02 marzo 2007

Las Hurdes

Maurice Legendre.
Las Hurdes. Estudio de Geografía Humana.
Editora Regional de Extremadura. Serie Rescate.
Mérida, 2006.

En 1927, el hispanista francés Maurice Legendre publicó Las Jurdes. Étude de géographie humaine, su tesis doctoral. Era el fascículo XIII de la Biblioteca de la Escuela de Altos Estudios Hispánicos, de la que Legendre fue Secretario General, y no se había publicado hasta ahora en español.

Ochenta años después, la recupera en un amplio volumen la Editora Regional de Extremadura en su colección Rescate, con traducción de Enrique Barcia, edición y estudio de Paloma Sánchez y José Pablo Blanco y coda de Luciano Fernández.

Estudio esencial desde el punto de vista antropológico, histórico y social, su enfoque y sus conclusiones van más allá de lo meramente académico, porque Legendre se implicó en aquella realidad penosa no sólo desde un punto de vista científico sino también con un compromiso personal y hasta emocional desde sus primeros viajes a Las Hurdes en 1910:

Este tipo de estudios – escribe Legendre en la presentación de su tesis- no se hace sentado en un sillón. Lo hemos llevado a cabo como si se tratara de una empresa de caballería andante, cuyo primer objetivo, dentro de nuestras modestas posibilidades, fue siempre trabajar por la redención de los hurdanos.

Los prejuicios de un hurdanófilo ha titulado Luciano Fernández su coda, en la que traza el perfil intelectual, moral y político de Legendre, un estudioso que toma partido apasionado por su objeto de estudio con una postura paternalista y conmiserativa propia del catolicismo social que practicaba.

En ese análisis de la obra de Legendre, Luciano Fernández hace hincapié en algo muy llamativo: el hecho de que la aproximación a las Hurdes se haga desde La Alberca es determinante en la orientación del estudio de Legendre, que ve aquella realidad a través de los prejuicios del tío Ignacio, un guía albercano.

Lejos de la frialdad científica, el libro constituye la denuncia de una realidad vergonzosa y a menudo desconocida u oculta, de una isla de miseria en aquella España que era ya la de los amenes del reinado de Alfonso XIII.

Una realidad situada al margen de la historia, en condiciones geográficas muy duras, en las que se detiene Legendre para destacar el antagonismo entre geografía física y poblamiento humano, con su consecuencia de miseria y precariedad en la supervivencia.

Tras las dos primeras partes, centradas en esa contradicción, Legendre dedica la tercera sección de su estudio a la necesidad de redención civil y religiosa de Las Hurdes y a un esbozo de retrato psicológico y moral del hurdano.

Medio centenar de fotografías, la mayoría realizadas por Legendre, dan cuenta de aquellos paisajes y de las personas que los habitaban, como un subrayado gráfico y documental de los textos del libro.

Esta recuperación imprescindible se puso en marcha hace algo más de cinco años, por iniciativa de Maurizio Catani. Lamentablemente ni Fernando Pérez, el editor que asumió el proyecto en la Editora Regional de Extremadura, ni el profesor Catani, que iba a hacerse cargo del estudio introductorio, pueden verlo hecho realidad.

Santos Domínguez


¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!




Isaac Rosa.
¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!
Seix Barral. Barcelona, 2007.


Una edición crítica o una reedición autocrítica de La malamemoria. Eso es ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!, la novela de Isaac Rosa que edita Seix Barral.

Hace ocho años, en 1999, Isaac Rosa publicaba en la editorial extremeña Los libros del Oeste su primera novela. Se titulaba, como la tercera de las cinco partes que la componían, La malamemoria, y era una reconstrucción de las circunstancias de la guerra y la posguerra a través de Julián Santos, un escritor a sueldo a quien le encargan la escritura de las memorias de un político de la posguerra y la transición. Un personaje siniestro, Gonzalo Mariñas, que ha intentado lavar su pasado como aquellos laínes y tovares que Isaac Rosa denunció en un artículo (Los espinazos curvos de la dictadura) publicado en Babelia el 14 de octubre de 2006.

Cuando su autor se plantea la reedición de La malamemoria, construye un juego de espejos y narradores. Un complejo sistema de estirpe cervantina en el que el autor que firma la advertencia y la fecha en octubre de 2006 está más lejos de Isaac Rosa que el lector distante y crítico que apostilla el texto original con sus comentarios.

La primera frase de esos comentarios al margen, expresiva del desagrado de ese lector (¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!) es la que da título a esta lectura crítica de La malamemoria, el subtítulo que aparece, si no en la portada, sí en el interior.

Una novela sobre otra novela, pues, y ahí la ironía y el efecto de profundidad de la literatura dentro de la literatura vuelve a remitir al modelo del Quijote. Las apostillas, individualizadas tipográficamente con letras en cursiva, permiten comprobar en primer lugar cómo ha madurado el estilo de Isaac Rosa desde aquella novela inicial. Y en segundo término manifiestan también cómo ha cambiado su perspectiva en el análisis de la realidad. Dicho de otra manera, no sólo ha cambiado el escritor Isaac Rosa, sino el ciudadano que propone un determinado enfoque de la historia reciente en una postura moral cercana a veces a Ramiro Pinilla y emparentada en otras ocasiones con Manuel Longares.

No se trata, pues, de una revisión del texto desde dentro, de una reelaboración hecha por el autor, sino de un procedimiento más complejo que superpone no sólo mentalidades distintas, sino planteamientos técnicos y estilísticos más maduros.

La distancia irónica del lector capta las debilidades argumentales, la inocencia primeriza de algunos planteamientos, denuncia la confusión de narradores, la falta de consistencia de algunos personajes, la inverosimilitud impostada de algunos diálogos o la cursilería de alguna metáfora.

Parecería a la vista de todo lo expuesto que La malamemoria era una antología del disparate y una mala novela. Y nada más incierto que eso: entre la busca de Alcahaz y la breve tragicomedia final, La malamemoria era y sigue siendo una novela más que digna, pese a algunos defectos propios de su edad.

El lector de esta novela no debería caer en la trampa de identificarse totalmente con el fingido lector de La malamemoria, un crítico que se va creciendo a medida que avanza en la lectura y se permite excesos como hablar de la “inseguridad púber” de su autor y descalificaciones no siempre razonables ni razonadas.

El autor cursivo de esa lectura crítica se confunde con el verdadero autor (otra vez Cervantes) cuando remata el libro con este párrafo en el que se dan cita las claves del libro y se reflexiona, como en toda la novela, sobre la escritura:

Y a todo esto, ¿qué queda de esa mala memoria contra la que se alzaban las armas de la literatura?¿Y qué queda de las víctimas? ¿Y de la guerra? ¿Qué queda de las intenciones vindicativas del autor? Nos tememos que, una vez más, la guerra, la memoria, las víctimas, se convierten en pretexto narrativo, y lo que se pretendía una novela revulsiva se conforma con una historia entretenida, un ejercicio de estilo, una convencional trama de autoconocimiento y, por supuesto, de amor. Eso sí, con la guerra civil al fondo, actuando de referente atractivo, reconocible, donde el lector se siente cómodo y se muestra curioso. Novelas como ésta pueden hacer más daño que bien en la construcción del discurso sobre el pasado, por muy buenas intenciones que se declaren. Debido a las peculiaridades del caso español, a la defectuosa relación que tenemos con nuestro pasado reciente, la ficción viene ocupando, en la fijación de ese discurso, un lugar central que tal vez no debería corresponderle, al menos no en esa medida. Y sin embargo lo ocupa, lo quiera o no el autor, que tiene que estar a la altura de esa responsabilidad añadida. Vale.

Santos Domínguez

01 marzo 2007

Los conquistadores del horizonte

Felipe Fernández-Armesto.
Los conquistadores del horizonte. Una historia mundial de la exploración.
Ediciones Destino. Madrid, 2006.

“La Historia tiene dos grandes historias que contar. La primera es la del largo proceso por el que las culturas de los hombres divergieron – cómo se alejaron y crecieron sus diferencias, bajo el signo de la ignorancia o el menosprecio de unas por otras –. La segunda es el tema principal de este libro: una historia relativamente breve y reciente de la convergencia cómo los distintos grupos humanos volvieron a entrar en contacto, intercambiaron rasgos culturales, imitaron formas de vida y se hicieron de nuevo más parecidos unos a otros.”

Felipe Fernández-Armesto, catedrático de historia mundial y medioambiental en la Universidad de Londres, comienza con este párrafo un repaso a toda la historia de la humanidad, desde que los Homo Sapiens partiendo de África se desperdigaron por el planeta (la divergencia) hasta que hace unos cinco mil años empezaron a realizar viajes exploratorios que volvieron a poner en contacto (la convergencia) las civilizaciones que se habían levantado en los distintos continentes.

En algo más de quinientas páginas, bien escritas y magníficamente ilustradas, se pasa a revista a los principales viajes de exploración geográfica, y aunque reciben más atención los viajes de los últimos quinientos años, no se trata de una obra centrada en los descubridores europeos, sino que los primitivos navegantes polinesios y egipcios, los marinos musulmanes que surcaron el Índico, o el gran navegante chino Zheng He, ven reconocido su papel en el proceso de convergencia humano.

Con todo, son los exploradores occidentales posteriores al siglo XV los que más páginas ocupan, probablemente porque disponemos de más y mejor información sobre sus viajes y porque, para lo bueno y para lo malo, han sido los occidentales quienes han culminado el proceso que ha reconectado todas las comunidades humanas del planeta. O casi todas, porque en el último capítulo Fernández-Armesto afirma que según cálculos estadísticos deben quedar amparados por la selva amazónica unas pocas decenas de grupos humanos totalmente ajenos a esa convergencia que desde hace apenas treinta años llamamos globalización.

El mayor mérito de este libro es recoger en unas pocas páginas los puntos clave que permiten entender cuáles fueron las intenciones de estos exploradores, de qué medios se sirvieron, cómo organizaron sus viajes y qué frutos obtuvieron. Así, en apenas doce excelentes páginas se nos describen los viajes de Colón, los siete viajes del eunuco Zheng He se relatan en ocho páginas, la vuelta al mundo de Magallanes en cinco…

Se trata, de una historia global de la exploración, entre las que se incluyen no pocos fracasos, como la búsqueda de la Terra Australis o el paso del Noroeste, y que culmina con una descripción en su último capítulo del proceso de globalización realizado entre 1850 y el año 2000.

Y aunque nos quede por visitar el fondo de los océanos, la tierra por debajo de su corteza, la parte superior de la atmósfera y buena parte de las selvas tropicales; podemos sentir en sus últimas páginas la melancolía que produce el fin de una historia que “ha sido una sucesión de insensateces, en la que prácticamente cada paso adelante ha sido el resultado fallido de un salto que pretendía llegar mucho más lejos”, idea que retrata, probablemente, el conjunto de la historia de la humanidad.
Jesús Tapia

Aunque entiendo poco griego...


Aunque entiendo poco griego...
Fábulas mitológicas burlescas del Siglo de Oro.

Edición, introducción y notas de Elena Cano Turrión.
Clásicos Berenice. Córdoba, 2007.



Aunque entiendo poco griego... es el título del libro en el que Clásicos Berenice ha recopilado algunas de las más destacadas Fábulas mitológicas burlescas del Siglo de Oro.

La poesía burlesca fue una de las tendencias más significativas del Siglo de Oro español, especialmente a partir del fracaso de los ideales renacentistas que se resolvió en la mentalidad barroca. Una mentalidad enraizada en la actitud de rechazo a los planteamientos idealistas del primer Renacimiento que daba lugar a demostraciones de ingenio y de chocarrería. Esa actitud subversiva de los valores poéticos tiene su correspondencia en la figura del donaire de la nueva comedia de Lope o en la picaresca y su manifestación plástica en las pinturas mitológicas de Velázquez.

Se ha ocupado de hacer esta edición Elena Cano Turrión, que ha realizado una cuidada selección de autores y poemas de un género prestigioso en aquella época y tan estimado que prácticamente todos los poetas cultos escribieron alguna fábula mitológica burlesca.

El enfoque burlesco de los materiales mitológicos atrajo a todos los poetas mayores y menores del periodo barroco, que aportaron su visión jocosa a unos mitos que formaban parte de una tradición muy cuestionada a aquellas alturas desengañadas del desencanto barroco y de la mueca agridulce que hay en muchos de ellos.

La nómina de poetas que se recogen en esta antología, de Góngora a Quevedo, pasando por Castillo Solórzano, Salas Barbadillo o Polo de Medina, justifica por sí misma la aparición de esta antología, que viene a llenar un hueco bibliográfico en el conocimiento de la poesía áurea.

Es, aunque parezca mentira, la primera vez que una publicación atiende a la reinterpretación cómica y a la degradación de las fábulas mitológicas clásicas emprendida por estos escritores y sistematiza sus contenidos.

La cuidada selección, la introducción, las notas y la cronología elaboradas por Elena Cano Turrión, nos muestra una de las claves del impulso renovador de aquellos poetas que, aunque entendieran poco griego, como escribe Góngora en el romance del que toma su título el volumen, se reían de su misma sombra cuando hablaban de Polifemo, de Dido y Eneas o de Apolo y Dafne.

En las antípodas de Apolo o de Adonis, más de uno sólo se tomaba en serio a Baco, tan incompatible con Venus como ellos mismos.

Santos Domínguez


28 febrero 2007

Muerte de un fascista




Andrea Camilleri.
Privado de título.
Traducción de Mª Antonia Menini.
Salamandra. Barcelona, 2007.


Un joven fascista al que mata otro fascista en una correría nocturna, ¿puede ser llamado protomártir fascista?

Ocurrió en realidad. En Sicilia. En abril de 1921, el error de un compañero de escuadra negra mata a un joven de la liga antibolchevique cuando, en compañía de un tercero, se disponen a castigar a un líder sindical. La maquinaria propagandística transforma a la víctima frustrada en victimario y al peligroso gamberrete musoliniano, en protomártir del fascismo en Sicilia.

Ese es el planteamiento de fondo de Privado de título, la última novela de Andrea Camilleri que ha publicado Salamandra con traducción de Mª Antonia Menini.

Con su acreditada pericia narrativa, Camilleri alterna el relato de los hechos con documentos policiales, partes facultativos, cartas de los implicados y artículos de periódico en una mezcla que completa magistralmente el fresco de una época y el montaje de una mentira.

La formación de Camilleri como guionista y realizador de documentales y series policiacas para la televisión italiana aporta alguna de las claves esenciales de su eficacia narrativa. El enfoque cinematográfico de las secuencias, de enorme fuerza plástica, es una de las bases de la novela, planteada en gran medida con técnica rigurosa de investigación documental.

Más allá de su puro valor literario, Privado de título es una reflexión sobre la manipulación propagandística, sobre la hipocresía y el poder y sobre la falsificación interesada de unos hechos que, salvando todas las distancias, recuerdan el incendio en 1933 del Reichstag berlinés por los nazis, que acusaron de los hechos a los comunistas.

Un Camilleri irónico, mordaz y socarrón, añade un demoledor toque personal a aquellos hechos lamentables y esperpénticos. Quizá esa mezcla de rigor y caricatura sea la mejor manera de aproximarse a una realidad en la que convivían la grandilocuencia de los gestos y las palabras con la ridiculez de aquellos fantoches que se declaraban herederos del Imperio.

Y sobre el relato de esa farsa, de esa realidad virtual, Camilleri superpone otra realidad virtual: la fantochada urbanística del proyecto Mussolinia, una grandilocuente ciudad-jardín que los jerarcas del régimen idearon como testimonio eterno de la gloria del Duce.

Han pasado casi diez años desde que Vázquez Montalbán ensalzó en el prólogo que escribió para Un mes con Montalbano (Emecé, 1999), la narrativa de Camilleri, entonces casi un desconocido en España:

Complejo el éxito de este autor porque sus novelas no son fáciles y requieren la complicidad de un lector culto y relativizador, por otra parte capaz de aceptar ese universo siciliano, incluso ese lenguaje siciliano sabiamente dosificado y quintaesenciado. Tampoco es fácil su estilo que traduce una manera de mirar y sancionar la realidad que habrá requerido una tensión extra por parte de la, en este caso, traductora. El éxito de Camilleri se ha debido en parte a que su literatura ha sido adoptada por el norte lector más inteligente, el que no demanda mercancías de un ser folclórico, sino de un asumible imaginario del sur, contradicción entre lo abstracto sublimado y las notas de concreción que lo connotan. Ha sido ese lector de norte cultural más que geográfico el que ha propiciado que un género como el policiaco dejara de ser un subgénero y un adjetivo para devenir estrategia de conocimiento narrativo, en el que Camilleri, a sus 73 años, se integra como una de las aportaciones más rejuvenecedoras de la sociedad literaria europea de la presente década.

Los años y la fecundidad del autor siciliano han ratificado y sobrepasado aquellas palabras para confirmar una vez más que la calidad literaria y la diversión pueden y deben ir juntas.


Santos Domínguez

27 febrero 2007

Antología esencial de la poesía francesa



Antología esencial de la poesía francesa.

Edición de Mauro Armiño.
Austral Poesía. Espasa Calpe.
Madrid, 2006.


En su revitalizada colección Austral, Espasa Calpe acaba de publicar una Antología esencial de la poesía francesa en edición preparada por Mauro Armiño.

Se trata de un recorrido por diez siglos de poesía, la más original y espectacular–advierte Mauro Armiño en su prólogo- de la poesía europea, fundadora de la modernidad con Baudelaire y Rimbaud. Posiblemente también la que de forma más persistente ha influido en la poesía española a lo largo de la historia, desde Hugo y Verlaine, de incidencia decisiva en el Modernismo, hasta Valèry, las vanguardias y el superrealismo, que están en la base de las diversas direcciones y tendencias del 27.

Ya se sabe que toda antología es discutible, que –se haga como se haga- estarán pesando en ella las ausencias tanto como las presencias. Y esta no es un excepción, sobre todo cuando se ha ido a lo esencial como avisa el título y se ha hecho una selección en la que se ha preferido reducir el número de poetas y aumentar los textos de cada uno.

Pero si una selección es siempre discutible, lo es menos que las traducciones que se ofrecen aquí sean probablemente las mejores de la poesía clásica francesa.

En esa selección, no sólo de los poetas sino de las versiones, se ha concentrado gran parte del esfuerzo de Mauro Armiño y en eso radica la mayor virtud de esta antología.

Entre la Canción de Roldán y Francis Ponge o René Char, se ofrecen aquí algunas de las mejores versiones de la poesía francesa en español.

Además de Mauro Armiño, que es el responsable de la mayoría de esas traducciones, se recogen en este volumen la que realizó José Mª Álvarez de la poesía de Villon, la que Guillén hizo del Cementerio marino o la traducción de Luis A. de Villena de los sonetos de Du Bellay. Se suman esas versiones a otras como las de Martínez Sarrión y, sobre todo, a las de Carlos Pujol, uno de los más acreditados traductores de poesía de nuestro país, que firma más de veinte traducciones.

Que casi todos estos traductores sean además poetas, como en los casos citados, es una garantía añadida.

Santos Domínguez

26 febrero 2007

Tomás Segovia. Llegar



Tomás Segovia.
Llegar.
(Poemas 2005-2006)

Pre-Textos. La Cruz del Sur.
Valencia, 2007.


Mientras no quiera el tiempo
Dejarme de su mano
Saldré cada mañana
A buscar con la misma reverencia
Mi diaria salvación por la palabra.

Mientras es uno de los textos que Tomás Segovia (1927) recoge en Llegar. (Poemas 2005-2006), que publica Pre-Textos en La Cruz del Sur.

La delicada viñeta de Ramón Gaya que ilustra la portada es el pórtico de un libro en el que un Tomás Segovia casi octogenario escucha y mira y habla con la vida.

Una mirada hacia fuera, no hacia dentro, y hacia el presente, no hacia atrás. Y lo que viene de fuera es la confirmación de la vida, la luz que entra en la casa y el frescor de la mañana. A su encuentro va el poeta en este libro celebrativo y sereno, de tibia claridad y palabra medida.

Y van la voz y la mirada del poeta hacia la llamada del pájaro, hacia el horizonte, hacia un tiempo que abre el día y renace incansable en un paso hacia adelante, hacia la disolución serena

en la desembocadura azul del tiempo.


Siempre de pie y a pie hacia fuera y hacia adelante, hacia arriba siempre, hacia el lugar del pájaro y del árbol y el viento ensimismado en sus ramajes.

En mitad del tiempo, la perfección inmóvil de la naturaleza, la serenidad y el tiempo abolido, completan la presencia de un mundo redimido y puesto en orden por la mirada y la palabra del poeta:

Este airecillo que se va de aquí
A sus viajes inventados
Desordenando al paso mis cabellos
Y que se aleja pronto hacia llanuras mares
Pálidos horizontes
Pero a la vez se queda ensimismado
Jugando aquí sin fin con mis cabellos
Este airecillo pues ¿qué significa?

Organizado equilibradamente en cinco partes, la tercera (Suite nostálgica) tiene siete composiciones que completan una estructura musical armoniosa que tiene su núcleo en el poema central, una Zarabanda donde

El amor luminoso y sin batallas
No dice su felicidad
la usa.

Para culminar en un Celebrativo, la quinta parte, tras una sección en la que se presiente alguna sombra oculta:

Porque no hay que ir allá buscando nada
Hay que esperar aquí
Haciendo la morada los unos a los otros
Para que venga sola y libre la belleza
A vivir con nosotros.

Palabra fluida, construida con la densidad de la luz y la levedad del aire, con la armonía que otorga la mirada serena del poeta en diálogo con el mundo, con el lector y consigo mismo.

Un libro memorable, otro más, de Tomás Segovia.

Santos Domínguez