06 octubre 2008

Relatos después de la batalla (1808-1823)


Alcalá Galiano, Mesonero Romanos, Jovellanos, Capmany, Larra.
Relatos después de la batalla (1808-1823).
Espasa. Fundación Dos de Mayo. Madrid, 2008.



En Relatos después de la batalla (1808-1823), que edita Espasa con el patrocinio de la Fundación Dos de Mayo, Antonio Fernández García ha preparado e introducido una selección de cinco textos que ofrecen cinco versiones de aquellos hechos, cinco relatos después de la batalla.

Cuatro de esos relatos toman como punto de referencia el Dos de mayo y sus consecuencias, desde el punto de vista de quienes tuvieron un papel relevante en aquellos días o desde el recuerdo.

El artículo primero de la Memoria que escribió Jovellanos para rebatir las calumnias divulgadas contra los individuos de la Junta Central es una justificación de la conducta de aquel ilustrado y una defensa de la legitimidad de la Junta.

El Centinela contra franceses, de Antonio de Capmany, es un folleto propagandístico de tono muy distinto. Es propaganda de guerra, una soflama para desacreditar al francés.

Los diez primeros capítulos de los Recuerdos de un anciano, de Alcalá Galiano y los once primeros de las Memorias de un setentón natural y vecino de Madrid, de Mesonero Romanos tienen el enfoque propio de la memoria autobiográfica, una mayor distancia de los hechos y por tanto un tono más evocador y descriptivo.

Y finalmente, El hombre-globo, es un artículo irónico y divertido de Larra, que parece aludir a Godoy tras distinguir varias tipologías de hombres: sólidos, líquidos y gaseosos. Como la mayoría de sus artículos, no ha perdido actualidad y esas caracterizaciones podrían utilizarse como patrón de análisis del presente. Por eso Larra es ya un clásico, porque su obra no envejece sino que se actualiza en cada lectura posterior.

Todos ellos, con su distinta tonalidad e ideología, desde el progresismo ilustrado al tradicionalismo conservador, con su análisis intelectual o con su tono incendiario y visceral, con la melancolía del recuerdo o con la ironía del romántico, dan idea cabal de la complejidad y la transcendencia de aquellos acontecimientos que marcaron para bien y para mal nuestra historia contemporánea.

Luis E. Aldave

04 octubre 2008

La casa roja




Juan Carlos Mestre.
La casa roja.
Calambur. Madrid, 2008.


Nueve años después de La tumba de Keats, el nuevo libro de Juan Carlos Mestre, La casa roja, del que ya había publicado algunos adelantos, vuelve a explorar el espacio autónomo de la poesía y la palabra como ámbito de libertad, conocimiento y creación.

Quien entra en La casa roja, que publica Calambur, entra en la casa de las preguntas, en el lugar en que la poesía se convierte en conciencia de lo oculto y en descubrimiento de lo secreto.

Junto con esa misión reveladora de lo invisible, la poesía de Juan Carlos Mestre asume un importante componente ético y crítico, cumple una función testimonial que la convierte en conciencia moral del hombre.

Imaginación y resistencia, conciencia y palabra son claves fundamentales en la obra de Mestre, en una creación que transcurre en el espacio de lo imprevisible para fundar un mundo que existe sólo en el poema:

sucede el extintor de las rosas en el cortejo de las siemprevivas
sucede el apostolillo verde de los semáforos
sucede que voy a contarte las cosas de mi vida tal como eran
sucede un telegrama de nitroglicerina en tu lápiz de labios
sucede que yo te quiero un noventa por ciento más que tu novio

El poeta conjura tradiciones heterogéneas en una invocación a la diversidad que refunde lo primitivo con la vanguardia, lo simbólico con lo visionario para proponernos no una imagen coherente del mundo, sino una lectura abierta de la realidad que hace del poema un lugar de encuentro.

El fraseo intenso y alucinatorio con que discurre el verso torrencial y salmódico de Mestre, generoso en imágenes y más radical en este libro que en La tumba de Keats, va construyendo su propia realidad, reivindicando otra forma de ver y de mirar un mundo que parece recién descubierto o recién inaugurado, como en el modelo withmaniano al que se encomienda el poeta en La casa roja.

La casa roja es la casa de la poesía, la casa de la palabra, la casa de las preguntas:

Mi corazón es una casa roja con escamas de vidrio, mi corazón es la caseta de los bañistas cuya eternidad es breve como columna de lágrimas. El minotauro hace rodar sus ojos por el acantilado de las estrellas, la herida del anochecer hace su nido en la arena. Yo hablo con alas, yo hablo con lava de lo ardido y humo de diamante.

Poesía como forma de conocimiento, palabra en libertad y compromiso ético son tres ángulos fundamentales de un libro que tiene sus referentes en el Lorca de Poeta en Nueva York o de El público, en Antonio Gamoneda, en Rafael Pérez Estrada.

Otra línea persistente en La casa roja es la irónica, la que recurre a la parodia (“se acabaron los bedeles que iban por la estepa solos”) o al sarcasmo para criticar la realidad. La Alocución en la Academia de los botones chapados o la Pequeña conferencia son algunos de los muchos ejemplos que se podrían aportar.

A uno de esos textos demoledores, Las espinas de la mandrágora, pertenecen estas líneas:

Huelo las cátedras a cuarenta zancadas de platino iridiado, distingo su luto riguroso con las persianas bajadas. Preferible la Lírica y su batuta de gorjear cuando el mar se va de vacaciones y comienza el adoctrinamiento de los limpiabotas del corazón. En un poeta se da por supuesto un profesor, en un profesor se da por supuesto un crítico, en un crítico se da por supuesta la Virgen María. Hasta los fisgones con sangre de loro pueden ganarse la vida como mentalistas.

Santos Domínguez

03 octubre 2008

Artemisia



Anna Banti.
Artemisia.
Ensayo introductorio de Susan Sontag.
Traducción y prólogo de Carmen Romero.
Ediciones Alfabia. Barcelona, 2008.

Como uno de los clásicos más extraños e insondables de toda la literatura italiana del siglo XX definió Cesare Garboli esta Artemisia, la novela de Anna Banti que toma como referencia la figura de Artemisia Gentileschi, una pintora romana que vivió entre 1593 y 1652 y perteneció al grupo de seguidores de Caravaggio.

Además de sus autorretratos como alegoría del talento natural y de la Pintura, sus lienzos más conocidos (Judit decapitando a Holofernes o Susana y los viejos) se han interpretado en clave autobiográfica. De esa manera, la pintora proyectaba en su obra algunas circunstancias trágicas que marcaron su vida. Artista y mujer en una profesión dominada por los hombres, víctima de una violación en su juventud, su obra obtuvo por méritos propios el difícil reconocimiento académico y profesional de sus contemporáneos y acabó convirtiéndose en la única mujer que ocupa un papel relevante entre los grandes maestros de la pintura. No es raro que su figura haya suscitado varias aproximaciones que van de la novela al cine y pasan por el estudio biográfico.

Cuando Anna Banti tenía casi terminada en 1944 una primera versión de esta novela, el manuscrito desapareció entre los escombros de su casa, destruida por las bombas alemanas que destruyeron los puentes de Florencia. Por entonces la pintora no tenía el reconocimiento que disfruta hoy, aunque su importancia la estaba reivindicando ya Roberto Longhi, el historiador del arte y marido de Anna Banti, al que está dedicada la obra.

Inevitablemente, al reconstruir la historia de Artemisia en esta novela que reescribió entre 1944 y 1947, Anna Banti proyecta en la artista del Barroco sus propias circunstancias, su personalidad, con lo que la pintora alcanza una nueva dimensión que es el resultado de la suma de dos vidas (la de la autora y la de su personaje), de dos tiempos ( el pasado que se actualiza en el presente) y de dos modelos narrativos ( la novela histórica y la autobiografía):

Bajo los cascotes de mi casa he perdido a Artemisia, mi compañera de hace tres siglos, que respiraba tranquila, acostada por mí en cien páginas de escrito.

Planteado técnicamente como un relato a dos voces, como un diálogo entre la primera y la tercera personas, en el fondo es una reflexión a solas de Anna Banti consigo misma, identificada con Artemisia.

La superposición de las dos voces genera una ambigüedad buscada desde el principio, como destaca Susan Sontag en el agudo ensayo (Un destino doble) que los editores han tenido el acierto de recuperar como introducción a la novela.

Esa fusión de autora y personaje desde la primera frase de la obra ( "Basta de lágrimas") es la que explica la mezcla de emoción y distancia que sirve para narrar con eficacia dos tragedias protagonizadas por dos creadoras que unen a sus condición femenina la expresión artística para combatir la desgracia y aliviar el peso del pasado.

Un pasado del que viene al presente Artemisia para unir el entonces y el ahora, el XVII y el XX, Roma y Florencia, la pintura y la escritura en dos tardes de agosto:

Ya no podré liberarme de Artemisia, esta acreedora es una conciencia puntillosa y obstinada a la que me acostumbro como a dormir en el suelo.

Una historia se cruza con la otra en un mecanismo de intersecciones y ambas mujeres entre sí en los círculos concéntricos unidos por el vínculo de la pesadumbre y por el relato del triunfo sobre el dolor, de manera que el verdadero centro de la obra, con el telón de fondo de la guerra y la destrucción, es Anna Banti, tan identificada con su personaje que este se acaba convirtiendo en alter ego de la autora. Por eso esta novela en la que el lirismo convive con la narración habla más del presente que del pasado:

El momento es delicado. A miguitas me llevo conmigo a Artemisia, poco importa dónde me encuentre. Hoy soy su compañera por los montes de cascotes que basta con haber visto una vez.

La edición se completa con un prólogo en el que la traductora, Carmen Romero, resume los datos esenciales de la trayectoria vital y artística de Artemisia Gentileschi y explica el proceso de composición de la novela, el “forcejeo entre biografía y autobiografía” que es esta espléndida obra, de estilo trabajado y técnica sutil para lograr la confluencia de Artemisia y Anna Banti:

“¿Existe aún?” No es el incorruptible instrumento, la voz helada de inaccesible inmortalidad la que claramente silabeó: “Basta de lágrimas”. Más que voz, es interior movimiento de piedad histórica, sin alarma, sin ilusión ni congoja. Clavada en el espacio y en el tiempo como una semilla infructuosa, escucho un susurro sin frescura, la respiración polvorienta de siglos: la nuestra y la de Artemisia, conjuntas.

Es la magnífica carta de presentación de Alfabia, una nueva editorial que ha hecho una cuidadísima elección de títulos y una esmerada edición para presentarse en público.

Santos Domínguez

01 octubre 2008

El hombre que detuvo a García Lorca


Ian Gibson.
El hombre que detuvo a García Lorca.
Punto de Lectura. Madrid, 2008.


Ramón Ruiz Alonso y la muerte del poeta
es el subtítulo del ensayo en el que Gibson vuelve a acercarse a un personaje que ha pasado a la crónica negra de la literatura.

Cuarenta años después de entrevistarle por primera vez, Gibson revisa en este libro, a la luz de la bibliografía más reciente y de las aportaciones de Emilio Ruiz Barrachina y su documental Lorca. El mar deja de moverse, la figura siniestra de aquel personaje en busca de notoriedad, del que decía textualmente Luis Rosales: “este era un inconsciente, este creía que se estaba llenando de gloria ante la historia.”

Una revisión orientada sobre todo a fijar el papel de Ruiz Alonso en la represión granadina, en las rondas depuradoras de las escuadras de la muerte y en la denuncia, arresto y asesinato del poeta.

La monografía de Gibson, que publica Punto de Lectura en formato de bolsillo, reconstruye la biografía de Ruiz Alonso y se remonta a sus raíces familiares en un pueblo de Salamanca. Hijo de terratenientes arruinados por el juego, su familia se trasladó a Madrid, donde pasó una infancia con estrecheces y educación en los salesianos. Yerno de Penella, el autor de El gato montés, y padre de actrices que eludieron su apellido, fue tipógrafo en El Debate y en Ideal de Granada desde 1932.

Entonces empezó su carrera política en la CEDA, en la que demostró ser un orador de voz poderosa y palabra radical. Le acompañaba con frecuencia Juan Luis Trescastro, familiar lejano de Lorca que se jactaría en los cafés granadinos de haberle “metido dos tiros en el culo por maricón.”

Como obrero honorario le solían presentar en los mítines de la derecha granadina. Más despectivamente, José Antonio Primo de Rivera le llamaba el obrero amaestrado en una época agitadísima en la que coincidieron la revolución política y la revolución teatral, Asturias y el escándalo que provocó el estreno de Yerma en la prensa de la derecha.

Con una acusada tendencia a la matonería, a la amenaza y a la agresión física, fue diputado en el bienio negro, aunque en las elecciones de febrero del 36 sólo obtuvo diez votos en Granada. En aquella campaña electoral, aquel fino intelectual llamaba en Fuente Vaqueros a Lorca “el poeta de la cabeza gorda.”

Propagandista del corporativismo, con ese título y un prólogo de Gil Robles se autoeditó un manual fascista. Paralelamente, el compromiso de Lorca y su apoyo al Frente Popular, sus declaraciones a los periódicos y las alusiones a parte de su familia en La casa de Bernarda Alba lo iban poniendo en el punto de mira de los conspiradores.

Los últimos días de Lorca en casa de los Rosales y en el Gobierno Civil centran la parte más intensa de una monografía que recoge las aportaciones de la bibliografía reciente y las declaraciones de Ruiz Alonso, que huiría de España poco después de la muerte de Franco.

Santos Domínguez

29 septiembre 2008

Juan Goytisolo. El exiliado de aquí y allá


Juan Goytisolo.
El exiliado de aquí y allá.
Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Barcelona, 2008.


Cinco años después de Telón de boca Juan Goytisolo vuelve a la novela con El exiliado de aquí y allá (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) para resucitar al Monstruo del Sentier, el personaje que moría en un atentado de los Maricas Rojos en Paisajes después de la batalla.

Veinticinco años después, aquel ser torpe y desmañado regresa para saber por qué le han matado con una bomba lapa que llevaba pegada a su gabardina. Y el lector de Goytisolo no debería extrañarse de la reaparición. Cuando estallaba la carga explosiva en Paisajes..., en el capítulo La ciudad de los muertos aparecía el Monstruo “desmembrado y hecho trizas”, ubicuo y callejero, propenso a la risa:

reír, reírte de ellos: escribir escribirme: tú yo mi texto el libro
yo: el escritor
yo: lo escrito.

El extravagante personaje trae la partida de defunción en un bolsillo de la gabardina y unas gafas de sol que completan su imagen grotesca de exhibicionista de genitales en los parques. Vuelve a un cibercafé para infiltrarse en el eje del mal y conocer desde dentro la motivación religiosa de sus asesinos:

aun hecho trizas, quiso regresar al planeta en el que un terrorista activó la carga explosiva disimulada en el forro de su gabardina y le despachó con su libro al Más Acá. Se encontró de golpe en un cibercafé desierto con miles (¿millones?) de ordenadores y sus correspondientes mesillas y asientos. Un panel gigante, que se encendía y apagaba, repetía incansablemente un mensaje: UNIVERSO VIRTUAL. No sabía a qué atenerse ni lo que se esperaba de él, y vagó así en el vacío de un espacio infinito hasta que, agotado, se sentó frente a uno de los teclados y se vio retratado en la pantalla, con su sombrero y gafas ahumadas, con la etiqueta de El Monstruo del Sentier. (...)
El astuto lector se preguntará cómo un desmañado como él, incapaz de abrir un paraguas o de dar cuerda a un reloj, puede navegar por su ordenador y entrar en contacto con el mundo del que salió despedido y con la nebulosa de astros del Más Acá. La muerte no es como la piensas, querido colega: tarde o temprano lo comprobarás. Lo mismo puedes encontrarte en un cibercafé del tamaño de un estadio olímpico como flotando en la ingravidez del espacio, atrapado sin remedio en un atasco en la indeseable compañía de un taxista madrileño -cuyo monólogo sobre derechos humanos escucharás más tarde, avanzado ya el libro-, o encapsulado en el minicerebro de un chorlito con aires de profesor.

Después de leer esas líneas, el lector sabe que Juan Goytisolo ha prescindido en esta novela de la verosimilitud para dar rienda suelta a su libertad creativa, que ha fabricado en forma de pastiche una bomba de relojería.

Desengañado, pesimista, convencido de que la nuestra es una situación sin salida, Juan Goytisolo ve las cosas con la distancia de quien va de vuelta y no teme a nada. Está en esa edad de libertad radical que se refleja en sus opiniones – a menudo perturbadoras y políticamente incorrectas- y en su escritura. Y a estas alturas está en condiciones de escribir lo que quiera y como quiera.

En el prólogo que escribió para el tomo IV de sus Obras completas en Galaxia Gutenberg recordaba Juan Goytisolo la mala acogida de la crítica a Las virtudes del pájaro solitario, que “sufrió la nueva forma de censura con la que se acoge a cuanto se aparta del supuesto modelo novelesco accesible al lector virtual.”

Aquellas críticas hostiles – añadía Goytisolo- “no me chocaron ni entristecieron. Conociendo, como conozco, las supervivencias tribales en el medio literario español que evocaba Cernuda, confirmaron lo que yo ya sabía: la actitud defensiva de los misoneístas respecto a todo aquello que no quepa en sus modelos trazados con regla y compás.”

Fuera de toda norma genérica, sin someterse a reglas ni compases, es probable que la historia se repita. Porque El exiliado de aquí y allá es más que una novela, es una explosión de libertad, inverosímil en las situaciones y veraz en el diagnóstico de la realidad de fondo: la utilización interesada del terrorismo y el miedo que se denuncia en capítulos como El turismo os hará libres, sobre un infierno promocionado, y una crítica corrosiva del radicalismo religioso y de la ambición de poder político y económico que encubren las tres religiones.

Aliados en un triángulo terrorista para organizar atentados, el imán fundamentalista que es al mismo tiempo una Alicia pornográfica, el Monseñor Amante de los Niños, el pedófilo que cultiva su afición en una red de orfanatos, y el rabino de los tirabuzones rasta vuelven a demostrar que los extremos se tocan y se benefician del cuanto peor mejor en una siniestra alianza de civilizaciones y espiritualidades.

Con Cervantes, Swift y Voltaire al fondo, la prosa en acción de Goytisolo es la que va construyendo el argumento de la novela en fragmentos breves pensados para la lectura en voz alta y emparentados por tanto con una técnica narrativa oral que debe mucho a Cervantes. El exiliado de aquí y allá es un pastiche narrativo construido –otra vez Cervantes al fondo- con una pluralidad de voces y tonos que van desde los correos electrónicos a los folletos y los sermones en latín, pasando por las parodias de discursos en mítines o la voz de la calle y las vecinas.

Como en Carajicomedia y en Telón de boca, los personajes son mutantes: el imán radical se transforma en Alicia y toma la apariencia de una estrella pornográfica, y el protagonista se convierte a ratos en la Rapera Encoñada. En torno a ellos, otros personajes como el cobrador del crack, el filósofo que vota a la derecha por fidelidad a la izquierda, el Zar Matachechenos, los Mártires de Al Ándalus...

El humor corrosivo que recorre El exiliado de aquí y allá tiene su raíz en un escepticismo que no deja títere con cabeza y se canaliza en una deformación grotesca, en una visión esperpéntica de la realidad que es consecuencia de la lucidez de Goytisolo, de su desengaño quevedesco, de la ironía o el sarcasmo que se proyecta también sobre la literatura comercial:

¿Por qué no escribía historias como las que enganchaban al público y se encaramaba de una vez al palmarés de los campeones de ventas? ¡Una novela de acción y suspense, con mafias, sectas esotéricas, rituales secretos, profecías apocalípticas! Todo ello sazonado con odios ancestrales y sexo, ¡mucho sexo!

O sobre la gastronomía actual, como en este menú que un chef de cuisine, proveedor oficial de la Curia, elabora para el arzobispo y el imán:

Entrada: ensalada romana.
Primer plato: camarlengo al horno de fumata blanca.
Segundo: filet de Saint-Pierre à la sauce cardinale.
Postres: tocinito de cielo y licor benedictino.

A más de un lector la obra le parecerá un disparate. Posiblemente no le falte razón, pero ¿qué otra cosa es un mundo gobernado por Bush, Putin, Ratzinger, Sarkozy o Berlusconi?

Santos Domínguez



27 septiembre 2008

Llenar tu nombre


Ana Rossetti.
Llenar tu nombre.
Bartleby. Madrid, 2008.


Han pasado casi treinta años desde que Ana Rossetti publicó Los devaneos de Erato, un libro que no ha perdido frescura con el paso del tiempo. Desde entonces, y con creciente calidad, su autora ha ido construyendo una obra sólida que la ha consolidado como una de las voces más personales de la poesía española actual.

Libros posteriores como Dióscuros e Indicios vehementes se movían entre los mitos clásicos y la estética barroca, se proyectaban en el mundo de la infancia que era el centro de Devocionario o iban del erotismo a la cultura pop en Yesterday.

Más de treinta años de creación literaria que se recopilaron en La Ordenación, su poesía completa hasta 2004. Tres décadas en las que la palabra ha ido delimitando su propio territorio en torno al tiempo, la memoria, el amor y la música.

Cambiante en temas y exigente con la forma, sin acomodarse en fórmulas, la obra de Ana Rossetti ha encontrado su centro en el equilibrio entre el qué y el cómo, entre la materia y la forma. Lo prueba su muy reciente Llenar tu nombre, que publica en Bartleby, un libro de búsqueda y asombro, de hallazgo y palabra inspirada.

Llenar tu nombre, como toda la poesía que de verdad importa, es un libro arriesgado, una virtud que hay que agradecer no sólo porque renuncia al anodino tono en mi menor que tanto abunda por aquí últimamente, sino porque asume incertidumbres vitales y estilísticas para levantar sobre ellas una nueva propuesta. En eso se centra Ana Rossetti en Llenar tu nombre, en elaborar un mapa para atravesar el territorio revelado y nocturno de la poesía.

La reflexión sobre el sentido de la creación poética, el elogio de la palabra y el concepto, del vaticinio y la conciencia cimentan una defensa de la poesía como revelación y conocimiento, una imagen del mundo como “texto cambiante e inconcluso” que surge de la noche.

Memoria y diccionario, forma y experiencia que sirven para inaugurar el mundo, para trazar, desde “el oceano denso del lenguaje” esos “planos del asombro” de los que habla un poema.

En Llenar tu nombre Ana Rossetti mantiene un diálogo sostenido con la poesía como epifanía y descubrimiento, como búsqueda en lo oscuro y revelación en la noche:

Sólo vertemos nuestro asombro en la matriz fecunda del poema

Ese impulso emparenta a la autora con Emily Dickinson, a quien se evoca en un espléndido poema, y culmina un libro que es también una acción de gracias a la “Poesía, señora nuestra.”

De ahí el tono de oración predominante en los últimos textos: Así en la tierra, Como en el cielo o la Oración final:

Bendita sea tu pureza,
y eternamente sea vivificada
desde el sufrimiento del mundo,
desde la grandeza, desde el amor del mundo,
desde toda criatura y sus voces.

Santos Domínguez

26 septiembre 2008

Tratado de la servidumbre liberal




Jean-Léon Beauvois
Tratado de la servidumbre liberal.
Análisis de la sumisión.

Prólogo de Slavoj Žižek.
Traducción de Julia Gutiérrez Arconada.
La Oveja Roja. Madrid, 2008.


El Tratado de la servidumbre liberal, de Jean-Léon Beauvois, ya todo un clásico de la psicología social y la psicología política, se presenta en su subtítulo como un trabajo de análisis de la sumisión en las democracias liberales.

Con un prólogo de Slavoj Žižek y un estudio introductorio de Nicole Dubois y Robert-Vincent Joule, que destacan esta obra como uno de los grandes libros franceses de psicología política, la tesis que defiende Beauvois es que los sistemas de poder y las ideologías que los sostienen dan lugar a modos específicos de conocimiento y de acción.

A descifrar esos modos, a saber cómo funciona la libertad en las democracias liberales, se aplica el autor en las tres partes en las que se organiza este ensayo que publica en España La Oveja Roja: «Consideraciones sobre la psicología ordinaria», «Consideraciones sobre la libertad ordinaria» y «Consideraciones sobre el ejercicio ordinario de poder».

Utilizando un método de análisis propio de la psicología social, Beauvois cuestiona la noción de libertad, mediatizada en las democracias liberales por la interiorización de la sumisión desde el ámbito de la familia y la escuela.

Se trata de una reflexión sobre el poder social, los ideales psicológicos del liberalismo, el concepto de individuo, la sumisión forzada o el guión de la obediencia, y de una denuncia de la ficticia libertad de elección como base del desmantelamiento del Estado y como falsa vía de acceso a mayores cotas de libertad individual.

Es en definitiva una denuncia del totalitarismo liberal y de las paradojas que se esconden detrás de la supuesta libertad de elección de los individuos en las democracias liberales.

Para esta edición en castellano, Beauvois ha escrito una conclusión titulada Volver a ocupar el papel social, que comienza con estas dos frases: Este libro tiene más de diez años. No retiro nada.

Y termina con este párrafo que resume la filosofía del ensayo y la posición ideológica de su autor:

Realícense at home, buena gente, o en el tenis, o en playas exóticas, o manejando vuestros MP3 o iPhones y obedeced en el campo de lo social, puesto que éste no es el lugar más interesante en el que puede realizarse vuestra individualidad, esta individualidad que debe seguir siendo vuestro primer valor. Olvidad vuestros anclajes y vuestras identidades sociales puesto que no podéis ser vosotros mismos con esas identidades y anclajes. Dejad hacer a la gente competente como quiere la razón. Esta orden, repetida cada día por el individualismo liberal, reclama una trasgresión y esta trasgresión es urgente. No puede pasar más que por la lucha contra las arbitrariedades jerárquicas o corporativistas y por el retorno a proyectos autogestionarios
Luis E. Aldave