08 julio 2016

Cervantes. Poesías



Miguel de Cervantes.
Poesías.
Edición de Adrián J. Sáez.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2016.

Un inteligente estudio introductorio que aborda las claves temáticas y estilísticas de la poética cervantina y su evolución y una amplia bibliografía abren la edición de la poesía de Cervantes que ha preparado Adrián J. Sáez para Cátedra Letras Hispánicas.

Un volumen que recoge toda la poesía que publicó fuera de sus novelas y su teatro: treinta y cuatro poemas sueltos -patrióticos y religiosos, laudatorios y burlescos- en orden cronológico, la Epístola a Mateo Vázquez, el Canto de Calíope, el Viaje del Parnaso y de todas las poesías atribuidas solamente las cuatro que con más probabilidad pudieran ser suyas.

Cervantes, que siempre tuvo dudas sobre su capacidad como poeta –“la gracia que no quiso darme el cielo”, “más versado en desdichas que en versos”- fijó el canon poético de su época en la galería de poetas que mencionó en el Canto de Calíope y en el Viaje del Parnaso.

Miró su poesía con una sensación constante de fracaso y elaboró un discurso poético a contrapelo, en palabras del antólogo, que define su obra como propia de “un ingenio a caballo entre varias tradiciones poéticas en un momento de crisis.” Entre la tradición de Garcilaso y la renovación gongorina, entre lo culto y lo popular, Cervantes se quedó como un poeta en  tierra de nadie a medio camino entre los mundos poéticos y los modos estéticos castellanos y andaluces.

Santos Domínguez

06 julio 2016

Olga Bernad. Perros de noviembre




Olga Bernad.
Perros de noviembre.
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2016.

"A quién preguntaremos por la página en blanco,/el cielo y el infierno de los nombres /que hemos dejado atrás", escribe Olga Bernad en uno de los textos de Perros de noviembre, su última entrega poética que publica La Isla de Siltolá en su renovada colección de poesía.

Con la voz potente y el ritmo acompasado de sus versos en los que conviven la meditación y el sentimiento, la pasión y las pérdidas, los poemas de Perros de noviembre hablan de la memoria y el deseo, del sueño y la tristeza, de la búsqueda y del desengaño, del amor y el infierno, de los perros y la nada.

Y lo hacen con una voz personal sólida y convincente, con un lenguaje fluido y un tono directamente confesional, con unas imágenes poderosas que le permiten viajar al fondo de sí misma en una larga travesía por un mundo opaco y un tiempo fugitivo entre la llama y los espejos, a través de un silencio que se posa en el miedo y en la noche mientras cae la vida  “como una absurda lluvia incomprensible."

Santos Domínguez

05 julio 2016

Algo dicen los árboles


Diego Ropero-Regidor.
Algo dicen los árboles.
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2016

De pronto algo se movió en la tierra. / Algo dicen los árboles en la penumbra.

Esa cita del turco Nazim Hikmet, uno de los grandes poetas del siglo XX, encabeza la primera de las cinco secciones de Algo dicen los árboles, el libro que Diego Ropero-Regidor publica en la colección Tierra de La Isla de Siltolá.

Como esa, las otras cuatro partes del libro van introducidas por citas de Pessoa, de Juan Ramón, del Qumrán y de Milosz. Citas que tienen en los árboles, reales y metafóricos a la vez, su eje de referencia como objeto de contemplación y de reflexión.

Los poemas en prosa que lo integran evocan la complicidad del árbol como interlocutor, como confidente de la meditación del poeta sobre el paso del tiempo. En sus raíces y sus troncos, en sus ramas y sus hojas se lee la coexistencia del pasado y el presente, una de las líneas vertebrales de Algo dicen los árboles, en cuyos textos conviven también la contemplación del presente y la evocación del pasado.

Se suceden aquí la vida y la memoria, el cansancio y la eternidad, el rostro inexpresivo de un ahogado y los barcos que navegan a la deriva, las señales de nieve en la tormenta perfecta del futuro y un cazador de insectos, la nostalgia de la niñez y los paisajes -monte y marisma- de Moguer, la evocación del mundo clásico y la contenida expresión amorosa desde una mirada que fusiona lo exterior y lo interior en la palabra del poeta, convertida en lugar de encuentro del yo y el mundo.

No sólo el pasado y el presente, lo exterior y lo interior, también el tiempo y el espacio se funden en este libro, de manera que el espacio se transmuta en tiempo, en cambio de escenario en el que persiste una luz intenmporal y además, si no el agua, la memoria del agua y su arquitectura en los molinos de mareas o en las norias. La memoria del agua sanadora que bebía Séneca o la que añora el expatriado andalusí Abdallah al-Mogauir. O la memoria del fuego en las cenizas.

Los textos de Algo dicen los árboles son la expresión de un alma en vilo para quien la vida es “una babel que rumia por los callejones y no precisa de llamador para hacerse notar entre la muchedumbre.”

Porque no sólo de árboles -esos árboles a los que oyó hablar Juan Ramón- están hechas estas páginas en las que los cuatro elementos clásicos -agua, aire, fuego y tierra- mantienen una evidente relación con los árboles en medio de un mundo sin dioses en el que "estamos definitivamente solos."

Y tras el penúltimo autorretrato de Todo lo que soy, cierra el libro la confesional Coda Me superan los árboles:

Estoy viviendo -dicen- la tragedia de los dioses
cuyos nombres se apelmazan,
como las cenizas, en una urna funeraria.
Me superan los árboles; junto al lecho de mi madre,
fiel a su corriente decantada que busca el mar, 
yacen los pecios de todas las batallas. 
Porque vivir es una declaración de intenciones,
preludio de un sol decapitado 
cuando remo a contracorriente 
separando el magma de la hojarasca, 
hasta caer vencido por el sueño.


Santos Domínguez

04 julio 2016

Edgar Allan Poe. Poesía completa

Edgar Allan Poe.
Poesía completa.
Edición bilingüe de José Francisco Ruiz Casanova.
Cátedra Letras Universales. Madrid, 2016.

“Para mí, la poesía no ha sido una intención, sino una pasión”, escribió Edgar Allan Poe. Una pasión prolongada e intensa en la que proyectó no sólo su capacidad creativa y su imaginación, sino una reflexión lúcida sobre las técnica poética: el verso, el ritmo, la rima o la construcción del poema.

En una matemática tiniebla dejó retratado Neruda a Poe, el primer poeta importante de la tradición norteamericana, en el Canto General. Ese aparente oxímoron resalta la paradoja del escritor alucinado y visionario que dirigió su lucidez y su premeditación al análisis de los mecanismos del cuento y la poesía. Porque Poe desconfió de la inspiración y creyó en el trabajo del texto. No alimentó su poesía del material de la existencia cotidiana. Filtró la realidad en forma de visiones y habitó el territorio de la ensoñación.

“Con frecuencia he creído oír el sonido de la oscuridad acercándose furtivamente desde el horizonte”, afirmó Poe sobre su poesía, compuesta en los límites de la imaginación y en las fronteras de lo consciente, entre la música inefable del misterio y la precisión de la matemática.

La melancolía fue para él el más legítimo de los tonos poéticos, así como la muerte le parecía incuestionablemente el tema más poético del mundo. Por eso su poesía está poblada de símbolos oscuros, de ritmos hipnóticos y atmósferas visionarias.

La edición bilingüe de la Poesía completa de Poe en Cátedra Letras Universales, rematada con su imprescindible ensayo Filosofía de la composición, recoge los cuatro libros que publicó en vida entre Tamerlane and Other Poems (1827) y The Raven and Other Poems (1845), a los que se añade el póstumo Últimos poemas, que reúne los textos que Poe escribió entre 1847 y 1849, el año de su muerte. Entre ellos figuran algunos de sus mejores poemas como Las campanas, Un sueño en otro sueño Annabel Lee, uno de sus textos más conocidos junto con El cuervo, que con su repetido estribillo oscuro –Nevermore- se convierte en un profeta de las sombras y en un emisario de las fuerzas infernales. 

Santos Domínguez

01 julio 2016

La cuarta persona del plural




Vicente Luis Mora (ed.)
La cuarta persona del plural.
Antología de poesía española contemporánea
(1978-2015).
Vaso Roto. Madrid, 2016.

La cuarta persona del plural. Antología de poesía española contemporánea (1978-2015) que ha preparado Vicente Luis Mora y que publica Vaso Roto propone una selección de la obra de 22 poetas españoles nacidos entre 1958 (Rikardo Arregi) y 1979 (Juan Andrés García Román) que reflejan un panorama plural de voces, temas y poéticas.

Tan representativa y tan discutible como todas las antologías, la panorámica que ofrece este volumen muestra una pluralidad de voces caracterizadas por su orfandad y por la “soledad metafísica a la hora de lanzarse al territorio poético” de la que habla Vicente Luis Mora en su amplio y denso estudio introductorio.

De Jesús Aguado a José Luis Rey, de Esperanza López Parada a Álvaro García, de Jordi Doce a Julieta Valero pasando por Pablo García Casado o Eduardo García, la dispersión de referentes, las poéticas dispares y la estética compleja de los poetas antologados dibujan un paisaje extenso que, por encima de la disparidad de criterios sobre ausencias y presencias que suscita cualquier antología, se convierte en un referente insoslayable para entender la situación de la poesía española actual.

Santos Domínguez

29 junio 2016

Equipaje de vacaciones. Prosa




Robert Aickman.
Las casas de los rusos.
Traducción de Arturo Peral Santamaría
e Irene Maseda Martín.
Atalanta Ars brevis. Gerona, 2016.

Atalanta reúne en Las casas de los rusos seis relatos de Robert Aickman, uno de los maestros del género fantástico, que se suman a otros seis que publicó esta misma editorial hace cinco años en el volumen Cuentos de lo extraño, con el mismo eficiente traductor, Arturo Peral Santamaría, al que acompaña ahora Irene Maseda Martín.

Como aquellos, los relatos de esta nueva entrega son una incursión en el lado oscuro de la realidad en busca de la inexplicable complejidad de lo cotidiano. Porque, como explicó Todorov, el mejor teórico del género, la literatura fantástica parte de lo cotidiano para llegar a lo inexplicable.

Un buceo narrativo por los abismos del horror que está al fondo de la conciencia, porque –ya lo demostró Poe en sus relatos- el horror contemporáneo no surge, como en la literatura gótica, de la escenografía exterior sino del fondo secreto de los personajes.

Los relatos de Aickman son una mirada al otro lado del espejo, una travesía por la línea de sombra que separa la razón de lo subconsciente, el sueño de la vigilia, la visión imaginada de la percepción real.

Con tonos diversos y perspectivas diferentes, con algún dato oculto que emerge en los párrafos finales de cada relato para producir un efecto de sorpresa, con una envidiable capacidad para crear atmósferas inquietantes y opresivas, estos seis relatos –alguno cercano a la novela corta- tienden puentes entre lo interior y lo exterior, entre lo real y lo imaginario, entre lo usual y lo extraño.

Con sorprendentes giros finales y diálogos caracterizadores, son relatos que transcurren bajo una nube de polvo o bajo la niebla nocturna de Finlandia, con la tonalidad del relato onírico, entre ambientes decadentes y casas aparentemente deshabitadas y proyectan una extraña mirada sobre lo femenino y sobre mujeres fatales de belleza insufrible.

Concentrados en el tiempo y en el espacio para producir una intensa unidad de efecto, con la presencia latente de una sexualidad oscura, deambulan por ellos un artista y una viuda, una joven en un páramo, dos gemelos terribles o dos hermanas con fantasma en un rincón fuera del tiempo de una mansión campestre.




Rocío Fernández Berrocal.
Tartesia linda.
Un paseo por la Sevilla
de Juan Ramón Jiménez.
Biblioteca de temas sevillanos.
Instituto de la cultura y las artes.
Ayuntamiento de Sevilla, 2016

Un paseo lírico por la Sevilla de Juan Ramón Jiménez de la mano de Rocío Fernández Berrocal, que estudió en su tesis doctoral y en un excelente libro la relación del poeta con una ciudad que fue siempre -incluso en el exilio- una referencia vital y artística ineludible.

La llamó ‘divina ciudad’, ‘ciudad del paraíso’, ‘capital lírica’ de España, le dedicó un libro que empezó a escribir en 1912. Fue la ciudad en la que despertó su vocación literaria, una de las estaciones de paso en el viaje decisivo hacia Zenobia que es el Diario de un poeta reciéncasado y antes de regresar, cadáver ya de paso hacia su tumba definitiva en Moguer, siguió siendo un recuerdo persistente, porque en la poesía espacial de Juan Ramón -Espacio se titula significativamente ese poema mayor de la literatura en español-, la fusión de vida y obra hace que Sevilla, idealizada como imagen de belleza universal y como ámbito simbólico de la creatividad, vuelva una y otra vez a su escritura y su recuerdo.

Un volumen, pensado para llevar en el bolsillo en un paseo por Sevilla, que recoge -en palabras de la autora- “todas las referencias sevillanas de Juan Ramón encontradas hasta el momento, un corpus extenso que ilustra ampliamente su vocación de ser tan sevillano como moguereño.” Porque “si Moguer fue para Juan Ramón la luz con el tiempo dentro, Sevilla es para el poeta el tiempo con la luz dentro.”


Rafael Sánchez Ferlosio.
Ensayos 2.
Gastos, disgustos y tiempo perdido.
Edición de Ignacio Echevarría.
Debate. Barcelona, 2016.

En un artículo de 1980 hablaba Sánchez Ferlosio del deporte como una actividad que “no cría más que gastos, disgustos y tiempo perdido.” De ahí surge el título elegido para organizar el segundo tomo de los ensayos ferlosianos, que publica Debate en una edición cuidada y anotada por Ignacio Echevarría.

Un volumen que recoge las colaboraciones en prensa de Sánchez Ferlosio desde los años setenta. Superado ya su retiro para dedicarse a los altos estudios eclesiásticos que se publicaron en el primer volumen, El País, Diario16 ABC acogieron en sus páginas decenas de artículos de opinión en los que comentaba la actualidad política y cultural de España en las últimas cuatro décadas. De esas colaboraciones en prensa no se recogen en este tomo los pecios, que se han publicado recientemente bajo el título Campo de retamas, ni sus frecuentes cartas al director.

Fueron, aunque abundantes en algunos momentos, colaboraciones poco continuadas, esporádicas casi siempre, escritas desde la perspectiva insobornable de “un francotirador que -omo señala Ignacio Echevarría en la presentación de este volumen- sin vínculos partidistas de ninguna clase /…/ discierne con insólita precocidad y contundencia los asuntos neurálgicos del acontecer nacional.”

La identidad nacional y los nacionalismos periféricos, las fuerzas armadas y el terrorismo, la censura y la tortura, la derecha y la evolución del PSOE, la educación y los medios de masas, los fastos del 92 o el Prestige estuvieron en el objetivo de la agudeza y la independencia de Ferlosio, en su mirada distante y lúcida.

Organizado en cinco partes presentados por un irónico prefacio parabólico, “Breve historia de un dinero malgastado”, el lugar central lo ocupa el apartado “Mas no todos los tiempos son unos”, que recopila en tres secciones más de cincuenta artículos que tienen como eje los variados asuntos nacionales recogidos en volúmenes como La homilía del ratón o La hija de la guerra y la madre de la patria.

El último apartado –“El anti centenario”- se centra en el quinto centenario de la conquista de América –“Cinco siglos de Historia y desventura” es uno de los artículos que aparecen como prolegómeno- y en las celebraciones del 92. Un apartado que tiene como centro el ensayo “Esas Indias equivocadas y malditas.”

Completa el volumen un anexo con la entrevista que Ferlosio le hizo al naturalista Miguel Delibes de Castro sobre los incendios forestales tras el incendio de la sierra de Guadalajara en el verano de 2005.

Además de las notas finales del editor, escuetas y oportunas, un exhaustivo índice onomástico permite la localización rápida de referencias a personas, partidos, instituciones o acontecimientos que fueron objeto de la atención de estos artículos que en conjunto constituyen una contra-crónica de la España reciente y de su historia.


Frank Kermode.
El tiempo de Shakespeare.
Traducción de Juan Manuel Ibeas.
Debate. Barcelona, 2016.

Debate recupera un espléndido ensayo sobre Shakespeare y su tiempo que publicó en 2005 y que el centenario de la muerte del poeta de Stratford ha vuelto a poner de actualidad.

Pero El tiempo de Shakespeare, de Frank Kermode, es mucho más de lo que anuncia su título. Además de un acercamiento a la época y al contexto histórico, político, social y cultural en el que surge y se desarrolla el teatro isabelino, a la expansión comercial que convirtió a Londres en un centro financiero internacional, es una excelente introducción al teatro de Shakespeare.

En aquel hervidero urbano al que llegó el aspirante a escritor desde Stratford, una de las diversiones favoritas eran las representaciones teatrales, cuya dimensión social y económica es uno de los ejes de este libro. Hay un dato concluyente: en vida de Shakespeare se construyeron nueve teatros en aquella ciudad turbulenta que era ya una de las capitales del mundo.

Con un grado cada vez mayor de complejidad de los espacios teatrales y de profesionalización de las diversas compañías, se fue produciendo una progresiva separación entre la actuación profesional y la mera representación. 

Sólo si se entiende esa profesionalización puede explicarse que Shakespeare escribiera obras tan exigentes como Hamlet o Macbeth, tan llenas de matices y monólogos y con un lenguaje dramático tan estilizado.

Pero lo mejor de este estudio, ya lo avisábamos, es el recorrido por la evolución del teatro de Shakespeare, desde su primera época –anterior a la construcción del Globe: desde Tito Andrónico hasta Mucho ruido y pocas nueces. 

Un análisis global y profundo de los textos que atiende al papel del público, al estilo y a los temas o a su intención política y que se centra en la época de plenitud del autor, en su década prodigiosa desde el traslado de la compañía al teatro del Globe, a cuya creación, diseño y estructura se presta también una notable atención.

Ese fue un momento crucial en la obra de Shakespeare, que desarrolla su década más creativa desde Como gustéis hasta La tempestad, pasando por Julio César, Hamlet, Otelo o Macbeth. Cada uno de esos títulos bastaría para considerarlo el clásico de los clásicos, el inventor de lo humano, como decía Harold Bloom.




Juan Arnau.
El efecto Berkeley.
Pre-Textos. Valencia, 2015.

En la línea de ficción filosófica inaugurada con El cristal Spinoza, Juan Arnau publica en Pre-Textos El efecto Berkeley, en torno a la figura del filósofo irlandés que defendió la idea de que ser es percibir y la vida por tanto está hecha de impresiones, sobre todo visuales, porque “los recuerdos, los sueños y las fantasías son todos ellos restos de impresiones visuales.”

De Dublín a Londres, de París a Nápoles, entre el relato y la biografía, el dietario y el ensayo, la filosofía y los diálogos teatrales, este es un libro en el que las sensaciones tienen también un papel decisivo en la sucesión de escenas construidas con una actitud híbrida que recuerda las evocaciones intrahistóricas de Azorín en sus reconstrucciones de los clásicos redivivos.

El paisaje del condado independentista de Kilkenny donde nació Berkeley, Grub Street, un suburbio de las letras londinenses, la prisión de Newgate o el gesto más trivial del personaje los envuelve Juan Arnau en la calidad de su prosa fluida que se gana la complicidad admirada del lector desde el primer párrafo hasta el final, con la tonalidad elegante de su prosa equilibrada y con la cercanía conversacional que marca muchas de sus páginas, a medio camino entre la filosofía y el teatro, a través de diálogos teatrales con Prior o Swift, Voltaire o Pope, Malebranche o Voltaire.

Y porque ser es percibir y ser percibido, nada mejor que este libro que huye de las abstracciones metafísicas para introducirnos con asombrosa maestría en la individualización de las sensaciones que sugieren sus páginas con la importancia crucial de los adjetivos.

Un ejemplo: “Lumbre de sarmientos. Sardinas ensartadas sobre las brasas. Escamas quebradas, azuladas y amarillas. Berkeley sopla un rescoldo, el fuego enrojece sus mejillas. Un mendrugo de pan, patatas cocidas y cuatro nueces. Junto a las viandas, un cuaderno. La mano se mueve con calma litúrgica, dejando a su paso una caligrafía franca, marcial.”

La evocación de la época y el ambiente, los viajes y la literatura, la historia y la física, las matemáticas y la relatividad del tiempo y el espacio en este teatro de ideas que muestra que las cosas del mundo son sensaciones, que todo es percepción y que por eso mismo “la piel es lo más profundo del hombre.”




 Ignacio Gracia Noriega.
Las burbujas de la tierra.
Cátedra Crítica y Estudios Literarios. Madrid, 2016.

En torno a William Shakespeare, el más grande y el más extraño de los poetas, se organiza el volumen Las burbujas de la tierra, en el que Ignacio Gracia Noriega agrupa un amplio conjunto de artículos que abordan la figura y la obra de Shakespeare.

A explorar las claves de su grandeza, de su vigencia y de esa condición extraña se dedica esta recopilación de artículos que abordan la biografía y la personalidad de Shakespeare, su concepción de la poesía y su dominio de la técnica teatral, el doble oficio de dramaturgo y poeta -“ocupaciones complementarias pero no idénticas”- de un autor inabarcable.

Tan inabarcable que Goethe decía que no se puede hablar de él, porque todo lo que se diga resulta insuficiente. Pero aunque su monumentalidad nos desborde, este tipo de acercamientos son irrenunciables y sirven para iluminar su obra y su grandeza, su poética teatral, los argumentos y los personajes que aparecen en su obra, las teorías sobre la autoría de sus obras, su visión de la naturaleza y de la historia, su imagen del poder, las adaptaciones al cine de sus obras por Orson Welles, Mankiewicz o Kurosawa,  la presencia de lo español en su teatro o su relación con la literatura española de su tiempo.

Complejo como la vida, enorme como el mundo, en torno a Shakespeare nos podemos seguir formulando la pregunta que da título al epílogo: ¿Qué sería el mundo sin Shakespeare?



 

Román Gubern.
Historia del cine.
Compactos Anagrama. Barcelona, 2016.

En una espléndida edición de bolsillo, Compactos Anagrama publica la última versión revisada y actualizada de la imprescindible y monumental Historia del cine de Román Gubern, una obra de referencia desde su primera edición en 1969 en dos tomos.

A lo largo de sus muchas reediciones se han ido añadiendo nuevos capítulos y sucesivas revisiones que culminan con la “Última sesión”, de 2014, cuando el canon es que no hay canon y el consumo de películas se está desplazando en el mundo occidental de lo público a lo privado, de las salas de proyección a los domicilios, primero con el vídeo y hoy con internet.

Con cuatro cuadernillos de ilustraciones, la Historia del cine es una obra de consulta rápida con dos índices -uno onomástico, otro de películas- que permiten una búsqueda directa de títulos, directores o actores; un manual universitario y un relato próximo de la evolución del séptimo arte desde el punto de vista estético, técnico y temático.

Una evolución vertiginosa, porque, a diferencia de otras artes, surge en un momento que le permite asumir el bagaje cultural previo y aprovechar los avances de la técnica, la literatura, la música, la pintura o la fotografía.

Una evolución tan vertiginosa responde a la aceleración histórica que se ha producido en el último siglo, a la necesidad de reflejar el contexto social, político, ideológico, artístico o cultural de cada momento y cada país. Por eso el cine es un fenómeno complejo que requiere enfoques múltiples para analizar no sólo su dimensión estética, sino la repercusión social de su contenido ideológico, su influencia en los gustos y la mentalidad, su poder propagandístico al servicio del poder o de las revoluciones.

Y con esa perspectiva integral, Gubern abordó las transformaciones de un arte cambiante desde el cine mudo al cine en la época de internet, pasando por la importancia de corrientes como el neorrealismo italiano, la nouvelle vague francesa, el cine americano o el español.

Una obra monumental en una edición asequible puesta al día con la perspectiva actual, cuando el cine es  “un mosaico de propuestas cuyo canon es la diversidad, o la pluralidad de miradas y la heterogeneidad de sensibilidades, lo que no excluye contaminaciones e hibridaciones transculturales, a veces de modo subterráneo. En un contexto en el que los conceptos de canon y de «cine nacional» han tendido a diluirse por el efecto centrífugo de la globalización, los juicios estéticos están sometidos a caución.”



 Jordi Balló y Alain Bergala (eds.)
Motivos visuales del cine.
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2016.

Si en su imprescindible La semilla inmortal Jordi Balló abordaba junto a Xavier Pérez la presencia de una serie de argumentos que el cine ha tomado de la tradición literaria, en este volumen ha coordinado con Alain Bergala un espléndido conjunto de artículos en los que más de sesenta especialistas exploran los motivos visuales que el cine ha tomado de la pintura, porque, como explican los editores en su presentación, “el cine siempre ha privilegiado motivos visuales afines a su lenguaje y sus aparatos concretos: la ventana, la nuca, la escalera, el espejo, el duelo, la sombra, el cuerpo que cae, la cicatriz, la destruccion del decorado, el laberinto y muchos otros incluidos en este libro.”

Un conjunto de estudios que recorren la mitología de la imagen y el significado simbólico y narrativo de metáforas visuales que el espectador sabe leer e interpretar con toda su carga connotativa: una mujer asomada a una ventana o mirándose en un espejo,  las escaleras o el horizonte, un columpio o un callejón, una cama o un abismo, una ejecución o un despertar, una montaña o una persecución, una tempestad o un reloj, una sombra o un laberinto, una cicatriz o un árbol.

Motivos visuales que articulan un pensamiento expresado en imágenes y representado por una serie de referentes que proceden de la tradición pictórica o literaria. Esos motivos han ido configurando el imaginario icónico que el espectador asocia a cada película, porque apelan a su memoria visual.

Atendiendo a la doble dimensión del cine como arte visual y como instrumento narrativo, los distintos capítulos del libro analizan, con abundantes ilustraciones, esos motivos que se repiten a lo largo de la historia del cine y que muchas veces, con sus diversos enfoques y sus cambios de perspectivas, son las señas de identidad de los directores más relevantes.




Octavio Paz.
De una palabra a la otra:
Los pasos contados.
Prólogo de Aurelio Major.
Pintura de Frederic Amat.
Vaso Roto. Madrid, 2016.

Como “una biografía intelectual vista en el espejo de su vida poética” define Aurelio Major en su prólogo al volumen De una palabra a la otra: Los pasos contados, que acaba de publicar Vaso Roto en una espléndida edición ilustrada con la pintura de Frederic Amat.

Una reunión de dos artículos -Los pasos contados y La crítica como higiene social- que aparecieron en las revistas barcelonesas Camp de l’Arpa en abril de 1980 y Destino en noviembre de 1975 y que no habían sido recogidas en libro hasta ahora.

El primero de esos dos artículos surgió como texto introductorio de una lectura pública de su poesía y constituye una reflexión de Octavio Paz sobre su obra y sobre las influencias que la han orientado, desde la poesía precolombina a la tradición poética inglesa de Blake, Worsdworth, Yeats o Eliot; desde los clásicos españolas y Sor Juana Inés de la Cruz a la poesía china de Wang Wei o Tu Fu; desde la tradición latinoamericana de Huidobro o Vallejo a  Valéry o el surrealismo pasando por Juan Ramón o el 27 de Cernuda y Guillén.

Es el resultado, como señala el prologuista de su interés “por enfatizar expresamente -como señala el prologuista- en un texto unitario las lecturas que acompasaron sus poemas”, el relato del itinerario poético cambiante de un autor en el que hablan varias voces sucesivas en diálogo con el mundo o consigo mismo.

La descripción, en definitiva, de un itinerario que constituye, en palabras de Paz, “una suerte de biografía emocional, sentimental y espiritual” y que se completa con una coda -La crítica como higiene social- en la que Octavio Paz define la crítica como la única actividad que “puede crear el espacio -físico, social, moral- donde se despliega el arte, la literatura y la política.”



Pedro Enrique Muñoz.
Vivir en tiempos de confusión.
Editorial Iatrós. Madrid, 2016.

El desafío de construir una identidad personal propia es el subtítulo de Vivir en tiempos de confusión, un libro que su autor, el psiquiatra Pedro Enrique Muñoz, describe en el Prefacio como “el primero de una futura trilogía dedicada al mejor conocimiento del ser humano.”

Dedicado a la investigación y a la docencia en el campo de la metodología científica y de la epidemiología psiquiátrica, Pedro Enrique Muñoz propone en sus páginas un conjunto de “reflexiones sobre la existencia humana tal como esta se nos muestra en la realidad de su desarrollo y devenir en el tiempo.”

Ante un mundo en rapidísima evolución y un individuo en crisis o desorientado, porque a la crisis individual suele superponerse la crisis del modelo social y cultural, este ensayo sugiere una serie de respuestas que deben partir de la reflexión del individuo sobre la realidad exterior y sobre sí mismo. Con ese planteamiento inicial, el individuo debería cuestionarse su conciencia de la propia identidad y su modelo de desarrollo personal, su percepción de la temporalidad y el sentido que quiere dar a su existencia, la importancia de sus emociones y la dimensión plural de la inteligencia, su experiencia del cuerpo y la dimensión de su condición sexual, su conducta social o su relación con el otro.

Todos esos aspectos se contemplan en estas páginas, escritas -como señala en su prólogo José Lázaro- “con una claridad expositiva que facilita la penetración en los problemas, no precisamente fáciles, que el texto va abordando.”




Antonio Pau.
Vida de Rainer Maria Rilke. 
La belleza y el espanto.
Trotta. Madrid, 2007

"Oh vida, vida: tendría que estar fuera. / Pero estoy dentro, en llamas. Ya nadie me conoce.” Esos dos versos cierran el último poema que escribió Rilke a mediados de diciembre de 1926.

Poco antes de su muerte el 29 de diciembre, pronunció sus últimas palabras: “La vida no puede darme ya más. He estado en todas las cumbres.”

Como ese último poema, esas palabras las evoca Antonio Pau en su Vida de Rainer Maria Rilke. La belleza y el espanto, una magnífica biografía que forma parte del catálogo de la Editorial Trotta y que es seguramente el acercamiento más profundo a la vida y la obra de uno de los poetas esenciales del siglo XX.

Desde su niñez y formación en Praga hasta su enfermedad y muerte en Muzot y Valmont, de los Nuevos poemas a los Apuntes de Malte Laurids Brigge, de la primera revelación de las Elegías de Duino a su estancia en Toledo y en Ronda, entre los ángeles del Greco y Los sonetos a Orfeo, una obra que va mucho más allá de la simple biografía para adentrarse en las claves de una escritura como la de Rilke, tan profundamente vinculada a la vida de su autor. Porque, en el límite las dos, la de Rilke fue -como señala Antonio Pau- una vida para la obra:

“Rilke vivió para su obra. Son pocos los pasos que dio que no se encaminaron al cumplimiento de lo que él sintió como una ineludible vocación y un inaplazable deber. Eso hace que no haya episodio, pensamiento, desánimo, inquietud o proyecto de su vida que no deba tenerse en cuenta para entender su obra.”

Por eso esta imprescindible biografía, además de como una aproximación a las circunstancias en las que surgen las Elegías de Duino o Los sonetos a Orfeo, se puede leer también como una antología esencial de la poesía de Rilke con las magníficas traducciones de Antonio Pau, uno de los mejores traductores de poesía alemana al español.

Un volumen enriquecido con abundantes ilustraciones sobre el poeta, sobre los paisajes que fueron decisivos en su obra y sobre las obras de arte que generaron en él un relámpago creativo que sigue iluminando la noche de los hombres.



D. H. Lawrence.
El amante de lady Chatterley.
Ilustraciones de Romana Romanyshyn y Andriy Lesiv.
Traducción de Carmen M. Cáceres y Andrés Barba.
Sexto Piso Ilustrado. Madrid, 2016.

En El amante de lady Chatterley, D. H. Lawrence trazó una compleja cartografía del deseo y completó una reivindicación de la libertad sexual femenina frente a las convenciones sociales del puritanismo en un mundo profundamente conservador y represivo .

Por eso, cuando apareció en 1928, dos años antes de la muerte de su autor, aquella novela sobre una mujer insatisfecha, sobre un marido que vuelve de la guerra parapléjico y sobre un vigoroso guardabosques provocó una escandalosa sacudida en su país, donde estuvo prohibida hasta 1960.

Un escándalo persistente que fue más allá de la sociedad de su época, no sólo por las explícitas descripciones de las relaciones sexuales entre Lady Constance Chatterley y el guardabosques Oliver, sino porque sus páginas contienen un alegato contra las diferencias sociales y a favor de la libertad sexual de la mujer.

Sexto Piso acaba de publicar, con traducción de Carmen M. Cáceres y Andrés Barba, una espléndida edición ilustrada de esa novela, en la que Romana Romanyshyn y Andriy Lesiv abordan plásticamente el conflicto entre el individuo y la sociedad, entre la razón y el instinto, entre las imposiciones sociales y la libertad.

Santos Domínguez

27 junio 2016

Equipaje de vacaciones. Poesía



Paul Celan.
Obras completas.
Traducción de José Luis Reina Palazón. 
Prólogo de Carlos Ortega. 
Trotta. Madrid, 2013.

Fue de lo oscuro a lo oscuro, de la sombra a la ceniza, vio el atardecer de las palabras, los escombros de la civilización y las horas vacías.

Y de todo eso se nutre la poesía de Paul Celan, que en la acreditada versión de José Luis Reina Palazón, que obtuvo con ella en Nacional de Traducción, alcanza ya la séptima edición en Trotta.

La precede un prólogo en el que Carlos Ortega realiza un recorrido minucioso por la vida y la poesía de Celan y señala que “en los ochocientos poemas que publicó, más los cuatrocientos setenta y seis que dejó sin publicar —de los cuales se ha editado recientemente una amplia antología—, están condensados su vida y su pensamiento, el cual integra un buen manojo de tradiciones literarias y de datos, no sólo personales, sino también teológicos, filosóficos, científicos e históricos.”

Se reúnen en este volumen imprescindible todos los libros de poesía de Celan, sus poemas dispersos, la prosa y los discursos de aquel extranjero en medio del desierto que construyó sobre las cenizas una obra de enorme potencia verbal, cimentada en imágenes creadoras de un mundo poético difícil y oscuro, en el límite de lo indecible y al borde del abismo.

“El poema está solo. Está solo y de camino”, escribió Celan, autor de una poesía oscura como su destino de superviviente y testigo. Una poesía que incinera el lenguaje con la tensión y la concentración verbal en medio del silencio y el vacío: la llama y las cenizas, el horror del holocausto y los campos de concentración recorren sus poemas esenciales, Fuga de la muerte, Una canción en el desierto o Los tallos de la noche, o libros como Cambio de aliento, donde se leen estos versos:

Hondo 
en la grieta de los tiempos, 
junto 
al hielo panal 
espera, un cristal de aliento, 
tu irrevocable 
testimonio.




Carlos Barral.
Usuras y figuraciones. 
Poesía completa. 
Edición, prólogo y notas de Andreu Jaume.
Epílogo de Malcolm Otero Barral.
Lumen. Barcelona, 2016.

En una declaración repetida que dice menos de la seguridad del personaje que de la importancia central que le daba a su obra poética, Carlos Barral  se reconoció a sí mismo como el mejor poeta de su generación. 

Una poesía imprescindible y de una calidad más que notable, eclipsada en parte por su labor como editor y en parte por unas memorias que le han dado más reconocimiento que la poesía que estaban destinadas a explicar como textos auxiliares y subsidiarios, aunque “insoslayables para la cabal comprensión de su poesía", como explica Andreu Jaume en el prólogo a su espléndida edición de Usuras y figuraciones, el volumen que publica Lumen con la poesía completa de Carlos Barral que cierra un epílogo –“Yo te  saludo, de vuelta”- de Malcolm Otero Barral.

Desde Metropolitano y Diecinueve figuras de mi historia civil, dos libros cerrados, hasta la obra abierta y en marcha que recogen las diferentes secciones de Usuras, un libro que el autor veía en proceso de crecimiento, en la poesía de Carlos Barral desarrolla una trayectoria coherente desde el punto de vista estético y moral, al margen de las modas y en busca de su propia médula estilística y ética, de su identidad expresiva y argumental.

Una identidad poética que le importó más que nada y que Barral definió como poesía de la experiencia –“toda mi poesía lírica es autobiográfica”, explicó. Eso sí, sobre ese fondo autobiográfico puso en su escritura un filtro intelectual que marca distancias con lo meramente emocional y lo directamente confesional. 

Por sus textos, enfriados metálicamente con una exigente elaboración verbal y con distancia a veces irónica, atraviesan el recuerdo del padre y Calafell, Yvonne y el amor, el Mediterráneo y la ciudad, el paso del tiempo y el miedo a la muerte y a la decadencia intelectual o a la decrepitud, su apellido industrial o la figura de su nieto

Desde la abstracción de Metropolitano, un libro de trabajada composición y brillo metálico al hilo autobiográfico de Diecinueve figuras de mi historia civil, contrapunto poético de sus memorias, hay en la poesía de Barral una constante exploración en la carga etimológica de las palabras y un estilo muy elaborado y alejado del lenguaje funcional. 

A una de las cimas de esa poesía, Hombre en la mar, el poema que culmina el segundo de esos libros, dedica Andreu Jaume un análisis iluminador de los temas, las actitudes y el tono de una poesía que desde Usuras tiene como centro el tema del deterioro y su correlato temático en el último tomo de sus memorias, Cuando las horas veloces.

Un tono muy oscuro que se suaviza en Lecciones de cosas, que tiene como destinatario a su nieto Malcolm Otero, que, antes de las notas que el propio Barral redactó para la edición de Usuras y figuraciones en 1979, remata así su epílogo: “Ya no queda nada, apenas la memoria que alimenta la nostalgia. Pero están al menos estos versos en los que el poeta entró en combate con la lengua, duelos a veces a florete, en ocasiones a sable, para dejar constancia poética de un mundo que no ha de volver.”





Antonio Cabrera.
Corteza de abedul.
Tusquets. Barcelona, 2016.

Seis años después de su Piedras al agua, Antonio Cabrera vuelve con Corteza de abedul, que acaba de publicar Tusquets, al territorio poético en el que ha desarrollado toda su escritura: el de la poesía contemplativa que completa un viaje de lo concreto a lo abstracto y establece un diálogo equilibrado y sereno entre lo sensitivo y lo conceptual, entre la emoción y la meditación.

Un diálogo con la realidad y consigo mismo, con el yo o el tú autorreflexivo, con la naturaleza o los objetos para ir, como pedía el maestro Mairena, de la anécdota a la categoría.

Esa equilibrada serenidad de la mirada que caracteriza a la poesía de Antonio Cabrera se proyecta no sólo en el espacio, sino también en el tiempo: el instante, el recuerdo del pasado y la conciencia del tiempo son también objeto de esa mirada reflexiva que se convierte así en ámbito de encuentro de lo exterior con lo interior, del presente y el pasado, del mundo y la conciencia.

Y de esa manera, la luz que proyecta sobre los objetos o sobre el paisaje la meditación resume la actitud de un autor que concibe la poesía como búsqueda y como forma de conocimiento desde la contención expresiva, la conciencia de lo fugaz y la reivindicación del instante, que son algunas de las señas de identidad de la poesía de Antonio Cabrera.

El tono sereno y la expresión depurada son los instrumentos del poeta para ver y pensar el mundo, desde la contenida intensidad de la palabra, la conciencia de la naturaleza y el tiempo, la reflexión ante los objetos, las piedras o los pájaros.

Una palmera solitaria (“Contémplala, respira”), el viento de levante, un canto rodado en el Alto Tajo, la duna de Bolonia o un manantial, un granado en flor vigilado por Perséfone o los lirios amarillos que duran antes del declive, un plato de albaricoques, una mantis religiosa o la corteza de abedul del título provocan el interés de quien está ante ellos “no atendido: atendiendo”, antes de la desintegración de la conciencia y de la disolución de la identidad para fundirse con ellos:

El rumor de los pinos se desleía en torno.
Mi mano no era nada. Yo fui nadie.

A esa forma de fusión, de huida de sí mismo, era a lo que aspiraban los místicos, un precedente en esa síntesis de contemplación y reflexión que resume la actitud poética y vital de Antonio Cabrera, que cierra la obra, significativamente, con un Autorretrato que termina así:

Soledad, ahora sí,
ya puedes ser el fondo informe y fiel
de mi retrato.



Stefan George.
Poesía completa.
Traducción e introducción
de José Luis Reina Palazón.
Linteo Poesía. Orense, 2016.



Triste aprendí la renuncia que canta: / nada es, si la palabra se quebranta.

Con esos versos se cierra La palabra, uno de los poemas más emblemáticos de Stefan George, en la traducción que José Luis Reina Palazón acaba de publicar en la monumental edición bilingüe que ha preparado para Linteo de la Poesía completa del autor que introdujo la poesía alemana en la modernidad.

Heredero de Novalis y Hölderlin, Stefan George (1868-1933) representa en la poesía alemana lo que significó Baudelaire para la poesía francesa, lo que Rubén Darío para la poesía en español: un cambio general que afecta a todos los niveles del texto poético, desde los temas al estilo, desde el tono hasta la mirada.

Muy influido por el simbolismo francés, por Mallarmé y Poe, interiorizó los postulados del arte por el arte y asumió la crisis finisecular como una crisis de la capacidad del lenguaje como instrumento de representación de la realidad.

Pero evoluciona desde ese simbolismo esteticista a la defensa de la poesía como experiencia religiosa, a una concepción sagrada de la poesía como búsqueda y como iluminación de la realidad, a una actitud visionaria en la que el poeta tiene una consideración sacerdotal, casi mesiánica: como el iniciado en la exploración de lo inefable.

La impresión y la subjetividad, la sugerencia y la intuición, el ritmo y la sonoridad son algunas de las claves de una poesía que ocupa el ámbito de lo sagrado y lo profético, una poesía intermediaria de la divinidad en un proceso de fusión con la naturaleza y de expresión de lo misterioso.



Trescientos poemas de la dinastía Tang.
Edición bilingüe de Guojian Chen.
Cátedra Letras Universales. Madrid, 2016.

Salgo, cuando me place, / a dar un paseo solo, / y es un deleite inefable. / Llego hasta donde termina el arroyo. / Sentado, miro las nubes que nacen, escribe Wang Wei, un poeta del siglo VIII, en uno de los poemas que forman parte del volumen Trescientos poemas de la dinastía Tang, que acaba de aparecer en Cátedra Letras Universales.

En el año 2013 el profesor Guojian Chen publicaba en esta misma colección la insustituible antología Poesía china (siglo XI a. C.- siglo XX), un monumento literario como señala Carlos Martínez Shaw en el prólogo de esta nueva recopilación, que está considerada la antología de referencia de la poesía clásica china, hasta el punto de que actualmente se ofrecen cerca de dos mil ediciones distintas de esta obra en China. La recopiló muy tardíamente, en el siglo XVIII, el anónimo Literato solitario del bosque fragante, y recogía no trescientos sino trescientos trece textos que reflejan el apogeo poético de la poesía china, su edad de oro entre el 618 y el 907.

Con buen criterio, el traductor ha incorporado en un apéndice otros veinticinco excelentes poemas de la época que no figuraban entre los Trescientos poemas de la dinastía Tang, pero que merecen estar en este volumen por su calidad y su representatividad.

Una antología presentada por un amplio y profundo estudio introductorio sobre el contexto histórico y cultural en que surgió esta poesía y sobre los rasgos vertebrales que caracterizan su estilo y su métrica, su ritmo, sus temas o su despliegue metafórico.

Con unas notas mínimas que no perturban la lectura de esta poesía pero hacen algunas aclaraciones imprescindibles, y con una semblanza final de los autores, estos textos abordan, con la brevedad estilizada que los caracteriza, el sentimiento por el paso del tiempo entre la melancolía y la reivindicación vitalista del goce en el presente, el paisaje como reflejo de los estados de ánimo, la soledad y la niebla de los lagos, el amor o la luna en la montaña, la huida del mundo y la vida retirada, las ausencias y las despedidas.

Hay tres nombres fundamentales por la transcendencia de su poesía en esta recopilación: Li Bai (Li Po en otras transcripciones), idealista e imaginativo, Du Fu (Tu Fu), realista y descriptivo, y el bucólico Wang Wei, poeta del campo y del jardín.

Algunos expertos datan el comienzo de la poesía china mil años antes de Homero, aunque el poema más antiguo documentado no es tan antiguo. No es eso, con todo, lo más importante. Lo que explica su universalidad y su vigencia no es su antigüedad, sino su calidad, apreciada en la poesía occidental desde Goethe a Octavio Paz pasando por Alberti o Lorca.

Sobre la importancia de esta recopilación, resalta Guojian Chen que “es, según el consenso de los críticos y los estudiosos chinos, la más difundida, popularizada, comentada, citada y recitada de todas las recopilaciones de la poesía Tang y de toda la poesía china. Se puede decir que es el Quijote poético de China por su calidad literaria, su importancia en la cultura china y su popularidad.”



Juan Carlos Mestre.
La tumba de Keats.
Calambur. Barcelona, 2016.

En un volumen ilustrado por el propio poeta, Calambur recupera La tumba de Keats, el libro con el que Juan Carlos Mestre ganó el Premio Jaén de poesía en 1999. Llevaba algún tiempo descatalogado y esta reedición es una inmejorable oportunidad para acercarse a él por primera vez o para releer sus versos desborados y poderosos.

Desde su arranque (Esto sucede ante la hora izquierda en que mi vida, / violenta juventud contra el poder de un príncipe, / llama jauría a la verdad y belleza a los puentes derrumbados) hasta el último verso, que reproduce el epitafio de la tumba de Keats en el cementerio protestante de Roma (Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua), una explosiva sucesión de imágenes ordenadas en el ritmo envolvente y poderoso de sus versos.

Escrito en Roma entre octubre de 1997 y febrero de 1998, acompañado de las ilustraciones del libro de artista Ghetto que el autor realizó a la vez que el poema, en su espacio emerge la sombra de Keats como símbolo de la conciencia irrenunciable del poeta a través de la voz de Juan Carlos Mestre.

El tiempo y la compasión, el amor y la historia, la noche y la palabra arrebatada articulan un intenso y largo monólogo en el que el poeta da voz a las sombras frente al olvido y esgrime la resistencia y la utopía como ética de las derrotas, como épica de la dignidad. Frente a las ruinas de la historia la fuerza resistente de la palabra cuando no importa ya vivir sino la vida, no importa ya morir sino lo humano.



C. P. Cavafis.
Poemas.
Traducción, prólogo y notas 
de Ramón Irigoyen.
DeBolsillo. Barcelona, 2016.

“La relectura de poemas de Cavafis, en 2015 y 2016, para preparar esta edición que publica la editorial DeBolsillo me ha producido un extraordinario placer. En esta relectura he sentido vivísima la poesía de Cavafis cuyos temas esenciales -el sexo, la religión y el conflicto de civilizaciones- son temas eternos, y por eso no envejecen. /..../ El misterio de su poesía es tan profundo que apenas lo vislumbramos levemente”, escribe Ramón Irigoyen en el intenso, irónico y divertido prólogo que ha puesto al frente de la reedición de los Poemas de Cavafis en DeBolsillo.

Un prólogo en el que, además de destacar la carga autobiográfica de la poesía de Cavafis y el erotismo que se convierte en su centro a partir de 1911, se hace un repaso -en el más amplio sentido de la palabra- por las traducciones y los traductores de estos textos al español desde mediados de los cincuenta. 

“He leído –decía Auden- numerosas traducciones de Cavafis, muy distintas entre sí, y puedo asegurar que todas ellas son inmediatamente reconocibles como un poema de Cavafis; nadie más podría haber escrito poemas como esos.”

Pocos poetas tendrán tantos poemas recordables y tan intensos como Ítaca (Mantén siempre a Ítaca en tu mente./ Llegar allí es tu destino), como otro poema de 1911, como Idus de marzo (Ten miedo a las grandezas, alma mía) o los más antiguos Murallas (Desde el mundo exterior –y sin yo percibirlo-, me encerraron), Esperando a los bárbaros (Y ahora ya sin bárbaros ¿qué será de nosotros?) o La ciudad, el poema que Cavafis prefería de entre los suyos, que se cerraba con estos versos desolados: Al arruinar tu vida aquí, en este rincón mínimo, / para toda la tierra tú ya la has destruido.

Iluminados con las agudas notas finales de Ramón Irigoyen, son algunos de los 254 poemas canónicos que seleccionó el propio Cavafis para que se publicaran, incluido En las afueras de Antioquía, el último poema que escribió, que se cierra con estos versos:

Reventó Juliano e hizo correr
-¿qué otra cosa iba a hacer?- que el incendio era obra 
de nosotros, los cristianos. Que diga lo que quiera. 
No pudo demostrarse, que diga lo que quiera. 
Lo esencial es que reventó.





Philip Levine.
News of the World.
Traducción de Juan José Vélez Otero.
Valparaíso Ediciones. Granada, 2016.

Con traducción del también poeta Juan José Vélez Otero, Valparaíso Ediciones publica en edición bilingüe News of the World, un libro de 2009, el último que se apareció en vida del autor, el poeta estadounidense Philip Levine (1928-2015).

Un libro de poemas atravesado por la crítica social y la denuncia de la explotación laboral y de las condiciones de vida de la clase trabajadora en una ciudad industrial como Detroit, en una de cuyas fábricas de automóviles trabajó Levine desde los 14 años, antes de acudir a la universidad y de ejercer como profesor de inglés en la Universidad de Fresno en California.

Poesía de la experiencia, de línea clara y fondo testimonial, de un poeta que escribe no sólo para denunciar la injusticia, sino también para comprenderse a sí mismo,  para tomar conciencia de quién es, de su pasado y de su espacio vital a partir de la memoria, y para tener una clara noción de su lugar en la sociedad.

La infancia, la guerra civil española, la destrucción de la naturaleza, la solidaridad y la conciencia de clase o el choque entre la vida y la literatura en ese espléndido poema que es Días de biblioteca, marcan las señas de identidad poética y vital de un hombre que escribe con esa “pasión disimulada” que destaca en su prólogo el traductor, quien subraya que “la poesía de Philip Levine no es nada hermética ni esotérica, está hecha con palabras llanas, con versos precisos y accesibles que a lo largo del libro van creando un flujo y reflujo de emoción y sinceridad humana; y una magistral construcción del mundo personal y colectivo asequible a todo lector por su estilo narrativo, aunque no exento de profundo lirismo y templada trascendentalidad.”




Santos Domínguez

24 junio 2016

Carlos Barral. Usuras y figuraciones


Carlos Barral.
Usuras y figuraciones. 
Poesía completa. 
Edición, prólogo y notas de Andreu Jaume.
Epílogo de Malcolm Otero Barral.
Lumen. Barcelona, 2016.

En una declaración repetida que dice menos de la seguridad del personaje en su poesía que de la importancia central que le daba a su obra poética, Carlos Barral se reconoció a sí mismo como el mejor poeta de su generación. 

Se podría discutir, aunque no iba muy desencaminado el autor de esta poesía imprescindible y de una calidad más que notable, eclipsada en parte por su labor como editor y en parte por unas memorias que le han dado más reconocimiento que la poesía que estaban destinadas a explicar como textos auxiliares y subsidiarios, aunque “insoslayables para la cabal comprensión de su poesía", como explica Andreu Jaume en el prólogo a su espléndida edición -seguramente la definitiva- de Usuras y figuraciones, el volumen que publica Lumen con la poesía completa de Carlos Barral que cierra un epílogo –“Yo te  saludo, de vuelta”- de Malcolm Otero Barral.

Desde Metropolitano y Diecinueve figuras de mi historia civil, dos libros cerrados, hasta la obra abierta y en marcha que recogen las diferentes secciones de Usuras, un libro que el autor veía en proceso de crecimiento, la poesía de Carlos Barral desarrolla una trayectoria coherente desde el punto de vista estético y moral, al margen de las modas y en busca de su propia médula estilística y ética, de su identidad expresiva y argumental.

Una identidad poética que le importó más que nada y que Barral definió como poesía de la experiencia –“toda mi poesía lírica es autobiográfica”, explicó. Eso sí, sobre ese fondo autobiográfico puso en su escritura un filtro intelectual que marca distancias con lo meramente emocional y lo directamente confesional. 

Por sus textos, enfriados metálicamente con una exigente elaboración verbal y con distancia a veces irónica, atraviesan el recuerdo del padre y Calafell, Yvonne y el amor, el Mediterráneo y la ciudad, el paso del tiempo y el miedo a la muerte y a la decadencia intelectual o a la decrepitud, su apellido industrial o la figura de su nieto.

Desde la abstracción de Metropolitano, un libro de trabajada composición y brillo metálico, al hilo autobiográfico de Diecinueve figuras de mi historia civil, contrapunto poético de sus memorias, hay en la poesía de Barral una constante exploración en la carga etimológica de las palabras y un estilo muy elaborado y alejado del lenguaje funcional. 

A una de las cimas de esa poesía, Hombre en la mar, el poema que culmina el segundo de esos libros, dedica Andreu Jaume un análisis iluminador de los temas, las actitudes y el tono de una poesía que desde Usuras tiene como centro el tema del deterioro y su correlato temático en el último tomo de sus memorias, Cuando las horas veloces, y que da lugar a un texto tan memorable como este Vaciado del miedo:

Tan de repente no. No de improviso.

Despierta en lo remoto
como un perro enroscado a un lejano rumor
o sube por los miembros como una fiebre dulce,
un quebranto apenado con burbujas de grito;
un cóncavo reflejo
que excava las entrañas mansas del animal.

Viene luego hacia fuera
y el paso se hace frágil
y el gesto como vidrios
y la sílaba torpe y el pecho de ansiedad.
Y un abismo sin techo donde pesaba el cuerpo,
en los hilos del aire o en la memoria o sombra
del henchido de nada que pugna por seguir.

Algo anida en los huecos, algo oscuro,
un fardo ya de muerte
o su muda quietud, la no invocada
cuenta:
             el miedo tan extraño,
decrépito, infantil,
                                 peor que lo temido. 

Un tono muy oscuro que se suaviza en Lecciones de cosas, que tiene como destinatario a su nieto Malcolm Otero, que, antes de las notas que el propio Barral redactó para la edición de Usuras y figuraciones en 1979, remata así su epílogo: “Ya no queda nada, apenas la memoria que alimenta la nostalgia. Pero están al menos estos versos en los que el poeta entró en combate con la lengua, duelos a veces a florete, en ocasiones a sable, para dejar constancia poética de un mundo que no ha de volver.”

Santos Domínguez