14 septiembre 2007

Hector de Sainte-Hermine


Alexandre Dumas.
Hector de Sainte-Hermine.
I. La forja de un héroe.

Traducción y postfacio de Rafael Blanco Vázquez.
Grandes Clásicos Funambulista. Madrid, 2007.

Como un chef-d'œuvre, como una obra maestra, saludaba en julio de 2005 François Busnel, director de Lire, la aparición de Hector de Sainte-Hermine, la última gran novela de Dumas que acababa de recuperarse después de ciento treinta y cinco años desaparecida.

La primera parte, La forja de un héroe, la publica ahora Funambulista con traducción, notas y postfacio de Rafael Blanco en su colección Grandes Clásicos.

Dumas había empezado a publicarla por entregas en Le Moniteur universel en los primeros días de enero de 1869. A su muerte en 1870 la dejó inacabada, con 118 capítulos de un proyecto muy ambicioso para el que su autor calculaba entre cuatro y seis tomos.

Y aunque en su época se leyó mucho, no se publicó nunca en forma de libro hasta que hace dos años, casi por casualidad, se recuperaron en la Biblioteca Nacional de Francia los microfilmes del folletín que sirvieron de base para la edición francesa.

Junto con Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo y Joseph Balsamo, probablemente sea esta una de las creaciones más interesantes de Dumas. Y desde luego una genuina novela de aventuras escrita sin la intervención de los negros que colaboraron activamente en algunas de sus novelas más conocidas.

Último hijo de un aristócrata guillotinado en 1793 por intentar liberar a María Antonieta, el impulso de Hector de Sainte-Hermine y el motor de la novela que lleva su nombre es la obligación de vengar la muerte de su padre y de sus dos hermanos, aunque –como ha destacado Busnel en su reseña- es la revancha más que la venganza la clave que explica no sólo esta obra, sino la totalidad de su narrativa y el comportamiento de personajes como Dantès, Balsamo o D’Artagnan.

Con una acción trepidante, llena de lances y con cambios frecuentes de lugar, con una certera caracterización de personajes como Napoleón, Fouché, el tortuoso ministro de la policía; Bourrienne, su secretario, o Cadoudal, uno de los jefes militares de la facción monárquica, y un reflejo de la situación de Francia tras el 18 de Brumario, esta novela es la pieza que faltaba para completar, con la reconstrucción del primer consulado napoleónico y el Imperio, el puzzle con el que Dumas enfoca novelísticamente la historia de Francia en un texto que se inicia en el despacho del cónsul Bonaparte el 30 de Pluvioso del año 9 (19-II-1801).

A partir de ese momento la escritura torrencial del narrador arrastra al lector en una peripecia que cumple las dos misiones que para Dumas debía tener la novela: entretener e interesar.

Santos Domínguez

13 septiembre 2007

Memorias de un anarquista en prisión


Alexander Berkman.
Memorias de un anarquista en prisión.
Traducción de Albert Fuentes.
Introducción de Marc Viaplana.
Melusina. Barcelona, 2007.


Alexander Berkman ( Lituania,1870- Niza,1936), hijo de un hombre de negocios judío, se quedó huérfano a los dieciocho años y emigró a los Estados Unidos, donde conoció a Emma Goldman, una modesta inmigrante rusa empleada en una fábrica textil, que se convirtió en su amante.

Marcada por la lectura de Most, la pareja se implicó en campañas de activismo político y sindical. En 1892, Henry Frick, el empresario de la planta de acero de Homestead, se enfrentó a los intentos de huelga de sus trabajadores con una represión feroz que provocó el asesinato de diez obreros y sesenta heridos:

Cada detalle de aquel día me quedó nítidamente grabado en la memoria. Es el 6 de julio de 1892. Estamos —Fedya y yo— tranquilamente instalados en la parte trasera de nuestro pequeño apartamento cuando de repente entra la muchacha. Sus pasos, ya de por sí rápidos y enérgicos, suenan más decididos que de costumbre. Al volverme hacia ella, me sorprende el brillo peculiar de sus ojos y sus colores subidos. —¿Lo has leído? —grita, enarbolando un periódico medio abierto. —¿De qué se trata? —Homestead. Han tiroteado a los huelguistas. Los Pinkerton han matado a mujeres y niños.

La reacción de Berkman fue un intento de asesinato de aquel patrón el 23 de julio de 1892. Frick no murió y Berkman fue condenado a veintidós años.

Salió en libertad en 1906 y a partir de entonces Berkman y Goldman encabezaron el movimiento anarquista en los Estados Unidos y publicaron clandestinamente semanarios radicales como Mother Earth o Blast, y libros como Anarquism and Other Essays (1910) de Goldman o estas Memorias de un anarquista en prisión (1912) de Berkman, que acaba de publicar Melusina en una espléndida edición.

Acabaron deportados en la Unión Soviética y tras pasar por Suecia y Alemania, se instalaron en Francia, donde Berkman se suicidó el 28 de junio de 1936.

Sus memorias son el testimonio doloroso del aprendizaje y la adaptación a las condiciones brutales del recluso:

Ningún otro libro – escribió Kenneth Rexroth a propósito de este- aborda de forma tan sincera el comportamiento criminal en la hermética sociedad carcelaria, la homosexualidad o la extorsión. Ningún otro prisionero político se acerca a la simpatía de Berkman hacia aquellos que la mayoría de los revolucionarios denomina delincuentes comunes.

Organizada en cuatro partes (El despertar y su tributo, El penal, El taller penitenciario y La resurrección), la segunda ocupa casi cuatrocientas páginas y es la fundamental de estas impresionantes memorias de uno de los héroes perdidos del radicalismo americano, una voz pura e insólita de la rebeldía, como lo definió Howard Zinn.

La desesperación y la voluntad de vivir, el silencio y la esperanza, el ansia de sexo y el aislamiento, los sueños de libertad y los planes de fuga son algunos de los episodios que marcan las vidas carcelarias de aquellas criaturas malogradas.

Alexander Berkman pudo salir de aquel infierno para contarlo en un libro que se puede leer como el diario de una resistencia o de una resurrección, pero sobre todo como un testimonio de rebeldía indomable.

Luis E. Aldave

12 septiembre 2007

Poesía española


Gerardo Diego.
Poesía Española (Antologías)
Edición, introducción y notas de JoséTeruel.
Cátedra. Letras Hispánicas. Madrid, 2007.


En 1959 publicaba Gerardo Diego en Taurus su Poesía española contemporánea (1901- 1934), que reunía en orden inverso sus decisivas antologías de 1932 y 1934. Como anunciaba en el prólogo escrito para esa nueva edición, se trataba de un doble libro, porque incorporaba íntegramente otros dos: Poesía española/Antología (1915-1931) y Poesía española/Antología (Contemporáneos), que ampliaba la cronología hacia adelante, hasta 1934, y sobre todo hacia atrás, hasta 1901.

Con las dos se fija el canon de la poesía española del primer tercio del siglo XX, con su tránsito por el Modernismo, las Vanguardias y el 27, que tomó carta de naturaleza con ellas de manera definitiva.

Una antología generacional, la de 1932, excluyente y parcial en todos los sentidos y en la que Diego, actor, testigo y notario, estaba pensando ya en 1924; otra, la de 1934, histórica e inclusiva, más extensa en el tiempo y más generosa en número de páginas, porque incorporaba quince poetas más, encabezados por el nicaragüense Rubén Darío.

Rodeadas de polémica ambas, como toda antología que se precie, en la que se miran antes las ausencias que los nombres del índice, fueron un reto al crítico más riguroso: el tiempo. De esa apuesta sólo cabe decir que se saldó con un acierto general no sólo en la selección de los nombres, sino en la aportación de unas declaraciones poéticas que, puestas al frente de cada seleción, resultan hoy imprescindibles para entender lo que ocurría entonces, lo que había ocurrido antes y lo que ocurriría después en la poesía española.

Esas antologías, tres veces distintas, por su naturaleza generacional o histórica las dos primeras, y por su recepción las tres, las publica ahora Cátedra Letras Hispánicas en una edición preparada por José Teruel, que entre muchos otros aciertos- como el de recuperar las fotografías que los autores mandaron al antólogo- incorpora en un apéndice el imprescindible prólogo de 1959.

Levantaron ampollas entre parte de la crítica y entre los excluidos. Pero cuando el lector compara estas antologías con una reacción llena de bajeza moral como la de un despectivo González-Ruano contra la obra de Cernuda, Manolín Altolaguirre o Aleixandre, se da cuenta de que el tiempo implacable ha puesto a cada uno en su sitio y a las currincherías les ha puesto nombre y apellidos.

Santos Domínguez

10 septiembre 2007

Así que Usted comprenderá


Claudio Magris.
Así que Usted comprenderá.
Traducción de José Ángel González Sainz.
Anagrama. Barcelona, 2007.


Como Garcilaso, como Petrarca o Rilke, Claudio Magris hace su particular bajada a los infiernos y visita el mito órfico para reconocerse en él con el temblor de quien mira su rostro reflejado en el agua.

Sobre el mito de Orfeo y Eurídice se proyecta el recuerdo de la esposa muerta en este texto intenso y conmovedor que está planteado a primera vista como un monólogo de Eurídice/Marisa Madieri. Sólo a primera vista porque, después de que Magris le cede su voz a Eurídice, con frecuencia esa voz femenina le cede la palabra a Orfeo/Magris en esta reflexión sobre el tiempo y sus destrucciones, sobre el recuerdo doloroso, en un texto de homenaje y rememoración en el que el mito adquiere todo su sentido.

Y ante eso la respuesta es no la resignación, pero sí la salvación por la literatura, convertida en un bálsamo que alivia la quemazón de una herida que no va a cicatrizar nunca. Allí donde la música era consuelo para Orfeo, aquí lo es la literatura; el infierno es una Casa de Reposo, Hades, el Presidente de la fundación que la administra y la muerte, el reino del silencio o del murmullo, no sólo de las sombras.

La música secreta y órfica es aquí la palabra que rescata a la amada del olvido y de las sombras de la memoria. Esa resurrección con la palabra es el milagro que opera aquí la literatura de un Magris emocionado y desvalido, de expresión contenida y dolorido sentir que sin embargo no renuncia al flagelo de la autoironía o el sarcasmo y hace también la purga de su corazón:

No, no había venido para salvarme, sino para que le salvaran. ¿Cómo podré cantar mis canciones en tierra extranjera?, me decía. Era yo su tierra perdida, la savia de su floración, de su vida. Había venido para rescatar su tierra, de donde habia sido exiliado.

La traducción española de José Ángel González Sainz que edita Anagrama incorpora como apéndice dos epílogos que son dos reseñas que aparecieron cuando se publicó en Italia este Lei dunque capirà de un Magris duro y tierno a la vez, para recreo de los amigos de las paradojas, y un Orfeo que rescata a Eurídice con un permiso excepcional, al que renuncia ella a última hora en este párrafo inolvidable que cierra el monólogo:

Así que Usted comprenderá, señor Presidente, por qué, cuando estábamos ya cerca de las puertas, le llamé con voz fuerte y segura, la voz de cuando era joven, en el otro lado, y él -yo sabía que no resistiría- se dio la vuelta, mientras yo sentía que me iba para atrás como absorbida, ligera, cada vez más ligera, una figurilla de papel al viento, una sombra que se alarga se retira y se confunde con las demás sombras de la tarde, y él me miraba petrificado pero firme y seguro y yo me desvanecía feliz en su mirada, porque ya le veía volver desgarrado pero fuerte a la vida, desconocedor de la nada, capaz todavía de serenidad, tal vez hasta de felicidad. Ahora de hecho, en casa, en nuestra casa, duerme, tranquilo. Un poco cansado, ya se entiende, pero...

Un permiso como aquel no se había concedido nunca. O mejor dicho, sólo otra vez, pero eso fue en la mitología.

Santos Domínguez

08 septiembre 2007

Summa Vitae

José Manuel Caballero Bonald.
Summa Vitae.
Antología poética (1952-2005).
Selección y prólogo de Jenaro Talens.
Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.
Barcelona, 2007.



De todo lo que amé en días inconstantes

ya sólo van quedando

rastros,
marañas,

conjeturas,

pistas dudosas, vagas informaciones:
por ejemplo, la lluvia en la lucerna

de un cuarto triste de París,
la sombra rosa de los flamboyanes

engalanando a franjas las casa familiar de Camagüey,

aquellos taciturnos rastros de Babilonia

junto a los barrizales suntuosos del Éufrates,

un arcaico crepúsculo en las Islas Galápagos,
los prolijos fantasmas

de un memorable lupanar de Cádiz,

una mañana sin errores

ante la tumba de Ibn’Arabi en un suburbio de Damasco,

el cuerpo de Manuela tendido entre los juncos de Doñana,

aquel café de Bogotá

donde iba a menudo con amigos que han muerto,
la gimiente tirantez del velamen
en la bordada previa a aquel primer naufragio...

Cosas así de simples y soberbias.


Pero de todo eso
¿qué me importa

evocar, preservar después de tan volubles
comparecencias del olvido?

Nada sino una sombra

cruzándose en la noche con mi sombra.


Con ese memorable poema de madurez, Summa vitae, abría José Manuel Caballero Bonald su Manual de infractores. Ese texto resume su mundo poético, la actitud del poeta ante la realidad y da idea de su tonalidad expresiva. Y ese es el título que se ha elegido con acierto para esta amplia antología que ha preparado y prologado Jenaro Talens en la colección de poesía de Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

Se reúne aquí la parte esencial de la obra poética de Caballero Bonald, elaborada con intensidad discontinua a lo largo de más de cincuenta años fecundos de una de las voces poéticas esenciales del idioma.

La indagación verbal, la concepción de la poesía como una travesía solitaria en la que acecha el peligro y se asumenriesgos, la actitud insumisa, la decantación de la imagen... son las claves de una voluntad de estilo que es antes que nada una rigurosa búsqueda de conocimiento a través de la palabra, y un ejercicio ético.

Poesía que es una respuesta a la realidad, memoria y revancha a un tiempo, y desquite verbal contra los agravios de la vida.

Y como resultado de esa suma, una obra de irreprochable factura rítmica y verbal que renuncia al conformismo estético, al acomodo en el territorio apacible del amaneramiento estilístico y afronta constantemente el reto de la exigencia radical.

Poesía visionaria y anclada en la memoria que, entre Las adivinaciones y el Manual de infractores, podría resumirse con esos dos títulos que aluden a su condición alucinatoria e infractora. Y en medio de esa trayectoria, jalones fundamentales en la poesía española contemporánea como Descrédito del héroe, Laberinto de Fortuna o Diario de Argónida.

Todos esos títulos dan cuenta de una poesía que es una forma de ahondar en la realidad, de una capacidad verbal e imaginativa que conecta con la tradición cultista que se remonta a Góngora y, un poco más allá, a Mena.

Caballero Bonald ha ido construyendo así una obra en la que la coherencia de sus dispositivos lingüísticos es solidaria de la resistencia civil y ética. Una poesía que es una forma de insumisión y de iluminación de la realidad, una exploración en los límites elusivos de la expresión y el significado, una mediación retórica en la que radica la relación verbal del poeta con el mundo, como señala Talens en su introducción.

Una poesía frecuentemente nocturna, cifrada en sus tanteos en la oscuridad, en el matiz diverso de la rememoración y el recuerdo, en la tentativa creadora del que enciende la luz.

Santos Domínguez

07 septiembre 2007

La desaparición de Majorana


Leonardo Sciascia.
La desaparición de Majorana.
Traducción de Juan Manuel Salmerón.
Tusquets. Barcelona, 2007.

El siciliano Leonardo Sciascia (1921-1989) es uno de esos escritores con tanto talento que convierten cualquier tema en excelente literatura. Poco tiempo antes de su muerte le preguntaron en una entrevista cuál prefería de entre todas sus obras:

-Hasta hace unos años –contestó- habría respondido: Muerte de un inquisidor; ahora en cambio la respuesta es La desaparición de Majorana.

Con ese olfato especial que tenía Sciascia para aprovechar historias reales, la escribió en 1975 y ahora la edita Tusquets con una traducción nueva de Juan Manuel Salmerón. A medio camino entre la narración novelística y el reportaje periodístico, este tipo de relatos van siempre más allá del hilo de la historia y la superficie de los hechos para transcenderlos con una reflexión sobre la condición humana, sobre las relaciones con el poder o sobre la responsabilidad moral de los intelectuales.

El motivo del libro es el caso Ettore Majorana, un brillante físico de 31 años, que desapareció el 26 de marzo de 1938, durante un viaje en barco de Palermo a Nápoles. Dejó dos cartas en las que anunciaba su intención de desaparecer, dos cartas que no parecen las de un suicida, sino las de quien expresa su voluntad de ocultarse y planea su desaparición.

Novela filosófica de misterio, según la definición de Sciascia, el texto es una indagación en las circunstancias que rodearon a aquel joven científico y provocaron su ocultamiento o su suicidio. Majorana era un raro, un siciliano nacido en una tierra que llevaba más de dos mil años dando la espalda a la ciencia y sin dar un solo científico. De una precocidad retrasada al máximo y reprimida, como la de Stendhal, Majorana procura no hacer lo que debe hacer y lo que no puede dejar de hacer.

Un tipo extraño aquel científico eminente, como de otro mundo, una personalidad con un fondo neurótico y proclive a la teatralidad. Se había anticipado en la descripción de la estructura atómica a Heisenberg, a quien visitó en Leipzig y con quien mantuvo una estrecha relación científica e intelectual. Un Heisenberg que, por cierto, mantuvo una postura más digna en relación con la bomba atómica que sus colegas americanos. Los supuestos esclavos de Hitler se comportaron como hombres libres que se negaron a desarrollar la bomba atómica, mientras que los supuestamente libres (los estadounidenses) se comportaron como esclavos al construirla y ponerla en manos de Truman.

Tras describir los últimos meses napolitanos de un Majorana asustado por la responsabilidad del científico ante el peligro de la energía atómica, la tesis de Sciascia pone en cuestión la teoría del suicidio y se inclina por la posibilidad de que la intención del científico fuera ocultarse y hacer creer que había muerto.

¿Un loco astuto o un suicida desbordado? En cualquiera de los dos casos, y aunque no apareció el cadáver, la policía dio carpetazo a la investigación. Si era un suicida no había crimen que investigar. Si era un loco, no merecía la pena seguir investigando.

¿Vio el horror en un puñado de átomos como lo vio Eliot en un puñado de polvo? ¿Acabó su cadáver suicida en el mar o dio con su persona en un convento cartujo?

Un Sciascia prodigioso retoma aquí el enigma y nos lleva a donde quiere con su inteligencia persuasiva y su estilo envolvente.


Santos Domínguez

05 septiembre 2007

1599. Un año en la vida de Shakespeare


James Shapiro.
1599. Un año en la vida de William Shakespeare.
Traducción de María Condor.
Siruela. Madrid, 2007.

1599 fue un año decisivo y fecundo en la trayectoria de Shakespeare, el annus mirabilis en el que termina el Enrique V, escribe Julio César y Como gustéis y perfila un primer borrador de Hamlet.

Sobre los logros de Shakespeare, sobre la sociedad y la época agitada de aquel año trata este espléndido 1599. Un año en la vida de William Shakespeare, un ensayo de James Shapiro, catedrático de la Universidad de Columbia, que publica Siruela con traducción de María Condor.

Y es que, como todos los clásicos que están por encima del tiempo, Shakespeare es también un hombre profundamente vinculado a su época, un autor que hace la crónica y el resumen del presente. Y así como lo más local suele ser clave de lo universal si lo trata una mano con talento artístico, así también la obra que hunde sus raíces en el presente puede ser la cifra intemporal del mundo, como nos ha recordado la reciente reedición en español de Shakespeare, nuestro contemporáneo.
De ahí que para la comprensión cabal de un clásico sea imprescindible situarlo no fuera del tiempo, sino en su entorno concreto, restringido, como en este caso, a un solo año crucial. De la insatisfacción intelectual de Shapiro, de la necesidad de conocer de las circunstancias en las que Shakespeare escribe algunas de sus mejores obras, surge esta lectura histórica de estas tres tragedias y esta comedia. Y de algo tan urgente como explicar qué ocurre para que Shakespeare pase con 35 años de ser un escritor con talento al clásico indiscutible en que se convierte con obras como Julio César o Hamlet.

Este libro –señala Shapiro- me ha ayudado a estar más cerca de entender a Shakespeare, y sólo por eso ya habría valido la pena.

Lo que el autor dice de la escritura de su libro lo puede hacer suyo el lector de una obra que no está planteada, pese a su rigor, como un estudio erudito, sino como el relato vivo de un tiempo y un autor memorable que refleja su época y la transciende.

Organizado en cuatro secciones que son cuatro tramos temporales (del invierno de 1598 al otoño de 1599), el libro comienza con un hecho aparentemente trivial, pero determinante: el desmantelamiento nocturno de las estructuras del Theatre para construir con sus maderas el Globe, en la otra orilla del Támesis, que sería a partir de entonces el escenario de la creatividad de Shakespeare. Un teatro para actores construido por actores y en el que el dramaturgo tenía intereses empresariales, como en la compañía de los Hombres de Chamberlain, cuyos actores protagonizaban aquella incursión nocturna.

Las condiciones de la representación, la competencia con otros teatros y otras compañías sitúan a Shakespeare a finales de 1598 en una encrucijada artística y profesional, en busca de una fórmula teatral que agradase a la corte y al pueblo. Una de las claves de aquella encrucijada fue el conflicto y la ruptura con Will Kemp, un actor que había sido tan fundamental hasta entonces en su teatro que muchos papeles fueron diseñados para él, la mejor encarnación de Falstaff. No puede uno evitar leer con ese sesgo el frío rechazo de Enrique V a aquel que había sido hasta entonces su compañero de farras, con quien había oído tantas veces las campanadas a media noche.

Así se resolvía una vieja competencia entre el actor y el dramaturgo. A partir de entonces el de Shakespeare será teatro de autor y no de actor.

Un teatro que aquel año tiene como telón de fondo el desastre militar ante la resistencia irlandesa, la problemática sucesión de una reina Isabel de edad avanzada y las intrigas del conde de Essex o la amenaza de una invasión naval de la armada española. Esas circunstancias están pesando de forma determinante en las alusiones y planteamientos del Enrique V o Julio César.

Los centinelas asustados de Hamlet, la edad de Julio César o la arenga memorable del día de San Crispín tienen su origen en el transfondo histórico de aquella Inglaterra de los amenes de la época isabelina, en un final de siglo que era también el final de una época en la que vivió un Shakespeare centrado en su trabajo pero atento a lo que ocurría a su alrededor.

Lo que vio, leyó o pensó durante aquellos meses es el objeto de un ensayo en el que la base es el conocimiento exhaustivo de unos materiales manejados a fondo y con rigor. Precisamente ese pertrecho documental permite a Shapiro recurrir a la conjetura verosímil e imaginativa allí donde falta el dato.

Su excelente reconstrucción de aquel tiempo no se queda ahí, sino que se pone al servicio de un análisis completísimo de Enrique V, Julio César, Como gustéis o Hamlet. Y es justamente en la lectura de esas obras donde Shapiro alcanza su mayor altura crítica.

La reflexión sobre el poder y el tiempo en un Julio César que enlaza con el Enrique V en algunos aspectos y anticipa a Hamlet en otros; la edición no autorizada de su poesía en El peregrino apasionado; el origen en uno de sus sonetos de Como gustéis, una comedia sobre el complejo mundo de los sentimientos; la caída en desgracia de Essex y su repercusión en Hamlet son algunos de los jalones de ese análisis.

Cierra el libro una meticulosa guía bibliográfica hecha con un rigor documental que está en la base de esta excelente incursión de Shapiro en el territorio nocturno de Shakespeare.

Santos Domínguez