18/10/19

Luis de Góngora. Sonetos


Luis de Góngora.
Sonetos.
Edición de Juan Matas Caballero.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2019.

Sobre dos urnas de cristal labradas,
de vidrio en pedestales sostenidas,
llorando está dos ninfas ya sin vidas
el Betis en sus húmidas moradas,

   tanto por su hermosura de él amadas,
que, aunque las demás ninfas doloridas
se muestran, de su tierno fin sentidas,
él, derramando lágrimas cansadas,

   «Almas -les dice-, vuestro vuelo santo
seguir pienso hasta aquesos sacros nidos,
do el bien se goza sin temer contrario,

   que, vista esa belleza y mi gran llanto,
por el cielo seremos convertidos,
en Géminis vosotras, yo en Acuario».

Ese soneto, “En la muerte de dos señoras mozas hermanas, naturales de Córdoba”, es el primero de los que compuso Góngora. Fechado en 1582, abre la monumental edición crítica de los sonetos gongorinos que ha preparado Juan Matas Caballero para Cátedra Letras Hispánicas.

Reunidos en un voluminoso tomo de tamaño superior al habitual en la colección, cada uno de los 212 sonetos que constituyen el corpus total del poeta cordobés en esa forma estrófica va presentado por un prefacio que ilumina su contenido y se completa con notas aclaratorias que facilitan la lectura del texto.

Ordenados cronológicamente, siguen teniendo como referencia fundamental, aunque no única, el manuscrito Chacón, que tiene una enorme autoridad textual porque es copia de un códice anotado y supervisado por Góngora y por tanto “es el único que nos ofrece un corpus de poesía segura de Góngora.” 

Abre el volumen una espléndida introducción de casi cien páginas a las que siguen otras ciento cincuenta de una bibliografía pormenorizada que recoge las fuentes manuscritas de los sonetos, como el manuscrito Chacón, los impresos de los siglos XVI y XVII, las ediciones modernas, los comentarios antiguos y los estudios gongorinos.

En esa introducción Juan Matas Caballero hace un estudio de las peculiaridades de la lengua poética de Góngora (cultismos léxicos y sintácticos, tópicos literarios, alusiones mitológicas y emblemáticas o metáforas) y destaca la importancia de los sonetos como “textos que contienen no pocas claves poéticas y vitales de su autor”, porque “a través de ellos podemos ir descubriendo algunos avatares biográficos del poeta: sus ciudades queridas, sus amigos y mecenas, sus paisajes admirados, su espíritu rebelde y provinciano, sus guerras literarias, su dolor por la muerte de sus amigos, sus problemas económicos, sus esperanzas y desengaños cortesanos.”

Escritos desde 1582 hasta 1624, los sonetos gongorinos resumen casi medio siglo de escritura que refleja la evolución temática y estilística de Góngora a través de una serie de etapas que Matas resume en cuatro ciclos evolutivos, desde el de juventud al de cortesanía poética.

Como explica el editor en su introducción, “la creación poética de Góngora en general, y hasta el propio poeta, se comprende mejor si atendemos a sus sonetos, que ofrecen no pocas claves de su estilo y de su personalidad. Y es que los sonetos se convirtieron para Góngora en una fuente inagotable de la que podía tomar todo tipo de materiales para la construcción de sus grandes poemas. Los sonetos podrían considerarse, desde esta estrecha perspectiva, como un campo de ensayo o experimentación que encontraría su continuidad en otros proyectos literarios de mayor envergadura, como el Polifemo, las Soledades, el Panegírico y la Fábula de Píramo y Tisbe [...] Pero haríamos un flaco favor a la justa valoración de la calidad literaria de los sonetos de Góngora si los analizamos o estudiáramos solo desde la perspectiva de su aportación a sus grandes poemas; de forma muy diferente, conviene examinar y estimar los sonetos gongorinos en sí y por sí mismos, pues ellos solos, de forma individual y colectiva, ofrecen una medida exacta de la elevadísima capacidad poética y calidad literaria de Góngora.”

Porque -concluye Matas- “cada soneto de Góngora es una verdadera obra maestra que supera el pulso que el poeta ha mantenido con la tradición literaria y amplifica los límites de la libertad expresiva e inaugura, una vez superados todos los códigos y modelos poéticos, nuevos caminos y espacios para la creación literaria.”

Un volumen cuyas casi dos mil páginas están destinadas a convertirse en la edición de referencia y de consulta obligada durante décadas de una parte esencial de la poesía gongorina.

Santos Domínguez




16/10/19

La lira de las masas



Martín Rodríguez-Gaona.
La lira de las masas
X Premio Málaga de Ensayo. 
Páginas de Espuma. Madrid, 2019.

«Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros», la frase, atribuida a Cicerón, ha sido citada, irónicamente, en defensa de un hecho (la proliferación de un nuevo tipo de poesía, que logra vender miles de ejemplares) y un derecho (el de la expresión democrática, aunque esta se halle en la periferia de lo artístico). Defreds, el nombre literario de José Ángel Gómez, treintañero, es uno de aquellos poetas: autor de Casi sin querer, libro que, gracias al apoyo de internet y las redes sociales, ha vendido once ediciones y más de treinta mil ejemplares en un año. En una entrevista, en la que dice no estar seguro de considerarse poeta, resume esta situación así: «El mundo funciona de otra manera ahora, si hubiera llevado el manuscrito a una editorial me lo habrían quemado». 

Así comienza la introducción de La lira de las masas, el estudio con el que Martín Rodríguez-Gaona obtuvo el X Premio Málaga de Ensayo.

Lo publica Páginas de Espuma y en su doble subtítulo (Internet y la crisis de la ciudad letrada. Una aproximación a la poesía de los nativos digitales) resume el contenido de un análisis que se fue perfilando como un proceso de obra en marcha a través de artículos, entrevistas y conferencias en las que su autor fue dejando muestras y adelantos a lo largo de dos años.

Con estas palabras resume el autor sus intenciones:

La intención de La lira de las masas. Internet y la crisis de la ciudad letrada es [...] analizar la producción poética contemporánea desde la perspectiva de los nuevos soportes tecnológicos que van condicionando su distribución, forma y discurso. Quien se aproxime a estos autores y las reflexiones que suscitan desde una perspectiva esencialista puede encontrar fáciles excusas para subestimarlos, pero perderá también el dinamismo y la intensidad que caracterizan al campo literario español de un periodo transicional como el actual. 
En otros términos, la poesía de gran parte de los nativos digitales, en comparación con la de sus inmediatos mayores, es eminentemente menos literaria e intelectual, más cotidiana, personal e incluso antiartística, situándose en ocasiones, como ya se ha hecho palpable, en esa sutil y ardua frontera entre lo popular y el populismo.

Con esa perspectiva se acomete un pormenorizado análisis del cambio que ha provocado la era digital en el paradigma de emisión, transmisión y recepción de la poesía, con nuevos criterios y nuevos valores como la autorrepresentación, la oralidad electrónica, el predominio de la imagen sobre la palabra o la autopromoción en las redes sociales de poetas prosumidores más preocupados por la visibilidad y la rentabilidad del producto de su escritura amateur y por su presencia en el mercado de la poesía adolescente que por la calidad del texto.

Adaptando ciertos conceptos clave de Yuri Lotman, sostenemos que en la semiosfera tradicional de la poesía española, hasta mediados de la primera década del siglo XXI, la frontera estaba representada por la institucionalización (los premios y la recepción en la prensa nacional) y su primer filtro era la publicación en papel (las editoriales de prestigio). La irrupción de internet y las nuevas tecnologías, que permiten el surgimiento incontrolado de poetas prosumidores (herederos electrónicos de los neotéricos), amplió exponencialmente ese espacio de signos. Así, la gramática de la poesía escrita y pensada para publicarse en papel, paulatinamente, fue perdiendo sentido desde que la autopromoción en la red supuso una visibilidad y una rentabilidad inéditas.

Defred, Marwan o Elvira Sastre son algunos de los nombres de esa incontrolada eclosión poética. En ellos se ejemplifica ese cambio de paradigma artístico en el que se han visto afectados no sólo la emisión, la distribución y la recepción, los formatos y soportes sino también la forma, los temas y los gustos literarios.

El objeto poético se ha convertido en objeto de espectáculo y se ha pasado de la lectura solitaroa a la lectura pública, de la retórica literaria a la retórica de una identidad digital basada en la autoproyección del poeta como producto, como imagen comercial dirigida a una comunidad virtual de lectores, en un curioso movimiento del yo al nosotros, de la intimidad a la colectividad. Modificaciones de las que ya avisó McLuhan cuando intuía que las nuevas tecnologías electrónicas acabarían modificando la noción de identidad individual y colectiva.

Y en todo ese proceso, Martín Rodríguez-Gaona deja reflejados los rasgos de un fenómeno que está más en el ámbito de lo comercial que de lo literario y que evidencia también paradojas y contradicciones como su oscilación entre lo virtual y lo presencial, entre lo individual y lo colectivo, entre la escritura y la oralidad, entre el estar y el ser, entre la sentimentalidad y el gregarismo.

Porque “se ha perdido la autonomía de lo poético (asociada convencionalmente al texto impreso), pero no por una propuesta artística, sino por una modificación radical de los modos de producción (y los efectos que estos cambios establecen en la sensibilidad y los intereses de autores y lectores). Y, quizá como el rasgo decisivo, el vivir externamente, de cara a lo público, que es lo que han normalizado internet y las redes sociales supone, para el siglo XXI, nada más y nada menos, que el equivalente y el reverso de lo que significó el descubrimiento del inconsciente a finales del XIX.”

Y puesto que de lo que se trata en el fondo es de lograr una posición de visibilidad o de dominio en ese espacio, inevitablemente se producen codazos, colisiones y maniobras para lograr ese lugar relevante en las redes, en las lecturas en bares o en las sesiones de poesía colectiva.

Y en ese terreno este ensayo incorpora también una análisis de estrategias comerciales, que quizá aporten las claves de todo este panorama:

La pugna abierta entre distintos grupos de poetas nativos digitales, que ha sido viva en las redes sociales, supone un enfrentamiento entre propuestas enfocadas al desarrollo de una poesía escrita para el libro y otra escrita para la lectura o representación pública (sea en vivo o en vídeo). Es decir, la confrontación entre una práctica tradicional de lectura (solitaria y silenciosa) y otra con primacía de lo social (con interacciones virtuales y masivas). Es decir, una manifestación del antagonismo entre la cultura de la escribalidad y la de la electronalidad (oralidad electrónica).[...] Aaunque muchas de las estrategias e incluso ciertos rasgos de sensibilidad sean compartidos, los propósitos de sus propuestas parecen antagónicos. El primer grupo de autores, asumiendo una tradición literaria, es más ambicioso y complejo en sus proyectos, anhelando tanto cierta originalidad como el perdurar (de estos, los que más visibilidad han alcanzado son los vinculados a Luna Miguel y su comunidad «Tenían veinte años y estaban locos», o a una editorial como La Bella Varsovia de Elena Medel). Los segundos, apostando por la empatía popular y el antiintelectualismo, buscan fundamentalmente la emotividad y, a través de esta, ser asimilados con mayor facilidad y de manera inmediata, aceptando ser efímeros (los autores youtubers practicantes de lo que denominamos poesía pop tardoadolescente). En realidad, ambos grupos comparten un decidido afán publicitario, centrado en cuestiones de representatividad generacional y de género, pero la diferencia está en el distinto trasfondo literario que sustenta sus proyectos. 
Lo conflictivo del asunto es que esta nueva poesía popular para el entorno digital (la poesía pop tardoadolescente), al ser también impresa, reclama para sí dos valoraciones contrapuestas: el reconocerse como producto (objeto de una especulación mercantil, sea como libro de autoayuda, souvenir o amuleto) y, a su vez, como obras con estatus artístico o literario (propuestas y libros que, asumiendo lo popular como un efecto o tono, alcancen un determinado nivel de calidad). Esto lleva a que, en la práctica, ambas propuestas, en su afán por tornarse canónicas, compartan y luchen un mismo espacio simbólico: el de la poesía joven de inicios del siglo XXI. 


Santos Domínguez

14/10/19

El diccionario del diablo


Ambrose Bierce.
El diccionario del diablo. 
Traducción de Vicente Campos
Ilustraciones de Alberto Montt.
Sexto Piso. Madrid, 2019.

Tristeza, s. Estado mental producido por un juglar, la columna graciosa de un periódico, la esperanza en el cielo y un diccionario del diablo.

Esa es una de las entradas de El diccionario del diablo, de Ambrose Bierce, una de las obras más corrosivas de la historia de la literatura que publica Sexto Piso, con traducción de Vicente Campos e ilustraciones de Alberto Montt, que ha preparado una ilustración para cada letra.

Esta edición ilustrada ofrece una selección de las mejores entradas que el cáustico Bierce empezó a publicar en el San Francisco News Letter en 1869 como definiciones procedentes de un supuesto Diccionario completo de los estúpidos, las retomó en un semanario desde 1881 con nuevas entregas que siguieron apareciendo con mucha irregularidad, hasta que en 1906 se editaron por primera vez en forma de libro como Vocabulario del cínico.

En 1911 toma ya su forma definitiva en la edición de sus obras completas, presentado por un “Sardónico prefacio al Diccionario del diablo”, donde Bierce afirma que “espera que le tengan por inocente aquellos a los que dirige la obra: almas ilustradas que prefieren los vinos secos a los dulces, el sentido al sentimiento, el ingenio al humor y un inglés pulido a la jerga.”

El humor corrosivo, sombrío a veces, el ingenio satírico contra la hipocresía y las convenciones, la critica a la condición humana son la forma de protestar de un Bierce que manifiesta su misantropía y su escepticismo en definiciones como estas:

Acusador, adj. Antiguo amigo; en concreto, la persona a quien le hemos hecho un favor. 

Año, s. Periodo de 365 decepciones.

Felicidad, s. Agradable sensación producida al contemplar la desdicha ajena.

Futuro, s. Periodo de tiempo en el que nos van bien las cosas, nuestros amigos son sinceros y nuestra felicidad está asegurada.

Pasado, s. El pasado es la región del llanto; el futuro, el reino de la canción.

Presente, s. Parte de la eternidad que separa los dominios de la desilusión del reino de la esperanza.

Caben también en el Diccionario del diablo locuciones como esta:

Sin amigos, loc. Que no tiene que hacer favores. Carente de fortuna. Adicto a decir la verdad y a hablar con sentido común.

Santos Domínguez

11/10/19

Hoguera y abanico


Ernesto Hernández Busto.
Hoguera y abanico.
Versiones de Bashō.
Pre-Textos. Valencia, 2019.


“Mi arte es como hoguera en verano y abanico en invierno”, escribía en una carta a uno de sus discípulos el poeta japonés Matsuo Bashō (1644-1694). 

Y de esa declaración surge el título de la espléndida selección de su poesía que ha preparado y traducido el poeta cubano Ernesto Hernández Busto en el volumen Hoguera y abanico que publica Pre-Textos. 

Versiones de Bashō es el subtítulo de esta colección de poemas, precedida de un prólogo -Para llegar a Bashō- en el que Hernández Busto recorre la vida y la obra del poeta y las variedades poéticas de la literatura japonesa, especialmente del haiku y del renga. 

Este volumen ofrece la más amplia antología en español de la obra de Bashō, casi trescientos haikus y tres rengas comentados, el brillante resultado de cuatro años de trabajo de elaboración de la traducción y los comentarios que iluminan los versos de un poeta del que Hernández Busto destaca “la habilidad de Bashō con las palabras y su relación con la tradición previa. Tenía un dominio sorprendente del idioma, fue un corrector obsesivo y jamás disoció el refinamiento verbal del logro poético en cualquiera de los ideales que persiguió a lo largo de su vida.” 

Día indeciso: 
¿llega la primavera 
o se va el año? 

Ese haiku es el más antiguo de los poemas de Bashō. Lo compuso el 7 de febrero de 1663 y con él se abre esta amplísima antología. Este es el último, que según la tradición dictó el poeta convaleciente a Donshū, en presencia de sus discípulos, cuatro días antes de su muerte: 

De viaje, enfermo, 
vagan todos mis sueños 
por los eriales. 

Pero, explica el traductor en una nota a pie de página, “conocido sobre todo por sus haikus, la «médula» artística del más célebre de los poetas japoneses se manifestó, según consenso general de los críticos nipones –y según la propia opinión de Bashō–, en el renga o «poema colectivo». Se incluyen aquí tres ejemplos de este tipo de composición (poemas enlazados de 36 versos, llamados kasen), en los que Bashō participó junto a varios amigos y discípulos.” 

De esos rengas estaba especialmente orgulloso Bashō, que confesó que “muchos de mis discípulos pueden escribir hokku tan bien como yo. Donde muestro realmente mi esencia es en el renga.”  

Así comienza Luna de estío, uno de los rengas de esta selección:

Sobre el poblado
brilla, llena de olores:
luna de estío

La intuición del instante, eternizado por encima del tiempo en unos versos intemporales, la mirada espiritual a la naturaleza, el paisaje como proyección de los estados de ánimo, la concentración expresiva, la sugerencia sutil, la leve melancolía hacen de estos haikus una de las manifestaciones más estilizadas de la poesía universal.

Poco importa ante estos textos saber que Basho vivió en el XVII, porque parece un contemporáneo en su ironía autocrítica o en la contemplación de la naturaleza. Más allá del artificio poético, lo importante, lo que queda para siempre de estos haikus es la hondura lírica de su expresión ligera, la soledad en la percepción aguda del mundo, que en ellos se sigue oyendo el ladrido de un perro en la noche lluviosa y el ruiseñor sigue cantando en un sauce dormido en una fiesta en la que se unen los sentimientos y las sensaciones para crear una poesía imperecedera.

Matsuo Bashō es el poeta japonés más traducido al español. Y en esta antología se resume su mundo vital y literario: la niebla del sueño y un jardín abandonado, la primera nieve sobre las hojas del narciso y el rocío sobre el trébol, la luna sobre las ramas con gotas de lluvia, la fragancia de un árbol desconocido en flor, los pájaros que vuelan hacia islas remotas sobre la bruma del otoño, la naturaleza agitada a veces por las tormentas o los tifones, el viento que se esconde entre los bambúes, el canto de cuclillo al amanecer y la luna brillando sobre los cerezos.

O esta abarcadora sinestesia en la que el relámpago encadena la sombra y el grito de una garza:
Como un relámpago
el grito de una garza
Cruza las sombras.

Bashō concibió la escritura no sólo como un reflejo de la experiencia, sino como un intenso ejercicio espiritual enmarcado en la práctica meditativa del budismo zen y apoyado en una mirada interior que busca el sentido de las cosas y asume su sinsentido. Y el resultado es una poesía que habla de la vida y lee en el paisaje los presagios de la muerte con la mirada errante de un flâneur premoderno y oriental, de un viajero que se autodefine como “el que viaja sin dirección.”

Con estas palabras resume Ernesto Hernández Busto su trabajo como antólogo y traductor:

“En cierto momento, me atreví a hacer mis propias versiones japonesas [...] La idea fue siempre que esas versiones funcionaran como poemas en español, que el resultado final siguiera siendo poesía. Por esa razón, he preferido conectarme con la tradición de poetas que traducen a poetas: por mucho que algunas versiones de Octavio Paz, Jose Emilio Pacheco, Robert Hass, Paulo Leminski, Augusto de Campos, Cid Corman, Gary Snyder, Sam Hamill o David Young nos parezcan imprecisas o incompletas, siempre hay siempre en ellas algo de fulgor, de tensión verbal. 

Mi proyecto me obligaba, por supuesto, a escoger cuidadosamente los poemas a traducir. No todos los poemas, ni siquiera todos los buenos poemas de Bashō, admiten una traducción que preserve aunque sea parcialmente su encanto poético. Así que el primer reto fue establecer un corpus lo bastante abundante para ser representativo, y lo bastante acotado para que el trabajo de las versiones conservara la calidad poética indispensable y no traicionara las complejidades del original. He leído varias veces la obra completa de Bashō, y aún hoy tengo dudas sobre mi selección. Pero el resultado de estos cuatro años de trabajo obsesivo ya es, al menos, su antología más amplia en nuestra lengua, sin renunciar a criterios formales inseparables del género.”

Santos Domínguez


9/10/19

Lichtenberg. Cuadernos IV


Georg Christoph Lichtenberg.
Cuadernos. 
Volumen IV.
Traducción de Carlos Fortea.
Hermida Editores. Madrid, 2019.

Con una lista de ‘Libros que hay que comprar o leer’ abría Lichtenberg el Cuaderno J, que recoge sus anotaciones entre 1789 y 1793 y que ocupa el cuarto volumen que publica Hermida Editores de sus cuadernos con traducción de Carlos Fortea.

Esa anotación del 1 de enero del año de la Revolución Francesa incluía una relación de títulos muy diversos: libros de costumbres y tablas de logaritmos, astronomía y poesía universal, metafísica y gramática latina, física y mitología. Con esa lista se evidencia la amplitud de intereses intelectuales de Lichtenberg, uno de los nombres más relevantes de la cultura alemana, la insaciable curiosidad de su mirada al mundo y su tamaño como intelectual ilustrado.

Asistemático y fragmentario, el pensamiento disperso de Lichtenberg es el resultado de su talante intelectual, volcado en los amplios intereses en los que proyectó su inacabable curiosidad, que le permitía pasar con naturalidad de los experimentos físicos y el valor del dato comprobable a las divagaciones imaginativas, entre el asombro y el escepticismo, entre la comprensión compasiva y la crítica sarcástica. Y por eso cada una de sus páginas es una invitación a la reflexión crítica ante la naturaleza, las palabras o los comportamientos humanos. 

Su racionalidad y su lucidez polígrafa enfocaron todos los aspectos de la realidad, con una punzante agudeza de la que saltan chispazos intuitivos y esas luminosas esquirlas que Juan Villoro admiró en un Lichtenberg al que definió como “reportero de la inteligencia”.

Practicó el arte de no terminar nada, como señaló Enrique Vila-Matas en un texto que reivindicaba a Lichtenberg como cofundador junto a Sterne de la risa contemporánea. 

Mucho antes que Vila-Matas lo elogiaron Goethe, Nietzsche, Mann o Canetti, que resumió así su obra: “Que Lichtenberg no quiera redondear nada, que no quiera terminar nada es su felicidad y la nuestra; por eso ha escrito el libro más rico de la literatura universal.”

La profundidad de su ironía crítica, la lucidez afilada de su inteligencia, el escepticismo de su visión recorren las abundantes y enjundiosas páginas de este nuevo volumen en el que junto con reflexiones hondas aparecen otras anotaciones triviales, como esta del 2 de enero, con el pequeño dato personal, el detalle insignificante que Lichtenberg apuntaba en sus cuadernos como reflejo de su existencia diaria:

El 2 de enero aún me dura la tos, y la punta de la nariz me duele mucho cuando la aprieto, sin que me dé cuenta de que la causa es algún germen finlandés.

Y de la misma manera, conviven en estas anotaciones la reflexión sobre temas altos y hondos -la religión y la razón, la violencia y la libertad, el sexo y el arte, la historia y la crítica filosófica, el azar y la necesidad, la literatura, el conocimiento científico o la Revolución Francesa- apuntes sobre los vinos del Rhin y el Mosela, el ajedrez o los asados:

Tolero los libros quemados, pero ¡los asados quemados!

Y con mucha frecuencia, la manifestación de un Lichtenberg tan agudo y sarcástico como el de estas notas:

En Inglaterra, en un club político femenino, quedó establecido que en los casos importantes, además de la presidenta, solo dos personas podían hablar al mismo tiempo.

Su orejuda excelencia ha oído bien.

Había aprendido a jugar con unas cuantas cositas de metafísica.

Con la edición de este nuevo volumen, Hermida Editores sigue completando uno de los proyectos más ambiciosos de su espléndido catálogo: la publicación, íntegra por primera vez en castellano, de cinco tomos con los Cuadernos de Lichtenberg a partir de la edición original alemana.

Santos Domínguez

7/10/19

Ferlosio. Glosas castellanas y otros ensayos



Rafael Sánchez Ferlosio.
Glosas castellanas y otros ensayos (diversiones).
Universidad de Alcalá. Fondo de Cultura Económica. 
Madrid, 2005.

Glosas castellanas, El castellano y la Constitución, Barroco y Lenguajes son los cuatro ensayos ferlosianos en torno a la lengua que el Fondo de Cultura Económica y la Universidad de Alcalá reunieron en el volumen Glosas castellanas y otros ensayos (diversiones) en la Biblioteca Premios Cervantes.

Cuatro ensayos desarrollados con una actitud que reveló el propio Ferlosio cuando los agrupó en el misceláneo El alma y la vergüenza, del año 2000, en un apartado titulado Diversiones.

El primero, Glosas castellanas, es una de las obras de las que Ferlosio decía sentirse más satisfecho. Tiene como origen la réplica a un artículo de Lázaro Carreter y entre la gramática y la narratología y con la Teoría del lenguaje de Bühler al fondo, revela la pasión gramatical del autor en torno a tres centros de interés: el verbo traspunte, los adverbiales tristes y los compuestos nominales de verbo+complemento directo.

Los verbos blancos, la unidad textual, la deixis en phantasma, la anáfora y la analogía, la metonimia o los topónimos son objeto del genio analítico de Ferlosio, de su capacidad de observación, de relación y de reflexión.

Sobre los motivos y el sentido de El castellano y la Constitución, escribía el autor en el primer párrafo del ensayo:

Hace veinte años me había propuesto no decir ya ni mu sobre asunto de lenguaje, no por otra cosa, tras millares de noches y cientos de cuadernos, que por mi salud mental. Pero, como todavía hay personas que siguen llamándose a agravio por el primer párrafo del artículo tercero de la Constitución […] me veo empujado a hacer una excepción y “cantar la mía” —como decían en el Tartarín de Tarascón— sobre el asunto.

Cuatro ensayos que muestran a un Ferlosio lúcido y apasionado, lúdico y polémico, consciente siempre de la importancia de los mecanismos que articulan el lenguaje y la mirada a la realidad.

Santos Domínguez

4/10/19

Pedro Luis Menéndez. La vida menguante


Pedro Luis Menéndez. 
La vida menguante.
Trea Poesía.  Gijón, 2019.

Regreso a las palabras con el alma tan rota 
que los espejos llenan cada rincón del duelo, 
rompiéndose en pedazos, partiendo la esperanza 
en esquinitas mudas que hieren sin reposo 
estas horas malditas.

Porque ya no hay más viaje que el retorno al vacío.

A esta triste y confusa ceremonia de amarte, 
tan inútil y enferma como los besos agrios 
de una canción perdida.

Y las canciones mienten. 
Y los poemas sobran.

Con ese poema cierra Pedro Luis Menéndez La vida menguante, un espléndido libro que publica Trea Poesía.

Es el remate de un intenso itinerario sentimental por una pasión amorosa crepuscular, por la intimidad del vacío y las pérdidas. 

El otoño y la noche, la amenaza del tiempo y la fragilidad de la vida, el desamor y la separación o las noches de insomnio marcan la atmósfera temática de estos poemas en los que las palabras encauzan la emoción y una serena línea melódica somete a la tristeza y las derrotas a una envidiable contención expresiva.

Un itinerario sentimental que se articula en las tres partes del libro, que responden a distintas tonalidades emocionales: El camino, con su noche solitaria y silenciosa que no amanece (Mi historia son recuerdos de noches sin sosiego. /¿Quién poblará las luces que aún me sobreviven?/ Las ciudades no duermen. / Eternas condenadas a desvelar las sombras./ ¡Qué frío si amanece!); Ariadna, con el amor como brújula, como método de orientación en el laberinto de la existencia (Los herejes sabemos que alguna vez la vida / va y merece la pena. / Aunque dure un instante la eternidad es cierta) y en la secuencia de encuentros y separaciones que tienen como sombrío telón de fondo la distancia y los años que pesan sobre los amantes:

Mañana vuelvo al norte. Cruzaré la frontera 
y lloraré despacio el hueco de tus besos. 

Dos semanas. Tu cama guardará mi recuerdo.

Finalmente, en la tercera parte, Al otro lado de la desolación, la última de las tres partes en las que se organiza el libro, se imponen la soledad y la amargura, la ceniza del olvido y las sombras del recuerdo, la ausencia y el silencio. Quizá sean los de esa tercera parte los poemas de más intenso voltaje verbal y emocional, con versos como estos:

No puedo con la noche que me aplasta sin tregua, 
tan segundo a segundo, tan ausencia y silencio.

Y ya no estás.

Y en esta noche exacta de infierno sin memoria,
no  me quedan ya fuerzas para soñar contigo.

Es el mismo infierno, el mismo invierno al que regresa este otro poema:

Y regreso al infierno de las noches malditas, 
al espacio profundo en que mi alma muerta
se tortura en lo inútil de las palabras mudas,
al espigón del odio, 
          al cansancio, 
                                             al vacío.

En todas mis ventanas el luto se condensa 
en el dolor que vuelve,
irrefrenable,
frío.

Y regreso al invierno de las noches sin ti.


Santos Domínguez

2/10/19

Eloy Tizón. Herido leve


Eloy Tizón. 
Herido leve.
Treinta años de memoria lectora.
Páginas de Espuma. Madrid, 2019.

“Durante el tiempo que duraba la lectura, desaparecían tus inseguridades, temores, fantasmas, traumas y complejos. ¿Cómo decirlo? Leer te graduaba la vista mejor que las gafas. Mientras leías, dejabas de estar ciego. La vida relatada te parecía preferible a la vida sin relatar, como el reflejo de un castillo duplicado en el lago es a veces superior al castillo real. Descubriste que la literatura era un cataclismo llevadero. Y estaba siempre a mano. Gracias a ella pasaste de ser un herido grave a ser un herido leve”, escribe Eloy Tizón en el capítulo inicial de Herido leve, el volumen que publica Páginas de Espuma y en el que reúne, como explica el subtítulo, treinta años de memoria lectora.

“Libros, libros, más libros -añade Tizón -. Diamante corta diamante. Ahí empezó una nueva sacudida que lo trastocaría todo, que lo despeinaría todo, que pondría tu vida patas arriba, hasta hoy: la literatura en el centro y todo lo demás orbitando a su alrededor.”

Hay en estas páginas, además de una incursión en las claves formativas del lector que incorpora la literatura a la vida, “una meditación sobre el sentido del tiempo y la memoria lectora, tanto individual como colectiva, afectadas por todo tipo de vaivenes, tensiones y caprichos, con conclusiones a veces exaltantes y a veces melancólicas. De todo hay.”

Porque “los libros se acaban, pero no se agotan. La narrativa es, como el bosque de Macbeth, una materia sumamente movediza. Cambia de suelo. No permanece estable durante mucho tiempo.”

Herido leve tiene su origen en antiguas colaboraciones de Eloy Tizón en prensa, sometidas ahora a un proceso de cribado y reelaboración antes de integrarse en este volumen. Organizados en una estructura vertebral que las agrupa en ocho series, ocho constelaciones temáticas (los deslumbramientos del lector adolescente, la familia, el viaje, la narrativa rusa, la narrativa en lengua española...) que conectan unos libros con otros, el resultado es un centenar largo de capítulos, entre los que se incorporan algunos inéditos, aunque, como señala Eloy Tizón, “la mayoría de estos ensayos, me parece, sonarán nuevos a los oídos lectores. En su forma actual, pueden considerarse inéditos.” 

Desde la evocación de la lectura epifánica de Cien años de soledad a los dieciséis años, durante un verano en la sierra de Madrid, todo es aquí deslumbramiento y elogio de la literatura y la ficción, porque “todos somos ficciones. Lo que nos constituye como seres humanos es, básicamente, un relato. [...] Somos relatos en medio de otros relatos. Nos relacionamos con historias y por medio de historias.”

Y así se suceden en estas páginas el magisterio de Juan Eduardo Zúñiga y las miniaturas precursoras de Felisberto Hernández, la imagen de un Kafka que escribía “para detener el llanto”; otra evocación estacional: la de un invierno releyendo a Onetti hasta confundirse entre sus personajes; el latido mágico del tiempo y de la vida en los cuentos de Nabokov; la condición adolescente de Rayuela y su libertad indecisa; El arte de la ficción de David Lodge,”un libro cordial y seductor”; el sacerdocio literario de Flaubert, que “escribió en contra de sí mismo”; el elogio del detalle individual en Schwob; los paralelismos entre La montaña mágica y El desierto de los tártaros, Esperando a Godot y los personajes de los cuadros de Hopper; las portadas de Daniel Gil para Alianza Editorial y la literatura oriental de Murasaki Shikibu, Mishima o Kazuo Ishiguro; la mirada transeúnte de Alfred Döblin; la combinación de método y locura en El escarabajo de oro de Poe; el Quijote que es a la vez “la primera novela moderna” y “la novela que cancela por anticipado todas las demás novelas”; la metamorfosis del cuento actual o los corredores secretos que comunican ficción y realidad en la narrativa de Monterroso...

A partir de autores como esos, Tizón señala que “los grandes creadores obran en nosotros, parafraseando la hermosa expresión del poeta Paul Celan, un cambio de aliento. Una respiración nueva. Llamamos leer a esa modificación.”

Santos Domínguez

30/9/19

Diez rupias



Saadat Hasan Manto.
Diez rupias.
Selección, traducción del urdu y prólogo
de Rocío Moriones Alonso.
Nórdica. Madrid, 2019.


“En el nombre de Dios compasivo y misericordioso. Aquí yace Saadat Hasan Manto, y con él yacen enterrados todos los secretos y los misterios del arte del relato breve. Reposa bajo toneladas de tierra, preguntándose aún quién de los dos es el mejor escritor de relatos, Dios o él.”

Ese es el epitafio que el narrador Saadat Hasan Manto (Punjab,1912-Lahore, 1955), al que Salman Rushdie reconocía como “el maestro indiscutible del relato moderno de la India”, escribió para sí mismo un año antes de su muerte por cirrosis.

Lo recuerda Rocío Moriones Alonso en el prólogo -Manto: Más allá de la literatura india en lengua inglesa- que ha escrito para presentar los dieciocho relatos que ha seleccionado y traducido para la edición de Diez rupias, que publica Nórdica Libros.

Rocío Moriones, que ya había publicado otra selección de relatos de Manto hace siete años, explica en ese iluminador prólogo la problemática trayectoria vital y literaria del autor y las difíciles circunstancias sociohistóricas y culturales en las que escribió su amplia obra narrativa, formada por un total de doscientos cuarenta relatos y alguna novela.

En ese prólogo destaca la traductora la importancia de Manto como “uno de los pocos escritores indios que, a pesar de los prejuicios existentes, han conseguido hacerse un hueco en el panorama editorial occidental.

Tanto la calidad de su obra, escrita en urdu y desarrollada fundamentalmente en el campo del relato, como su carácter de cronista de los sucesos más dolorosos de la historia india de la primera mitad del siglo XX hacen de él uno de los escritores indios más representativos de ese siglo.”

Guionista de cine y de radio, además de narrador, la independencia y la rebeldía son los rasgos fundamentales de su obra y su escritura, cronista de su época y crítico de la injusticia social, Manto se instaló en Pakistán, donde pasó sus últimos seis años de vida, marcados por la autodestrucción y el alcoholismo, y reflejó en sus relatos de ambiente urbano las tensiones entre musulmanes e hindúes que están en el origen de la partición de la India poscolonial.

Esa partición religiosa que separó Pakistán de la India marcó un antes y un después en la historia de la India también partió en dos la biografía y la obra de Manto y constituye la clave fundamental del universo narrativo y moral de un escritor deslumbrante formado en gran medida en la lectura de los clásicos de la narrativa europea del siglo XIX, con Maupassant a la cabeza, a los que tradujo y de los que aprendió los fundamentos técnicos del relato breve, que combinó con una creciente influencia de la técnica cinematográfica.

Este volumen ofrece una selección de relatos representativos de su temática características: la sexualidad, la prostitución y la infancia, la situación de la mujer -en cuentos como El salvar negro, Tras el juncal o el que da título al volumen-, y sobre todo los conflictos políticos que reflejó en relatos como La nueva ley, Sucedió en 1919 o El último saludo.

Obsceno, irónico e irreverente, revolucionario o reaccionario, polémico siempre, provocador y disoluto, alcohólico y pobre, Manto vio marcada su vida y su obra por las contradicciones y las tensiones de la India y los conflictos religiosos y sociales que sufrió en primera persona.

Pero además de un testigo incómodo, Manto fue un maestro de la descripción y las técnicas elusivas: de la elipsis narrativa y de los finales abiertos; construyó sus relatos desde dentro hacia fuera, con una mirada que arranca del mundo interior del personaje o ahonda introspectivamente en su carácter, y combinó con equilibrio la narración y el diálogo, el monólogo interior y las voces del narrador y de los personajes con una agilidad narrativa y una tonalidad que recuerda con frecuencia a Chejov.

Es la cuarta vez que se traduce al español una obra del urdu, la lengua oficial de Pakistán, al español. En las otras ocasiones, la misma traductora, Rocío Moriones Alonso, hizo una labor tan impecable como la que ofreció en Atalanta: una brillante e inolvidable versión de Aroma de alcanfor, de Naiyer Masud.

Santos Domínguez



27/9/19

Recaredo Veredas. Esa franja de luz


Recaredo Veredas.
Esa franja de luz. 
Bartebly Editores. Madrid, 2019.


Los muertos juegan con nosotros como tahúres con su baraja. 
Nuestro deseo es su disfraz: si alzáramos sus ropas hallaríamos una escalera con peldaños de aire, abierta al vacío.

Ese es uno de los poemas centrales con los que construye Recaredo Veredas Esa franja de luz, que publica Bartebly Editores. Este es el que le sigue:

El pasado habla en los oídos de los locos. Su fortuna la comparten los niños y quienes aún adoran al sol cada tarde. 
Nosotros les vigilamos con obsesión y torpeza, encerrando a quien expresa su dominio. 
Dejemos que hablen, conozcamos su sigilo y el extraño código de sus gritos.

Con esos dos ejemplos puede el lector hacerse una idea del tono de estos poemas visionarios en los que se conjuntan lo profético y lo descriptivo con un cuidado equilibrio entre la emoción y la meditación existencial. Porque los textos de Esa franja de luz se mueven en un territorio de frontera entre lo real y lo soñado, entre lo cotidiano y lo misterioso con un enfoque que indaga en las revelaciones y se adentra en la exploración de una dimensión más honda de la realidad: la que surge de las intuiciones y las imágenes que recorren el libro.

Imágenes que nacen de una mirada profunda y serena que extrae nuevos matices de la descripción y las reflexiones sobre el dolor y el miedo, el deseo y la renuncia, el asombro y el olvido, la soledad y el vacío:

Si la soledad te obliga evita los abrazos y la nostalgia. Sólo vuelve quien ha perdido.


Santos Domínguez

25/9/19

Onetti. Cuentos completos


Juan Carlos Onetti.
Cuentos completos.
Debolsillo. Barcelona, 2019.


Cuando se cumple un cuarto de siglo de su desaparición, es un buen momento para volver a los relatos de Onetti, uno de los maestros reconocidos del género en lengua española, en la asequible edición de sus Cuentos completos que publica Debolsillo. 

Entre el primero de estos cuentos -Avenida de Mayo-Diagonal Norte-Avenida de Mayo- que apareció el 1 de enero de 1933 y los dos últimos -Ella y La araucaria-, escritos en 1993, transcurrieron seis décadas de escritura. Sesenta años en los que Onetti fue levantando con su narrativa fundacional un universo literario en el que las novelas y los cuentos forman un todo coherente desde el punto de vista formal, en su articulación temática, en la libertad en el uso del tiempo, en las elipsis y las omisiones o en la presencia común de personajes, ambientes y actitudes resumidas en palabras, gestos y comportamientos que resumen la estética del fracaso y la resignación ante la derrota. 

Con el telón de fondo de sus paisajes desolados y sus ambientes sórdidos, los cuentos de Onetti bucean en el secreto de la conciencia y la memoria y dibujan un mundo inconfundible, opaco y ambiguo, cerrado y asfixiante, habitado por la soledad y la culpa, la crueldad y la ternura, el fracaso y la incomunicación, la tristeza y la desolación, el deseo y la problemática complejidad de la relaciones amorosas. 

Como las novelas, sus cuentos viven en la frontera difusa del mundo real y la ficción, una frontera en la que la imaginación se convierte en alternativa a la realidad a través de unos personajes de perfiles borrosos y comportamientos complejos.

Es una nueva oportunidad de releer obras maestras del género: El infierno tan temido, La novia robada, Bienvenido, Bob, Esbjer en la costa, Mascarada, La casa en la arena, Regreso al sur o Un sueño realizado. 

En anexo, cuatro textos agrupados bajo el rótulo Cuentos inéditos y fragmentos, entre ellos El último viernes, un cuento inédito que aparece junto con  esas obras maestras de un género en el que Onetti estuvo a la misma altura, por lo menos, de sus mejores novelas.

Santos Domínguez



23/9/19

Mario Campaña. Linaje de malditos



Mario Campaña.
Linaje de malditos.
De Sade a Leopoldo María Panero.
Paso de Barca. Barcelona, 2014.

De Sade a Leopoldo María Panero es el subtítulo de Linaje de malditos, el volumen en el que Mario Campaña reúne diez ensayos que apuntan a un mismo centro: el malditismo literario.

Poe, Baudelaire, Lautréamont, Rimbaud, Artaud, Burroughs, Bukowski y Jim Morrison son los otros nombres objeto de estudio de este volumen, que se abre con una espléndida introducción -La rebelión del mal- en la que Mario Campaña explica su propósito a la hora de ofrecer “una relación de formas de resistencia que en el último siglo y medio alcanzó una confusa celebridad.” 

Formas de resistencia que se resumen en la calificación de malditos en torno a los que Mario Campaña expone “el material biográfico y crítico que he sido capaz de acopiar sobre algunos de los autores que han dado forma a esta leyenda: una parte de nuestro mundo y de nuestra cultura, gente que directa o indirectamente influyen en la construcción de la sensibilidad moderna. Expuestas de modo legendario, sus vidas han servido de modelo ético a las generaciones que pretendieron evitar las fórmulas de sus mayores, aceptadas más con desprecio que con resignación. Son vidas que no pertenecen al pasado sino al presente porque formularon respuestas originales, audaces y contradictorias hasta la retractación, como los casos de Rimbaud y Lautréamont, a una de las preguntas más vagas y perseverantes que afrontamos todos: ¿cómo debe conducir su vida una persona para alcanzar sus metas, satisfacer sus deseos y no acabar en el envilecimiento, la amargura o la miseria?” 

Y con ese planteamiento inicial, Mario Campaña aborda la lección de moral de Sade, los sueños en lechos de fuego de Poe, la hora cero de Baudelaire o el ataque a la conciencia de Lautréamont; se acerca a la figura de Rimbaud y al desarreglo razonado de los sentidos, a la ira de Artaud en el tiempo del mal, a la vida y la obra de Burroughs el exterminador, a la sinfonía del triunfo en Bukowski o a Jim Morrison como un espía en la casa del amor, antes de cerrar el último capítulo en torno a la vida imposible de Leopoldo María Panero.

Mario Campaña, que ya dio muestras de su capacidad y rigor como ensayista en Baudelaire. Juego sin triunfos, vuelve a combinar aquí con brillantez el seguimiento biográfico y el análisis de las claves literarias esenciales de estos autores, con el apoyo de un sólido aparato crítico evidenciado en las notas y en la bibliografía final.

En este párrafo se podría resumir su mirada a los malditos que estudia en este libro:

Conservar la vida menoscabada o arriesgar la vida para salvarla, he ahí el dilema al que los artistas malditos han dado siempre una respuesta que los emparenta con los fundadores de la estirpe: vivir la plenitud, ser como dioses. Eligieron la caída y eligiéndola contribuyeron al ensanchamiento de nuestro espacio moral. Acaso esa es nuestra deuda. Porque de ese modo el poeta es verdaderamente un ladrón de fuego.”

Santos Domínguez


20/9/19

Teresa Langle de Paz. El vuelo de la tortuga


 Teresa Langle de Paz.
 El vuelo de la tortuga (génesis)
El sastre de Apollinaire. Madrid, 2019.

Coser laberintos es posible. Mejor desmadejar una pradera hasta que su hilo infinito recorra nuestra sonrisa y la haga eterna. Podría seguir y seguir como si un vómito urdiera aquello que lame vuestras pestañas. Podría escribir sin parar a rascarme la nuca. Tengo un lenguaje detenido. 

Desde ese comienzo del Exordio hasta el final de la Consumación -(Des)escribir. Volar el fin. De nuevo.- los poemas en prosa de El vuelo de la tortuga (génesis) de Teresa Langle de Paz que publica El sastre de Apollinaire revelan una intensa vivencia de la palabra, alimentada no sólo con la emoción del deseo y el temblor del sueño, sino con una concepción de la escritura como indagación en el fondo de la identidad, como extensión de la mirada hacia un mundo perturbador y compartido en el que "ser uno y estar en todos, existir a través del resto."

Porque en estos textos la creación se convierte en desobediencia frente a la resignación y se pone al servicio de la búsqueda del sentido y de la luz: "Yo pretendo un lenguaje que arranque de cuajo el susurro benévolo de las cosas y las rescate. Un campo magnético que se rinda a la interacción de los átomos. A las partículas del papel."

Con el ímpetu visionario y la indomable voluntad de comprender y nombrar de una voz que no se resigna, los textos de El vuelo de la tortuga surgen de la emergencia posterior a un hondo buceo verbal y emocional en la propia identidad y en la relación con la realidad. La memoria y el olvido, el amor y el tiempo, las huellas y las ausencias, el grito ante la injusticia y la mirada solidaria, el miedo y la esperanza recorren esta poesía contenida y reflexiva, esta inquietante exploración del mundo con un despliegue explosivo de imágenes, con una asombrosa potencia expresiva:

Éramos, somos, seremos todos los verbos porque hemos inventado la palabra. Hablemos ajenos al instrumento, vaciándonos de voz ante la maravilla que contemplamos. 
La lengua es un músculo que no cesa, aunque se desvanezca el discurso y se agote la tierra. Su murmullo quiere apoderarse de nosotros. Hay solo un dueño para cada palabra emitida en tiempo inmemorial.

En el prólogo -Crusoe en la isla de las tortugas afortunadas- Luisa Castro habla de Teresa Lange como "esa Crusoe que inasequible al desaliento comienza a construir una cabaña de lenguaje, un refugio inquebrantable, en el corazón del idioma. Y es lo que sentimos nada más llegar aquí. La incombustible fe en el lenguaje."

Descubrimiento es la palabra en la que insiste ese prólogo. Con razón, con mucha razón, porque este libro y esta voz son un descubrimiento, una intensa experiencia lectora en la que no cesa el asombro -aún mayor porque estamos ante el primer libro de creación de su autora- ante las revelaciones de una voz que hace transitiva una intensa vivencia de la palabra, de la mirada y de la emoción:

Se mueren con la navaja de la media luna. Las niñas se mueren. Que nunca llegue a su destino, que desvíe lentamente la cruel oruga su huella sin pie. Que un mordisco seco se lleve el algodón de azúcar a otros dientes de insomnio. Que no tenga más llanto la tierna rama tirada en el suelo de mármol.

Santos Domínguez

18/9/19

Joseph Campbell. La historia del Grial


Joseph Campbell.
La historia del Grial. 
Magia y misterio del mito artúrico.
Edición de Evans Lansing Smith.
Traducción de Francisco López Martín.
Atalanta. Gerona, 2019.

Joseph Campbell dedicó muchas páginas de su Mitología occidental y especialmente de su Mitología creativa a destacar la importancia de los mitos artúricos y las leyendas del Grial en la construcción del imaginario de la civilización occidental.

Arturo, los Caballeros de la Mesa Redonda, Merlín, Ginebra, Excalibur o la Dama del Lago formaron parte de una épica patriótica anglonormanda que fijó Geoffrey de Monmouth, pasó luego a la narrativa cortesana francesa con Chrétien de Troyes y culminó en las leyendas religiosas relacionadas con el Santo Grial, el cáliz de la Última Cena.

A ese tema, central en la configuración de la mentalidad europea, le dedicó Campbell una serie de trabajos empezando por su inédita tesina, que Evans Lansing Smith reunió, junto con otros trabajos y conferencias sobre la materia de Bretaña, en el volumen que acaba de publicar Atalanta: La historia del Grial. Magia y misterio del mito artúrico, con traducción de Francisco López Martín.

Evans Lansing Smith empleó diez años en la elaboración de este volumen, en cuyo Prefacio resalta “la idea de Campbell de que los mitos artúricos constituyen la primera ‘mitología secular’ de la historia. Con esta expresión quería dar a entender que los mitos no habían de interpretarse literalmente, sino como metáforas de las etapas naturales del crecimiento y el desarrollo espiritual; como símbolos de las fases del proceso de individuación.”

Perceval y Galahad son los personajes centrales en el desarrollo de esa búsqueda del Grial, un proceso alegórico de transformación espiritual que refleja distintos ritos de paso en la evolución del individuo y en la construcción de la identidad personal.

La del Grial es, señala Campbell, expresión de la mentalidad europea y se configura definitivamente entre mediados del XII y mediados del XIII, en un primer Renacimiento que dio lugar a las catedrales góticas y las universidades. Es la época de las cruzadas, los trovadores y el amor cortés:

“El periodo culminante de los relatos artúricos -escribe- coincide exactamente con el de la construcción de las catedrales, el maravilloso siglo que va desde 1150 hasta 1250. A mi juicio, este periodo -la época gótica- es el correlato del periodo homérico. Tenemos dos grandes Europas: la Europa de Grecia y Roma y la Europa de los celtas y los germanos. El énfasis recae en el individuo, no como súbdito sino como ciudadano del Estado, un Estado que es vehículo de la voluntad del individuo. Se trata de una mentalidad propiamente europea.”

Y con ese planteamiento inicial, Campbell recorre los fundamentos y los antecedentes neolíticos, celtas, romanos y germánicos de los relatos del Grial, sus precedentes en el cristianismo irlandés y en la lírica trovadoresca de los Minnesänger; estudia las características del héroe en los caballeros que emprendieron la aventura espiritual de la búsqueda del Grial, la historia de Tristán e Isolda, las figuras de Arturo, Gawain, Perceval y Lanzarote.

Enmarcándolos en una tradición que los emparenta con la mística, Campbell aborda en otra sección del libro los temas y motivos asociados a la búsqueda del Grial: la Tierra Baldía, el Rey Ungido, el Rey Pescador o el Castillo del Grial.

En un apéndice, Evans Lansing Smith reproduce la tesina inédita de Campbell, titulada Estudio sobre el golpe doloroso, “un tema crucial –explica en el Prefacio- de los relatos artúricos de la Edad Media, relacionado con los orígenes de la Tierra Baldía.”

Esa fue su primera aproximación seria a los complejos mitos artúricos, la puerta de entrada de Campbell en el territorio de la mitología comparada.


Santos Domínguez

16/9/19

Palinuro de México


Fernando del Paso. 
Palinuro de México.
Fondo de Cultura Económica. Madrid, 2015.

Palinuro de México es una obra maestra. Por eso su vigencia es cada vez más evidente. Hoy, cuando la medicina engloba la vida entera, este libro de imaginación desbordante, de figuración grotesca y extravagante, nos hace reflexionar sobre nuestra corporeidad y el papel de la medicina. Imposible resumir en este breve espacio el torrente de ideas, imágenes y tropos que bullen en esta mirífica obra. Pero quien emprenda su lectura se sorprenderá al encontrar, cuando menos lo espere, en medio de larguísimos párrafos barrocos que parecerían bufonería pura, la súbita revelación de un aspecto de la realidad que se reconoce por verdadero y que incita a la reflexión. Es decir, encontrará, entre el destello de agudeza y la facecia centelleante, la observación profunda, marca inconfundible del genio”, escribe Francisco González Crussí en el prólogo -“Palinuro de México, o La desmesura”- que abre la edición en el Fondo de Cultura Económica de la mejor novela de Fernando del Paso.

Eso es Palinuro de México, una obra maestra descomunal y desbordante que apareció en 1977 y no ha dejado de crecer desde entonces, fruto de una escritura torrencial que se renueva en cada lectura, una novela imprescindible, a la altura de Rayuela o de Paradiso, para quien quiera conocer la potencia del idioma.

El nombre del protagonista evoca el del piloto de la nave que conducía a Eneas por el Mediterráneo después de la destrucción de Troya. No es una casualidad: esta novela es también la narración de un viaje metafórico de Palinuro, estudiante de Medicina y de Estefanía, su prima enfermera con la que mantiene una intensa relación de amor incestuoso.

Hay en la figura de Palinuro un fondo autobiográfico reconocido por el propio Fernando del Paso, que también estudió Medicina y que ha explicado que su protagonista refleja “el personaje que fui y quise ser y el que los demás creían que era y también el que nunca pude ser aunque quise serlo.” 

Y hay también un trasfondo histórico real: la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de México en 1968 en la que morirá el protagonista. 

Pero la leve trama apenas importa en esta novela. Lo que importa aquí es la escritura desatada en libertad, una escritura capaz de crear su universo propio y autónomo con la ambición artística de su prosa potente.

En la polifonía de esta obra sorprendente se conjugan la exploración corporal y la lingüística, la fisiología y el lenguaje, las artes plásticas y la medicina. Y con la densidad morosa de sus páginas el lector se interna en los laberintos de la imaginación, disfruta de su exuberancia verbal y participa como invitado en la gozosa celebración del lenguaje que hay en cada párrafo.

En la libertad transgresora de Palinuro de México conviven  la parodia y la denuncia, la anatomía y la historia, la fiesta y el recuento enciclopédico, el erotismo desatado, el amor y la muerte.

Lúdica y filosófica, rebelde y perturbadora, la novela levanta su propio mundo desde la exploración de las posibilidades del lenguaje y propone un viaje gozoso por la literatura y la inteligencia, por el exceso de la vida y el arte, por la fantasía, la historia y la política, la literatura y el cine, la experimentación verbal y la indagación en la dimensión artística del lenguaje médico.

De la fuerza de su prosa, abrumadora y presente en todas sus páginas, deja constancia este ejemplo, el comienzo del capítulo XI, Viaje de Palinuro por las Agencias de Publicidad y otras Islas Imaginarias:

Serían aproximadamente las tres en punto de una tarde gris y desalmada, cuando Palinuro, cansado de una juventud perdida en barrios de dulcerías rancias que colorean los cafés con petulancias geográficas; harto de las cagarrutas de todos los pájaros del Jardín de San Fernando que se olvidaban de largarse al Sur; triste, además, porque ya había pasado el tiempo en que por cada surco de la vida corre un rastro de savia que se armoniza con los buenos y los malos pensamientos; crecido, por otra parte, lo suficiente como para saber que no es fácil cambiar el color de una avenida o las insignias gramaticales de su propia historia. O en otras palabras: cansado, harto, triste y crecido, pensó en despedirse por segunda y última vez de su primera infancia, y por la primera y también la última vez de su segunda adolescencia, y largarse a viajar por la vida, sin pinceles que chupar, ni huesos femorales que memorizar, sin diademas de axiomas y cartílagos humeantes que destazar. 
Y ASÍ COMO LEMUEL GULLIVER 
se lanzó a la aventura para conocer las islas fabulosas de Liliput y Laputa, los Struldbruggs inmortales y los nobles houyhnhnms. Y así como el príncipe Astolfo de Inglaterra voló a la luna en el carro de fuego del profeta Elías en busca de la medicina para la razón perdida de Orlando el Furioso. Y así como Maeldúin visitó la isla de la muralla de fuego giratoria y el país bajo las olas, y así, por último, como Snedgus visitó la isla de los guerreros con cabeza de gato y la isla donde llueve sangre de pájaros, así también Palinuro, que por toda fortuna tenía sus veinte años ambulantes y un clavel en la solapa del saco, se decidió por fin a decirle adiós a sus recuerdos: adiós a las flores asmáticas que desprendían deseos y solsticios para la tía Luisa; adiós al papel crepé de la tumba de los ratones blancos; adiós a las patas de los anteojos del abuelo Francisco, que quedaron zambas de tanto cabalgar en su nariz. 
¡Adiós! 
y a visitar las Agencias de Publicidad y otras Islas Imaginarias.

Santos Domínguez

13/9/19

Interferencias de María Ángeles Pérez López


María Ángeles Pérez López.
Interferencias.
La Bella Varsovia. Madrid, 2019.



Si tú supieras que ayer es viejo como América,
que ayer es tan escaso que no tiene un sol en cada tarde,
que ayer no es como un árbol, sino más bien como un hotel,
que sus horas
 no se juntan,
no se pueden juntar,
para poder vivirlas económicamente
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tomando el sol en el pinar de Agosto.
Si tú supieras que ayer tal vez resulta caro
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y que ha vendido en pública subasta
su balneario de sal para las olas,


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sus crepúsculos vespertinos
y su anestesia cívica;
o si se quiere,
su cerrada y mohosa seguridad de editorial político;
y, finalmente,
si tú supieras que un poema
no puede ya volver a ser como un escaparate de joyería,


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si tú supieras que ahora es preciso que escribamos
desde el solar de la palabra misma,
desde el solar de la palabra misma

               sola

               sol

               sss

               ssssssssssss$s$s$s$s$s$s         

Ese texto, Metales del corazón, que toma como base fragmentos de un poema de Luis Rosales, es una de las veinticinco intervenciones con las que María Ángeles Pérez López construye su Interferencias, que publica La Bella Varsovia.

Un arriesgado ejercicio de intertextualidad, una intensa relectura de la tradición poética incardinada en la realidad próxima y en la actualidad inmediata que reflejan los medios de comunicación: Dante y los parados mayores de 45 años, Vallejo y la valla de Melilla, Quevedo y la burbuja inmobiliaria, García Lorca y el pogrom de Viena, Neruda y la violencia de género...

Son algunos ejemplos de los veinticinco textos en los que María Ángeles Pérez López actualiza la tradición poética con una reinterpretación crítica a la luz de la realidad actual, en un libro en el que -explica la autora en la nota epilogal- "se oyen voces, aunque lo hacen algo rotas, friccionadas e interferidas constantemente entre sí."

Insertados con la técnica del collage o, mejor, del contrapunto, esos textos de la actualidad subrayan el contraste con el poema de partida, establecen una fusión iluminadora o dialogan como en un escolio con el texto poético original. Y así se abren vías de comunicación que subrayan los vínculos entre la tradición poética y el presente, en una actualización crítica que justifica también el sentido nuevo de la lectura.

Y como resultado de cada una de estas intervenciones surge un nuevo texto, con un título nuevo en el que la autora proyecta la creatividad insurgente de su lectura.

De esa manera, la lectura se resuelve en reescritura, lo interior se funde con lo exterior, y se confunden en su ensamblaje de líneas y versos unas voces con otras, mientras las palabras interfieren entre sí, se completan o se desmienten en un libro insumiso y perturbador, escrito para "entrar y salir de todos los territorios en el extremo deseo de la escucha."

Santos Domínguez

11/9/19

Carmen Martín Gaite. Todos los cuentos


Carmen Martín Gaite.
Todos los cuentos.
Edición y prólogo de José Teruel.
Siruela. Madrid, 2019.

Pasamos media vida mirando hacia allá, imaginando. Tanto que nos parece que ya nos hemos ido.
Y un día, al alzar los ojos, estamos aún en el mismo sitio. Acostumbradamente se cruzan nuestros trenes y cada instante es una despedida.

Con esos dos párrafos comienza Desde el umbral, el primer cuento que publicó Carmen Martín Gaite. Ese breve relato de ambiente universitario, fechado en Salamanca el 15 de marzo de 1948, apareció en el número de abril-mayo de la salmantina Trabajos y días. Revista universitaria. 

Con él se abre el volumen que publica Siruela con Todos los cuentos de la autora con edición y prólogo de José Teruel. Es uno de los dos relatos de primera juventud que se recogen en la sección inicial del libro que ofrece en su parte central los diecisiete relatos de Las ataduras y El balneario, el único volumen de cuentos que publicó la autora antes de reunir su narrativa breve en los Cuentos completos que editó en 1978 y a la que no se incorporaron los cuentos que escribió en los ochenta y en los noventa, dispersos hasta ahora y reunidos en este libro que contiene cerca de treinta textos.

Completan la edición dos cuentos maravillosos -El castillo de las tres murallas y El pastel del diablo-, dos cuentos de Navidad -Un envío anómalo y En un pueblo perdido- Cuatro cuentos últimos -El llanto del ermitaño, Sibyl Vane, [Donde acaba el amor] y Flores malva- y un cuento autobiográfico -El otoño de Poughkeepsie- del que dice José Teruel en su prólogo que “constituye una obra maestra del pulso narrativo de nuestra autora ante la elaboración literaria de la intimidad: de cómo transformar el tiempo inerte «en tiempo de escritura»”.

Publicado póstumamente en 2002, dos años después de su muerte, en Cuadernos de todo, ese cuento final se convierte -en palabras de José Teruel- en una muestra de “esa persistente convergencia en todos sus cuentos entre tratamiento ficticio y momentos autobiográficos /.../ que encuentra en El otoño de Poughkeepsie su pieza maestra.”

La producción cuentística anterior, la que Martín Gaite agrupó en Las ataduras y luego en El balneario, surgió al calor de la Revista Española, en torno a la que se agruparon jóvenes universitarios de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid -Aldecoa, Fernández Santos, Ferlosio, Medardo Fraile y ella misma-, que revitalizarían en los años 50, bajo la influencia del neorrealismo cinematográfico. De ese ambiente surgen los cuentos de Las ataduras y la mayor parte de los de El balneario, en los que predominan los apuntes impresionistas con finales abiertos, la voluntad de hacer un reportaje narrativo del presente con una mirada cinematográfica.

Y desde entonces el cuento -explica Teruel- “fue un género decisivo en la formación de Carmen Martín Gaite como escritora y lo cultivó, con mayor o menor intermitencia, a lo largo de toda su singladura literaria.”

Una singladura de medio siglo, porque los cuentos que Martín Gaite publicó en vida aparecieron entre 1948 y 1997, cuando aparece el último, En un pueblo perdido. 

José Teruel fija en su prólogo -‘La extrañeza ante lo cotidiano’- la evolución de Carmen Martín Gaite desde el neorrealismo de Las ataduras y El balneario a los cuentos maravillosos y al eclecticismo y la experimentación de los últimos relatos. 

En esa evolución los cuentos de Martín Gaite se mueven entre el reflejo y la invención de la realidad, pasan de lo testimonial a lo introspectivo, del reflejo de lo cotidiano a la imaginación y a lo maravilloso, hasta culminar en las claves autobiográficas de los últimos cuentos, donde la narración aspira a la reconstrucción de la propia identidad en una integración de lo personal y lo ficticio que alcanza su momento cenital en El otoño de Poughkeepsie.

En 1983 había completado en El cuento de nunca acabar una profunda reflexión sobre el relato en la que defendía la imaginación creadora y la participación cómplice del lector en un modelo de cuento abierto. Con esta declaración se cerraba esa meditación sobre la teoría y la práctica del cuento:  

Mientras dure la vida, sigamos con el cuento.

Santos Domínguez