27/6/16

Equipaje de vacaciones. Poesía



Paul Celan.
Obras completas.
Traducción de José Luis Reina Palazón. 
Prólogo de Carlos Ortega. 
Trotta. Madrid, 2013.

Fue de lo oscuro a lo oscuro, de la sombra a la ceniza, vio el atardecer de las palabras, los escombros de la civilización y las horas vacías.

Y de todo eso se nutre la poesía de Paul Celan, que en la acreditada versión de José Luis Reina Palazón, que obtuvo con ella en Nacional de Traducción, alcanza ya la séptima edición en Trotta.

La precede un prólogo en el que Carlos Ortega realiza un recorrido minucioso por la vida y la poesía de Celan y señala que “en los ochocientos poemas que publicó, más los cuatrocientos setenta y seis que dejó sin publicar —de los cuales se ha editado recientemente una amplia antología—, están condensados su vida y su pensamiento, el cual integra un buen manojo de tradiciones literarias y de datos, no sólo personales, sino también teológicos, filosóficos, científicos e históricos.”

Se reúnen en este volumen imprescindible todos los libros de poesía de Celan, sus poemas dispersos, la prosa y los discursos de aquel extranjero en medio del desierto que construyó sobre las cenizas una obra de enorme potencia verbal, cimentada en imágenes creadoras de un mundo poético difícil y oscuro, en el límite de lo indecible y al borde del abismo.

“El poema está solo. Está solo y de camino”, escribió Celan, autor de una poesía oscura como su destino de superviviente y testigo. Una poesía que incinera el lenguaje con la tensión y la concentración verbal en medio del silencio y el vacío: la llama y las cenizas, el horror del holocausto y los campos de concentración recorren sus poemas esenciales, Fuga de la muerte, Una canción en el desierto o Los tallos de la noche, o libros como Cambio de aliento, donde se leen estos versos:

Hondo 
en la grieta de los tiempos, 
junto 
al hielo panal 
espera, un cristal de aliento, 
tu irrevocable 
testimonio.




Carlos Barral.
Usuras y figuraciones. 
Poesía completa. 
Edición, prólogo y notas de Andreu Jaume.
Epílogo de Malcolm Otero Barral.
Lumen. Barcelona, 2016.

En una declaración repetida que dice menos de la seguridad del personaje que de la importancia central que le daba a su obra poética, Carlos Barral  se reconoció a sí mismo como el mejor poeta de su generación. 

Una poesía imprescindible y de una calidad más que notable, eclipsada en parte por su labor como editor y en parte por unas memorias que le han dado más reconocimiento que la poesía que estaban destinadas a explicar como textos auxiliares y subsidiarios, aunque “insoslayables para la cabal comprensión de su poesía", como explica Andreu Jaume en el prólogo a su espléndida edición de Usuras y figuraciones, el volumen que publica Lumen con la poesía completa de Carlos Barral que cierra un epílogo –“Yo te  saludo, de vuelta”- de Malcolm Otero Barral.

Desde Metropolitano y Diecinueve figuras de mi historia civil, dos libros cerrados, hasta la obra abierta y en marcha que recogen las diferentes secciones de Usuras, un libro que el autor veía en proceso de crecimiento, en la poesía de Carlos Barral desarrolla una trayectoria coherente desde el punto de vista estético y moral, al margen de las modas y en busca de su propia médula estilística y ética, de su identidad expresiva y argumental.

Una identidad poética que le importó más que nada y que Barral definió como poesía de la experiencia –“toda mi poesía lírica es autobiográfica”, explicó. Eso sí, sobre ese fondo autobiográfico puso en su escritura un filtro intelectual que marca distancias con lo meramente emocional y lo directamente confesional. 

Por sus textos, enfriados metálicamente con una exigente elaboración verbal y con distancia a veces irónica, atraviesan el recuerdo del padre y Calafell, Yvonne y el amor, el Mediterráneo y la ciudad, el paso del tiempo y el miedo a la muerte y a la decadencia intelectual o a la decrepitud, su apellido industrial o la figura de su nieto

Desde la abstracción de Metropolitano, un libro de trabajada composición y brillo metálico al hilo autobiográfico de Diecinueve figuras de mi historia civil, contrapunto poético de sus memorias, hay en la poesía de Barral una constante exploración en la carga etimológica de las palabras y un estilo muy elaborado y alejado del lenguaje funcional. 

A una de las cimas de esa poesía, Hombre en la mar, el poema que culmina el segundo de esos libros, dedica Andreu Jaume un análisis iluminador de los temas, las actitudes y el tono de una poesía que desde Usuras tiene como centro el tema del deterioro y su correlato temático en el último tomo de sus memorias, Cuando las horas veloces.

Un tono muy oscuro que se suaviza en Lecciones de cosas, que tiene como destinatario a su nieto Malcolm Otero, que, antes de las notas que el propio Barral redactó para la edición de Usuras y figuraciones en 1979, remata así su epílogo: “Ya no queda nada, apenas la memoria que alimenta la nostalgia. Pero están al menos estos versos en los que el poeta entró en combate con la lengua, duelos a veces a florete, en ocasiones a sable, para dejar constancia poética de un mundo que no ha de volver.”





Antonio Cabrera.
Corteza de abedul.
Tusquets. Barcelona, 2016.

Seis años después de su Piedras al agua, Antonio Cabrera vuelve con Corteza de abedul, que acaba de publicar Tusquets, al territorio poético en el que ha desarrollado toda su escritura: el de la poesía contemplativa que completa un viaje de lo concreto a lo abstracto y establece un diálogo equilibrado y sereno entre lo sensitivo y lo conceptual, entre la emoción y la meditación.

Un diálogo con la realidad y consigo mismo, con el yo o el tú autorreflexivo, con la naturaleza o los objetos para ir, como pedía el maestro Mairena, de la anécdota a la categoría.

Esa equilibrada serenidad de la mirada que caracteriza a la poesía de Antonio Cabrera se proyecta no sólo en el espacio, sino también en el tiempo: el instante, el recuerdo del pasado y la conciencia del tiempo son también objeto de esa mirada reflexiva que se convierte así en ámbito de encuentro de lo exterior con lo interior, del presente y el pasado, del mundo y la conciencia.

Y de esa manera, la luz que proyecta sobre los objetos o sobre el paisaje la meditación resume la actitud de un autor que concibe la poesía como búsqueda y como forma de conocimiento desde la contención expresiva, la conciencia de lo fugaz y la reivindicación del instante, que son algunas de las señas de identidad de la poesía de Antonio Cabrera.

El tono sereno y la expresión depurada son los instrumentos del poeta para ver y pensar el mundo, desde la contenida intensidad de la palabra, la conciencia de la naturaleza y el tiempo, la reflexión ante los objetos, las piedras o los pájaros.

Una palmera solitaria (“Contémplala, respira”), el viento de levante, un canto rodado en el Alto Tajo, la duna de Bolonia o un manantial, un granado en flor vigilado por Perséfone o los lirios amarillos que duran antes del declive, un plato de albaricoques, una mantis religiosa o la corteza de abedul del título provocan el interés de quien está ante ellos “no atendido: atendiendo”, antes de la desintegración de la conciencia y de la disolución de la identidad para fundirse con ellos:

El rumor de los pinos se desleía en torno.
Mi mano no era nada. Yo fui nadie.

A esa forma de fusión, de huida de sí mismo, era a lo que aspiraban los místicos, un precedente en esa síntesis de contemplación y reflexión que resume la actitud poética y vital de Antonio Cabrera, que cierra la obra, significativamente, con un Autorretrato que termina así:

Soledad, ahora sí,
ya puedes ser el fondo informe y fiel
de mi retrato.



Stefan George.
Poesía completa.
Traducción e introducción
de José Luis Reina Palazón.
Linteo Poesía. Orense, 2016.



Triste aprendí la renuncia que canta: / nada es, si la palabra se quebranta.

Con esos versos se cierra La palabra, uno de los poemas más emblemáticos de Stefan George, en la traducción que José Luis Reina Palazón acaba de publicar en la monumental edición bilingüe que ha preparado para Linteo de la Poesía completa del autor que introdujo la poesía alemana en la modernidad.

Heredero de Novalis y Hölderlin, Stefan George (1868-1933) representa en la poesía alemana lo que significó Baudelaire para la poesía francesa, lo que Rubén Darío para la poesía en español: un cambio general que afecta a todos los niveles del texto poético, desde los temas al estilo, desde el tono hasta la mirada.

Muy influido por el simbolismo francés, por Mallarmé y Poe, interiorizó los postulados del arte por el arte y asumió la crisis finisecular como una crisis de la capacidad del lenguaje como instrumento de representación de la realidad.

Pero evoluciona desde ese simbolismo esteticista a la defensa de la poesía como experiencia religiosa, a una concepción sagrada de la poesía como búsqueda y como iluminación de la realidad, a una actitud visionaria en la que el poeta tiene una consideración sacerdotal, casi mesiánica: como el iniciado en la exploración de lo inefable.

La impresión y la subjetividad, la sugerencia y la intuición, el ritmo y la sonoridad son algunas de las claves de una poesía que ocupa el ámbito de lo sagrado y lo profético, una poesía intermediaria de la divinidad en un proceso de fusión con la naturaleza y de expresión de lo misterioso.



Trescientos poemas de la dinastía Tang.
Edición bilingüe de Guojian Chen.
Cátedra Letras Universales. Madrid, 2016.

Salgo, cuando me place, / a dar un paseo solo, / y es un deleite inefable. / Llego hasta donde termina el arroyo. / Sentado, miro las nubes que nacen, escribe Wang Wei, un poeta del siglo VIII, en uno de los poemas que forman parte del volumen Trescientos poemas de la dinastía Tang, que acaba de aparecer en Cátedra Letras Universales.

En el año 2013 el profesor Guojian Chen publicaba en esta misma colección la insustituible antología Poesía china (siglo XI a. C.- siglo XX), un monumento literario como señala Carlos Martínez Shaw en el prólogo de esta nueva recopilación, que está considerada la antología de referencia de la poesía clásica china, hasta el punto de que actualmente se ofrecen cerca de dos mil ediciones distintas de esta obra en China. La recopiló muy tardíamente, en el siglo XVIII, el anónimo Literato solitario del bosque fragante, y recogía no trescientos sino trescientos trece textos que reflejan el apogeo poético de la poesía china, su edad de oro entre el 618 y el 907.

Con buen criterio, el traductor ha incorporado en un apéndice otros veinticinco excelentes poemas de la época que no figuraban entre los Trescientos poemas de la dinastía Tang, pero que merecen estar en este volumen por su calidad y su representatividad.

Una antología presentada por un amplio y profundo estudio introductorio sobre el contexto histórico y cultural en que surgió esta poesía y sobre los rasgos vertebrales que caracterizan su estilo y su métrica, su ritmo, sus temas o su despliegue metafórico.

Con unas notas mínimas que no perturban la lectura de esta poesía pero hacen algunas aclaraciones imprescindibles, y con una semblanza final de los autores, estos textos abordan, con la brevedad estilizada que los caracteriza, el sentimiento por el paso del tiempo entre la melancolía y la reivindicación vitalista del goce en el presente, el paisaje como reflejo de los estados de ánimo, la soledad y la niebla de los lagos, el amor o la luna en la montaña, la huida del mundo y la vida retirada, las ausencias y las despedidas.

Hay tres nombres fundamentales por la transcendencia de su poesía en esta recopilación: Li Bai (Li Po en otras transcripciones), idealista e imaginativo, Du Fu (Tu Fu), realista y descriptivo, y el bucólico Wang Wei, poeta del campo y del jardín.

Algunos expertos datan el comienzo de la poesía china mil años antes de Homero, aunque el poema más antiguo documentado no es tan antiguo. No es eso, con todo, lo más importante. Lo que explica su universalidad y su vigencia no es su antigüedad, sino su calidad, apreciada en la poesía occidental desde Goethe a Octavio Paz pasando por Alberti o Lorca.

Sobre la importancia de esta recopilación, resalta Guojian Chen que “es, según el consenso de los críticos y los estudiosos chinos, la más difundida, popularizada, comentada, citada y recitada de todas las recopilaciones de la poesía Tang y de toda la poesía china. Se puede decir que es el Quijote poético de China por su calidad literaria, su importancia en la cultura china y su popularidad.”



Juan Carlos Mestre.
La tumba de Keats.
Calambur. Barcelona, 2016.

En un volumen ilustrado por el propio poeta, Calambur recupera La tumba de Keats, el libro con el que Juan Carlos Mestre ganó el Premio Jaén de poesía en 1999. Llevaba algún tiempo descatalogado y esta reedición es una inmejorable oportunidad para acercarse a él por primera vez o para releer sus versos desborados y poderosos.

Desde su arranque (Esto sucede ante la hora izquierda en que mi vida, / violenta juventud contra el poder de un príncipe, / llama jauría a la verdad y belleza a los puentes derrumbados) hasta el último verso, que reproduce el epitafio de la tumba de Keats en el cementerio protestante de Roma (Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua), una explosiva sucesión de imágenes ordenadas en el ritmo envolvente y poderoso de sus versos.

Escrito en Roma entre octubre de 1997 y febrero de 1998, acompañado de las ilustraciones del libro de artista Ghetto que el autor realizó a la vez que el poema, en su espacio emerge la sombra de Keats como símbolo de la conciencia irrenunciable del poeta a través de la voz de Juan Carlos Mestre.

El tiempo y la compasión, el amor y la historia, la noche y la palabra arrebatada articulan un intenso y largo monólogo en el que el poeta da voz a las sombras frente al olvido y esgrime la resistencia y la utopía como ética de las derrotas, como épica de la dignidad. Frente a las ruinas de la historia la fuerza resistente de la palabra cuando no importa ya vivir sino la vida, no importa ya morir sino lo humano.



C. P. Cavafis.
Poemas.
Traducción, prólogo y notas 
de Ramón Irigoyen.
DeBolsillo. Barcelona, 2016.

“La relectura de poemas de Cavafis, en 2015 y 2016, para preparar esta edición que publica la editorial DeBolsillo me ha producido un extraordinario placer. En esta relectura he sentido vivísima la poesía de Cavafis cuyos temas esenciales -el sexo, la religión y el conflicto de civilizaciones- son temas eternos, y por eso no envejecen. /..../ El misterio de su poesía es tan profundo que apenas lo vislumbramos levemente”, escribe Ramón Irigoyen en el intenso, irónico y divertido prólogo que ha puesto al frente de la reedición de los Poemas de Cavafis en DeBolsillo.

Un prólogo en el que, además de destacar la carga autobiográfica de la poesía de Cavafis y el erotismo que se convierte en su centro a partir de 1911, se hace un repaso -en el más amplio sentido de la palabra- por las traducciones y los traductores de estos textos al español desde mediados de los cincuenta. 

“He leído –decía Auden- numerosas traducciones de Cavafis, muy distintas entre sí, y puedo asegurar que todas ellas son inmediatamente reconocibles como un poema de Cavafis; nadie más podría haber escrito poemas como esos.”

Pocos poetas tendrán tantos poemas recordables y tan intensos como Ítaca (Mantén siempre a Ítaca en tu mente./ Llegar allí es tu destino), como otro poema de 1911, como Idus de marzo (Ten miedo a las grandezas, alma mía) o los más antiguos Murallas (Desde el mundo exterior –y sin yo percibirlo-, me encerraron), Esperando a los bárbaros (Y ahora ya qué sin bárbaros ¿qué será de nosotros?) o La ciudad, el poema que Cavafis prefería de entre los suyos, que se cerraba con estos versos desolados: Al arruinar tu vida aquí, en este rincón mínimo, / para toda la tierra tú ya la has destruido.

Iluminados con las agudas notas finales de Ramón Irigoyen, son algunos de los 254 poemas canónicos que seleccionó el propio Cavafis para que se publicaran, incluido En las afueras de Antioquía, el último poema que escribió, que se cierra con estos versos:

Reventó Juliano e hizo correr
-¿qué otra cosa iba a hacer?- que el incendio era obra 
de nosotros, los cristianos. Que diga lo que quiera. 
No pudo demostrarse, que diga lo que quiera. 
Lo esencial es que reventó.





Philip Levine.
News of the World.
Traducción de Juan José Vélez Otero.
Valparaíso Ediciones. Granada, 2016.

Con traducción del también poeta Juan José Vélez Otero, Valparaíso Ediciones publica en edición bilingüe News of the World, un libro de 2009, el último que se apareció en vida del autor, el poeta estadounidense Philip Levine (1928-2015).

Un libro de poemas atravesado por la crítica social y la denuncia de la explotación laboral y de las condiciones de vida de la clase trabajadora en una ciudad industrial como Detroit, en una de cuyas fábricas de automóviles trabajó Levine desde los 14 años, antes de acudir a la universidad y de ejercer como profesor de inglés en la Universidad de Fresno en California.

Poesía de la experiencia, de línea clara y fondo testimonial, de un poeta que escribe no sólo para denunciar la injusticia, sino también para comprenderse a sí mismo,  para tomar conciencia de quién es, de su pasado y de su espacio vital a partir de la memoria, y para tener una clara noción de su lugar en la sociedad.

La infancia, la guerra civil española, la destrucción de la naturaleza, la solidaridad y la conciencia de clase o el choque entre la vida y la literatura en ese espléndido poema que es Días de biblioteca, marcan las señas de identidad poética y vital de un hombre que escribe con esa “pasión disimulada” que destaca en su prólogo el traductor, quien subraya que “la poesía de Philip Levine no es nada hermética ni esotérica, está hecha con palabras llanas, con versos precisos y accesibles que a lo largo del libro van creando un flujo y reflujo de emoción y sinceridad humana; y una magistral construcción del mundo personal y colectivo asequible a todo lector por su estilo narrativo, aunque no exento de profundo lirismo y templada trascendentalidad.”




Santos Domínguez

24/6/16

Carlos Barral. Usuras y figuraciones


Carlos Barral.
Usuras y figuraciones. 
Poesía completa. 
Edición, prólogo y notas de Andreu Jaume.
Epílogo de Malcolm Otero Barral.
Lumen. Barcelona, 2016.

En una declaración repetida que dice menos de la seguridad del personaje en su poesía que de la importancia central que le daba a su obra poética, Carlos Barral se reconoció a sí mismo como el mejor poeta de su generación. 

Se podría discutir, aunque no iba muy desencaminado el autor de esta poesía imprescindible y de una calidad más que notable, eclipsada en parte por su labor como editor y en parte por unas memorias que le han dado más reconocimiento que la poesía que estaban destinadas a explicar como textos auxiliares y subsidiarios, aunque “insoslayables para la cabal comprensión de su poesía", como explica Andreu Jaume en el prólogo a su espléndida edición -seguramente la definitiva- de Usuras y figuraciones, el volumen que publica Lumen con la poesía completa de Carlos Barral que cierra un epílogo –“Yo te  saludo, de vuelta”- de Malcolm Otero Barral.

Desde Metropolitano y Diecinueve figuras de mi historia civil, dos libros cerrados, hasta la obra abierta y en marcha que recogen las diferentes secciones de Usuras, un libro que el autor veía en proceso de crecimiento, la poesía de Carlos Barral desarrolla una trayectoria coherente desde el punto de vista estético y moral, al margen de las modas y en busca de su propia médula estilística y ética, de su identidad expresiva y argumental.

Una identidad poética que le importó más que nada y que Barral definió como poesía de la experiencia –“toda mi poesía lírica es autobiográfica”, explicó. Eso sí, sobre ese fondo autobiográfico puso en su escritura un filtro intelectual que marca distancias con lo meramente emocional y lo directamente confesional. 

Por sus textos, enfriados metálicamente con una exigente elaboración verbal y con distancia a veces irónica, atraviesan el recuerdo del padre y Calafell, Yvonne y el amor, el Mediterráneo y la ciudad, el paso del tiempo y el miedo a la muerte y a la decadencia intelectual o a la decrepitud, su apellido industrial o la figura de su nieto.

Desde la abstracción de Metropolitano, un libro de trabajada composición y brillo metálico, al hilo autobiográfico de Diecinueve figuras de mi historia civil, contrapunto poético de sus memorias, hay en la poesía de Barral una constante exploración en la carga etimológica de las palabras y un estilo muy elaborado y alejado del lenguaje funcional. 

A una de las cimas de esa poesía, Hombre en la mar, el poema que culmina el segundo de esos libros, dedica Andreu Jaume un análisis iluminador de los temas, las actitudes y el tono de una poesía que desde Usuras tiene como centro el tema del deterioro y su correlato temático en el último tomo de sus memorias, Cuando las horas veloces, y que da lugar a un texto tan memorable como este Vaciado del miedo:

Tan de repente no. No de improviso.

Despierta en lo remoto
como un perro enroscado a un lejano rumor
o sube por los miembros como una fiebre dulce,
un quebranto apenado con burbujas de grito;
un cóncavo reflejo
que excava las entrañas mansas del animal.

Viene luego hacia fuera
y el paso se hace frágil
y el gesto como vidrios
y la sílaba torpe y el pecho de ansiedad.
Y un abismo sin techo donde pesaba el cuerpo,
en los hilos del aire o en la memoria o sombra
del henchido de nada que pugna por seguir.

Algo anida en los huecos, algo oscuro,
un fardo ya de muerte
o su muda quietud, la no invocada
cuenta:
             el miedo tan extraño,
decrépito, infantil,
                                 peor que lo temido. 

Un tono muy oscuro que se suaviza en Lecciones de cosas, que tiene como destinatario a su nieto Malcolm Otero, que, antes de las notas que el propio Barral redactó para la edición de Usuras y figuraciones en 1979, remata así su epílogo: “Ya no queda nada, apenas la memoria que alimenta la nostalgia. Pero están al menos estos versos en los que el poeta entró en combate con la lengua, duelos a veces a florete, en ocasiones a sable, para dejar constancia poética de un mundo que no ha de volver.”

Santos Domínguez

22/6/16

Sánchez Ferlosio. Gastos, disgustos y tiempo perdido



Rafael Sánchez Ferlosio.
Ensayos 2.
Gastos, disgustos y tiempo perdido.
Edición de Ignacio Echevarría.
Debate. Barcelona, 2016.

En un artículo de 1980 hablaba Sánchez Ferlosio del deporte como una actividad que “no cría más que gastos, disgustos y tiempo perdido.” De ahí surge el título elegido para organizar el segundo tomo de los ensayos ferlosianos, que publica Debate en una edición cuidada y anotada por Ignacio Echevarría.

Un volumen que recoge las colaboraciones en prensa de Sánchez Ferlosio desde los años setenta. Superado ya su retiro para dedicarse a los altos estudios eclesiásticos que se agruparon en el primer volumen, El País, Diario16 o ABC acogieron en sus páginas decenas de artículos de opinión en los que comentaba la actualidad política y cultural de España en las últimas cuatro décadas. De esas colaboraciones en prensa no se recogen en este tomo los pecios, que se han publicado recientemente bajo el título Campo de retamas, ni sus frecuentes cartas al director.

Fueron, aunque abundantes en algunos momentos, colaboraciones poco continuadas, esporádicas casi siempre, escritas desde la perspectiva insobornable de “un francotirador que -como señala Ignacio Echevarría en la presentación de este volumen- sin vínculos partidistas de ninguna clase /…/ discierne con insólita precocidad y contundencia los asuntos neurálgicos del acontecer nacional.”

La identidad nacional y los nacionalismos periféricos, las fuerzas armadas y el terrorismo, la censura y la tortura, la derecha y la evolución del PSOE, la educación y los medios de masas, los fastos del 92 o el Prestige estuvieron en el objetivo de la agudeza y la independencia de Ferlosio, en su mirada distante y lúcida.

Organizado en cinco partes presentados por un irónico prefacio parabólico, “Breve historia de un dinero malgastado”, el lugar central lo ocupa el apartado “Mas no todos los tiempos son unos”, que recopila en tres secciones más de cincuenta artículos que tienen como eje los variados asuntos nacionales recogidos en volúmenes como La homilía del ratón o La hija de la guerra y la madre de la patria.

El último apartado –“El anti centenario”- se centra en el quinto centenario de la conquista de América –“Cinco siglos de Historia y desventura” es uno de los artículos que aparecen como prolegómeno- y en las celebraciones del 92. Un apartado que tiene como centro el ensayo “Esas Indias equivocadas y malditas.”

Completa el volumen un anexo con la entrevista que Ferlosio le hizo al naturalista Miguel Delibes de Castro sobre los incendios forestales tras el incendio de la sierra de Guadalajara en el verano de 2005.

Además de las notas finales del editor, escuetas y oportunas, un exhaustivo índice onomástico permite la localización rápida de referencias a personas, partidos, instituciones o acontecimientos que fueron objeto de la atención de estos artículos que en conjunto constituyen una contra-crónica de la España reciente y de su historia.

Santos Domínguez

20/6/16

Somerset Maugham. Lluvia y otros cuentos



William Somerset Maugham.
Lluvia y otros cuentos.
Prólogo de Vicente Molina Foix.
Traducción de Concha Cardeñoso.
Atalanta. Ars brevis. Gerona, 2016.

“Exotismo y malicia” titula Vicente Molina Foix el prólogo escrito para Lluvia y otros cuentos, la recopilación de relatos de W. Somerset Maugham que publica Atalanta en su colección Ars brevis con traducción de Concha Cardeñoso.

Doce relatos de un escritor extraterritorial, como define el prologuista a este narrador eficaz, aunque muy alejado del canon del cuento contemporáneo. Opositor militante de los relatos de Chéjov y los efectos suspensivos de sus finales abiertos, Somerset Maugham se empeñó en construir relatos cerrados, con giros inesperados en sus desenlaces sorprendentes y efectistas,

Armados sobre un argumento consistente, apoyados en un uso ágil del diálogo y en la soltura en el manejo de registros ligeros o graves, los relatos de Lluvia y otros cuentos reflejan la eficiencia de un narrador con oficio y la solvencia de un escritor marcado por la influencia de Maupassant y más cercano al cuento decimonónico que al del primer tercio del siglo XX

Con una oralidad teatral que ha favorecido y facilitado su adaptación al cine, en los cuentos de Somerset Maugham a menudo se produce el choque entre la libertad sexual y la represión, entre la sensualidad y la hipocresía, entre la mirada occidental y las costumbres asiáticas sobre el telón de fondo de las localizaciones exóticas de estas narraciones, entre las que Lluvia, el título más conocido del autor, casi una novela corta, es la más representativa.



Santos Domínguez

17/6/16

Thomas Merton. Oh, corazón ardiente


Thomas Merton.
Oh, corazón ardiente.
Poemas de amor y de disidencia.
Edición y traducción de Sonia Petisco.
Editorial Trotta. Madrid, 2016.



Permanece inmóvil, 
escucha a las piedras del muro. 
Quédate en silencio, tratan de 
pronunciar tu 

nombre. Escucha 
al muro susurrando. 
¿Quién eres? 
¿Quién 
eres? ¿A qué 
silencio perteneces?

Así comienza En silencio, uno de los textos más significativos de Thomas Merton (1915-1968), en la traducción de Sonia Petisco. 

Forma parte de Oh, corazón ardiente, la antología de poemas de amor y de disidencia que publica la editorial Trotta en edición bilingüe preparada por Sonia Petisco, que dedicó su tesis doctoral al estudio de la creación, la crítica y la contemplación en la poesía de Merton.

Una antología bilingüe con la que –como explica Fernando Beltrán en su presentación- “se inicia un nuevo y necesario reconocimiento de la poesía de Thomas Merton, sin la cual sólo sería posible una comprensión parcial de su pronunciamiento profético.” 

Trapense en la abadía de Getsemaní (Kentucky), donde tuvo de novicio a Ernesto Cardenal, y anacoreta en Monte Carmelo, Merton es el místico más importante del siglo XX en Estados Unidos. 

Frente a los límites expresivos de la palabra, su poesía explora el territorio de lo inefable, la música callada o el balbuceo de un vuelo silencioso o la soledad sonora de las ínsulas extrañas que vienen de San Juan de la Cruz y dieron título a uno de sus libros más conocidos, The Strange Islands.

Escritos entre 1940 y 1966, los textos poéticos de Thomas Merton son el resultado de su búsqueda personal y de ese continuo, cambiante y conflictivo diálogo con el mundo en el que Sonia Petisco encuentra la clave esencial de esta poesía en la que la metáfora se convierte en brújula, en instrumento de exploración.

Esa búsqueda, que desde el silencio pasa por la palabra y vuelve al silencio en un viaje de ida y vuelta hacia el despojamiento expresivo y al olvido de sí mismo, se expresa a veces en la suave voz baja de la poesía contemplativa y a veces se convierte en voz apasionada y tempestuosa.

En ese viaje poético y vital, que pasa de la contemplación al diálogo con lo exterior, de lo devocional a la solidaridad, al pacifismo y a la preocupación social, hay desde el origen un conflicto que poco a poco se va resolviendo: entre el silencio y la palabra en un itinerario personal y poético que desde el abandono y la negación del mundo llega al compromiso con los demás.

No es el único conflicto: aunque más limitada en el tiempo, la experiencia desgarrada de un amor tardío durante cinco meses de 1966 se resolvió en la composición de algunos de sus textos más intensos. 

Sutil y contradictorio, su trayectoria es un intento de dar respuestas a dualidades como la relación entre contemplación y escritura, entre palabra y silencio, entre creación y crítica, entre el yo y el  mundo. 

En el reflejo de ese proceso conflictivo y de la voluntad de Merton de superarlo se conjugan influencias muy diversas: ingleses y americanos como Blake y Gerard Manley Hopkins, Whitman y T. S.Eliot, la Beat generation y la teología contemporánea o la  poesía en español de San Juan de la Cruz, García Lorca o Ernesto Cardenal.

Influido por la mística zen, su evolución refleja esa reconciliación de las dualidades conflictivas y su viaje hacia el silencio y el diálogo con el mundo, como en el poema que abría esta reseña, que termina así: 

Oh, permanece inmóvil, 
mientras estés vivo, 
y todas las cosas que te rodean 
están hablando (no las oigo) 
a tu ser, 
a través de lo Desconocido 
que hay en ti y en ellas. 

Procuraré, como ellas, 
habitar en mi propio silencio: 
aunque sea difícil. El mundo entero 
está misteriosamente incendiado. Las piedras arden, 
hasta ellas 
me abrasan. ¿Cómo puede un hombre permanecer inmóvil 
vislumbrando todas las cosas en llama? ¿Cómo puede atreverse 
a quedarse junto a ellos cuando 
todo su silencio 
es fuego?

Alguna vez indicó Merton que sus poemas suenan mejor en español. La espléndida traducción de Sonia Petisco en esta cuidada edición bilingüe es una buena manera de comprobarlo. 

Santos Domínguez

15/6/16

El Bosco. Visiones y pesadillas


Nils Büttner.
Hieronymus Bosch El Bosco.
Visiones y pesadillas.
Traducción de Miguel Ángel Pérez Pérez. 
Alianza Editorial. Madrid, 2016.

“El mundo que pintó El Bosco, en el que se mezclan objetos que no tienen nada que ver entre sí y otros supuestamente inánimes cobran vida, es análogo a una visión del mundo en la que criaturas mitológicas como antípodas y acéfalos servían como prueba del infinito poder creativo de Dios. Aun siendo una era de descubrimientos, en vida del Bosco la gente no había desechado su creencia en tan increíble e insólito bestiario. Los mapas de la época muestran que criaturas fantásticas, antes confinadas a la periferia del globo, ahora se podían encontrar en las tierras recién descubiertas. Así pues, cabe suponer que los seres grotescos del Bosco fueron tan imitados porque confirmaban los peores miedos de sus contemporáneos. El que criaturas tan increíbles existían era tan incuestionable como la constante presencia del mal en el mundo.”

Ese párrafo forma parte de Hieronymus Bosch El Bosco, del profesor de Historia del arte en Stuttgart Nils Büttner, un libro que publica Alianza Editorial de manera casi simultánea a su primera edición en inglés, en la londinense Reaktion Books, con traducción de Miguel Ángel Pérez Pérez. 

Desde el primer apartado -Visiones y pesadillas, epígrafe que sirve también de subtítulo a este volumen espléndidamente editado y pródigo en ilustraciones- hasta el final interpretativo, diez capítulos ahondan en un universo de pesadilla que fue la respuesta plástica de aquel irrepetible artista a la locura del mundo y a una sociedad ininteligible en al que sin embargo tuvo mucho prestigio y una posición social acomodada.

Diez capítulos que abordan el análisis de su trayectoria, de su evolución estilística, de los temas de su pintura y su repercusión en la cultura contemporánea, con especial atención al análisis de cinco obras fundamentales de las veinte que son incuestionablemente suyas, una vez descartadas las muchas atribuciones de dudosa autoría: Las tentaciones de San Antonio, la Mesa de los pecados capitales y El juicio final, El carro de heno y El jardín de las delicias. 

Una guía de lectura, sí, porque los cuadros del Bosco requieren una lectura además de una contemplación que permita entender la singularidad plástica de aquel artista que creó híbridos imposibles, símbolos y visiones que son resultado del sueño, de la pesadilla o de una imaginación desbordada y torrencial que le hizo ser apreciado y famoso ya en vida. 

Lo onírico y lo monstruoso, las alucinaciones y los enigmas, las parábolas y los refranes, el simbolismo alquímico y las fantasmagorías alucinadas alimentan el universo visual de esta pintura que representa los vicios y los placeres efímeros, las vanidades y la lujuria, la sátira social o la crítica anticlerical a través de unos cuadros que miran al interior del hombre más que a lo exterior.

El esfuerzo de interpretación de Nils Büttner permite al lector/espectador entender el contexto histórico del que brota la obra del Bosco, la mentalidad que sustenta su obra y la imagen de la vida y de la muerte que sostiene su simbología. 

Ese es el mayor mérito de este estudio imprescindible: la fijación de un marco interpretativo de los cuadros como espacios de reflexión para el espectador. Y el resultado es un  completísimo y detallado análisis de sus pinturas, de la  composición narrativa que articula sus trípticos y de la tradición iconográfica de la que forma parte el pintor.

Cuando se cumple el quinto centenario de su muerte y con la exposición que ofrece el Prado hasta el once de septiembre, este libro es una inmejorable herramienta para entender la singularidad de sus pinturas desconcertantes, que –señala Büttner- “no han perdido ni un ápice de su fascinación en estos últimos 500 años.” 

Santos Domínguez

13/6/16

Los jinetes del alba

Jesús Fernández Santos.
Los jinetes del alba.
Reino de Cordelia. Madrid, 2016.

Cuando se cumplen algo más de treinta años de su primera edición, Reino de Cordelia reedita Los jinetes del alba, la novela que Jesús Fernández Santos publicó en 1984.

Por entonces habían pasado otros treinta años desde la aparición de su espléndida novela Los bravos y su prosa había ganado en consistencia sin perder capacidad narrativa y había conseguido una calidad de página que en esta obra se aprecia desde las primeras líneas -"Bajo la vaga luz del alba, el caballo se detuvo. Su breve alzada le hacía parecer más pesado, dejándole apenas asomar la cabeza sobre el bosque de piornos y jara. Quizás por ello nadie oyó tampoco su leve trote, casi tan suave como el sedal castaño de sus crines."-hasta las últimas: "La brisa anima en las ventanas algas y mimbres que rizan la tranquila superficie. La infanta, disfrazada de Virgen, mira y calla en torno a medida que las estrellas huyen y aparece en lo alto la mancha de la luna, iluminando muros, silencios, ecos, retazos de una historia que jamás debiera volver a repetirse."

En Los jinetes del alba, ambientada en la montaña leonesa en los días agitados de la revolución de Asturias de octubre de 1934, Fernández Santos integró los recuerdos infantiles del niño de la guerra que fue, los relatos orales sobre hechos y personajes que tienen como telón de fondo aquellas vísperas de la guerra civil en unos paisajes en los que transcurre gran parte de su mundo narrativo.

Esa es la base de una novela que se sostiene, al cabo de los años, en la potencia de su estilo, en la construcción magistral de los diálogos, en la articulación de acciones y temas en el conjunto del entramado narrativo de la novela y en la capacidad de reconstruir un pasado más próximo que el de otras obras como Extramuros, Cabrera o La que no tiene nombre.

Más cercana al presente por cronología y por la repercusión de sus consecuencias, en el fondo su carácter histórico –aun siendo importante- no es lo fundamental porque la voluntad que atraviesa esta novela, como las otras citadas, es la de indagar en el sentido de la existencia humana, en la relación conflictiva del hombre con el mundo, con los demás y consigo mismo.

Y así la historia se actualiza en la lectura del presente, lo histórico importa menos que lo intrahistórico y lo cotidiano adquiere un significado simbólico como imagen de la vida. Por eso, más allá de la anécdota argumental y de sus límites espaciales y temporales, Los jinetes del alba tienen un sentido profundo y universal.

Porque, por encima de la peripecia individual de los personajes, por encima del convulso contexto histórico y social en que la sitúa su autor, la novela –como toda literatura que se precie- propone una interpretación de la realidad y de la vida. 

Y, como siempre en los cuentos y las novelas de Fernández Santos, hay aquí también una admirable voluntad de estilo, una prosa consistente, brillante y eficaz. Por eso la meritoria adaptación cinematográfica de la serie de televisión que dirigió Vicente Aranda está, pese a su valor artístico, muy por debajo de esta novela insustituible.

Santos Domínguez

10/6/16

Alberto Gaffi. La profecía de Dante



Alberto Gaffi.
La profecía de Dante.
Traducción de Juan Carlos Gentile Vitale.
Vaso Roto Cardinales. Madrid, 2016.

Organizado en seis capítulos y profusamente anotado, este volumen de Alberto Gaffi que publica Vaso Roto propone un acercamiento a la figura de Dante, a su contexto histórico y cultural y a las claves literarias, teológicas y esotéricas de la Divina Comedia, una obra de su tiempo que, como los clásicos más grandes, va más allá de su época y se proyecta en el presente intemporal de la lectura. 

Porque lo que distingue a los clásicos –y Dante es uno de los tres o cuatro grandes clásicos-, lo que les permite seguir vigentes siglo tras siglo es que están por encima de la moral accidental de su época. Si Dante es un clásico lo es porque la Comedia –que Boccaccio, su primer comentarista, calificó definitivamente como Divina- y su mundo literario, por encima de las claves místicas de la teología oriental o cristiana, por encima de las estructuras numerológicas que sostienen su construcción, excede las restricciones ideológicas de su mentalidad medieval. Como lo quijotesco o lo kafkiano, lo dantesco es una categoría que sobrepasa los límites de la literatura y de la cultura para pasar a formar parte de un imaginario colectivo y un patrimonio lingüístico que usan hasta los iletrados.

Desde los conflictos políticos que marcaron su vida, su pensamiento y su escritura en la crisis que generó la transición de la Edad Media al Renacimiento, con él se cierra la literatura medieval y se prefigura la nueva época renacentista. Porque Dante es para Alberto Gaffi un profeta de otro mundo, “hoy como entonces, un ser vivo entre las almas de los muertos y un muerto en la tierra que habla y camina entre nosotros.” Así lo vieron, alarmados y recelosos, sus contemporáneos en Florencia, como quien mira a un hombre recién llegado del lugar sin regreso, del reino de los muertos.

A caballo entre dos épocas, en la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos, entre lo cotidiano y lo sobrenatural, Dante aparece en este libro como “un hombre cósmico en meditación y armonía con el mundo.” 

En medio de las turbulencias políticas y religiosas, Gaffi destaca la capacidad profética de aquel conservador ilustrado, resume los datos fundamentales de su biografía externa, fija el lugar de su poema mayor en la literatura y la civilización de su época y rastrea sus fuentes esotéricas, clásicas y cristianas, la herencia cultural, la mentalidad y los conocimientos científicos que asimiló críticamente para hablar del mal y del amor, de la numerología y la magia, de la armonía planetaria y el pensamiento ético y político, de la la concepción filosófica que está en la base de ese vasto universo que es la Comedia dantesca.

Santos Domínguez

8/6/16

Carlos Fidalgo. Septiembre negro


Carlos Fidalgo.
Septiembre negro. 
Edhasa-Castalia. Barcelona, 2016.

Entre la fuerza de la crónica deportiva y el enfoque narrativo de un autor dueño de una técnica solvente y una prosa eficaz, los veintiocho relatos de Septiembre negro, con los que Carlos Fidalgo obtuvo el XXV Premio Tiflos de Cuento, tienen como hilo conductor las figuras reales de distintos atletas en distintas ediciones de los Juegos Olímpicos.

Cruzan por estas páginas también un boxeador gitano, un ciclista caído en el asfalto, una gimnasta niña y deslumbrante, algún nadador con bigote, pero hay sobre todo corredores: alguno tan ligero que parece despegarse de su sombra, otro que corre para ser él mismo, otro que compite contra los demás, pero sobre todo contra sí mismo; otro que galopa como un iluminado hasta quedarse sin aliento.

Zatopek y Mariano Haro, el duelo de Ovett y Coe, el vuelo de Bob Beamon en el Estadio Azteca; los guantes negros de dos atletas en el podium; Jesse Owens, el nieto de un esclavo negro que humilló a Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlín… 

Son algunos de los protagonistas de estos relatos, atletas que compiten contra otros atletas, pero también contra sí mismos y contra sus propias sombras a base de fuerza de voluntad y de capacidad de superación de las adversidades del destino.

Hay algo en ellos de los héroes clásicos que festejaron los epinicios, pero también un lado oscuro, trágico y humano, que los hace frágiles y vulnerables. 

Con la resistencia de las distancias largas o la potencia explosiva de los velocistas, entre el atleta de diseño y el provocador o el marginal, sus vidas y sus carreras transcurren en épocas y lugares muy distintos: Múnich, 1972; París, 1924; Moscú, 1980; México, 1968; Berlín, 1936; Roma, Montreal, Seúl, Melbourne…; pero hay mecanismos de cohesión como la profunda unidad de tono que armoniza estos relatos, conectados entre sí por temas, por personajes que pasan de unos textos a otros o por la presencia frecuente de la muerte.

Y frente a la variedad de perspectivas y enfoques narrativos, otro elemento de vertebración del libro: la estructura circular que enmarca el conjunto mediante la relación entre el primer relato y el último, donde se produce un simbólico relevo de la llama olímpica por el hijo de Prefontaine, el protagonista del cuento que abre el volumen.

Tres de los relatos abordan el secuestro de once atletas israelíes que murieron en el asalto para rescatarlos por parte de la policía alemana en Múnich en aquel Septiembre negro en la Villa Olímpica que da título al conjunto.  

Santos Domínguez

6/6/16

John Thomas Looney. El verdadero Shakespeare




John Thomas Looney.
El verdadero Shakespeare.
Traducción de Millán Picouto.
Linteo. Orense, 2016.

Linteo recupera, con traducción de Millán Picouto, El verdadero Shakespeare, una monumental construcción de John Thomas Looney que identifica a Edward de Vere, decimoséptimo conde de Oxford, como el verdadero autor de las obras de Shakespeare.

Publicada originalmente en Londres en 1920, El verdadero Shakespeare es eso: un admirable montaje intelectual en el que probablemente falla lo fundamental, los cimientos. ¿Por qué? Porque el punto de partida es muy discutible y se basa en la idea, evidentemente falsa, de que toda literatura es esencialmente autobiográfica.

Se abría así una brecha entre las teorías stratfordianas y las oxfordianas para resolver un misterio un poco artificial: el de la autoría de las obras de Shakespeare.

Y tampoco las conclusiones están fundamentadas, más allá de la necesidad de hacer que los datos dirijan –a veces de forma tan laberíntica como en los Sonetos- al lector a una deducción que estaba fijada de antemano. Porque se tiene la impresión de que se fuerzan deliberadamente los detalles y las fechas para que conduzcan a la conclusión prevista.

Hay en todo su entramado una incongruencia inexplicable: el hecho cierto de que De Vere protegiera a una compañía de actores -Los Hombres de Oxford- que nunca representó obras de Shakespeare.

Y en el fondo la discusión no pasa de ser trivial, porque conviene no olvidar lo más importante de todo este asunto: llamemos como llamemos a Shakespeare o a Homero, lo que importa no es eso, sino la Odisea Hamlet, Macbeth y la Ilíada.

Eso sí, aunque seguramente no era su objetivo central, este libro es una documentada reconstrucción biográfica de la figura de De Vere y un notable estudio de la Inglaterra isabelina.


Santos Domínguez