16 enero 2013

Jon Lee Anderson. Crónicas de África


Jon Lee Anderson.
La herencia colonial y otras maldiciones.
Crónicas de África.
Traducción de María Tabuyo y Agustín López.
Sexto Piso. Barcelona, 2012.


En el volumen La herencia colonial y otras maldiciones, que publica Sexto Piso con traducción de María Tabuyo y Agustín López, se recogen varias crónicas del reportero Jon Lee Anderson que tienen como tema el continente africano. Irremediablemente nos vienen a la memoria los escritos de Kapuściński sobre África, como los recogidos en Ébano, o en El Emperador, donde retrataba al inefable Haile Selassie, emperador de Etiopía, como hace Anderson en sus reportajes, dejando hablar (en muchos casos desde el anonimato) a quienes le trataron y conocieron.

Anderson, un corresponsal prestigioso del respetado semanario New Yorker, es recibido por jefes de estado africanos, y mientras se acerca al lugar de la entrevista observa y recoge opiniones para que nos vayamos haciendo una idea cabal del personaje. Los relatos escogidos para este volumen van desde su encuentro en 1998 con el hoy condenado Charles Taylor, presidente de Liberia, hasta su asistencia al convulso nacimiento de Sudán del Sur hace sólo unos meses, pasando por las brutales crónicas de la Guerra de Libia y la captura y despiadado asesinato de Gadafi.

Se trata por tanto de una visión de África lejos ya de la turbulenta y esperanzadora descolonización, y también más allá de los decepcionantes años que vieron cómo los héroes que trajeron la independencia se transformaron en tiranos depravados, corruptos y pendencieros, que apoyándose primero en cualquiera de los bandos de la Guerra Fría y después en intereses económicos o estratégicos, han conseguido mantenerse durante décadas en el poder; como Gadafi hasta hace poco, o como Robert Mugabe y Teodoro Obiang hasta cuando Dios o el Consejo de Seguridad de la ONU quieran.

Los viejos actores del colonialismo (las antiguas potencias imperiales europeas, Estados Unidos, la Unión Soviética) o han desaparecido o luchan por mantener sus posiciones frente a los nuevos colonialismos: en varias de las crónicas aparece (lástima que sólo de fondo) la novedosa y ya abrumadora presencia china en busca de tierras de labor, minerales y el petróleo “viejo” de Libia y Nigeria, o el más nuevo de Angola o Guinea Ecuatorial.

El balance de las crónicas es variado, yendo desde la esperanzadora presencia de la presidenta Johnson Sirleaf en la destrozada Liberia, hasta las alucinadas majaderías protagonizadas por Gadafi, pasando por los más discretos pero muy turbios dirigentes de Angola o Somalia.

El estilo de Anderson, sobrio y equilibrado, presentando los testimonios y absteniéndose de emitir juicios personales (aunque la verdad, describiendo a personajes como Gadafi, Mugabe o los granujas que gobiernan Sudán parece insufrible no manifestar opiniones particulares) resulta muy adecuado para los asuntos tratados. Con todo, los acontecimientos africanos son, en ocasiones, tan sorprendentes, que los retratos de tiranos como Gadafi o Taylor, incluso tratados de forma tan comedida, se transforman en caricaturas.

Conrad, Greene,  Kapuściński, Coetzee, Vargas Llosa o Anderson juegan con ventaja: la historia de África es desdichada, pero por desgracia, nada aburrida.

Jesús Tapia

15 enero 2013

El hombre tranquilo

Maurice Walsh.
El hombre tranquilo.
Prólogo de Javier Reverte.
Traducción de Susana Carral.
Reino de Cordelia. Madrid, 2012.

A los sesenta años del estreno en 1952 de El hombre tranquilo, la memorable película dirigida por John Ford, Reino de Cordelia edita un volumen con cinco relatos del irlandés Maurice Walsh. El hombre tranquilo, que se publicó en una revista en 1933, es la narración central de ese conjunto (Green Rushes) traducido por Susana Carral y prologado por Javier Reverte.

Es la primera vez que se edita en España el relato protagonizado por el boxeador Paddy Bawn, que vuelve a Kerry para acabar sus días en un lugar pequeño y tranquilo sobre alguna ladera, y que ya siempre tendrá la cara de John Wayne, y la joven irlandesa Ellen Roe, que ya siempre será la pelirroja Maureen O’Hara.

La película de Ford, todo un clásico del cine, tuvo un enorme éxito, que fue la confirmación del interés que había generado la narración original veinte años antes, cuando se publicó en The Saturday Evening Post. Lo recuerda así Javier Reverte en su introducción:

La historia impresionó a muchos miles de lectores en América, entre ellos a un director llamado John Ford, que dio a Walsh en 1936 un adelanto simbólico de diez dólares mientras intentaba captar el dinero suficiente que le permitiera llevar el relato al celuloide: tardaría quince años en conseguirlo.
Santos Domínguez

14 enero 2013

Gibbon. Decadencia y caída del Imperio romano II




Edward Gibbon.
Decadencia y caída del Imperio romano.
Volumen II.
Traducción de José Sánchez de León.
Atalanta. Gerona, 2012.

Como una populosa novela leía Borges la Decadencia y caída del Imperio romano, de Edward Gibbon, el padre de la historiografía moderna que publicó este monumento imperecedero en seis volúmenes entre 1776 y 1778.

La investigación y la inteligencia, la sutileza y el rigor se dan cita en las numerosas páginas de este clásico que Gibbon dedicó a analizar quince siglos que culminaron con la caída de Constantinopla en 1453. La asombrosa capacidad narrativa de aquel deísta ilustrado, dueño de una prosa depurada y exacta, se concentra en los siglos finales de la Edad Antigua y en una Edad Media que acaba cuando cae el Imperio oriental.

En Gibbon la historia es maestra del presente, porque su historia antigua rastrea las raíces de Europa. Unas raíces que fueron creciendo en los quince siglos que abarca su estudio, proyectado en un espacio igual de ambicioso que el tiempo del relato: desde Siberia al Nilo, desde China hasta Gibraltar, Gibbon construye el puente que comunica la antigüedad con la modernidad.

Cuando escribió esta obra ciclópea se atisbaba la cercanía de un cambio histórico crucial: faltaban diez años para la Revolución de 1789, que pondría el punto final a aquella Edad Moderna que había surgido de las ruinas del Imperio romano.

Atalanta acaba de completar la edición de este texto fundamental con el segundo tomo – desde el origen, progreso y efectos de la vida monástica hasta una perspectiva de las ruinas de Roma en el siglo XV- de la nueva traducción de José Sánchez de León, de la que ya apareció el primer tomo en el primer semestre del año. 

Monjes y bárbaros, el rey Arturo y las cruzadas, Constantinopla y Belisario, Justiniano y Carlomagno, Mahoma y la biblioteca de Alejandría, las controversias religiosas y la milagrería, Juan Cantacuceno y el imperio otomano.

Son algunos de los personajes y las tramas de esta populosa novela que culmina con la coronación poética de Petrarca y una perspectiva de las ruinas de Roma desde la colina del Capitolio den el siglo XV. Por su ironía y su lucidez, su capacidad evocadora y su mirada crítica sobre el fanatismo religioso y los excesos del poder, este segundo tomo, centrado en la época medieval, es aún mejor que el primero.

Santos Domínguez

13 enero 2013

El invierno del mosquetero



Javier La Orden Trimollet.
El invierno del mosquetero.
Literatura Rey Lear. Madrid, 2012.

Como la cuarta y última parte de Los tres mosqueteros se define en el subtítulo El invierno del mosquetero, que publica Rey Lear, una novela histórica repleta de aventuras, acción e imaginación con la que Javier La Orden traslada a España al superviviente Aramis tras la muerte de Athos, Porthos y D’Artagnan en la tercera parte de la serie de Dumas.

Octogenario y con la salud recuperada, un Aramis ennoblecido con el título de duque de Alameda es asesor en Madrid del rey Carlos II en asuntos franceses frente a Luis XIV. La irrupción del conde D’Herstel, hijo ilegítimo de D’Artagnan, lo convertirá en el brazo armado del anciano mosquetero en una novela que asimila el pulso narrativo de Dumas y su capacidad para entretener y sorprender al lector.

Esta es la primera novela del autor, pero la soltura y el bien logrado tono de la narración no pueden extrañar si se sabe que Javier La Orden tradujo las tres novelas del ciclo de los mosqueteros en la que seguramente es la mejor edición en español, la de Cátedra AVREA, para la que escribió también un estudio imprescindible que está en la base de esta nueva aventura que podría haber firmado Dumas. Al fin y al cabo no hubiera sido la primera vez.

Santos Domínguez

12 enero 2013

Sofia Fedórchenko. El pueblo en la guerra



Sofia Fedórchenko.
El pueblo en la guerra.
Testimonios de soldados en el frente 
de la Primera Guerra Mundial.
Introducción de Elias Canetti.
Prólogo de Jaime Fernández Martín.
Traducción del ruso de Olga Korobenko.
Hermida Editores. Madrid, 2012.

Para inaugurar su colección El jardín de Epicuro, Hermida Editores publica un libro excepcional, El pueblo en la guerra, de Sofia Fedórchenko, una enfermera que recopiló los testimonios orales de los soldados rusos heridos en 1915 y 1916 en el frente oriental de Prusia durante la Primera Guerra Mundial.

En uno de los apuntes de El corazón secreto del reloj, en un texto que se recupera en esta edición como nota introductoria, Elias Canetti habla de este libro, que le había acompañado durante  cincuenta y tres años, en estos términos:  “Todo es de una gran verdad y suena como la mejor literatura rusa que uno ama, y quizá esa literatura sea tan buena porque en ella se habla como lo hacen esos soldados heridos, la mayoría de los cuales son analfabetos.”

Ha tenido que pasar casi un siglo para que se traduzca por primera vez al castellano este conjunto de testimonios que tienen la fuerza oral de quienes habían sufrido la experiencia límite de la guerra y dejan en el lector una huella tan indeleble como la que reconocieron Gorki, Thomas Mann y el mismo Canetti, que valoraba este libro como "la imagen de la Primera Guerra Mundial más fiel y verdadera que conozco, no escrita por un escritor, sino hablada por personas que, sin sospecharlo, son todos escritores."

Sofia Fedórchenko recopiló esta suma de horrores, que fue anotando al vuelo, con minuciosa observación y sobrecogimiento como estenogramas, y construyó con ellos un coro de fragmentos rápidos que ganan así en intensidad y fuerza expresiva. Se publicó por primera vez en Kiev en 1917 con el subtítulo Apuntes tomados en el frente.

Ignoro si en ruso existe el mismo matiz que diferencia en español El pueblo en guerra de El pueblo en la guerra, pero ese matiz diferencial es decisivo para entender la perspectiva de los soldados heridos que hablan en esta obra y reflejan la crueldad y los desastres de la guerra, porque no formaban parte de un pueblo en guerra, sino de un pueblo llevado a la fuerza a la guerra.

Aquellos ocho millones de soldados eran campesinos y obreros de la Rusia zarista, mandados por terratenientes feudales que los utilizaban como a los siervos de la Edad Media.

La ropa que llevamos es del zar, / pero el pellejo es nuestro, cantaban aquellos soldados que sabían que no eran suyas ni la causa patriótica, ni la disciplina ni la ropa que llevaban; solo la carne de cañón, frágil y dolorosa, expuesta al fuego de la artillería alemana y de unos fusiles poderosos como cañones, a las enfermedades y a las bayonetas de la infantería en la lucha cuerpo a cuerpo.

Pero no les faltaba la lucidez necesaria para expresarse así, como portavoces de los soldados de cualquier guerra: ¿El porqué de la guerra?... Los mercaderes han hecho un mal negocio y nos hacen pringar a nosotros...

Santos Domínguez
 

11 enero 2013

Dionisio Ridruejo. Casi unas memorias



Dionisio Ridruejo.
Casi unas memorias.
Edición al cuidado de Jordi Amat.
Península. Barcelona, 2012.

Península reedita la versión definitiva que se publicó en 2007 de Casi unas memorias, de Dionisio Ridruejo. Preparada por Jordi Amat, añadía nuevos capítulos, los recuerdos de la infancia, inéditos hasta entonces, a una recopilación de textos fundamentales para conocer la trayectoria literaria y la evolución ideológica de aquel falangista de la primera hora.

Aunque lo tenía en proyecto y contratado con Planeta, Ridruejo no dejó preparado este libro a su muerte en junio de 1975. La de Jordi Amat es una reconstrucción parcial y verosímil, a partir de una serie de materiales autobiográficos coherentes, de lo que hubieran podido ser las memorias de Ridruejo.

Unas casi memorias que se centran en los años decisivos de su formación literaria, de su actividad política en los servicios de propaganda de Salamanca y Burgos y de su disidencia y su destierro.

Estas casi memorias públicas y políticas, que había ido esbozando Ridruejo en los artículos que publicó en Destino desde diciembre de 1972 hasta junio de 1975, quedan organizadas en dos bloques: las Memorias de guerra y posguerra (1935-1947), que abarcan desde las vísperas de la guerra civil hasta el destierro en Ronda y en Cataluña, y las Memorias literarias, que explican su formación literaria –Un escritor en El Escorial- y su relación con Machado, D’Ors, Pla o Carles Riba.

Y enmarcando esos dos núcleos, el preámbulo autobiográfico que Ridruejo puso al frente de Escrito en España, y un apéndice documental con varios textos fundamentales que resumen “la peripecia intelectual más apasionante desarrollada a lo largo del franquismo”, en palabras de Jordi Amat.

En el texto introductorio, Explicaciones, Ridruejo alude al propósito de explicar su evolución ideológica desde el fascismo hasta la decepción –“todo esto es un asco”- y la disidencia temprana en la carta a Franco del 7 de julio del 42:

¿Piensa V. E. qué desgracia mayor podría yo tener, por ejemplo, que la de ser fusilado en el mismo muro que el general Varela, el coronel Galarza, don Esteban Bilbao y el señor Ibáñez Martín? No se trata de no morir. Pero, ¡por Dios! No morir confundido con lo que se detesta.

Distanciado primero, enfrentado luego con el franquismo, la decepción abrió un proceso de paulatina oposición al régimen. Porque Ridruejo fue un disidente que acabó convertido en uno de los símbolos de la resistencia contra el franquismo Un proceso repleto de renuncias con las que purgó la responsabilidad que tuvo como propagandista de la primera hora de aquella dictadura. Marcado por el remordimiento, reconoció su error: toleré, di mi aprobación indirecta al terror con mi silencio público y mi perseverancia militante.

Por eso, Ridruejo tuvo una constante necesidad de explicar a los demás y de explicarse a sí mismo la realidad concreta de ese proceso que exteriormente puede parecer una especie de conversión y que a mí, interior y subjetivamente, me parece un despliegue de cierta coherencia, acaso porque nada se parece menos a una mentalidad de una pieza que la mentalidad de un joven apoyada en el entusiasmo más bien que en el análisis y más aún si venía informada por una ideología que, como la falangista, aspiraba a una síntesis de elementos bastante dispares y llevaba en su seno la contradicción.

Casi unas memorias contiene la memoria amputada e intermitente de Dionisio Ridruejo, el  testimonio de la guerra, la posguerra y la literatura en unos años cruciales. Una lección de ética y estética, entre literatura y política, como tituló Ridruejo un libro misceláneo.

Santos Domínguez

10 enero 2013

Cortázar. Los relatos



Julio Cortázar.
Los relatos.
1 Ritos. 2 Juegos.
3 Pasajes. 4 Ahí y ahora.
El libro de bolsillo. Alianza Editorial. Madrid, 2012


En sus últimos años, Julio Cortázar organizó sus relatos en cuatro tomos –Ritos, Juegos, Pasajes, Ahí y ahora- que no responden a un criterio cronológico, sino a la afinidad de enfoque, a su semejanza de tono y a las líneas de fuerza que orientan su temática.

De esa manera conseguía que los textos estableciesen nuevos vínculos y nuevas relaciones en un nuevo contexto, el de estos cuatro volúmenes que publica Alianza Editorial en su colección de bolsillo.

Se reagrupan así en una secuencia diferente a la de su escritura relatos perfectos como Casa tomada, Circe o Carta a una señorita en París, textos fundamentales como Continuidad de los parques, La noche boca arriba, La isla a mediodía, La salud de los enfermos o Final del juego.

O relatos contemporáneos de Rayuela, como Las babas del diablo o El perseguidor, que indican una sutil evolución de la narrativa breve de Cortázar, y marcan un antes y un después en el tratamiento de los personajes, que dejan de ser meras piezas de un mecanismo para ganar en profundidad psicológica y en autonomía vital. Especialmente en El perseguidor, un relato en el que se acercó a la figura de Charlie Parker. En él está en germen Rayuela como en Charlie Parker está la semilla de Oliveira.

El cuento es para Cortázar el territorio de lo fantástico en todas sus variantes, el lugar de la extrañeza que irrumpe en lo cotidiano en forma de pesadilla, de sorpresa o de revelación. La tensión entre lo irracional y la rutina, el tema del doble, la distorsión del espacio y el tiempo están presentes en muchos de estos relatos en su expresión más definitiva.

En esa frontera imprecisa que separa la realidad de la ficción y el sueño de la vigilia, allí donde el misterio surge de lo trivial se sitúan algunas de las claves del Cortázar más sorprendente, variado o provocador, del que escribía Vargas Llosa: La verdadera revolución literaria de Cortázar está en sus cuentos.

Un Cortázar que desde 1969 introduce en el terreno del relato la preocupación política y el compromiso con la sociedad. Chile, Biafra, Israel comparten espacio con temas como el de la pesadilla, el amor, la muerte, la infancia o el sueño, y el tono nostálgico de algunos cuentos convive con la denuncia de la brutalidad represiva de la policía.

Ese narrador comprometido no elimina del todo al Cortázar deslumbrante e ingenioso que proyecta en sus personajes su propia mirada irreverente, sus pudores y sus desconciertos, su método de trabajo, sus traumatoterapias.

Esa síntesis persiste en el Cortázar maduro, menos visitado por lo fantástico, menos proclive a la sorpresa, pero dueño de un virtuosismo que aborda todos los registros y tonos, los rituales, la mezcla ambigua de imaginación y realidad, de humor y melancolía. En su escritura, tan similar al swing jazzístico, la exigencia se proyecta en cuentos que funcionan como un mecanismo perfecto, como una maquinaria asombrosa para el lector y maquinaciones de un narrador que encuentra en el relato corto su mejor distancia.

Pero por encima de la evolución de su técnica y su temática, lo que caracteriza los relatos de Cortázar es la coherencia del conjunto, la creación de un mundo narrativo inconfundible y potente.

Una línea secreta los une en un impulso común que se concreta en la creación de mundos posibles; en el descubrimiento de que esos pasajes estaban ahí, ocultos e inexplorados, invisibles e inquietantes; en la función del narrador y la distancia variable de su voz; en el planeamiento de finales que son la raíz del relato; en el desajuste entre la realidad y el personaje, y en el diseño del espacio y el tiempo.

Entre lo fantástico y lo testimonial, entre la denuncia y la nostalgia, el realista imaginativo que fue Cortázar construye desde su primer libro sus relatos como esferas perfectas, como estructuras cerradas en las que la tensión atrapa al lector. Relatos que reflejan la evolución a una escritura cada vez más escueta, más seca y directa, una escritura en la que materia y forma se explican mutuamente y mutuamente se sostienen.


Santos Domínguez