25 febrero 2007

La Villa de los Misterios




Linda Fierz David.
La Villa de los Misterios de Pompeya.
Traducción de Ana Becciu.
Prólogo de Enrique Galán Santamaría.
Imaginatio Vera. Atalanta. Gerona, 2007.


Linda Fierz-David (1891–1955) fue la primera mujer admitida en la Universidad de Basilea. Estudió filología alemana y completó aquellos estudios con los de psicología, antropología, mitología y literatura. Con ese bagaje, que da buena cuenta de su curiosidad intelectual y de sus conocimientos, dedicó toda su vida a la interpretación de los frescos pompeyanos de la Villa de los Misterios.

Este libro se titulaba originalmente en alemán Reflexiones psicológicas sobre los frescos de la Villa de los Misterios. La muerte de su autora frustró la publicación del libro, que no se publicó hasta 1988 en una edición inglesa revisada por Nor Hall, que es la que se ha tomado como base para esta edición española que publica Atalanta en su colección Imaginatio Vera.

Con un prólogo de Enrique Galán Santamaría y excelentes reproducciones de las pinturas, el libro parte de una introducción sobre Dionisos, el dios griego más representado en el arte antiguo. Arcaico, barbudo y vestido o desnudo y efébico, se extiende su imagen ubicua en las pinturas, en los bajorrelieves, en vasos órficos o en monedas durante veinte siglos desde Asia Menor hasta la Península Ibérica, desde el Mar Negro hasta Egipto. Le acompaña un séquito de faunos y silenos que formaban parte de la decoración de una serie de cultos dionisiacos unidos a Orfeo.

El mito de Orfeo, oscuro y simbólico, es la integración de lo apolíneo con lo dionisiaco y ha generado una abundante literatura esotérica. Músico y poeta, es el objeto de culto de una teología mistérica que le trata como a un dios salvador y narra sus trabajos y viajes, su muerte y resurrección de dios sufriente y perseguido.

En las afueras de Pompeya, la ciudad consagrada a Venus, la Villa de los Misterios tiene en su sala de la Iniciación un conjunto de frescos con diez escenas simbólicas que representan el proceso de individualización femenina.

Fueron pintados en el año 80 a. C., en las cuatro paredes de la estancia, y persiste en ellos una rara serenidad en medio de la elevada cultura de un lugar dedicado al culto privado órfico, a la iniciación de las mujeres de clase alta en aquellos rituales órficos.

Cada escena representa una, dos, o acaso tres figuras que, a pesar de dar la impresión ser retratos de personas reales, fueron pintados con el fin de escenificar la secuencia de un drama coherente y complejo. Sobre el fondo rojo característico de los frescos pompeyanos, esas figuras representan un drama sacro en diez escenas, en diez secuencias rituales que se ven sucesivamente en la deambulatio de izquierda a derecha de la estancia. Su imagen central representa la unión de Dioniso y Ariadna.

Sobre ese conjunto, el libro elabora una hipótesis interpretativa: es una lectura mitológica del culto mistérico, una dilucidación de su sentido simbólico y de la lógica narrativa asociada a los ritos órficos.

Se trata de la representación visual de un mito y, a la vez, de la puesta en escena de un ritual de iniciación dionisíaco de la época romana dedicado a las mujeres. Una represenatción que no tiene nada que ver con la sensualidad o la pornografía de otras villas o de los baños y burdeles de la ciudad.

A través de esos mitos cósmicos se describe el conflicto entre espíritu y materia, entre conciencia e instinto, entre lo individual y lo colectivo.

De esos mitos se hace una interpretación que conecta unas escenas con otras, y explora la relación entre estos cultos y otros ritos de China, del yoga hindú, del cristianismo y los alquimistas, de Isis o el Grial.


Santos Domínguez

24 febrero 2007

Luchadoras



Peggy Adam.
Luchadoras.
Ediciones Sins entido.
Madrid, 2007.

Ediciones Sins entido acaba de crear una nueva colección, Sin Nosotras, en la que se publicarán novelas gráficas hechas por mujeres que aportan una nueva mirada sobre el cómic, un género hasta ahora mayoritariamente masculino.

Sonia Pulido, Rutu Modan, Peggy Adam, Rachel Deville y Lola Lorente son las cinco autoras que inauguran esta colección. Todas ellas desarrollan el género de la novela gráfica y han elegido este medio para expresarse. Autoras emergentes en el panorama nacional e internacional del cómic, que crean historias impactantes, actuales, con miradas nuevas y sensibilidad diferente.

Así lo anuncia en nota de prensa la editorial Sins entido:

Una colección diferente en la que agrupar la obra de las que abordan la aventura de narrar con imágenes, sin miedo a romper clichés. Autoras con mirada y voz propias, con cosas que decir, con empuje para sorprender e ir más allá. Ahora cuentan ellas, y lo hacen seguras de sí, con las ideas claras y muchas ganas de hacerse oír. Sin flores, sin sedas, sin concesiones: historias complejas narradas con ayuda de las imágenes; libros de peso, con texturas literarias.

Uno de los títulos más atractivos de esta nueva colección es Luchadoras, de Peggy Adam, centrada en las desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez. Desde 1993, más de 600 mujeres han desaparecido y más de 400 han sido asesinadas en Ciudad Juárez, ciudad mejicana fronteriza con Estados Unidos. Son víctimas de asesinos desconocidos o de la violencia de género. Así, Ciudad Juárez se ha vuelto un triste símbolo del maltrato de las mujeres en el mundo. Hoy en día, la mayoría de estos crímenes sigue sin resolver.

Con este telón de fondo verídico Peggy Adam imaginó Luchadoras, un relato de gran fuerza en su denuncia.

Peggy Adam, de nacionalidad francesa, estudió Bellas Artes en Saint-Etienne, estudió también en Toronto y en Angoulême, trabaja a menudo para prensa (Libération, Elle) y para publicaciones infantiles (L'École des Loisirs, Mango).

Con su estilo cercano al de Marjane Satrapi, Peggy Adam aborda tanto temas ligeros y frescos (Plus ou moins...le printemps, Editions Atrabile) como temas serios y graves. Siempre actuales como estas Luchadoras que publica Sins entido en su nueva colección Sin Nosotras.

Fernando Rocha de la Fuente

El fin de la clase media


Massimo Gaggi y Edoardo Narduzzi.
El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste.
Lengua de Trapo, Madrid 2006.

La muerte de la clase media ha sido anunciada repetidamente los últimos dos siglos. Ya Karl Marx pensaba que el capitalismo industrial concentraría todas las riquezas en muy pocas manos lo que convertiría al grueso de la población en proletarios desposeídos de todo, excepto de su fuerza de trabajo, que deberían vender a un coste decreciente a los propietarios de las nuevas fábricas mecanizadas. Cien años después de su predicción, la llamada clase media dominaba la sociedad de los países más ricos y avanzados del mundo, frenando el avance del comunismo y creando sólidas y estables democracias.

Gaggi y Narduzzi, conscientes de no ser los primeros profetas del declive de la clase media, añaden un enfoque innovador reflejado en el subtítulo de su libro (“el nacimiento de la sociedad de bajo coste”), pues creen ver en la proliferación de las llamadas empresas de bajo coste (low cost), como Ryanair y sus económicos (y espartanos) vuelos, o Ikea y sus baratos muebles (que el cliente debe elegir, transportar y montar); el síntoma de la decadencia de la clase media para dejar paso a una sociedad mucho más polarizada.

Esta nueva sociedad la formarían por un lado una nueva aristocracia dueña de empresas y participaciones bursátiles unida a una élite de nuevos profesionales (tecnócratas del conocimiento) con altos ingresos; y por otro lado una sociedad masificada de rentas medias y bajas acompañada de grupos de trabajadores de baja cualificación camino de convertirse en proletarios y caer en la pobreza. Esa sociedad masificada de rentas medias y bajas sería el residuo de lo que fue la clase media, y sus esfuerzos para mantener su calidad de vida han hecho surgir los productos y servicios de bajo coste.

Para Gaggi y Narduzzi el fin de la clase media lo ha provocado la globalización, pues países con costes salariales muy bajos se han convertido en suministradores de servicios y productos muy baratos que han llevado a las empresas de muchos países europeos al cierre o a la crisis, y a sus trabajadores al paro o a tener que aceptar una disminución de sus rentas y un empeoramiento de sus condiciones laborales.

Además, el estancamiento económico europeo convierte en inviable al llamado “Estado del Bienestar”, obra maestra de la clase media y piedra angular que sustenta los sistemas democráticos de corte occidental.

Urge, según Gaggi y Narduzzi, sustituir el Estado del Bienestar por algo nuevo, pero no es fácil. Para enfrentarse a los efectos de la globalización los autores proponen como solución un acercamiento de los europeos al modelo de Estados Unidos que tienen un estado más pequeño con servicios como la sanidad y la educación prácticamente privatizados, y cuya economía ha resistido comparativamente bien la competencia de los llamados países emergentes.

Los autores son conscientes de que el modelo americano con sus más de cuarenta millones de habitantes prácticamente sin cobertura médica y con un sistema fiscal regresivo que ha permitido el nacimiento de miles de millonarios que controlan el sistema político con sus donaciones a los partidos, no es la mejor receta para salvar las democracias europeas. Pero, como otra posible opción es que la naufragada clase media se apunte a opciones políticas radicales (nacionalistas, xenófobas, proteccionistas) como ya hizo en las décadas iniciales del siglo XX con su apoyo a los fascismos, es necesario reformar el Estado del Bienestar para adaptarlo a esas nuevas sociedades de bajo coste y preservar la democracia.

Gaggi y Narduzzi creen que Europa debe salvar “las conquistas esenciales del último medio siglo” aunque debe tomar decisiones duras y dolorosas si quiere volver a ser un continente económicamente dinámico, si bien no desarrollan en su libro un programa político concreto, pero en sus esbozos se les adivina próximos al neoliberalismo.

Eso sí, en la última línea de su libro, Gaggi y Narduzzi exponen la solución en una frase postmoderna y campanuda: “El neohumanismo de la sociedad de bajo coste”. Eso es lo que necesita Europa. Pero no nos explican qué es y dejan a este lector perplejo y haciéndose preguntas: ¿Será eso mejor que el fascismo? ¿No será una solución de bajo coste? ¿Tendremos que importarlo de China?

Jesús Tapia

Tríbada



Miguel Espinosa.
Tríbada. Theologiae Tractatus.
Siruela. Madrid, 2007.



Será porque no hay dos sin tres, pero el caso es que los lectores de Miguel Espinosa, secta creciente, estamos de enhorabuena. Después de la recientes reediciones de Escuela de mandarines y La fea burguesía en Alfaguara, Siruela acaba de recuperar su Tríbada. Theologiae Tractatus, que se añade en su catálogo a Asklepios, el último griego.

Cuando murió en 1982, Espinosa sólo había publicado dos novelas: Escuela de mandarines (1974) y La Tríbada falsaria (1980). Después de su muerte apareció La Tríbada confusa (1984) y por fin en 1986 la Editora Regional de Murcia editó esta Tríbada. Theologiae Tractatus, formada por las dos anteriores.

Desde que abre este libro, el lector queda sorprendido por su estructura y subyugado por su lenguaje. Antes del primer capítulo de la primera parte, superada la sorpresa del título (Tríbada es voz que no aparece en ningún diccionario, aunque sí tribadismo en el ideológico de Julio Casares) y del subtítulo en latín escolástico, se encuentra con una relación de personajes, reales y ficticios, a lo largo de quince páginas, una primera presentación con la referencia a los lugares de la obra en donde aparecen.

Dos de esos personajes son el objeto de las páginas siguientes, en las que se enumeran los nombres de Damiana (de acucia de la vulva a zurrona), una lista que, pasando por bollera canónica o tortillera correntona, requiere diecisiete páginas a las que hay que sumar otras ocho con los nombres de Lucía, entre abortón y yuntada a Damiana, con paradas en coima verrionda o novia fricadora.

El sistema de caracterización de dos de los personajes principales de la historia, aparte de inusual, es de una extraordinaria eficacia. En esos listados previos quedan caracterizados esos personajes y queda también clara la posición irónica y crítica del narrador.

Esos listados, entre lo lírico, lo descriptivo y el insulto, tan aparentemente antinarrativos, sitúan al lector, menos confuso que divertido y expectante, en disposición de conocer una historia que se le cuenta muy rápidamente en los tres primeros capítulos de la primera parte, La tríbada falsaria, que toma su nombre de uno de los apelativos de Damiana. Otro (tríbada confusa) da título a la segunda parte.

Y el lector entra en el primer capítulo y se encuentra con estos párrafos:

«No creo en Dios» -dice Damiana Palacios, boticaria de cuarenta años. Y habla sin gravedad, entusiasmo ni arrojo. Más que la expresión de una convicción, la afirmación revela una manera de estar en el mundo; equivale a manifestar: «La cuestión de la existencia divina no me interesa».

Empero, Damiana cree en la quiromancia, en la cartomancia, en la oniromancia, en la uromancia, en la hidromancia, en la geomancia, en la telepatía y en toda clase de las llamadas artes notorias, que predicen y vaticinan. Parla de telekinesia, de hipnosis, de psicoquinesis, de desdoblamientos, de fenómenos ectoplasmáticos, de facultades ocultas, de ondas cerebrales, de médiums, de bilocaciones y de saberes paranormales. Una cierta Silvia Carrasco, su amiga, suele echarle las cartas, como ordinariamente se dice, y siempre descubre y anuncia lances gratos para la expectante. Feliciana Duero, también amiga, la somete a sesiones de relajación y pacificaciones. «Tus piernas no pesan; tus brazos son alígeros, no te poseen» -susurra Feliciana. Y Damiana va cerrando los ojos y abandonando el cuerpo en mecánico desasimiento. Por último, Rosario Nieto, otra amiga, examina las rayas de sus manos y le augura novedades.

Damiana no cree en Dios porque su idea le produce aburrición; tampoco le arrebatan, en verdad, estas prácticas cabalísticas; sin embargo, las realiza porque las encuentra tangibles y de prontas respuestas. Dios calla, pero Silvia, Feliciana y Rosario hablan, y su decir llena el tiempo de la mujer.

Novela en clave, con base en un episodio autobiográfico y ambientación en Murcia, el Dublín de la novela española contemporánea, cuenta la historia trivial de un abandono homófilo en tres capítulos. Lo demás es el comentario del episodio desde distintas perspectiva, a través de 62 cartas repartidas entre el final de la primera parte y la totalidad de la segunda.

No acaba ahí la novela. Hay además un epílogo con una carta más, esta de Miguel Espinosa, y un Comento que recoge las explicaciones de otros personajes, entre ellos este Anónimo Primero de la Escuela de Murcia, que explica la estructura y el subtítulo:

En la versión que Miguel Espinosa nos ofrece del caso, la fabulosa sustitución de antagonistas se columbra a partir del momento en que Daniel recibe la primera carta de Juana. Desde ese evento, el relato comienza a crecer en significación y a desbordar los límites de la cuestión original; de testimoniar las causas de una hembra homófila y de su sorprendido amador, pasa a testificar las causas de Dios y del Diablo. Por eso, alguien lo subtituló, con razón, Theologiae Tractatus.

Casi no hace falta decir que esta es una obra deslumbrante, oscura y burlona, irónica y amarga. Y sobre todo un prodigio de estilo, de inteligencia y creatividad, de capacidad narrativa.

Fernando Arrabal ha escrito para la ocasión un prólogo en francés que ha traducido María Cóndor. Todo un hallazgo. Miguel Espinosa seguramente no hubiera ideado mejor estrategia para presentar un libro tan alucinante como este.

Una última advertencia. Quienes no conocen la obra de Miguel Espinosa pueden tener la sensación de que es difícil. Nada más falso. Se lee mejor que cualquier librucho de estos de catedrales y sectas y últimas cenas y sábanas santas. Aunque aquí, como se ve, al igual que en los mejores relatos de Henry James, no faltan las apariciones. Ni los fantasmas.

Santos Domínguez


23 febrero 2007

El volcán




Antonio Moresco.
El volcán. Escritos críticos y visionarios.
Traducción de Piero Dal Bon y Albert Fuentes.
Melusina. Barcelona, 2007.



Melusina publica por primera vez en español a Antonio Moresco (Mantua, 1947), un escritor tardío, polémico y radical. O crítico y visionario, como quiere el subtítulo de El volcán, un libro de 1999 que es la tarjeta de presentación (pues ya se anuncian otras obras) de Moresco en España y en Latinoamérica.

El volcán reúne textos misceláneos y los estructura en tres partes. La primera son dos panfletos polémicos (El país de la mierda y la cortesanía y La forma y la muerte) que tienen en común, además de su tono panfletario, el ataque contra Italo Calvino y en parte contra Pasolini, a los que (des) califica como el Pepito Grillo y el Pinocho de la literatura italiana.

La segunda parte recoge las páginas del diario de Moresco relacionadas con los argumentos de los dos textos anteriores, con sueños en los que se le aparece Joyce, y con sus ideas sobre la literatura. En esas páginas centrales del libro, entre reflexiones estéticas o políticas, notas de lectura y descripciones de paisajes, figuran algunos de los momentos literariamente más interesantes. Por ejemplo, la excelente interpretación alegórica que hace el autor de la carrera del guepardo.

Y finalmente la tercera parte contiene dos escritos: 20 de diciembre, crónica y pesadilla de una noche de invierno, y El manierista de la nada, un homenaje en tres lecturas y una carta a Beckett y a la trilogía (Molloy, Malone muere, El innombrable) que aquí leímos en las inolvidables traducciones de Gimferrer y compañía en el libro de bolsillo de Alianza Editorial.

En ese análisis de la nada y el laberinto que es El volcán, el ataque va más allá de la crítica de la posmodernidad de Calvino y la intertextualidad de Eco. Afecta también a Cioran y su “nihilismo de salón”.

Independientes y heterodoxos en sus planteamientos, los escritos de Moresco participan, pese a su rechazo de lo posmoderno, de un rasgo de la posmodernidad: la disolución de los géneros en formas textuales que son un híbrido de narración, ensayo o dietario.

Los une su carácter directo, la fuerza polémica de la primera persona, su tendencia a la brevedad, certera y ácida, y su crítica fuerte del pensamiento débil y de las formas leves de la posmodernidad:

Los escritores, los artistas, ¿pueden aún —como siempre hicieron— pensar y fantasear sobre qué forma el núcleo de su experiencia o sólo se les permite, en esta época, la némesis de la autoglosa? ¿Pueden aún encontrar, en ello, personas desvinculadas e intensas capaces de debatir desde una posición de necesidad interior y de “libertad” o sólo pueden esperarse reacciones mecánicas inducidas y pequeños escándalos periodísticos de superficie? A tenor de lo que nos rodea en estos años, no hay motivos para hacerse ilusiones. Pero no es ésta una buena razón para dejar de decir lo que se piensa.

Sólo habría que hacer una objeción, aunque menor, a la traducción. Los traductores deberían haberse molestado en comprobar los títulos de Calvino en las ediciones españolas. No hubiera sido demasiado trabajo normalizar esas referencias y así se hubiera evitado aludir a Seis apuntes (en lugar de Seis propuestas) para el próximo milenio.

En una edición que por lo demás se ha cuidado mucho, estos detalles son siempre un poco enfadosos. Y sobre todo evitables.

Santos Domínguez

21 febrero 2007

Cien cartas a un desconocido


Roberto Calasso.
Cien cartas a un desconocido.
Traducción de Edgardo Dobry.
Anagrama. Barcelona, 2007.


Roberto Calasso es ya un viejo conocido del lector español por libros memorables como La literatura y los dioses o K., que tienen siempre como referente una lectura lúcida de la cultura y la creación literaria. Además es el director literario de Adelphi, una de las editoriales de mayor prestigio internacional, para la que ha estado escribiendo textos de solapa y contracubierta, un género seguramente menor, pero también una imprescindible incitación a la lectura, durante cuarenta años.

De las más de mil contracubiertas y solapas escritas por él para Adelphi desde 1965, Roberto Calasso ha escogido la décima parte y las ha encadenado en estas Cien cartas a un desconocido que publica Anagrama.

Esos textos, es norma imprescindible del género, deben tener algo de tentación de la serpiente, alguna sugerencia que haga apetitosa la compra o la lectura. Un libro debe entrar también por los ojos y por eso, junto a un diseño cuidado y reconocible, debe proponer paraísos o sugerir infiernos. Y eso depende en gran medida de las solapas y las contraportadas.

Las une el hilo invisible de la buena prosa de Calasso, su agudeza lectora y su inteligencia comercial, porque esa visión comercial es una de las virtudes, y no la menor, de quien se dedica a comercializar unos libros que son también, en el sentido más noble de la palabra, mercancía.

Como la edición de los prólogos de Borges, que iba precedida de un Prólogo de prólogos, aquí hay también, para empezar, una Solapa de solapas. Y en ella escribe Calasso:

La solapa es una forma literaria humilde y difícil, que espera todavía quien escriba su teoría y su historia. Para el editor ofrece con frecuencia la única ocasión de señalar explícitamente los motivos que lo han impulsado a escoger un libro determinado. Para el lector, es un texto que se lee con sospecha, temiendo ser víctima de una seducción fraudulenta. Sin embargo la solapa pertenece al libro, a su fisonomía, como el color y la imagen de la portada, como la tipografía con la que se ha impreso. Una cultura literaria se reconoce también por el aspecto de sus libros.

Cien cartas a un desconocido, porque algún vínculo histórico tienen este tipo de textos con las epístolas gratulatorias que en épocas modernas y preindustriales figuraban al frente de muchos libros. Si entonces el escritor encomendaba su obra a la protección del alto príncipe o a la eminencia de algún virtuoso cardenal con aquellas dedicatorias adulonas, ahora es el editor el que tiene que vender el libro y sustituye la adulación por la promesa, y al príncipe por el público, con no menos poder e igual de caprichoso.

Esas solapas son también un atlas de la literatura absoluta, como ha escrito Salvatore S. Nigro. Quien abre este libro abre un mapa mundi que le orienta en la tierra de promisión de la literatura. Por esa razón, porque este libro es un mapa, el editor ha tenido el acierto de añadir al final una referencia a las ediciones en español de esos libros. Cuando existe, claro está. Eso ocurre (y es para quedarse cavilando un rato sobre el asunto) con poco más de la mitad de los cien títulos que aparecen en esta antología. Con cincuenta y seis si no he contado mal.

De la altura de estos textos habla por sí solo un dato indiscutible si no bajamos al nivel polémico de los ejemplos: más de una solapa supera en calidad al texto que glosa. No es frecuente, porque Adelphi tiene uno de los catálogos más cuidados del mundo editorial, pero alguna vez ocurre.

En esos casos, no puede evitar el lector la malicia de ver que las mejores contraportadas son aquellas que tienen que vender lo más endeble. No sé si es lógica poética o comercial. O mera casualidad.

Santos Domínguez

19 febrero 2007

El arquero inmóvil



El arquero inmóvil.
Nuevas poéticas sobre el cuento.
Edición de Eduardo Becerra.
Epílogo de Ricardo Piglia.
Páginas de Espuma. Madrid, 2006


No sé si el primero que propuso la imagen fue García Márquez, pero con frecuencia se alude al cuento como una flecha que debe dirigirse con precisión a la diana, frente a la novela que dispara con postas.

La flecha en el carcaj titula Eduardo Becerra el prólogo que ha preparado para El arquero inmóvil, una revisión de las poéticas y las teorías que han tratado de definir el cuento como modalidad literaria propia de la modernidad.

La crisis de la modernidad incide en una redefinición del cuento, en un replanteamiento de sus elementos constructivos, de sus finales, de los mecanismos fijados por Poe. Con ese propósito Eduardo Becerra ha convocado a 22 narradores para que reflexionen sobre sus procesos creativos y sus estrategias narrativas y expliquen sus poéticas del cuento. A esos autores se les pedía, indica el editor, “una poética del cuento que explicara al menos en parte su propia obra creativa dentro del género, y asimismo que supusiera una cierta toma de posición frente a las definiciones clásicas.”

O sea, se les invitaba a que nos hablen de China, donde los cuentos son cuentos chinos, de las flechas y de la velocidad de las flechas, del agujero del dónut y de la sorpresa íntima y para que hagan el elogio del neopreno y la apología de las tortugas.

Así van surgiendo una serie de propuestas que expresan la variedad de poéticas de sus autores. Porque los intereses y los gustos de cada uno de ellos son distintos, aunque todas esas poéticas parecen apuntar hacia una reformulación del cuento que propugna, frente a la estructura cerrada y circular, los finales abiertos, la mitificación y la reflexión crítica.

Lo publica Páginas de espuma, una editorial que presta especial atención al relato, y es un libro imprescindible para conocer lo que ha sido el cuento y a dónde va, una invitación a la cocina de la escritura más sabrosa y delicada.

El libro toma su título del artículo de Pablo Andrés Escapa, que en uno de los capítulos, Poética, alude al cuento como "la tensión del arco."

Que en los diferentes asedios se utilicen imágenes cargadas de fuerza poética y de sugerencias es una demostración de lo cerca que está este género de la poesía y de la revelación del misterio

Como la poesía, el cuento es una cuestión de tono, de composición y de unidad de impresión. Porque un cuento es un efecto, como señala Marcelo Cohen, una forma que está, como la poesía, cerca del sueño y en la frontera de la realidad. Y es un dispositivo para una caza que, como en la poesía, se escapa en el aire.

No inmóvil, sin diana, está el arquero en el artículo de José Ovejero, que se replantea críticamente las tesis sobre el cuento y y las teorías más aceptadas:

“A menudo trabajo al revés que quien sugiere la necesidad de conocer de antemano el final: no lo tengo y por eso lo busco; y en esa búsqueda encontraré toda la historia.”

Para que se aprecie la variedad de opiniones, Guillermo Fadanelli, en el artículo que viene a continuación, mantiene la vista en la diana:

“Cuando comienzo a escribir sé que ya no me detendré porque todo ha sido resuelto desde el primer impulso.”

A estos diálogos asiste el lector o el aprendiz de narrador y de ellos surgirá una reflexión, un cuestionamiento de ese objeto tan aparentemente simple, de ese artefacto complejo en el fondo, de ese mecanismo de precisión que es un cuento, una flecha que apunta, como señala Ángel Zapata, al lugar donde se encuentran la vida y el arte.

Es este un libro lleno de propuestas, de sugerencias, de itinerarios porque un libro como este es también un mapa de carreteras. Nada secundarias, por cierto.

El volumen se cierra con un epílogo de Ricardo Piglia, Secreto y narración. Tesis sobre la nouvelle. Es un inédito que recoge la transcripción de un curso impartido por Piglia en la Universidad Autónoma de Madrid sobre la relación entre el cuento y la novela corta, además de un clarividente análisis de Los adioses, la novela corta de Onetti, una de las cimas de la narrativa en lengua española.

Santos Domínguez