24/9/14

Leopardi. Poesías


Giacomo Leopardi.
Poesías.
Traducción de Miguel Romero Martínez. 
Introducción de Gabriele Morelli.
Renacimiento. Sevilla, 2013.

Una famosa foto del primer invierno de la guerra civil muestra a Luis Cernuda leyendo a Leopardi bajo la luz madrileña mientras al fondo sonaban las bombas que caían sobre la Ciudad Universitaria.

La traducción que leía Cernuda es la que Miguel Romero Martínez había publicado en 1928 con veinticinco de los cuarenta y un poemas que forman la poesía completa de Leopardi.

Esa traducción es la que recupera Renacimiento precedida de una Introducción en la que Gabriele Morelli repasa las traducciones y la recepción de Leopardi en España y explora su influencia en el Cernuda de Las nubes.

Como Schubert en música, Giacomo Leopardi (Recanati, 1798-Nápoles, 1837) representa en poesía la síntesis de lo clásico y lo moderno en un estilo nuevo. Sus personalidades, atormentadas y complejas, propensas a la huida, crearon obras de asombrosa modernidad de lenguaje y de tono.

Leopardi está en la frontera contradictoria e integradora que separa la actitud del hombre moderno de los comportamientos y la mirada del hombre antiguo. Él, que no se siente moderno y sabe que sus modelos son anacrónicos, vive apartado del mundo y busca refugio en la biblioteca familiar y consuelo en el arte y la belleza en una actitud evasiva muy característicamente romántica que en su caso se intensifica por sus problemas físicos y su deformidad dolorosa.

Romántico a su pesar y poeta imprescindible, Leopardi fue, junto con Shelley, el más lucreciano de los poetas románticos. Y lejos del patetismo o la desmesura de Byron, encontró su voz más personal y duradera en los Cantos, especialmente en algunos de sus poemas centrales, como El infinito, La noche del día de fiesta (Dolce e chiara è la notte e senza vento...), La vida solitaria, A Silvia o Los recuerdos (Passo gli anni, abbandonato, occulto).

En esos Cantos que escribió en Recanati y en Florencia entre 1819 y 1831 Leopardi fundió sentimiento y pensamiento en una armonía dolorosa, unió la contemplación y el recuerdo en una mirada reflexiva con la que la emoción se proyecta en la naturaleza y el paisaje se convierte en espacio de meditación.

En la cima de un monte al que se apartaba en sus días desolados o cuando la vista cansada no le dejaba leer, concibió en septiembre de 1819 esa otra cima poética que es El infinito, que culmina en la plena fusión en la nada de los últimos versos, llenos de contención y fuerza:
Cosí tra questa 
inmensità s’annega il pensier mio:
e il naufragar m’è dolce in questo mare.

Esa es la parte central de su obra. Los últimos años, que también se reflejan en los cantos finales, escritos ya en Nápoles, fueron tiempos autodestructivos y feroces, años de ruina física y desorden vital, en los que se impuso la desesperación sobre la serenidad y la extravagancia pudo más que la reflexión.

Fueron años que dieron lugar a una poesía distinta, la que culmina en el espléndido contracanto que tituló La retama o La flor del desierto, al pie del Vesubio, uno de sus poemas más portentosos, una desolada y extensa composición sobre la ruina y la fugacidad simbolizada en esa retama que brota en la ceniza volcánica para acabar muriendo en un destino que comparte con el poeta (Soccomberai del sotterraneo foco).

El de Leopardi es el Romanticismo más profundo y por eso mismo el menos efímero, el que hace de él un clásico y por tanto un contemporáneo, un poeta en  quien el pesimismo y la angustia encuentran un doble consuelo en la serenidad contemplativa y en la armonía de su palabra poética, que inauguró la modernidad poética en la literatura europea.

Santos Domínguez


22/9/14

Madame Bovary


Gustave Flaubert.
Madame Bovary.
Prólogo de Mario Vargas Llosa.
Edición, traducción y notas de Mauro Armiño.
Siruela. Madrid, 2014.

Con Madame Bovary, una de las novelas imprescindibles del realismo europeo, Flaubert cambió su forma de escribir y construyó durante más de cinco años, de 1851 a 1856, una de las piezas fundacionales de la narrativa de la segunda mitad del XIX.

No se trataba solamente de abordar el mundo con una nueva mirada, no era una mera aproximación temática a la realidad diaria y trivial, a esas “costumbres de provincia” que Flaubert resalta en el subtítulo. Era sobre todo una cuestión de estilo y, más aún, de tono. 

Flaubert hacía en Madame Bovary y con su protagonista –“Madame Bovary soy yo”- su propia transición de la subjetividad lírica a la objetividad narrativa, su mutación autocrítica de la exaltación romántica a la distanciada contención del realismo.  

Como en toda la novelística del realismo, lo que se cuenta aquí es el choque entre el personaje y el ambiente, el conflicto entre la realidad y el deseo, entre la voluntad y el mundo. Como en toda la novelística del realismo, solamente hay dos salidas para esa lucha desigual: o la integración del personaje o su marginación, la cara o la cruz de una misma derrota del individuo frente a la sociedad.

Ese planteamiento, que estaba ya en Cervantes, es el motor de la novela moderna y tiene una de sus piedras angulares en Madame Bovary, que publica Siruela en su colección Tiempo de Clásicos con una magnífica traducción anotada de Mauro Armiño y prólogo de Mario Vargas Llosa, autor de La orgía perpetua, el mejor ensayo que se ha escrito en español sobre Flaubert y Madame Bovary, que además de una creación esencial que inaugura un nuevo tipo de novela es una obra que cambió la vida del Nobel peruano y le abrió múltiples caminos narrativos.

Antes de publicarla en 1857 en formato de libro, Flaubert fue dándola a conocer en entregas quincenales en la Revue de Paris entre octubre y diciembre de 1856. Y aunque la autocensura había aconsejado eliminar algunos pasajes, el autor y los editores de la revista tuvieron que comparecer ante los tribunales del Segundo Imperio a principios del año siguiente acusados de ofensa a la moral religiosa y ultraje a las buenas costumbres, aunque finalmente serían absueltos.

No fueron motivos morales, sino de carácter literario los que indujeron a Maxime du Camp, codirector de la Revue de Paris y amigo de Flaubert, a sugerir la supresión de tres fragmentos -Conversación durante el baile, Una discusión sobre libros y El juguete de los niños Homais- por redundantes o porque interrumpían el ritmo narrativo de la obra o distraían al lector de lo esencial.

Esos tres fragmentos, rescatados por Gallimard el año pasado en la publicación  de las obras completas de Flaubert para La Pleïade, son la novedad más llamativa de esta edición en la que aparecen en apéndice y con una indicación del lugar exacto que ocupaban en la novela según los manuscritos de Flaubert, que siguió descartándolos en la edición definitiva de 1873.

Santos Domínguez

19/9/14

Wisława Szymborska. Hasta aquí


Wisława Szymborska.
Hasta aquí.
Traducción de Abel Murcia y
Gerardo Beltrán.
Bartleby Editores. Madrid, 2014.


Veintisiete huesos,
treinta y cinco músculos,
unas dos mil células nerviosas
en cada una de las yemas de nuestros cinco dedos.
Es absolutamente suficiente
para escribir Mein Kampf
o Winnie the Pooh.

Ese poema, La mano, es uno de los trece que forman parte de Hasta aquí, el póstumo de Wisława Szymborska (1923-2012) que apareció en Polonia el mismo año de su muerte. 

En España acaba de publicarlo Bartleby en edición bilingüe con traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán. Precisamente una entrevista a los traductores cierra el volumen como un epílogo donde se explican las claves de la poesía de Wisława Szymborska y se abordan las dificultades de su traducción.

Hace cinco años, en esta misma editorial y de la mano de los mismos traductores, se publicaba Aquí, una composición de lugar escrita en el tono bajo que caracteriza a los poetas polacos que desde la segunda mitad del siglo XX renuncian al énfasis y aspiran a la precisión.

El poeta y el mundo tituló su discurso de recepción del Nobel. Allí expresó su asombro ante la realidad, su afirmación de la vida, y como en el resto de su obra. Una obra relativamente corta y muy homogénea en sus temas y su tonalidad.

En mi poesía busco ese efecto que en pintura se llama claroscuro – explicaba Wislawa Szymborska en 1975-. Quisiera que en mis poemas se encontraran e incluso se fundieran cosas magníficas y triviales, tristes y cómicas.

Tal vez por eso, a expresión directa y el tono coloquial son compatibles en esta poesía con la profundidad reflexiva acerca de la condición humana y con una honda conciencia existencial: su poesía interrogativa es una reflexión sobre el hombre y su lugar en el mundo, en la naturaleza o en el tiempo. Una reflexión que se concreta en cada poema en una respuesta provisional e insuficiente acerca del mundo, el tiempo y el espacio, la memoria y la poesía.

Hasta aquí es un libro escrito desde la noción del límite, desde la conciencia del tiempo que se acaba, una conciencia que está presente ya en el título de este libro. Como en el resto de su obra, en sus poemas coexisten la reflexión y la sorpresa, el asombro y el desengaño, la ironía y la seriedad, la memoria y el presente.

La homogeneidad de tono y de temas de toda su obra se corresponde con el mismo nivel de exigencia de una poesía en la que, como explican Abel Murcia y Gerardo Beltrán, no hay nada casual, las palabras ocupan el lugar que ocupan porque otras palabras ocuparán a su alrededor también un lugar preciso, pero el lector nunca será plenamente consciente de ello, la lectura resultará “ligera” y, sin embargo, la preparación de esa sencillez lingüística tiene que haber significado un gran esfuerzo.

Un ejemplo, este espléndido poema, para mi gusto el mejor del libro:

A todos alguna vez se les muere alguien cercano,
entre ser y no ser
obligado a escoger lo segundo.

Nos cuesta reconocer que es un acto banal,
unido al transcurso de los hechos,
de acuerdo con los procedimientos;

antes o después a la orden del día,
de la tarde, de la noche o del pálido amanecer;

y evidente como un dato en un registro,
como un apartado en un código,
como una fecha cualquiera
en el calendario.

Pero así son las leyes y delitos naturales.
Así, al azar, su presagio y su naufragio.
Así su evidencia y su omnipresencia.

Y solo en ocasiones,
cierta amabilidad de su parte:
a nuestros muertos cercanos
nos los pone en los sueños.

Santos Domínguez

18/9/14

Julio Cortázar y Cris



Cristina Peri Rossi.
Julio Cortázar y Cris.
Cálamo. Palencia, 2014.

Cálamo se suma a las conmemoraciones del centenario del autor de Rayuela con la edición de Julio Cortázar y Cris, un libro en el que Cristina Peri Rossi rememora su relación con el gran cronopio que da título a la primera de las dos partes en las que se organizan los quince capítulos de este volumen.

Quince capítulos que no sólo reconstruyen la memoria de aquella relación incompleta e intensa, sino que exploran a una nueva luz interior su dimensión literaria, que se concretó en conversaciones que se evocan aquí, en las cartas que se transcriben y sobre todo en los Quince poemas de amor a Cris que formaron parte del póstumo  Salvo el crepúsculo. Un amor imposible del que escribió Cortázar: En realidad poco me importa / que tus senos se duerman / en la azul simetría de otros senos. / Yo los hubiera hollado / con la cosquilla de mi roce / y te hubieras reído justamente / cuando lo necesario y esperable / era que sollozaras.

Si la frase No fui al entierro de Julio Cortázar abre el libro, una emocionada Carta a Julio treinta años después, fechada en mayo de 2014, lo cierra con este colofón: cualquier día, en cualquier momento, nos volvemos a encontrar, porque yo me sé la fórmula de Einstein y vos sos inmortal como siempre dijiste.

Santos Domínguez

16/9/14

Octavio Paz. Itinerario poético


Octavio Paz. 
Itinerario poético.
Prólogo de Alberto Ruy Sánchez.
Atalanta. Gerona, 2014.

Estas lecturas retrospectivas han provocado en mí emociones y sentimientos contradictorios: simpatía y repulsión por el que yo fui, aprobación y disgusto por lo que escribí. El asentimiento y la negación conviven y batallan en mi interior. Así, no puedo ni siquiera juzgarme. No me condeno ni tampoco me absuelvo. Me limito a verme y, para decir la verdad, a soportarme. No obstante, en la medida que puedo ser objetivo, que es muy pequeña, advierto que cambio y continuidad son dos notas constantes en mis trabajos poéticos: dos polos, dos extremos contrarios que me han atraído desde que comencé a escribir.

Con esas palabras iniciaba Octavio Paz el martes, 18 de marzo de 1975, la quinta conferencia de un ciclo de seis que impartió en el Colegio Nacional de México y en las que resumió su itinerario poético, su evolución ideológica y su trayectoria vital uno de los autores imprescindibles de la poesía en español en el siglo XX.

Estas seis conferencias permanecían inéditas y acaban de aparecer en Atalanta, en una cuidada edición prologada por Alberto Ruy Sánchez, que explica en su prólogo –El incierto regreso del tiempo- que aunque se anunciaron como conferencias y se llevaron a cabo como lecturas de poemas comentados, los seis actos públicos que Octavio Paz decidió hacer en 1975 fueron mucho más que eso. […] El ciclo entero se convirtió para el poeta en una especie de ritual público del "fuego nuevo", que él describiría como "la ceremonia de los aztecas donde el tiempo que acaba es el tiempo que comienza. […] Si su obra de creación y su reflexión son "dos alas del mismo pájaro" que vuela alto y veloz hacia el fuego del sol, estas conferencias son la columna vertebral de ese vuelo.

A aquellas alturas, con cuarenta años de escritura a sus espaldas, Paz había escrito ya la parte fundamental de su obra, lo que convierte estas conferencias en una antología comentada que recorre sus poemas esenciales, en una elucidación de sus claves, en una confluencia de poesía, vida y pensamiento.

Entre el barroquismo y la vanguardia, entre el compromiso y la meditación, de los tanteos de Raíz del hombre, su primer libro, a Ladera este, de Libertad bajo palabra a Salamandra, Paz explica en estas charlas las diversas estaciones de su viaje poético y vital, expresa el reconocimiento por los autores que marcaron su evolución estética e ideológica y revela el sentido de algunos de sus poemas fundamentales: Elegía interrumpida, Himno entre ruinas, Piedra de sol, Blanco, Viento entero, Vuelta o Nocturno de San Ildefonso.

Entre 1935 y 1996, Paz desarrolló una de las aventuras literarias más ambiciosas y duraderas de la literatura contemporánea en español. Poesía y ensayo, intuición y reflexión, conocimiento y sensaciones, ambición expresiva y hondura indagatoria se unen en una obra que se mueve siempre entre la tradición y la modernidad, entre lo clásico y la vanguardia, en un debate que comparte con el grupo del 27 porque Octavio Paz forma parte de la misma cultura, de la misma lengua y casi del mismo momento histórico.

Desde la tensión entre escritura e historia de la poesía comprometida a un enfoque más abstracto y conceptual, entre el testimonio y la revelación, entre la ética y la estética, Paz construyó un mundo poético potente e inconfundible, un universo literario inaugurado con un primer ciclo que se resume en Libertad bajo palabra, al que luego seguirían otras direcciones y tentativas, como él mismo las llama.

Octavio Paz es autor de una poesía cambiante en la metamorfosis del clavel y la roca y atravesada siempre por la profunda conciencia autocrítica del creador que se expresa en estas conferencias como dueño de su mundo poético y que ejerce una influencia decisiva en la poesía en español. Entre lo fugaz y lo perpetuo se alza, como señaló Saúl Yurkievich, la verticalidad de su palabra contra el tiempo horizontal, una integración ejemplar de espíritu y forma, de memoria y presente, de lo intelectual y lo sensorial, de lo racional y lo onírico, del ritmo interior y la imagen externa.

En su evolución de la soledad a la comunión con el mundo y con el otro, en su paso de lo personal a lo universal, la poesía de Paz, mutante y autorreflexiva, sometida a un movimiento de rotaciones y traslaciones, obedece al acorde de la conciencia de un creador que proyecta constantemente su reflexión crítica -la escritura sobre la escritura- sobre una poesía como la suya, que indaga en el vínculo esencial que define cualquier obra: el que se establece entre el poeta, la palabra y el mundo. 

Instalada en la tradición de la ruptura propia de la poesía contemporánea, la poesía de Paz es una integración de tradiciones (occidental, azteca, oriental, la poesía contemporánea, sobre todo del superrealismo), de lo mágico y lo conceptual, del lenguaje y el conocimiento, del tiempo histórico y el tiempo sin tiempo del mito.

De la soledad a la trascendencia, en una suma de conciencia e inspiración, la reflexión sobre el lenguaje y su nexo entre lo tangible exterior y lo inefable interior se expresa en poemas cortos, elípticos y sincopados, o en poemas largos de vocación narrativa, discursivos o abstractos como Blanco, quizá la cima de su segunda etapa y de toda su poesía, que instalada en un presente perpetuo, en su tiempo circular, es una honda exploración incansable en la identidad y en la realidad, en la naturaleza y en la temporalidad, en la palabra y el silencio, en los límites de la escritura y el conocimiento, a través de un proceso de abstracción que culmina en Salamandra y que en Ladera este se resuelve en un cambio de actitud intelectual y sensorial ante la palabra y el mundo, que suma la contemplación y la reflexión.

Una aportación imprescindible al centenario de Octavio Paz, que afirma en uno de estos textos:

Una de las heterodoxias del mundo moderno, desde hace dos siglos, ha sido la poesía. La poesía y el arte sucesivamente expulsados y, después, hipócritamente consagrados por los poderes sociales.

Santos Domínguez

15/9/14

Gulliver ilustrado



Jonathan Swift.
Los viajes de Gulliver.
Ilustraciones de Javier Sáez Castán.
Traducción de Antonio Rivero Taravillo.
Sexto Piso. Madrid, 2014.



En 1726, cinco años después de la edición de las Cartas persas de Montesquieu, un modelo que imitó aquí Cadalso casi setenta años después en las Cartas marruecas, se publicaba un libro anónimo que compartía con esa obra el esquema del viaje y la mirada extranjera. Una mirada cuya extrañeza pone al descubierto el carácter absurdo de algunas costumbres, la arbitrariedad de ciertas instituciones o la injusticia de determinadas normas.

Porque eso son también los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, una construcción satírica, una crítica de las costumbres y del sistema político, además de un relato de aventuras, una parodia de la literatura de viajes y una denuncia de las leyes injustas y del colonialismo.

Una obra construida alrededor de los cuatro viajes narrados en primera persona por Lemuel Gulliver, cirujano y viajero, ajeno a los mundos extraños a los que le conduce el azar: gigante en el país de los enanos y enano en el país de los gigantes, favorito en la corte de Liliput y protegido de la reina de Brobdingnag, que en su tercer viaje llega a la isla flotante de Laputa, donde conoce la incapacidad práctica de la ciencia o habla con los fantasmas de hombres célebres en la isla de Glubbdubdrib, para acabar conociendo a los yahoos en el país de los Houyhnhnms antes de dejar su afición por los viajes para apartarse definitivamente del mundo y acabar siendo el hombre que hablaba a los caballos.

Sexto Piso recupera la traducción que hizo Antonio Rivero Taravillo para Pre-Textos en esta nueva edición ilustrada por Javier Sáez Castán del libro de un ilustrado, de una de las novelas fundamentales de la Ilustración.

Santos Domínguez





12/9/14

La Real Academia Española. Vida e historia



Víctor García de la Concha.
La Real Academia Española.
Vida e historia.
Espasa Calpe. Madrid, 2014.

Para conmemorar el III Centenario de la fundación de la Academia de la Lengua, Espasa publica La Real Academia Española. Vida e historia, escrita por quien fue su director durante doce años, Víctor García de la Concha, que lo resume en la Presentación como un relato secuencial, que, al discurrir del tiempo y en estrecha relación con el acontecer político, social y cultural, muestre qué hacía la Academia en cada momento, cómo ha reaccionado a las demandas de cada época: en una palabra, cómo ha servido al honor de la Nación, sirviendo a la lengua que ayer vertebraba España y hoy vertebra a veinte naciones en la Comunidad Iberoamericana y aún fuera de ella. Con el Diccionario, la Gramática y la Ortografía que engarzan la unidad. Porque la vida e historia de la Real Academia reflejan la historia y vida de España.

Organizadas en siete capítulos distribuidos cronológicamente, el medio millar de páginas de este volumen narran la historia de la Academia desde el momento fundacional en que la presidió el marqués de Villena hasta la dirección de Fernando Lázaro Carreter, que finalizó en 1998.

La última etapa, la de la presidencia de García de la Concha, se aborda como una crónica -La construcción de una política panhispánica- que culmina este volumen del que dice su autor: Tengo que confesar que me atrapó la historia. En cada recodo de los libros de actas me asaltaron figuras deslumbrantes, episodios para mí desconocidos que son parte de ese reflejo de que hablo o que iluminan tramos de la historia de España. He preferido ceder la voz a los protagonistas y a la propia Academia en su fe de vida.
Santos Domínguez

11/9/14

Un neoyorquino en la ciudad de nunca jamás




John Julius Reel.
¿Qué pinto yo aquí?
Un neoyorquino en la ciudad de nunca jamás.
Confluencias Editorial. Almería, 2014.

Si pinto algo en esta tierra es como observador, no participante, escribe John Julius Reel para responder a la pregunta que plantea este libro que acaba de publicar Confluencias Editorial con ilustraciones de Daniel Rosell.

Un neoyorquino en la ciudad de nunca jamás es el subtítulo de este volumen en el que refleja su experiencia de guiri asombrado en Sevilla, una experiencia de la que empezó a dar cuenta en los artículos que publicó en el Diario de Sevilla en 2009 y 2010.

En torno a los cinco sentidos, porque Sevilla es una ciudad para entenderla con la irracionalidad de lo sensorial, se organiza este divertidísimo volumen en el que el neoyorquino afincado en Sevilla con su mujer sevillana y sus hijos oye ese “no ni ná” tan sevillano, que él no entiende, ve una bulla espléndida, huele la variada sinfonía olfativa que ofrece una ciudad que tiene un sabor elemental a borrón y cuenta nueva y a la que le toma el pulso en estas páginas.

Los sentimientos encontrados ante la feria, las costumbres gastronómicas, el trato diario, los toros, el cristianismo sevillano, los cursis y los cutres son algunos de los aspectos de quien escribe sobre lo que soy, un guiri ocupándome de mis asuntos como padre, marido, yerno, vecino, ciudadano, consumidor, contribuyente en mi ciudad adoptiva, Sevilla.

                                                                                                                             Santos Domínguez

10/9/14

Juan Belmonte, matador de toros


Manuel Chaves Nogales.
Juan Belmonte, matador de toros.
Su vida y sus hazañas.
Prólogo de Alberto González Troyano.
Ilustraciones de Martínez de León y Salvador Bartolozzi.
Biblioteca de la Memoria. Renacimiento. Sevilla, 2013.

Juan Belmonte, matador de toros es una de las mejores biografías que se han escrito en español. Una narración de forma autobiográfica en la que la eficiente ocultación de la voz de Chaves Nogales tras la de Juan Belmonte se convierte en su mejor virtud literaria.

Periodista de oficio y dueño de una de las prosas más fluidas y limpias de su época, Chaves Nogales, que poseía además un inusual talento narrativo que demostraría en A sangre y fuego, intuyó que la superposición del biógrafo y el biografiado en una sola voz sería la clave de su eficacia.

Chaves Nogales nunca fue a una corrida de toros. Lo que le interesaba en este libro, más que exaltar a una figura del toreo, era retratar al hombre hecho a sí mismo desde la quincallería de la calle Feria y las noches de luna y cerrado en Tablada hasta la plenitud triunfal, anterior y posterior a la muerte de Joselito en Talavera, coronada por un cortijo con parrales en Utrera.

Este asombroso Juan Belmonte, matador de toros, que acaba de reeditar Renacimiento en su Biblioteca de la Memoria, es el resultado de muchas horas de conversación del torero y el periodista. Antes que en libro, apareció por entregas en veinticinco capítulos entre junio y diciembre de 1935 en la revista Estampa, profusamente ilustrados con 98 fotografías, 98 apuntes de Martínez de León y 20 dibujos de Salvador Bartolozzi que se reproducen en esta espléndida edición.

Santos Domínguez

9/9/14

Piglia. El último lector


Ricardo Piglia.
El último lector.
Debolsillo. Barcelona, 2014.

Un espléndido relato metafórico con ecos de Borges y Cortázar abre El último lector, un conjunto de ensayos breves en los que Ricardo Piglia hace una interpretación de la figura del lector.

Enmarcados entre ese prólogo y el epílogo, seis capítulos integran el ensayo en un tono narrativo para abordar la función del lector dentro del libro, el cambiante papel que de él refleja la literatura. Y muestran a un Kafka que en las cartas a Felice busca una lectora más que una amante, a un Borges que concibe la ficción como teoría de la lectura, o hablan del papel del lector en la novela negra, de Robinson y  la lectura como salvación, de la lectura creativa como fuente de sentido y como impulso de la vida activa en el Quijote o como expresión de la interioridad en Hamlet.

Como ellos, los lectores imaginarios, Che Guevara, Anna Karenina y su linterna, Cortázar o el Ulysses proponen respuestas diferentes a la pregunta esencial del libro: ¿Qué es un lector? Esa pregunta es el motor de estas reflexiones y el título de su primer capítulo, pero es también y sobre todo la pregunta fundamental de la literatura, la que en su respuesta contiene el sentido de la escritura. Esta es la que propone Piglia:  Un lector sería entonces  el que encuentra sentido en un libro y preserva un resto de la tradición en un espacio donde impera otra serie (el terror, la locura, el canibalismo) y otro modo de leer los signos.

Junto con Crítica y ficción y Formas breves, recuperados también ahora por DebolsilloEl último lector forma una suerte de trilogía  reflexiva de Piglia. Como en esos libros, también aquí el autor establece una estrecha relación entre la lectura y la vida que le lleva a cerrar así el epílogo: Este libro es acaso el más personal y el más íntimo de todos los que he escrito.

Santos Domínguez