30 junio 2011

Equipaje de vacaciones. Narrativa

Pierre Bergounioux.
Una habitación en Holanda.
Traducción de David Stacey.
Minúscula. Barcelona, 2011.

Por una vez, el sueño de la razón no produjo monstruos, sino el Discurso del método, que Descartes soñó en Suabia y escribió en Holanda. En un breve e intenso libro, a medio camino entre el ensayo y la narración, Pierre Bergounioux hace un recorrido por los orígenes de la modernidad y por la aceleración histórica que provocaron las obras de Montaigne, Shakespeare o Cervantes, que modificaron el sentido del mundo.

Pero lo que aborda inolvidablemente Una habitación en Holanda, que publica Minúscula, es la peregrinación geográfica e intelectual de Descartes en busca de un territorio propicio para el pensamiento. Lo encontró finalmente en la libertad, la soledad, el silencio y el clima inhóspito de los Países Bajos. Ese exilio voluntario y distanciado le permitió reflexionar, redactar su obra y redibujar el mundo, lejos de la costumbre, lejos de las certezas de los paisajes conocidos.


Clemens Meyer.
La noche, las luces.
Traducción de Ernesto Calabuig.
Menoscuarto. Palencia, 2011.

Quince relatos que llevan al lector al territorio desolado de la desesperanza, la oscuridad y la carencia. Hay más noche que luces en unos textos que transcurren en ambientes urbanos y en interiores sórdidos en los que sobreviven unos personajes que habitan los márgenes de la sociedad alemana posterior a la caída del muro de Berlín.

Clemens Meyer da cuenta en estos relatos de unas vidas sombrías marcadas por el alcohol, el paro o la delincuencia, por las relaciones conflictivas con el mundo y con los demás.

La noche, las luces, el primer libro que se traduce del alemán Clemens Meyer, lo publica Menoscuarto y contiene quince cuentos unidos por la fuerza expresiva del narrador que habla en primera persona de un presente sin futuro. Hemingway en Leipzig.


Oscar Wilde.
La importancia de ser socialista.
Traducción de Óscar Palmer.
Breviarios de Rey Lear. Madrid, 2011.

El Wilde más provocador, ácido e ingenioso, capaz de extraer matices insospechados a cualquier planteamiento ideológico, a cualquier situación social. El dandismo, la paradoja, el cinismo y la mordacidad recorren La importancia de ser socialista, unos textos en los que Oscar Wilde abordó el socialismo como un proceso que debería dar como su mejor fruto el individualismo. Un nuevo individualismo que debería ser también un nuevo helenismo.

Tras La importancia de no hacer nada y La importancia de discutirlo todo, que Rey Lear publicó en esta misma colección, Oscar Wilde escribió en 1891 el ensayo El alma del hombre bajo el socialismo, que se recupera ahora con una nueva traducción y un título que lo conecta con los dos libros anteriores.

Szilárd Rubin.
Breve historia de un amor eterno.
Traducción de Éva Cserháti
y Antonio Manuel Fuentes Gaviño.
BackList. Barcelona, 2011.

Con un título que, por desorientador, es quizá lo peor del libro, BackList publica Breve historia de un amor eterno, una excelente novela del húngaro Szilárd Rubin (1927-2010). La peripecia problemática de Attila y Orsolya y de sus amores imposibles va mucho más allá de la mera relación amorosa o de la sexualidad desatada que acaban desarrollando. Como en todas las novelas verdaderamente importantes, en ella cabe el mundo: la sociedad húngara de la posguerra, las relaciones personales, la felicidad y la crueldad, la destrucción del tiempo, la realidad y los sueños, la sangre y la belleza, el espíritu y la carne en una violenta espiral de contradicciones que se anuncia ya en la paradoja de la breve eternidad del título.

Ángel Zapata.
Las buenas intenciones y otros cuentos.
Páginas de Espuma. Madrid, 2011.

No es frecuente que un libro de relatos se reedite. Una de las felices excepciones es esta recuperación que hace Páginas de Espuma de una de las mejores colecciones de relatos de los últimos diez años, Las buenas intenciones y otros cuentos, de Ángel Zapata. Catorce relatos que conectan con la mejor tradición de la narrativa breve del medio siglo en España, especialmente con el magisterio de Medardo Fraile. Entre la normalidad y la extrañeza, hay en estos relatos personajes que respiran lo normal y se asombran de vez en cuando, mediadores en peleas de perros y un pirómano misterioso, el más allá de un hombre borroso o un niño que pregunta dónde viven los inicuos, unas mollejas de pollo que están duras y provocan una rebelión a bordo tras cruzar el Cabo de Hornos con viento favorable, dos náufragos que recorren una isla de Oceanía para hacer montoncitos de letras huérfanas. Catorce historias variadas en temas, técnicas y tonos, en los que lo excepcional irrumpe en la realidad cotidiana y el humor convive con la rebeldía en un volumen que se completa con un epílogo -Quince apuntes en torno al cuento- en el que Zapata resume resume su poética del cuento: el realismo desvía al cuento de su vocación, porque lo propio del cuento es que no apunta a la realidad.



Karel Capek.
Hordubal.
Traducción y notas de
Patricia Gonzalo de Jesús.
El olivo azul. Córdoba, 2011.

Con Hordubal (1933), El Olivo Azul empieza a publicar la Trilogía Noética de Karel Capek (1890-1938), uno de los autores en lengua checa más importantes del siglo XX. Capek, uno de los fundadores de la ciencia ficción con obras como La krakatita, que se tradujo en esta misma editorial, escribió en Hordubal una novela psicológica y una trama policial sobre la justicia y la culpa, sobre la opacidad de las conductas, sobre la identidad y las motivaciones secretas del comportamiento. La conciencia, la verdad problemática, el amor y el pecado constituyen el fondo narrativo de esta novela basada en un caso real de asesinato a partir de la peripecia de un personaje que vuelve a su casa tras ocho años como emigrante eslovaco en Estados Unidos.


Marcos Giralt Torrente.
El final del amor.
Páginas de Espuma. Madrid, 2011.

Marcos Giralt Torrente reúne en El final del amor (Páginas de Espuma) cuatro relatos -casi cuatro novelas cortas por su ritmo narrativo y por la profundidad de los personajes- sobre amores desarticulados, con protagonistas que viven entre la desorientación y la apatía. Nos rodean palmeras, Cautivos, Joanna y Última gota fría se titulan las cuatro exploraciones en la relación amorosa desde distintas perspectivas narrativas. Cuatro indagaciones en primera persona sobre el fracaso de las relaciones personales. Este libro, que obtuvo el II Premio internacional de narrativa breve Ribera del Duero, confirma a Giralt Torrente como uno de los autores más sólidos e interesantes de las últimas promociones narrativas.



Norah Lange.
Personas en la sala.
Prólogo de Carola Moreno.
Barataria. Humo hacia el sur. Barcelona, 2011.

Durante mucho tiempo Norah Lange (Buenos Aires, 1905-1972) ha visto limitada su presencia en la historia de la literatura argentina a una triple condición extraliteraria: la de ser amiga de Borges, musa de la vanguardia bonaerense y mujer de Oliverio Girondo. A sacarla de esa tiniebla contribuyó no hace mucho la edición de su obra completa. La publicación ahora de Personas en la sala en la colección Humo hacia el sur de Barataria obedece a ese mismo afán de rescate de una obra injustamente postergada. Empezó su actividad como poeta para acometer después la exigente labor de una prosa narrativa dotada de una ambición innovadora que asume lo mejor de la herencia vanguardista sin renunciar a la comunicabilidad. Esta novela de 1950 es una de sus mejores obras, “un juego de exhibicionismo y voyeurismo a partes iguales”, como señala en su excelente prólogo Carola Moreno.


Camilo José Cela.
La rosa.
Austral. Madrid, 2011.

Entre el recuerdo y la ficción, entre la prosa lírica y la capacidad narrativa, entre la descripción y el diálogo, La rosa es el primer volumen de un proyecto de memorias que Cela concibió bajo el título general de La cucaña. Aparecieron en 1959, cuando su autor ya gozaba de un prestigio que el tiempo ha ido mermando. En todo caso, la evocación de la infancia entre 1916 y 1923 en una Galicia rural, la calidad y la eficacia de su prosa, la suma de humor negro y melancolía hacen de este libro que publica Austral por primera vez en formato de bolsillo y con abundantes ilustraciones una de las obras de Cela que mejor han soportado el paso del tiempo.


Santos Domínguez

29 junio 2011

Equipaje de vacaciones. Poesía


María Victoria Atencia.
El umbral.
Pre-Textos. Valencia, 2011.

El último libro de María Victoria Atencia es un escalón más en el continuo proceso de depuración formal y espiritual de su poesía. Una poesía reflexiva y sensorial que comparte con el pájaro y el árbol su doble vocación de luz y altura, encauza sus imágenes en el ritmo sereno de sus versos y en una honda conciencia de la temporalidad y la belleza del mundo. En El umbral, como en toda su obra, la elegancia, la armonía y la serenidad de su palabra son un ejercicio constante de hondura meditativa, de delicadeza en la contemplación estética y de búsqueda de trascendencia y de fusión con una realidad más alta a través de la mirada sutil a la naturaleza o de la experiencia amorosa: Descansaba yo en paz, alta la tarde, / y estaba el cielo en paz y tú venías.



Javier Reverte.
Poemas africanos.
Versos de Cordelia. Madrid, 2011.

El cielo era un lamento de cuchillos: / así el desierto. Veinte años de poemas se reúnen en estos textos que Javier Reverte escribió en sus viajes por África. Las costas del Sáhara, Zanzíbar, Fez, Tindouff, Ifni, Río Muni o Essauira son los lugares en los que surgieron estos Poemas africanos que completan la imagen del espléndido narrador de viajes que es su autor. Está en ellos el continente del alto Atlas y las interminables costas atlánticas, los desiertos y la vegetación, la cara y la cruz de África: océanos de hambre, / secas tierras sin alma (...) el jugo de la selva empapando la carne / y un canto milenario de tambores /que celebran la vida.


José María Millares Sal.
Krak.
Calambur. Madrid, 2011.

En Las Palmas, en febrero de 2009, fechó José María Millares Sal su último libro, Krak, que dejó preparado unos meses antes de morir. Como Liverpool, como Esa luz que nos quema, como los Cuadernos, este es un libro asombroso, pero aún más radical. Krak es el nombre del intruso que irrumpe como un torbellino en la vida del poeta en 2008 para desordenar el mundo y someterlo a la lógica del caos. Sonriente y diabólico, brutal y corrosivo, Krak -un espíritu sin espíritu- recorre perturbadoramente estos poemas visionarios con una libertad y una potencia que va más aún más allá del resto de los libros de Millares Sal.



Juan Miguel González.
Visión de la piedad.
Prólogo de Ignacio Gómez de Liaño
Libros del Aire. Madrid, 2011.

Libros del Aire publica una nueva entrega de la colección Jardín Cerrado. Visión de la piedad, del malagueño Juan Miguel González, es un libro de fondo dionisiaco que Gómez de Liaño inscribe en su prólogo en una teología poética heredera de Jorge Santayana. Sus tres partes (Visión de la piedad, Espacio de la celebración y En la clara palabra) completan un recorrido existencial y celebratorio en el que conviven los otoños y el mes de marzo, la fugacidad y los paisajes animados, la melancolía y la plenitud, las preguntas en la noche y los jardines, el amor y la muerte, el consuelo de la palabra, la contención del verso, la mirada clara hacia lo oscuro: cuervo del corazón, sangre en la nieve.


Ilse Aichinger.
Consejo gratuito.
Traducción e introducción
de Rosa Marta Gómez Pato.
Linteo. Orense, 2011.

Con un frontispicio de Antonio Gamoneda y edición de Rosa Marta Gómez Pato, Linteo publica Consejo gratuito, de la poeta austríaca Ilse Aichinger (Viena, 1921). Apareció en 1978, cuando su autora tenía 57 años, y es su único libro de poemas. En él proyecta Ilse Aichinger su mirada crítica contra el silencio y la falta de memoria histórica sobre el pasado del nazismo, sobre su secuela de cicatrices y humillaciones. La calidad y la intensidad de sus poemas son una contestación a los automatismos del lenguaje convencional, presentan la realidad conocida desde la perspectiva inédita de la extrañeza. Esa exploración nueva de la realidad que plantean sus textos tiene como base otra exploración de carácter estilístico que da lugar a la subversión verbal de los poemas. De la suma de esa heterodoxia en la reflexión poética y del radical inconformismo de sus enfoques estilísticos, surge este Consejo gratuito, que está considerado como uno de los libros fundamentales de la poesía en alemán de los últimos cincuenta años.


Robert Browning.
La apología del obispo Blougram.
Introducción y traducción de Carlos Pujol.
Pre-Textos. Valencia, 2011

Nos interesa el límite peligroso de las cosas./ El ladrón honesto, el asesino sensible,/ el ateo supersticioso. Con esos versos de la Apología del obispo Blougram, de Robert Browning, abría Orhan Pamuk su novela Nieve. Son tres de los mil versos del soliloquio del obispo católico, que constituyen “uno de los poemas más asombrosos de toda la literatura universal”, como señala Carlos Pujol en el prólogo que ha preparado para su traducción de esta edición bilingüe que publica Pre-Textos. Un texto en el que se concentran monólogo y debate, ironía y controversia a lo largo de un soliloquio ambiguo y desconcertante que sigue planteando preguntas y desconcertando al lector con incertidumbres y paradojas como las de los versos que evocaba Pamuk. Esa ha sido en el fondo una de las misiones de la literatura.



Luis García Montero.
Ropa de calle.
Antología poética (1980-2008).
Edición de José Luis Morante.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2011.

Entre lo íntimo y lo público, entre la poesía urbana y la poesía como conocimiento, rascacielos y aviones, aeropuertos y playas, teléfonos y taxis, cervezas y divorcios son algunos de los escenarios y los decorados materiales y sentimentales en los que transcurre la obra poética de García Montero. Desde los libros de los años ochenta hasta Vista cansada, que coincidía en su publicación con los cincuenta años del poeta, Ropa de calle recoge tres décadas de poesía de Luis García Montero. El volumen, que acaba de aparecer en Cátedra Letras Hispánicas, va presentado por una introducción de José Luis Morante, que se ha ocupado también de la amplia selección de textos. La poesía como necesidad de estarle hablando / a una silla vacía.



Carlos Edmundo de Ory.
Los aerolitos.
Prólogo de Félix Grande.
Calambur 20 años. Madrid, 2011.

En la espléndida colección conmemorativa de sus veinte años, Calambur publica Los aerolitos, de Carlos Edmundo de Ory, una amplia antología de sus textos más característicos. Seleccionados por su autor y prologados por Félix Grande, son chispazos verbales, relámpagos escritos desde el asombro y la inocencia de una mirada inaugural (soy un sabelonada) o desde el desengaño que no se permite el patetismo. Beligerantes o celebratorios, en los aerolitos conviven la risa y el llanto (Mis muletas: el espanto y el humor), el fulgor y la noche, el juego y el fuego, lo admirable y lo preocupante, como señala Félix Grande en su prólogo Aerolitos delfines.

Mi oficio es encender llamas, escribe en uno de ellos Ory. Entre la revelación verbal y el aullido del lobo en la noche, entre el calambur y la metáfora, los aerolitos son fuegos de palabras de quien, mano a mano con la nada, es testigo de la dolorosa felicidad del hombre, de quien hizo del desierto su patria, hablaba de usted a los árboles y pobló con la duda su única certeza.

Porque Ory se veía a sí mismo como un limpiabotas del verbo y veía el mundo como una fábrica de lágrimas, pero sabía también que un poema es la autobiografía del sueño y que la poesía es un vómito de piedras preciosas.


Santos Domínguez

27 junio 2011

Colette. El fanal azul


Colette.
El fanal azul.
Traducción de Adolfo García Ortega.
BackList. Barcelona, 2011.

Pese a que me había prometido no escribir nada más después de La estrella vespertina, ahora voy y lleno doscientas páginas con algo que no son ni unas memorias ni un diario. Que mi lector se aguante: como un fanal de día y de noche, azul entre dos cortinas rojas, muy pegada a la ventana como una de esas mariposas que se duermen en su interior por la mañana en verano, mi lámpara azul no alumbra acontecimientos del rango de esos que dejan atónitos.

Así justificaba Colette la escritura de El fanal azul, que publica BackList con traducción de Adolfo García Ortega.

La novelista escribió estos textos entre 1946 y 1948, poco antes de su muerte. Para entonces tenía unos setenta y cinco años y era una mujer marcada por el dolor y por la limitación física de una artritis que había hecho de ella una inválida lúcida que no se resigna a renunciar a la vida ni a la escritura y que ilumina sus días y sus noches con una lámpara cuya luz azul ilumina los folios azulados en que escribe. Es el fanal azul al que alude el título, pero es también una metáfora de la memoria y de la mirada de la escritora sobre su mundo:

Quería que este libro fuese un diario. Pero no sé escribir un verdadero diario, es decir, conformar cuenta tras cuenta, día tras día, uno de esos rosarios a los que la precisión del escritor, la consideración que tiene de sí mismo y de su época, bastan para dar valor, como el color de una joya. Escoger, anotar lo que fue notable, quedarse con lo insólito, eliminar lo banal, etcétera, no es lo mío, porque la mayor parte del tiempo suele ser lo cotidiano lo que me llama la atención y me vivifica.

Es un mundo marcado por el paso del tiempo, por la pérdida de los amigos muertos, por lugares como Ginebra, París, Beaujolais o Grasse. Y por un presente doloroso y limitador que se asume como una expresión de la vida, igual que la fugacidad de los días:

Los días pasan idénticos, acuciados por desaparecer, llevando cada uno clavado en su centro, en su ascenso, en su descenso, la punzante petición de vida que es el dolor físico.

Porque estos textos de Colette están atravesados por los pájaros y las flores, por las huertas y los jardines, el cine y la música, por amigos como Jean Marais y Cocteau, por los perros y los niños molestos, por las cartas que recibe, por una emocionada evocación de su amiga, la actriz Marguerite Moreno, por las reuniones que presidía en la Academia Goncourt, por una ilimitada capacidad de asombro y por unos recuerdos que nunca dejan paso al patetismo ni a la autocompasión: Nada va a peor, la que se aleja soy yo, tengamos calma.

Se alejó definitivamente en 1954, cinco años después de la publicación de El fanal azul. Fue lo último que escribió, pero no descartaba seguir escribiendo. Lo anunciaba así al final del libro:

Con humildad, voy a seguir escribiendo. No hay otra elección para mí. Pero ¿cuándo se deja de escribir? ¿Qué avisa de su final? ¿Alguna torpeza de la mano? Antes creía que en la tarea de escribir sucedía como en los demás trabajos; soltada la herramienta, se exclama de alegría: "¡Acabado!", y se sacude uno las manos, de las que llueve el polvillo de una arena que se ha tenido por preciosa... Pero en la figura que describe ese polvillo de arena sólo se lee esta palabra: "Continuará..."

Santos Domínguez

24 junio 2011

Milosz. Antología poética


Czesław Miłosz.
Tierra inalcanzable.
Antología poética.

Traducción de Xavier Farré Vidal.
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2011.

En la esencia de la poesía hay algo indecente:
brotan de nosotros cosas que no intuíamos tener,
así que pestañeamos como si de nosotros saltara un tigre
y estuviera iluminado golpeándose los flancos con la cola.


Es una de las estrofas de ¿Ars poetica?, un poema que Czesław Miłosz escribió en Berkeley en 1968. En aquella universidad fue profesor durante décadas uno de los mejores poetas que dio el siglo XX.

Y ese texto, que es uno de sus poemas centrales, forma parte de Ciudad sin nombre, uno de los quince libros que se recogen en Tierra inalcanzable, la amplia antología poética de Czesław Miłosz que acaba de publicar Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores con traducción, selección y prólogo de Xavier Farré Vidal.

Este libro será uno de los referentes de la celebración del año Milosz con motivo del centenario de su nacimiento en Lituania en 1911. Milosz evocaría aquel país como un territorio de leyendas mitológicas y de poesía, con una naturaleza a la medida del hombre. Y aunque siempre se consideró un poeta polaco -pues esa era la lengua que hablaba y en la que escribía- y no lituano, los paisajes y el espíritu de Lituania nunca lo abandonaron, como recordaba el poeta en su discurso de recepción del Nobel en diciembre de 1980.

Había nacido en Vilna, la ciudad que fue cambiando de nombre con las vicisitudes históricas que hicieron de Lituania una parte del Imperio ruso, una región polaca, una república de la URSS y por fin un país independiente. Es la ciudad sin nombre que da título a uno de los libros más importantes de Milosz, una metáfora del poeta, de su identidad personal, de sus cambios de lugar. Por eso en la memoria arcádica de la infancia y los bosques lituanos buscará Milosz su verdadera patria y algunos de los referentes de su mundo.

También su poesía, unitaria si se la ve como un proceso coherente, muestra una constante evolución. En la obra de Milosz, que para poetas como Joseph Brodsky o Seamus Heaney es una de las cimas de la literatura del siglo XX, conviven la mirada reflexiva sobre la naturaleza con la ambición visionaria y la memoria personal con la convulsa historia política de la Europa contemporánea.

Se recogen en esta antología abundantes muestras de dieciocho libros: desde el irracionalismo de los primeros -Poema sobre el tiempo congelado y Tres inviernos- hasta los póstumos Últimos poemas, pasando por libros cruciales como Salvación o Tierra inalcanzable, del que toma título esta selección que recorre muchos de los poemas memorables de Milosz:

Convertido tan sólo en una mirada, seguiré absorbiendo las proporciones del cuerpo humano, el color de los lirios, una calle parisina en junio, al alba, toda esta incomprensible abundancia, la incomprensible abundancia de las cosas visibles.

Entre dos formas extremas de concebir la poesía –las que representan Orfeo y Tiresias- sitúa Seamus Heaney una parte fundamental de la obra de Milosz:

Miłosz –escribía Heaney- reconstruye el mundo eterno de un niño a la orilla de un río y, al mismo tiempo, expresa la desesperación de un adulto cuyo nombre “está escrito en el agua”.

En esa mezcla de meditación y revelación, en la integración de la herencia de T. S. Eliot y el salmista, de Virgilio y Cavafis, residen muchas de las claves del mundo poético de un poeta elegiaco y epifánico a un tiempo, como subraya Xavier Farré en el prólogo de esta edición, la más completa en español de un poeta fundamental en la literatura del siglo XX, que cerraba así su ¿Ars poetica?:

Porque un poema se escribe raras veces y con desgana,
bajo una presión inaguantable y sólo con la esperanza
de que buenos y no malos espíritus nos tengan como instrumento.

Santos Domínguez

22 junio 2011

Jardiel en Hollywood


Enrique Jardiel Poncela.
A 40 kms del Pacífico
y 30 de Charles Chaplin.

Prólogo de Evangelina Jardiel Poncela.
Rey Lear. Madrid, 2011.

En noviembre de 1943 firmaba Enrique Jardiel Poncela el prólogo de un libro misceláneo, Exceso de equipaje, complementario de su anterior Libro del convaleciente. Ese volumen lo abría Mis viajes a Estados Unidos, donde Jardiel recogió los artículos que había publicado en la prensa sobre las impresiones que le produjeron sus dos viajes a Hollywood entre 1932 y 1935 para trabajar allí durante dos temporadas como guionista de la Fox.

Un viaje que comienza en París, pasa por Nueva York para comprobar lo difícil que es pisar el asfalto en Broadway y llega a Los Ángeles para terminar en la mesa revuelta de Hollywood.

Jardiel pasa en los primeros capítulos de la descripción de los compañeros de viaje en tren -en Cheyenne, Wyoming, Estados Unidos, vive cierto señor, llamado Phineas Simpson, que es un animal de bellota-al diario de viaje en barco -Comer; hacer gimnasia; aburrirse elegantemente; fumar sin ganas; leer sin ganas; pasear sin ganas; bailar sin ganas (...) La vida a bordo no es muy alegre. Pero, en cambio, las fiestas son tristísimas-, o al demoledor tratado de gastronomía: Aquí estoy yo, por ejemplo, luchando, ebrio de odio, contra un brawn hindquarters of lamb, que si se lo sirven en la cárcel a Gandhi justifica por entero sus huelgas del hambre.

Un incidente en la oficina de inmigración, los rascacielos de Manhattan, las cataratas de gente que suben y bajan al subway en Broadway, los barrios de Nueva York -la descripción tiene que ser vertiginosa-, el recuerdo de Al Capone –el álgebra al servicio del asesinato- en Chicago-un pueblo cuyo nombre aún da miedo-, los viajes en tren a través de miles de kilómetros -La realidad de los días de viaje es un paisaje de una monotonía que hace llorar. Desiertos, desiertos, desiertos... Campos, campos, campos... Y estaciones de gasolina Richfield, estaciones de gasolina Richfield, estaciones de gasolina Richfield (…)¿Por qué al viajar por Estados Unidos se piensa, ante todo, en que está uno cruzando un solar? –hasta Los Ángeles -a 40 kilómetros del Océano Pacífico y a 30 de Charles Chaplin.

Y ya en Hollywood, los actores, la industria del cine, las fiestas, los restaurantes, el panorama - En el cielo andaluz flotan dirigibles-, una película de la ciudad de las películas, una ciudad en la que se trasnocha como en Madrid y se madruga como en Burgos, con calles tan en cuesta, que son un poco menos verticales que las paredes, los teatros para negros, los «burlescos», los restaurantes, las tiendas de tonterías y las Navidades -Baila uno no sabe con quién; bebe uno no sabe con quién, y se besa uno no sabe con quién. La pechera del smoking queda llena de números de teléfono que han ido escribiendo en ella los hombres y las mujeres con los que, sin enterarnos, hicimos amistad circunstancial a lo largo de la noche- o una noche de estreno en Fox Hills

La reedición de Rey Lear, prologada por su hija Evangelina, incorpora, además de un monólogo que Jardiel escribió para la actriz Catalina Bárcena en 1932 sobre las intimidades de la ciudad del cine, un abundantísimo material gráfico –postales, fotografías, facturas, sellos, la carta de un menú o un posavaso- que ilustra y documenta aquella aventura americana de un Jardiel Poncela que estaba entonces en su plenitud creativa como dramaturgo y como prosista de vanguardia. Su mirada incisiva, asombrada o ingenua, su humor y su ingenio recorren estas páginas que mantienen su frescura por encima del tiempo.

Santos Domínguez

20 junio 2011

El desguace de la tradición


Javier Aparicio Maydeu.
El desguace de la tradición.
En el taller de la narrativa del siglo XX.
Cátedra. Madrid, 2011.

Si en su anterior Lecturas de ficción contemporánea, que publicó también Cátedra, Javier Aparicio Maydeu trazaba un mapa de la narrativa del siglo XX, en su reciente El desguace de la tradición se convierte en un maestro de taller que escribe un manual de mecánica y nos abre así la puerta de la lectura de la novela contemporánea.

Una puerta que se abre en el mismo lugar que en el libro anterior: en la calle donde está el taller Kafka, de donde arranca la metamorfosis del realismo tradicional, y llega hasta la posmodernidad de DeLillo y la cultura de masas, hasta Italo Calvino, El loro de Flaubert de Julian Barnes y Foster Wallace -un geniecillo encerrado en la botella de la tradición.

En este espléndido manual de instrucciones se dedican capítulos al Ulises de Joyce como una broma infinita, a la pandemia poética de Faulkner en El ruido y la furia, al bosque narrativo de Marcel Proust y su máquina del tiempo, a Nabokov y su Pálido fuego como ejercicio de impostura del narrador o a la técnica y la táctica del realismo mágico a través de Cien años de soledad.

El desguace de la tradición es un excepcional curso de literatura contemporánea en quince capítulos y medio, un ejercicio comparatista y multidisciplinar de integración y transversalidad con la pintura o la música que se cierra con una visita al almacén del taller, con un catálogo de piezas del proceso creativo y de la tradición desguazada y con un enciclopédico dossier de textos de la narrativa del siglo XX, una completísima antología de casi quinientas apretadas páginas en las que están los textos fundamentales de la ficción contemporánea, una vuelta a las fuentes primarias en las mejores traducciones al español.

Pero todo esto no es más que una débil aproximación a este impagable manual lleno de destornilladores y de llaves inglesas que permiten acceder a los mecanismos que explican el funcionamiento de quince novelas representativas del último siglo. Quince novelas que desguazan la tradición de la novela mimético-realista en un proceso creativo visto desde dentro, desde la perspectiva autocrítica del escritor.

El desguace de la tradición es muchos libros a la vez, una caja de herramientas multifuncionales, una biblioteca circular más compleja que la que imaginó Borges, un laberíntico jardín de senderos que se bifurcan y ofrecen múltiples posibilidades al lector que los recorre, una carta de navegación por la renovación oceánica de la novela contemporánea, una casa de citas, unas páginas amarillas que remiten a las mejores librerías del mundo, un libro ilustrado con abundantes imágenes y reproducciones de manuscritos, una antología indispensable de la modernidad, un tratado de narratología, un compendio de ejercicios para un examen final, una lectura que desmonta las claves del proceso creativo para explicar la mecánica de la narración contemporánea, una guía de lecturas y relecturas en un taller de desguace de la novela clásica que es también una planta de reciclado de materiales que se utilizan de otra forma en el nuevo mecanismo de la novela del siglo XX.

Y por encima de todo eso, es un libro que se ha escrito pensando en el lector, un libro interactivo que ofrece hipervínculos y glosarios para que navegue por el libro y por la literatura contemporánea a su antojo hipertextual, una estimulante invitación a la lectura de quien antepone a cualquier otra condición la de lector apasionado que contagia a otros lectores esa enfermedad pegadiza de la literatura de la que habló Cervantes. Como mecánico experto y como lector apasionado, Javier Aparicio no tiene problema para mancharse las manos, para tomar partido y opinar, para hacer participar al lector en una lectura inagotable y agotadora.

Un libro torrencial y festivo, alejado de las prescripciones académicas y de los tópicos canónicos, tan inusual como imprescindible.

Santos Domínguez

17 junio 2011

Borges. Poesía completa


Jorge Luis Borges.
Poesía completa.
Lumen. Barcelona, 2011.

Ser en la vana noche /el que cuenta las sílabas, dejó escrito en uno de los tankas de El oro de los tigres Jorge Luis Borges, cuya Poesía completa acaba de publicar Lumen en una cuidada edición en tapa dura.

Mi destino es la lengua castellana, decía en uno de sus poemas. Un destino feliz para la lengua y la literatura en español el de esta poesía mayor en la que conviven el pensamiento y la revelación, los espejos y los tigres, los laberintos y las pesadillas, las mitologías escandinavas y la lluvia vespertina en el arrabal de Palermo.

Una poesía poblada por las sombras de la ceguera y las imágenes potentes, por el flujo narrativo del alejandrino o el estremecimiento contenido del soneto. Desde Fervor de Buenos Aires (1923), que contiene entre líneas el germen de su poesía posterior, hasta Los conjurados (1985), con que la culminó asombrosamente, El hacedor, Elogio de la sombra, La moneda de hierro o El oro de los tigres recogen sucesivamente “los diversos o monótonos Borges”- las palabras son del Prólogo que escribió para esta Poesía completa quien murió hace ahora veinticinco años.

Un largo paréntesis de silencio que duró más de treinta años separa sus tres primeros libros de El hacedor, que ya en los años sesenta suponía, más que la recuperación de su poesía el hallazgo de una voz propia y de un tono personal con el que construye un universo poético irrepetible. Una voz poética que en El otro, el mismo siguió creciendo entre la sombra a la que dedicó su siguiente Elogio de la sombra.

Esos libros marcaron en los años sesenta un antes y un después en la poesía en español, no sólo en la trayectoria poética de Borges, que volvió a brillar en El oro de los tigres, en la plenitud de La rosa profunda y en la prodigiosa madurez de La moneda de hierro, Historia de la noche, La cifra y en esa cima absoluta que es Los conjurados, que muchos de los lectores de Borges celebran como su mejor libro.

Un Borges que, por cierto, no hablaba de sus libros, sino de los poemas que lo componían:

Tres suertes – escribía en el prólogo de toda su poesía- puede correr un libro de versos: puede ser adjudicado al olvido, puede no dejar una sola línea pero sí una imagen total del hombre que lo hizo, puede legar a las antologías unos pocos poemas.
Si el tercero fuera mi caso, yo querría sobrevivir en el Poema conjetural, en el Poema de los dones, en Everness, en El Golem y en Límites,
uno de sus textos memorables:

De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a quien prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿Quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifonte, Jano.

Hay, entre todas tus memorias, una
que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando al ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.

Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son lo que me ha querido y olvidado;
espacio y tiempo y Borges ya me dejan.

Santos Domínguez