13 mayo 2011

Corredor-Matheos. Desolación y vuelo


José Corredor-Matheos.
Desolación y vuelo.
Tusquets. Barcelona, 2011.

José Corredor-Matheos reúne en Desolación y vuelo sesenta años de escritura poética intensa, solitaria y exigente. El volumen, publicado por Tusquets, muestra la evolución y la coherencia de la obra del más budista de los poetas españoles, como lo definió Jorge Riechmann.

Una obra que culmina en Un pez que va por el jardín, un libro de 2007 al que pertenecen estos versos:

Sé que todos los árboles
habitan más allá,
pero su voz es clara,
cuando la alcanzo a oír.
Tú eres el viento, el viento,
y eres también la nube,
sin forma y sin destino.
Eres también el árbol
que te habla.
El árbol que da luz
cuando tú estás en sombra.

Tras unos libros iniciales que cultivaban una poética existencial o testimonial, Corredor-Matheos encuentra su tono de voz personal en la Carta a Li-Po (1975). A partir de ese libro y hasta los recientes El don de la ignorancia (2004) y Un pez que va por el jardín, pasando por otro libro crucial como Jardín de arena (1994), el autor ha ido construyendo, casi en secreto, un universo poético propio a través de un constante proceso de estilización y despojamiento, de búsqueda de lo esencial que lo ha colocado cerca de las poéticas del silencio y de la poesía oriental.

Todo lo veo en actitud
de espera.
¿Por qué esa mansedumbre
de las cosas
la manera que tienen
de parecer que esperan?
Recógete en silencio
Aunque todo se agite
en torno a ti,
igual que si esperaras.

(El don de la ignorancia)

La sutileza expresiva, la delgadez verbal que alcanza la poesía de Corredor-Matheos es el resultado de una depuración formal paralela a una voluntad de profundización en el conocimiento esencial. Es una poesía que persigue lo inefable y va más allá de la realidad y de la palabra, una forma de conocimiento que nombra el mundo con enorme capacidad de sugerencia y combina la hondura de la reflexión, la levedad etérea de la intuición y la sutileza de las sensaciones.

Por ejemplo cuando escribía en la Carta a Li-Po:

Vacío, el universo.
No hay soles, ni planetas,
ni arroyos, ni montañas.
No estás tú, no, ni nadie.
Sólo una luz perdida
que va hiriendo la noche.
Un pensamiento solo
que corre hacia la muerte.

La poesía de Corredor-Matheos ha viajado desde la desolación al vuelo, se ha hecho aérea y alada en el paso del nihilismo a la afirmación de la vida, de la angustia del yo a la disolución en la naturaleza en un experiencia liberadora que le permite descubrir una nueva dimensión que arranca de la fusión entre el mundo y el poeta.

Por eso escribía estos versos en Y tu poema empieza (1987):

Sentado en la terraza
oyes hablar al sauce
y te salen raíces.

O estos otros:

Ya no sientes deseos
de escribir más poemas,
y pides a las cosas
que lo hagan por ti,
y quedas escuchándolas
en paz toda la noche.

La poesía se convierte a partir de ese momento en un ejercicio de olvido y silencio, de contemplación y transparencia, de sabiduría y desasimiento dejando que las sombras / se mezclen con la luz.

Es un ejercicio de fusión del yo y de la poesía en el paisaje:

Que escriba sola.
Deja volar la pluma
en el paisaje.

(Jardín de arena)

Solo el verso se escribe.
Leído o escuchado,
este poema
¿cobra el mismo sentido
que el volar de una hoja
o el pasar de una nube?
Feliz este momento
en que las cosas
despiertan algo en mí
que no soy yo.

(El don de la ignorancia)


No poesía pura –decía de ella con razón Ángel Crespo-, sino pura poesía, como la de estos reveladores versos finales de El don de la ignorancia:

y verás el poema
florecer,
descender la montaña
hasta tus pies,
disolverse en las aguas
las palabras,
los nombres y los números.
Y que el poema sea.

Santos Domínguez

11 mayo 2011

Los hermanos Karamázov


Fiódor Dostoyevski.
Los hermanos Karamázov.
Traducción de Augusto Vidal.
El libro de bolsillo. Alianza Editorial. Madrid, 2011.

Es la síntesis y la cima de la literatura y el pensamiento de Dostoyevski, que escribió Los hermanos Karamázov, su última novela, entre 1879 y 1880. Crimen y castigo, Los demonios o El idiota son obras maestras, pero también escalones sucesivos de un proyecto creciente, ríos que desembocan en esta novela oceánica que terminó un año antes de morir.

En ella está el resumen de todo Dostoyevski: sus temas, sus actitudes éticas, sus preocupaciones sociales y los personajes que los encarnan: la depravación del padre Fiódor Karamázov; el orgullo indomable y el escepticismo intelectual de Iván; la pasión incontrolada del impulsivo Dmitri y su generosidad heroica; la mansedumbre mística y la piedad revolucionaria de Aliosha; el cinismo de un perverso Smerdiakov, hermano bastardo rebajado a la condición de criado.

Una novela compleja, y un clásico imprescindible en el que Dostoyevski resume los temas que vertebraron su obra, las preocupaciones filosóficas, religiosas y existenciales que caracterizan el espíritu de su narrativa y constituyen su eje más significativo y contradictorio: la lucha del bien y del mal, la convivencia del odio y la piedad en unos personajes que nunca son arquetipos, sino caracteres individuales que dejan una profunda huella en el lector, seres vivos y contradictorios, tan complicados como el mundo que habitan. Entre ellos, el monje Zosima que se convierte en portavoz de las ideas del novelista.

Como en Crimen y castigo, hay aquí un asesinato y una investigación. Y además, un error judicial que lleva a la cárcel a un inocente, a un parricida sin crimen pero con culpa en una novela llena de tensión narrativa y de dudas existenciales.

Los hermanos Karamázov son una indagación en la justicia y la ética, en la culpa y la expiación, en las conflictivas relaciones personales, en la ambición y el egoísmo, en la conciencia del pecado y la reconciliación, en la emoción y el pensamiento escrita por un Dostoyevski maduro y casi póstumo que seguía atormentado por la duda y obsesionado por encontrar el sentido de la vida a través de la polifonía y el cruce de perspectivas vitales e ideológicas.

Lo reedita Alianza en un tomo de su renovada colección de bolsillo con la ya clásica traducción de Augusto Vidal.

Santos Domínguez

09 mayo 2011

Código best seller


Sergio Vila-Sanjuán.
Código bestseller.
Prólogo de José Antonio Marina.
Temas de Hoy. Barcelona, 2011.

Decía Conrad que hay dos tipos de libros que se venden especialmente bien: los muy buenos y los muy malos.

Y quizá sea esa la clave que permite entender que puedan convivir en las listas de los libros más vendidos el Quijote y El código Da Vinci, La Odisea y El alquimista, Cien años de soledad y Lo que el viento se llevó, Guerra y paz y Los pilares de la tierra; Memorias de Adriano y La sombra del viento o Millenium y Soldados de Salamina.

Con la necesaria matización entre un best seller como Parque Jurásico, un long seller como la Biblia y un fast seller como Harry Potter o la saga Crepúsculo, la comercialidad de los libros a veces –pocas- va en relación directa con su calidad y casi siempre es inversamente proporcional a su altura literaria.

Todo este mundo complejo de los libros más vendidos es objeto de un riguroso y a veces irónico análisis de Sergio Vila-Sanjuán en Código bestseller, que publica Temas de Hoy con un prólogo de José Antonio Marina.

Vila-Sanjuán desvela en él las claves que hacen de un libro un fenómeno comercial, recorre su historia, establece su canon y sus variantes e indaga en sus ingredientes y su tipología.

Los libros más leídos –desde la Biblia hasta Harry Potter pasando por las novelas de Dickens o los relatos de Poe-, las razones de su éxito, las listas de los más vendidos en Europa y América, y un apartado especial que se centra en lo ocurrido con los superventas en España desde 1975 hasta 2000, son el eje de la primera parte del volumen y completan un recorrido panorámico por la historia del best seller.

El canon de títulos que Vila-Sanjuán propone en la segunda parte de su estudio confirma que la comercialidad a menudo tiene poco que ver con la literatura. Desde Ivanhoe hasta la trilogía Millenium, el repaso analítico por setenta best sellers entre 1819 y 2006 incluye excepcionalmente algún título de calidad indiscutible como El guardián entre el centeno o Cien años de soledad.

Pero lo que predomina abrumadoramente en ese canon es la secuela –La casa de los espíritus-, el producto descaradamente comercial -El médico, Los pilares de la tierra-, la subliteratura –Papillon, Chacal- o libros tan extraliterarios como 1080 recetas de cocina o ¿Quién se ha llevado mi queso?

La parte más iluminadora de este Código best seller está en sus Conclusiones, en unas páginas finales que abordan las distintas tipologías y mecanismos del superventas: frescos históricos, culebrones sentimentales, obras que remueven las buenas conciencias, sagas familiares, artefactos de intriga o de erotismo, generadores de miedos góticos, relatos de aventuras, novelas de médicos y de abogados…

Y al final, esta defensa reivindicativa del best seller:

Los buenos best sellers aplacan la necesidad de entretenimiento, evasión o entrega absorbente del público ya consolidado, y llevan a la lectura a mucha gente que hasta encontrarlos tal vez se mostraba refractaria a ella. Los buenos best sellers crean lectores. Una razón de peso para tomárselos en serio.

Algo, por cierto, tan dudoso como el tópico que dice que del tebeo se pasa a la novela juvenil y de ahí a la gran literatura.

Discutible.

Santos Domínguez

06 mayo 2011

Louise Glück. Las siete edades



Louise Glück.
Las siete edades.
Traducción de Mirta Rosenberg.
Pre-Textos. Valencia, 2011.

Al final sólo nos quedó el tiempo como tema, escribe Louise Glück (Nueva York, 1943) en el primer verso de Membrillo, uno de los poemas de Las siete edades, que publica Pre-Textos en edición bilingüe con traducción de Mirta Rosenberg.

Tiempo presente y tiempo pasado, memoria y celebración conviven en Las siete edades convocados por la voz confesional y evocadora de Louise Glück, que entiende la escritura como rescate, como recuperación de lo perdido. Así lo explica en Solsticio:

Lo que sigue a la luz es lo que la precede:
el momento de equilibrio, de oscura equivalencia.
(...)
La brevedad de los días, la oscuridad, el frío del invierno.
Lo llevamos en la sangre y en los huesos: es nuestra historia.

La infancia y la adolescencia, las estaciones del año, los árboles y la lluvia, los veranos o un durazno maduro habitan una poesía que trae el pasado al presente y comunica el mundo exterior con el interior, el paisaje con la biografía, la naturaleza con la historia personal:

Pero me negué a ser
superada por la fruta. Me quedé bajo el árbol,
esperando que mi mente me salvara.
Me quedé allí, hasta mucho después de que la fruta se pudrió.

Y un hilo conductor a lo largo del libro: la tonalidad suave del recuerdo al reconstruir con palabras e imágenes la experiencia del tiempo vivido. Un tiempo recordado en su secuencia concreta de anécdotas y sensaciones que han construido el presente de quien las evoca, de quien al evocarlas las recrea, sin gesticulación ni patetismo, desde la casa de la memoria y la palabra:

¿Qué somos sin eso?

Girando en el universo a oscuras,

solos, temerosos, incapaces de influir sobre el destino...


Santos Domínguez

04 mayo 2011

Matemática tiniebla


Poe, Baudelaire, Mallarmé, Valéry, Eliot.
Matemática tiniebla.
Genealogía de la poesía moderna.

Idea, selección y prólogo de Antoni Marí.
Traducción de Miguel Casado y Jordi Doce.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2011.

En una matemática tiniebla dejó retratado a Poe el Canto general de Pablo Neruda. Ese aparente oxímoron resalta la paradoja del escritor alucinado y visionario que proyectó su lucidez y su premeditación en el análisis de los mecanismos del cuento y la poesía.

De esa cita nerudiana toma título esta Matemática tiniebla, el volumen preparado por Antoni Marí que acaba de publicar Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. En él se reúnen cuatro textos de Poe sobre la poesía, la composición y el poder de las palabras y otros veinticinco ensayos de Baudelaire, Mallarmé, Valéry y Eliot que se reúnen por primera vez en un solo libro.

Poe escribe sobre la poesía, Baudelaire sobre Poe, sobre su vida y su obra y sobre la génesis de un poema.

Mallarmé escribe sobre Poe, sobre el demonio de la analogía, la música y las letras.

Valéry escribe sobre Poe, sobre Baudelaire, sobre Mallarmé y sobre la poesía.

T.S. Eliot escribe sobre Poe, sobre Baudelaire, sobre Valéry y sobre el talento individual y la tradición.

Y Antoni Marí escribe sobre todos ellos y sobre la tradición, el talento y la poesía en su prólogo, Unas notas para Matemática tiniebla.

La cadena crítica que arranca de Poe y de su decisiva influencia –más por la teoría poética que por su práctica- es más que evidente en la configuración de la poesía contemporánea, desde el simbolismo y su profeta norteamericano hasta el modernismo de Eliot, otro norteamericano incorporado por voluntad y por destino a la tradición europea.

Estos treinta textos constituyen un corpus teórico esencial para entender las claves de la tradición poética europea del siglo XX que fijan unos cuantos poetas fundamentales que sembraron el germen de la poesía contemporánea, ejercieron la crítica desde dentro de la poesía y abrieron nuevos caminos literarios que responden a lo que Eliot definía en estas líneas:

en la segunda mitad del siglo XX fue Francia la que contribuyó de manera más decisiva a la poesía europea. Me refiero a la tradición que comienza con Baudelaire y culmina con Paul Valéry. Me aventuro a decir que sin esta tradición francesa la obra de tres poetas de otras lenguas, (...) muy distintos entre sí -W.B. Yeats, Rainer Maria Rilke, y si se me permite, a quien les habla-, sería difícilmente concebible.

Llama la atención en esa cita de Eliot la ausencia de Poe, al que Eliot despreciaba, pero que a la vista de esta Matemática tiniebla es la raíz de la teoría y la práctica poética de Baudelaire, Mallarmé y Valéry.

Eliot, que se sentía parte de la tradición iniciada por Baudelaire, era, malgré lui, heredero de aquel poeta irresponsable, de aquel Poe que utilizaba y proponía la materia fonética como base del tejido poético.

Y es que, aunque Eliot sospechó que los simbolistas franceses admiraban a Poe porque no lo habían entendido, ya dejó claro Borges en los años cuarenta que Poe encabezaba la genealogía poética moderna, porque era padre de Baudelaire, que engendró a Mallarmé, que engendró a Valéry.

Que engendraron a Eliot, habría que añadir para cerrar el círculo sin faltar a la verdad, porque el propio Eliot se reconocía como heredero de esa tradición simbolista y por tanto como tataranieto de Poe.

Muchos de los textos que reúne Matemática tiniebla son ya clásicos en el paradigma de la poesía contemporánea, algunos les resultarán familiares a los iniciados. Están aquí El principio poético y La poética de la composición de Poe, su defensa de la poesía como efecto, la idea del poema como objeto rítmico, como partitura, la magia musical del ritmo enumerativo y de la concatenación.

Y en esa misma línea de la sugerencia y la intensidad de sensaciones del poema se mueven Baudelaire, con sus ensayos canónicos sobre Poe, y Valéry con sus reflexiones sobre Poe y Baudelaire y sus iluminaciones sobre Mallarmé y el espíritu del simbolismo.

O las reflexiones de Eliot sobre el trazado poético que va desde Poe hasta Valéry a través de Baudelaire y Mallarmé.

Ensayos y reflexiones escritos con conciencia creativa y con un análisis del método y los mecanismos poéticos, siempre en el límite de lo comprensible o sobrepasándolo para recomponer la fractura entre el mundo y la palabra que lo nombra o lo sugiere, más allá del significado, porque -como defendía Valéry- un poema no debe significar, sino ser.

La novedad que aporta el volumen que reúne estas reflexiones teóricas – traducidas por los poetas Miguel Casado y Jordi Doce- es que constituye no sólo una guía del simbolismo, sino también una introducción imprescindible a la génesis, a la concepción y al desarrollo de la poesía del siglo XX.

Una poesía que habita en un difícil equilibrio entre sonido y sentido, entre forma y significado, entre palabra y música, entre imaginación y precisión, entre tiniebla y matemática, porque, como escribía Eliot en La tradición y el talento individual:

el mal poeta es normalmente inconsciente cuando debería mostrarse consciente, y consciente cuando debería mostrarse inconsciente. Ambos errores tienden a convertirle en un poeta «personal». La poesía no es un dejar huir la emoción sino una huida de la emoción; no es la expresión de la personalidad sino una huida de la personalidad. Pero, por supuesto, sólo aquellos que tienen personalidad y emociones saben lo que significa querer escapar de tales cosas.

Santos Domínguez

02 mayo 2011

¿Por qué Mahler?


Norman Lebrecht.
¿Por qué Mahler?
Cómo un hombre y diez sinfonías cambiaron el mundo.
Traducción de Bárbara Zitman.
Alianza Música. Madrid, 2011.

¿Por qué Mahler? ¿Por qué su música nos afecta tanto? ¿Escuchamos lo que él pretendía o un producto de la interpretación? ¿Por qué Mahler nos hace llorar? ¿Dónde colocamos a Mahler entre los grandes compositores?, se pregunta Norman Lebrecht en el prólogo del libro que acaba de publicar Alianza Música para conmemorar el centenario de la muerte de un hombre cuyas diez sinfonías cambiaron el mundo.

Igual que el prólogo, el libro de Lebrecht está lleno de preguntas como ¿Quién mató a Mahler?, ¿El Mahler de quién? o ¿Cómo comenzar?, pero también de respuestas e incitaciones:

Compre, mendigue o pida prestada una entrada para el próximo concierto de la Sinfonía Resurrección. No se siente en los mejores asientos con los corporativos, busque más bien un asiento en la parte superior de la sala; la música es muy espacial y se aprecia mejor desde lejos. No vaya con ideas preconcebidas o prejuicios religiosos. No lea las notas del programa de mano. Vaya solo. Espere a ver si ocurre algo. Hable con la gente a su alrededor. No juzgue hasta la mañana siguiente (a menos que sea usted un crítico de prensa y tenga que entregar su reseña). Si no ocurre nada es probable que Mahler no sea para usted. Pero no se rinda todavía.

Espere hasta algún acontecimiento importante. Si nace un niño, invite a los padres a escuchar la Cuarta Sinfonía — su agitado comienzo y su generoso Adagio abren ventanas a un mundo de inocente alegría. Si ha encontrado el trabajo de sus sueños, escuche los movimientos Nachtmusik de la Séptima Sinfonía: le darán coraje y perspectiva. El estudiante al que le espera un curso frenético puede encontrar estímulo en los brutales ritmos de la Sexta Sinfonía. Si son malas noticias, elija la Novena Sinfonía. Si es la peor de todas, escuche el finale de la Décima.

Estos son remedios generales, y Mahler no es una medicina que se vende sin receta. Lo que funciona para una persona puede no funcionar para otra. Depende mucho de la interpretación que elija y del estado de ánimo en que se encuentre.

¿Por qué Mahler? es el resultado de una larga búsqueda y de un intenso encuentro con el músico y con su obra, un meticuloso recorrido narrativo por la biografía del artista, por las circunstancias de su vida y su época, por su relación con Alma y sus angustias personales, por sus dudas y su plenitud creativa.

Apátrida, judío y angustiado como Kafka, las obras decisivas de los dos son una síntesis y una profecía dramática de los horrores. Quizá nadie influyó tanto como ellos en la música y la literatura del siglo XX.

Norman Lebrecht, el autor de ¿Por qué Mahler?, es un experto crítico musical y su enfoque, a la vez cercano y riguroso, propone el profundo análisis de una obra que, como explica el subtítulo, cambió el mundo.

Este libro es una iluminación apasionada del mundo intenso de Mahler, la mejor introducción al universo inabarcable de quien sabía que su tiempo llegaría después de su muerte.

¡Mi tiempo llegará!, afirmaba. Y ese tiempo que finalmente le ha dado la razón ha llegado y ha hecho de Mahler un músico actual. Por eso Norman Lebrecht se pregunta ¿Quién es Mahler?, no ¿Quién fue?, y analiza en una excelente guía las grabaciones que recogen las interpretaciones más memorables de su obra. Versiones demoniacas o veraniegas, refinadas o combustibles, entusiastas o meditativas de una obra que probablemente es la más significativa e influyente de la música contemporánea.

El 18 de mayo de hace un siglo fue un jueves tormentoso en Viena. En la Ópera se representaba con éxito la Elektra de Strauss y aquella noche, a las once y cinco, moría Gustav Mahler. Le faltaba poco más de un mes para cumplir 51 años y sobre su tumba sólo quería una lápida con su nombre: El que venga a verme sabrá quién fui –decía-. Y el resto no necesita saberlo.

No toda persona civilizada es sensible a Mahler –concluye Norman Lebrecht-, pero dentro del monumental edificio de sus obras hay resquicios que permiten al oyente estar en paz consigo mismo. Esos son los lugares en los que la fortaleza Mahler se convierte en un refugio privado.

Santos Domínguez

29 abril 2011

Holan en La gruta de las palabras


Vladimír Holan.
La gruta de las palabras.
Obra selecta.
Traducción y prólogo de Clara Janés
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2011.


No entra impunemente el joven con su luz en la gruta de las palabras.
Audaz, presiente apenas donde se encuentra.

Joven, aunque ha sufrido, no sabe lo que es el dolor.

Sabio antes de tiempo, se escapa sin haber entrado
y alega, como excusa, la inmadurez de su edad.

¡La gruta de las palabras!
Sólo el verdadero poeta, y por su cuenta y riesgo,

pierde, delirando en ella, las alas
y con ellas, la manera de someterlas, de nuevo, a la gravedad
y no menoscabar esa fuerza que atrae hacia la tierra.


¡La gruta de las palabras!
Sólo el verdadero poeta regresa con su silencio

para encontrar, ya viejo, a un niño que llora

abandonado por el mundo en su umbral.



Con traducción y prólogo de Clara Janés, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publica en su colección de poesía La gruta de las palabras, un volumen que toma su título de ese texto y reúne por primera vez en español la obra esencial del poeta checo Vladimír Holan (1905-1980): ocho libros completos y una selección de otros dos, En el último trance y Un gallo para Esculapio.

Desde que decidió recluirse en su casa en la isla de Kampa para llevar allí una vida nocturna, Holan fue el habitante de las tinieblas, el poeta de la noche y de las paredes, el ángel negro de la poesía checa y un autor fundamental en la poesía europea de la segunda mitad del siglo XX.

Como Rilke, al que tradujo, Holan nació en Praga, en la que entonces era la Bohemia del imperio austrohúngaro. Como Kafka, también praguense, trabajó durante años en una compañía de seguros. Como Hölderlin, sabía que lo que permanece lo fundan los poetas y permaneció encerrado más de treinta años entre las cuatro paredes de una casa.

Como su coetáneo Seifert, escribió en checo y no en alemán, y fue contemporáneo del grupo de poetas españoles del 27, con quienes compartió fervor por Góngora.

Como Rilke, era poeta y odiaba lo impreciso. Y explicó que la poesía tiene que moverse en el estrecho territorio en que conviven la precisión y el misterio.

Como todos ellos, Holan pertenece a una estirpe de escritores que hicieron de la búsqueda y de la fiebre visionaria el centro de su actividad creadora, un fuego creador y destructivo en manos de seres solitarios e inspirados.

En ese exilio interior, que se inició en 1948 y acabó el mismo día de su muerte en 1980, el poeta creó la parte fundamental de su obra: libros como Dolor, Una noche con Hamlet o Toscana.

Libros en los que la noche y el tiempo, el dolor y la esperanza, la ausencia y el conocimiento, el amor y la muerte se convierten en temas centrales de los poemas. En todos ellos hay además una constante lucha por la expresión, una tensión sostenida entre el fondo y la forma y una presencia continua de la contradicción como motor de la poesía:

Pues sí, he amado la vida,
y por eso, tan a menudo he cantado la muerte.

Lo resume Clara Janés en su prólogo con unas palabras en las que habla de la poesía de Holan como una dialéctica “entre visión y pensamiento, lo concreto y lo abstracto, lo real y lo ficticio, lo cotidiano y lo trascendente, lo culto y lo popular; y es más: entre palabra y concepto.”

La de Holan es una poesía interrogativa sobre el sentido de la existencia, una búsqueda de respuestas que estaba ya en Avanzando, un libro escrito inmediatamente antes de su retirada del mundo. Allí aparece La voz humana, un poema clave para entender el mundo poético y la actitud vital de Holan:

La piedra y la estrella no nos imponen su música,
las flores callan, las cosas parece que ocultan algo.
Los animales niegan en sí, por nuestra causa,
la armonía de la inocencia y el misterio.
El viento tiene siempre el pudor de una simple señal
y lo que es el canto, lo saben sólo los pájaros enmudecidos
a los que el día de Nochebuena echaste una gavilla sin trillar.

Les basta existir y eso es inexpresable. Pero nosotros,
nosotros sentimos miedo, y no sólo en la oscuridad,

sino que, incluso en la fecunda luz,

no vemos a nuestro prójimo

y aterrados hasta un conjuro violento

gritamos: ¿Estás ahí? ¡Habla!

Desde esos primeros libros, hasta obras centrales como Dolor y Un gallo para Esculapio, la poesía de Holan es un tanteo en la oscuridad, una búsqueda de la revelación, de lo absoluto, del misterio o de una huidiza y misteriosa mujer en los casi mil versos de Toscana, el libro que Holan prefería entre los suyos.

Un sondeo de la luz en las tinieblas, un desplazamiento entre la locura y la lucidez que tiene su momento más alto y nuevamente más interrogativo en Una noche con Hamlet:

Un día, andando entre brezos en flor,
oí la pregunta infantil: ¿Por qué?
y no pude contestar.
Y no he podido contestar después de tantos años tampoco hoy
bajo el medio relieve de la luna,
ya que a los niños no les basta la respuesta, ni a los adultos la pregunta.

Santos Domínguez