06 febrero 2013

La filosofía poética de Antonio Machado


 José María García Castro.
La filosofía poética de Antonio Machado.
Biblioteca de Ensayo Siruela. Madrid, 2013.


En Antonio Machado no se debe, no se puede separar el pensador y el poeta. En este libro hemos querido ofrecer al lector una síntesis del pensamiento machadiano que denominamos «filosofía poética» porque, para Antonio Machado, la filosofía es poética o no es, escribe José María García Castro en la introducción de La filosofía poética de Antonio Machado, que acaba de aparecer en la Biblioteca de Ensayo Siruela.

Este es el planteamiento de un libro que tiene su origen en la tesis doctoral de su autor y que propone un recorrido meticuloso por las claves del pensamiento poético machadiano, por la constante y cada vez más intensa reflexión del poeta sobre la materia y la forma poéticas y sobre el trasfondo filosófico de la creación literaria.

Porque la conciencia poética y la reflexión teórica recorren los textos machadianos desde las primeras notas de Los complementarios, que empezó a escribir recién llegado a Baeza en 1912. Allí es donde Machado empieza a anotar sus primeras reflexiones filosóficas, que articulará de manera sistemática en el Cancionero apócrifo de Abel Martín y en las distintas fases de elaboración de su Juan de Mairena.

Complementarios y apócrifos, en ellos proyectará Machado su ironía como método socrático de aproximación a la verdad, su asimilación de Leibniz, Spinoza y Heidegger, de Bergson o Nieztsche.

Teoría poética e ideario filosófico van siempre de la mano en Machado, especialmente a partir de Nuevas canciones, un libro en el que la voz lírica del poeta deja paso a la reflexión sobre la literatura, la sociedad, la identidad o el conocimiento.

García Castro hace en este volumen un análisis de las claves del pensamiento machadiano a través de su lógica poética, de la necesidad del diálogo con el otro o de la suma de razón y sentimiento como instrumentos gnoseológicos de su teoría y su práctica poéticas, que se construyen sobre las ruinas del positivismo y el racionalismo.

Porque, decía Machado a través de Mairena, todo poeta supone una metafísica y sobre esa vinculación entre el poeta y el filósofo, sobre el paralelismo de esas dos actividades, añadía  esto: Los grandes poetas son metafísicos fracasados y los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas.

A partir de la crítica del conceptualismo, del simbolismo y el esteticismo, Machado defiende dos ideas básicas que están en la raíz de su literatura: la poesía como palabra en el tiempo y como método de revelación del ser a la conciencia.

Esa conciencia poética de Machado, cada vez más sólida, elaboró una teoría de la escritura y del conocimiento que su autor fue perfilando y matizando a lo largo de un cuarto de siglo, con los complementarios, Abel Martín y Juan de Mairena como cauces y voces de una reflexión sostenida del poeta que se resume en este documentado estudio de García Castro.

Santos Domínguez

05 febrero 2013

Henry James. Novelistas



Henry James.
Novelistas.
Traducción de Amelia Pérez de Villar.
Páginas de Espuma. Madrid, 2012.

El efecto- por no decir la principal obligación- de la crítica es que nuestra asimilación y disfrute de lo que alimenta nuestro intelecto sea lo más consciente posible, escribe Henry James en La nueva novela, uno de sus ensayos críticos fundamentales.

Henry James es uno de los iniciadores de una fecunda estirpe de críticos y escritores anglosajones que hicieron compatible la perspicacia de sus análisis con la brillantez de su principal actividad creativa.

A esa tradición crítica, bien alejada de aquella otra formada por escritores frustrados que tan bien conocemos aquí, pertenecen nombres tan fundamentales como T. S. Eliot, W. H. Auden y, entre nosotros, Clarín, Salinas, Cernuda o Gil de Biedma.

Una parte significativa de la obra crítica de Henry James acaba de aparecer en la colección Voces/Ensayo de Páginas de Espuma con traducción de Amelia Pérez de Villar.

Novelistas es un volumen que se publicó en 1914 con quince ensayos críticos de diverso calado sobre autores imprescindibles como Stevenson, Zola, Flaubert o Balzac, maestros indiscutibles de la novela del siglo XIX, y sobre otros nombres menores como los de George Sand, a la que admiró mucho y le dedicó abundantes páginas, D’Annunzio o Dumas hijo.

Desde el reconocimiento de su deuda con un autor tan radicalmente alejado del mundo jamesiano como Stevenson -que nunca borró sus huellas, y esas huellas han resultado ser, seguramente, nuestro mejor compañero. Las hemos seguido hasta aquí, de año en año, de estadio en estadio, con la misma sensación de encantamiento con la que él nos hizo seguir a algún héroe acorralado entre el brezo- hasta el estilo impredecible y despreocupado de la señora Oliphant, autora de muchos centenares de obras en las que la habilidad sustituye al arte, James pasa revista a la fuerza arrolladora del naturalismo en Zola, declara su  admiración por Flaubert, que hace compatibles el Romanticismo y el Realismo, o destaca la capacidad de Balzac para reflejar en sus novelas la densidad compleja de la realidad.

Desde el entusiasta ensayo que abre el libro con una efusiva semblanza personal de Stevenson y un espléndido análisis de su mundo narrativo y su correspondencia, hasta el imprescindible y a veces polémico La nueva novela, la conciencia de la técnica narrativa, el conocimiento de los resortes del relato y la inteligencia de Henry James recorren las páginas de un volumen fundamental para conocer la teoría y la práctica de la novela desde dentro, a través de uno de los escritores más lúcidos y decisivos en la transición de la novela decimonónica a la novela contemporánea.

Santos Domínguez

04 febrero 2013

Juan Ramón Jiménez. Idilios


Juan Ramón Jiménez.
Idilios.
Edición de Rocío Fernández Berrocal.
Prólogo de Antonio Colinas
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2013.

Juan Ramón se vació en su obra («¡Cómo soy yo mi 'obra'; cómo me voy quedando sin mí, de darme a ella!») y con ello trajo la modernidad a la poesía española, la necesaria lucidez y la nueva sensibilidad. Un buen poeta contiene en sí la tradición, toda la historia de la literatura, y la supera. En las obras de JRJ posteriores a 1910 se da el verdadero temblor del verso maduro, la medida exacta del ritmo, la hondura de la conciencia, el anhelo de la «trasparencia», la revelación del horizonte de la pureza. En su actitud, su manera de ser y estar, su ejemplo, su fe en la palabra, su afán inquebrantables y ejemplares de orfebre absoluto entregado a la belleza, en ella, en su Obra, se nos devuelve pleno, porque, como afirmó, es la poesía, son los poetas los que logran extraer «el tesoro de la inmensidad y dejarlo en la eternidad», los que viven entre nosotros siempre «resucitados».

Con esas palabras y su admirable suma de lucidez crítica y sensibilidad lectora termina Rocío Fernández Berrocal la espléndida introducción que ha escrito para su edición de Idilios en La Isla de Siltolá.

Una introducción que apremia al lector a entrar en este libro que Juan Ramón Jiménez escribió en un momento crucial de su vida y su obra, entre Moguer y Madrid.

Del total de 98 poemas -uno ilegible- en los que se organizan sus dos partes –Idilios clásicos, Idilios románticos- treinta y ocho permanecían inéditos, por lo que Idilios, uno de los libros amarillos de Moguer, era un semiinédito que se publica por primera vez cuando se cumple un siglo de su composición.

Juan Ramón lo escribió entre 1912 y 1913, lo revisó y añadió nuevos textos en los años siguientes, fiel a su concepción de la obra en marcha, y volvió de nuevo a él en sus años de Puerto Rico para dejar preparada en una carpeta de la sala Zenobia - Juan Ramón la portada, la dedicatoria y la relación de textos que debían formar parte del libro, aunque sus poemas estaban desperdigados en Puerto Rico, Madrid y Moguer y la profesora Fernández Berrocal ha tenido que rastrearlos para recomponer el libro.

Como explica la editora en la introducción, Idilios es un libro central en la trayectoria de Juan Ramón, porque es una de las cimas que coronan su época sensitiva y se proyecta hacia la depuración de la época intelectual que iría asociada no solo a la evolución interior de su obra, sino a la presencia decisiva de Zenobia, que está ya en los poemas finales de este libro y que sería el eje del Diario de un poeta recién casado. Es la llama doble en la que arde el poeta incendiado –así lo calificaba Zenobia- por la llama de la poesía y la del amor.

Esa centralidad de encrucijada se aprecia incluso en el interior del libro, porque la primera parte recuerda aún a la melancolía decadente y a la sentimentalidad ensimismada, más literaria que real, de Arias tristes o Jardines lejanos, de Elegías o de Pastorales.

La de los Idilios clásicos es aún una sentimentalidad intransitiva ambientada en jardines lejanos, poblada por fantasmales presencias nocturnas, por siluetas femeninas entrevistas bajo la luna o por mujeres vespertinas sin nombre y sin verdad. Frente a ese ensueño irreal, aparece al final de los Idilios románticos la mujer real -Zenobia- que llega a Juan Ramón por no sé qué caminos conocidos y que provoca no solo un cambio de actitud ante la realidad, sino un nuevo enfoque del estilo y sobre todo un decisivo –para él y para la poesía española- cambio de tono, tan influyente como el que dos décadas antes había iniciado Rubén Darío.

Y ahí es decisivo el paso de una poesía nostálgica que mira al pasado a una poesía del presente: Al encontrarte, Amor, hallé el Idilio ...

Idilios es por eso un libro de encrucijada, un cruce de la voz personal y el sentido universalista que destaca Antonio Colinas en su prólogo, La palabra en los límites. Obra de encrucijada y límites, texto fronterizo entre sentimiento y pensamiento y camino de desnudez, a esa síntesis parece aludir Juan Ramón al referirse a estos Idilios con tres notas: brevedad, gracia y espiritualidad.

Un ejemplo: el cierre del último, espléndido poema, uno de los 22 inéditos de la segunda parte:

En sueños, oigo el agua
correr, correr, correr.
                                       La sueño.
Y entonces ella me ve a mí 
corriendo, cada noche, muerto...

Ninguna edición de lujo, nada de príncipes, ni de ediciones de filólogos. Cada libro, sin notas, en la edición más clara y sencilla. La perfección formal del libro. El libro no es cosa de lujo… Eso para los que no leen. Material escelente, seriedad y sobriedad era lo que deseaba Juan Ramón para sus libros.

Por ejemplo una edición como esta, enriquecida con la biografía del libro y la lectura con la que la editora fija su centralidad en la obra juanramoniana.

Santos Domínguez


03 febrero 2013

Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero

Álvaro Mutis.
Empresas y tribulaciones
de Maqroll el Gaviero.
Debolsillo. Barcelona, 2012

Uno de los conjuntos novelísticos más ambiciosos y brillantes de la literatura contemporánea en español. Un recorrido completo y tortuoso por puertos y peligros de la mano de Álvaro Mutis y Maqroll el Gaviero.

Debolsillo reúne en un estuche con dos tomos las siete novelas que resumen las aventuras y errancias de un personaje inolvidable: La Nieve del Almirante, Ilona llega con la lluvia, Un bel morir, La última escala del Tramp Steamer, Amirbar, Abdul Bashur, soñador de navíos y Tríptico de mar y tierra. La edición se cierra con un epílogo de García Márquez (Mi amigo Mutis), un texto escrito sólo para decirle con todo el corazón, cuánto lo admiramos, carajo, y cuánto lo queremos.

Santos Domínguez

02 febrero 2013

Cormac McCarthy. Trilogía de la frontera




Cormac McCarthy.
Trilogía de la frontera.
Traducciones de
Pilar Giralt y Luis Murillo.
Debolsillo. Barcelona, 2012.

Con traducciones de Pilar Giralt (Todos los hermosos caballos) y Luis Murillo (En la frontera y Ciudades de la llanura), Debolsillo reúne en una cuidada edición en un estuche tres novelas imprescindibles, que forman la Trilogía de la frontera de Cormac McCarthy, junto a Don DeLillo y Philip Roth uno de los grandes del último medio siglo en la novela norteamericana.

Anteriores a No es país para viejos y La carretera, estas tres novelas construyen la épica degradada del sur en la frontera entre Texas y México a través de dos antihéroes, John Grady Cole y Billy Parham, a mediados del siglo XX.

Bajo la mirada dura y cinematográfica de McCarthy, con la prosa cortante y fría de un narrador sólido, esta trilogía cuenta un viaje de formación y unas historias crepusculares, muestra la soledad de las existencias errantes de los protagonistas en unas formas de vida que tienen los días contados en un mundo en extinción.


Esos jinetes que cabalgan interminablemente sobre su desarraigo forman parte de una época que se acaba, de modo que la frontera del título no es solo una referencia espacial a un Sur que ya no existe, sino también a un tiempo que se acaba sobre el telón de fondo del paisaje hostil del desierto mejicano.

Santos Domínguez


01 febrero 2013

Rilke en Ronda


Rainer Maria Rilke.
En Ronda.
Cartas y poemas.
Prólogo de Anthony Stephens.
Traducción de Mariano Peyrou, 
Juan Andrés García Román y Manuel Arranz. 
Pre-Textos. Valencia, 2012.

Ronda tiene mucho que ofrecerme, /.../ es el lugar justo para quedarme una temporada, escribía Rilke el 18 de diciembre de 1912 en una carta a su amiga Sidonie Nádherny.

El poeta había llegado a Ronda en diciembre de 1912 y se quedaría en el Hotel Reina Victoria hasta febrero de 1913.

Era aquel un momento crucial en la trayectoria vital y poética de Rilke, en quien vida y poesía son tan ejemplarmente inseparables como en Juan Ramón Jiménez. No hacía mucho que había iniciado la que Antonio Pau, sin duda el mejor especialista en Rilke en España, llama su etapa cósmica, que aspira a fundir lo interior y lo exterior, a expresar la unidad de lo visible y lo invisible, a encontrar en el interior del poeta el espacio interior del mundo.

Había llegado a la ciudad casi por casualidad, después de la experiencia intensa en un Toledo atravesado por el recuerdo de El Greco, de pasar por el milagro de Córdoba y de tener una mala experiencia de Sevilla, extrañamente desagradable, como escribe en una de las cartas de este espléndido volumen que reúne los textos que escribió en Ronda y que publica Pre-Textos, en coedición con la Real Maestranza de Caballería de Ronda, en su colección Textos y Pretextos.

Ronda fue para Rilke una sorpresa y un descubrimiento, como destaca en su prólogo Anthony Stephens. En aquella ciudad, antigua, extraña y asombrosa, llegó al límite de la crisis poética que se había desencadenado tras escribir las dos primeras Elegías de Duino a principios de 1912.

Aquella angustia creativa, complicada con una aguda crisis religiosa que experimentó después de estar en Córdoba, lo puso al borde del suicidio, aunque finalmente recuperó su voz en unos días de enero de 1913 en los que escribió febrilmente algunos poemas fundamentales en su obra: La trilogía española, Al ángel y parte de lo que sería la Sexta elegía de Duino.

Completa el volumen un espléndido Álbum de Ronda con imágenes que justifican el impacto que produjo en Rilke aquella ciudad. Las cartas que escribió en Ronda reflejan la impresión imborrable que le dejó un paisaje que inmortalizó con la figura de un ángel nocturno dibujado sobre un alto fondo de estrellas:

Alzado candelabro, rotundo sobre el límite y sereno...

Santos Domínguez



31 enero 2013

El 98 en sus anécdotas



José Esteban.
La generación del 98 en sus anécdotas.
Renacimiento. Sevilla, 2012.


Caseros y en zapatillas, provocadores en tertulias ruidosas, bohemios escandalosos o domésticos y pacíficos en torno a una mesa camilla, los noventayochistas, esos “grandes aguafiestas” de las cuchipandas nacionales, como los llama José Esteban, elaboraron una obra oral paralela a sus textos escritos.

Gran parte de ese material oral de la anécdota, la ocurrencia ingeniosa y la crítica malintencionada lo ha reunido José Esteban en La generación del 98 en sus anécdotas, un volumen que publica Renacimiento y que recoge “esta otra obra pasajera, que saltaba en el aro de la ruidosa tertulia, en la discusión ateneíl, en la rabia de un momento de acorralamiento.”

Obra pasajera, extraliteraria y marginal, es cierto, pero también significativa y reveladora de la intimidad de aquellos escritores, de su ambiente y su época, de su ser intrahistórico, si no en su vertiente estrictamente literaria sí al menos en su dimensión humana.

A través de intermediarios más o menos interesados –los llamados llevaanécdotas que las llevaban a las redacciones a cambio de unos duros-, en biografías como la que escribió Gómez de la Serna sobre Valle, o de primera mano por las memorias de Baroja, las anécdotas literarias llegaron a constituir un subgénero periodístico en el que brilla el ingenio para herir al otro o la agudeza para describir certeramente a algún personaje público.

Además de Valle-Inclán, el más fecundo productor de anécdotas, nombres como Unamuno, Baroja, Azorín, Blasco Ibáñez, Ortega, Juan Ramón, Benavente, los Machado, Ciro Bayo, Sawa son algunos de  los sujetos agentes o pacientes, olímpicos o viperinos, irónicos o brutales, de una gran cantidad de relatos menores cuya estructura cumple con los rasgos del género narrativo y les añade el chispazo de la repentización brillante o de la sátira acerada.

Santos Domínguez