08 julio 2013

A la sombra de Corto Maltés




Hugo Pratt.
A la sombra de Corto.
Conversaciones sobre su obra
con Dominique Petitfaux.
Confluencias Editorial. Almería, 2013.

A finales de los ochenta, Dominique Petitfaux, quizá el mejor especialista en la obra de Hugo Pratt, mantuvo una serie de entrevistas con el autor que ha pasado a la historia como creador de Corto Maltés. Si en El deseo de ser inútil, que publicó también Confluencias el año pasado, el eje era la biografía de Pratt, en este volumen el centro de interés se desplaza a su trayectoria creativa, a sus reflexiones estéticas y sobre todo a la creación de una figura imprescindible en la literatura gráfica del siglo pasado.

De las vidas de Hugo Pratt, una de ellas es la de Corto Maltés, porque la biografía del autor no estaría completa si no incluyese la de su personaje, que nació en La Valetta el 10 de julio de 1887. Se le dio por desaparecido en la guerra de España, aunque su muerte se produjo en un naufragio en 1955.

Literatura dibujada. Esa es la expresión que Hugo Pratt prefería para definir sus creaciones, entre las que las 29 historias de Corto Maltés ocupan un lugar central.  Y sus reflexiones a lo largo de estas entrevistas se subrayan con las abundantes viñetas que reproduce este cuidado volumen, que es también un recorrido ilustrado por los distintos libros de Corto Maltés.

Santos Domínguez

07 julio 2013

El crimen de Lord Arthur Savile


Oscar Wilde.
El crimen de Lord Arthur Savile.
Ilustraciones de Emilio Urberuaga.
Traducción de Susana Carral.
Rey Lear. Madrid, 2013.

Rey Lear publica una espectacular edición ilustrada por Emilio Urberuaga de uno de los mejores relatos de Oscar Wilde con una nueva traducción de Susana Carral.

El crimen de Lord Arthur Savile, junto con El fantasma de Canterville y El retrato de Dorian Gray, completa el tríptico narrativo fundamental de la obra de Wilde. Las tres se publicaron el mismo año (1891) y son el exponente de un Wilde que en ese momento estaba en su mejor momento, dueño de un mundo literario propio y capaz de las más sorprendentes piruetas narrativas.

Un planteamiento sorprendente, una boda aplazada ante el pronóstico de un asesinato y una ardua peregrinación en busca del cumplimiento del deber a orillas del Támesis, donde el quiromante cumple bien a su pesar el destino previsto.  Oxford Street, Picadilly Circus, Covent Garden son los espacios por los que discurre un relato ambientado en un Londres asociado en la memoria del lector al recuerdo de Wilde, a su retrato de la sociedad victoriana, a su ingenio y a su humor inimitable.

Santos Domínguez

06 julio 2013

Pancho Villa toma Zacatecas




Paco Ignacio Taibo II. Eko.
Pancho Villa toma Zacatecas.
Sexto Piso Ilustrado. Madrid, 2013.

En Pancho Villa toma Zacatecas, un espectacular álbum que publica Sexto Piso Ilustrado, los textos de Paco Ignacio Taibo II y los grabados –a cuchillo sobre madera- de Eko evocan la toma de Zacatecas por las tropas de Pancho Villa en junio de 1914, en una victoria decisiva para el triunfo de la Revolución mexicana.

Un guión agilísimo narrado por el fusilado coronel Montejo, que por eso no puede acabar de contar la historia, y los dibujos de Eko –"inspirados en el expresionismo alemán, la gráfica socialista de New Masses, el populismo mexicano del Taller de la Gráfica Popular y los dibujos de calaveritas"– se funden en una espléndida novela gráfica en la que a la solidez del relato se une la potencia del dibujo.

Desde el comienzo con la enorme nube de humo de más de sesenta trenes que avanzaban hacia Zacatecas tras una vanguardia de cuatro mil jinetes, hasta el final de la batalla, un relato trepidante subrayado por la fuerza expresiva de los rostros y el dinamismo fogoso de los combates entre los rebeldes y los federales.

Santos Domínguez

05 julio 2013

Lo breve eterno


Sergio Fernández Salvador.
Lo breve eterno.
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2013.

Mientras pise la hierba estaré bien, escribe Sergio Fernández Salvador para cerrar La casa abierta, el poema con el que concluye Lo breve eterno.

Es su segundo libro, publicado por La Isla de Siltolá como primera entrega de su nueva colección Tierra, y el oxímoron del título contiene no solo la clave de su sentido, sino un aviso de sus propias contradicciones.

Porque este es un libro desigual, con frecuentes altibajos, con baches que perturban su altura general, la hondura de su mirada evocadora o meditativa y la potencia de muchos de sus versos. 

Los espléndidos poemas iniciales marcan el mejor tono del libro y plantean a partir de la mirada al paisaje y al recuerdo de la infancia un soliloquio-plática machadiano (yo quisiera decírteme), una conversación con la naturaleza, los árboles o los pájaros, el  diálogo consigo mismo de un poeta que se proyecta y se salva en el paisaje con el tiempo al fondo y esa mirada meditativa que le permite reconocerse en él: Tu historia, tu paisaje, ya tus ojos.

Es lo que ocurre en Las almendras (Por dos, dicen, se moja en la tormenta / aquel que se cobija bajo un árbol) o en la estupenda evocación de la vendimia que se titula La sangre fría: Brillaban aún las uvas / lavadas por la aguada de la aurora.

Pero junto con esos momentos intensos y brillantes, hay errores como el vacío provisional elevado a definitivo en el Poema basura... de unos guiones (con mayúsculas __ con unos calcetines) que parecen haberse quedado a la espera de un adjetivo que no acabó de llegar.

Ese texto y algunos otros como los haikus, las poquiterías y las adivinanzas desmerecen del conjunto del libro, igual que la campoamoriana Plaza del grano. No se le alcanzan al lector las razones por las que están esos textos en un libro tan distinto en tono y en altura. Y aunque conociera esas razones no dejarían de chocarle ese error compositivo y esa precipitación.

Afortunadamente, el libro se recupera de esos desfallecimientos y vuelve a coger pulso en los poemas finales para remontarse y recobrar el aliento y el buen tono inicial - más celebratorio que elegiaco- a partir de esta declaración de fe en la poesía:

Es dejar que nos hablen 
las cosas que nos hablan de continuo
/.../
Es dejar que nos hablen 
y hablar luego con ellas.


Santos Domínguez

04 julio 2013

Carlos Giménez. España: una, grande y libre




Carlos Giménez.
España: una, grande y libre.
DeBolsillo. Barcelona, 2013.

1976: Memoria de los tiempos futuros titula Felipe Hernández Cava el prólogo de España, una, grande y libre, el volumen en el que DeBolsillo reúne en casi trescientas páginas las tiras que Carlos Giménez (Paracuellos, Barrio, Los profesionales) publicó en la revista El Papus entre 1976 y 1977, dos años cruciales en la transición.

Cruciales y conflictivos, con la violencia latente y a menudo patente de un sistema que en lo fundamental – el poder económico, la Universidad, el poder judicial, la policía, el ejército- seguiría siendo el mismo del franquismo. Esa conflictividad, a menudo dulcificada por cierta historiografía y por series de televisión que idealizan la dureza de esos años en los que la represión se seguía ejerciendo sin contemplaciones por los herederos del franquismo. Por eso hacían falta otras miradas sobre aquellos hechos. Y eso es en gran medida España: una, grande y libre, “el espejo de unos acontecimientos que, a mi entender, todavía hablan a los que no están instalados en la indiferencia.”

Santos Domínguez

03 julio 2013

Virginia Woolf. Un cuarto propio




Virginia Woolf.
Un cuarto propio.
Traducción de Jorge Luis Borges.
Prólogo de Kirmen Uribe.
Ilustraciones de Becca Stadtlander.
Lumen. Barcelona, 2013.

Para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio.

Esa es la conocida frase que Virginia Woolf usó como línea argumental de las dos conferencias que pronunció en Cambridge en octubre de 1928. Se le había propuesto que hablase en ellas de las mujeres y la novela ante un público femenino y un año después, en octubre de 1929, tras una intensa revisión, fundió aquellas dos conferencias en Un cuarto propio, que acaba de publicar Lumen en una bellísima edición ilustrada por Becca Stadtlander y prologada por Kirmen Uribe.

Tanto ese origen oral como ese auditorio femenino explican la complicidad del tono cercano de Virginia Woolf en los seis capítulos del libro. Con la a veces chocante traducción de Borges –que hace decir a Virginia Woolf  yuyos o la comida era recién a las siete y media-, aquí, como señalaba su sobrino Quentin Bell, se oye hablar a Virginia Woolf en un registro casi familiar, mientras que en las novelas se la oía pensar.

La desventaja social y económica de mujeres escritoras como Jane Austen, que tuvo que escribir sus novelas en un salón con gente alrededor, da lugar a un ensayo en el que la aspiración feminista a la independencia económica y creativa se metaforiza en la reivindicación de ese cuarto propio del título.

Santos Domínguez

02 julio 2013

La Bella y la Bestia






Jeanne-Marie Leprince de Beaumont.
La Bella y la Bestia.
Ilustraciones de Walter Crane.
Traducción y prólogo de Luis Alberto de Cuenca.
Reino de Cordelia. Madrid, 2013.

Basándose en un cuento de hadas tradicional europeo, madame Leprince de Beaumont publicó 1756 La Bella y la Bestia, un relato cuya vigencia se sigue manifestando en las constantes adaptaciones cinematográficas o en el musical de Broadway de gira por España. La bellísima edición de Reino de Cordelia, con traducción y prólogo de Luis Alberto de Cuenca, incorpora las ilustraciones de Walter Crane, el mejor ilustrador inglés de libros infantiles de la época victoriana.

Con un probable origen en la historia de Eros y Psique, que Apuleyo incluyó en El asno de oroLa Bella y la Bestia circuló desde la antigüedad por toda Europa en versiones orales y escritas y ha suscitado gran cantidad de interpretaciones: desde las sociológicas, que lo interpretan como una crítica de los matrimonios de conveniencia, a las lecturas antropológicas, que ven en esta historia una alegoría de los ritos de paso de la niña que deja atrás la infancia para entrar en la edad adulta, o a las psicoanalíticas, que ven en este relato un símbolo del despertar de la sexualidad desde la superación de las relaciones edípicas: “Bella –escribe Bruno Betelheim- se une a la Bestia únicamente por amor a su padre, pero, cuando este amor madura, cambia su objeto principal, cosa que, como la historia nos narra, no deja de comportar las consiguientes dificultades. Al final, tanto el padre como el marido recobran la vida gracias al amor que ella les profesa.


Santos Domínguez

01 julio 2013

Los últimos años de Casanova




Joseph Le Gras y Raoul Vèze.
Los últimos años de Casanova.
Edición de Jaime Rosal.
Memoria mundi. Atalanta. Vilaür, 2013.

Cuando Giacomo Casanova escribe la Historia de mi vida, interrumpe el relato en 1773, en el momento en que regresa a Venecia. Para paliar ese silencio, en 1929 Joseph Le Gras y Raoul Vèze, dos especialistas en su figura publicaron Los últimos años de Casanova, una reconstrucción de ese último tramo de su vida en el que Casanova fue un superviviente de sí mismo.

En una edición cuidada por Jaime Rosal, generosamente ilustrada, acaba de aparecer en la Bibliotheca Casanovensis de Atalanta este complemento imprescindible de la monumental Historia de mi vida que publicó en dos tomos hace cuatro años.

No es igual que un Casanova en primera persona, pero llena el vacío sobre “lo que Casanova no nos contó”, como titula su prólogo Jaime Rosal, y en uno de los apéndices del libro recupera el Compendio de mi vida, que envió a su amiga Cecilia de Roggendorf. Fechada el 17 de noviembre de 1797, es seguramente la última carta que escribió un Casanova al que le quedaban poco más de seis meses de vida. Antes de firmarla como Jacques Casanova, porque la escribió en francés, como su obra mayor, la cerraba declarando: No me avergüenzo de lo dicho.  Y ese colofón sirve no solo para cerrar la carta, sino para resumir su vida y su literatura en este libro imprescindible para los casanovistas.

Santos Domínguez

30 junio 2013

Poesía china

 Poesía china 
(Siglo XI a.C- SigloXX).
Edición de Guonjian Chen.
Cátedra Letras Universales. Madrid, 2013.


La oscuridad de la noche me dio ojos negros / y yo los utilizo para buscar la luz, escribió Gu Cheng (1956-1993), poeta pekinés y suicida joven. Es uno de los poemas con los que Guojian Chen, un prestigioso hispanista vietnamita experto en poesía china, actualiza en Cátedra Letras Universales la que quizá sea la mejor antología que existe en español de un género muy popular en aquel país.

Desde el siglo XI a. C. hasta finales del siglo XX, sus quinientas páginas recogen más de tres mil años de refinamiento verbal y de delicadeza en la mirada hacia el paisaje o hacia el interior del poeta. Y con mucha frecuencia, como en ese brevísimo texto, la simultaneidad entre la contemplación y la meditación.

Las flores del ciruelo, la oropéndola amarilla, peces dorados en los estanques y pájaros en la enramada, la noche clara, la luna en el río, la niebla en los montes, la escarcha en los caminos configuran el telón de fondo que a veces se convierte en el centro aparente – el centro real es siempre el yo lírico- de una poesía como esta, una de las más antiguas y sutiles del mundo

Un paisaje apenas esbozado, no detallado y por eso mismo más sugerente, es el paisaje habitual en la poesía china, del que Goethe le hablaba a Eckerman, un paisaje que es la proyección exterior de una nostalgia dulce y antigua que da lugar a textos serenos y elegiacos.

Una poesía que prácticamente desconoce o desprecia el tono épico y se convierte en forma de conocimiento o en vía de expresión de la meditación  budista, del taoísmo o el confucianismo.

Miles de poemas de los que se recogen aquí muestras representativas. Las más llamativas, las de tres poetas espléndidos que el azar reunió en los mismos años del siglo VIII: Wang Wei y su sentimiento del paisaje; Tu Fun y su poesía de protesta, y Li Po, un poeta excelente conmovido, existencialista y borracho bajo la luna de hace mil doscientos años. Nadie ha tenido borracheras más líricas ni ha hablado mejor con la luna que él.

La sugerencia, el temblor, la sensibilidad, la reflexión y un agudo sentimiento de la naturaleza se unen en esa civilización poética para darnos otra dimensión de la poesía y de la realidad en una actividad que tiene más de ejercicio espiritual de contención que de simple práctica literaria.

Actividad de la que surge la piedra filosofal de la poesía como una forma superior de conocimiento y depuración del espíritu. La contemplación serena y una conciencia que ilumina el mundo y es iluminada por él en un diálogo incesante que llamó la atención de otros poetas occidentales como Ezra Pound, Octavio Paz o Borges que la tradujeron, la imitaron o la integraron en sus propias creaciones.

El amor, el ensueño y la meditación se funden en el marco de una naturaleza estilizada, con otoños propicios para sentir la fugacidad y el agua de los años y un sfumato difuso como la pena que flota en estos poemas y estos paisajes como una variante de la plenitud.

Pocas veces tendrá el lector oportunidades como esta para adiestrarse en el consuelo de la quietud y la escuela de la mirada entre bosques de bambú y flores de almendro, bajo la luna llena y por los senderos del tiempo.

Santos Domínguez

29 junio 2013

Ted Hughes. Cartas de cumpleaños


Ted Hughes.
Cartas de cumpleaños.
Traducción de L. A. de Villena.
Introducción de Andreu Jaume.
Nota final de Luna Miguel.
Lumen. Barcelona, 2013.


Sylvia Plath y Ted Hughes forman el que quizá sea el último mito literario del siglo XX, señala Andreu Jaume en la introducción de la edición renovada que publica Lumen de las Cartas de cumpleaños de Ted Hughes (1930-1998), el excelente escritor inglés que fue marido de Sylvia Plath y arrastró durante mucho tiempo una leyenda turbia sobre su relación y sobre la injusta responsabilidad del suicidio de su mujer.

Fue una relación tan problemática como la que Hughes tuvo con los ochenta y ocho poemas que en un tono confesional y directo evocan el fantasma de Sylvia. en uno de los libros de poesía más vendidos de la historia. 

Hughes, que había guardado silencio sobre sus relaciones y sobre el suicidio de Sylvia, había huido en su literatura de la introspección autobiográfica y del tono confesional y nunca estuvo muy seguro de si debía publicar estos poemas que fueron más un intento de terapia propia que de explicación pública de un conflicto.

No acababa de reconocerse en su tono, que le parecía a veces impostado, y además tenía la sensación de que al publicarlos podría cometer un oscuro crimen de exhibicionismo moral. De eso hablaba en uno de los poemas más estremecedores del libro, Los perros se están comiendo a vuestra madre (Demasiado tarde / para salvar lo que ella fue. /.../La desenterraron ).

Sólo se decidió a publicar el libro cuando supo que le quedaban pocos meses de vida. Hughes murió en 1998, alejado del mundo para sobrevivir en la soledad del campo y en contacto con la naturaleza, admirado y atacado por igual en la distancia, tras provocar rechazos viscerales y recibir reconocimientos como el de Poeta Laureado. 

Hughes hizo de la poesía un ejercicio de exorcismo en estos textos en los que evocó su relación con Sylvia Plath desde el primer recuerdo borroso (tu exagerada sonrisa americana en las fotos de los becarios Fulbright) hasta la mitificación final tras su suicidio (Llevas diez años muerta. Es solo una historia. / Tu historia. Mi historia.)

Hughes hizo la purga de su corazón atormentado por la culpa –y aquí siempre Lear es una referencia- en unos poemas que conjuran el dolor (Y yo debajo ya para siempre) y rememoran la destrucción a través del lento proceso de elaboración de un conjunto que abarca más de treinta años de escritura.

Devorado durante todo ese tiempo por el fantasma de Sylvia, semejante al que se evoca (Y acaso un fantasma, intentando oír tus palabras /.../ se serenó. O se incendió de repente/ con la quemadura de la doble envidia) en Cumbres borrascosas, uno de los mejores poemas de libro, Hughes escribió estos poemas con una intención sanadora en la que seguramente reside gran parte de su fuerza. 

A esa fuerza creadora y destructiva a un tiempo aludía Andrew Morton cuando escribió en el London Times: Leer este libro es como sufrir la descarga de un rayo.

Para Ted Hugues la literatura no era un valor supremo. Antes y por encima estaba la vida. Su poesía no hace literatura: habla de la vida. Por ejemplo de la vida con Sylvia Plath. Y de esa experiencia límite surge directamente la potente palabra de un autor que en este libro exhibió -en palabras de Andreu Jaume- toda su experiencia poética y logró al fin elevar a la transcendencia la trágica ecuación de su vida.

Derek Walcott, que lo admiró y aprendió mucho de él, definió su poesía como solitaria y remota, habló de la dureza insoportable de su tono y de la fuerza mineral de su palabra.

En uno de los poemas fundamentales del libro, Ouija, una voz profética le dice a Sylvia:

Vendrá la Fama. Especialmente para ti.
La fama no puede evitarse. Y cuando llegue 
la habrás pagado con tu felicidad, 
con tu marido y con tu propia vida.

Esa vida, como una realidad profundamente turbadora y oscura, se expresa a través de Hughes en estos textos que convierten la biografía íntima en material poético y cosmológico, las dos fuerzas de las que surge, inquietante y enérgica, la obra de Ted Hughes.

Una obra atravesada por un sino trágico que va más allá de la anécdota personal y de las catástrofes familiares para convertirse en acumulaciones de energía poética y vital, en arquetipo de valor universal y en forma de conocimiento de sí mismo.

A los cincuenta años del suicidio de Sylvia Plath y a los quince de la muerte del poeta y de la aparición de este libro, Lumen ofrece una versión corregida, actualizada y matizada de la traducción que Villena hizo en 1999 y añade a aquella edición una espléndida introducción de Andreu Jaume y una creativa nota final de Luna Miguel.

Santos Domínguez