18 junio 2010

París y otras ciudades encontradas


Antonio Ferres.
París y otras ciudades encontradas.
Gadir. Madrid, 2010.

En su colección La voz de las cosas, donde ya publicó La desolada llanura, Gadir edita el último libro de poesía de Antonio Ferres (Madrid, 1924).

París y otras ciudades encontradas es un libro que celebra la vida y lamenta el paso del tiempo, suma lo personal y lo colectivo, lo existencial y la conciencia crítica y compagina el dolor de las derrotas y la esperanza en que la Historia supere sus errores.

En sus versos cortos y sus poemas directos conviven la mirada y el recuerdo, el sueño y la contemplación de un París de tormentas y bulevares hacia el Sena o de una ciudad oceánica en la que emerge nocturna la Atlántida.

Evocados, soñados o contemplados, en la contención verbal y emocional de estos poemas viven el amor y los bosques, la ciudad como metáfora del pequeño mundo del hombre, las muchachas y los pájaros, las islas y las montañas, el recuerdo y la esperanza de una ciudad invisible hecha de signos y de rostros, el sueño de una nueva realidad desde la noche oscura, en un incendio de palabras en el que se consume el mundo y se consuma el tiempo, porque

Morir es como estar
es como vivir siempre

En esa esperanzada construcción de otra realidad que es este libro, el último poema, Eternidad, dedicado a su hija, pone la última piedra con estos versos que son su cima y su resumen:

Es tan fácil volver
desde la muerte
desde las tumbas enrojecidas
tan fija la luz
bajo el disco glorioso del sol
desde las tierras altas
volver de la mano del Nilo
volver otra vez
como dioses de carne
-Nefertiti-.


Santos Domínguez

16 junio 2010

La orilla de las mujeres fértiles


Marifé Santiago Bolaños.
La orilla de las mujeres fértiles.
Calambur. Madrid, 2010.

Quien escribe ama los templos de arena, dice Marifé Santiago Bolaños (Madrid, 1962) en uno de los poemas de su último libro, La orilla de las mujeres fértiles, que acaba de publicar Calambur en una edición que incluye un CD con música original y poemas recitados por la autora, un CD impregnado de olores de especias africanas.

Organizado en dos partes, los catorce poemas de la primera sección y el cruce de ensayo y poesía de los diez textos que forman la Coda tienden una mano solidaria y femenina a las niñas/mujeres de África, proyectan una mirada de rabia compasiva hacia las niñas del Níger sobre las que atardece el mundo, dan voz y palabras a las novias de ocho años ofrecidas en los mercados.

En la línea de Jabès y de Valente, para Marifé Santiago el desierto es el lugar natural del poeta. Esa formulación metafórica se convierte en una realidad literal en este libro en el que conviven la emoción y la denuncia, la ética y la poesía, la memoria y el testimonio.

La experiencia literaria es un encuentro con el otro, una mirada que provoca el diálogo y el conocimiento de una realidad centrada en estas mujeres resistentes, supervivientes del dolor y de la dignidad desde su múltiple condición de víctimas, por niñas, por pobres, por africanas a las que nadie va a dedicar el Cantar de los Cantares:

la pobreza pesa tan poco como la sombra de una araña, y la memoria de la pobreza pesa tan poco como el sueño de aquella viuda que habría cumplido nueve años en diciembre.

Pero La orilla de las mujeres fértiles es también una exploración en la memoria personal y universal, en lo cósmico y en la mitología a través de lo cotidiano y, sobre todo, una puerta abierta a la esperanza:

A veces, la escritura es el manto que regresa a la vida a quien estaba muriéndose de frío...

A veces, las mujeres que tienen miedo o están tristes cantan; el canto otorga el don de la esperanza, de la voz, del agua del alba sobre las rosas...

Santos Domínguez

14 junio 2010

La palabra del mudo

Julio Ramón Ribeyro.
La palabra del mudo.
Seix Barral. Barcelona, 2010.

Bajo el título La palabra del mudo, Julio Ramón Ribeyro (1929-1994), uno de los maestros hispanoamericanos del género, fue reuniendo desde 1973 su narrativa breve en sucesivos volúmenes.

Casi un centenar de cuentos integran esta edición definitiva en Seix Barral, que incorpora un relato inédito (Surf) que Ribeyro terminó el 26 de julio de 1994, poco antes de morir. De ese mismo año funesto son las reflexiones sobre el género del cuento que sirven como prólogo de un volumen en el que el peruano da voz al mudo, al marginado, al olvidado.

Y es que a través de la mayoría de sus cuentos se expresan los que en sus vidas están privados de la palabra: Yo les he restituido este hálito negado y les he permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias.

Heredero de Kafka y discípulo de Borges, Ribeyro creó uno de los mundos literarios más personales e interesantes de la narrativa hispanoamericana contemporánea. Sus relatos urbanos proyectan un inesperado destello de fantasía y de irrealidad sobre lo cotidiano y configuran un universo narrativo poblado por personajes que se mueven por los barrios populares de Lima entre el desconcierto y el asombro. Como sus personajes, Ribeyro se siente parte de ese mundo acallado y por eso sus relatos combinan lo autobiográfico y la mirada crítica o escéptica, el recuerdo de la infancia con la denuncia de la miseria.

Son relatos apoyados en una sólida técnica y en una reflexión constante que se plantea los límites y las características técnicas de un género más mostrativo que didáctico. De esa reflexión surgió el decálogo que abre el volumen con una reivindicación del interés por la historia y del papel del lector en afirmaciones como estas:

El cuento se ha hecho para que el lector pueda a su vez contarlo.

La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada y si es inventada, real.

Entretener, conmover, intrigar o sorprender son algunos de los objetivos que Ribeyro propuso en el decálogo. Y estos cuentos, a menudo abiertos y siempre brillantes, son su demostración eficiente. Desde Los gallinazos sin plumas, que escribió en 1954, hasta el inédito Surf, pasando por el maduro Sólo para fumadores, La palabra del mudo refleja más de cuarenta años de dedicación insistente y brillante a la narrativa breve.

Y de una creciente pericia marcada por una evolución que pasa por dos momentos, por dos modalidades sucesivas: la modalidad inventiva que domina en sus primeros libros y la modalidad evocativa que se va imponiendo a partir de los años ochenta en sus relatos.

No leer a Ribeyro, y especialmente su narrativa breve, es desconocer gran parte de la riqueza de la literatura hispanoamericana, que sin él sería mucho más plana, mucho más pobre, mucho más muda.

Santos Domínguez

12 junio 2010

Hojas de Madrid con La galerna



Blas de Otero.
Hojas de Madrid con La Galerna.
Edición de Sabina de la Cruz.
Prólogo de Mario Hernández.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.
Barcelona, 2010.

Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publica la edición completa de Hojas de Madrid con La galerna, un amplio conjunto de poemas que Blas de Otero dejó inéditos cuando murió el 29 de junio de 1979.

Sus 306 poemas, de los que 161 habían permanecido rigurosamente inéditos, rectifican sustancialmente la imagen de un poeta que escribió estos textos durante los últimos años de su vida, entre 1968 y 1977.

En estos poemas está el Blas de Otero comprometido con su entorno y atento a lo que le rodea, persiste el existencialista (el coexistencialista, prefería decir él) que reflexiona visceralmente sobre el sentido de la vida y la escritura, pero además aparece el poeta más arriesgado con la experimentación verbal, el de expresión más libre, el que reescribe un famoso verso de Neruda para hacerle decir esto:

Puedo escribir los tristes más versos esta noche.

Porque Blas de Otero se sentía depositario de un legado poético que viene de Manrique y llega a Cernuda pasando por los místicos y por Withman, por Rubén Darío y Aldana, por Bécquer y Vallejo, por Quevedo y Machado. Pero Otero sabía que ese legado es algo vivo, sometido a nuevas asimilaciones, a relecturas que generan la reescritura actualizada de la tradición, revitalizada en su voz personal, tamizada por su experiencia y su mirada contemporánea en estos poemas urbanos con Madrid, Bilbao, La Habana y la muerte al fondo:

Y yo que hice tantos viajes, dentro de poco haré un viaje desconocido.
Lo que siento es dejar aquí tantas tiendas, tantas calles, tantos hombres.

Por eso, el Blas de Otero de su última madurez es también el más joven como poeta. Por los textos de Hojas de Madrid con La galerna ha pasado el tiempo sin hacer estragos como los que el poeta evocaba en Túmulo de gasoil, uno de los mejores poemas de toda su trayectoria:

Hojas sueltas, decidme, qué se hicieron
los Infantes de Aragón, Manuel Granero, la pavana para una infanta,
si está Madrid iluminado como una diapositiva
y sólo en este barrio saltan, ríen, berrean sesenta o setenta y cinco niños
y sus mamás ostentan senos de Honolulu, y pasan muchachas con sus ropas chapadas,
faldas en microscuro, y manillas brillantes y sandalias de purpurina,
hojas sueltas, caídas
como cristo contra el empedrado, decidme,
quién empezó eso de cesar, pasar, morir,
quien inventó tal juego, ese espantoso solitario
sin trampa, que le deja a uno acartonado,
si la plaza de Oriente es una rosa de Alejandría,
ah Madrid de Mesonero, de Lope, de Galdós y de Quevedo,
inefable Madrid infestado por el gasoil, los yanquis y la sociedad de consumo,
ciudad donde Jorge Manrique acabaría por jodernos a todos,
a no ser porque la vida está cosida con grapas de plástico
y sus hojas perduran inarrancablemente bajo el rocío de los prados
y los graves estrofas que nos quiebran los huesos y los esparcen
bajo este cielo de Madrid ahumado por cuántos años de quietismo,
tan parecidos a don Rodrigo en su túmulo de terciopelo y rimas cuadriculadas.

Como en este, en la mayoría de los textos de Hojas de Madrid con La galerna se refleja la vitalidad poética de un hombre que no se rindió nunca, de un poeta de creciente profundidad y en constante búsqueda, una actitud rejuvenecedora que alcanza en estos poemas algunas de la cimas creativas de Blas de Otero.

Santos Domínguez

11 junio 2010

Ramaiana


Vālmīki.
Ramaiana.
Traducción de Roberto Frías.
Atalanta. Memoria mundi. Gerona, 2010.

Con quince delicadas ilustraciones de un manuscrito mogol del siglo XVI, Atalanta publica una espléndida edición del Ramaiana, la epopeya india atribuida a Valmiki, el sabio que recopiló una larga serie de tradiciones orales y las fijó en la versión escrita que nos ha llegado desde el fondo de sus dos mil quinientos años de antigüedad.

Más antiguo y breve que el Mahabarata, que trata de las dinastías lunares, el Ramaiana es el relato complementario que se centra en las dinastías solares. Protagonizada por el príncipe Rama, forma parte de la tradición más ancestral y más viva de esa cultura oriental, que se reconoce en la historia y en el mito fundacional de un héroe en el que se reencarna la divinidad de Visnú y que representa una referencia del buen gobierno y del príncipe perfecto en ese dios hecho hombre que habita la mayor parte de las mitologías y las religiones.

Una de las características que definen a los clásicos es que el lector nunca tiene la sensación de leerlos por primera vez. Están tan asimilados a la memoria colectiva de cada cultura que parecen haber estado siempre en ese fondo común que es la tradición.

Como en otras narraciones mitológicas, se cruzan en el Ramaiana lo cotidiano y lo sobrenatural, en una especie de realismo mágico que afecta a la descripción de una naturaleza maravillosa y compasiva con el héroe, que sufre las pruebas físicas y los avatares morales propios de su condición mítica: el destierro, la travesía del bosque peligroso -una metáfora espacial del aprendizaje de la vida-, el dominio de las aguas del mar y de la naturaleza a través de la caza, las tentaciones de la carne o las pociones mágicas.

Con traducción de Roberto Frías, se ha tomado como base de esta versión la edición inglesa de Arshia Sattar, catedrática de lenguas y culturas asiáticas de la Universidad de Chicago, que firma un excelente prólogo sobre la construcción y el sentido del libro. Lo cierra con estas palabras, que son también una invitación a la lectura:

El significado del Rāmāiana no se deriva de una geografía o una historia sagrada; más bien extrae su significado de lo que puede decirnos sobre nosotros mismos, sobre nuestras decisiones y sobre la manera en que elegimos vivir.



Santos Domínguez

09 junio 2010

Libro del desasosiego


Fernando Pessoa.

Libro del desasosiego.

Edición de Manuel Moya.

Baile del Sol. Madrid, 2010.

Es uno de los clásicos imprescindibles que nos ha dejado el siglo XX. Y como todos los clásicos, es por definición inagotable. Un cuarto de siglo después de que apareciera la primera versión española de Ángel Crespo, Baile del sol publica una nueva traducción del Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa. La ha preparado Manuel Moya, que escribe en el prólogo:

Pocos autores del siglo XX se han sentido tan visceralmente refractarios a los movimientos sociales como este lisboeta solitario y anónimo que, si bien trató en su juventud de tener su propio papel en el reparto social, acabó convirtiéndose en una sombra, desligado del afecto y apenas acompañado por la admiración de algunos pocos contemporáneos. Ni la violencia radical de Celine, ni los nihilismos de Beckett o Cioran, llegan más lejos en cuanto a desgarro y escepticismo que los de este casi invisible traductor de cartas comerciales, este paseante ensimismado, este contemplador convulso de un microcosmos hermoso y decadente como Lisboa. Los personajes que jalonan Libro del desasosiego, convictos de su vacío radical, afirmados en su anónima dignidad, conscientes de su desmesurada intrascendencia, habitan un mundo en descomposición, zozobrante, crepuscular, anclado en el vacío y en la desesperanza. Visto así, el libro es «un breviario del decadentismo», como lo definiera su traductor y crítico alemán Georg Rudolf Lind.

Escrito a lo largo de más de veinte años, con interrupciones, abandonos y replanteamientos, Fernando Pessoa firmó en 1913 su primera entrega en una revista y siguió trabajando en él hasta su muerte. Publicó fragmentos con su nombre, la consideró durante mucho tiempo obra ortónima, reflejo diarístico de su propia vida, y sólo al final la transfirió a Bernardo Soares, un alter ego más que un heterónimo, al que atribuyó estos textos autobiográficos y confesionales, fragmentarios y desorganizados. Soy yo, menos el raciocinio y la afectividad, escribía Pessoa en una carta de 1935.

Murió ese mismo año sin haberlos publicado y dejó ese desorden en las carpetas que contenían centenares de fragmentos que después de la primera edición de 1982 aún siguen planteando problemas de organización.

Entre la secuencia temática y la cronológica, quizá la esencia de estos textos sea su fragmentarismo, su carácter abierto, su desarrollo caleidoscópico y azaroso, la radical libertad de su escritura.

Esta cuidada edición es una buena ocasión de volver a la Lisboa de Pessoa / Soares y a su mundo visto por un personaje que es del tamaño de lo que veo y no del tamaño de mi estatura.

En el Prefacio del presentador del libro, Fernando Pessoa describe a Soares como un hombre de unos treinta años, delgado, más bien alto que bajo, encorvado exageradamente mientras permanecía sentado, pero no tanto cuando se hallaba de pie, vestido con un cierto desaliño no del todo desaliñado.

En su primera presentación, el personaje se describe como perteneciente a esa clase de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen.

Desde la oficina de Vasques y Cía, en la Rua dos Douradores, hasta el mar, cercano al Terreiro do Paço donde pasa tardes enteras a la orilla del Tajo, Soares vaga por las calles de la Baixa, por las plazuelas solitarias bajo la niebla o la lluvia en un ejercicio contemplativo de renuncia y distancia frente a la vida trivial simbolizada por el patrón Vasques.

Es la estética de la indiferencia y el desaliento que caracteriza a Soares, que la resume en esta frase: El mayor dominio de sí mismo es la indiferencia ante uno mismo.

Santos Domínguez

07 junio 2010

Yves Bonnefoy. Diccionario de mitologías



Yves Bonnefoy.
Diccionario de mitologías.
Edición de Carlota Casas Baró.
BackList Clásicos. Barcelona, 2010

Hace casi quince años que apareció la primera edición española del monumental Diccionario de mitologías de Yves Bonnefoy. Aquella edición en seis tomos no respondía, sin embargo, al proyecto inicial de su coordinador, que lo había concebido para que se publicase en un solo volumen y en forma de diccionario, no de monografía por capítulos.

BackList recupera ahora esta obra portentosa en su colección Selectos, con una nueva y actualizada selección de entradas que se han organizado alfabéticamente, lo que facilita una consulta rápida y ágil y un tejido de relaciones (una red de ejemplos, en palabras de Bonnefoy) imprescindibles en una obra de este calibre y ambición, que quedará como uno de los monumentos del estructuralismo francés del siglo pasado.

Ese enfoque permite ir desvelando las estructuras profundas (creación, cosmos, sacrificio...) que subyacen bajo las apariencias desordenadas o inarticuladas de los relatos míticos y la yuxtaposición del análisis y la síntesis en forma de una reflexión sistemática sobre las mitologías, sobre su esencia narrativa y su función social o ideológica.

Coordinada por Bonnefoy, su título completo, que recuerda la pormenorización dieciochesca, era Diccionario de las mitologías y de las religiones de las sociedades tradicionales y del mundo antiguo. Participaron en su redacción un centenar de prestigiosos investigadores que reunieron y actualizaron las aportaciones más importantes en el terreno de los estudios mitológicos. Pese a que es una obra abierta desde hace más de dos décadas, es ya una referencia ineludible en el análisis riguroso y la interpretación científica de las mitologías y las religiones de todo el mundo.

Por encima de su importancia cultural e histórica, más allá de su función en la construcción del inconsciente colectivo, el interés de este tipo de estudios lo resumió Yves Bonnefoy en el excelente prólogo a la edición francesa. Escribía allí estas palabras sobre la actualidad del mito: Cada vez más, la mitología se nos presenta como uno de los grandes aspectos de nuestra relación con nosotros mismos.

Santos Domínguez