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17 abril 2026

Rilke. Sonetos a Orfeo




Rainer Maria Rilke.
Sonetos a Orfeo.
Nueva edición con poemas y cartas inéditos.
Edición y traducción de Adan Kovacsics y Andreu Jaume.
Lumen. Barcelona, 2026.


Surgió ahí un árbol. ¡Oh pura trascendencia! 
¡Oh Orfeo canta! ¡Oh árbol más alto al oído! 
Y se hizo el silencio. Mas en ese acallarse 
hubo nuevo inicio, señal y transformación.

Bestias de la quietud salieron del claro  
bosque librado de guaridas y nidos,
y ahí se supo que no estaban por astucia 
ni tampoco por miedo tan serenas,  

mas por la escucha. Bramar, gritar, rugir
nimio les parecía. Y donde no había 
casi ningún refugio para acogerlo,

un cobijo hecho del anhelo más oscuro, 
con una entrada de quicios temblorosos, 
ahí tú les alzaste un templo en el oído.

Esa exaltación de la música a partir del canto de Orfeo y de un árbol a la  vez terrestre y celeste es el primero de los cincuenta y cinco Sonetos a Orfeo de Rilke en la traducción de Adan Kovacsics y Andreu Jaume para la nueva edición bilingüe que acaba de publicar Lumen en el centenario de la muerte del poeta.

Organizados en dos partes casi simétricas de veintiséis y veintinueve sonetos, Rilke los compuso en su refugio de Muzot en tres semanas de inspiración torrencial y escritura febril en febrero de 1922, tras una época de prolongado silencio y sequía creativa, después de diez años de espera y retiro y a la vez que retomaba y completaba las Elegías de Duino, su otra cima poética. "Al llegar de manera tan inopinada -dice en una carta- me asaltaron de tal manera  que solo me dio tiempo a obedecer."

Como recuerdan Adan Kovacsics y Andreu Jaume en su Prólogo (‘El tempo en el oído’), “el poeta vivía entonces en la torre de Muzot, en la bella región del Valais, que su amiga Baladine Klossowska –Merline para él– le había ayudado a encontrar y que se había convertido en su refugio desde julio de 1921. Merline le había regalado una postal que reproducía un dibujo del pintor renacentista Cima da Conegliano y que representaba a Orfeo tocando y cantando en el bosque, rodeado de fieras hipnotizadas.”



Junto con Las Metamorfosis  de Ovidio, que también le había regalado su protectora, de ese dibujo le vino parte de su inspiración a Rilke, que escribió los primeros veinticinco sonetos entre el 2 y el 5 de febrero. Y el resto entre el 15 y el 23, hasta componer un cenotafio, un monumento funerario para Wera Ouckama Knoop, la hija bailarina de unos amigos, que había muerto de leucemia a los 19 años. 

Así hablaba Rilke en una carta de su proceso de escritura inspirada: “Los Sonetos a Orfeo […] son, para mí personalmente, la más misteriosa de mis obras, por el modo en que surgieron y tomaron posesión de mí, al dictado, al más enigmático dictado que he padecido y cumplido.”

En su impulso hímnico, tienen estos Sonetos algo de canto de frontera, de travesía del tiempo, de viaje de ida y vuelta entre la vida y la muerte como expresión de unidad de un todo que está más allá de lo visible:

¿Es él alguien de aquí? No, de ambos
reinos se nutre su amplia naturaleza.
Con más pericia dobla las ramas del sauce 
quien antes conoció las raíces de árbol.

Si el eje de sentido que sostiene las Elegías de Duino es la unidad de la vida, la fusión del mundo visible y el invisible, del lado iluminado y el oscuro en un territorio habitado por el ángel, en los Sonetos es Orfeo el semidiós, a la vez divino y humano, el símbolo que resume esa fusión. 

De ahí la elección de la figura de un Orfeo jubiloso y unificador como eje de estos textos que, aunque variados en sus temáticas, apuntan siempre al centro que vertebra el libro: el canto de alabanza a la transformación y a la movilidad de lo vivo, el tiempo y la muerte, la relación con la naturaleza, el amor y el destino, el dolor como error del cuerpo y la integración jubilosa en la unidad del mundo.

Dios y hombre, raíz y rama, principio y fin, luz y oscuridad se funden en la figura de Orfeo, el cantor que habitó el mundo de los vivos y el de los muertos y bajó a los infiernos para rescatar a Eurídice de la muerte. Su imagen simbólica niega y supera la dualidad del mundo y en ella se concreta la idea de la unidad esencial frente a la realidad escindida. Por eso en su figura conviven jubilosamente lo visible y lo invisible, el acá y el allá, el cielo y la tierra, lo humano y lo animal, el presente y el pasado para alcanzar la máxima conciencia y la plenitud existencial del ser.

Porque, como resume en el Soneto IX,

Sólo quien alzó la lira 
aun entre las sombras 
puede la alabanza sin fin
ofrecer vislumbrando.

Solo quien comió con muertos 
de esa amapola suya 
no perderá ya jamás 
ni el son más leve. 

Aunque el reflejo en la alberca 
a menudo nos esfume: 
sabe la imagen.

Tan solo en el reino dual 
se vuelven las voces 
suaves y eternas.

Esto le decía Rilke en una carta a Gertrud, la madre de Wera: “Todo lo que humanamente hubiera bastado para llenar una larga existencia terrenal (no sabemos cuál) tuvo la posibilidad de realizarse de repente por entero. Entonces una infinita luz brotó en el corazón de la joven y en él aparecieron, iluminados, los dos extremos de su pura intuición: por un lado, el pensamiento de que el dolor es un error, una burda equivocación surgida en nuestra parte corpórea, y que hunde su cuña de piedra en la unidad cielo-tierra; por el otro, el sentimiento de la unión profunda de su corazón abierto a todo, con la unidad del mundo que es y que dura, el consentimiento a la vida, la integración jubilosa, conmovida, total, del mundo terrestre —¿sólo terrestre? No (¿qué es lo que no sabría ella en esos primeros asaltos de la demolición y de la partida?), sino la integración con el todo, en un mundo muy superior al de aquí.”

Y esa unidad integradora del mundo se resuelve poéticamente en los Sonetos de Orfeo en transfiguración y metamorfosis, en transformación del ser ejercida por el canto órfico, por la poesía. Como en el penúltimo soneto de la serie, en el que evoca a la joven bailarina muerta:

Oh ve y ven, tú, casi una cría, agrega 
por un instante la figura de la danza 
a la constelación pura de los bailes 
con los que efímeros superamos

el duro orden natural, que solo se volvió 
del todo oyente cuando cantó Orfeo. 
Eras aún la desde entonces movida 
y algo extrañada cuando un árbol mucho

se lo pensó para ir contigo de oído. 
Aún conocías el lugar donde la lira 
se alzó sonando; el centro inaudito.

Para ello ensayaste tus bellos pasos, 
con la esperanza de volver el rostro 
y el ritmo del amigo a la fiesta pura.

Todo ese proceso de transfiguración frente a la desaparición se expresa de manera culminante en el espléndido soneto final y su afirmación del ser:

Callado amigo de tantas distancias, siente
cómo tu resuello amplía el espacio.
En el oscuro yugo de las campanas 
déjate sonar. Eso que te consume 

será más fuerte con este alimento. 
De la transformación entra y sal. 
¿Cuál es tu más terrible experiencia? 
Vuélvete vino, si beber te amarga. 

En esta noche excesiva, sé arte 
de magia en el cruce de tus sentidos, 
la razón de su extraño encuentro. 

Y si lo terrenal te olvidara, dile 
a la tierra calmada: Yo fluyo. 
Al agua rápida confía: Yo soy.

Además de una nueva traducción de los Sonetos, esta nueva edición incorpora otros poemas y fragmentos inéditos en español que, aunque complementan el ciclo órfico, no se habían traducido hasta ahora y una selección de cartas en las que Rilke comenta el proceso de elaboración de la serie y su sentido.

Como hace en la carta a Katharina Kippenberg, su editora, fechada el 23 de febrero de 1922, el mismo día que escribió el soneto que cierra la serie:

Aquí ha cobrado forma, me parece, algo que viene a menudo de muy lejos, algo esencial perteneciente a la vivencia egipcia... Alguna cosa que durante mucho tiempo ha permanecido totalmente intacta y finalmente ha podido aclararse y al lado, muy cerca, algo inmediato que ha quedado claro ya desde el primer momento... 
No quiero o quizá no puedo decir nada más.
Las dos partes vinieron dadas por el momento en que fueron creadas: a principios de febrero y (la segunda parte) ahora, en estos días. En medio entró el rugido de la gran tormenta de las Elegías. De ahí que el orden (con dos excepciones, pues los poemas fueron sustituidos por otros) de las dos secciones haya quedado en forma cronológica; me falta la distancia para recolocar las piezas. Además, la secuencia según la gestación de cada una puede tener su justificación, ya que varios sonetos surgieron a menudo en un solo día, casi al mismo tiempo, de manera que a mi lápiz le costaba seguirle el ritmo a su aparición.

Santos Domínguez 


24 febrero 2016

De Orfeo a David Lynch


Fernando Broncano 
y David Hernández de la Fuente (eds.)
De Orfeo a David Lynch.
Escolar y Mayo. Madrid, 2015.

Del mito al logos, de lo mágico a lo simbólico y de la antigüedad clásica a la contemporaneidad en un proceso que abarca lo humanístico y lo tecnológico, la filosofía y la poesía, la música, la pintura o el cine.

Esos son algunos de los itinerarios que recorren los quince ensayos recogidos en el volumen De Orfeo a David Lynch que publican Escolar y Mayo Editores con la coordinación de Fernando Broncano y David Hernández de la Fuente.

Un volumen colectivo que reúne las ponencias de un curso celebrado en 2010 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid alrededor de la figura de Orfeo, “un héroe mítico –explican los editores en su Introducción- muy particular, quizá el más extraño de la antigua mitología griega, entre músico enamorado y mágico cantor, muy conocido por el amor a su mujer Eurídice, por la que cruzó la frontera del mundo de los muertos. (…) Pero, además, su figura es tal vez la que más ha inspirado a la posteridad como símbolo del creador y de su anhelo por perdurar en el amor y en la música (…) y ciertamente, triunfar de la muerte.”

Orfeo es el padre de la música y el fundador mítico de la poesía lírica, el que bajó a los infiernos y regresó frustrado de donde nadie vuelve, del mundo de los muertos, el artista que se cruza con la muerte y por un momento triunfa sobre ella y sobre el olvido.

Una figura que inspiró los cultos órficos y que recorre la historia del arte y de la cultura con la magia de su música y con su conflictiva relación con el amor y la muerte. Junto con Prometeo al que le vincula una semejante potencia trasgresora y una común y dolorosa conciencia de los límites, Orfeo es el más vivo de los mitos clásicos: tiene una presencia constante la cultura occidental y su presencia forma una parte esencial del imaginario artístico y amoroso de la historia del arte y la literatura.

Entre la poética, la mitología y la filosofía, Orfeo representa el poder de la armonía de la música y de la creatividad de la poesía para ordenar el mundo frente al caos. 

De la poesía de Ovidio a la ópera inaugural de Claudio Monteverdi, de los sonetos de Rilke al cine de Cocteau pasando por Víctor Hugo o la iconografía cristiana, autores como Carlos García Gual,  Fernando R. de la Flor, Pilar Pedraza o Alberto Ávila Salazar exploran, entre el ensayo y la ficción, la presencia de Orfeo -"el viudo en el laberinto” lo llama Pilar Pedraza en el rastreo minucioso de su huella- en la poesía española de los Siglos de oro, en la pintura, la escultura, el teatro, la música o el cine.

"El arte es el poder por el cual la noche se abre,” titula Hugo Castignani su análisis del mito de Orfeo el oscuro en Mauricio Blanchot antes de que cierre el libro un espléndido epílogo narrativo ("Damnatio ad Bestias") en el que Alberto Ávila Salazar evoca a través de Werner Herzog y David Lynch la presencia del orfismo en su cine. 

Un mito órfico que nos descubre que el infierno no es más que el pasado irreversible en el que Orfeo estuvo con Eurídice. Lo resumen con brillantez estas palabras de Fernando Broncano y David Hernández de la Fuente: “El infierno no es sino lo que fuimos. Lo sabe Orfeo.”

Santos Domínguez

03 febrero 2023

Rilke. Sonetos a Orfeo



Rainer Maria Rilke.
Sonetos a Orfeo.
Edición bilingüe.
Edición y traducción de Juan Andrés García Román.
Pre-Textos. Valencia, 2022.


 Se alzó un árbol. ¡Oh trascendencia pura! 
¡Orfeo canta! ¡Alto árbol en el oído! 
Y calló todo. Pero en tal callar 
pulsaba un nuevo inicio. Un cambio, una señal. 

Criaturas de silencio emergieron del claro 
y liberado bosque, de escondites y nidos.
Y ya no era por miedo o por astucia 
si andaban sigilosos o si eran precavidos, 

sino para escuchar. Gritar, rugir, bramar 
se habían vuelto pequeños para sus corazones. 
Donde no había morada que recogiera aquello, 

solamente un refugio del más oscuro anhelo, 
un cobertizo, sí, con postes que temblaban, 
tú les creaste un templo en el oído.

Ese es el primero de los cincuenta y cinco Sonetos a Orfeo de Rilke en la traducción de Juan Andrés García Román para la edición bilingüe que publica Pre-Textos en la colección La Cruz del Sur.

Organizados en dos partes casi simétricas, Rilke los compuso en tres semanas de febrero de 1922 como monumento funerario para su amiga muerta Vera Ouckama-Knoop. Así hablaba el poeta de su febril proceso de escritura: “Los Sonetos a Orfeo […] son, para mí personalmente, la más misteriosa de mis obras, por el modo en que surgieron y tomaron posesión de mí, al dictado, al más enigmático dictado que he padecido y cumplido.”

En su impulso hímnico, tienen estos Sonetos algo de canto de frontera, de travesía del tiempo, de viaje de ida y vuelta entre la vida y la muerte como expresión de unidad en un todo que está más allá de lo visible:

¿Es Orfeo de este mundo? No, su naturaleza 
creció de los dos reinos.

De ahí la elección de la figura de un Orfeo jubiloso y unificador como eje de estos textos que, aunque variados en sus temáticas, apuntan siempre al centro que vertebra el libro: el canto de alabanza a la transformación y a la movilidad de lo vivo, el tiempo y la muerte, la relación con la naturaleza, el amor y el destino, el dolor como error del cuerpo y la integración jubilosa en la unidad del mundo.

Porque, como resume en el principio y el final del soneto IX,

Sólo quien ya ha elevado 
su lira de las sombras 
vislumbra una alabanza 
que no se agota.
[…]
Sólo en el mundo doble 
se volverán las voces 
eternas, suaves.

Esto le decía Rilke en una carta a la madre de Vera:

“Todo lo que humanamente hubiera bastado para llenar una larga existencia terrenal (no sabemos cuál) tuvo la posibilidad de realizarse de repente por entero. Entonces una infinita luz brotó en el corazón de la joven y en él aparecieron, iluminados, los dos extremos de su pura intuición: por un lado, el pensamiento de que el dolor es un error, una burda equivocación surgida en nuestra parte corpórea, y que hunde su cuña de piedra en la unidad cielo-tierra; por el otro, el sentimiento de la unión profunda de su corazón abierto a todo, con la unidad del mundo que es y que dura, el consentimiento a la vida, la integración jubilosa, conmovida, total, del mundo terrestre —¿sólo terrestre? No (¿qué es lo que no sabría ella en esos primeros asaltos de la demolición y de la partida?), sino la integración con el todo, en un mundo muy superior al de aquí.”

En su introducción, ‘Rilke, el mago’, escribe el editor: “Los Sonetos, al contrario que las Elegías, no avanzan, se acendran, se adentran. Y esa estrategia tiene, claro está, una impronta en el asunto tratado, pues, aunque los temas sean próximos, su resultado es una transfiguración. Así en los Sonetos, el motivo de la desaparición y la metamorfosis deviene en una mística gozosa; la unión es viable, se realiza en el propio poema.”

Todo ese proceso se expresa de manera culminante en el espléndido soneto final:

Oh silencioso amigo de tan lejanos reinos, 
aún siente que tu aliento el espacio acrecienta.
Repica en la estructura del campanario oscuro.
Lo que en ti se alimenta 

toma su fuerza en esa colación.
Anda,ve, sal y entra de la transformación.
¿Qué herida duele más o qué experiencia? 
Si el beber te es amargo, tú hazte vino.

En la noche de exceso sé una mágica fuerza 
que cruza tus sentidos y el sentido 
de ese entrecruzamiento.

Y si lo de este mundo te olvidó, 
a la callada tierra di: yo fluyo.
Y al torrente de agua di: yo soy.

Nada mejor para terminar esta reseña que reproducir el temblor de las palabras con las que cierra García Román el prólogo a su espléndida traducción de los Sonetos a Orfeo:

“Rilke no es propiedad del erudito. Es esperanza. ¿De cuántos poetas puede decirse que nos han sanado? ¿Y por qué eso no tiene más eco? ¿Por qué no somos más conscientes de que sí hay ciertas respuestas que el espíritu humano ha desperdigado aquí y allá? Las necesitamos. Por eso es importante esta obra.
[…]
Quien tenga miedo a su propio declive, quien haya perdido a un padre o a un hijo, se haya distanciado de la persona a la que ama o, simplemente, ande corto de esperanza quizás encuentre aquí algún albergue. Ahora es el momento de los versos. Detén tus pasos. Aún es posible la poesía. Rilke existe.”

Santos Domínguez

 


10 octubre 2016

Antonio Pau. Vida de Rainer Maria Rilke




Antonio Pau.
Vida de Rainer Maria Rilke. 
La belleza y el espanto.
Trotta. Madrid, 2007

"Oh vida, vida: tendría que estar fuera. / Pero estoy dentro, en llamas. Ya nadie me conoce.” Esos dos versos cierran el último poema que escribió Rilke a mediados de diciembre de 1926.

Poco antes de su muerte el 29 de diciembre, pronunció sus últimas palabras: “La vida no puede darme ya más. He estado en todas las cumbres.”

Como ese último poema, esas palabras las evoca Antonio Pau en su Vida de Rainer Maria Rilke. La belleza y el espanto, una magnífica biografía que forma parte del catálogo de la Editorial Trotta y que es seguramente el acercamiento más profundo a la vida y la obra de uno de los poetas esenciales del siglo XX.

Desde su niñez y formación en Praga hasta su enfermedad y muerte en Muzot y Valmont, de los Nuevos poemas a los Apuntes de Malte Laurids Brigge, de la primera revelación de las Elegías de Duino a su estancia en Toledo y en Ronda, entre los ángeles del Greco y Los sonetos a Orfeo, una obra que va mucho más allá de la simple biografía para adentrarse en las claves de una escritura como la de Rilke, tan profundamente vinculada a la vida de su autor. Porque, siempre en el límite las dos, la de Rilke fue -como señala Antonio Pau- una vida para la obra:

“Rilke vivió para su obra. Son pocos los pasos que dio que no se encaminaron al cumplimiento de lo que él sintió como una ineludible vocación y un inaplazable deber. Eso hace que no haya episodio, pensamiento, desánimo, inquietud o proyecto de su vida que no deba tenerse en cuenta para entender su obra.”

Por eso esta imprescindible biografía, además de como una aproximación a las circunstancias en las que surgen las Elegías de Duino o Los sonetos a Orfeo, se puede leer también como una antología esencial de la poesía de Rilke con las magníficas versiones de Antonio Pau, uno de los mejores traductores de poesía alemana al español, que bucea también en lo más significativo del epistolario rilkeano en busca de las circunstancias vitales que aportan muchas de sus claves creativas. 

Porque esta no es una biografía acumulativa ni erudita, sino la propia de un lector que desde los textos se remonta al contexto vital -a menudo problemático- que los explica o de las que surge.

Con una aproximación al interior del personaje, con una técnica que evoca los primeros los primeros planos, Pau recrea la atmósfera creativa y la tonalidad espiritual de los textos de Rilke: la soledad, el asombro, los viajes sin rumbo, los largos periodos de aislamiento, la higuera que desencadenó en Toledo el comienzo de la sexta Elegía o la estrella fugaz que vio precipitarse en el vacío desde el puente de San Martín.

Entre el vacío angustioso y la creatividad desatada, entre momentos de escritura torrencial y de dolorosa sequía creativa, todo parece ir preparando en la vida y la obra de Rike esa explosión final de las Elegías duinesas y los Sonetos a Orfeo, en un largo proceso creativo que esta biografía reconstruye admirablemente.

Una biografía enriquecida con abundante material gráfico que incluye ilustraciones sobre el poeta, sobre los paisajes que fueron decisivos en su poesía y sobre las obras de arte que generaron en él un relámpago creativo que sigue iluminando la noche de los hombres porque da lugar a una poesía que tiene la inalterable transparencia del diamante.

Santos Domínguez

20 marzo 2024

Pitágoras y la ciencia sagrada


Christopher Bamford, Robert Lawlor, 
Keith Critchlow, Arthur Zajonc, 
Anne Macaulay y Kathleen Raine
 Pitágoras y la ciencia sagrada.
Traducción de Miguel Candel.
Atalanta. Gerona, 2024.


Y si de lo terrestre fueras descuidado, 
a la callada tierra exclama: fluyo.
A las rápidas aguas diles: soy

Con esa estrofa final de los Sonetos a Orfeo de Rilke, que “comprendió claramente el misterio de la magia, el ensueño, la presencia y la premonición que es Orfeo”, cierra Christopher Bamford su ‘Homenaje a Pitágoras’, que sirve de espléndida introducción del volumen colectivo Pitágoras y la ciencia sagrada, que publica Atalanta con traducción de Miguel Candel.

Se reúnen en él nueve textos sobre las matemáticas sagradas de las tradiciones pitagórica y platónica, procedentes de seis conferencias y ponencias en las que Christopher Bamford, Robert Lawlor, Keith Critchlow, Arthur Zajonc, Anne Macaulay y Kathleen Raine abordan la importancia de la herencia pitagórica y su transcendencia en la historia de las ideas y en la cultura occidental.

Porque, a medio camino entre la historia y la leyenda, entre lo apócrifo y lo mágico, entre la filosofía y la ciencia, entre la música y la religión, la figura de Pitágoras atraviesa la historia del pensamiento occidental de los últimos veinticinco siglos.

Filósofo y chamán, astrónomo y orador, Pitágoras formuló una imagen del mundo en clave numérica, creyó en la inmortalidad del alma y en la reencarnación, oyó la música de las esferas astrales y percibió el movimiento armónico del universo. Su pensamiento originó una secta y sus seguidores fundaron un movimiento político que tuvo consecuencias trágicas.

Desde el siglo VI a. C., en que aún se confundían el mito con la historia y la poesía con la filosofía, el adjetivo pitagórico califica a una decisiva tradición órfica, literaria y filosófica, que arranca de la figura legendaria y carismática de Pitágoras de Samos y de sus innumerables seguidores.

Porque, como explica Christopher Bamford, “para los antiguos, aunque Pitágoras había viajado y aprendido mucho sobre Dios, la naturaleza y la humanidad en Egipto, Babilonia, Creta (y quizá incluso en la India, donde pudo haber recibido la denominación de Pitta Guru), lo que enseñaba y practicaba era desde el punto de vista griego una forma de orfismo. De hecho, relativamente pronto llegó a atribuírsele cierto número de textos órficos, lo que confirma su orfismo a la vez que sugiere que la naturaleza de Orfeo era la de un estado iniciático angélico tal vez similar al de Hermes Trismegisto.”

Hijo de Apolo, o avatar hiperbóreo del dios, según algunas tradiciones, sobre su vida se desarrolló entre el siglo I a. C. y el X d. C. una literatura abundante y tardía, distante de los hechos y emparentada con el neoplatonismo, que tuvo sus secuelas en la tradición medieval y en el idealismo renacentista en que confluyó su herencia con la de Platón y con el cristianismo.

Una herencia persistente, porque si en el ensayo inicial, que comienza con una estancia de Holderlin, se invoca a Rilke en varias ocasiones, el texto que cierra el volumen lo dedica Kathleen Raine a explorar la mirada crítica hacia Pitágoras en la obra poética de Blake y de Yeats, “los dos poetas que más radicalmente han puesto en cuestión las premisas del materialismo occidental.”

En el neoplatónico ‘Entre niñas de escuela’ evoca irónicamente Yeats la imagen de Pitágoras y la armonía matemática de la música de las esferas:

 Pitágoras, de dorado muslo y famoso en todo el mundo, 
tocaba sobre un arco o unas cuerdas 
lo que un astro cantaba y las despreocupadas Musas oían: 
viejas ropas sobre viejos palos para asustar a un pájaro.

La luz de la naturaleza y la armonía, la arquitectura sagrada y el número cósmico, el color y la geometría del tiempo, el orfismo de la poesía y la música, la proporción y el símbolo en los templos antiguos son los ejes de los nueve ensayos que recoge este Pitágoras y la ciencia sagrada, una recopilación que es una admirable aproximación desde una perspectiva contemporánea, a “la «reimaginación» de la metafísica, la cosmología y la geometría antiguas.”

Santos Domínguez 




22 diciembre 2014

Navidades de libro

REGALO


Las mil y una noches.
Prólogo de Manuel Forcano.
Traducción y notas de
Juan Antonio  Gutiérrez-Larraya
y Leonor Martínez Sánchez.
Atalanta. Gerona, 2014.

Atalanta publica en un estuche con tres tomos una cuidada edición de Las mil y una noches, el gran monumento narrativo que desde la Edad Media ha atravesado tiempos, lenguas y fronteras para convertirse en uno de los referentes imprescindibles de literatura universal, en un libro seminal como explicó Juan Goytisolo.

Originado en parte en la tradición sánscrita india, a partir de relatos orales ya existentes en el siglo IX, llegó a Occidente en el siglo XVIII para impulsar la moda orientalizante y lo hizo desde recopilaciones modernas muy posteriores a los originales, en versiones escritas que fijaron su estructura actual a finales del siglo XV en Egipto aunque su parte nuclear se construyó en Persia.

Su marco narrativo es conocido: Sherezade y el suspense sostenido durante mil y una  noches para salvar su propia vida y la de otras mil posibles sucesoras. Un hilo conductor que -como el Decameron o El conde Lucanor- evita la mera yuxtaposición o el modelo del rosario de cuentos para subordinar los relatos a un esquema argumental sencillo y repetitivo que va acogiendo en su ritmo cíclico la serie sucesiva de cuentos.

Sobre ese marco narrativo se articula una sucesión de relatos -algunos muy largos- que vivieron en la memoria oriental antes de ser puestos por escrito y que se van abriendo camino unos a otros en una estructura que recuerda las cajas chinas o las muñecas rusas, en una acumulación correlativa que admite muchas formas de lectura y muchas vías de acceso a sus páginas.



Francisco Calvo Serraller. 
Juan Pablo Fusi. 
Historia del mundo y del arte en Occidente
(siglos XII a XXI).
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2014.

Dos especialistas de prestigio, Francisco Calvo Serraller y Juan Pablo Fusi, han reunido sus conocimientos para acometer un estudio tan ambicioso en sus objetivos como brillante en sus resultados. 

Historia del mundo y del arte en Occidente, el magnífico volumen que publica Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores aborda la historia del mundo occidental entre los siglos XII y XXI a partir de una selección de obras de arte que reflejan simbólicamente la realidad del momento histórico en el que surgen.

No  se trata pues de una historia ilustrada tradicional, en la que las imágenes se convierten en mero material alusivo que hace referencia a los acontecimientos históricos o al panorama cultural, sino de algo más complejo y más enriquecedor: de manifestar, como señalan los autores, la complementariedad entre la interpretación de lo documental y la de lo artístico, pero sin obviar su enriquecedora divergencia.

Desde el triunfo del cristianismo y el primer Renacimiento del siglo XII a la crisis de la modernidad, pasando por el otoño de la Edad Media, el Renacimiento y la Reforma, el Barroco y la Contrarreforma, la Ilustración y la Revolución francesa, la revolución industrial y el mundo contemporáneo en la mirada plástica de Giotto, Rafael y Tiziano, de Caravaggio y Rembrandt, de Velázquez y  Goya, de Friedrich y Picasso, de Modigliani y Hopper, un recorrido  por la historia occidental de la mano de aquellos artistas que supieron resumir en sus lienzos la realidad de su tiempo.



Derek Walcott.
El burlador de Sevilla.
Traducción de Keith Ellis.
Vaso Roto. Madrid, 2014.
 
Vaso Roto recupera la adaptación en verso que Walcott hizo hace cuarenta años de El burlador de Sevilla, una obra fundacional con la que Tirso de Molina aborda el mito de Don Juan desde una perspectiva más metafísica que erótica.

Walcott hizo esta versión por encargo de la Royal Shakespeare Company, una reescritura contemporánea del mito que comienza en una finca caribeña, en un campo de garrote en Trinidad, donde se estrenó en 1974.

Puede parecer aventurado hablar aquí de un ejercicio de fusión como el que se hace en música, pero es exactamente eso, la música del verso y el ritmo escénico,  lo que más interesa a Walcott de una obra escrita en una lengua que desconocía.

Y ese desconocimiento, en  lugar de perjudicar su comprensión, permite abordar el texto como si de una partitura musical se tratase: lo que espero haber sacado de la original es principalmente el ritmo de sus escenas. No tengo ningún conocimiento de la lengua española /.../ pero como es el caso de las lenguas romances en general, uno puede ser arrastrado por un torrente estrecho de poderoso lirismo sin comprender casi nada, impulsado por la pasión de su sonido.

De ahí a la incorporación de la música de Trinidad y los ritmos antillanos del calipso no hay más que un paso hacia el proceso de fusión del barroco y lo criollo, de lo europeo y lo afroamericano, de la palabra del verso español y el compás sonoro del Caribe.

Un inolvidable Don Juan criollo en la estupenda traducción, llena de matices y sonoridad, de Keith Ellis.




Eiji Yoshikawa.
El cantar de Heike.
Volumen I.
Traducción de Rumi Sato.
Ilustrado por Jin Taira.
Satori. Gijón, 2014.

Satori publica el primer tomo de la versión modernizada de Heike monogatari, uno de los grandes clásicos de la literatura japonesa.

Compuesto a comienzos del siglo XIII, Heike monogatari es una epopeya originada en la tradición oral y cantada durante siglos. Y así como en los textos homéricos están las raíces temáticas de la literatura occidental, en esta monumental obra se perfilan algunas de las claves sobre las que se desarrolla la literatura japonesa a partir de una peculiar fusión de elementos cultos y populares.

Organizada en doce libros, con algunos elementos trágicos y líricos que se insertan en su estructura épica, esta obra narra la guerra sin cuartel por el poder que ennfrentó durante cinco años a dos clanes de samuráis: los rudos Genji y los refinados Heike. Y en torno a ese núcleo central se organiza una secuencia de batallas y venganzas, de intrigas y traiciones que protagoniza un nutrido repertorio de personajes, de héroes, antihéroes y damas dolientes o intrigantes que encarnan distintas actitudes y valores humanos sobre los que se proyecta una cierta mirada nostálgica, una elegía que idealiza el pasado.

La versión que publica Satori con traducción de Rumi Sato es la que reescribió durante siete años, desde 1947, Eiji Yoshikawa, un autor de novelas históricas, para ofrecer el espejo del pasado en aquel presente de la posguerra mundial. Con espléndidas ilustraciones de Jin Taira, con apéndices que contienen árboles genealógicos, mapas y un gráfico sobre el cómputo del tiempo desde la hora del ratón a la del caballo, esta edición es el resultado de un esfuerzo admirable con el que Satori sigue su incansable y brillante labor de acercamiento de la cultura japonesa al lector español.



Charles Chaplin.
Un comediante descubre el mundo.
Traducción de José Jesús Fornieles Alférez.
Confluencias Editorial. Almería, 2014.

Confluencias edita en un hermoso tomo generosamente ilustrado, precedido de una amplia introducción de Lisa Stein Haven, Un comediante descubre el mundo, el relato de un viaje en el que Chaplin volvió a Londres para visitar el hospicio en el que había vivido.

Era solo una de las estaciones de un viaje alrededor del mundo -París, Berlín, San Sebastián, Argel, Ceilán, Singapur, Bali, Tokio- y, sobre todo, del viaje alrededor de sí mismo que se desarrolló entre 1931 y 1932, en un momento crucial de su obra, entre Luces de la ciudad y Tiempos modernos.

Unas memorias de viajes que Chaplin publicó en cinco entregas en una revista femenina y que se ha acabado convirtiendo en un libro que, como explica la prologuista, convierte a  Chaplin  en “el único protagonista de la industria cinematográfica que utilizó la narración de un viaje como herramienta promocional.”

En las páginas de Un comediante descubre el mundo comparecen en compañía de Chaplin otros personajes centrales del siglo XX, como Albert Einstein, George Bernard Shaw, Winston Churchill, H. G. Wells, Gandhi o Marlene Dietrich, que quisieron conocerlo y compartir mesa y conversaciones con aquel artista que reflejó como nadie en el cine el desvalimiento del individuo en el mundo contemporáneo, la suma de luces y sombras, de lo admirable y lo ridículo, de lo trágico y lo cómico.

Tal vez por eso encontró su mejor expresión en el silencio del cine mudo y en el claroscuro del cine en blanco y negro.



David Zane Mairowitz.
El castillo.
Traducido por Carlos Mayor.
Ilustrado por Jaromír 99.
Nórdica. Madrid, 2014

Inconclusa y póstuma, El castillo fue una de las obras que Kafka encargó destruir a su amigo y albacea Max Brod, que la publicó en 1926. Junto con El proceso, es una de las novelas fundamentales de Kafka, quizá también la más compleja en su entramado simbólico. La peripecia del agrimensor que llega a la aldea que está al pie del inaccesible castillo plantea una alegoría de la frustración y la autoridad, de la absurda e implacable máquina burocrática que aniquila al individuo en medio de una atmósfera opresiva.

Como siempre en Kafka, al fondo está el padre, la búsqueda y el problema de la identidad, la construcción de un objetivo vital. Desorientado y perplejo, como los protagonistas kafkianos, esperanzado a veces, K. acaba asumiendo el fracaso de sus proyectos, porque –como explica David Zane Mairowitz- “en el fondo nada está al alcance de K., que se ve sentenciado a deambular por el pueblo nevado, sorteando toda una serie de tentaciones eróticas.”

En la versión gráfica que publica Nórdica con el texto adaptado por David Zane Mairowitz y las ilustraciones de Jaromír 99, la novela de Kafka adquiere una nueva dimensión con unos dibujos expresionistas que captan a la perfección el agobiante universo literario de Kafka.



Carlos Aguilar.
Guía del cine.
Cátedra Signo e imagen. Madrid, 2014.

Corregida y aumentada con entradas nuevas, llega a su quinta edición la espléndida Guía del cine de Carlos Aguilar, que publica Cátedra. Más de dos mil páginas de una obra en marcha que no se limita a la mera recopilación de miles de fichas técnicas sobre películas de todo tipo, de diversas épocas y distintas procedencias geográficas y culturales.

Lo que hace que en estos tiempos de internet y bases de datos en red siga teniendo vigencia esta monumental obra es que, junto con los datos objetivos de fechas, directores, guionistas o actores de reparto, Carlos Aguilar proyecta en cada título breves y certeros juicios de valor que agradece el aficionado al cine.

Juicios positivos como el que le merecen películas cimeras como El séptimo sello –“inmensa fuerza visual”, “genial”, “inolvidable”- o Campanadas a media noche –“sobrecogedora visualmente” con un Welles “exuberante y espléndido.”

O juicios demoledores como estos: “el problema de Tarantino es cuando hace cine para los tarantinistas”; “Un engendro de lujo que, por añadidura, no termina nunca” (Avatar); “Un falsamente brillante dechado de petulancia y autoafirmación autoral, repleto de gratuidades y excesos” (El gran Lebowski); “Apoyado en el irritante underplaying de Bill Murray, y con un humor lamentable (…) supone uno de los filmes más preocupantemente sobrevalorados de su momento”  (Lost in Translation)

Organizada con un criterio alfabético de títulos en español y completada con dos índices de consulta rápida: uno de títulos originales y otro de directores, esta obra es una guía titánica que también  se puede leer, como quiere su autor, “a base de cruzar referencias, como una sintética y personal historia de un siglo de Séptimo Arte.”



Carlo Collodi.
Las aventuras de Pinocho.
Ilustraciones de Manuel Alcorlo.
Traducción de Antonio Colinas.
Prólogo de Emilio Pascual.
Reino de Cordelia. Madrid, 2014.


Había una vez un trozo de madera.

Ya se sabe, el que encuentra el maestro carpintero Cereza. Un trozo de madera con voz de niño, un trozo de madera que llora y ríe y que acaba en manos de Geppetto, el viejecillo que fabrica con ella un muñeco que acaba teniendo vida propia.

Con espléndidas ilustraciones de Manuel Alcorlo, la edición de Las aventuras de Pinocho que acaba de publicar Reino de Cordelia recupera la celebrada traducción que Antonio Colinas firmó en Bruguera y en Siruela.

Cuando están a punto de cumplirse 125 años de la muerte de su autor, Carlo Collodi, esta cuidada edición viene avalada no solo por sus magníficas ilustraciones y por la calidad de su traducción. La abre un prólogo en el que brilla la palabra inteligente de Emilio Pascual, que señala que “basta con abstraer un poco el comportamiento de Pinocho para que sus andanzas se conviertan fácilmente en las de otro muñeco, tan desvalido como peligroso: el hombre. Pero ni siquiera esto necesita la novela. Es tan fresca, tan jugosa, tan divertida, que su lectura se avala por sí misma.”



Antón P. Chéjov.
Cuentos completos
(1885-1886)
Edición de Paul Viejo.
Páginas de Espuma. Madrid, 2014.

Avanzar con Chéjov titula Paul Viejo el prólogo que abre su edición del segundo segundo volumen de los Cuentos completos de Chéjov en Páginas de Espuma. Se reúnen aquí en orden cronológico 165 cuentos –cuarenta de ellos inéditos en español- escritos en 1885 y 1886, dos años de una intensa creatividad de Chéjov

Entre un relato tan extenso como Un drama de caza y un texto como Fracaso, casi un microrrelato, este volumen contiene cuentos que forman parte del canon narrativo chejoviano y que son ya clásicos imprescindibles de la literatura universal: Tristeza, Aniuta, La corista, En el camino o Vanka, por citar sólo algunos. Con versiones de los mejores traductores de Chéjov al español, están en ellos de una manera muy clara rasgos como la capacidad de sugerencia entre líneas, la hondura de su mirada al interior de los personajes o la elipsis de sus finales abiertos.

Un segundo volumen con el que Páginas de Espuma sigue avanzando en el camino de su monumental edición de los Cuentos completos de Chéjov, que culminará en el invierno de 2016 con la publicación del cuarto tomo. Es la primera vez que se acomete en el ámbito hispánico un proyecto tan ambicioso como el de reunir a lo largo de cuatro años y en cuatro volúmenes toda la narrativa breve del maestro ruso, uno de los fundadores del cuento contemporáneo, en las versiones de sus mejores traductores al español.




Javier de Juan.
Sic Transit
o La Muerte de Olivares.
Los tebeos de Cordelia.
Reino de Cordelia. Madrid, 2014.

Treinta años después de su primera aparición, Reino de Cordelia reedita Sic transit o La muerte de Olivares, uno de los cómics que renovaron decisivamente el panorama de la historieta gráfica en España.

Una historia potente gráficamente basada en un guión truculento, desarrollado en cuatro capítulos y muy bien resuelto. Una historia protagonizada por el torero Olivares, que muere en su última tarde víctima de una cornada y de una Muerte celosa de la novia del matador.

Porque entonces, en 1984, señala Javier de Juan en el prólogo -La muerte y el torero- “solo dos cosas parecían importantes de verdad. Importantes y definitivas: El Amor y la Muerte.”

Con una evidente influencia del cine expresionista alemán, Sic Transit revisa el mito de Orfeo y Eurídice para invertirlo con una perspectiva que recuerda la mirada de postrimerías del Barroco y una mirada proyectada sobre “un Madrid más cerca del siglo XIX que del XXI. La Calle Mayor mojada y gris como en una novela de Galdós. Un mundo sin teléfonos móviles, sin Internet. Un Madrid analógico y atemporal.”

Esta bellísima edición recupera en un apéndice los apuntes y bocetos que utilizó Javier de Juan para diseñar este clásico imprescindible del género en España, del que dice su autor: “Si los cómics tuvieran música, la de Sic Transit debería ser épica.”



Robert Graves.
La Diosa Blanca.
Traducción de William Graves.
Alianza Literaria. Madrid, 2014.

Alianza Literaria publica una nueva edición ampliada y corregida de La Diosa Blanca, uno de los libros imprescindibles del siglo XX, a la altura de los estudios de antropología cultural de Campbell o de La rama dorada de Frazer.

Es la versión definitiva de esta gramática histórica del mito poético, un clásico en el que Graves indaga en la esencia de la poesía como forma de conocimiento asociado a la cultura matriarcal simbolizada en la diosa de las mil caras –Deméter, Hécate, Perséfone, la triple musa que es fuente de inspiración, de creación y de destrucción.

Es la diosa blanca de la irracionalidad poética, de los mitos y los ritos asociados a la diosa lunar desalojada en el siglo V a. C. por la cultura patriarcal que impuso el racionalismo y el culto a Apolo, al pensamiento lógico y al raciocinio filosófico que articula la cultura occidental desde Sócrates, Platón y Aristóteles.

Traducida por su hijo William Graves, La Diosa Blanca es –como señala en su espléndida introducción Grevel Lindop- “uno de los libros más extraordinarios del siglo XX” y una exploración monumental en la raíz de la poesía en un ensayo que acaba inundándose de un potente lenguaje poético, lo que explica esta advertencia inicial de Graves: “es justo advertir a los lectores de  que éste sigue siendo un libro muy difícil, así como muy extraño, y que deben evitarlo quienes posean una mente distraída, cansada o rígidamente científica.”


NARRATIVA


Honoré de Balzac. 
Cuentos completos 
de La Comedia humana.
Edición y traducción de Mauro Armiño.
Páginas de Espuma. Madrid, 2014.

Páginas de Espuma publica una espléndida edición de los Cuentos completos de La comedia humana de Balzac, un cuidadísimo volumen con casi treinta cuentos, entre ellos textos tan fundamentales como La obra maestra desconocida o El elixir de larga vida, reunidos, traducidos y anotados por Mauro Armiño, que explica en su introducción la génesis y las peculiaridades de cada uno de los relatos del volumen, que en conjunto “pertenecen a todas las divisiones citadas en que Balzac distribuyó su gran obra: desde escenas de la vida privada a la militar y política, desde escenas de la vida de provincias a la vida parisiense o rural, así como los estudios filosóficos.”

Forman parte del ambicioso proyecto que había decidido titular La comedia humana parodiando el título de la obra mayor de Dante, un empeño titánico que le igualaba a Napoleón, porque si el emperador había acumulado un poder inmenso, él se enorgullecía de llevar una sociedad entera en su cabeza y de componer una obra de enorme ambición, con tres o cuatro mil personajes, siguiendo los modelos de los tratados de biología para reflejar la sociedad de su tiempo.

Escenas de la vida privada, de provincias, parisiense, política, militar y rural. En esos seis libros se organizan los Estudios de costumbres, la parte fundamental en que se agrupan los casi cien títulos que Balzac afrontó en menos de veinte años para reflejar la historia de quienes no aparecen en los libros de historia, para poner en el primer plano de sus novelas a quienes hasta entonces habían sido figurantes anónimos, para revelar la vida privada y los comportamientos sociales y familiares de cientos de personajes intensamente individualizados en su carácter y en sus actitudes.




Sherwood Anderson.
Winesburg, Ohio.
Prólogo de Luis Chitarroni.
Traducción de Natalia Moret.
Eterna Cadencia. Madrid, 2014.

La intrahistoria rutinaria de una pequeña población del Sur profundo bajo la mirada penetrante de George Willard, un reportero local que crea el fresco inolvidable de las vidas de Winesburg, Ohio.

Por debajo de la superficie de esas vidas cotidianas, Sherwood Anderson, maestro reconocido de Faulkner y padre estilístico de Hemingway, exploró en esta obra coral las pulsiones ocultas que marcan de verdad el tono de la existencia sombría de estos personajes en su pequeño mundo.

Eterna Cadencia recupera este clásico fundamental de la literatura norteamericana en una cuidada edición traducida por Natalia Moret y presentada por un breve e intenso prólogo -Optimismo supernumerario- de Luis Chitarroni, que destaca en Winesburg, Ohio “su suficiencia feliz, desbordante, su acertada forma.”

Casi cien años después de su primera edición en 1919, gran parte de la narrativa breve del siglo XX sigue teniendo aquí su fuente inagotable. Una de esas obras maestras a las que se vuelve una y otra vez porque no se agotan nunca y siguen aportando en cada relectura nuevos matices ocultos bajo su aparente sencillez y dando una lección de eficacia narrativa y de solvencia estilística.




George MacDonald.
Fantastes.
Traducción de Juan José Llanos.
Prólogo de C. S. Lewis
Imaginatio vera.
Atalanta. Gerona, 2014.

"Nuestra vida no es un sueño, aunque debe convertirse en uno, y quizá lo haga". Esa cita de Novalis encabeza el último capítulo de Fantastes, la novela fantástica que George MacDonald publicó en 1858 y que edita Atalanta con traducción de Juan José Llanos y prólogo de C. S. Lewis.

Una novela de hadas para hombres y mujeres es el significativo subtítulo de esta obra tardorromántica, marcada por la influencia de románticos alemanes e ingleses como Heine, Schiller, Shelley o el mismo Novalis.

Una novela de formación en la que se acumulan elementos mágicos y míticos propios de un mundo onírico al que no se desciende, porque es el resultado de un ascenso espiritual simbolizado en el nombre griego –Anodos- del protagonista, que despierta una mañana en su habitación con una puerta abierta que comunica el mundo real y la fantasía.

Una puerta abierta a los ritos de paso y al bosque encantado en el que se suceden los prodigios y los seres mágicos imaginados por este creador moderno de mitos, autor de los Cuentos de hadas que se publicaron en esta misma editorial.

A esa “frontera significativa” que acababa de rebasar con su lectura se refiere C. S. Lewis, el autor de Las Crónicas de Narnia, que evoca la noche decisiva en que leyó este libro: “Esa noche mi imaginación fue, en cierto sentido, bautizada supe que acababa de rebasar una frontera."




John Galsworthy.
La saga de los Forsyte.
Traducción de Susana Carral.
Reino de Cordelia. Madrid, 2014.

Con una nueva traducción de Susana Carral, Reino de Cordelia publica en un espléndido volumen La saga de los Forsyte al completo. Tres novelas y dos interludios que las conectan y contienen la historia de tres generaciones de la alta burguesía de profesionales y propietarios en la transición desde la Inglaterra victoriana hasta la que se sobrepuso a la Gran Guerra.

Esa clave del cambio de dos mundos y dos épocas es la que explica también la peculiar situación de John Galsworthy, que –como sus personajes- representa el final de una época literaria, la de la novela victoriana y su realismo con gotas de melodrama.

De ahí la crítica demoledora que de la escritura de Galsworthy –“escribe sobre cosas carentes de importancia” – hizo Virgina Woolf, que pertenecía ya a otro sistema de valores sociales y practicaba otra manera muy distinta de escribir novelas.

Aun así, esta novela río contiene el panorama social y la geografía moral de un mundo que estaba a punto de desaparecer. Las tres generaciones de los Forsyte se reflejan en sus espacios interiores de salones privados y clubes selectos, en las calles del Londres victoriano y en los  paisajes intemporales de la campiña inglesa. Y mantiene la fidelidad de un público amplio aficionado a los largos novelones ambientados en un mundo como aquel, refinado y decadente, del final de una época.




Wilkie Collins.
La mujer de blanco.
Traducción de Miguel Ángel Pérez Pérez.
Alianza Editorial. Madrid, 2014.

En su colección 13/20, Alianza Editorial publica una nueva traducción de Miguel Ángel Pérez Pérez de La mujer de blanco, una novela clásica de misterio de Wilkie Collins que para Borges era una de las obras maestras de la literatura universal.

Construida sobre el cruce de las distintas perspectivas narrativas aportadas por diversos testigos, Wilkie Collins justificaba así ese sagaz procedimiento en el Preámbulo de la novela: “La historia que aquí presentamos la contará más de una pluma, del mismo modo que la de un delito la cuenta en un tribunal más de un testigo".

Con una trama compleja y sabiamente organizada en función de la intriga que era necesario sostener desde su primera aparición por entregas en 1860 y con unos personajes de profundo trazado psicológico que van cruzando sus puntos de vista, La mujer de blanco es una de las creaciones más acabadas de su autor, que aquí fijó algunas de las claves estructurales más eficaces de los relatos detectivescos, con giros inesperados y sorpresas frecuentes.



Arthur Conan Doyle.
El relato de John Smith.
Edición e introducción de
Jon Lellenberg, Daniel Stashower y Rachel Foss.
Traducción de José Miguel Parra Ortiz.
Confluencias Editorial. Almería, 2014.

Confluencias rescata la primera novela de Conan Doyle, El relato de John Smith, que se publica por primera vez en España tras una peripecia que lo mantuvo inédito y que salió a la luz hace diez años en una subasta en la que la  Biblioteca Británica adquirió el manuscrito.

Conan Doyle escribió esta novela primeriza y precursora cuando ya había empezado a publicar relatos sueltos en revistas y decidió dar un paso adelante con esta obra que contiene algunos elementos que se desarrollarían en el ciclo de Sherlock Holmes, pero que que se extravió antes de llegar al editor.

Tras su reescritura en un ejercicio de memoria, El relato de John Smith se quedó casi siglo y medio en un cajón hasta que, finalmente, tras la subasta del segundo manuscrito, se editó en Londres hace tres años.

La traducción de José Miguel Parra Ortiz que acaba de publicar Confluencias es la primera que se hace del texto original, en el que Conan Doyle utiliza a un cincuentón misántropo como portavoz de sus ideas y su visión del mundo, que en parte traspasó luego a su memorable detective.



Doppo Kunikida.
Musashino.
Traducción de
Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.
Prólogo de James Cahill.
Ardicia. Madrid, 2014.

Ardicia publica una joya narrativa: siete relatos en los que el japonés Doppo  Kunikida (1871-1908) expresó el sentimiento del paisaje y exploró la relación del hombre con su entorno natural.

La doble condición de novelista y poeta de Kunikida le permitió indagar con una mirada intensa en la naturaleza y en la relación del hombre con ella: un paisaje oriental con luna y con ciruelos, con nieblas y sombras en el bosque, un paisaje animado con mares y montañas que recuerda mucho al de la poesía es el centro de estos relatos en los que la acción apenas importa y no hay intriga, sino puro transcurso emocional sobre el trasfondo de los ciclos naturales y las estaciones.

Con variados procedimientos narrativos que van desde la incorporación de un diario al uso agilísimo de los diálogos, estos delicados relatos comparten lo mejor de la prosa y la poesía oriental y revelan, en palabras del prologuista, “una apacible y melancólica nostalgia en sus imágenes que recuerdan a los poetas de los haikus y los tankas.”

Marqués de Sade.
Cuentos eróticos.
Traducción de Enrique Martínez Fariñas.
Hermida Editores. Madrid, 2014.

En el bicentenario de la muerte del Marqués de Sade, Hermida Editores publica una selección de veintidós cuentos eróticos que Sade escribió en la cárcel – fue el último de La Bastilla- o ingresado en el manicomio de Charenton, de donde salió ya muerto en 1814.

Un simulacro de envenenamiento ideado por un marido celoso, una serpiente doméstica y con poderes sobrenaturales, gascones de buen humor, mujeres divertidas y príncipes de Sodoma, fantasmas que se aparecen para dejar herencias y tesoros escondidos, intrigas cortesanas y sátiras anticlericales, libertinos desvirgadores y esposos complacientes, el olor de la flor del castaño y el esperma que Sade –ignorante de la fisiología- situaba en los riñones varoniles, un preceptor de filosofía carnal que explica en clase práctica el concepto de trilogía, un cornudo de sí mismo...

Una variada fauna moral presentada por el buen humor y la ironía de Sade en los relatos breves que conviven en este volumen con El magistrado burlado, casi una novela corta muy representativa, porque contiene las claves temáticas y estilísticas de un narrador irrepetible en una estupenda traducción de Enrique Martínez Fariñas.


María José Codes.
La peluca de Franklin.
Menoscuarto. Palencia, 2014.

En La peluca de Franklin, que publica Menoscuarto, Maria José Codes reúne dos historias convergentes. Si la que sirve de base y da título al volumen evoca la anécdota de la peluca de Franklin en el mar durante un viaje secreto que hizo en 1776 con el objetivo de recabar el apoyo de Francia y España para la independencia de Estados Unidos frente a Inglaterra, la segunda se sitúa en el Madrid de 2014.

Mediante una técnica contrapuntística que comunica con habilidad ambos relatos con admirable sutileza, la narradora experimentada que es María José Codes construye una novela ágil cuyo desarrollo mantiene el interés del lector.

Un interés sostenido o creciente en torno a una trama en la que los lentos viajes marítimos del pasado histórico se convierten en un presente vertiginoso de ideas gaseosas y sucesos que se desvanecen al minuto en el torrente de informaciones de la actualidad.

Porque, como en su anterior Control remoto, la autora vuelve a explorar en esta novela las relaciones humanas en el marco de la sociedad tecnológica y de la sobreinformación.


Matt Sumell.
Hacer el bien.
Traducción de Ismael Attrache.
Turner. Madrid, 2014.

Dura, originalísima, magistral. Son algunos de los calificativos que ha suscitado Hacer el bien, la novela de Matt Sumell que publica Turner en su nueva colección El Cuarto de las Maravillas.

Hacer el bien es una novela escrita con una sorprendente mezcla de humor y crueldad, de violencia y sentimentalismo, desde la perspectiva verosímil y conflictiva de una primera persona –la del complicado Alby- que no es estrictamente autobiográfica, aunque se nutre parcialmente de la experiencia personal de su autor.

La agresividad narrativa del personaje que la cuenta y la protagoniza refleja su problemática relación con el mundo, con los demás y consigo mismo. Esta es la primera novela de un narrador que sin embargo no es un principiante en la narrativa, porque ya había dado muestras de su talento en una serie de relatos publicados en distintas revistas.


Guy de Maupassant.
Yvette.
Traducción de Luisa Juanatey.
Editorial Pasos perdidos. Madrid, 2014.

Pasos perdidos publica Yvette, uno de los relatos más significativas de Guy de Maupassant. El relato de una iniciación que hace un recorrido por la educación sentimental de una joven soñadora que debe renunciar a sus ilusiones y a un idealista proyecto de vida que la realidad se encarga de desbaratar.

Traducida por Luisa Juanatey, en esta novela corta Maupassant está a la altura de sus mejores cuentos, aquellos que le han hecho figurar, junto con Poe y con Chejov, en la trinidad de autores fundamentales de la narrativa breve decimonónica.

Maupassant no fue el más sutil de los narradores, pero sí uno de los más convincentes y poderosos en la creación de atmósferas y ambientes. Brillan aquí, como en sus mejores relatos, la técnica y el oficio de un narrador imprescindible. El pesimismo, la crueldad del mundo, las patologías de la conducta, el egoísmo y la venganza, la pequeñez de la clase media y la miseria moral y material de las clases bajas, la crítica de la hipocresía o la ironía amable de Maupassant recorre esta nouvelle con la potencia de su mirada introspectiva.



Upton Sinclair.
El fin del mundo. 
Traducción de Pablo González-Bueno
Hoja de Lata. Gijón, 2014.

Tras año y medio de trayectoria, Hoja de Lata consolida su presencia en el panorama editorial con una nueva apuesta por la literatura de calidad: El fin del mundo, una magnífica novela en la que Upton Sinclair (1878-1968) aborda la Europa de la Gran Guerra a través de la mirada extranjera de Lanny Budd, un muchacho norteamericano, hijo natural de un fabricante de armas, que comparte internado elitista en Dresde con los herederos de algunas de las familias más poderosas del continente.

Con una cuidada traducción de Pablo González-Bueno, sus más de setecientas páginas de amplio formato y largo aliento narrativo se leen con interés sostenido, no sólo por su agilidad periodística, sino porque en esa mirada distante del protagonista de esta hiistoria novelada proyectó Upton Sinclair en 1940 su propia perspectiva sobre muchas de las claves históricas, políticas y sociales que explican  aquel largo conflicto que cambió decisivamente el mapa del mundo.

Con El fin del mundo Sinclair iniciaba una larga serie de novelas en las que a través de la mirada precisa de Lanny Budd, que nace en 1900 y que acabaría como agente secreto en el centro de muchos acontecimientos históricos, analizó críticamente el panorama de la primera mitad del siglo XX con una lucidez que llevó a George Bernard Shaw a aconsejar la lectura de estas novelas testimoniales para conocer cómo fue aquel mundo. De hecho, su reflejo del nazismo en Los dientes del dragón mereció el Pulitzer en 1943.


POESÍA



Charles Baudelaire.
Las flores del mal.
Versión al español e introducción 
de Manuel J. Santayana.
Fotografías de Fiona Morrison
Vaso Roto. Madrid, 2014.

Con una memorable versión de Manuel J. Santayana y con una espléndida serie fotográfica de la artista Fiona Morrison, Vaso Roto publica en edición bilingüe Las flores del mal, un libro esencial en el nacimiento de la poesía contemporánea.

Baudelaire vivió entre 1821, el mismo año que murió Napoleón, y 1867, el año en que Marx publicaba El capital. Entre esas dos fechas capitales y simbólicas transcurrió la vida de uno de los fundadores de la literatura contemporánea, del autor que más ha influido en la poesía del último siglo y medio, no sólo por haber creado el género del poema en prosa, una de las formas características de la modernidad, sino por haber incorporado en su obra alguno de los temas fundamentales de esa misma modernidad, como el reflejo de una identidad borrosa y desvanecida, la obsesión por el paso del tiempo o los paisajes urbanos de una ciudad que no es sólo el fondo, sino el centro y el tema de su poesía, como explica Manuel J. Santayana en su prólogo Baudelaire. Los rostros y las máscaras del poeta.

Con ese libro explosivo se abría un abismo insalvable con la poesía anterior. Seguramente se inauguraba así desde 1857 la poesía contemporánea, porque a partir de Las flores del mal, pese a la indiferencia de los críticos venales de la época, pese a la condena del libro en los tribunales, ya no se podrá seguir escribiendo poesía como hasta entonces. Pero al margen de su importancia histórica y de su potencia germinal como fundadora del canon del que surge la poesía contemporánea, Las flores del mal tienen una virtud más alta: mantienen intacta su capacidad para conmover y para sorprender al lector actual.



Luis Alberto de Cuenca. 
Cuaderno de vacaciones. 
Visor Poesía. Madrid, 2014.

Escritos entre los veranos de 2009 y 2012, más de la mitad de los poemas de Cuaderno de vacaciones están fechados ese último año, al que corresponden cinco de las ocho partes en que se organiza el libro.

Unos poemas que armonizan contrarios y fusionan cultura y vida, comunicación y conocimiento, lenguaje literario y lenguaje cotidiano para dar lugar a una poesía figurativa que tiene sus referencias temáticas en asuntos como el amor, la memoria o la amistad, su marco espacial en los ambientes urbanos y sus modelos formales en la narratividad, el hiperrealismo y la línea clara. 

Y aunque en algún momento parece triunfar el alba milagrosa y las “victoriosas mañanas” derrotan momentáneamente a un mundo que no es más que un desvaído infierno sin colores y sin formas, los poemas del Cuaderno de vacaciones se sitúan en un territorio cada vez más sombrío, en las profundidades de mí mismo,/ donde la angustia, donde la ansiedad.

Más allá de las máscaras que ha ido dejando por el camino en estos cuarenta años, este es seguramente el libro más confesional de Luis Alberto de Cuenca, el más claro y el más oscuro de los suyos, el más auténtico y potente de una trayectoria en la que el personaje poético se ha ido acercando cada vez más explícitamente al sujeto real.



José Ángel Valente.
Poesía completa.
Edición de Andrés Sánchez-Robayna.
Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores.
Barcelona, 2014.


Yo fui un joven escritor en un tiempo sombrío, recordaba Valente en 1996, mirando desde lejos ya su trayectoria poética, exigente y rigurosa como pocas, una trayectoria creciente desde A modo de esperanza hasta la primera inflexión importante que supuso Material memoria y culmina en El fulgor y en No amanece el cantor, en una evolución marcada por la coherencia y la depuración. Porque Valente es un poeta de indiscutible importancia y de innegable incidencia incluso entre quienes se sienten distantes de su poesía, de su poética y de sus juicios jupiterinos.

Galaxia Gutenberg/ Círculo de lectores reedita su poesía completa, que recoge la trayectoria poética de un escritor total, de trayectoria tan personal como decisiva para la poesía española contemporánea. Es la palabra poética por la que se desciende a las infinitas capas de la memoria en una obra que no deja de crecer hacia lo hondo del ser.



William Shakespeare.
Sonetos.
Traducción de Jenaro Talens.
Introducción y notas de Richard Waswo.
Letras Universales Cátedra. Madrid, 2014.

No es una mera edición más de los Sonetos de Shakespeare. Tanto el espléndido estudio introductorio y las notas de Richard Waswo como la afinadísima traducción en alejandrinos de Jenaro Talens convierten esta edición bilingüe que publica Letras Universales Cátedra en un modelo de referencia entre la docena larga de traducciones que se han publicado en España en los últimos años de esta cima de la poesía occidental.

Una cima de Shakespeare en la que, como explica el prólogo, “la fuerza, la belleza y el brillo del lenguaje, la complejidad de la sintaxis y la sutileza de los ritmos parecen perfectamente acordes con la variedad estilística de la mejor poesía que despliegan sus obras de teatro” y son el cauce de expresión en estos sonetos del “análisis más completo y variado del tema central de toda la tradición: la psicología moral del amor.”

Los Sonetos, que se publicaron en 1609 y que entonces pasaron casi desapercibidos, son hoy, tras cuatro siglos de controversias y enigmas, la parte más viva y conocida de la poesía de Shakespeare. Ciento cincuenta y cuatro textos de una belleza turbulenta que siguen, después de tanto tiempo, tan desafiantes y tan resistentes al asedio crítico como el primer día.

La desconcertante convivencia que hay en ellos de sutileza y grosería y la rareza de sus personajes –el amigo joven, el poeta rival, la dama oscura-, su opaca secuencia argumental siguen planteando interrogantes al lector actual, que no puede dejar de asombrarse ante la modernidad de unos textos de enorme calidad que en cada traducción parecen adquirir nuevos matices y nuevos brillos.


Antonio Cabrera.
Montaña al sudoeste
(Antología poética).
Selección y prólogo de Josep M. Rodríguez.
Renacimiento. Sevilla, 2014.

“Realidad y conciencia (Ocho invitaciones a la poesía de Antonio Cabrera” titula Josep M. Rodríguez el prólogo que ha escrito para presentar Montaña al sudoeste, la selección de poemas de Antonio Cabrera que ha reunido en un volumen que publica Renacimiento.

Desde En la estación perpetua a los cinco inéditos que cierran la antología, el lector tiene aquí la posibilidad de leer los textos más representativos de Con el aire o Piedras al agua, en los que confluyen, como señala Rodríguez. “la emoción, la mirada y la inteligencia” en un ejercicio de contención que da a estos poemas una intensidad luminosa y una armonía rítmica que constituye una de sus señas de identidad.

La poesía de Antonio Cabrera es una forma de ver y pensar el mundo con una mezcla de meditación y sensaciones por parte de un yo lírico emocionado y reflexivo que dialoga con el paisaje y el recuerdo y pasa del objeto al concepto a través de una mirada que oscila entre lo exterior y lo interior para indagar en lo hondo y explorar sus propios límites

La poesía de Antonio Cabrera se apoya en el mundo, es una reivindicación de los objetos como parte de nuestro propio ámbito. Y la delimitación de ese espacio propio desde el ritmo lento de llanto razonado con el que el poeta aborda la realidad está hecha también de tiempo, de una intensa temporalidad que surge de una mezcla de exaltación del instante presente y de melancolía sometida al freno de la serenidad y de la contención verbal, una actitud que resumen estos versos de Una poética: De luz y de abstracción/está rodeado/todo.



María Sanz.
La paz del abandono.
Renacimiento. Sevilla, 2014.

Lo triste permanece si hay un rastro / de larga inmolación, de oscura nieve / sobre la anatomía desbocada / que niega a los espejos su evidencia, escribe María Sanz en su último libro, La paz del abandono, que publica Renacimiento.

Amor, tiempo y soledad son los tres vértices del triángulo temático sobre el que se sustenta una poesía que encuentra su sentido en el cauce sereno de su verso y en los tres movimientos -percepción, contemplación y reacción- en que se conforma el poema, que se convierte en el lugar de encuentro de lo exterior y lo interior, de la subjetividad que va, con versos escuetos y recogidos, volcados hacia dentro y dichos en voz baja, desde el corazón hasta la palabra, a través de la música.

Porque en los poemas de María Sanz suena al fondo la música de Schubert, el oboe de Bach o el violín de Vivaldi, siempre en un solo virtuoso y atormentado que brilla con el tibio resplandor de su palabra.

Como en el resto de su obra, el lector contempla en estos versos el recorrido emocional de María Sanz, dueña de una voz poética potente y propia, clara y verdadera.



Julio Mariscal Montes.
Poesía completa.
Introducción de Blanca Flores Cueto.
La Isla de Siltolá. Colección Arrecifes. Sevilla, 2014.

Cuando se van a cumplir casi cuatro décadas de la muerte del poeta, se acaba de dar un paso definitivo en la recuperación de la poesía de Julio Mariscal con la publicación de su Poesía completa en un volumen preparado por Blanca Flores Cueto, autora del amplio estudio introductorio, en la renovada colección Arrecifes en La isla de Siltola. Se rescata así a un poeta imprescindible del oscuro pozo de silencio en el que se le había desterrado y que no era solamente consecuencia de su aislamiento en Arcos de la Frontera o de su confinamiento en Paterna de Rivera, sino el precio de la homosexualidad que vivió de manera muy conflictiva y que marcó decisivamente su existencia y su escritura desgarrada.

Entre el existencialismo torturado de Corral de muertos, un Spoon River gaditano, y el póstumo Aún es hoy, la poesía de Julio Mariscal se mueve en el cruce del amor y de la muerte, entre la mirada al paisaje horizontal de los trigales y el sentimiento de culpa de su religiosidad atormentada y problemática. Y entre esos dos títulos, libros como Pasan hombres oscuros, con el amor como respuesta a la destrucción del tiempo; los espléndidos sonetos penitenciales de Quinta palabra, en los que proyectó su propio viacrucis; la poesía social de Tierra de secanos, con el paisaje de Paterna al fondo y la pobreza del campesino en primer plano; o Tierra, posiblemente su mejor obra. Un libro de 1965 construido sobre la polisémica metáfora del título, que evoca el tiempo y el amor desde la raíz trágica y telúrica que alimenta la poesía potente de Julio Mariscal, de cuyo mundo poético dan idea versos como estos: Nacemos muertos ya. Somos tan muertos / ahora que gozamos o luchamos, / ahora que vamos deshojando estrellas.



Enrique Zumalabe Ramblado.
Además del llanto.
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2014.

Además de ser llanto, me abandono / me derramo en tus manos como música fácil.

Entre la elegía y la oda, entre la memoria personal del amor perdido y la celebración del presente, las biografías imprecisas, los recuerdos borrosos y tristes de los padres y los abuelos, la muerte y el alzheimer, los hermanos y los amigos habitan los poemas de Además del llanto, de Enrique Zumalabe, que publica La Isla de Siltolá en su colección Tierra.

Están en ellos la infancia y la juventud evocadas desde el presente de una voz que desde su tono coloquial establece una conversación consigo mismo más que con el otro, una conversación afectiva que exige complicidad y busca explicarse un presente conflictivo o celebrar la vida (Celebro que estoy vivo) o el amor en los seis poemas eróticos de una de las secciones de un libro escrito por quien sabe que sin música no hay poema y que la falta de memoria desahucia la conciencia.



Miguel Sánchez Gatell.
La lucidez del número.
Bartleby Editores. Madrid, 2014.

Los poetas ingleses no sangran: / solo dudan, escribe Miguel Sánchez Gatell en La lucidez del número, el volumen con el que Bartleby Editores recupera la voz poética de un autor cuyo silencio se prolongaba ya durante demasiados años.

Entre el ser y el estar, los poemas de La lucidez del número reconstruyen con palabras la memoria de un tiempo derrumbado en el mar innumerable, en esos océanos de ceniza que se quedan ya siempre con nosotros.

Un camino al silencio y al mar de los desnudos a través de la aritmética impar de la soledad, del número mínimo del límite y las sombras con poemas memorables en los que vive lo que no ha dejado de habitar el terreno de la poesía: el tiempo y el amor, la tierra y los recuerdos, los cuerpos sin futuro y sus huesos socavados por los años, el puro número primo en la memoria o la pureza perdida de lo previo, mientras al fondo hay niños que no llegan nunca a adultos / porque nadie les enseña el secreto de los códigos / y hay dehesas, dehesas, eternos encinares / llenísimos de ahorcados.


Santos Domínguez