22 agosto 2011

Vargas Llosa. La orgía perpetua



Mario Vargas Llosa.
La orgía perpetua.
Flaubert y Madame Bovary .

Punto de lectura. Madrid, 2011.

Mario Vargas Llosa pertenece a ese tipo de creadores que, como Auden, Valéry, Eliot o Gil de Biedma, sin descuidar el método, aplican una mirada especial al análisis literario y buscan el corazón de la creación, la obra viva, las claves de lectura y escritura que salen en busca del lector total, en paralelo a la creación total.

En La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary, Vargas Llosa completó uno de sus ensayos más celebrados sobre una novela fundacional que presenta como modelo de obra clausurada, de libro círculo y como reflejo de la rebelión individual frente a la sociedad. Madame Bovary es, además de una creación esencial que inaugura la novela moderna, una obra que cambió la vida del Nobel peruano y le abrió múltiples caminos narrativos:

Cada vez que la he releído, de principio a fin o fragmentos, he gozado infinitamente, por la solidez de su construcción, la limpieza y eficacia de su estilo y las interminables sugerencias y ramificaciones que despierta la intensa y trágica historia de esa campesinita normanda que quiso vivir todas las aventuras que cuentan las novelas y lo pagó tan caro.

En principio se editó como prólogo a la traducción de Consuelo Berges en Alianza. Ahora reedita este brillantísimo ensayo en formato de bolsillo Punto de Lectura.

Santos Domínguez

21 agosto 2011

Ian McEwan. Expiación


Ian McEwan.
Expiación.
Traducción de Jaime Zulaika.
Compactos Anagrama. Barcelona, 2011.

Diez años después de su primera edición en Londres y de su casi inmediata traducción al español, Compactos Anagrama reedita en formato de bolsillo Expiación, una de las novelas más leídas de los últimos años. El amor, la guerra y la literatura, la traición, el silencio y la sorpresa en un entramado técnico perfecto armado con una prosa de alta calidad. Una novela que funciona como un mecanismo de relojería o como un corazón en forma. La mejor demostración de su calidad es que la adaptación cinematográfica, aun conservando cierta dignidad, está muy por debajo del espléndido texto de McEwan y nunca alcanza a reflejar la intensidad emocional del original ni la sutileza del perfil sicológico de los personajes y de su complejo comportamiento. Dentro de un siglo, si sigue habiendo lectores de novelas, Expiación será uno de los clásicos de la narrativa del siglo XXI.

Santos Domínguez

19 agosto 2011

Salinger. Nueve cuentos


J. D. Salinger.
Nueve cuentos.
Traducción de Elena Rius.
El libro de bolsillo. Alianza. Madrid, 2011.


De Un día perfecto para el pez plátano a Para Esmé, con amor y sordidez o El periodo azul de Daumier-Smith, nueve relatos que Salinger publicó en 1948. Con la tragedia reciente de la Segunda Guerra Mundial al fondo, sus protagonistas suelen proyectar su mirada adolescente, femenina o infantil sobre un paisaje de incertidumbre, de pérdidas y destrucción. Salinger había visto de cerca ese paisaje en el desembarco de Normandía y en la liberación de los campos de exterminio. Nueve historias tan intensas como El guardián entre el centeno, tan opacas a veces como la vida pública de Salinger, que escribió en todas ellas la trama de un secreto. Las reedita en bolsillo Alianza con una espléndida traducción, llena de sutileza, de Elena Rius.

Santos Domínguez

18 agosto 2011

Alfonso Vázquez. Livingstone nunca llegó a Donga


Alfonso Vázquez.
Livingstone nunca llegó a Donga.
Prólogo de Luis Alberto de Cuenca.
Breviarios de Rey Lear. Madrid, 2011.

Es la primera enciclopedia ilustrada de bolsillo sobre la inaccesible República Democrática de Donga, en el corazón del África negra. La publica Rey Lear y la ha escrito Alfonso Vázquez, que aclara su etimología y analiza su sistema político, describe su fauna y su flora, su clima y su agricultura. La literatura, la música, el ejército y la arquitectura, la filosofía y los deportes de un país que pertenece “al vasto territorio de los sueños.” El humor y la parodia, la imaginación y la ironía recorren este libro y el prólogo minucioso y autobiográfico que ha escrito para la ocasión Luis Alberto de Cuenca.

Santos Domínguez

17 agosto 2011

Vauvenargues. Reflexiones y máximas


Vauvenargues.
Reflexiones y máximas.
Traducción de Manuel Machado.
Prólogo de José Luis García Martín.
Renacimiento. Sevilla, 2011.

Confundidos a menudo con filósofos, los moralistas franceses no aspiraban a crear un sistema cerrado de pensamiento, sino que preferían habitar en el fragmento, en la intuición abierta, en lo concreto y la experiencia de lo vivido. En este tipo de literatura importa mucho la concisión, pero más aún el ingenio, la subjetividad y la agudeza de su mirada profunda sobre el hombre y la sociedad.

El marqués de Vauvenargues, uno de sus más destacados cultivadores del género, representa el paso del pesimismo barroco a la racionalidad del siglo de las luces. Más que optimismo, lo que hay en él es una comprensión benévola e indulgente de la realidad. En su colección A la mínima, Renacimiento recupera la traducción que hizo Manuel Machado en 1914 de sus Reflexiones y máximas: Si no se escribe porque se piensa, es inútil pensar para escribir.

Santos Domínguez

15 julio 2011

Los barcos se pierden en tierra


Arturo Pérez-Reverte.
Los barcos se pierden en tierra.
Alfaguara. Madrid, 2011.

A la vez que anuncia para este otoño la aparición de El puente de los asesinos, la séptima entrega de las aventuras del capitán Alatriste, Alfaguara publica Los barcos se pierden en tierra, un volumen que recoge cerca de cien textos y artículos de Arturo Pérez-Reverte sobre barcos, mares y marinos, escritos entre 1994 y 2011, publicados la mayoría, inéditos algunos.

Hay mucho mar, del de los libros y del de verdad —del que te ahogas, vamos— en las páginas que siguen. Hay sangre chorreando por los imbornales, Stevenson y Mac Orlan, y Justin Scott, y a la vez meteorología, borrascas perfectas, defensa del atún, medusas, aventuras con las lanchas aduaneras y capones a los marinos de agua dulce que exhiben calzado de moda en el pantalán. Y hay, claro, mucho Pérez-Reverte.(...) El mar esencializa su amor por la aventura y por la belleza indómita del mundo, su coraje y su sentido elevado de la amistad y del honor, su romanticismo y su humor, pero también sus nostalgias, tristezas y pesimismos —«el mar auténtico no interesa en España», deplora como un Larra marino—, su vehemencia, su bronca relación con lo que le disgusta, su cinismo y esa inexplicable misantropía rayana a veces en la crueldad que tanto nos asombra a sus amigos, señala Jacinto Antón en el texto introductorio (Sopla el viento en las jarcias, bajo las estrellas) que ha escrito para presentar esta amplia recopilación de artículos de Pérez-Reverte sobre mares y barcos.

Desde los dos primeros (Paco el Piloto y El chulo de la isla), dos artículos de 1994, quedan fijadas las tonalidades de estos textos, en los que conviven las múltiples voces de Pérez-Reverte: el lírico y el gamberro, el narrador de talento (un simple Tusitala de infantería) y el articulista bronco y valiente que denuncia los abusos de un oficial macarra o las depredaciones de las flotas pesqueras, el aventurero solitario y el pesimista incorregible, el escritor políticamente incorrecto y el navegante que mantiene una ambigua relación amorosa con el mar, el que rinde homenaje a la gente marinera y el que ajusta las cuentas a los balleneros, a los atuneros o a los tripulantes horteras de motos náuticas.

Y así en una marea creciente de palabras, el lector llega al último, espléndido artículo que da título a la recopilación: Los barcos se pierden en tierra, un texto de este mismo año en el que Pérez-Reverte se funde y se confunde con Ulises en una épica y una lírica del mar, de la aventura y de la navegación como metáfora de la vida.

Hay en esta recopilación un texto central: El doblón del capitán Ahab, que resume el mundo literario y vital de Pérez-Reverte, un texto que navega por su memoria y expresa su relación con el mar como espacio esencial de aventura, y evoca sus lecturas sobre temas marítimos y hasta su concepto de la narración.

Comparten estas páginas, escritas con la pasión del lector y la pericia del navegante, Ulises y el capitán Haddock, la vida y la literatura, los libros y los sueños, las batallas navales y las novelas, los bares portuarios con gente callada y solitaria, los domingueros con la familia a bordo del fueraborda, los cuarentones panzudos con música hortera, bañadores floridos y multiusos y pañuelo en la cabeza. A esos piratas chungos, a esos Cantinflas de playa en motos náuticas dedica uno de sus artículos, que termina con este lamento sobre esa nueva plaga que ataca la costa:

Sea usted hace tres o cuatro siglos un cabrón como Dios manda, asalte galeones españoles, saquee Maracaibo, cuelgue a capitanes enemigos del palo mayor, pase a los prisioneros por la tabla o por la quilla, viole a la sobrina del gobernador de Jamaica, abandone a tripulantes amotinados en una isla desierta, vuele su barco desarbolado para no caer en manos de los jueces del rey, o termine sus días como digno pirata, ahorcado, y ponga tan amena y edificante biografía bajo la bandera negra de los bucaneros, para que esa misma enseña, cuya vista antes helaba la sangre, termine en número de circo, enarbolada por media docena de Cantinflas de playa.

Qué tiempos éstos, me dije, en que cualquier cagamandurrias puede tirárselas de pirata. No hay derecho a que también metan mano en eso, y ya no se reverencia ni lo más sagrado. A que la bandera más respetable de la Historia, elegida voluntariamente por lo mejor de cada casa, por los salteadores y asesinos y golfos y canallas que en nombre de la libertad, de la codicia o de la aventura se pasaban por la bisectriz todas las otras banderas inventadas por reyes y por curas y por banqueros, termine en la zodiac de unos tiñalpas espantando a las gaviotas con música discotequera. No hay derecho a que los sueños de niños que todavía miran el mar buscando su memoria en viejos libros escritos por Exmerlin y por Defoe, con espeluznantes grabados de abordajes, ejecuciones, saqueos y orgías, sean profanados de éste modo por una panda de retrasados mentales. Y entonces lamenté de veras, voto a tal, que el velero amarrado algo más allá no fuese un bergantín de antaño con la tripulación adecuada y el nombre escrito en la patente de corso auténtica y en blanco que una vez me regaló un amigo. Porque entonces, me dije, esa misma noche mandaría a tierra al contramaestre con un trozo de leva de los gavieros más duros, a fin de que cuando esos capullos de la banderita estuviesen bien mamados en un bar, los reclutasen a hostia limpia como en los viejos tiempos. Y luego despertaran a bordo en mitad del océano, comiéndose por el morro una campaña de quince meses en las Antillas, tirando de las brazas bajo el rebenque, subiendo a las vergas para tomar rizos con vientos de cincuenta nudos, antes de obligarlos a cavar sus propias fosas junto al cofre del tesoro, con el loro Capitán Flint gritándoles guasón en la oreja: «¡Piezas de a ocho!... ¡Piezas de a ocho!».


Frente a esa chusma que llena los megapuertos y se tuesta en los pijoyates, en la literatura y en la vida resisten aún los puertos viejos y sabios, y en ellos, todavía, otra raza marinera de gente de ángulos oscuros y lluviosos corazones de noviembre.

A lo largo de la mayoría de estos textos hay una reflexión descarnada sobre el pasado y el presente de España. Esa reflexión a veces tiene la forma irónica de una alegoría crítica y esperpéntica (Remando espero) y otras veces rinde homenaje a los Marinos ilustrados: Ojalá esta pobre España ágrafa y brutal, patio navajero y ruin, de toque de corneta, sable y paredón, a la que ni siquiera el diseño moderno logra barnizar el alma negra, hubiera tenido miles de hombres como ésos en los palacios, en los castillos y en los cuarteles, en las capitanías generales y en los puentes de los barcos.

Santos Domínguez