10 noviembre 2012

Manuel Rico. Fugitiva ciudad

 

Manuel Rico.
Fugitiva ciudad.
Hiperión. Madrid, 2012.



Estaba en la mirada que entregaba el espejo,
en los días felices, a un huidizo muchacho,
probablemente muerto, quizá oculto
en un armario frío, abandonado
en ese vertedero de desastres
que adorna descampados y abismos industriales,
en el cuarto de atrás de la ciudad
donde has crecido mucho, quizá demasiado:
en tardes sobre todo
y en deudas impagables e hipotecas
de dudoso interés, de incierto euríbor.

Ese poema, Huidizo muchacho, de Fugitiva ciudad (Hiperión), con el que Manuel Rico obtuvo el último Premio Internacional Miguel Hernández-Comunidad Valenciana, resume en su tono y en su contenido el talante poético de Manuel Rico, el compromiso con el presente de una mirada y una voz que tienen sus raíces en el pasado, que emerge en estos textos con más melancolía que desencanto, con más serenidad que indignación.

Patria de la memoria es la palabra poética para Manuel Rico, que une la voluntad testimonial a la voluntad de estilo y el compromiso ético a la potencia del lenguaje y a la ambición creativa que encierran sus adjetivos inesperados o sus sinestesias iluminadoras.

En la metonimia personificadora del título, en esa ciudad fugitiva que es una proyección del poeta, de sus pérdidas y de su evolución personal, confluyen –entre lo íntimo y lo público- ciudades como Madrid, Berlín, Barcelona, Roma o Viena, unidas por la mirada rememorativa de tiempos y lugares convocados por la vivencia del presente y la evocación del pasado, los años de plomo y la memoria histórica, el tiempo parado en el que no estalla la primavera y el espacio familiar al que llega la muerte, los barrios inciertos o los días con música de fondo que estructuran algunas de las secciones de este libro urbano y elegiaco.

En sus poemas, el presente se superpone al perfil del pasado para trazar el mapa de la experiencia y la memoria personal y colectiva, eje fundamental del libro: la guerra de Irak y los recuerdos de la pana y la franela, los bares y los hipermercados, las lecturas y los amigos muertos (Vázquez Montalbán, Dulce Chacón, Diego Jesús Jiménez), la pintura y la música, la conciencia crítica que aparece en Cena en Frankfurt, con Juan Gelman: 

Casi solos, 
nos reímos contra la incertidumbre
de una Europa cobarde, desgajamos 
la naranja misteriosa de los sueños, 
tanteamos la piel donde la vida 
tiembla junto a la muerte, se deseca
cuando el odio es de plata y en los ríos oscuros
los muertos desayunan
el sueño de las algas y de la sal cortada.

O la adolescencia periférica del muchacho huidizo que fue el poeta en los desmontes suburbiales de la ciudad fugitiva:

el muchacho ya viejo que amó las periferias
urbanas y mortales, intentando atrapar
la sombra de un poema.

Santos Domínguez







09 noviembre 2012

Bailando en Odesa


Ilyá Kamínsky.
Bailando en Odesa.
Edición bilingüe.
Traducción y prólogo de
Gustavo A. Chaves.
Libros del Aire.Madrid 2012.

Oración del autor

Si he de hablar por los muertos, tendré que abandonar
este animal que es mi cuerpo,

deberé escribir una y otra vez el mismo poema,
porque una página vacía es la bandera blanca de su rendición.

Si he de hablar por ellos, deberé caminar
sobre el filo de mí mismo, deberé vivir como un ciego

que corre por los cuartos
sin tocar los muebles.

Sí, estoy vivo. Puedo cruzar la calle y preguntar «¿Qué año es?»
Puedo bailar mientras duermo y reírme

frente al espejo.
Hasta dormir es orar, Señor,

yo he de alabar tu locura, y
en un idioma no mío, hablaré

de la música que nos despierta, la música
en que nos movemos. Pues cualquier cosa que diga

es una especie de súplica, y los más oscuros días
tendré que alabar.

Con ese poema en el que parece resonar la voz poética de Rilke, se abre Bailando en Odesa, un libro que Ilyá Kamínsky, poeta norteamericano nacido en Odesa en 1977, publicó en 2004.

Entre lo intimista y lo alucinatorio, entre lo confesional y las revelaciones, esta poesía, cercana en su mirada a lo mágico, es una exploración en la identidad propia a través de la memoria, lo que hace brillar un cuerpo. Esa búsqueda de las raíces indaga, naturalmente, en el recuerdo autobiográfico y familiar, pero también en una serie de escritores, pintores y músicos que constituyen referentes artísticos y morales para Kamínsky: desde Paul Celan hasta Brhams, desde Chagall a Brodsky, desde Chopin a Isaak Bábel, pasando por Mandelstam, a quien dedica uno de los poemas centrales del libro, una hermosísima elegía titulada Música humana, o por Marina Tsvietáieva.

Libros del Aire lo incorpora a su colección Jardín Cerrado en edición bilingüe con traducción y prólogo de Gustavo A. Chaves, que resume estos textos de Kamínsky como “el testimonio de una memoria en que literatura y vida se han mezclado de tal forma que son inseparables, tan inseparables como la vida del poeta y el recuerdo de la ciudad donde vivió su familia y él vio la luz.”

Y de esa ciudad familiar –Nací en la ciudad que tomó su nombre de Odiseo- en la que están sus raíces toman título la obra, la primera sección del libro y este poema en prosa, estremecido y confesional: 


Bailando en Odesa

En una ciudad gobernada conjuntamente por palomas y cuervos, las palomas cubrían el distrito central y los cuervos el mercado. Un niño sordo contó los pájaros que había en elpatio de su vecino, y obtuvo un número de cuatro dígitos. Marcó ese número en el teléfono y le declaró su amor a la voz del otro lado.

Mi secreto: a la edad de cuatro años me quedé sordo. Cuando perdí el oído, empecé a ver voces. En un tranvía lleno de gente, un hombre con un solo brazo me dijo que mi vida estaría misteriosamente conectada a la historia de mi país. Y sin embargo mi país ha desaparecido; sus ciudadanos se dan cita en sueños para realizar elecciones. El hombre no describió sus caras, sólo unos pocos nombres: Roldán, Aladino, Simbad.


Esta edición de Bailando en Odesa contiene como apéndice un conjunto de poemas que con el rótulo Sonia y su cuento de hadas forman parte del libro inédito República Sorda.

Santos Domínguez

08 noviembre 2012

De Borges al presente



José Miguel Oviedo.
Historia de la literatura hispanoamericana.
4. De Borges al presente.
Alianza Editorial. Madrid, 2012.

De Borges al presente es el título del cuarto volumen de la Historia de la literatura hispanoamericana que publica Alianza Editorial. Desde Borges y la literatura fantástica hasta la postmodernidad y el “post-boom”, José Miguel Oviedo hace un recorrido minucioso por la literatura hispanoamericana de los últimos sesenta años, una historia viva y un análisis más profundo de lo que cabría esperar de una obra tan panorámica como esta.

Se abordan en sus cinco apartados cronológicos desde el sistema y la estratagema narrativa de Borges o la órbita de lo fantástico en la que se mueven Bioy Casares, Felisberto Hernández, Virgilio Piñeira o Juan José Arreola hasta la condición extemporánea de Mujica Láinez, pasando por el existencialismo de Ernesto Sábato y por la renovación del regionalismo y el indigenismo en el mundo penitencial de Juan Rulfo, en la nostalgia arcádica de José María Arguedas o en los laberintos históricos de Roa Bastos.

Otras secciones se centran en la renovación neovanguardista de la antipoesía de Nicanor Parra o el superrealismo de Gonzalo Rojas, el universo barroco de Lezama Lima, la aventura triangular de Julio Cortázar en Rayuela o la ardiente lucidez de Octavio Paz en su doble condición de poeta y ensayista, presencias poéticas femeninas potentes y decisivas como Olga Orozco, Idea Vilariño o Blanca Varela, la verticalidad profunda de la poesía de Roberto Juarroz, la literatura anfibia –entre el verso y la prosa- de Mutis o Benedetti, la suma de arte y moral en la prosa de Monterroso y de Julio Ramón Ribeyro.

Como es lógico, se dedica un capítulo específico al boom, a su centro - los círculos mágicos de García Márquez, la libertad estética y moral de Carlos Fuentes, las jerarquías de la realidad y el poder en Vargas Llosa-, a su órbita, de la que forman parte José Donoso más allá del realismo o Cabrera Infante y sus juegos verbales, a su periferia, con Jorge Edwards o Carlos Monsiváis.

Y finalmente hay una aproximación a la posmodernidad a través de la voluntad indagatoria de Sergio Pitol y Juan José Saer, un acercamiento a la poesía de José Emilio Pacheco, Alejandra Pizarnik y Juan Gelman y una indagación en nombres más recientes como los narradores Bolaño, Volpi o Ana María Shua o los poetas Cobo Borda y Jaramillo Agudelo.

Con una perspectiva regional, no nacional, este recorrido por la contemporaneidad de las letras hispanoamericanas es ya un referente en los estudios de conjunto, en las panorámicas literarias que abordan un momento tan brillante como el del último medio siglo de la literatura en aquel continente.

Santos Domínguez





07 noviembre 2012

Robespierre. Una vida revolucionaria



Peter McPhee.
Robespierre.
Una vida revolucionaria.
Traducción de Ricardo García Pérez.
Península. Barcelona, 2012.

Robespierristas, antirrobespierristas, ya es suficiente. Les pedimos, por piedad, dígannos simplemente cómo era realmente Robespierre, escribía en 1941 el historiador Marc Bloch.

Robespierre. Una vida revolucionaria, el libro del profesor Australiano Peter McPhee que apareció a comienzos de este año en su versión original y que acaba de publicar Península con traducción de Ricardo García Pérez, es seguramente el intento más serio y riguroso de responder a las palabras de Marc Bloch y de acercarse a una figura tan compleja como la de quien fue conocido como “el incorruptible”.

Héroe o canalla, monstruo del Terror o revolucionario íntegro, mártir o golpista, egocéntrico y compasivo, víctima de la reacción girondina y de sus propias contradicciones, Robespierre asume el papel de icono de la conflictiva Revolución francesa.

Así justifica Peter McPhee su interés por el biografiado:

La figura de Maximilien Robespierre me ha intrigado desde que, en mi época de estudiante, me preguntaba cómo era posible que en 1793 y 1794 se acabara considerando que quien había formulado los más altos principios de 1789 era la personificación del reinado del Terror. ¿Fue un caso trágico de los riesgos que entraña la rigidez ideológica y personal, como se enseñaba en las furibundas dramatizaciones literarias, o se trató más bien de un ejemplo extremo de que tal vez los grandes líderes acaban siendo vilipendiados por aquellos a quienes han servido y salvado? ¿O se trata de algo enteramente distinto?

A contestar esos interrogantes se dedican los doce capítulos de esta obra que traza un retrato tan profundo como el que requería alguien de personalidad tan polémica y de fama tan controvertida como Robespierre.

Cuando el 29 de julio de 1794 lo guillotinaron los girondinos junto con Saint Just y otros jacobinos, el golpismo reaccionario empezaba a imponer su estrategia y a escribir el final de una revolución que intentó acabar con los privilegios de la nobleza y proclamó la felicidad y la libertad de los ciudadanos como objetivos del nuevo régimen  republicano.

Aquel día acababa simbólicamente no solo un periodo utópico de la Historia. Acababa también la vida del prototipo que encarnó los ideales de la Revolución francesa.

En la fosa común en la que se tiraron sus restos quedó enterrada y cubierta por la tierra y la cal una vida nada fácil que había durado treinta y seis años

El profesor McPhee integra en este libro las últimas aportaciones sobre la vida de Robespierre y las combina con una atención constante al contexto histórico en que transcurrió su existencia. Por eso su acercamiento al personaje no es solo un acercamiento político, sino humano, porque las claves del hombre público, del revolucionario incorruptible, las indaga el biógrafo en la importancia decisiva que tuvieron sus años de infancia y juventud en la formación de su personalidad y su ideología.

Y esa es una de las contribuciones más innovadoras de esta biografía, derribar parte de las barreras existentes entre lo público y lo privado en la vida de Robespierre para contestar a esta pregunta: ¿Quién era aquel hombre que llegó a Versalles tan solo unos días antes de su trigésimo primer cumpleaños?

En aquellos años decisivos en la vida de Robespierre, en los treinta y un años que transcurren entre 1758 y 1789 se habían forjado sólidamente sus planteamientos éticos y políticos.

Fueron los años de infancia traumática de aquel huérfano pausado, razonable y laborioso, años de búsqueda de éxito social del abogado joven, ingenioso e inteligente, soltero y abstemio que se convirtió en el parlamentario brillante y reivindicativo que se enfrentó a los privilegios de la aristocracia y el clero.

Diputado en representación del tercer estado, Robespierre se irguió como modelo de revolucionario activo y radical que se enfrentó sin desmayo a enemigos numerosos e implacables que sabían que descabezando aquel cuerpo descabezaban también los ideales políticos que había defendido desde joven.


Santos Domínguez


06 noviembre 2012

Canetti. Obras completas V


Elias Canetti.
Obras completas V.
La conciencia de las palabras.
Teatro. Ensayos. Miscelánea.
Edición dirigida por Juan José del Solar.
Traducciones de Carlos Fortea, Adan Kovacsis,
José Manuel de Prada-Samper, Juan José del Solar.
Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores. Barcelona, 2012.


En una carta de 1971, Elias Canetti le explicaba a Claudio Magris la importancia de su teatro: “Mis dramas son mucho más importantes de lo que nadie se imagina, su época apenas ha empezado, aún está por venir, son en lo más íntimo el centro de mi obra, y sin ellos nadie podrá jamás entenderla realmente.”

Una declaración tan autorizada como esa justifica el interés del tomo V de las Obras completas de Canetti en Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores, que empezó a publicarlas en una prestigiosa edición dirigida por Juan José del Solar, con el asesoramiento de Ignacio Echevarría y la colaboración de un equipo excelente de traductores.

En conjunto, la de Canetti es una de las obras esenciales del siglo XX. No sólo los imprescindibles Auto de fe y Masa y poder, también su autobiografía o su larga serie de apuntes son fundamentales en el panorama de la cultura europea contemporánea.

Tras los volúmenes anteriores -Masa y poder, Historia de una vida, La escuela del buen oír y Apuntes-, acaba de aparecer La conciencia de las palabras, el tomo que cierra este espléndido proyecto editorial que se ha desarrollado durante una década.

Organizado en tres secciones-Teatro. Ensayos. Miscelánea- este volumen recoge tres dramas, la edición ampliada de los ensayos y discursos que forman parte de La conciencia de las palabras, y un tercer apartado misceláneo que reúne artículos, prólogos, conferencias y conversaciones.

El teatro de Canetti es un teatro reflexivo, un drama de ideas y un ejercicio intelectual en el que resume sus ideas sobre el matrimonio -La boda, una obra sombría que provocó un enorme escándalo cuando se estrenó en 1965-, hace una crítica del nazismo en Comedia de la vanidad o construye una danza macabra contemporánea y existencialista en Los emplazados, la que Canetti consideró su mejor obra literaria, en la que dejó su primera toma de posición ante la muerte.

Quizá a primera vista pueda parecer sorprendente hallar aquí, yuxtapuestas, a personalidades como Kafka y Confucio, Büchner, Tolstoi, Karl Kraus y Hitler; catástrofes de magnitud tan terrible como la de Hiroshima y consideraciones literarias sobre la escritura de diarios o el origen de una novela– explica Canetti en la nota preliminar a La conciencia de las palabras, que reúne los ensayos escritos entre 1962 y 1974-. Pero era justamente esta yuxtaposición lo que me interesaba, pues sólo en apariencia se trata de temas incompatibles. Lo público y lo privado resultan hoy en día inseparables: se interpenetran recíprocamente de un modo que antes era inimaginable. Los enemigos de la humanidad han ganado poder rápidamente, aproximándose mucho al objetivo final de destrucción de la Tierra; es, por lo tanto, imposible prescindir de ellos y dedicarse a la contemplación exclusiva de aquellos paradigmas espirituales que aún signifiquen algo para nosotros.

Además de esos referentes morales, La conciencia de las palabras recoge uno de los ensayos más conocidos de Canetti  -El otro proceso-, centrado en la correspondencia entre Kafka y Felice, resume en Poder y supervivencia una de las ideas centrales de Masa y poder, analiza la obra de Hermann Broch, reflexiona sobre los diarios, las agendas y los apuntes de los escritores en el Diálogo con el interlocutor cruel o deja su lucidez ética en La profesión de escritor, “el discurso más importante que he pronunciado nunca.”

En la sección Miscelánea, tras los artículos, los discursos y otras piezas sueltas, se recogen trece conversaciones y entrevistas en las que Canetti reflexiona de modo global y directo sobre las claves de su obra y su pensamiento; sobre la concepción de la literatura y del mundo que sustenta su producción literaria.

¿Qué puede esperarse hoy en día de un escritor, cuando sabemos lo poco que nosotros mismos hemos hecho?, se preguntaba en el prólogo a la segunda edición alemana de La conciencia de las palabras.

Quizá ningún título pueda resumir mejor que ese las respuestas de Canetti a esa pregunta, su actitud como escritor, su concepción intelectual, estética y moral de la literatura, la precisión lingüística que mantuvo como exigencia a lo largo de su vida.

Santos Domínguez

05 noviembre 2012

Alex Ross. Escucha esto

Alex Ross.
Escucha esto.
Traducción de Luis Gago.
Los tres mundos. Seix Barral. Barcelona, 2012.

Después del éxito de crítica y público de su primer libro, El ruido eterno, Alex Ross, crítico musical del New Yorker, publica Escucha esto en Seix Barral con traducción de Luis Gago.

Este libro surgió de una manera muy peculiar. Ross estaba redactando un prólogo para ese primer libro y se dio cuenta de que lo que estaba escribiendo tendría que ser el primer capítulo de una nueva obra.

Esa es la génesis de un volumen que desmitifica la música clásica desde una perspectiva cultural amplia y tolerante. Y es que así como conviene tener una mente abierta a la realidad, conviene también tener los oídos libres de prejuicios culturales, porque para Alex Ross la música es una forma de conocer el mundo.

Esta misma idea era la que estaba en la raíz y en el resultado de su imprescindible El ruido eterno, que dispensaba la misma atención al canon clásico, a la música moderna y al jazz.

Escucha esto da un paso más y se propone cruzar la frontera de la música clásica al pop. Y el problema no es cruzarla, lo que se necesita es un explorador experto, alguien que conozca los puentes que hay que atravesar para salvar esa frontera entre la música culta y la música popular.

Ese es el papel de Alex Ross, cuya formación musical empezó siendo la de la música clásica y desde ahí se fue abriendo a otros horizontes tradicionalmente despreciados por quienes tienen un concepto elitista de la música y la cultura.

Contra los estereotipos retrógrados de ese elitismo mediocre que intenta fabricar autoestima aferrándose a fórmulas hueras de superioridad intelectual se levanta este libro que niega esos planteamientos, porque –añade Ross- la música es un medio demasiado personal para apoyar una jerarquía absoluta de valores.

Frente al desprecio implícito en expresiones del tipo “gran música”, “música culta”, “música seria” o “música buena”, Alex Ross propone, a través de una docena de músicos, la convivencia de Bob Dylan y el último Brahms, de Mozart y Radiohead, de Stravinsky y Charlie Parker, de Verdi y Björk, de Mahler y Pink Floyd, la ópera y el jazz, recorre la línea musical que va de la chacona al blues o analiza el hip-hop o las fronteras del pop en Sinatra o Kurt Cobain.

Y lo más importante, lo que le da sentido al conjunto del volumen es la idea de que la dificultad de escribir sobre música no estriba, en fin de cuentas, en describir un sonido, sino en describir a un ser humano.

Santos Domínguez

03 noviembre 2012

Blancanieves





Jacob y Wilhelm Grimm.
Blancanieves.
Ilustraciones de Miguel Navia.
Traducción de Álvaro y Luis Alberto de Cuenca.
Prólogo de Luis Alberto de Cuenca.
Reino de Cordelia. Madrid, 2012.


Érase una vez, en mitad del invierno, mientras los copos de nieve caían como plumas blancas del cielo, una reina que cosía sentada junto a una ventana con un marco de ébano negro. Y como cosía a la vez que veía cómo nevaba, se pinchó un dedo con la aguja, y cayeron tres gotas de sangre en la nieve. Quedaban tan bonitas aquellas manchas rojas sobre el blanco de la nieve, que pensó para sus adentros: "¡Ojalá tuviera una niña tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y tan negra como la madera de este marco!"

Al poco tiempo tuvo una hijita tan blanca como la nieve, de mejillas arreboladas como la sangre y con los cabellos tan negros como el ébano, y por eso le puso de nombre Blancanieves. Y, al nacer la niña, la reina murió.

Pasó un año, y el rey tomó a otra mujer por esposa...

Así comienza Blancanieves en la versión de Álvaro y Luis Alberto de Cuenca que acaba de publicar Reino de Cordelia, en una edición de lujo ilustrada por Miguel Navia.

Hace ahora doscientos años de la primera edición alemana de un tomo de cuentos infantiles recopilados por dos hermanos filólogos, los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, que habían dedicado varios años a recoger y reelaborar relatos tradicionales y orales. Uno de esos relatos, tal vez el más famoso de todos, es Blancanieves, quizá también el de simbología más oscura e inquietante.

En su imprescindible Psicoanálisis de los cuentos de hadas, que publicó la Editorial Crítica con traducción de Silvia Furió, Bruno Bettelheim dedicó un capítulo a indagar en las oscuras claves psicológicas de Blancanieves: la rivalidad sexual, los celos, el complejo de Edipo, el solitario viaje iniciático por el bosque peligroso, el crecimiento de la protagonista, el narcisismo, la manzana de la discordia de Afrodita y la del pecado original en Eva, de la que habla en estos términos:

Al comer la parte colorada de la manzana, la niña que hay dentro de Blancanieves muere y es enterrada en un ataúd de cristal transparente. Allí permanece durante largo tiempo; tres aves van siempre a visitarla, además de los enanitos; primero una lechuza, luego un cuervo y por último una paloma. La lechuza simboliza la sabiduría; el cuervo —como el cuervo del dios teutónico Woden— representa, probablemente, la conciencia madura; y la paloma encarna, tradicionalmente, el amor. Estas aves indican que el sueño letárgico de Blancanieves en el ataúd no es más que un período de gestación, el período final que prepara para la madurez.

En las antípodas de Disney, las magníficas ilustraciones de Miguel Navia utilizan esa tonalidad oscura para llamar no solo a la imaginación, sino también a esos abismos de la conciencia infantil  y adulta que evocó Bettelheim, para reflejar plásticamente la crueldad sangrienta que recorre sus líneas desde el principio hasta el final, el inquietante escenario del bosque peligroso o la expresividad individual de los rostros de los siete enanos protectores que lo habitan como símbolo de los siete días de la semana o de los siete planetas que giran alrededor de la figura solar y luminosa de Blancanieves.

Santos Domínguez

02 noviembre 2012

Poesía reunida de Cobo Borda

Juan Gustavo Cobo Borda.
Poesía reunida (1972-2012).
Tusquets. Barcelona, 2012.

País mal hecho
cuya única tradición
son los errores.
Quedan anécdotas,
chistes de café,
caspa y babas.
Hombres que van al cine,
solos.
Mugre y parsimonia.

Colombia es una tierra de leones, escribió Rubén Darío. Y ese verso lo utilizó -con sarcasmo más que con ironía- el poeta y ensayista Juan Gustavo Cobo Borda (Bogotá, 1948) para titular el poema demoledor con el que abría su primer libro, El animal que duerme en cada uno.

Ese poema sigue estando al frente de la Poesía reunida del colombiano, que acaba de editar Tusquets, un volumen en el que se recogen los cuatro libros de poesía publicados por Cobo Borda hasta hoy. Además del ya citado, La musa inclemente, Los poetas mienten y Cuando papá perdió la guerra, más un apartado –Nuevos poemas- que incorpora siete textos inéditos.

La mirada crítica sobre el presente y el pasado de Colombia, el amor también como experiencia presente o como recuerdo de pérdidas, la ironía sobre el sentimentalismo o el homenaje a los maestros, de Cavafis a Lezama, de Vallejo a Borges, recorren una poesía en la que –como señaló Octavio Paz- conviven la ironía y el lirismo, una poesía de tono conversacional, escrita en verso corto y con palabras directas:

Escribir como se nos dé la gana,
sin laúd,
un idioma para ladrar desde las tablas del escenario.

La poesía es el lenguaje en estado de sueño, dice Cobo Borda, que se mueve en su escritura entre la imaginación y lo cotidiano, entre el entusiasmo y la distancia irónica, entre la rebeldía y el desengaño, entre el deseo y el olvido.

Y con frecuencia, la luz de Grecia, el mito o la pintura son no solo el telón de fondo de esta poesía, sino el centro en el que se proyecta la emoción del poeta. Tiziano, Rembrandt o, como en este espléndido poema, Brueghel, en el que el cuadro establece una correspondencia con el sentimiento del poeta:

Desde mil seiscientos
cae la nieve
sobre este paisaje flamenco.

Ni un instante se ha detenido.

Pero nos queda un consuelo:
también los tres Reyes Magos
volverán de nuevo.

Oro. Incienso. Mirra.

Lo mismo que tú traes contigo.

Sí. Oro. Incienso. Mirra.
Como la Sulamita.

La poesía de Cobo Borda construye siempre una poética consciente de sí misma, de sus limitaciones, de su sentido y su necesidad:

¿Cómo escribir ahora poesía,
por qué no callarnos definitivamente
y dedicarnos a cosas mucho más útiles?
¿Para qué aumentar las dudas,
revivir antiguos conflictos,
imprevistas ternuras;
ese poco de ruido
añadido a un mundo
que lo sobrepasa y anula?
¿Se aclara algo con semejante ovillo?
Nadie la necesita.
Residuo de viejas glorias,
¿a quién acompaña, qué heridas cura?



Que conteste el lector.

Santos Domínguez


31 octubre 2012

Schwob. Teoría de la ficción


Marcel Schwob.
El deseo de lo único.
Teoría de la ficción.
Edición de Cristian Crusat.
Traducción de Rocío Rosa y Cristian Crusat.
Páginas de Espuma. Madrid, 2012.


En su colección de ensayo, Páginas de Espuma edita una espléndida recopilación de ensayos, artículos, prólogos y diálogos de Marcel Schwob preparada por Cristian Crusat.

El volumen se abre muy acertadamente con una conversación de 1891, inédita hasta ahora en español y que anuncia como una obertura los temas y los enfoques que desarrollaría a lo largo de su obra un Schwob que en aquel momento no había publicado aún su primer libro de cuentos.

El arte –afirmaba- es lo contrario de las ideas generales, no describe sino lo individual, no desea más que lo único.

En esa declaración está la raíz del título elegido para esta reunión de textos que resumen la obra crítica de Schwob, que –ajeno a las corrientes historicistas y a la crítica psicologista del positivismo- revela lo que de verdad importa: el juicio subjetivo de un lector excepcional.

Estos textos conforman lo que podríamos denominar la “poética de la ficción” de Marcel Schwob,
escribe Cristian Crusat en Breve retrato y fortuna de un homo duplex, el prólogo que abre esta edición de ensayos que ha traducido con Rocío Rosa.

Como indica el subtítulo, estos textos trazan una teoría de la ficción que Schwob no sistematizó, pero que se deduce de los diversos artículos de crítica literaria que publicó el autor de Vidas imaginarias.

Procedentes en gran medida de Espicilegio, algunos de ellos estaban inéditos en español y son complementarios a la brillante actividad traductora de Schwob, como el prólogo a Los últimos días de Enmanuel Kant, de De Quincey o a su memorable versión de Hamlet.

La tragedia griega, entre el terror y la piedad, el arte de la biografía, un extenso ensayo sobre Villon, una espléndida lectura de Stevenson y La isla del tesoro, una aproximación a la leyenda de San Julián el Hospitalario, la genealogía literaria de Hamlet y un ensayo de interpretación de las claves de su comportamiento son el centro de interés de algunos de los textos de un conjunto que con frecuencia tiene un tono semejante al de las Vidas imaginarias.

Y en todo caso, late en ellos el estilo, el talento y la sensibilidad de Schwob, que brilla aquí igual que en sus obras mayores.

Santos Domínguez

30 octubre 2012

Drácula, un monstruo sin reflejo

Drácula, un monstruo sin reflejo.
Cien años sin Bram Stoker (1912-2012).
Reino de Cordelia. Madrid, 2012.
Así se titulaba la exposición de imágenes que organizó la Fundación Luis Seoane de La Coruña con motivo del centenario de la muerte de Bram Stoker. Poco después, un curso de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo complementaba esa exposición con una serie de conferencias sobre el autor y el monstruo.
El resultado de esas actividades se plasma en  Drácula, un monstruo sin reflejo. Cien años sin Bram Stoker (1912-2012), un espectacular volumen, coordinado por Jesús Egido, que publica Reino de Cordelia y en el que se reúnen distintos asedios al mito de Drácula y a su creador.

Antes que nada, el libro se plantea como una reivindicación de la figura de Stoker, que – como recuerda el editor- le quitó la novia a Oscar Wilde, se carteó con Walt Whitman y mantuvo una cordial amistad con Mark Twain. Y sobre el creador del mito escriben Jesús Egido -Cien años sin Bram Stoker- y Óscar Palmer -El padre del vampiro.

Pero el desarrollo de la obra excede con mucho de ese propósito:  además de un recorrido por la biografía de su autor, se analiza el proceso de composición de la novela, su repercusión en la literatura, en el cine –encarnado por Bela Lugosi o Cristopher Lee-, la ilustración, el cómic, su llamada a las zonas oscuras de la conciencia, su presencia en el inconsciente colectivo son algunos de los aspectos que se abordan en esta obra sobre el mito vampírico.

Y así Luis Alberto de Cuenca recorre el largo proceso creativo y la historia editorial de esa novela y sus traducciones en España; Jesús Palacios recoge en Vampiro cañí un conjunto de anotaciones sobre la repercusión del vampirismo en la literatura hispánica, con Joan Perucho a la cabeza; Javier Alcázar repasa exhaustivamente los cómics de vampiros y las adaptaciones de la novela en Viñetas de sangre, con secuelas como Vampirella, dibujada por Pepe González y Enric Torres; José Luis Castro de Paz rastrea las formas de Drácula entre las sombras del cinematógrafo desde el Nosferatu de Murnau hasta la saga Crepúsculo; y Emma Cohen recuerda a los vampiros del cine español, donde La torre de los siete jorobados de Edgar Neville es ya un clásico.

Drácula, un monstruo sin reflejo, contiene también una antología gráfica de representaciones del conde transilvano. Es un amplio catálogo de más de cien fotogramas e ilustraciones que proponen o sugieren imágenes de una criatura en cuya esencia está no producir sombra –aunque su fama haya ensombrecido la de su autor-  ni reflejarse en los espejos.

Cierran el volumen dos relatos vampíricos, El invitado de Drácula, una precuela del mismo Bram Stoker, y un cuento de Emilia Pardo Bazán, Vampiro, la primera narración de vampiros de la literatura española.

Santos Domínguez