30/12/07

Cuarto creciente


José Antonio Ramírez Lozano.
Cuarto creciente.
Renacimiento. Sevilla, 2007.


Luna llena, y no Cuarto creciente, debería haberse titulado esta segunda antología poética de José Antonio Ramírez Lozano que publica Renacimiento con prólogo de Enrique Baltanás y selección del propio poeta.

Es la segunda edición de la antología que publicó Libertarias en 1989, revisada y ampliada ahora con los doce libros que Ramírez Lozano ha publicado desde 1987 -el año que cerraba la primera entrega de Cuarto creciente con Teluria y Bolero-, hasta Corambo, que aparecía este mismo año.

De ese nuevo material se nutre este libro, que fija sus límites entre 1980 y 2007, pero se centra preferentemente en estos últimos veinte años en los que la voz poética de Ramírez Lozano se ha ido haciendo más ronca y oscura, más quevedesca en el lamento del estrago y más densa y profunda en la consideración del tiempo.

Y es que este Cuarto creciente, pese a la identidad del título, es otro libro: un libro menos narrativo y más proclive a la meditación. Porque toda antología –dice su autor- es un propósito de enmienda. Y en esta nueva selección, aunque sin dolor de corazón ni voluntad penitente, se expresa un Ramírez Lozano quizá menos brillante, con una poesía menos dada al destello espejeante de la superficie del río y más anclada en su profundidad transparente.

Imaginativa e ingeniosa, sí, pero con más fuego que juego y menos pirotécnica que minera, la poesía de Ramírez Lozano ha pasado, como señala Enrique Baltanás en su prólogo, del retablo barroco al telegrama conceptista. Y en esa evolución, más visible en una selección amplia y extensa como esta, una lucha doble, con la creación y con la facilidad de la palabra, articula cada vez con más intensidad sus últimos libros.

Lo explica el poeta en este Almuédano, de Razón de la impostura:

IGUAL que la plegaria
remota del almuédano,
hay mañanas que das
con el mismo poema
y tratas de evitarlo
esquivando su burda,
su torpe reincidencia.

—Mis poemas son todos
el mismo -te consuelas—.
Lo dijo Juan Ramón.

Y te dejas llevar
por los versos de siempre,
por las palabras mismas,
como un dios aburrido
—dijo también Cernuda—
que para convencerse
de que existe tuviera
que escucharse su voz.

Dioses que son palabras,
sólo apenas palabras
y para ser obligan
a rezar a los hombres.

La voz inconfundible de Ramírez Lozano ha levantado –en su poesía y en su narrativa- un mundo propio que no es el resultado de la repetición amanerada de una fórmula, sino el fruto de un crecimiento orgánico y radial, de un ir y venir como el de la tela de una araña.

Insistente y sólida como ella, llena de brillos en el trasluz y de avisos graves en su simbología de premoniciones, su obra ha ido creciendo desde el tono de salmodia y misterio de Sybila Famiana, un texto con un cuarto de siglo a cuestas en el que no ha envejecido, hasta la expresión depurada y meditativa de Corambo, su último libro.

Quedan en medio la narratividad de Bestiario de cabildo, con sus espléndidas miniaturas, sus hormigas y sus difuntos; el tono sombrío que se insinúa ya claramente en Teluria y Memento, con Mañara al fondo; la claridad del Agua de Sevilla, donde la ironía convive con la emoción como el azahar con la bosta en las calles sevillanas; el Azogue impuro de la palabra del poeta, angustiada en la noche oscura de la incertidumbre creadora; la muerte y la memoria de Oscura trashumancia; y sobre todo a partir de El arquero ciego, en Gata sola y en Corambo, la clave de arco cada vez más visible de sus últimos libros, en los que la palabra es un antídoto contra el tiempo y el poema se plantea como una forma de aplazar la muerte:

Los poemas
son todos en el fondo una manera

de aplazar el destino
terrible del abismo.

Esos dos temas, la muerte y la palabra, se funden y se cruzan de manera cada vez más explícita en los últimos libros de Ramírez Lozano, para culminar en el último verso de Corambo:

Lo que importa es, al cabo, derrotar a la Muerte.

Santos Domínguez

28/12/07

Elogio del incendiario


Miguel Veyrat.
El Incendiario.
La Lucerna. Madrid, 2007.

En una cuidadísima edición, La Lucerna acaba de publicar El Incendiario, de Miguel Veyrat, la versión revisada de su Elogio del Incendiario.

La de Miguel Veyrat es una voz sustantiva y oculta, insertada en una lectura rigurosa de la tradición. Para ser más exactos, de una de las múltiples tradiciones: la que hermana al poeta con Prometeo y a la poesía como revelación del fuego originario.

En cada uno de sus versos vibra esa búsqueda del fuego y del sentido del mundo y de la vida propia con el temblor de una palabra encendida que cree en ella misma para iluminar la realidad:

No hay límite
Para el fuego
Solo dentro
De la brasa
Puede actuar

La distancia
Del corazón

A la llama

Roce de compases

Palabras

El incendiario marcó una inflexión en su obra, a la que luego se sumarían La voz de los poetas o Babel bajo la luna como otros ejemplos de ese fuego arrebatado a los dioses. Muestras todas ellas de la insularidad de Veyrat, del empeño volcánico en el que arde la palabra del poeta, hermana del Empédocles de las purificaciones y del oboe sumergido de Quasimodo.

Emparentada con el gnosticismo ocultista, con los profetas bíblicos y los cultos mistéricos, en la fuerza oral de la palabra de Veyrat va creciendo desde este libro una música interior que se revela poco a poco al iniciado. En ella hablan los ritos órficos y los cultos mistéricos. Es muchas veces la voz de la sibila cumana, otras la voz con la que Virgilio le explicó a Dante la sombra húmeda del infierno o el vacío del purgatorio:

Como un dios
en la sombra
al acecho

está mi voz.


Veyrat es un poeta exigente, de verso destilado sin concesiones y sobrecargado de electricidad y revelaciones. Es la suya una poesía iniciática y visionaria en la que se convocan la alquimia y la llama, el misterio de la palabra ritual y el texto secreto de un conjuro en el que el poeta no es la persona civil que se llama como él, sino un intermediario con otra dimensión más honda y opaca de la realidad.

Poeta ajeno a familias y a generaciones, consciente de que no hay más patria que el dolor y la palabra, ni más destino que el transcurso de un viaje a ningún sitio, porque el esfuerzo de Prometeo es tan heroico y admirable en su empeño como inútil en sus objetivos, Veyrat lo ha explicado con estas palabras:

Considero también que si no encontrásemos todo el consuelo del poema entre los frutos de nuestra exploración, al comprobar que todo carece en el fondo de sentido, al menos podríamos hallarlo en la misma búsqueda, en el propio canto y el propio goce de su emisión compartida con el lector. Tal sería pues mi modesta y brevísima “poética”.


Ese es el mérito del esfuerzo que iguala a Miguel Veyrat con Prometeo en la invocación a esas fuerzas oscuras que se agitan en su poesía y en el origen de la llama.

Y en gran medida esa es también la aventura humana y estética de su poesía: la narración inefable de un viaje hermético hacia el conocimiento, invocado en la liturgia de la palabra y en el significado oculto del opus nigrum, incendio y renovación, el volcán y las cenizas que laten en el círculo de las destrucciones y las regeneraciones.

Llevar toda vida a su extremo.
¡Oh, sí, consumirse!
Haz de la hoguera un Volcán:
Devora tu propio corazón.


Ese viaje es el de un camino de perfección que bucea en busca de la veta de la que surgen la luz o la humedad primera y el origen secreto del glaciar; el itinerario espiritual de una mística laica que se eleva a la altura de un pájaro de fuego para mostrarle al lector al menos la juanramoniana forma de su huida.

Hermana Realidad
Quédate para siempre

Entre nosotros no en los sueños
No en los sueños ni tampoco

En los espejos.


No sé si la realidad, esa Realidad con mayúsculas que invoca Miguel Veyrat, se quedará con nosotros, pero su palabra se queda para siempre vibrando en el interior de sus lectores.

Santos Domínguez

27/12/07

Te devolverán las mareas


Andrés Jorge.
Te devolverán las mareas.
Hipálage. Osuna (Sevilla), 2007.

Safo, Izumi, Virginia, Ofelia son las cuatro partes en que se organiza Te devolverán las mareas, que Andrés Jorge, escritor cubano afincado en México desde hace más de quince años, publicó en 1998 en Planeta México y que se reedita en España con el sello de la editorial sevillana Hipálage.

Cuatro nombres de mujer, cuatro escritoras de distintos tiempos y lugares, unidas por la pasión literaria, por la búsqueda de la libertad expresiva y personal, por su solitaria condición insular y su homosexualidad abierta o encubierta, problemática o asumida con valentía.

Lo explica el cuarto pesonaje femenino, Ofelia Ibarra, la escritora cubana emigrada a Australia, que se ve a sí misma como la última convocada a un extraño rito inmemorial:

Safo, Izumi Shikibu, Virginia Woolf, mujeres dispersas por las islas del mundo, llevaban en sí como nadie su condición de isleñas, su soledad de islas. Y como ellas, desde siempre, yo he escuchado la llamada ancestral, pródiga. Más de una vez he despertado con el fragor de las mareas en la piel. Siento miedo, pero no terror. Todo ha llegado a transmutarse en simple curiosidad: ¿qué veré finalmente cuando se descorra el velo?

El mar y la palabra, las islas y el tiempo, el amor y la ausencia son los temas y los paisajes rituales de una indagación profunda, inteligente y sensible a la vez, en el mundo de la misteriosa creatividad femenina.

Con prosa tensa y vibrante y con evidente solvencia narrativa, Andrés Jorge plantea, entre suicidios por agua, ritos de purificación y reencarnaciones, una novela en cuatro partes unitarias, con cuatro historias vinculadas entre sí no sólo por los temas antedichos, sino por un tiempo y un espacio que más allá de la geografía y las épocas es uno y el mismo porque habla de la condición humana en Lesbos o en Osaka, en Australia o en Londres:

Y seré yo misma en una próxima vida y en otra, no seré hombre, ni caballo, ni hiladora, ni madre de diez hijos, seré yo, Sei Shônagon, con otra piel y otra carne sobre mis huesos, con otro nombre, pero yo, haré las mismas cosas, pensaré igual, seré escritora, seré una mujer sensible y arrogante. Porque lo que se reencarna es el espíritu, y ese espíritu es lo que vuelve a nutrir otro tiempo, a asentarse en un lugar donde fuerzas superiores a nosotros deciden que estemos de nuevo.
Mayra Vela Muzot

26/12/07

Muerte en el reality show


Lorenzo Silva.
Muerte en el reality show.
Rey Lear. Madrid, 2007.


No es la primera vez que la ficción y la realidad se solapan trágicamente: Casi a la vez que un programa de televisión transmite el prólogo de un crimen pasional y reúne bajo los focos al futuro asesino y a su víctima, Rey Lear publica una novela corta de Lorenzo Silva que trata de la telebasura y de un asesinato.

Muerte en el reality show es un relato policiaco con un cadáver, una pandilla de tarados y un detective que debe investigar la autoría y las razones del crimen. Por encima de ese planteamiento tradicional, esta narración resulta de un cruce inaudito: la novela por entregas, que tiene sus modelos canónicos en el XIX, y la participación interactiva de los lectores, que intervinieron como coautores en el desarrollo de la trama y en la elección de los personajes que la protagonizarían.

Durante varias semanas del verano de 2003, Lorenzo Silva tuvo en vilo a los lectores de El Semanal, que decidían con sus votos, sus cartas y sus correos electrónicos el curso de la acción, la función de los personajes o el sexo del asesino.

Y, además de contener una parodia de la novela policiaca y una crítica explícita a este tipo de programas, además de su ironía, su humor ácido y su destreza en el manejo de la estructura policiaca, el final abierto plantea al lector un conjunto de interrogantes sobre un mundo menos imaginario de lo que parece. Cuando ocurre un crimen relacionado con la telebasura, ¿hasta dónde llega la responsabilidad de quien hace de la intimidad un espectáculo en el que se desdibujan las fronteras de la realidad y la ficción? ¿Dónde acaba la responsabilidad de las cadenas que se lucran con este tipo de espacios?

Santos Domínguez

24/12/07

Saña de Margo Glantz


Margo Glantz.
Saña.
Pre-Textos.
Valencia, 2007.


Tan rebosante de fuerza como inclasificable, Saña, el último libro de Margo Glantz (Ciudad de México, 1930) que publica Pre-Textos, es una obra hecha con anotaciones escritas y maceradas durante mucho tiempo, con reflexiones que habitan, más allá de la furia de su estilo afilado y su enfado lúcido, el territorio del ensayo más que el de la novela. Reflexiones que van y vienen de la saña, porque surgen de ella y la provocan como respuesta.

Convencida de que el funcionamiento de un texto depende de que difumine la frontera entre los géneros, Margo Glantz ha escrito un libro en el que la literatura de Rimbaud y la música de Scarlatti, la guerra y el papel de la mujer son algunos de los hilos con los que teje este tapiz de lecturas y recuerdos, reflexiones o ironías, como en esta Cuestión de óptica:

Desde la pica donde llevaban su cabeza guillotinada, la princesa de Lamballe gozaba de una vista privilegiada de la Bastilla.


Vida y literatura se confunden de manera ejemplarmente creativa para construir con sus textos breves un mosaico grave y leve, culto y popular, intelectual y visceral, apasionado y distante, serio y humorístico. Un libro en el que hay sitio, entre los mil rostros de la saña, para la literatura y el arte, para los campos de concentración y para unos zapatos de moda; para un Rimbaud cambiante y deambulatorio, pero también para Naomí Campbell; para Santa Teresa y para Madonna; para Scarlatti y también para Kate Moss. Un libro que se construye con materiales autobiográficos, pero también con la presencia de Colón, San Agustín o Baudelaire, que configuran un conjunto lleno de sutileza y precisión con las mutilaciones, las ruinas o la destrucción como centro.

Margo Glantz ha declarado explícitamente su voluntad de delimitar lo indelimitable, aquello que separa la santidad de la impureza, lo sucio de lo limpio, la mutilación de lo íntegro. Para ello ha utilizado textos propios y ha incorporado materiales ajenos, que -elaborados por ella- forman parte de lo que la misma autora ha definido como su digestión literaria. Unos y otros hablan de sus obsesiones y exploran el tema de la saña como hilo conductor.

Y lo hacen con una prosa intensa que en sus manos se convierte en un bisturí bien afilado para diseccionar la realidad con una mezcla de crueldad y emoción semejante a la de los cuadros de Francis Bacon, uno de los referentes estéticos y éticos del libro.

Con trazo enérgico como el de Bacon, con una economía de palabras que contribuye a la intensidad de los textos, con un humor imprescindible y cáustico, Saña es un libro que ha venido escribiendo lentamente, con ensañamiento, una condición necesaria para escribir, porque la saña genera energía.

Más fuerte que el rencor o el odio, la saña es el hilo conductor de unos textos que hacen inventario de ese sentimiento y exploran su presencia en la vida cotidiana, en la historia y en el arte, en las mitologías y en la literatura.

Saña es un libro inclasificable en su intensidad, abierto en su amplia temática, que incorpora notas y reflexiones de lectura, plantea incertidumbres o perplejidades, filtra recuerdos y desahoga su rabia contenida ante la realidad y la saña del mundo.

Inclasificable, sí, pero no incalificable. Es uno de los mejores libros de este año que termina. Un libro intenso, bello y respiratorio para leer y releer al mismo ritmo lento con el que se ha escrito.

Santos Domínguez

22/12/07

Poesía completa de Quasimodo

Salvatore Quasimodo.
Poesía completa.
Traducción de Antonio Colinas.
Linteo. Orense, 2007.

Salvatore Quasimodo (1901-1968), que soñó y recreó en su poesía la imagen de su Sicilia natal como una isla de tradiciones y esencias griegas, reivindicó lo clásico y cultivó el hermetismo antes de verse sacudido por la Segunda Guerra Mundial y de evolucionar a una poesía más discursiva y afincada en el presente.

Quasimodo fue un poeta de trayectoria muy unitaria y coherente a lo largo de medio siglo de escritura, aunque se podrían distinguir en ella dos etapas separadas por la guerra mundial. Dos épocas, cada una de ellas de unos veinticinco años en los que su poesía se desenvuelve entre el mito y el dato, entre el hermetismo y el tono discursivo, entre un lenguaje elíptico y un propósito comunicativo.

Y en las dos etapas, una serie de notas unitarias, como su insularidad. Quasimodo es un poeta isleño y Sicilia es el referente del paraíso perdido, de la infancia, de una edad mítica y de una isla encantada a la que traslada el mito de Ulises.

Cuando en 1942 publica una antología con el título Y de pronto anochece, reúne en ella lo más importante de su obra hasta ese momento. Está recogida en ese libro la producción más hermética de Quasimodo, desde Aguas y tierras a Nuevos poemas. Y en medio, dos cimas de la poesía italiana de la primera mitad del XX, Oboe sumergido y Erato y Apolo.

Los modelos estilísticos ungarettianos, la religiosidad, los mitos sicilianos y griegos, la naturaleza o la aspiración a lo absoluto o lo eterno vertebran unos libros en los que su poesía va depurándose en la búsqueda y en una apertura progresiva a la realidad, en un salir de sí mismo para acercarse a los demás.

El tono de esos textos oscila con frecuencia entre lo elegíaco y lo bucólico, de manera que el sentimiento de pérdida, la destrucción, el dolor o la soledad, transferidos metafóricamente a la naturaleza, a las voces astrales y a los mitos mediterráneos. Quizá sea Erato y Apolo la cumbre del hermetismo visionario y místico de Quasimodo, antes de que en Nuevos poemas se aproxime al resto de los hombres a través de la humanización del paisaje y de una mayor tendencia al diálogo con los demás.

Luego, la experiencia traumática de la guerra abre la segunda fase de Quasimodo, con su libro más discursivo, Día tras día, antes de volver a la temática de la isla siciliana con el surrealismo de El falso y verdadero verde y a la gran variedad de tonos y tendencias de La tierra incomparable antes de hacer balance en Debe y haber, el testimonio último de un Quasimodo sereno y ya cercano a la muerte y a los hombres.

La isla y el Mediterráneo, los caballos al galope y los pájaros en la noche forman parte de su imprescindible universo poético y de una obra levantada con la mirada compasiva y los versos oscuros o luminosos de una de las voces más notables de la poesía europea del siglo XX.

Ahora llega a su segunda edición la versión bilingüe de la poesía completa de Quasimodo, que tradujo Antonio Colinas para la excelente colección de poesía de la editorial Linteo. Con ella obtuvo en 2005 el Premio Nacional de Traducción que otorga el Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia.


Santos Domínguez

21/12/07

Noviembre


Gustave Flaubert.
Noviembre.
Traducción de Olalla García.
Introducción de Lluís Mª Todó.
Impedimenta. Madrid, 2007.


De un episodio de iniciación amorosa que protagonizó Gustave Flaubert en octubre de 1840 surgió dos años después, en octubre de 1842, este Noviembre que edita Impedimenta con una nueva traducción de Olalla García y un prólogo de Lluís Mª Todó.

Con aquella experiencia iniciática Flaubert entraba en la madurez sexual y creativa. Su marca persistente reaparecerá en La educación sentimental, en Mme. Bovary o en Salammbó, pero antes servirá para completar este retrato del artista adolescente, una autobiografía romántica que es también la más acabada de sus obras de aprendizaje juvenil, su primera narración considerable y la última de sus confesiones, con la que daba por clausurada su juventud.

Porque Noviembre es el punto final del Flaubert romántico y el punto de partida del autor de algunas de las mejores novelas del XIX. Está aquí todavía el autor enamoradizo y soñador de las Memorias de un loco, el que se evade con la imaginación a lugares exóticos y vive obsesionado con la muerte, el que habita más en el pasado de la ensoñación melancólica que en el hastío y el desapego del presente.

Pero hay ya en esta novela corta, a pesar de ciertas persistencias de un espíritu visionario, señales que apuntan en otra dirección, hacia un alejamiento del narcisismo autobiográfico para explorar otras vidas, para practicar análisis y disecciones psicológicas, como llamó Flaubert a estas tentativas, que luego serían fundamentales para la apertura de nuevas vías narrativas, imprescindibles en sus grandes novelas.

La figura de Marie -mitad ángel, mitad demonio, como suele suceder con las figuras femeninas del Romanticismo-, que representa el deseo, la pasión y el arrepentimiento, reaparecerá parcialmente en Emma Bovary, en la Mme. Arnoux de La educación sentimental, y sus rasgos seguirán siendo perceptibles en algunos personajes femeninos de Salammbó o de Bouvard y Pécuchet.

No es ese el único motivo que hace de Noviembre un libro imprescindible para entender la producción posterior de Flaubert. Cierre y apertura de dos momentos en la evolución de su autor, es también una novela de aprendizaje literario, de adiestramiento técnico y no sólo sentimental.

Aunque declaró varias veces su aprecio por Noviembre, Flaubert no la quiso publicar, y hubo que esperar a 1910, treinta años después de su muerte, para una primera edición que permitiera calibrar su importancia como ejercicio estilístico, la tensión de su prosa y –lo que me parece más decisivo- los cambios en el punto de vista narrativo, con los que Flaubert empieza a mostrar su creciente capacidad novelística y su esfuerzo para construir personajes desde dentro.

La propuesta final de una nueva voz, la perspectiva de un narrador distante y objetivo, una voz ajena a los dos personajes, es un primer anuncio serio del virtuosismo novelístico de Flaubert.

Por eso Noviembre no es sólo la crónica de la transformación sentimental operada por la pasión erótica, es también la primera piedra sobre la que se levantaría el sólido edificio de algunas de las novelas más memorables del Realismo.

Santos Domínguez

20/12/07

De regalo


Joseph Conrad.
El corazón de las tinieblas.
Ilustraciones de Ángel Mateo Charris.
Traducción de Sergio Pitol.
Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores.
Barcelona, 2007.

El horror ilustrado en la edición que ha hecho Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores de El corazón de las tinieblas. A indagar en sus sombras y a hacer visible la oscuridad se ha dedicado Ángel Mateo Charris, que ha ilustrado la obra de Conrad con 28 óleos. Un espléndido homenaje para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento del autor con la traducción canónica de Sergio Pitol.
El ilustrador ha entrado en el tenebroso corazón de la novela y del África colonial y ha ido pasando de un cromatismo marcado por la intensidad de la luz y el sol africanos a la tonalidad de las tinieblas que narra Conrad.



Pedro Salinas.
Obras completas. I Poesía. Narrativa. Teatro. II Ensayos completos. III Epistolario.
Edición de Enric Bou, Monserrat Escartín y Andrés Soria Olmedo.
Cátedra. Biblioteca Avrea. Madrid, 2007.

A la poesía completa de Pedro Salinas, tanto la publicada como la inédita y los poemas no recogidos en volumen; a toda su narrativa, desde el vanguardismo de Víspera del gozo a los relatos de El desnudo impecable y al teatro se dedica el primer volumen de las Obras Completas de Salinas en la Biblioteca Avrea de Cátedra.
El segundo tomo se ocupa de sus ensayos completos, desde el imprescindible estudio sobre la tradición y la originalidad en Jorge Manrique a sus asedios a la poesía modernista y del 27, pasando por la defensa del idioma en El defensor.
El tercer tomo, dedicado a su epistolario, aparecerá en enero y completará esta espléndida edición de una de las voces más significativas y fértiles de la poesía española contemporánea.



Juan Carrete Parrondo.
Goya.
Estampas.
Grabado y litografía.

Electa. Barcelona, 2007.

El catálogo de la obra gráfica completa de Goya: Caprichos, Desastres, Tauromaquia y Disparates, las cuatro series de su producción como grabador. En estos 287 grabados y litografías, magníficamente editados por Electa con introducción de Juan Carrete Parrondo, la ironía, la ambigüedad de su sentido o el patetismo hacen de Goya uno de los impulsores de la modernidad. En su obra gráfica, el alarde técnico es el cauce de expresión de su libertad artística y su capacidad de invención. Ética y estética en una obra viva, que contempla la realidad con una nueva mirada y la reinventa gráficamente en sus aguafuertes o sus litografías.




Alberto Manguel.
Diario de lecturas.
Traducción de José Luis López Muñoz.
Alianza Literaria. Madrid, 2007.
Hace unos años decidí volver a leer unos cuantos de mis libros preferidos y me sorprendió constatar cómo su intrincado mundo pasado parecía reflejar el brumoso caos social del mundo en el que estaba viviendo: un artículo de periódico quedaba repentinamente iluminado por cierta escena de una novela; un episodio medio olvidado era recobrado por cierto suceso ficticio; una sola palabra leída provocaba una larga reflexión. Decidí llevar un registro de tales momentos.Entre junio de 2002 y mayo de 2003, Manguel fue releyendo un libro por mes y completó el diario personal de un año de relecturas. Doce libros, de Bioy Casares a Kipling, de Cervantes a Wells. El resultado es este magnífico Diario de lecturas, con el que Manguel nos vuelve a regalar un libro de libros. Las abundantes ilustraciones reflejan la relación profunda que hay en Manguel entre vida y literatura, la cartografía de una existencia cotidiana marcada por la lectura.

Frances Erskine Inglis.
La vida en México.
Durante una residencia de dos años en ese país.

Traducción de Raquel Brezmes.
Rey Lear. Madrid, 2007.

El 27 de octubre de 1839 Frances Erskine Inglis, una mujer escocesa que luego sería Marquesa de Calderón de la Barca, embarcaba en Nueva York con rumbo a México, donde su marido había sido destinado como primer embajador español tras la independencia. Estuvo allí hasta enero de 1842, y al año siguiente publicó La vida en México, cincuenta y cuatro cartas en las que recogía con su irónica mirada europea las impresiones de aquella experiencia americana a través de la vida cotidiana y el pintoresquismo en aquel territorio convulso y peligroso.
El libro se imprimió primero en Boston, con prefacio del historiador William H. Prescott, y muy poco después en Londres con la mediación de Dickens.
La excelente edición de Rey Lear, que aporta una nueva traducción e incorpora abundantes pinturas y grabados contemporáneos de la autora, recupera una joya de la literatura de viajes escrita por mujeres.


Gavin Pretor-Pinney.
Guía del observador de nubes.
Traducción de Patricia Antón de Vez.Salamandra. Barcelona, 2007.

Nada en la naturaleza –escribe el especialista en nubes- puede competir con la variedad y el dramatismo de las nubes; nada está a la altura de su belleza sublime y efímera.
Tal vez por eso, las nubes tienen tanta importancia en la literatura, en la mitología y en la iconografía religiosa. Con un enfoque que combina el dato científico, la referencia literaria o pictórica y la experiencia primaria e irrepetible del que las observa, esta guía insólita para aprender a mirar las nubes reivindica la celebración de un pasatiempo que en muchas culturas es una imagen de la despreocupación relajada. Un libro fascinante que incluye un examen práctico para la obtención del diploma de observador de nubes.




Dietrich Schwanitz.
La cultura.
Taurus. Madrid, 2007.

Una nueva edición actualizada de un clásico con más de 1.000 fotografías e ilustraciones y nuevos materiales que aumentan la utilidad de una obra de consulta ya imprescindible. Un cuaderno de bitácora y un recorrido por la literatura, la filosofía o el arte en un libro presidido por la idea de que la cultura tiene una profunda dimensión vital.



Fernando García de Cortázar.
Historia de España desde el arte.
Planeta. Barcelona, 2007.

La historia visual de España a través del arte. Desde la cueva mágica de Altamira a la reciente ampliación del Museo del Prado a través de quinientas obras de arte en una obra que enfoca la Historia como crónica para enmarcar cada una de las obras de arte en su momento histórico y en su marco cultural.
Y así se muestra cómo Tiro entró en Gadir y vemos las noches medievales, aterradas y crédulas de los monjes de Cluny, la luz de América y el resplandor humanista del plateresco encendido de Salamanca, la utopía ilustrada de la Enciclopedia, los atardeceres del Romanticismo y la provocacón de la vanguardia.
Walter Benjamin utilizó el Angelus Novus de Paul Klee para imaginar al ángel de la historia y García de Cortázar ha pensado -y así lo declara textualmente- que una selección de arquitecturas, pinturas y esculturas pueden ser una estimulante guía para recorrer la Historia de España.



Gonzalo Torrente Ballester.
Los gozos y las sombras.
Alfaguara. Madrid, 2007.

En Pueblanueva del Conde, Carlos Deza, Cayetano Salgado, Doña Mariana, Juanito Aldán o Fray Ossorio dan cuerpo a un complejo cruce de conflictos personales, amorosos y políticos con el telón de fondo de una Galicia que se debate entre las tradiciones seculares de la vieja aristocracia feudal y la nueva burguesía adinerada que ha accedido al poder con la fuerza incontestable de su poder económico.
Cincuenta años después de la primera edición de El señor llega, la primera entrega de la serie, Alfaguara reedita en un solo tomo, en estuche y con pasta dura y sobrecubierta, la trilogía con la que Torrente Ballester entró en la historia mayor de la literatura. Una edición especial para una de las novelas fundamentales del siglo XX en España.



Ivan Morris.
El mundo del príncipe resplandeciente.
Prólogo y traducción de Jordi Fibla.
Atalanta. Gerona, 2007.

Un espléndido libro que reconstruye con rigor y amenidad la época cenital de la cultura japonesa que dio como resultado La historia de Genji, la primera novela de la historia de la humanidad. Traducida por Jordi Fibla, autor de la versión del Genji en esta misma editorial, no es una guía de esa obra imprescindible, sino más que eso: una descripción pormenorizada del ambiente cultural que hizo posible una figura como la de Murasaki Shikibu y la aparición de un libro como aquel. La red de relaciones culturales, religiosas, sociales o literarias con las que se tejió aquella narración en el periodo Heian, el papel de la mujer y las supersticiones son dilucidadas por Ivan Morris, que publicó este magnífico libro en 1964.




Rainer María Rilke.
Sobre el amor.
Alianza. Libros Singulares.
Madrid, 2007.

Una auténtica exquisitez que reúne en un volumen los mejores poemas y textos escritos por Rilke sobre el amor. El erotismo explícito (Ahora en ti penetro paso a paso /y alegre sube el semen como un niño) o la delicadeza (Mundo había en el rostro de la amada) de quien es uno de los poetas fundamentales del siglo XX queda de manifiesto en la espléndida selección realizada por Vera Hauschild, una gran conocedora de su obra, cuidadosamente traducida por Carmen Gauger.



Francisco Umbral.
Pío XII, la escolta mora y un general sin un ojo.
Planeta. Barcelona, 2007.

La posguerra de un adolescente y la provincia en una novela del mejor Umbral, el de la Leyenda del César Visionario, heredero en su prosa y en su enfoque del Ruedo Ibérico valleinclanesco. Memoria y esperpento de los 40, entre la milagrería, el patriotismo de las rutas imperiales y la miseria cotidiana.
Un texto brillante y melancólico, distante y doloroso por el que pasean espectrales y patéticos, justicieros y sanguinarios, Pío XII y Millán Astray, la Virgen de Fátima y la guardia mora de Franco. Estampitas y escapularios con indulgencias plenarias y purgatorios. Nunca como entonces el infierno fueron los otros.




William Edward Parry.
Viaje para el descubrimiento de un paso por el Noroeste.
El Nadir. Valencia, 2007.
Para celebrar el Año Polar Internacional la editorial El Nadir hace su particular homenaje al almirante William Edward Parry con la edición abreviada de su diario del tercer Viaje para el descubrimiento de un paso por el Noroeste.
El diario de
aquel tercer viaje de Parry en 1824, que fracasó en su intento de encontrar un paso entre los hielos del Noroeste de Canadá es lo que recoge este libro ilustrado sobre una expedición que buscaba un paso a través del Ártico durante el verano. Hasta 1985 no se logró aquel objetivo de atravesar aquellas rutas con rompehielos.
Lo que hubo antes fue la historia de una insistencia tenaz, de un sueño frustrado.


Samuel Pepys.
Diario. 1660-1669.
Traducción y prólogo de
Joaquín Martínez Lorente.
Espasa. Madrid, 2007.

El diario que Samuel Pepys escribió entre 1660 y 1669. La historia privada del hijo de un sastre, de un hombre humilde que ocupó cargos de relevancia en la época de Carlos II. Y junto a los datos triviales que aluden al canto de un mirlo, al efecto de una medicina tomada la noche anterior o a las preocupaciones de la vida diaria, el fresco irrepetible de un país que estaba en manos de un irresponsable con título de rey, el testimonio de primera mano de quien frecuentó la corte y las tabernas y quiso denunciar las corrupciones o revelar la incapacidad de algunos personajes públicos. Empezó a escribir el Diario a los 27 años, cuando comenzaba su ascenso, y lo mantuvo durante una década, hasta que la ceguera le obligó a interrumpirlo. Su intención no era literaria, pero en pocos libros se sugiere la vida de una manera tan intensa y cercana.


Santos Domínguez

19/12/07

Navidades de bolsillo


Biblioteca Torrente Ballester


La saga/fuga de J.B., Fragmentos de Apocalipsis, La Isla de los Jacintos Cortados y Dafne y ensueños son los primeros títulos con los que Punto de Lectura comienza a editar en bolsillo la obra narrativa completa de Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999), uno de los escritores fundamentales de la segunda mitad del XX en España.
Desde Los gozos y las sombras, la trilogía que reedita Alfaguara en un solo tomo, las novelas de Torrente Ballester abren caminos de renovación y calidad en un panorama que muchas veces recordaba al de un páramo.
Entre el ejercicio de imaginación y estilo de La saga/fuga de J.B. y la fabulación autobiográfica de Dafne y ensueños, una recuperación necesaria, feliz y asequible, que se suma a las recientes Bibliotecas de bolsillo dedicadas a Onetti y a Pérez Reverte.




Stendhal.
Paseos por Roma.
Traducción de Consuelo Berges.
Selección y prólogo de David García López.

Alianza Editorial. Madrid, 2007.

Escritos entre 1827 y 1829, los Paseos por Roma son el diario ficticio de un flâneur, de un paseante que observa la belleza y la vida de la ciudad eterna. Cada capítulo es el resultado de un paseo y de distintos enfoques y registros estilísticos. Una obra maestra en la que la mirada se transforma en una obra de arte, porque sólo se goza de Roma si se tiene educada la vista.
Una peregrinación a la belleza, como señala David García en el prólogo a la selección de la que pasa por ser la mejor guía turística de la historia.




Tiziano Scarpa.
Venecia es un pez.
Traducción de Celia Filipetto.
Minúscula. Barcelona, 2007.


En su serie Paisajes narrados, la editorial Minúscula publica esta guía insólita de Tiziano Scarpa sobre la ciudad adriática y serenísima, traducida por Celia Filipetto. Una descripción de lo que le ocurre al cuerpo del viajero en Venecia, empezando por los pies y acabando por los ojos:
Durante siglos, la madera casi se ha convertido en piedra. Estás caminando sobre una inmensa selva patas arriba, estás paseando sobre un increíble bosque al revés. Parece la obra de un mediocre escritor de ciencia ficción, y sin embargo es verdad. Voy a describir lo que le ocurre a tu cuerpo en Venecia, empezando por los pies.
Un libro imprescindible para quien quiera ver en la ciudad de los canales algo más que góndolas y remeros.



Pere Calders.
Ruleta rusa y otros cuentos.
Traducción de Joaquín Jordá.
Compactos Anagrama. Barcelona, 2007.


Una antología significativa y amplia del mejor escritor contemporáneo del género en catalán. Ruleta rusa y otros cuentos es una selección, realizada por el propio Calders (1912-1994), en la que se recogen cerca de treinta de sus relatos. Con un prólogo de Castellet y unas palabras de acceso en las que Calders reflexiona sobre los finales abiertos y cerrados, se publicó por primera vez en 1984 y ahora se recupera en el sello de bolsillo de Anagrama.



Antonio Moresco.
La cebolla.
Traducción de
Piero Dal Bon y Albert Fuentes.
Melusina. Barcelona, 2007.


Un año después de la traducción de El volcán, Melusina publica La cebolla, una nueva novela de Antonio Moresco. En ella la sexualidad se convierte en una metáfora desencantada de soledades y desencuentros. Irónica, directa e implacable, tiene la misma carga de profundidad de la que dio muestras en su obra anterior. La lucidez como antídoto de la amargura.



Walt Whitman.
Hojas de hierba.
Edición de José Antonio Gurpegui.
Traducción de José Luis Chamosa y Rosa Rabadán.
Austral Poesía. Espasa. Madrid, 2007.


Con Hojas de hierba Walt Whitman (1819-1892) rompe con el canon tradicional de la poesía y se convierte en un creador adánico, en uno de los fundadores de la contemporaneidad. Bloom lo colocó entre sus genios, al frente de la esfera de lo sublime. Con él, por distintas razones, García Lorca y Cernuda. Y entre su amplísima descendencia, no siempre reconocida, semejante en actitud y en talento, Derek Walcott.
El poeta de la tierra del atardecer- escribe Bloom- nos pasa y nos sobrepasa siempre. Esta edición recoge íntegra la mítica primera edición de 1855 e incorpora una selección de los poemas que se añadieron en reediciones posteriores. Una excelente excusa para el descubrimento o la relectura de un poeta joven y patriarcal, aquel viejo hermoso del que hablaba García Lorca.



Rafael Chirbes.
La buena letra.
Compactos Anagrama. Barcelona, 2007.


El amor y la muerte, la memoria y el dolor son algunos de los ejes temáticos y las claves intrahistóricas de La buena letra, una obra maestra y desesperanzada de Rafael Chirbes.
En la voz femenina de su narradora el autor reivindica la rebeldía y conjura sus propios fantasmas, esas sombras a las que dedica este libro inolvidable uno de los novelistas imprescindibles de la literatura española actual.

Santos Domínguez

18/12/07

Especial Navidades. Infantil y juvenil



Charles Kingsley.
Los niños del agua.
Ilustraciones de Linley Sambourne.
Traducción de Berta Roda y Denis Ryldberg.
Rey Lear. Madrid, 2007.

Publicada en 1863, dos años antes que Alicia en el País de las Maravillas, Los niños del agua se ha catalogado a menudo como un relato para niños aunque, como la novela de Lewis Carroll, supera los límites estrictos de la literatura infantil.
Apenas conocida en España, narra la historia Tom, un deshollinador de diez años, explotado por su amo. Un día cae por la chimenea de una casa de campo a donde ha sido llevado a trabajar y en medio de la confusión Tom huye hacia un estanque en el que, aparentemente, se ahoga. Pero no muere y se transforma en un niño del agua, que madura con ayuda de las hadas y las criaturas marinas hasta convertirse en un nuevo ser más libre y responsable.
Planteada como una novela de formación, Kingsley proyecta en ella su ideología socialista, su denuncia de la explotación de la niñez y su reivindicación de la fantasía como redención liberadora.
En 1889 se publicó una edición especial ilustrada por Linley Sambourne con bellísimos dibujos, tan inquietantes y sorprendentes como el mismo texto. Todos ellos se han incluido, por primera vez en España, en este volumen que rescata una obra imprescindible.



Teresa Durán.
A las buenas y a las malas.
Ilustraciones de Leticia Ruifernández, Gabriel Pacheco,
Paula Alenda, Nicolai Troshinsky, Violeta Lópiz y Beatriz Martín.
Anaya. Madrid, 2007.

En su colección de Cuentos, Mitos y Libros-Regalo, Anaya edita en gran formato una recopilación de historias que tienen como protagonistas a las hadas y las brujas y su mundo de fantasía o pesadilla. A las buenas -las hadas- y a las malas -las brujas-, a las que lo son y a las que se hacen.
Una selección de cuentos populares, tradicionales, folclóricos y clásicos junto con cuentos modernos y contemporáneos. Un recorrido por diferentes culturas que han dedicado a las hadas y las brujas, no sólo estos relatos que recogieron y adaptaron los hermanos Grimm, Andersen o Perrault, sino poemas, conjuros y recetas que ha recopilado, junto con los cuentos, Teresa Durán. Y todo ello subrayado por el excelente trabajo plástico de ilustradores de reconocido prestigio.




Jordi Sierra i Fabra
Kafka y la muñeca viajera.
Siruela. Madrid, 2007.


Durante tres semanas seguidas un año antes de su muerte, Franz Kafka escribe cartas para una niña desconsolada porque había perdido su muñeca en el parque Steglitz de Berlín. Con esas cartas un Kafka convertido ante la niña en cartero de muñecas, la consuela escribiendo febrilmente en nombre de una muñeca que ha salido de viaje y narra sus peripecias desde distintos lugares del mundo.




Charles Lamb.
El Rey Lear.
Traducción de Raquel Brezmes.
Ilustraciones de Alfredo.
Breviarios Rey Lear. Madrid, 2007.


Era un rey que tenía tres hijas...
Como en los viejos cuentos folclóricos e infantiles, el viejo Lear reparte su reino entre sus tres hijas. Como en todas las tragedias, en el principio fue el error. La falsedad interesada de Goneril y Regan, las dos mayores, asegura que le aman más que a sus vidas, pero Cordelia, la tercera, se niega a convertir su afecto en adulación y sufre destierro por ello. El monarca se acabará volviendo loco tras sufrir el desprecio de sus herederas y arrastrar su destierro por los páramos.
Hace ahora doscientos años, en 1807, Charles Lamb adaptó esta tragedia de Shakespeare para que pudiera ser leída por los jóvenes como un cuento.
Esta edición de Rey Lear, traducida por Raquel Brezmes, se acompaña de las ilustraciones de Alfredo.





A.N. Afanásiev.

Cuentos populares rusos.
I La bruja Yagá y otros cuentos.

II El anillo mágico y otros cuentos.

Ilustraciones de Violeta Lópiz y Nicolai Troshinsky.
Anaya. Madrid, 2007.

Afanásiev recopiló esta colección de cuentos populares rusos en el siglo XIX, y los adaptó a su prosa directa. Anaya los publica en dos tomos: cuentos de animales, cuentos maravillosos y cuentos de costumbres que mantienen hoy toda su viveza y su fuerza expresiva y muestran en sus argumentos cargados de fantasía y humor el alma tradicional de la vieja Rusia de los zares.


Mayra Vela Muzot

17/12/07

Navidades de libro. Poesía



José Manuel Caballero Bonald.
Somos el tiempo que nos queda.
Obra poética completa (1952-2005).

Seix Barral. Barcelona, 2007.


Tras la primera edición de 2004, y con la incorporación del Manual de infractores, Premio Nacional de poesía en 2006, Seix Barral reedita el corpus poético completo de Caballero Bonald: Los textos que aparecen en este volumen son, hoy por hoy, los que yo deseo que constituyan mi obra poética completa.
Desde Las adivinaciones al Diario de Argónida, entre Descrédito del héroe y Laberinto de Fortuna, una demostración irrefutable de esa capacidad autogenésica que Gimferrer ha destacado como una de las virtudes de la lengua poética de Caballero Bonald.




Rainer María Rilke
Nueva antología poética.
Prólogo de Jaime Siles.
Edición y traducción de Jaime Ferreiro Alemparte.
Austral Poesía. Espasa. Madrid, 2007.

En su remozada y creciente colección de poesía, Austral edita la Nueva antología poética de Rainer María Rilke (1875-1926), el más grande poeta alemán del siglo XX. Algunos –ha escrito recientemente Todorov- omitirían incluso la restricción que establece el adjetivo “alemán”.
Era poeta y odiaba lo impreciso. La precisión en el desciframiento de las claves líricas o simbólicas de esta poesía y la iluminación de la oscuridad rilkeana son algunos de los méritos de la edición de Jaime Ferreiro Alemparte, prologada por Jaime Siles, que afirma que el traductor de esta poesía difícil y exacta nos ha hecho entrar dentro de Rilke, vivir sus símbolos, leer su oscuridad.



Rubén Darío.
Obras Completas I. Poesía.
Edición de Julio Ortega y Nicanor Vélez.
Prólogo de José Emilio Pacheco.

Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.
Barcelona, 2007.

El primer volumen de las Obras Completas de Ruben Darío, con su Poesía completa, es el resultado de un trabajo de más de tres años de Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Dirigidas por el crítico Julio Ortega, autor de la introducción general de la obra, que en este primer volumen incluye también un prólogo de José Emilio Pacheco.
Sin el influjo determinante de Rubén, autor de una obra que con Azul y Prosas profanas cambió el rumbo de la poesía española e hispanoamericana, no hubiera sido posible nada de lo que vino después. La importancia de la renovación métrica y rítmica, su revitalización de la lengua poética lo sitúan en un nivel de influencia comparable sólo con Garcilaso. Los dos son los límites que marcan un antes y un después en la poesía en español.



Ives Bonnefoy.
Tarea de esperanza.
Antología poética.
Traducción de Arturo Carrera.
Pre-Textos. Valencia, 2007.

En edición bilingüe y con traducción de Arturo Carrera (Traducción es devoción), Pre-Textos publica una brillante antología de Ives Bonnefoy (1923).
Entre el Anti-Platon, que ahora cumple sesenta años, y Las tablas curvadas (2001), una amplia representación de la obra de quien está considerado por gran parte de la crítica europea como el más importante de los poetas franceses vivos, un escritor que mantiene la esperanza en la lengua y la poesía como elementos de transformación de la realidad: La poesía -ha dicho alguna vez- hace que pasemos del espíritu de posesión, impulsor de equívocos y guerra, al deseo de participación simple y directa en el mundo.




Juan José Almagro Iglesias.
El hombre bañera.
Bartleby Editores. Madrid, 2007.


Un libro de sorprendente fuerza visionaria y potentes imágenes. Sus poemas en prosa, organizados en cuatro olvidos, revelan una voz poética que asume riesgos y ahonda en la memoria con una lucidez que renuncia a la nostalgia.
Juan José Almagro Iglesias ha publicado en esta misma editorial dos excelentes traducciones de Sharon Olds y Billy Collins. Inevitable y felizmente, sus voces han dejado huella en un poeta que no se parece a ningún otro y en el que resuena también la influencia del tono hondo y en sombra de Antonio Gamoneda.



Salvatore Quasimodo.
Poesía completa.
Traducción de Antonio Colinas.
Linteo. Orense, 2007.

Llega a su segunda edición la Poesía completa de Salvatore Quasimodo que tradujo Antonio Colinas en edición bilingüe para la excelente colección de poesía de la editorial Linteo. Con ella obtuvo en 2005 el Premio Nacional de Traducción que otorga el Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia.
Quasimodo, que soñó y recreó en su poesía la imagen de su Sicilia natal como una isla de tradiciones y esencias griegas, reivindicó lo clásico y cultivó el hermetismo antes de verse sacudido por la Segunda Guerra Mundial y de evolucionar a una poesía más discursiva y afincada en el presente. La isla y el Mediterráneo, los caballos al galope y los pájaros en la noche forman parte de su imprescindible universo poético y de una obra levantada con mirada compasiva y versos oscuros o luminosos de una de las voces más notables de la poesía europea del siglo XX.





Kenneth Rexroth.
Cien poemas japoneses.
Traducción de Carlos Manzano.
Gadir. Madrid, 2007.

En su colección La voz de las cosas, la editorial Gadir continúa publicando lo mejor de la obra del poeta, ensayista y orientalista Kenneth Rexroth. Estos Cien poemas -que son más porque Rexroth no quería quedarse corto y porque esa inexactitud da buena suerte- ofrecen una delicada y excelente selección de la poesía clásica japonesa en la lectura creativa del norteamericano. La intensa concentración de la expresión poética, su aparente sencillez es un reflejo de la honda percepción de la naturaleza líquida y nocturna en la que se refleja el poeta. Las hojas del otoño, la nieve, la luna o el río son algunos de esos frágiles espejos.




Lo mejor de la poesía amorosa china.
Selección y traducción de Guonjian Chen.
Calambur Poesía. Madrid, 2007.


La poesía, el amor y China, los tres lados de un triángulo equilátero que lleva dentro ciento veintiséis textos de noventa poetas que han abordado el tema del amor en la literatura china entre el XVI a.C. y la actualidad.
La edición que publica Calambur la ha preparado Guojian Chen, un prestigioso hispanista vietnamita experto en poesía china, que firmó hace pocos años la que quizá sea la mejor antología que existe en español de un género muy popular en aquel país.
Entre la sugerencia delicada y el erotismo insinuado, se recoge aquí el resultado de treinta y seis siglos de escritura que han decantado una poesía en la que Carpe diem se dice Caen ciruelas al suelo y hay textos que recuerdan las letras de un bolero o el desengaño de un tango.




Pulir huesos.
Veintitrés poetas latinoamericanos
(1950-1965).

Selección y prólogo de Eduardo Milán.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2007.

Con selección y prólogo del poeta uruguayo Eduardo Milán, Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores publica una muestra amplia y variada de la última poesía latinoamericana. Veintitrés poetas nacidos entre 1950 y 1965 que trazan el mapa actual de un territorio extenso en el que conviven voces muy distintas, que se proyectan en temas y poéticas tan diversos como el continente en el que surgen: entre lo coloquial y la vanguardia, entre lo meditativo y lo visionario, una excelente noticia para los lectores de poesía de las dos orillas de la lengua española.


Manuel Machado.
Antología poética.

Edición de Arturo Ramoneda.
Alianza Editorial. Madrid, 2007.


Nada os pido. Ni os amo, ni os odio. Con dejarme,/lo que hago por vosotros hacer podéis por mí..., escribía en Adelfos el mayor de los Machado, que siempre pareció el más joven, por lo mismo que Lope parece más joven que Calderón.
Con selección, introducción y certeras notas de Arturo Ramoneda, Alianza edita en formato de bolsillo una generosa antología de un poeta sensual, epicúreo, decadente que supo poner en la alegría/ el ajenjo de la melancolía.



Yosa Buson.
Alada claridad .
Pre-Textos. Valencia, 2007.

Cincuenta haikus delicadísimos sobre vuelos diversos. Los escribió en el siglo XVIII el japonés Yosa Buson, poeta y pintor de Osaka. Sus conocimientos ornitológicos, su ciencia pajarera son el resultado de una mirada experta y un oído afinado en sus vagabundeos por los paisajes costeros o boscosos de la isla de Honshu. Un cazador de vuelos, cantos y momentos fugaces llenos de revelaciones. Para ese tipo de acechos, ningún género mejor que el haiku.


Santos Domínguez

16/12/07

Firmin


Sam Savage.
Firmin.
Traducción de Ramón Buenaventura.
Seix Barral. Barcelona, 2007.

Ahí estaba yo, ligeramente ladeado, en irrefutable detalle: bajito, ancho de cintura, peludo y sin barbilla. Firmin el Peludo. Ridículo. La barbilla, su ausencia, era lo que más daño me hacía. Parecía señalar -aunque, de hecho, semejante nulidad era incapaz de algo tan atrevido como señalar- una crasa falta de fibra moral. Y pensé que los ojos oscuros y protuberantes me conferían una nauseabunda pinta de sapo. Era, en pocas palabras, un rostro taimado y falto de honradez, indigno de confianza; el rostro de un personaje verdaderamente bajuno. Firmin el Sabandija.

Con estas palabras se describe a sí misma Firmin, la rata que protagoniza la novela de Sam Savage que ha revolucionado en los últimos meses el mundo de la narrativa. La publica Seix Barral con una eficaz traducción de Ramón Buenaventura, que conserva la frescura, la tierna inocencia y el amargo desvalimiento de este devorador de libros. Además, la novela va ilustrada con dibujos de Fernando Krahn, que ha captado con acierto el espíritu del personaje.

Como decíamos, Firmin es una rata que vive en los sótanos de una librería de Boston. Pero tiene poco de rata. Sabe leer, aprecia lo que lee y tiene un desarrollado sentido del gusto, en toda la extensión de la palabra (Bueno para leer, bueno para comer). Firmin es un ser triste, inadaptado, con un lúcido sentido de la diferencia. Es feo, distinto y sentimental.

Voyeur real y literario, pasa buena parte de su tiempo mirando por un agujerito y viviendo las experiencias ajenas en los libros que lee. Su vida clandestina y oculta nos recuerda al Jorobado de Nuestra Señora de París o al fantasma de la Ópera. Como ellos, Firmin es un ser extremadamente sensible que cae rendido ante la belleza de Ginger Rogers, a la que admira en sus correrías nocturnas por un cine de barrio.

Por sus páginas desfilan los libros de los que se alimenta Firmin, de Cervantes a Joyce, de Dickens a Henry Miller, ante los que la rata nos muestra sus preferencias y su respeto reverente por los Grandes.

Como en otros textos, la fealdad, la marginalidad, la debilidad física, se constituyen en causa de una profundísima tristeza y a la vez de una lucidez excepcional que a menudo encuentra su expresión en la ironía y el humor. En esta vida melancólica de Firmin hay poco sitio para la felicidad y este parece ser un terreno abonado para la literatura. Es como si el placer de la lectura fuera la secreta compensación de estas vidas, la secreta venganza de los feos.

La delicada conjunción de ternura, humor y melancolía nos recuerda a Chaplin, tan triste, tan perdedor, tan enamorado.

Publicado originalmente en una pequeña editorial de Minneapolis, ha suscitado tal entusiasmo entre sus lectores que la recomendación de su lectura ha corrido de boca en boca, de foro en foro y de chat en chat. Pocas obras literarias despiertan tanto interés en la red y tan entusiastas comentarios. El hecho de que en poco tiempo se haya constituido en un líder de ventas, sin necesidad de campañas mediáticas ni de grandes alardes publicitarios, devuelve al lector una independencia y una autonomía de la que en algunas ocasiones hemos llegado a dudar.

Firmin es un superventas, un libro popular que no por ello debe ser considerado como una muestra de subliteratura. Es una saludable muestra de esa clase de obras que pueden emocionar y divertir tanto al lector culto y formado como al profano y poco experimentado.

Es, sin duda, uno de esos libros que deseamos dar a conocer a las personas a las que apreciamos, el ideal para un regalo entrañable.

Rosalía Ruiz

15/12/07

Sexteto de Madrid


José Manuel Benítez Ariza.
Sexteto de Madrid y otros cuentos.
Hipálage. Osuna (Sevilla), 2007.


El cuarto libro de relatos de José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963), Sexteto de Madrid y otros cuentos, que publica la editorial Hipálage, reúne diecinueve textos. Los seis primeros están ambientados en un Madrid que no es sólo su referencia espacial sino su eje temático, como en otros textos de Benítez Ariza: en los poemas de Madrid y otros sonetos y en uno de los cuentos más ácidos de Lluvia ácida, que llevaba como título el nombre de la capital.

Si quien los escribe, como es el caso, lo hace desde fuera, desde una ciudad de provincias separada de ese espacio urbano por una larga noche de viaje en tren expreso y por un cierto alejamiento temporal, se impone la visión distanciada. El distanciamiento espacial, temporal y afectivo de ese territorio narrativo madrileño y de los personajes y acciones que lo habitan evita cualquier posibilidad de implicación costumbrista y garantiza una adecuada perspectiva narrativa.

De modo que, más allá de un realismo autobiográfico o fotográfico, estos textos tienen una dimensión simbólica menos escueta que los límites del barrio de Latina o los alrededores de Sol en los que se sitúan.

Por esos los textos de la segunda parte, con una ambientación más imprecisa o dispersa, no generan una ruptura con el Sexteto propiamente dicho. Aunque haya una mayor tendencia a la fantasía o incluso un tono kafkiano en alguno de esos relatos, como el espléndido Paladares, en general siguen construyéndose con la misma materia cotidiana, desde la misma mirada que observa las vidas precarias, dobles o desorientadas, la fragilidad problemática de las relaciones humanas y de pareja, los límites oscuros que separan el sueño de la realidad, mediante una técnica mixta que combina la observación con la imaginación.

Precisamente la incursión de lo fantástico en la realidad, la conmutación de vida y literatura, de realismo y onirismo ha tenido siempre en el cuento su mejor territorio narrativo. Son los pliegues de la realidad de los que habla su autor como la raíz de sus relatos:

Ciertas confluencias de calles, ciertos locales, ciertos rincones de la capital me han parecido siempre los decorados idóneos para esos pliegues de la realidad de cuya constatación surgen mis relatos. Un cuento no es sino el intento de acotar – y acaso agotar- lingüísticamente esos pliegues.

Benítez Ariza, que se define en la nota que cierra el volumen como un ladrón de historias, se mueve con solvencia y seguridad en este terreno del relato corto, que exige, como la poesía, sentido de la medida y de la intensidad y obliga a que los materiales más triviales demuestren la consistencia de su temple.

Variados en técnica y enfoque, esa tensión literaria que sitúa al relato cerca del poema la consiguen la mayoría de estos textos, que -como en la poesía- revelan tan buen oído para incorporar una palabra como para administrar los silencios.

Santos Domínguez