31 enero 2012

T. S. Eliot. La aventura sin fin


T. S. Eliot.
La aventura sin fin.
Edición de Andreu Jaume.
Traducción de Juan Antonio Montiel.
Lumen. Barcelona, 2011.

“El cuerpo ensayístico resumido en La aventura sin fin demuestra que T. S. Eliot fue uno de los críticos más ambiciosos y estimulantes del siglo XX”, explica Andreu Jaume en El rey del bosque, el prólogo que ha escrito para esta selección organizada cronológicamente entre 1919 y 1961 que publica Lumen.

Entre la provocación juvenil y la reflexión serena de la madurez, se refleja en ellos un itinerario de más de cuarenta años de ensayos de T. S. Eliot, un poeta fundamental que fue construyendo una obra ensayística de forma paralela o tranversal a sus dos momentos poéticos más importantes: La tierra baldía y Cuatro cuartetos.

Dante, Shakespeare, Byron o Baudelaire son objeto de la perspicacia crítica de Eliot, de su capacidad analítica y su profundidad incontestable en textos como el canónico Criticar al crítico, con el que se cierra una selección imprescindible de ensayos que han sido traducidos de manera intachable por Juan Antonio Montiel.

Santos Domínguez

30 enero 2012

Poe. Narrativa completa


Edgar Allan Poe.
Narrativa completa.
Edición, introducción y notas de
Margarita Rigal Aragón.
Cátedra Bibliotheca Avrea. Madrid, 2011.

Quizá la clave de todo Poe esté en una frase (Al principio fue el miedo) que Cortázar dejó caer estratégicamente en un lugar del prólogo memorable a su traducción de los cuentos completos.

Esa traducción canónica de los cuentos y la que hizo de la Narración de Arthur Gordon Pym son las que, junto con la que Margarita Rigal Aragón ha preparado de El diario de Julius Rodman, aparece en la edición en la que Cátedra Avrea ofrece la Narrativa completa de Edgar Allan Poe.

Precedidos de un estupendo estudio introductorio, se recogen en un volumen, además de los 67 cuentos, sus dos novelas: Narración de Arthur Gordon Pym y la truncada El diario de Julius Rodman.

Poe abordó en sus textos temas científicos y horrores variados, el misterio policial y la aventura y en más de una ocasión practicó la parodia de los viejos modelos narrativos. Revitalizó la narración de terror en La caída de la casa Usher y la de aventuras en El escarabajo de oro, fundó el relato policiaco con La carta robada y Los crímenes de la rue Morgue y fue el primero que hizo que el horror se independizara de la escenografía y que la sensación de terror surgiera en el interior del personaje y se transfiriera luego al lector a través del tono y de la atmósfera del relato.

Escribió cuentos alimenticios para salir del paso y obras maestras imprescindibles. Replanteó la creación literaria desde la premeditación calculada y su capacidad para la elaboración de atmósferas y para bucear en los mecanismos mentales que generan el efecto del terror. Su escritura despreció por igual la improvisación y el didactismo, la temática moralizadora y el descuido técnico. Sus textos teóricos y sus relatos siguen siendo hoy un referente modélico para los aprendices de escritores y para los narradores de oficio acreditado.

Santos Domínguez

27 enero 2012

La poesía es un fondo de agua marina


Santiago Montobbio.
La poesía es un fondo de agua marina.
El Bardo. Barcelona, 2011.

Tras veinte años de silencio, Santiago Montobbio escribió en unas pocas semanas de la primavera de 2009 una asombrosa cantidad de poemas: cerca de quinientos textos acumulados compulsivamente como un poseído por la palabra y el ímpetu creativo, en un proceso de escritura febril que se repitió en el verano y el otoño hasta casi completar el millar de poemas.

Acaba de aparecer una abundante selección de la primera fase de aquella actividad poética bajo el título La poesía es un fondo de agua marina (El Bardo).

Un conjunto de textos unidos no sólo porque responden a un mismo momento creativo y a idéntico ímpetu, sino porque insisten en la exploración de temas y actitudes que Santiago Montobbio había mostrado en sus libros anteriores.

La perplejidad de la mirada ante la irrupción del misterio, el destello de la revelación en los paisajes cotidianos, la evocación del pasado y el constante discurrir de lo exterior a lo interior, de la reflexión personal al diálogo con los otros, de las calles de Barcelona a la temporalidad o la conciencia del lenguaje y la defensa de la poesía como forma de consuelo y de conocimiento. Por eso Montobbio reivindica el texto poético como revelación y abismo, destello único.

Ese proceso en el que la poesía, entre la luz y la sombra, construye no solo al poeta sino a la persona, se resume ejemplarmente en este texto, uno de los mejores y más significativos del libro, porque sintetiza su concepción de la poesía como búsqueda y su relación carnal con las palabras:


MERODEO. TIENTO LAS PALABRAS,
me acerco a ellas, merodeo. Soy
un sondeo, un rodeo, un regreso.
En ellas me soy y vivo. Aliento,
alumbro, descubro. Adioses
aprietan y se juntan, caminos
perdidos de vidas muy antiguas,
tiempos idos. En todos ellos
merodeo. Y me soy, vivo.
Las palabras trazan mi cara
y mi forma en el destino.
Luz y abismo, las palabras tiento,
persigo, cerco. Todo es de las palabras.
Sobre ellas el vivir se rasga,
el vivir ellas pulsan, cifran, retratan.
Sólo en las palabras está el alma.

Santos Domínguez

26 enero 2012

Jordi Llovet. Adiós a la universidad


Jordi Llovet.
Adiós a la universidad.
Traducción de Albert Fuentes.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2011.

El eclipse de las Humanidades es el subtítulo que Jordi Llovet ha elegido para resumir el sentido de su ensayo Adiós a la universidad, una reflexión crítica en primera persona sobre la irrelevancia de las humanidades en los planes de enseñanza. Un adiós personal que es el de quien se jubila como profesor universitario, pero que tiene un segundo sentido: la denuncia de la decadencia cultural en el páramo universitario español.

Planteadas como unas memorias que reflejan su experiencia de más de cuatro décadas como profesor de Estética y de Crítica Literaria en la Universidad de Barcelona, las páginas de este libro de Jordi Llovet que publica Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores abordan la banalización de la cultura en el Plan Bolonia, la especialización mezquina y unidimensional, la degradación del lenguaje y la descomposición del modelo cultural universitario entre el humor, la ironía y el sarcasmo. No es una casualidad que el capítulo que culmina este ensayo sea un Elogio de la palabra.

Santos Domínguez

25 enero 2012

El viaje de Mastorna


Federico Fellini.
El viaje de Mastorna.
Traducción de César Palma Hunt.
BackList Contemporáneos. Barcelona, 2011.


Es el guión de un sueño que Fellini no llegó a filmar y que siempre apreció como el proyecto frustrado de la que podría haber sido su mejor película. Está basado en Lo stranno viaggio di Domenico Nolo, un relato de Dino Buzzati, con quien el cineasta había empezado en 1965 a redactar este texto sobre la muerte.

Una leyenda siniestra rodea El viaje de Mastorna, la película frustrada de la que Fellini tuvo que desistir tras un serio problema de salud. Retomó el proyecto en 1992 y en agosto del año siguiente sufrió un derrrame cerebral que se repitió en octubre y lo llevó a la muerte.

Tras un aterrizaje forzoso en mitad de una plaza, entre calles y rascacielos, el violoncelista Guido Mastorna entra en un espacio onírico, en un mundo de pesadilla, en un círculo que debe tanto a Kafka como a Dante. Se inicia así una peregrinación por un mundo espectral e incomprensible recorrido por el protagonista, un extranjero consternado y perplejo al que no le sirven sus documentos ni le hablan en su lengua.

Hay en este espléndido guión el mismo mestizaje de sueño y realidad que en el cine de Fellini desde Roma, la película que rodó después de este proyecto frustrado que comparte una misma estética y más de una escena con las que aparecen en El viaje de Mastorna.

Como en el viaje marítimo de Y la nave va, también hay aquí un viaje metafórico que vertebra el relato y marca la articulación de las escenas. Como en Ginger y Fred y en Entrevista, el viaje espacial se combina con el viaje temporal, con la vuelta al pasado y la mirada hacia atrás de los personajes.

Y todo en este guión queda atravesado por un onirismo que tiñe de absurdo los espacios exteriores y los ambientes interiores, las acciones y los diálogos, las situaciones y los personajes.

La soledad en medio del gentío, la incomunicación en un babel confuso de lenguas, un viaje en tren para el que no se permiten equipajes, el cadáver de un papa en silla gestatoria y en procesión macabra por la estación de trenes, un ferrocarril de cuatro pisos, la visión por el protagonista de su propio cadáver entre los restos del avión, una sesión de espiritismo y striptease, suicidas que son muertos vivientes y se levantan como zombies, familias muertas en accidentes de tráfico, un ministro y un cardenal en el prostíbulo, un infierno que parece un paraíso, una feria de sueños perennes, el reencuentro con viejos amigos, con familiares y ambientes del pasado, un insomne profesor de Filosofía que no cree en la inmortalidad del alma, pero sí en la del cuerpo, un sepulturero que recuerda a los de Hamlet, la amputación quirúrgica de la memoria...

Son algunas de las situaciones de un viaje similar al que hizo Dante en la Divina Comedia, no sólo porque aquí también hay una bajada al subsuelo y un guía, sino también porque Guido Mastorna vuelve al mundo -en otro avión- en Florencia.

Y sobre todo, porque ese viaje y ese sueño construyen, como en el poema dantesco, el relato de un viaje al interior del protagonista, que regresa transformado, convertido en otro para mirar el mundo con una nueva perspectiva.

Santos Domínguez

24 enero 2012

Irene Jiménez. La suma y la resta


Irene Jiménez.
La suma y la resta.
Páginas de Espuma. Madrid, 2011.


Esta joven murciana se ha consolidado como una magnífica escritora de relatos con la publicación de esta cuarta obra editada por Páginas de Espuma.

La hora de la siesta, su primer libro, publicado en 2001, fue muy aplaudido por la crítica. En 2003 apareció El placer de la Y y en 2007 Lugares comunes, también publicado en esta editorial.

La suma y la resta es su última obra. Se trata de un conjunto de siete relatos cuyos títulos son los nombres propios de sus protagonistas. Esto sirve para dotarlo de unidad y concebirlo como un juego en el que cada cuento surge del anterior en una estructura circular. Así, aunque cada uno de ellos pueda ser leído de manera independiente, enlazados forman casi una novela.

Una de las características más destacables del libro es el gusto por el detalle en la descripción de ambientes y personalidades. Por ello, a pesar de la poca extensión de los cuentos, los personajes quedan perfectamente dibujados en esas pocas líneas que narran un instante cotidiano de sus vidas en el que lo ordinario se convierte en trascendental.

Dentro de ese contexto, unos personajes afrontan la vida como una suma de conocimientos que les permite avanzar y evolucionar, mientras que otros solo ven la resta en su existencia diaria.

La narración en tercera persona, el punto de vista omnisciente y la introspección psicológica permiten que nos sumerjamos en las profundidades de su realidad.

Solo un punto negativo en este libro: que no continúe; que los relatos finalicen tan rápido que nos quedemos con ganas de saber más.

Alba Pavón

23 enero 2012

Oyendo lo que algunos dicen públicamente


Jorge Rodríguez Padrón.
Oyendo lo que algunos dicen públicamente.
Debates con la poesía española.

Calambur Ensayo. Madrid 2011.

En las trescientas densas y apretadas páginas de Oyendo lo que algunos dicen públicamente, que publica Calambur en su colección de ensayo, Jorge Rodríguez Padrón hace una reivindicación del riesgo poético frente al conformismo y de la ambición expresiva frente a la poesía de vuelo corto que ha marcado el canon poético español de los últimos treinta y cinco años.

Fechados entre octubre de 2004 y abril de 2007, los textos que se reúnen en este volumen no dan tregua al lector con análisis discutibles, pero de implacable coherencia. Son, como indica el subtítulo, debates con la poesía española. Debates que van más allá de la polémica personal para trazar un panorama caracterizado, según el autor, por la pobreza y la pequeñez y para reflexionar sobre el sentido de la poesía y su virtualidad creativa.

Desde una mirada crítica a la poesía de la experiencia y frente a la mera instrumentalización comunicativa que ha caracterizado la parte más visible de la poesía figurativa española durante las últimas décadas, Jorge Rodríguez Padrón defiende el hueco, “el hiato de asombro” como el lugar del poema, como el espacio que lleva hasta el hallazgo desde la perplejidad, que es la energía primera de la palabra poética.

En ese debate dialéctico, se reivindica la individualidad creativa frente al seguidismo generacional; el canto frente al cuento; frente a la tradición discursiva de la herencia realista, la poesía que cuestiona el lenguaje poético y se justifica en la búsqueda desde los márgenes del inconformismo y de la resistencia.

Frente a una tendencia conformista y anclada en lo que Valente llamó “poesía monosémica y ramplona”, se propugna en estos textos que la escritura consiste en “estar en permanente desajuste con el mundo y con el lenguaje; y, por eso, en diálogo con ambos” y cuya razón primera es “la resistencia de la palabra poética ante todo lenguaje acartonado, petrificado por el poder, y que el poder maneja sutilmente para captar adeptos y perpetuarse. Esta diferencia que me ocupa (y preocupa) quiere ser –aun a costa de perder- una apuesta por el riesgo antes que una entrega a la cómoda reiteración de la uniformidad.”

Santos Domínguez

20 enero 2012

Caballero Bonald. Entreguerras


José Manuel Caballero Bonald.
Entreguerras.
o De la naturaleza de las cosas.
Seix Barral. Barcelona, 2012.

De la naturaleza de las cosas es el lucreciano y elocuente subtítulo con el que José Manuel Caballero Bonald resume el sentido indagatorio de Entreguerras, el libro que acaba de publicar Seix Barral.

A diferencia del resto de su obra poética, no se trata de un conjunto de poemas, sino de un solo y largo poema unitario compuesto por casi tres mil versículos organizados en un prefacio y catorce capítulos.

Versículos que fluyen con la libertad de la palabra y el desorden del recuerdo sin más signos de puntuación que las interrogaciones y las exclamaciones, dictados por un ritmo que no procede de la norma sintáctica, sino por el flujo y el reflujo del recuerdo que evoca el poeta en el breve texto explicativo que abre el libro.

Porque, como la mayor parte de su obra, Entreguerras es un libro con voluntad interrogativa, una nueva indagación de Caballero Bonald en la memoria, que es uno de los pilares centrales sobre los que se sostiene su obra poética y narrativa.

El entramado irracional de la memoria, la sucesión torrencial de sus imágenes hacen de Entreguerras un poema-río –poema fluvial lo llama su autor-, con una corriente y unas zonas de sombra, con sus materiales turbios y aluvionales que a veces inundan las orillas; una navegación por la autobiografía vital y literaria, por la actitud moral y política del poeta; un homenaje explícito o tácito a sus autores predilectos – de Virgilio a Gonzalo Rojas, de Góngora a Valente, de Juan Ramón a Mallarmé-, a sus amigos o a sus referentes éticos o paisajísticos:

he recorrido tierras sitios que se fueron volviendo difusos irreales
a medida que me iba alejando de ellos que los iba evocando
(...)
rastros ya inexistentes de una geografía desmantelada por los años

Escrito entre abril de 2010 y octubre de 2011, con el tono salmódico y el ritmo enumerativo del Caballero Bonald más visionario, Entreguerras es el resultado de un viaje interior por la memoria caótica y conflictiva, por los conflictos personales y sociales en busca de iluminaciones que den sentido al mundo y vertebren los recuerdos dispersos, frágiles y dudosos:

volubles son y lóbregas las puertas condenadas del pretérito
allí vacila y comparece a todas horas el espesor de esa entelequia
donde van albergándose emociones falacias escombreras de sueños
allí donde también se han ido amontonando los desperdicios de la historia
hasta formar un insepulto estorbo de afrentas malandanzas desmanes
cuando ya nada es cierto sino aquello que incluye el rango de la duda

Entreguerras se va construyendo de una manera secuencial y acumulativa mediante la traducción a imágenes de los materiales de aluvión de la experiencia vivida y leída, ensamblada con libros y lugares que describen la geografía física y la memoria personal habitada por el poeta. El Madrid de la posguerra -la ciudad asediada de vítores y máscaras de adalides-, Doñana -esa venerable concordancia edénica- y el Mediterráneo -mis sucesivas patrias ya para siempre juntas en los predios de la credulidad- y un hilo conductor: la conciencia del paso del tiempo, de un mientras que se repite anafórica y significativamente en muchos de los versículos del libro:

mientras lo ya vivido se desliza hacia el despeñadero que precede a la nada
y todos los ayeres fidedignos forman un solo instante de incertezas

Esa presencia de la temporalidad va ganando intensidad hasta inundar los versos del libro para convertirse en un recuento en forma de soliloquio, en una búsqueda de explicaciones, en un testimonio de incertidumbres y en una declaración de últimas voluntades para sobrevivir a las plurales índoles del miedo, hasta la interrogación con la que se cierra el libro:

mientras musito escribo una vez más la gran pregunta incontestable
¿eso que se adivina más allá del último confín es aún la vida?

Santos Domínguez

19 enero 2012

Manuel Azaña. La velada en Benicarló


Manuel Azaña.
La velada en Benicarló.
Prólogo de Isabelo Herreros y José Esteban.
Epílogo gráfico de Vicente A. Serrano.
Reino de Cordelia. Madrid, 2011.

No es el fruto de un arrebato fatídico. No era un vaticinio. Es una demostración. Así resumía Manuel Azaña en mayo de 1939 el sentido de La velada en Benicarló, que apareció en dos ediciones en París y en Buenos Aires. Era su testamento político. Año y medio después, el 3 de noviembre de 1940, moría en Montauban. Reino de Cordelia acaba de publicar esa obra en una espléndida edición conmemorativa, con prólogo de Isabelo Herreros y José Esteban y un espectacular epílogo gráfico de Vicente A. Serrano. Tanto el cuidado en la publicación del texto como la introducción y el álbum que le sirve de epílogo harán de este un volumen de referencia en las ediciones de esta obra esencial de Manuel Azaña.

Santos Domínguez

18 enero 2012

Perspectivas sobre Valente

El guardián del fin de los desiertos.
Perspectivas sobre Valente.
Edición de José Andújar Almansa
y Antonio Lafarque.
Pre-Textos. Valencia, 2011.

En 2010 se desarrolló en Almería un ciclo de conferencias en torno a la obra de José Ángel Valente. La poesía, la prosa de creación, la traducción o el ensayo fueron las formas en las que se encauzó una escritura decisiva en el panorama de la literatura contemporánea.

En torno a la multiplicidad coherente de ese mundo literario y al sentido unitario de la teoría y la práctica de la poesía en Valente giran los estudios críticos que Pre-Textos reúne en El guardián del fin de los desiertos con los textos de aquellas conferencias que abordaron desde distintas perspectivas una obra tan exigente como la del autor de Material memoria, Mandorla o Las palabras de la tribu.

Organizado en tres apartados que juegan con títulos de Valente
(La memoria, Los signos, Centro y variaciones), El guardián del fin de los desiertos es una invitación a recorrer la obra del poeta desde el desierto que atraviesa en su libro inicial (Cruzo un desierto y su secreta /desolación sin nombre) hasta la cima del canto de su último texto, en el que Valente se confunde con el ruiseñor: Cima del canto./El ruiseñor y tú / ya sois lo mismo.

Y precisamente son esos los dos pasajes valentianos que aparecen más insistentemente en estos artículos que abordan
los cauces expresivos, los temas y los símbolos, las ideas y el sentido de una obra total.

Poesía y prosa, ensayo y creación, crítica y traducción son facetas distintas y complementarias de la escritura de Valente, piezas coherentes de un universo literario y un conocimiento abismado que construye una poética de los límites que se mueve entre la memoria y la luz, entre el vuelo y el naufragio, entre el limo originario y la ciudad celeste, en aquel luminoso sur almeriense donde escribió párrafos como este:

Entre la Alcazaba y la azotea donde escribo vuela en amplios círculos una bandada de palomas con las alas pintadas. La luz se reduce hacia el poniente. Tales hombres habitaron este mismo lugar. Acaso, de algún modo, lo habitan todavía. O acaso, digo, nosotros escribimos aún sobre sus respiraciones sumergidas, sobre las tenues, no visibles membranas de su espíritu, sobre la latitud de su resurrección.
Santos Domínguez