14 octubre 2026

Historia de la dramaturgia medieval castellana


Fernando Gómez Redondo.
 Historia de la dramaturgia medieval castellana 
(y primeras églogas renacentistas).
 Crítica y estudios literarios Cátedra. Madrid, 2026.


 Resulta arriesgado deslindar la evolución, o determinar siquiera la existencia, de un «teatro medieval castellano», tanto por la carencia de obras que puedan poseer una clara factura dramatúrgica, como por la dificultad de reconocer los marcos contextuales a los que esos supuestos espectáculos se dirigirían y en donde podrían ser representados al ofrecer unas mínimas condiciones materiales para que una obra precisa pudiera ser escenificada. De ahí que, en vez de «teatro» se haya preferido hablar, en este volumen, de «dramaturgia» para atender, de modo especial, a las distintas propuestas prácticas que se van a llevar a cabo a través de variados esquemas de representación escénica.
La dramaturgia religiosa dispone de las vías seguras conformadas por los ciclos de la Natividad y de la Pasión en los que caben, en escala ascendente, distintos episodios de las vidas de Cristo y de María —gozos y duelos— que se van concretando en secuencias fijas que arrancan de los Evangelios, tanto canónicos como apócrifos: el Officium Pastorum, el Ordo Stellae, el Ordo Prophetarum y el Ordo Rachelis se integran en el período de la Navidad, mientras que la Visitatio Sepulchri y el Ordo Paschalis se engastan en el de la Pasión y Resurrección de Cristo. Tal ocurre en toda Europa, puesto que se trata de piezas incardinadas a la celebración de unas festividades religiosas, con figuras y diálogos que arrancan de los mismos textos sagrados y que convenía articular en forma de diálogos, entramados en una red de figuras, para lograr edificar a los fieles convertidos en espectadores de esos misterios. Todo este desarrollo será recogido por autores cancioneriles —Gómez Manrique, Juan Álvarez Gato— y religiosos —fray Íñigo de Mendoza, fray Ambrosio Montesino—, así como por los dramaturgos salmantinos en el cambio de siglos del XV al XVI, y sometido a profundos cambios con el fin de insertar al público en el desarrollo de las piezas, ligándolas a los sucesos acaecidos en el presente al que se dirigen.
La dramaturgia profana presenta vías de desarrollo diferentes por cuanto ha de atender a otras problemáticas; como se indicará, el conocimiento de los dramaturgos latinos apenas influirá, aunque algunas comedias elegíacas —el Pamphilus— puedan aparecer traducidas y recreadas en estructuras más amplias como ocurre en el Libro de buen amor. 
[...] 
Otro orden de construcción dramática se fijará en las églogas pastoriles, que arrancan de la tradición de las pastorelas, serranillas o serranas, articuladas sobre un cruce dialógico, vivaz e ingenioso, entre una villana, por lo común pastora, y un caballero que la requiere de amores. En manos de Juan del Encina, exploradas las posibilidades dramatúrgicas de este esquema en sus villancicos pastoriles, el entramado textual de la égloga —argumento, diálogos, didascalias implícitas— dará pie a las primeras obras dramáticas que se imprimirán en la Península, ya en el cierre de su Cancionero de 1496. No se entendería esta dramaturgia primitiva sin el entorno del studium salmantino, en el que se inscribe la producción de Lucas Fernández, quien prefiere el término «farsa», para complementar el de «égloga», a la vez que adelanta el de «comedia», que posee un valor genérico más claro para designar una composición dramática; en ese mismo ámbito, encaja también la formación de Bartolomé de Torres Naharro, a quien se debe el primer opúsculo de teoría dramática, en el que explicita su decisión de rotular sus obras como «comedias».

Así comienza Fernando Gómez Redondo la 'Presentación' de su monumental Historia de la dramaturgia medieval castellana (y primeras églogas renacentistas), que publica Cátedra en su colección Crítica y estudios literarios.

Se completa con este amplio volumen una magna empresa filológica que Fernando Gómez Redondo ha dedicado al estudio de la literatura medieval castellana en nueve tomos.

A los cuatro volúmenes consagrados a la prosa medieval, que aparecieron entre 1998 y 2012, a los dos dedicados a la prosa de los Reyes Católicos y a los dos centrados en la producción en verso, publicados entre 2020 y 2024, se suma este tercero destinado a la dramaturgia medieval en castellano, que incluye también un apartado sobre las églogas tempranas renacentistas, que responden “al discurso métrico y se sirven de la red de estrofas articulada por los poetas cancioneriles”. 

Autos, Églogas o Farsas son los términos alusivos en el castellano medieval a una dramaturgia para cuyo estudio se ha prescindido de la palabra Teatro, porque no aparece como tal en la producción, el desarrollo y la transmisión de estos textos incuestionablemente dramáticos por su configuración genérica, su construcción y su estilo y la disposición estructural de sus materiales lingüísticos.

Y es precisamente en ese terreno en donde las representaciones que se llevan a cabo en los dos últimos decenios del siglo XV muestran la vinculación elocutiva de sus monólogos y sus diálogos con los modos de la poesía prerrenacentista de los cancioneros, cuyos autores -Gómez Manrique, Juan del Encina- compatibilizaron con naturalidad la creación poética y la escritura dramática, que quedó recogida también en aquellas colecciones antológicas y misceláneas que se difundieron en aquellos repertorios cancioneriles de poesía cortesana. 

Y con ese planteamiento, con rigor filológico y sólida metodología, con una abundante despliegue documental y un meticuloso aparato de notas, Gómez Redondo aborda en los siete capítulos del libro los variados cauces de transmisión de las obras dramáticas; la creación y evolución de la dramaturgia religiosa y la relación de los Autos y los Misterios con los ciclos litúrgicos de Pasión y Navidad; el marco general de la dramaturgia profana y sus vínculos con los espectáculos juglarescos y los Momos; la teoría de la práctica dramatúrgica en los cancioneros y en Gómez Manrique; el paso de los cancioneros a las representaciones dramáticas con Juan del Encina o Lucas Fernández; la asimilación de la dramaturgia italiana en Torres Naharro; la dramaturgia religiosa y profana de Gil Vicente y Cristóbal de Castillejo o las églogas dramáticas transmitidas en pliegos de cordel.

Entre el anónimo Auto de los Reyes Magos y la Propalladia de Torres Naharro, un admirable y esclarecedor recorrido de cuatro siglos por la dramaturgia castellana de la Edad Media y el Prerrenacimiento en un estudio con vocación y perfil de definitivo.


Santos Domínguez