23 enero 2015

Neruda inédito


Pablo Neruda.
Tus pies toco en la sombra 
y otros poemas inéditos.
Edición, introducción y notas de Darío Osés.
Prólogo de Pere Gimferrer.
Seix Barral. Barcelona, 2015.

Pero yo hablaba de otra cosa. 
Me levanté y sobre el navío 
no había más que cielo y cielo, 
azul interrumpido por 
una red de nubes tranquilas 
inocentes como el olvido. 
La nave es la nube del mar 
y olvidé cuál es mi destino, 
olvidé la proa y la luna, 
no sé hacia dónde van las olas, 
ni dónde me lleva la nave. 
No tiene mar ni tierra el día. 

Así termina uno de los poemas inéditos de Pablo Neruda que publica Seix Barral en el volumen Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos.

Escrito durante un viaje marítimo de Valparaíso a Venezuela a comienzos de enero de 1959, casi a la vez que La insepulta de Paita, de Cantos ceremoniales, es uno de los 21 poemas inéditos que fueron localizados en una revisión exhaustiva de los manuscritos del poeta que se inició hace tres años en los archivos de la Fundación Pablo Neruda. 

Escondidos en esa “selva de los originales” del poeta a la que alude Darío Osés en su introducción, no son, como suele ocurrir en estos casos, poemas de formación de un adolescente dubitativo ni descartes exhumados por viudas venales en busca de liquidez.

Quien habla en ellos es un Neruda maduro, dueño de una voz propia y un universo poético inconfundible, un poeta seguro y poderoso, torrencial y telúrico, que los escribió desde principios de los años 50 hasta el mismo año de su muerte: el más tardío está fechado el miércoles 10 de enero de 1973. 

Se ha encargado de su edición, de la introducción y las notas el director de la biblioteca y archivo de la Fundación Pablo Neruda, Darío Osés, que organiza el libro en dos secciones, una con seis poemas de amor y otra con quince textos de diversa temática -la naturaleza, la biografía, los viajes, el compromiso de la poesía militante-, cuya calidad no desmerece del resto de la extensa obra conocida de Neruda. Por eso Pere Gimferrer destaca en su prólogo -"apuntes de lectura"- “la pugnaz condición que de liberadora fortaleza verbal tienen estos poemas definitivos e irrefutables.”

Con rítmicos versos largos y versículos de extensión desbordante o con versos extremadamente cortos como los de las Odas elementales, conviven en estas páginas los senos de la amada y el vuelo de los cormoranes, las cordilleras andinas y el mar antártico de Chile, los mascarones de los barcos y los bosques del Sur, la protesta y el humor.

Escritos unos en hojas sueltas, en el reverso de programas musicales o en la cuartilla de un menú, otros en un cuaderno, esta edición incorpora una reproducción facsimilar de varios de los manuscritos y un apéndice de notas que explican las circunstancias que rodean la composición de cada uno de estos poemas.

Espléndidos poemas la mayoría de ellos, escritos

en estos altos
años
en plena 
cordillera de mi vida
después de haber
subido
la nieve vertical
y haber entrado
en la diáfana meseta 
de la luz decisiva

Textos que permitirán a algún lector rezagado paliar las limitaciones de su alfabetización deficiente y descubrir medio siglo después del Memorial de Isla Negra, ochenta años después de Residencia en la tierra -nunca es tarde- a uno de los grandes poetas de la lengua española.


Santos Domínguez


21 enero 2015

Hugo Mujica. Del crear y lo creado 3


Hugo Mujica.
Del crear y lo creado 3
Prosa selecta. 
2: Ensayo. Narrativa.
Vaso Roto Esenciales Prosa. Madrid, 2014.

Tal como uno de esos pálidos ángeles de mármol que se emplazan sobre los sepulcros, como un pálido mensajero sobre las ruinas del fin de una época, Georg Trakl se alza como el testigo —testigo, partícipe y víctima— de la imposibilidad de nuestro tiempo: encarnar el alma en el mundo.

Trakl miró la vida y vio la muerte, por eso escribió, para vivir. Para dejarnos lo que fue esa vida: su obra.

Con esas palabras comienza el prólogo que Hugo Mujica puso al frente de La pasión según Georg Trakl. Poesía y expiación, uno de los ensayos que Vaso Roto publica en Del crear y lo creado 3, que reúne la prosa selecta del escritor argentino.

Se recogen en este volumen los cuatro ensayos más recientes de Mujica  sobre las poéticas del vacío en Orfeo, San Juan de la Cruz o Celan o sobre la poesía de Trakl, además de sus textos narrativos, agrupados con el título de uno de sus relatos, Bajo toda la lluvia del mundo.

La de Hugo Mujica es una palabra potente y en tensión, palabra que calla más que dice, una palabra en la frontera que escucha más que habla. Palabra en la frontera de los géneros que integra la poesía y el aforismo, el ensayo y la visión, la filosofía y la mística, el logos y el mito.

Desde el no saber sabiendo de los místicos, en una línea de escritura que recuerda a Jabès en el desierto de la palabra, Mujica convoca al pensamiento y al sentimiento, y aúna lectura y escritura, razón e intuiciones, reflexión y revelación.

Porque, explica el poeta, ser creador es saber, creer, que eso que abrió desde lo oculto está presente y oculto en esa apertura. 

Y lo hace desde el vacío, desde ese no-lugar de la utopía y el sueño que es el espacio propio de la poesía, desde ese vacío en el que surgen la creación y la palabra. Es el vacío convertido en fuente de creación y en base del sentido, es la ausencia que está en la raíz del fulgor de la palabra: la ausencia que se hace fecundidad en Orfeo; la nada convertida en fuente y metáfora en San Juan de la Cruz o exilio esencial en Paul Celan.

Como en el resto de su obra, los textos de Mujica en Del crear y lo creado están más cerca del chispazo intuitivo e iluminador del relámpago poético que del pensamiento articulado y sistemático propio del ensayo. Como en los presocráticos, cuyos textos viven en una zona intermedia entre la poesía y la filosofía, como en el Hölderlin más desestructurado y más genial, como en Jabès, la tonalidad y el procedimiento de Mujica son propios de la poesía. 

No hay en estos ensayos conclusiones ni propuestas, sino búsquedas; no un sistema, sino la intuición como método; no metas, sino caminos.

Porque la creación remonta desde el fondo de la palabra abismada y abismática, desde ese vacío creador y transcendente que escuchan quienes, como Mujica, como los místicos, están en sazón de recibir, porque saben que el creador es un ser de la espera.

Y oír ese vacío, interpretarlo y recrearlo desde esa actitud receptiva, convertirlo en palabra iluminadora es lo que hacen estas páginas deslumbrantes, siempre a medio camino entre la fulguración del poeta y la lucidez del ensayista irrepetible que es Hugo Mujica. 

Santos Domínguez

19 enero 2015

La muerte de Olivares



Javier de Juan.
Sic Transit
o La muerte de Olivares.
Los tebeos de Cordelia.
Reino de Cordelia. Madrid, 2014.

Treinta años después de su primera aparición, Reino de Cordelia reedita Sic transit o La muerte de Olivares, uno de los cómics que renovaron decisivamente el panorama de la historieta gráfica en España.

Una historia potente gráficamente basada en un guión truculento, desarrollado en cuatro capítulos y muy bien resuelto. Una historia protagonizada por el torero Olivares, que muere en su última tarde víctima de una cornada y de una Muerte celosa de la novia del matador.

Porque entonces, en 1984, señala Javier de Juan en el prólogo -La muerte y el torero- “solo dos cosas parecían importantes de verdad. Importantes y definitivas: El Amor y la Muerte.”

Con una evidente influencia del cine expresionista alemán, Sic Transit revisa el mito de Orfeo y Eurídice para invertirlo con una perspectiva que recuerda la mirada de postrimerías del Barroco y una mirada proyectada sobre “un Madrid más cerca del siglo XIX que del XXI. La Calle Mayor mojada y gris como en una novela de Galdós. Un mundo sin teléfonos móviles, sin Internet. Un Madrid analógico y atemporal.”

Esta bellísima edición recupera en un apéndice los apuntes y bocetos que utilizó Javier de Juan para diseñar este clásico imprescindible del género en España, del que dice su autor: “Si los cómics tuvieran música, la de Sic Transit debería ser épica.”

Santos Domínguez

16 enero 2015

Carlos Aguilar. Guía del cine


Carlos Aguilar.
Guía del cine.
Cátedra Signo e imagen. Madrid, 2014.

Corregida y aumentada con entradas nuevas, llega a su quinta edición la espléndida Guía del cine de Carlos Aguilar, que publica Cátedra. Más de dos mil páginas de una obra en marcha que no se limita a la mera recopilación de miles de fichas técnicas sobre películas de todo tipo, de diversas épocas y distintas procedencias geográficas y culturales.

Lo que hace que en estos tiempos de internet y bases de datos en red siga teniendo vigencia esta monumental obra es que, junto con los datos objetivos de fechas, directores, guionistas o actores de reparto, Carlos Aguilar proyecta en cada título breves y certeros juicios de valor que agradece el aficionado al cine.

Juicios positivos como el que le merecen películas cimeras como El séptimo sello –“inmensa fuerza visual”, “genial”, “inolvidable”- o Campanadas a media noche–“sobrecogedora visualmente” con un Welles “exuberante y espléndido.”

O juicios demoledores como estos: “el problema de Tarantino es cuando hace cine para los tarantinistas”; “Un engendro de lujo que, por añadidura, no termina nunca” (Avatar); “Un falsamente brillante dechado de petulancia y autoafirmación autoral, repleto de gratuidades y excesos” (El gran Lebowski); “Apoyado en el irritante underplaying de Bill Murray, y con un humor lamentable (…) supone uno de los filmes más preocupantemente sobrevalorados de su momento”  (Lost in Translation)

Organizada con un criterio alfabético de títulos en español y completada con dos índices de consulta rápida: uno de títulos originales y otro de directores, esta obra es una guía titánica que también  se puede leer, como quiere su autor, “a base de cruzar referencias, como una sintética y personal historia de un siglo de Séptimo Arte.”

Santos Domínguez

15 enero 2015

George MacDonald. Fantastes



George MacDonald.
Fantastes.
Traducción de Juan José Llanos.
Prólogo de C. S. Lewis
Imaginatio vera.
Atalanta. Gerona, 2014.

"Nuestra vida no es un sueño, aunque debe convertirse en uno, y quizá lo haga". Esa cita de Novalis encabeza el último capítulo de Fantastes, la novela fantástica que George MacDonald publicó en 1858 y que edita Atalanta con traducción de Juan José Llanos y prólogo de C. S. Lewis.

Una novela de hadas para hombres y mujeres es el significativo subtítulo de esta obra tardorromántica, marcada por la influencia de románticos alemanes e ingleses como Heine, Schiller, Shelley o el mismo Novalis.

Una novela de formación en la que se acumulan elementos mágicos y míticos propios de un mundo onírico al que no se desciende, porque es el resultado de un ascenso espiritual simbolizado en el nombre griego –Anodos- del protagonista, que despierta una mañana en su habitación con una puerta abierta que comunica el mundo real y la fantasía.

Una puerta abierta a los ritos de paso y al bosque encantado en el que se suceden los prodigios y los seres mágicos imaginados por este creador moderno de mitos, autor de los Cuentos de hadas que se publicaron en esta misma editorial.

A esa “frontera significativa” que acababa de rebasar con su lectura se refiere C. S. Lewis, el autor de Las Crónicas de Narnia, que evoca la noche decisiva en que leyó este libro: “Esa noche mi imaginación fue, en cierto sentido, bautizada supe que acababa de rebasar una frontera."

Santos Domínguez

14 enero 2015

El castillo ilustrado


                                         

                                                          David Zane Mairowitz.
                                                                     El castillo.
                                                     Traducido por Carlos Mayor.
                                                         Ilustrado por Jaromír 99.
                                                          Nórdica. Madrid, 2014

Inconclusa y póstuma, El castillo fue una de las obras que Kafka encargó destruir a su amigo y albacea Max Brod, que la publicó en 1926. Junto con El proceso, es una de las novelas fundamentales de Kafka, quizá también la más compleja en su entramado simbólico. La peripecia del agrimensor que llega a la aldea que está al pie del inaccesible castillo plantea una alegoría de la frustración y la autoridad, de la absurda e implacable máquina burocrática que aniquila al individuo en medio de una atmósfera opresiva.

Como siempre en Kafka, al fondo está el padre, la búsqueda y el problema de la identidad, la construcción de un objetivo vital. Desorientado y perplejo, como los protagonistas kafkianos, esperanzado a veces, K. acaba asumiendo el fracaso de sus proyectos, porque –como explica David Zane Mairowitz- “en el fondo nada está al alcance de K., que se ve sentenciado a deambular por el pueblo nevado, sorteando toda una serie de tentaciones eróticas.”

En la versión gráfica que publica Nórdica con el texto adaptado por David Zane Mairowitz y las ilustraciones de Jaromír 99, la novela de Kafka adquiere una nueva dimensión con unos dibujos expresionistas que captan a la perfección el agobiante universo literario de Kafka.

                                                                                             Santos Domínguez

13 enero 2015

Doppo Kunikida. Musashino


Doppo Kunikida.
Musashino.
Traducción de
Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.
Prólogo de James Cahill.
Ardicia. Madrid, 2014.

Ardicia publica una joya narrativa: siete relatos en los que el japonés Doppo  Kunikida (1871-1908) expresó el sentimiento del paisaje y exploró la relación del hombre con su entorno natural.

La doble condición de novelista y poeta de Kunikida le permitió indagar con una mirada intensa en la naturaleza y en la relación del hombre con ella: un paisaje oriental con luna y con ciruelos, con nieblas y sombras en el bosque, un paisaje animado con mares y montañas que recuerda mucho al de la poesía es el centro de estos relatos en los que la acción apenas importa y no hay intriga, sino puro transcurso emocional sobre el trasfondo de los ciclos naturales y las estaciones.

Con variados procedimientos narrativos que van desde la incorporación de un diario al uso agilísimo de los diálogos, estos delicados relatos comparten lo mejor de la prosa y la poesía oriental y revelan, en palabras del prologuista, “una apacible y melancólica nostalgia en sus imágenes que recuerdan a los poetas de los haikus y los tankas.”

Santos Domínguez

12 enero 2015

Conan Doyle. El relato de John Smith


Arthur Conan Doyle.
El relato de John Smith.
Edición e introducción de
Jon Lellenberg, Daniel Stashower y Rachel Foss.
Traducción de José Miguel Parra Ortiz.
Confluencias Editorial. Almería, 2014.

Confluencias rescata la primera novela de Conan Doyle, El relato de John Smith, un texto que se publica por primera vez en España tras una peripecia que lo mantuvo inédito y que salió a la luz hace diez años en una subasta en la que la Biblioteca Británica adquirió el manuscrito.

Conan Doyle escribió esta novela primeriza y precursora cuando ya había empezado a publicar relatos sueltos en revistas y decidió dar un paso adelante con esta obra que contiene algunos elementos que se desarrollarían en el ciclo de Sherlock Holmes, pero que que se extravió antes de llegar al editor.

Tras su reescritura en un ejercicio de memoria, El relato de John Smith se quedó casi siglo y medio en un cajón hasta que, finalmente, tras la subasta del segundo manuscrito, se editó en Londres hace tres años.

La traducción de José Miguel Parra Ortiz que acaba de publicar Confluencias es la primera que se hace del texto original, en el que Conan Doyle utiliza a un cincuentón misántropo como portavoz de sus ideas y su visión del mundo, que en parte traspasó luego a su memorable detective.

                                                                                                             Santos Domínguez

09 enero 2015

La gruta y la luz



Francisco Ruiz Noguera.
La gruta y la luz.
Visor. Madrid, 2014. 

No arde la ceniza, pero guarda 
la memoria del fuego,
el recuerdo dorado de la llama, 
el claror de la luz,
y, así, es ceniza viva
lo que tengo en mis manos.

Ese poema, Ceniza, el más breve del libro, quizá también el más intenso, resume el tono y el núcleo temático de La gruta y la luz, la última obra de Francisco Ruiz Noguera.

Esa ceniza viva contiene en su oxímoron la clave no sólo de este volumen, sino de la mayor parte de una producción poética caracterizada por su rigor y su coherencia.

Porque, más allá de que La gruta y la luz lleve como pórtico una cita gongorina –A batallas de amor campo de pluma- que abre como un exlibris poético todos los volúmenes que ha venido publicando Ruiz Noguera, están aquí sus temas fundamentales: la memoria, la luz, el tiempo y la ciudad, la pintura o el mar ritual de los solsticios, la ejemplar integración de vida y cultura que recorre sus versos desde el inicial y ya lejano Campo de pluma, que cumple ahora treinta años.

Memoria y mirada son los dos ejes de este libro que, como la gota del espléndido poema inicial, Gruta, le toma el pulso a la vida desde un presente que está a medio camino entre su memoria de roca y su futuro destino de columna.

Entre la luz y la sombra, esa gota destructiva se convierte en metáfora de la vida con su “fragilidad potente” y traza un recorrido que va del interior de la caverna al exterior urbano de las aceras, de la evocación de lo perdido (el recuerdo dorado de la llama) y hasta del lamento con resonancias de tópico clásico (¿Qué fue de la certeza, qué del hilo?) a la noche celebratoria del sueño o de la pesadilla, a la contemplación de lo plástico como asidero y a la afirmación en el presente del paseante que ve y mira y piensa en los potentes poemas en prosa de la segunda parte del libro.

Es la mirada urbana de un flâneur heredero de Baudelaire, pero más aún de Cavafis y de la prosa poética de Ocnos. Una mirada que recorre la ciudad para elaborar la “poética de la luz y de la arquitectura urbana” a la que se refirió Antonio García Berrio en la introducción a su poesía reunida hace ya casi veinte años.

En un itinerario que va de lo interior a lo exterior, de la oscuridad a la luz, entre el pasado y el futuro, hacia lo que no está todavía aunque se lo espera, La gruta y la luz se mueve entre el anclaje en el tiempo -la memoria del fuego- y la mirada –a menudo guilleniana- que encuentra su ámbito en el espacio urbano.

Ciudad de la memoria que es también la ciudad del paraíso, espacio convertido en espejo de la conciencia del creador que transforma la oscuridad en palabra de luz y reflexiona sobre su poesía y los límites de la expresión (¿dónde están los raíles verdaderos?), habitante de la frontera indecisa que es el territorio de la escritura y de la vida. 

Lo pide así el poeta en Rogativa, uno de los mejores poemas del libro:

Libranos. No te olvides de este ruego: 
no nos dejes caer 
—sin salvación posible— 
en negra tentación de oscuridades, 
pero mantennos —pido— 
no lejos del misterio: siempre al borde.


Santos Domínguez

08 enero 2015

Winesburg, Ohio





Sherwood Anderson.
Winesburg, Ohio.
Prólogo de Luis Chitarroni.
Traducción de Natalia Moret.
Eterna Cadencia. Madrid, 2014.

La intrahistoria rutinaria de una pequeña población del Sur profundo bajo la mirada penetrante de George Willard, un reportero local que crea el fresco inolvidable de las vidas de Winesburg, Ohio.

Por debajo de la superficie de esas vidas cotidianas, Sherwood Anderson, maestro reconocido de Faulkner y padre estilístico de Hemingway, exploró en esta obra coral las pulsiones ocultas que marcan de verdad el tono de la existencia sombría de estos personajes en su pequeño mundo.

Eterna Cadencia recupera este clásico fundamental de la literatura norteamericana en una cuidada edición traducida por Natalia Moret y presentada por un breve e intenso prólogo -Optimismo supernumerario- de Luis Chitarroni, que destaca en Winesburg, Ohio “su suficiencia feliz, desbordante, su acertada forma.”

Casi cien años después de su primera edición en 1919, gran parte de la narrativa breve del siglo XX sigue teniendo aquí su fuente inagotable. Una de esas obras maestras a las que se vuelve una y otra vez porque no se agotan nunca y siguen aportando en cada relectura nuevos matices ocultos bajo su aparente sencillez y dando una lección de eficacia narrativa y de solvencia estilística.

Santos Domínguez