04 enero 2014

Dostoievski. Memorias del subsuelo





Fiódor Dostoievski.
Memorias del subsuelo.
Ilustraciones de Jorge González.
Traducción de Rafael Cansinos Assens.
Sexto Piso Ilustrado. Madrid, 2013.

Escritas en 1864, asomado al vacío en plena crisis existencial, tras las muertes de su mujer y su hermano, acosado por la censura zarista y dominado por la ludopatía que le puso varias veces al borde del abismo, las Memorias del subsuelo narran, a través de su protagonista paranoico, al margen de cualquier norma ética, una bajada literal a los infiernos de Dostoievski, una de sus más radicales exploraciones en la sombra.

Con obras como esta, que Sexto Piso publica en una magnífica edición ilustrada por Jorge González, que ha captado y expresado gráficamente el espíritu oscuro de esta novela, Dostoievski se convirtió en uno de los profetas del existencialismo del siglo XX y en uno de los analistas más lúcidos del hombre moderno a través del antihéroe en el que proyectó algunos de sus precoces monólogos interiores. 

Con las Memorias del subsuelo, que contienen el germen parcial de Crimen y castigo y de Los demonios, Dostoievski buscó el consuelo en la narración de la desgracia y conjuró sus propios demonios autodestructivos.

Santos Domínguez

03 enero 2014

Tagore. Gitanjali




Rabindranath Tagore.
Gitanjali.
(Ofrenda lírica).
Traducción de Zenobia Camprubí.
Introducción de W. B. Yeats.
Ilustrados Cálamo. Palencia, 2013.


Con espléndidas ilustraciones de Manuel Alcorlo, Cálamo publica en su colección Ilustrados una edición de Gitanjali con la que celebra el centenario de la concesión del Nobel al bengalí Rabindranath Tagore, el primer autor no europeo que recibió ese premio.

Con la traducción de Zenobia que revisó Juan Ramón, y en la que dejó una impronta inconfundible que va más allá de su peculiar ortografía fonética, Gitanjali es la antología que el propio Tagore hizo de su prosa lírica en lengua bengalí, que él mismo se encargó de traducir al inglés para difundirla en el mundo occidental, en una cultura que no le era extraña a aquel escritor de la India colonial.

Pero además en su mirada y en su palabra hay un cruce de tradiciones que lo convierte en un poeta cercano que descubre en este libro su  “corazón completo y verdadero”, como señalaba Juan Ramón Jiménez en la dedicatoria de la versión española de este libro que muestra a un Tagore muy parecido en el tono de voz y en la visión de la realidad a la época sensitiva del maestro de Moguer y al Rilke inicial: Las palabras del poeta dan a cada hombre el sentido que ellos quieren; pero su sentido definitivo va hacia ti.

Y para abrir la fiesta que es esta edición conmemorativa, otro regalo: la introducción que W. B. Yeats firmó en septiembre de 2012 sobre estos poemas que lo acompañaron durante un tiempo y lo conmovieron porque “muestran en su concepción un mundo con el que he soñado siempre.”

Santos Domínguez

02 enero 2014

Alejandra Pizarnik. Diarios



Alejandra Pizarnik.
Diarios. 
Nueva edición de Ana Becciu.
Lumen. Barcelona, 2013. 

El 8 de marzo de 1961, Alejandra Pizarnik anotaba esta confesión en su diario: El más grande misterio de mi vida es este: ¿por qué no me suicido? En vano alegrar mi pereza, mi miedo, mi olvido /.../ Tal vez por eso siento, de noche, cada noche, que me he olvidado de hacer algo, sin darme cuenta bien de qué. Cada noche me olvido de suicidarme.


Doce años después de la publicación de los Diarios de Alejandra Pizarnik, Lumen publica una nueva edición de la que también se ha responsabilizado Ana Becciu.


Una nueva selección, corregida y aumentada, que incorpora nuevas entradas que la limitación de espacio impidió que aparecieran en la primera edición. Esta estupenda recuperación tiene ahora más de mil páginas –el doble de la anterior- que contienen muchas de las claves vitales y literarias de una voz tan poderosa como la de Alejandra Pizarnik, que el 24 de enero de 1971 escribía en su última anotación: El arma del poeta es la locura. El arma del poeta es la alarma. Toque de alarma.

Santos Domínguez

01 enero 2014

Frankenstein o el moderno Prometeo



Mary W. Shelley.
Frankenstein o el moderno Prometeo.
Ilustraciones de Lynd Ward.
Epílogo de Joyce Carol Oates.
Traducción de Rafael Torres.
Sexto Piso Ilustrado. Madrid, 2013. 

Imaginado por Mary W. Shelley en una noche de apuestas y tormenta, en compañía de Byron, Percy Bysshe Shelley y Polidori, con el gótico telón de fondo de una propiciatoria escenografía romántica, el monstruo creado por Victor Frankenstein -un Prometeo actualizado- se ha convertido en uno de los más potentes mitos contemporáneos, en una criatura de dos metros y medio, sin nombre, sin identidad y sin pasado que ha alimentado las pesadillas de la sociedad occidental.

Adaptado memorablemente al cine desde sus comienzos hasta la cercana Remando al viento de Gonzalo Suárez, su enorme repercusión en las artes plásticas se enriquece ahora con las prodigiosas e inquietantes ilustraciones de Lynd Ward (Chicago, 1904-Virginia, 1985), un maestro del blanco y negro a partir de los grabados que hizo en madera en 1934. Ilustraciones expresionistas que aportan al relato unos matices que subrayan el desgarramiento del monstruo y del relato y su distorsión de lo racional.

La espléndida edición de Sexto Piso Ilustrado, traducida por Rafael Torres, añade al valor de las ilustraciones un magnífico epílogo –El ángel caído de Frankenstein- de Joyce Carol Oates, que lo reivindica como patrimonio cultural del inconsciente colectivo.

Santos Domínguez

31 diciembre 2013

La Bruyère. Los caracteres

Jean de La Bruyère.
Los caracteres.
Traducción de Consuelo Berges.
Hermida Editores. Madrid, 2013.

Si no gustan estos Caracteres, me sorprende, y si gustan, me sorprende también,
escribe La Bruyère en la anotación que cierra el apartado De los incrédulos y el volumen Los caracteres, que Hermida Editores publica por primera vez íntegro en español con una traducción de Consuelo Berges que nunca se había editado completa.


A mitad de camino entre la condición narrativa del retrato y la capacidad analítica del ensayo, esta es una de esas pocas obras por las que no pasa el tiempo, porque la mirada del moralista lúcido que fue La Bruyère proyecta su pesimismo desengañado de hombre barroco sobre una serie de prototipos intemporales. 
El hipócrita y el ambicioso, el adulador y el fanfarrón son algunos de los componentes de un fresco que La Bruyère, admirador de Montaigne y espectador atento del teatro del mundo, construyó en dieciséis capítulos que componen un laberíntico juego de espejos en los que se refleja la sociedad francesa del XVII, pero que más allá de eso contiene en sus páginas el mundo.

Fue un moralista con voluntad de estilo que evita la sentencia lapidaria y la máxima concisa y sin matices y prefiere el párrafo largo que permite ese despliegue estilístico con el que hizo una aportación decisiva a la configuración de la prosa literaria francesa: 
Es hacer un mal uso de la pureza y de la claridad del discurso ponerlos al servicio de una materia árida, infructuosa, sin gracia, sin utilidad, sin novedad./.../ Si se pone alguna profundidad en ciertos escritos, si se aparenta cierta finura de expresión y, a veces, una excesiva delicadeza, es sólo por la buena opinión que se tiene de los lectores.

Santos Domínguez

30 diciembre 2013

En el bosque



Katie Kitamura.
En el bosque.
Traducción de Jesús Gómez Gutiérrez.
Sexto Piso. Madrid, 2013.

Sobriedad estilística y sutileza, eficiencia narrativa y propuesta de interpretación de la realidad, capacidad para analizar un mundo y los personajes que lo habitan. 

Esos son algunos de los rasgos que la excelente escritora que es Katie Kitamura proyecta en su segunda novela, En el bosque, una obra que habla del desmoronamiento de la sociedad colonial en un lugar inconcreto que es cualquiera y todos porque no es ninguno.

Ese desmoronamiento del sistema colonial de relaciones es paralelo a otro desmoronamiento: el de las relaciones familiares de sumisión en ese contexto casi esclavista en el que se sustenta la granja familiar que dirige el protagonista, el hijo de un  poderoso colono blanco, que un día empieza a tomar conciencia de la realidad cuando oye en la radio un pronunciamiento contra la opresión:

Tom frunce el ceño y apaga la radio, donde raramente se oyen voces de nativos. El dialecto es pastoso y está cargado de ira. Apenas entiende las palabras, le suenan a tonterías guturales. Todavía no alcanza a imaginar quién habrá llevado la radio a la terraza. Ningún criado se habría atrevido a hacer algo así.

Mira la silla. Cree ver una marca en el asiento. Como si un fantasma se hubiera introducido en la granja a plena luz del día. Es una suerte que lo haya descubierto él. Tom mira a su alrededor antes de colocar bien la silla y coger la radio. Mientras sostiene el aparato, contempla las tierras. Todo está tranquilo y se retira al interior.

Como en esos dos párrafos, la interferencia inevitable entre lo exterior y lo interior, entre lo público y lo privado se convierte no sólo en el eje de la novela, sino en su método de construcción. En esa triple dimensión, familiar, laboral y política, se desarrolla esta novela que edita Sexto Piso con traducción de Jesús Gómez Gutiérrez. El sistema colonial, las relaciones de explotación con los criados y los vínculos familiares quedan sepultados bajo las cenizas que lanza sobre esos esquemas autoritarios de dominación la erupción de un volcán.

Sobre el telón de fondo de un mosaico en el que la autora integra rasgos de Kenia, Argentina, la India y Zimbabue, En el bosque es el relato de la ruina de una familia, de una estructura social y de un sistema de propiedad.

Un relato que profundiza en el interior de unos personajes complejos y que en una espiral vertiginosa va ganando en intensidad hasta terminar en el potente final elíptico que la cierra.

Santos Domínguez

27 diciembre 2013

Eco. Historia de las tierras y los lugares legendarios



Umberto Eco.
Historia de las tierras y los lugares legendarios.
Traducción de Maria Pons Irazazábal
Lumen. Barcelona, 2013.


El último libro de Umberto Eco, cuya edición original apareció este mismo año en Italia, se publica en español de la mano de Lumen en una espectacular edición que en su texto y en sus cientos de ilustraciones está a la altura de los lugares prodigiosos que constituyen su objeto.

Desde la imagen de una Tierra plana a lugares novelescos como la isla Sonante, Xanadú, el castillo de If o Baker Street, esta Historia de las tierras y los lugares legendarios es un recorrido por los territorios fantásticos que ha ido construyendo la inventiva de los hombres con leyendas milenarias o con creaciones modernas que se han instalado en el imaginario occidental. 


Espacios lejanos e inexplorados que, desde los libros proféticos del Antiguo Testamento a Los viajes de Gulliver, desde las leyendas del Grial a los comics y desde los poemas homéricos a los mapas antiguos o la ciencia ficción, alimentan las narraciones y provocan las abundantes representaciones plásticas de las que este volumen ofrece una muestra muy significativa.


Entre la mitología, la religión y la literatura, tres manifestaciones de la imaginación que ha generado lugares de quimera y espacios de utopía como el Paraíso terrenal, El Dorado o el Jardín de las Hespérides, la Última Thule o Jauja, este volumen contiene un impresionante despliegue literario y gráfico, diseña un atlas de espacios legendarios cuya extensión varía desde la de continentes como la Atlántida hasta el palacio que Calvino imaginó en el centro de Fedora.

Santos Domínguez

25 diciembre 2013

Chéjov. Cuentos completos



Antón P. Chéjov.
Cuentos completos
(1880-1885).
Edición de Paul Viejo. 
Páginas de Espuma. Madrid, 2013

Natalia Ginzburg resumía los cuentos de Chéjov con una imagen intuitiva y precisa: su obra es la de alguien que nos abre una puerta o una ventana y nos deja mirar dentro de la casa por un momento. Luego, la misma mano que la había abierto, cierra la ventana o la puerta.

Narrador de voz baja, Anton Chéjov construyó su universo literario con lo fugaz y lo secundario. En sus relatos abiertos conviven misteriosamente la levedad y la intensidad, la emoción y la distancia, se armonizan la ironía y la piedad, el humor y la tristeza. Es la vida con minúsculas en una literatura de sobreentendidos que requiere la complicidad del lector para asumir ese mundo que está en sus relatos breves.

Acaba de llegar a las librerías el primer tomo de sus Cuentos completos en una edición cuidada por Paul Viejo y publicada por Páginas de Espuma. Es la primera vez que se acomete en el ámbito hispánico un proyecto tan ambicioso como el de reunir a lo largo de cuatro años y en cuatro volúmenes toda la narrativa breve del maestro ruso, uno de los fundadores del cuento contemporáneo, en las versiones de sus mejores traductores al español.

En este primer volumen, precedidos de un estupendo prólogo de Paul Viejo, se recogen sus cuentos iniciales, 240 relatos escritos durante el primer lustro de su actividad literaria, y algunos inéditos en español, entre los que asoman ya obras maestras del género como El camaleón, La cerilla sueca, Ostras o Flores tardías.

La mirada compasiva y honda de Chéjov, menos optimista que piadosa, está rayando aquí cerca de la altura de sus mejores relatos. Una mirada magistral que vive en el matiz y en la sutileza con que construye a los personajes, en las contradicciones de sus comportamientos y en la economía de la elipsis, en la intensa emoción que habita en lo trivial, en la desesperanza contenida, en la ausencia de patetismo gesticulante, en unos silencios que son más significativos que las palabras que los ocultan.

La sutil mirada de Chéjov, que a diferencia de Dostoievski o Tolstoi nunca contempla a los personajes desde arriba, sino cara a cara, teje un hilo invisible y persistente que los une, como la melancolía invisible y la tonalidad persistente de su literatura une a Chéjov con Cervantes y con Shakespeare en la construcción de un universo narrativo en el que conviven ricos y pobres, sinceridad y simulación en una indagación honda y fundacional.

Si hace unos años Páginas de Espuma publicó una memorable edición comentada de los Cuentos completos de Poe, y posteriormente una edición monumental en dos tomos de los relatos de Maupassant, la publicación de casi cinco mil páginas con los más de seiscientos cuentos de Chéjov en cuatro tomos culminará el mapa de ese bosque literario original y prodigioso que funda la narrativa breve contemporánea.

Santos Domínguez

23 diciembre 2013

El oficio de editor


Jaime Salinas.
El oficio de editor.
Una conversación con Juan Cruz.
Diseño de Enric Satué.
Alfaguara. Madrid, 2013.

El año que viene la editorial Alfaguara cumplirá cincuenta años. Con ese motivo, y como un adelanto de la celebración de estos 50 años de buena literatura, se publica un volumen que recupera el inolvidable diseño clásico de Enric Satué y la larga conversación que mantuvieron en otoño de 1996 Jaime Salinas –el impulsor de Alfaguara, a la que, hasta su marcha para hacerse cargo de la Dirección General del Libro en 1982, había convertido en un imprescindible sello editorial en lengua española- y Juan Cruz, que la dirigía en aquel momento.

Organizada en dos partes, El editor y El otro Salinas (El exiliado, El retornado, El comprometido, El amigo y El memorialista), la entrevista ofrecía un recorrido por más de medio siglo decisivo en la vida, la sociedad y la literatura española desde la perspectiva privilegiada de quien fue hijo de un prestigioso poeta del 27 y una referencia en el mundo editorial hispánico.

Una serie de circunstancias impidieron que Mario Muchnik publicara este libro, un proyecto frustrado que ahora se recupera con aquella cubierta morada y gris y su diseño puramente tipográfico como homenaje a Jaime Salinas, que fue quien más contribuyó a desautorizar el resultado de estas entrevistas, porque no le gustó nada lo que leyó en las galeradas de las segundas pruebas e impidió su publicación en 1998, incluso después de haber incorporado como apéndice una Adenda de última hora fechada en febrero de 1997, a la que seguía una nota de Mario Muchnik –Dos palabras del editor- y una semblanza –Nuestro testigo- de Jaime Salinas escrita por Javier Marías.

Cuando, pese a su resistencia inicial, Jaime Salinas se prestó a hacer aquellas entrevistas en 1996, llevaba ya cinco años retirado del oficio, pero aunque intentaba ser discreto seguía respirando por los costurones de algunas de sus heridas y se mostraba cada vez más solo y más desorientado en un mundo que se le había empezado a volver opaco.

Se había iniciado por casualidad en ese oficio, pero tras su paso por Seix Barral, Alianza y Alfaguara, se había convertido en un magnífico editor, en una referencia imprescindible para quienes han seguido sus pasos, pero quizá comprendió a última hora que la imagen a veces desagradable que le devolvía el espejo de aquellas entrevistas era la imagen de un rencor mal disimulado, de un personaje perplejo y frustrado, refugiado en su nostalgia ante una realidad que -como él mismo reconoce explícitamente en un momento de la entrevista- empezaba a desbordarle y a convertirle en referente histórico.

La incorporación de Daniel Gil como diseñador de las portadas de bolsillo en Alianza, las aportaciones de Grass, Henry Miller o la serie de los Campos de Max Aub fueron algunas de las señas de identidad de Alfaguara. Cualquiera de esos hechos bastaría para acreditar la solvencia y la importancia de Jaime Salinas como editor. Pero junto con eso, hay afirmaciones chocantes y llamativas en estas páginas. Por ejemplo, de una persona que colaboró decisivamente con él en Alianza sólo recuerda que la llamaba Chon, y eso que la conoce desde hace treinta años. O frases como estas: A Carmen Balcells la inventé yo, Ha desaparecido el ensayo literario o La crítica literaria está en crisis.

Juan Cruz tenía ya escrito un prólogo -Jaime Salinas extraterritorial- que se reproduce ahora a continuación del que ha preparado, quince años después, para esta edición. En aquella presentación inicial fijaba el sentido del título y resumía el oficio de editor como una tarea, tantas veces extraña, de poner en las manos –y en la conversación– de la gente objetos que nadie espera y que nadie necesita, pero que hacen la felicidad de tantos: los libros, esos seres que de pronto irrumpen en la vida con la misma arrogancia perentoria que tienen el pan y el agua.

A pesar de la peripecia humana y editorial de estas conversaciones que finalmente ven la luz, esas palabras no han perdido nada de su vigencia inicial. Ni la preocupación por el difícil equilibrio que debe orientar la labor del editor entre el factor económico y la calidad literaria, entre la misión cultural y la comercialidad del producto, ni la denuncia de las manipulaciones desvergonzadas de las listas de los libros más vendidos, ni la repulsa por los comportamientos de los departamentos financieros de las editoriales, que muestran un enorme desprecio por el escritor y siempre, en el momento de pagar, había que hacerlo antes al impresor, al encuadernador, al papelero; si quedaba dinero, se pagaba al escritor.


Santos Domínguez