18 enero 2016

Claudel. El ojo oye



Paul Claudel.
El ojo oye.
Traducción de Juan Ramón Ortega Ugena.
Vaso Roto. Madrid, 2015

El arte que crea, alienta y palpita titula su prólogo Juan Ramón Ortega Ugena, traductor de El ojo oye, una colección de ensayos sobre arte que Paul Claudel publicó en 1946 y que acaba de publicar en español Vaso Roto.

“Lo que espera Claudel -escribe el traductor en ese prólogo- es oír a los cuadros (...) Apoyándose en las notas que tomaba en su ubicuo Diario, Claudel desgrana las impresiones que la vista de obras pictóricas, musicales, arquitectónicas, de diferentes objetos artísticos… le provocan.”

En el primer ensayo, Introducción a la pintura holandesa, explica Claudel esa suma de sensaciones ante la pintura: entenderíamos mejor los paisajes holandeses, esos temas de contemplación, esas fuentes de silencio, que deben menos a la curiosidad que al recogimiento, si aprendiésemos a prestarles oído al mismo tiempo que por los ojos alimentamos nuestra inteligencia con ellos.

Con esa actitud meditativa, Claudel propone un recorrido por la pintura española del Greco y Velázquez, Zurbarán o Goya; hace breves exégesis de algunos cuadros de Rembrandt o Tiziano; eleva la vista a las vidrieras de las catedrales francesas de los siglos XII y XIII; recorre la catedral de Estrasburgo o se deja arrebatar por la música, porque si la pintura detiene al sol. La arquitectura petrifica la proporción y la escultura, la actitud… La música nos arrastra con ella.

Con una inusual capacidad de penetración en su mirada, con sensibilidad meditativa y silencio contemplativo, un conjunto de certeras incursiones de Claudel en busca de lo fugitivo, de lo inmaterial y de lo instantáneo.

Santos Domínguez

15 enero 2016

Poesía y prosa de Andrea Zanzotto


Andrea Zanzotto.
La muerta tibieza de los bosques.
Poesía selecta.
Edición de Giampiero Bucci.
Traducción de Mara Donat y Giampiero Bucci.
Vaso Roto Esenciales. Madrid, 2011.



Andrea Zanzotto.
El (necesario) mentir.
Prosa selecta.
Edición de Giampiero Bucci.
Traducción de Eduardo Montagner Anguiano 
y Giampiero Bucci.
Vaso Roto Esenciales. Madrid, 2011.

Considerado el poeta vivo más importante de las últimas décadas en Italia y poco conocido en español, Andrea Zanzotto (Treviso, 1921) aportó sus textos poéticos en dialecto véneto a películas de Fellini como E la nave va Casanova y hace unos años Vaso Roto reunió en dos volúmenes con edición de Giampiero Bucci lo más significativo de su poesía en La muerta tibieza de los bosques y su prosa en El (necesario) mentir.

Desde su primer título, Detrás del paisaje (1951), un libro ajeno al neorrealismo dominante en aquella década en Italia, hasta los poemas que dejó inéditos a su muerte en 2011, Zanzotto practicó una poesía hermética en la que la exploración del lenguaje, su poética en los límites de lo comprensible, era una vía de acceso a los dos temas sobre los que se fundamenta su escritura: el paisaje y la historia. 

Una poesía de ambiciosa creatividad lingüística que lucha contra la erosión del lenguaje discursivo y rompe con la tradición o la relee a una nueva luz experimental para comprobar la insuficiencia de la lengua para hacerla inteligible. De ahí su proximidad al balbuceo dadaísta, su gusto por los efectos fónicos, sus juegos asociativos, su actitud innovadora frente al creciente desconcierto que provoca una realidad opaca y fragmentada, inaccesible al lenguaje convencional.

“Una aventura -escribe Giampiero Bucci en el prólogo- que, por interior y discreta, no deja de ser el testimonio dramático de una lucha,” la de una poesía que socava los fundamentos de ese lenguaje y prescinde del sentido para refundarlo desde una reformulación paralela de la realidad y una nueva mirada a un paisaje concreto: “la campiña véneta, pequeño mundo de aguas y tierras que nunca dejará de ser la fuente de su inspiración” en libros como Vocativo o Meteo.

El segundo volumen, El (necesario) mentir, reúne un conjunto de textos en prosa de Zanzotto -los relatos de El altiplano y los ensayos, artículos y entrevistas de Prospecciones y balances-, traducidos por primera vez al castellano. 

Un conjunto de reflexiones sobre la mirada y el método del poeta, entre la naturaleza, la historia y el lenguaje, entre la obstinada espera y la visión onírica, o sobre la función de la poesía –la expresión más obstinada de la realidad- que iluminan el sentido de su escritura poética en los límites de la comunicación, porque -explica Zanzotto- no hay poesía que no tenga que ver con la marginación (… ) La poesía toca el margen, el límite y quizá va más allá de todo lo que se podía sospechar o prever al inicio.

Santos Domínguez



14 enero 2016

El universo sobre nosotros



Antonio J. Durán.
El universo sobre nosotros.
Çrítica. Barcelona, 2015.

Desde la portada, que avisa de la relación entre Don Quijote y Einstein, esas dos constelaciones, El universo sobre nosotros propone un viaje que tiende puentes entre la ciencia y las humanidades para hacer un recorrido deslumbrante por la historia de la ciencia y la literatura a través de la magia del cielo nocturno, desde la astronomía griega a Newton pasando por la Odisea y el Quijote.

Y de Newton a Einstein casi a la velocidad de la luz de la mano de Antonio J. Durán, que une a su condición científica de catedrático de análisis matemático una capacidad narrativa que se ha concretado ya en dos novelas.

En este magnífico volumen se unen esas dos capacidades, el conocimiento científico y el talante del contador de historias para llevarnos del caos al cosmos, de la coreografía astral y las danzas planetarias a los agujeros negros, desde un firmamento con fantasmas a la imagen de un universo en expansión a partir de la gran explosión.

“El propósito de este libro -explica su autor- es mostrar cómo ha cambiado el relato que la ciencia ha ido haciendo de lo que observamos en el cielo, desde la astronomía griega hasta la cosmologia actual. En cierta forma, las teorías del universo se configuran como si fueran relatos literarios” porque –añade- “se podría decir que una buena teoría científica es una colección de excelentes metáforas.”

Desde el cielo barroco del Quijote, con el que Cervantes cambió decisivamente la forma de contar el mundo, al cosmos vanguardista de la teoría de la relatividad, con la que Einstein cambió también la forma de relatar el universo sobre nosotros.

Santos Domínguez

13 enero 2016

Vathek y sus episodios



William Beckford. 
Vathek y sus episodios. 
Prefacio de Stéphane Mallarmé.
Edición, introducción y notas 
de Mauro Armiño.
Valdemar. Madrid, 2015.

Una traducción al español de los Episodios de Vathek, de William Beckford (1760-1844) inauguró la colección Gótica de Valdemar y ahora, a punto de llegar al número 100, se edita en versión íntegra Vathek y sus episodios con una nueva traducción de Mauro Armiño, que recorre en su introducción la compleja historia editorial y textual de este “cuento árabe sacado de un manuscrito inédito” –el viejo procedimiento del manuscrito ajeno- que Beckford escribió en francés tal vez bajo la sugestión de la versión francesa de Las Mil y una noches de Galland.

Escandaloso y extravagante precursor de Byron, Beckford tenía 21 años cuando escribió, en tres días y dos noches de enero de 1782, este texto “bajo la influencia –explica Mauro Armiño- del recuerdo de la fiesta-orgía celebrada en el castillo familiar de Fonthill durante las vacaciones de Navidad de 1781.” 

Acogido a dos tendencias muy significativas de la segunda mitad del siglo XVIII: el orientalismo y el horror gótico que anticipan ya el irracionalismo romántico y su tendencia al escapismo, Beckford demostró en Vathek y sus episodios una potente capacidad descriptiva, a la que se refería Mallarmé cuando en el Prefacio de 1876 que reproduce esta edición hablaba de la prosa de Beckford, en la que “todo fluye de manantial, con una limpidez viva, con una ondulación amplia de periodos.” 

Esa fuerza plástica se despliega especialmente en el episodio de bajada a los infiernos que se produce en el Palacio Subterráneo del Fuego, el reino demoníaco de Eblis.  

Probablemente pensaba en esas páginas Borges cuando en Otras inquisiciones escribió estas líneas en las que reconoce en el Vathek de Beckford el primer arquetipo, el prototipo, del terror gótico prerromántico:

“Hay un intraducible epíteto inglés, el epíteto uncanny, para denotar el horror sobrenatural; ese epíteto (unheimlich en alemán) es aplicable a ciertas páginas de Vathek; que yo recuerde, a ningún otro libro anterior.”

Santos Domínguez

12 enero 2016

La casa en los confines de la tierra



William Hope Hodgson.
La casa en los confines de la tierra.
Traducción de José Luis Piquero.
Ilustraciones de Sebastián Cabrol.
Hermida Editores. Madrid, 2015.

Espléndidamente ilustrada por Sebastián Cabrol, Hermida Editores  recupera La casa en los confines de la tierra, una novela de terror cósmico de William Hope Hodgson que apareció en 1908 y que, con traducción de José Luis Piquero, acaba de publicar en una cuidada edición que rescata uno de los títulos fundamentales del género.

Una obra con una potencia visionaria que influyó decisivamente en los relatos de Los Mitos de Cthulhu, de Lovecraft, que escribió estas líneas sobre ella en El horror sobrenatural en la literatura: "Quizá la mejor de todas las obras de Hodgson, nos habla de una casa solariega y tenebrosa en Irlanda, centro de una encrucijada de horribles fuerzas cósmicas y acosada por blasfemas monstruosidades que surgen del abismo. El peregrinaje del espiritu del protagonista a través de ilimitados años-luz de espacio cósmico y kalpas de eternidad, y su visión de la muerte del sistema solar, constituyen algo casi único en la literatura popular. Y en todas partes se manifiesta el poder del autor para sugerir vagos horrores acechantes en escenarios naturales."

Un viaje que se remonta desde el horror de los siniestros seres ocultos que acechan al protagonista hasta los confines del tiempo y el espacio en un trayecto que anticipa la ciencia ficción contemporánea y la experiencia interestelar del astronauta de Kubrick y Arthur C. Clarke en 2001. Una odisea del espacio.

Santos Domínguez

11 enero 2016

¿Quién robó el cerebro de JFK?


José Ramón Alonso.
¿Quién robó el cerebro de JFK?
Tiempos bélicos y Neurociencia.
Cálamo. Palencia, 2015

Arca de Darwin es el significativo título que Cálamo ha elegido para su nueva colección de divulgación científica, que inaugura ¿Quién robó el cerebro de JFK? Subtitulado Tiempos bélicos y Neurociencia, así explica José Ramón Alonso, su autor, el propósito del libro:

“Este libro quiere combinar los avances en uno de los ámbitos más novedosos y atractivos de la investigación moderna, la Neurociencia, con lo sucedido en batallas y guerras de toda la Historia universal, que aprendamos al mismo tiempo que nos divertimos. Y es que la guerra es, en palabras del maestro Pérez Reverte, «un curso acelerado, intenso y bestial, sobre lo bueno y lo malo de la condición humana».”

Porque si, como explica José Ramón Alonso, neurobiólogo y director del Instituto de Neurociencias de Castilla y León, “la ciencia es la principal herramienta de progreso de la humanidad”, frente a esa conquista de la civilización no ha dejado de estar el lado oscuro de la guerra, la capacidad destructiva del hombre y sus progresos técnicos y científicos, porque a menudo la capacidad tecnológica ha inclinado la suerte de las batallas, de manera que con frecuencia las necesidades de la guerra han impulsado los avances científicos.

En esa confluencia de contradicciones se proyecta lo mejor y lo peor del hombre y de su cerebro, capaz de lo más benéfico y de lo más dañino. Y de ese punto de partida arranca el planteamiento del autor, que recorre a lo largo de 32 capítulos generosamente ilustrados la relación entre la guerra y los avances científicos: desde la batalla de Maratón y los trastornos disociativos al misterio que rodea la autopsia de JFK, pasando por las alucinatorias apariciones de Santiago en Clavijo, la mano biónica de un general romano, el gigantismo de un emperador romano de origen bárbaro, Mesiaen y el canto de los pájaros en el Cuarteto para el final de los tiempos, la muerte blanca o la guerra del opio.

Un espléndido libro de divulgación que va en cada capítulo de lo peor –la experiencia bélica- a lo mejor –el progreso científico. Un libro en el que se suceden siglos de conocimiento y autodestrucción a partir del contraste que se resumía en la primera secuencia de 2001. Una odisea del espacio con la pelea entre aquellos primates y con aquel hueso agresivo que volaba hacia arriba y hacia el futuro para convertirse en la metáfora de una nave espacial.

Santos Domínguez


09 enero 2016

Atlas de la España imaginaria



Julio Llamazares.
Atlas de la España imaginaria.
Fotografías de Navia.
Ilustraciones de David de las Heras.
Nórdica Libros. Madrid, 2015.


Jauja no es jauja. Jauja es un pueblo de apenas 1.000 habitantes situado en la frontera entre Córdoba y Sevilla que poco o nada se diferencia de cualquier otro de Andalucía. Nada que ver, por tanto, con el imaginario lugar que Lope de Rueda describe en La tierra de Jauja, el paraíso donde a la gente le pagaban por dormir, los árboles daban buñuelos en vez de fruta y las calles estaban pavimentadas con yemas de huevo. La Jauja cordobesa (que rivaliza con la otra Jauja, la de Perú, mayor y más conocida, por ser la verdadera del cuento) es un poblacho andaluz ni mejor ni peor que todos los de su tamaño.

Así comienza Esto es Jauja, el primero de los siete capítulos del Atlas de la España imaginaria, en el que Julio Llamazares reúne los textos que se fueron publicando en sucesivas entregas en el Magazine de La Vanguardia con las fotografías de Navia que también se recogen en un espléndido volumen ilustrado que publica Nórdica.

Un viaje por algunos de los lugares emblemáticos de la España mítica: además de a Jauja, los seis capítulos restantes viajan a Babia, Entre Pinto y Valdemoro, La ínsula Barataria, Las Batuecas, Los cerros de Úbeda y Fuenteovejuna. Lugares que existen y en los que el imaginario popular ha proyectado a través de dichos tradicionales el ensimismamiento, la duda, las ensoñaciones, la distracción, la huida dialéctica o la unidad.

Un peculiar libro de viajes en el que contrasta lo imaginario con lo real para comprobar que en Jauja la gente vive de su trabajo, que hay una Babia dulce, rica y melancólica, que entre Pinto y Valdemoro, al borde de la gran ciudad, hoy pasan miles de coches, la pobreza de Alcalá de Ebro, que en Las Batuecas viven ahora siete monjes en un convento carmelita o que los cerros de Úbeda hoy están sembrados de olivos.

Santos Domínguez

08 enero 2016

Rubén Martín. Sistemas inestables

Rubén Martín.
Sistemas inestables. 
Bartleby Editores. Madrid, 2015.

La mirada de nadie / en la pared. Sin dejar rastro. No: / sin dejar rostro. Ni sombra / ni residuo. Solo pared, y el infinito ahora.

Esa mirada despojada a la pared, ese mirar y no mirar desde fuera del tiempo y de sí mismo al vacío y lo blanco son el punto de partida de Sistemas inestables, el libro de Rubén Martín que publica Bartleby Editores.

Con fragmentos de diario intercalados, Sistemas inestables es un pentágono en el que se conjuran las palabras que ya no significan pero están para hacer un esfuerzo verbal de reconstruccion desde el recuerdo de un estado de disolución de la conciencia, para expresar lo inefable y hacer comprensible una experiencia irracional en la que se funden contrarios: escribir y no escribir, estar y no estar, dentro y fuera, no pensar y no ser en la sombra en la que se reúnen lo visible y lo invisible, la mente y las convalecencias de un cuerpo deshabitado de su identidad física y un lenguaje desposeído de su potencia conceptual, la ausencia de sí mismo en esa mirada de nadie ajena a la realidad y la palabra.

Frente a esa pared en blanco que se convierte en metáfora de la deconstruccion del yo, desde el miedo y el vértigo de la inconsciencia y el vacío de otros seres sin rostro, Rubén Martín recupera la conciencia del cuerpo y el lenguaje por medio del redescubrimiento del yo y de la palabra a partir de la enfermedad, el arte, el fármaco o la música como experiencias de desintegración de la identidad personal, la memoria, la percepción o el lenguaje. 

Un libro que se levanta desde la conciencia de la fractura con el mundo, con el propio yo y la ruptura del lenguaje desde la noción de tiempo y fugacidad: Respira, sigue respirando, no dejes de intercambiar, de mantener | esta máquina de voces, rostros, superficies. Pronto no habrá lugares, nada que nos persista, nada que nos | perdure, todo es tránsito: mira por vez primera estas paredes, porque será la última. Ha sido, han ido siendo hasta ser | otras. Hasta que fueron – sustituidas, arrancadas de la raíz-cimiento fluyen venas de agua muerta, noche líquida, su nombre es evicción, es purga | esta es la ley para la lepra de las casas | estamos en el centro de un espacio en que no estamos, en que no arraigamos

“Palabra que renace de sus propias cenizas para volver a arder. Incesante memoria, residuo, resto cantable: “Singbarer Rest”, en expresión de Paul Celan. Pues, en definitiva, todo libro debe arder, quedar quemado, dejar solo un residuo de fuego”, escribía Valente a propósito de la poesía de Jabès.

Y eso es en gran medida Sistemas inestables, el esfuerzo de integración desde la desintegración, la reconstrucción de la identidad y el sentido a partir de un descenso vertiginoso a otro realismo para remontar desde el vacío con otro lenguaje y otra mirada levantada con un puñado de palabras | una idea, una célula, una imagen | dime qué no has destruido, olvidado | qué queda de este cuerpo, esta escritura | en minúsculas| un tajo en el abismo, un corte transversal | el cuerpo que no es sino | esta certidumbre hecha astillas, y sin embargo – respira, sigue respirando, aún respira.


Santos Domínguez


07 enero 2016

Agenda Shakespeare



 Agenda 2016.
Vaso Roto Ediciones. Madrid, 2015.

Vaso Roto celebra el cuarto centenario de la muerte de William Shakespeare con la publicación de una espléndida agenda ilustrada con grabados de los siglos XVIII y XIX y con doce de los textos más significativos del autor que inventó lo humano en la literatura.

Seis poetas mexicanos y seis españoles a los que el clásico de los clásicos cede su voz en doce soliloquios intensos que dan la medida de la fuerza inmortal del autor que, más que ningún otro, es sinónimo de contemporáneo. No hay más que echar un vistazo alrededor para darse cuenta de la vigencia de Shakespeare. Un mundo que sigue habitado por Macbeth y Lear, por Hamlet y por Yago. Aquellos que mejor los encarnan hoy no están en las compañías de actores, sino en la calle, en la política, en la escalera de al lado.

El mundo, el hombre y la vida según Shakespeare, cuyo teatro contiene la totalidad de la realidad: la corte y la taberna, la espada y la corona, la traición y la lealtad, la fama y la muerte, el horror y la risa, la simulación y el secreto.

Porque, como a todos los clásicos que lo son de verdad, a Shakespeare no se le acaba de leer nunca. Y por eso hay que releerlo una y otra vez.

Santos Domínguez

06 enero 2016

Ferlosio. Altos Estudios Eclesiásticos



Rafael Sánchez Ferlosio.
Altos Estudios Eclesiásticos (Ensayos 1)
Gramática. Narración. Diversiones.
Debate. Barcelona, 2015.

Gramática. Narración. Diversiones es el subtítulo al que se acoge el primero de los cuatro volúmenes que irán recogiendo la amplia obra ensayística de Sánchez Ferlosio, que ha empezado a publicar Debate con edición de Ignacio Echevarría.

Este primer tomo -Altos Estudios Eclesiásticos- contiene sus ensayos y artículos más relacionados con la gramática y la narratología. Desde las primeras incursiones (“Personas y animales en una fiesta de bautizo”, “Músculo y veneno” o el prólogo al Pinocho de Collodi), agrupadas en la sección Antigüedades con las dos entregas de la incompleta Las semanas del jardín o Guapo» y sus isótopos, a las Diversiones: El castellano y la Constitución o las incisivas réplicas a Lázaro Carreter en las Glosas castellanas o “Adversus Varronem”.

En el Anexo se incorporan la traducción y las notas de Memoria e informe sobre Víctor de Aveyron, de Jean Itard, que Ferlosio considera como su “mejor producto” en "La forja de un plumífero", un escrito autobiográfico que publicó en 1998, donde aparecen estas líneas que justifican el título de este volumen:

"Tras escribir El Jarama —entre octubre de 1954 y marzo de 1955—, agarré la Teoría del lenguaje, de Karl Bühler, y me sumergí en la gramática y en la anfetamina. Cuando un clérigo da lugar a algún escándalo, la discretísima Iglesia católica, experta en tales trances, lo retira rápidamente de la circulación, y al que pregunta por él, tras haber advertido su ausencia, se le contesta indefectiblemente: «Oh, el padre Ramoneda se ha recogido para dedicarse a altos estudios eclesiásticos»; a mí no me hizo falta ningún obispo que me retirase, sino que me bastó con el inmenso genio de Karl Bühler y la irresistible sugestión teórica y expositiva de su obra —y quizá algo de horror o repugnancia por el grotesco papelón del literato que, tras el éxito de El Jarama, se cernía como un cuervo sobre mi cabeza— para retirarme de la circulación y consagrarme a «altos (o bajos) estudios gramaticales» durante quince años." 

Esta preocupación no puede desvincularse de la labor creativa de Sánchez Ferlosio, porque -como explica Ignacio Echevarría- estos textos reflexivos “sirven de inmejorable puerta de acceso al conjunto de una obra cuya importancia y cuyo relieve no cesan de incrementarse con el transcurso del tiempo” y "son el más palpable testimonio de esa búsqueda, de ese empeño por ir «ensayando y errando» una lengua capaz de decir cosas nuevas de una manera nueva."

Esa nueva manera expositiva, lo que Ferlosio definía como un estilo tridimensional, acabaría siendo desde entonces el rasgo más característico de una prosa que se canaliza a través de la hipotaxis, la construcción compleja de la frase sobre la que reflexionó en un apunte -“Sobre la hipotaxis y el aliento de la lectura”- que en este volumen aparece como preliminar y que comienza así:

“La hipotaxis es muy viciosa, y conforme iba llegando a cogerle más y más el gusto, incluso cuando escribía ajeno a cualquier ánimo —consciente, por lo menos— de jugar y divertirme, se me antojaba que sólo podía decir tal o cual cosa de un modo satisfactorio, por suficientemente preciso, circunstanciado y completo, con una frase poliarticulada y de muy largo aliento. Alguna llegó a costarme una jornada entera.”

Santos Domínguez