28 septiembre 2012

Shakespeare. Jardín circunmurado


William Shakespeare.
Jardín circunmurado.
Selección, introducción y notas
de Christian Law Palacín.
Pre-Textos. Valencia, 2012.

En La prisionera, uno de los tomos de A la busca del tiempo perdido, Proust habla de un cuadro de Vermeer, Vista de Delft, y de un pequeño fragmento de muro amarillo que representa, incluso aislado del conjunto, la belleza autosuficiente.

Algo parecido se puede decir de este Jardín circunmurado, la antología poética del teatro de Shakespeare que ha preparado Christian Law Palacín y que publica Pre-Textos.

“Si se lee su teatro con un mínimo de finura -escribe Law Palacín en un prólogo en el que destaca la calidad excéntrica de su lenguaje teatral-muy pronto emerge el poeta que Shakespeare fue por encima de todo.

Y a destacar la potencia poética del Shakespeare dramaturgo se dedica esta espléndida selección bilingüe de textos extraídos de sus comedias, de sus tragedias y sus dramas históricos. Organizados cronológicamente, son una muestra de ese secreto y exuberante jardín lírico que se oculta tras los muros del teatro shakesperiano.

Christian Law Palacín, que ya dio una excelente medida de su capacidad como traductor de los Sonetos de Shakespeare en Bartleby, se ha ocupado de seleccionar los textos, de hacer cuatro anotaciones imprescindibles y sobre todo de proponer un conjunto de traducciones que ponen en español más de medio centenar de textos de temática, tonalidad y métrica tan variadas como las obras de las que proceden.

Entre Ricardo III y La tempestad, pasando por Enrique V, Como gustéis, Otelo o Cuento de invierno, se reúne en este volumen un brillante conjunto de textos que, gracias a su fuerza poética, se sustentan por sí mismos fuera de la obra a la que pertenecen.

Monólogos en los que se resumen la crueldad, la venganza, la duda o el miedo, y diálogos llenos de buen humor o de pasión amorosa. De estilo elevado o aire popular, de tono solemne o jocoso, son textos de alto voltaje: las palabras que Shakespeare puso en boca de Lady Macbeth o de Troilo, de Viola o de Orsino, de Ricardo de Gloucester o de Falstaff, de Lear o de Otelo, de Próspero o de Caliban.

Cuarenta años después de la antología A choice of Shakespeare’s verse que preparó Ted Hughes, este Jardín circunmurado debería convertirse en un título de referencia entre las cada vez más abundantes y mejores traducciones al español de la obra de Shakespeare.


Santos Domínguez

27 septiembre 2012

La Nouvelle Vague



Michel Marie.
La Nouvelle Vague.
Una escuela artística.
Traducción de Alicia Martorell Linares.
Alianza editorial. Madrid, 2012.

En 2009 se cumplían cincuenta años del comienzo de la Nouvelle Vague, un movimiento cinematográfico francés que a lo largo de los años sesenta se consolidó como una referencia imprescindible en la historia del cine que además sobrepasó los límites estrictos del séptimo arte para convertirse en el símbolo de una nueva época en la cultura, en las costumbres y en la mentalidad europea.

Promovido por directores como François Truffaut, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol o Alain Resnais, dio lugar a películas como Los cuatrocientos golpes, Al final de la escapada, El bello Sergio o Hiroshima mon amour y lo encarnaron figuras como Jeanne Moreau, Belmondo, Brigitte Bardot o Jean-Pierre Leaud.

Con motivo del cincuentenario de la Nouvelle Vague, Michel Marie publicó este volumen que ahora edita en español Alianza en su colección de bolsillo. Un ensayo que hace un recorrido por las claves de una dirección cuya transcendencia cultural enriqueció la literatura y aportó nuevos enfoques narrativos.

La génesis del movimiento, sus propuestas técnicas y su programa estético, los sistemas de producción y distribución, la relación con la escritura, las técnicas de rodaje, los temas y el montaje son algunos de los aspectos que explora y describe este ensayo sobre una de las estéticas más interesantes y con más implicaciones literarias de la historia del cine europeo.


Santos Domínguez

26 septiembre 2012

Samaniego. Veintidós cuentos picantes



Félix María Samaniego.
Veintidós cuentos picantes.
Edición de Alfonso Martínez Galilea.
Ilustraciones de Javier Jubera García.
Pepitas de calabaza. Logroño, 2012.

El jardín prohibido. Así titula Alfonso Martínez Galilea el prólogo que ha escrito para esta selección de Veintidós cuentos picantes de Samaniego que acaba de publicar Pepitas de calabaza con espléndidas ilustraciones de Javier Jubera.

Es un Samaniego muy distinto al conocido fabulista ejemplarizador y didáctico. Semejante al Moratín padre del Arte de las putas, el de estas silvas narrativas, libres y flexibles, es un Samaniego secreto, oral y manuscrito. Porque estos textos circularon clandestinamente y fueron conocidos por ámbitos ilustrados y minoritarios desde finales del XVIII o se diluyeron en la tradición anónima a través de la transmisión oral para la que estaban pensados.

Son los “cuentos verdes” a los que aludía en su Historia de los heterodoxos españoles Menéndez Pelayo, que los conocía y no quería ni siquiera citar los títulos de estas “composiciones nefandas” de un Samaniego que se integraba así en la corriente libertina que tuvo en la Ilustración referentes tan decisivos como Sade o Casanova.

En los últimos años se han sucedido las ediciones de estos textos que muestran, en palabras de Alfonso Martínez Galilea, “un Samaniego en su manera más jocunda, irreverente y viva.”

Cuando las editó López Barbadillo en El jardín de Venus, en 1921, resumía su contenido en estos términos: “burlas de frailes y monjas y mucho chiste y regocijo.”

El descaro, el anticlericalismo, la libertad expresiva que encuentra su mejor cauce en la libertad de los heptasílabos y los endecasílabos de sus silvas recorren estos cuentos cuyo escaso valor literario se compensa con la frescura de un lenguaje sorprendentemente contemporáneo.

Samaniego tuvo problemas con la Inquisición de Logroño, donde ahora aparece esta cuidada edición enriquecida con las ilustraciones sólidas y carnales de Javier Jubera.

Santos Domínguez

25 septiembre 2012

La creación del psicoanálisis


George Makari.
Revolución en mente.
La creación del psicoanálisis.
Traducción de Daniela Morábito.
Sexto Piso. Barcelona, 2012.

Cuando el médico de veintinueve años bajó del tren en el otoño de 1885, era un fracasado.

Con esa evocación de la llegada de Sigmund Freud a París comienza Revolución en mente, un amplio estudio en el que George Makari reconstruye el proceso de fundación y desarrollo del psicoanálisis como una aventura intelectual que empezó en esos años con sus estudios sobre la histeria y que alteraría la manera de entender al individuo, sus pulsiones y su subconsciente.

Como una de las más grandes revoluciones intelectuales del siglo XX define Makari esa aventura creativa y fundacional que llevó a cabo Freud en un contexto cultural crítico e irracionalista.

Pasado casi un siglo, en un momento en el que su legado y la base misma de sus teorías psioanalíticas se ponen en cuestión por el pensamiento posmoderno más reaccionario, este extraordinario ensayo reivindica su herencia, su innegable huella en la cultura contemporánea y su transcendencia filosófica.


Santos Domínguez

24 septiembre 2012

Scott Fitzgerald. Mi ciudad perdida


Francis Scott Fitzgerald.
Mi ciudad perdida.
Edición y traducción
de Yolanda Morató.
Zut ediciones. Málaga, 2011.

Todo se ha perdido salvo el recuerdo, escribe Francis Scott Fitzgerald en el artículo del que toma su título la espléndida reunión de textos autobiográficos del autor norteamericano que integran el volumen Mi ciudad perdida, que publica Zut ediciones con traducción y prólogo de Yolanda Morató.

Es un conjunto de dieciocho textos que el novelista publicó entre 1920 y 1940 en revistas de la época, en dos décadas cruciales en su trayectoria narrativa.

En una carta a su editor, el 2 de abril de 1936, el autor de El gran Gatsby le proponía una edición en libro de este conjunto de artículos. No debió de ser muy convincente, porque ese volumen –que ahora se traduce por primera vez al español- no apareció en vida de Scott Fitzgerald, que murió en 1940 sin verlo publicado, aunque dejó ordenados sus textos y listos para su edición.

Entre el boom y el gloom titula Yolanda Morató un prólogo en el que resalta las líneas que comunican estos textos ensayísticos que trazan la autobiografía literaria de Scott Fitgerald con su escritura narrativa. Autobiografía personal y generacional, crítica social y literaria conviven en estos artículos que no fueron solo un medio de supervivencia en tiempos de escasez económica, sino el reflejo de la quiebra múltiple –sociocultural, moral y económica- de la que fue testigo y víctima.

Entre el boom del éxito literario y social, la prosperidad y los artículos bien pagados y el gloom del fracaso y del pesimismo se mueven las obras narrativas de Scott Fitgerald y estos textos en los que habla con distancia crítica del mundo de los ricos y el dinero, describe con agudeza meticulosa los tiempos de escasez y de abundancia, escribe con lucidez sobre la juventud y el paso del tiempo y une el pasado y el futuro en el presente de la escritura que le permite por ejemplo hacer su autobiografía irónica a través de los licores que bebió en cada momento o de los hoteles en los que se alojó con Zelda Sayre.

En conjunto trazan la crónica de una derrota anunciada, resumen la asimilación de un fracaso cada vez más intenso y sobre todo son el envés de la trama que teje en sus novelas y en sus cuentos quien en alguna ocasión confesó no ssber si era un personaje más de sus relatos.

Y por eso, inevitable y felizmente, muchos de ellos tienen un admirable tono narrativo en la evocación de los altibajos vitales de los que se nutrió su obra de creación: su trayectoria literaria, su experiencia de la universidad en Princeton, la génesis de libros como A este lado del paraíso, la estancia en la Costa Azul o la evocación de su amigo Ring Lardner, en la que parece estar hablando de sí mismo, o la caracterización de su época -la edad del jazz- y de su generación son algunos de los ejes de un libro que, como toda su obra, podría resumirse en la frase de uno de estos textos: la vida entera es un proceso de quiebra.

Santos Domínguez

22 septiembre 2012

Galileo Galilei. Dos lecciones infernales


Galileo Galilei.
Dos lecciones infernales.
Traducción y Posfacio de Matías Alinovi.
Introducción de Riccardo Pratesi.
La Compañía. Páginas de Espuma. Madrid, 2012.

Galileo escribió y leyó estas dos conferencias sobre el infierno de Dante en 1587 por encargo de la Academia de Florencia. Pretendía con ellas afrontar la investigación y la descripción de la ubicación y la forma del infierno, el cual está sepulto en las vísceras de la Tierra, oculto a todos los sentidos y de nadie por ninguna experiencia conocido; adonde es tan fácil descender, y de donde, sin embargo, es tan difícil salir.

Los conciudadanos de Dante le miraban con recelo justamente por eso, porque habían leído la Comedia y creían literalmente que Dante había vuelto del Infierno que siempre se consideró la parte más notable de su obra. Tres siglos después, Galileo aplicaba sus conocimientos científicos y matemáticos a la elucidación topográfica de la ubicación, la forma y la extensión de un lugar que posiblemente es más una metáfora que el territorio subterráneo que Galileo describe en estas dos lecciones.


Santos Domínguez

21 septiembre 2012

Edward Thomas.Traducciones simultáneas




Edward Thomas.
Poesía completa.
Edición, traducción y notas de
Gabriel Insausti Herrera.
Pre-Textos. Valencia, 2012.



Edward Thomas.
Poesía completa.
Traducción de Ben Clark.
Linteo. Orense, 2012.

Auden, Larkin, Brodsky, Heaney, Walcott. Son no sólo cinco referentes imprescindibles de la poesía contemporánea en lengua inglesa. Son también algunos de los más conocidos admiradores de la poesía de Edward Thomas (Londres, 1878 -Arras, 1917), autor de vida breve y de ciento cuarenta y dos textos que constituyen toda su obra poética.

Apenas conocido en español salvo por la traducción de Ben Clark y Borja Aguiló de una pequeña parte de esos textos en Tengo una cita con la muerte, aparece su obra poética completa en dos traducciones simultáneas, la de Gabriel Insausti en Pre-Textos y la de Ben Clark en Linteo.

Escribió toda su poesía en los dos últimos años de su vida, con la intensidad y la maduración vertiginosa de quien sabía que podía morir en los campos de batalla durante la Primera Guerra Mundial, lo que finalmente ocurrió el domingo de resurrección de 1917 en la batalla de Arras.

Como Thomas Hardy, uno de los autores que más influyeron en su obra, pasó de la prosa al verso en un proceso de evolución inusual que invierte los términos habituales, porque lo más frecuente es que el poeta adolescente se convierta en narrador maduro y no lo contrario.

En todo caso, cuando Edward Thomas empieza a escribir poesía tiene a sus espaldas una larga y acreditada trayectoria de veinte libros en prosa, lo que explica en parte la solvencia de sus poemas desde el principio.

Su poesía –lo explicaba él mismo- quintaesenciaba el mundo literario que había construido en esos libros. Por eso, Thomas no es exactamente un poeta de la guerra, sino un autor que se inscribe en la tradición bucólica de las baladas de Wordsworth para unir biografía y naturaleza en un marco paisajístico único: el escenario campestre de South Country, una suerte de paraíso perdido en el que transcurrieron su infancia y su adolescencia.

Thomas escribió la totalidad de su poesía durante la guerra, pero la reflejó en sus versos de manera indirecta y crítica. Sus textos son el testimonio de una Inglaterra tradicional y rural, de una forma de vida en extinción y de una civilización amenazada.

Fue más un poeta de la naturaleza que un poeta de la guerra, que está siempre en el fondo implícito de los campos abandonados y de una naturaleza asilvestrada de la que ha desaparecido la mano agricultora del hombre.

Su núcleo son las cosas del campo de las que escribió entre nosotros alguien tan influido por el tono y los temas de la poesía inglesa como José Antonio Muñoz Rojas. Son versos humildes, de tono apagado, unos “versos débiles” a primera vista -como destacó Derek Walcott- que describen un mundo de pájaros y de prados, de estanques y colinas, de árboles y canciones viejas, de caminos bajo la niebla y paisajes lluviosos.

Apoyados en la mirada y en el oído, descriptivos en su superficie pero dotados de un sentido que se apoya en un tratamiento simbólico del paisaje, los poemas de Thomas son una excepción de calidad en la avalancha de poesía patética e intranscendente que escribieron los soldados ingleses en la Gran Guerra.

Bastan versos como estos, que cierran su poema Libertad, para comprobarlo. Los transcribo en la versión de Gabriel Insausti:

Sigo amando el dolor, amando a medias
lo imperfecto, con lágrimas y risas,
con cuanto tiene un fin, con vida y tierra
y esta sombra que soy bajo la luna.

Santos Domínguez