15 mayo 2007

Exégesis de los lugares comunes



Léon Bloy.
Exégesis de los lugares comunes.
Traducción de Manuel Arranz
Acantilado. Barcelona, 2007.

Fue uno de los antimodernos de los que habló Compagnon y uno de los referentes constantes de Borges, que le dedicó horas de lectura admirativa y páginas de escritura brillante, como esta:

Como Hugo, a quien malquería por notorias razones, León Bloy suscita en el lector una deslumbrante admiración o un total rechazo. Desdichadamente para su suerte y venturosamente para el arte de la retórica, se hizo un especialista de la injuria. Escribió que Inglaterra era la isla infame, que Italia se distingue por la perfidia, que conoció al barón de Rothschild y tuvo que estrechar "lo que se ha convenido en llamar su mano", que el genio está severamente prohibido a todo prusiano, que Émile Zola era el cretino de los Pirineos, que Francia era el pueblo elegido y que las demás naciones del orbe debían contentarse con las migajas que caen de su plato. Cito al azar de la memoria esas inapelables sentencias. Deliberadamente inolvidables y trabajadas con esmero, borran al profeta y al visionario que se llamó León Bloy. (...) Negaba imparcialmente la ciencia y el régimen democrático.

Léon Bloy (1846-1917) proyectó gran parte de su inteligencia, de su ingenio y de su intemperancia en la Exégesis de los lugares comunes (1902), que acaba de publicar Acantilado con traducción de Manuel Arranz.

La empezó a escribir un 30 de septiembre bajo la advocación de San Jerónimo, recopilador de los lugares comunes eternos, con el propósito de arrancar la lengua a "los imbéciles, lamentables y definitivamente idiotas de este siglo" que acababa de terminar.

Desterró de su estilo el eufemismo y la perífrasis, como puede deducirse de un párrafo como este, sobre uno de los lugares comunes, Los niños no piden venir al mundo:

El señor Paul Bourget, eunuco por vocación y uno de los aficionados más ilustres al lugar común, se ha tomado la molestia de recomendar éste. No haré a mis lectores la ofensa de recordarles el título del importante libro vertebrado por esta fórmula. Parece muy cierto, en efecto, que los niños no piden tanto. Esa es su manera de rozar el estado divino, y es por eso, sin duda, por lo que pueden agradar en ocasiones al alma religiosa del Burgués, que adora por encima de todo que no se le pida nada.


Prosa contundente y temperamental, como se ve, en la que no se ahorran calificativos como fétido (Schopenhauer), el cretino de los Pirineos (Zola), orificio excrementicio (Voltaire). Esas son algunas de las flores del jardín de un Bloy incisivo, católico y conservador, que atacó con vehemencia el escepticismo, despreció la democracia y cultivó la intransigencia con pertinaz dedicación hacia sus demonios particulares ( la burguesía, los liberales o una parte del clero) y con un uso graneado de la ironía:

No hace falta decir que me prohíbo absolutamente, en esta ocasión, rozar la idea religiosa, implicando cosas tales como la presciencia divina o la predestinación, que el perspicaz Burgués desprecia. Se dice que san Columbano oía los gritos de los niños que le llamaban desde el seno de sus madres. Mi peluquero no ha oído nunca nada parecido, y todo lo sobrenatural ha sido de sobra desmentido por la bicicleta.

La Exégesis, quizás su obra más panfletaria y virulenta, se publicó en 1902 y tuvo una segunda entrega en 1913, más templada en la forma aunque igual de intemperante en el fondo, con una nueva serie de lugares comunes y un final que recuerda en su tono al de los profetas del Antiguo Testamento:

¡Piénsalo! ¡Un abismo insondable, como está escrito en el Libro Santo, en el que sólo los Ojos del Señor, lucidiores super solem, son capaces de penetrar! ¡Tú, el tendero irreprochable y ejemplar, serás el abismo de Job cuando clamaba: «La sabiduría no está en mí», ¡tú serás el abismo que invoca el abismo en vano, cuando Aquel que te empeñas en ignorar te presente el recibo por el alquiler de tu abismo!
Tendrías que pensar en ello, pobre imbécil, y, pensándolo, dejar por un momento de ser un estúpido y de hacer sufrir a los desdichados. ¡Porque tú y yo somos eso, y nada más que eso, abismos!

Ambas ediciones las recoge en este volumen Acantilado, que anuncia ya la próxima publicación de sus Diarios, uno de los modelos indiscutibles del género.


Santos Domínguez

14 mayo 2007

México en Minúscula


Emilio Cecchi.
México.
Traducción de Mª Ángeles Cabré.

Minúscula. Barcelona, 2007.

México no es alegre. Pero es mejor que alegre: está lleno de una furia profunda, señala Emilio Cecchi en México, un libro que edita Minúscula en la colección Viajes narrados, con traducción de Mª Ángeles Cabré y presentación de Italo Calvino.

Todo empezó cuando Emilio Cecchi, profesor en Berkeley, emprendió unas vacaciones que le llevaron a México a través de lugares de California y Nuevo México por paisajes que evocan las ciudades abandonadas de California tras la fiebre del oro, las diligencias y los salones del Oeste que luego popularizó el cine. El desierto de Sonora y el Hollywood de Keaton y Chaplin, Gloria Swanson y Beverly Hills.

No es, con todo, lo más espectacular. Al lector de estas páginas le esperan un criadero de caimanes a un cuarto de hora de Los Ángeles; una admirable descripción de Santa Fe, en Nuevo México, la ciudad más antigua de las que fundaron los europeos en los actuales EE.UU; la coexistencia de antigüedades y vitalidad, ruinas y miseria en la frontera de El Paso, con cowboys algo residuales ya en 1930.

Aparecen aquí los mismos indios y los mismos ritos que figuran en La mujer que se fue a caballo, de D. H. Lawrence o en Centauros del desierto. Y allí, entre otros, un párrafo tan admirable como este:

Cuando una mujer navaja está a punto de acabar uno de esos tejidos, deja en la trama y en el dibujo una pequeña fractura, un defecto, «para que el alma no quede prisionera dentro del trabajo». Esta me parece una profunda lección de arte: prohibirse, deliberadamente, una perfección demasiado aritmética y cerrada. Porque las líneas de la obra, soldándose invisiblemente sobre sí mismas, constituirían un laberinto sin salida; una cifra, un enigma del que se ha perdido la clave. El primero que caería en el engaño sería el espíritu que ha creado el engaño.

De Ciudad Juárez, que no era aún el escenario de los crímenes que es hoy, a una corrida en Ciudad de México: Hay juegos de bolsa, tratados poéticos y cartas de amor más crueles que cualquier tauromaquia.

Corridas en la plaza de toros y corridos de la revolución en el cine; una excelente descripción de los jardines flotantes de Xochimilco y una serie de observaciones sobre las máscaras y las calaveras de las que tanto escribió luego Octavio Paz a propósito del culto a los muertos.

Las ruinas de Quetzacóatl, la religiosidad popular, más azteca que cristiana, y la voracidad económica y sexual de un clero tan poderoso como corrupto dejan paso a Diego Rivera y sus murales en Cuernavaca.

Y en Cuernavaca un inglés que parece un presagio de Malcolm Lowry, un aventurero sesentón con muchas barrabasadas a sus espaldas y cargado de whisky desde las ocho de la mañana.

De una historia de escorpiones se pasa a un análisis del barroco colonial español visto por un crítico de arte como Cecchi y a la selva de oro de los retablos.

Ya de regreso a EE. UU., Querétaro, la ciudad de los ópalos, su mercado y sus conventos de 8.000 monjas, y un incidente en la frontera con la policía norteamericana, antes de esta despedida, bellísima y llena de dudas, de un viajero sensible y un notable escritor:

Cuando uno ha estado en un país que probablemente no verá nunca más, y no ha estado como un baúl, sino teniendo abiertos los ojos y el intelecto, es natural que este país le vuelva a la memoria. Y yo siempre he notado que los recuerdos de esta especie tienen algo de inocente remordimiento. Mientras defendemos su novedad del roce del vivir cotidiano, no podemos por menos que preguntarnos si estamos completamente seguros de haber sido leales a los testimonios que nos ofrecieron la naturaleza, la vida y los monumentos, y de no haber desfigurado, para mal o para bien, lo poco que nos parecía haber visto. Un viajero sensible repite en la mente sus peregrinaciones, un poco como un asesino de una clase especial, que de puntillas regresa al lugar de su involuntario y placentero crimen.

Santos Domínguez

13 mayo 2007

¿Qué es la 'patafísica?



Enrico Baj.
¿Qué es la ‘patafísica?
Seguido del Calendario patafísico y otros documentos.

Traducciones de Carlos García Velasco,
Margarita Martínez y Cinthia Daiban.
Pepitas de calabaza. Logroño, 2007.


Para Enrico Baj (Milán, 1924 -Varese, 2003) la patafísica, la ciencia de las soluciones imaginarias que fundó Alfred Jarry, es una actividad anarquista, surreal, escandalosa y absurda, un ariete poderosísimo contra la ciencia, el robot consumidor y consumido, la masificación de la sociedad posindustrial, megaindustrial o industrial a secas. El triunfo de la imaginación frente al racionalismo economicista, el humor que desafía y desnuda al poder, la alegría de vivir pese a todo y contra todo. Lo explica el autor en este párrafo:

En el fondo la ‘patafísica, como el arte y como la anarquía, defiende el principio de la libertad y de la libertad existencial y recomienda precisamente la imaginación fantástica como la mejor arma de defensa para preservar por lo menos la autonomía de nuestro pensamiento.

En definitiva, y tal como la definió el propio Baj, en la falsa entrevista que simula ser este ¿Qué es la ‘patafísica?, se trata de una manera de resistencia del individuo contra toda forma de abuso de poder, de arrogancia.

Pepitas de calabaza ha reunido en un volumen esta obra y dos complementos imprescindibles para entender las claves de la patafísica, un Calendario Patafísico perpetuo y el Cymbalum Pataphysicum, un cuadro recopilativo de las Comisiones, Co-comisiones, Sub-Comisiones & intermisiones del Cymbalum Pataphysicum.

José Manuel Rojo ha escrito el prólogo y el epílogo de esta edición. Dos textos que sitúan la vida y la obra de Enrico Baj y de sus compañeros de la Internacional Situacionista en el marco de los movimientos de resistencia intelectual de la segunda mitad del siglo xx, herederos del dadaísmo y del Cabaret Voltaire.

Baj, pintor y escritor, fue una figura capital en las vanguardias culturales y artísticas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, un revolucionario y un artista en un tiempo en el que ser ambas cosas era inevitable, porque una implicaba a la otra. La creación artística, la imaginación y la poesía fueron su forma de ser y los vehículos con que ejerció una crítica feroz, sutil e irónica contra la degradación de la realidad contemporánea, del hombre contemporáneo, diríamos mejor, en una época que ha engendrado monstruos como Berlusconi o ese Andreotti que parece, en palabras de Baj, hijo de un Papa:

Más que vivir una vida real o aprender de los acontecimientos reales a través de un discurso coloquial o mediante la lectura de un periódico, accedemos al conocimiento de hechos monitorizados. Nuestras mismas emociones, que derivan de la visión de la sangre, de una tragedia o de un niño al cual se debe amputar una pierna o extirpar un ojo, se suministran normalmente por la televisión. Después de un cierto ciclo de representaciones de esas cosas, como ha ocurrido con la reciente guerra del Golfo o con la guerra yugoslava, se produce en nosotros la indiferencia y el rechazo de esas violencias sanguinarias. Totalmente privados de cualquier capacidad de entender y querer, caemos en brazos de FIAT y de Renault, de Dash y de Swatch, del «pague uno y llévese dos». Esa es la visión virtual, hacernos repeler y olvidar también nuestras más inmediatas reacciones humanas frente a la sangre, el homicidio, el hambre y lo que sea.

José Manuel Rojo cierra su epílogo, titulado Los robots no pasarán. De cómo el Cardenal de Anti-Espacio desafió a la Máquina de Descerebramiento, y qué sucedió después, con estas palabras, que reproducimos para terminar porque nos parecen el mejor resumen del libro:

Resistir, poner palos en las ruedas de la Máquina de Descerebramiento, esbozar un camino de salida hacia delante o hacia atrás o mejor hacia la otra parte, invocar los poderes perdidos y restañar lo roto, agitar a los que duermen bajo el letargo de la gran incubadora para que recuerden que el verdadero sueño está ausente, rehacer una a una las piezas del entendimiento humano, sabotear la mercancía, reinventar el amor y reapasionar la vida: todo es utópico, todo es imaginario. Son soluciones imaginarias, como la ‘patafísica, como la poesía. Por eso Baj no quería dejar de imaginar. Y esta será su última y mejor lección ‘patafísica. ¿Será verdad, como pensaba Alain Jouffroy, que «en la medida en que sean felices, los hombres futuros deberán a Baj algunos secretos de su alegría»?

Luis E. Aldave

12 mayo 2007

Un filandón



Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo Díez y José María Merino.
Palabras en la nieve.
[Un filandón]
Prólogo de Sabino Ordás.
Rey Lear. Madrid, 2007.

Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo Díez y José María Merino, tres reconocidos narradores de la literatura española contemporánea, se han reunido en una empresa común: la de contar historias breves con la precisión característica del género y el valor añadido de su demostrada maestría.

Palabras en la nieve, el volumen que presentará la editorial Rey Lear en la inminente feria del libro, reúne los principales cuentos del Filandón de Aparicio, Díez y Merino. Narraciones cortas o micro-relatos caracterizados por su concentración expresiva y su intensidad dramática, uno de sus rasgos fundamentales es su vinculación con el relato oral del noroeste asturleonés. Relatos anclados en la memoria colectiva tradicional, narrados al amor de la lumbre que calentaba las reuniones nocturnas e invernales mientras hilaban las mujeres o trenzaban el mimbre los hombres. Esas reuniones, que se llaman en el dialecto leonés filandones, acaban designando metonímicamente también a los narradores y a los cuentos.

A esas tradiciones orales del relato se vinculan los textos de estos tres autores leoneses, que aprenden de los filandones su eficaz economía narrativa y proyectan en ellos las técnicas renovadoras de la literatura contemporánea. No es una casualidad que este tipo de relatos cortos, que hunden sus raíces en la tradición más ancestral, recobren su fuerza con Kafka muchos años antes de que los talleres de escritura norteamericanos pusieran de moda las shorts stories y las exportaran a Hispanoamérica y a España.

Hay un lugar de encuentro entre la antropología cultural y la teoría literaria, y puede parecer sorprendente que existan casos en los que ese lugar esté en la experiencia de una persona, en su biografía, en su memoria.

Con esas palabras inicia el prólogo con el que presenta estos textos Sabino Ordás. Y seguramente en ese mismo lugar de encuentro se junten lo individual y lo colectivo, lo antiguo y lo moderno, la tradición oral y la escrita, la narración y la poesía.

Desde ese lugar la tradición y modernidad se conjugan en la voz experta de estos tres narradores, que antes fueron poetas, para ofrecer al lector los frutos maduros de relatos redondos e inquietantes como La confesión, de Juan Pedro Aparicio, Un crimen, de Luis Mateo Díez o Mosca, de José Mª Merino.

De ahí que, inmediatamente antes de que los editara esta joven editorial, obtuviera un reconocimiento entusiasta del público que los oyó en boca de sus autores, que leyeron este Filandón en el festival Hay-on Wye de Segovia en septiembre de 2006 y en Cartagena de Indias en enero de 2007.

Esta es ya la sexta entrega de la colección Breviarios de Rey Lear, que reúne una esmerada selección de títulos editados con excepcional cuidado y elegante diseño. De uno de ellos, El juicio de Dios, de Heinrich Von Kleist, hablaremos en estas páginas.

Santos Domínguez

11 mayo 2007

Los libros del blog



Félix de Azúa.
Abierto a todas horas.
Alfaguara. Madrid, 2007.


Alfaguara acaba de lanzar una nueva colección, Los libros del Blog, que reúne textos que se han ido publicando en El Boomeran(g), el blog literario latinoamericano.

Como explica Basilio Baltasar, editor de El Boomeran(g) y director de la Oficina del Autor, en Un blog no es un bloc, el texto que presenta esta colección, se trata de fomentar la relación que debe existir entre la Galaxia Gutenberg y la Galaxia Google, de evitar el divorcio de ambas culturas y de promover nuevas formas expresivas en la red, de proporcionar a la literatura un espacio en el que se reinvente.

Con ese objetivo, se invitó a unos cuantos autores a escribir diariamente en el blog del Boomeran(g). Y el resultado, uno de los resultados, es la edición de tres libros que recogen una selección de entradas del blog de Félix de Azúa, Abierto a todas horas; de Santiago Roncagliolo (Jet Lag) y de Marcelo Figueras (El año que viví en peligro).

Los tres autores reflexionan sobre la experiencia en los textos iniciales de cada volumen:

El Boomeran(g) me ha ofrecido una herramienta invalorable, parecida a la que encendía el alma de Homero cuando recitaba en público, un Teatro del Globo virtual, un contacto similar al que Dickens experimentaba cada vez que convocaba a sus lectores para leer —¡y actuar!— sus textos. Marcelo Figueras

La ventaja del ciberespacio es la libertad creativa y la flexibilidad total: en un periódico, uno escribe entrevistas o reportajes o críticas o crónicas. Tienes una sección y un género. El blog puede ser todo eso alternativamente, ya que es un soporte, no un género. Y a la vez, es personal. No hay líneas editoriales ni perspectivas corporativas. Sólo una voz. Un blog es lo que su autor quiera hacer de él, simplemente. Y lo que pueda, claro. Santiago Roncagliolo

Del prólogo de Abierto a todas horas, el libro del blog de Félix de Azúa, extraigo este párrafo:

Durante un año traté de mantener una sana esperanza y no escribir sino palabras verdaderas. Todos los días, sin descanso, como los antiguos trabajadores de las canteras de Carrara, los cuales creían estar proporcionando bloques a los grandes escultores del Renacimiento cuando, en realidad, estaban tallando el paisaje más bello de Italia, un abismo blanco de escalones de mármol que conducen a la sima invisible de la cantera. Paisaje, por cierto, que se divisa desde el tren. Así un año entero, sin descanso, como un galeote. Algunos días mis palabras resbalaban sobre el éter como grasa atacada por detergente y comprendía que aquellas frases no eran verdaderas y que, si miraba de cerca, no me las creía ni yo. En ocasiones tenía que decir insensateces o trivialidades para no mentir. Alguna vez me parece que incluso traté de silbar. Hice el ridículo. Como el lector puede comprobar si ha llegado hasta esta línea del prólogo, al cabo del año fracasé. No pude librarme del escepticismo, en las últimas semanas tuve un ataque de mentiras semiborrosas, algunas estrellas comenzaron a toser como tubos de escape horadados escupiendo mis frases, y acabé decepcionando a mi infernal apoderado. Ésta es la razón por la que regreso a la página de papel y a la celulosa. Han pasado unos meses desde que lo dejé. Miro sin cesar el firmamento. Hago esfuerzos para librarme de la incredulidad. Pruebo, aunque sea con tinta, a escribir palabras verdaderas con buena letra. Si consigo ponerme en forma a la manera de los boxeadores, perder peso, afilar los músculos, endurecer los puños, este verano volveré a la tasca en donde me encontré con Mefisto para proponerle un nuevo contrato. No es cosa de dejarlo ahora que ya tantas voces responden entre las estrellas.

No ha sido el blog –género o soporte- el que le ha dado el talento a Félix de Azúa, pero en los textos de Abierto a todas horas también lo ha proyectado. Con diversos temas (desde la más alta literatura a una modesta casa de comidas), con pasmosa variedad de tonos y de enfoques, entre memoria, relato y artículo, tienen estos textos una calidad literaria y una exigencia intelectual que son la mejor demostración de que el empeño mereció la pena. Y de que estamos ante una forma expresiva de enorme versatilidad.


Santos Domínguez

10 mayo 2007

La Universidad Desconocida


Roberto Bolaño.
La universidad desconocida.
Anagrama. Barcelona, 2007

Roberto Bolaño (1953-2003), conocido sobre todo como narrador, siempre se consideró un poeta. Cuando sus herederos ordenaron los archivos se encontraron varias carpetas con una serie de manuscritos que se titulaban La Universidad Desconocida.

Fechado en 1993,
cuando Bolaño ordena y clasifica su poesía, porque le acababan de diagnosticar la grave enfermedad que le haría desaparecer diez años después, es una summa poética, una obra en marcha revisada en 1996 en la que Bolaño recoge poemas escritos desde 1978.

Un amplio volumen que su autor dejó cerrado y listo para publicar, con un índice y una serie de notas aclaratorias sobre la fecha y la procedencia de los poemas. Lo acaba de editar Anagrama con una nota inicial de los herederos de Bolaño y un breve y certero epílogo de Carolina López en el que traza la historia de este libro.

La Universidad Desconocida está escrito en los años decisivos en que se configura definitivamente la obra narrativa de Bolaño con una voz literaria que atraviesa las fronteras de los géneros y pasa con naturalidad del verso a la prosa, de la actitud lírica a la voluntad de contar. De ese tipo de transferencias da buena cuenta el hecho de que una de las secciones de este volumen, Gente que se aleja, se publicase antes exenta como Amberes. O los abundantes textos que en este libro contienen materiales narrativos o constituyen plenamente un cuento, como Lupe, o una novela corta, como la magnífica y fragmentaria Prosa del otoño en Gerona.

De la primera sección del libro, La novela-nieve, es este texto, titulado Amanecer:

Créeme, estoy en el centro de mi habitación
esperando que llueva. Estoy solo. No me importa
terminar o no mi poema. Espero la lluvia,
tomando café y mirando por la ventana un bello paisaje
de patios interiores, con ropas colgadas y quietas,
silenciosas ropas de mármol en la ciudad, donde no existe
el viento y a lo lejos sólo se escucha el zumbido
de una televisión en colores, observada por una familia
que también, a esta hora, toma café reunida alrededor
de una mesa: créeme: las mesas de plástico amarillo
se desdoblan hasta la línea del horizonte y más allá:
hacia los suburbios donde construyen edificios
de departamentos, y un muchacho de 16 sentado sobre
ladrillos rojos contempla el movimiento de las máquinas.
El cielo en la hora del muchacho es un enorme
tornillo hueco con el que la brisa juega. Y el muchacho
juega con ideas. Con ideas y con escenas detenidas.
La inmovilidad es una neblina transparente y dura
que sale de sus ojos.
Créeme: no es el amor el que va a venir,
sino la belleza con su estola de albas muertas.
Santos Domínguez

09 mayo 2007

Antología de la poesía española del siglo XX
















Antología de la poesía española del siglo XX.

Volumen I 1900-1939.
Volumen II 1940-1980.
Edición de José Paulino Ayuso.
Clásicos Castalia 35 aniversario. Madrid, 2007.


Para conmemorar el 35 aniversario de la emblemática colección Clásicos Castalia, que fundó Rodríguez Moñino y dirige en la actualidad Pablo Jauralde Pou, se editan las novedades o las reediciones en la presentación clásica en rústica y a la vez en formato mayor y encuadernado en tela con sobrecubiertas de papel y acetato.

Ese es el caso de la Antología de la poesía española del siglo XX, en dos volúmenes preparados por el profesor José Paulino Ayuso.

Hasta el final de la guerra civil el primero, analiza las dos perspectivas antológicas de la poesía entre 1900 y 1939: la reivindicación modernista de la antología de Federico de Onís de 1934 y, aunque dos años anterior, la de Gerardo Diego, más atenta a la nueva poesía, en la que la poesía se presenta como fervor de grupo.

El segundo tomo, entre 1940 y 1980, se mueve entre dos fases: la poesía situada en el tiempo (1939-1959) y la integración de subjetividad y lenguaje que caracteriza el periodo comprendido entre 1960 y 1980, con tres categorías de poetas: tutelados, críticos o emancipados, como representantes del proceso evolutivo de la poesía de posguerra. O las líneas de fuga que miran al 27 y enlazan con su ejemplo para atraerlo al presente en una relectura de la tradición o de la vanguardia. Una relectura actualizada por el grupo Cántico o por el postismo a la luz de una nueva modernidad que no era ya la de la España de los años veinte.

Para explicar el enfoque de su selección, definida desde el principio como una antología para lectores, escribe José Paulino Ayuso estas líneas esclarecedoras:

La poesía española del siglo xx parece haber concentrado, y, a la vez, decantado, las experiencias más hondas y permanentes de nuestro vivir y de nuestra realidad cultural y social. Tal vez por esto fue, durante muchos años, un género literario privilegiado, además marcó la evolución de otros géneros (novela, teatro, prosa poética) y recogió la mejor contribución de los más grandes escritores. Con ello ha traspasado los límites de la literatura para formar parte de los procesos históricos y dar voz a las convulsiones sociales. Incluso la misma poesía ha sido objeto de debates, enfrentamientos y polémicas, bien por la actitud combativa de los escritores o por motivos de presencia en el sistema cultural. Las antologías, desde comienzos del siglo, han sido vehículos privilegiados para la difusión de la poesía y para la consolidación de la influencia de algunos autores, pero también causa de discusión y de polémicas. La presente antología aspira a reunir y ofrecer un conjunto de piezas que son únicas, significativas históricamente y, sobre todo, valiosas estéticamente, perdurables más allá de los cambios, por lo que han recibido el reconocimiento y la adhesión de los lectores cualificados. De esta manera, se quiere lograr que su lectura llegue a ser una experiencia gozosa y cumplida para quien la emprenda, que sea una antología para lectores.

En más de mil páginas se va sucediendo la amplia representación poética de un género particularmente intenso, variado y brillante en ese nuevo siglo de oro de la poesía española que fue el XX.

Están aquí representados no sólo los grandes nombres, sino las letras minúsculas de la poesía española contemporánea, los marginales, los olvidados, en una muestra comprensiva, global y de consulta imprescindible para quien quiera hacerse una idea de la complejidad y la riqueza de direcciones poéticas del XX en España, con los poetas en la plaza o en su torre de marfil. O en Babia.

Y un mérito más, que agradecerá el buen lector de poesía: la selección de textos ha procurado huir de la rutina y ha buscado y presentado algunos textos infrecuentes en este tipo de selecciones.

Santos Domínguez