14 enero 2014

Mi Carso


Scipio Slataper.
Mi Carso.
Traducción de Pepa Linares.
Prólogo de Claudio Magris.
Ardicia. Madrid, 2013.

Hace poco más de un siglo, en 1912, el triestino Scipio Slataper (1888-1915) publicaba Mi Carso, una novela breve y fundacional que permanecía inédita en español y que acaba de aparecer en Ardicia con traducción de Pepa Linares y prólogo de Claudio Magris, otro escritor de Trieste que habla en su presentación del “áspero y esquivo lirismo” de esta obra.

Junto con Italo Svevo, Slataper es el iniciador de una tradición que ha hecho de Trieste no solo un lugar de referencia en la literatura del siglo XX, sino una tonalidad narrativa y un estado de ánimo. Murió en 1915 en combate en la Primera Guerra Mundial, en las filas del ejército italiano. Tenía 27 años y dejaba Mi Carso, como su única novela, una narración autobiográfica de tono intensamente lírico que surge del trauma provocado por la muerte de su madre y el suicidio de su novia.

Organizada en tres partes que corresponden con la infancia, la juventud y la madurez del narrador, Mi Carso es una muestra de la capacidad evocadora de las descripciones en la prosa sutil y matizada de un escritor del que se podían esperar obras aún mayores que esta.

Santos Domínguez

13 enero 2014

Grossman. Eterno reposo y otras narraciones

Vasili Grossman.
Eterno reposo y otras narraciones.
Traducción de Andréi Kozinets.
Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores. 
Barcelona, 2013.

Desde el cementerio Vagánkovskoie, situado junto a las vías de la estación de Bielorrusia, se puede ver a través de los arces que crecen allí cómo pasan a toda velocidad trenes con destino a Varsovia y Berlín, las ventanillas relucientes de los vagones restaurante, los trenes expreso de color azul que circulan entre Minsk y Moscú, además de oír los frecuentes silbidos de los trenes de cercanías y notar cómo tiembla la tierra al paso de los pesados convoyes de mercancías.

Cerca del cementerio discurre la carretera Zvenigoródskoie, transitada por turismos y taxis de carga que transportan bártulos a las dachas de los alrededores. Junto al cementerio se encuentra el mercado del mismo nombre. Desde el cielo llega el estrépito provocado por los helicópteros que sobrevuelan la ciudad, al tiempo que resuena, ampliada por la megafonía, la voz nítida del jefe de la estación, encargado de componer los convoyes que parten de la estación.

En el cementerio, mientras tanto, reinan la paz y el descanso eternos.

Así comienza Eterno reposo, uno de los ocho cuentos de Vasili Grossman que publica Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.

De esa narración, fechada entre 1957 y 1960, toma el título esta espléndida selección que muestra por primera vez en español los relatos que Vasili Grossman escribió entre 1953 y 1963, cuando estaba en plena madurez creativa y llevaba a cabo esa obra maestra que es Vida y destino.

Vida y destino que concurren en todos estos relatos de un Grosmann dueño ya de un mundo propio y de un tono narrativo que a veces recuerda a Chejov y a veces a Bábel: la relación problemática entre el individuo y el poder, la conciencia ética y la libertad, la dignidad y la violencia; la vida cotidiana en los años del terror estalinista y de la invasión alemana cruzan los ocho relatos que se reúnen por primera vez en castellano con traducción de Andréi Kozinets.

Seleccionados por Tzvetan Todorov, organizados cronológicamente y variados técnicamente -alguno más cercano a la novela corta que al cuento-, estos relatos quizá no son perfectos, pero son una demostración de la enorme eficacia narrativa de Grosmann, que aporta a su escritura no solo su solvencia literaria, sino la fuerza del material vivo procedente de su propia experiencia personal sobre la violencia de la naturaleza humana, de la guerra o del estado.  

Y eso le permite escribir sobre la tripulación de un hidroavión norteamericano que parte de una isla del Pacífico para lanzar la bomba atómica sobre una ciudad japonesa; sobre la guerra sufrida desde el zoo de Berlín por los animales en una alegoría sobre la libertad y la violencia; sobre una maternidad de Rafael en la que la belleza tiene una dimensión exclusivamente humana que triunfa sobre el nazismo; sobre la corriente subterránea de violencia que discurre bajo las relaciones familiares: los celos o la codicia, el dominio o el tedio; sobre los cementerios como metáforas de la sociedad y como continuación paradójica de la vida; sobre la mirada de una niña rescatada de un orfanato y adoptada por el responsable de la desaparición de sus padres; sobre un maltratado mulo de carreta en un regimiento de infantería; sobre la rutina melancólica de un ingeniero tímido, autobiográfico y solitario destinado en una peligrosa mina de gas o sobre un atractivo y despreocupado médico de balneario bajo la invasión alemana.

Como el resto de su obra, estos textos reflejan la ejemplar vinculación de literatura y testimonio que recorre la intensa escritura narrativa o documental de Grossman y son, pese a todo, una afirmación –como escribe en La Madonna Sixtina- en la fe de que la vida y la libertad no son más que una, y de que no hay nada por encima de la humanidad del ser humano.

Santos Domínguez

12 enero 2014

William Gaddis. Gótico carpintero



William Gaddis.
Gótico carpintero.
Traducción de Mariano Peyrou.
Sexto Piso. Madrid, 2012.

Diez años después de Jota Erre, en 1985, Gaddis escribió Gótico carpintero, una novela en la que concentró más su capacidad narrativa en el manejo del espacio y el tiempo –todo ocurre en el interior de una casa sórdida, entre pocos actores y en un breve plazo- y las posibilidades técnicas que le permitía el uso de los diálogos para construir la trama, diseñar a los personajes y hacer que la casa decimonónica -cuyo estilo arquitectónico se evoca en el título- asuma un papel protagonista, de manera que su ruina es la del sueño americano.

Como en otras novelas de Gaddis, la fascinación estilística arrastra al lector en una experiencia irrepetible y vertiginosa como la corriente de un río. Pero aquí esa corriente es un torbellino que absorbe al lector con la fuerza centrípeta de sus diálogos portentosos. Una fuerza que ha sabido plasmar en español –y no era fácil- el admirable traductor que es Mariano Peyrou.

Rodrigo Fresán la definió como la más breve y la más normal de sus novelas. Si lo primero es indiscutible, lo segundo es más dudoso. Porque en Gaddis -en el mejor sentido de la expresión- nada es normal, afortunadamente. 

Santos Domínguez

11 enero 2014

William Gaddis. Jota Erre


William Gaddis.
Jota Erre.
Traducción de Mariano Peyrou.
Sexto Piso. Madrid, 2013.


Había en él algo de precursor, se dice del protagonista barojiano al final de El árbol de la ciencia. Y ese mismo juicio se podría aplicar a William Gaddis y a esta novela, que en 1975, diez años antes de su celebrado Gótico carpintero, hablaba de estafas piramidales y de especulativos vendedores de humo virtual. 


No sólo por ese tema, tan actual, se anticipaba a este tiempo Jota Erre. También por su estructura renovadora, por su construcción a base de diálogos fragmentarios generadores de un ruido y un caos que exige la intervención activa del lector y que provocaron el rótulo de Mr. Dificult que le colocó Franzen.

Esos diálogos son los que ponen en pie y en movimiento a unos personajes que anticipan el descontrol de una sociedad tan individualista como la estadounidense y la deriva liberal del capitalismo salvaje en esta novela extrema que toma su título del nombre de un niño de once años que en los recreos y desde el teléfono público de su colegio monta un negocio desde la nada y sin nada, en la que ha sido calificada como la mayor novela satírica de la literatura norteamericana.

Santos Domínguez

10 enero 2014

Elegía de Yuste



José Antonio Ramírez Lozano.
Elegía de Yuste.
Celya. Salamanca, 2013.

El cementerio de Yuste, donde están enterrados los cadáveres de decenas de combatientes alemanes de las dos guerras, a la sombra del monasterio que fue último refugio del Emperador Carlos, se ha convertido en una referencia temática, en un motivo poético al que acaba de hacer una aportación sólida y brillante José Antonio Ramírez Lozano.

Su intensa Elegía de Yuste es un admirable tríptico enmarcado por las referencias históricas a aquella antesala de la muerte que tiene su parte central en doce lápidas que evocan doce vidas truncadas. Un Spoon River europeo que más que una elegía es una oda. Más que un triunfo de la muerte, una celebración de la vida: Derrotar a la muerte tras la muerte, /.../ la vida más allá del vivir de los días.

Santos Domínguez

09 enero 2014

Pavese. Antes de que cante el gallo


Cesare Pavese. 
Antes de que cante el gallo.
Traducción de Isabel Verdejo y Ester Quirós.
Pre-Textos. Valencia, 2013.

De la experiencia del destierro en la costa calabresa surge La cárcel, una novela corta que Cesare Pavese terminó en 1939, tras esa experiencia a la que se sumó pocos años después otra vivencia aún más traumática, la de los bombardeos sobre la ciudad de Turín y la ocupación nazi, que daría lugar a otra novela corta, La casa en la colina. 

Fue entonces, en 1949, cuando reunió en Antes de que cante el gallo estas dos novelas en un volumen que acaba de publicar Pre-Textos con traducción de Isabel Verdejo y Ester Quirós. Está aquí un Pavese que en plena madurez creativa integra lo autobiográfico y lo social para construir a través de los dos protagonistas -Stefano y Corrado- una reflexión autocrítica sobre el fracaso y la culpa, la traición y la identidad, un testimonio ineludible de la conciencia existencial y política de la Europa del segundo tercio del siglo XX.

Santos Domínguez

08 enero 2014

El silencio de los animales


John Gray.
El silencio de los animales.
Traducción de José Antonio Pérez de Camino.
Sexto Piso. Madrid, 2013.


En El silencio de los animales, subitulado Sobre el progreso y otros mitos modernos, que publica Sexto Piso, el filósofo británico John Gray dedica todo su esfuerzo a desacreditar con múltiples argumentos la idea de progreso.

Si para Gray (y supongo que para casi todas las personas, salvo unos cuantos millones de fanáticos) las utopías son preceptivamente falsas, la idea del progreso gradual, sostenida por los llamados humanistas que piensan que la humanidad avanza hacia un mundo mejor escalonadamente, no es más que otra utopía disfrazada. Así, tanto el racionalismo como el progreso no son más que un derrame de la religión, idea fetiche de cualquier filósofo postmoderno.

Para demostrar que la idea de progreso no es más que un vano afán moderno, Gray recoge copiosas citas de autores que testimonian la fragilidad del progreso y acepta como representativos de la vida normal de la humanidad los momentos y lugares más trágicos de los tiempos contemporáneos: Conrad escribiendo sobre los aspectos más odiosos del colonialismo en África, Curzio Malaparte siendo testigo de cómo los napolitanos en 1944 en su lucha por la vida asisten y participan en el desplome de la civilización.

Mención aparte merecen sus citas sobre Arthur Koestler, por sus orígenes un humanista que tras ser testigo de la Guerra Civil Española y de la invasión de Francia por los nazis, pierde su fe en el progreso y se embarca en una búsqueda que le lleva primero al comunismo y finalmente a la parapsicología, cuyas pretensiones son según Gray menos fantasiosas que la idea de progreso.

Resumiendo, para Gray, Dios ha muerto, las utopías están condenadas al fracaso y el progreso gradual no es más que otra ilusión disimulada. Solo nos queda el silencio de los animales, esto es, nada. 

Otra propuesta nihilista de esas que tanto necesitamos, esta vez, por suerte, en menos de doscientas páginas (bueno, en realidad la mitad del libro son citas exaltando la vida contemplativa, el sinsentido de la existencia o la silenciosa sabiduría de los demás animales) repletas de pura misantropía que acaban por configurar un panorama que aboca a la humanidad a un dejarse morir, a un suicidio colectivo.

Siendo en mi opinión el suicidio un asunto individual, no quiero ser tan bronco como para pedirle a Gray que proceda en consecuencia, pero sí que cambie de tema (sobre la nada ya se ha escrito demasiado) o que, por lo menos, se aplique a sí mismo el título de la obra que reseñamos.

Siete mil millones de personas no se merecen que nadie les diga que cuando una tempestad destruye el tejado de su casa, es mejor no hacer nada, porque por bien que lo reconstruyamos el clima ahí fuera seguirá enviándonos de vez en cuando nuevas tormentas.

Jesús Tapia

07 enero 2014

Ángel Olgoso. Cuentos de otro mundo


Ángel Olgoso.
Cuentos de otro mundo.
Editorial Nazarí. Granada, 2013.

Para los lectores familiarizados con el cuento español reciente, cualquier libro de Ángel Olgoso es una fiesta. Más un título tan fundamental en su obra narrativa como Cuentos de otro mundo, un conjunto que se publicó en 1999 y que se reedita ahora en una nueva edición aumentada y corregida.

Organizados en tres secciones -Mundo murciélago, Nuevos cuentos del Folio Club y Cuentos alrededor de una mesita de té en el vientre de una ballena-, cada uno de los casi cien cuentos y microrrelatos de este volumen es una invitación a pasar al otro lado del espejo, a entrar en un espacio de asombro y misterio donde lo fantástico va más allá del mero descubrimiento y se convierte en un método de acceso a otra dimensión de la realidad.

Presentado por un prefacio en el que Miguel Ángel Muñoz destaca la excelencia de la narrativa de Olgoso y el carácter fieramente humano de estos cuentos fantásticos, con este título comienza su andadura la editorial Nazarí, el nuevo sello granadino auspiciado por Paolo Remorini con la calidad como aspiración y como seña de identidad. 

Santos Domínguez

06 enero 2014

John Galsworthy. El mono blanco

John Galsworthy.
El mono blanco. 
Una comedia moderna.
Traducción de Susana Carral.
Reino de Cordelia. Madrid, 2013.


Poco después de publicar Bajo el manzano, una espléndida novela corta de John Galsworthy (1867-1933), Reino de Cordelia edita El mono blanco, la primera novela que publicó después de ganar el Nobel de 1923. Con ella, cerrada ya La saga de los Forsyte, que popularizó en España una serie de televisión de la BBC, abría la trilogía Una comedia moderna, la segunda de las que integran el ciclo de las Crónicas de los Forsyte.

Cuando está a punto de cumplirse el centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial, la edición de El mono blanco es una buena ocasión para recordarla, porque en esta obra se refleja la decisiva transformación histórica que ocasionó en la sociedad y la cultura occidental, sobre todo en Europa, aquella explosión de barbarie de un mundo que hasta entonces parecía, en general, civilizado.

Bellísimamente editada en un volumen muy manejable en tapa dura con sobrecubierta, la estupenda traducción es de Susana Carral, que en su introducción destaca la relación con el actual del mundo confuso que refleja la novela. 

Santos Domínguez

05 enero 2014

Lorca en Nueva York y La Habana



Christopher Maurer.
Andrew A. Anderson.
Federico García Lorca en Nueva York y La Habana.
Cartas y recuerdos.
Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores. Barcelona, 2013.

He hecho lo más difícil: he sido poeta en Nueva York, repetía Federico García Lorca en el otoño de 1930, a la vuelta de su viaje de un año a Estados Unidos y Cuba, un viaje decisivo en el proceso de maduración de Lorca como persona y como poeta.

Una carta a sus hermanas escrita en corteza de abedul en agosto de 1929 en Eden Mills, cientos de fotografías y facsímiles de textos autógrafos de Federico García Lorca constituyen la importante parte gráfica del volumen que, organizado en dos partes –Cartas y Recuerdos-, reúne gran parte del material conocido en torno a ese periodo de la biografía del poeta.

Son el testimonio gráfico e íntimo que compone la base documental de unos meses decisivos en la vida y la obra de Lorca, que viajó a Nueva York huyendo de su propio pasado, de una doble crisis -sentimental y creativa- y volvió transformado en una persona nueva y más fuerte y en un poeta muy distinto a partir de entonces.

Preparado por Christopher Maurer y Andrew A. Anderson, Federico García Lorca en Nueva York y La Habana. Cartas y recuerdos, que publica Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, es el relato minucioso de un periodo intrigante, como señalan los editores, porque en las cartas a su familia el poeta elude el reflejo de su problemática situación personal y sentimental, entre junio de 1929 y marzo de 1930.

Es una vez más esa máscara de la que habló el propio Lorca en varias ocasiones y que de la mano de Maurer y Anderson  permite seguir, aunque sea leyendo entre líneas, el proceso de transformación que daría uno de sus primeros frutos en los poemas del ciclo neoyorkino. Unos poemas que, por encima de su laberíntica peripecia textual, constituyen una de las cimas de la poesía española del siglo XX.

Santos Domínguez