16 mayo 2012

La Edad Media. Entre oralidad y escritura




María Jesús Lacarra y Juan Manuel Cacho Blecua. 
 Historia de la Literatura Española.
1. Entre oralidad y escritura: la Edad Media.
Crítica. Barcelona, 2012.

Entre oralidad y escritura es el significativo rótulo que han propuesto María Jesús Lacarra y Juan Manuel Cacho Blecua para resumir la peculiaridad más significativa de la literatura medieval castellana.

“Nos ha parecido –escriben en la Introducción- que el abismo que separa la difusión de la obra medieval con la de etapas muy posteriores es algo que afecta a su articulación como creación literaria y resume en cierto modo las producciones de ese periodo.”

El volumen forma parte de la nueva Historia de la literatura española dirigida por José-Carlos Mainer que publica la Editorial Crítica. Organizada en nueve tomos, está a punto de completarse en su conjunto, pues ya solo están pendientes de aparecer el dedicado al siglo XVI y el que abordará el lugar de la literatura española en la literatura universal.

Es el primer estudio de este tipo en las tres últimas décadas y por tanto propone nuevos enfoques que responden a las nuevas preguntas que plantea el lector de comienzos del siglo XXI. Porque, como la propia literatura, la crítica y los estudios literarios son hijos de su tiempo y contemplan la realidad desde una perspectiva cambiante, fijada por el gusto estético, por el canon de cada momento y por las circunstancias sociales, históricas y culturales que configuran la ideología de cada época.

Aparte de la calidad de los textos y el rigor del enfoque, también la estructura interna de la obra es nueva. No es una mera historia literaria que habla de períodos, corrientes y obras, sino que se fija también en cuestiones fundamentales como el papel del escritor, las formas de transmisión de la obra literaria o las siempre problemáticas relaciones entre la literatura y el poder.

Por eso incluso los tres términos del título -Historia, literatura y española-, que delimitan el campo del estudio, son movedizos e inestables, especialmente en la Edad Media, un periodo especialmente largo y especialmente complejo.

Este panorama de la literatura medieval es pues un reflejo del nuevo paradigma crítico que se ha ido configurando en el último medio siglo, de las nuevas tendencias que afrontan los procesos de difusión de los textos o de las teorías de la recepción que atienden al papel fundamental del público oyente o lector.

Como el resto del proyecto, este volumen tiene una estructura muy definida. En el bloque inicial se aborda sobre la producción literaria medieval en relación con unos contextos cambiantes que determinan no solo las peculiaridades de la literatura medieval, sino su evolución a lo largo de varios siglos.

Oralidad y escritura se plantean aquí no solo como un proceso evolutivo, sino como dos tendencias que coexistieron en una época fecunda en encrucijadas culturales que afectaron decisivamente a la literatura medieval y al mundo del escritor, al papel del autor y a su relación con el público, que constituyen el eje del segundo apartado.

En un tercer bloque se traza un panorama global de la producción literaria medieval a través del análisis de las obras fundamentales de cada género, de los autores más representativos y de los movimientos en los que se integran y de la evolución desde la anonimia hasta la conciencia de autoría: la poesía narrativa, la prosa literaria, la lírica cortesana o el teatro son algunas de las estaciones de paso de este apartado que se cierra con la culminación medieval de La Celestina.

La concepción del discurso literario, la transmisión oral, los textos perdidos, la función de la prosa y del verso, la visión del mundo, la construcción de un canon estético, el entorno cultural y educativo de la literatura, el papel de la mujer en los textos y en la sociedad se afrontan con rigor en este estudio de conjunto.

Un estudio en el que el diseño del panorama general no impide la profundidad de los enfoques ni evita el estudio de los textos y los autores más significativos de una época que se construyó sobre unos valores muy distintos de los que nos han dejado como herencia el Renacimiento o el Romanticismo, que han fijado el concepto de la individualidad, de la originalidad o de la misma literatura.

Además de un espléndido pliego central de ilustraciones comentadas, completa el tomo una selección de sesenta y ocho textos de apoyo que recoge, además de significativos fragmentos literarios, documentos de carácter sociológico, ideológico o estético que permiten entender las claves de la época y las poéticas de los grupos y los autores.

Santos Domínguez


14 mayo 2012

Gibbon. Decadencia y caída del Imperio romano


Edward Gibbon.
Decadencia y caída del Imperio romano. 
Volumen I.
Traducción y prólogo 
de José Sánchez de León Menduiña.
Atalanta. Vilaur, 2012.

Como una populosa novela leía Borges la Decadencia y caída del Imperio romano, de Edward Gibbon, el padre de la historiografía moderna que publicó este monumento imperecedero en seis volúmenes entre 1776 y 1778.

La investigación y la inteligencia, la sutileza y el rigor se dan cita en las numerosas páginas de este clásico que Gibbon dedicó a analizar quince siglos que culminaron con la caída de Constantinopla en 1453. La asombrosa capacidad narrativa de aquel deísta ilustrado, dueño de una prosa depurada y exacta, se concentra en los siglos finales de la Edad Antigua y en una Edad Media que acaba cuando cae el Imperio oriental.

En Gibbon la historia es maestra del presente, porque su historia antigua rastrea las raíces de Europa. Unas raíces que fueron creciendo en los quince siglos que abarca su estudio, proyectado en un espacio igual de ambicioso que el tiempo del relato: desde Siberia al Nilo, desde China hasta Gibraltar, Gibbon construye el puente que comunica la antigüedad con la modernidad.

Cuando escribió esta obra ciclópea se atisbaba la cercanía de un cambio histórico crucial: faltaban diez años para la Revolución de 1789, que pondría el punto final a aquella Edad Moderna que había surgido de las ruinas del Imperio romano.

Si esta Decadencia y caída sigue admitiendo hoy lecturas actualizadas y proyecciones en el análisis de las políticas del siglo XXI es porque seguramente nos estemos acercando también nosotros al fin de un ciclo histórico.

Atalanta acaba de recuperar este texto fundamental con una nueva traducción, de José Sánchez de León, autor también de un espléndido prólogo sobre al vida, la obra y la repercusión de Gibbon en la cultura española.

De momento se ha publicado el primero de los dos volúmenes de la edición completa de la obra: desde los Antoninos y la conquista de Britania hasta la caída del Imperio romano de Occidente y el reinado de Odoacro, el primer bárbaro que reinó en Italia.


Santos Domínguez

09 mayo 2012

García Lorca. Teatro completo

Federico García Lorca.
Teatro completo.
Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores.
Barcelona, 2012.

Quizá no haya en toda la historia del teatro español un momento tan alto como el que alcanzó Lorca en la plenitud de su escritura dramática, en los años treinta.

Una circunstancia aún más llamativa si se tienen en cuenta los dubitativos tanteos de sus comienzos, la torpeza juvenil y modernista de El maleficio de la mariposa o el seguidismo del teatro histórico-poético que hizo en Mariana Pineda.

Pero desde la superación de esas dudas iniciales la escritura teatral de García Lorca es un continuo y asombroso camino de perfección en el que se conjugan el talento y el trabajo, la gracia y las lecturas en una búsqueda exigente que explora las raíces tradicionales y neopopularistas de la farsa para guiñoles (Tragicomedia de don Cristóbal, Retablillo y Los títeres de Cachiporra) o para personas (La zapatera prodigiosa y Amor de don Perlimplín) o afronta con radicalidad los experimentos superrealistas en El público, Así que pasen cinco años y Comedia sin título.

Lo culto y lo popular, la tradición y la vanguardia, Shakespeare y la lírica tradicional, lo andaluz y lo universal no son en Lorca más –ni menos- que la materia primordial con la que el dramaturgo construye un universo dramático intenso y personal, de potente imaginería verbal e inconfundiblemente suyo: el que culmina en Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba.

Poesía que se levanta del libro y se hace humana, como decía el propio Lorca, su mundo teatral está vinculado en la superficie y en una compleja red de relaciones subterráneas con su mundo poético.

Ni Lope, cuyo genio no estuvo dotado para la tragedia, ni el adusto ceño filosófico de Calderón, ni el expresionismo distorsionante de Valle están a la altura de esas cimas lorquianas.

La asequible y muy cuidada edición del Teatro completo de García Lorca que acaba de publicar Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores, exenta de notas y aparato crítico, recupera la edición que Miguel García Posada publicó en esta misma editorial hace quince años.

Santos Domínguez


07 mayo 2012

El sometimiento de la palabra (poética)


Tomás-Néstor Martínez Álvarez.
El sometimiento de la palabra (poética).
Pre-Textos. Fundación Gerardo Diego. Valencia, 2012.

La poesía de Diego Jesús Jiménez entre Fiesta en la oscuridad e Itinerario para náufragos es el subtítulo de un completo estudio de Tomás-Néstor Martínez Álvarez, que obtuvo con este ensayo el Premio de Investigación Literaria Gerardo Diego. Lo publica Pre-Textos y es el resultado de la intensa lectura personal de una de las obras poéticas más arriesgadas y renovadoras del último tercio del siglo XX.

Porque de toda la poesía española de ese periodo, probablemente ninguna tan perturbadora y tan honda a la vez como la de Diego Jesús Jiménez. Telúrica y abismal, visionaria y meditativa, alcanza sus cimas en Bajorrelieve y sobre todo en Itinerario para náufragos, etapas sucesivas en un camino de perfección que, después de algunos tanteos marcados por la influencia evidente de Claudio Rodríguez, había encontrado su voz propia en Fiesta en la oscuridad.

Una poesía de la mirada que intenta iluminar la realidad y revelarla a través de la sensorialidad, el cromatismo y la sugerencia. Lo explicó el autor con estas palabras:

Para mí, la poesía no es tanto el arte de decir cosas, sino el de sugerirlas. Porque para decir cosa existen otros géneros literarios como el ensayo, o incluso la novela, pero lo que hace que algo se transforme en poesía es precisamente el misterio. El hecho de plantear lo desconocido a través de un poema y con una carga emotiva personal, es estar haciendo poesía.

A través del lenguaje poético - sigue diciendo Diego Jesús Jiménez - asistimos antes a una revelación que a un descubrimiento. Durante el acto de la creación poética sucede algo verdaderamente insólito: aquello que se nos ocurre, antes de comprenderlo –el poema, además, puede tener infinidad de lecturas e incluso negarse a su comprensión– nos emociona. No ponemos nosotros la emoción en el poema sino que, muy al contrario, es el verso que aparece de pronto, la imagen que transcribimos, algo en verdad incalculable, lo que nos emociona y empuja a continuar en la escritura del poema.

Este estudio, que sitúa los textos en su contexto y al poeta en su tiempo histórico conflictivo, como un poeta a contratiempo, al margen de modas y de grupos generacionales, se centra en la obra fundamental de Diego Jesús Jiménez, entre Fiesta en la oscuridad (1976) e Itinerario para náufragos (1996), pasando por Bajorrelieve.

Veinte años en los que el poeta encuentra su potente voz personal, que analiza Tomás-Néstor Martínez en un análisis pormenorizado de las claves temáticas y estilísticas que vertebran su poesía a lo largo de una evolución tan coherente desde el punto de vista ético como ambiciosa desde el punto de vista estilístico.

Además de un estudio de la génesis de cada libro, las apretadas páginas de este ensayo son una exploración en las imágenes y en el mundo simbólico de Diego Jesús Jiménez y contienen un análisis agudo y profundo de algunos de los textos más representativos de una poesía visionaria de enorme intensidad expresiva en la que confluyen el tiempo y la memoria, la luz y la oscuridad, el llanto y la fiesta, la autobiografía y la historia, el yo y el otro, la palabra y la pintura, la ruina y la fertilidad, el óxido y la creación.

Santos Domínguez

04 mayo 2012

Poesía contemporánea en lengua hebrea



Poesía contemporánea en lengua hebrea.
Antología.
Selección, versión y notas de
 Luisa Futoransky y Marta Teitelbaum.
Prólogo de Leonardo Senkman.
Libros del Aire. Madrid, 2012.


No fue sacrificado Isaac como se cuenta,
vivió muchos y venturosos años,
hasta que la luz de sus ojos se oscureció.

Pero a su progenie le transmitió aquel momento.
Nace
con un cuchillo en el corazón...


Así termina Herencia, el poema de Jaim Guri que abre la antología de poesía hebrea contemporánea que acaba de publicar Libros del aire en su colección Jardín cerrado.

Además de él, otros doce poetas –con cuatro o cinco textos, según los casos- figuran en una muestra de la que afirma en su prólogo Leonardo Senkman que es “una invitación a conocer Israel a través de esta antología donde la poesía de un pueblo se fragua en la imaginación y sensibilidad de la palabra poética de algunas de sus voces individuales.”

Seleccionados, traducidos y anotados por Luisa Futoransky y Marta Teitelbaum, los poemas de esta antología reflejan la peculiaridad de un mundo que se debate entre la tradición y la modernidad, entre la influencia oriental y la occidental, entre la identidad religiosa y la vida civil, entre la intimidad de los poetas y su conciencia nacional.

Combatientes como el propio Guri, supervivientes de los campos de exterminio como Dan Paguis, que anotaba con una tiza sobre el muro blanco /todos sus nombres, todos/ para no olvidar el mío”; autores de una obra intimista como Dalia Ravicovich militante pacifista y feminista; rebeldes y opuestas al canon patriarcal, como Yona Wollach; poetas urbanos y futuristas como David Avidan o denunciantes de la ocupación y la opresión sobre los palestinos como Ahron Shabtai, o el galileo Naim Araidi, autor del espléndido Una mirada hacia Jerusalén:

Tal vez podríamos juntar
todas las grandes piedras
de las colinas de Jerusalén.
Tal vez podríamos construir
otro Muro
otra Mezquita
y otra Iglesia.
Tal vez.

Olvidaremos los errores del pasado.
Tal vez construiremos por fin
otra ciudad
no en las colinas de Jerusalén.

La llamaremos Jerusalén.


Organizados cronológicamente entre Jaim Guri (1923) y Sara Friedland Ben Arza (1960) trece nombres, trece mundos poéticos diferentes que se mueven entre la reivindicación y la ironía, entre la ciudad y el desierto, entre la metáfora, la imaginación, el testimonio y el amor.

Trece voces unidas por la lengua hebrea y los problemáticos referentes culturales, históricos y sociales sobre los que se levanta su compleja identidad personal y colectiva.



Santos Domínguez



02 mayo 2012

Comedias de Shakespeare


William Shakespeare. 
Obra completa 1. 
Comedias. 
Debolsillo. Barcelona, 2012. 

Los tres círculos concéntricos que se unen en la noche del bosque en un sueño de verano, las comedias oscuras y la fuerza del deseo, la Roma clásica y la Florencia del Renacimiento, el Rosellón o las Bermudas, el amor y los celos y las variables formas de la venganza, lo cortesano y lo pastoril, el campo y la ciudad, la ambigüedad sexual, el humor y la inteligencia, una Venecia oscilante entre lo trágico y lo cómico, el sueño y la magia, el desdén y la furia domada, lo inverosímil y los naufragios, los mercaderes y los equívocos, el honor y la ambición, el enredo y el diálogo, el teatro dentro del teatro, Falstaff y las comadres de Windsor, el mito y la tempestad, el perdón y la risa, los juegos de palabras, las mujeres disfrazadas de hombre y los matrimonios no deseados, la libertad individual y las convenciones sociales... 

El mundo, el hombre y la vida según Shakespeare, cuyas comedias contienen la totalidad de la realidad, hasta su sesgo más oscuro y amargo. Debolsillo ha empezado a publicar la obra completa de William Shakespeare, el mayor dramaturgo de la historia, el clásico primordial. 

El primer volumen de los cinco que componen el proyecto recoge todas sus comedias vertidas al español por distintos traductores españoles e hispanoamericanos: Los dos caballeros de Verona (Pablo Armando Fernández), La comedia de los errores (Hugo Chaparro Valderrama), La doma de la fiera (Víctor Obiols), Trabajos de amor en vano (Alberto Silva), Sueño de noche de verano (Agustín García Calvo), El mercader de Venecia (Vicente Molina Foix), Mucho ruido y pocas nueces (Edmundo Paz Soldán), Como les guste (María Enriqueta González Padilla), Las alegres casadas de Windsor (José María Valverde), Noche de Epifanía o Lo que queráis (Federico Patán).

Con edición de Andreu Jaume, que ha escrito una espléndida introducción a la vida y la obra del autor y un inteligente análisis de sus comedias, se ponen al alcance de los lectores españoles el teatro y la poesía de William Shakespeare en una cuidada y asequible edición de bolsillo en tapa dura con traducciones contemporáneas que son más literarias que literales y que respetan el verso y la prosa originales. Tras este primer volumen, aparecerán otros cuatro tomos con las tragedias, los dramas históricos, los romances y la poesía, esta última en edición bilingüe. 

Sobre la división tripartita del First Folio (Comedias, Tragedias, Dramas Históricos) se añade otro volumen con los Romances en esta edición de bolsillo que se convertirá en una referencia imprescindible para los lectores de Shakespeare en español. 

Santos Domínguez

30 abril 2012

Francisco Tario. La noche

                                                                        


Francisco Tario.
La noche.
Prólogo de Alejandro Toledo.
Atalanta. Vilaür, 2012.

Portero de fútbol, astrónomo, pianista y narrador, quien firmaba sus obras con el seudónimo Francisco Tario nació en México D.F. en 1911 y murió en Madrid en 1977.

Fue un raro, una isla en la literatura mexicana, y practicó una escritura que tendía a lo nocturno, como la música de Chopin que le gustaba interpretar al piano.

Escritor secreto y extremadamente minoritario, Atalanta rescata parte de su perturbadora y alucinada obra narrativa breve en el volumen La noche, una antología que toma su título del primer conjunto de relatos que publicó Tario en 1943. Se reúnen aquí dieciocho cuentos, siete de los cuales pertenecen a su última colección, Una violeta de más, de 1968.

Dieciocho cuentos atravesados por la imaginación, la voluntad de sorprender y la fantasía como método para explorar los vínculos entre el pasado y el presente, el sueño y la vigilia, los vivos y los muertos, como resalta Alejandro Toledo en su prólogo.

En una de las dos entrevistas que incorpora este volumen como epílogo, Tario declara que se siente parte de una tradición rara en el ámbito hispánico, la de la literatura fantástica, que, como señala Tario, “florece mejor a temperaturas  bajo cero, y sus lectores más asiduos se cuentan entre las gentes de ojos azules.”

En esa misma entrevista, Tario revela las cuatro bases de sus relatos -poesía, muerte, amor y locura- y reivindica como objetivo último de su literatura “lograr que lo inverosímil resulte verosímil” en el marco de una realidad cotidiana en la que de repente brota lo fantástico.

Esa tarea, a la que también se han aplicado escritores de ojos azules como Bioy, Borges o Cortázar, consiste en desdibujar las fronteras que separan el sueño de la vigilia, lo trágico de lo cómico, la realidad de la imaginación, la lógica del absurdo y la experiencia de la fantasía. Otro mexicano como Arreola también forma parte de ese archipiélago literario.

Objetos animados, sueños y monstruos, alucinaciones y fantasmas recorren los relatos de un Tario al que se ha simplificado con términos como extravagante, sorprendente, inquietante o sarcástico.

Marginal y ajeno a los grupos literarios, seguramente era todas esas cosas, pero su impulso obedecía a un proyecto global que podría condensarse en este párrafo que Alejandro Toledo extrae de uno de los relatos, La noche de los cincuenta libros, para cifrar en estas palabras la clave de la escritura de Francisco Tario:

Y escribiré libros. Libros que paralizarán de terror a los hombres que tanto me odian; que les menguarán el apetito; que les espantarán el sueño; que trastornarán sus facultades y les emponzoñarán la sangre. Libros que expondrán con precisión inigualable lo grotesco de la muerte, lo execrable de la enfermedad, lo risible de la religión, lo mugroso de la familia y lo nauseabundo del amor, de la piedad, del patriotismo y de cualquier otra fe o mito. Libros, en fin, que estrangulen las conciencias, que aniquilen la salud, que sepulten los principios y trituren las verdades. Exaltaré la lujuria, el satanismo, la herejía, el vandalismo, la gula, el sacrilegio: todos los excesos y las obsesiones más sombrías, los vicios más abyectos, las aberraciones más tortuosas…

Entre el relato que abre la selección, en el que un féretro macho y enamorado no sólo es el protagonista, sino también el narrador, y el que cierra el volumen, la dudosa pesadilla de un narrador cadáver que no sabe que está muerto, el lector va de un asombro a otro pasando por cuentos como La noche de Margaret Rose, que García Márquez consideraba uno de los mejores del siglo XX.

Entre esas dos noches funerarias que abren y cierran esta antología, dieciocho relatos que no dan tregua al lector, con una soltura narrativa, un dominio de la prosa y una intensidad perturbadora desde arranques magistrales como este, de Un huerto frente al mar, que comienza así:

-Hoy tuve carta del ahogado –dije.


¿Y cómo no seguir leyendo tras esa frase?

Santos Domínguez

27 abril 2012

Alda Merini. Vacío de amor


 
Alda Merini.
Vacío de amor.
Edición y traducción de 
Mercedes Arriaga y Jenaro Talens.
Cálamo Poesía. Palencia, 2010.

En mí moraba el alma de la meretriz
de la santa de la sanguinaria y de la farisea.
Muchos le dieron nombre a mi modo de ser
y sólo fui una histérica.

Así termina el autorretrato que Alda Merini (Milán, 1931-2009) incluyó en La urraca ladrona, uno de los libros que se antologan en Vacío de amor, la amplia selección poética publicada por Cálamo Poesía con traducción y prólogo de Mercedes Arriaga y Jenaro Talens.

Sobre la incertidumbre vital y poética se construye la obra de Alda Merini, que tuvo en el dolor “la única certeza de un mundo sin certezas, la única verdad en un mundo sin verdades”, como señalan los autores de la edición.

Su biografía está marcada por la convivencia con la locura, por una existencia desgarrada que se mueve en los márgenes de la razón y de las convenciones sociales.

Como Hölderlin, como Artaud, como Leopoldo María Panero, Alda Merini es un ejemplo de la peculiar cercanía entre el discurso del poeta y el discurso del loco, ajenos a la lógica común.

Nosotros la literatura la hacemos en los vértices
cercados por cimas de hielo
y bebemos hiel para recobrar el aliento,
pero bailamos sobre los hielos
con toda la fuerza etérea del dolor.

Un desgarrón que acompañó la poesía de esta poeta italiana, que frecuentó los infiernos de los manicomios y vivió y escribió en un desequilibrio extremo entre la locura y la lucidez, un poco más allá de esa frontera que algunas veces atisban los poetas de verdad.

La vocación de fuga atraviesa de principio a fin una poesía que se convierte en el único medio para intentar comprender un mundo opaco y extraño, una poesía que está escrita con un tono de continua despedida y mira más al pasado que al presente.

Avatares de la identidad, o la mujer disuelta titulan los editores un prólogo que da paso a casi doscientas páginas de poesía intensa y perturbadora desde el primer texto, La mirada del poeta, que funciona como un pórtico o una obertura:

Si alguien quisiera comprender tu mirada
defiéndete Poeta con ferocidad
tu mirada, ay de mí, son cientos de miradas que te observan temblando

Santos Domínguez

25 abril 2012

Blaise Cendras. La parcelación del cielo


Blaise Cendrars.
La parcelación del cielo.
Traducción de Juan Victorio.
Prólogo de María Casas.
Rey Lear. Madrid, 2012.


Suizo de nacimiento, nacionalizado francés en 1916 y mutilado ese mismo año en la Gran Guerra, Blaise Cendrars (Neuchâtel, 1887 - París, 1961) es uno de esos raros tan inclasificables como imprescindibles.

Raro e inquieto, hizo de la insatisfacción el motor de su vida y de su literatura: practicó una escritura exigente y un nomadismo incansable.

Y vida y literatura fueron unidos estrechamente en la zona más importante de su obra. Poeta, novelista, autor de reportajes literarios y corresponsal de guerra para el ejército inglés en la segunda guerra mundial, quizá la parte fundamental de su producción es la tetralogía narrativa y autobiográfica formada por El hombre fulminado (1945), La mano cortada (1945), Trotamundear (1948) y La parcelación del cielo (1949).

Este último título, inédito hasta ahora en español, es el que acaba de publicar Rey Lear con traducción de Juan Victorio y un prólogo de María Casas al que pertenecen estos dos párrafos entusiastas:

Este libro es extraordinario, aparentemente desordenado, abocetado e irregular, con un aliento poético poco común que se desgrana en enumeraciones, letanías, descripciones aterradoras, humor y amor a raudales, que yo no he encontrado en ninguno de sus otros libros, menos aún en su poesía. Un libro escrito a impulsos feroces, como en un rapto de amor.


Un libro loco, un libro niño, un libro flor, un libro pájaro. Un libro santo y levitador que vuela entre aviadores, hijos muertos en el aire, aves y pequeños pájaros libadores, constelaciones antiguas y constelaciones nuevas. Entre los incesantes bombardeos. Y, como san José de Cupertino, uno de los personajes que en él aparecen, unas veces vuela hacia adelante y otras, hacia atrás.

A medio camino entre las memorias, el libro de viajes y la novela, La parcelación del cielo tiene como centro de su disposición tripartita la hagiografía del nuevo patrón de la aviación que propone Cendrars: San José de Cupertino, un simple, un personaje que está constantemente en la luna, habitando su propia inutilidad desesperante de alma de cántaro.

Con creciente fama que acreditaba su torpeza, aquel franciscano divertido y embobado -al que sus compañeros llamaban Boca abierta y que luego alcanzó la santidad- se pasó la mitad de su vida levitando, lo que justifica la propuesta de consagrarle como patrón de la aviación.

En la raíz de este libro, que se abre con una incursión ornitológica en la especie brasileña del siete colores y se cierra con una tercera parte centrada en la astronomía y en la búsqueda de una nueva constelación, está la muerte del hijo de Cendrars, Rémy, piloto de la aviación francesa que murió en combate durante la Segunda Guerra Mundial.

Lo explica Cendrars con estas palabras:

si a pesar de todo he escrito este relato, no es para probarme en un género que ha producido algunas obras maestras ni ejercerme en la escritura, de santa escritura, ni por imitación ni simplicidad, sino, primo, porque se lo prometí a Rémy —que no publicitará al nuevo patrón de la aviación, cosa que harían los americanos y también porque por entonces mi hijo se mató en un accidente de avión; secundo, porque, por muy santo canonizado que sea, Joseph Desa, natural de Cupertino (Apulia), es un personaje divertido que me apasiona; y tertio, porque la levitación es un arte de viajar instantáneo que a mí me hubiera gustado poder practicar desde que vi a los indígenas de las grandes selvas vírgenes del Amazonas dedicarse a ello después de absorber ibadú.

Fue crítico con la rendición francesa y como señal de protesta frente a la ocupación alemana, se negó a escribir durante tres años. Tras ese silencio redactó compulsivamente su tetralogía autobiográfica, que culminó con este espléndido volumen, que resume así María Casas en su prólogo “Cielo es un lugar donde nunca, nunca pasa nada”:

Aves, santos, constelaciones no son más que una excusa para escapar de la negrura, de la oscuridad, de la nada, último o primer protagonista, según se mire, de esta historia.

Santos Domínguez

23 abril 2012

Ayala. Narrativa


Francisco Ayala.
Obras completas I.
Narrativa.
Edición de Carolyn Richmond,
con la colaboración de la Fundación Francisco Ayala.
Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores. Barcelona, 2012.

Siete décadas de escritura se recogen en el volumen dedicado a la narrativa de Francisco Ayala (1906-2009), que forma parte del proyecto de sus Obras completas que está publicando Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores en su espléndida colección Opera mundi.

El proyecto global, coordinado por Carolyn Richmond, consta de otros cinco tomos de los que se habían publicado ya dos volúmenes, correspondientes a los ensayos literarios y a las obras autobiográficas de Ayala.

Desde Tragicomedia de un hombre sin espíritu, su primera novela, de 1925, hasta su último relato, El filósofo y un pirata, de 1999, pasando por cimas narrativas como Los usurpadores, La cabeza del cordero, Muertes de perro o El jardín de las delicias, este volumen recoge la producción narrativa de Ayala durante tres cuartos de un siglo que tuvo en el autor de El hechizado un espectador privilegiado y un analista lúcido, un creador infatigable y un testigo íntegro.

Nada humano fue ajeno a su inteligencia crítica, a su capacidad de análisis, a su ironía cervantina, a su memoria civil y a su compromiso ético. Clásico y vanguardista, discípulo de Quevedo, de Valle-Inclán y de Gómez de la Serna, su creatividad literaria se desenvolvió entre dos géneros, el ensayo y la narrativa, y su agudeza exploró los vínculos que los comunican.

Porque una gran parte de la obra ensayística de Ayala es una reflexión sobre teoría e historia de la novela, una indagación en la novela clásica, en el realismo o en las vanguardias, una aproximación a las relaciones entre la novela y la sociedad o entre la narrativa y el cine.

Y de la misma manera, las novelas y los relatos de Ayala son el resultado de esa meditación, de las lecturas de Cervantes, de Galdós o del 98, de una técnica depurada, de la profundidad de su observación, de su prosa estilizada y de un dominio excepcional de la lengua.

Este volumen supone no solo la reunión de la extensa obra narrativa ayaliana, sino también una fijación definitiva por la editora, Carolyn Richmond, de los textos a partir de las primeras ediciones y de los manuscritos conservados en la Fundación Francisco Ayala:

Dos novelas de aprendizaje de corte tradicional -Tragicomedia de un hombre sin espíritu e Historia de un amanecer-; los relatos vanguardistas de El boxeador y un ángel y Cazador en el alba, que le habían procurado en los años treinta un cierto prestigio como escritor de vanguardia y que anticipan algunos de los temas esenciales de la obra posterior de Ayala; tres libros centrales de cuentos -Los usurpadores, La cabeza del cordero e Historia de macacos-; sus dos mejores novelas -Muertes de perro y El fondo del vaso-; la cumbre literaria que tituló El jardín de las delicias, una obra en marcha que fue creciendo desde su primera edición en 1971 y que plantea una sutil mezcla de realidad y ficción, una arriesgada suma de narrativa y ensayo resuelta con brillantez.

Novelas y cuentos que son una parte fundamental de ese proceso vital que fue la escritura de Francisco Ayala, como destacó Carolyn Richmond en el prólogo general a la edición de las obras completas.

La biografía de un escritor consiste en sus escritos, decía Francisco Ayala en Recuerdos y olvidos, aludiendo a un proceso que culminó con La niña de oro y otros relatos, su última colección de cuentos.

Sobre esa vinculación indisociable entre literatura y vida insistía Ayala cuando afirmaba: Uno escribe siempre su propia vida, sólo que, por pudor, la escribe en jeroglíficos.

O cuando en el epílogo a la primera edición de El jardín de las delicias escribía:

Ya el libro está compuesto. He reunido piezas diversas, de ayer mismo y de hace quién sabe cuántos años; las he combinado como los trozos de un espejo roto, y ahora debo contemplarlas en conjunto.

Sí; cuando me asomo a ellas, pese a su diversidad me echan en cara una imagen única, donde no puedo dejar de reconocerme: es la mía.

Y aquí está, completa y verdadera. esa imagen definitiva de Francisco Ayala.


Santos Domínguez