17 octubre 2006

El fulgor de la pobreza



Luis Mateo Díez.
El fulgor de la pobreza.
Punto de lectura. Madrid, 2006.


Lo que Edira recordaría siempre como el gesto de una despedida fue la sonrisa que se dibujó en los labios de su padre aquella sobremesa de la celebración, cuando todos la miraban y en las palabras que recobraban las felicitaciones y el brindis tras los postres, se hizo unánime la alegría, como si los veinticinco años que acababa de cumplir tuviesen un sentido especial: el cuarto de siglo que comienza a llenar tu vida de un pasado que ya se contrapone al presente y orienta el futuro.

Tres meses más tarde, la desaparición de Cos­­mo vino a confirmar lo que aquella sonrisa significaba, cuando ya nadie en la familia comprendía lo que a Cosmo le estaba sucediendo y de cuyo secreto sólo Edira sabía algo: no lo que pudiera cons­tatar con los datos de una comprobación sino con las presunciones y las sospechas que con tanta inquietud había observado.

Esas son las primeras líneas de El fulgor de la pobreza, la primera de las tres novelas cortas que integran el volumen del mismo título que acaba de aparecer en Punto de lectura.

Desde hace unos años, Luis Mateo Díez viene publicando una serie de novelas cortas que ha denominado Fábulas del sentimiento. Agrupadas en trilogías, serán en total una docena de relatos breves destinados a completar una tetralogía, de las que han aparecido ya las tres primeras entregas: El diablo meridiano, El eco de las bodas y El fulgor de la pobreza, que apareció hace un año en Alfaguara y se edita ahora en formato de bolsillo.

El excepcional contador de historias que es Mateo Díez afronta en estas narraciones un reto nada fácil, que resumo con sus propias palabras: "contar con naturalidad cosas muy complejas, muy hondas y misteriosas."

Literatura de la intensidad y del fragmento, con subdivisiones en capítulos organizados a su vez en secuencias muy breves, esa disposición de la materia narrativa marca su propio ritmo de lectura, fluido y lento a la vez.

Como los anteriores volúmenes de la serie, este toma el título del primero de los tres relatos, El fulgor de la pobreza, que tiene su origen en una cita de Rilke. Una novela corta en la que el narrador y los personajes tejen en Armenta el hilo del relato de una desilusión, una huida y una revelación en torno a dos figuras, la de Cosmo Ferrando y la de su hija, Edira.

En La mano del amigo, la crónica de una muerte anunciada desde la primera línea del texto, el narrador ve reforzada su voz con la opinión de otros personajes en la historia de una amistad, de una desconfianza y un secreto, de un odio de oscuras raíces y de una traición que tiene como protagonistas y víctimas en Oceda a Roncel y a Elio.

Deudas del tiempo se centra en la figura de Dacio Estrada, emigrante de vuelta en Buril, para quien la distancia no es el olvido y la memoria que funde el pasado y el presente le llena de terror y de malos sueños en los que una deuda acaba convertida en una persecución implacable.

Los tres relatos del volumen tienen una serie de vínculos que los relacionan muy profundamente y le dan una visible coherencia a la trilogía: su técnica polifónica y la presencia de asuntos como el recuerdo, el secreto, el silencio, la huida, la revelación, el destino y la pasión.

Esos son los temas con los que se explora el sentido de la vida en una serie narrativa que tiene también una gran homogeneidad estilística en la densidad de una prosa muy elaborada y concentrada en la forma de la novela corta, de lectura exigente y lenta con la que el lector se aproxima al ritmo lento de la evocación.

Santos Domínguez

15 octubre 2006

Leyendo en las piedras



Antonio Colinas.
Leyendo en las piedras.
Siruela. Barcelona, 2006.

He tenido que regresar, una vez más, a Petavonium
.

Así comienza un intenso y emocionado viaje por la memoria y por el misterio, entre el mito y la realidad, entre la vigilia y el sueño.

Antonio Colinas regresa a Petavonium con este Leyendo en las piedras que publica Siruela. Como en el poema de su Jardín de Orfeo, a las piedras del tiempo, las piedras de la sangre helada de mis antepasados: la piedra-musgo, la piedra-nieve, la piedra-lobo (...) para poner el oído en la piedra, para escuchar el sonido de la montaña.

Eso, un regreso a los paisajes de la memoria, es este conjunto de dieciocho textos unidos por un protagonista con fuerte contenido autobiográfico, que vuelve a la casa de sus antepasados para desvelar los secretos de su memoria en torno a ese lugar mítico llamado Petavonium, una referencia familiar para los lectores de la poesía de Colinas.

Un espacio exterior y una memoria personal reunidos explícitamente en el título del primer relato. A ese espacio en ruinas de la casa que es el centro del mundo llega un protagonista también en situación de crisis para buscar su origen, para reencontrarse a sí mismo por medio del reencuentro con la naturaleza, con el misterio de las piedras y las montañas.

Memoria y misterio se alían para hablarnos en primera persona, con la prosa depurada y la voz serena de Antonio Colinas, de los temas esenciales de la literatura y de la vida: la muerte, el amor, la naturaleza o el más allá.

Y para reconstruir, con la intensidad del lenguaje poético, un pasado en el que se confunden la realidad y el sueño en un tiempo intrahistórico que vive en la memoria y tiene sus claves en los símbolos de las piedras, un tiempo transitivo que se capta con los sentidos, como se oye la música del tiempo en la piedra del monte.

La piedra salvadora e intrahistórica en la que se buscan, como en los espacios de la memoria, las respuestas desde un paisaje abrasado por soles y cierzos, un centro del mundo que es ese viejo campamento romano de Petavonium.

Allí se espera la nieve bajo el tiempo detenido del paisaje y las piedras.

Santos Domínguez

13 octubre 2006

La noche del lobo




Javier Tomeo.
La noche del lobo.
Anagrama. Barcelona, 2006.

Aquel 30 de noviembre, jueves, Macario estuvo navegando por Internet, de visita virtual en Transilvania y en unas páginas sobre el hombre-lobo. Del espacio virtual salió al espacio real del páramo cuando caían la tarde y la niebla. Hablaba solo y se torció un tobillo.

Cerca de él, poco después, Ismael, un agente de seguros que ha salido a pasear tras dormir una siesta de dos horas, también se lastima el tobillo.

Ese planteamiento es el punto de partida de La noche del lobo, la nueva novela de Javier Tomeo que acaba de publicar Anagrama. A partir de esa situación, con dos hombres solos, inmovilizados en la noche de niebla, Javier Tomeo empieza a pisar con seguridad un terreno en el que se siente especialmente cómodo: el del diálogo.

Un absurdo azar une a dos personajes que, bajo la luna llena, van a tener que compartir el desamparo dialogando y contrastando sus opiniones delirantes sobre asuntos como la gordura, el matrimonio, las pólizas de seguros y las constelaciones, los vampiros, los lobos y los licántropos.

Diálogo o monólogo, porque esos dos personajes son un solo personaje desdoblado o, si se prefiere, dos complementarios: uno se ha dañado el tobillo izquierdo, el otro, el tobillo derecho; uno es un jubilado que vive apartado en el campo, el otro vive en la ciudad...

En ese paisaje que no se ve, en el que sólo se oye en la oscuridad, hay dos grillos al fondo, conversando también. Y el contrapunto de un cuervo solitario y un mochuelo desorientado que parecen comentar los hechos o subrayar los diálogos.

Ya lo hemos dicho aquí alguna otra vez, al reseñar sus cuentos: la obra narrativa de Javier Tomeo es una de las más peculiares de los últimos treinta años. Desde El castillo de la carta cifrada a La mirada de la muñeca hinchable, pasando por Amado monstruo o El cazador de leones Javier Tomeo ha ido construyendo un universo novelístico inconfundible al que ahora se añade La noche del lobo.

Otra vez una novela corta e inquietante, con rasgos característicos como el absurdo, el humor y una cierta crueldad que recuerda a Buñuel; con situaciones insólitas, cómicas y lamentables a la vez, que son una reflexión simbólica y amarga sobre la condición humana.

Como la mayor parte de las novelas de Tomeo, La noche del lobo obedece a un diseño escueto y minimalista: dos personajes que se manifiestan en diálogos rápidos, un narrador omnisciente y un paisaje que no existe, envuelto en la noche y en la niebla, un vacío que sugiere en el lector el vacío existencial de los dos personajes sin rostro, perdidos en la noche y en la vida, hundidos en la desolación y en la soledad.

Tomeo vuelve así a la tendencia a la abstracción y al simbolismo de sus mejores textos, con una preferencia clara por los personajes masculinos y solitarios y un final abierto como la vida, como en otras obras suyas, en esa media distancia narrativa en la que es más eficaz.

Una media distancia que es la de la novela corta de ciento treinta o ciento cincuenta páginas, que Tomeo ha justificado alguna vez con estas palabras: Mis personajes, que tienen vida propia, me dicen que están cansados, y yo tengo que hacerles caso y parar.

Hace poco declaraba Javier Tomeo que había escrito esta novela con gusto y de un tirón. Así la va a leer sin duda cualquier lector que se acerque a ella: de un tirón y con gusto.

Santos Domínguez

10 octubre 2006

La novela del corsé


Manuel Longares.
La novela del corsé.
Seix Barral. Barcelona, 2006


El 31 de diciembre de 1979, Carmen Martín Gaite saludaba en Diario 16 la aparición "de un libro realmente espléndido", La novela del corsé, de Manuel Longares, que publicaba Seix Barral, la misma editorial que acaba de reeditarla.

Era la primera novela de quien habría de revelarse con el tiempo como uno de los narradores más sólidos de los últimos treinta años. Novelas posteriores como Soldaditos de Pavía (1984) y sobre todo las dos más recientes y portentosas, Romanticismo (2001) y Nuestra epopeya (2006) así lo han ratificado.

Era por tanto no sólo oportuna, sino casi imprescindible la recuperación de esta primera novela que desde aquel ya lejano 1979 no se había reeditado y de la que sólo quedaban restos descatalogados en librerías de viejo.

La novela del corsé es una obra atípica. Metanovela y artefacto narrativo han sido algunos de los términos utilizados para clasificarla. Inútilmente, porque este es un libro que escapa a cualquier clasificación convencional.

Tomando como base el auge de la novela erótica en España entre 1890 y 1930, Manuel Longares mezcla el talento y la inventiva, la documentación y el humor para construir un texto que participa de la novela y del ensayo, con sus consiguientes notas y bibliografía, hasta el punto de que recuerdo haberlo visto citado alguna vez como el mejor análisis de la novela erótica española.

Paráfrasis sutil, imitación irónica del estilo ampuloso y efectista de ese subproducto literario, del que se aprovechan textos y fragmentos de aquellas novelas eróticas que se integran como citas, La novela del corsé es sobre todo la exploración inmisericorde de una sociedad de sexualidad reprimida, morbosa y enfermiza, la que aparecía en las novelas de Felipe Trigo, de Jacinto Octavio Picón, de Alberto Insúa o Emilio Carrere.

No es una casualidad, creo, que la decadencia de ese tipo de novelas ocurra a partir de 1931, cuando las costumbres y los comportamientos sexuales empezaron a cambiar con la llegada de la Segunda República.

Aquellas novelas eran los sinapismos del priapismo. Y así se titula la primera parte de esta obra. Entre ese planteamiento inicial y la demostración de que hacer el amor se paga, de la quinta parte, se van sucediendo ojos que no ven y corazones que no sienten, prácticas sexuales en las que el contacto desconecta o un amor perdido y no hallado en el templo. Todo ello en un ambiente irrespirable de neurosis y mujeres mancilladas, de lobas de arrabal en aquella España del cuplé, de enfermiza voluptuosidad. Una España sórdida y rijosa, con doble moral y adulterios, con fetichismo y ludibrio. Una sociedad de pornógrafos y orquíticos que se pirraban por lo verde.

Irónico y documentado análisis de la novela sicalíptica de comienzos del siglo XX, por encima de esos límites circunstanciales, La novela del corsé es un alegato intemporal contra los tabúes y las represiones de una moral escabrosa e hipócrita que daba lugar a vidas secretas, a mantenidas y prostíbulos y a muchachas decentes que llevaban la dignidad pendiente de una membrana que acreditaba su honestidad de vírgenes terribles en una sociedad quizá más decente, sin duda más hipócrita, más enferma, más sucia.

Pero en primer lugar, y por encima de cualquier otra consideración, este es un libro magníficamente escrito. Está aquí ya presente, más que el novelista creador de mundos y ambientes, el excelente prosista que es Longares, su dominio excepcional de la frase, su altura estilística inusual en una obra primeriza como esta, su prosa excepcional, de una calidad que sólo alcanzan unos pocos privilegiados como él.


Santos Domínguez

08 octubre 2006

Filología de la miseria



Victor Klemperer.
LTI. La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo.
Traducción de Adan Kovacsics
Editorial Minúscula. Colección Alexanderplatz.
Barcelona, 2004.

Entre los refugiados que había en el pueblo se hallaba también una trabajadora berlinesa con sus dos hijitas. No sé cómo fue, pero el hecho es que antes de la llegada de los norteamericanos nos pusimos a hablar. Dicho sea de paso, durante unos días me hizo gracia escuchar un berlinés tan auténtico en plena Alta Baviera. Era muy amable y enseguida percibió nuestra afinidad política. No tardó en contarnos que su marido había estado largo tiempo en la cárcel por comunista y que ahora se encontraba en un batallón de castigo, Dios sabe dónde, si es que aún vivía. Y ella también pasó un año en prisión, añadió llena de orgullo, y aún seguiría allí si las cárceles no hubieran estado atestadas y no la hubieran necesitado en la producción.
—¿Por qué estuvo usted en la cárcel? —pregunté.
—Pues por ciertas palabras... (Había ofendido al Führer, los símbolos y las instituciones del Tercer Reich.)
Fue una iluminación para mí. Al oír esta frase lo vi todo claro. Por ciertas palabras. Por eso y en torno a eso emprendería el trabajo en mis diarios. Quería extraer el balancín de todo cuanto lo rodeaba y limitarme, además, a esbozar las manos que lo sujetaban. Así se creó este libro, no tanto por vanidad, espero, sino más bien por ciertas palabras.


En 1933, el mismo año que los nazis llegan al poder, Victor Klemperer empieza a recopilar un material que redactaría clandestinamente para acabar publicándolo en 1946 en LTI. La lengua del Tercer Reich que ha editado por primera vez en español la Editorial Minúscula, en un tomo elegante, cuidado y sobrio.

LTI eran las siglas secretas de Lingua Tertii Imperii, el objeto de análisis inicial de estos apuntes de un filólogo que había desempeñado su cátedra en Dresde, donde escribe en la navidad de 1946 la emocionada dedicatoria a Eva Klemperer, su mujer, que es también el eje del prefacio.

Sólo en parte es este libro lo que anuncia el subtítulo: un análisis de la lengua del nazismo como caldo de cultivo de su ideología, un heroísmo de uniforme y de culto al cuerpo que acabó teniendo ecos necrológicos.

Sólo en parte, decía, porque LTI es mucho más que eso. En él la visión filológica acaba teniendo menos relevancia que el ambiente, la lengua se revela como vehículo esencial de la intrahistoria del nazismo, como reflejo de la zozobra que llevó aquel tiempo a la vida cotidiana. La lengua del Tercer Reich es menos una reflexión filológica que un testimonio estremecedor. Y menos un testimonio que un alegato terminante contra la tiranía y el terrorismo de estado.

Y así como el estilo es el hombre, las épocas se delatan por su lenguaje. En el Tercer Reich, por la uniformidad de la lengua escrita y hablada, por la pobreza lingüística, por la expresión monótona propia del pensamiento único.

Acosado, depurado y perseguido por el nazismo, de Klemperer supimos por sus magníficos diarios que publicó Galaxia Gutenberg hace unos años y por su presencia en Quien espera, un desolador y brillante capítulo de Sefarad, de Muñoz Molina.

En aquellos días feroces su forma de sobrevivir y de mantener la libertad interior y la dignidad fue hacer esta filología de la miseria, este análisis de un lenguaje que funcionó como excipiente y vehículo de penetración del nazismo en las masas. Un lenguaje que acaba hablando y pensando por uno mismo.

El canon lo había fijado Goebbels: era el estilo del agitador que grita como un charlatán frenético. Era un modelo lingüístico pensado para la invocación exaltada y para el énfasis.

Una jerga sentimental en la que el efecto tóxico ataca como un veneno con nuevas palabras o con palabras viejas que se cargan de sentidos nuevos: pueblo, heroísmo, patria, raza, heroísmo, fanático, histórico, eterno...

Las runas y los signos de puntuación, el uso significativo del entrecomillado irónico, los nombres propios y las abreviaturas, el léxico de la fe y la divinización del jefe, los anuncios de acontecimientos familiares y ritos públicos, nacimientos, bodas y necrológicas trazan la memoria de aquellos días de oprobio y revelan que el lenguaje del vencedor no se habla impunemente, que la lengua se respira y ordena la vida. Y que la vida acaba viviéndose según la ordena la lengua.

Pero con ser esto importante en el libro, lo decisivo es que se trata de una autobiografía parcial en la que se incorporan con naturalidad fragmentos de sus diarios y se conjuran los demonios que convocaba aquella sociedad y aquella lengua.

Santos Domínguez

06 octubre 2006

Espronceda en Biblioteca Avrea




José de Espronceda.
Obras completas.
Edición, introducción y notas de Diego Martínez Torrón.
Cátedra. Biblioteca Avrea.
Madrid, 2006.


Hay un tipo de críticos - los conocemos todos- que hacen sus reseñas leyendo por encima las solapas de los libros o fusilando con descaro las contraportadas.

Ya lo he comentado alguna otra vez: si todas las solapas fueran como las de la Biblioteca Avrea de Cátedra un ejercicio brillante y sostenido de estilo y de imaginación, esa crítica sería hasta deseable. Lo ratifico cuando leo en la reciente edición de las Obras completas de Espronceda estas líneas, bajo el título Dos pesetas y un pirata:

En «Tres pesetas de historia», novela de Vicente Soto, entre el cristal y el cartón de un cuadro que enmarcaba una imagen de la Virgen del Carmen, un día aparecieron "tres pesetas de papel, de cuando la guerra, gastadas del trasiego de vivir". En 1826, un joven de 18 años llegaba a las puertas de Lisboa iniciando su trasiego de rebeldía y exilio. El propio Espronceda lo ha contado así: "En fin, llegamos a Lisboa, que yo creí que no llegábamos nunca. Hicimos cuarentena, que fue también divertida; visitonos la sanidad y nos pidieron no sé qué dinero. Yo saqué un duro, único que tenía, y me devolvieron dos pesetas, que arrojé al río Tajo, porque no quería entrar en tan gran capital con tan poco dinero". ¿Un detalle quijotesco? En todo caso, romántico. Vida y literatura en Espronceda fueron las líneas paralelas de la rebeldía contra lo establecido. Un endecasílabo de su maestro Alberto Lista elogiaba "del libre pensamiento el libre vuelo". El poema se titulaba curiosamente "El triunfo de la tolerancia", y acaso ni el maestro previó el aprovechamiento del discípulo, que lo mismo cantó la joven agonía de un ajusticiado, que el cinismo de un mendigo o los mares libertarios del pirata. Dos pesetas y un pirata. El mundo cambia, pero tiempos hubo, y no lejanos, en que aun campesinos semianalfabetos, pero que habían tenido la fortuna de asistir a las escuelas de los maestros de antaño, recordaban versos de la «Canción del pirata», con preferencia el contundente "que es mi dios la libertad". Solo dos años antes de su muerte escribía Espronceda en una carta al periódico «El Labriego»: "Mi independencia es mi vida". Don Quijote había dicho que "no es un hombre más que otro si no hace más que otro" (I,18). Espronceda no reconocía "otra aristocracia que la legítima de la inteligencia y del mérito". Aun de modo fragmentario, había leído versos de Ovidio, de Horacio y de Virgilio, recorrido la épica y el teatro barroco, los caminos de don Quijote.

La Introducción de Diego Martínez Torrón, que publicó hace unos años en la Editora Regional de Extremadura La sombra de Espronceda, aborda su situación en el contexto peculiar del Romanticismo español, hace un certero recorrido por su biografía y analiza sus obras más representativas:

La poesía lírica y épica, desde el fragmentario Pelayo hasta la inconclusa y ambiciosa El Diablo Mundo, pasando por El Estudiante de Salamanca y las canciones y poemas líricos, pornográficos o apócrifos, el teatro, la extensísima novela histórica Sancho Saldaña, los artículos políticos y literarios y la correspondencia del más caracterizado y representativo de los románticos españoles se recopilan en las cerca de 1.500 páginas que recogen la producción abundante e irregular de quien vivió, escribió y murió con acelerada intensidad, con el exceso romántico tan propio de la época.

Decía Jaime Gil de Biedma, en un prólogo que luego recogió en El pie de la letra, que la lectura de Espronceda (que inaugura la poesía moderna en España) requiere hoy de una pequeña dosis de buena voluntad inicial que luego queda sobradamente compensada. Esta es una buena ocasión para comprobarlo.

Santos Domínguez

04 octubre 2006

Hablar con corrección


Pancracio Celdrán.
Hablar con corrección.
Normas, dudas y curiosidades de la lengua española.
Temas de hoy.
Madrid, 2006.


Cada vez son más abundantes los libros de estilo, los manuales de uso de la lengua, las guías prácticas para escribir mejor.

Menos frecuentes, pero igualmente necesarios son libros que se centran en los usos orales de una realidad viva y en constante cambio como la lengua. Uno de esos libros es este Hablar con corrección que acaba de publicar Temas de hoy.

Lo firma Pancracio Celdrán, colaborador de Radio Nacional de España y de El semanal, y se subtitula significativamente Normas, dudas y curiosidades de la lengua española.

¿Cómo se dice: besamel o bechamel? ¿Es correcto No sé qué haga? ¿De dónde procede Cogérsela con papel de fumar? ¿Se puede decir imprimido o es mejor impreso? ¿Es aceptable hablar de tercer mundo y tercera edad? ¿Qué es preferible: jugar al tenis o jugar a tenis? ¿Efemérides o efeméride?

Decir, hablar...

Este es un libro escrito al dictado de los oyentes de la radio y los lectores de periódicos, de quienes tienen dudas ante lo que oyen en la calle y en la radio o leen en la prensa. Las consultas de los hablantes y los oyentes, sus dudas sobre sobre la norma que fija los usos correctos de la lengua estándar han originado la composición de este libro y orientado su desarrollo y sus centros de interés. Sobre las normas y las variedades de uso de la lengua.

Se recopilan en este volumen las respuestas a esas consultas sobre solecismos e incorrecciones frecuentes, vulgarismos y usos mostrencos, jergales o vulgares, sobre verbos muy defectivos y vacilaciones tónicas, sobre la aclimatación adecuada de extranjerismos.

La explicación y el origen de frases hechas y dichos populares, la base etimológica y la peripecia semántica de algunas palabras completan este amplio y documentado recorrido por los distintos niveles de uso del español actual, desde el uso culto al vulgar pasando por otras variedades sociolingüísticas.

Santos Domínguez


02 octubre 2006

El duelo





Joseph Conrad. El duelo
Edición e introducción de Julián Jiménez Heffernan.
Traducción de Mario Jurado
Clásicos Berenice. Córdoba, 2006




Una excelente película de Ridley Scott, Los duelistas (1977), fue su opera prima y el primer contacto que tuve con este relato de Joseph Conrad. Me gustó tanto, me sigue gustando tanto esa película que protagonizan Keith Carradine y Harvey Keitel, que cuando leí el relato de Conrad que le había servido de base, lo hice con cierta prevención.

Por experiencia, sabía ya que las novelas mediocres dan brillantes resultados en el cine y decepcionan como literatura. Y que por el contrario es raro que una novela o un relato de altura generen buen cine. Hay excepciones, claro. Una de las más evidentes es Los muertos de Joyce, el testamento de John Huston.

No hizo falta pasar de los primeros párrafos para saber que El duelo era otra de esas excepciones:

Napoleón I, cuya carrera militar tuvo las características de un duelo contra toda Europa, desaprobaba los duelos entre los oficiales de su ejército. El gran emperador militar no era ningún espadachín y sentía poco respeto por la tradición.
A pesar de eso, una historia de duelo, que acabó convirtiéndose en leyenda militar, recorrió la epopeya de las guerras napoleónicas. Para sorpresa y admiración de sus camaradas, dos oficiales -como artistas enloquecidos que pretendieran refinar el oro puro o rizar el rizo- mantuvieron una disputa particular durante aquellos años de matanza generalizada. Eran oficiales pertenecientes a la caballería...

Lo publica ahora Berenice con un estudio introductorio de Julián Jiménez Heffernan y traducción de Mario Jurado para inaugurar su colección de Clásicos.

Julián Jiménez Heffernan, conocido traductor de poetas como Wallace Stevens, Mark Strand o John Ashbery, ha preparado una brillante introducción de casi cien páginas sobre el autor, el texto y el pretexto.

Quizá Conrad no hizo otra cosa que escribir o reinventar su autobiografía. Por eso resulta tan recomendable leer las páginas que la introducción dedica a insertar El duelo en las raíces familiares del autor: su tío abuelo Nicholas sirvió como subteniente en el ejército de Napoleón.

Cuando Conrad escribe este relato en 1907 es ya un escritor maduro que ha publicado sus tres obras mayores ( El corazón de las tinieblas, Lord Jim y Nostromo), domina la distancia corta del relato y sabe provocar como aquí la perplejidad y el asombro del lector por el duelo que persiste durante años entre esos dos húsares.

En la nota que escribió en 1920 para introducir su A Set of Six, la colección de seis relatos que corona El duelo, explicaba Conrad que esta narración tuvo su origen en diez líneas de un modesto periódico del sur de Francia en el que se aludía de pasada a la "célebre historia" de dos oficiales napoleónicos que se batieron en una serie de duelos entre una batalla y otra por algún motivo trivial.

Conrad hizo el resto. Inventó el motivo nebuloso del duelo y a los húsares y los hizo convincentes en cien páginas inolvidables. Cien páginas sobre un duelo que al reiniciarse una y otra vez desdibuja su origen y su causa y da lugar al misterio y a la perplejidad del lector.

Los contrincantes olvidan las causas, no la deuda pendiente de un duelo que alcanza la altura de una obsesión y una metáfora que acaba contagiando a quien lee esta obra maestra de la narrativa breve, de la que se han editado varias traducciones en los últimos años.

Quizá ninguna tan recomendable como esta para la lectura o la relectura de esta espléndida novela corta .


Santos Domínguez



29 septiembre 2006

Caminando por las Hurdes


Antonio Ferres y Armando López Salinas.
Caminando por las Hurdes.
Fotografías de Luis Buñuel y Oriol Maspons.
Gadir. Madrid, 2006


Como ya han señalado otros viajeros que nos precedieron en este viaje, y nosotros mismos hemos comprobado, tras cruzar La Alberca, en la raya de Salamanca, al llegar al Portillo de la Cruz se traspasa una frontera, se da un salto en la Historia. Hacia las Batuecas y hacia las altas lomas que se alzan sobre los valles hurdanos se abre un gran silencio, un callar angustioso para los que saben que hay hombres viviendo entre las angosturas de las sierras de la alta Extremadura; en la tierra sin tierra, en la triste «tierra de jambri».

Con esas palabras cerraban Antonio Ferres y Armando López Salinas el prólogo a la edición de 1960 de Caminando por las Hurdes, un clásico ya de la literatura de viajes en España.

Aquel ya lejano año, Ferres y López Salinas publicaban en la Biblioteca Breve de Seix Barral Caminando por las Hurdes, un libro de viajes que era mucho más que el mero relato de un recorrido por aquellas tristes tierras que eran entonces. Era el testimonio moral de una bajada a los infiernos que enlazaba con los reportajes de Unamuno y con Tierra sin pan de Buñuel.

Un accidente evitó que los autores tomaran fotografías de los paisajes y los paisanos, pero lo suplieron con algunos fotogramas del documental de Buñuel, porque el panorama físico y humano de la comarca no había cambiado apenas en aquellos casi treinta años. Aparte de la palabra de los testigos, la veracidad de la información queda demostrada con las fotos que hizo en 1960 Oriol Maspons y se incorporaron al libro.

Se tradujo a varios idiomas y en 1974 se hizo una edición de bolsillo de 6.000 ejemplares que circularon con fluidez.

Editorial Gadir acaba de recuperar aquel Caminando por las Hurdes en una edición muy cuidada que incorpora algunos fotogramas de Buñuel que no estaban en las impresiones anteriores.

Es una buena oportunidad para comprobar un par de cosas. La más llamativa, el cambio que se ha producido en el paisaje hurdano, en aquella antigua tierra sin tierra y en sus habitantes en estos años.

Y en segundo lugar, la calidad literaria de un texto que sus autores definían como un libro de relatos y que casi cincuenta años después mantiene, si no su vigencia social, sí su alto valor literario y testimonial de un tiempo pasado, doloroso y superado.


Santos Domínguez

Obras literarias de Rafael Dieste




Rafael Dieste.
Obras Literarias.
Fundación Santander Central Hispano. Obra fundamental.
Madrid, 2006.


Se cumplen ahora 25 años de la muerte de Rafael Dieste, uno de esos escritores minoritarios e imprescindibles que abundan en la literatura española del siglo XX, del que se acaba de publicar una amplia recopilación de Obras literarias.

Nació y murió en Galicia tras más de veinte años de exilio en Buenos Aires y Montevideo y aunque generacionalmente pertenece al 27 (nació el mismo año que Emilio Prados), es un autor inclasificable al que en España se le descubrió cuando en 1974 Alianza publicó las Historias e invenciones de Félix Muriel, de prosa de diamante y fuego, por decirlo en palabras de Carmen Martín Gaite.

Tan inclasificable es que se le ha emparentado con el espíritu novecentista, con la vanguardia y con el grupo del 36. Fue uno de los fundadores de Hora de España, y en su voz personal conviven la herencia clásica y la influencia de Valle-Inclán, Cervantes y la literatura europea más avanzada del primer tercio del siglo XX, en una integración ejemplar de géneros, de perspectivas y actitudes.

Precisamente sobre ese aspecto, sobre la integridad creadora de Rafael Dieste, organiza su estudio introductorio Darío Villanueva, que ha preparado esta amplia selección de textos que la Fundación Santander Central Hispano publica en su colección Obra Fundamental.

Textos que reflejan la multiplicidad creadora de Dieste, su escritura plural en la que se integran armónicamente creación, pensamiento, sentimiento y compromiso.

Brillantísimas piezas teatrales, con la sorprendente potencia verbal y escénica de Viaje y fin de Don Frontán o Duelo de máscaras, casi inencontrables en una vieja edición de Hiperión. Obras de segura técnica y lenguaje certero y maduro que oscila entre lo esperpéntico y lo guiñolesco, con las influencias combinadas de Valle-Inclán, Castelao y García Lorca.

O poemas que tienden a lo conceptual, a la pureza juanramoniana incrementada con rasgos superrealistas y con elementos de la poesía clásica o tradicional que explican que su poesía se antologue en el marco del Grupo del 36 en la muy reciente recopilación que ha preparado Ruiz Soriano para Cátedra.

Ensayos espléndidos en forma y contenido, como La vieja piel del mundo, escrito poco antes de la guerra civil: una aproximación a la filología de la historia universal, el prolegómeno a una ética de la integración.

En el exilio bonaerense escribió Dieste su obra fundamental: Historias e invenciones de Félix Muriel, que se publicó en 1943 en Buenos Aires y más de treinta años después en España, cuando la editó Alianza Tres.

Recuerdo las reseñas asombradas del Informaciones de las artes y las letras de Rafael Conte y Juan Pedro Quiñonero, y la impresión que me produjo aquella primera lectura, que se confunde en mi memoria con otras revelaciones como la de Los galgos verdugos de Corpus Barga y las novelas de Manuel Andújar para poner en duda un canon narrativo académico y universitario agarrotado por la pereza y la rutina.

Los nueve relatos de diversa extensión (entre la estampa lírica de El quinqué color guinda y las novelas cortas que son en realidad El jardín de Plinio o La peña y el pájaro) constituyen un conjunto de textos de altísimo valor literario que ahondan en un pasado perdido y doloroso y de heridas recientes.

Está aquí ya en sazón lo que algún tiempo después exploraría Alejo Carpentier como lo real maravilloso, una visión mágica e inquietante de la realidad que no sólo está en las Antillas o en el Caribe. Tiene también sus raíces en la literatura oral y en las tradiciones supersticiosas de la Galicia rural y profunda, su antecedente en Valle, su contemporáneo en Castelao, su continuador en Cunqueiro, con una mezcla muy peculiar de simbolismo lírico y narrativa fantástica, de autobiografía y proyección en el paisaje.

Ese es sin duda uno de los mejores libros de relatos que se han escrito en español en el siglo XX. Quien los haya leído, sabrá por qué lo digo. Quien no haya tenido ese privilegio aún, debería comprobar que, más allá de los gustos personales de cada uno, no exagero nada.


Santos Domínguez

27 septiembre 2006

Cómo se ha escrito la Guerra Civil Española


Carlos José Márquez
Cómo se ha escrito la Guerra Civil española
Ediciones Lengua de Trapo. Madrid, 2006.


Sabiendo que se han escrito ya miles de libros sobre la Guerra Civil Española, resulta tremendamente ambicioso un ensayo que trate de abordar el estudio de las diferentes corrientes historiográficas que se han ocupado de un asunto tan conflictivo. Pero esto es lo que hace Carlos José Márquez, y así, tras un capítulo inicial dedicado a precisiones conceptuales que el propio autor reconoce que puede resultar árido, ataca el estudio de las diferentes posiciones ideológicas desde las que se ha tratado nuestra guerra civil.

Comienza con el análisis de la historiografía franquista, cuyo leitmotiv es desacreditar el régimen republicano como ilegítimo y antiespañol, lo que convierte al golpe del 18 de julio en algo necesario y alejado de una vulgar intentona militar, para convertirlo en un Alzamiento Nacional.

No menos sutil es la primera historiografía izquierdista (escrita básicamente por comunistas) que centra su interpretación de la guerra casi en exclusiva en su carácter de movimiento popular antifascista.

Ante estas dos visiones tan irreductibles, surgió durante la Transición un grupo de historiadores que pretendieron elaborar una visión de consenso que consideraba nuestra guerra civil como una lucha fratricida cuya culpa recae en los extremistas de ambos bandos (fascistas y comunistas, por simplificar), mientras el resto de los españoles se vio atrapado entre ese fuego cruzado. Sostiene Carlos José Márquez que esta interpretación sólo ha podido mantenerse porque estos autores nunca abordaron a fondo el muy espinoso asunto de la violencia política (millares de asesinatos), llevando a los libros de historia uno de los principios básicos de la Transición: si queremos mantener el consenso, ciertas cuestiones es mejor no tratarlas.

Pero, como recientemente se han puesto en marcha iniciativas que pretenden recuperar la llamada Memoria Histórica, con obras que pretenden un recuento de las víctimas de ambos bandos, y como el resultado, aún provisional (quedan muchos barrancos y cunetas por excavar en nuestra historia), de esos relatos históricos es que la violencia franquista dobla en muertos a la republicana, inmediatamente ha surgido una respuesta de la historiografía neofranquista (liderada por Pío Moa y César Vidal) de cuyo análisis deduce nuestro autor que esta corriente es más franquista que neo, pues sus postulados insisten en la ilegitimidad de la República, ya sea por la violencia roja en los meses previos a julio de 1936, o por la revolución de 1934 o incluso por el resultado de las elecciones de abril de 1931. La República debía ser destruida.

La conclusión del ensayo para los interesados en análisis ponderados sobre la Guerra Civil es descorazonadora: después de miles de títulos escritos, son mayoría los redactados desde posiciones extremadamente partidistas.

Y además, me permito añadir, querido lector, que si acudes a una librería encontrarás en ella anaqueles llenos, mayoritariamente, de obras neofranquistas. Así que si por error o azar compras uno de esos libros, o una persona querida, con mejor voluntad que criterio, te lo regala, que sepas que son el fruto de autores muy prolíficos (publican dos o más títulos por año, prodigio admirable), pero que compensan ese defecto con una total ausencia de originalidad y que, con un poco de suerte, siempre encontrarás en casa una mesa que cojea.

Jesús Tapia

Historia General de Al Ándalus



Emilio González Ferrín.
Historia General de Al Ándalus.
Europa entre Oriente y Occidente.
Editorial Almuzara. Córdoba, 2006.


Subtitulada Europa entre Oriente y Occidente, esta Historia general de Al Ándalus es una obra monumental, densa y desenfadada, divertida y profunda. La ha escrito con tono sorprendente y magnífica prosa, llena de sutilezas, el arabista Emilio González Ferrín, que dirige el Departamento de Filologías Integradas en la Universidad de Sevilla, y la ha publicado en una edición muy cuidada la editorial Almuzara en su colección Huellas del pasado.

Precedido de una cita de Lytton Strachey sobre la Historia como una de las bellas artes y no como mera recopilación, es esa voluntad artística la que preside el plan de la obra y guía su desarrollo con la tensión sostenida de una reflexión exigente:

El libro -advierte el autor en los prolegómenos- decepcionará a los buscadores de combustible ideológico. A los sedientos de contundencia. Y debe ser así por puro respeto a la inteligencia del lector. Es una ofensa asumir que los tiempos exigen soflamas, puñetazos en la mesa, aquello de cicatriz grande, cirujano grande. No, la claridad puede ser sutil. Laparoscópica. Desconfíe el lector de los malabaristas, prestidigitadores de voluntades ajenas. Aquellos capaces de fingir movimiento a base de agilidad. Tertulianos que con los mismos tres bolos de siempre interpretan cada nuevo acontecimiento. Cuidado con las manos ágiles, que siempre acaban -elegantemente, eso sí- llevándose nuestra cartera.

Pero a nadie parecen interesarle las fuentes culturales, entre las que destaca la religión en la historia de los pueblos. Por contra, se elevan las religiones o su ausencia a categorías de sujeto de la historia. Y va a ser complicado describir un mundo sin tonalidades grises: o identidad exclusivista islámica, o etéreo nihilismo occidental. Por contrastar algo más, diría que tengo un Nuevo Testamento en árabe. En él, San Juan afirma que el verbo era Dios. Pero pone Alá porque -como digo- está escrito en árabe. También tengo una estampa de San Josemaría Escrivá de Balaguer en árabe, impresa para los cristianos del Líbano. San Josemaría aparece como fundador del Opus Dei. Puesto que -insisto- está en árabe, lo escriben Amal Alá -obra de Dios, en árabe.

Cuando el lector se repone de la conmoción y la sorpresa que le producen párrafos como estos, empieza a hacerse una idea del talante y el enfoque con el que se ha concebido este libro, bajo el que corre un torrente de erudición que no pesa en sus páginas, pero aflora en la consistencia de sus propuestas.

Y entra en un discurso sobre el método, sobre el concepto de Al Ándalus más allá del tópico, sobre el sentido de las tierras intermedias entre lo oriental y lo occidental, de Al Ándalus como cultura de frontera.

Recibe el lector un baño de buen humor y aire fresco, de inteligencia analítica y profundidad irónica cuando se le explica el proceso de orientalización de Roma que dio lugar a Bizancio y de ahí a la continuidad norteafricana de la Hispania visigoda para desmentir algunos mitos fundacionales.

Por ejemplo el de las caballerías bereberes, invasoras y apocalípticas, pese a su número reducido. Ese mito de la invasión hizo luego posible el otro mito fundacional de la Edad Media peninsular: el de la Reconquista, que encuentra su sentido y la medida de su existencia en Tariq y Muza: la pérdida de España y la alta empresa de su recuperación.

¿O quizá fue al revés? ¿Fue el mito de la Reconquista el que tuvo que encontrar una coartada?

Deduzca el lector qué fue primero y si la Reconquista precisaba como justificación encubridora de otros intereses el invento de una usurpación territorial.

Frente a esa visión, la que se propone aquí es la de un Islam heredero natural de la Roma oriental y la de Al Ándalus como hijo legítimo de su tiempo hispano previo, con su revueltas de clientelismo y sus alianzas estratégicas.

Convencido de que la historia debe ocuparse de los problemas y no de los periodos, el autor de este ensayo de historiología hace esta propuesta crucial: el Islam no conquistó el Norte de África ni Hispania: surge y evoluciona aquí por la interacción de cuatro zonas esenciales en el medievo: el Oriente bizantino y el Oriente persa, Hispania y el Norte de África.

Esa Roma oriental injertada en Occidente es la Hispania orientalizada y descubierta como Al Ándalus por la cultura árabe helenizada en torno a Damasco.

El otro eje del libro es la reivindicación de un primer renacimiento europeo que tuvo su origen en el auge cultural y en el desarrollo científico de algunos núcleos urbanos andalusíes. Para eso fue necesaria la consolidación del emirato omeya, que hizo de Córdoba a mediados de siglo IX una prodigiosa ciudad de los ingenios.

El carácter continuista de la civilización andalusí permite contemplar en bloque sus resultados y su evolución desde los tiempos de los emires omeyas hasta la Granada nazarí.

Hace más de sesenta años, ya había hablado Karl Vossler de este primer renacimiento europeo que por haberse escrito en árabe suele ser ignorado. Un orden periférico en el que frontera y pensamiento originan el brillante racionalismo andalusí de Averroes o Maimónides. Fue el refinamiento de la seda frente a la lana, la música de Ziryab, Medina Zahara y el califato, los zéjeles de Ibn Quzmán y la paloma de Ibn Hazm.

Con altibajos y destrucciones, se llega así hasta las ciudades-estado de taifas, hasta el Quinto reino peninsular, el reino nazarí de Granada, en el que se condensa y culmina Al Ándalus, con sus cortesanos al arábigo modo, muchos siglos antes de Castiglione.

Así a lo largo de seiscientas páginas intensas en las que no se da puntada sin hilo ni respiro al lector en un recorrido que termina en la filtración de Al Ándalus en el irredentismo morisco, en el mito andalusí del paraíso perdido, un cronotopo que generó levantamientos y simpatías literarias y estuvo en la base de una tercera España, intermedia de la ortodoxa y la expulsada. Una tercera España que es también la de los conversos y Sefarad, que acaba refugiándose en el erasmismo y aflorando en figuras cervantinas como la de Ricote, tan profética a su pesar, tan admirable.


Santos Domínguez


26 septiembre 2006

Tirando del hilo



Carmen Martín Gaite
Tirando del hilo. Artículos 1949-2000
Libros del Tiempo.
Siruela. Barcelona, 2006


La editorial Siruela ha publicado Tirando del hilo, una generosa recopilación de artículos escritos entre mayo de 1949 y marzo de 2000 por Carmen Martín Gaite.

Muy esporádicos hasta 1976, el ritmo se incrementa cuando empieza a publicar una reseña a la semana en Diario 16 hasta 1980, y decrece a partir de 1983. Curiosamente, el periodo más fructífero de Carmen Martín Gaite como articulista coincide con el de su mayor actividad literaria.

La edición que ha preparado José Teruel recoge casi 200 artículos que no habían sido recogidos en libro hasta ahora. Una labor indispensable para un género disperso y volandero por definición, que establece una relación iluminadora con el resto de la producción narrativa y ensayística de la autora.

De fijar ese tipo de conexiones se ha ocupado meticulosamente José Teruel, que ha preparado para esta edición una serie de notas que inciden precisamente en esa relación latente o patente con los libros de Carmen Martín Gaite.

Escritos con la altura literaria que se podía esperar de una prosista tan cuidadosa como ella, proyectan su mirada inteligente y creadora sobre dos centros de interés complementarios: la literatura y la realidad.

Leer y mirar es lo que hizo Carmen Martín Gaite a lo largo de su vida. Libros y días se van sucediendo en estas páginas que hablan de otras páginas leídas o vividas, con la misma lucidez en la mirada que en la lectura, con una atención constante al principio de realidad que aporta su materia fundamental al artículo y a la novela.

Ordenados según una propuesta cronológica, estos textos dispersos y ocasionales permiten hacer un seguimiento de las precocupaciones e intereses de su autora, de su evolución y de algo muy importante: la conexión entre lo que leía en un momento determinado y la obra narrativa y ensayística que estaba elaborando simultáneamente.

Contigüidades o anticipaciones, algunos de estos textos figuran sin duda entre los mejores que escribió Carmen Martín Gaite: reseñas de novedades, reflexiones sobre la realidad, nombres propios en semblanzas y homenajes a los amigos, la lectura y la mirada se conjuntan en una tarea menor pero exigente y que siempre afrontó con rigor intelectual y estilístico.

Críticas ejemplares, nada complacientes, algunas demoledoras, generosas en el elogio y en la descalificación. Críticas hechas sin distancia, con el calor del lector cabal que cuando habla de lo que lee anima a la lectura y no hace sinopsis. Todo un concepto de la tarea estética y moral de la crítica y de su práctica.

Andan, hermanados y sucesivos por estas páginas, Henry James e Italo Calvino, Juan Benet y Agustín García Calvo, Nabokov y Virginia Woolf, Onetti y Baudelaire. Unos, como Fernando Quiñones, para que les manifieste su indisimulada admiración. Otros para cantarles las cuarenta. Algunos todavía se tapan la calva, como bajo el pedrisco, y maldicen cuando oyen el nombre de Carmen Martín Gaite.

Pocas críticas tan demoledoras ha leído uno en su vida como la que le dedica a Sánchez Dragó a propósito del Gárgoris y Habidis. Una reseña como para acabar con la carrera literaria de cualquiera. Para que el lector se haga idea, Martín Gaite habla de los onanismos sin eyaculación de los que debía de ser hijo ese libro.

O de la perorata abstrusa e inútil de una novela de Javier Tomeo.

Así se las gastaba aquella señora admirable del pelo blanco y los calcetines de rayas.


Santos Domínguez



25 septiembre 2006

Rayuela


Julio Cortázar.
Rayuela.

Punto de lectura. Barcelona, 2006.

En La vuelta al día en ochenta mundos, Julio Cortázar inventaba un artefacto para facilitar la lectura de Rayuela: el «rayuel-o-matic», un auténtico triclinio, puesto que comprendió desde un comienzo que Rayuela, es un libro para leer en la cama, a fin de no dormirse en otras posiciones de luctuosas consecuencias.

La broma incluía un diseño gráfico que le daba consistencia técnica y verosimilitud duchampiana a aquel disparate. La verdad es que no resulta imprescindible y que sin él se puede disfrutar de ese libro que está lleno también de claves autobiográficas, de las que Cortázar dijo una vez: Si no hubiera escrito Rayuela, probablemente me habría tirado al Sena.

Un texto transgresor y renovador que llevaba al límite las posibilidades expresivas de la lengua:

Yo ya no podía aceptar el diccionario, ni aceptar la gramática. Empecé a descubrir que la palabra corresponde por definición al pasado, es una cosa ya hecha que nosotros tenemos que utilizar para contar cosas y vivir que todavía no están hechas, que se están haciendo, el lenguaje no siempre es adecuado. Desde luego, eso es un poco la definición del escritor, en todo caso, del buen escritor. El buen escritor es ese hombre que modifica parcialmente un lenguaje. Es el caso de Joyce modificando una cierta manera de escribir el idioma inglés. Y los poetas, en general los poetas más que los prosistas, introducen toda clase de trasgresiones que hacen palidecer a los gramáticos y que luego son aceptadas y que entran en los diccionarios y entran en las gramáticas.

Rayuela, la novela-mundo-río de Cortázar, acaba de aparecer en Punto de lectura en una nueva edición en bolsillo, que es el formato que pide un libro como ese, que es además de muchas otras cosas un libro portátil, un libro al que, como en el juego que le da título, se vuelve una y otra vez. Rayuela es siempre una novedad para quien la relee, siempre aporta sorpresas esa obra que más que un libro es toda una literatura y aún más: todo un universo.

Y en el principio, el verbo:

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.

No hacen falta excusas ni prólogos para incurrir en ella, para reincidir en Oliveira y en Morelli, en su magia y en su Maga, pero si se presentan ocasiones como esta, aunque sólo sean meros recordatorios, conviene aprovecharlas.

Santos Domínguez

Cuerpos sexuados




Anne Fausto-Sterling.
Cuerpos sexuados
La política de género y la construcción de la sexualidad.
Traducción de Ambrosio García Leal
Editorial Melusina. Barcelona, 2006.


¿Tienen los hombres y las mujeres un cerebro distinto? ¿Por qué unos prefieren el amor heterosexual y otros se decantan por las personas del mismo sexo? ¿Está la identidad sexual determinada por la biología o es tan sólo un producto de las convenciones sociales?

Esas son algunas de las cuestiones que aborda Anne Fausto-Sterling en este ensayo brillante y provocativo sobre identidades sexuales que ha titulado Cuerpos sexuados. La política de género y la construcción de la sexualidad. La conclusión es que la respuesta a esas y otras preguntas hay que buscarla tanto en el reino de la ciencia como en el de la política.

Profesora universitaria en la Brown University, bióloga, feminista e historiadora de la ciencia, Anne Fausto-Sterling nos ofrece en este libro una oportunidad para cuestionar los prejuicios y una propuesta de nuevas formulaciones planteadas desde su doble condición de bióloga y activista social.

Este libro apareció en su versión original en inglés en el año 2000 y aunque va destinado a un público amplio, o quizá por eso mismo, se ha convertido en un clásico sobre el tema de la identidad sexual. La traducción al castellano la acaba de publicar en Barcelona la editorial Melusina.

La autora está convencida de que la Biología es una disciplina muy visual que con frecuencia transmite más información por ese medio que por el canal verbal. Por eso hay una apreciable cantidad de ilustraciones y viñetas que evidencian que la ciencia y el feminismo pueden tener sentido del humor sin perder seriedad ni profundidad por ello.

El libro arranca en su planteamiento de un duelo a los dualismos (macho / hembra, sexo fisiológico / género sicológico) para centrarse en el problema de la identidad sexual, de la homosexualidad y la heterosexualidad y acabar ese apartado con una negación de los dualismos.

Tras analizar con rigor al problemática intersexualidad del hermafrodita y el conflicto entre géneros y genitales en la transexualidad, se afrontan las posibilidades del arreglo quirúrgico y psicológico del intersexual.

Y puesto que, tal y como defiende el libro, interpretar la naturaleza es un acto cultural y social, la autora vuelve a retomar su propuesta de los cinco sexos, para insistir en que vamos hacia el fin de la tiranía de los géneros.

Tras un pormenorizado estudio del cerebro sexuado (glándulas humanas y química del género), la biopolítica del feminismo y la homosexualidad, las hormonas y el proceso por el que la cuestión del género se traslada a la química, se llega a la parte fundamental del libro: una teoría de la sexualidad humana como reflejo de las relaciones conflictivas entre las instituciones y los individuos.

Culmina de esta manera su autora un trabajo que le ha supuesto seis años de dedicación a esta ambiciosa obra de síntesis que ahonda en algunos aspectos de su anterior The Five Sexes (1993) y busca la provocación para estimular la discusión sobre aspectos como el feminismo o la sexualidad.


Luis E. Aldave

23 septiembre 2006

V.O. subtitulada




Oscar Wilde
El fantasma de Canterville
Traducción de Mario Lacruz
Postfacio de Isabel Lacruz Bassols
Editorial Funambulista. Madrid, 2006.


Un intempestivo decadente en V.O. con subtítulos de Mario Lacruz y un postfacio de Isabel Lacruz a esa versión subtitulada por su padre de El fantasma de Canterville, de Wilde. Lo acaba de editar Funambulista, que recupera la traducción que Mario Lacruz hizo a principios de los cincuenta para la Enciclopedia Pulga de la Editorial Plaza.

Un texto y una versión que soportan sin daño el paso del tiempo, como el pobre fantasma protagonista de esta novela corta, un fantasma huidizo y resignado, con zapatillas de orillo para no despertar a los invasores, la víctima débil y tierna en el fondo que de alguna manera es también su autor.

El Wilde de finura humorística y tierna ironía, ágil en la narración y hábil en la conexión de situaciones cómicas y diálogos, efectivo y certero en las descripciones llenas de matices

Es esta una entrañable parodia de novela gótica, una fábula sobre el amor más poderoso que la muerte y que la vida, como subraya Isabel Lacruz en su emotivo postfacio, en el que iguala a Wilde y a Mario Lacruz por su sentido del humor, por su rebeldía, por su condición marginal y por la sabia combinación que hay en ambos de talento y talante.

Santos Domínguez

22 septiembre 2006

Sebastian en sueños y otros poemas

Georg Trakl.
Sebastian en sueños y otros poemas. 
Edición bilingüe de Jenaro Talens. 
Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Barcelona, 2006.

Hermana de tristeza tormentosa titula Jenaro Talens el estudio sobre Georg Trakl que abre su edición de Sebastian en sueños y otros poemas en Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores.

Junto a Celan y Rilke, Trakl (Salzburgo, 1887-Cracovia, 1914) es uno de los poetas esenciales de la lírica en lengua alemana del siglo XX. Con una producción corta, enmarcada en el primer expresionismo alemán, que como todos los movimientos consistentes no es sólo una corriente estética, sino una forma de entender el mundo, la obra de Trakl es un claro exponente del irracionalismo y de las poéticas contemporáneas que proponen la distorsión onírica y visionaria de la realidad y de la sintaxis. 

El Hölderlin del siglo XX le ha llamado más de un crítico a Trakl, un poeta que deslumbraba a Wittgenstein, que escribió sobre él: No llego a entender la poesía de Trakl, pero su lenguaje me deslumbra. Poeta más visionario que hermético, Trakl vivió menos de treinta años, cultivó el malditismo y se enganchó al alcohol y a las drogas, a las que tenía fácil acceso por su profesión de farmacéutico. 

Publicó su primer libro de poemas en 1913 y, cuando murió en Cracovia en 1914 de una sobredosis de cocaína, tenía en imprenta este Sebastian en sueños y estaba al borde de una depresión aguda. Su vida breve y problemática explica, junto con el ambiente de su época, lo extraño de su poesía, enraizada en el simbolismo francés de Baudelaire y Rimbaud y en el Hölderlin más perplejo y enigmático, emparentada con la actitud de prosistas como Kafka y Walser ante el sinsentido. Una poesía que explora siempre los límites del sentido y de la realidad a través de una palabra que sale del silencio vaciada de sus valores referenciales y pragmáticos. 

 De ahí que, como en Hölderlin, en su poesía sea más importante el proceso poético mismo que el resultado del poema. Poesía del fragmento, porque ese era el signo de aquellos tiempos, de búsqueda y disolución del sentido, erigida sobre la reiteración verbal y sobre imágenes desconcertantes que revelan a un hombre desconcertado y aluden a un mundo tan incomprensible como la imaginería que intenta no reproducirlo, sino expresarlo. Su visión terminal de un mundo en crisis provocó estas palabras de Rilke: La poesía de Trakl es un objeto de existencia divina, para mí el más conmovedor de los lamentos ante un mundo imperfecto. 

 Jenaro Talens, que tradujo, hace ya treinta y cinco años, algunos poemas de Trakl, ha incluido en esta edición de Sebastian en sueños una amplia selección del resto de la obra poética del alemán. Adelantado a su tiempo, Trakl fue el autor de una obra tan breve como intensa, cuya influencia ha ido creciendo desde la publicación póstuma de su libro Sebastian en sueños, en 1915. Por eso estas palabras de Oscar Wilde parecen pensadas para él: Hay dos clases de artistas. Unos traen respuestas y otros preguntas. Hay obras que esperan largo tiempo antes de que se las pueda comprender, pues traen respuestas a preguntas que aún no han sido formuladas. 

 Una obra subyugante en la que el atardecer y el sueño, la melancolía y la noche, el silencio y la música y el paisaje de otoño son los motivos insistentes que evidencian, más que un mero interés temático, una modulación espiritual, la grave entonación de una poesía de tonalidades azules y oscuras que, pese a todo, transmiten al lector una rara armonía. Sigue oyendo ese lector la campana que sonaba en los atardeceres de Hölderlin en un paisaje que es el mismo que el de Trakl, sobrevuela estos poemas el mismo ángel terrible que oiría Rilke a la orilla del mar. Y el mirlo que canta en estos textos es padre del que sigue cantando en Zagajewski, que dijo una vez una frase definitiva que se puede aplicar a la poesía de Trakl: El poeta está vinculado a los muertos. Canción del que ha muerto se titula significativamente una de las secciones más conmovedoras del libro.

Santos Domínguez