22 mayo 2017

Feria del libro. Regalo



Federico García Lorca.
Poeta en Nueva York 
Nueve meses en Manhattan (1929-1930)
Ilustraciones de Fernando Vicente.
Introducción de Luis Alberto de Cuenca.
Edición de María Robledano y Jesús Egido.
Reino de Cordelia. Madrid, 2017.

Nueve meses en Manhattan (1929-1930) es el subtítulo de la espectacular edición ilustrada de Poeta en Nueva York que publica Reino de Cordelia en su colección Los versos de Cordelia. 

Con espléndidas ilustraciones de Fernando Vicente, el volumen se abre con una introducción en la que Luis Alberto de Cuenca destaca que “Poeta en Nueva York es, tal vez, la obra más poderosa de la poesía española del siglo XX, la más comprometida con su tiempo, la más rica en metáforas y en matices estilísticos.”

Pero por una lamentable paradoja, Poeta en Nueva York es a la vez la obra mayor de García Lorca y el libro que tiene la historia textual más complicada de la literatura española contemporánea.

Escrito entre 1929 y 1930 durante el viaje de Lorca a Nueva York y Cuba, el poeta lo dio a conocer parcialmente en recitales y conferencias, se refirió a él en muchas entrevistas, lo corrigió insistentemente durante seis años, le cambió el título y pensó llamarlo –luego lo descartaría- Introducción a la muerte por sugerencia de Neruda, exageró sobre su tamaño y prometió trescientos poemas, desvinculó parte del material para integrarlo en otro proyecto que quería titular Tierra y luna, cambió la disposición de los textos, modificó el título de algunos poemas, dudó hasta última hora sobre su estructura y sobre los textos que incorporaría Poeta en Nueva York.

Aunque poco importa al lector que haya dos secciones más o menos, que los poemas figuren en una o en otra, o que no haya secciones. Lo fundamental es que algunos de los textos de Poeta en Nueva York –El rey de Harlem, Norma y paraíso de los negros, Paisaje de la multitud que vomita, Poema doble del lago Eden, New York (Oficina y denuncia), Luna y panorama de los insectos, Grito hacia Roma, Oda a Walt Whitman, Pequeño vals vienés o Son de negros en Cuba- forman parte imprescindible de la poesía universal del siglo XX.

Además de las ilustraciones, esta edición tiene la particularidad de que, junto con los poemas, reproduce, más como contrapunto que como notas aclaratorias, las cartas que Lorca enviaba a su familia. Lo explican así los editores, María Robledano y Jesús Egido en su texto ‘El otro Lorca’: 

“Sabemos con bastante aproximación qué hacía García Lorca mientras componía casi todos los versos de Poeta en Nueva York, momentos de su vida privada, generalmente bucólicos y frívolos, que poco tienen que ver con la rotunda intensidad del poemario, surgido de los rincones más oscuros y secretos del ánimo. El propósito de esta edición, Poeta en Nueva York.  Nueve meses en Manhattan (1929-1930) es mostrar esa doble realidad.” 

En las cartas a su familia, el poeta elude el reflejo de su problemática situación personal y sentimental, entre junio de 1929 y marzo de 1930. En ese contraste entre la alegría que quiere transmitir en las cartas y el tono trágico de los poemas inciden las ilustraciones de Fernando Vicente, que ha sabido captar el espíritu del libro, esa escisión trágica entre el poeta y sus máscaras, con el telón de fondo de la gran ciudad y sus claroscuros de color y blanco y negro, de civilización y muerte.




Gabriel García Márquez.
Cien años de soledad.
Edición conmemorativa del cincuentenario.
Ilustraciones de Luisa Rivera
Literatura Random House. Madrid, 2017.

El 30 de mayo de 1967 salía de la imprenta el primer ejemplar de Cien años de soledad. ese milagro definitivo que apareció en 1967 en Sudamericana con la inolvidable portada del galeón español varado en medio de la selva.

Para celebrar el medio siglo de los Buendía y de Melquíades en el reino de Macondo, Literatura Random House publica una memorable edición conmemorativa con espléndidas ilustraciones de Luisa Rivera, que capta en ellas, con su aire naif, el espíritu del realismo mágico que atraviesa la novela.

Una nueva invitación a volver a esa novela total, a ese inabarcable territorio de la imaginación que llamamos Macondo, la ciudad de los espejos, a la felicidad de su valor poético y sus adjetivos fulgurantes, a sus inolvidables imágenes y sus personajes extremados y frágiles, al fervor por la palabra que explora el lado más luminoso de la realidad, a su tiempo circular de espejos y espejismos y a descifrar, como Aureliano Babilonia, los pergaminos en sánscrito en los que Melquiades profetizaba la destrucción de Macondo y el final de las siete generaciones de Buendías, “porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”


El fotógrafo Juan Rulfo.
Fundación Juan Rulfo. Editorial RM.
México-Barcelona, 2017.

Como otra aportación bibliográfica al centenario de Juan Rulfo, la Fundación Juan Rulfo y la Editorial RM publican un volumen espectacular que  incluye decenas de fotografías que Juan Rulfo -el mejor fotógrafo de América Latina, según Susan Sontag- hizo durante décadas y varios ensayos sobre este aspecto de la creación artística de Juan Rulfo.

El lector que observe estas fotografías recordará inevitablemente el mundo literario de  Pedro Páramo, de El Llano en llamas o de El gallo de oro, los tres títulos de su obra narrativa, en la que la mirada tiene una importancia fundamental.

Pero, como señala Jorge Zepeda en uno de los ensayos que acompañan este libro, hay que deslindar la faceta del Rulfo escritor y la del fotógrafo, porque su obra gráfica no es un simple complemento de su obra literaria.

La fotografía, a la que dedicó muchas horas, no fue en Rulfo una actividad artística secundaria ni un ejercicio subordinado a su literatura, como se puede ver en la parte central del libro, que contiene una gran cantidad de imágenes de muy distintas temáticas.

Hay paisajes ásperos y secarrales desiertos, ruinas y calles abandonadas, pero también escenas urbanas, arquitectura prehispanica y colonial, ferrocarriles, fotografías de rodajes de películas y de actores como Pedro Armendáriz o María Félix.

En los artículos que contiene el libro, además del deslinde ya aludido de Jorge Zepeda, Andrew Dempsey aborda el reflejo de la acción del tiempo en la naturaleza y estudia su vinculación con la pintura de Constable y con la obra del pintor mexicano José María Velasco.

Víctor Jiménez destaca las correspondencias entre las fotografías de Rulfo y las de Paul Strand y finalmente una cronología de Paulina Millán resume la trayectoria de Rulfo como fotógrafo.



Ella Berthoud, Susan Elderkin.
Manual de remedios literarios.
Traducción de Clara Ministral.
Siruela. Madrid, 2017.

“Nuestros medicamentos no son cosas que vayas a encontrar en la farmacia, sino en las librerías, las bibliotecas o descargándotelas con tu lector de libros electrónicos. Somos biblioterapeutas y las herramientas de nuestro oficio son los libros. Nuestra botica contiene bálsamos beckettianos, torniquetes tolstoianos, los calmantes de Calvino y las purgas de Proust y Perec. Para crearla, hemos recorrido dos mil años de literatura en busca de las mentes más brillantes y las lecturas más reconstituyentes, desde Apuleyo y El asno de oro, del siglo II, hasta los tónicos contemporáneos de Jonathan Franzen y Haruki Murakami”, escriben Ella Berthoud y Susan Elderkin en la introducción del magnífico Manual de remedios literarios que publica Siruela con traducción de Clara Ministral.

Subtitulado Cómo curarnos con libros, es un divertido tratado de biblioterapia, un manual de medicina atípico que contiene múltiples prescripciones de novelas para el alivio o la curación de distintas dolencias físicas y emocionales: Yo, Claudio para tratar la soledad; Las olas de Virginia Woolf y El corazón es un cazador solitario para bajar la tensión; La insoportable levedad del ser para la depresión; Anna Karenina para el dolor de muelas; Aquí nos vemos para sobrellevar el luto; Sostiene Pereira para la obesidad; La subasta del lote 49 para la paranoia o el Libro del desasosiego para el insomnio.

Son algunos ejemplos de un nutrido repertorio de novelas que se recomiendan por su función terapéutica ante diversos males. Y además, diversas listas: las 10 mejores novelas para quedarse en la cama; otras 10 para curar la xenofobia; las 10 más recomendables para leer en el hospital

Construido a base de entradas ordenadas alfabéticamente de la A a la Z y rematado  con dos índices, uno de entradas y otro de obras citadas, este Manual de remedios literarios es también un peculiar e ingenioso tratado de literatura enfocado desde una perspectiva inusual, pero inteligente y muy interesante.

“Sea cual sea tu dolencia – escriben las autoras-, nuestras recetas son muy sencillas: una novela (o dos) que deberás leer a intervalos regulares. Algunos tratamientos te curarán por completo. Otros simplemente te ofrecerán consuelo, mostrándote que no estás solo. Todos ellos calmarán temporalmente tus síntomas, debido al poder de la literatura para distraernos y transportarnos. A veces es mejor administrar el remedio en forma de audiolibro, o leído en voz alta con un amigo. Como con cualquier medicamento, para obtener los mejores resultados es recomendable seguir el tratamiento hasta el final.”



Antoni Guiral.
Con la colaboración de Lluís Giralt.
100 años de TBO.
Ediciones B. Barcelona, 2017.

La revista que dio nombre a los tebeos es el subtítulo de un espléndido volumen que resume la historia del TBO, cuyo primer número aparecía en marzo de 1917.

Para conmemorar el centenario del TBO, la revista infantil semanal que acabaría designando genéricamente en español las historietas gráficas, los tebeos, Ediciones B publica un volumen espléndidamente editado, que ofrece un recorrido por sus series más representativas, por su evolución histórica y por los dibujantes y guionistas que mantuvieron esta publicación durante décadas. 100 años de TBO es el título de este volumen que, con la colaboración de Lluís Giralt, ha realizado Antoni Guiral.

Su nombre era, como explicaba su exdirector Alberto Viña, “una ingeniosidad que consigue con sólo tres letras hacer una frase festiva -te veo-  con falta de ortografía incluida para lograr el efecto deseado.”

El volumen se organiza en dos partes: una primera dedicada a su evolución histórica en cinco capítulos que abordan su evolución a lo largo de cinco etapas en las que aparecieron y se desarrollaron series que acabarían constituyendo las señas de identidad de la revista: La familia Ulises, Los grandes inventos de TBO, El profesor Franz de Copenhague, Josechu el Vasco, Eustaquio Morcillón y Babali, Melitón Pérez o Altamiro de la Cueva.

La segunda parte está dedicada a resumir la trayectoria de treinta de sus creadores más significativos: dibujantes y guionistas como Coll, Sabatés, Urda, Benejam, Jofré, Opisso, Massana, Bernet Toledano o Muntañola.

Tan generosamente ilustrado que puede entenderse también como una antología del TBO, ofrece una recopilación muy completa de una publicación emblemática en el panorama de la historieta en España entre 1917 y 1998.



Nikolái Gógol.
Las almas muertas.
Ilustraciones de Alberto Gamón.
Traducción de Marta Rebón.
Notas de Ferran Mateo.
Nórdica. Madrid, 2017.

Para celebrar los 100 números de su colección Ilustrados, Nórdica publica una estupenda edición conmemorativa de Las almas muertas, una novela que cumple este año 175 años.

Esa novela seminal, que Gógol subtituló Poema, apareció en 1842 para inaugurar la modernidad literaria en Rusia con una nueva mirada a los personajes y una manera innovadora de enfocar la realidad.

Con esas novedades en las descripciones de paisajes o en la caracterizació de los personajes, Las almas muertas se convierte en la primera gran novela rusa del siglo XIX, un siglo prolífico en grandes novelas de Dostoievski o Tolstói.

Protagonizada por el opaco Pável Chíchikov, un terrateniente venido a menos que se dedica a comprar fantasmas, centenares de almas muertas: los nombres de los siervos desaparecidos desde el último censo para obtener a cambio una serie de beneficios en el tiempo que transcurra hasta la actualización del registro.

Nabokov la entendió en su Curso de literatura rusa como el reflejo de las pesadillas de Gógol más que como un testimonio de aquella Rusia zarista de siervos y miseria, aunque reconoce que en aquella época “una amplia mayoría de la nación rusa vivía a la intemperie, bajo un velo de lenta nieve, al otro lado de los ambarinos ventanales.” Rusia era entonces –añadía Nabokov- “un país famoso por sus desdichas, famoso por la miseria de sus innumerables vidas humildes.”

Y en ese contexto inevitablemente hay que situar esta novela, poblada por un enjambre de personajes que a veces no son más que caricaturas grotescas, pero otras son creaciones inolvidables, el brillante resultado de caracterizaciones individuales y de unos diálogos ágiles que perfilan las figuras de los terratenientes Nozdriov, excéntrico y juerguista; Sobakévic, voluminoso, lírico y glotón; el avaro Pliushkin y Manílov el sentimental; la del cochero Selifán, mentiroso compulsivo y borracho, o la de la señora Koróbochka, codiciosa viuda de un terrateniente.

Todo ese despliegue narrativo nos llega ahora refrescado y actualizado en esta nueva traducción de Marta Rebón e iluminado por las abundantes ilustraciones de Alberto Gamón, tan espléndidas como la de la portada, y por las oportunas notas de Ferran Mateo.

Escrita con distancia, desde fuera de Rusia, con ironía crítica y con la tendencia a lo grotesco que aparece también en los relatos de Gógol, Las almas muertas es, además de un monumento narrativo, un fresco imborrable de aquella Rusia zarista, llena de nieve y de pobreza, que está en el fondo de toda la gran novela rusa del XIX.

Pero es también que, por encima de esas circunstancias espaciales y temporales, históricas o sociales, sigue hablando de la condición humana.

Por algo es un clásico.

Santos Domínguez


19 mayo 2017

Francisco Brines. Entre dos nadas


Francisco Brines. 
Entre dos nadas.
Antología consultada.
Prólogo de Alejandro Duque Amusco.
Renacimiento. Sevilla, 2017.

“El lector que se acerque a esta nueva y muy completa antología de la obra de Francisco Brines, Entre dos nadas (título propuesto por el poeta), podrá comprobar, al repasar sus páginas, que están aquí presentes todos los motivos de meditación que han dado peso y consistencia a su poesía”, escribe Alejandro Duque Amusco en el prólogo a la antología consultada que publica Renacimiento.

El tiempo y el paisaje, la memoria y el amor atraviesan la poesía de Francisco Brines, una de las voces poéticas imprescindibles que en el último medio siglo ha ido creando una sólida poesía contemplativa marcada por un constante tono elegiaco matizado a veces con algún acento hímnico o con impulsos epicúreos.

Entre Las brasas y La última costa, con libros intermedios tan fundamentales como Insistencias en Luzbel o El otoño de las rosas, la reflexión sobre el tiempo constituye el eje temático de la poesía de Brines, que agrupó en 1997 su poesía completa bajo el título Ensayo de una despedida.

La soledad, la fugacidad de la vida, el sentido de la existencia constituyen el centro espiritual de una poesía en la que hay un constante equilibrio entre lo físico y lo ético y que el poeta ha resumido así: “El conjunto de mi obra es una extensa elegía.”

Planteada como forma de conocimiento y como lamento de las pérdidas, la poesía de Brines se levanta como una expresión depurada de la materia existencial, como elaboración verbal de la sentimentalidad objetivada y de las sensaciones tamizadas por la inteligencia.

Así lo explica el propio autor: “La poesía surge del mundo personal y de las obsesiones del poeta, pero yo no puedo escribir desde la plenitud ni desde el dolor, necesito un distanciamiento con respecto a la experiencia. La poesía desvela una visión del mundo, una cosmovisión de la vida como pérdida, que me ha concedido la poesía, y así surgen los poemas: del amor y de la pérdida, de la luz y de la sombra. La poesía secretamente da a conocer aquello que está en uno y no se conoce y, además, es un retrato opaco del escritor.”

Un retrato opaco que dibuja el contorno moral y biográfico de la poesía de Brines, su mezcla de reflexión y pasión sobre el fondo de luz y sombra de la realidad. De esa lucidez y esa intensidad se alimenta su obra, porque –como él mismo explica- “estimo particularmente, como poeta y lector, aquella poesía que se ejercita con afán de conocimiento, y aquella que hace revivir la pasión por la vida. La primera nos hace más lúcidos, la segunda, más intensos.”

Esas dos líneas en las que se cruzan la vida y la muerte, la memoria del tiempo fugaz y el amor más fugaz aún, el deseo y el abandono, conviven en la poesía de Francisco Brines y quedan reflejadas en todos sus matices en esta antología consultada, una nueva puerta abierta al conocimiento o al reencuentro con su obra.

Santos Domínguez

17 mayo 2017

Francisco Estévez. Con la novela a cuestas


Francisco Estévez.
Con la novela a cuestas.
Al acecho de la última novela española.
El viajero inmóvil. México, 2017.

Como un libro de crítica inmediata define Francisco Estévez el volumen Con la novela a cuestas,  
que bajo el subtítulo Al acecho de la última novela española reúne treinta artículos que son otros tantos asedios a una serie de novelas publicadas en los últimos años, entre 2012 y 2016.

Además del resumen de un año literario –2015- en el género, estos artículos trazan un panorama completo que habla de la diversidad de voces y tendencias en la narrativa actual en español: desde la novela corta a la novela policiaca, desde la novela psicológica al realismo sucio pasando por los dietarios de Trapiello o Sánchez Ostiz.

Para desmentir a los agoreros seculares que anuncian periódicamente la muerte de la novela, basta hojear estas páginas y estos nombres que reflejan la vitalidad del género en España y en Hispanoamérica: de Bernardo Atxaga a Jesús Carrasco, de Antonio Orejudo a Javier Cercas, de José María Merino a Jorge Volpi o de Mateo Díez a Ramiro Pinilla.

Estas páginas hablan de un conjunto de árboles que no sólo permiten ver el bosque, sino que proponen al lector una composición de lugar muy ajustada a la realidad, en la que no falta una crítica de la crítica -“algunos pasan por moneda común la calderilla de su miseria”- junto a los dos objetivos muy claros que deberían guiar esta actividad: servir de puente entre escritor y lector y "descubrir que toda tensión escritural en la trenza de la lectura nos devuelve la palabra en su plenitud."

Santos Domínguez

15 mayo 2017

Kirmen Uribe. La hora de despertarnos juntos


Kirmen Uribe.
La hora de despertarnos juntos.
Traducción de José María Isasi.
Seix Barral, 2016.

Escribir "un libro basado en la vida de Karmele Urresti, su familia y su generación./.../ La vida de una familia, sí, pero también, ¿por qué no?, la historia de todo un pueblo" es el ambicioso propósito declarado por Kirmen Uribe en las páginas iniciales de La hora de despertarnos juntos, la novela que publica en Seix Barral con traducción de José María Isasi.

Organizado en tres partes que transcurren entre 1923 y 1979 en torno a los ambientes de la alta burguesía y del nacionalismo vasco, la guerra civil, el exilio, la Guerra Mundial y la posguerra son el telón de fondo de un libro en el que se aborda la peripecia individual de la enfermera Carmela Urresti y el trompetista Txomin Letamendi y de sus círculos familiares y sociales. Pero a través de la recreación de esos personajes reales, la novela se propone unir los destinos individuales con los colectivos, lo local y lo universal.

En ese sentido, es muy significativa la cita de Carlos Fuentes que abre el libro: "Conocía la historia. Ignoraba la verdad." Y por eso esta historia basada en una familia real arranca de una documentación rigurosa para reflejar la historia, pero recurre también a la imaginación para reconstruir la intrahistoria, para elaborar la trama desde dentro, desde el día a día por el que transitan, junto con los dos protagonistas, su hija Ikerne; Manu Sota, amigo de Txomin, activista cultural e independentista; el pintor Antonio Guezala o el lendakari Aguirre.

De Ondarroa a Bilbao, de París a Caracas, de Nueva York a Barcelona, esas vidas individuales se integran en lo colectivo, en el contexto histórico y social que marca a los personajes. Porque una cosa es conocer la historia y otra saber la verdad y por eso a veces el mejor instrumento es esa "lógica de la ficción" de la que habla Kirmen Uribe en la nota final del libro.

Con un título tomado del último verso de un poema de Pound publicado en la revista Poetry en 1913, La hora de despertanos juntos propone una mirada al pasado para intentar entender el presente y el pasado próximo del terrorismo, defiende la necesidad del diálogo y la reconciliación y reivindica la esperanza más allá de las decepciones de esa sucesión de exilios y pérdidas que parecen convertirse en una metáfora de los últimos cien años de la historia de España y de Europa.

Santos Domínguez

12 mayo 2017

Sombra roja


Sombra roja. 
Diecisiete poetas mexicanas (1964-1985).
Selección y epílogo de Rodrigo Castillo.
Vaso Roto Ediciones. Madrid, 2016.

Las muchachas bailan

Dónde están bailando, dónde las muchachas, todas, Sus sonrisas ahogadas por las piedras. Dónde el fragmento de sus cuerpos. Digan, dónde las muchachas bailan, dónde levantan las manos pálidas, no sus huesos —revoltijo para los perros—. Digan dónde, dónde quedan las voces, luces en la arena, no sus marcas en las dunas. Dónde las muchachas no están muertas, dónde el aire sacude sus cabellos, no como una ofrenda sino como la cosa viva que tomaron.

Ese poema en prosa de Mónica Nepote (Jalisco, 1970), alusivo a los múltiples asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, es uno de los que forman parte de la abundante muestra Sombra roja. Diecisiete poetas mexicanas (1964-1985), la antología que define Rodrigo Castillo como “un universo sin preámbulo” en el epílogo –‘El único lugar posible’- de este volumen que ha preparado para Vaso Roto.

Para la selección de las poetas incluidas en esta antología, Rodrigo Castillo ha utilizado, además de unas fechas de nacimiento comprendidas en las dos décadas largas que separan a la mayor -Cristina Rivera Garza (Ciudad de México, 1967)- de la menor -Karen Villeda (Tlaxcala, 1985)-, otros dos criterios combinados: que las autoras tuvieran publicados un mínimo de cuatro libros y que el más reciente de ellos no fuera anterior a 2013.

Se garantiza así no sólo que las poetas antologadas eran autoras de una obra con recorrido, sino con vigencia en su continuidad. Autoras que “conforman –en palabras del antólogo- una micro constelación que encarna un atlas plural que conjura visiones de las escrituras del presente disparadas en direcciones que no tendrían por qué sujetarse necesariamente a poéticas establecidas. Pensar en el territorio en el que se producen estas escrituras es ver un cielo abierto.”

Y así, desde la escritura plural y alucinada de Cristina Rivera Garza, también narradora y ensayista, a la poesía que integra palabra y multimedia de Karen Villeda, en este amplio panorama de la poesía mexicana actual, por encima de su diversidad de tendencias y tonalidades, llama mucho la atención el experimentalismo integrador de lenguajes verbales, musicales y plásticos.

Poesía que es el  resultado de la mirada y el lenguaje, de la imagen y el ritmo. Poesía del descubrimiento, de la resistencia y la experimentación, de la deconstrucción y la integración.

Escritura en libertad, poesía que se manifiesta con muy variados matices y temas: desde la radicalidad del lenguaje poético de Minerva Reynosa (Nuevo León, 1979) o la fusión de poesía, música e imagen de Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972) a la poesía onírica de Claudina Domingo (Ciudad de México, 1982), uno de los nombres emergentes en la poesia hispanoamericana actual, o la poesía acumulativa, atravesada por el amor y la ausencia, de Maricela Guerrero (Ciudad de México, 1977), que escribe versos como estos:

es la  resaca 
el exilio 
de tus ojos 
lo que me hace pensar en estas cosas (suceden) 
seré un pez ceñido 
a tu cintura 
tú 
el sol 
la ausencia 
donde gravita 
este naufragio.

O estos otros con los que Xitlalitl Rodríguez Mendoza (Guadalajara, Jalisco, 1982) abre su Apnea del sueño

Esto es agua / respira / abismo minúsculo dentro de otro / caes / dentro de ti caes/ dentro caigo/ todo en mí suspendido / hacia adentro / espasmos oscuros / asfixiarme es nacer / estoy naciendo / esto es agua.

Santos Domínguez

10 mayo 2017

Campbell. Las máscaras de Dios



Joseph Campbell.
Las máscaras de Dios. 
Mitología primitiva.
Volumen I. 
Traducción de Isabel Cardona.
Edición revisada por 
Sydney Yeager, Andrew Gurevich  y Santiago Celaya 
Atalanta. Gerona, 2017.

“Aparentemente, el hombre no puede sostenerse en el universo sin creer en algún orden de la herencia general del mito. De hecho, la plenitud de su vida parecería incluso estar en relación directa con la profundidad y amplitud no de su pensamiento racional, sino de su mitología local. ¿De dónde procede la fuerza de estos temas inmateriales que adquieren el poder de galvanizar poblaciones, convirtiéndolas en civilizaciones con una belleza característica y un destino propio autoimpuesto? Y ¿por qué los hombres, dondequiera que han buscado algo sólido en lo que armar sus vidas, no han escogido los hechos en los que abunda el mundo sino los mitos de una imaginación inmemorial, prefiriendo incluso convertir la vida en un infierno para sí mismos y sus vecinos en nombre de algún dios violento, en lugar de aceptar agradecidamente los bienes que el mundo ofrece?”, se preguntaba Joseph Campbell, que cuando murió, hace treinta años, llevaba otros tantos consolidado como un autor de referencia en los estudios de mitología universal. 

Las máscaras de Dios, que ha empezado a publicar Atalanta con traducción de Isabel Cardona, es su obra central, un monumental estudio de mitología comparada que Campbell publicó entre 1959 y 1968 en cuatro tomos centrados en los mitos primitivos, orientales y occidentales y en la mitología creativa.

Desde su inicial El héroe de las mil caras (1949), Campbell se dedicó en sus libros a buscar un espacio de reconciliación entre la consciencia y el misterio a través de los arquetipos mitológicos, religiosos y psicológicos de las distintas culturas, y utilizó la antropología, el psicoanálisis, la literatura o la fenomenología de las religiones para construir una interpretación vitalista del mito y del héroe, de ahí que prestara tanta atención a los mitos encarnados en Osiris, Dionisos, Mitra o Cristo, señores de la muerte y la resurrección.

Tras abordar las máscaras del héroe, trabajó durante doce años en Las máscaras de Dios, que planteó como una monumental “historia natural de los dioses y los hombres”. La completó en 1973, en Imagen del mito, que publicó también Atalanta, un estudio imprescindible de la iconografía global de los mitos a través de la representación plástica que hace visible lo invisible en las distintas tradiciones y culturas. 

Hay un hilo conductor en todos esos títulos y en los que se sucedieron hasta su último libro, Las extensiones interiores del espacio exterior (1986): el rastreo de patrones arquetípicos comunes a todas las mitologías que las distintas culturas han elaborado, desde Mesopotamia a los mayas o los etruscos, desde la India a Oceanía, desde la cultura egipcia a la olmeca, desde China a Europa. 

La mirada de Campbell es la mirada abarcadora y profunda propia de quien sustituye los prejuicios por la curiosidad intelectual y arranca de un amplio sincretismo cultural y religioso para transmitir una visión abierta e integradora de las distintas construcciones mitológica y para que el lector compruebe cómo se repiten en todas las culturas los mismos motivos míticos, esos arquetipos del inconsciente que estudió Jung y que Campbell recorre con lucidez y profundidad.

Con una combinación de simbolismo comparativo, religión, mitología y filosofía, arqueología e historia del arte, filología y folclore, psicología y literatura, el propósito declarado de Campbell es elaborar "el primer esbozo de una historia natural de los dioses y los héroes que, en su forma final, debería incluir a todos los seres divinos –al igual que la zoología incluye a todos los animales y la botánica a todas las plantas–, sin considerar a ninguno sacrosanto o más allá del dominio científico. Porque, igual que en el mundo visible de los reinos vegetal y animal, en el mundo visionario de los dioses también ha habido una historia, una evolución, una serie de mutaciones gobernadas por leyes; y sacar a la luz tales leyes es la aspiración propia de la ciencia."

Revisado y puesto al día en 2016 por Sydney Yeager, Andrew Gurevich y Santiago Celaya con la supervisión de la Joseph Campbell Foundation, este primer volumen, centrado en la mitología primitiva, se abre con un prólogo en el que Campbell delimita el objeto de su obra en estos términos:

“El estudio comparativo de las mitologías del mundo nos hace ver la historia cultural de la humanidad como una unidad, pues encontramos que temas como el robo del fuego, el diluvio, el mundo de los muertos, el nacimiento virginal y el héroe resucitado se hallan en todas las partes del mundo, apareciendo por doquier en nuevas combinaciones, al tiempo que permanecen solo unos pocos elementos, siempre los mismos, como en un caleidoscopio. En los relatos contados con ánimo de entretener, estos temas míticos se tratan con ligereza, con un espíritu obviamente de juego, mientras que en contextos religiosos se aceptan no sólo como verdades de hecho, sino incluso como revelaciones de aquellas verdades de las que toda la cultura es un testigo vivo, y de las cuales derivan tanto su autoridad espiritual como su poder temporal”.

Lo narrativo y lo antropológico, lo mitológico y lo poético se unen en esos relatos sobre héroes y dioses. Relatos que proponen una explicación del mundo y de la relación del hombre con la realidad en ritos de amor y de muerte que están en el fondo de la mitología de los cazadores del Paleolítico, en las simbólicas germinaciones de semillas del agricultor neolítico, en la función mágica del chamán o en las persistentes imágenes narrativas de los reyes inmolados. Un conjunto que representa la arqueología del mito en la construcción de esta “Historia natural de los dioses y los héroes.” 

En ese título, que es el del prólogo del volumen, podría resumirse el sentido de esta obra fundamental, de unos volúmenes de los que Campbell escribía que contienen "muchas indicaciones que sugieren las maneras en que pueden ser utilizados por personas razonables para fines razonables, o por poetas para fines poéticos, o por insensatos para la necedad y el desastre."

Las personas razonables, los poetas y los insensatos tienen ya en las librerías el primer volumen. Los siguientes irán apareciendo en los próximos meses.

Santos Domínguez

08 mayo 2017

100 películas sobre Historia Contemporánea


José María Caparrós Lera.
100 películas sobre Historia Contemporánea.
Alianza Editorial. El Libro de Bolsillo. Madrid, 2017.

Veinte años después de su primera edición, El Libro de Bolsillo de Alianza Editorial lanza la tercera edición actualizada de 100 películas sobre historia contemporánea, de José María Caparrós Lera.

Organizada en veinticinco capítulos que representan otros tantos momentos de la historia contemporánea, se trata de una obra enciclopédica, bien documentada e ilustrada, con abundantes incitaciones a la visión a la revisión de películas que reflejan la historia contemporánea desde la Revolución Francesa hasta la guerra de Vietnam.

Entre La Marsellesa o Historia de dos ciudades y Apocalypse Now o Platoon, pasando por títulos emblemáticos de la historia del cine, como Ladrón de bicicletas, Senderos de gloria o El gran dictador, se analizan en sus páginas un centenar de títulos seleccionados por su calidad cinematográfica y por su capacidad para reflejar un momento relevante de la Historia contemporánea.

Cada uno de los veinticinco capítulos se abre con un panorama que fija el contexto histórico, para el que se elige una película especialmente significativa. Una ficha técnica y artística, el resumen argumental y la valoración crítica de esa obra y de otros títulos  complementarios son la parte central de cada capítulo, a lo que se añade una amplia bibliografía sobre cine e historia y una cronología esencial, que permite leer este volumen también como un resumen de la Historia contemporánea.

“El cine de ficción como fuente documental para la historia contemporánea podría haber sido el título del libro”, señala en su prólogo José Florit. Porque el cine puede utilizarse como una nueva fuente de estudio de la Historia, aunque pueda convertirse a veces en un peligroso “arte del falso testimonio”, como denunciaba André Delvaux en una ponencia de 1959 que se reproduce en extracto en uno de los apéndices de este volumen.

Un volumen que abre muchas posibilidades en la utilización del cine como fuente documental de la Historia y en su aprovechamiento didáctico como método complementario de su enseñanza y su estudio.

Tres minuciosos índices de películas, directores y títulos originales permiten además un acceso rápido y directo a los títulos de esta obra de consulta imprescindible.

Santos Domínguez

05 mayo 2017

José Luis Tejada. Razón de ser


José Luis Tejada.
Razón de ser.
Prólogo de Juan Bonilla.
Siltolá Poesía. Sevilla, 2017.

Hoy somos sólo un pulpo de ocho miembros
que raramente un tajo divino escindiría.
Tú yaces en la paz y entre mis manos
yo esgrimo el vellocino sagrado de tu sexo
donde acaso el amor duerma en simiente
o se vislumbre un sol de eternidad.

Anda, encaja en tus pechos mi corazón antiguo,
vamos, que aún sobra espacio entre nosotros,
acóplate a tus vanos como a un viento calino
y agáchate, que va a pasar la muerte;
no nos llegue a rozar. 

Con esas dos estrofas termina Consolación de la carne, uno de los textos que forman parte de Razón de ser, el libro de José Luis Tejada que cumple ahora medio siglo desde su primera edición y que rescata La Isla de Siltolá en su colección de poesía con un prólogo de Juan Bonilla.

Esos son algunos de los versos más significativos del tono y los temas de este libro en el que sus treinta poemas, organizados en cinco secciones, reflejan el mundo poético de José Luis Tejada: la soledad, el vacío existencial, el amor y la poesía como formas de resistencia ante el desarraigo y la muerte.

Frente a su primer libro, el neogarcilasista Para andar conmigo, Razón de ser muestra una voz personal formada que ya sólo de manera esporádica mantiene la forma del soneto. El poeta ha optado ya por el verso libre, en el que se encauza mejor la torrencialidad apasionada de su expresión y el arrebato verbal de sus sentimientos de desarraigo existencial o su angustia ante el paso del tiempo y ante la muerte.

Esa es la temática predominante de la poesía de José Luis Tejada. “Una poesía confesional, de palabra cuidada pero sin miedo a la dureza de la desesperanza”, como señala Juan Bonilla en el prólogo, antes de destacar “la palabra que mejor puede resumir el espíritu del libro: una autenticidad que emociona en esa búsqueda incesante del amor como única razón de ser que nos dignifica contra la sinrazón de la nada.”

Por eso, frente a la sombra sin contorno del hijo de la muerte, frente a la indigencia común  o la desolación de los habitantes de la noche, la única respuesta es la resistencia que ofrecen las palabras o el amor:

Ven conmigo ahora y mira
esa burbuja cálida en el centro sin vetas de tu sombra
que flota en viento, tierra, lo mismo da, o en el agua, con una
rueda en el hueco de las manos.

Cuando se cumple medio siglo de su primera edición, la recuperación de la voz poética de José Luis Tejada con la reedición revisada de Razón de ser, uno de sus mejores libros, brinda al lector actual la posibilidad de conocer una obra que, aunque casi olvidada, no desmerece de la de otros autores de los años centrales del siglo pasado.

Santos Domínguez




03 mayo 2017

Las almas muertas


Nikolái Gógol.
Las almas muertas.
Ilustraciones de Alberto Gamón.
Traducción de Marta Rebón.
Notas de Ferran Mateo.
Nórdica. Madrid, 2017.

Para celebrar los 100 números de su colección Ilustrados, Nórdica publica una estupenda edición conmemorativa de Las almas muertas, una novela que cumple este año 175 años.

Esa novela seminal, que Gógol subtituló Poema, apareció en 1842 para inaugurar la modernidad literaria en Rusia con una nueva mirada a los personajes y una manera innovadora de enfocar la realidad.

Con esas novedades en las descripciones de paisajes o en la caracterizació de los personajes, Las almas muertas se convierte en la primera gran novela rusa del siglo XIX, un siglo prolífico en grandes novelas de Dostoievski o Tolstói.

Protagonizada por el opaco Pável Chíchikov, un terrateniente venido a menos que se dedica a comprar fantasmas, centenares de almas muertas: los nombres de los siervos desaparecidos desde el último censo para obtener a cambio una serie de beneficios en el tiempo que transcurra hasta la actualización del registro.

Nabokov la entendió en su Curso de literatura rusa como el reflejo de las pesadillas de Gógol más que como un testimonio de aquella Rusia zarista de siervos y miseria, aunque reconoce que en aquella época “una amplia mayoría de la nación rusa vivía a la intemperie, bajo un velo de lenta nieve, al otro lado de los ambarinos ventanales.” Rusia era entonces –añadía Nabokov- “un país famoso por sus desdichas, famoso por la miseria de sus innumerables vidas humildes.” 

Y en ese contexto inevitablemente hay que situar esta novela, poblada por un enjambre de personajes que a veces no son más que caricaturas grotescas, pero otras son creaciones inolvidables, el brillante resultado de caracterizaciones individuales y de unos diálogos ágiles que perfilan las figuras de los terratenientes Nozdriov, excéntrico y juerguista; Sobakévic, voluminoso, lírico y glotón; el avaro Pliushkin y Manílov el sentimental; la del cochero Selifán, mentiroso compulsivo y borracho, o la de la señora Koróbochka, codiciosa viuda de un terrateniente.

Todo ese despliegue narrativo nos llega ahora refrescado y actualizado en esta nueva traducción de Marta Rebón e iluminado por las abundantes ilustraciones de Alberto Gamón, tan espléndidas como la de la portada, y por las oportunas notas de Ferran Mateo. 

Escrita con distancia, desde fuera de Rusia, con ironía crítica y con la tendencia a lo grotesco que aparece también en los relatos de Gógol, Las almas muertas es, además de un monumento narrativo, un fresco imborrable de aquella Rusia zarista, llena de nieve y de pobreza, que está en el fondo de toda la gran novela rusa del XIX.

Pero es también que, por encima de esas circunstancias espaciales y temporales, históricas o sociales, sigue hablando de la condición humana.

Por algo es un clásico.

Santos Domínguez

01 mayo 2017

Una conversación literaria (Madrid, 1970)


Francisco Ayala.
Miguel Fernández-Braso.
Una conversación literaria 
(Madrid, 1970).
Cuadernos de la Fundación Francisco Ayala. 
Universidad de Granada. Granada, 2016.

“Lo importante para mí era escuchar. Dejarle hablar. Interrumpir lo menos posible, que los nombres personales y la geografía se enlazaran y se cruzaran en la charla. Es lo que he hecho siempre en mis conversaciones literarias” escribe Miguel Fernández-Braso en ‘Una pequeña explicación’, el texto que abre el espléndido volumen Una conversación literaria (Madrid 1970) que recoge la que mantuvieron él y Francisco Ayala en una viaje del novelista a Madrid.

Un libro editado por la Fundación Francisco Ayala y la Universidad de Granada reproduce la transcripción de las conversaciones mantenidas entre Francisco Ayala y Miguel Fernández-Braso en 1970 y las abundantes correcciones manuscritas que Ayala hizo sobre una conversación que por su tono cercano el propio Ayala veía como “una oportunidad de decir cosas que, sin caer en lo trivial, tengan a la vez un tono ligero e íntimo en cierta medida. Y, cosas en fin que no son para escritas sino más bien para habladas.”

Y con ese tono ligero y próximo Francisco Ayala rememora su trayectoria personal, literaria y académica, evoca las presencias formativas de Ortega, Gómez de la Serna,  Azorín o Pérez de Ayala, habla de las novelas de Cela y del Cortázar de Rayuela, traza un retrato negativo y burlón de Juan Ramón y recorre episodios del exilio, del que había vuelto esporádicamente, expone sus ideas sobre la literatura y la realidad histórica o sobre su propia obra: Muertes de perro, El fondo del vaso, Los usurpadores...

Cierra el volumen una magnífica entrevista  -‘Francisco Ayala, exiliado sin ira’- que Miguel Fernández-Braso había publicado antes de esta larga conversación, en junio de 1969, en el diario Pueblo, y cuatro cartas de Ayala.

Un completo índice de nombres y títulos permite la consulta rápida de temas y referencias personales que hacen de este libro un material de enorme interés para los interesados en la obra de Ayala, uno de los nombres de referencia en la literatura del siglo XX en español

Santos Domínguez

28 abril 2017

William Carlos Williams. Poesía reunida


William Carlos Williams.
Poesía reunida.
Edición bilingüe.
Introducción de Juan Antonio Montiel.
Traducciones de Edgardo Dobry, 
Juan Antonio Montiel 
y Michael Tregebov.
Lumen. Barcelona, 2017.


El descenso nos llama
           como nos llamaba el ascenso.
                       La memoria es una especie
de consumación,
            una suerte de renovación,
                      incluso
de inicio, pues los espacios que abre son lugares nuevos
          habitados por hordas
                     de especies
hasta entonces impensadas;
           y sus movimientos
                       se orientan hacia nuevos objetivos
(aun cuando antes hayan sido abandonados).
L Ninguna derrota es enteramente una derrota, pues
el mundo que abre es siempre un sitio
          hasta entonces 
                     insospechado. Un
mundo perdido,
           un mundo insospechado,
                    abre paso a nuevos lugares
y no hay blancura (perdida) tan blanca como el recuerdo
de la blancura. 

Con el atardecer, el amor despierta
           aunque sus sombras
                       -que dependen
de la luz del sol-
           se adormecen y se apartan
                      del deseo.

Despierta así un amor
           sin sombras
                      que ha de crecer
con la noche.

Surgido de la desesperación,
          inconcluso,
                     el descenso
despierta a un nuevo mundo
                     que es el reverso
de la desesperación.
           Para lo que no podemos lograr, lo que
se niega al amor,
           lo que perdimos por anticiparnos,
                       se abre un descenso
sin fin, e indestructible.

Ese poema, 'El descenso', con traducción  de Juan Antonio Montiel, abre La música del desierto, de William Carlos Williams (1883-1963), uno de los grandes poetas norteamericanos del siglo XX. 

Se trata de un poema seminal, porque con él no sólo se produce un giro crucial en su trayectoria poética, sino que se funda una nueva concepción del texto y de la escritura. 'El descenso' es un texto central en la obra de William Carlos Williams también porque contiene las claves temáticas existenciales y formales de la última fase de su poesía, que se inicia en los años cincuenta, y porque funciona como obertura de los temas de este libro y de los dos posteriores, Viaje al amor y Cuadros de Brueghel, con los que forma una evidente trilogía de la poesía madura de Williams Carlos Williams.

Con las que seguramente son las mejores traducciones de su obra al español, firmadas por Edgardo Dobry, Juan Antonio Montiel y Michael Tregebow, se pueden leer esos títulos en el espléndido tomo que con su Poesía reunida acaba de publicar Lumen

Contiene, en edición bilingüe, cuatro libros fundamentales: desde el primer Williams experimental que delimita su concepción del poema en las prosas de Kora en el infierno, un libro oscuro y raro, de exigente complejidad pero imprescindible para entender su poesía posterior, al último Williams, que fundó en los años cincuenta una nueva estética sobre la materia autobiográfica y el tono confesional con La música del desierto y otros poemas, Viaje al amor y Cuadros de Brueghel y otros poemas, que –como señala Juan Antonio Montiel en su magnífica Introducción al volumen- “estuvo a punto de ser un libro póstumo” cuando se publicó en 1962.

Esa introducción sobre la poética de William Carlos Williams se dedica a desmentir la imagen de poeta irreflexivo y sin lecturas, de iletrado ingenuo que ha rodeado con frecuencia su figura. 

Bastaría con leer un libro como Kora en el infierno, de finales de los años veinte, para descartar definitivamente esa imagen, pero además “la presente antología parece, de hecho, una recopilación pensada para dar al traste con la idea de un Williams resignado o ingenuo o, en el mejor de los casos, entregado a su propia fascinación por lo que lo rodeaba”, escribe el prologuista.

William Carlos Williams forma parte de una generación de poetas que rompieron con la tradición inglesa para dar lugar a una época renovadora y brillante en la poesía norteamericana del XX. Eliot, Pound, Wallace Stevens o e. e. cummings son algunos de sus compañeros de viaje, pero quizá W. C. Williams fuese el más radical de todos, el más alejado de la norma, de la tradición métrica y del mundo académico.

Nieto literario de Emily Dickinson, amigo de Hilda Doolittle y Ezra Pound y precursor de Ginsberg y Kerouac, William Carlos Williams buscó la precisión de la palabra poética, la exactitud de lo concreto, la transcendencia de lo cotidiano, la fuerza conceptual del habla coloquial. 

Williams parte de la sensación, de la sensibilidad ante lo concreto para transformar la realidad en objeto verbal a través de la imaginación y la sintaxis. En su poesía convergen la vista y el oído para escuchar las cosas, pintar con palabras los objetos cotidianos y nombrar lo próximo. 

No ideas but in things - no hay ideas sino en las cosas- fue la frase en la que cifró su poética, su idea de la poesía como exploración y descubrimiento, como resultado de la observación de la vida y de la mirada detenida en el objeto:

¿Cómo decir lo que ha de ser dicho? 

Solo el poema.

Solo el poema, medido con exactitud;
imitar, y no copiar, la naturaleza: no copiar
la naturaleza.

¿Y cómo conseguir eso?  Con una imaginación que va más allá de la mirada superficial para convertirse en la forma más intensa de observación y con lo que Williams llamaba 'palabra fuerte'. 

Autobiografía y conciencia aguda de la temporalidad, memoria y experiencia vertebran una trayectoria poética en la que el oído y mirada se conjugan como instrumentos fundamentales del poeta. Poco a poco, en el último Williams a ese concepto de imaginación se suma el de invención -"la invención es la madre del arte", escribió- y se matiza con la memoria, a la vez que frente al verso libre crea una nueva estrategia poética con la prosodia renovadora del pie variable, que conecta el habla de la calle y el lenguaje poético.

Esa radicalidad renovadora, que modificó la música y el tono de la poesía norteamericana, tiene su momento decisivo, su referencia sin retorno en La música del desierto. Publicado en 1954, cuando daba ya por superada la poesía que había desarrollado en Paterson, La música del desierto es la primera manifestación significativa de su renovador concepto métrico del pie variable, con el que encauzaba la relación entre el habla de la calle y el lenguaje del poema.

Todavía publicaría otros dos libros en ese ciclo de madurez:  El Viaje al amor (1955), un libro en el que el tema de la muerte o la vejez va ganando terreno hasta culminar en el extenso 'Asfódelo, esa flor verdosa', un largo poema amoroso que es también un particular descenso a los infiernos.

Cuadros de Brueghel (1962) fue su última obra. Sus diez primeros poemas están centrados en diez pinturas de Brueghel que se reproducen en el libro. Como Wallace Stevens en El hombre de la guitarra azul, como Ashbery en Autorretrato en espejo convexo, Williams acude en ellos a la pintura para reflexionar sobre la realidad, sobre la vejez y el tiempo.

"Todo está en el oído", escribió. Y en estos textos se combinan oído y mirada para recordar el alto puente sobre el Tajo en Toledo, el puente que atravesaban unas ovejas y un pastor que en la vejez recorren los sueños del anciano y aún caminan en sus sueños, continuando mansamente en su verso para siempre en este libro que cierra significativamente el poema El resurgimiento:

Tarde o temprano
llegaremos al final 
de la lucha 

para restablecer 
la imagen la imagen de 
la rosa 

pero aún no 
dices extendiendo 
el tiempo indefinidamente 

por 
tu amor hasta que una 
primavera entera 

reencienda 
el violeta en las propias 
orquídeas 

y así por 
tu amor el mismo sol 
es reavivado

el poema.


Santos Domínguez 

26 abril 2017

Robert Saladrigas. En tierras de ficción


Robert Saladrigas.
En tierras de ficción.
Recorrido por la narrativa contemporánea.
De Edgar Allan Poe a Evan Dara.
Menoscuarto. Palencia, 2017.

“Lo que me saca un poco de quicio es que haya mucha gente que está escribiendo sin puntos de referencia”, afirmaba Robert Saladrigas en la conversación con Fernando Valls y José María Guelbenzu que cierra como apéndice En tierras de ficción, el volumen recopilatorio que publica Menoscuarto en su colección Reloj de cuarzo.

Tres años después de su recopilación De un lector que cuenta, que publicó en esta misma editorial, Robert Saladrigas reúne un amplio conjunto de artículos en un “nuevo volumen, sin duda complementario del primero que he puesto bajo el título de En tierras de ficción,” en el que “aparecen noventa y siete autores –desde el clásico Edgar Allan Poe a Evan Dara, uno de los últimos posmodernos americanos– que alumbraron un centenar largo de obras entre novelas, cuentos y variantes del imaginario literario.”

Organizadas en seis partes que responden a otras tantas tradiciones y momentos, se incorporan a este tomo -como explica en su introducción, Caminos reales- las reseñas dispersas en distintos medios sobre los textos y autores más representativos de la narrativa contemporánea: “el grueso de la aportación siguen siendo los textos cuidadosamente seleccionados de La Vanguardia –aquellos que aparecen fechados pero sin determinar el origen– junto a otros procedentes de los semanarios Destino y Mundo, la revista cultural Turia, la Revista de Libros, el suplemento TeleXpres/Literario (allí formé equipo con José Luis Giménez-Frontín y José María Carandell) y el diario El País, todos ellos debidamente identificados.”

Su subtítulo, Recorrido por la narrativa contemporánea, y el título del a péndice, La crítica y la creación en el mundo actual, resumen el sentido de un libro como éste, que no es una mera recopilación de reseñas dispersas, ni sólo un manual de consulta rápida, ni un simple panorama narrativo de lo más destacado desde el siglo XIX hasta hoy. Sin dejar de ser todo eso, es en su conjunto una afirmación de la función orientadora de la crítica, de su validez en el trazado de un mapa de referencias imprescindibles para el escritor y para el lector.

Como en el anterior libro, un doble índice, de autores y de obras reseñadas, facilita mucho el acceso del lector a estas páginas, cuya amplia nómina abarca desde los precursores de la narrativa contemporánea – Poe, Henry James o Chejov- hasta autores actuales como Thomas Pynchon, Doctorow o Luis Goytisolo.

“Cada nuevo día empiezo la aventura de leer con predisposición a maravillarme con algo que lo da todo sin pedir otra cosa a cambio que devoción. Me conforta pensarlo. Y aquí estoy. Pasando páginas y más páginas. Escribiendo. Fantaseando sobre el sentido de la vida. Moviéndome en tierras de ficción: apostando por la felicidad", escribe Saladrigas en el prólogo de este volumen que es también un reconocimiento de los límites de la crítica, porque –como escribe en la reseña de La conjura de los necios- “toda crítica carece de eficacia real y, siendo así, resulta estúpido tomarse el asunto tan en serio que le hagan pasar a uno un mal rato. Nada cambia por una película o por una novela.”

Santos Domínguez

24 abril 2017

Galdós. Diez novelas y un discurso



Benito Pérez Galdós.
Diez novelas y un discurso.
Edición de Francisco Estévez y Germán Gullón.
Biblioteca AVREA Cátedra. Madrid, 2016. 

“A medida que se borra la caracterización general de cosas y personas, quedan más descarnados los modelos humanos, y en ellos debe el novelista estudiar la vida, para obtener frutos de un arte supremo y durable (...). Perdemos los tipos, pero el hombre se nos revela mejor, y el arte se avalora solo con dar a los seres imaginarios vida más humana que social”,  afirmaba Pérez Galdós en 1897 en su discurso de ingreso en la Academia Española, titulado significativamente La sociedad presente como materia novelable. 

Ese es el texto que abre en Biblioteca Avrea Cátedra la edición de diez novelas de Galdós que han preparado Francisco Estévez y Germán Gullón, que firma una introducción -'¿Por qué leer a Galdós?'- en la que destaca que su obra refleja “una enorme profundidad experiencial y un trasfondo ideológico muy amplio”, porque está escrita por un “artista excepcional” que comparte con los otros grandes nombres de la novela decimonónica –Balzac, Dickens, Flaubert, Tolstói- “una extraordinaria capacidad para representar en sus textos mundos extremadamente complejos (...), panoramas narrativos, inmensos mapas o espejos verbales de la sociedad de su tiempo.”

A esas alturas, en 1897, Galdós, el primer heredero cabal de Cervantes en la literatura española, había escrito la parte fundamental de su obra, culminada ese mismo año con la publicación de Misericordia

De sus 31 novelas -descontados los casi cincuenta Episodios nacionales- se editan en este volumen diez títulos: Doña Perfecta, La desheredada, El amigo Manso, Tormento, La de Bringas, La incógnita, Realidad, Tristana, Nazarín y Misericordia, una selección que se ha regido por el criterio de la variedad en los temas y la diversidad en las técnicas constructivas y en las perspectivas narrativas. 

Publicadas entre 1876 y 1897, dos décadas en las que escribió sus mejores novelas, hay entre ellas dos obras maestras indiscutibles como La desheredada y Misericordia y otras ocho que reflejan la capacidad innovadora de Galdós, su evolución constante desde el dualismo prerrealista de la novela de tesis a la integración del realismo progresista de sus novelas contemporáneas, y de ahí al determinismo matizado de la novela naturalista.

Desde el efectismo narrativo de la novela por entregas hasta la construcción de un estilo propio, de una voz narrativa galdosiana dotada de una ironía que es parte de su herencia cervantina, Galdós nos ha dejado no sólo la más completa imagen del Madrid del último tercio del XIX, sino una serie de personajes de una hondura y una densidad que los hace inolvidables.

Y además, como instrumento de una mirada crítica a la España más reaccionaria, defensora de los privilegios eclesiásticos y nobiliarios, unos personajes que viven una relación problemática con la realidad, con el amor, con la conciencia o con el papel de la mujer. 

Santos Domínguez