15/12/17

Juan Arnau. La fuga de Dios


Juan Arnau.
La fuga de Dios.
Atalanta. Gerona, 2017.

“La fuga de Dios tiene tres voces cuidadosamente entretejidas. Ante la magia musical de la creación, la sabiduría pretende seguirlas y darle a cada uno lo que le pertenece: al intelecto, la abstracción; al cuerpo, la sensación, y al alma, la imaginación. ¿Qué es el alma sino una alforja de visiones? Esas tres voces suenan al unísono, vertebradas por el contrapunto del aquí y el ahora, un contrapunto que entrelaza intelecto, visión y sensibilidad”, escribe Juan Arnau en el preludio de La fuga de Dios, que publica Atalanta en su colección Memoria mundi.

Las ciencias y otras narraciones es el subtítulo de este volumen que se organiza en tres partes -Mundo sensible, Mundo inteligible y Mundo imaginal- rematadas por un epílogo -Cultura mental- que cierra un recorrido por la ciencia y la filosofía como formas de conocimiento, por la relación compleja entre conciencia y materia y los límites de la ciencia mecanicista y sus dogmas. 

Entre la sensorialidad y la abstracción, entre la conciencia y la existencia, el tiempo y el espacio, la plenitud y la creatividad Juan Arnau propone en estas páginas un recorrido por la historia de las actitudes filosóficas y científicas a través de una serie de referencias fundamentales: las huellas de Newton en una semblanza memorable, una biografía de la luz de Empédocles a Einstein pasando por Berkeley y Goethe; las aportaciones de Feyerabend y su crítica del método científico como modelo de conocimiento; la reivindicación del mundo imaginal a partir de la crítica de las insuficiencias del positivismo en autores como Laszlo y su revisión del concepto clásico del conocimiento, Barfield y la revalorización de la imaginación o Skolimowski y su defensa de la sensibilidad a través de la mente participativa.

Porque –explica Juan Arnau en el epílogo - “si analizamos las experiencias fundamentales que dieron pie a la física de nuestro tiempo y al desmoronamiento del paradigma de la objetividad, observaremos que todas ellas [Faraday, Einstein y Heisenberg] tienen una naturaleza imaginal.”

Santos Domínguez

13/12/17

Max Aub. Campo abierto

Max Aub.
Campo abierto.
El laberinto mágico, II.
Prólogo de José Antonio Pérez Bowie.
Cuadernos del Vigía. Granada, 2017.

“Y no deseaba amor, sino una vida nueva. La que se alzaba tras la muerte, tras la lucha, tras los disparos. Una vida nueva donde habría un nuevo amor, el mismo, pero distinto. Más puro. Completamente nuevo. Ya no estudiaría lo que estudiaba antes, sino otra cosa. Ya no haría lo que hacía antes, sino otra cosa, nueva. Como era nuevo —siendo el mismo— el nuevo día que surgía por todas partes; de una vez para siempre.
Y apretaba, a más no poder, la culata de su fusil”

Así termina Campo abierto, la segunda de las seis novelas en las que Max Aub articuló El laberinto mágico, que recupera Cuadernos del Vigía en una edición revisada por Carmen Córdoba y Miguel Ángel Arcas.

Si la anterior novela, Campo cerrado, terminaba el 18 de julio de 1936 en Barcelona, Campo abierto se sitúa en Valencia, Burgos y Madrid durante los primeros meses de la guerra, hasta el asedio de la capital en noviembre de 1936.

Como el resto del ciclo, esta obra es una crónica novelística coral, un caleidoscopio narrativo construido con “fragmentos heterogéneos de diversa extensión con el propósito de reflejar la condición laberíntica inaprehensible de la realidad a la que se enfrenta”, como escribe en el prólogo -Max Aub, ficción y testimonio- José Antonio Pérez Bowie, que destaca también el distanciamiento irónico del autor respecto de la materia narrativa y humana de la serie.

Organizada en tres partes, la primera –Valencia- consta de seis capítulos con seis relatos independientes en torno a seis personajes en la retaguardia republicana; la segunda –Del otro lado- es un intermedio de un capítulo ambientado en Burgos, en la zona sublevada; y finalmente, la tercera –Madrid- se organiza en ocho capítulos que se desarrollan entre el 3 y el 7 de noviembre, inmediatamente antes de la batalla de Madrid.

Al igual que en el resto del ciclo El laberinto mágico, los distintos episodios de Campo abierto no tienen un tono de exaltación épica, sino el de la reflexión sobre la condición humana, entre la heroicidad y la sordidez, sobre la dimensión humana contradictoria frente al carácter caótico y laberíntico de la realidad.

Un mundo poliédrico que Max Aub aborda con diversos enfoques: la perspectiva omnisciente, la del narrador externo y la de muchos momentos en los que el autor cede la voz a los personajes para el monólogo o el diálogo.

Santos Domínguez

11/12/17

Joseph Campbell. Mitología oriental


Joseph Campbell.
Las máscaras de Dios.
Mitología oriental.
Traducción de Belén Urrutia.
Atalanta. Gerona, 2017.

“Al mundo moderno han llegado dos mitologías totalmente opuestas del destino y la virtud del hombre, que contribuyen conflictivamente al proceso de creación de toda nueva sociedad. Pues del árbol que crece en el jardín donde Dios pasea al fresco del día, los hombres sabios al oeste de Irán han probado la fruta del conocimiento del bien y del mal, mientras que los que están al otro lado de esa linde cultural, en la India y en Extremo Oriente, sólo han saboreado la fruta de la vida eterna. No obstante, se nos dice que los dos miembros se unen en el centro del jardín, donde forman un solo árbol cuyas ramas se bifurcan cuando alcanzan cierta altura. De la misma forma, las dos mitologías hunde sus raíces en Oriente Próximo. Si el hombre probara ambos frutos, se convertiría en Dios mismo (Génesis 3, 22); esta es la gran posibilidad que nos ofrece hoy el encuentro de Oriente y Occidente”, escribe Joseph Campbell en Mitología oriental, el segundo volumen de Las máscaras de Dios, que publica Atalanta con traducción de Belén Urrutia.

Campbell trabajó durante doce años en Las máscaras de Dios, que sería su obra central y que planteó como una “historia natural de los dioses y los hombres”, como un monumental estudio de mitología comparada que publicó entre 1959 y 1968 en cuatro tomos centrados en los mitos primitivos, orientales y occidentales y en la mitología creativa. 

Escrito en 1962, este segundo volumen, Mitología oriental, ofrece una nueva edición revisada por la Fundación Joseph Campbell y explora el desarrollo de la mitología oriental en diversas culturas como la mesopotámica, egipcia, india, china y japonesa.

Originados en el Oriente Próximo y luego separados entre lo oriental y lo occidental, mitos como el del eterno retorno, la muerte y la regeneración que dan lugar al interminable ciclo de la vida; imágenes y símbolos presentes desde Mesopotamia en las escenas alegóricas de los sellos sumerios; personificaciones del conflicto cósmico entre lo claro y lo oscuro, entre eros y tánatos, entre el yang y el yin del taoísmo. 

A través de epopeyas y leyendas, de construcciones y grabados se exploran en estas páginas los dos grandes motivos que se manifiestan en las distintas mitologías: el asombro y la salvación, los mitos de la creación, la caída y el diluvio o imágenes como la del primer ser dividido en dos, los arquetipos básicos de la agresión y el deseo o la escisión de lo humano y lo divino.

Campbell reconstruye así la atmósfera del mito en las tumbas egipcias y los ritos funerarios y explora las mitologías de la India desde el Valle del Indo en la India antigua a la Edad de Oro, pasando por la India budista del nirvana y la vía del placer; o los mitos de Extremo Oriente: de China, entre el sistema de Confucio y la filosofía del Tao; de la  mitología japonesa entre la edad de los espíritus y la vía de los héroes o del Tíbet y la nueva felicidad del budismo.

“Su principal resultado para mí ha sido la confirmación de una idea que he mantenido larga y confiadamente: la unidad de la raza humana, no sólo en su historia biológica sino también en la espiritual” escribía Joseph Campbell en un texto elaborado a la conclusión de Las máscaras de Dios, que figura como Preámbulo de este segundo volumen.
Santos Domínguez

8/12/17

Ortega. El Espectador V-VIII


José Ortega y Gasset.
El Espectador V y VI.
Alianza Editorial. Madrid, 2017.




José Ortega y Gasset.
El Espectador VII y VIII.
Alianza Editorial. Madrid, 2017.

¡La gran delicia, rodar por los caminitos de Castilla! Como la tierra está tan desnuda, se ve a los caminos en cueros ceñirse a las ondulaciones del planeta. Se lanzan de cabeza, audazmente, por el barranco abajo, y luego, de un gran brinco elástico, ganan el frontero alcor y se adivina que siguen su ruta cantando alegremente no se sabe qué juventud inalterable adscrita a ellos. Hay momentos en que sobre los anchos paisajes, amarillos y rojos, parecen la larga firma del pintor.
/.../ 
Tierra de Campos. Mieses, mieses maduras. Por todas partes oro cereal que el viento hace ondear marinamente. Náufragos en él, los segadores, bajo el sol tórrido, bracean para ganar la ribera azul del horizonte.

Es el comienzo y el final de En el viaje, la primera de las Notas del vago estío con las que se abría el volumen V de El espectador, que Ortega y Gasset publicó en 1927.

Coordinados y revisados por un equipo de trabajo del Centro de Estudios Orteguianos de la Fundación José Ortega y Gasset - Gregorio Marañón, los ocho volúmenes originales han ido apareciendo en El libro de bolsillo de Alianza Editorial, que culmina la edición íntegra en cuatro tomos de El espectador en el marco de una Biblioteca de autor dedicada a Ortega.

Están en estos últimos volúmenes (V-VIII), publicados entre 1927 y 1934, la serie Notas del vago estío, a la que pertenecen textos como Nuestra Señora del Harnero o Ideas de los castillos, Fraseología y sinceridad, Dios a la vista, El origen deportivo del Estado o Meditación del Escorial.

Está en estos libros el mejor Ortega desde el punto de vista literario, el prosista brillante que, más allá del descuido barojiano o del esquematismo casi telegráfico de Azorín, da constantes muestras de una prosa de largo aliento, elaborada, clara y tersa que alcanza en estas páginas sus manifestaciones más altas. 

Son las páginas de Ortega que han soportado y seguramente soportarán mejor el paso del tiempo por la consistencia estilística de una prosa en la que conviven el matiz y la limpidez, la levedad fluida de la frase y la precisión luminosa de sus imágenes. 

Y aunque en todos ellos está el pensador profundo, estos no son textos estrictamente filosóficos, sino manifestaciones de la curiosidad intelectual de un observador perspicaz. Están en su variedad más cerca del libro de viajes, de la crítica literaria, de los apuntes sobre pintura, arquitectura o música. 

Textos en los que el extraordinario prosista que fue Ortega dejó la impronta de su voluntad de estilo, de su intuición y su inteligencia, de su capacidad para la sutileza, para la metáfora o la sugerencia impresionista.

Observación, descripción y meditación se suceden en estas páginas, en las que la mirada profunda al paisaje y a su carga histórica sirve como palanca de reflexiones sobre política y sociedad. Impresiones de viaje, meditaciones sobre filosofía y cultura,  antropología y psicología o crítica literaria, como en Tiempo, distancia y forma en el arte de Proust.

Una mirada integradora como la que aparece en Meditación del Escorial, que se abre con el capítulo 'En el paisaje', que comienza así:

Sobre el paisaje del Escorial, el Monasterio es solamente la piedra máxima que destaca entre las moles circundantes por la mayor fijeza y pulimento de sus aristas. En estos días de primavera hay una hora en que el sol, como una ampolla de oro, se quiebra contra los picachos de la sierra, y una luz blanda, coloreada de azul, de violeta, de carmín, se derrama por las laderas y por el valle, fundiendo suavemente todos los perfiles. Entonces, la piedra edificada burla las intenciones del constructor y, obedeciendo a un instinto más poderoso, va a confundirse con las canteras maternales.

Santos Domínguez

6/12/17

Relatos de Kolimá VI


Varlam Shalámov.
 Relatos de Kolimá VI.
Ensayos sobre el mundo del hampa.
Traducción y posfacio de Ricardo San Vicente.
Minúscula. Barcelona, 2017.

“Si no se entiende con toda claridad la esencia del mundo criminal no se puede comprender qué es un campo de trabajo”, escribe Varlam Shalámov (Vólogda, 1907-Moscú, 1982) en uno de los ocho textos que forman parte de sus Ensayos sobre el mundo del hampa, el volumen con el que la editorial Minúscula culmina la publicación de los Relatos de Kolimá.

Es el sexto volumen de un proyecto editorial que comenzó hace una década con el propósito ahora cumplido de publicar por primera vez en español de manera íntegra estos Relatos de Kolimá traducidos por Ricardo San Vicente, que en el posfacio de este último volumen los define como “seis ciclos contundentes, arrebatadores, verídicos, pavorosos y al mismo tiempo bellos.”

Entre el ensayo y el relato, los ocho textos de este tomo final abordan la presencia de los hampones en los campos de concentración, la colaboración de los ladrones en el exterminio de los presos políticos y los tratos de favor que se les dispensaban, porque “el espíritu corruptor de los hampones impregnaba toda la vida de Kolimá.”

Además de denunciar la simpatía con que la literatura ha tratado a los delincuentes comunes, a los que ha puesto una máscara romántica, Shalámov  describe en estos textos el papel de la mujer en el mundo del hampa, los comportamientos del hampa y, con notable ironía, hasta sus necesidades estéticas a las que los ladrones dan salida con su lírica carcelaria o con la expansión narrativa de sus “novelos”.

La edición se cierra con la transcripción de un manuscrito de 1961 –Qué he visto y comprendido en los campos- en el que Shalámov resume en primera persona a lo largo de cuarenta y seis puntos su experiencia del cautiverio en los campos de concentración de la región de Kolimá, en Siberia, bajo el estalinismo.

“He sabido –escribe en uno de esos puntos- que el mundo no se ha de dividir entre buenos y malos, sino entre los cobardes y los que no lo son. El 95 % de los cobardes son capaces de cualquier villanía, de vilezas mortales, ante una débil amenaza.”

El infierno blanco de Kolimá, en el extremo oriental de Siberia, el paisaje de la taiga, los sufrimientos, la injusticia, el dolor y la aniquilación de los disidentes en la tierra de la muerte blanca son las claves de unos textos que suman a su potencia literaria su valor documental y han hecho de su autor uno de los grandes de la narrativa rusa del siglo XX.

Shalámov fue un superviviente que pasó allí más de quince años de torturas físicas y morales que pudo conjurar con la escritura intensa y liberadora de estos relatos breves, que tienen la sutileza elíptica de Chéjov, la voluntad testimonial de los cuentos de Isaac Babel y un estilo que parece aprendido de la dureza cortante del hielo siberiano.

Santos Domínguez

5/12/17

Gerardo Diego - Juan Larrea. Epistolario



Gerardo Diego - Juan Larrea.
Epistolario 
1916 –1980.
Edición de Juan Manuel Díaz de Guereñu 
y José Luis Bernal.
Residencia de Estudiantes. 
Fundación Gerardo Diego.
Madrid, 2017.

“La correspondencia de Gerardo Diego y Juan Larrea es un conjunto documental de excepción. Lo definen como tal el número de mensajes que incluye, su densidad y extensión en el tiempo y, sobre todo, la significación de los dos autores en la historia de la poesía española del siglo XX.” 

Así comienzan Juan Manuel Díaz de Guereñu y José Luis Bernal la Introducción a la edición del Epistolario que intercambiaron Gerardo Diego y Juan Larrea entre octubre de 1916 y enero de 1980, un volumen que publica la Residencia de Estudiantes en coedición con la Fundación Gerardo Diego.

Un epistolario que, como se señala en la nota introductoria a la edición, “desgrana el vivo diálogo poético y personal que mantienen entre ellos durante su etapa de formación y primera madurez, y aporta textos y abundantes datos acerca de la creación de sus obras respectivas, así como de la poética que compartieron. Las cartas contienen, además, los textos de 31 poemas de Larrea (más uno traducido del francés por Diego) y de 69 de Diego. La mayoría son inéditos o versiones tempranas de poemas luego publicados.”

En conjunto, más de cuatrocientas cartas que documentan no sólo su amistosa relación personal, sino su proceso de formación y madurez como poetas, sus tanteos y entusiasmos, sus descubrimientos compartidos de novedades, sus reflexiones sobre teoría y práctica de la escritura, la definición de sus mundos literarios y la expresión de su propia voz poética, sus afinidades o sus referentes entre los que destaca el creacionista Vicente Huidobro, una referencia constante como maestro en estas cartas en las que también tiene una presencia considerable César Vallejo y, lo que puede chocar más, Jacinto Benavente, con alusiones que son mucho más frecuentes que las que hay a otros poetas del 27 o a Machado o Juan Ramón Jiménez.

Cartas que se hicieron más esporádicas desde 1937, cuando la guerra y el exilio separaron a Diego y Larrea con una distancia que no fue sólo física, sino también ideológica y vital desde que Larrea llegó a llamar “Judas” en un artículo de 1938 a Gerardo Diego, que se lo reprochó treinta años después, en una carta de 18 de enero de 1967.

Un conjunto espléndidamente editado y presentado por un estudio introductorio que analiza el valor de estas cartas y las sitúa en el contexto de la evolución política y personal de estos dos autores y en el horizonte más amplio de la poesía española de su tiempo. 

Porque, como concluyen Juan Manuel Díaz de Guereñu y José Luis Bernal, “esta correspondencia esclarece el papel que muchos de los autores y obras de la Edad de Plata han desempeñado y desempeñan en la historia literaria contemporánea española, así como el protagonismo fundamental que en ella tienen Diego y Larrea. Las voces que diálogan en estas cartas -tan diferentes, tan complementarias- interpretan dos solos esenciales en una actividad creadora coral, que los epistolarios de la Edad de Plata redescubren.”

Santos Domínguez

4/12/17

La vida perra de Juanita Narboni


Ángel Vázquez.
La vida perra de Juanita Narboni.
Seix Barral. Barcelona, 2017.

1962, que fue un año decisivo en el desarrollo y la reorientación de la novela española contemporánea, por la publicación de Tiempo de silencio y la concesión del Biblioteca Breve a La ciudad y los perros, pudo haber sido también un año decisivo para la carrera literaria de Ángel Vázquez.

Pudo, subrayo, porque con Ángel Vázquez (1929-1980) todo es impredecible y extraño. Hasta la forma de ganar el Planeta ese año con Se enciende y se apaga una luz por descalificación de la novela que había ganado en principio. Cuando le dieron el premio, Ángel Vázquez sobrevivía en Casablanca en una pensión de mala muerte en donde disimulaba su insolvencia haciendo creer que salía todas las mañanas a trabajar como oficinista. Quien le comunicó la noticia recordaba que encontró al novelista vagabundeando y mordisqueando un bocadillo.

Él mismo contó alguna vez que escribió aquella novela en Tánger a base de infusiones de whisky y vino tinto, tan a contrapelo como todo en su vida. Más allá de las poses y de los diletantes, quizá haya sido el último escritor verdaderamente maldito de la literatura española, con una obra sometida a un injusto olvido.

Escritor fuera de nómina se le ha llamado alguna vez, en todo caso escritor marginal que nació en 1929 en esa tierra de nadie que fue Tánger desde la conferencia de Algeciras hasta la independencia de Marruecos, una ciudad internacional con un estatuto especial en la que pensó Curtiz cuando rodó Casablanca, que es más Tánger que Casablanca.

La originalidad literaria de Ángel Vázquez debe mucho a su origen: tuvo una infancia complicada y traumática, fue empleado de sucesivas precariedades, autodidacta de sólida formación literaria, con una afición cada vez más adictiva al alcohol y su situación económica se hizo más difícil a medida que Tánger se convertía en una ciudad marroquí.

En 1965, después de la muerte de su madre, se traslada a España, publica su mejor novela, La vida perra de Juanita Narboni en 1976 y muere el 25 de febrero de 1980 de un ataque al corazón.

Despectivo consigo mismo y con su escritura, exigente hasta el límite del rechazo, un rato antes de morir había estado quemando dos novelas que no había conseguido terminar y que sus amigos tienen por lo mejor que había escrito.

Marginal por vocación y por destino, escritor a contracorriente e inclasificable, la literatura fue para él una forma de defenderse de las injurias de la vida. Era, lo decía él mismo, la evasión del prisionero, no la huida del desertor, y se instalaba más que en la tradición española, en la de la narrativa francesa o inglesa y en las novelas y relatos de Virginia Woolf, Katherine Mansfield o Chejov.

Indefinible como la ciudad en la que nació y vivió hasta 1965, en Tánger fue amigo de los Bowles, especialmente de Jane, que profetizó que Ángel Vázquez escribiría algún día una obra irrepetible. Esa obra es La vida perra de Juanita Narboni, que reedita Seix Barral, una novela intensa y sorprendente, escrita bajo la influencia de sustrato de la memoria y la yaquetía, el castellano popular y mestizo que se hablaba en Tánger.

Ardua y discontinua en su redacción, brillante en su resultado final, La vida perra de Juanita Narboni es la novela de Tánger, de su protagonista-narradora femenina, que muere cuando muere la ciudad, y del lenguaje con el que se expresa en un soliloquio desgarrado más que en un monólogo interior. Esos tres elementos se funden en la única voz que habla en la novela, el mejor monólogo (así lo calificó Rafael Conte) de la literatura española contemporánea. 

El monólogo crispado de una mujer que da rienda suelta en él a su amargura y a su fracaso, el soliloquio de una mujer disparatada como la ciudad declinante en la que sobrevive a su propia ruina:

Cada día me cuesta más trabajo ponerme las medias. Si tuviera ocasión y pudiera ir a Madrid, me compraría un abriguito de entretiempo. Estas cosas, indudablemente, son michelines. ¡Tócate bien, Juani! Michelines... ¡Quién te lo iba a decir! Yo que siempre creí que eso era un anuncio. ¡Y pensar que aún no hace diez años yo era una mujer delgada! Delgada, delgadísima. «Patas de alambre» me llamaban las niñas en la escuela. Sobre todo aquella hija de puta de la nieta de Madame Naudy. ¡Bien muerta está! Echo de menos los altavoces. Con este levante no creo que aparezca nadie por aquí. ¿Qué habrá sido de Rina Ketty? Cantaba «Sombreros y mantillas» de morir. Ése es el hijo de Cecilia. Parece mentira. ¡Y pensar que lo he visto nacer! Una prenda. Que Dios se lo conserve. Dicen que nada mejor que un delfín. ¡Qué guapo es! No se parece mucho a Cecilia, y para nada a Rodolfo. La Virgen del Carmen quiera que a Ricardito Atalaya no se le ocurra equivocarse de bandera. Y, ahora, este tonto viene a echarme. Si te conozco, niño. Tú eres el hijo de Isabel, aquella criada que mamá se trajo de Cartagena. Estuvo un tiempo sirviendo en casa y luego nos la quitó María Benet. No. No voy a comer, ni muchísimo menos. Con lo que cuesta aquí el cubierto yo tengo para una semana. Le preguntaré por la madre. Como la que no quiere la cosa. Eso le desconcertará. Lo que yo decía. Se ha quedado de piedra. ¡Cómo sonríe el cabrón! Me alegro de que Isabel esté bien, y que hayan puesto un chiringuito en Algeciras. ¡Claro que soy la señorita Narboni! Nada de por casualidad... Juani Narboni, para que te enteres.

Pues eso, para que se enteren, un personaje inolvidable y una lectura imprescindible.

Santos Domínguez

1/12/17

Ko Un. Flores de un momento


Ko Un.
Flores de un momento.
Poemas breves.
Traducción de Sung Chul Suh.
Introducción de Antonio Colinas.
Linteo Poesía. Orense, 2017. 

Mi nirvana es nirvana errante. 
Aprendí eso 
del viento. 
Aprendí más de cosas como 
nubes, 
lluvia, 
agua de acequias. 

Soy un estudiante siempre errante,

escribe el poeta coreano Ko Un (1933) en uno de los textos de Flores de un momento, un conjunto de ciento ochenta y cinco poemas breves que publica Linteo Poesía traducidos por Sung Chul Suh y con una introducción de Antonio Colinas, que destaca que este libro "es solo un afluente, pero muy significativo de ese río de ríos que es la caudalosa obra poética de Ko Un."

En estos poemas, de gran variedad de temas y registros, confluyen la vida y la literatura, conviven la meditación y la contemplación del paisaje, la memoria y el presente, la luz del universo como reino poético y la historia, el sentimiento y las sensaciones.

Son poemas que entre el lirismo y el compromiso dibujan con leves pinceladas el mapa de un viaje al conocimiento y al interior de sí mismo a través de una poesía en la que –escribe Antonio Colinas- “se funden siempre la realidad más viva con el lirismo más natural y exquisito.”

Como en esta mirada a lo cotidiano y lo próximo:

Una hilera de hormigas 
está cruzando una calle.
Quizás para que nosotros podamos darnos cuenta 
hoy, 
mañana 
y pasado mañana, 
poco a poco, 
de que este mundo no le pertenece 
solo a la  humanidad.

Al mediodía, caliente como un brasero de carbón,  
el cuclillo ha dejado de llamar.


Santos Domínguez

29/11/17

Balzac. Escenas de la vida de provincia


Honoré de Balzac.
La Comedia humana.
Volumen VI. 
Escenas de la vida de provincia.
Traducción de Aurelio Garzón del Camino.
Hermida Editores. Madrid, 2017.

Culminada hace unos meses la edición en cinco tomos de las Escenas de la vida privada, primera de las series de La comedia humana de Balzac, Hermida Editores publica con traducción de Aurelio Garzón del Camino un nuevo volumen con cuatro títulos  -El ilustre Gaudissart (1832), Eugénie Grandet (1834), La musa de la provincia (1837) y Ursule Mirouët (1841)- que pertenecen a otro ciclo: Escenas de la vida de provincias. 

Un volumen del que forma parte una de sus novelas más conocidas, Eugénie Grandet, en la que Balzac creó dos personajes inolvidables: el de la protagonista y el de su padre, el avaro tonelero Grandet. Dos de los caracteres mejor trazados por Balzac, que opone el idealismo y los sentimientos generosos de Eugénie a los intereses miserables del mundo materialista y provinciano que la rodea.

Ese contraste reaparece años después en Ursule Mirouët, una novela de corte folletinesco y ocultista en la que se cruzan el realismo y el romanticismo en la oposición entre la inocencia idealista de la protagonista y el  prosaísmo de su entorno a propósito de una herencia conflictiva.

Con El ilustre Gaudissart Balzac construyó una novela corta satírica a partir del retrato de un viajante de comercio para el que lo único importante es vender. Una caricatura que refleja el choque entre el impulso modernizador del vendedor de novedades y la resistencia socarrona y reticente de los habitantes de la provincia.

Cierra el volumen La musa de la provincia, centrada en la figura protagonista de la condesa Dinah, un lejano antecedente de Emma Bovary: una mujer soñadora y aburrida, casada con un hombre treinta años mayor que ella, autora de textos que firma con seudónimo masculino y en los que proyectará sus ambiciones literarias, que la realidad acabará frustrando.

Cuatro novelas que proponen el retrato moral de la sociedad rural en la Francia de la Restauración.

Santos Domínguez

28/11/17

Denise Levertov. Pausa versal


Denise Levertov.
Pausa versal.
Ensayos escogidos.
Traducción de José Luis Piquero
Vaso Roto. Madrid, 2017.

“Los poetas guardan a la poesía una lealtad que puede a veces entrar en conflicto con las exigencias de la vida doméstica y con otros aspectos de la vida. De esos conflictos emerge a veces la propia poesía”, escribe Denise Levertov en el Esbozo autobiográfico que cierra la antología de ensayos escogidos que publica Vaso Roto bajo el título Pausa versal, un volumen que reúne veinticinco ensayos con traducción de José Luis Piquero.

Antología de la obra ensayística de la poeta norteamericana que es reflejo de su lúcida lectura de la tradición poética contemporánea a través de unos textos en los que se conjugan su mirada analítica y crítica con la intuición de la poeta.

Con la integración constante de esas dos perspectivas, Denise Levertov analiza en estos ensayos escogidos los temas y las formas de la poesía, la importancia del tono y la experiencia, las diferencias entre la poesía orgánica sometida a esquemas rítmicos y la poesía en verso libre o la necesidad de una nueva terminología para abordar el análisis del texto poético.

Uno de los motivos centrales de estos ensayos es el estudio de la eficacia del ritmo, del carácter significativo de la pausa versal o de la música del poema. Pero también el papel del poeta en el mundo, el compromiso político o la relación entre poesía y autobiografía son objeto de la reflexión sobre la poesía, entendida como una intensa aventura espiritual en busca de revelaciones:

“Lo que muchos no reconocen es que los poetas escriben poesía a partir del mismo impulso por el que otros los leen. La gente recurre a los poemas (cuando saben que la poesía existe) en busca de algún tipo de iluminación, en busca de revelaciones que les ayuden a sobrevivir; a sobrevivir en espíritu, no sólo físicamente. Estas revelaciones no son la mayor parte de las veces sobre lo inaudito, sino sobre lo que está a nuestro alrededor olvidado o sin ser visto. O bien iluminan lo que sentimos pero que no sabemos que lo sentimos hasta que se expresa.”

Estas páginas de Denise Levertov arrancan de una mirada desde dentro al proceso de creación poética y ofrecen también una lectura peculiar de autores con los que la poeta y ensayista reconoce una especial afinidad. Y así se centra en la lucha de Anne Sexton, en  el magisterio de Rilke o en el duende de William Carlos Williams.

Recorre estos ensayos una corriente continua reflexiva sobre la poesía y el conocimiento, sobre la experiencia y la palabra: “Un poeta, un tipo de persona verbal, está siempre hablando consigo mismo, dentro de sí mismo, aproximándose y evaluando constantemente y tratando de traducir su experiencia a palabras.”

Santos Domínguez


27/11/17

Cristina Peri Rossi. Todo lo que no te pude decir


Cristina Peri Rossi.
Todo lo que no te pude decir.
Menoscuarto. Palencia, 2017.

La noticia la recibió a las nueve y treinta de la mañana, mezclada con la previsión del tiempo para las próximas veinticuatro horas, el estado de la red vial y el índice de contaminación ambiental. Parecía una primavera especialmente virulenta, con índices altísimos de polen, todo el mundo estaba medio alérgico y la temperatura variaba diez grados el mismo día. Y en medio de los pólenes de los plátanos, de los olivos y de las gramíneas, de una patera repleta de saharianos que se había perdido en el mar como la Nave de los locos y las luces del faro de la costa que no iluminaban, la noticia urgente de que Bubú, un chimpancé robusto y poderoso, había roto los barrotes de su jaula en el zoo y escapado, llevando de la mano a su compañera, Elisa.

Así comienza el primer capítulo -El idilio de Bubú y Elisa- de Todo lo que no te pude decir, la novela de Cristina Peri Rossi que publica Menoscuarto.

Casi veinte años después de El amor es una droga dura, Cristina Peri Rossi regresa al territorio de la novela con esta mirada al amor, la posesión y el abandono, la soledad y el deseo desde la diferencia a través de nueve capítulos que casi pueden leerse como relatos breves que alcanzan su sentido en el conjunto de estas historias entrelazadas de personajes con destinos cruzados.  

Personajes solitarios y desvalidos como el comisario Fonseca o Suárez, empleado de un zoo, que se mueven entre el silencio y el secreto, entre  la ternura y la brutalidad y el hilo conductor de las referencias a King Kong, al rapto de Proserpina y a La muerte y la doncella.  Y al fondo, las oscuras relaciones humanas, porque todo no se puede decir. 

Santos Domínguez



24/11/17

Hugo Mujica. Dioniso


Hugo Mujica.
Dioniso.
Eros creador y mística pagana.
El hilo de Ariadna. Buenos Aires, 2017.

La vida es un acto creador o deja de ser vida, escribe Hugo Mujica en uno de los versos de Dioniso. Eros creador y mística pagana, un ensayo poético vitalista y una reflexión sobre la creación y la existencia que tiene como eje la referencia de Dioniso como dios vital, como símbolo de la creatividad. 

Como en el resto de su obra, los textos de Mujica en Dioniso están atravesados por el chispazo intuitivo, musical e iluminador del relámpago poético. Como en los presocráticos, estos poemas viven en una zona intermedia entre la poesía y la filosofía. Y, como en el Hölderlin más desestructurado y más genial, o como en Jabès, la tonalidad y el procedimiento de Mujica son propios de la poesía pero aspiran al conocimiento:

“Crear –escribe en el Preludio- es el verbo y la insistencia de la vida. Soy lo que le está aconteciendo a la vida ahora, en este ahora que ella me acontece a mí; somos su creación si la creamos y la creamos si nos dejamos por ella originar. Dioniso y dionisismo son nombres de un acontecimiento, nombres que albergan una poíesis, una ontología del devenir, o, en palabras más amables, un deseo de ser, una erótica de la creación. Un devenir, una transfiguración, no como futuro temporal sino como un acaecer presente, como un manantial, una fuente, un brotar, ya, aquí. Desde aquí.” 

Desde ahí, a lo largo de este libro, búsquedas, intuiciones y caminos que se abren al conocimiento a través de la palabra tensa y potente del poeta: palabra que calla más que habla y se sitúa en el vacío, en la frontera del sentido y en el desierto. Reflexión y revelación, ensayo y poesía, pensamiento e intuición para escribir versos como estos: 

Dioniso es la vida siendo sentido de sí misma: 
dándose a sentir: 
sintiéndose en cada vida.

Santos Domínguez

22/11/17

Thomas Bernhard. Mis premios


Thomas Bernhard.
Mis premios.
Traducción de Miguel Sáez.
El libro de bolsillo. Alianza Editorial. Madrid, 2017.

Deseo a la Academia de Lengua y Poesía, a la que considero de lo más prescindible para Alemania y para todo el resto del mundo, y que sin duda es para los poetas (¡los que lo sean!) y los escritores (¡los que lo sean!) más perjudicial que útil, todo lo mejor con el señor Scheel. La Academia de Darmstadt (¡de Lengua y Poesía!) envía siempre automáticamente, cuando muere uno de sus miembros, una esquela, siempre con el mismo texto (sobre cuyo lenguaje y poesía podría discutirse). Tal vez pueda ver yo un día cómo envía una esquela en la que no recuerde a ninguno de sus dignos miembros, sino a sí misma.

Con ese párrafo corrosivo cerraba Thomas Bernhard el escrito con el que dimitía de la Academia de Lengua y Poesía de Darmstadt. Y ese texto –Sobre mi dimisión- cierra también Mis premios, el libro que Bernhard dejó inédito y preparado para la publicación a su muerte en 1989.

Se editó veinte años después en Alemania y ese mismo 2009 lo publicó en España Alianza Editorial con la traducción de Miguel Sáez que ahora se reedita en formato de bolsillo.

Es un volumen breve que contiene nueve relatos y tres discursos además del mencionado texto final: un conjunto que repasa las circunstancias que rodearon la concesión de cada premio, las ceremonias de entrega y los breves discursos de aceptación, improvisados a última hora. 

De la mano de la expresión afilada y la mirada sarcástica de Berhnard, de su escritura acerada y ácida, el lector asiste a la peripecia cómica que rodeó la entrega del premio  Grillparzer en una ceremonia de entrega en la que, a su lado, roncaba la Ministra de Ciencia: La ministra roncaba, aunque muy suavemente, roncaba, roncaba con el suave ronquido de los ministros, conocido en el mundo entero.

No es la única autoridad que sale malparada de estas páginas: hay también un ministro de Cultura austríaco que intentó pegarle tras el discurso crítico de aceptación de un premio en una ceremonia frustrada.

Son textos breves en los que brilla el humor punzante del narrador potente y directo que fue Berhard, la amargura cínica y autocrítica con la que enfoca sus contradicciones personales, la crítica de lo que rodeaba los premios, el abandono intempestivo de los protocolos y el elogio del dinero que le permitió comprarse el primer coche, que perdió poco después en un accidente, o pagar la entrada de su primera casa: una ruinosa granja en el campo.

Hay en estos textos constantes referencias autobiográficas: la estancia de tres meses entre moribundos en un sanatorio para enfermos pulmonares desahuciados, donde recibió la noticia del Premio del Círculo Cultural de la Industria Alemana que le entregaron en Ratisbona; su trabajo como aprendiz en una tienda de comestibles y como conductor de camiones de reparto de cerveza en Viena; su rechazo visceral a los ambientes literarios:

Si ya un poeta o escritor resulta ridículo y, donde quiera que sea, difícilmente soportable para la sociedad humana, ¡cuánto más ridícula e inaceptable resulta toda una horda de escritores y poetas, y de los que se tienen por tales, amontonados!

Santos Domínguez

21/11/17

La cultura X. Mercado, pop y tradición

Simone Cattaneo.
La cultura X. 
Mercado, pop y tradición.
Traducción de Pilar Cáceres.
Carpe Noctem. Madrid, 2017.

La cultura X.  Mercado, pop y tradición es el título del ensayo que Simone Cattaneo dedica a la generación X, “una nueva corriente literaria que nacía no solo de la necesidad de renovación propia de la historia de la literatura, sino también del ansia de las editoriales cazatalentos en busca de libros superventas y de la voracidad de los medios de comunicación.” 

La industria editorial alentó ese fenómeno en busca de un público joven y una proyección mediática fácil, Entre la inmediatez expresiva y la escritura algo más elaborada de otros, lo más frecuente es que este tipo de obras narrativas se sitúen en el límite de la indigencia estilística.

Novelas y relatos de autores nacidos en la década de los 60 y proyectados editorialmente en los 90, como Belén Gopegui, José Ángel Mañas, Lucía Etxebarría, Juan Bonilla, Ray Loriga o Juan Manuel de Prada. Sobre estos tres últimos se centra el estudio que Simone Cattaneo publica en Carpe Noctem con traducción de Pilar Cáceres.

Se trata de la reelaboración de una tesis doctoral leída por el autor en 2010 en la Universidad de Bolonia sobre un fenómeno narrativo que fue el resultado de un planteamiento editorial más atento a la comercialidad que a la calidad.

Tras la contextualización de ese fenómeno a partir de la descripción de un completo panorama sociopolítico, cultural y editorial de los años noventa, Cattaneo realiza un análisis demorado de la obra de esos tres autores -Ray Loriga, Juan Bonilla y Juan Manuel de Prada- en cuyas novelas -Trífero, Los príncipes nubios o La vida invisible- se reflejó el ambiente de la movida, el cine, la música y de lo que genéricamente se conoce como cultura pop.

Cierra el volumen un epílogo de título significativo –Lo que queda del naufragio-, colofón de un estudio valioso porque traza un amplio panorama que intenta “poner un poco de orden en el turbulento pasado reciente de la literatura española contemporánea con el objetivo de demostrar que incluso en un periodo considerado una tierra baldía hay fenómenos dignos de ser investigados.”

Santos Domínguez


20/11/17

Platón. Mitos


Platón.
Mitos.
Selección de Carlos García Gual.
Traducciones de Fernando García Romero,
Luis Gil Fernández,
Francisco Javier Martínez García,
Manuel Fernández-Galiano,
José Manuel Pabón 
José María Pérez Martel 
y Mireia Movellán Luis.
Alianza Editorial. Madrid, 2017.


“Platón es un estupendo narrador de mitos. Ese es un hecho indiscutible e indiscutido, y que se evidencia bien en una selección como la que se presenta en las páginas siguientes. Todo lector de Platón es consciente de ese rasgo de su obra. Los mitos no sólo ocupan cierta extensión en sus páginas, sino que destacan en el conjunto de la obra platónica por su fuerza poética y plástica y su seducción intelectual. Quien ha leído los más importantes Diálogos, recuerda siempre esos mitos que parecen abrir en las charlas del parlero Sócrates luminosas ventanas a un fantástico más allá”, escribe Carlos García Gual en Invitación a la lectura, el texto de presentación de su antología de Mitos de Platón que publica Alianza Editorial en su colección de bolsillo.

De Prometeo, que robó el fuego a los dioses, a Theuth el egipcio, que inventó la escritura, pasando por la alegoría de la Caverna, el juicio de Minos o la utopía ideal de la Atlántida, Eros y los seres demediados o el Hades y el viaje de las almas al más allá, veinte mitos en los que la narración se pone al servicio de la filosofía, la poesía al servicio de la ética, la imaginación al servicio de la argumentación y la alegoría al servicio de la persuasión. 

Aunque criticaba a los poetas, Platón asume su legado mitológico y, como indica García Gual "no renuncia a los mitos como una forma de expresar la verdad, sino que, a la postre, los recoge con fines filosóficos y pedagógicos. De ahí una cierta paradoja: en el conflicto entre el logos y el mythos, Platón no elimina la herencia mitológica, sino que trata de complementar el uno con el otro desde un nuevo horizonte, con vistas a una pedagogía filosófica y su deriva ética."

En esta selección de fragmentos de diálogos platónicos se recogen veinte mitos en los que conviven la profundidad filosófica, la belleza literaria y la hondura poética. Platón los incorporó a sus obras para abordar las preocupaciones del hombre, las preguntas sobre el origen y las postrimerías, sobre el amor y la muerte, sobre la civilización y el sentido de la existencia.

Santos Domínguez

17/11/17

Miguel Ángel Velasco. Pólvora en el sueño

Miguel Ángel Velasco.
Pólvora en el sueño.
Edición de Alfredo Rodríguez.
Chamán Ediciones. Albacete, 2017.

Hoy me dicen que es mi cumpleaños, 
pero ya tengo demasiados muertos 
como para ponerme a celebrar 
fecha ninguna. Y es que no sé bien 
qué hay que festejar: haber llegado aquí, 
azul, 
casi asfixiado por las contracciones, 
dejando atrás un mundo de música y de agua. 
Celebrar nuestro ingreso 
en esta inmensa fábrica de muerte. 
Y es que además ya faltan demasiados 
para ponerse uno a festejar 
la propia duración como si nada. 

Así comienza Aniversario, un poema de Miguel Ángel Velasco que apareció en el año 2000 en La vida desatada y que forma parte de la espléndida antología que Alfredo Rodríguez ha preparado para Chamán Ediciones.

Pólvora en el sueño es el título de esta cuidada edición que aparece cuando se cumplen siete años de la inesperada muerte del poeta y que está llamada a convertirse en un libro de referencia imprescindible sobre la obra de uno de los poetas fundamentales de los últimos años en España.

Por decirlo con las palabras de Alfredo Rodríguez en su iluminador prólogo, Miguel Ángel Velasco era “uno de los mejores poetas con los que contaba nuestra lengua, un poeta verdadero, alguien que vivía la literatura, y por encima de todo la poesía, más que como un oficio como un sacerdocio, siempre alejado de los aparadores literarios más convencionales.” 

Pólvora en el sueño -señala Alfredo Rodríguez- “recoge los poemas de Miguel Ángel Velasco que a mí, personalmente como lector suyo, más me impactaron, aquellos que más me emocionaron e impresionaron durante las primeras lecturas, con los que más intensamente conecté, y que luego más me hicieron reflexionar en sucesivas lecturas; aquellos poemas en los que más sentí que brillaba la alta poesía, en fin, en los que más me reconocí, y que constituyen, sin duda, mi continuo asombro ante su escritura, la aventura que sigue constituyendo para mí.” 

Entre El sermón del fresno, su cuarto libro, y el póstumo La muerte una vez más, Pólvora en el sueño ofrece una selección irreprochable que reúne una muestra representativa del mundo poético de Miguel Ángel Velasco, además de cinco textos en prosa y tres entrevistas que completan la imagen del poeta.

Una antología de un centenar largo de poemas en los que conviven la emoción y la reflexión, lo visionario y lo contemplativo, la vida y la muerte, el himno y la elegía, el rigor formal, la importancia del ritmo y las metáforas brillantes, la revelación y la mirada, la hondura de su pensamiento y la intensidad de su mundo poético, atravesado por el sentimiento del tiempo.

"Tras el cristal, un mundo aún parece posible", escribía en un poema fechado el 1 de enero de 2010. Nueve meses justos después, el 1 de octubre siguiente, atravesaría la frontera para ir definitivamente al otro lado del espejo.

Lo había previsto repetidamente en algunos de los poemas de La muerte una vez más, como este homenaje a Emily Dickinson que tituló Caja de compás:

Cuando yo ya no esté y tiréis mis cosas
al cubo de las cosas ya sin alma,
a quien tome la caja
del compás, yo le ruego
lo haga con cuidado; mi niñez
plegada duerme dentro.

Y aún otra cosa más
le he de pedir: no un círculo
completo, que ello fuese
demasiada merced para mi sueño
sin tiempo, un arco basta, sugiriéndole
el columpio de sol, que mi niñez
sabrá hacer lo demás cuando regrese
a su funda morada.

Poemas que –explica Alfredo Rodríguez en su prólogo, que es un acercamiento a la persona y la obra de Miguel Ángel Velasco - “son auténtica pólvora. O, como él mismo diría, son pólvora en el sueño.”

Santos Domínguez

15/11/17

Agenda Literaria Nabokov

Agenda literaria 2018.
Vladimir Nabokov.
Anagrama. Barcelona, 2017.

Anagrama celebra la obra de Vladimir Nabokov con una espectacular Agenda literaria 2018 que incorpora dos textos inéditos traducidos por Jesús Zulaika: una aguda reflexión sobre La metamorfosis y una meditación sobre el boxeo, la vida y el arte en Breitensträter-Paolino.

Con abundantes fotografías del escritor y sus libros, con dibujos de mariposas hechos por el  novelista entomólogo, con citas de sus libros, fragmentos de ensayos sobre su obra y reproduccioness de manuscritos y mecanoscritos, esta agenda es un complemento de la imprescindible Biblioteca Nabokov que publica Anagrama en sus colecciones Compactos y Panorama de narrativas.

Una invitación a pasar un año con Nabokov, a leerlo o a releerlo. Un libro para disfrutarlo todo el año.

13/11/17

Prosa escogida de Lêdo Ivo

Lêdo Ivo. 
Isla de mí.
Edición y traducción de Martín López-Vega.
Saltadera. Oviedo, 2016.

“La teoría literaria consiste en pretender enseñar a las águilas a volar”, escribe  Lêdo Ivo en Isla de mí,  el volumen que recoge su prosa escogida con edición y traducción de Martín López-Vega. 

Lo publica Saltadera con un epílogo de Gonçalo Ivo (En el resplandor matinal. Anotaciones sobre la poesía de Lêdo Ivo) y se organiza en tres partes en torno a tres imágenes -Raíz, Archipiélago, Constelación- que resumen su mundo literario y personal en "autorretrato en teselas', como titula López-Vega el prólogo en el que califica estos textos como "una fiesta de la inteligencia."

Con evocaciones de la infancia y la adolescencia, recuerdos de sus lecturas formativas, reflexiones sobre vida y poesía – “El poeta crea aquello que contempla”-, análisis de la obra de otros autores (Flaubert y Kafka, Ungaretti y Clarice Lispector o una espléndida lectura de Dostoyevski ) o sobre la modernidad y la poesía en la era de la globalización, estas prosas se mueven entre la memoria autobiográfica, el aforismo afilado y la aguda reflexión crítica.

Con textos procedentes de Confissões de um poeta, O aluno relapso, Ajudante de mentiroso y Poesia observada, Isla de mí ofrece una magnífica selección que refleja el amplio horizonte literario de Lêdo Ivo, revela las claves de su escritura y muestra la variedad de sus intereses intelectuales y vitales o su insularidad: "Mi insularidad aborrece los cofrades y desagrada a los críticos aferrados a las nociones mediterráneas de la literatura."

Santos Domínguez

10/11/17

Vicente Gallego. Cantó un pájaro


Vicente Gallego.
Cantó un pájaro.
Antología esencial.
Antología y prólogo 
de Antonio Moreno.
Fondo de Cultura Económica.
Madrid, 2016.

La espléndida colección de poesía Antología esencial, que viene publicando el Fondo de Cultura Económica, está dando cuenta de la variedad tonal y temática de la poesía actual en español a través de algunas de sus voces más significativas: de Chantal Maillard a Ada Salas pasando por Juan Carlos Mestre o Aurora Luque.

Uno de sus títulos más recientes es Cantó un pájaro, la antología esencial de Vicente Gallego, una generosa selección de su poesía entre Santa deriva y Ser el canto. Se ha responsabilizado de su edición otro poeta, Antonio Moreno,  que en el prólogo señala que es esta “una poesía verdadera, señalada de principio a fin por la emoción y por una intensidad que mal se aviene con las ambigüedades especulativas ni con las medias tintas. Según discurre, sus palabras, de trazos siempre firme y limpio, consuenan cada vez más con la música que invariablemente las distinguió y las ha traído hasta volverse canto.”

Se trata de un recorrido amplio por los siete libros que reconoce Vicente Gallego como suyos, descartados otros con los que ya no se identifica. Y a esos siete libros se añaden diez poemas inéditos antes de un epílogo –Acaso el corazón- en el que el poeta reflexiona sobre su escritura y explica el sentido del título de esta antología: "En mitad de mi primera juventud, cantó un pájaro. Escuché claro su trino, y ya no pude volver a dormirme en mi inconsciencia. La palabra no estaba ahí, como me había parecido, para explicarnos nada. Simplemente, había un pájaro cantando en lo más cierto. ¿Dónde, en nombre de quién, por obra de qué prodigio? El pájaro cantaba y no era en mí, era pájaro adentro."

Esa imagen del pájaro adentro es la que mejor resume la idea que sostiene Vicente Gallego de la poesía como viaje hacia la revelación, una aventura en la que el poeta es un mediador a la manera en que Sócrates consideraba al filósofo partero de la verdad. 

En ese camino poético hacia el despojamiento expresivo y la búsqueda de la esencialidad que ha recorrido la poesía de Vicente Gallego, la armonía es seguramente la clave central de la búsqueda: la plenitud del mediodía, la conmemoración de la amistad, la consonancia con los animales o los árboles plasman esa armonía amorosa, ese júbilo humano que es también armonía con los objetos y con la naturaleza bajo la luz estival. 

Así en estos versos de Mundo dentro del claro:

Cantó un pájaro, oí
su decir claramente,
y en todo el universo sólo había
certeza y gratitud. 

Armonía entre lo interior y lo exterior en la mirada del poeta, entre pensamiento y sentimiento, entre sensorialidad y meditación; armonía que es el resultado de una dialéctica de la antítesis y se perfila verbalmente como una poética del oxímoron de la que brota el canto.

De ese debate surge la celebración de la luz y la revelación del mundo a salvo en el claro de la poesía y la palabra. Mundo pleno en el que el poeta se abisma y se asoma a la realidad, se pierde y se halla cuando todo está lleno y vivo de su nada.

Esta antología refleja con todos sus matices ese proceso de depuración hacia la desnudez de un poeta disuelto en la palabra y olvidado de sí mismo para ser el canto, como se titula su último libro, en una línea evolutiva que recuerda al tercer Juan Ramón, a Claudio Rodríguez o a Francisco Brines, tres de sus referentes esenciales.

A Cuaderno de brotes, un libro de poemas en prosa publicado en 2014, pertenece El habla de los pájaros, un texto que vale por toda una poética. Lo dejamos aquí como la mejor invitación a entrar en este mundo en claro de la poesía de Vicente Gallego:

Si alguien quisiera saber cómo escribo a estas alturas, le sugeriría que preguntara a la lluvia cómo cae, al fruto cómo crece. Escribo escribiendo, respiro respirando. ¿Qué hay aquí, entre lo verdadero, que no se nos ofrezca de natural? Escribo como el que oye el habla de los pájaros y nada ambiciona añadirle, pues sabe que ellos se entienden con sus cosas. No se escribe poesía con el pensamiento, nace con palabras sueltas, apenas con sonidos, escuchando los asomos musicales, dejándolos decirse y desdecirse, casi casi con nada.


Santos Domínguez

8/11/17

Chesterton. Temperamentos

G. K. Chesterton.
Temperamentos.
Traducción de Juan Antonio Montiel y Natalia Barbarovic.
Jus Ediciones. Barcelona, 2017.

Decía Alberto Manguel que "al leer a Chesterton nos embarga una peculiar sensación de felicidad. Su prosa es todo lo contrario de la académica: es alegre."

Al lector de Chesterton le espera siempre en sus páginas la inteligencia aguda y profunda de aquel cofrade glotón de la hermandad de las buenas letras, que no compartió con Mallarmé la angustia de la creación ni la inseguridad de la página en blanco.

Lo puede comprobar con estos Temperamentos que publica Jus Ediciones con traducción de Juan Antonio Montiel y Natalia Barbarovic.

Con su habitual perspicacia crítica, Chesterton abordó en esta espléndida obra un recorrido por la biografía y por la obra literaria de autores como William Blake, Byron, Charlotte Brontë, Stevenson o Tolstói. 

Además de su amplio e imprescindible tratado sobre William Blake, que ocupa las dos terceras partes del libro e incorpora un espléndido cuadernillo central de ilustraciones, el volumen contiene otros ocho ensayos sobre escritores, artistas y místicos, sobre cuatro temperamentos artísticos y cuatro temperamentos religiosos sobre los que Chesterton proyecta su mirada inteligente y luminosa.

William Blake (1757-1827), el eje de Temperamentos, es uno de los poetas más enigmáticos y asombrosos de la tradición occidental. Su intensa poesía fue una isla deslumbrante en el racionalismo del siglo XVIII, una profecía del irracionalismo romántico y de la actitud visionaria del superrealismo.

Chesterton trazó en su ensayo un retrato global y comprensivo del artista complejo que fue Blake, de sus problemáticas relaciones con los editores, de la convivencia en su figura y en su obra de lo oscuro y lo deslumbrante a la vez, de la inspiración y el caos, de lo disparatado y lo convencional, de un raro equilibrio, de una inusual coexistencia de lucidez y locura que el biógrafo resume en su estilo inconfundible: Blake no era, ni mucho menos, un poeta sentimental ni un místico bobalicón. Si era un loco, era también un hombre.

Esa mirada optimista y luminosa de Chesterton se proyecta sobre Byron, que lejos de ser un pesimista, pertenecía a una especie que podría llamarse la de los optimistas inconscientes; o sobre Charlotte Brönte y su épica del júbilo del hombre tímido. Es la mirada que exalta el valor de la imaginación en Stevenson, que murió con mil historias en el corazón.

El que escribe estas páginas es siempre un Chesterton profundamente  cordial y comprensivo, capaz de entender a un personaje como Savonarola o de definir el cristianismo de Tolstói como uno de los acontecimientos más dramáticos y emocionantes de nuestra civilización moderna.

Con ese optimismo invencible, escribe Chesterton estas líneas al final del ensayo sobre William Morris: este dolorido gris verdoso de la penumbra estética en la que ahora vivimos, a pesar de la opinión de los pesimistas, no es el gris de la muerte, sino el del amanecer.

Santos Domínguez

7/11/17

Tumbas de poetas y pensadores

Cees Nooteboom.
Tumbas de poetas y pensadores. 
Fotografías de Simone Sassen.
Traducción de María Condor.
Siruela. Madrid, 2017. 

¿Por qué visitamos la tumba de alguien a quien no hemos conocido en absoluto? Porque aún nos dice algo, algo que sigue resonando en nuestros oídos, que hemos retenido e incluso no hemos olvidado, que nos sabemos de memoria y de vez en cuando repetimos, en voz baja o en voz alta. 
 (...)
Los poetas cuyas tumbas he visitado sabían todo esto. Yo no revelo aquí ningún secreto. Las he visitado porque forman parte de mi vida. Porque han acompañado dicha vida de las maneras más diversas y en los momentos más variados. Unas veces eran lisa y llanamente poetas, poetas en sentido amplio: versificadores y pensadores, escritores y filósofos, es decir, junto a Celan y Dante estaban también Descartes y Wittgenstein, Mann y Kafka; y otras, como en el caso de Borges o Joyce, una combinación de ambos. Para mí son voces vivas. Ni siquiera entre miles de lápidas funerarias he tenido jamás la sensación de haber ido a visitar a un muerto. La relación es siempre personal, incluso cuando se trata de poetas que murieron hace tanto tiempo como Virgilio, Hölderlin o Leopardi. 

Esas líneas pertenecen a Tumbas de poetas y pensadores, el libro de Cees Nooteboom que publica Siruela con traducción de María Condor.

Ilustrado con las espléndidas fotografías en blanco y negro que hizo Simone Sassen, es un libro espectacular que propone no sólo un itinerario por decenas de tumbas de escritores. Es también y sobre todo un diálogo con esos autores y una lúcida aproximación a sus obras, porque “cada visita a la tumba de un poeta es una conversación en la cual la respuesta ya está ahí mucho antes que todo lo que nosotros mismos pudiéramos decir.”

Las tumbas de Proust, Vallejo y Wilde en el cementerio Père Lachaise de París;  el Monte Vaea de Samoa donde está enterrado Stevenson en medio de un silencio vivo sobre la selva virgen; la lápida de Yeats en la niebla de la costa irlandesa; las tumbas nevadas de Canetti, Thomas Mann y Joyce cerca de Zúrich; la de Valéry en su cementerio marino y la de Chateaubriand entre las rocas de St. Malo contra un fondo de olas en la abrupta costa de Bretaña; las tumbas de Keats y Shelley en el Cementerio Acattolico de Roma; las de Beckett, Cortázar y Baudelaire en Montparnasse; la de Borges en Ginebra bajo una inscripción en anglosajón –Y nada temas- tan lejana de la de Bioy Casares en La Recoleta bonaerense; las tumbas vienesas de Bernhard y Auden, a la sombra de una pequeña iglesia blanca; la de Italo Calvino en la Toscana y la de René Char en la Provenza; la de T. S. Eliot en East Coker -in my beginning is my end / in my end  is my beginning- las de Goethe y Schiller,vecinos en su cripta de Weimar; las tumbas costeras de Robert Graves en Deià y de Neruda en Isla Negra; las de Hölderlin en Tubinga y Leopardi en Nápoles; la de Machado en Collioure; las tumbas venecianas de Pound y Brodsky...

Una viva evocación de los autores y de sus obras, porque “visitamos a unos muertos a los que conocemos mejor que a la mayoría de los vivos.”

Y porque en gran medida la literatura es una conversación con los muertos, Cees Nooteboom visitó durante años decenas de tumbas de poetas y pensadores. De esa experiencia surgió este libro, un viaje inducido por la lectura y que invita a la relectura, porque “el que visita la tumba de un poeta emprende una peregrinación a sus obras completas.”

Santos Domínguez

6/11/17

John Berger. Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos


John Berger.
Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos.
Ilustraciones de Leticia Ruifernández.
Traducción de Pilar Vázquez.
Prólogo de Manuel Rivas.
Nórdica Libros. Madrid, 2017.

Cuando abro la cartera
para enseñar el carné
para pagar algo
o para consultar el horario de trenes
te miro.

El polen de la flor
es más viejo que las montañas
Aravis es joven
para ser una montaña.

Los óvulos de la flor
seguirán desgranándose
cuando Aravis, ya vieja,
no sea más que una colina.

La flor en el corazón
de la cartera, la fuerza
de lo que vive en nosotros
sobrevive a la montaña.

Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos.

Del último verso de ese poema de John Berger que abre el volumen toma su título el bellísimo libro que publica Nórdica con traducción de Pilar Vázquez, ilustraciones de Leticia Ruifernández y un prólogo de Manuel Rivas – John Berger: La mirada fértil, la mano sincera- en el que  se lee:

“Quien se dedica a deslumbrar, pierde la facultad de descubrir. La luz de Berger descubre lo que permanecía invisible u oculto, pero su aproximación no es la de una luz depredadora o dominante. No hay una jerarquía en el descubrimiento. En realidad, existe descubrimiento donde hay enigma. Si deslumbras al descubrir, haces desaparecer el enigma. La aproximación de Berger busca no ahuyentar el enigma, sino protegerlo.
(...)
Toda la obra de John Berger es un laborioso avance por la incerteza, merodeando, sin pisar. Y eso es lo que permite ver lo imprevisible, pero también crear lo jamais vu, otras especies, otras realidades. El realismo de Berger consistía en ir «más allá» de la realidad.”

Organizado en dos partes – Una vez y Aquí-, la primera trata del tiempo; la segunda, del espacio. Y en torno a esos dos ejes se organizan los textos de este volumen poliédrico en el que se conjugan o alternan las diferentes miradas de Berger: la mirada del poeta y la del ensayista, la del narrador y la del experto en arte que deja aquí dos espléndidos acercamientos a la pintura de Van Gogh y Caravaggio.

Bajo esas miradas, un Berger sencillo y profundo conjura las emociones: el amor y la ausencia, el tiempo y la distancia, la naturaleza y los cuentos, el paisaje de las Highlands, la pérdida y el desarraigo, las separaciones en los andenes de las estaciones de ferrocarril.

Con un constante telón de fondo sobre el que se proyectan el sentimiento del tiempo y la noción de lugar, conviven en estas páginas  la reflexión sobre la poesía –El poeta sitúa el lenguaje fuera del alcance del tiempo o, más exactamente, el poeta se aproxima al lenguaje como si fuera un lugar, un punto de encuentro en donde el tiempo no tiene finalidad, en donde el propio tiempo queda absorbido y dominado- con la reflexión sobre la pintura -¿No será, acaso, que la inmovilidad de la imagen pintada expresa la atemporalidad? El hecho de que los cuadros sean profecías de su propia contemplación no tiene nada que ver con las perspectivas del vanguardismo moderno en donde el futuro está reivindicando continuamente al profeta incomprendido. Lo que comparten el pasado, el presente y el futuro es un substrato, una tierra intemporal.

Y sobre ese cruce de tiempo y espacio, la fugacidad y las despedidas:


El cuerpo envejece. El cuerpo se prepara para morir. Ninguna teoría del tiempo nos presta alivio alguno en este punto. La muerte y el tiempo siempre han estado aliados. El tiempo se lo llevaba a uno con mayor o menor presteza; la muerte, de un modo más o menos súbito.

Santos Domínguez