31/10/14

Federico García Lorca. Poemas de la Vega


Federico García Lorca.
Poemas de la Vega.
Selección de Javier Alonso Magaz, 
Luis García Montero y Andrea Villarrubia. 
Prólogo de Luis García Montero.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2014.


Cuando yo era niño vivía en un pueblecito muy callado y oloroso de la vega de Granada. Todo lo que en él ocurría y todos sus sentires pasan hoy por mí, velados por la nostalgia de la niñez y por el tiempo.

Así evocaba la experiencia infantil del paisaje de la vega granadina el adolescente Federico García Lorca que redactaba una temprana Autobiografía en la que reconocía la persistencia de ese mundo en el escritor en ciernes que escribía esas líneas.

Lo recuerda Luis García Montero en el prólogo de Poemas de la Vega, la selección de textos lorquianos que publica Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. 

Cincuenta textos de diverso género –poemas, fragmentos de obras teatrales, cartas y la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros- que revelan la permanencia y la importancia de ese paisaje granadino en textos lorquianos de épocas distintas.  

“Mi sitio está entre estos chopos musicales y estos ríos líricos que son un remanso continuado, porque mi corazón descansa de una manera definitiva y me burlo de mis pasiones, que en la torre de la ciudad me acosan como un rebaño de panteras”, escribía Federico García Lorca en una carta a Melchor Fernández Almagro.

Y en esta otra, dirigida a Jorge Guillén, decía: "Ahora estoy en la Huerta de San Vicente situada en la Vega de Granada. Hay tantos jazmines en el jardín y tantas damas de noche que por la madrugada nos da a todos en casa un dolor lírico de cabeza, tan maravilloso como sufre el agua detenida."

Medio centenar de textos en torno a un paisaje que si en principio fue el de la infancia y primera adolescencia del poeta, acaba cargándose de un alto componente simbólico a medida que Lorca va creando un mundo poético propio que se concreta en metáforas potentes en las que proyectó sus estados de ánimo y sus situaciones vitales.

El agua que corre o que no desemboca, las cigarras y las alamedas, las acequias y las canciones, los pozos y los caballos son algunas de las imágenes recurrentes de un paisaje que descarta la limitación del pintoresquismo local para lograr una dimensión universal e intemporal en un proceso creativo que permite observar la rápida maduración del poeta desde el adolescente Libro de poemas a las casidas del Diván de Tamarit a través de estaciones de paso como Canciones, Romancero gitano, Poeta en Nueva York, Bodas de sangre o Yerma.

Un ejemplo, los dos tercetos de un soneto que formó parte de Canciones:

¡Ay qué dulce rumor en mi cabeza!
Me tenderé junto a la flor sencilla
donde flota sin alma tu belleza.

Y el agua errante se pondrá amarilla,
mientras corre mi sangre en la maleza
olorosa y mojada de la orilla.

Santos Domínguez 

30/10/14

Vian. Poesía completa


Boris Vian.
Poesía completa.
Edición de Juan Antonio Tello.
Renacimiento. Sevilla, 2014.


Moriré de un cáncer de columna vertebral
Será en una noche horrible
Clara, cálida, perfumada, sensual
Moriré de podredumbre
De algunas células poco conocidas
Moriré de una pierna arrancada
Por una rata gigante surgida de un agujero gigante
Moriré de cien cortes
El cielo caerá sobre mí
Se hará añicos como un vidrio pesado

Así comienza el poema que cierra la edición de la Poesía completa de Boris Vian que publica por primera vez Renacimiento en edición bilingüe de Juan Antonio Tello.

Burlón y provocador, irónico y corrosivo, Boris Vian (1920-1959), novelista, dramaturgo, poeta y músico de jazz, heredó, si no el talento de Rimbaud, sí su capacidad de provocación, su potencia creadora y sus intuiciones verbales.

Inclasificable como poeta para la crítica, incalificable como persona para los sectores más conservadores de la sociedad francesa de los años cincuenta, Vian es nieto del simbolismo y sobrino del superrealismo. Polémico, creativo, heterodoxo y escéptico, el humor y el erotismo, el sueño y el juego verbal recorren su obra entera, pero los temas y las actitudes de su literatura se perciben con mucha claridad en su poesía. 

El tono burlesco, la capacidad para escandalizar, el gusto por el calambur y la libertad creativa están claramente definidos ya en una zona inicial y esencial de su obra poética, los Cien sonetos, que se publicaron póstumos en 1984, cuando se conmemoraba el cuarto de siglo de su desaparición.

Ese libro, dividido en doce secciones, muestra los temas fundamentales de la literatura de Vian bajo el molde del soneto, una elección chocante en alguien tan iconoclasta, que quizá utiliza una forma tan cerrada como esa con una voluntad paródica o como una variante atrevida del juego. 

Unidad formal que constrasta con la amplísima variedad temática de unos textos unidos también por la búsqueda de la sorpresa y por los juegos de palabras, especialmente el calambur, que están presentes ya en el título de esos Cien sonetos: Cents sonnets y Sansonets (Estorninos), que vertebran una de las partes del libro, suenan igual en francés. Y ese calambur se prolonga en otros como el diminutivo de Sanson, Sansonette, o el Évangile selon cinq sonettes.

A la vista de esos ejemplos no hace falta insistir en lo complicado que es para un traductor afrontar el reto de trasladar a otra lengua una poesía como esta, tan sustentada en el juego verbal y el efecto fonético, unos fenómenos intraducibles por definición.

Es lo que pasa también en los poemas de la serie Détente (Esparcimiento), en los que Vian juega con la palabra pederaste de manera que  todos los versos finales contienen en su última parte un juego donde varían las vocales y se conservan las consonantes de esa palabra para generar secuencias fónicas muy parecidas en francés, pero imperceptibles para el lector español a no ser que repare también en las páginas pares en el texto original de Vian, que en Zazou, otra de las secciones de los Cien sonetos, retrató a su generación, una juventud inconformista y rebelde, cercana a los existencialistas y precursora de los jóvenes airados de mayo del 68.

El swing y el jazz, el cine y la literatura fueron las señas de identidad estética de jóvenes como Vian, que dejó sus poemas más autobiográficos en El memo. Porque hay en él algo de adolescente contrariado, de desilusión vital, de choque entre la realidad y el deseo, de manera que las ilusiones acaban reducidas a un “sueño mentiroso”.

Vian escribió su obra poética durante dos décadas, aunque sólo la publicó parcialmente en dos volúmenes: Barnum’s Digest y Cantinelas en jalea. Dejó inéditos, además de los Cien sonetos, otros libros que aparecen agrupados en los dos últimos apartados de esta edición: Poemas diversos y Última colección.

Parte de ese material inédito, compuesto por un conjunto de textos con versos ligeros de tono cercano a los de las canciones, apareció en 1962 en un libro que Juan Antonio Tello, el mismo traductor de esta edición, publicó en español hace diez años con el título No quisiera morir.

Boris Vian murió en 1959 en un cine cuando asistía a un pase privado de Escupiré sobre vuestras tumbas, la película que adaptaba su novela más conocida. Fue una muerte inesperada, que ni siquiera él había previsto en el largo poema -Moriré de un cáncer de columna vertebral- en que aventuraba diversas variantes de su desaparición. Terminaba así:

Moriré de un grito
Que reviente mis tímpanos
Moriré de heridas sordas
Infligidas a las dos de la madrugada
Por asesinos indecisos y calvos
Moriré sin darme cuenta
De que muero, moriré
Sepultado bajo las ruinas secas
De mil metros de algodón derrumbado
Moriré ahogado en aceite de motor
Pisoteado por bestias indiferentes
Y, justo después, por bestias diferentes
Moriré desnudo, o vestido de rojo
O cosido en un saco con cuchillas de afeitar
Moriré quizá sin preocuparme
Del esmalte de uñas en los dedos del pie
Y con las manos llenas de lágrimas
Y con las manos llenas de lágrimas
Moriré cuando me despeguen
Los párpados bajo un sol rabioso
Cuando me digan lentamente
Maldades al oído
Moriré de ver torturar a niños
Y a hombres asombrados y lívidos
Moriré roído vivo
Por gusanos, moriré
Con las manos atadas bajo una cascada
Moriré quemado en un incendio triste
Moriré un poco, mucho,
Sin pasión, pero con interés
Y luego cuando todo haya acabado
Moriré.


Santos Domínguez





29/10/14

Dante. La obra total



Dante. La obra total.
Juan Barja y Jorge Pérez de Tudela (eds.).
Círculo de Bellas Artes. Madrid, 2009.

Hay en la historia de la literatura un reducidísimo número de obras excepcionales que marcan decisivamente el rumbo de la creación, de la estética y el pensamiento.Son obras que resumen y clausuran una época y una concepción del mundo y que a la vez anuncian una nueva mentalidad y nuevas formas de escritura. 

El Quijote es una de esas obras, la Divina Comedia, otra: una bisagra entre la mentalidad medieval y el humanismo. 

Pero no es ese el único aspecto que hace de la Comedia una obra decisiva: su fusión entre literatura y filosofía, entre poesía y teología, entre narrativa y geometría abrió nuevos caminos por los que transitó la cultura del Renacimiento.

Dante proyectó en la elaboración geométrica de su obra su memoria personal y cultural, sus ideas políticas y teológicas; es a la vez el narrador y el personaje que recorre conmovido el embudo invertido de los nueve círculos infernales desde el limbo hasta el infierno de los traidores –el lago helado donde Dante sitúa a sus enemigos políticos- para subir a cielo abierto, donde otra vez contemplamos las estrellas. 

Si Dante es un clásico lo es porque la Comedia –que Boccaccio, su primer comentarista, calificó definitivamente como Divina- y su mundo literario, por encima de las claves místicas de la teología oriental o cristiana, por encima de las estructuras numerológicas que sostienen su construcción, excede las restricciones ideológicas de su mentalidad medieval. Como lo quijotesco o lo kafkiano, lo dantesco es una categoría que sobrepasa los límites de la literatura y de la cultura para pasar a formar parte de un patrimonio lingüístico que usan hasta los iletrados.

A aflorar las claves de su pensamiento y de su concepción del mundo se dedicó en 2008 un ciclo de conferencias que se celebraron en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Los textos revisados de aquella serie de charlas se reunieron luego en un volumen con los diez ensayos que contiene Dante. La obra total.

Las políticas del poeta, el carácter profético de su obra, la ética y la libertad, la filología de la culpa o la filosofía del amor en Dante son algunas de las diez iluminaciones que exploran ese vasto universo de la Comedia, que en el panorama evolutivo de los géneros literarios clausura la épica e inaugura la narrativa. 

Santos Domínguez

27/10/14

Fábula y memoria de Caballero Bonald




José Manuel Caballero Bonald.
Fábula y memoria: 
Antología en prosa y verso.
Selección y prólogo 
de María José Flores Requejo.
Alianza Editorial. Madrid, 2014.

Como “uno de nuestros escritores de lenguaje más rico, sugestivo y complejo, de extraordinaria abundancia léxica e imaginación adjetival” define María José Flores a José Manuel Caballero Bonald en  la presentación -Somos el tiempo- de Fábula y memoria, la amplia antología en prosa y verso que publica Alianza Editorial.

Lo que justifica una antología como esta no es su carácter de muestra representativa de sesenta años de una escritura que -desde Las adivinaciones hasta Entreguerras, desde Dos días de septiembre hasta La novela de la memoria, pasando por Ágata ojo de gato o Descrédito del héroe- constituye una de las cimas de la literatura contemporánea en español.

Lo que hace especialmente valioso un libro como este es que los poemas y los fragmentos en prosa se suceden en un orden nuevo, ajeno a la sucesión cronológica, establecen entre ellos un diálogo distinto al que tenían en las obras a las que pertenecen y adquieren así un nuevo sentido coherente, una nueva lógica, a lo que contribuye decisivamente la decisión de eliminar en el cuerpo del libro la referencia a los títulos de los que proceden.

Y así, tras un fragmento de Diario de Argónida aparece otro de Dos días de septiembre, y a este le suceden textos de Ágata ojo de gato, Laberinto de fortuna, Descrédito del héroe, Toda la noche oyeron pasar pájaros o Entreguerras.

De esa manera Fábula y memoria propone un nuevo itinerario de lectura, un mapa alternativo de la obra de Caballero Bonald, que en estas seis décadas ha llevado a cabo una obcecada y admirable labor de construcción de un mundo propio, de un territorio literario afincado en la memoria y sustanciado en una voz inconfundible.

Una voz proyectada sobre una obra en la que muchas veces el tono y la ambición visionaria se convierten en el centro mismo del texto como acto de lenguaje que construye o inventa una versión de la realidad desde una clara voluntad interrogativa, desde una indagación en la memoria, uno de los pilares centrales sobre los que se sostiene la obra poética y narrativa de Caballero Bonald.

Sobre el entramado irracional de la memoria, la sucesión torrencial de las imágenes construye el mapa de una navegación por la autobiografía vital y literaria del poeta, por su actitud crítica y moral. En el mundo literario, a menudo oscuro y visionario, de Caballero Bonald la memoria se convierte en palabra para recorrer los viejos temas del tiempo y el amor, del mar de Argónida tan central en la mitología atlántica de su autor, que escribe su obra compaginando la sustancia póstuma del recuerdo y la celebración de estar vivo.

Porque en la obra del autor jerezano, en la que conviven belleza y conciencia,  la memoria no cumple una función evocadora sino de indagación, no es tanto recuerdo como conocimiento y exigencia en sus planteamientos estéticos y en su rigor ético. 

Memoria que es el desencadenante del poema, la materia prima que se elabora a través de la construcción verbal, una experiencia creadora en la que confluyen el lenguaje y la vida en un trasvase continuo hacia una nueva forma de conocimiento.

De esa manera, la literatura se plantea como crítica moral, como búsqueda y revelación de lo que desconoce el poeta, como memorial nocturno denso en  contenido, de sostenida tensión verbal y de enorme fuerza sonora, dotada de la intensidad del fulgor y de una carga eléctrica de alto voltaje.

Es el lenguaje como instrumento de introspección y de profundización en el conocimiento de las zonas oscuras de la existencia, de la identidad y la memoria, entre la reflexión, la visión y la melancolía. Caballero Bonald ha ido construyendo así una obra en la que la coherencia de sus dispositivos lingüísticos es solidaria de la resistencia civil y ética. Una literatura que es una forma de insumisión y de iluminación de la realidad.

De todo esto da muestra Argónida, 13 de agosto, una indagación autorreflexiva en la realidad, en la memoria y en la biografía que se puede tomar como uno de esos textos emblemáticos que cifran la obra de Caballero Bonald:

Luciente espejismo que vi 
en los idus de agosto por la linde
crepuscular de la marisma, cerca
del arenal de Argónida,
mientras las monocordes 
dependencias del sueño disputaban
su parte de ficción al predominio
de la brumosa realidad,
¿cómo podría yo olvidarme 
no de lo incierto de esa historia
por nadie atestiguada, 
sino de la razón que me ha asistido 
desde entonces, habitante
de otro espejismo donde sólo
sigue siendo verdad lo que aún no conozco?



Santos Domínguez

24/10/14

Ángel García López. El río de mis ojos


Ángel García López.
El río de mis ojos 
Antología Poética (1963-2013).
Edición y prólogo de Tomás Rodríguez Reyes.
Epílogo de José Jurado Morales. 
La Isla de Siltolá. Colección Arrecifes. Sevilla, 2014.


Esa figura joven, cuyos ojos abarcan todo el cielo y el mundo,
extiende su piel blanca, que es la misma hermosura, al gozoso horizonte;
lapida así la brisa su perfume nocturno al que corre a abrazarse.
Crece en ella a la playa una oculta armonía, un soplo con que enciende 
la dama de la noche que la verja clausura y la huella de pájaros 
que a la luz se resisten sosteniendo el crepúsculo.

Así comienza Mientras suena la lluvia sobre el ala de un pájaro, un poema inédito de Ángel García López perteneciente al libro Última Arcadia.

Aparece en la antología poética El río de mis ojos, que acaba de publicar en su colección Arrecifes La Isla de Siltolá con edición y prólogo de Tomás Rodríguez Reyes y epílogo de José Jurado Morales.

Una antología que recoge cincuenta años de poesía en torno un eje temático, el Sur como “territorio de resonancias -explica Tomás Rodríguez Reyes- que no abandona en ninguno de sus libros.” 

Los atributos fundamentales de ese tema están también en ese poema inédito: el mar, la luz, el cielo, la infancia, los pájaros, el mito y la memoria proyectados en el paisaje atlántico.

Ese hecho confirma la coherencia de la poesía de Ángel García López, que por encima o por debajo de su variedad temática y estilística responde a una profunda unidad.

Se trata, como señala el antólogo, de “una poética del espacio, una ensoñación individual que se funde, a la manera romántica, con el paisaje mismo.”

En el epílogo, José Jurado Morales subraya “la singularidad de un poeta que ha vivido y vive para la poesía con la clara conciencia de que un escritor forma parte una larga tradición de maestros, con la convicción de que en el principio -también en el origen de la literatura- fue el verbo, y con la firme voluntad de alcanzar la belleza a partir de la construcción artística de lenguaje.”

Lo refleja García López en uno de los Veinte apuntes para una poética, que no se reeditaban desde 1980 y que se incorporan en esta edición.

En uno de ellos describe el poeta el objeto de su escritura: 

Belleza-verdad-hombre, todo unido. Belleza, don posible, que niega y se rehúye y, al fin, frágil, se entrega.

A la diversidad temática y a la riqueza estilística de la poesía de García López se suma, como en su maestro Gerardo Diego, la coexistencia armónica de lo antiguo y lo moderno, del rigor métrico y la libertad del verso libre, de la contención clásica del soneto y el desbordamiento expresivo del versículo.

Con tonos distintos, conviven en esta poesía la expresión directa y la metáfora elaborada, la melancolía de Elegía en Astaroth y la exaltación del presente de Auto de fe, la elegía de Memoria amarga de mí y la oda de Mester andalusí. 

Y hasta de vez en cuando la sátira, como en este divertido soneto de Ópera bufa, una crítica ácida e intemporal del mundillo literario y sus envidias. Un soneto que podría haberse escrito en el XVII o pasado mañana:

RECETA DE PACIENCIA Y DE CONSUELO 
CON QUE SANARSE DE LA ENVIDIA PUTA 


Anónimo gaditano, siglo XX 

Te embisten por la espalda dos pitones.
Cornudo, ¿qué hice yo? Cuando parece 
lograste el quite, el toro más se crece
buscando el bulto de los pantalones.

Y cuando piensas que acabó, montones:
media docena, una docena, trece,
catorce, quince... Y siempre otro aparece 
para asestarte un par de cornalones.

Y todo porque ven tu escribanía 
con éxito. Si tonto, Fabio, fueras 
ninguno te envidiara, ni uno solo 

así que tú a tu cosa, a tu poesía.
Mándalos al carajo por gaoneras.
Y que te sigan ordeñando el bolo.


Santos Domínguez

23/10/14

Joan Vinyoli. La mano del fuego



Joan Vinyoli.
La mano del fuego.
Edición y prólogo de Jordi Llavina.
Traducción de Carlos Vitale.
Candaya. Barcelona, 2014.

Soy un alto horno lleno de mineral 
que se vuelve líquido fuego, ardor vivo. 
La sangre de hielo, hace poco muda y cautiva, 
corre bullendo cantando su caudal. 

El astro ya muerto y el árbol y el animal 
que soy en uno la mano del fuego separa. 
La escoria encima, el resto se ha hecho clara, 
rica materia para lo más alto 

que yo no sé pero que me convierte otra vez 
en comienzo, lóbrego sollozo primero, 
paso inexperto en el corazón de las tinieblas. 

Tambaleándose aún con ojos de noche, 
por el negro bosque mi voz celebra, 
fulgura mi silencio lleno de grito.

De ese soneto toma su título la espléndida antología bilingüe preparada por Jordi Llavina y traducida por Carlos Vitale con la que Candaya hace una aportación admirable al centenario de Joan Vinyoli (1914-1984), un poeta que como su maestro Carles Riba ha influido no sólo en la poesía catalana del siglo XX, sino en la obra de muchos poetas en castellano.

La obra poética de Vinyoli, “turbadora y luminosa a la vez”, como señala Jordi Llavina en el prólogo, tiene su centro en la experiencia de la temporalidad, en la suma de paisaje y memoria, de meditación sobre la fugacidad y las devastaciones en la voz de quien se vio a sí mismo como un hombre cargado de sombras.

Poesía del correlato objetivo y de la analogía que usa como método de conocimiento la imagen y como forma de expresión la metáfora, conviven en ella la contención expresiva y la reflexión sobre realidades concretas y próximas, como la bola de billar de Juego, un poema de Domini màgic:

Me he vuelto una bola de billar 
de marfil que rueda empujada siempre
por el taco siniestro y, dolorosamente, 
topando contra las bandas del rectángulo, 
es repelida con seca violencia, 
sin parar.
                   Ya no puedo jugar más, retírame 
del fieltro verde, jugador empedernido, 
déjame sentir cómo van cayendo las horas, 
cómo cesan el ruido y el movimiento, 
cómo, inactivo, el marfil se hace cera, 
que fundirá, al final, la mano del fuego.

Es un viaje de ida y vuelta de lo cotidiano a lo metafísico, de lo concreto a lo abstracto, de la contemplación del paisaje a la meditación existencial, un diálogo en el que el poeta se mueve entre la mirada y la reflexión para proyectarse en las cosas.

Y a la vez la realidad se instala en el interior del poeta, que asume así las herencias del Romanticismo y el Simbolismo para integrarlas en su propia experiencia existencial y para enraizar su poesía en la mirada más honda hacia la realidad.

Lo explicaba Vinyoli en el prólogo de uno de sus primeros libros, El callado, de 1956, en pleno auge de la poesía social: “La poesía es siempre simbólica, hasta cuando el poeta se expresa de una forma directa. Si es verdaderamente poeta, alude a otra cosa o realidad espiritual.” Con esa declaración no sólo se desvinculaba del realismo testimonial. En ese mismo prólogo resumía su forma de vivir la poesía “como un misterio casi religioso.”

En medio de un paisaje amenazante con lobos, a través de los gusanos de seda o el gallo de una veleta, de un molino incansable o un tablero de ajedrez y sus juegos / para aplazar la muerte, la actitud de Vinyoli se sitúa en la tradición indagatoria del poeta órfico que ilumina la realidad y huye de las apariencias, en una forma de escritura en la que la palabra evoca, inquiere y no designa mientras corren/los árboles ciegamente hacia la noche.

Esta cuidada antología esencial resume en sus 33 poemas la trayectoria de una escritura a la que Vinyoli se dedicó con intensidad creadora, con rigor y exigencia verbal, con silencios prolongados y cambios que jalonan una obra viva y en constante y coherente evolución, una obra homogénea en la actitud del poeta hacia la palabra, en su intensa relación con la realidad, en la hondura de su lúcida concepción de la poesía.

Y sube una certeza del subsuelo 
como el verdor compacto en primavera.
En la casa impalpable todo se detiene.

Con La mano del fuego, editada con la impecable elegancia habitual en Candaya y con la muy afinada traducción de Carlos Vitale, se ofrece al lector una nueva oportunidad de releer o de descubrir a un poeta imprescindible, autor de una obra que marca una de las cimas de la poesía contemporánea.

Santos Domínguez

22/10/14

Von Rezzori. Sobre el acantilado y otros relatos


Gregor von Rezzori. 
Sobre el acantilado y otros relatos.
Traducción de José Aníbal Campos.
Sexto Piso. Madrid, 2014.

Este año se cumple el centenario del nacimiento de Gregor von Rezzori, un escritor portentoso del que Sexto piso acaba de publicar tres novelas cortas traducidas por José Aníbal Campos en el volumen Sobre el acantilado y otros relatos. Tres obras –El cisne, Sobre el acantilado y “Afanjáuer” o La prolongación del amor por otros medios- que no se habían traducido al español hasta ahora. 

Austríaco, rumano, apátrida y políglota como sus personajes, Gregor von Rezzori (1914-1998) nació en Chernovitz, en la Bukovina, una región del Imperio austrohúngaro, una Babel fecunda y ambigua en la que convivían rusos, judíos, alemanes, rumanos y comunidades de gitanos.

“Tengo la Babel de esta fabulosa tierra en mis oídos: rumano, ucraniano, alemán, yídish, polaco, magiar, armenio...”, diría Von Rezzori de aquella ciudad que inspiró la Chernopol en la que situó la primera de las tres novelas que forman, su monumental La gran trilogía.

Como un extranjero profesional define Magris a Von Rezzori, que se instala en el canon de la tradición austrohúngara con un referente fundamental, el Musil de El hombre sin atributos. Menos epígono que precursor, Von Rezzori evoca y recrea un mundo que había desaparecido definitivamente con el nazismo y la Segunda Guerra Mundial pero que empezó a desaparecer justo en 1914, con el estallido de la Gran Guerra.

Quien se definió como mezclador de épocas reunió en su obra el presente y el pasado, la narración y la memoria para convertirse en espectador distante e irónico de ese mundo crepuscular que Magris llamo exmundo y que está entre la ruina y el humus.

El narrador de sus obras, distante y cercano, escribe desde la ambigüedad de una voz impostada que es también la voz de la memoria personal de su autor, matizada por el tiempo y afectada por la fabulación. De ahí la peculiar mezcla de estilos y enfoques, de épica y lírica, de objetividad y subjetividad, de mirada interior y exterior que recorre estas tres novelas breves de su última época creativa.

La desaparición de un mundo es el telón de fondo de la pérdida de la infancia en El cisne, epílogo tardío a Un armiño en Chernopol, la primera de las obras de La gran trilogía, una novela dedicada a la memoria de su padre, una reconstrucción de su infancia y adolescencia en Chernovitz y una evocación del conocimiento de la muerte y el sexo por parte del narrador adolescente que echa de menos una edad desaparecida para siempre. 

En Sobre el acantilado lo grotesco se impone sobre lo irónico en un relato emparentado con Edipo en Estalingrado y centrado en un artista paranoico -no escritor sino tallista de vírgenes-, obsesionado con las enfermedades venéreas y envuelto en una sorprendente peripecia.

“Afanjáuer” o La prolongación del amor por otros medios es una crítica del terrorismo en Italia en los años 60 y 70 y de la alta burguesía en torno a Villa Rosalia y a un muchacho de buena familia.

Escéptico y apátrida, Von Rezzori vuelve a brillar en estas tres novelas cortas como potente creador de atmósferas con una prosa de enorme calidad, con una mezcla magistral de tensión narrativa y fuerza documental, siempre a medio camino entre la nostalgia y la ironía crítica, con una ambivalencia que proyecta en toda su obra narrativa, que entiende y practica como perfección de la autobiografía. 

Santos Domínguez

20/10/14

Caminos anfibios


Ernesto Calabuig. 
Caminos anfibios.
Menoscuarto. Palencia, 2014.

Un domingo tranquilo y soleado de primavera, como en La condena de Kafka, comienza la acción de Caminos anfibios, el cuento que abre y da título al conjunto de trece relatos de Ernesto Calabuig que publica Menoscuarto.

Ese domingo es el punto de partida del diario de Marie Baumann, que en el cajón no es ya un ser inerte, es el corazón abultado y poderoso de un frío anfibio. Y como los caminos de ese cuento inicial, los textos del libro se mueven en un terreno de nadie y hablan de ritos de paso y tránsitos en los que los personajes llegan por sendas anfibias a lugares inesperados.

A caballo entre relatos largos como Del ahogarse en un vaso de agua o Nocturno del Ruhr y microrrelatos como Última instantánea, ese itinerario peligroso que los anfibios recorren instintivamente cada primavera se convierte en una metáfora que resume estos cuentos en los que los personajes afrontan un camino que les lleva de una realidad a otra; de una edad a otra;  de un territorio a otro; de la vida a la muerte o del amor a la infidelidad.

Las relaciones de pareja, el tiempo y la memoria de unos personajes que buscan la noción de lugar en estos relatos de estructura abierta, anfibios también porque se mueven entre la vida y la literatura, entre la ficción y la autobiografía, entre la reflexión y el sentimiento, sólidos en su construcción y en su mirada hacia dentro y al mismo tiempo dotados de la levedad que les aportan las sugerencias y las elipsis de sus finales abiertos.

El aire alemán que recorre la atmósfera, los paisajes y los interiores de estos textos, densos y ligeros a un tiempo, acaba afectando también a su estilo denso e introspectivo, siempre absorbente para el lector.

La vida en unas líneas, como titula Ernesto Calabuig uno de los mejores relatos de estos Caminos anfibios.

Santos Domínguez

17/10/14

Francisco. Canto de una criatura

Alda Merini.
Francisco.
Canto de una criatura.
Traducción de Jeannette L. Clariond.
Prólogo de Gianfranco Ravasi.
Vaso Roto. Madrid, 2014.


Al igual que Saulo de Tarso 
fui desarzonado,
fui arrojado al suelo,
y milagrosamente me levanté desnudo.
Desde entonces, cada elemento terrenal 
alcanzó un resplandor incomparable.
Vi el significado del agua, 
el porqué sin culpa 
de la brizna de hierba 
que arde bajo el sol.
Comprendí el placer de un pie desnudo 
que devora una tierra llena de aspereza 
y que siente las espinas
como las espinas de Dios.
Día tras día,
he vivido el calvario
y mi locura 
ha entusiasmado a muchos.

Con una voz que reúne en la ambigua identidad de la primera persona el yo lírico de Francisco de Asís y el mundo poético de la autora, Alda Merini (Milán, 1931-2009) escribió en sus últimos años Francisco. Canto de una criatura, que acaba de publicar cinco años después de su muerte Vaso Roto en edición bilingüe con traducción de Jeanette L. Clariond y prólogo de Gianfranco Ravasi.

Y así como en Cuerpo de amor Alda Merini fundía mística y erotismo, espíritu y carnalidad, en estos poemas levanta un emocionado retablo en el que se conjugan la pobreza y la locura compartidas por el sujeto real y el sujeto poético y la desnudez del despojamiento se convierte en humildad expresiva.

Porque si el centro explícito de estos poemas es el canto franciscano de quien renunció al mundo, Alda Merini proyectó en esa figura lo esencial de su propio universo vital, la mirada de quien también cree que "en la fe está el total abandono a lo indescifrable y a nuestro mejor yo."

Y es esa identificación implícita, esa confusión deliberada la que hace que estos poemas vayan más allá de la mera evocación hagiográfica de una figura fundamental en la espiritualidad occidental para convertirse en el resumen sereno de la propia actitud vital de la escritora, en su autobiografía poética:

¿Sabes que el tormento es voz?
¿Sabes que el dolor canta?
Me incliné sobre ti, 
lavé tus llagas 
y descubrí la música, 
la música del dolor.
Además lo he dicho, 
y tú me miraste 
como se mira a un loco. 
Jamás pensaste que tú, 
oculto en la inmundicia, 
pudieras estremecerme de amor.

Con esa potencia conmovedora crece este canto elaborado por Alda Merini para ponerlo en los labios de  aquel juglar de Dios, aquel hombre alejado del animal lleno de miedo que era su cuerpo:

Pero antes
he oído a todos los animales del mundo,
todos los suspiros de odio y amor.
Me sentí lleno de caballos desbocados 
que corrían 
hacia la meta del Reino.

Santos Domínguez

15/10/14

Kenneth Rexroth. Cita con los clásicos


Kenneth Rexroth.
Cita con los clásicos.
Traducción de Federico Corriente.
Pepitas de calabaza. Logroño, 2014.

En una esmerada edición, con  traducción de Federico Corriente, Pepitas de calabaza acaba de publicar Cita con los clásicos, un libro esencial de Kenneth Rexroth, de quien ya había aparecido en esta misma editorial Desconexión y otros ensayos.

Rexroth, quizá más conocido como poeta y como antólogo de poesía japonesa y china, es también un poderoso ensayista, del que Ken Knabb decía: “Es uno de mis poetas favoritos, pero como ensayista, considero que su talento es inigualable. No conozco a otros tan vivos, tonificantes y contundentes, y a la vez con un espíritu tan abierto y sano.”

Algo que salta a la vista en esta Cita con los clásicos, que propone un recorrido por esos “ejes de referencia” a los que se refirió Ezra Pound en El ABC de la lectura, como recuerda Bradford Morrow en el epílogo de esta edición.

Lo que más llama la atención en este volumen es la amplitud de perspectivas genéricas y espaciales con que Rexroth aborda el panorama de los clásicos, integrando las literaturas orientales y la tradición occidental que arranca de Homero en un periplo a través de todos los géneros: de la narrativa a la lírica y del ensayo al teatro, del libro de viajes a la literatura memorialística pasando por la historiografía.

Esa mirada comprensiva y abarcadora permite que un lector privilegiado como Rexroth descubra en estos textos la red de relaciones que establecen los distintos clásicos en un diálogo enriquecedor que ilumina el conjunto y conecta a unos clásicos con otros.

Rexroth advierte en la introducción de que hay clásicos serenos e idílicos pero los clásicos más representativos son tragedias porque la vida es trágica. No hay ningún clásico optimista que nos diga que todo sucede para bien en el mejor de los mundos posibles y que todo va ir cada vez mejor.

Desde el mesopotámico Poema de Gilgamesh, la primera narración que se conserva y “el primer ego consciente”, hasta el teatro de Chéjov; desde la potencia meditativa del Libro de Job a la ambigüedad de La tempestad; desde La Orestiada y su aprendizaje del sufrimiento hasta el sentimiento trágico de la vida en las novelas de Dostoievski; desde la perfección de Edipo rey hasta la ironía compasiva de Flaubert; desde la grandeza de espíritu de Lucrecio a la excelencia poética de Du Fu; del talento en estado puro de Casanova a Stendhal como maestro del bonapartismo narrativo; de Baudelaire y la poesía como sacerdocio visionario a la contemplación como actividad moral en Whitman, de la autoconciencia de Don Quijote a la construcción de la persona en Shakespeare, se habla en estas páginas memorables de la virtud disolvente de los héroes y su destino trágico, de la poesía como critica simbólica de los valores establecidos, de la intensidad de la vida que reflejan los clásicos desde el difícil equilibrio entre lo intelectual y lo sentimental que hay en todos ellos.

Clásicos de los que se podría decir lo que escribe Rexroth a propósito de los poemas homéricos: Obras de arte unitarias que abordan la experiencia universal con una profundidad, una amplitud de miras y una intensidad insuperables.

Santos Domínguez