12 enero 2009

Razonado desorden


Razonado desorden.
Textos y declaraciones surrealistas, 1924/1939.

Edición, prólogo, traducción y notas de Ángel Pariente.
Pepitas de calabaza. Logroño, 2008

Comprendería menos a Rimbaud sin el surrealismo, escribió Ernst Delahaye. Tal vez recordaba que en una carta de 1871 Rimbaud proponía como objetivo de la poesía llegar a una iluminación de lo desconocido mediante “un largo, inmenso y razonado desorden de todos los sentidos.”

A esa propuesta obedece el título de la amplia selección de textos y declaraciones surrealistas que publica Pepitas de calabaza en una edición ilustrada que ha preparado Ángel Pariente.

Organizados cronológicamente entre el Primer Manifiesto Surrealista de 1924 y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, se recogen en este volumen una gran cantidad de textos que trazan una imagen global de los primeros años –los de la adolescencia provocadora- del movimiento surrealista, el más consistente de la vanguardia de entreguerras.

Medio centenar de documentos que son un testimonio del activismo surrealista, de una nueva manera de escribir, de afrontar el arte y de intervenir en la vida pública con la práctica de la desobediencia y el escándalo. Porque, a diferencia de otros movimientos de vanguardia, el surrealismo vivió más en la acción que en la teoría, más en la escritura que en el manifiesto y más en la calle que en los cafés.

Como en las novelas policiacas, al principio de este libro hay un cadáver. Es el de Anatole France, que moría en 1924, el mismo año que Breton firmaba el Primer Manifiesto Surrealista.

Cuando lo enterraron se enterraban también los últimos residuos decimonónicos. No le acompañó la piedad de las declaraciones: hortera, siniestro personaje, vulgar plato de entremeses, encarnación del servilismo, el oportunismo y la marrullería del cobarde fueron algunas de las flores que le mandaron Eluard o Breton para ambientar una oración fúnebre que despedía a toda una época.

Ese fue uno de los momentos más agresivos de un movimiento provocador y creativo que cambió la forma de escribir y de mirar la realidad desde el arte. Con esas declaraciones sobre un cadáver -no exquisito precisamente- y sus lectores degradados (desechos del género humano en palabras de Aragon) se abre este amplio volumen con textos y declaraciones surrealistas de los primeros años (1924/1939), de la adolescencia radical y provocadora del movimiento.

Desalojaron del canon para siempre a Moréas, a Barrés o a Claudel, poeta de sacristía, contra el que firmaban el 1 de julio de 1925 una carta abierta que terminaba así:

Catolicismo, clasicismo greco-romano, os abandonamos a vuestras devociones infames. Que os aprovechen de todas formas, engordad aún, reventad bajo la admiración y el respeto de los ciudadanos. Escriba, ruegue, babee; reclamamos el deshonor de haberle tratado de una vez por todas de pedante y de canalla.

Manifiestos, declaraciones, encuestas sobre el suicidio, la sexualidad y el onanismo, libelos contra los curas, protestas contra los hipócritas que erigen en 1927 una estatua a Rimbaud:

Vivió como vosotros, comemierdas. Pensad que no necesitaba vivir: se emborrachaba, se peleaba, dormía bajo los puentes, tenía piojos.

Todos esos textos fijan la postura moral del surrealismo, su defensa de la libertad en todos los órdenes de la vida y la literatura, su desprecio de la religión, su propuesta de “barrer a Dios de la superficie de la tierra”, su repudio de la burguesía y las tradiciones, su protesta contra el fascismo y su denuncia de la sublevación militar en España.

Acompañada de una cronología, El surrealismo y su tiempo (1919-1940) que sitúa el surrealismo en su ambiente, la selección de textos se completa con una bio-bibliografía de los principales firmantes de los documentos.

Aragon, Artaud, Bataille, Breton, Chagall, Char, Crevel, Desnos, Éluard, Ernst, Giacometti, Péret, Pound, Prévert, Ray, Reverdy, Tzara, son algunos de esos nombres que hablan por sí solos de la importancia del fenómeno y demuestran que la repercusión del surrealismo transcendió los límites de la cultura para afectar a todas las manifestaciones sociales y a las distintas modalidades artísticas, desde el cine a la fotografía, desde la poesía a la pintura.

Franceses en su mayoría, hay entre ellos una importante representación española con los previsibles Buñuel o Dalí y con los más radicales Agustín Espinosa o Domingo Pérez Minik.

Otros dos volúmenes publicados por esta misma editorial -Los días en rojo y ¿Qué hay de nuevo, viejo?- confirman la repercusión del surrealismo como un movimiento transcendental en la cultura contemporánea.


Santos Domínguez

10 enero 2009

Catálogo de incesantes


Marcos Canteli.
Catálogo de incesantes.
Bartleby. Madrid, 2008.


Marcos Canteli (Bimenes, Asturias, 1974) acaba de publicar en Bartleby Catálogo de incesantes, su cuarto libro de poesía, que se añade a su labor de traducción de poetas norteamericanos como Robert Creely, Oppen, Kerouac o Ashbery, que han dejado en su propia labor creativa una huella tan inevitable como fecunda.

Catálogo de incesantes es el resultado inquietante de una labor singularísima y exigente que se mueve entre el decir y el no decir, en un “estar ineludible en la palabra de la lengua y en el silencio de la lengua” con que ha caracterizado Eduardo Milán esta poesía.

La escritura de Marcos Canteli es teoría y práctica del hueco, collage expresivo que ignora las fronteras porque está instalado en ellas. Y es que vivir la literatura como una experiencia en el margen, escribir en ese límite en que se cruzan lo determinado y lo indeterminado, en lo que hay de demarcaciones inestables en el tanteo en la oscuridad, aquel ya clásico no saber sabiendo, es la mejor manera de ser un escritor fronterizo.

Poesía no figurativa que se replantea a sí misma y se cuestiona sin concesiones en cada acto creativo en el que se convocan el conocimiento y la escritura con palabras opacas y resistentes que por muy herméticas que sean constituyen siempre una revelación, apertura a otra realidad, generación de mundos. A eso aspira Marcos Canteli, a que el poema sea

convocatoria de lo disperso: reunión, enjambre, y ahora catálogo de incesantes.

Eso incesante, lo que incesantemente aparece y desaparece: roturas del agua, nidos del ojo, astillas musicales de un (otro) sentido.

Y así estos poemas viven en el ámbito impreciso de la intuición y el tanteo, en la sugerencia de la imagen y en el rastreo ciego de una realidad que –como indicó una vez Paul Celan- no antecede a la escritura, sino que es su resultado. En una fragilidad huidiza cuya caza es el objetivo último del poema, como en algunas de sus fuentes declaradas: José-Miguel Ullán y José Kózer, Olvido García Valdés y Eduardo Milán, Lezama o Westphalen.

Porque en Marcos Canteli y en la tradición poética que lo alimenta, un poema es siempre una pregunta:

¿cómo levantarse cuando no haya árboles?

del letargo del día boscoso mi niño prende memoria de aquel boj, tanta claridad oscura, arteria [x] y es vereda umbilical, dulce de agua (sorbo de líquenes humo arcillas de cazadores-recolectores, etc.) [x] pasaje (en cualquier caso) más que pasadizo

Santos Domínguez


09 enero 2009

Strindberg. Alegato de un loco

August Strindberg.
Alegato de un loco.
Traducción de
Cristina Ridruejo Ramos.
El olivo azul. Córdoba, 2008.

Escrita para justificar un fracaso matrimonial -el primero de tres-, como una venganza sangrienta que le acaba salpicando, visceralmente misógina, dolorosa y brutal a un tiempo, el Alegato de un loco es una de las obras más duras de un ser contradictorio hasta lo patológico como August Strindberg, aquel esquizofrénico que hizo de su escisión del mundo uno de los motores de su teatro y su narrativa.

Este libro - reconocía Strindberg en el prólogo- es atroz. Lo admito sin objeciones, pues siento un punzante arrepentimiento por haberlo escrito.

Desde esa primera contradicción, que tiene sus raíces en planteamientos religiosos propios de una espiritualidad atormentada entre el pecado y la culpa, el Alegato de un loco es una suma de escisiones y antítesis. Lo que se plantea como una justificación acaba siendo una prueba de cargo que se vuelve en contra de un Strindberg narrador-protagonista envilecido en su propia conducta y en sus desarreglos sentimentales y psíquicos.

La realidad y el deseo, el cuerpo y el espíritu, la sexualidad y el idealismo, el placer y el dolor, lo masculino y lo femenino, el amor y el odio, la generosidad y la mezquindad, la víctima y el verdugo, la locura y la cordura intercambian sus papeles y se confunden en una obra profundamente perturbadora para un lector que se mueve siempre entre la compasión ante el sufrimiento y el desprecio de la brutalidad.

Expresión de las relaciones problemáticas con la realidad de quien llevaba el problema dentro, el resultado del Alegato de un loco contradice el planteamiento de Strindberg, que hace en esta novela que publica El olivo azul con traducción y notas de Cristina Ridruejo, la terapia particular de su mente atormentada, la dolorosa purga de su corazón.

Santos Domínguez

07 enero 2009

Escritos pornográficos de Boris Vian


Boris Vian.
Escritos pornográficos.
Traducción de Sofía Tros de Ilarduya.
Ilustraciones de Manuel Alcorlo.
Prólogo de Félix Romeo.
Rey Lear. Madrid, 2008.


Breviarios de Rey Lear recupera con una nueva traducción de Sofía Tros los Escritos pornográficos de Boris Vian ilustrados por Manuel Alcorlo y precedidos de un prólogo de Félix Romeo.

Todos esos nombres se han reunido en el rescate del libro irreverente y póstumo de uno de los escritores más provocadores de la posguerra francesa. Boris Vian (1920-1959), escritor polifacético y cruel, cantante patafísico y dramaturgo procaz y antimilitarista, músico de jazz y periodista, es autor de una obra amplia y polémica, la obra de quien vivió y escribió al límite y practicó la subversión como forma de vida y de escritura.

Estos Escritos pornográficos, que eran ya inencontrables en español y que acaba de rescatar Rey Lear, se publicaron póstumos en Francia en 1980 como una recopilación de textos dispersos organizados en dos partes: un primer capítulo teórico, con el texto de su conferencia Utilidad de la literatura erótica, y media docena de textos en verso y prosa que constituyen su parte práctica.

Brillantez, procacidad, juego y sentido del humor atraviesan estos textos que se justifican en esta declaración: leer libros eróticos, darlos a conocer y escribirlos es preparar el mundo del mañana y abrir la senda de la verdadera revolución.

Claro que eso es en la parte de la conferencia en la que Vian se pone transcendente. Sólo un rato antes de acabar -en una penúltima provocación- en la paradoja de negar la existencia de la literatura erótica.

Santos Domínguez

05 enero 2009

El viaje a la ficción de Juan Carlos Onetti




Mario Vargas Llosa.
El viaje a la ficción.
El mundo de Juan Carlos Onetti.
Alfaguara. Madrid, 2008.



En 1966, La casa verde, de Vargas Llosa, y Juntacadáveres, de Onetti, dos novelas ambientadas en prostíbulos, aspiraban al Premio Rómulo Gallegos que finalmente se llevó el peruano. Onetti reconoció la derrota y la superioridad del burdel de Vargas Llosa, que tenía orquesta.

Cuarenta años después se reencontraban los dos novelistas. El otoño de 2006 Mario Vargas Llosa dio un curso monográfico en una universidad norteamericana sobre Juan Carlos Onetti. El resultado de aquel curso, del intercambio de ideas con los alumnos, de la reflexión y la relectura de la obra del narrador uruguayo por el narrador peruano es El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti, el ensayo que publica Alfaguara.

Básicamente lo que yo hago en este ensayo es investigar la manera en la que Onetti utilizó la ficción como un mundo alternativo. La respuesta a la derrota cotidiana es la imaginación: huir hacia un mundo de fantasía. Es decir, aquella operación de donde nació la literatura, por la que existe la literatura y por eso el título del libro.

Un mundo narrativo en el que la invención de historias es un ejercicio de insumisión ante la realidad y los mundos imaginarios se integran en la memoria del narrador como una forma de sobrevivir en el desacato y la rebeldía, como una manera de paliar las frustraciones y de cubrir la distancia que separa la realidad y el deseo. Ese es el mecanismo que sostiene a los antihéroes onettianos:

¿Está loco Brausen? Lo está a la manera de esos personajes memorables de la literatura a quienes la seducción que ejerce la vida imaginaria (...) lleva a sustituir la vida real por la de sus deseos.

Como Brausen, Eladio Linacero, Díaz Grey y sobre todos ellos Larsen, los personajes de Onetti combaten el pesimismo y la abulia con la fantasía y alivian sus decepciones en el sueño de un mundo imaginario ambientado las más de las veces en la irreal ciudad del sueño que se llama Santa María, un estado de ánimo más que un espacio.

A destacar el papel fundamental de Onetti en la construcción de la narrativa latinoamericana, con sus novelas y sus relatos breves, a dilucidar la influencia de Faulkner, Céline o Borges en su obra y a explorar las semejanzas y diferencias con esos autores que interpolaron en la realidad mundos imaginarios alternativos, dedica Vargas Llosa algunas de las mejores páginas de su estudio sobre el uruguayo.

Un ensayo que no se centra sólo en el universo novelístico, sino que destaca la fuerza de sus primeras obras maestras, de relatos como El sueño realizado, Bienvenido, Bob o Jacob y el otro, que anticipan la potencia de unas narraciones breves que están a la altura de Borges, Rulfo, Scott Fitzgerald o Faulkner y alcanzan su cumbre en El infierno tan temido, el mejor de los cuentos de Onetti y una inquietante inmersión en la maldad humana.

El tema de la ficción y la vida es una constante que, desde tiempos remotos, aparece en la literatura, y, además de las obras que ya he citado —el Quijote y Madame Bovary—, muchas otras lo han recreado y explorado de mil maneras diferentes. Pero acaso en ningún otro autor moderno aparezca con tanta fuerza y originalidad como en las novelas y los cuentos de Juan Carlos Onetti, una obra que, sin exagerar demasiado, podríamos decir está casi íntegramente concebida para mostrar la sutil y frondosa manera como, junto a la vida verdadera, los seres humanos hemos venido construyendo una vida paralela, de palabras e imágenes tan mentirosas como persuasivas, donde ir a refugiarnos para escapar de los desastres y limitaciones que a nuestra libertad y a nuestros sueños opone la vida tal como es.

A ese impulso con el que la imaginación se instala en la realidad y la ficción invade la vida obedece la invención por Brausen en La vida breve de Santa María, un territorio imaginario en el que Onetti ambientará sus relatos más significativos y una metáfora que va más allá del espacio personal y se plantea como una alegoría de la ruina y el fracaso de la realidad política de Uruguay y de América Latina.

Como en algunos de sus memorables ensayos sobre García Márquez, Flaubert o Tirant lo Blanc, un Vargas Llosa lúcido y brillante -pese a la discutible displicencia con que despacha injustamente Los adioses como si fuera una obra menor- hace un análisis certero y profundo de las claves vitales y narrativas de Onetti, con especial atención a esas dos cimas que se titulan La vida breve y El astillero, en las que la vida es una desgracia y la imaginación es una respuesta a la derrota cotidiana, el billete de ida del viajero que huye.

Y como en la obra de Onetti, también en el texto de Vargas Llosa la realidad y la ficción se cruzan en la bruma porteña o en la evocación del tumbado de los últimos años en la casa de la Avenida de América donde escribió Cuando ya no importe, su última novela, en la que emerge la memoria de un exiliado de su país y de la realidad.

Santos Domínguez

03 enero 2009

Liverpool


José María Millares Sall.
Liverpool.
Calambur. Madrid, 2008.


Sobre vuestros curtidos rostros de paloma endurecida,
sobre vuestras sonrisas de sal y vino agrio, ya sobre los duros cristales de la niebla,
está mi alma, están mis ojos, amigos,
y sobre el último dolor de la tierra,
y sobre el último dolor de mis manos, tanteando el duro cemento de una puerta vacía,
y sobre la última agonía de las aguas está flotando mi corazón, señores, mi corazón.


Con fraseo envolvente y poderoso, con una sintaxis progresiva y espiral que remite a la versión de Poeta en Nueva York que había editado Bergamín en México pocos años antes, Liverpool es uno de los libros más sorprendentes de la posguerra.

Hay en sus poemas versos como estos:

Sí, a vosotros, que sois como el número tres, me dirijo.
Quisiera poder deciros
cómo aborrezco cada latido de vuestros corazones de perro con librea,
porque no tenéis la sangre suficiente para dirigir una palabra
hacia esa altura desnuda en la paloma;
sin que se acobarde y se estire como una lengua babosa
por las ensortijadas manos que os consume;
porque carecéis de espíritu, porque habéis nacido como un número,
como el número tres,
débil y rastrero, sin voluntad de hombres, sin voz

Lo publicó en 1949, hace casi sesenta años, José María Millares Sall (Las Palmas, 1921), que inauguraba con ese título la efímera colección canaria Planas de Poesía. Su despliegue de imágenes visionarias, su fondo urbano (Liverpool, Hong-Kong), el tono airado y apocalíptico de los seis poemas que lo integran, su compromiso problemático con la realidad mantienen la vigencia de un libro que pasó casi desapercibido para los lectores y fue silenciado por la crítica en aquellos años de poetas celestiales y sonetos arraigados.

Dos años después, la prohibición de Planas de Poesía por la censura y el procesamiento de José María Millares Sall acabaron de enterrar aquellos textos que enlazaban con la mejor herencia del expresionismo y el superrealismo de entreguerras:

porque además de ser un hombre como vosotros, soy un poeta, y un poeta es un corazón más sobre la niebla del mundo.
Por favor, abridme paso, que quiero ser el primero en saludar con mi sangre vuestras sonrisas de azufre, vuestras mujeres de estopa. Por favor, abridme paso.

Lo acaba de recuperar Calambur en una feliz iniciativa, casi un descubrimiento, en una cuidada edición con un epílogo iluminador (Para volver a Liverpool con José María) de Jorge Rodríguez Padrón.

Santos Domínguez

02 enero 2009

Camus. A contracorriente


Jean Daniel.
Camus. A contracorriente.
Traducción de José Luis Gil Aristu.
Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores.
Barcelona, 2008.


Jean Daniel publica en Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores su Camus. A contracorriente. Con introducción de Sami Naïr (Una amistad), es una estupenda aproximación a la ideología, la ética y la literatura de Albert Camus hecha por quien compartió con el autor de El extranjero experiencias personales, labores periodísticas, posturas morales y discrepancias políticas.

Este libro, que apareció en Gallimard en 2006 con un título elocuente (Avec Camus. Comment résister à l’air du temps), es la memoria de una relación intelectual, un ensayo filosófico y un homenaje admirativo a la arrolladora personalidad de Albert Camus, un hombre a contracorriente y un intelectual íntegro que equilibró literatura y pensamiento, creación y compromiso en una obra ejemplar en honestidad, rebeldía, actualidad y apasionamiento.

Esas claves intelectuales que anclan la obra de Camus en la exigencia ética y la radicalidad testimonial tienen mucho que ver con la actividad periodística que compartió con Jean Daniel y que consideró a menudo como el oficio más hermoso del mundo.

A evocar esa labor periodística compartida dedica buena parte de este homenaje el biógrafo, que traza aquí un retrato profundamente humano de un Camus inconformista e íntegro y hace el recuento de muchas horas de relación y ejemplo.

Libertad y terrorismo, ética y política, compasión y lucidez, periodismo y literatura son los ejes temáticos de la evocación de un autor cada vez más vivo, sobre cuya vigencia escribe Jean Daniel estas líneas:

Los jóvenes no necesitan ser iniciados en Albert Camus. Se sumergen en su obra por sí solos y encuentran en ella -¡qué milagro!- su propia sensibilidad.

Santos Domínguez