30 julio 2015

Tulia Guisado. 37’6



Tulia Guisado.
37’6.
Prólogo de Alfredo Piquer.
Epílogo de Federico Delgado Scholl.
Legados Ediciones. Netwriters Poesía.
Madrid, 2015

Yo no he inventado este dolor,
y sin embargo, trazo cada día
el mapa de la lluvia en el planeta,
y es nuevo, cada día, para mí
el trazo de esta herida, de esta llaga,
que se expande,
que crece
cada día.
Cada día.

–Nunca creíste que fuera tuyo
un dolor tan antiguo, tan usado,
dicen, tan poco original.

Es mío.


Con una intensidad emocional casi insoportable y una expresión desbordada hasta el límite de la pesadilla febril y de la irracionalidad, Tulia Guisado completa en 37’6, desde ese texto inicial al que lo cierra, un poema-libro articulado -desgarrado convendría quizá más- en veintinueve partes, pero escrito a borbotones de sangre y de palabras.

Un primer libro de una enorme fuerza expresiva, porque es “un puñetazo en el estómago”, como dice en su epílogo Federico Delgado, porque es “intenso y verdadero” como anuncia en su espléndido prólogo Alfredo Piquer y porque está escrito en la frontera que separa la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, la razón y el delirio.

Provocado por la experiencia traumática que lo desencadena –Te conozco, dolor, / como la palma de la mano / con la que toqué / a mi hijo muerto / la cabeza- 37’6, que publica Legados Ediciones en su colección Netwriters Poesía, es una explosión verbal, una incursión en la pérdida y en la sombra desde esa fiebre que viene de lejos, / que viene del principio, / y acaba en el final, una bajada hasta la boca del infierno donde escupo sangre y ceniza y polvo seco / para ablandarlo todo y devolver / al mundo su condición de polvo. / Para que arda todo y todo se destruya.

Pero 37’6 es, sobre todo, una respuesta al dolor, una manera de afrontar sin concesiones este programa poético y vital: No te calles ante el dolor.

Santos Domínguez

29 julio 2015

Wilkie Collins. La piedra lunar



Wilkie Collins.
La piedra lunar.
Traducción y notas de Miguel Ángel Pérez.
Alianza Editorial. Madrid, 2015.

"No sólo la primera, la mejor de las novelas de detectives de Inglaterra", decía T. S. Eliot de La piedra lunar de Wilkie Collins, una espléndida novela cuya longitud le permitió a su autor hacer compleja su trama detectivesca, abordar con profundidad a los personajes y multiplicar el número de los sospechosos y de los narradores que cuentan la historia a partir de la misteriosa desaparición de la piedra lunar, el diamante que da título a la novela.

Borges definió a Collins como “maestro en las vicisitudes de la trama" por todo eso y porque están aquí ya los rasgos característicos del relato detectivesco en una narración epistolar que reedita Alianza con una nueva traducción de Miguel Ángel Pérez.

Una traducción que trae La piedra lunar no sólo a la actualidad de los escaparates, sino también a la actualidad de la lengua, porque algunas de las versiones al español que todavía siguen circulando empiezan a tener ya un cierto regusto añejo, han envejecido mal y no daban ya la verdadera medida de personajes tan memorables como la heredera Rachel Verinder, el mayordomo Betteredge, la puritana señorita Clack o el astuto sargento Cuff, que sospecha que aquel no es un robo común, sino un fraude cuidadosamente elaborado por su propietaria. Luego el láudano aclarará las cosas y los tres hindúes que merodean por la novela devolverán la joya a su lugar de origen. 

El que roba al ladrón, ya se sabe.

Santos Domínguez

28 julio 2015

Emmanuel Bove. La trampa




Emmanuel Bove.
La trampa.
Traducción de Salvador Pernas Riaño.
Pasos perdidos. Madrid, 2015.

Era como si no hubiera acabado de comprender el sentido profundo de la derrota, como si hubiera seguido imaginándose ingenuamente que las cosas podían continuar igual que en una época normal.

Y no era una época normal la de aquella Francia ocupada y rendida en la Segunda Guerra Mundial de la que Emmanuel Bove nos dejó un descarnado retrato en su novela La trampa, que publica Pasos perdidos con traducción de Salvador Pernas Riaño.

La escribió durante el exilio argelino al que marchó en 1942 y del que regresaría ya herido de muerte por el paludismo para morir en París en 1945, el mismo año en que la terminó. Con la fuerza narrativa que Bove alimentó con su propia experiencia, nos dejó en La trampa una mirada desalentadora sobre lo que acababa de vivir en la Francia colaboracionista de Vichy, sobre el oportunismo y las dudas, sobre la cobardía y la traición y sobre la condición humana en circunstancias extremas cuando “hablar es como ensanchar un foso; no había nada que hacer. Le parecía increíble la rapidez con que las personas se resignan ante la desgracia y construyen un nuevo futuro sin pensar en lo que han perdido.”

Una narración construida alrededor de la figura del periodista Joseph Bridet, un heredero del kafkiano Joseph K., su acción transcurre en un ambiente de pesadilla que tiene resonancias de El proceso y de El castillo.

Santos Domínguez

27 julio 2015

Sancho Panza, gobernador de Barataria


Miguel de Cervantes Saavedra.
Sancho Panza, gobernador de Barataria.
Ilustraciones de Ramón Pérez Carrió.
Edición de Manuel Ramos.
Linteo. Orense, 2015.

La de Sancho es la creación más honda y compleja de toda la narrativa cervantina. En ningún otro personaje del Quijote se produce una evolución tan intensa del comportamiento, la mentalidad y la palabra. Y eso se aprecia especialmente en el Quijote de 1615, donde el diálogo sustituye a la aventura como motor de transformación de los personajes.

Para celebrar el cuarto centenario de la segunda parte del Quijote, Linteo  publica una joya bibliográfica espléndida: el volumen Sancho Panza, gobernador de Barataria, ilustrado por Ramón Pérez Carrió y preparado por el editor, Manuel Ramos Méndez, con los cinco capítulos en los que Sancho cumplía su sueño de gobernar la ínsula Barataria.

Son unos capítulos cruciales, los únicos en los que Sancho y don Quijote se separan y el escudero se convierte en el eje de la novela. Cinco capítulos que marcan un antes y un después en su comportamiento y en su personalidad, porque si la ínsula era desde la primera parte un ideal que impulsaba su viaje y una metáfora de la ambición hecha gobierno, su cumplimiento se convierte en desengaño y en soledad. ¿Qué mejor imagen de esa soledad que la de la ínsula?

En ese momento el impulso renacentista se transforma en desengaño barroco, anticipando otro desengaño: el de don Quijote en su bajada también solitaria a la Cueva de Montesinos.

El carácter central de esas dos secuencias que trazan un paralelismo en la evolución de los protagonistas justifica la elección de estos cinco capítulos insulares -45, 47, 49, 51 y 53- en esta edición conmemorativa de aquel Quijote de 1615 en la que las ilustraciones, guardas, orlas, capitulares y el colofón componen una colección de láminas que en palabras del ilustrador "está construida como una serie de retablos complementarios que individualmente componen una historia o anécdota y en conjunto colman el templo que alberga la leyenda dorada de esta breve e intensa vivencia de Sancho Panza, gobernador de la ínsula de Barataria."

Santos Domínguez




24 julio 2015

Marguerite Duras. El parque


Marguerite Duras.
El parque.
Traducción de Carlos Barral.
Menoscuarto. Palencia, 2015.

Hace justamente sesenta años, en 1955, Marguerite Duras daba con El parque un giro decisivo no sólo a su trayectoria personal sino a la evolución de la novela francesa del siglo XX. Porque los diálogos aparentemente anodinos que sustentan esta novela corta abrían el camino al nouveau roman y a su cambio decisivo en el punto de vista y en la mirada del narrador.

Entre un silencio y otro, la conversación entre un vendedor ambulante y una criada transcurre en un parque que representa el espacio intermedio entre lo doméstico y lo salvaje, entre el espacio cerrado de la casa de donde viene la muchacha y las proximidades del bosque de donde viene el viajero.

En ese cruce de lo interior y lo exterior, de la esperanza y el desengaño se sostienen los diálogos entre dos personajes muy distintos: la criada bretona y el viajante de comercio que hablan una tarde en el banco de un parque de París y que poco a poco, de manera suave y casi imperceptiblemente, van pasando de las palabras triviales a la confesión personal y al contraste de ideas sobre el sentido de la vida.

Menoscuarto recupera, con otro título, la traducción que Carlos Barral publicó en Seix Barral en 1968. Quizá nadie mejor que él para traducir un texto de tanta intensidad verbal como este, tan cargado de sugerencias que bajo su apariencia tranquila oculta tempestades que no se nombran.

Santos Domínguez

22 julio 2015

Arthur Zajonic. Capturar la luz



Arthur Zajonic.
Capturar la luz.
Traducción de Francisco López Martín.
Atalanta. Gerona, 2015.

¡Luz, más luz! fue lo último que dijo Goethe antes de morir en Weimar el 22 de marzo de 1832. Esas palabras que nos legó su médico, Carl Vogel, más que el delirio de un moribundo eran el resumen de una vida consagrada a la luz del conocimiento y a las investigaciones ópticas que reflejó en su Teoría del color. Podrían ser también el emblema de la Ilustración y de su aspiración al conocimiento y a la iluminación de la realidad con la luz de la razón.

Por eso no es una casualidad que Goethe sea uno de los referentes de Capturar la luz, el espléndido ensayo de Arthur Zajonic que publica Atalanta con traducción de Francisco López Martín.

En la naturaleza ambigua de las últimas palabras del genio convivían con el misterio de los tránsitos la luz de la naturaleza y la luz de la mente, dos componentes fundamentales de la anatomía de la luz que resume el subtítulo La historia entrelazada de la luz y la mente.

Zajonic, físico y antropósofo, hace en este volumen la historia de la luz y de la mente, de la luz que se ve y la que se oye, de la llama sonora que además de verse puede oírse, de la luz del sol y la del ojo. Atendiendo a la dimensión múltiple de la luz -ciencia y arte, religión y filosofía, física y poesía-, a la luz interior y a la exterior, Capturar la luz es un recorrido -luminoso, claro- por la evolución histórica de las concepciones de la luz y por la mirada contemporánea a la luz de la teoría cuántica.

Una descripción de la vida de la luz y una biografía de esa compañera invisible que nos acompaña en el mundo y en nuestro fuero interno.

Santos Domínguez

20 julio 2015

Ve y pon un centinela


Harper Lee.
Ve y pon un centinela.
Traducción de Belmonte Traductores.
Edición de Victoria Horrillo.
Harper Collins. Madrid, 2015. 

El recorrido habitual del lector español en relación con Matar a un ruiseñor ha sido este: ha visto la película que Robert Mulligan dirigió en 1962, una película consistente a pesar del inexpresivo Gregory Peck que la protagonizaba, y luego ha leído el libro homónimo que la originó. 

Y desde la película se han instalado en su imaginario las figuras de Atticus Finch, un emblema de la rectitud insobornable en la defensa de los derechos de los negros en un contexto racista, y de Scout, la niña que proyecta su mirada infantil sobre ese mundo problemático cuyas claves aún desconoce.

De modo que la perplejidad invade al lector cuando entra en Ve y pon un centinela, que publica en España Harper Collins con edición de Victoria Horrillo y una espléndida traducción de Belmonte Traductores. Una obra que se ha convertido en el fenómeno editorial de este verano en todo el mundo, con cientos de miles de ejemplares vendidos en su primera semana, oscureciendo incluso -no hay comparación posible en cuanto a calidad- a la secuela de las sombras de Grey que aparecía a la vez. 

Perplejidad múltiple, porque para empezar Ve y pon un centinela no es una secuela de Matar a un ruiseñor, sino su precedente, su precuela genética, escrita antes aunque esté ambientada veinte años después, en los 50 y no en los 30.

Como ha explicado Harper Lee, terminó a mediados de los cincuenta esta novela, que tituló Go Set a Watchman y en la que Scout es una mujer adulta y Atticus un viejo de setenta y dos años, pero el editor la convenció para que reescribiera la novela desde el punto de vista de una Scout infantil.

Y esta fue la base de Matar a un ruiseñor y de la película: el contraste entre la mirada inocente de la infancia y el agobiante ambiente racista de Alabama. Veinte años después, Scout tiene veintiséis y vuelve a Maycomb para visitar a su padre, un envejecido Atticus que parece la contrafigura de aquel ejemplar abogado que defendía con entereza y sin éxito la inocencia de un negro acusado injustamente de una violación. 

Desde Atlanta, venía mirando por la ventanilla del vagón restaurante con un deleite casi físico. Mientras se tomaba el café del desayuno, vio cómo quedaban atrás las últimas colinas de Georgia y aparecía la tierra rojiza, y con ella las casas con tejados de chapa en medio de patios bien barridos, y en los patios las inevitables matas de verbena rodeadas de neumáticos encalados. Sonrió cuando vio la primera antena de televisión en lo alto de una casa de negros sin pintar. Conforme aparecían más y más, se redobló su alegría.

Jean Louise Finch siempre hacía el viaje por aire, pero para aquella visita anual a casa decidió ir en tren desde Nueva York hasta el Empalme de Maycomb. Por un lado, porque se había llevado un susto de muerte la última vez que viajó en avión, cuando el piloto optó por atravesar un tornado. Por otro, porque llegar a casa en avión significaba que su padre tenía que levantarse a las tres de la mañana, conducir ciento sesenta kilómetros para ir a buscarla a Mobile y trabajar después toda la jornada. Tenía ya setenta y dos años, y no era justo hacerle eso.

Atticus ya no es el icono de los derechos de los negros, es ahora alguien cercano al racismo, capaz de decir cosas como esta:

-¿Quieres que haya negros a montones en nuestras escuelas, en nuestras iglesias y nuestros cines? ¿Los quieres en nuestro mundo? /.../ ¿Quieres que tus hijos vayan a una escuela que haya bajado el nivel para integrar a niños negros? /.../ ¿Qué sucedería si a todos los negros del Sur se les dieran de repente derechos civiles? /.../ ¿Te gustaría que el gobierno de tu estado estuviera dirigido por personas que no saben cómo dirigirlo?

Veinte años después nada es igual en Maycomb. El contraste se establece ahora entre el pasado y el presente y tampoco la mirada de Scout es ya la misma: han pasado los años y eso ha cambiado su visión del mundo tanto como su experiencia en Nueva York –Dios mío, qué cosas he aprendido- y todo estalla en el final explosivo del intenso diálogo entre Atticus - desde luego esperaba que mi hija se mantuviera en sus trece y defendiera lo que cree que es justo. Y que primero que nada se enfrentara a mí-  y Scout, que va mucho más allá de los reproches y del desprecio a Atticus cuando le dice: Creo que eres la única persona en la que he confiado por completo en toda mi vida y ahora estoy acabada, antes de esta explosión de cólera: 

-¡Eres un viejo hipócrita, un hijo de perra de cola anillada!

El lector que conocía a estos personajes desde Matar a un ruiseñor ya nunca podrá verlos como antes de leer Ve y pon un centinela, una novela absorbente y turbadora, más profunda y menos optimista, más potente y menos nostálgica, más compleja y reivindicativa que Matar a un ruiseñor. 


Santos Domínguez



17 julio 2015

Wislawa Szymborska. Saltaré sobre el fuego



Wislawa Szymborska.
Saltaré sobre el fuego.
Traducción de 
Abel Murcia y Gerardo Beltrán.
Ilustraciones de Kike de la Rubia.
Presentación de Juan Marqués.
Nórdica Libros. Madrid, 2015.


Nórdica publica, con traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán, Saltaré sobre el fuego, una selección breve, pero significativa, de la poesía de Wislawa Szymborska ilustrada por Kike de la Rubia.

Desde Llamando al Yeti hasta Principio y fin, una intensa muestra de la poesía interrogativa de quien hizo de la escritura un ejercicio de reflexión sobre el hombre y su lugar en el mundo, en la naturaleza o en el tiempo. Una obra en la que expresó su asombro ante la realidad, su ironía y, pese a todo, su afirmación de la existencia.

Como en cada uno de sus libros, Saltaré sobre el fuego acaba siendo una composición de lugar escrita en el tono bajo que caracteriza al grupo de poetas polacos que desde la segunda mitad del siglo XX hizo que –como resalta Juan Marqués en la presentación del volumen- “los contornos de Polonia destaquen en el mapa de la poesía del siglo XX.”

El tono bajo que caracteriza la poesía de Wislawa Szymborska es el cauce de expresión de su profundidad reflexiva acerca de la condición humana y de una honda conciencia existencial. La reflexión y la sorpresa, el asombro y el desengaño, la ironía y la seriedad, la memoria y el presente, la conciencia del tiempo y la noción del límite son algunas de las claves de su poesía, expresadas en una tonalidad de difícil sencillez y con un  ritmo interior que los traductores han sabido transmitir con solvencia para el lector de español.

Por ejemplo en versos como estos: No tengo ni palabras, ni tanto silencio para expresar mi asombro. / Escucha / cuán rápido me late tu corazón.

Santos Domínguez

15 julio 2015

Juan Goytisolo. Coto vedado. En los reinos de taifa


Juan Goytisolo.
Coto vedado.
Alianza Editorial. Madrid, 2015.


Juan Goytisolo.
En los reinos de taifa.
Alianza Editorial. Madrid, 2015.

Castellano en Cataluña, afrancesado en España, español en Francia, latino en Norteamérica, nesrani en Marruecos y moro en todas partes, no tardaría en volverme a consecuencia de mi nomadeo y viajes en ese raro espécimen de escritor no reivindicado por nadie, ajeno y reacio a agrupaciones y categorías.

Ese fragmento de Coto vedado resume una de las señas de identidad de Juan Goytisolo, que dejó en este libro y En los reinos de taifa su memoria personal, la autobiografía en los márgenes de quien habita extramuros de ideologías políticas y modas literarias por voluntad y por destino.

Es el pasado que vuelve, rememorado desde el presente, en una alternancia de tiempos y de estilos en los que se combinan el relato tradicional y la escritura desatada que fluye con libertad para reordenar la memoria desde una perspectiva que encuentra sus claves en la mirada del escritor maduro.

La frontera vital trazada por el exilio en París en 1956, que marca la separación entre las dos entregas, es también inevitablemente una frontera literaria que se abre a los nuevos caminos que abordaría su escritura.

Con su indagación conflictiva en la identidad personal, en las relaciones familiares y literarias, en lo heterodoxo, Coto vedado y En los reinos de taifa cumplen ahora treinta años desde su primera edición y contienen la memoria total  de un autor imprescindible que hace en estos dos libros examen de conciencia.

Santos Domínguez

13 julio 2015

El goce


Jean-Luc Nancy. Adèle Van Reeth
El goce.
Prólogo de José Luis Pardo.
Traducción de Mercedes Noriega.
Pasos perdidos. Madrid, 2015.

‘Prohibido (no) gozar’ titula José Luis Pardo el magnífico prólogo con el que presenta El goce, en el que Pasos perdidos recoge las conversaciones entre Jean-Luc Nancy  y Adèle Van Reeth, donde se suscitan reflexiones filosóficas y aproximaciones sociológicas en torno a un concepto de límites imprecisos entre el placer sexual y el sentimiento de posesión, entre el beneficio y el consumo, entre la pulsión animal y el deseo del cuerpo del otro.

Un debate entre dos filósofos que dialogan sobre un concepto tan huidizo como el goce en "una conversación -explica el prologuista- a la vez rigurosa y placentera, exigente y amable, como siempre ha de serlo una conversación filosófica."

Porque gozar- concluye Jean-Luc Nancy- no se deja fácilmente ni pensar, ni decir, ni siquiera experimentar: gozar es algo inestimable, es una manera de sentir la vida.

Santos Domínguez