04 abril 2012

Melville en Barataria

Herman Melville.
Yo y mi chimenea.
El pudín del pobre y las migajas del rico.
Traducción de Adrià Edo.
Barataria. Barcelona, 2012.

Como Poe, como Hawthorne, como Emily Dickinson, Herman Melville (1819-1891) forma parte del Dark Romanticism, de aquel Romanticismo oscuro que tuvo su expresión más acabada en la narrativa breve de estos tres autores y en la poesía de Emily Dickinson.

Espléndidamente traducidos por Adrià Edo, Barataria publica dos de los diecinueve relatos que escribió el autor de Moby Dick y de Bartleby el escribiente.

Yo y mi chimenea y El pudín del pobre y las migajas del rico, una novela corta y un cuento, son dos relatos muy distintos en tono, pero semejantes en calidad y en el uso de la narración en primera persona.

Yo y mi chimenea, dos viejos fumadores canosos, residimos en el campo. Estamos, puedo asegurarlo, bien asentados aquí, sobre todo mi vieja chimenea, que se asienta más y más cada día.

Así comienza el primero, un relato alegórico en el que la chimenea aparece humanizada (anfitriona, gran señora, mi superior, ciudadana libre de esta tierra libre) y es una imagen de la identidad personal frente a la tendencia enfermiza a defender las novedades.

Frente al viejo narrador y su reina -la chimenea-, su mujer –una anciana otoñal con alma primaveral- defiende lo nuevo y quiere eliminar la chimenea para lo que recurre a todo tipo de argumentos y de pactos.

El pudín del pobre y las migajas del rico es un cuento más breve y más duro: una mezcla en sus dos encuadres de piedad hacia el pobre y de sarcasmo hacia el rico. Una crítica de la beneficencia y la caridad de los ricos y una denuncia de la hipocresía a través de un narrador que asiste – como Dante- acompañado por un guía al infierno de la pobreza.

Un texto que termina con estas palabras demoledoras: el cielo me guarde por igual del pudín del pobre y de las migajas del rico.

Santos Domínguez

02 abril 2012

Graves. Los mitos griegos


Robert Graves.
Los mitos griegos.
Traducción de Lucía Graves.
Ariel. Barcelona, 2012.

Después de Ovidio, quizá nadie haya sabido narrar los mitos con la solvencia literaria de Robert Graves.

Como el autor de Las Metamorfosis, Graves no sólo es un brillante mitógrafo, sino un poeta con talento narrativo cuya mirada se proyecta sobre el mismo fondo paisajístico mediterráneo.

Con traducción de Lucía Graves, Ariel publica una versión abreviada de Los mitos griegos organizada en siete bloques: los mitos de la creación, las genealogías y los nacimientos de los dioses olímpicos, las relaciones de los dioses con los héroes y con los hombres, sus virtudes y sus debilidades, los argumentos relacionados con Minos, Dédalo y Teseo, los mitos tebanos y micénicos que alimentaron las tragedias clásicas como el de Edipo y Orestes, los doce trabajos de Heracles y su apoteosis, las peripecias de los argonautas y Medea.

Contados como episodios de una novela, vinculados unos con otros por un escenario común y sostenidos en una red de relaciones que revelan su significado histórico, su sentido antropológico o su fondo simbólico o mágico, los mitos griegos forman parte de un fondo inagotable de la tradición occidental.

Por eso siguen habitando en el inconsciente colectivo y nutriendo los argumentos de la literatura, la pintura o la música con sus historias de amor y odio, de culpa y venganza, de miedo y ambiciones, de pasiones secretas y traiciones.

Más allá de la mera recopilación de mitos, ese material valioso se convierte en la pluma de Graves en un potente conjunto narrativo de aire contemporáneo.

Santos Domínguez

31 marzo 2012

Nietzsche


Michel Onfray. Maximilien Le Roy.
Nietzsche.
Traducción de Elena Martínez.
Sexto Piso Ilustrado. Madrid, 2012.


En La inocencia del devenir, su más discutida que discutible biografía de Nietzsche, Michel Onfray explicaba que su objetivo era contar en imágenes una vida filosófica.

Aquella biografía tenía pues algo de guión, de storyboard sobre la vida del filósofo a través de una serie de escenas intensas que abarcaban los momentos más significativos de su existencia entre 1844 y 1900.

En 2010, el ilustrador Maximilien Le Roy convirtió esa biografía de Nietzsche en una espléndida novela gráfica que conecta vida, escritura e imagen para confirmar -como señalaba Onfray- que una vida filosófica es una vida en la cual la teoría y la práctica, el pensamiento y la acción, el verbo y el comportamiento, el discurso y la existencia, los libros y los compromisos no son distintos, sino que están correlacionados, ligados de manera consecuente. En esta configuración, el texto sostiene el gesto y el gesto genera el texto en perpetuo ir y venir.

Articulado como un flashback, Nietzsche enhebra vertiginosamente las sucesivas secuencias cronológicas que marcaron la vida y el pensamiento del filósofo.

Con colores encendidos o fríos, en el tono sepia del recuerdo, en el rojo del pensamiento apasionado o en el morado del hombre atormentado que creó el modelo moral del superhombre entre la lucidez y la locura, se suceden en las páginas de este volumen tiempos y lugares, reflexiones y pesadillas, Schopenhauer y Wagner, Lou Andreas Salomé y Elisabeth Nietzsche, la libertad y la fatalidad, para resumir la evolución intelectual de uno de los padres del pensamiento contemporáneo que sabía que la vida filosófica resumía el talento del pensamiento antiguo y que el cristianismo es una enfermedad mental destructiva que invita a un suicidio lento.

El eterno retorno y Zaratustra, Basilea y Leipzig, Venecia y Niza en un camino que cerró un irreversible acceso de locura en Turín. También en eso Nietzsche fue un profeta, un adelantado de la modernidad.

Ahora acaba de aparecer en español en un espectacular volumen editado por Sexto Piso, traducido por Elena Martínez.

Santos Domínguez

30 marzo 2012

Nikolái Gumiliov. El tranvía extraviado


Nikolái Gumiliov.
El tranvía extraviado.
Edición de José Mateo
y Xènia Dyakonova.
Linteo. Orense, 2012.

Pocos meses después de la aparición de El diablo listo en Reino de Cordelia, aparece en Linteo El tranvía extraviado, otra antología de Nikolái Gumiliov (1886-1921).

Seleccionada, traducida y prologada por José Mateo y Xènia Dyakonova, es un espléndido recorrido por la obra de un poeta que fundó el movimiento acmeísta y formó parte del círculo poético de Anna Ajmátova -de quien fue efímero marido- y de Ósip Mandelshtam.

Menos conocido en el ámbito hispánico que ellos o que otros poetas de la edad de plata de la poesía rusa como Maiakovski, Pasternak o Marina Tsvetáieva, su poesía, heredera de las actitudes románticas, anclada a menudo en una actitud adolescente y proyectada en una constante voluntad de huida hacia lugares lejanos, fue prohibida por el régimen soviético tras su fusilamiento en 1921.

La superación del simbolismo y sus nieblas impresionistas, junto con la recuperación de referentes clásicos y de las propuestas parnasianas, caracteriza la poesía acmeísta y la obra de un poeta como Gumiliov, que halló en los viajes y en lugares como Egipto, Sudán, Somalia o Abisinia una fuente fundamental de inspiración poética y la raíz de la potencia plástica y sensorial de sus imágenes, como la de La jirafa, un poema de 1908 que podría haber firmado entre nosotros Rubén Darío:

Conozco los cuentos alegres de extraños países,
del joven guerrero y la chica, de amor y de furia…
pero con el tiempo te has hecho a una densa calígine:
no es fácil que creas en nada, si no es en la lluvia.

Y ¿cómo podría contarte un jardín tropical,
la palma sutil, el olor de una flor nunca vista?
No llores, escucha... muy lejos, a orillas del Chad,
hay una jirafa de gracia exquisita.

Esa voluntad evasiva atraviesa la poesía de Gumiliov durante toda su evolución (hay un relincho de caballos fieros,/y el alma, la más triste de los encarcelados,/así, ligera y libre, eleva el vuelo).

La antología toma su título -El tranvía extraviado- de un poema que escribió en 1921, el mismo año de su muerte, y al que pertenecen estas estrofas:

Tarde: hemos pasado hasta la última almena,
todo un palmeral se perdió a nuestro lado,
y a través del Neva, del Nilo y del Sena
por tres puentes nuestras ruedas han chirriado.

Surgió en la ventana, por sólo un momento,
mirando hacia dentro con un gesto huraño
un viejo mendigo —si no me lo invento—
aquel que murió en Beirut el pasado año.

¿En dónde me encuentro? Afligido, angustiado,
el corazón dice latiendo a raudales:
«Ves la estación donde se vende al contado
el billete a las Indias Espirituales».

Esta panorámica retrospectiva, que organiza los poemas en tres secciones y con un orden cronológico inverso a partir de su último libro, Columna de fuego, deberá contribuir a consolidar su nombre como uno de los referentes de la poesía rusa del siglo XX.

Santos Domínguez

28 marzo 2012

En huelga

Todo Sherlock Holmes


Arthur Conan Doyle.
Todo Sherlock Holmes.
Edición y prólogo de Jesús Urceloy.
Bibliotheca AVREA Cátedra. Madrid, 2012.

La historia de la literatura traza a veces relaciones secretas y azarosas entre los textos, sus autores y los personajes que imaginaron alguna vez de forma esporádica o persistente.

Es evidente la afinidad de la pareja Don Quijote-Sancho y Holmes-Watson, personajes persistentes en la imaginación de Cervantes y de Conan Doyle. Pero más allá de esa relación evidente y de otras afinidades que los convierten en seres complementarios, hay entre ellos un vínculo que los une caprichosamente en el territorio de lo apócrifo.

Igual que don Quijote nunca pronuncia ese “ladran, luego cabalgamos” que la ignorancia iletrada le atribuye, Holmes nunca le dice a su ayudante esa manida frase “Elemental, querido Watson”. Tan llena de suficiencia como falsa, la crearon los guionistas que adaptaron al cine algunos de los relatos más famosos del inquilino del 221 B de Baker Street.

Pero es lo que pasa con los clásicos, que están en boca de quien no los leen y llegan a imaginarse a Hamlet diciendo ese Ser o no ser que nunca declama ante la calavera de Yorick.

Para que no todo sean inconvenientes, los clásicos tienen la virtud de seguir vivos, cumpliendo años sin daño y con un vigor que en el caso de Sherlock Holmes alimenta el inconsciente colectivo más allá de la literatura.

Por eso, porque Holmes cumple 125 años desde aquel 1887 en que se publicó Estudio en escarlata, Cátedra recupera la imprescindible edición de todas las aventuras del detective que ha quedado como símbolo de la capacidad deductiva y de la lógica de la observación de los detalles.

Jesús Urceloy explicaba en el prólogo de 2003 la particularidad de esta edición:

“Se trata de la exposición íntegra en un solo libro de todas las aventuras de Sherlock Holmes, y al mismo tiempo ordenadas éstas según la edad del protagonista.”

Entre Estudio en escarlata y El último saludo, sesenta historias -cuatro novelas y cincuenta y seis relatos- que permiten comprobar la inteligencia implacable y el ingenio del detective creado por Conan Doyle.

Detective y caballero llama a Holmes el magnífico microensayo anónimo que incluye siempre en sus solapas esta espléndida colección. Se leen allí observaciones como esta:

Si don Quijote tuvo su narrador —algún tanto oscurecido por obra de intérpretes y traductores—, también Sherlock Holmes tuvo el suyo, y tanto el doctor Watson como Mycroft y el propio Holmes se mostraron casi siempre por encima de las posibilidades de sir Arthur. En ambos casos hubo crítica interna. Desde el momento en que don Quijote se supo en letras de imprenta, se vio «pensativo» e inquieto, imaginando cómo lo habría tratado su historiador, y ya desde el principio lamentó que el autor se valiera «de novelas y cuentos ajenos, habiendo tanto que escribir» de los suyos (II,3). También Holmes vapuleó con cierta displicencia a su cronista, que tan orgulloso se sentía del "Estudio en escarlata":

«—Lo miré por encima —dijo [Holmes]—. Sinceramente, no puedo felicitarle por ello. La investigación es, o debería ser, una ciencia exacta, y se la debe tratar del mismo modo… Algunos hechos hay que suprimirlos o, al menos, hay que mantener cierto sentido de la proporción al tratarlos. El único aspecto del caso que merecía ser mencionado era el curioso razonamiento analítico, de los efectos a las causas, que me permitió desentrañarlo» (SC, 1)

El volumen añade seis apéndices: la relación completa de las aventuras de Sherlock Holmes y de todos los casos conocidos, tanto narrados como citados y no narrados en detalle; comentarios notas finales y curiosidades sobre los textos narrados; una addenda con tres poemas semiapócrifos; un epílogo con dos textos preliminares; y un índice alfabético descriptivo de los personajes que aparecen en las distintas historias.

Santos Domínguez

27 marzo 2012

Dickens. La Casa lúgubre


Charles Dickens.
La Casa lúgubre.
Traducción de Alberto Reyes.
Debolsillo. Barcelona, 2012.

Habitualmente traducida al español como Casa desolada, Bleak House es para la crítica contemporánea la mejor novela de Dickens, su empresa más compleja y memorable, como indicó Harold Bloom cuando la destacó como una novela imprescindible en El canon occidental.

La espléndida traducción de Alberto Reyes que acaba de publicar Debolsillo se ha titulado –a última hora, con la portada ya diseñada-, seguramente por algún problema de derechos, La Casa lúgubre, y va precedida de un agudo prólogo de Chesterton, que hace un profundo análisis de su trama, sus ambientes y sus personajes.

No es el único novelista que se ha acercado a esta obra de Dickens. Nabokov le dedicó un estupendo ensayo que forma parte de su Curso de Literatura Europea en el que exploró la red de relaciones que conecta los temas y los personajes de la novela.

Y sin embargo, La Casa lúgubre, que Dickens publicó en veinte entregas de 1852 a 1853, no tuvo una buena acogida entre sus contemporáneos, seguramente porque utilizaba unos planteamientos técnicos avanzados para su época, porque –como señaló W. J. Harvey- su doble sistema de narradores proponía “un elaborado experimento de narración y de composición argumental, único en Dickens.”

Si fue la peor valorada en su momento quizá fuese también por su complejidad argumental y por un radical cambio de tono narrativo. Porque esta es su obra central, pero también la más sombría de sus novelas desde su arranque en un noviembre lluvioso en el que la niebla, el barro y el humo se adueñan del panorama de un Londres fantasmagórico.

Ese comienzo memorable y simbólico marca el mundo narrativo de la novela, centrada en el mundo de los tribunales de justicia. Marcada por una niebla que no levanta en toda la obra y que acaba por invadir los espacios interiores, La Casa lúgubre es una sátira de la burocracia que contiene una trama policiaca.

Dickens es aquí un maestro del claroscuro que se mueve entre el humor y la denuncia y abandona la narración en sarta que había caracterizado sus anteriores entregas para utilizar una estructura cíclica.

No es la única novedad: además prescinde de personajes errantes o erráticos y asume Londres como eje ambiental de una concentrada unidad de lugar y un eje temático de referencia: el prolongado pleito en torno al que se organizan las tramas y los personajes.

Pero La Casa lúgubre es mucho más que un mero recorrido por el mundo de los niños pobres, de la Cancillería y de la maraña detectivesca y judicial que la envuelve como la niebla. Un Dickens poderoso, en su plenitud estilística y en su obra más intensa, crea aquí uno de sus personajes más acabados: Esther Summerson, cuya rememoración del porvenir la conecta con Kierkegaard y la convierte en un personaje prekafkiano.

No es el único personaje consistente y perdurable de los muchos que recorren esta obra maestra: el abogado Tulkinhorn, Harold Skimpole, Mr. Bouythorn, el detective Bucket o John Jarndyce completan una obra en la que el lector encontrará una representación global del mundo y de la vida.

En sus páginas hay intriga y enredos, personajes despreciables y criaturas deslumbrantes, acciones ruines y admirables, altura literaria y ritmo narrativo. De todo menos tedio.

Santos Domínguez

26 marzo 2012

Jacques el fatalista


Denis Diderot.
Jacques el fatalista.
Traducción de
María Fortunata Prieto Barral.
BackList Clásicos. Barcelona, 2012.

¿CÓMO se habían encontrado? Por casualidad, como todo el mundo. ¿Cómo se llamaban? ¿Qué os importa eso? ¿De dónde venían? Del lugar más cercano. ¿Adónde iban? ¿Acaso sabe nadie dónde va? ¿Qué decían? El amo no decía nada; y Jacques decía que su capitán decía que todo cuanto nos acontece de bueno y malo aquí abajo está escrito allá arriba, en el cielo.

AMO
Mucho decir es eso...

JACQUES
Mi capitán añadía aun que cada bala disparada de un fusil sale con su billete de destino.
AMO
¡Y cuánta razón tenía!

Con esa declaración de principios que explica la clave del título comienza Jacques el fatalista, una de las más deslumbrantes piezas de ficción jamás escritas, en palabras de Félix de Azúa que define esta novela como el artificio más moderno del siglo XVIII y ve en su protagonista un precedente del agrimensor kafkiano.

Diderot trabajó en ella durante veinte años, pero no se publicó hasta 1796, doce años después de su muerte.

Satírica y filosófica, delirante y transgresora, de estructura compleja y trama divertida, Jacques el fatalista, heredera de la ironía de Cervantes y del buen humor de Sterne, es un soplo de libertad en el reglado y racional siglo de las luces.

Desde su comienzo es una provocación, una ruptura con las convenciones del género, con la noción misma de realidad, pero también una afirmación de la libertad que caracteriza a la novela moderna desde su fundación.

La ambigüedad de lo real que estaba en la base del Quijote es también fundamental en Jacques el fatalista. Porque hasta lo único que parecía claro desde el principio, quién era el amo y quién el criado, se convierte en algo dudoso pocas páginas después.

La relación de dependencia entre el amo y Jacques sugiere una inversión de papeles semejante a la que se produce en la segunda parte del Quijote entre el caballero y Sancho también por efecto del valor dialéctico de la conversación.

Una influencia evidente que se completa con la relación episódica, constructiva y tonal con el Tristram Shandy de Sterne.

Crítica del relato, celebración de la ironía, la paradoja y la imaginación, esta novela itinerante y conversacional crea su propia realidad a través de cinco narradores y de una reunión de historias y de personajes extravagantes en una estructura de cajas chinas con la que unos relatos se encajan en otros mediante un sabio uso del diálogo.

Una conversación en voz alta y una explosión de impertinente libertad escribía Milan Kundera de esta novela que definía como un festín de la inteligencia, el humor y la fantasía /.../ sin el que la historia de la novela estaría incompleta.

BackList la ha recuperado en una espléndida traducción de María Fortunata Prieto con una sabia presentación de Barbara K. Toumarkine.

Santos Domínguez

25 marzo 2012

Europa al borde del abismo


Economistas aterrados.
Europa al borde del abismo.
Barataria. Barcelona, 2012.


Aunque hay quien prefiere seguir creyendo que la crisis mundial que comenzó en 2008 se debió a los derroches del último gobierno de Zapatero, todo parece indicar que, en realidad, la causa fue la acción conjunta de un grupo de banqueros, políticos y burócratas que se aprovecharon de la desregulación neoliberal de los mercados financieros internacionales para crear extraños y casi incomprensibles productos financieros con el único objetivo de acumular lucros escandalosos.

Que los países que más están sufriendo las consecuencias de esta crisis tengan hoy como ministros de economía o presidentes de gobierno a algunos de estos genios que desde sus altas poltronas de burócratas o banqueros obtuvieron ganancias pasmosas y no supieron prever la recesión que se avecinaba, va más allá de la ironía y el sarcasmo. Porque quienes crearon el problema con su avaricia y mostraron su incompetencia, hoy nos dicen que conocen la solución para el problema: austeridad. Pero, eso sí, antes recomendaron a los estados conceder ayudas cuantiosas a los bancos con deudas, que mágicamente se transformaron de privadas en públicas. Y de esta manera los estados, tras salvar a los ricos, son ya incapaces de atender a los pobres. Por eso necesitamos austeridad en forma de recortes. Si es fácil de entender.

Conforta saber que otros economistas, como los autores de este libro que acaba de publicar en España Barataria, que ya editó antes su manifiesto fundacional, proclaman no estar de acuerdo ni con el diagnóstico ni mucho menos con la terapia. Y que les sorprende que países más endeudados que Grecia y Portugal puedan financiar sus deudas a tipos de interés de auténtico saldo, mientras los antes citados, más Irlanda, Italia y España, son puestos al borde del abismo por una Unión Europea indolente, cerril y encorsetada por normas internas que impiden acudir al rescate de países en problemas. Una Europa que además, con sus propuestas de austeridad condena a nuestro continente a una recesión prolongada, y con sus recortes amenaza un modelo social que ha permitido vivir en paz a tres generaciones de europeos.

También anima la lectura del capítulo dedicado a Islandia, país cuyo gobierno preparaba el rescate de sus bancos (peligrosamente endeudados tras años volcados en la especulación financiera) con dinero público, cuando una serie de manifestaciones (en las que participó una quinta parte de los islandeses) seguidas de un referéndum, consiguieron algo tan sorprendente como obvio: obligar al gobierno a proclamar que las deudas privadas de estos bancos debían ser pagadas por sus propietarios y no por el estado.

Aunque deprimente, es también obligatoria la lectura del capítulo dedicado a nuestro país (España, doce años de ceguera) en el que se analiza en veinte magníficas páginas nuestro modelo económico, al que se califica de insostenible por estar basado en una burbuja inmobiliaria hinchada con dinero procedente del extranjero, y que sirvió para acabar con el paro a base de crear empleos de baja cualificación. Mientras gastábamos nuestro dinero (y el que nos prestaban) en comprar casas y destrozar lo que quedaba de nuestro litoral mientras la productividad del país bajaba de modo incesante, desatendíamos aspectos tan importantes como la formación y la investigación.

Hoy un panorama de casas vacías, parados sin formación y deudas impagables, ensombrece nuestro futuro. Y quienes nos gobiernan sólo nos ofrecen recortes y paro, porque aunque hasta el país más pobre y desgraciado puede recurrir a su Banco Central para que alivie sus deudas, nosotros, a causa del privilegio que supone estar bajo el control del Banco Central Europeo y protegidos por la fortaleza del euro y el virtuosismo del gobierno alemán, estamos a los pies de los mercados. Si es fácil de entender.


Jesús Tapia

24 marzo 2012

Camba. Playas, ciudades y montañas


Julio Camba.
Playas, ciudades y montañas.
Prólogo de Francisco Fuster.
Reino de Cordelia. Madrid, 2012.

Para conmemorar el cincuentenario de la muerte de Julio Camba, uno de los mejores prosistas de la primera mitad del siglo XX, Reino de Cordelia recupera Playas, ciudades y montañas, un libro de juventud que apareció en 1916 y recoge artículos de 1907 y 1908 sobre las experiencias de Camba en tres escenarios muy distintos –Galicia, Francia y Suiza.

Recorridos por la misma mirada personal del autor y por una prosa que une la agilidad y la precisión del periodismo a una alta calidad estilística, los textos de Playas, ciudades y montañas muestran a un Camba que está entrando en la madurez literaria y que se revela ya dueño de un mundo propio en el que caben la seriedad y el humor, el campo y la ciudad, el pasado y el presente, la provocación y la crítica, la reflexión y el ingenio.

Playas, ciudades y montañas, que no se publicaba en un volumen exento desde 1934, refleja ya de manera completa el universo de aquel coleccionista de viajes que fue Camba, de aquel articulista profesional en la prensa diaria obligado a la urgencia y a la síntesis, lo que le daba oficio y sustento, pero limitaba la extensión de su escritura –una superficie literaria de 150 centímetros cuadrados- y su capacidad para disfrutar del mundo:

El articulista –había escrito Camba- no puede gozar de nada, porque todo, en su organismo, se vuelve literatura, así como esos enfermos que no gozan de ninguna comida porque todas ellas se les convierten en azúcar. Esos enfermos son fábricas de azúcar, y nosotros somos fábricas de artículos.

Está en estos textos, escritos antes de la Primera Guerra Mundial, el mejor Camba, el que funde en la calidad de su prosa irónica y novecentista la neurastenia y la literatura, el bucolismo y el agua bicarbonatada, Constantinopla y la provincia de Pontevedra, Virgilio y las carreteras, la lírica cabeza del mirlo con la libertad de pensamiento y el arte de tirar bolitas de pan con la diligencia de Cambados.

Desde la isla de Arosa hasta Ginebra pasando por Compostela o el Barrio Latino de París, un Camba agudo y humorístico, irónico y cáustico mira la realidad con distancia crítica y emocional, con una perspectiva semejante a la que quería aquel Don Estrafalario de su paisano Valle-Inclán.

Una perspectiva que es la del extranjero extrañado, no la del turista, una de las bestias negras de Camba:

El inglés es turista por naturaleza. Yo he conocido en París ingleses que llevaban allí doce años y que seguían de turistas, hablando inglés, llamando la atención y haciendo el primo como si acabaran de llegar.

Un escritor todoterreno titula Francisco Fuster el prólogo que introduce esta cuidada reedición de Playas, ciudades y montañas, un escritor todoterreno -concluye el prologuista- que supo dominar como nadie el difícil arte de la brevedad, conciliando mar y montaña de la única forma que podía hacerse: en el espacio justo de una cuartilla.

Santos Domínguez