22/5/15

Caballero Bonald. Desaprendizajes


José Manuel Caballero Bonald. 
Desaprendizajes.
Seix Barral. Barcelona, 2015.

Tu tarea consiste justamente en desocupar de falacias las volubles informaciones que se fueron juntando en tu experiencia, desplazar esos conocimientos a los trasuntos perdidizos del olvido, corregir desde el fondo lo infundado. Todavía estás a a tiempo de comenzar a reconstruir tu casa, reescribir tu historia, desaprendiendo al fin lo consabido.

Con esas líneas termina Desaprendizajes, el texto que contiene las claves del último libro de José Manuel Caballero Bonald.  Y ese es lógicamente el título del volumen que publica Seix Barral.

Todo lo subterráneo tiene un orden, escribe en uno de los poemas del libro. Y a encontrar ese orden, a explorar las claves invisibles de lo visible, a reordenar la realidad con la palabra se orientan los poemas de Desaprendizajes, que contienen en su incansable voluntad interrogativa una propuesta de restablecimiento del sentido, una reinterpretación del mundo a través de una poesía visionaria y desobediente en la que se conjugan ética y estética, crítica y memoria.

Como en gran parte de la obra de Caballero Bonald, el poema se convierte en un entramado lingüístico que contiene su propias claves porque vertebra una nueva imagen de la realidad, porque el texto es el resultado de una construcción verbal en la que se practica también el desaprendizaje de la gastada carga informativa del lenguaje para abordar un redescubrimiento del mundo, a medio camino entre las revelacionas iluminativas de los místicos y las exploraciones alucinadas de Rimbaud.

A esa nueva luz, con esa mano que toca el mundo para redescubrirlo, se suceden en los textos de Desaprendizajes el canto de los pájaros en la mañana de una fronda de cipreses, la mirada crítica sobre el paisanaje andaluz, la ambivalencia de un espejismo nocturno en el Campo del Sur o la identidad propia anclada en el frágil cañamazo en que se hilvana la memoria.

Deambulaciones en busca del secreto por los territorios oscuros de la conciencia y el recuerdo, aproximaciones al borde del abismo de los acantilados, rastreo de indicios retrospectivos… Esas son algunas de las claves de un libro que practica una poética de las heridas, pero es también una suma de discrepancias, una guía de perplejos y el relato de un viaje al fondo secreto de las cosas, al encuentro de sí mismo por parte de un poeta instalado conscientemente en la nocturnidad cuando la luz declina como la conciencia y el tiempo es una atenuada imperfección.

Santos Domínguez

20/5/15

Ferlosio. Pecios reunidos


Rafael Sánchez Ferlosio.
Campo de retamas.
Pecios reunidos.
Literatura Random House. Barcelona, 2015.

'Es por el beso, no por las monedas.' Así dice en el árbol del ahorcado, escribe Rafael Sánchez Ferlosio en uno de los pecios reunidos en el volumen Campo de retamas, que publica Random House.

Porque la verdad, como decía Poe por boca de Dupin y como recuerda Sánchez Ferlosio en el texto epilogal (Como a manera de epílogo) “no siempre está dentro de un pozo” y “en lo que se refiere al conocimiento más importante, la verdad es siempre superficial”, estos textos huyen del “fraude de la profundidad, fetiche de los necios" del que advierte en el pecio inicial, Como a manera de prólogo. 

Entre esos dos textos que enmarcan el conjunto, Campo de retamas recoge los pecios completos de Ferlosio: los inéditos y dispersos en prensa, los publicados en 2002 en La hija de la guerra y la madre de la patria, los que aparecieron en 1994 en el volumen Vendrán más años malos y nos harán más ciegos. Y, finalmente, una serie de cartas al director reconvertidas en pecios, esos restos que flotan en la superficie del mar tras un naufragio y que aparecen ahora en una edición preparada por Ignacio Echevarría y revisada, purgada, pulida o matizada por el propio autor. 

A medio camino entre las reflexiones y los tanteos del Juan de Mairena machadiano, las anotaciones marginales y los aforismos de los moralistas franceses del XVII, estos textos breves abarcan un amplio espectro temático en el que se suceden el cine y la guerra, el deporte y el patriotismo, la realidad problemática de España, la cultura o la educación, muchas veces a partir de materiales periodísticos,

Pero esa variedad temática la unifica una mirada crítica y desengañada que no elude en su exigencia ética e intelectual la autocrítica, que huye siempre de la ocurrencia ingeniosa, de la burbuja chispeante, de los fuegos de artificio y que evita el alambicamiento de la prosa tanto como la simpleza de la frase.

Hay en estos pecios una conjunción ejemplar de pensamiento y escritura, de lucidez y buena prosa,de pesimismo y curiosidad intelectual. Y en estas reflexiones ocupa siempre el lenguaje un espacio central, con una crítica especial a las lexicalizaciones como síntoma de la rutina y de la pereza mental que tiende a repetir fórmulas gastadas hasta convertirlas en tópicos verbales.

Santos Domínguez




18/5/15

Alberto Manguel. Una historia natural de la curiosidad


Alberto Manguel.  
Una historia natural de la curiosidad. 
Traducción de Eduardo Hojman.  
Alianza Editorial, 2015.  

¿Qué es la curiosidad?, ¿qué queremos saber?, ¿cómo preguntamos?, ¿qué es el lenguaje?, ¿quién soy?, ¿qué hacemos aquí?, ¿dónde está nuestro lugar?, ¿qué hay después?, ¿por qué suceden las cosas? ¿qué es verdadero?

Son algunas de las preguntas sobre las que se organizan los diecisiete capítulos de la Historia natural de la curiosidad que publica Alianza Editorial, el recorrido que propone Alberto Manguel por la evolución del impulso por conocer, una actitud interrogativa vinculada a la imaginación y a su potencia creativa porque imaginamos para existir y sentir curiosidad para alimentar nuestro deseo imaginativo.

Desde los incansables y agotadores interrogatorios infantiles a las preguntas socráticas pasando por el que sais-je? de Montaigne, en las preguntas se encauza una curiosidad que indaga sobre el mundo, sobre los demás y sobre nosotros mismos.

Son esos los tres vértices de un triángulo interrogativo que funciona como un medio para declarar nuestra pertenencia al género humano cuando las proposiciones afirmativas se convierten en preguntas como las que vertebran la estructura de este magnífico viaje por la historia del hombre y de la cultura, del lenguaje y la mirada a través de las interrogaciones, porque la curiosidad es el arte de hacer preguntas.

¿Por qué?’ (en sus distintas variaciones) –escribe Manguel- es una pregunta mucho más importante en su formulación que en las posibles respuestas. El hecho mismo de pronunciarla abre innumerables posibilidades, puede acabar con los prejuicios, resumir dudas interminables. Es posible que arrastre, en su estela, algunas respuestas tentativas, pero si la pregunta es lo bastante poderosa, ninguna de esas respuestas resultará completamente satisfactoria. Como los niños intuyen, ‘¿por qué?’ es una pregunta que, implícitamente, ubica nuestro objetivo siempre más allá del horizonte.

Y porque todo empieza con un viaje, nadie mejor que Dante como guía del viaje que nos propone Manguel: Se me ocurrió que, siguiendo el ejemplo de Dante de tener guías para sus viajes -Virgilio, Estacio, Beatriz, San Bernardo- yo podría elegir a Dante como guía por el mío, y permitir que sus preguntas me ayuden a marcar el rumbo de las mías.

Un Dante que conocía el doble sentido de la curiosidad y su naturaleza ambigua, que planteó su peregrinación poética impulsado por el deseo de conocer, estimulado por la búsqueda, porque la gran búsqueda que comienza en la mitad del viaje de nuestra vida y termina con la visión de una verdad que no puede expresarse en palabras está plagada de interminables distracciones, desvíos laterales, recuerdos, obstáculos intelectuales y materiales y equivocaciones peligrosas, así como por errores que, a pesar de su apariencia de falsedad, son verdaderos.

Por eso esta Historia natural de la curiosidad, además de un intenso recorrido por la Divina Comedia de la mano de Manguel, es una peregrinación por las distintas vertientes de la curiosidad como estímulo intelectual, un viaje por los mecanismos de búsqueda que impulsan el conocimiento y las preguntas que hacen que avancemos o nos perdamos: de Ulises a la nave Curiosity que aterrizó en Marte, de la curiosidad destructiva de Pandora, Adán y Eva a Rabelais, al Sócrates de los diálogos de Platón o a Hume, que diferenció entre el amor al conocimiento y la curiosidad natural.

¿Por qué una historia natural de la curiosidad?, podría preguntarse el lector antes de leer estas páginas en las que encontrará más preguntas que respuestas. Cuando haya leído el libro quizá no tenga tampoco una respuesta, pero la pregunta ya no tendría sentido a esas alturas, porque el modo interrogativo conlleva la expectativa, no siempre cumplida, de una respuesta; por incierto que sea, es el instrumento primordial de la curiosidad. La tensión entre la curiosidad que lleva a un descubrimiento y la que lleva a la perdición late en todos nuestros esfuerzos.

Santos Domínguez

15/5/15

Preludios a una noche total


Antonio Colinas.
Preludios a una noche total.
Libros del Aire. Colección Jardín Cerrado. Madrid, 2015.


En el prólogo -Tantos años después- que ha escrito para esta reedición de Preludios a una noche total en Libros del Aire, Antonio Colinas explica que es un libro en el que "se decanta la que era y habría de ser mi voz", porque "en él están ya presentes algunas de las características esenciales de la misma: la emoción, la intensidad y la pureza formal."

Escrito entre octubre de 1967 y junio de 1968, en nueve meses de gestación casi humana, el libro se encomienda a dos significativas voces protectoras, la de Vicente Aleixandre con su potencia cosmogónica y la de Valéry con su depurada luminosidad.

Casi medio siglo después de su escritura, los poemas de Preludios a una noche total han resistido sin apenas desgaste la prueba implacable del tiempo. En ellos, la naturaleza y el amor son los cauces temáticos por los que discurre la actitud vertebral de la poesía de Colinas: la búsqueda de la plenitud esencial del ser.

Y así, con la armonía solemne de los alejandrinos o con la serenidad clásica del endecasílabo, el poeta evoca la noche honda de la plenitud en unos poemas que trazan el relato de un descenso desde la cima, el regreso de la noche oscura de los místicos.

Égloga, elegía, oda, reunión de géneros poéticos para exaltar la fusión con la naturaleza en un viaje desde la nieve a la transparencia liquida de la luz, para lamentar la ausencia iluminada con un neorromanticismo que tiene menos que ver con la sentimentalidad que con la ambición de conocimiento.

Por eso no es casualidad que el poema que cierra el libro sea Invocación a Hölderlin, que prefigura su libro siguiente -Truenos y flautas en un templo-, una obra que empezaría a escribir en otoño de 1968 y en la que fundiría cultura y vida con la misma intensidad de los tres últimos versos del poema final de los Preludios, donde están las raíces de su obra posterior:

Rasga los polvorientos velos de tu memoria
y que discurra el sueño, y que sepamos todos
de donde brota el agua que sacia nuestra sed.

Santos Domínguez

13/5/15

La imaginación en la jaula


Javier Aparicio Maydeu,
La imaginación en la jaula.
Razones y estrategias de la creación coartada.
Cátedra. Madrid, 2015.

Con La imaginación en la jaula, que acaba de publicar Cátedra, cierra Javier Aparicio Maydeu su imprescindible tetralogía crítica El artista en sus laberintos, que aborda la ficción y la creación artística contemporáneas desde una perspectiva múltiple y analiza con una mirada pluridisciplinar la siempre problemática secuencia tradición, imaginación, creación y recepción.

Una mirada comprensiva e integradora que se proyecta sobre una realidad compleja: la de la creación contemporánea, en la que desde la vanguardia hasta la actualidad se ha producido una serie tan vertiginosa de cambios que no pueden enfocarse con métodos analíticos propios del siglo XIX, adecuados quizá para acercarse al mundo narrativo de Pereda o de Galdós, pero ineficientes ante el artefacto de la ficción contemporánea de la posmodernidad o de la hipermodernidad actual.

Por eso la aportación esencial de Aparicio Maydeu es metodológica, especialmente en este volumen, que analiza el papel de la imaginación en la creación actual atendiendo también al cambio de método en los procesos artísticos paralelos –pintura, cine, música-, a los condicionantes del mercado editorial y a las nuevas tecnologías desde la perspectiva de los fenómenos sociológicos y tecnológicos que condicionan la creación.

Se completa así un estudio que no pretende proporcionar certezas, sino compartir incertidumbres sobre una época en la que la creación está sometida a la vigilancia del mercado y a las nuevas condiciones tecnológicas con una extraordinaria aceleración de los procesos creativos, lo que conlleva serios peligros como la relajación de la autocrítica, el debilitamiento de la originalidad o la disolución del concepto de autoría.

Todo ese proceso -Razones y estrategias de la creación coartada nos avisa el subtítulova ligado al descrédito de la imaginación en un nuevo contexto en el que han cambiado las reglas del juego y el autor está sometido a un asedio múltiple por parte del mercado, los media o la tecnología.

Y estas son algunas de sus secuelas más reconocibles: el control de la imaginación, la trivialización del talento, la imposición de los géneros editoriales que con su propensión a la comercialidad desplazan a los géneros literarios, las distintas modalidades de artefactos narrativos con vocación de best sellers, elaborados industrialmente para llegar a un público lector tan amplio como poco exigente: de la no ficción a la autoficción, de la novela histórica al porno para mamás pasando por el thriller y sus diversas variantes. 

Es un panorama en el que como señala el título de un capítulo estar es más que ser, aunque al final –ese es el único consuelo- el talento ni se contagia ni se fabrica. Y es que la era digital ha hecho que se pase de la ansiedad de la influencia -a la que dedicó un estudio memorable Harold Bloom- a la ansiedad de la confluencia gregaria: en redes, en grupos, en promociones que aumentan la visibilidad de los autores aunque desdibujen su voz personal en un texto incompleto que requiere de paratextos que completen su sentido, porque la creatividad en estado puro debe valerse ahora de recursos complementarios como solapas, contracubiertas, preámbulos, epílogos, índices, notas a pie de página y un largo etcétera. 

En ese paisaje de fondo se perfila una crisis de la imaginación creativa que da lugar al apropiacionismo y a la creación parasitaria en la posmodernidad, a la metaficción y a los variados métodos de suplencia de la imaginación, a una creatividad puesta al servicio de la industria cultural que marca tendencias en las diversas corrientes de la narrativa contemporánea: la banalización, la globalización o el eclecticismo como señas propias de la posmodernidad.

Si en Continuidad y ruptura se proponía una gramática de la tradición en la cultura contemporánea y se describían las tensiones entre tradición y originalidad; si en El desguace de la tradición el análisis de los mecanismos técnicos de la ficción nos llevaba al taller de la narrativa del siglo XX y en Lecturas de ficción contemporánea se abordaban la relaciones entre creación y canon y se analizaba la recepción en relación con la tradición, La imaginación en la jaula, como explica el propio Javier Aparicio Maydeu, tiene un doble objetivo: Un estudio de los fenómenos sociales y tecnológicos que están alterando la visión tradicional del proceso creativo sustentado en conceptos como el de imaginación, y una reflexión en torno a cómo debemos considerar a partir de ahora esa misma imaginación que seguramente será menos el resultado de una fantasía individual y más un complejo sistema de asociaciones de ideas, propias y ajenas, que den como resultado una respuesta del consumidor.

Culmina así su autor una tetralogía que vista en perspectiva persigue al artista contemporáneo a lo largo y estrecho de sus laberintos de altos setos, vanidad insoslayable y excesiva ansiedad.

Santos Domínguez



11/5/15

Eduardo de Ontañón. Cuartel general


Eduardo de Ontañón.
Cuartel general.
La vida del general Miaja en 30 capítulos.
Edición de Ignacio Fernández de Mata. 
Cálamo. Palencia, 2014

Publicado en 1938, con las tropas franquistas a las puertas de la Barcelona asediada donde se había editado, los ocupantes quemaron los ejemplares de Cuartel general, una obra que había sido encargada al periodista y animador cultural burgalés Eduardo de Ontañón por el gobierno republicano a través de la editorial Nuestro pueblo.

De aquellos almacenes no llegó a salir y no se distribuyó, por lo que no figuraba hasta ahora en la referencias bibliográficas sobre la literatura de la guerra civil ni en los estudios sobre la figura del general Miaja, que dirigió la defensa de Madrid desde noviembre de 1936. 

Se salvó un único ejemplar, guardado quizá con intención de utilizarlo luego como prueba de cargo. Y ese es el que ha servido de base para esta recuperación en la serie Claves de Ediciones Cálamo

Se trata de una obra que va más allá del mero ejercicio de propaganda y enaltecimiento del héroe que se toma como símbolo ejemplar de la resistencia popular ante el fascismo. Porque más allá de su carácter propagandístico, esta obra, planteada como una biografía heroica para mantener la moral de los combatientes y de la población del Madrid asediado, es una crónica intrahistórica de la guerra en Madrid, un relato ágil que no cae nunca en el peligro de la hagiografía, un conjunto de viñetas escritas con una bien trazada prosa en las que Ontañón da muestras de su capacidad descriptiva y de su solvencia en la captación de ambientes o en el retrato de personajes.

Andan por aquí Franco, traidor y sumiso con su carita de peluquero parisino y su boca babosa de eses; el general Serrano, al que una descarga de fusilería del traidor agareno le corta mortalmente una arenga en el Rif en 1924, un don Niceto ceceante y tenso o un Mola simulador y perjuro al teléfono.

Pero todo gira, como es lógico, alrededor de la figura del biografiado, que aparece aquí en un enfoque integral que no sólo lo representa como el militar del pueblo que pasó de ser casi un desconocido a convertirse en emblema de la resistencia de Madrid desde el 6 de noviembre de 1936, sino como persona: de hecho Miaja en persona se titula significativamente uno de los capítulos del libro. 

De esta muy oportuna recuperación de Cuartel general se ha responsabilizado Ignacio Fernández de Mata, que ha puesto al frente de la edición un estudio introductorio donde presenta el contexto histórico e intelectual en el que se escribe esta obra y el trasfondo político y militar que constituye su eje temático: la creación de la Junta de Defensa y la batalla de Madrid.

El conjunto se organiza en treinta capítulos breves en forma de crónica, un formato muy frecuente en las obras propagandísticas de la zona republicana durante la guerra civil al que se ajustó más de una vez Eduardo de Ontañón, sobre quien escribe el autor de esta edición: El aciago destino de su vida también tiene algo de emulación de este libro: olvidado, ha perdido, ignorado. Al menos hasta hoy.

Santos Domínguez

8/5/15

Emily Dickinson. Antología bilingüe


Emily Dickinson.
Antología bilingüe.
Selección y traducción de Amalia Rodríguez Monroy.
El libro de bolsillo Alianza Editorial. Madrid, 2015.

“Si la obra de arte se resiste siempre a la interpretación, en el caso peculiarisimo de Emily Dickinson (1830-1886) esa resistencia al sentido -sobre todo al sentido común- se presenta al lector como clave central de lectura”, escribe Amalia Rodriguez Monroy en el prólogo intenso y profundo que abre su traducción de una muestra antológica de la irrepetible poeta de Amherst que publica El libro de bolsillo de Alianza Editorial.

Una espléndida introducción al mundo poético de Emily Dickinson, un acercamiento al poema como abismo y como enigma, a su palabra ensimismada y misteriosa, una incursión en el espacio prohibido de la excepción y el margen en el que se instaló aquella mujer desolada que decidió un día encerrarse en una habitación en la que la acompañaron la angustia y la soledad, mientras veía por la ventana esa cosa con plumas que se llama esperanza:

Luego el Espacio -comenzó a tocar a muerto,
Y todos los Cielos eran una Campana.

Tan extraña y opaca como su poesía, Emily Dickinson se aisló del mundo en una clausura progresiva y física como la ceguera que sufrió en sus últimos años. Atravesó episodios sucesivos de exaltación desmesurada y profundo desánimo que se reflejan en los poemas que mantuvo a resguardo del mundo y de los que publicó sólo cinco en vida.

Desde 1861, se había parapetado detrás de lo que ella misma llamaba mi blanca elección. A partir de entonces llevó un luto particular de color blanco. Se recluyó tras los muros íntimos de la casa familiar, ajena a la atmósfera asfixiante de una ciudad pequeña. Entre el entusiasmo creativo y las horas de plomo, Emily Dickinson quiso hacer de la poesía una casa embrujada semejante a la naturaleza. Hasta que murió en esa mítica penumbra en 1886, casi nadie la vio y de ella sólo se conserva esa diáfana imagen de una blanca mariposa de la luz.

Pese a ese carácter secreto y privado de su poesía, pese al conocimiento tardío y al aún más tardío reconocimiento de su obra, su influencia es comparable a la de Baudelaire, Hölderlin, Withman o Rimbaud. Su personalidad escindida entre el encierro físico y la huida espiritual proyectó en su obra las renuncias y los desengaños, las sublimaciones y las represiones de un ambiente puritano y calvinista como el de la Nueva Inglaterra de la que procedían los Dickinson.

Entre la distante frialdad y la emoción contenida y expresada con una inusual intensidad verbal, con una constante ambigüedad, con una enigmática retórica de la elipsis y el silencio y una radical concentración expresiva que satura de sentido las palabras, la poesía fue la vía de escape de su personalidad atormentada, la forma de expresión de su mundo ensimismado y ciclotímico en el que la muerte es a la vez liberación y aniquilación.

Poesía tan hermética e inquietante, tan clara y oscura como el mundo pequeño en el que se encerró su autora, retirada de la vida y confinada en los límites de su cuarto y un jardín que veía desde la ventana, con una discreta rebeldía ante la sociedad puritana de la que fue no sólo víctima, sino una de sus flores más pálidas y tristes.

La de Emily Dickinson es una poesía del pensamiento que indaga en lo inconcebible, una exploración en los límites del conocimiento. Por eso uno de sus núcleos temáticos es el de la muerte. Además de un problema existencial, la muerte fue para un reto epistemológico y el tema central de su peculiar poesía, siempre fuera del tiempo y del espacio. La forma de afrontar ese tema es un tanteo en las sombras y en el vacío, una indagación a ciegas en el misterio, un viaje intelectual o emotivo hacia el enigma.

Recorrer estos textos es lanzar una mirada al vacío para asistir al deslumbramiento de esos "espacios abismales" a los que alude la traductora en su prólogo. Los poemas de Emily Dickinson sitúan al lector en el ámbito de lo extraño, habitan unos espacios que están en los límites que separan la vida y la muerte, el sueño y la vigilia, el dolor y el consuelo, la realidad y la fantasía

Y ese Blanco sustento -
La Desesperación.

Una traducción en la que Amalia Rodriguez Monroy resolvió brillantemente un doble reto, porque "hube de enfrentarme a mi propio miedo de que las palabras digan menos cuando son ya letra y, en cambio, había que aguzar el oído para seguir el sentido a través de sus torrentes, de sus aguas límpidas, de sus vertientes, de sus pausas o quietudes y del silencio."

Santos Domínguez

6/5/15

Cuadernos Lichtenberg


Georg Christoph Lichtenberg.
Cuadernos, I.
Traducción de Carlos Fortea.
Prólogo de Jaime Fernández.
Hermida Editores. Madrid, 2015.


¿Qué tal se ha encontrado en esta compañía? Respuesta: muy bien casi tanto como en mi habitación, anotaba Georg Christoph Lichtenberg en uno de los tres Cuadernos, el que escribió entre 1768 y 1771, que contiene el primero de una serie de volúmenes en los que Hermida Editores acometerá por primera vez en español la edición íntegra de los Cuadernos de Lichtenberg a partir de la edición original alemana.

Con traducción de Carlos Fortea y una estupenda introducción de Jaime Fernández –Toda una Vía Láctea de ocurrencias-, acaba de llegar a las librerías este primer, espléndido tomo con las anotaciones de aquel hombre que se ha convertido en prototipo del intelectual ilustrado, del científico humanista y en uno de los nombres más relevantes de la cultura alemana. 

Durante treinta y cinco años fue registrando en sus cuadernos libretas cientos de apuntes y borradores con observaciones, microensayos y exabruptos, con ocurrencias y reflexiones. Se publicaron póstumos y parcialmente desde 1801, aunque la primera edición completa no apareció hasta 1971.

La literatura y la historia, la religión y la filosofía, el cuerpo y el alma, el amor y la muerte son algunos de los temas universales que suscitaron la atención siempre lúcida y a menudo irónica de Lichtenberg, de quien dijo Goethe que en donde él gastaba una broma había siempre un problema escondido.

Buscó el aislamiento en todo lo que no fueran relaciones hormonales y negocios afectivos, a los que era tan aficionado como a los amplios intereses en los que proyectó su inacabable curiosidad dispersa.

Practicó el arte de no terminar nada, como señaló Enrique Vila-Matas en un texto que reivindicaba a Lichtenberg como cofundador junto a Sterne de la risa contemporánea.

Mucho antes que Vila-Matas lo elogiaron Goethe, Nietzsche, Mann o Canetti, que resumió así su obra: “Que Lichtenberg no quiera redondear nada, que no quiera terminar nada es su felicidad y la nuestra; por eso ha escrito el libro más rico de la literatura universal.”

Esa tendencia a lo fragmentario lo convierte en un profeta de la posmodernidad y algunas de sus observaciones sobre la importancia reveladora de los sueños y sobre la necesidad de escribir una historia del hombre dormido se anticipan a las teorías del psicoanálisis y al superrealismo.

Despreció el sentimentalismo porque “cualquier borrego puede razonar a partir de los sentimientos.” Su racionalidad y su lucidez polígrafa enfocaron todos los aspectos de la realidad, con una punzante agudeza de la que saltan chispazos intuitivos y esas luminosas esquirlas que Juan Villoro admiró en un Lichtenberg al que definió como “reportero de la inteligencia”.

Profesor de Física y Matemáticas en Gotinga, ejerció la sutileza como método e hizo de la realidad el campo de su ilimitada curiosidad. Con esa amplitud de campo frente a la docta barbarie de los eruditos especializados, fue de la física al teatro, de las matemáticas a la macrobiótica pasando, claro está, por la literatura y la filosofía. 

Aquel “ilustrado imperfecto”, como lo define Jaime Fernández en el prólogo, pasó con naturalidad de los experimentos físicos y el valor del dato comprobable a las divagaciones imaginativas, entre el asombro y el escepticismo, entre la comprensión compasiva y la crítica sarcástica: He visto en todas partes que la fuerte ambición y la desconfianza caminan juntas.

Si, como señala Jaime Fernández en su espléndido prólogo, Francia tiene a Montaigne y Alemania a Lichtenberg, los lectores tenemos a los dos gracias a esfuerzos tan admirables como el de esta edición.

Santos Domínguez

4/5/15

Manual de retórica


Bice Mortara Garavelli.
Manual de retórica.
Traducción de Mª José Vega.
Cátedra. Madrid, 2015.

Desde que se publicó su primera edición, hace casi veinticinco años, el Manual de retórica de Bice Mortara Garavelli, que reedita ahora Cátedra en su serie Crítica y Estudios literarios, se ha convertido en un texto de referencia para la crítica especializada y en un manual indispensable en la bibliografía académica de los distintos planes de estudio que tienen en la Filología uno de sus ejes.

Organizada como un tríptico, se aborda en esta obra el recorrido histórico de la retórica clásica, desde la Antigüedad grecolatina hasta la Edad Media, la supervivencia de su legado en la práctica literaria posterior y en la actualidad y finalmente la aparición de nuevas tendencias –como la retórica de la cotidianeidad o la del silencio- que reivindican la dignidad científica de la disciplina y sus aportaciones expresivas en el nivel conversacional.

Por eso este libro es mucho más que un mero manual de consulta de tropos, figuras o de las distintas articulaciones de la elocuencia en el discurso: frente a las connotaciones despectivas que rodean a veces la retórica y lo retórico, este manual es una reivindicación de su importancia y su vigencia en el lenguaje de la publicidad y una exploración de su presencia en la lengua cotidiana.

La amplitud de su campo lo delimita así Bice Mortara en los Preliminares del libro:

Cuando se dice “retórica” se habla de dos cosas mutuamente dependientes pero muy distintas. La una es la práctica y la técnica comunicativa, y también el modo en que nos expresamos (persuasivo, apropiado, elegante, adornado...; y, al degenerar, falso, redundante, huero, pomposo, etc.) /.../ La otra cosa que recibe el nombre de retórica es una disciplina, y, por tanto, un conjunto articulado de doctrinas: es la ciencia del discurso (lugar de teorías filosóficas), el conjunto de las reglas que describen su (buen) funcionamiento. Los rétores, desde la Antigüedad hasta el siglo XIX, y aún después, han organizado la disciplina como una preceptiva: la preceptiva del “hablar bien”, esto es, de la elocuencia; la acompaña, como veremos, la gramática o conjunto de normas para “hablar correctamente”.

Retórica, pues, quiere decir “práctica” y “teoría”: elocuencia y sistemas de normas que han de respetarse para ser ‘elocuentes’ y que son objeto de estudio sistemático.

La traducción, firmada por una experta filóloga de prestigio, Mª José Vega, le da un valor añadido a este Manual de retórica que llega ahora en España a su cuarta edición.

Santos Domínguez

30/4/15

Sombras chinescas


Agustín María García López.
Sombras chinescas.
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2015.


Coronado de agua recorro el laberinto; me adentro por tus calles de zarzales ardiendo. Zozobro en las sirenas de tus mudos recuerdos; por tus altas bodegas de bolitas de anís... Y me quedo soñando. Con trenes en la noche. Con risas de otras lluvias y otros sueños. Por entre el cisco húmedo de un hato de recuerdos, de un racimo olvidado de alhucemas y besos.

Es uno de los fragmentos, en bien medida prosa, de Sombras chinescas, el libro que Agustín María García López publica en la colección Tierra de La Isla de Siltolá.

Organizado en cuatro partes, la fundamental, a la que pertenece ese texto, es la que agrupa veinticuatro espléndidos fragmentos bajo el título De un manuscrito hallado en Algeciras.

Como en el resto del libro, el mar y la tierra, el recuerdo y el sueño, el amor o el viento en los veleros son el ámbito real o emocional de las navegaciones y los naufragios que evocan a Coto Maltés en una de las secciones de una obra en la que los fragmentos de prosa poética componen un mosaico en el que el poeta traza las líneas que dibujan su autorretrato:

No vivía en la tierra. Ni en el mar. Ni en el aire. Ni tampoco en el fuego.

Pero había desangrado su corazón en la copa de un árbol, teñido de aventura la espuma, encendido la brisa con vilanos de oro.

¡Hace ya tantos años...!

Quizás fuese la tierra, y el mar; y el aire, el fuego... O nada.

Textos en los que habla el mundo con su voz de agua o de árbol o estrella y el poeta reconoce su rostro en cada ola con la sombra del tiempo al fondo:

-Ya pasó nuestra hora.
Mira a tu espalda el río
convirtiéndose en sangre.


Santos Domínguez