07 julio 2006

El secreto del Bosque Viejo



Dino Buzzati.
El secreto del Bosque Viejo.

Traducción de Mercedes Corral.
Gadir. Madrid, 2004.


Hemos venido a despedirte. Esta misma noche te irás lejos, a la grande y eterna floresta de la que tanto oímos hablar en nuestra juventud. La verde floresta que no tiene límites, donde no hay conejos selváticos, ni lirones, ni alacranes cebolleros que coman las raíces, ni barrenillos que excaven la madera, ni gusanos que devoren las hojas. Allá arriba no habrá tormentas: no se verán rayos ni relámpagos ni siquiera en las cálidas noches de verano.
Te reunirás con nuestros compañeros caídos, que han comenzado a vivir de nuevo, pero esta vez de una forma definitiva. Han vuelto a ser plantitas que crecen a ras del suelo, han vuelto a aprender a florecer y han ascendido lentamente hacia el cielo. Buena parte de ellos ya debe de haber crecido mucho. Saluda de mi parte a Teobio, si lo ves, dile que no ha vuelto a haber un abeto como él, y eso que han pasado más de doscientos años. Tal vez le agrade saberlo.

Relato fantástico, fábula para adultos o cuento infantil, El secreto del Bosque Viejo es una obra abierta a múltiples interpretaciones. La publica Gadir, que está contribuyendo de forma meritoria y decisiva a la difusión en España de la obra de Buzzati, de quien ha publicado ya cinco obras en los últimos dos años con muy buena respuesta del público y de la crítica especializada.

Dino Buzzati (Belluno, 1906-Milán, 1972), periodista, escenógrafo, pintor, dramaturgo y novelista, es también desde hace poco un escritor conocido por el gran público. El desierto de los tártaros y El secreto del Bosque Viejo (1935) le han convertido en un narrador admirado por lectores muy distintos.
Esta novela breve, de cuarenta capítulos cortos, es, como El desierto de los tártaros, una alegoría, una fábula que sigue logrando lectores setenta años después de su escritura.
La superposición de planos, la compenetración de lo fantástico y lo real, constituye una de las claves de la potencia narrativa de esta obra, de su capacidad de embrujar al lector con un relato que, como Cien años de soledad, borra las fronteras estrictas de la realidad y reivindica la imaginación como una forma de vida y de escritura.
Con un lenguaje poderoso, lleno de sugerencias y evocaciones, de invocaciones al fondo dormido de la infancia que todos llevamos dentro y que mueve todo un sistema de imágenes ancestrales, El secreto del Bosque Viejo es sobre todo eso: una reivindicación de los sueños y la imaginación, una fantasía inteligente emparentada con Italo Calvino y su peculiar mezcla de lo fantástico y lo alegórico con la incorporación de elementos enigmáticos y simbólicos que deben mucho al surrealismo y a Kafka.

Buzzati es una de las apuestas más firmes de la joven editorial Gadir, que está rescatando su obra ahora que se cumplen cien años de su nacimiento. Además de su obra maestra, El desierto de los tártaros, con prólogo de Jorge Luis Borges, El gran retrato, que junto con la anterior y con Un amor, completa una trilogía sobre la incertidumbre de los destinos humanos, sobre ese tema esencial de la literatura que es el paso del tiempo.

Esta misma editorial anuncia para el otoño la publicación de otro título de Buzzati inédito en España: Poema en viñetas, una novela gráfica con ilustraciones del propio autor y con traducción de Carlos Manzano.

Habrá que estar atentos. Y contentos.


Santos Domínguez

06 julio 2006

Los nuevos inquisidores



Javier Tomeo. Los nuevos inquisidores.
Alpha Decay. Barcelona, 2004.


Una de las cartas de presentación de la joven editorial Alpha Decay es Los nuevos inquisidores, un conjunto de setenta relatos que recogen más de cincuenta años de narrativa corta de Javier Tomeo.
Desde la década de los ochenta, la extensa y peculiar obra de Javier Tomeo, de la que este volumen de relatos ofrece una muestra amplia y representativa, le ha ido confirmando como uno de los mejores y más renovadores y libres narradores españoles contemporáneos, un autor que ha puesto su imaginación al servicio de la creación de un mundo excéntrico, a veces divertido y a veces inquietante, siempre en el límite de la crueldad, el humor y el absurdo.

Dotado de un inconfundible sentido del humor, Tomeo transmite en su narrativa una visión ácida de las relaciones humanas a través de una reflexión tierna y benevolente sobre la condición humana.

Con un mundo narrativo inconfundible en el que quedan deformados los personajes y exageradas las aristas de la realidad, el narrador testigo que suele predominar en los relatos y las novelas de Tomeo, alguna vez ha dicho que sus relatos son emanaciones sentimentales que afloran al exterior en forma gaseosa, que el comportamiento de sus criaturas puede resultar poco ortodoxo y que algunas de ellas son incluso víctimas de lo que algunos psicólogos llaman reacciones en cortocircuito, que inscriben por derecho propio a casi todos sus personajes en el censo de los psicópatas.

La base de casi todos los relatos de Tomeo son los personajes, seres lunáticos, solitarios e inestables que, sin barreras morales ni lógicas, actúan por impulsos, por instintos. Personajes atípicos, esperpentos casi, amados monstruos como en el título de una de sus novelas más leídas.

Tomeo es un narrador de enorme capacidad en la distancia corta y directa del cuento, un autor que se mueve con soltura con una gran economía de lenguaje y recursos, en textos breves. Textos que llegan con facilidad al lector porque son muy directos y apenas hay en ellos descripciones.
Narración y diálogo van alternando en estos cuentos en los que Tomeo maneja de manera magistral las transiciones entre estilo directo e indirecto, entre diálogo y narración, con frases y párrafos cortos llenos de expresividad y dinamismo. Por eso en algunas de sus novelas se tiene la sensación de estar ante una sucesión de viñetas rápidas, como de película de Chaplin o Buster Keaton.
Esa economía narrativa de Tomeo afecta también a los personajes, pocos y terminantes en sus palabras. Personajes que viven en los márgenes de la sociedad, de la realidad y de la lógica para habitar un mundo absurdo, sometido a una lógica imposible que mezcla con naturalidad las albóndigas con la Revolución Francesa, el sobrepeso con la suspicacia y los charcos con el apetito. Una lógica tan descoyuntada como esos personajes de Tomeo a los que se les doblan las rodillas.

El volumen, que toma su título de uno de los cuentos más redondos de Javier Tomeo, hace un repaso global y muy representativo por más de cincuenta años de actividad narrativa de Tomeo, esa chocante mezcla de Buñuel, Valle y Kafka, al que más de una vez el lector tiende a confundir con el narrador en primera persona que suele aparecer en su narrativa o con algunos de sus protagonistas.
Muchos de estos relatos se publican aquí en libro por primera vez, los demás los ha revisado expresamente Tomeo para esta edición. Todos, unos y otros, imprescindibles para los lectores, cada vez más abundantes, de su obra narrativa.

El de estos relatos es el mejor Tomeo, tan directo, tan terminante como siempre, con esa primera persona verosímil que nos cuenta historias inverosímiles de personajes excéntricos con un sentido del humor cruel.

A la espera de una recopilación global de toda su narrativa corta, Los nuevos inquisidores es la mejor antología de cuentos de Javier Tomeo, en quien se cumple como en pocos escritores la máxima de que el estilo es el hombre.

Los que lo conocemos lo sabemos bien.


Santos Domínguez

04 julio 2006

Yeats. Antología poética

W.B. Yeats. 
Antología poética. 
Selección y prólogo de Seamus Heaney.
 Versión rimada de Daniel Aguirre. 
Lumen. Barcelona, 2005.

Probablemente la poesía contemporánea sería distinta, y peor, si W.B. Yeats no hubiera escrito algunos poemas esenciales como Bizancio o Un aviador irlandés prevé su muerte que fundan una nueva manera de escribir.
Irlandés comprometido con los movimientos nacionalistas de finales del XIX, Yeats, como Pound y Eliot, afronta esa entrada radical en la contemporaneidad desde una mirada y un pensamiento en el que se combinan la tradición y la modernidad. 
Esa conciencia reivindicativa de las raíces culturales y de la mitología céltica está en la base de sus primeros libros y a lo largo de una obra en la que se funden ejemplarmente vida y poesía, ideología y literatura para dar lugar a una producción en la que se concreta un peculiar diálogo entre el poeta y el mundo del que surge la expresión lírica. 
 O del poeta consigo mismo, como en los poemas maduros de La Torre, en los que la emoción y la política, el sueño y el paisaje, la memoria y el fervor patriótico vertebran unos textos marcados por la conciencia aguda de la temporalidad y la meditación, por la rosa esférica o Bizancio o las tumbas gaélicas bajo la lluvia. Poesía de la expansión y la contención, a la vez localista y universal, en la que lo confesional cohabita con la voz del bardo o del oráculo. 
 De su modernidad sin consuelo, de la fuerza expresiva de una poesía en la que conviven lo autobiográfico y lo visionario, habla Seamus Heaney, también irlandés, también poeta, también Nobel, en el prólogo de esta edición de la poesía de Yeats que se ha encargado de seleccionar con generosidad en un amplio tomo que publica Lumen, con versión rimada de Daniel Aguirre.
Santos Domínguez

03 julio 2006

Vargas Llosa. Ensayos literarios



Mario Vargas Llosa.

Obras completas, VI. Ensayos literarios I
Prólogo de Joaquín Marco
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.
Barcelona, 2006


El tomo VI de las Obras Completas de Mario Vargas Llosa es el primer volumen de sus ensayos literarios. Lo publica Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores y reúne cinco ensayos escritos entre 1969 y 1997: La Carta de batalla por «Tirant lo Blanc»; García Márquez. Historia de un deicidio; La orgía perpetua: Flaubert y «Madame Bovary»; La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo, y las Cartas a un joven novelista.

Lo que más llama la atención son las casi seiscientas páginas de García Márquez. Historia de un deicidio, un estudio fundamental y una obra de referencia sobre García Márquez y el realismo mágico.
Un estudio amplísimo en el que tan memorables son sus reflexiones sobre el mundo novelístico del colombiano como las páginas sobre sus influencias: las novelas de caballerías, Sófocles, Virginia Woolf, Faulkner, Hemingway o Defoe.
Un análisis insuperable de esa novela insuperable y de sus precedentes, sobre el novelista y sus demonios, sobre las claves biográficas, de lectura, de creación de Cien años de soledad.
Un libro inencontrable, tan mítico como Cien años de soledad, que no se había reeditado desde 1971 por razones extraliterarias que darían (según enfoques) para una novela, un cuento o un sainete y que convierten a esta en la pieza central, la fundamental de esta reedición, esperadísima porque los pocos ejemplares que circulaban de la vieja edición de Barral tenían ya precios astronómicos.

La búsqueda de la novela total es la clave de lectura de Cien años de soledad como la historia de un deicidio, de una suplantación, en la que el novelista crea una nueva realidad autónoma.

Cuatro siglos antes, esa suplantación se había producido ya en el Tirant lo Blanc. Su autor, Joanot Martorell, es el primero de los suplantadores de Dios a los que se vincula la nueva novela hispanoamericana. La Carta de batalla por Tirant lo Blanc tiene su origen en el prólogo escrito en los años sesenta para la edición de esa novela de caballerías (“el mejor libro del mundo”, se decía en el Quijote) en el Libro de bolsillo de Alianza Editorial. En su forma definitiva, al prólogo se le añaden dos conferencias que completan las tres partes que tiene ahora ese ensayo.

Concebidos en un primer momento como conferencias, artículos o prólogos, este y otros de los textos de este volumen fueron creciendo hasta adquirir su forma actual y encauzarse en el molde del ensayo.
Lo importante, lo que les otorga a estos análisis un valor añadido excepcional es que quien los realiza no es estrictamente un crítico sino un novelista que enfoca los textos con método riguroso y con una perspectiva creativa especialmente enriquecedora y profunda. A eso se refiere Joaquín Marco cuando titula su prólogo El reverso de la creación.
Vargas Llosa pertenece a ese tipo de creadores que, como Auden, Valéry, Eliot o Gil de Biedma, sin descuidar el método, aplican una mirada especial al análisis literario y buscan el corazón de la creación, la obra viva, las claves de lectura y escritura que salen en busca del lector total, paralelo a la creación total.

En La orgía perpetua: Flaubert y Mme Bovary, que presenta como modelo de obra clausurada, de libro círculo y como el reflejo de la rebelión individual frente a la sociedad, distingue Vargas Llosa tres formas de crítica:
“La primera, individual y subjetiva, predominó en el pasado y sus defensores la llaman clásica; sus denostadores, impresionista. La segunda, moderna, pretende ser científica, analizar una obra de manera objetiva, en función de reglas universales, aunque, claro está, la índole de las reglas varía según el crítico (psicoanálisis, marxismo, estilística, estructuralismos, combinaciones). La tercera tiene que ver más con la historia de la literatura que con la crítica propiamente dicha.
En realidad, los críticos de todos los tiempos han utilizado las tres perspectivas a la vez. La diferencia estriba en que cada época, persona y tendencia pone el énfasis, la atención dominante, en una de ellas.”

Una vez delimitados esos tres enfoques, Vargas Llosa defiende la necesidad de aplicarlos en la práctica de una crítica que pretende ser total y que se ejerce también en otro de los ensayos del libro, La utopía arcaica. José Mª Arguedas y las ficciones del indigenismo. Un ensayo que en España era casi desconocido y que es un magnífico ejemplo de esa crítica global que corona un antiguo interés de casi cincuenta años por Arguedas. Como en La orgía perpetua, el enfoque se proyecta sobre la historia, sobre las fuentes que aprovecha, sobre la manera en que se hace tiempo, espacio y lenguaje

El último de los ensayos, las Cartas a un joven novelista, siguiendo el modelo de Rilke y sus Cartas a un joven poeta, es una reflexión en la que Vargas Llosa fija su concepto de novela y profundiza en importantes detalles técnicos y reconoce su deuda con los novelistas europeos y norteamericanos. Tiempo, espacio, perspectiva del narrador, estilo o el magnífico análisis del dato escondido en Hemingway ocupan la atención del novelista en estas páginas, que son menos una suma de consejos que una reflexión sobre la técnica de la novela y sus posibilidades y problemas.

Tienen estos ensayos, aparte de su valor intrínseco, que es muy alto, otro valor añadido: la calidad y el cuidado de su prosa. Y a día de hoy le parecen a uno mucho más consistentes sus ensayos literarios que la mayoría de sus novelas.

Santos Domínguez

01 julio 2006

La creación del mundo




Miguel Torga.
La creación del mundo.

Traducción de Eloísa Álvarez.
Alfaguara. Madrid, 2006.


Como un “portugués hispánico” se define a sí mismo Miguel Torga en el prólogo a la edición española de La creación del mundo, que se publicó en 1986, cinco años después del original portugués.
Se cumplían entonces 50 años del comienzo de la guerra civil y a ese hecho del que fue testigo Torga le dedica también parte del prólogo, como uno de los hechos más traumáticos de su biografía y de la de su generación.
Veinte años después de aquella edición española, Alfaguara reedita La creación del mundo, crónica, novela, memorial y testamento, según las propias palabras del autor.

Miguel Torga (Sâo Martinho de Anta, 1907-Coimbra, 1995) es, para parte de la crítica y para muchos de sus lectores, el mejor escritor portugués de la segunda mitad del siglo XX. Médico de profesión y escritor de provincias, mantuvo toda su vida, con una rabiosa intransigencia, un código de valores insobornable, que se refleja en todos sus libros, en los distintos géneros en que proyectó su obra.
Autor de volúmenes de cuentos inolvidables, como los Cuentos de la montaña, de un Diario ejemplar iniciado en 1932 o de textos como los Poemas ibéricos, su autobiografía novelada La creación del mundo es probablemente la cima de una obra de altísimo nivel literario y moral.

Dividida en seis capítulos que son los seis días de las edades paganas del hombre según el mito de la creación del mundo, el primero de los días es una crónica del alba en Tras os Montes, el relato de una infancia de contornos tan desmedidos como el mundo rural donde transcurren esos años de formación, esos años infantiles en una escuela en la que el maestro llama pardal al niño, como luego en La lengua de las mariposas de Manuel Rivas.

La infancia pobre y rural intenta redimirse en un seminario, donde inicia una adolescencia que le lleva como emigrante a Brasil, que es el segundo de los días y supone el deslumbramiento de la naturaleza tropical y de la sexualidad.

El tercero de esos días de forja del rebelde es el del estudiante de Bachillerato y Medicina en Coimbra en una universidad anacrónica, donde un pobre se hace médico para romper el orden social y el natural, para poner un dique de dignidad a la fatalidad y a al injusticia en el primer contacto con el dolor y la enfermedad.

Para mí, desde niño, la dignidad de la existencia implicaba el respeto a su propia realización. El criado que yo había sido en Oporto se había sublevado. Ya de esa protesta me había quedado el gusto por la libertad y el ansia de ver también que los demás la saboreaban y la deseaban.
El cuarto día es el de la guerra de España desde la retaguardia franquista, en un viaje a Francia y a Italia en el que pasa por la Salamanca de Fray Luis y de Unamuno y sus desafíos a la intolerancia, por Ávila, Valladolid, Burgos, Vitoria o Irún.

Pasada ya la juventud, el quinto día es el del ejercicio de la medicina y el choque con la censura salazarista que lleva a la cárcel su rebeldía indomable.

El último capítulo es el sexto día, que culmina en la revolución de los claveles y da lugar a la desilusión posterior y a la sensación de que su tiempo está cumplido. Lo declara, con esperanza irreductible, en la última frase del libro:

Sí, la vida seguiría. Vendrían otros días llenos de sol, de flores y de frutos, pero ya no serían míos.

No es una novedad en sentido estricto, pero es, sin duda, una de las recuperaciones fundamentales del curso que ahora acaba, uno de los libros fundamentales de la temporada.
Su lucidez solidaria y comprometida, su amarga insatisfacción, su crítica pesimista de la existencia, su compasión, convierten La creación del mundo en la obra que justifica toda una trayectoria literaria y humana.

La forja de un rebelde que ardía en muchas hogueras al mismo tiempo.


Santos Domínguez

30 junio 2006

Dios es redondo



Juan Villoro. Dios es redondo.
Anagrama. Barcelona, 2006.

De la afición en primera persona se habla en este Dios es redondo de Juan Villoro, que tras un calentamiento inicial realiza una exploración narrativa de las pasiones (altas y bajas) que suscita el fútbol.

Una reflexión inteligente y divertida, apasionada y distante a la vez, sobre una de las variantes de la pasión, hecha por una de las plumas más lúcidas y brillantes de la actualida, por un narrador acreditado como Juan Villoro, en este libro pensado para los seguidores del fútbol y para sus críticos.

De la tribu y del juego como entretenimiento y como religión se habla en este libro, del origen neoplatónico del título de este libro, que fue antes el de la columna periodística que Villoro escribió para La jornada de México durante el Mundial del 98.

Del balón y la cabeza, dos variedades de esa cosa mental y abstracta que es la esfera.

Del fútbol global y la pasión africana, la espera y el futuro del fútbol.

De la vida, pasión, muerte y resurrección de Maradona, una de las formas en las que se encarna la divinidad. De la tragedia griega, porque el crack tiene siempre la altura del héroe dramático.

De la liga de las estrellas, de Figo, de Beckham. De las formas de la pasión.

De dos conversaciones con Valdano sobre los entrenadores, jugadores imperfectos y responsables últimos del azar.

De las tres edades del fútbol.

Del campeón de invierno, que en fútbol no sirve de nada, pero es el único tipo de campeonato posible en literatura. Porque este Dios es redondo surge de la certeza de que en literatura sólo hay campeones de invierno, líderes que no han llegado a la meta, que están primeros por méritos propios, pero no son lo que podrían llegar a ser.

De que el oficio de chutar balones está plagado de lacras. Levantemos veloz inventario de lo que no se alivia con el botiquín del masajista: el nacionalismo, la violencia en los estadios, la comercializacion de la especie y lo mal que nos vemos con la cara pintada. Todo esto merece un obvio voto de censura. Pero no se puede luchar contra el gusto de figurarnos cosas. Cada aficionado encuentra en el partido un placer o una perversión a su medida. En un mundo donde el erotismo va de la poesía catara a los calzones comestibles, no es casual que se diversifiquen las reacciones. Los irlandeses aceptan el bajo rendimiento de su selección como un estupendo motivo para beber cerveza, los mexicanos nos celebramos a nosotros para no tener que celebrar a nuestro equipo, los brasileños enjugan sus lágrimas en banderas king-size cuando sólo consiguen el subcampeonato y los italianos lanzan el televisor por la ventana si Del Piero falla un penalti.

De cómo es posible que las multitudes sucumban a un vicio tan menor:
El hombre en trance futbolístico sucumbe a un frenesí difícil de asociar con la razón pura. En sus mejores momentos, recupera una porción de infancia, el reino primigenio donde las hazañas tienen reglas pero dependen de caprichos, y donde algunas veces, bajo una lluvia oblicua o un sol de justicia, alguien anota un gol como si matara un leopardo y enciende las antorchas de la tribu.
En sus peores momentos, el fan del futbol es un idiota con la boca abierta ante un sandwich y la cabeza llena de datos inservibles. Es obvio que la Ilustración no ocurrió para idolatrar héroes cuyas estampas aparecen en paquetes de galletas ni para aceptar el nirvana que suspende el juicio y la mordida. La verdad, cuesta trabajo asociar a estos aficionados con los rigores del planeta posindustrial. Pero estan ahí y no hay forma de cambiarlos por otros.
En sociedades descompuestas, Hamlet incita a matar padrastros y el fútbol a cometer actos vandálicos.

De un juego sencillo en el que 22 jugadores disputan un balón y al final casi siempre gana Alemania.

De las ventajas estéticas de la derrota. ¡Qué manera de perder!

De la paradoja de Aquiles y la tortuga, ejemplificada en un lance entre Roberto Carlos y Milosevic en el Bernabéu en 2005.

De las reglas para estar alegres, de las formas de festejar un gol.

De que los adictos a caerse suelen tener el pelo largo.

De este juego, que más que un juego de hombres es el juego del hombre.

Santos Domínguez

29 junio 2006

Héroes de los dos bandos



Fernando Berlín.
Héroes de los dos bandos.
Temas de hoy. Barcelona, 2006.

Este libro surgió como un proyecto de radiocable.com, pasó luego a la radio y finalmente se materializó en estos Héroes de los dos bandos que firma Fernando Berlín y edita Temas de Hoy.
Un proyecto que pretende ser el homenaje a un modelo de conducta solidaria en una sociedad como la española donde los amantes de la gasolina –como recuerda el autor- se despiertan con una sorprendente facilidad.

El homenaje de reconocimiento a personajes que, como el inolvidable miliciano de Javier Cercas en Soldados de Salamina, antepusieron la compasión o la solidaridad a la ideología fanática en la Guerra Civil. A los que protegieron al débil o al perseguido y ocultaron al prófugo y ahora son rescatados del olvido, de ese pasado que es el reino del fragmento, como dice en su prólogo Saramago.

El punto de partida, la materia prima del libro, son los testimonios recogidos con técnica de documentalista que luego se articulan en los distintos relatos del libro. De esa manera, se hace una reconstrucción narrativa de los hechos y las peripecias a través del diálogo, que se convierte no sólo en el eje de la historia, sino en la clave de verosimilitud de episodios como estos:

Un futbolista del Madrid, que intercedió por el portero del Rácing cuando iba a ser paseado por unos falangistas; la desorientación de un soldado febril que cruza las líneas y va al puesto de socorro del enemigo; el acoso etílico de unos pistoleros al alcalde de Fuenteguinaldo; el coraje de Luis Troyano, el comunista que protege a las monjas que varean la aceituna en los campos de Jaén; el abuelo de Javier Cercas, que salva la vida al alcalde de su pueblo; un cura de Palma del Río, que oculta documentación comprometedora después de la guerra; la buhardilla de un minero; la casa que servía de refugio a soldados de los dos bandos o la puerta de un corral.

Es esta una iniciativa que se suma a otras de recuperación de la memoria histórica y que se mantiene vigente en la recogida de testimonios en Radiocable.com con el título La octava columna.

Aunque las heridas siguen abiertas y el miedo lleva camino de convertirse en un atavismo, como lo prueba la resistencia a firmar algunos de esos testimonios, en este año de la memoria histórica es la generación de Fernando Berlín, que tuvo un abuelo en cada bando, la que está en condiciones de superar el miedo y, con obras como esta, hacer la reparación pendiente frente a los de la revolución pendiente, que son irreconciliables con el mundo y consigo mismos.

Santos Domínguez