17 febrero 2012

Dismundo


Rogelio Blanco Martínez.
Dismundo.
Prólogo de Juan Gelman
Reino de Cordelia. Madrid, 2011.

Habla de tu aldea y serás universal, aconsejaba Tolstoi. Lo recuerda Juan Gelman en el prólogo que ha escrito para presentar Dismundo, la primera obra narrativa de Rogelio Blanco, un conjunto de nueve relatos breves que publica Reino de Cordelia.

Nueve relatos ambientados en Dismundo de Brezales, en un lugar cualquiera del noroeste ibérico, una aldea aislada y fría en la que sus habitantes, los dismundianos, han diluido sus sueños en los arroyos a la espera de la ansiada cosecha de centeno y de patatas, entre la añoranza de épocas mejores y la recepción de alguna novedad traída desde una aldea próxima.

Desde la profundidad de la memoria, Rogelio Blanco evoca un mundo rural anclado en la profundidad del pasado. El monótono ritmo natural de los ciclos agrícolas marca la lentitud de la vida de una aldea con escuela unitaria regentada por doña Bibina, una maestra ignorante y fétida a la que humilla en público la inspectora provincial.

Una aldea que alivia su abandono con vendedores ambulantes, con un cerezo astringente y unos aldeanos hoscos que calzan zuecos para ir a la cantina a beber orujo y fumar cuarterón, con rebaños acosados por lobos en la nieve y gallinas agresivas de las que, andando el tiempo, un soldado tomará cumplida venganza; con un niño que puede salir del pueblo gracias a la circunferencia y una niña que lleva al cuello una cuelga con seis pollos muertos.

La vida de sus habitantes marca su rutinaria continuidad intrahistórica y los personajes se convierten en los ejes de cada uno de los relatos, que evoca sus nombres propios en los títulos: los atávicos, casi prerrománicos, Domiciano, Leontino, Armelinda, Alipio, Gaudencio, Gracelina, Sisinio y Elina.

Otras veces, los nombres propios que aparecen en los títulos son los de animales como el heroico perro Navarro o la vaca Gallarda, voraz con las manzanas.

Esos nombres propios, y otros tan ancestrales como los de algunos personajes secundarios –Rudesindo, Meregilda, Eutropio, Quiteria, Evencio, Dorinda, Verevaldo...- parecen nombres de personajes de Berceo, de figuras de retablos de piedra o de obispos de Constantinopla, pero además simbolizan un mundo parado en la historia, un mundo fuera del mundo desde hace ocho siglos.

Un lugar sin futuro en el que casi la mitad de la tumbas del cementerio son de niños. Entre la muerte y una supervivencia llena de privaciones, entre la extrema pobreza material y la dignidad del resistente transcurre la vida de los dismundianos, tan dura como el paisaje de oteros y brezales o como las inclemencias del clima y sus nieves frecuentes.

En un mundo como ese transcurrió la infancia de Rogelio Blanco, que en estos relatos superpone la mirada del niño que fue a la del adulto que es, y por eso evita en su evocación el patetismo y se impone el freno de la contención tanto en la añoranza melancólica como en la denuncia del atraso, desde un lugar intermedio en el que confluyen esas dos miradas –la del niño y la del hombre- entre lo lírico, la narrativo y lo testimonial, entre la actitud crítica y la evocación compasiva.

Nueve cuadros que componen un conjunto en el que se relacionan entre sí no solo por su ubicación en el mismo espacio sin historia que es Dismundo, sino por la presencia en varios de ellos de los mismos personajes.

Nueve historias que completan un retablo humilde de la pobreza y reconstruyen, como sugiere Juan Gelman, un universo nocturno en el que hay que aguzar la vista para apreciar el fulgor de cada uno de sus astros.

Santos Domínguez

16 febrero 2012

Simón Viola sobre Plaza de la palabra

Santos Domínguez Ramos.
Plaza de la palabra.
Prólogo de Félix Grande.
Editora Regional de Extremadura. Mérida, 2011.


Plaza de la palabra es una Antología poética que recoge textos de los libros publicados hasta ahora por Santos Domínguez Ramos (Cáceres, 1955), un conjunto de títulos que jalonan una de las trayectorias líricas más sólidas de la poesía actual, reconocida con más de diez premios literarios de prestigio.

Los títulos antologados son Pórtico de la memoria (1994), La orilla del invierno (1996), Cuaderno de Abul Qasim (2001), Las provincias del frío (2005), En un bosque extranjero (2006), Las sílabas del tiempo (2007), La flor de las cenizas (2008), Para explicar la nieve (2009), Nueve de lunas (2010) y Luna y ciencia nocturna (2010).

Desde Jóvenes poetas en el Aula, una antología de 1983 al cuidado de Ángel Sánchez Pascual, su nombre ha estado presente en las revisiones y antologías posteriores: Abierto al aire (1984, de Ángel Campos y Álvaro Valverde), Diez años de poesía en Extremadura (1995) o Literatura en Extremadura. Poesía (2010, Miguel Ángel Lama).

De estos proyectos regionales (Pórtico de la memoria apareció en la Diputación Provincial de Badajoz, La orilla del invierno en la de Cáceres), su nombre saltó a antologías y ediciones de ámbito nacional y su obra se hizo merecedora de premios como el Gerardo Diego, Jaime Gil de Biedma, Eladio Cabañero, Tardor, Alcaraván o Manuel Alcántara entre otros, un buen ejemplo de cómo las editoras públicas, bien gestionadas, pueden tener una notable repercusión positiva en su entorno y aciertan tanto cuando, con criterio, impulsan al poeta novel en sus inicios como cuando recopilan en selecciones antológicas o en ediciones de obras completas una producción dispersa en ediciones de pequeñas tiradas.

A lo largo de estos años, Santos Domínguez ha desarrollado asimismo una labor de crítica literaria en revistas especializadas y, de modo regular, en dos blogs (En un bosque extranjero y Encuentros de lecturas) y si recordamos ahora esa aportación es por la notable simbiosis que en su caso se produce entre lectura y creación.

El primer poema de Las provincias del frío (un lugar marcado en cualquier obra) presenta al poeta diciendo: “El lector se levanta para ver la fatiga vegetal del paisaje, / triste como los lunes en los parques zoológicos”.

Su propensión a incorporar en casi cada poema una cita ajena traza, de un lado, el contorno de sus amplias preferencias lectoras y expresan, de otro, una personalidad poética singular ajena a la “angustia de las influencias”, pues en la configuración de un talante lírico operan con igual rendimiento las experiencias personales que la formación lectora. Recuerda Luis Antonio de Villena que la tradición es “la vida misma de la literatura o del arte” (el escritor recuerda una formulación de Pedro Salinas: “La tradición es la habitación natural del poeta”). La poesía de Domínguez Ramos nace estimulada por una tradición, cultural y literaria, que el poeta revitaliza al asumirla de un modo selectivo y se presenta al lector arropada por ella (las referencias cómplices a otros poetas, las apoyaturas culturales, las citas... son numerosísimas en el libro).

Son muchos y variados los entornos culturales a los que el poeta dirige su atención: la tradición grecolatina, la cultura árabe con todas sus formas de mestizaje cultural, la tradición europea y estadounidense y por supuesto la española e hispanoamericana en evocaciones de autores o personajes de ficción contemplados con frecuencia en el declive o en el cierre de sus trayectorias: Luis Cernuda contemplando un ocaso en su exilio mexicano, el rey Lear bajo una tormenta, San Juan de la Cruz mirando sus manos vacías, Macbeth viendo cómo el bosque de Birnam se acerca, Luis de Góngora de regreso a su ciudad natal (en 1626, un año antes de su muerte), Jorge Guillén reposando en el “último jardín”, Hölderlin en la torre de Tubinga…

Pero los poemas no dan visiones objetivas y despersonalizadas, sino que afloran desde la intimidad del hombre que, al comunicarlos, lo hace con una voz y unos sentimientos propios. En toda su obra está latiendo esta fusión de vida y cultura, de lectura y experiencias vitales que dejan su huella dolorosa, y por ello Félix Grande puede considerar en el prólogo: “Por aquí ha pasado el dolor. Este libro es una joyería de cicatrices y todas ellas reúnen la moral de las llagas, la cortesía de la atención a la calamidad, la cordura del llanto pudoroso, la lealtad que transportan en el pico las cigüeñas del desconsuelo”.

Afirma el autor en un epílogo con que cierra la antología que la poesía se asienta en “lo nocturno y lo extranjero. Estos son el tiempo y el terreno del poema” (y En un bosque extranjero titula uno de sus libros).

En varias ocasiones, el escritor recuerda a Lorca cuando confesaba: “el poeta que va a escribir un poema tiene la sensación de que va a una cacería nocturna a un bosque lejanísimo [...] Se vuelve de la inspiración como se vuelve de un país extranjero”. Todas estas imágenes tienen que ver con el “extrañamiento”, un concepto, analizado por los formalistas rusos, que remite a un actitud poética basada en el asombro de quien contempla algo por vez primera, como un visitante extranjero que descubre atónito un paisaje desconocido, un espacio que en el caso de Santos es con frecuencia el de la intemperie (el invierno, la lluvia, la niebla, la tormenta, el desierto o el bosque en cuya espesura entona su canto un ave solitaria) para concluir afirmando: “Un hombre es extranjero / en cualquier cementerio en que repose”.

Nos encontramos, en fin, ante una obra diversa y plural en la medida en que el autor se ha aproximado a tradiciones culturales diferentes, pero a la vez homogénea, hilvanada por una misma mirada (la única cita repetida, en un poema y en el epílogo, es “La lengua es un ojo”, de Wallace Stevens) desde la que se contempla el mundo con asombro y perplejidad, por la presencia dominante de determinados temas y motivos, por una expresión formal marcada por el extraordinario dominio léxico y técnico, por una dicción culta ajena a la lógica discursiva en que “se encuentran los límites oscuros de lo racional y lo irracional, lo visible y lo invisible, lo consciente y lo inconsciente”, por el sentido del ritmo (“el poema es también una propuesta rítmica, una estructura musical”) y el uso de los metros más musicales del castellano.

Simón Viola

15 febrero 2012

Relatos de Henry James


Henry James.
Relatos.
Varios traductores.
Selección y prólogo de Luis Magrinyà.
DeBolsillo. Barcelona, 2012.

DeBolsillo reedita en su serie Clásica los Relatos de Henry James en un volumen preparado y prologado por Luis Magrinyà. Un volumen que, desde su primera edición –hace poco más de diez años- se ha convertido en un libro de referencia imprescindible, porque ofrece no solo la mejor selección de relatos de Henry James, sino también sus mejores traducciones al español.

Organizados en cuatro ejes temáticos (En sociedad, Entre artistas, Entre muertos y En la desolación), se recogen aquí once relatos de Henry James escritos entre 1883 y 1910.

Aparece en ellos la capacidad analítica de uno de los padres de la narrativa contemporánea, su realismo subjetivo y la variedad de enfoques y matices que recorre su obra: la sutileza introspectiva de El cerco de Londres, protagonizada por una americana en Londres; el ejercicio de virtuosismo sobre el punto de vista y la conjetura perversa de En la jaula; la ambigüedad de las palabras y las actitudes que van del desengaño a la ambición y la crueldad en La lección del maestro; la búsqueda frustrada de una inasible realidad en fuga en Lo real; el misterio opaco que flota sobre Sir Dominick Ferrand; la reflexión sobre el rol social del escritor en La muerte del león; la reivindicación de la memoria y de los muertos de nombres impronunciables en El altar de los muertos, en el que lo cotidiano ahoga los recuerdos; la historia de amor y horror, entre la fantasía y la realidad, entre el misterio y la melancolía de Los amigos de los amigos; Maud-Evelyn, una cima de la literatura fantástica, un relato de fantasmas sin fantasmas; la dimensión terrorífica de lo cotidiano en La tercera persona, quizá el más flojo y previsible de una selección que se cierra con El banco de la desolación, un texto desolado y desolador que transcurre en una inesperada frontera entre la pesadilla y la imaginación mágica, entre la bondad y el odio.

Entre el relato breve y la novela corta, en estos textos está el Henry James más sutil y ambiguo, el autor refinado y magistral que controla todos los mecanismos del relato, juega con los narradores indirectos y bucea en lo más profundo de los personajes y en sus contradicciones, en la patología de la vida cotidiana, en las presencias fantasmales y en el terror que se instala en la existencia; el escritor que ahonda en la soledad y en la tristeza, en las ilusiones y en la fatalidad, en la soledad de los vivos y los muertos, en la melancolía y en el espejismo imaginativo; el Henry James experto en elipsis y dueño de una calculada técnica narrativa; el asombroso Henry James del que habla en su espléndido prólogo Luis Magrinyà.

Entrar en un libro de Henry James es aceptar un reto de sutileza, inteligencia y humor para salir de él con sentimientos encontrados de satisfacción y perplejidad, porque el astuto narrador que aparece en su relatos siempre se guarda un as en la manga, un giro final inesperado para demostrar que es él quien manda.

Ese mundo narrativo lo resumió Borges certeramente, como de costumbre, en estas pocas líneas: Los lectores de James se ven obligados a una continua y lúcida suspicacia que a veces constituye su deleite y otras su desesperación.

Santos Domínguez

13 febrero 2012

Mailer. Un arte espectral


Norman Mailer .
Un arte espectral.
Reflexiones sobre la escritura.
Traducción de Elvio Gandolfo.
BackList Contemporáneos. Barcelona, 2012.

Antes que cualquier otra cosa, Un arte espectral es seguramente el testamento literario de Norman Mailer (1923-2007), un conjunto de ensayos, artículos y entrevistas que aparecieron en 2003 y que llevan como subtítulo Reflexiones sobre la escritura. Acaban de aparecer en BackList con la traducción de Elvio Gandolfo que publicó hace cuatro años Emecé.

Ese, un conjunto ordenado de reflexiones sobre la práctica de la escritura, es el hilo conductor de unos textos escritos a lo largo de la vida literaria de Mailer, que en el prefacio con tres advertencias y una disculpa resume el sentido de esta recopilación:

Este libro (...) trata sobre la escritura, sus peligros y alegrías, sus vicisitudes, su soledad, su celebridad (...) Es innecesario agregar que habla de problemas de oficio y trama, personaje, estilo, tercera persona, primera persona, la psicología especial del escritor.

Para elaborarlo, Mailer reunió una selección de casi doscientos artículos dispersos, prólogos e introducciones, a los que añadió otros cincuenta textos, inéditos y escritos expresamente para este libro o que recuperaban reflexiones asistemáticas publicadas en entrevistas.

El resultado es un volumen amplio que afronta los problemas de la escritura desde una perspectiva avanzada y exigente, porque la popularidad de la mala literatura es análoga a la comida basura.

No se trata de un manual básico para principiantes de primer o segundo año de taller literario, sino de la reflexión rigurosa de un narrador avezado que escribe para lectores expertos, para escritores iniciados y sobre todo para ordenar sus propias ideas sobre la escritura como revelación y descubrimiento, porque –y así explica Mailer el título- escribir es algo espectral. No existe la rutina de una oficina para mantenerse en marcha, sólo la página en blanco cada mañana, y nunca sabes de dónde vienen tus palabras, esas divinas palabras.

El negocio editorial y las reseñas, el estilo y sus riesgos, la psicología del escritor y sus planteamientos filosóficos, éticos y existenciales, la relación de los géneros narrativos con el periodismo, el cine y la televisión son algunos de los aspectos sobre los que reflexiona Mailer desde la doble perspectiva de quien hizo compatible la labor del narrador y la del periodista:

Si lo que escribes es un reflejo de tu propia conciencia, incluso el periodismo puede volverse interesante.

Junto con alguna que otra trivialidad filosófica, en estas páginas está el Mailer más lúcido y provocador, pero también el que asume la herencia de los grandes novelistas. Por eso cierra el libro una amplia sección dedicada a los maestros, a gigantes como Tolstoi, Dostoievski, Hemingway, Faulkner, Capote o Jonathan Franzen.

Un libro cuya finalidad explica Mailer en estas líneas:

Tomado en conjunto, el resultado -esperamos- es un volumen capaz de atraer a los escritores dedicados y a la gente que desea escribir, a los estudiantes, a los críticos, a los hombres y mujeres a quienes les encanta leer. Pero sobre todo, este puede ser un libro para novelistas jóvenes que desean mejorar sus capacidades y su compromiso con las dificultades sutiles y los misterios no cartografiados de la escritura de novela seria en sí misma.

Santos Domínguez

10 febrero 2012

La visita de Safo y otros poemas para despedir a Lennon

Juan Carlos Mestre.
La visita de Safo
y otros poemas para despedir a Lennon.
Calambur. Madrid, 2011.

En la lejanía del llanto mayo es una ausencia, esta ausencia tuya de encontrar ya sólo palomas en tu casa. Así termina Elegía en mayo, el primer poema que Juan Carlos Mestre reconoce como propio. Lo escribió aún adolescente y bajo la conmoción emocional provocada por el suicidio de un joven amigo poeta.

Es uno de los textos que forman parte de La visita de Safo y otros poemas para despedir a Lennon que publica Calambur. Este volumen recupera La visita de Safo, que apareció en la Colección Provincia en 1983, y añade otros textos de aquella época que estaban dispersos en publicaciones periódicas. Así se reúne por vez primera la poesía juvenil de Mestre, en su forma original o revisada y reescrita desde la búsqueda y la conciencia autocrítica que ha inspirado la labor creativa del poeta.

La música y el tiempo, el amor y la palabra, la memoria y el deseo atraviesan estos poemas en los que está en germen el mundo poético de Juan Carlos Mestre y una dicción ambiciosa que amplía los límites del conocimiento a través de la imaginación visionaria y de la potencia metafórica de sus poemas.


Santos Domínguez

09 febrero 2012

Martín de Riquer. Los trovadores


Martín de Riquer.
Los trovadores.
Historia literaria y textos.

Prólogo de Pere Gimferrer.
Ariel. Barcelona, 2011.

El título del prólogo de Pere Gimferrer –Todos somos trovadores- resume la importancia de la poesía trovadoresca provenzal en la construcción de la tradición poética occidental –toda la poesía posterior a ellos presupone la existencia previa de los trovadores-, pero también el papel capital de este libro, que desde su primera edición en 1975 se ha convertido en un clásico y ha desempeñado “un papel esencial en la configuración de la poesía contemporánea.”

Porque el monumental Los trovadores, de Martín de Riquer, no es sólo el mejor compendio existente en la bibliografía europea sobre poesía trovadoresca, una cima de la filología hispánica, sino una antología de ciento veintidós poetas a cuyos versos puede acercarse cualquier lector de poesía.

El complejo universo ideológico y sentimental del amor cortés que luego asimiló Petrarca, la construcción de la métrica moderna, las imágenes que exploran las relaciones amorosas en aquel mundo refinado a través de una gran variedad de voces (Marcabrú, Bernart de Ventadorn, Jaufré Rudel, Bertran de Born, Arnaut Daniel, Cerverí de Girona...) en un imprescindible libro de culto que publica Ariel.

Santos Domínguez

08 febrero 2012

Harold Bloom. Anatomía de la influencia



Harold Bloom.
Anatomía de la influencia.
La literatura como modo de vida.
Traducción de Damià Alou.
Taurus. Madrid, 2011.

La crítica literaria, tal como yo pretendo practicarla, es en primer lugar literaria, es decir, personal y apasionada. No es filosofía, política ni religión institucionalizada. En sus autores más poderosos se trata de un tipo de literatura sapiencial y, por tanto, de una meditación sobre la vida.

Esa declaración de principios que figura en Anatomía de la influencia, el testamento crítico de Harold Bloom que publica Taurus, podría figurar en cualquiera de las otras obras de quien seguramente es el crítico más importante de las últimas décadas.

Anatomía de la influencia, el extenso ensayo que Bloom estuvo elaborando durante seis años, es su summa literaria, un amplio panorama de autores, obras, géneros y épocas que tiene como eje la reflexión sobre el concepto de influencia, sobre sus procesos y sus mecanismos, sobre la red de relaciones –a veces explícitas, a veces secretas y subterráneas- que une a unos escritores con otros.

Organizado cronológicamente en cuatro secciones que avanzan desde el siglo XVI hasta el XXI, tiene como puntos de partida a Shakespeare, el fundador, el escritor de los escritores, a cuya influencia –de Milton a Joyce, pasando por Shelley o por Leopardi- se dedica la tercera parte del libro, y a Walt Whitman, el más influyente de los escritores americanos, el poeta que representa la respuesta de la Tierra del Ocaso a la vieja Europa.

En torno a esas dos figuras centrales e ineludibles, Bloom vuelve a practicar una lúcida y apasionada forma de crítica literaria en una obra que se resume en el subtítulo La literatura como modo de vida. Porque, como señala él mismo, cualquier distinción entre vida y literatura es engañosa. Para mí la literatura no es solo la mejor parte de la vida; es en sí misma la forma de la vida, y esta no tiene ninguna otra forma.

Y en esa clave es memorable el análisis que Bloom hace de Edgar –el otro protagonista de Rey Lear-, el estudio de las elipsis en Hamlet y en La tempestad, la confluencia de voces en los sonetos, o la pervivencia del príncipe danés, que contiene en su figura a todos los hombres y mujeres, en el Satán de Milton, que pertenece a la misma estirpe visionaria de Hamlet, Yago o Macbeth, o su propuesta de entender la obra de Shakespeare como un vasto sueño, semejante a la Divina Comedia o a Finnegan’s Wake.

Porque para un escritor poderoso –escribe Bloom-, la extrañeza es la ansiedad de la influencia. La ineludible condición de lo sublime o de la alta literatura es el agón: Píndaro, las tragedias atenienses, y Platón enfrentándose a Homero, que siempre gana. La gran literatura comienza de nuevo con Dante, y prosigue con Shakespeare, Cervantes, Milton y Pope. Implícita en la famosa celebración de lo sublime de Longino –“Llenos de placer y de orgullo creemos haber creado aquello que solo hemos oído”- estaba la ansiedad de la infleuncia. ¿Qué parte es creación mía y qué parte he oído antes? La ansiedad es una cuestión de identidad personal y literaria. ¿Qué es mi yo y qué es mi no yo? ¿Dónde acaban las voces de otros y empieza la mía? Lo sublime transmite poder y debilidad imaginativos al mismo tiempo. Nos transporta más allá de nosotros mismos, provoca el misterioso reconocimiento de que uno nunca es completamente el autor de su propia obra o de su propio yo.

La ansiedad de la influencia es especialmente intensa en el campo de la poesía, porque –dice Bloom- los poetas más grandes suelen ser los más alusivos y en ellos resuenan las voces y los ecos de poetas anteriores, resucitados y modulados en una nueva voz.

Y así rastrea la presencia de Epicuro y Lucrecio en Leopardi y Shelley, en Walt Withman o Wallace Stevens, estudia la herencia de Shelley en Browning y en Yeats o califica a Ashbery, Merwin y Strand como hijos pródigos de Withman.

Una obra maestra que confirma que la función de la crítica literaria, como quería Samuel Johnson, cuya sombra benéfica flota sobre muchas de las páginas de este libro, es transformar la opinión en conocimiento y que leer, releer, describir, evaluar, apreciar deben ser la base de la crítica literaria.


Santos Domínguez