20 septiembre 2013

Experiencias de un intocable



                                                    
Bhimayana.
Experiencias de un intocable.
Prólogo de John Berger.
Traducción de Paula Cifuentes.
Sexto Piso Ilustrado. Madrid, 2013.

En todo el mundo se cuentan historias. A veces estas se imprimen y se publican. Este libro es un ejemplo de ello, escribe John Berger en el prólogo que abre Bhimayana, el libro gráfico que publica Sexto Piso Ilustrado. 

Una recreación en tono épico de la vida del abogado y político indio Bhimrao Ramji Ambedkar (1891–1956), padre de la Constitución india y uno de los primeros parias que entraron en la Universidad. De formación occidental, crítico con la intolerancia hinduista e islamista, acabó convirtiéndose al budismo, luchó contra el sistema de castas y la marginación de los parias y defendió el reconocimiento de los derechos políticos y sociales de los intocables en la constitución india.

Santos Domínguez

19 septiembre 2013

Universo Nooteboom


Erik Haasnoot y Astrid Roig (ed.)
Universo Nooteboom.
Candaya Ensayo 6.

Con dos artículos, uno sobre la poesía de Cees Nooteboom y otro sobre su vertiente de ensayista y su aproximación a la pintura de Zurbarán, he tenido la satisfacción de contribuir, por sugerencia de los coordinadores Erik Haasnoot y Astrid Roig, al espléndido volumen Universo Nooteboom que publica Candaya, acompañando a nombres como Alberto Manguel, Mercedes Monmany, Rüdiger Safranski, Jacobo Siruela, Clara Janés o Juan Villoro. 

Este es el dossier de prensa, que incluye el prólogo de los coordinadores, de este libro, que estará en librerías el día 23 y se presenta en la Librería Laie (Pau Claris 85, Barcelona) el 25 de septiembre a las 19.30 horas.



La obra
Poeta, novelista, ensayista, crítico de arte, viajero... Cees Nooteboom es un autor polifacético y heterodoxo que, como dijo Connie Palmen “te hace ver y pensar lo que nunca antes habías visto ni pensado”. Desde la publicación, hace casi seis décadas, de su primera novela, Philip y los otros, que de manera desenfadada y jovial rompía con la tradición realista, la literatura de Cees Nooteboom no ha pasado nunca desapercibida y ha sido distinguida por premios tan prestigiosos como el Europeo de Poesía (2008), el de Literatura Neerlandesa (2009) y el mayor reconocimiento que se concede en la literatura de viajes, el Premio Chatwin (2010). En los últimos años ha sido considerado, como uno de los diez mejores cronistas de viajes del siglo por la prestigiosa revista Newsweek, y su nombre suena con insistencia entre los candidatos al Premio Nobel.
Lectores de todo el mundo se han dejado seducir por las innovadoras apuestas de este escritor de desvíos y digresiones, que sorprende por su sensibilidad metafísica y que se interroga siempre por el sentido de narrar. Los libros de Nooteboom son una indagación en el misterio de la condición humana (“el misterio al que los demás renuncian a mí siempre me ha intrigado”, confiesa) y una invitación permanente a entender la diversidad del mundo o el significado de la historia que hemos vivido, y por ello es unánimemente considerado uno de los grandes clásicos vivos de la literatura universal contemporánea.
En Universo Nooteboom 30 autores (poetas, novelistas, ensayistas, filósofos, académicos, traductores, críticos literarios y periodistas culturales), desde procedencias geográficas y registros muy distintos, profundizan en la compleja obra y en la fascinante personalidad del escritor holandés más universal de nuestro tiempo. Especial importancia tienen las reflexiones del propio Cees Nooteboom, que en largas y reposadas conversaciones con el escritor argentino Alberto Manguel y con el periodista belga Piet Piryns (que lo ha entrevistado durante 40 años), revela a los lectores hispanohablantes algunos momentos decisivos de su biografía y las claves más íntimas de su pensamiento y su universo literario.


En función, sobre todo, de las diferentes vertientes genéricas que ha recorrido la obra de Cees Nooteboom, Universo Nooteboom se estructura en siete partes:

1. Nooteboom filósofo: Rüdiger Safranski e Isabel-Clara Lorda exploran el sustrato filosófico que recorre toda la obra de Cees Nooteboom.

2. La poesía de Cees Nooteboom

3. Narrativa de ficción de Cees Nooteboom

4. Nooteboom ensayista

5. Nooteboom, el viajero

6. Tres relatos breves que, escritos por autores tan dispares como la escritora venezolana Victoria de Stefano, la mexicana Valeria Luiselli y el joven escritor asturiano Jaime Priede, tienen como protagonista a Cees Nooteboom y demuestran el poder inspirador de su escritura.

7. La última palabra: Cees Nooteboom



Los autores

Jesús Aguado (“nació casi en Sevilla”, España, 1961)
Tomás Albaladejo (La Unión, España, 1955)
A. S. Byatt (Sheffield, Reino Unido, 1936)
Jorge Carrión (Tarragona, España, 1976)
Antón Castro (Santa Mariña de Lañas-Arteixo, España, 1959)
Santos Domínguez (Cáceres, España, 1955)
Mariana Enriquez (Buenos Aires, Argentina, 1973)
Jesús Ferrero (Zamora, España, 1952)
László Földényi (Debrecen, Hungría, 1952)
Fernando García de la Banda (Madrid, España, 1959)
Erik Haasnoot (Katwijk aan Zee, Países Bajos, 1968)
Marina Gasparini Lagrange (Caracas, Venezuela, 1955)
Pedro Alejo Gómez Vila (Bogotá, Colombia, 1953)
Clara Janés Nadal (Barcelona, España, 1940)
Isabel-Clara Lorda Vidal (Londres, Reino Unido, 1956)
Valeria Luiselli (Ciudad de México, México, 1983)
Alberto Manguel (Buenos Aires, Argentina, 1948)
Teresa Martín Taffarel (Buenos Aires, Argentina, 1940)
Mercedes Monmany (Barcelona, España, 1957)
Glenn W. Most (Miami, Estados Unidos, 1952)
Connie Palmen (Sint Odiliënberg, Países Bajos, 1955)
Luis Pancorbo (Burgos, España, 1946)
Piet Piryns (Gante, Bélgica, 1948)
Jaime Priede (Langreo, España, 1965)
Rüdiger Safranski (Rottweil, Alemania, 1945)
Andrés Sánchez Forero (Bogotá, Colombia, 1985)
Carlos Skliar (Buenos Aires, Argentina, 1960)
Victoria de Stefano (Rimini, Italia, 1940)
Constanza Vergara (Santiago, Chile, 1978)
Juan Villoro (Ciudad de México, México, 1956)



Prólogo
Cornelis Johannes Jacobus Maria Nooteboom vio la luz por primera vez en La Haya en 1933 y en 2013, cuando el escritor holandés cumple 80 años, hemos querido celebrar sus casi seis décadas de continuada experiencia literaria y el momento de plenitud creativa que está viviendo actualmente, con la publicación de Universo Nooteboom, un acercamiento plural y crítico a su personalidad y a su poliédrica obra, que tiene el propósito de descubrir todavía más a los lectores hispanohablantes la fascinante literatura de Cees Nooteboom.
Universo Nooteboom recoge un amplio abanico de textos, muchos de ellos inéditos, en los que 36 autores (poetas, novelistas, ensayistas, filósofos, académicos, traductores, críticos literarios y periodistas culturales) reflexionan, desde procedencias geográficas y registros muy distintos, sobre la compleja y heterogénea obra del escritor de lengua neerlandesa más universal.
Cees Nooteboom –como él mismo confiesa en Hotel Nómada 1– ha seguido siempre “los dictados de su alma” y ha tratado de hacer de su vida un proyecto personal. En 1950, con sólo diecisiete años, Nooteboom abandonó su casa y emprendió su primer viaje al extranjero (fue en bicicleta a Bélgica y a Luxemburgo) y desde entonces no ha parado de viajar. Sus viajes en autoestop por Europa inspiraron, en 1955, su primer libro, Philip y los otros, una novela muy bien acogida en Holanda, que a los veintidós años lo convirtió ya en escritor. Desde ese momento, este y el de viajero, fueron sus destinos elegidos.
Poeta, novelista, ensayista, viajero... Cees Nooteboom es un autor polifacético, al que es imposible encasillar en ningún género ni clasificar con etiquetas literarias convencionales. Como su literatura, Nooteboom es un escritor de digresiones, de desvíos. Y la digresión, omweg en neerlandés, invita a meditar. Lo dice el Tiburón Mendoza En las montañas de Holanda 2, “hay países donde meditan con esa palabra: om, om, om…” A veces los nombres dan pistas y no parece casual que el apellido “Nooteboom” signifique “nogal”. Los libros de Cees Nooteboom, al igual que los frutos con forma de cerebro del nogal, alimentan el espíritu: nos hacen pensar y cuestionar el mundo, y por ello, como dicen los ingleses, son food for thought, alimento para la mente.
Alberto Manguel defiende en este libro que la literatura de Cees Nooteboom es ante todo el desarrollo de un pensamiento: sus inclasificables escritos van urdiendo un mundo nuevo, que sólo puede ser descifrado por el lector que forje sus propias ideas. Sus técnicas narrativas predilectas son, pues, las de la literatura de la digresión: el uso frecuente del estilo libre indirecto para mostrarnos desde dentro lo que piensan los personajes; el narrador omnisciente, que expresa sus propias opiniones, a menudo en forma de comentarios irónicos; la comparación de la época a la que pertenece el narrador con la época a la que pertenecen los personajes, lo que permite al autor meditar acerca de temas eternos como la muerte y la inmortalidad, las fuerzas que rigen los cambios sociales, el papel que desempeña el arte o el ritual de la escritura y la lectura.
Universo Nooteboom se abre con un ensayo de título significativo, “Nooteboom filósofo”, en el que el pensador y escritor alemán Rüdiger Safranski insiste en la sensibilidad metafísica que alienta toda la obra de Cees Nooteboom, un escritor que explora permanentemente lo enigmático y que, en el prólogo de Perdido el paraíso 3, confiesa que “el misterio al que los demás renuncian a mí siempre me ha intrigado”. Isabel-Clara Lorda Vidal se imagina un vínculo entre el ojo del huracán de Cees Nooteboom y el corazón del remolino de Rafael Argullol, para concluir que, en ambos escritores, el arte es expresión del enigma del alma humana y de la dimensión espiritual de la vida.
Ante todo Cees Nooteboom se considera poeta. Lo afirmó con rotundidad en 2003, durante el homenaje que le dedicó el Círculo de Bellas Artes de Madrid: “La poesía es la sede de mi empresa; el resto de mi obra son sucursales” 4 y lo corrobora en el documental Desvío Nooteboom, que acompaña este libro: “En el centro, que soy yo, está el poeta”. Consecuentemente, varios textos de Universo Nooteboom profundizan en esta vertiente fundamental de su literatura: Pedro Alejo Gómez Vila propone una peregrinación por los diferentes senderos abiertos en la poesía de Nooteboom; Clara Janés lo define como un poeta atento, que espera la llegada de la palabra; Tomás Albaladejo considera que en sus poemas se funden percepción y consciencia; Fernando García de la Banda comenta las características más singulares de la poesía de Nooteboom y las dificultades con las que se ha encontrado al traducirla, y Santos Domínguez descubre algunas claves de Autorretrato, el último libro que, en colaboración con el artista alemán Max Neumann, ha publicado hasta ahora el poeta holandés.
También la narrativa de Cees Nooteboom es un intento de interrogar al misterio. Lo señala A. S. Byatt, cuando afirma que sus novelas son la metáfora de un mundo y que esas novelas-metáforas “son un modo de pensar con precisión en los misterios”, además de un intento de penetrar en un territorio inestable, donde los límites entre realidad y ficción son a menudo confusos. De eso y del desvío de los otros (vivos, en el caso de Philip y los otros; o muertos, en el caso de El caballero ha muerto) para llegar al autoconocimiento (que es “el eslabón que enlaza las novelas de Nooteboom con la mística”), es de lo que habla el ensayo de László Földényi, “El desvío a la mística”, con el que encabezamos esta sección.
El ensayo de Connie Palmen se ocupa de El caballero ha muerto. Pese a que esta novela todavía no ha sido traducida al castellano, “Morir y empezar de nuevo” es un texto clave para entender la evolución de la narrativa de Nooteboom , al establecer un puente entre su primera novela, la citada Philip y los otros, y la posterior, Rituales, cuyo prólogo, escrito por A. S. Byatt, puede leerse seguidamente. El artículo de Glen W. Most profundiza en La historia siguiente, mientras que Jesús Aguado nos invita a desplegar nuestras alas, para adentrarnos en su Poética del ensueño y perdernos en el paraíso de Nooteboom. En “La desnudez de la vida”, el novelista Jesús Ferrero, hace una reflexión sobre el significado del morir y del vivir en el libro de relatos Los zorros vienen de noche y Alberto Manguel cuenta su experiencia como lector de Cees Nooteboom, durante muchos años. Según el escritor argentino no necesitamos seguir un orden cronológico en la lectura de los libros de Nooteboom, para progresar con el autor en el aprendizaje de cómo escribir y de cómo leer.
 Dos textos dedicados a la novela Cartas a Poseidón cierran este apartado. El escritor mexicano Juan Villoro comenta que Nooteboom –al verter, en primera persona y sin esperar respuesta, los pensamientos que brotan del yo profundo– demuestra que el género epistolar es el género del alma. En su emotiva aproximación a la última novela de Cees Nooteboom, Erik Haasnoot dirige varios guiños de complicidad a los lectores más fieles del escritor holandés.
La cuarta parte del libro se centra en la faceta de ensayista de Cees Nooteboom. Teresa Martín Taffarel explica cómo Nooteboom consigue siempre enriquecer las obras de arte que contempla y comenta, con nuevas e insólitas percepciones; En “Cees Nooteboom. El asombro en la mirada”, Marina Gasparini Lagrange reflexiona, a partir de los libros Zurbarán y El enigma de la luz, sobre la personalísima mirada de Nooteboom y Santos Domínguez se detiene en la fascinación del silencio que siente cuando se acerca a la obra de Zurbarán. A través de una carta dirigida a Nooteboom, Carlos Skliar detalla los pensamientos que le ha generado la lectura del libro Tumbas de poetas y pensadores, donde los textos del autor holandés conviven con las fotografías de su esposa Simone Sassen. Por último, el artículo de Constanza Vergara aporta una singular reflexión acerca de Cómo ser europeos, uno de los libros centrales de Nooteboom.
Sobre el viajero que eligió ser Cees Nootebom y sobre la sabiduría que proporciona el viaje giran la quinta parte del libro. László Földényi considera que el viaje, en Nooteboom, es el contacto con una alteridad que interpela, inquieta y sugiere. Mientras que un traslado es una acción puramente instrumental, el viaje contiene siempre un aprendizaje y una aventura potencial. Jorge Carrión define a Cees Nooteboom como un metaviajero, que ”en sus viajes elabora el regreso” y al que “le interesa menos ir que volver”.
Según Anton Castro –que en “El corazón español del nómada” sigue los pasos de Cees Nooteboom por la geografía española– probablemente sea España el país en el que más insiste el escritor holandés en el conjunto de su obra y al que más regresa. “Una de las pocas constantes en mi vida es mi amor –no hay una expresión inferior– por España”, confiesa en Desvío a Santiago5. Luis Pancorbo, a propósito de la publicación de Lluvia Roja, habla de la vida de Nooteboom en Menorca y de sus vecinos en la isla, en la que pasa largas temporadas desde 1967, mientras que Mercedes Monmany desarrolla el concepto de nomadismo en Nooteboom.
Con motivo de la publicación en Argentina de Hotel Nómada y Desvío a Santiago, Marian Enríquez hace hincapié en esa dialéctica entre el movimiento y la calma, tan constante en el andar por el mundo de este holandés errante. Pedro Alejo Gómez Vila insiste en que, al viajar, el pensamiento de Nooteboom gana en profundidad y su mirada se vuelve más astuta. Andrés Sánchez Forero nos da cuenta de que “el movimiento, en palabras de Nooteboom, se adelanta al pensamiento”, a la calma que proporciona la habitación de hotel, que es donde se va forjando el significado del viaje.
Victoria de Stefano cuenta su experiencia como lectora latinoamericana de Nooteboom en “Peregrinajes; de océano en océano” e Isabel-Clara Lorda Vidal se imagina un vínculo entre el ojo del huracán de Cees Nooteboom y el corazón del remolino de Rafael Argullol, para concluir que, en ambos escritores, el arte es expresión del enigma del alma humana y de la dimensión espiritual de la vida.
Jaime Priede se imagina a Cees Nooteboom paseando por las calles de Berlín, la ciudad donde, según piensa Nooteboom, se prepara el destino de Europa.
Universo Nooteboom concluye cediendo por fin la palabra al propio Cees Nooteboom. Reproducimos una interesantísima serie de entrevistas que el periodista Piet Pyrins ha ido realizando a Nooteboom a lo largo de casi tres décadas y con una larga conversación que, con motivo de la aparición de este libro, mantuvo el autor holandés con el escritor argentino Alberto Manguel, uno de los más reconocidos especialistas en su obra.
Sobre esta relajada conversación con Manguel en su casa de Amsterdam –donde Cees Nooteboom revela algunos secretos de su escritura y de sus libros– se estructura Desvío Nooteboom, un documental inédito de algo más de una hora de duración que ofrece al espectador valiosos detalles de la vida literaria y cotidiana del escritor holandés. Con Desvío Noteboom entraremos además en la casa que Cees Nooteboom tiene en “su isla” (como llama cariñosamente a Menorca) y lo acompañaremos en sus viajes por Venecia y Córdoba, donde participa en importantes festivales literarios. Los testimonios, críticos y personales de algunos de sus amigos y mejores lectores (el fotógrafo holandés Eddy Posthuma de Boer, el editor y escritor Jacobo Siruela, el compositor Benet Casablancas –que también firma la banda sonora–, y el pintor y poeta Miguel Ybáñez) completan este excepcional acercamiento a la figura de Cees Nooteboom.
Nunca podremos agradecer bastante la generosidad de todos los que convirtieron este viaje Nooteboom, con sus digresiones y desvíos, en uno de los más lujosos y estimulantes de nuestra vida. Queremos agradecer sobre todo la calidez y el afecto con que siempre nos han tratado Cees Nooteboom y Simone Sassen, y el entusiasmo con que acogieron este proyecto nuestros amigos, Olga Martínez y Paco Robles, que en la ejemplar trayectoria de la editorial Candaya demuestran, año tras año, que sigue habiendo un público sediento de libros de calidad.

 Astrid Roig y Erik Haasnoot


18 septiembre 2013

Gamoneda. Antología poética



Antonio Gamoneda. 
Antología poética. 
Selección e introducción 
de Tomás Sánchez Santiago.
Alianza Editorial. Madrid, 2013.

Alianza publica en formato de bolsillo una edición actualizada de la Antología poética de Antonio Gamoneda, con doce textos de su reciente Canción errónea. Una nueva edición imprescindible de una poesía en constante proceso de formación. 

Poeta de la extralimitación llama Tomás Sánchez Santiago a Antonio Gamoneda en La armonía de las tormentas, el enjundioso y contenido prólogo que ha escrito para introducir la lectura de esta antología de una obra en la que –como señala el antólogo en la nota a esta nueva edición- “no hay añadiduras ni poemas de vocación suplementaria. Todo se concita en una única respiración verbal que sigue siendo fértil en su confesa insistencia.”

Y es que si la poesía es casi siempre una experiencia extrema de límites, lo es más en un poeta como Gamoneda que no está por encima de las modas, sino por debajo, porque en su poesía hay algo profundamente telúrico que tira de nosotros hacia abajo, un río subterráneo y torrencial, una voz sumergida y oculta, no tan secreta como acallada por la censura en el franquismo.

De Gamoneda hemos aprendido sus lectores a convivir con la luz del plomo, con la injusticia y la soledad, a soportar el peso del mercurio, el temblor del azufre y el óxido que sabe a una desaparición y tiene el mismo olor que la tristeza. A entender que para un poeta un libro es una aparición y un poema,"un pensamiento que canta."

Articulada en torno a una serie de elementos temáticos y expresivos que contienen las claves de su unidad, el tiempo y el espacio son los ejes referenciales de su evolución poética. Una evolución marcada por la temporalidad hasta Descripción de la mentira y por la abolición del tiempo en favor de una poética de lo espacial a partir del Libro del frío. O, lo que es lo mismo, el paso del canto a la contemplación a través de palabras e imágenes de una enorme fuerza expresiva.

Imágenes y palabras fundidas en el magma oscuro de la memoria violenta y armónica que vive en el armario lleno de sombra del que surge una poesía que no se comprende con la inteligencia racional, sino de otra manera más intensa, más primaria, más duradera: como se comprende / un fruto con la boca, una luz con los ojos.


Santos Domínguez

17 septiembre 2013

Javier Marías. Tu rostro mañana



Javier Marías.
Tu rostro mañana.
Prólogo de Elide Pittarello.
Apéndice de Javier Marías y Francisco Rico.
Debolsillo. Barcelona, 2013.

Con un excelente prólogo de Elide Pittarello, que analiza con lucidez la obra, y un oportuno apéndice que reproduce el discurso de ingreso en la Academia de la Lengua de Javier Marías –Sobre la dificultad de contar- y la contestación de Francisco Rico, Debolsillo publica en un volumen Tu rostro mañana, un formidable monumento narrativo que seguramente es la novela más completa y ambiciosa del mejor novelista español vivo. 

Jacques o Jaime o Jacobo Deza, el narrador y protagonista que viene de Todas las almas y vertebra el diseño de Tu rostro mañana, es un intérprete de rostros, un personaje que se convierte cada vez más en un traductor de vidas. Ese es su trabajo prospectivo en el grupo dependiente del MI6 británico: prever lo que la gente hará en el futuro, conocer hoy cómo serán sus rostros mañana; saber cómo somos pero, sobre todo, cómo seremos. 

Con la benéfica sombra de Shakespeare planeando sobre el conjunto de la obra (Tu rostro mañana es la traducción literal de una cita de la Segunda parte de Enrique IV), la traición, la doblez, la ambigüedad y la violencia se acaban revelando como el verdadero rostro de los demás. 

Organizada en siete partes -Fiebre, Lanza, Baile, Sueño, Veneno, Sombra y Adiós- en Tu rostro mañana el narrador nos ha ido contando todo eso a lo largo de un proyecto al que Marías dedicó casi nueve años en los que llevó a cabo la idea de que “contar es casi siempre un regalo, incluso cuando lleva e inyecta veneno el cuento.”

Santos Domínguez

16 septiembre 2013

Manuel Longares. Los ingenuos


Manuel Longares.
Los ingenuos.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.
Barcelona, 2013.

Con un método compositivo que ya utilizó con brillantez en Las cuatro esquinas, Manuel Longares construye en Los ingenuos (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores)  un tríptico de la memoria a través de una familia de origen aragonés que se instala en los años cuarenta en una portería de la calle Infantas de Madrid.

Frente al relumbrón metropolitano de la Gran Vía, la elección de esa calle Infantas, en los suburbios de la gran arteria urbana, no es gratuita. Tiene mucho que ver con el enfoque intrahistórico que Longares prefiere para situar la historia –como el resto de su obra narrativa, de La novela del corsé a Las cuatro esquinas, pasando por Romanticismo o Nuestra epopeya-, en un territorio de calles –Desengaño, Barbieri, Ballesta, Montera...- que pese a la cercanía del cosmopolitismo forman parte del paisaje del sainete castizo y sobre todo dibujan una estructura laberíntica que se convierte en metáfora espacial de las vidas de los personajes que transitan por ellas.

Ningún sitio más adecuado que esas calles oscuras y laterales para situar las vidas oscuras y laterales –más verdaderas que las de impostada modernidad- que suelen poblar sus novelas. En este caso, las vidas que se muestran en tres momentos cruciales: la primera posguerra, los años sesenta y los días previos a la muerte de Franco, un hilo cronológico dinámico situado en un mismo eje espacial habitado por los mismos personajes, con un referente fijo, la familia de Gregorio Herrero y Modesta Sánchez y sus dos hijos, Goyo y Modes.

Y en torno a ellos otros como el capitán Monterde, un chusquero de medio pelo; Cárdenas, maestro depurado por el régimen y farandulero de teatro clásico en giras por provincias, o el esperpéntico cura Expósito, con su Biblia lasciva, su propensión al puterío y su sombrero mejicano.

Unos personajes anclados en ese espacio casi invisible de los laterales de la Gran Vía, pero en una evolución paralela o tangente a la de la sociedad española -así la casi ruptura familiar, que se queda en reforma paralela a la de la transición política.

Pero –ya se ha dicho- el enfoque del novelista no es el del historiador: su mirada se fija en unos personajes vinculados por una ingenuidad que si por un lado les pone en conflicto con la realidad descarnada que desconoce su candorosa actitud, por otro lado es lo que les mantiene en pie.

En la interminable posguerra española, controlada por un régimen de sotanas, castrenses y estraperlistas, viven estos personajes ingenuos y bienintencionados en un mundo hostil, donde el padre –inducido por Monterde- quiere hacerse rico escribiendo guiones patrióticos para el cine y el hijo intentará triunfar como galán veinte años después.

Esa ingenuidad, transmitida de padres a hijos, es una de las líneas de fuerza que atraviesan una novela salpicada por los suburbios de la literatura: fragmentos de zarzuelas y coplas, o por la filosofía vulgar que surge entre letras de jotas y aleluyas sentenciosas. 

Entre la tertulia del Café Mañico en los cuarenta y la Asociación Cultural Sócrates que se reúne en las Bodegas Madroño en los sesenta y a la que acude –como a la otra su padre- Goyo Herrero, estos personajes viven en una intemperie desprevenida y confiada, no por heroicidad, mística o masoquismo, sino porque su candor no tiene otro modo de ser y actuar que exponerse en el jardín de la vida a cuerpo gentil, sin enterarse de lo que arriesga, por ejemplo en la clandestinidad subversiva de la Papelería de Nazario Cárdenas.

Y por eso, en las vidas paralelas de Gregorio y Goyo, con su dramática inocencia,  hay situaciones que les llevan inesperadamente a los calabozos de la Puerta del Sol. Situaciones similares que se suman a otras como las carreras cinematográficas frustradas y que se resumen y explican en la frase que dice Modesta en el desalentado cierre de la novela: Mañana, igual que ayer.

Antes se ha producido una quiebra del matrimonio paralela a la agonía del dictador, en aquellos días en que “la agonizante dictadura franquista alumbraba y apagaba los hogares españoles con la misma atonía que en sus comienzos imperiales.”

Y el enfoque de Longares, más que el esperpéntico y deshumanizador que ha utilizado en otras obras, es el del humor compasivo que viene de Cervantes, no de la descarnada mirada valleinclanesca, y sonríe ante estos personajes de candidez desconcertada, ante estos candorosos esclavos de la verdad, incapaces para el resentimiento e inhábiles para la mentira.

Un humor a veces irónico, otras más ácido y crítico y otras hilarante, como en la escena del cura Expósito con sombrero mejicano y Biblia rijosa, doblado sobre el eje de los testículos por un golpe accidental que le postra de rodillas en la misma posición con la que representaba el viacrucis, o en las situaciones incómodas que provoca la madre de Goyo leyendo en voz alta novelas sicalípticas.

Pero si hay una virtud que sobresale en Los ingenuos es la que lleva acreditando a Manuel Longares como uno de los narradores imprescindibles de los últimos treinta años: su sentido del ritmo del relato, su manejo de los personajes y su maestría en el uso de los diálogos.

Por si eso fuera poco, a esa alta condición de novelista excepcional une el autor una altura estilística que le hace dueño de una de las mejores prosas de la literatura española actual. 

No lo digo yo. Lo dicen párrafos como estos: 

Por las calles laterales de la Gran Vía peregrina la Biblia remozada. En triunfo se encarama sobre el hombro derecho del cura Expósito, que evita rendir la pesada carga doblando las rodillas y besando el suelo. Para que no reincida en viacrucis, Gregorio se convierte en cirineo de ese sacerdote que, obnubilado por su bamboleante sombrero, degrada el paso ridiculizando su propensión samaritana. Despobladas y exangües, las calles del barrio de las Infantas enmarcan la desnivelada trayectoria de la pareja. Rebota en el adoquinado el chuzo del sereno, presurosos circulan los coches y en los tejados los gatos se enhebran.

Más se enfría noviembre a medida que la noche progresa. Con periodicidad de una hora, el parte médico sobre el Caudillo desgrana su desmembramiento contumaz. Quien mantuvo en un puño a millones de compatriotas, se desguaza. Pensarán sus herederos que el agónico, mientras disponga de un órgano, conservará poder. Al albedrío de su dolencia, se desmenuzan intestinos y páncreas, se desinflan glándulas y lóbulos, la sangre que desborda vasos y arterias busca los orificios naturales de salida o fuerza la esclusa artificial que rasga y descompone el organismo hasta el punto de que el pulso del moribundo languidece, su lecho se encharca y la marea roja, en cojonuda paradoja, invade la planta del que juró exterminarla. Sobre la fisonomía malévola del barrio, que al ocultar en las tinieblas su entramado contemporáneo reverdece su altisonancia caballeresca en barroco cartón piedra, la sentencia de muerte que dictan los doctores a quien alardeaba de entereza al firmar fusilamientos, rebota por las aceras desniveladas y repta por las mugrientas paredes hacia la engolada configuración de chimeneas y buhardillas.

Santos Domínguez




15 septiembre 2013

Rimbaud. Poesías


Arthur Rimbaud.
Poesías.
Edición y traducción 
de Antonio Martínez Sarrión.
Austral. Barcelona, 2013.

En una carta de 1871 Rimbaud proponía como objetivo de la poesía llegar a una iluminación de lo desconocido mediante un largo, inmenso y razonado desorden de todos los sentidos.

Eran los años en los que un Rimbaud adolescente escribía los textos del que sería su primer libro, Poesías, que acaba de aparecer en una espléndida versión de Antonio Martínez Sarrión en Austral.

Entre El aguinaldo de los huérfanos (1869), el primer poema conocido de Rimbaud, y los tres sonetos uranianos de Los stupra, este es un libro desigual, pero lleno de sorpresas y destellos como El barco ebrio, tal vez el más visionario del poeta. Un libro que pasó a un segundo plano ante la fuerza de sus libros finales, Iluminaciones y Una temporada en el infierno, pero que en su núcleo central contiene algunos de los momentos más altos de su poesía, como Las despiojadoras –un texto provocador que escribió a la vez que se declaraba en rebeldía con el mundo, se escapaba de casa y comenzaba una interminable peripecia de vagabundeos que expresaban su aversión al sedentarismo-, Las primeras comuniones, Vocales o Los poetas de siete años.

Está aquí ya, potente y precoz, el Rimbaud audaz y escandaloso que explora los límites del lenguaje, de la corrección política, de la moral tradicional y del buen gusto. Precoz y procaz, aquel adolescente rebelde, aquel ángel infernal del exceso acabaría cambiando la poesía europea en cuatro años de escritura.

Dejó de escribir a la edad en la que muchos empiezan. Con veinte años renunció a la literatura, pero antes dejó una obra poética que es una de las bases de la poesía contemporánea. No existe movimiento poético que no afirme deberle sus orígenes, aunque sin duda el mismo Rimbaud no hubiera aprobado la mayor parte de sus ideas. Los jóvenes escritores de todo el mundo descubren hoy en Rimbaud al portavoz de su exasperación con el pasado y con la tradición; de su desacuerdo con las normas aceptadas y con lo que la llamada civilización ha hecho del mundo en el que vivimos; y sienten el mismo deseo de destruirlo todo.

Traducirlo no es fácil. Y a esa tarea se ha enfrentado Martínez Sarrión, que habla en su prólogo de la condición poliédrica de su poesía y del enigma Rimbaud de su biografía antes de ofrecer una traducción espléndida en la que se ha esforzado en respetar “el espíritu y la letra del original” y en “poner igual o mayor cuidado en el verso castellano.”

Y el resultado está sin duda a la altura de ese objetivo, difícil siempre que se traduce poesía, casi inalcanzable si la poesía que se traduce es la de Rimbaud, un barco ebrio: Cuando iba descendiendo por impasibles ríos...

Santos Domínguez


14 septiembre 2013

Carson McCullers. ¿Quién ha visto el viento?



Carson McCullers.
¿Quién ha visto el viento?
Traducciones de José Luis López Muñoz 
y María Campuzano.
Austral. Barcelona, 2013.

Todo lo que sucede en mis relatos me ha sucedido o me sucederá. En esa declaración, tan confesional como inquietante, de la materia autobiográfica que nutre sus cuentos se resume el mundo narrativo de Carson McCullers. ¿Quién ha visto el viento?, que publica Austral, es una antología de cuentos extraída de la edición imprescindible de sus relatos en El aliento del cielo (Seix Barral, 2007), traducidos por José Luis López Muñoz y María Campuzano.

Salvo las tres novelas cortas que incorporaba aquel volumen, están aquí los diecinueve cuentos que escribió la narradora norteamericana, uno de los referentes del género. Algunos de ellos son la prehistoria de su excelente primera novela, El corazón es un cazador solitario. 

De un lirismo desgarrado, o sombríos y conmovedores en su mirada al interior de unos personajes acosados por la soledad, eficaces desde la primera frase en la precisión de su economía técnica y en su agilidad narrativa, turbadores en la desolación característica del gótico sureño, los recorre una voz sutil y poderosa que desde la maravillosa región solitaria de las historias sencillas y del mundo interior sitúa en el centro del relato un núcleo conflictivo para hablar de la complejidad de las relaciones humanas, de la dificultad de la comunicación en la pareja, de la enfermedad, del alcohol y la muerte.

Cualquiera de estos cuentos podría servir como modelo del relato norteamericano contemporáneo sin desmerecer de Faulkner, Tennessee Williams, Scott Fitzgerald, Cheever o Carver por la huella imborrable que dejan en la memoria del lector.


Santos Domínguez