo XX.

Con el impulso de la ética de la forma a la que se encomendó siempre Valéry, El cementerio marino hace de la creación poética un medio de expresión de lo inefable, sitúa el texto en una condición distante de la de la prosa y persigue la armonía y el equilibrio entre la sintaxis, el ritmo del verso y las ideas que reivindican su propia voz y desencadenan la imágenes que representan la resonancia interior de un mundo que se hace palabra en el poema.

Libro mediterráneo emparentado tonalmente con la tragedia griega, El cementerio marino exige del lector una actitud de silencio interior para acceder a la obra  de Valéry antes  de dejarse invadir  por la música de un texto que, “al margen de sus comentaristas, es uno de los poemas que como toda verdadera poesía mantiene intacto su secreto,” como explica Héctor E. Ciocchini en su introducción, Valéry, indagador del silencio y el secreto.

Desde su publicación en 1920 esta cumbre de la poesía universal ha generado muchas traducciones al español. La de Jorge Guillén para Revista de Occidente fue la más temprana y la más conocida. A ellas se suma esta que publicó hace años Linteo en una delicada edición que incorpora ilustraciones alusivas a su sentido clásico, que se explica en un apéndice de explicación iconográfica.

Una introducción general a la obra de Valéry y un ensayo de interpretación del texto además del importante despliegue de notas que dilucidan las claves simbólicas del texto son valores añadidos a la magnífica edición de esta oda que podría interpretarse como un exorcismo a la muerte, que se cumple en la última estrofa:

¡El viento se levanta!... ¡Tratemos de vivir!
¡El aire inmenso abre y cierra mi libro.
La ola en polvo osa brotar de entre las rocas!
¡Volad páginas, así, tan deslumbradas!
¡Romped, olas, aguas regocijadas,
Ese techo tranquilo que picoteaban foques.


Santos Domínguez

06 junio 2014

Edmond Jabès. El libro de la hospitalidad


Edmond Jabès.
El libro de la hospitalidad.
Traducción y presentación 
de Sarah Martín.
Minima Trotta. Madrid, 2014.


Me di cuenta, un día, de que algo me importaba por encima de todas las cosas: ¿cómo definirme como extranjero?

Y este fue el objeto del libro que titulé: Un extranjero con, bajo el brazo, un libro de pequeño formato.

Me di cuenta, después, de que, en su vulnerabilidad, el extranjero sólo podía contar con la hospitalidad que le brindase el prójimo. Igual que las palabras se benefician de la hospitalidad de la página en blanco y el pájaro, de la hospitalidad, incondicional, del cielo. 

Y este es el objeto de este libro. 

Pero ¿qué es la hospitalidad?

A delimitar ese concepto, tan complementario de la idea de extranjería que recorre gran parte de su obra y su poética del exilio, dedicó Edmond Jabès los textos de este libro breve, intenso y póstumo que publica Trotta en su colección Minima con una delicada traducción de Sarah Martín, que ha sabido transmitir no solo el tono inconfundible del poeta, sino la sutileza y los matices de sus palabras moribundas y resistentes, como señala en la presentación que ha escrito para presentar en español este Libro de la hospitalidad, que Jabès escribió con la “lucidez del final –escribe la traductora- que atesora, intacto, el secreto.”

-¿Tienes el poder de prolongar la vida? –preguntaba un sabio a otro sabio.
- Tengo el poder de prolongar la esperanza –le respondió este.
La total disponibilidad desemboca en la hospitalidad.

Hace seis años que Sarah Martin publicó en esta misma editorial una estupenda traducción del primero de los cuatro libros de los límites de Jabès, El pequeño libro de la subversión fuera de sospecha, otra interrogación abierta sobre el conocimiento y los límites del lenguaje, un libro que propugnaba la subversión como campo de la verdad, como indoblegable territorio interior de la pregunta y la memoria. 

Allí y aquí, la escritura subversiva y radical de Edmond Jabès levanta siempre su vocación interrogativa –ser es interrogarse, ha escrito- sobre el desierto, el vacío, la página en blanco, el silencio.

Y de esa manera la vida se rebela contra la destrucción, el pensamiento se alza  sobre el abismo y la memoria de la muerte –no hay hospitalidad sin memoria- se enfrenta al olvido:

La vida escribe lo que la muerte ha leído.

Es la palabra tentativa de Jabès, la palabra habitante de la sombra y del laberinto, la palabra sin certezas, que transita en el vértigo con la muerte siempre al fondo:

La muerte está sobre la pregunta como sobre nuestros tejados están los astros.

Santos Domínguez

04 junio 2014

Reivindicación de don Pedro Luis de Gálvez


Francisco Rivas.
Reivindicación de don Pedro Luis de Gálvez 
a través de sus úlceras, sables y sonetos.
Edición de Juan Bonilla.
Zut Ediciones. Málaga, 2014.

Zut Ediciones publica Reivindicación de don Pedro Luis de Gálvez a través de sus úlceras, sables y sonetos, un póstumo de Francisco Rivas (Cuenca, 1953- Ronda, 2008), con edición de Juan Bonilla, que se ha encargado de recuperar el mecanoscrito de esta obra que su autor dio primero por publicada y luego por perdida definitivamente antes de su muerte.

Ni una cosa ni otra eran ciertas. Y afortunadamente ahora esta editorial malagueña puede publicar este amplio y ambicioso volumen que reivindica la figura de quien protagonizó Las máscaras del héroe, que tantas páginas deben a las memorias de Baroja, a Cansinos –que lo llamó ulcerado y bueno- y a algún texto de Gómez de la Serna. De este último se recuerda al comienzo del libro esta frase: Las almas de los sablistas muertos flotan en la Puerta del Sol.

Poeta trasnochado y fecundo en desdichas, sus penurias madrileñas, su vocación frustrada de pintor y actor, su vida errante, sus años de agitador político, su paso por las prisiones, sus postulaciones mendicantes por tabernas y cafés con el cadáver de su hijo muerto transcurren sobre el telón de fondo de una bohemia patética con más sombras que luces.

Corresponsal de guerra en Marruecos, generalísimo del ejército albanés, aeronauta en Barcelona, miembro destacado de la Unión de Sablistas Madrileños, hibernado en la República, revolucionario en la guerra civil, sanguinario cabecilla de bandas criminales en el Madrid asediado, Gálvez formó parte de la bohemia proletaria como Sawa o Dorio de Gádex, de la galería de fantasmas que recorren estas páginas y hablan en este libro organizado en dos partes -La forja de un hampón y Contraluces de bohemia.

No poco de autobiografía especular de Francisco Rivas hay en esta biografía de aquel artista del sablazo y del hambre, de aquel hampón ilustrado, ultraísta y arcaizante a la vez, que inspiró el peor poema de Borges, que lo conoció y lo admiró como autor de algunos de los mejores sonetos del idioma. 

No estaría pensando en este soneto, escrito con torpe oficio sin talento, en el que Gálvez traza su autorretrato:

Seminarista, de Antinoo prendado.
Presidiario en Ocaña. Aventurero.
Nada he tenido ni tampoco espero.
Fui en Alesio y Escútari soldado.

Camino por mi senda, sin codicia:
todas las bocas saben a lo mismo,
todo lugar, cantera de egoísmo,
y en todas partes muda la justicia.

No me desvela el juicio de la gente.
No curo del mañana ni el presente.
Bebo para olvidar... Siempre la garra

de la calumnia al cuello; sin fortuna,
muerta la fe, sin ilusión alguna
y en la mano una bala, como Larra.

Santos Domínguez