24/10/14

Ángel García López. El río de mis ojos


Ángel García López.
El río de mis ojos 
Antología Poética (1963-2013).
Edición y prólogo de Tomás Rodríguez Reyes.
Epílogo de José Jurado Morales. 
La Isla de Siltolá. Colección Arrecifes. Sevilla, 2014.


Esa figura joven, cuyos ojos abarcan todo el cielo y el mundo,
extiende su piel blanca, que es la misma hermosura, al gozoso horizonte;
lapida así la brisa su perfume nocturno al que corre a abrazarse.
Crece en ella a la playa una oculta armonía, un soplo con que enciende 
la dama de la noche que la verja clausura y la huella de pájaros 
que a la luz se resisten sosteniendo el crepúsculo.

Así comienza Mientras suena la lluvia sobre el ala de un pájaro, un poema inédito de Ángel García López perteneciente al libro Última Arcadia.

Aparece en la antología poética El río de mis ojos, que acaba de publicar en su colección Arrecifes La Isla de Siltolá con edición y prólogo de Tomás Rodríguez Reyes y epílogo de José Jurado Morales.

Una antología que recoge cincuenta años de poesía en torno un eje temático, el Sur como “territorio de resonancias -explica Tomás Rodríguez Reyes- que no abandona en ninguno de sus libros.” 

Los atributos fundamentales de ese tema están también en ese poema inédito: el mar, la luz, el cielo, la infancia, los pájaros, el mito y la memoria proyectados en el paisaje atlántico.

Ese hecho confirma la coherencia de la poesía de Ángel García López, que por encima o por debajo de su variedad temática y estilística responde a una profunda unidad.

Se trata, como señala el antólogo, de “una poética del espacio, una ensoñación individual que se funde, a la manera romántica, con el paisaje mismo.”

En el epílogo, José Jurado Morales subraya “la singularidad de un poeta que ha vivido y vive para la poesía con la clara conciencia de que un escritor forma parte una larga tradición de maestros, con la convicción de que en el principio -también en el origen de la literatura- fue el verbo, y con la firme voluntad de alcanzar la belleza a partir de la construcción artística de lenguaje.”

Lo refleja García López en uno de los Veinte apuntes para una poética, que no se reeditaban desde 1980 y que se incorporan en esta edición.

En uno de ellos describe el poeta el objeto de su escritura: 

Belleza-verdad-hombre, todo unido. Belleza, don posible, que niega y se rehúye y, al fin, frágil, se entrega.

A la diversidad temática y a la riqueza estilística de la poesía de García López se suma, como en su maestro Gerardo Diego, la coexistencia armónica de lo antiguo y lo moderno, del rigor métrico y la libertad del verso libre, de la contención clásica del soneto y el desbordamiento expresivo del versículo.

Con tonos distintos, conviven en esta poesía la expresión directa y la metáfora elaborada, la melancolía de Elegía en Astaroth y la exaltación del presente de Auto de fe, la elegía de Memoria amarga de mí y la oda de Mester andalusí. 

Y hasta de vez en cuando la sátira, como en este divertido soneto de Ópera bufa, una crítica ácida e intemporal del mundillo literario y sus envidias. Un soneto que podría haberse escrito en el XVII o pasado mañana:

RECETA DE PACIENCIA Y DE CONSUELO 
CON QUE SANARSE DE LA ENVIDIA PUTA 


Anónimo gaditano, siglo XX 

Te embisten por la espalda dos pitones.
Cornudo, ¿qué hice yo? Cuando parece 
lograste el quite, el toro más se crece
buscando el bulto de los pantalones.

Y cuando piensas que acabó, montones:
media docena, una docena, trece,
catorce, quince... Y siempre otro aparece 
para asestarte un par de cornalones.

Y todo porque ven tu escribanía 
con éxito. Si tonto, Fabio, fueras 
ninguno te envidiara, ni uno solo 

así que tú a tu cosa, a tu poesía.
Mándalos al carajo por gaoneras.
Y que te sigan ordeñando el bolo.


Santos Domínguez

23/10/14

Joan Vinyoli. La mano del fuego



Joan Vinyoli.
La mano del fuego.
Edición y prólogo de Jordi Llavina.
Traducción de Carlos Vitale.
Candaya. Barcelona, 2014.

Soy un alto horno lleno de mineral 
que se vuelve líquido fuego, ardor vivo. 
La sangre de hielo, hace poco muda y cautiva, 
corre bullendo cantando su caudal. 

El astro ya muerto y el árbol y el animal 
que soy en uno la mano del fuego separa. 
La escoria encima, el resto se ha hecho clara, 
rica materia para lo más alto 

que yo no sé pero que me convierte otra vez 
en comienzo, lóbrego sollozo primero, 
paso inexperto en el corazón de las tinieblas. 

Tambaleándose aún con ojos de noche, 
por el negro bosque mi voz celebra, 
fulgura mi silencio lleno de grito.

De ese soneto toma su título la espléndida antología bilingüe preparada por Jordi Llavina y traducida por Carlos Vitale con la que Candaya hace una aportación admirable al centenario de Joan Vinyoli (1914-1984), un poeta que como su maestro Carles Riba ha influido no sólo en la poesía catalana del siglo XX, sino en la obra de muchos poetas en castellano.

La obra poética de Vinyoli, “turbadora y luminosa a la vez”, como señala Jordi Llavina en el prólogo, tiene su centro en la experiencia de la temporalidad, en la suma de paisaje y memoria, de meditación sobre la fugacidad y las devastaciones en la voz de quien se vio a sí mismo como un hombre cargado de sombras.

Poesía del correlato objetivo y de la analogía que usa como método de conocimiento la imagen y como forma de expresión la metáfora, conviven en ella la contención expresiva y la reflexión sobre realidades concretas y próximas, como la bola de billar de Juego, un poema de Domini màgic:

Me he vuelto una bola de billar 
de marfil que rueda empujada siempre
por el taco siniestro y, dolorosamente, 
topando contra las bandas del rectángulo, 
es repelida con seca violencia, 
sin parar.
                   Ya no puedo jugar más, retírame 
del fieltro verde, jugador empedernido, 
déjame sentir cómo van cayendo las horas, 
cómo cesan el ruido y el movimiento, 
cómo, inactivo, el marfil se hace cera, 
que fundirá, al final, la mano del fuego.

Es un viaje de ida y vuelta de lo cotidiano a lo metafísico, de lo concreto a lo abstracto, de la contemplación del paisaje a la meditación existencial, un diálogo en el que el poeta se mueve entre la mirada y la reflexión para proyectarse en las cosas.

Y a la vez la realidad se instala en el interior del poeta, que asume así las herencias del Romanticismo y el Simbolismo para integrarlas en su propia experiencia existencial y para enraizar su poesía en la mirada más honda hacia la realidad.

Lo explicaba Vinyoli en el prólogo de uno de sus primeros libros, El callado, de 1956, en pleno auge de la poesía social: “La poesía es siempre simbólica, hasta cuando el poeta se expresa de una forma directa. Si es verdaderamente poeta, alude a otra cosa o realidad espiritual.” Con esa declaración no sólo se desvinculaba del realismo testimonial. En ese mismo prólogo resumía su forma de vivir la poesía “como un misterio casi religioso.”

En medio de un paisaje amenazante con lobos, a través de los gusanos de seda o el gallo de una veleta, de un molino incansable o un tablero de ajedrez y sus juegos / para aplazar la muerte, la actitud de Vinyoli se sitúa en la tradición indagatoria del poeta órfico que ilumina la realidad y huye de las apariencias, en una forma de escritura en la que la palabra evoca, inquiere y no designa mientras corren/los árboles ciegamente hacia la noche.

Esta cuidada antología esencial resume en sus 33 poemas la trayectoria de una escritura a la que Vinyoli se dedicó con intensidad creadora, con rigor y exigencia verbal, con silencios prolongados y cambios que jalonan una obra viva y en constante y coherente evolución, una obra homogénea en la actitud del poeta hacia la palabra, en su intensa relación con la realidad, en la hondura de su lúcida concepción de la poesía.

Y sube una certeza del subsuelo 
como el verdor compacto en primavera.
En la casa impalpable todo se detiene.

Con La mano del fuego, editada con la impecable elegancia habitual en Candaya y con la muy afinada traducción de Carlos Vitale, se ofrece al lector una nueva oportunidad de releer o de descubrir a un poeta imprescindible, autor de una obra que marca una de las cimas de la poesía contemporánea.

Santos Domínguez

22/10/14

Von Rezzori. Sobre el acantilado y otros relatos


Gregor von Rezzori. 
Sobre el acantilado y otros relatos.
Traducción de José Aníbal Campos.
Sexto Piso. Madrid, 2014.

Este año se cumple el centenario del nacimiento de Gregor von Rezzori, un escritor portentoso del que Sexto piso acaba de publicar tres novelas cortas traducidas por José Aníbal Campos en el volumen Sobre el acantilado y otros relatos. Tres obras –El cisne, Sobre el acantilado y “Afanjáuer” o La prolongación del amor por otros medios- que no se habían traducido al español hasta ahora. 

Austríaco, rumano, apátrida y políglota como sus personajes, Gregor von Rezzori (1914-1998) nació en Chernovitz, en la Bukovina, una región del Imperio austrohúngaro, una Babel fecunda y ambigua en la que convivían rusos, judíos, alemanes, rumanos y comunidades de gitanos.

“Tengo la Babel de esta fabulosa tierra en mis oídos: rumano, ucraniano, alemán, yídish, polaco, magiar, armenio...”, diría Von Rezzori de aquella ciudad que inspiró la Chernopol en la que situó la primera de las tres novelas que forman, su monumental La gran trilogía.

Como un extranjero profesional define Magris a Von Rezzori, que se instala en el canon de la tradición austrohúngara con un referente fundamental, el Musil de El hombre sin atributos. Menos epígono que precursor, Von Rezzori evoca y recrea un mundo que había desaparecido definitivamente con el nazismo y la Segunda Guerra Mundial pero que empezó a desaparecer justo en 1914, con el estallido de la Gran Guerra.

Quien se definió como mezclador de épocas reunió en su obra el presente y el pasado, la narración y la memoria para convertirse en espectador distante e irónico de ese mundo crepuscular que Magris llamo exmundo y que está entre la ruina y el humus.

El narrador de sus obras, distante y cercano, escribe desde la ambigüedad de una voz impostada que es también la voz de la memoria personal de su autor, matizada por el tiempo y afectada por la fabulación. De ahí la peculiar mezcla de estilos y enfoques, de épica y lírica, de objetividad y subjetividad, de mirada interior y exterior que recorre estas tres novelas breves de su última época creativa.

La desaparición de un mundo es el telón de fondo de la pérdida de la infancia en El cisne, epílogo tardío a Un armiño en Chernopol, la primera de las obras de La gran trilogía, una novela dedicada a la memoria de su padre, una reconstrucción de su infancia y adolescencia en Chernovitz y una evocación del conocimiento de la muerte y el sexo por parte del narrador adolescente que echa de menos una edad desaparecida para siempre. 

En Sobre el acantilado lo grotesco se impone sobre lo irónico en un relato emparentado con Edipo en Estalingrado y centrado en un artista paranoico -no escritor sino tallista de vírgenes-, obsesionado con las enfermedades venéreas y envuelto en una sorprendente peripecia.

“Afanjáuer” o La prolongación del amor por otros medios es una crítica del terrorismo en Italia en los años 60 y 70 y de la alta burguesía en torno a Villa Rosalia y a un muchacho de buena familia.

Escéptico y apátrida, Von Rezzori vuelve a brillar en estas tres novelas cortas como potente creador de atmósferas con una prosa de enorme calidad, con una mezcla magistral de tensión narrativa y fuerza documental, siempre a medio camino entre la nostalgia y la ironía crítica, con una ambivalencia que proyecta en toda su obra narrativa, que entiende y practica como perfección de la autobiografía. 

Santos Domínguez

20/10/14

Caminos anfibios


Ernesto Calabuig. 
Caminos anfibios.
Menoscuarto. Palencia, 2014.

Un domingo tranquilo y soleado de primavera, como en La condena de Kafka, comienza la acción de Caminos anfibios, el cuento que abre y da título al conjunto de trece relatos de Ernesto Calabuig que publica Menoscuarto.

Ese domingo es el punto de partida del diario de Marie Baumann, que en el cajón no es ya un ser inerte, es el corazón abultado y poderoso de un frío anfibio. Y como los caminos de ese cuento inicial, los textos del libro se mueven en un terreno de nadie y hablan de ritos de paso y tránsitos en los que los personajes llegan por sendas anfibias a lugares inesperados.

A caballo entre relatos largos como Del ahogarse en un vaso de agua o Nocturno del Ruhr y microrrelatos como Última instantánea, ese itinerario peligroso que los anfibios recorren instintivamente cada primavera se convierte en una metáfora que resume estos cuentos en los que los personajes afrontan un camino que les lleva de una realidad a otra; de una edad a otra;  de un territorio a otro; de la vida a la muerte o del amor a la infidelidad.

Las relaciones de pareja, el tiempo y la memoria de unos personajes que buscan la noción de lugar en estos relatos de estructura abierta, anfibios también porque se mueven entre la vida y la literatura, entre la ficción y la autobiografía, entre la reflexión y el sentimiento, sólidos en su construcción y en su mirada hacia dentro y al mismo tiempo dotados de la levedad que les aportan las sugerencias y las elipsis de sus finales abiertos.

El aire alemán que recorre la atmósfera, los paisajes y los interiores de estos textos, densos y ligeros a un tiempo, acaba afectando también a su estilo denso e introspectivo, siempre absorbente para el lector.

La vida en unas líneas, como titula Ernesto Calabuig uno de los mejores relatos de estos Caminos anfibios.

Santos Domínguez

17/10/14

Francisco. Canto de una criatura

Alda Merini.
Francisco.
Canto de una criatura.
Traducción de Jeannette L. Clariond.
Prólogo de Gianfranco Ravasi.
Vaso Roto. Madrid, 2014.


Al igual que Saulo de Tarso 
fui desarzonado,
fui arrojado al suelo,
y milagrosamente me levanté desnudo.
Desde entonces, cada elemento terrenal 
alcanzó un resplandor incomparable.
Vi el significado del agua, 
el porqué sin culpa 
de la brizna de hierba 
que arde bajo el sol.
Comprendí el placer de un pie desnudo 
que devora una tierra llena de aspereza 
y que siente las espinas
como las espinas de Dios.
Día tras día,
he vivido el calvario
y mi locura 
ha entusiasmado a muchos.

Con una voz que reúne en la ambigua identidad de la primera persona el yo lírico de Francisco de Asís y el mundo poético de la autora, Alda Merini (Milán, 1931-2009) escribió en sus últimos años Francisco. Canto de una criatura, que acaba de publicar cinco años después de su muerte Vaso Roto en edición bilingüe con traducción de Jeanette L. Clariond y prólogo de Gianfranco Ravasi.

Y así como en Cuerpo de amor Alda Merini fundía mística y erotismo, espíritu y carnalidad, en estos poemas levanta un emocionado retablo en el que se conjugan la pobreza y la locura compartidas por el sujeto real y el sujeto poético y la desnudez del despojamiento se convierte en humildad expresiva.

Porque si el centro explícito de estos poemas es el canto franciscano de quien renunció al mundo, Alda Merini proyectó en esa figura lo esencial de su propio universo vital, la mirada de quien también cree que "en la fe está el total abandono a lo indescifrable y a nuestro mejor yo."

Y es esa identificación implícita, esa confusión deliberada la que hace que estos poemas vayan más allá de la mera evocación hagiográfica de una figura fundamental en la espiritualidad occidental para convertirse en el resumen sereno de la propia actitud vital de la escritora, en su autobiografía poética:

¿Sabes que el tormento es voz?
¿Sabes que el dolor canta?
Me incliné sobre ti, 
lavé tus llagas 
y descubrí la música, 
la música del dolor.
Además lo he dicho, 
y tú me miraste 
como se mira a un loco. 
Jamás pensaste que tú, 
oculto en la inmundicia, 
pudieras estremecerme de amor.

Con esa potencia conmovedora crece este canto elaborado por Alda Merini para ponerlo en los labios de  aquel juglar de Dios, aquel hombre alejado del animal lleno de miedo que era su cuerpo:

Pero antes
he oído a todos los animales del mundo,
todos los suspiros de odio y amor.
Me sentí lleno de caballos desbocados 
que corrían 
hacia la meta del Reino.

Santos Domínguez

15/10/14

Kenneth Rexroth. Cita con los clásicos


Kenneth Rexroth.
Cita con los clásicos.
Traducción de Federico Corriente.
Pepitas de calabaza. Logroño, 2014.

En una esmerada edición, con  traducción de Federico Corriente, Pepitas de calabaza acaba de publicar Cita con los clásicos, un libro esencial de Kenneth Rexroth, de quien ya había aparecido en esta misma editorial Desconexión y otros ensayos.

Rexroth, quizá más conocido como poeta y como antólogo de poesía japonesa y china, es también un poderoso ensayista, del que Ken Knabb decía: “Es uno de mis poetas favoritos, pero como ensayista, considero que su talento es inigualable. No conozco a otros tan vivos, tonificantes y contundentes, y a la vez con un espíritu tan abierto y sano.”

Algo que salta a la vista en esta Cita con los clásicos, que propone un recorrido por esos “ejes de referencia” a los que se refirió Ezra Pound en El ABC de la lectura, como recuerda Bradford Morrow en el epílogo de esta edición.

Lo que más llama la atención en este volumen es la amplitud de perspectivas genéricas y espaciales con que Rexroth aborda el panorama de los clásicos, integrando las literaturas orientales y la tradición occidental que arranca de Homero en un periplo a través de todos los géneros: de la narrativa a la lírica y del ensayo al teatro, del libro de viajes a la literatura memorialística pasando por la historiografía.

Esa mirada comprensiva y abarcadora permite que un lector privilegiado como Rexroth descubra en estos textos la red de relaciones que establecen los distintos clásicos en un diálogo enriquecedor que ilumina el conjunto y conecta a unos clásicos con otros.

Rexroth advierte en la introducción de que hay clásicos serenos e idílicos pero los clásicos más representativos son tragedias porque la vida es trágica. No hay ningún clásico optimista que nos diga que todo sucede para bien en el mejor de los mundos posibles y que todo va ir cada vez mejor.

Desde el mesopotámico Poema de Gilgamesh, la primera narración que se conserva y “el primer ego consciente”, hasta el teatro de Chéjov; desde la potencia meditativa del Libro de Job a la ambigüedad de La tempestad; desde La Orestiada y su aprendizaje del sufrimiento hasta el sentimiento trágico de la vida en las novelas de Dostoievski; desde la perfección de Edipo rey hasta la ironía compasiva de Flaubert; desde la grandeza de espíritu de Lucrecio a la excelencia poética de Du Fu; del talento en estado puro de Casanova a Stendhal como maestro del bonapartismo narrativo; de Baudelaire y la poesía como sacerdocio visionario a la contemplación como actividad moral en Whitman, de la autoconciencia de Don Quijote a la construcción de la persona en Shakespeare, se habla en estas páginas memorables de la virtud disolvente de los héroes y su destino trágico, de la poesía como critica simbólica de los valores establecidos, de la intensidad de la vida que reflejan los clásicos desde el difícil equilibrio entre lo intelectual y lo sentimental que hay en todos ellos.

Clásicos de los que se podría decir lo que escribe Rexroth a propósito de los poemas homéricos: Obras de arte unitarias que abordan la experiencia universal con una profundidad, una amplitud de miras y una intensidad insuperables.

Santos Domínguez

13/10/14

Breve historia de la literatura española


Carlos Alvar, José Carlos Mainer y Rosa Navarro.
Breve historia de la literatura española.
Alianza Editorial. Madrid, 2014.

Diecisiete años después de su primera edición en 1997, aparece en El libro de bolsillo de Alianza Editorial una nueva versión revisada y ampliada de la Breve historia de la literatura española.

La puesta al día de la bibliografía, la incorporación de muchos recursos que ofrece internet, una nueva redacción de los capítulos dedicados a la literatura de estos últimos cincuenta años y una actualización que recoge obras publicadas en 2011 y 2012 son algunas de las novedades más significativas de esta segunda edición.

Una nueva edición que –como indica la Nota editorial- es el resultado de actualizar el texto “de acuerdo con la evolución del panorama de los estudios referentes a este ámbito, tarea a la que los autores se han entregado, nuevamente, con tanto entusiasmo como acierto.”

Organizada en tres bloques -la literatura medieval a cargo de Carlos Alvar, la Edad de oro, de la que se ocupa Rosa Navarro, y la época contemporánea que analiza José Carlos Mainer-, la variedad de sus enfoques metodológicos se proyecta sobre ochocientos años de creación: de la lírica tradicional anónima de la Edad Media a las novelas de Isaac Rosa o Manuel Longares; de la indefinición de los géneros medievales a la disolución de las fronteras genéricas en los textos posmodernos; de la dignificación literaria de las lenguas romances a la recepción de la vanguardia, pasando por la revolución poética del Renacimiento o la sociabilidad de la literatura ilustrada.

Sus casi ochocientas páginas evitan el esquematismo e invitan a la lectura demorada mientras reflejan los ocho siglos de existencia de la literatura española entre la unidad del idioma que le sirve de vehículo y la variedad de las tendencias estéticas que fija el canon crítico o el gusto del público, cuya evolución se sigue paralelamente a la de los contextos históricos e ideológicos.

Completado con una cronología y con un índice onomástico que facilita también la consulta rápida sobre un autor concreto, se ofrece aquí un panorama general en el que no faltan el rigor ni la profundidad en el análisis de obras y épocas atendiendo a la recepción, al autor y al contexto para resumir el cambiante concepto de lo literario, la evolución histórica de las ideas literarias o las variaciones en la mentalidad de las épocas o en la sensibilidad de los lectores. 

Así resumen su labor los autores en el Preliminar que abre el volumen:

Unidad y diversidad. El lector se va a poder encontrar aquí con todos los autores importantes de nuestra literatura que se han expresado en castellano, pero también hallara una recreación de las circunstancias históricas y de la tradición literaria en la que esos escritores se insertan. Tiene, pues, en este libro las claves para comprender mejor una parte del pasado y del presente, para seguir el proceso evolutivo de los cambios de mentalidad, y para conocer más de cerca a quienes han utilizado nuestra lengua con mayor acierto, con más sensibilidad, los que han servido de modelo o han marcado un camino; en definitiva quienes han configurado en gran medida nuestra forma de ser y de pensar.

Santos Domínguez

10/10/14

Adonis. Epitafio para Nueva York


Adonis. 
Epitafio para Nueva York.
Traducción de Federico Arbós
 Nórdica Libros. Madrid, 2014.


NUEVA YORK,
mujer, estatua de mujer
que alza en una mano un harapo llamado libertad,
una hoja de papel que llamamos historia,
mientras con la otra estrangula a una niña
cuyo nombre es Tierra.

NUEVA YORK / HARLEM
¿Quién viene en guillotina de seda, quién va en ataúd a lo largo del Hudson?
¡Derrámate, ritual del llanto! ¡Cicatrizad, cosas de la pena y el cansancio! Rosas, jazmines, lo azul, lo amarillo y la luz afilan sus agujas y en la punzada nace el sol. ¿Ardiste, ay, herida oculta entre muslo y muslo? ¿Llegó a ti el ave de la muerte y escuchaste el último estertor? Una soga y el cuello trenzan la tristeza. En la sangre, la hiel del tiempo...

Son dos de los poemas de la primera de las diez secciones de Epitafio en Nueva York, el libro de Adonis que publica Nórdica Libros con traducción y prólogo de Federico Arbós.

Adonis, seudónimo de Alí Ahmad Said Esber (Qassabin, 1930), es uno de los renovadores de la poesía árabe contemporánea, a la que ha puesto en contacto con la poesía occidental. Poesía de la encrucijada, del mestizaje cultural de dos tradiciones: la grecolatina y mediterránea y la árabe pagana y clásica en una fusión que se expresa en la asimilación de los lenguajes poéticos más renovadores del siglo XX, del expresionismo al superrealismo, que se integran con esquemas métricos y rítmicos de la poesía oral árabe: 

"Reivindico toda la herencia mediterránea, pero además formo parte integrante de la cultura universal, de Oriente hasta Occidente. La única especificidad que me reconozco es mi lengua y mi subjetividad. Pero, por medio de ellas, trato de abrirme a lo universal."

Sirio de nacimiento y libanés de elección, Adonis explicaba con estas palabras el sentido del seudónimo que utiliza: 

“Al cambiar un nombre muy musulmán –Ali– por otro sin relación con el Islam –Adonis–, asumía y reivindicaba una trayectoria hacia lo universal. Al firmar así, salía de una tradición petrificada y accedía a una libertad más amplia.” 

Este es mi nombre, la versión definitiva de Un tiempo entre la rosa y la ceniza, que Adonis publicó en Beirut en 1971, recogía tres poemas largos; uno de ellos es este Epitafio para Nueva York que ahora se publica exento en Nórdica Libros con el complemento de otros dos poemas de tema y tono similares: Garganta de piel roja y Paseo por Harlem, dos reivindicaciones de la negritud afroamericana que Adonis escribió en 1996 y 1997, un cuarto de siglo después del Epitafio, y con motivo de una estancia como conferenciante en Princeton.

Epitafio para Nueva York es una relectura creativa de Poeta en Nueva York para rescatar algunas de las imágenes más potentes del espléndido poema lorquiano, para releer en los años setenta el dominio violento del hombre rubio y su máquina de matar en Palestina o en Vietnam. 

Un grito de protesta levantado en 1971, cuarenta años después de Poeta en Nueva York. Más de cuarenta años han pasado desde la publicación de ese Epitafio y los motivos del grito siguen tan vigentes como entonces:

NUEVA YORK,
cuerpo color de asfalto. Cinturón húmedo le ciñe las caderas,
ventana cerrada su rostro… Me dije: Walt Whitman
podrá abrirla —“Yo pronuncio la palabra prístina”—. 
Pero esa palabra no la escuchó más que un dios que ya no está
en su lugar de siempre. Los encarcelados, los esclavos, los
desesperados, los ladrones, los enfermos salen a borbotones de su garganta sin canal ni boca. Grité: ¡Puente de Brooklyn! Pero ése es el puente que une a Whitman con Wall Street,
a la hoja de hierba con la hoja de papel del dólar...

Con Walt Whitman al fondo, Epitafio para Nueva York es un texto de tono profético, de poesía visionaria, de revelación de lo oculto por un poeta transformado en vidente:

Repetí, al modo árabe, esta sentencia en Wall Street, donde corren desde sus fuentes lejanas ríos de oro de todos los colores.
Y entre ellos vi a los ríos árabes llevando millones de cadáveres, víctimas y ofrendas al Gran Ídolo. Al bordear el Chrysler Building para volver a las fuentes, ríen entre las víctimas con estrepitosas carcajadas los marineros. 

Imágenes, motivos y visiones que estaban en los poemas lorquianos más atormentados del ciclo neoyorquino se revitalizan al proyectarse sobre una nueva época con un lenguaje poético propio: 

Digo y repito:
mi poesía es un árbol. Y entre rama y rama,
entre hoja y hoja/ sólo la maternidad del tronco.
Digo y repito:
la poesía es la rosa de los vientos. No los vientos, sino el lugar 
donde soplan todos los vientos. No la rotación, sino el círculo.
Por eso suprimo la Ley, para establecer en cada instante una ley.
Por eso me acerco y no salgo.
Salgo y no vuelvo.
Y voy hacia septiembre, hacia las olas.


Santos Domínguez

8/10/14

Javier Marías. Así empieza lo malo


Javier Marías. 
Así empieza lo malo. 
Alfaguara. Madrid, 2014.

"Así empieza lo malo y lo peor queda atrás", eso es lo que dice la cita de Shakespeare que Muriel había parafraseado  para referirse al  beneficio o la conveniencia, al  perjuicio comparativamente menor, de renunciar a saber lo que no se puede saber.

Aunque se suele traducir la segunda parte de esa frase de Hamlet a su madre como que lo peor es lo que está por venir y no lo que queda atrás, hay otras posibilidades de traducirla y quizá la paráfrasis que hace el personaje aprovecha intencionadamente esas palabras para acomodarlas a sus intereses y al sentido del olvido en la última novela de Javier Marías. 

Porque esa cita del acto III de Hamlet hace que el lector familiarizado con la obra de Marías recuerde otra frase de sentido muy similar en el inolvidable comienzo de Corazón tan blanco: No he querido saber pero he sabido; o esta otra de Los enamoramientos: inmediatamente empecé a lamentarlo; por qué  tenía que saber lo que sabía o el comienzo de Tu rostro mañana: No debería uno contar nunca nada. 

Esa idea de que a menudo es mejor no saber recorre gran parte de la narrativa de Javier Marías y es uno de los ejes centrales de Así empieza lo malo, una novela portentosa que publica Alfaguara y que se sostiene en una intriga absorbente y turbadora y en la potencia irrepetible de su prosa sin desmayo.

Una novela organizada en torno a cuatro personajes fundamentales: el narrador Juan de Vere, que tenía 23 años en 1980, la época en la que transcurre la acción, aunque su perspectiva actual es la de un hombre maduro que fue testigo admirativo e involuntario -porque uno mete a alguien en su casa y, al hacerlo, lo obliga a ser un testigo- de las malas relaciones matrimoniales –una larga e indisoluble desdicha- entre Eduardo Muriel, director de cine, áspero y sentimental, con un parche en el ojo y una decadencia imparable, y su mujer (infeliz, amorosa y doliente) Beatriz Noguera, cuyo apellido recuerda al del médico nocturno de uno de sus cuentos, de cama desconsolada –otra expresión de Shakespeare, que es uno de los hilos conductores de la novela-, a los que se suma un cuarto personaje, el Doctor Van Vechten, un pediatra prestigioso que tiene consulta privada en el barrio de Salamanca y un oscuro pasado en el que ahondará el narrador a instancias de su jefe Eduardo Muriel, amigo del médico y al que han llegado una serie de rumores turbios que cuando se confirman recuerdan directamente las situaciones que Javier Marías abordó en Cuando fui mortal, un relato de 1993 que es el embrión del que surge en buena medida esta novela.

Además de su sólida armazón narrativa, Así empieza lo malo contiene una reflexión lúcida y realista sobre la Transición, la desmemoria y los pactos de silencio en torno a la guerra civil y la posguerra. Y es que la acción, evocada muchos años después, se sitúa en la época de Suárez, cuando se construyó un modelo político y social sobre una componenda más o menos implícita: “nadie pida cuentas a nadie.” A partir de ahí los lavados de cara, los cambios de chaqueta, el disimulo o la falsificación de la biografía de los antiguos franquistas se convirtieron en monedas de curso legal.

En ese contexto transcurre una de las historias incontables y secretas de la vida privada de un matrimonio, una historia tenue y casi nunca contada, como no suelen contarse las de la vida íntima /…/ o tal vez sí, pero en susurros.

Y ese tono narrativo de susurro sobre un secreto recorre las páginas de una novela que concluye con esta frase: Y no, nada de palabras y que tiene como centro la fuerza del rencor y el deseo, el olvido y el perdón, la ocultación y el engaño, la inocencia y la culpa, la humillación y el chantaje, la verdad dudosa y a menudo indeseable o la impunidad.

Con una estudiada alternancia de planos narrativos, Así empieza lo malo es una novela de personajes complejos que se construye sobre la proyección de lo intimo en lo público, de la vida privada en los comportamientos colectivos, porque el silencio íntimo es un correlato del silencio impune y tutelado de la Transición y sus pactos de silencio y olvido, y la desgracia personal de la mujer un reflejo de la desgracia del país, porque, como le explica Muriel al joven De Vere, España entera está llena de hijos de puta en mayor o menor grado, individuos que oprimieron y sacaron tajada, que medraron y se aprovecharon, que contemporizaron en el mejor de los casos.

Y es que cuando uno renuncia a saber lo que no se puede saber /.../ quizá entonces empieza lo malo, pero a cambio lo peor queda atrás.

Santos Domínguez



6/10/14

Julio Neira. Memorial de disidencias


Julio Neira. 
Memorial de disidencias. 
Vida y obra de José Manuel Caballero Bonald. 
Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2014.

¿Sabe que miente el que recuerda?, escribió en un verso memorable José Manuel Caballero Bonald. Sobre esa misma idea de la memoria que inventa lo que escapa al recuerdo escribió entre 1992 y 2001 los dos tomos de sus memorias –Tiempo de guerras perdidas y La costumbre de vivir.

Y porque la memoria fabula con frecuencia y la ficción reinventa los recuerdos, cuando Caballero Bonald decidió reunir esos dos tomos en un solo volumen lo tituló significativamente La novela de la memoria.

Ese solo hecho ya justifica un libro como este Memorial de disidencias que publica la Fundación José Manuel Lara, un amplio estudio sobre la vida y la obra de Caballero Bonald con el que Julio Neira obtuvo el Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías.

Si además se tiene en cuenta que aquellos dos tomos de memorias se cerraban en 1975 con la muerte del dictador, a la conveniencia de documentar con rigor la biografía del poeta y novelista jerezano se sumaba la necesidad de rellenar esa amplia laguna de casi cuarenta años que quedaron fuera del relato autobiográfico de Caballero Bonald.

A todo eso responde con solvencia este libro, que no es un mero recorrido panorámico y bien documentado por la biografía del autor de Ágata ojo de gato o Descrédito del héroe, sino una aproximación global por la obra de un autor fundamental en la literatura española de los últimos cincuenta años.

Un autor en cuya obra la experiencia vital es el sedimento del que brota la literatura. Experiencia de vida transmutada en hecho estético y en voluntad de estilo, en método de conocimiento de sí mismo y en búsqueda de respuestas. Así resume Julio Neira en el prólogo (Vida, memoria, recuerdo y ficción) esa voluntad autorreferencial, esa voluntaria construcción autobiográfica a modo de examen de conciencia de lo vivido:

Si casi todos los escritores contemporáneos han nutrido su materia literaria en la fuente de la experiencia personal de forma más o menos directa o evidente, aderezándola con elementos ficticios en mayor o menor dosis –tal vez haya que salvar las excepciones de quienes se dedican al género fantástico o a la ciencia ficción, aunque la imaginación no deja de ser una forma de experiencia–, la obra de José Manuel Caballero Bonald es altamente paradigmática de la íntima fusión entre vida y fábula, como él mismo ha proclamado con frecuencia. Hasta el punto de que los episodios de su vida y la elaboración del resultado de su experiencia del mundo han sido el núcleo germinal de su escritura, no importa qué forma literaria adoptara.

Por eso las disidencias del título aluden no sólo a su actitud crítica y autocrítica con la realidad y consigo mismo, sino a una obra escrita desde la desobediencia como línea ética y como exigencia estética, porque Caballero Bonald ha evitado siempre el gregarismo y ha buscado lo que Prieto de Paula ha llamado acertadamente “la soberanía verbal.”

Con un abundante material gráfico y un amplio índice onomástico, este recorrido por las genealogías y los aprendizajes, por las tentativas y los inicios literarios, por los años de extravío y de trabajo en Papeles de Son Armadans, entre el viaje a Collioure y la experiencia americana, entre el activismo político y el reencuentro con Doñana, la relación con el flamenco y los encuentros y desencuentros con el socialismo en el poder, la indignación ante el sucesor de asesino, será una referencia indispensable en la bibliografía sobre Caballero Bonald y sobre este medio siglo de literatura, un periodo histórico, social y cultural del que ha sido protagonista fundamental y testigo privilegiado.

Santos Domínguez