3/3/15

Xavier Seoane. Abre la puerta al mar


Xavier Seoane.
Abre la puerta al mar.
Reino de Cordelia. Madrid, 2015.

En aquella casa, suspendida milagrosamente sobre las olas en el promontorio más extremo del pueblo, había que retirarse en aquel momento, porque el mar remontaba tanto que sumergía el arenal, subía lentamente las escaleras exteriores, invadía la terraza, inundaba el umbral y comenzaba a trepar por las escaleras que ascendían al piso, sumiendo los cuartos y los objetos en una ensimismada y lenta navegación. Luego, subía al desván, revolvía los trastos amontonados y remontaba, chimenea arriba, hasta el punto más alto, donde la lengua de espuma rebosaba como el humear que los leños de roble producían en la lareira.

Esa casa anfibia, en el extremo atlántico de la Costa de la Muerte y Finisterre, es el eje de referencia de Abre la puerta al mar, una novela que Javier Seoane publicó hace quince años en gallego y que ahora, reescrita en castellano, publica en Reino de Cordelia.

A esa casa volverá en una nave de retorno Lolo, el protagonista, después de un destierro en el que comprendió una vez más que lo que los adultos llamaban realidad no eran hermosas leyendas de ciervos navegantes e islas encantadas a la deriva sino un vendaval que destrozaba cuanto encontraba a su paso.

Emparentada con el realismo mágico del Noroeste, con Valle-Inclán, con Cunqueiro, con Torrente Ballester, pero sobre todo con el mundo narrativo de Méndez Ferrín y su intensidad verbal, Abre la casa al mar superpone la realidad y la fantasía, reúne la historia y la leyenda para hablar de los Mallante, una extraña familia que habita en esa casa, en medio de un laberinto de medusas y murciélagos con el telón de fondo de la guerra civil y de la represión.

Una familia matriarcal presidida por la abuela Ada, de espesa cabellera de algas verdes, que vive en un lugar que no figura en los mapas y que pertenece a una nostalgia anterior al tiempo y la memoria, que echa al fuego hojas de roble y plumas de cuervo y se escapa por las noches al mar, guiada por el instinto y por sus ojos de delfín, que ven en la oscuridad.

Melchor, su hermano misterioso y violento; el abuelo Reymundo, que vuelve del mar con escamas y tentáculos de pulpo en la piel; su nieto Lolo, que respira burbujas  y come algas; Carmen, la madre de Lolo, que supo desde el parto que su hijo era un delfín y su destino era de sal... 

Una familia tan anfibia como la casa cubierta de algas y rodeada de espumas, donde los lenguados llegan al desván cuando sube la marea y aparecen en la orilla las ballenas errantes.

Una familia que es víctima de un peligro peor que el de las sirenas, que más que de carne se le antojaban como de algas y olían a nácar, y algo recordaban a las manzanas que maduraban en el desván: el triunfo de la alianza de las tinieblas y las ballenas del odio en un tiempo de naufragios y de represión, de inmersiones sin retorno.

Una familia y unos personajes que viven en una novela inolvidable narrada con una prosa de alta calidad sus destinos de pez o de niebla, de ballena o de medusa.

Santos Domínguez

2/3/15

El gran misterio de Bow


Israel Zangwill.
El gran misterio de Bow.
Traducción de Ana Lorenzo.
Ardicia. Madrid, 2015.


Todo empieza en Londres, en un amanecer invernal con niebla. Un sindicalista aparece asesinado a puñaladas en el cuarto de una pensión en el barrio pobre de Bow. A partir de ahí, El gran misterio de Bow, de Israel Zangwill, desarrolla una intriga creciente en torno a la torpe investigación oficial del inspector Wimp y a otra paralela, mucho más orientada en su lógica deductiva, del policía retirado George Grodman. 

Y personajes como la señora Drapdump, dueña de la pensión en la que el muerto convivía con otro sindicalista sospechoso del crimen, un poeta, un filántropo, un posible móvil amoroso o la desaparición del arma.

Con un espléndido manejo narrativo, están aquí los ingredientes del relato policial: la geometría del enigma, el astuto diseño de la trama, el humor sutil, el ingenio de Zangwill, su capacidad para la descripción de ambientes, la brillantez del planteamiento y del desenlace que destacó Borges.

Son algunas de las virtudes de una novela que, entre el cadáver inicial que exige el género y el desenlace imprevisto que lo remata, riza el rizo de la dificultad porque el crimen ha ocurrido en una habitación cerrada sin ningún posible acceso desde el exterior y no ha dejado pistas.

En sus páginas, varios personajes capaces de sostener la mirada y la atención del lector y un narrador que crea una espiral de intriga para hacerle intervenir activamente en la narración aventurando explicaciones al cómo, quién y por qué del crimen, acompañando al detective, usurpando su lugar o anticipando claves del misterio.

Aunque, señala Zangwill en la nota final, “el misterio que el autor siempre asociará con este relato es el de cómo consiguió cumplir el encargo de llevarlo a cabo.”

Con su inconfundible aire inglés, El gran misterio de Bow, que se publicó por entregas entre 1891 y 1892, es un eslabón entre las narraciones policiales de Poe y las novelas de Conan Doyle, un clásico poco conocido pero lleno de interés y sutileza que recupera Ardicia con una estupenda traducción de Ana Lorenzo.

Santos Domínguez


27/2/15

Jean Giono. Fragmentos de un diluvio


Jean Giono.
Fragmentos de un diluvio.
Edición bilingüe.
Traducción y prólogo de 
Ramón Ortega Ugena.
Vaso Roto. Madrid, 2014.


Tanto silencio…que se ve a los ángeles, escribe Jean Giono (1895-1970) en La caída de los ángeles, el primero de sus tres poemas fundamentales que reúne Vaso Roto en una edición bilingüe traducida y prologada por Juan Ramón Ortega Ugena, que alude en su prólogo al paisaje provenzal que está siempre al fondo de su obra, un paisaje “sin el cual no se puede entender ni la obra ni la personalidad de Giono”, en cuya obra –añade- aparece “la sencillez de una Alta Provenza vestida con una lectura lozana de los clásicos." 

Porque Giono se acoge en La caída de los ángeles a la tradición literaria de la angelología, con Dante, Milton y Blake como referentes de una épica visionaria, y convoca en sus versos la influencia de la Biblia y los clásicos griegos, de Hesiodo y el Antiguo Testamento para hablar de unos ángeles caídos que parecen una metáfora de los ejércitos alemanes derrotados:

No traen de su dominio de la altura 
bosques sedosos de plumas de pavo real, 
que desvelan anunciaciones,
en los cruces de caminos, 
en ángulos muertos de bastiones,
sobre polvorines de reductos,
para irisar el aire
florecer la sangre
iluminar las venas cavas, 
hacer sonar las cuerdas de las arterias
y cantar el corazón;
infundir la paciencia
encantada de los partos
a los lobos y centuriones,
helados sobre las garras y las espadas.

O presenta en Un diluvio a un Dios de la ira y la desmesura arengando a sus tropas angélicas, porque quiere llover en una mañana color miel. Es el Dios de las batallas que convoca al ángel del horizonte y al ángel de las aguas revestido de arcoiris y anuncia un diluvio que hará confundir una manada de ballenas con la cima de los Andes, cuando haya nidos de congrios en los cedros del Líbano y sargazos de anguilas en las secuoyas de Whitman, aunque no había arca ni barco, estaba sólo el corazón de Noé: 

Noé es todo hombre. Cualquiera.

Y en El Corazón-Ciervo, Giono nos lleva con su mirada alucinada del Génesis a los tiempos modernos de la mano de un Adán hermoso con sus venas y arterias que surgían de él como la cuerna surge de un ciervo. Es un Adán más ágil que el Arcángel en un incesante galope vertiginoso del corazón-ciervo.

En los tres poemas, escritos entre 1944 y 1947, tras la experiencia traumática de dos guerras mundiales y una detención por colaboracionismo, el estilo directo y la proximidad oral de su nivel expresivo son el cauce por el que circula el torrente de unas imágenes poderosas y visionarias, visiones que se desbordan en versos salmódicos de tono sapiencial que recuerdan al salmista.

La espléndida edición bilingüe que ha preparado Juan Ramón Ortega Ugena toma su título de la que se hizo en 1948 con los dos primeros textos -La caída de los ángeles y Un diluvio-, tres años antes de la publicación de El Corazón-Ciervo en la revista la Table Ronde.

El exigente objetivo del traductor –“he procurado que el verso respire”- queda cumplido con brillantez en la acompasada respiración en español de estos versos polisémicos, cercanos y complejos a la vez, que atrapan al lector con su raro poder hipnótico, con su alucinada suma de esperanza y de desolación, con su galope de ciervo de luz y de oscuridad:

Galopa, galopa.
La luna que rueda lentamente por encima de los huertos iluminando las manzanas; las inmensas avenidas en líneas rectas de polvo del sol con sus millones de cruces de arcoiris; el lecho donde el río jadea y sueña retorciendo sus brazos; el gimiente arado que remienda el terciopelo castaño del rastrojo raído de luz.

Santos Domínguez




26/2/15

Maupassant. Yvette


Guy de Maupassant.
Yvette.
Traducción de Luisa Juanatey.
Editorial Pasos perdidos. Madrid, 2014.

Pasos perdidos publica Yvette, uno de los relatos más significativos de Guy de Maupassant. El relato de una iniciación que hace un recorrido por la educación sentimental de una joven soñadora que debe renunciar a sus ilusiones y a un idealista proyecto de vida que la realidad se encarga de desbaratar.

Traducida por Luisa Juanatey, en esta novela corta Maupassant está a la altura de sus mejores cuentos, aquellos que le han hecho figurar, junto con Poe y con Chejov, en la trinidad de autores fundamentales de la narrativa breve decimonónica.

Maupassant no fue el más sutil de los narradores, pero sí uno de los más convincentes y poderosos en la creación de atmósferas y ambientes. Brillan aquí, como en sus mejores relatos, la técnica y el oficio de un narrador imprescindible. El pesimismo, la crueldad del mundo, las patologías de la conducta, el egoísmo y la venganza, la pequeñez de la clase media y la miseria moral y material de las clases bajas, la crítica de la hipocresía o la ironía amable de Maupassant recorre esta nouvelle con la potencia de su mirada introspectiva.

                                                                                                            Santos Domínguez

25/2/15

Virginia Woolf. La vida por escrito


Irene Chikiar Bauer.
Virginia Woolf. 
La vida por escrito.
Taurus. Madrid, 2015.

Me llamo Virginia Woolf. Atrápame si puedes: más que una evocación de uno de sus textos, puede considerarse un desafío lanzado a tantos lectores y admiradores de la escritora inglesa, quienes sienten que no pueden permanecer indiferentes ante el misterio de una vida y una obra que los interpela. Lo más curioso es que el convite proviene de alguien que defendió la filosofía del anonimato y nunca quiso dejar de ser una outsider; que rechazó la publicidad de su persona con la clara decisión de dejar que fuesen sus libros los que hablasen por ella. ¿Por qué, entonces, sentimos que nos desafía? ¿Qué nos lleva a desear conocerla, e incluso a creer, a veces, que lo estamos logrando?

Con esas palabras inicia Irene Chikiar Bauer la introducción  a su monumental ensayo Virginia Woolf. La vida por escrito, que publica Taurus.

El desafío de una escritora es el título de esa introducción que es una declaración de intenciones, un anuncio de lo que se va a encontrar el lector en casi mil apretadas páginas que van más allá de la mera biografía para trazar la imagen total de una escritora imprescindible y enigmática. 

Ese reto del enigma es el motor de siete intensos años de trabajo en los que la autora ha recorrido la obra narrativa de Virginia Woolf, sus miles de cartas, sus artículos y ensayos, sus diarios y los lugares en los que transcurrió su vida en busca de las claves vitales y literarias de una creadora en la que se cruzan constantemente la literatura y la vida -como sugiere el título del libro-, la bipolaridad patológica, la desazón intima y el reconocimiento público, la lectura y la escritura, la vida privada y los proyectos editoriales. 

Y justamente en esa zona de confluencias es en donde se hallan las claves de una de las aventuras creativas más exigentes, lúcidas y transcendentales de la primera mitad del siglo pasado. Una zona especialmente opaca, con el misterio de los días sumergidos o eufóricos, de fracasos sexuales y éxitos intelectuales, de desarreglos matrimoniales y desequilibrios psíquicos de alguien que parece estar en permanente huida y búsqueda del mundo y de sí misma. Lo explica así Irene Chikiar:

El primer desafío de esta biografía fue, entonces, escribir sobre la vida y la obra de Virginia Woolf para atrapar su peculiar individualidad. La de una mujer que nos legó, además de una extensa obra literaria, varios volúmenes de cartas y diarios personales. Estos materiales iluminan al biógrafo pero le plantean también una empresa ardua pues, al intentar abordarlos, tiene la sensación de sumergirse en un mar de textos en el que corre el peligro de ahogarse. A pesar de disponer de semejante cantidad de información, o por ello, Virginia se nos escapa de entre los dedos como un pez hábil y escurridizo, y mientras huye sigue diciéndonos “atrápame”. La seguimos con la vista y la vemos confundirse con otros peces, comenzamos a entender que de nada nos sirve capturarla, si no hacemos lo mismo con todo el cardumen: la familia, los amigos, las relaciones y el entorno.

Organizada en dos partes, una más somera que recorre la infancia y la adolescencia de Virginia Woolf en el mundo reglado y familiar de las postrimerías victorianas en que se forjó su educación sentimental, y otra mucho más extensa que rastrea exhaustivamente año a año su trayectoria –desde 1904 en que se independiza hasta 1941 en que se suicida-, La vida por escrito reconstruye en una integración panorámica su itinerario vital y su producción literaria en una obra coral en la que la figura plural de Virginia Woolf y su obra se levantan con un mosaico de voces que hablan en sus páginas. 

Y lo hace abordando casi día a día -con soltura y capacidad narrativa y no con seca erudición-, desde los diarios y las cartas, las claves personales, estéticas y ambientales que convirtieron a Virginia Woolf y al grupo de Bloomsbury en la expresión de la modernidad en la literatura inglesa, la brillante aventura editorial que bautizó como The Hogarth Press, los laberintos creativos y los desalientos de la depresión, las vacilaciones creativas y las dudas existenciales, sus relaciones con Leonard Woolf, Vanessa Bell y Vita Sackville, los paisajes campestres y urbanos en los que discurrió su existencia, las dos guerras mundiales que conoció, las crisis psiquiátricas y su reelaboración artística, su autoexigencia obsesiva, su fragilidad ante las críticas, su sexualidad problemática, su escritura sutil y renovadora o el proceso de creación de sus textos narrativos.

La verdad es que no se puede escribir directamente acerca del alma. Al mirarla se desvanece.

Entre esa cita, tomada de los diarios de Virginia Woolf, que abre la obra -como un reto que la justifica- y el espléndido álbum gráfico que la cierra, tras un nutrido aparato de notas, una abundante bibliografía y un índice onomástico que facilita la consulta rápida, transcurren las páginas de este estudio, orientado a evitar ese desvanecimiento de la autora y su obra, a afrontar con rigor y solvencia al desafío doble de la escritora y de su escritura, el análisis de una obra compleja y una personalidad más compleja aún, responde este extraordinario libro, tan imprescindible ya como la literatura de la autora que lo suscita.

Una autora sobre la que explica Irene Chikiar Bauer: difícil de encuadrar, su compleja personalidad es probablemente uno de los principales atractivos de Virginia Woolf. Durante su vida superó los obstáculos que se le presentaron con la inquebrantable decisión de ser leal a sí misma y con el convencimiento de que la literatura era esencial, ya que veía en ella la posibilidad de arrancarle sus secretos a la vida. Haberlo logrado la convirtió en una de esas personas singulares a las que llamamos artistas.

Santos Domínguez

23/2/15

Upton Sinclair. El fin del mundo

Upton Sinclair.
El fin del mundo. 
Traducción de Pablo González-Bueno
Hoja de Lata. Gijón, 2014.

Tras año y medio de trayectoria, Hoja de Lata consolida su presencia en el panorama editorial con una nueva apuesta por la literatura de calidad: El fin del mundo, una magnífica novela en la que Upton Sinclair (1878-1968) aborda la Europa de la Gran Guerra a través de la mirada extranjera de Lanny Budd, un muchacho norteamericano, hijo natural de un fabricante de armas, que comparte internado elitista en Dresde con los herederos de algunas de las familias más poderosas del continente.

Con una cuidada traducción de Pablo González-Bueno, sus más de setecientas páginas de amplio formato y largo aliento narrativo se leen con interés sostenido, no sólo por su agilidad periodística, sino porque en esa mirada distante del protagonista de esta hiistoria novelada proyectó Upton Sinclair en 1940 su propia perspectiva sobre muchas de las claves históricas, políticas y sociales que explican  aquel largo conflicto que cambió decisivamente el mapa del mundo.

Con El fin del mundo Sinclair iniciaba una larga serie de novelas en las que a través de la mirada precisa de Lanny Budd, que nace en 1900 y que acabaría como agente secreto en el centro de muchos acontecimientos históricos, analizó críticamente el panorama de la primera mitad del siglo XX con una lucidez que llevó a George Bernard Shaw a aconsejar la lectura de estas novelas testimoniales para conocer cómo fue aquel mundo. De hecho, su reflejo del nazismo en Los dientes del dragón mereció el Pulitzer en 1943.


Santos Domínguez

20/2/15

Mediodía en Kensington Park


Javier Sánchez Menéndez.
Mediodía en Kensington Park.
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2015.

Dónde está el centro del mar? / Por qué no van allí las olas?, escribía Neruda en El libro de las preguntas. 

Recuerdo esos dos versos mientras leo Mediodía en Kensington Park, de Javier Sánchez Menéndez, que publica La Isla de Siltolá en su colección Tierra.

Y es que, a diferencia del bosque o del parque, el mar no tiene centro. Un centro donde confluyen el pasado y el presente, lo interior y lo exterior, la realidad y el deseo. Un centro que está donde la armonía de la palabra y la verdad de la poesía, el resultado de una búsqueda sostenida a lo largo de los treinta poemas en prosa de ritmo alejandrino que culminan en el mediodía –otro centro- de Kensington Park, en Por el centro del parque, el último poema del libro, su cima y su centro:

Siempre es mediodía en Kensington Park. Suele ocurrir de noche. La duna va avanzando por el centro del parque.

La duna es la poesía, acababa de decir el poeta un momento antes. Y un poco antes aún: El poema es un sueño que empieza en mediodía.

Centro y mediodía. Espacio y tiempo. De Moguer a Londres, de Cádiz a Bloomsbury House, del paraíso perdido de la infancia a una madurez que habita en lo extraño, en lo ajeno y lo inarmónico, en un caos desde el que la escritura hace su personal big bang hacia ese otro centro que es el mediodía. 

Y el poeta viaja al centro de sí mismo con la luz congelada del instante a la vez irrepetible y eterno en este libro de búsquedas y viajes interiores. Un libro en el que coexisten la angustia y el mar imaginario, una nube con forma de poema y un pájaro de hielo, la verdad y su veneno, la materia de los sueños y la incertidumbre de las tardes blancas, los pájaros legibles y la esencia de la existencia.

Es la cuarta de las diez entregas del proyecto de obra en marcha que Javier Sánchez Menéndez titula Fábula. Por eso están aquí las nubes, los pájaros, los árboles y el bosque y un parque donde amanecía que habitaban las páginas de Libre de la tormenta, la entrega anterior.

Y entre la luz y la sombra, entre su sombra propia y su luz conseguida, el poeta tiene para este viaje sus brújulas y sus iluminaciones en el magisterio centenario de Nicanor Parra, en la claridad celeste de Claudio Rodríguez o en la sombra fecunda  de Luis Rosales.

Con una intensidad creciente, atraviesa estas páginas la emoción de una prosa tallada con suave cadencia alejandrina, de unas palabras que convoca la transparencia de la armonía y la luz de la mirada, el cansancio del mundo y la búsqueda del centro en un claro del bosque de María Zambrano, donde Rilke –otro maestro del sondeo en lo diáfano desde lo oscuro- reposa en sus palabras de luz y de silencio:

Siempre es mediodía en Kensington Park. No me aparto del centro para seguir tan vivo. Sentado en ese banco te esperaré sonriendo, mientras duren los tiempos podré amarte desnudo, sin nada entre las manos más que un libro de Parra y una rosa amarilla que en Londres he buscado.

Santos Domínguez

18/2/15

Millares Sall. No-Haiku


José María Millares Sall.
No-Haiku
Selección y prólogo de Juan Carlos Mestre 
y Miguel Ángel Muñoz Sanjuán.
Calambur. Madrid, 2014.

Recuperada desde la reedición en  2008 de Liverpool, la voz de José María Millares Sall (1921-2009) es una de las más potentes en el panorama poético de la literatura española de las últimas décadas.

Desde sus Cuadernos hasta el póstumo Krak, pasando por la espléndida antología Esa luz que nos quema de Selena Millares, la atención editorial sobre su obra ha sido constante y se concreta ahora en No-Haiku, una amplia muestra de haikus que publica Calambur con selección y prólogo de Juan Carlos Mestre y Miguel Ángel Muñoz Sanjuán.

Aparecen aquí, entre decenas de textos, poemas que contienen revelaciones como estas:

Pisa la huella 
donde ahonda la tarde 
su piel oscura.

O estas otras:

Pez. Filo de agua.
La navaja en el brillo 
del ojo. Salta. 

La de Millares es siempre una poesía movida por la ambición visionaria y por la potencia imaginativa. Y en estos haikus, que son un territorio abonado para la imagen, la percepción y la sugerencia, brilla especialmente la mirada que oscila entre lo exterior y lo interior para escribir una poesía que indaga en la realidad y en la memoria entre el juego y el fuego.

Palabra y luz, memoria y piedra, infancia de playas y azoteas, escaleras y alas, pájaros y celdas en una mirada que recuerda, se dirige hacia el interior o hacia el exterior, se eleva en el aire o excava en la sombra y plantea un diálogo constante entre la intimidad y un mundo laberíntico de túneles y pasillos.

La poesía sonámbula y visionaria de José María Millares busca la luz detrás de la piedra, es palabra vertical en vuelo frente al tiempo, la destrucción y el olvido. Es la verticalidad del ascenso espacial o del descenso de las excavaciones, en una poesía en la que luchan la luz y la sombra, entre la celebración y el desgarro, con un lenguaje que es sonido y sugerencia, respiración sutil de la palabra.

Con la contención y la depuración que exige la estructura del poema breve, habitan estos versos los temas habituales en la poesía de Millares Sall: la  luz y el tiempo, la búsqueda y el recuerdo, una memoria del espacio más que del tiempo y el chispazo que ilumina la realidad:

Quieto. En el ojo.
En su espejo. El vacío.
Eso que somos.

Una poesía atravesada por la constante libertad creativa que destacan Juan Carlos Mestre y Miguel Ángel Muñoz Sanjuán en su prólogo:

"Millares solo sostenido en la querencia por la esperanza de su propio sueño, silenciado en su invocación por las detonaciones del esperpento franquista y las frondosas esquirlas de su cumplida criminalidad, ejerció su razón de ser en las palabras ensanchando el ámbito de sus sentidos, la libertad como única conducta de su praxis, la desobediencia como transformación inteligente del hábito ante la esclerosis de la rutina. Y de ese asco al miedo, de esa entereza ante la borradura, nace la insumisión de su lenguaje, la bella dinamita de la percepción musical del mundo."

Como aquí:

Pájaro es tiempo.
La jaula está colgada 
de su silencio. 

O aquí:

Oculta el vidrio.
Líquido. El ojo espejo.
Trazos. Los signos.


Santos Domínguez


16/2/15

La peluca de Franklin


María José Codes.
La peluca de Franklin.
Menoscuarto. Palencia, 2014.

En La peluca de Franklin, que publica Menoscuarto, Maria José Codes reúne dos historias convergentes. Si la que sirve de base y da título al volumen evoca la anécdota de la peluca de Franklin en el mar durante un viaje secreto que hizo en 1776 con el objetivo de recabar el apoyo de Francia y España para la independencia de Estados Unidos frente a Inglaterra, la segunda se sitúa en el Madrid de 2014.

Mediante una técnica contrapuntística que comunica con habilidad ambos relatos con admirable sutileza, la narradora experimentada que es María José Codes construye una novela ágil cuyo desarrollo mantiene el interés del lector.

Un interés sostenido o creciente en torno a una trama en la que los lentos viajes marítimos del pasado histórico se convierten en un presente vertiginoso de ideas gaseosas y sucesos que se desvanecen al minuto en el torrente de informaciones de la actualidad.

Porque, como en su anterior Control remoto, la autora vuelve a explorar en esta novela las relaciones humanas en el marco de la sociedad tecnológica y de la sobreinformación.

Santos Domínguez

13/2/15

Ruiz Amezcua. Del lado de la vida

Manuel Ruiz Amezcua.
Del lado de la vida.
Antología poética (1974-2014).
Prólogo de Antonio Muñoz Molina.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2014.

Nuestros viejos dolores enterrados
salen del desecho de la historia,
del botín de los vencedores
robado a los vencidos.

Con el dolor cristalizado,
el desprecio del mundo
nos convierte en culpables.

Nunca nos quiso nadie.

Así termina "Sangre derramada", uno de los poemas de La resistencia que Manuel Ruiz Amezcua ha incluido en Del lado de la vida, la antología poética que recoge cuarenta  años de creación en un volumen editado por Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores con un prólogo ("Manuel Ruiz Amezcua y la alegría de decir no") de Antonio Muñoz Molina.

Están en ese texto algunas de las constantes temáticas y literarias de un autor en cuya obra se reúnen, dice Muñoz Molina, la denostacion más acusadora y la afirmación de la ternura, el flujo del verso tan natural que hasta finge el descuido o el puro prosaísmo.

Una larga trayectoria, a la que este volumen añade varios poemas inéditos en la sección final, que aúna la perfección formal y la intensidad emocional en una poesía civil, una poesía de ideas a la que aludió García de la Concha para definir estos textos encauzados entre el ritmo solemne del soneto y la agilidad del octosílabo y su estilo directo.

El amor y la muerte, la esperanza y la memoria, la denuncia de la injusticia y la elegía de los sueños vencidos son los temas que recorre la obra de Ruiz Amezcua desde Humana raíz hasta La resistencia, un título significativo de la “furia afilada” con que define Muñoz Molina la poesía de un autor que se pone -pese a todo- del lado de la vida. 

El amor de Atravesando el fuego, los abismos existenciales de Las voces imposibles, la denuncia en Contra vosotros, libros centrales en la poesía de Ruiz Amezcua, resumen gran parte de las claves temáticas y estilísticas de una obra en la que la insumisión y la desobediencia, la resistencia y el testimonio construyen una poesía de expresión descarnada en la que conviven la protesta y la emoción, la reflexión y el desengaño.

Y todo ello con la tensión emocional y el desgarramiento expresivo que refleja este Nietos de la ira:

Nunca nos abandonó el miedo,
ni el hambre,
ni la inseguridad,
ni el frío del desamparo.
Nunca nos abandonó
la tristeza de la separación.

La angustia era nuestra madre
y crecía en nuestra casa.

Un lastre doloroso
nos iba convirtiendo en hombres.

Tuvimos la mirada abierta
y la sonrisa limpia.

Tuvimos esperanza, y la perdimos.

Sin saber por qué
nunca fuimos niños.

Crecíamos solos.
Estábamos solos.

Vivimos abandonados.


Santos Domínguez