23 abril 2016

Cervantes. La conquista de la ironía


Jordi Gracia.
Miguel de Cervantes.
La conquista de la ironía.
Taurus, Barcelona, 2016.

La conquista de la ironía es el subtítulo de la espléndida biografía de Cervantes que Jordi Gracia publica en Taurus. Una más que notable aportación a la bibliografía cervantina, una biografía escrita con tono cercano y buen pulso narrativo, rigurosa aunque alejada de eruditos aparatos académicos, con la que Jordi Gracia consigue su propósito declarado de “inyectar el ritmo del relato en la biografía de un iluso escarmentado por la experiencia pero libre del rencor del desengaño”, del “escritor que conquista una mirada compleja e irónica sobre el mundo a partir del hombre que aprendió escribiendo a ser él mismo, siendo varios a la vez, sin miedo a ninguno de ellos ni excesiva reverencia al más desaforado ni al más cuerdo.”

Gracia ha renunciado a “la ansiedad de narrar un Cervantes inobjetable y universal que no existe” y por eso ha procurado que este no sea su Cervantes particular, sino el Cervantes de Cervantes, porque “nadie ha sido más convincente sobre Cervantes que Cervantes mismo” y en consecuencia su biografía tiene “el punto de vista emplazado en la cabeza del escritor, como si dispusiésemos de una cámara subjetiva que lo atrapase en sus virajes y sus revueltas, en las rectas y en las curvas. La cámara subjetiva no fantasea pero sí usa la imaginación moral, que enfoca más lejos o más cerca, se detiene aquí o allí, sospecha, explora y pregunta, pero no ficcionaliza ni fantasea. Imagina, porque sin imaginación no hay biografía, y Cervantes fue tan real y genial como normal y corriente, tan jovial y burlón como estricto y comprometido, además de pasmosamente inteligente.”

Un autor que –explica Jordi Gracia- “en su obra habla poco en primera persona pero la literatura habla siempre de forma compleja e indirecta del yo del escritor. Y ese yo se viste y desnuda, se desviste y vuelve a vestirse a través de una ficción que nunca es neutra o plana o previsible sino creativa y reflexiva, original e intencionada.”

Desde las penurias económicas y los primeros sustos con la justicia que conoció en su infancia en el ámbito familiar, pasando por los años formativos en el Estudio de la Villa con Juan López de Hoyos, la huida a Italia, los tercios españoles, de Nápoles a Lepanto, los baños de Argel o los reiterados intentos de fuga frustrada, se suceden en esta biografía de Cervantes, un vitalista con mala suerte, los laberintos domésticos y los conflictos administrativos y económicos, las rivalidades literarias y las peripecias editoriales, las adversidades personales y las infamias de Avellaneda y Lope o las prisas por rematar el Persiles.

Así explica Jordi Gracia ese cruce de vida y literatura cuando evoca los diez años de resignación de Cervantes en la década de los noventa: “La vida de Cervantes ha sido y seguirá siendo un contar y contar sin descanso, contar arrobas y fanegas, contar vecinos y deudas, contar maravedíes y contar sacos, contar trolas y contar con otros aunque nada debería hacer pensar que se ha quedado sin tiempo para contar historias por escrito, escucharlas a otros, pensarlas mientras cabalga de un sitio a otro y duerme una y otra vez en ventas, casas ajenas, posadas y lugares improvisados, enterándose de las mil y una maneras que esas gentes tienen de sobrevivir, de pasar el rato, de engañarlo y entretenerlo y hasta de matarlo.”

Una biografía que pone muchas veces en primer plano la descripción del cambiante telón de fondo en el que se desarrolló la vida ajetreada -de Madrid a Nápoles, de Argel a Sevilla, de Esquivias a Valladolid, de Orán a Toledo, de Écija a Lisboa- de quien pasó gran parte de su existencia en camino. Un camino que recorre Cervantes incluso en esa cima de la prosa castellana que es el Prólogo del Persiles, que escribió cuando sentía próxima la muerte: Sucedió, pues, lector amantísimo, que, viniendo otros dos amigos y yo del famoso lugar de Esquivias, por mil causas famoso...

Gracia propone de esa manera al lector un recorrido por la biografía externa de  Cervantes, pero también por su obra y sus contextos -vitales, históricos, sociales, culturales, estéticos, morales- y sobre todo por su mirada al mundo, que se perfila definitivamente en la escritura del Quijote. Una mirada cervantina –tolerante, sí, pero aguda siempre- a un mundo al revés en el que nada es lo que parece. Así lo resume el biógrafo: “La conquista de la ironía como núcleo estructural de la novela está poniéndose en marcha porque en Cervantes ha cuajado ya lo que lleva dentro Don Quijote”

Ese proceso de conquista literaria de una nueva mirada en la que se suman la ironía, el humor y la inteligencia tiene un momento decisivo en las Novelas ejemplares, en las que Cervantes dio con el tono creíble y directo, oral y casi invisible que habría de ser la clave narrativa del Quijote y de su plenitud literaria, la culminación de un proceso de creación de un mundo propio en el que Cervantes reunió ejemplarmente experiencia e invención, idealismo e ironía, ficción y realidad.

Por eso subraya Jordi Gracia que Cervantes acaba haciendo de su literatura la expresión de un hombre "escarmentado sin rencor que dañe la voluble marea de cordialidad expectante y curiosa, más alegre que averiada, más jovial y burlona que amargada y esclerótica."

La conclusión más importante de esta biografía escrita en ese tono cercano al que me refería más arriba es que transmite la imagen de un Cervantes también cercano “que planea hacia nuestro tiempo”, porque “el Cervantes de sus mejores novelas /.../ parece vivir fuera de su tiempo para saltar al centro del nuestro, allí donde la ironía es la respuesta que los ideales y el buen sentido dan a las paradojas de la experiencia, donde el humor es condición de la inteligencia y la verdad es esquiva y es exacta al mismo tiempo: irónica y cervantina.”

Un Cervantes en el que, a pesar de los desengaños y los golpes que le dio la vida, a pesar de esos desórdenes de la fortuna a los que Gracia dedica un capítulo, nunca hay acritud, porque en su madurez se ha liberado de sí mismo y con el Quijote le ha aportado a la novela una dimensión reflexiva en torno a la realidad y su condición poliédrica, una de las claves que permiten hablar de esa obra como la primera novela moderna.

La escribió quien, como decía Cernuda de Don Quijote, no se cansó nunca de vivir. Ni siquiera en esos días finales en que comenzaba así la dedicatoria del Persiles:

Ayer me dieron la Extremaunción y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir.

Santos Domínguez


22 abril 2016

Antología de la poesía parnasiana

Antología de la poesía parnasiana.
Edición bilingüe de Miguel Ángel Feria.
Cátedra Letras Universales. Madrid, 2016.

Hace ahora justamente un siglo y medio, en 1866, Alphonse Lemerre publicaba Le Parnasse contemporaine, la antología fundacional de un movimiento que marca el rumbo renovador de la poesía francesa en la segunda mitad del siglo XIX y que tendría una influencia decisiva también en la configuración del modernismo hispánico, especialmente en el aparato temático y en el andamiaje estilístico y métrico de Rubén Darío.

Cátedra Letras Universales acaba de publicar una imprescindible Antología de la poesía parnasiana en edición bilingüe de Miguel Ángel Feria, que justifica con estas palabras la necesidad de una obra como esta: “No existe en la copiosa historiografía sobre el modernismo literario un término sometido a mayor vulgarización que el de parnasianismo, como tampoco existe en lengua española un solo estudio destinado cabalmente a su desentrañamiento.” 

Una antología que recoge una muestra significativa del Parnasianismo a través de diez poetas relevantes -de Théophile Gautier a Sully-Prudhomme, de Théodore Banville a José-Maria de Heredia, de Leconte de Lisle a Catulle Mendès- que aparecen representados cada uno por cinco textos, la mayoría de los cuales se traducen por primera vez al español. 

Criticado por retórico, superficial y decorativo, con más detractores que defensores, el Parnasianismo tuvo, sin embargo, un papel fundamental entre dos movimientos: entre el Romanticismo y el desorden de sus improvisaciones arrebatadas y la música oscura del Simbolismo. 

En contra del posromanticismo intimista y vegetativo y del utilitarismo de la poesía realista, el Parnasianismo fue la vanguardia rupturista de aquel momento: defendió la importancia de la forma, la autonomía del Arte por el Arte frente al didactismo propagandista social, moral o religioso y propugnó la estrofa frente al versolibrismo.

En su espléndido estudio introductorio de un centenar de páginas, Miguel Ángel Feria aporta las claves históricas y estéticas que permiten reivindicar la importancia del movimiento parnasiano, seguir su evolución, desde la bohemia antiburguesa a la Academia, y fijar las características –historicismo, recuperación del mundo clásico, objetividad, distancia impasible, fuentes pictóricas- de una poesía plástica que habló de lo sensible más que de lo sentimental y transfirió las emociones del sujeto al objeto.

Frente a la poesía descuidada y amparada en el sentimiento, el Parnasianismo defendió la importancia de la técnica y la obra bien hecha:  “Arte es belleza -decía Gautier-, invención perpetua del detalle, elección de palabras, exquisito esmero en la ejecución. La palabra poeta significa literalmente hacedor. Todo lo que no está bien hecho no existe.” 

Esa actitud entrañaba un riesgo evidente, porque -como indica el editor en la introducción- “aquel fervor por el trabajo verbal, por una dicción, un ritmo y un lenguaje culto y elevado redundó a veces en puro preciosismo.”

En la selección de autores y textos se ha valorado su representatividad desde el punto de vista temático y estilístico y la influencia que han ejercido en la poesía posterior: Gautier, un bohemio dedicado obsesivamente en la depuración estilística y en la musicalidad del verso en sus Émaux et camées; Banville y el canon escultórico de sus Odes funambulesques; Leconte de Lisle, el más importante y el más representativo de todos ellos con sus Poèmes antiques y sus Poèmes barbares, el mejor exponente de la ortodoxia parnasiana junto con su discípulo José-Maria de Heredia, que con un único libro –Les Trophées- obtuvo el reconocimiento de la crítica como el último parnasiano importante y la admiración de los simbolistas; Catulle Mèndes, que configuró el poema en prosa parnasiano, o Sully-Prudhomme, menos un poeta que un hábil versificador, a pesar de lo cual obtuvo el primer Nobel de Literatura en 1901.

No está aquí Baudelaire, que aunque escribió los mejores poemas parnasianos, es un poeta tan desbordante, tan proyectado hacia el futuro que no cabe ni bajo este ni bajo ningún otro rótulo. 

Cincuenta espléndidas traducciones en las que merece la pena destacar el esfuerzo del traductor por transmitir en su versión la armonía musical de los originales.

Santos Domínguez



21 abril 2016

Thomas Mann. Relato de mi vida


Thomas Mann.
Relato de mi vida.
Traducción de Andrés Sánchez Pascual.
Hermida Editores. Madrid, 2016.

Con traducción de Andrés Sánchez Pascual, Hermida Editores publica Relato de mi vida, una obra en la que Thomas Mann va más allá de la autobiografía para fijar las claves de su escritura.

Escrito en 1930 con la fluidez narrativa del mejor Mann, el Mago recuerda en estas páginas las lecturas de Nietzsche y Schopenhauer como experiencias intelectuales decisivas en su formación, evoca el “mejor Munich que ha habido jamás,” donde terminó Los Buddenbrook, una de sus grandes novelas; rememora el suicidio de sus dos hermanas o hace un recorrido por el proceso de elaboración y publicación de sus novelas y relatos, de Tonio Krüger a La montaña mágica, de La muerte en Venecia al ciclo novelístico José y sus hermanos; habla de sus influencias literarias, revela la base real o autobiográfica de algunos de sus personajes y de las situaciones que plantean o de la génesis de La montaña mágica en el sanatorio de Davos, donde estaba ingresada su mujer para tratarse una enfermedad pulmonar, y rememora un viaje a España en la primavera de 1923 y su atracción por “el territorio español clásico,” Toledo, Aranjuez, El Escorial, Segovia, el Guadarrama.

La constante interrelación entre vida y literatura en Mann permite abordar su obra desde una perspectiva profundamente vivida produce en el lector de estas páginas la sensación de estar ante un personaje, aunque paradójicamente ante sus personajes notemos que son personas vivas.

Sus protagonistas son en gran medida proyecciones de sus fantasmas, sus experiencias, sus inseguridades, sus ideas. Desde Aschenbach a Faustus, Mann está detrás de sus personajes. El casto José es el casto Thomas y en Hans Castorp se puede rastrear la ideología vital y artística del autor de La montaña mágica.

“Yo supongo que moriré en 1945, a la misma edad de mi madre”, escribía Mann al final de este Relato de mi vida. No fue así, murió diez años después y eso le permitió terminar Doctor Faustus, su novela más sombría, y las Confesiones del estafador Felix Krull.

A su muerte, su hija Erika escribió el texto que completa este volumen, El último año de mi padre, para “contar cosas de él, de sus proyectos, de su último año, de los últimos días y las últimas horas.” 

Tampoco la angustia ni la melancolía que había previsto para sus últimos días se cumplieron, como explica su hija en estas páginas que evocan un último año -de agosto de 1954 a agosto de 1955- de viajes, reconocimientos y proyectos. Un año en que escribió un conmovedor ensayo sobre Chéjov y otro sobre Schiller.

Un epílogo de Andrés-Pedro Sánchez Pascual con la Cronología y  bibliografía de Thomas Mann cierra este espléndido volumen, una lectura imprescindible para entender en toda su dimensión una de las obras narrativas más imperecederas del siglo XX.

Santos Domínguez

20 abril 2016

John Keats. Poesía


John Keats.
Poesía.
Antología bilingüe. 
Selección y traducción de
Antonio Rivero Taravillo.
Alianza Editorial. Madrid, 2016. 

Oh ática armonía, hermoso mármol 
con hombres y doncellas cincelados, 
con ramas del boscaje, holladas hierbas… 
¡Silente forma, abstraes a nuestra alma, 
oh Fría Pastoral, como lo eterno! 
Pues cuando esta generación se extinga, 
tú seguirás en medio de otras cuitas, 
amiga del hombre, a quien dirás: 
‘Belleza es la verdad, verdad lo bello.’ 
Otro saber no tienes ni precisas. 

Así termina, en la versión de Antonio Rivero Taravillo que publica Alianza Editorial, la Oda a una urna griega, de John Keats, aquel ‘poeta joven, apenas conocido’ cuya muerte en Roma evocó Cernuda en A propósito de flores. 

Su nombre –lo dice su epitafio- quedó escrito en el agua en 1821 y desde entonces se ha convertido, con cinco años de actividad poética, desde Sueño y poesía, su primer poema importante, hasta los muchos inéditos que aparecieron póstumos en 1848, en un poeta imprescindible no sólo en la poesía inglesa, sino en la tradición occidental.

Alejado por igual del sentimentalismo de Coleridge y Worsdworth, los poetas de los lagos, y del malditismo provocador de Byron y Shelley, John Keats, el romántico que murió más joven, a los 25 años, fue el poeta-poeta, el más claramente tocado por el don de la poesía y la palabra, el que más prestigio conserva hoy porque su obra ha pasado sin daño por encima del tiempo.

Fue también el más consciente de sus contemporáneos en la reflexión sobre la noción de lugar que es esencial en su poesía meditativa. Un lugar que delimitó en sus cartas, en las que habló de la capacidad de enajenarse, de perder la propia identidad para identificarse con el paisaje o con el pájaro que picoteaba en el alféizar de su ventana, para convertirse en urna griega o ser otoño o ruiseñor, cuando morir parece un lujo más que nunca.

Lo resumía en la carta que dirigía el 27 de octubre de 1818 a su amigo Richard Woodhouse, la que Cortázar definió en su memorable Imagen de John Keats como la “carta del camaleón”, comparable a las Cartas del vidente de Rimbaud:

El poeta es un ser sin identidad, lo es todo y no es nada; no tiene carácter; disfruta la luz y la sombra (...) Lo que choca al virtuoso filósofo deleita al camaleónico poeta (...) Un poeta es el ser menos poético que haya, porque no tiene identidad: está continuamente sustituyendo y rellenando algún otro cuerpo (...) El sol, la luna, el mar, los hombres y las mujeres, que son criaturas impulsivas, son poéticos y tienen en sí algún atributo inmutable. El poeta no posee ninguno; ninguna identidad, y es, sin duda, el menos poético de todos los seres creados por Dios (...) Si, por lo tanto, el poeta no tiene ser en sí y yo soy poeta, ¿qué hay de asombroso en que diga que voy a dejar de escribir para siempre? (...) Tal vez ni siquiera ahora estoy hablando por mí mismo, sino desde alguna individualidad en cuya alma vivo en este instante.

Visionaria y creativa, su poesía presagia a Rilke en su viaje hacia la esencia de la realidad, hacia lo que se agita en las profundidades, una suma de reflexión y creatividad, de meditación e imaginación, de lucidez y contemplación receptiva en la que el poeta se deja tomar por la realidad, que posee al poeta, el que ve como pudieron ver los dioses.

Entre un soneto dedicado a su hermano George y la despedida del último texto, con su mano moribunda extendida hacia la amada pero también hacia el lector, está en estas páginas el mundo delicado de Keats y la emoción plástica de su obra, en una traducción en endecasílabos blancos y heptasílabos que no mantienen –como es lógico- la rima, pero sí el ritmo y la música del original. 

Una traducción que –señala Rivero Taravillo-, “ha tratado de envolver las ideas de Keats con la música que les es propia.” Como en la Oda al otoño, “su poema perfecto” en palabras de Harold Bloom:

¿Dónde los cantos ya de Primavera?
No importa; tú también tienes tu música:
mientras las nubes, expirando el día,
florecen y sonrojan los rastrojos;
en coro los mosquitos se lamentan
meciéndose en los sauces junto al río
conforme se alza o no una leve brisa;
y balan los corderos en el monte,
canta el grillo en el seto, en una huerta
dulce silba el petirrojo, y gorjean
bandos de golondrinas en el cielo.


Santos Domínguez

19 abril 2016

Cees Nooteboom. El Bosco


Cees Nooteboom.
El Bosco.
Un oscuro presentimiento.
Traducción de Isabel-Clara Lorda. 
Siruela. El Ojo del Tiempo. Madrid, 2016.

"¿Qué tienen en común un escritor del siglo XXI y un pintor del siglo XV?", se pregunta Cees Nooteboom cuando rememora, sesenta años después, su primer contacto con la pintura del Bosco en el Museo del Prado.

Y ahora, cuando ha cambiado su forma de mirar desde aquel lejano 1954, persiste el misterio en torno a ese mundo inquietante e imposible que aparece en las tablas del Bosco: en Las tentaciones de San Antonio que visita en Lisboa, en El Jardín de las Delicias que tenía Felipe II en su habitación, en La Adoración de los Magos o en El carro de heno.

Un ensayo del escritor e hispanista Cees Nooteboom, que hace una propuesta sobre cómo leer la pintura de un artista de imaginación desbordada por oscuros presentimientos que atraviesan la mirada de alguien que, como El Bosco, “no nos ha dejado palabras, sólo imágenes. ¿Tuvo un presentimiento de cómo serían los tiempos venideros?”

Nooteboom  explora así la médula de la actividad artística, la relación de la pintura con el espectador y con el artista, porque “el Bosco ha desaparecido. El cuadro se ha despedido de él, él ya no puede alcanzarlo como tampoco podría alcanzarlo a él ninguna de las personas que están frente al cuadro. Medio milenio lo separa ahora de su obra.”

¿Cuándo se desprenden los cuadros /de su pintor.? ¿Cuándo se torna esa misma materia / en otro pensamiento?, escribió Nooteboom en unos versos que se preguntaban por la pintura y la mirada cambiante del tiempo.

Porque es evidente que hay una mirada anterior al Renacimiento, otra anterior a la Revolución Francesa, a las guerras mundiales o al nazismo en relación con El Bosco y su pintura visionaria y futurista en la que imaginó monstruosos peñascos que nunca vio, porque no hay peñascos en los Países Bajos.

Al cabo de los siglos esa pintura sigue irradiando la fuerza de sus imágenes del horror, las formas inclasificables, híbridas de lo vegetal y lo mineral, el infierno musical y las aves de cuatro cabezas, las plantas imposibles y los animales imaginarios, las pieles transparentes y los cascarones de huevo, las conchas y las sirenas, las fantasías arquitectónicas y los peces voladores, los hombres-árbol y los juguetes absurdos, los cristales azulados pintados con el color del miedo desde un mal sueño.

Hay en esas tablas inquietantes una violencia latente o explícita que convive con un mundo de luminosa transparencia y de pesadillas delirantes: "¿Tuvo Hieronymus Bosch un oscuro presentimiento sobre esta creación?", se pregunta de nuevo Nooteboom ante estos cuadros en los que coexisten las desemejanzas, el bien y el mal, la culpa y el fuego, los rostros y el silencio, los  misterios alquímicos y las pulsiones sexuales, la visión imposible y las escenas cotidianas, la gracia y el descaro.

Quinientos años después, el misterio de esa pintura sigue planteando preguntas y sugiriendo respuestas, sigue provocando la fascinación y el desconcierto del espectador actual ante la obra de un autor cuyo “rastro se encuentra en los catastros, archivos, escrituras de compra, pero de su arte no dijo nada. Él pintó. Pocas veces un hombre invisible ha dejado tantas cosas visibles."

Para conmemorar el quinto centenario de la muerte del Bosco, Siruela publica este bellísimo volumen, magníficamente ilustrado con detalles normalmente invisibles, que será sin duda uno de los libros mejor editados de este año.

Santos Domínguez

18 abril 2016

Leonard Nolens. Puertas entreabiertas 2


Leonard Nolens.  
Puertas entreabiertas 2.
Antología poética (1986- 2014).
Edición bilingüe de Stefaan van den Bremt.
Vaso Roto. Esenciales Poesía. Madrid, 2016.

He aquí tu casa y tu andadura. He aquí tu permanencia, escribe Leonard Nolens en el verso final de La permanencia, el poema con el que se abren las Puertas entreabiertas 2, la antología poética (1986-2014) que publica Vaso Roto en su colección Esenciales Poesía con edición bilingüe de Stefaan van den Bremt.

La identidad y el pasado, el vacío y la memoria, la reflexión sobre el sentido de la escritura, lo doméstico y la angustia, la fugacidad y la salvación por el amor son los ámbitos, las actitudes y los temas de una poesía directa y elaborada en la que conviven el desastre nuclear y el cuerpo de la amada mientras duerme desnuda, el desencanto generacional y mayo del 68 ( Éramos pocos. / Éramos algunos. / Éramos otros).

Una poesía escrita para llegar al fondo, para mirar más lejos que yo y unos poemas que miran sin nostalgia y con amargura a una época en la que se dormía de pie y se vivía verticalmente (éramos entonces pólvora). 

Poemas que son cenizas de letras desparramadas en los que persiste el dolor del superviviente y la memoria de Vallejo y Milosz, la enfermedad y la desolación, el desaliento y la conciencia de que uno habita una herida y no se habitúa.

Santos Domínguez

15 abril 2016

Anne Carson. Albertine


Anne Carson.
Albertine.
Rutina de ejercicios.
Edición bilingüe.
Traducción de Jorge Esquinca.
Vaso Roto. Madrid, 2015.

1. El nombre de Albertine no es un nombre común para una muchacha en Francia, aunque Albert se usa con frecuencia para un muchacho. 
2. El nombre de Albertine aparece 2 363 veces en la novela de Proust, más que el de cualquier otro personaje. 
3. Albertine está presente o se le menciona en 807 páginas de la novela de Proust. 
4. Durante un buen 19% de estas páginas está dormida. 
5. Entre algunos críticos, incluyendo a André Gide, existe la creencia de que Albertine es una versión disfrazada de Alfred Agostinelli, el chofer de Proust. A esto se le llama la teoría de la transposición. 
6. Albertine constituye una obsesión romántica, psicosexual y moral para el narrador de la novela, sobre todo a lo largo del volumen 5 de los 7 (en la edición de la Pléiade) que componen la obra de Proust. 
7. El volumen 5 se titula en francés La Prisonnière y The Captive en inglés. Roger Shattuck, un experto mundial en Proust, afirmó en un estudio premiado en 1974 que este es el único volumen de la novela que un lector escaso de tiempo podía, tranquilamente, saltarse por completo. 
8. Los problemas de Albertine son (desde el punto de vista del narrador) 
a) mentir 
b) lesbianismo 
Y (desde el punto de vista de Albertine) 
a) estar prisionera en la casa del narrador. 
9. Su mal gusto en música, aunque se hace notar varias veces, no es un problema.

Esos nueve párrafos y otros cincuenta, además de dieciséis apéndices, forman parte del inclasificable Albertine. Rutina de ejercicios, de Anne Carson, que publica Vaso Roto con traducción de Jorge Esquinca.

Un libro que está a medio camino entre el ensayo y el poema, en un lugar intermedio que comunica desde la creatividad el territorio de la lectura con la actividad de la escritura en el desierto de la Vida después de Proust.

Con un método de lectura que recuerda el de la decreación que practicó en su poesía, que concibe el ser como un re-hacerse que se crea a través de una reconstrucción de los fragmentos obtenidos a partir de una disolución previa.

Lectura y escritura se conjuntan en estas páginas en las que, más allá de la figura de Albertine y de Proust, Anne Carson explora las relaciones entre la ficción y la memoria, el amor y la muerte, la fascinación y el sexo, entre el deseo y el secreto, entre el engaño y los celos.

Pero también hay sitio en esta rutina de ejercicios para reflexionar sobre el sueño y el despertar, sobre la importancia del adjetivo -Los adjetivos son las asas del Ser. Lo sustantivos nombran el mundo, los adjetivos te permiten asir el nombre e impedirle que vuele por tu mente como una explicación presocrática del cosmos-, sobre la diferencia entre metáfora y metonimia o sobre la segunda paradoja de Zenón, como clave de En busca del tiempo perdido, porque —escribe Anne Carson— también se puede concebir la novela entera como un enorme instante congelado, pues a Marcel le toman las tres mil páginas de la historia para regresar al punto de partida y comenzar a escribirla. 

Y en el centro de todo, como eje del libro, lo que Anne Carson define como teoría de la transposición:

Comparar y contrastar la ficticia y repentina muerte de Albertine a causa de un caballo desbocado, con la repentina muerte en la vida real de Alfred Agostinelli a bordo de un avión sin control, aunque leer o no leer la obra de un escritor a la luz de su vida es siempre un asunto espinoso.

Santos Domínguez

14 abril 2016

Manuel Azaña. A la altura de las circunstancias


Manuel Azaña.
A la altura de las circunstancias.
Escritos sobre la guerra civil.
Selección, edición y prólogo de Isabelo Herreros.
Coordinación de José Esteban.
Reino de Cordelia. Madrid, 2016.

La lucidez y la desolación caracterizan la voz de Manuel Azaña en A la altura de las circunstancias, la segunda antología de sus escritos sobre la guerra civil que publica Reino de Cordelia coordinada por José Esteban y preparada y prologada por Isabelo Herreros, que señala en la introducción que “al cumplirse ochenta años de aquella tragedia colectiva, de cuyos efectos aún permanecen heridas abiertas y páginas a la espera de ser leídas, las palabras de Manuel Azaña nos llegan desde la soledad de su escritorio, a la busca de un lector que entienda y participe del drama interior de un intelectual, presidente de un país en guerra, convencido de que sea cual sea el desenlace del drama, las secuelas en el cuerpo social de la nación permanecerán varias décadas, además de la ruina y la destrucción que ha asolado el país.”

Los partidos políticos y los sindicatos, los militares leales a la República, los desastres de la guerra, Franco y la ‘cruzada’, además de sus cuatro discursos a los españoles en guerra y una carta desde el exilio a su amigo Angel Ossorio son los apartados que vertebran esta antología que recoge fundamentalmente los textos del diario conocido como Cuaderno de La Pobleta, que redactó en una masía de la sierra de Valencia desde mayo hasta diciembre de 1937, cuando Valencia era la capital de la República que presidía y que cada vez estaba más claro que iba a perder la guerra.

Desde Lluís Companys a Casares Quiroga, desde Alcalá-Zamora a Besteiro, Largo Caballero o Indalecio Prieto; desde Miaja a Vicente Rojo, desde  Antonio Machado a José Ortega y Gasset, desde Franco a José Antonio a Mola, estas páginas contienen una reflexión amarga sobre la situación de España, sobre el papel de las potencias internacionales, sobre los crímenes de los sublevados y sobre los asesinatos incontrolados en zona republicana. 

Y, a veces, entre el análisis del político y la reflexión del intelectual, el desahogo literario de quien fue además un espléndido prosista, como demostró en El jardín de los frailes o en este texto, La calma de La Pobleta, que escribió el 17 de octubre de 1937:

Hoy al mediodía he salido al jardín, con el propósito de leer a la sombra de un árbol. Imposible. La embriaguez de la mañana me ha quitado la atención, y luego el deseo. Decimos que es otoño, porque no hace calor. Pero hay un sol deslumbrante, y como un trabajo profundo, invisible, de germinación y crecimiento. Densidad de primavera. Aromas fuertes, de resina y flores. Un vientecillo ágil. Revolotean sobre las dalias encarnadas dos mariposas. Un labrador ara en los bancales y canta a grito pelado. La tierra está blanda, migosa, suave. Después, silencio, calma luminosa. Acordes de silencio y luz. No sé qué sentido capta una vibración, ni luminosa ni sonora. Imposible adaptarse a un ritmo. Se escapa, se va. Me deja atrás, se va uno de fondo, como piedra…

Santos Domínguez

13 abril 2016

Edith Wharton. Xingu y otros relatos


Edith Wharton.
Xingu y otros relatos.
Edición bilingüe.
Traducción de Laura Salas.
Palabrero Press. Netherland, 2016.

La joven editorial Palabrero Press publica en edición bilingüe y con traducción de Laura Salas Xingu y otros relatos, un conjunto significativo de cinco cuentos que resumen el mundo literario de Edith Wharton (Nueva York, 1862-Saint-Brice-sous-Forêt, Francia, 1937).

Cinco relatos que aparecieron en revistas de la época entre 1904 y 1911 y entre los que destaca el que da título al volumen, porque Xingu es uno de los mejores relatos de la autora. La ironía es aquí el arma con la que Wharton hace una crítica divertida de la falsedad de la cultura en cuadrillas a partir de la superficialidad pedante de un Club del Almuerzo integrado por un grupo de mujeres que se reúnen para comer y leer.

Además, historias de fantasmas como Los ojos y análisis de las relaciones de pareja o de las relaciones familiares en La elección, Los otros dos o La casa de la mano muerta.

Emparentada con Henry James en su capacidad introspectiva y en la agudeza de su mirada penetrante y en el manejo de la tensión narrativa, Edith Wharton explora en sus relatos el detalle con la precisión de su prosa directa y eficaz y aborda críticamente las convenciones sociales y el papel de la autoridad, el lugar de la mujer en la sociedad a través de un análisis matizado de la conciencia y de los sentimientos individuales.

Magistral en las formas breves, potente en la distancia corta, en sus relatos pone en tela de juicio los roles femeninos de la sociedad tradicional con una llamativa suma de distanciamiento irónico y capacidad analítica para abordar situaciones a partir del cruce conflictivo, como es habitual en ella, del pasado y el presente, del individuo y la sociedad, de la autoridad y la libertad, de la apariencia y la realidad interior del personaje.

Harold Bloom, que la excluyó de su canon del cuento, reconocía así su aportación a la narrativa de comienzos del siglo XX: "No me gusta lo que Wharton ve ni cómo lo ve, pero me enseña a ver lo que no podría contemplar sin ella."

Santos Domínguez

08 abril 2016

Antonio Agudelo. El cielo ajedrez


Antonio Agudelo.
El cielo ajedrez.
Prólogos de Alejandro López Andrada y Verónica Aranda.
Epílogo de Salvador Negro.
Ilustraciones de Juan Carlos Mestre. 
El sastre de Apollinaire. Madrid, 2016.

El silencio se extiende sobre la mesa del mar y apenas nada se mueve ni busca la salida. El arlequín no entra en su misterio donde el mal apaga sus países ni desaparece en batallas de la noche funeral y vacía. La luna es limpia en el cielo ajedrez, para que nada pueda caer en el cero de Dios. Sobre la mesa el pan y los colores de las frutas en platos limpios. Eso no es la dictadura militar, no todas las palabras condenan a muerte. Aquí no hay ruinas ni se deja paso a la cruda verdad del río del silencio, su próximo ataúd. El arlequín respira su humano aliento, esa sabiduría para ser feliz el día de Pentecostés. Hay café y pasteles tricolores sobre la mesa del mar, paz en los manteles. En la oscuridad del comedor, todo volvía. Es la igualdad con el otro, la dignidad de las palabras. No hay luz más allá de la revelación de la muerte: luz insumisa, luz. Apollinaire recomienda la Revolución Industrial, ser un desobediente activo como Max Ernst que dibuja el Nuevo Mundo, no un físico cuántico de la brevedad suicida en la Casa del Sueño. Es el sufrimiento inútil, la enfermedad venérea, la tortura medieval, la guerra, la infamia y hasta la misma muerte. Luz tenaz, luz. La luna es limpia en el cielo ajedrez, no enciende los huesos en el cero de Dios.  

De ese texto, El cielo ajedrez, toma su título el volumen de Antonio Agudelo que acaba de publicar El sastre de Apollinaire con ilustraciones de Juan Carlos Mestre.

Un volumen que reúne, junto con los poemas meditativos de El rincón del silencio, la sección a la que pertenece el significativo texto que acaba de ver el lector, los de dos libros ya publicados: la colección de haikus Central Térmica (2012) y los poemas visionarios de El sueño de Ibiza (2008), convertido aquí en la tercera sección del volumen.

Entre el versolibrismo y el haiku, pasando por el poema en prosa, la disparidad estilística y métrica de estos textos es una muestra de la versatilidad poética de Antonio Agudelo, que por debajo de esa variedad construye un mundo poético propio a través de la desobediencia de su ambición expresiva y de una  mirada personal hacia lo hondo y lo misterioso, al mundo, a la naturaleza y al fondo de sí mismo con la palabra, convertida en la chispa que enciende el fuego de la poesia y sus revelaciones.

A partir de temas esenciales en la poesía, como el amor y el tiempo, la naturaleza y la identidad, la labor de minero que asume todo poeta verdadero se concreta en una voluntad de indagación en lo oscuro, de iluminación en lo invisible que se resume en textos como este Consejos  Noé, en el que la palabra se desata y fluye en busca del sentido:

El palacio del rey Darío no es de oro / la calavera de los teatros vacíos / la noche está patas arriba / el viejo Heidegger con un chasquido de dedos te dice pasa / la tensión del alucinado encuentro / las bodas de Pentecostés / el robo de la dictadura militar / los niños han sido devorados por los dientes del sol / pan para el día pan / la conciencia del relámpago / el monstruo de la razón que engendra sueños / dijo William Blake / el esqueleto del poema que agoniza para ser / la carestía / Tristan Tzara envuelto en trapos paralíticos / el dolor de un hombre que llora por dentro / el sufrimiento inútil / los abecedarios mudos / las soberanías del espanto / la carroña infame / las piedras contra la perra injusticia / los fracasos lloraban por la destrucción del templo / todos los relojes del mundo han sido calcinados / la tradición tiene esa mala costumbre / de añadir almas nuevas al purgatorio / el sangriento capitalismo / cortar las entrañas de la corrupción / las misiones rojas / el tigre no bebe universo en la pérdida / la poesía no es el arte de perder / pensar la luz y ser dentro del pozo es un verano muerto / el silencio de las víctimas / la derrota tiene la dignidad que la victoria no conoce / el compromiso ha de ser un desobediente activo / no metas el dedo en el ojo de un muerto / no metas la lengua en los desastres del horror / nadie es Rimbaud / un  tipo peligroso con revólver de escarcha / el amor conoce sus instrumentos de muerte / andar con pies de plomo sobre las lecturas / huye de la creencia alegórica / la didáctica medieval / la retórica del engaño / el barroco carbonizado / todos los relojes del mundo han sido  calcinados / la tradición tiene esa mala costumbre / de añadir almas nuevas al purgatorio / vive y deja vivir / busca una felicidad responsable / el descubrimiento de América / Apolo dios de la luz abandonó Nueva York y el monte del Parnaso / y ahora es pastor de estrellas en el jardín de ciudadanos / Nueva York está en nosotros / la arboleda comunal / las cajas de música / la guarida de la mesa / la serenidad es el valle del lenguaje donde silba el perejil / la dulce vida en el cibercafé / las vacas de Chagall comen ensalada de estrellas / el vestíbulo del corazón / llegan obreros y estudiantes para la revolución francesa / desatar los nudos de los altos patíbulos / liberar a los presos / libertad es la ley / la identidad desobediente / los niños han de inventar lo maravilloso para resistir a la muerte / la vida es el valor supremo / vale la pena ser feliz / Paco Picabia cree en el poder popular / las bicicletas que hacen girar el mundo / contra la telaraña de la costumbre / la filosofía tricolor / el arca de Noé / los cisnes salvados del diluvio.

Santos Domínguez